Gente Dócil

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Todo el tiempo, en todo momento, en todo lugar, caminando, en el transporte público, en la sala, en la mesa del comedor, en los centros comerciales los jóvenes están con su smartphone en sus manos, su mirada fija en la pantalla, tecleando, ríen, gruñen. ¿Qué hacen? Consumen. Todo el tiempo están consumiendo. Lo preferido son los muy famosos cantantes, raperos, cuenta chistes, los que han alcanzado el éxito viral en las redes sociales, aquellos que suman por lo menos cinco millones de visitas al mes y miles de seguidores que gereran cinco millones de pesos colombianos, son los llamados influencer. Todo esto es un modelo que todos quieren seguir, los gigantes de las redes aceitan el engranaje, Facebook, Google, Twitter son los grandes ganadores, sus empresas se valorizan en miles de millones de dólares.


Este consumo, esta imposición de contenidos, este formateo determina el Ser, hecho a la medida de los grandes intereses del Poder. Es toda una modelación. Estas empresas ponen a rodar contenidos, tendencias, réplicas aquí y allá con sólo teclear, cada clik tiene un valor en las redes, nada es gratuito. Más allá del atractivo monetario, está el molde, el formato, el formateo determinante del contenido. Vale el ejemplo de influir en las elecciones de un país, los grandes empresarios de las redes sociales, bien pagos por políticos, hacen inclinar las balanzas para el mejor postor, así lo electoral es mera pantomima: las fake news, las bodegas de redes sociales crean los fantasmas de ser los más seguidos, los mejores, las tendencias a seguir.


El consumo es en gran medida lo que se les vende a los jóvenes y a la población en general, no importa su capacidad adquisitiva o si es necesario este o aquel producto, el comercio se encarga de imponerlo, incluso muchos de los artefactos adquiridos no se explotan en toda la capacidad, sólo cuenta con una Potencia y con una esperanza de que algún día se usará en su plenitud, es una ilusión irrealizable. Recuerdo la anécdota de Richard Sennet en un almacén que le ofrecieron un smartphone con capacidad de almacenar algo así de diez mil canciones, en su raciocinio se decía que si mucho escuchaba cien canciones, y cuando menos una docena de su preferencia. Igual pasa con los automóviles, venden con capacidad de desarrollar velocidades de más de 200 km por hora sin importar que en las carreteras sólo se puede o permite rodar a 120 km/H. Sólo se consume potencia.


¿Quiénes son los beneficiarios finales de esta alienación? Una cosa sí es segura, los jóvenes están consumiendo en sus smarfhone cualquier cosa menos pensamiento crítico, más bien se sumergen en una cultura ligth que los adormece, los anestesia para vivir sin protestar en un mundo cada vez más adverso. Se anula cualquier juicio crítico en un mundo tan inequitativo que cada vez produce desempleo y miseria, y en la escuela nada se hace, más bien son caja de resonancia de esta idiotez colectiva. ¿A quién conviene hacer de los jóvenes simples consumidores sin que se cuestionen por la sociedad en la que se encuentran? Mírese no más los mass media todo el tiempo suministran imágenes, programas banales de mundos ideales, de vidas perfectas logradas, inculcan ellos, por el mero logro personal, voluntades inquebrantables que cada día deciden ser felices para apalancar metas triunfales, es algo así como decir que el motor del progreso es interior en cada persona, el bien o el mal está dentro de cada quién.


Ante el Gran Poder determinante para modelar la vida para el consumo, ante los formateos en los medios masivos, en las redes sociales, solo queda anteponer los pequeños cambios en las comunidades, en los barrios, en la cuadra con sus propuestas culturales, con la reinvención de la vida. En lo micro está la clave, si se quiere resistir al formateo que produce borregos, gente, jóvenes dóciles. Decía Jean-Paul Marat: «para encadenar a los pueblos, hay que empezar por adormecerlos


