Confesiones de la Carne

Reseñas

LIBERATION
FOUCAULT, «CONFESIONES» PÓSTUMAS
Por Robert Maggiori — 7 février 2018
¿Cómo la «dirección de consciencia» religiosa se vuelve dominación social: la publicación inédita del último volumen de la «Histoire de la sexualité», que permanecía inacabada, clausura la obra del filósofo muerto en 1984.
Ningún preámbulo, ninguna presentacion, ninguna introducción.  En las Confesiones de la Carne, se entra de una vez.  Con un comienzo bastante brutal: « Fueron pues los filósofos y los directores no cristianos quienes formularon el régimen de las aphrodisia en función del matrimonio, de la procreación, de la descalificación del placer y de un lazo de simpatía respetuoso e intenso entre los esposos; es una sociedad «pagana» la que se dio la posibilidad de reconocer acá una regla de conducta aceptable para todos. Lo que no quiere decir efectivamente que la siguieron todos, del dicho al hecho... »  El «pues» es extraño, puesto que normalmente constituye un balance o saca las consecuencias de algo que ha sido dicho previamente.  Para ver con qué conecta eventualmente este primer párrafo, ni siquierea estamos seguros que baste con tener un conocimiento íntimo de toda la obra de Michel Foucault.  Fue en los años 1981-1982 donde se puede situar la redacción definitiva del texto de las Confesiones.
(…)
…en abril de 1983, en una conferencia pronunciada en Berkeley (California), Foucault decía que quería dibujar una «ontología histórica de nosotros mismos o la historia crítica del pensamiento».  Para comprender cómo esta historia —«quiero decir nuestra relación con la verdad, con las obligaciones con nosotros mismos y con los otros»— ha «hecho de nosotros lo que somos», era necesario, decía él, que luego de haber estudiado la relación con la obligación y con la verdad en los estudios sobre «la locura y la psiquiatría, el crimen y el castigo », se le pusiera atención «a las relaciones consigo mismo y a las técnicas a través de las cuales esas relaciones han sido contruidas»; y ponía de relieve lo que durante mucho tiempo había sido “ocultado” por el brillo del «conócete a ti mismo » socrático, a saber: la noción griega de epimeleia heautou o la latina, de cura sui: el «cuidado de sí».  Observaciones y desarrollos esparcidos figuran en los Cursos, permitiendo decir que inmediatamente después de la publicación de la Voluntad de saber, dice Frédéric Gros, «el proyecto de una historia de la sexualidad moderna (siglos XVI-XIX) fue abandonado en aras, en un primer momento (1979-1982), de un recentramiento con dirección a una problematización histórica de la carne cristiana –a través de los principales “actos de verdad” (exomologesis y exagoresis[], las artes de la virginidad y la doctrina del matrimonio en los Padres cristianos de los primeros siglo)– y luego, en un segundo tiempo (1982-1984), de un descentramiento hacia las artes del vivir greco-romanas y el lugar que allí ocupan las aphrodisia».  <tr. Paláu, p. 6>
«Gobierno de sí»
A causa de su permanencia tanto tiempo inédito, las Confesiones de la carne han adquirido una especie de dimensión «mítica», y dado lugar a todo tipo de especulaciones.  ¿Estaba el manuscrito inacabado, lagunar, inferior en cualidad a las obras precedentes, necesitaba una ampliación, refundiciones, supresiones, era objeto de una retención jurídica por parte de los herederos del filósofo, que querían cumplir su última voluntad de no autorizar ninguna publicación de inéditos luego de su muerte?  Lo que sí es seguro es que Foucault, comprometido en la redacción de el Uso de los placeres y de el Cuidado de sí no pudo, tan débil como estaba, proceder a una nueva lectura asidua de las Confesiones, cuya publicación seguía pensando que debería ser diferida.
