Red de Odios

Por Mauricio Castaño H.
Historiador
Colombiakrítica

«Cuando se pone uno a dirigir una revolución, la dificultad no está en hacerla avanzar, sino en contenerla.» Mirabeau ... 40 años más tarde: «La dificultad no estriba en hacer salir al pueblo a la calle, sino en hacerlo entrar nuevamente en sus casas.» Casimir-Périer Julio de 1.830 «La Revolución, como Saturno, devora a sus propios hijos». Vergniaud. «Para la Revolución han hecho falta desórdenes; el orden antiguo no era más que esclavitud y, en este caso, la insurrección es el más santo de los deberes»


Todo el tiempo, en todo momento se toman decisiones, pensar es pesar se lo dice con frecuencia, sopesar, balancear entre opciones para optar por la que será considerada la más conveniente. A unos decidir les puede demorar años, décadas, para otros es cuestión de segundos. Se baraja aquí y allá hasta que por fin se acierta. Todo es cuestión de valores que enmarcan a todo ser viviente. La particularidad viene de las sensaciones y el cerebro, éste es un aparato de confrontaciones, siempre hay un balanceo por esto o aquello. En sí, uno siente, uno piensa con todo el cuerpo, toda nuestra piel es un filtro, un interfaz que nos reporta el mundo exterior, desde luego, doblado por nuestros sentidos. Por tanto, no es una toma de partido por un cerebralismo desvinculado del cuerpo, de la piel, del sentir, lo más profundo es la piel, ella refleja el adentro y el afuera, el mundo en mí. He allí un empirismo especial.


Pero acá un desequilibrio. Todo esto está bien hasta que se nota la ventaja excesiva que tienen los mass media para dominar las voluntades individuales de las personas. La servidumbre voluntaria es la obediencia ciega, casi que por reflejo sin reparos incuestionables. Obedecer a cambio de una paga, trabajar para ganarse el pan con el sudor de la frente, el obrero y la tiranía del patrón... qué importa, luego están las monedas que proporcionan pequeñas libertades. Obediencia a cambio de una especie de chantaje, de una paga que recompensa, el futuro a crédito, es lo más común en la relación explotado versus explotador.


En esto de las decisiones encontramos una especie de pesantez, una pesadez con la que se carga después de un hecho decidido, esa costumbre de mirar hacia atrás o hacia adelante, de valorar, chequear si se hizo lo mejor que pudo, si se hizo lo suficiente. O por el contrario la flojera hizo una mala jugada, estar anclados en el pasado, en los recuerdos por lo ya ido, esto no es más que estar presos de la nostalgia, de la aflicción: la viuda que entra en depresión, fuera de sí misma, sin principio de realidad, sin polo a tierra, en un eterno pasado aferrada, anclada a su difunto cónyuge, ha sido, es su único mundo de su existencia, su todo, regresarla de esa ficción del pasado es toda una proeza. El otro extremo es sumergirnos en la ansiedad por el futuro, el mañana incierto sin control que nos desvela, que nos quita toda paz posible.


En esto de la individualidad cada vez más anulada, negada, viene a bien una anotación final. La materia prima de las denominadas redes sociales, del mundo de la Internet, tienen gran estrella negra de desinformación, manipulación a través del flujo del odio que circula copiosamente. Y el análisis es tan raro como escaso. En la noche, con los ojos puestos sobre la pantalla, los dedos van deslizando de manera continua sobre contenidos volátiles, ningún procesamiento crítico, cosas baladíes, y más detrás, está un algoritmo que hace dinero. Manos, cuerpo, todo el ser es la riqueza de quienes se llenan los bolsillos con el oro digital. Las redes sociales son el ágora pública de los odios, las mentiras y de la idiotez. La polarización política se vende como pan caliente. El odio, las mentiras, la desinformación son la mina detrás del algoritmo que hace fortuna para unos pocos meta empresarios. 


La red social no es empresa tecnológica, es una empresa de publicidad que utiliza la tecnología para vender nuestra atención, su producto no son las plataformas, si no tú y yo, nosotros mismos, nuestras emociones, nuestros datos, el plato ofrecido es adictivo, cada vez queremos más y más sin límites, el movimiento perpetuo atrapa a la mayoría ingenua. La fé mueve montañas, pero también niega los abismos en los que uno cae.