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Autogobernarse, Anarquía

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Lo absurdo se muestra enseguida en la ilusión, en la distorsión democrática: ¿Cuántos votantes hacen falta para cambiar  una bombilla? Ninguno. Porque los votantes no pueden cambiar nada. La promesa de cambio se diluye en el político que absorbe y concentra el poder delegado de sus votantes. A su vez el Estado es la suma de este género de políticos, un poder concentrado y desvinculado del ciudadano. Cada vez se constata la ineficacia del Poder abstracto del Estado y de sus agentes políticos: impedir la distribución de los recursos y por consiguiente la inequidad en la población, cada vez más pobre, desatendida de sus servicios básicos. Por lo demás el proceso de votar conduce a procesos de odios, enemistar, dividir a las comunidades entre perdedores y ganadores, los que mandan y los que obedecen.


El Estado es fallido, sólo sostenido con el engaño del demagogo, del sofista político con su máscara de cordialidad. Esta lejanía del Poder con la ciudadanía, con los problemas reales de sus vidas, han dado fuerza para trabajar en otros mundos posibles, en otras formas de tramitar los problemas reales de las comunidades. Las formas alternas de tramitar el poder tienen que ver con la Democracia Directa, sin intermediarios y sin jerarquías de yo mando, tu obedeces. Por el contrario, el proceso decisorio se da en deliberaciones hasta llegar a acuerdos consensuados, sin que nadie tenga que convencer a nadie. A esto también se le llama Anarquía, que no es el caos o desorden, es más bien la unión de ciudadanos deliberando y decidiendo en el barrio, en la cuadra, en los colectivos culturales sobre sus problemas, tomando el toro por sus cuernos, sin intermediarios lejanos, sin caciques ni jefes, sin jerarquías, se manda obedeciendo. La Anarquía va más bien con la reinvención de la existencia. Cada comunidad, cada individuo, vive en su propio universo único. Son principios básicos del anarquismo: autoorganización, asociación voluntaria, ayuda mutua, todas estas son formas de comportamiento humano que se consideran parte de la humanidad desde sus inicios.



Puede objetarse que el Estado es imprescindible, que no puede concebirse sociedades sin Estado. Pero la antropología ha constatado que sí es posible, Pierre Clastres ha documentado comunidades que todo el tiempo han impedido la formación Estado porque han advertido lo dañino de la concentración de poder y de los excedentes de producción. El Estado con su acta de nacimiento del mundo moderno fue con puño y letra de Maquiavelo, y el sistema favorecido fue la sociedad liberal, la libertad de intercambiar productos, comerciar, y con ello el advenimiento del Burgos, de la ciudad, del burgués en contraposición del señor feudal, del campesino anclado en el campo y sus condiciones miserables. La puja ganó en favor de las concentración de los poblados y servicios que abaratan los costos por la producción a escala. La ciudad descresta por sus monumentales edificios, símbolos del bienestar, de progreso. El campo por el contrario es la dejadez, el atraso, sin los servicios del progreso, la miseria se evidencia.


Si algún día no lejano, la autogestión de los hombres se vuelve la cosa más común, los hombres autodirigiéndose, sin dirigentes políticos, surge la pregunta qué hacer con estos políticos ociosos, desocupados. Borges en el libro de Arena, imaginó una respuesta pensando en usar el arte de la demagogia para hacer reír, los comediantes es una profesión noble, de eso no hay duda: "Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más completa que este resumen." Construir una ciudadanía por fuera del Estado es posible, preferible.


Una cosa última, la anarquía es amiga de las revoluciones silenciosas, en calma, no es lo suyo confrontar, mejor la retirada y en la lejanía se reinventa la comunidad, el poder de uno mismo. Tiene más impacto y mejor uso de las energías para la creación que quedar enganchado en trifulcas. "A veces lo mejor es simular que nada ha cambiado, permitir que los representantes estatales mantengan su dignidad, incluso presentarse en sus despachos, rellenar sus formularios y, a partir de ese momento, ignorarlos por completo." (Graeber, p.72)

Adenda:


Una bibliografía sobre el Anarquismo como el arte de la autogestión, de otro mundo es posible: David Graeber. Fragmentos de antropología anarquista. Lallevir SL / VIRUS editorial, 2011