Sin embargo uno puede seguirse preguntando por qué este texto tan esperado apenas fue publicado este año, en el estado en que se lo hizo —sin aparato crítico—, como quedó en 1981-1982.  La primera razón, plausible, era que exigía el largo trabajo de edición efectuado por Frédéric Gros. La segunda, teóricamente más satisfactoria, es que él parece más comprensible hoy, porque ya se inscribe en la obra entera, a la que la publicación de los Dits et Ecrits, de muchas conferencias (especialmente estadounidenses), y sobre todo de los trece volúmenes de los Cursos del Collège de France —muy especialmente de la Hermenéutica del sujeto así como de el Gobierno de sí y de los otros— da una coherencia en la que las Confesiones encuentra su lugar más fácilmente a posteriori.

En una lección del 5 de enero de 1983, Foucault, luego de haber prevenido a su auditorio de que se curso sobre «el gobierno de sí y de los otras» iba a estar «un tanto descosido y disperso», recuerda «algunos de los referentes» que se había fijado en su trabajo.  En realidad, él resume, «después de todo», todo su recorrido.  Lo que «he tratado de hacer», dice, es «una historia del pensamiento», que se desmarque tanto de la historia de las mentalidades como de la historia de las representaciones.  Y añade: «Por "pensamiento", querría decir un análisis de lo que se podría llamar focos de experiencia, donde se articulan los unos con los otros: primero, las formas de un saber posible; segundo, las matrices normativas de comportamiento para los individuos; y finalmente de los modos de existencia virtuales para sujetos posibles».  Se ven acá los tres muros portadores de la empresa de Foucault, los tres mundos que él ha interconectado y explorado: el conocimiento, el poder, el sujeto (la subjetivación), o, más precisamente, la arqueología de los saberes, la genealogía de los poderes y la problematización de los sujetos.
Objeto de ciencia
El momento «arqueológico» se despliega esencialmente en la Historia de la locura en la época clásica (1961, 1972), el Nacimiento de la clínica (1963), las Palabras y las Cosas (1966) y la Arcqueología del saber (1969).  Foucault describe primero el largo proceso por el cual el «loco», asimilado en la época clásica al delirante, al furioso, al antisocial, al mendigo, al blasfemo, al sodomita, al vagabundo, en el momento del «gran encierro»… se vuelve el «enfermo mental» y por tanto objeto de ciencia, que hace emerger la psiquiatría y la medicina clínica, asi como los lugares (asilo, structuras hospitalarias) donde los nuevos saberes se mudan en poder sobre los cuerpos.  Luego extiende el estudio a las otras ciencias humanas, y exhuma los paradigmas que en una cultura determinada gobiernan el lenguaje, los esquemas perceptivos, los intercambios, las técnicas, el trabajo, los valores y por ende los «órdenes empíricos» en los que los sujetos se piensan y son pensados (por la lingüística, la biología, la economía…).  El segundo momento —que abre en 1975 Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión— vuelve a trazar la genealogía de los poderes, luego el análisis de los discursos donde opera ya el poder hasta el estudio de las propias formas de control y de los microsistemas de dominación.  En este marco, Foucault desmonta «el curioso proyecto de encerrar para corregir», caracteristico de la sociedad disciplinaria, destruye la idea misma de un poder centralizado, piramidal, y muestra que no solamente el poder reprime, sino que al ser «polimorfo», produce realidades tales que ellas puedan de manera molecular ofrecer “puntos de contacto” suplementarios a su ejercicio.  La tercera fase es la que inaugura en 1976 la Voluntad de saber, y qua analiza la elaboración de los discursos de verdad sobre el sujeto.  Pero este ya no es el sujeto diferente (enfermo, loco, delincuente), ni el sujeto en general, sino el sujeto que somos nosotros mismos directamente en relación con el sexo.