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Manual Oscuro de las Redes Sociales

 Manual Oscuro de las Redes Sociales

Por Alejandro Marcó del Pont | 16/02/2026 



Fuentes: El tábano economista

La desinformación y el odio son «parte integral» del modelo de negocio de las redes sociales (El Tábano Economista)

Imagina esta escena. Son las once de la noche, estás en el sofá, el dedo se desliza mecánico por la pantalla. Llevas cuarenta minutos viendo vídeos de recetas que no cocinarás, discusiones políticas que no votarás y la sonrisa impostada de influencers que no conoces. De repente, aparece un post. Algo sobre inmigración, o sobre fútbol, o sobre lo que dijo aquel político. No lo sabes bien, pero algo dentro de ti se contrae. Escribes un comentario afilado, lo envías, esperas la réplica. Cuando levantas la vista, ha pasado otra hora. Te prometes que mañana será diferente, pero no lo será.

Lo que no ves, detrás de esa pantalla, es a un algoritmo frotándose las manos. Tu enojo acaba de generar ingresos para alguien. Puede llamarse Elon Musk, puede llamarse Mark Zuckerberg. No importa. El sistema ha funcionado a la perfección. No es un error. Es el negocio.

Durante años hemos creído que las redes sociales son una plaza pública ruidosa pero neutral, un lugar donde lo mejor y lo peor de la humanidad compiten en igualdad de condiciones. Nos han contado que el odio, la mentira y la polarización son efectos secundarios del éxito, accidentes lamentables en una revolución tecnológica maravillosa. Esta historia es consoladora, pero es falsa. Como un detective que reconstruye la escena de un crimen corporativo, podemos trazar el recorrido del dinero y descubrir que el odio no se cuela en las redes a pesar del sistema, sino gracias a él.

Este artículo es “Un manual oscuro de las redes sociales”. No un manual secreto filtrado desde Silicon Valley, sino una hoja de ruta construida a partir de tres investigaciones recientes: el análisis sobre la dinámica del odio en X (antes Twitter) publicado en la revista Heliyon (ScienceDirect), el reporte de Petter Törnberg sobre el modelo de negocio de la desinformación en The Conversation, y el experimento de la revista Science que demostró cómo los algoritmos pueden inducir polarización política en apenas diez días. Con estas piezas, podemos armar el rompecabezas completo.

Para entenderlo bien, empecemos por lo más simple. Una red social no es una empresa de tecnología. Es una empresa de publicidad que utiliza la tecnología para vender nuestra atención. Su producto no son las plataformas que usamos gratis, sino nosotros mismos, nuestro tiempo, nuestras emociones, nuestros datos. Los algoritmos no son inteligencias neutrales que nos muestran lo que queremos ver; son sommeliers entrenados para servir el plato que nos hace pedir más bebida, aunque nos siente mal. Si el restaurante descubre que lo picante nos mantiene en la mesa, el mozo no nos traerá agua, nos traerá más picante.

Pero esto no es una metáfora, es una industria. Y como toda industria, tiene su cadena de valor, sus actores, sus márgenes y sus externalidades. El mercado global de publicidad digital alcanzó en 2025 los 690.000 millones de dólares. Para poner esa cifra en perspectiva: es más que el Producto Interior Bruto de países como Suiza o Turquía. Es, sobre todo, un flujo de dinero que no existía hace veinte años y que hoy sostiene a las empresas más valiosas del planeta.

¿Cómo se reparte ese pastel? Las plataformas (Meta, Alphabet, ByteDance, X) se quedan con la mayor parte. Meta ganó 62.300 millones de dólares netos en 2024, un 59% más que el año anterior. Alphabet, matriz de Google y YouTube, superó los 100.000 millones. Son beneficios que no provienen de vender coches o medicinas, sino de administrar nuestra atención. Luego vienen los intermediarios tecnológicos, la llamada industria ad tech: empresas opacas que operan el software que hace que los anuncios nos persigan por internet. Estas compañías, muchas de ellas desconocidas para el gran público, se embolsan comisiones por cada impresión, por cada clic, por cada dato intercambiado. Y al final de la cadena, los creadores de contenido, los influencers que han aprendido que la provocación paga mejor que la moderación, y que un video incendiario puede financiar una casa en Miami.