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El Pensamiento del Afuera

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

El Pensamiento del afuera es un libro de Michel Foucault. Y más que un libro es un gran esfuerzo por definir el ser en el vacío, en el silencio perceptible en la literatura. Pero ¿Qué es el pensamiento del afuera? Nos gusta definir el pensamiento por su etimología, pensar es pesar, poner en la balanza, calcular, sopesar la mejor opción. Todo el tiempo estamos sopesando, calculando la mejor opción para la vida. De allí que la vida se defina por las fuerzas que contrarrestan a la muerte, todo el tiempo se está haciendo el quite a lo que pone en riesgo la existencia. Pensar es pesar, sopesar.


El afuera corresponde a lo que sale de nuestro cuerpo, la mano que fabrica hace salir lo que el hombre ha concebido, el artefacto. Todo esto no son más que acciones que salen del cuerpo, por eso mismo se dice que todo hacer, toda acción es un gesto técnico que el hombre exterioriza, por eso el concepto del afuera. La roca allá en el peñasco es potencia para el arte que espera la realización del acto con la mano talladora del escultor. Una potencia y un acto fusionados para expresar un adentro ya exteriorizado del escultor. La palabra es la ausencia de la cosa que habla, y el lenguaje literario es la invisibilidad y el silencio del autor, es una sonrisa sin rostro, es un lugar sin geografía. El verdadero autor expresa en el afuera lo que otros ni si quiera sospechan que existe.


Por eso se habla de afuera, y si uno saca lo que está dentro de uno, entonces queda en el vacío. Por eso la literatura es posible si desaparece el sujeto, cuando se entrega produce el vacío sin límites. Es un espacio silencioso que desea el afuera, y allí se pierde para volver a encontrarse al final en ese yo erosionado que habla. La literatura es el afuera deshecho en el que cada vez crece un desierto, es un retiro en una noche oscura, en un día sin luz. 


Uno saca lo que está adentro pero en la obra exteriorizada uno se retroalimenta. El autor queda vacío una vez ha creado su obra. Él es nada, es nadie, el sujeto desaparece. Por eso se dice también que el hombre es un pliegue gramatical en tanto que sus actos salen, todo en él habla, es murmullo, es la sinrazón de eso que no está codificado por el mundo de la razón (recuérdese que la razón es el acta de nacimiento de Occidente). Por eso se dice también que el lenguaje se evapora en ese ir y venir hasta producirse el gesto que sale del cuerpo. En suma es mejor definir todo esto por el desierto que somos, por el vacío, por el afuera que nos jala para sacarnos y poder ser. "el «yo» que habla se fragmenta, se desparrama y se dispersa hasta desaparecer en este espacio desnudo."

 


La ficción expresa bien eso que está dentro del hombre y que habla otro lenguaje distinto al convencional de la razón. La literatura y las ficciones de Blanchot es un buen ejemplo: "Las ficciones de Blanchot serán, antes que imágenes propiamente dichas, la transformación, el desplazamiento, el intervalo neutro, el intersticio de las imágenes. Son imágenes precisas. Sus figuras se dibujan únicamente en la existencia gris de lo cotidiano y del anonimato; y cuando dejan sitio a la fascinación, no se trata nunca de ellas mismas, sino del vacío que las rodea, del espacio donde se encuentran sin raíz y sin zócalo. Lo ficticio no se encuentra jamás en las cosas ni en los hombres, sino en la imposible verosimilitud de aquello que está entre ambos: encuentros, proximidad de lo más lejano, ocultación absoluta del lugar donde nos encontramos. Así pues, la ficción consiste no en hacer ver lo invisible sino en hacer ver hasta qué punto es invisible la invisibilidad de lo visible."