Pensamiento antiguo
Sobre todo desarrollado en los Cursos, el tema de la problematización del sujeto se orienta cada vez más hacia la cuestión del gobierno de sí y de los otros por medio de la verdad, luego de las técnicas de existencia, de las experiencias de sí y de la parrêsia, el «hablar verdadero ».  El estudio de la modernidad de Occidente (siglos XVI-XIX), de la formación de los saberes, de los sistemas de poder y de la biopolítica quedaba de ahora en adelante tras Foucault.  Ante él se levantaba el pensamiento antiguo, griego, romano y helenístico, la patrística cristiana, Tertullien, Casiano, Séneca, Sócrates, donde el filósofo atisba los elementos de construcción de una «estética de la existencia individual», fondada en «tecnologías de sí» por las que los individuos «han sido llevados a prestar atención a ellos mismos, a descifrarse, a reconocerse, a confesarse como sujetos de deseo», y a osar la verdad, con respecto a ellos mismos.
Llegamos así a las últimas obras publicadas por Foucault antes de morir: el Uso de los placeres muestra en efecto cómo el comportamiento sexual ha sido encausado por el pensamiento griego clásico, cómo también (anota Frédéric Gros), «el pensamiento médico y filosófico elaboró ese "uso de los placeres" —khrêsis aphrodisiôn— y formuló algunos temas de austeridad que iban a volverse recurrentes sobre cuatro grandes ejes de la experiencia: la relación con el cuerpo, la relación con los muchachos, la relación con la esposa y la relación con la verdad».  El cuidado de sí, prosigue el estudio de «esta problematización en los textos griegos y latinos de los dos primeros siglos de nuestra era», y la «inflexión que ella sufrió en un arte de vivir dominado por la preocupación de sí mismo».  También dispuesto a añadirle a la marquetería algunas piezas tomadas de los Cursos o de las conferencias (las de Berkeley, o la que pronunció en Nueva York en el marco de un seminario con Richard Sennett, de la que Gros dice que «marca una etapa decisiva» en la elaboración del libro), aparece evidentemente que las Confesiones de la carne constituyen una «continuación» del plan foucaltiano.  Y es la medida en que, remontado en la historia, Foucault analiza entonces la manera como la «preocupación de sí mismo» y el gobierno o la dirección de los otros (en el sentido de la «dirección de conscience»), son metamorfoseadas por el cristianismo, por medio de «las obligaciones cristianos de verdad», en el bautismo, la confesión, la preparación para el matrimonio, la exomologesis y la exagoresis monásticas, los ritos de penitencia, la cuestión de la virginidad y de la abstinencia, las reglas del matrimonio, los deberes de los esposos, la exclusión, en el marco de una «ética du no-exceso», en san Agustín por ejemplo, de la «libidinización del sexo»…
«El decir-verdadero y el creer, la veridicción sobre sí mismo y la fe en la Palabra son, o deberían ser, indisociables.  El deber de verdad, como creencia y como confesión <aveu>, está en el centro del cristianismo» se lee en las Confesiones.  «Los dos sentidos tradicionales de la palabra “confession” recubren estos dos aspectos.  La “confesión” es de una manera general el reconocimiento del deber de verdad. Yo dejaría de lado, por supuesto, el problema del deber de verdad comprendido como fe en el cristianismo, para sólo considerar el deber de verdad comprendido como confesión y que logra sus efectos en una economía del pecado y de la salvación.»  <tr. Paláu, p. 266>
Pastoral cristiana
Lo que le interesa a Foucault es en efecto saber cómo la dirección espiritual, el examen de sí, el «control atento de sus actos y de sus pensamientos por parte del sujeto», la «exposición que él hace de ellos al otro, la petición de consejo a un guía y la aceptación de reglas de conducta que él le propone» <tr. Paláu, p. 76>, que existen en tradiciones antiquísimas (ellas tienen por objetivo tanto la virtud como la salvación, y presuponen la idea que uno no podría, sin un maestro, un pastor de almas o un director de conscience, caminar solo «vers la vie parfaite» <p. 83>), son retomadas, reformuladas, modificadas, rechazadas, adaptadas primero en esas «escuelas filosóficas» que son los monasterios, y luego en toda la pastoral cristiana y las obras de los Padres de la iglesia, en lo concerniente al bautismo, la virginidad y el matrimonio.  