El manual que desplegaremos a continuación tiene tres niveles de profundidad, como las capas de una cebolla tecnológica. Primero, la capa de la vigilancia, cómo nuestros datos se convierten en petróleo. Segundo, la capa del entrenamiento, cómo los algoritmos aprenden a envenenarnos. Tercero, la capa de la monetización, cómo la ira se transforma en dólares, euros o pesos, y quién se los lleva.

La primera capa es la más silenciosa, quizá por eso la hemos normalizado. Las redes no son gratis. Pagamos con algo más íntimo que el dinero. Pagamos con cada pausa del dedo sobre la pantalla, con cada vídeo que vemos hasta el final, aunque nos aburra, con cada like que delata una emoción. En 2026, la inteligencia artificial ya no necesita preguntarnos cómo nos sentimos; lo infiere de la velocidad con la que escribimos, del brillo de la pantalla a las tres de la madrugada, de si compartimos más gatos o más protestas. Es como si un vecino espía pasara veinticuatro horas asomado a nuestra ventana, tomando notas, prediciendo nuestro humor antes de que nosotros mismos lo sepamos.

Argentina tiene una ley de protección de datos, la 25.326, que en el papel parece frágil. Pero las plataformas operan desde Delaware, Dublín o Singapur, y nuestros datos viajan por cables submarinos que ninguna normativa local alcanza a cortar. Cada vez que aceptamos las condiciones sin leer, entregamos un diario íntimo a cambio de entretenimiento. El negocio funciona porque el trueque es invisible: no vemos el dinero salir de nuestro bolsillo, solo vemos videos. Y, sin embargo, ese trueque es la base de todo lo demás.

La segunda capa es la del entrenamiento. Los algoritmos no nacen sabiendo qué nos enfurece. Asimilan. Lo hacen a través del aprendizaje automático, una palabra sofisticada para describir un proceso casi infantil, ensayo y error a escala planetaria. Un algoritmo prueba miles de versiones de un mismo feed. Mide cuánto tiempo nos quedamos, si comentamos, si volvemos. Descubre, por ejemplo, que el contenido que llama “ellos” contra “nosotros” genera un 67% más de interacciones. Descubre que las imágenes manipuladas provocan más clics que las verificadas. Descubre que la irritación es adictiva.

Un experimento reciente publicado en Science lo demostró con crudeza. Un equipo de investigadores creó una extensión de navegador que alteraba el orden de los posts en X. Cuando aumentaban artificialmente la presencia de contenido con animosidad partidista, los usuarios se volvían más polarizados. Cuando reducían ese contenido, la polarización disminuía. La conclusión es incómoda porque elimina cualquier ambigüedad, el problema no es lo que los usuarios piden, sino lo que el algoritmo sirve. Si el camarero solo trae platos picantes, el comensal acabará creyendo que eso es lo único que hay en la carta.

Documentos internos de Facebook, destapados en 2021 por la denunciante Frances Haugen, revelaban que la compañía sabía perfectamente que Instagram empeoraba la salud mental de las adolescentes. También sabían que el algoritmo amplificaba el extremismo. También sabían que desactivar los mecanismos de propagación viral reducía la desinformación. Pero cada una de estas soluciones reducía el tiempo de pantalla, y el tiempo de pantalla es la materia prima de la publicidad. La decisión empresarial fue siempre la misma, optimizar para el crecimiento, asumir el daño colateral. No es conspiración, es contabilidad.

La tercera capa es la del dinero. El mercado global de publicidad digital ronda ya los 690.000 millones de dólares. El mecanismo es brutalmente simple. Más tiempo en la app significa más anuncios vistos, más anuncios vistos significa más dinero. Para que pases más tiempo, el algoritmo necesita mantenerte activo, comentando, compartiendo, enojándote. El odio es eficiente porque es inmediato. Una mentira escandalosa viaja más rápido que una verdad matizada porque no requiere contexto, no pide pausa, no invita a la duda. Solo pide reacción. Y cada reacción es un dato, cada dato es una predicción, cada predicción es un anuncio mejor dirigido.