Mucho se ha dicho sobre la literatura como expresión que escapa a las lógicas convencionales, al mundo de la razón que todo lo mide, por el contrario, la literatura es vacío, es el afuera tal y como está dicho líneas arriba, es un yo que sale a buscarse, a perderse en el desierto de la nada, pero que al final se reencuentra así mismo, es el reto de quién nunca se reconoce en el espejo, pero de tanto buscar logra encontrarse. "se trata mucho más de un tránsito al «afuera»: el lenguaje escapa al modo de ser del discurso - es decir, a la dinastía de la representación - y la palabra literaria se desarrolla a partir de sí misma, formando una red en la que cada punto, distinto de los demás, a distancia incluso de los más próximos, se sitúa por relación a todos los otros en un espacio que los contiene y los separa al mismo tiempo."... "La palabra de la palabra nos conduce por la literatura, pero quizás también por otros caminos, a ese afuera donde desaparece el sujeto que habla. Sin duda es por esta razón por lo que la reflexión occidental no se ha decidido durante tanto tiempo a pensar el ser del lenguaje: como si presintiera el peligro que haría correr a la evidencia del «existo» la experiencia desnuda del lenguaje."


Esta literatura como expresión del afuera, del vacío, de la interioridad exteriorizada puede verse en ciertos autores: "Artaud, cuando todo el lenguaje discursivo está llamado a desatarse en la violencia del cuerpo y del grito, y que el pensamiento, abandonando la interioridad salmodiante de la conciencia, deviene energía material, sufrimiento de la carne, persecución y desgarramiento del sujeto mismo; en Bataille, cuando el pensamiento, en lugar de ser discurso de la contradicción o del inconsciente, deviene discurso del límite, de la subjetividad quebrantada, de la transgresión; en Klossowski, con la experiencia del doble, de la exterioridad de los simulacros, de la multiplicación teatral y demente del Yo. De este pensamiento, Blanchot tal vez no sea solamente uno más de sus testigos. Cuanto más se retire en la manifestación de su obra, cuanto más esté, no ya oculto por sus textos, sino ausente de su existencia y ausente por la fuerza maravillosa de su existencia, tanto más representa para nosotros este pensamiento mismo, la presencia real, absolutamente lejana, centelleante, invisible, la suerte necesaria, la ley inevitable, el vigor tranquilo, infinito, mesurado de este pensamiento mismo."


En suma, el hombre y su recurso literario que expresa ese vacío, ese adentrarse cada vez más en el silencio cuánto más se entrega al flujo de la escritura, cuánto más produce más vacío está, más se entrega en lo inaprensible allá en el vacío, en el afuera. 


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La Felicidad, Happycracia

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica

La felicidad tan antigua como el hombre mismo, todos la quieren pero nada tan esquivo como ella misma. Cuando se la cree tener, tan pronto se va, es tan efímera, tan huidiza, tan ilusa que en la brevedad, apenas sí la percibimos. ¿Deseamos mal? ¿Por qué es tan difícil tenerla? ¿alcanzarla? Desde luego que cada quien quiere hacerla a su medida y según la cultura en la que esté inmerso, pero lo cierto es que vida hay una sola y todos queremos pasarla bien, nadie quiere atravesar un valle de lágrimas. En esta vía nadie discute que en la satisfacción de las necesidades básicas del humano vivir tiene mucho que ver con el bienestar de la existencia. Comer, estar abrigado, tener un techo para estar en el regocijo del espíritu, tener salud, conocer, saber más y mejor; estar con buenos amigos y en una sociedad tranquila. Son los mínimos sobre los cuales se asienta el bienestar que todo ser debe tener, es lo más parecido para una cierta felicidad. 


Este supuesto de la felicidad cimentada en los pilares básicos de la existencia, se alejan mucho de lo que se ve en la sociedad. Las carencias son el pan de cada día, seres tristes, quebrados en su dignidad por que no tienen lo mínimo para sí y para los suyos. Pero si se alza la mirada hacia el horizonte, no se ve esperanza alguna, por el contrario, todo está desolado. Los mass media, todos los días, noche y día, muelen otro mundo diferente al de estos hombres tristes a punta de derrumbarse. El dis-curso es no seguir el curso de esta dura realidad que permita enderezarla, lo que promueven son mundos diferentes, más bien artificiales: en la televisión la gente exitosa todo el tiempo ríe, cada día al levantarse decide ser feliz, y la felicidad está en éste o aquel producto, es una sociedad del gran capital que todo el tiempo llama a consumir. Pero en el trasfondo lo que se está movilizando es un sedante que adormece la dureza y la miseria en la que se está revolcando la gran masa de la población. 