Evidentemente que transparenta aquí la cuestión de la que Foucault no ha dejado de ocuparse, la del «arte de gobernar los hombres», de la que se ve, —si leemos toda la obra a contrapelo—, que primero se dedicó a la «dirección de consciencia» religiosa, luego se «laicizó», se extendió a toda la sociedad civil, y multiplicó sus dominios de aplicación creando cada vez disciplinas nuevas y tecnologías específicas de dominación: el gobierno de los locos, de los prisoneros, de los niños, de los pobres, de las familias, de las poblaciones, de las ciudades, de los Estados… hasta el gobierno de su propio cuerpo y de su propia conciencia.  El trabajo de Foucault no ha consistido en encontrarle «soluciones» a la dominación, sino en mostrar cómo las relaciones —consigo, con los otros, con el sexo, con el deseo, con la autoridad, con la verad, con la libertad— se problématizan. Las Confesiones de la carne describe un momento crucial de una tal operación.  La obra es erudita pero carece sin duda, debido a su incacabamiento, de indicaciones en cuanto a sus objetivos teóricos, políticos o éticos que persigue, en los que se pudiera entrever los lineamientos de un «desujetamiento», o de ese «arte de la inservidumbre voluntaria» de la que se trata en algunas conferencias.
En su útlimo curso en el collège de France, Michel Foucault evoca, en un momento, su intención de retomar el manuscrito de las Confesiones, y de hacerle algunas modificaciones.  En la primera fila, un fiel asistente lo escuchó murmurar: «Ya es demasiado tarde».

TELERAMA Nº 3552
(…)
¿En qué momento la sexualidad se volvió el «sismógrafo de nuestra subjectividad», el secreto de donde se arrebata la verdad de lo que somos?  Con el aguijón de ese título magnífico, Las Confesiones de la carne, Foucault ausculta la «experiencia» cristiana de la carne, a través de una lectura técnica pero trepidante de los Padres de los primeros siglos (del IIº al Vº siglos) —Clemente de Alejandría, Tertuliano, Cipriano, Ambrosio, Juan Crisóstomo, Casiano, ya citado en 1980 en su curso del Collège de France, Sobre el gobierno de los vivos, cuyo gran ausente san Agustín, aquí si aparece en toda su majestad.  La carne, ese encuentro del deseo y de la verdad («el deber de verdad, como creencia y como confesión <aveu>, está en el centro del cristianismo » <tr. Paláu, p. 266>), se encarna de forma diferente en las prácticas y ascesis de la vie cristiana: virginidad, matrimonio, preparación para el bautizo, penitencia, etc.  La castidad ¿es un abra de tranquilidad o un penoso combate? ¿Cómo se confiesan los pecados? ¿Existían relaciones secuales en el paraíso antes del pecado original?  ¿En qué esta «visible e imprevisible» erección masculina es, para san Agustín, la marca de la desobediencia a Dios?  ¿Por qué, más allá de la procreación, las relaciones sexuales entre esposos, que se considera arreglan el problema de la concupiscencia, son objeto de una obligación recíproca?  «El deber de esposos es una deuda»…
Complejo y sutil, el pensamiento de Foucault desmonta las evidencias; la valorización de la virginidad, a partir del siglo IIIº, no debe por ejemplo ser comprendida como una descalificación de la relación sexual, esa sacudida siempre peligrosa… sino más bien como un relacionamiento del individuo con su propia conducta sexual.  «El lugar central del sexo en la subjetividad occidental se marca ya claramente en la formacion de esa mística de la virginidad», sintetiza Foucault.  Siempre la relación consigo mismos…  Entonces, cuando el filósofo cita a san Ambrosio, «la virginidad es para algunos y el matrimonio para todos», el lector contemporáneo no puede sino verse afectado, projectado de la antigüedad tardía a la reciente legalización de la unión para las parejas homosexuales, el matrimonio para todos.  Si Daniel Defert, el compañero de Michel Foucault, hubiera tenido el derecho moral sobre su obra, además de la propiedad material de los archivos (que él vendió en 2013 a la BNF), el recorrido editorial de las Confesiones de la carne hubiera sido muy diferente sin duda…  Pero esta es otra historia. Ya no la de la verdad del sexo sino la de la verdad del archivo, que encanta todo el destino de las Confesiones de la carne, libro fantasma que se volvió archivo, archivo fantasma que se ha vuelto libro.