El estudio portugués publicado en Heliyon aporta una pieza que completa el cuadro. Los investigadores analizaron miles de conversaciones en X y descubrieron que el discurso de odio no suele nacer dentro de las comunidades, sino que llega desde fuera. Son intrusos que irrumpen en hilos ajenos, lanzan su mensaje agresivo y desaparecen. El patrón es claro: el odio se concentra en las primeras dos horas de una conversación, cuando la visibilidad es máxima y el impacto puede ser explosivo. No es espontáneo, es táctico. Es contenido diseñado para secuestrar la atención en su momento más vulnerable.

Este hallazgo destruye la narrativa de que las redes solo reflejan la maldad humana preexistente. Lo que hacen es amplificarla selectivamente, premiarla con visibilidad, incentivarla con ingresos. Los creadores de contenido lo saben. Publicar algo moderado, veraz y matizado es la vía rápida al anonimato. Publicar algo incendiario, simplista y maniqueo es la vía rápida a la viralidad. El mercado ha establecido sus precios y la honestidad no cotiza en bolsa.

Hubo un momento, en 2020, en que pareció que algo podría cambiar. Bajo el lema “Detener el odio por lucro”, más de mil marcas se unieron a un boicot publicitario contra Facebook. Grupos de derechos civiles señalaban directamente la complicidad de la plataforma con el racismo y la desinformación. Marcas globales como Coca-Cola, Starbucks y Unilever retiraron millones en publicidad. Mark Zuckerberg anunció cambios: etiquetas en posts problemáticos, eliminación de contenido supremacista, ajustes en los sistemas de recomendación.

El impacto financiero fue imperceptible. Facebook siguió ganando fortunas. El boicot se diluyó. Las marcas volvieron. El sistema demostró su resiliencia. No necesita que todos los anunciantes estén a bordo, solo los suficientes. Y siempre hay suficientes. Mientras la indignación colectiva dure un ciclo de noticias y el miedo a perder ventas dure para siempre, el cálculo empresarial seguirá siendo el mismo.

Lo más inquietante de este manual no es la denuncia, sino la naturalidad con la que lo hemos asumido. Nos indignamos, compartimos, debatimos, nos agotamos. Y al día siguiente repetimos. Las redes han perfeccionado la ingeniería de la adicción emocional. Saben que el miedo vende más que la esperanza, que la furia retiene más que la calma, que la simplicidad rinde más que la complejidad. Han construido imperios sobre la explotación de nuestros peores instintos, y lo han hecho con nuestro consentimiento expresado en clics.

Pero quizá lo más peligroso que han hecho las redes no sea polarizarnos o mentirnos. Es hacernos creer que este es el único mundo posible. Que la publicidad comportamental es el único modo de financiar la comunicación digital. Que el algoritmo debe optimizar para generar like, porque no hay otra métrica disponible. Que la moderación de contenidos es un problema técnico, no una decisión política. Nos han convencido de que no hay alternativa, y esa convicción es la zanja más profunda que han cavado.

El manual que hemos desplegado no es un ataque a la tecnología, ni una nostalgia por un pasado analógico idealizado. Es una invitación a usar estas herramientas con los ojos abiertos. La próxima vez que sientas esa oleada de enojo mientras el dedo se desliza, haz una pausa. Pregúntate: ¿esto me está informando o me está utilizando? ¿Este post existe para comunicarme algo o para provocarme una reacción? ¿Quién gana cuando yo pierdo los estribos?

Porque mientras usted se enoja, alguien en California está contando la plata. Y mientras nosotros discutimos si el problema es la izquierda o la derecha, los algoritmos siguen aprendiendo. Y mientras los gobiernos debaten comisiones y los periódicos publican análisis y los académicos escriben papers, las acciones de Meta suben otro punto porcentual.