El sedante consiste en introyectar en las personas, que todo depende de su propia voluntad, si te va bien o mal sólo eres tú el responsable, no busques por fuera de tí. Tampoco existe una sociedad dónde refugiarte. Este mundo en el que vivimos, el globo terráqueo, está poblado sólo de individuos, yoes, no existe un nosotros, no existe sociedad, colectivos, comunidad o algo que se le parezca. Estos sedantes quieren hacernos creer que sólo basta con una voluntad del individuo para ser felices. Ese discurso alienante que dice que todo está dentro de tí, dentro de una fuerza interior de cada individuo para alcanzar su máximo bienestar: todo está en tí, no busques nada por fuera, el fracaso o el éxito está en tus manos, en tu fuerza interior. La finalidad es hacer individuos dóciles conformes con su miseria, anular su capacidad de juicio crítico. 


Ese discurso sedante tiene por propósito frenar a la persona para que no vaya a buscar causas en otras partes diferentes que no sea en tu yo interior. Desde luego que estos paliativos anulan la capacidad crítica de las personas, son seres dóciles que arrastran sus desgracias sin protestar, sin buscar responsables. Esto favorece a los hombres del Poder, sin nadie que les interpele del por qué el mundo está patas arriba. Sólo miren la sociedad en general para constatar la privatización, la privación de lo que antes eran servicios públicos como los de salud, educación, sistemas de pensiones, políticas de vivienda.


Estos sedantes que adormecen la capacidad crítica del individuo y que lo hacen ver cómo el único responsable de las desgracias de su vida, puede verse en la Película en Búsqueda de la Felicidad (en Netflix), la cual es himno y matriz ideológica en facultades de educación, en libros de autoayuda que segregan estás pócimas para adormecer la crítica sobre las responsabilidades de la inequidad que les competen a los grupos de poder político y económico. Sobre el particular también se ha hecho un buen libro que cuestiona esta forma miserable de adormecer a las gentes, su título es  Happycracia. Solo diremos de él que desenmascara ésta doctrina capitalista irrigada en universidades, en especial en los departamentos de psicología que promueven con libros de autoayuda.


Consiste este sedante de voluntad inquebrantable, en no perder la fe, no culpar a nadie, no importa cuán humillantes sean las experiencias por las que se tenga que pasar. El personaje de la película es tirado a la calle con su hijo porque no pagan arriendo, duermen en los baños del metro, luego hacen largas filas para lograr una cama en un albergue; el miserable tiene que ir a pie corriendo porque no tiene pasajes para ir en autobús; sin monedas para poder comer bien… todo es miseria, que por humillante que sea no logra quebrar la voluntad de seguir adelante, de conseguir la meta, todo está en querer, si fracasas es por culpa propia, ningún tercero habrá a quién responsabilizar, ni si quiera la sociedad, sólo, recordar el principio: sólo existe el Individuo, no la sociedad, sólo existes tú, sólo tú, individuo, tú tienes la culpa si te va bien o te va mal. 


La felicidad vuelta sedante que buscar que el individuo no vea sociedad alguna sino así mismo, y más aún que todo depende de su voluntad que tan fuerte sea. Todo esto llegó al colmo de una pretendida ciencia enseñada en universidades. El término acuñado es la Happycracia, todo el mundo en busca de la felicidad. Referimos de nuevo el libro que crítica esta charlatanería escrito por Edgar Cabanas y Eva Illouz su título HAPPYCRACIA: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Otro buen libro crítico de las estrategias del Capitalismo es la Corrosión del Carácter escrito por Richard Sennet. Allí también se muestra como nos privan de conjugar el peligroso verbo nosotros, no existe la Sociedad, sólo el individuo a quién se le cercena su capacidad crítica que será sustituida por mensajes que suavizan los feroces golpes que el poder asesta a la masa obrera. Por lo demás, La ultraderecha también ha encontrado el recurso del neofacismo para esquivar reformas jalonadas por el Estado Social de Derecho, sale más económico disparar que otorgar derechos.