Juliette Cerf
LE NOUVEAU MAGAZINE LITTERAIRE
DE LAS CONFESIONES DE LA CARNE AL CORAJE DE LA VERDAD
El último tomo inacabado de la Historia de la sexualidad aparece hoy.  Los análisis de Michel Foucault ¿podrían aclarar los acalorados debates suscitados por la liberación de la palabra femenina?
Foto: Michel Foucault © Hervé Guilbert
Stéphane Legrand
10/02/2018
Filósofa y escritora
¿Comenzaremos un nuevo capítulo de la historia de la sexualidad?  Pues resulta que la famosa averiguación así titulada por Michel Foucault se ve completada con un cuarto y último tomo inacabado, las Confesiones de la carne, enteramente centrado en el lazo que une sexualidad, enunciación de la verdad y poder.  Tanto como decir que los candentes desafíos a la hora de #MeToo, de #BalanceTonPorc y de « la liberté d’importuner » defendida por un colectivo de mujeres en una tribuna dada a le Monde, con la polémica que suscitó.  No se trata de hacer girar las mesas imaginando lo que Foucault habría pensado de toda esta secuencia.  Por el contrario podemos ponerla en perspectiva a la luz de su Historia de la sexualidad.
El primer volumen de tal Historia: La Voluntad de saber, publicado en 1976, describe la formación a comienzos del siglo XIX de un «dispositivo de sexualidad» propio de la modernidad.  Foucault procede allí a trastornarlo todo. La vulgata de su época afirma que, puesto que nuestra esencia más profunda residen en nuestros deseos, nuestro gran asunto es liberarlos, emanciparlos de los constreñimientos sociales.  Él sostiene a la inversa que el principal mandato del poder es el contrario: no reprimir nuestra sexualidad y acallarla como un secreto peligroso, sino de verbalizarla aún y cada vez más, y sobre todo de buscar en ella la clave de nuestra verdad.  El dispositivo de sexualidad tiende a «hacernos pasar casi por entero –nosotros, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra individualidad, nuestra historia– bajo el signo de una lógica de la concupiscencia y del deseo […] El sexo, razón de ser de todo».  A los ojos de Foucault, esta lógica tiene raíces muy profundas, pues es «la pastoral cristiana [la que] ha inscrito como deber fundamental la tarea de hacer pasar todo aquello que tiene que ver con el sexo por el molino sin fin de la palabra». Tales hipótesis, aquí apresuradamente esquematizadas, mantienen una relación ambigua con el debate que nos ocupa.  Se les podría hacer decir que, puesto que vivimos en una sociedad saturada de sexualidad que nos empuja a definirnos como sujetos en función de nuestro sexo, no hay por qué volver un misterio el comportamiento de los depredadores (copulo, por tanto soy), ni de la emoción de las víctimas, tocadas en lo que ellas son sometidas a vivir como su esencia más íntima.  Pero también podríamos recordar que este dispositivo es ante todo un asunto de sujetamiento, que el principio “el sexo, razón de ser de todo” es quizás lo que conduce a sexualizar indebidamente, o al menos a sobre-catexizar las menores manifestaciones del cuerpo deseante, así como lo hacen valor los firmantes de la tribuna que hemos mencionado en aquel periódico.