El odio no es un error del sistema. Es el sistema funcionando a pleno rendimiento. La pregunta no es si las redes pueden cambiar. La pregunta es si nosotros podemos exigirlo antes de que el costo de no hacerlo sea irreversible. La próxima vez que abras la aplicación, recuerda. No eres el cliente. Eres el producto. Y el producto más rentable es aquel que no sabe que lo están vendiendo.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/02/15/el-manual-oscuro-de-las-redes-sociales/



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Radiografía del Poder

 Por Mauricio Castaño H.
Historiador Universidad Nacional
Colombiakrítica


Abertura


Bien se sabe de esto que impulsa hacia adelante, a no parar de mirar el reloj, el tiempo que pasa, que percola, que nos va llevando hasta el final, el de cada uno, y que en la abierta mar, encuentra allá una corriente, de pronto un arroyo, un remolino, luego un nuevo flujo, todo tan inédito, tan impredecible. Esta conciencia del tiempo, de sabernos finitos, nos empuja a hacer de nuestras vidas propósitos férreos que justifiquen, que satisfagan cada existencia. Llenar la vida de sentidos equivale a proporcionar sensaciones, unas edificantes, otras no tanto. 


Michel Serres habla de cuatro Drogas fatales en su respectivo orden: El Poder, El Dinero, La Fama y por último los Alucinógenos. Si se piensa un poco, con tan sólo pasar una mirada alrededor, se dará cuenta de lo embriagante que es el Poder, noche y día se vive en función de él, no hay tiempo para nada más. Adicción la de un bebedor, alcohólico, la de un jugador que no se apartan de la copa y el otro de los naipes, así mismo el poderoso  no se aparta, no se aleja del Poder. Más que Maquiavelo, es el inexpresivo y de mirada gélida Joseph Fouché (1758 - 1820) el prototipo drogadicto del poder. Demos unas pinceladas panorámicas.


El hombre de poder es ante todo inescrupuloso, inapasionado para evitar ahogar la razón, no tiene amigos sino intereses, el apelativo de camaleónico asienta bien por aquello de cambiar según favorezca la ventisca. El trasfugismo es moneda corriente, la lealtad algo esquiva, desconocida. Por lo demás, los acontecimientos giran mucho más rápido que las ruedas veloces. De un momento a otro todo ha cambiado, se amanece en otro mundo distinto que apenas percibimos, tanto tiempo huyendo y el enemigo estaba a mi lado sin que siquiera lo percibiera. Cuando el gato y el perro hacen alianzas, es contra el cocinero.


Es más peligroso quién se esconde que quien da la cara. Cuando no se sabe nada del topo, es porque esta trabajando silencioso bajo tierra, planificando con milimétrica precisión el próximo golpe a asestar. Quien hala los hilos, quien actúa bajo la sombra es arma de doble filo. Aparecer y desaparecer, luz y sombra, toda una teatralidad. Pero la invisibilidad y el anonimato es la gran estrategia jugada por quien juega a los tinglados del poder. Juegan todo el tiempo sin dejarse mirar las cartas. Invisible, anónimo: he allí su virtud.


La invisibilidad, la no exhibición protege de toda envidia, de ataques feroces de quiénes están cara a cara disputando la mejor posición de poder... Mirar, observar, acopiar información de cómo otros se despedazan entre sí, pero por sobre todo  guardar con recelo secreticos sucios con los cuales chantajear después… y luego, como la hiena, lanzarse al ataque sobre la carroña. Y en caso tal de soborno, viene a bien llenar las manos de oro que dejarlas sueltas, inquietas.


Mejor esperar a que todo esté decidido. Nada, nunca decidir nada hasta que todo esté consumado, asegurarse hacia dónde se inclina la balanza, así el triunfo siempre acompañará, es jugar al poder con los dados cargados. Acá no hay, nunca habrá convicciones, sólo intereses. No hay ataduras a principios, el que está libre y en la sombra, está en plena observación en la ocurrencias de los fenómenos, son los hilos del poder.