Adenda:

Acá el comentario del historiador Iván Castrillón:


"Este culto al individuo en menoscabo de lo colectivo se corresponde a un momento particular del capitalismo: el neoliberalismo. Que para el caso colombiano se reforzó con los valores de la solemnidad al individuo y a vivir de manera desenfrenada el presente, sin futuro, que introdujo el narcotráfico. Todo en sintonía con la destrucción del mundo fabril y su fuerte cultura colectiva, obrera, que se asoció a los café como la Bastilla ‒leer la Colmena Camilo José Cela‒, lugares de encuentro, de comunidad en el tránsito antes de llegar al hogar.


En suma, no solo fue una estrategía de mercadotecnia orientada al prestigio del consumo y las inalcanzables formas de ser “mayoritario” sino también la destrucción o reconfiguración de los espacios de encuentro que reforzaban lo colectivo como fue la significativa dinámica de los templos con sus diversos rituales, las grandes plazas de mercado para el intercambio, encuentro de lo rural con lo urbano. Las plazas públicas para las concentraciones políticas para interactuar cara a cara, todo canalizado por los espacios del orden de la disciplina y su panóptico que han dado paso a nuevas formas de convivencia, medidas por el formateo digital, como el denominado capitalismo de vigilancia."



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Hemos Cambiado

Por Mauricio Castaño H
Historiador 
Colombiakritica

El tiempo nos pasa. No nos bañamos en las mismas aguas del río. No somos los mismos de décadas atrás. ¿En qué hemos cambiado? En las creencias somos más flexibles, por ejemplo, en nuestros días el amor no es para siempre, y lo que Dios ha unido, el hombre lo separa. Las parejas se divorcian, se vuelven a casar ante juramento, no de cura sino de autoridad civil. O simplemente ambos, los dos, la pareja, a su voluntad, deciden su propia unión. En el sexo, antes la castidad era certificado de buena conducta, hoy simple tontería. En los credos religiosos, el buen Dios cristiano es más bien un social bacán, un comodín que se acomoda a todos mis caprichos, es un Dios de caucho, hecho de plástico, se estira y se encoge según nuestros necesidades, se acomoda a cualquier situación según la conveniencia, por ejemplo, el matón bendice el arma, el puñal que quiere derramar sangre.


Otrora, antes del siglo xix, otro de los cambios radicales fue el paso de la esclavitud a la libertad, ningún hombre será esclavo, todos serán iguales en derecho, al menos nadie podrá alegar propiedad absoluta sobre otro semejante, sobre otro cuerpo bípedo, humano, ni mucho menos podrá encadenarlo. Recuérdese que los hombres eran asimilados a cualquier objeto, a cualquier cosa por la presunción de que no tenían alma. El amo podía llevarlos tal como se lleva un perro a la calle bajo sujeción, relación de pura obediencia y a cambio se obtiene lo necesario para vivir. ¡Ya son tiempos pasados, los de los grillos en pies, manos o cuello! Otros dirán que se pasó a otro tipo de esclavitud, más disimulada, enmascarada bajo el overol del obrero que gasta toda su vida encerrado en una jaula de hierro.


La objeción asume que se pasó a una esclavitud moderna, la actual, la del trabajo, la del mundo laboral de ocho horas diarias, que también es una sujeción, pasar el mayor tiempo de la vida en el taller de la fábrica, en la cuadrícula de la oficina para luego terminar como lisiado después de la jubilación, desgarrado, lisiado por su hacer monótono, alienado que ante su desgracia de los gestos repetitivos no poder deshabituarse. Mucho adiestramiento y paciencia ha de tenerse para pasar toda una vida haciendo lo mismo, la misma hora de acostarse, levantarse, comer, y de vez en cuando un escape de la hora loca, beber unas cuántas copas de más para poder reír a carcajadas, olvidarse de sí mismo y dejar todo al azar de la sin razón.