Esto no debe ocultar la apuesta principal.  Quizás podamos, para tratar de formularla, girarnos hacia análisis foucaultianos que tienen que ver con una configuración social muy anterior, la Grecia antigua, en el segundo volumen de la Historia de la sexualidad: el Uso de los Placeres (1984).  Foucault muestra allí que la relación consigo mismo como sujeto sexual no tiene que ver en aquella sociedad (contrariamente a la nuestra) con la hermenéutica infinita o con el mandato de confesión, sino con la enkrateia, que él define como «une forma activa de dominio de sí, que permite resistir o luchar, y asegurar su dominación en el campo de los deseos y de los placeres».  Una « templanza » que consiste en regular sus deseos sobre la sola naturalidad de la necesidad, haciendo caso omiso de arrebatos superfluos, lo que permitirá tener una chrêsis, un uso apropiado de sus placeres, y por lo mismo, intensificarlos.
El activo y el pasivo
Menos atrayente: la oposición activo-pasivo no concierne solamente al dominio que el sujeto ejerce sobre sí mismo, sino que se transpone en la relación entre el hombre y la mujer.  Esta última encarna para los griegos el polo de la pasividad, aquel de los deseos desbordantes que exigen un control, mientras que el hombres el « el alma » de esa pareja, el principio dominante que debe ejercer el dominio e imponerle una forma a la destapadura inestable de la feminidad.  De suerte que, incluso cuando ellos se someten a las mismas obligaciones, uno y otra no tienen la misma experiencia: « Sólo tener relaciones sexuales con su esposo es para la mujer una consecuencia de que está bajo su potestad.  No tener relaciones sino con su esposa es para el marido la más bella manera de ejercer su poder sobre su mujer» (Comprender: al exhibir el poder que él ejerce sobre sí mismo). Tras los nobles principios éticos aparece claramente una estructura de dominación, es decir una disimetría institucionalizada pero ampliamente inconsciente.  Y tal es cuando menos el problema de fondo que la ola actual de escándalos impone afrontar.
A este título se podría describir a nuestras sociedades, y por ende a lo que « piensa silenciosamente en nosotros », como estructuras de poder que perpetúan las disimetrías dominio/pasividad, dominación/sumisión, analizadas por Foucault, que se transparentan muchísimo en la distinción virilidad/feminidad.  Solamente que ellas estarían ahora desprovistas del principio regulador de la enkrateia, de la temperancia que autoriza un justo uso de los deseos, y ha sido reemplazada en nuestras sociedades por una lógica del exceso que se nutre de sí mismo, por ese mandato permanente de identificarnos (« casi por entero ») con nuestro deseo, con nuestra concupiscencia.  Y esto sin medida, ya sea en la manera agresiva que usamos de ellos, o que lo verbalicemos sin fin; o también que los tranquemos compulsivamente y a menudo con excesos nocivos, en los más minúsculos elementos de la conducta o del discurso.
De ninguna manera puedo zanjar en el diferendo que opone a las militantes del #MeToo y las defensoras de la « libertad de importunar », pues acabo de sugerir que sus combates respectivos me parecen provenir de una matriz común.  Sin embargo estaría inclinada a dirigirme hacia los últimos análisis de Foucault, consacgrados no a la confesión sino a otra forma de decir-verdadero, donde se anudan subjetividad y poder, la de la parrhèsia: el coraje de la verdad[].  La entereza del que « corre el riesgo de decir la verdad » frente al detentador del poder, que podría muy bien no querer escucharla, y que en el acto de decir-verdadero arriesga pues su propia persona al mismo tiempo que amenaza el equilibrio del orden social.  Es el coraje de Platon que no duda en decirle su verdad a Dionisio, el tirano de Siracusa; la de Diógenes el Cínico, que le echa su realeza filosófica al rostro del rey terrestre Alejandro; y también de aquellas (y aquellos) que, en la actualidad, le devuelven a los poderosos la verdad sobre su sexualidad tiránica, como uno devuelve el guante.  Ahora bien, Foucault era consciente de los envites, de los excesos posibles y de los peligros que se corrían. «El decir-verdadero del parresiasta corre los riesgos de la hostilidad, de la guerra, del odio y de la muerte. Y si es verdad que [su] verdad –cuando la reciben […]– puede en ese momento unir y reconciliar, es sólo después de haber abierto un momento esencial, fundamental, estructuralmente necesario: la posibilidad del odio y del desgarramiento».  Pero es el riesgo que hay que tomar.