Radiografía del Poder


El hombre adicto al poder es camaleón, sin ideología, sin principios morales, éticos, la única brújula guía es la ambición, la codicia, el cálculo cuidadoso, la espera oportuna para acertar el golpe fatal que asegura el triunfo, estar del lado de los ganadores, la modestia es el cálculo. Desde la sombra, estar agazapado, desde allí manejar todos los hilos del poder sin ser controlado, se accede a todo para luego saltar como liebre… forjar alianzas, hacer intrigas, chantajear con amenazas de exhibir secreticos sucios. 


Unos caen, otros suben pero otros continúan… lo diferente no afecta, se absorbe, el que está oculto moviendo los hilos del poder, solo hala según la dirección de los vientos. Esperar mientras los otros se aniquilan, mandar al bobo por delante es más fiable, es palanca segura para direccionar el poder. Tronar siempre a favor de los triunfadores. Qué no tiemble la mano cuando la balanza indica a quien golpear, si la muerte satisface, beber sangre es pasión, los nervios de hierro, de acero, de plomo viene a bien cuando se clama venganza, el odio, las frustraciones, todas tienen que evacuarse.  Alguien tendrá que pagar, no interesa su inocencia o culpabilidad, importa es saciar la sed de venganza. Víctima quiere decir el segundón, de vice, segundo, el que está en lugar de otro, por eso mismo quiere decir inocente, quien paga culpas por otro cometidas. 


El Silencio Insoportable


Ajeno al poderoso es el silencio. Quien no se queda quieto está en busca de algo, el reposo es síntoma de satisfacción. Esquiva paz tienen las almas atormentadas, el silencio es insoportable, el ruido de fondo distorsiona la propia existencia, escucharse así mismo es enloquecedor, así constatarán los laboratorios del silencio, pero acá la referencia es a la justa proporción necesaria a los espíritus que les viene a bien una cierta calma que no atormenta, una cierta paz. Hay momentos que el retiro al silencio hace bien, lo hicieron Buda, Cristo... en la soledad, los pensamientos confusos se aclaran, las alturas permiten una mirada panorámica, mirar el bosque más que los árboles, se necesita tener el pie en el estribo, tener polo a tierra, principio de realidad para no dejarse guiar por el deseo.


Secretos a la tumba


Todo deja rastro ante los ojos atentos que saben husmear. Se dice que sólo los muertos llevan sus secretos a la tumba, es posible si el rastro es sólo la palabra que habla, pero las huellas no dejan de exhibirse ante la mirada atenta, del forense, por ejemplo. El Poder tiene su declive, la fábula del León que se volvió viejo, lo retrata bien, sin fuerzas, sin alientos, ya deblik, cada especie se arrimará cobrará su propia venganza.



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La Tierra, los Animales y el Hombre

 Por Mauricio Castaño H.
Historiador Universidad Nacional
Colombiakrítica
El Jardín de las Delicias. BOSCO





La tierra, los animales y el hombre. Una triada indisoluble. El viviente y su medio favorable. Todo desarrollo de las civilizaciones se asocian con un territorio, con modos de subsistencia que implican explotación de la tierra y de los animales. El hombre se disuelve o se congrega en comunidades para resolver problemas que le plantea el medio, la propia existencia, nos gusta recordar la etimología de esta palabra que quiere decir exteriorizarse, el individuo que se desenvuelve y se realiza en su entorno, en el medio que le resulta favorable. Existencia proviene del latín exsistencia, exsistere (aparecer, salir, emerger, ser)  sentir, vivir, desplegarnos en el (ex) afuera. El ser se desarrolla en el afuera, en su interacción, vale la reiteración. Y por tanto, por qué no añadir con Michel Serres en el Contrato Natural que toda existencia animada o no (cosas) están sujetas a derechos... la interdependencia, arroja, crea está especie de jurisprudencia, lo decimos nosotros.


Por el momento se quiere insistir en esa triada indisoluble del viviente humano, medio favorable y explotación animal, en otras palabras no es otra cosa que decir la civilización humana y su economía de explotación de la tierra y sus vivientes. Las formaciones de gobiernos responden a esas necesidades de la vida en sociedad. Llámense imperios, reinos o en la civilización moderna Estados, todos ellos responde a la gestión de la vida y sus recursos que la hacen posible. A renglón seguido decimos que este desarrollo, esta mar, esta evolución técnica tiene los propios frenos humanos en sus diversas contumbres, cultura, creencias y deseos.