La repetición tonta del obrero moldeado es de difícil cura. El jubilado que va de nuevo al que era su lugar de trabajo o lo merodea, tomará un café cerca con sus amigos y recordarán sus viejos tiempos, vivir es recordar. De allí en adelante solo queda una vida achacosa, somatizada en las más mínimas levedades, cualquier insignificancia será magnificada, el dolor que nunca desaparece, se vuelve más intenso y no sólo aquí, sino que saltó más allá. Son los lamentos somatizados para llamar la atención del médico y de la familia que lo devalúa, cada vez lo ve como el vetusto mueble estorboso. 


Otros cambios no tan notados han venido para dignificar la vida. Fue con Nietzsche que los espíritus se estremecen para tomar un nuevo oxígeno de rebeldía. Vivir es desgarrarse, salirse de los moldes de buena conducta, cuestionar las ataduras que nos amarran, plantear nuevos valores que edifiquen la vida, "Sí queremos paz, pero no la que quieren los curas, las vacas y los tenderos." En nuestros días vale cuestionar la fe de hierro del obrero o la del carbonero. La servidumbre voluntaria es más peligrosa porque todos la asumen como normal, si hay algún problema en la vida, no busques la solución por fuera, sino dentro de tí, el problema eres tú.


Las cadenas de la servidumbre voluntaria están dentro de nosotros mismos, el formateo fue de perfectos borregos. Somos seres que nos sentimos agradecidos con el sistema de mercado que nos sigue haciendo el puesto en la fábrica. Se ganará lo apenas necesario para pagar las cuentas del básico vivir. Esto ha sido blanco de ataque de ciertos filósofos que reclaman rebeldía contra todo aquello que anula la libertad del ser, que no se da espacio a la libertad individual. Incluso se propone arrancar al sujeto de sí mismo hasta su disolución, hasta el desformateo. Se reclama una renta básica o la garantía de que todo viviente tenga asegurado lo necesario para no morir de hambre.


Y más allá vemos en esta rebeldía la empresa de des-sujetivación propuesta por Nietzsche, Blanchot, Bataille. Esta rebeldía hace desbordar la cuadrícula en la que se quiere encerrarse al individuo, aquella que fija metas por alcanzar una felicidad fabricada muy en clave de mercado. Pero... qué difícil es satisfacer el espíritu inquieto, cuando se cree que todo ha terminado es donde apenas todo comienza. Lo desconocido es lo más apetecido, nuestro ser interior no se conforma, no importa cuántos sermones o cuántas amonestaciones impongan al espíritu rebelde. Si la vida biológica son las fuerzas que contrarrestan a la muerte, a su vez todo esto parece reflejarse en la voluntad de potencia que tiene cada cuerpo. ¿Qué le pasó a ese obrero tan aconductado que un día decidió renunciar a todo, y entregarse a la embriaguez y a la indigencia? Hay un asomo de un inicio de todo aquello que es desconocido, inaccesible pero que golpea en las paredes de nuestra piel para hacerse escuchar. Todo está inacabado, el ser nunca estará terminado, el deseo es ilimitado. El vacío define bien nuestra existencia interior.


El poder de la lengua


Somos seres del lenguaje, se ha desarrollado una complejidad en el lenguaje en donde todo habla, hablamos con la punta de los dedos mientras callamos. El lenguaje, la lengua nos expresa, nosotros no dominamos el lenguaje, nosotros nos debemos a la sociedad que nos formatea. La forma y lo que hablamos nos devela en lo que somos, a los que nos debemos, a la sociedad a la que pertenecemos. En las sociedades sin historia, sin escritura, son los mitos los que se piensan en los hombres, no a la inversa, los hombres que piensan los mitos. Por esa razón no se habla de verdades absolutas, de la esencia del hombre o de procesos dialécticos sino más bien de sentidos, de sistemas, de estructuras que explican a una sociedad. Incluso se habla de genealogía, del sentido. En el hombre están todas las respuestas, todo en él habla, es un lienzo en el que la sociedad, los sistemas de poder trazan sus líneas para dibujar el rostro deseado.