LA INVENCIÓN DEL DESEO
Las Confesiones de la carne ocupan en la Historia de la sexualidad una posición paradójica.  Son el último tomo pero dan testimonio de las investigaciones que llevaba a cabo a comienzos de los años 1980, y que condujeron a Foucault a extender el campo de su investigación al cristianismo de los primeros siglos de nuestra era, y luego a la antigüedad greco-latina.  Representa a la vez un punto de llegada de los análisis foucaultianos, y al mismo tiempo su fuente. El objeto central del libro es describir la formación de un doble dispositivo, que es todavía el nuestro: el mandato de confesión por una parte, y la incitación constante a decir lo verdadero sobre nosotros mismos, bien particularmente sobre nuestra sexualidad vergonzosa y pecadora; pero también la invención del cuerpo deseante, de un cuerpo saturado de una sexualidad inquietante, lábil, incesante.  Las piezas maestras de esta demostración consisten en estudiar los rituales de penitencia; la manera cómo se impusieron la dirección de conciencia y la confesión, o exagoreusis, que se «desarrolló en el monaquismo como práctica de un examen ininterrumpido de sí mismo ligado a una confesión de boca incesante» ; y la refundición por san Agustín del concepto de libido, que solo el consentimiento en la unión matrimonial podría lavar de los estigmas del pecado original, y que lo lleva a definir «una concepción general del hombre de deseo, y […] una jurisdicción fina de los actos sexueles qui marcaron los dos profundamente la moral del Occidente cristiano ».
S. L.
(…)
El descubre que la mayoría de tales reglas era una herencia reorganizada de las disciplinas de sí elaboradas por los filósofos griegos y latinos de la antigüedad clásica y tardía.  Por lo demás proseguirá ese trabajo que conducirá a la publicación simultánea de el Uso de los placeres y de el Cuidado de sí.  El libro conduce al centro de las preocupaciones foucaultianas de la época.  El autor pone en claro su rechazo de las ideas generales y su necesidad de desmistificar lo que cada época tiene oculto.  Foucault no solamente afina aquí su reflexión sobre la subjetividad y la subjetivación, sino que descubre allá un punto de análisis privilegiado de la emergencia de la sexualidad moderna y del rol que ha jugado el cristianismo.
Con esta aparición se clausura el voluminoso dosier “Patrística” que Foucault había abierto desde 1976, y del que otras piezas ya eran accesibles en Sobre el gobierno de los vivos (2012 ) —curso en el Collège de France de 1980 consagrado en gran medida a los Padres de la Iglesia (Hermas, Tertuliano, Casieno, Clemente de Roma, etc.).  Esta lectura apretada y el análisis innovador de los «regímenes cristianos de verdad » (bautismo, penitencia) permiten finalizar el retrato de lo que se llama el «último Foucault».   El de las «técnicas de sí».
Pero ellas permiten mover las líneas de análisis del cristianismo tal como parecían estatuídas en 1976 en la Voluntad de saber, convertido en una especie de doxa en la que el cristianismo no era sino la religión de la confesión y la obediencia.  Y si las Confesiones retoman en parte los datos de aquella obra, y de los cursos, los amplía y los abre (entre otras por medio de un análisis impertinente de san Agustín) hacia profundidades ocultas y donde el cuerpo « habla» más abiertamente.