Nos es muy familiar esta historia reciente que se puede resumir con la expresión de la necesidad de instaurar un liberalismo económico y democrático, soltar amarras, desatar el nudo feudal religioso del aparto Estado y así dar vía libre a las nuevas exigencias, las nuevas dinámicas de liberaciones en cascada: libertades económicas, políticas y religiosas y en menor grado individuales y minoritarias amenazadas por ser aplastadas por las mayorías. Pero continuando con esta ola del liberalismo, esté mismo que rompe la noche con la luz, acorta distancias con vías y carruajes para el advenimiento de interconexiones comerciales, de vida, de percolaciones que son flujos como en el río con sus arroyos y sus numerosos caudales impredecibles. 


Toda una revolución en las diversas energías que hicieron posible el ferrocarril y los automotores, por ejemplo, que acerca lo lejano, posibilita la concentración de mercancías y de personas a su destino laboral pero también facilidad en la reproducción y por supuesto facilidad en las energías eróticas y de ocio. Todo ello hace parte de las libertades ganadas, de la autonomía ligada al desarrollo material que la posibilita, es la roca firme sobre la cual se construye el edificio de la libertad económica y política de la humanidad. Por el momento retengamos ese instante tan especial en aquel primer hombre que dijo esto es mío y aquello tuyo, la instauración de la propiedad privada pero igual de los bienes que son comunes, las servidumbres o caminos que hacen atajo, en fin, eso común que permiten el desarrollo de la vida colectiva, comunitaria, por lo demás recordar que el individuo en la soledad se pierde, somos seres de comunidad que tanto olvida la codicia mercantil.


En suma, liberalismo económico y liberalismo democrático es una bina acentuada por no decir promovida por la Revolución Francesa. Esto también nos lleva a recordar el hombre sedente que trabaja la tierra, que domestica animales. Los burgos, los burgueses se verán entonces en la tarea de convencer a los feudos, a los señores feudales de un nuevo orden, del nuevo Estado Nación, libertad económica y decisoria o política. Todo conlleva, en otras palabras, a una promoción de la Autonomía económica y política, una más o menos según el ángulo de donde se le mire, se hará énfasis en éste o aquel. Sin producción, sin sustento material la vida no sería posible, el medio natural, el entorno es necesario para que se desarrolle la vida, según sus condiciones geográficas  presentará éstas o aquellas dificultades. En esta promoción del liberalismo la Autonomía se logra con las condiciones materiales que la despliegan.


En otro aspecto, si bien el viviente y el medio son indisociables pero el desbalance es notorio en el libre mercado del sálvese quien puede. Ante lo libre mercantil decidido en las políticas de nación y de Estado, es cierto el desequilibrio a saber, la acumulación sustenta la riqueza y mengua la distribución para el colectivo, para el bienestar general, tan cacareado desde la creación del Estado Nación. «Como se puede vivir feliz si la libertad no es sino una quimera?» Spinoza. También decía que la ley fundamental de la vida es el crecimiento, el aumento de la potencia de actuar, virtud que procura felicidad. Las elecciones del crecer dan armonía y por ende alegría. Todos los seres son cuerpos que transmiten afectos a otros cuerpos. 


La naturaleza es como un vasto lienzo en donde las fuerzas operan, los objetos y los seres están atrapados en una red de lazos indisociables, que la razón enseñará a descifrar. Cultura, deseos, costumbres es otra forma de decir frenos y mezcla a la naturaleza. La libertad son hechos invisibles. Como ilusión suprema, la libertad no es sino la ignorancia de las cosas que nos determina. (Cuaderno 158 web Piedra Rosetta). He allí un monismo, un todo integrado, alma y cuerpo, todo puede ser reducido a un principio único. Todo desembocará en la potencia de actuar de cada uno, de la libertad. Es una especie de paradoja esto de la vida en comunidad pero a la vez la necesidad de la autonomía que reclama cada ser. Y a gran escala se aprendió que lo local enriquece lo global, uno y otro son complementarios y lejos están de anularse.