El poder del sentido


El lenguaje nos expresa en los procesos de subjetivación de la sociedad. Por eso Bataille, Blanchot hablan de la experiencia interior, de procesos de des-sujetivación. No hay verdades absolutas, existen sentidos, todo depende del cristal con que se mire. El hombre es una invención recién, y así como apareció puede desaparecer, desdibujarse. Se le escucha a diario, a manera de queja, que el hombre está siendo desplazado, pasó a ser cosa secundaria, primero los obreros protestaron contra las máquinas porque los dejaron sin empleo. Ahora son los robots los que están haciendo inútil el trabajo humano. Más allá de la queja, de llorar por lo que se pierde, puede dirigirse el mirar, hacia el horizonte para vislumbrar lo que se gana. Toda liberación trae pérdidas y ganancias, se gana por un lado y se pierde por el otro. El rostro humano dibujado ayer, puede desdibujarse para devenir algo distinto, algo diferente. Si uno escribe para no enloquecer, entonces la escritura es una locura.


Es la estructura, es el sistema el que expresa a los hombres, por eso en Foucault es un trabajo de arqueólogo, va capa tras capa barrenando, develando los diferentes sedimentos que la componen, todo ese conjunto es un archivo y la forma de interrogar develará lo mejor. Foucault llama archivo a «la masa de todas las cosas que se han dicho en una cultura, las que se han conservado, valorado, reutilizado, repetido y transformado. Toda esa masa verbal que ha sido fabricada por los hombres, que se ha empleado en sus técnicas y en sus instituciones y que está tejida con su existencia y con su historia». La historia es discontinua, tiene rupturas y mutaciones. El pensamiento es inacabado, se rehace sin parar.


En la denominada locura Foucault nos enseñó que ella existe en la sociedad. Ella fabrica los locos en manos de una psiquiatría filantrópica despreciable. Ella trata de contener al rebelde del sistema. El literato Artaud con sus experiencias límites, el transgredir un tipo de racionalidad, desbordar esa sociedad del orden, fue encerrado en el psiquiátrico, y fueron los psiquiatras quienes permitieron su encierro. "La propuesta de Foucault acabará por denominarse «microfísica del poder»: «física», porque lo que cuenta en ella es la descripción del funcionamiento de las fuerzas políticas, y «micro» porque privilegia en el análisis (y en las luchas) la multiplicidad de focos institucionales del poder, en detrimento de cualquier unificación bajo la figura del Estado."


El Poder y sus guerras han mostrado su capacidad de apropiarse de las pocas libertades, disponen de los hombres para lo que les plazca: someterlos, esclavizarlos, matarlos, siempre está la amenaza de que se los puede tomar en cualquier momento, se puede disponer de ellos. La libertad humana puede decirse ha estado secuestrada por los poderes, el poder es posible si hay obediencia, si hay sometimiento. Tanto así que democracia ha significado Resistencia a esas fuerzas totalitarias, a todo poder que por su naturaleza busca serviles. Si hay vida, hay lucha. Y si hay lucha hay resistencia.


La vida se expresa en los humanos, ellos viven a través de sus prácticas cotidianas, culturales, y mucho mejor en las relaciones de poder, de Biopoder. La vida es una sola que se aprende en las vivencias mismas, otros dirán conceptos y prácticas, el hombre que vive, trabaja y piensa. La vida no está divorciada de la existencia. La masificación de la lectura y de la internet abrió el mundo a los ojos de todos, el conocimiento está a la distancia de un click en el smarphone que tecleo en mis manos. El poder del conocimiento ya no está en el venerado sabio, está en la voluntad de potencia de cada quién. Bienvenidos los cambios, en especial los que reafirman al ser en su libertad.


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