Somos seres que gastamos y consumimos energía, necesitamos del planeta para explotarlo, tomar de allí las fuentes que nos mantienen de pié. También somos seres sociales y a la vez individuales, esta tensión no puede resolverse con fascismos de aplastar las minorías o privar de los recursos necesarios para la existencia. Hoy la desaceleración económica ¿es fatiga de los mercaderes? En política la derecha y la izquierda se baten. Las primeras luchan por mantener sus privilegios, sus relatos se de ultra extremismo, apelan incluso a dogmatismos. La izquierda procura un relato por los bienes que son comunes: parques, la calle, trabajo decente o con pagas legales y formalizadas. Perdónese este pensar algo disperso en voz alta.


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Tonada de Amor

 Por Mauricio Castaño H.
Historiador


Hay una tonada que es muy de vida, de muy adentro sale una música que hace vibrar, bailar. Pero hay momentos sin ritmos vitales, entonces, muy en el fondo del ser se oyen músicas, tonadas, melodías sin notas. Es un silencio que emerge para escuchar nuestros susurros interiores. Basta poco tiempo para conocer una alma entera, el cuerpo es más distante. No necesito mirarte a los ojos, atravieso todo tu cuerpo a nado.  Besar con todo el valor que queda en nuestro yo. Percibir, quedar atrapado en todo el fuego que tienes bajo tus piernas. Son cuerpos de goces sin fin, nunca hay cansancio para recorrerlos de pies a cabeza. Es la llama del amor que aviva la existencia. Tenemos al lado seres que nuestro propósito es amarlos. Es más difícil renunciar al amor que a la vida. El placer y las carencias avergüenzan, se esconden, mientras que el dolor se exhibe.


Almas Caídas, Vergüenzas

La dureza de los cuerpos


Dadme una razón para levantarme de la cama. Los privilegios, la salud y todas esas cosas hacen pensar en que se tiene toda una vida por delante. Los cuerpos endurecidos son ajenos al amor, de tanto sufrir ya no lloran, no hay de donde sacar lágrimas. La pesadez de la vida carga con ciertos fantasmas intemporales. Las mentiras sobran, pululan, la verdad es indigesta, ni hay quien la trague. Nunca se tiene tiempo suficiente, incluso ni para pensar en uno mismo. Pero las desgracias se comparten, se transfieren, los destinos pesados de las gentes terminan siendo arrastrados por otros, transferencias aquí y allá. Dejad que el rancho arda, el mal persistirá, sólo cambia el verdugo.


Todo da igual si se habita la desgracia. No se pierde gran cosa cuando arde la casa del patrón, siempre vendrá otro igual o peor. Cuando los ricos honran a alguien, lo hacen sentir como un criado; con los pobres, hacen sentir como a un ladrón. La gente humilde dan por hecho que están hechos para sufrir por todo, les han hecho creer que esa es su misión acá en la tierra. El hambre quita paz, la zozobra se apodera y enajena al ser.


Días finales


Hay lugares que sólo se entra a pie como se hace en una iglesia. Cuando se llega  a alguna parte aparecen las ambiciones, los sueños, lo diferente, lo atractivo y novedoso activan los deseos.


Cuando se sospecha venir los días finales, se quiere tocar una tonadilla a su manera, cuando ya no hay fuerzas para preocupaciones, lo que se quiere es acabar la existencia en un rinconcito de fantasmas tranquilos, ser casi que nadie, invocar el Derecho a desaparecer. Dejarse matar no es tan doloroso si se hace que la vida sigue, es duro pero la mentira funciona.


Las vidas que se desploman en mundos que cambian de órbita, los mundos ya idos, que se fueron pero no para siempre, de vez en vez percibimos mezclas para lo mejor y lo peor. Pero los Hatos tienen sus días contados en un mundo sin peones y sin vacas. Homenaje a Louis Ferdinand Céline, nuestros gratos recuerdos nos acompañan en Viaje al fin de la Media Noche.

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