Patrólogos, filólogos, historiadores, teólogos pero también filósofos y aficionados ilustrados… del fundamento histórico y cultural del sujeto moderno…  a través de los Padres griegos y latinos de los siglos IIº a Vº encontrarán aquí grano que morder y le darán al pensamiento foucaultiano mucha más precisión y riqueza.
jean-paul gavard-perret
L’HUMANITÉ
INÉDIT. LES AVEUX SANS FIN DE LA CHAIR

Encuentro con Frédéric Gros, filósofo y quien hizo el prefacio del último volumen de la l’Histoire de la sexualité de Michel Foucault.

¿Qué lugar ocupa las Confesiones de la carne en el seno de la obra de Michel Foucault, y en particular en la Historia de la sexualidad? 
FRÉDÉRIC GROS: Se habla aquí de un estudio muy importante, erudito y apasionante, sobre el cristianismo de los primeros siglos de nuestra era a través del filtro de la sexualidad.  Los libros de Foucault publicados hasta entonces se centran esencialmente, ya sea en la modernidad occidental (siglos XVI-XIX) cuando se trataba de establecer una arqueología de los discursos (las ciencias humanas) o una genealogía de los poderes (la disciplina normalizadora); ya sea en la experiencia antigua de los placeres.  Es el primer libro de Foucault consagrado enteramente a las doctrinas (a propósito del matrimonio, de la virginidad, del pecado de lujuria), a los rituales, a las prácticas (bautismo, penitencia) tal y como los Padres cristianos de los primeros siglos las han elaborado. Esta obra viene pues a completar el estudio de la sexualidad antigua, concediéndole todo su lugar a la antigüedad cristiana.  El examen de esta parte cristiana es particularmente decisivo para Foucault porque, entre más alejada esté la experiencia griega de la nuestra, tanto más por el contrario nuestra experiencia contemporánea de ser « sujetos de desieo » toma sus coordenadas fundamentales y secretas en prácticas de sí elaboradas en los primeros monasterios cristianos o en disertaciones sobre la sexualidad de Adán. Incluso se podría decir que las Confesiones de la carne se presenta como una arqueología del psicoanálisis.
El título tan bello que se ha mantenido para esta parte ciertamente que no es inocente.  ¿De qué confesiones se trata? ¿Qué « experiencia nueva » tiene el cuerpo en los períodos examinados ?
FRÉDÉRIC GROS: Se trata efectivamente de tratar de pensar la novedad radical de una relación con nuestro sexo, una relación finalmente irreductible a la experiencia antigua de los « aphrodisia » (los placeres carnales tal y como están enmarcados, regulados por consejos médicos –en torno al momento, la frecuencia, los que varían según las edades, etc.– o también por los preceptos filosóficos que pueden tratar por ejemplo sobre el comportamiento sexual en el matrimonio).  La experiencia de la carne es el lugar de una experiencia nueva, específica, marcada por una mística de la virginidad, una concepción inedita de la sexualidad de la pareja de esposos en la que se trata esencialmente de poner cuidado en la continencia del otro, pero también una invitación a escrutar sus propios deseos para descubrir en ellos la traza de una tentación demoníaca.
¿La apuesta teórica lo que busca es mostrar el rol prescriptor y constante que ha jugado la religión en materia de comportamientos sexuales?
FRÉDÉRIC GROS: El envite más importante consiste ante todo en superar un malentendido persistente que consiste en resumir la doctrina cristiana en materia de sexualidad a la culpabilidad y a la prohibición.  El cristianismo habría entristecido nuestra carne. Foucault comienza por recordar que los grandes principios de austeridad sexual (finalidad exclusivamente procreadora del acto sexual, obligación de fidelidad en el marco del matrimonio, descalificación de los amores homosexuales) habían sido ya formulados por los filósofos paganos y que ellos son de una regularidad sorprendente a través de la historia.  Ciertamente que el cristianismo innova, pero no reforzando las prohibiciones. Él inventa, pero no creando nuevos objetos de censura, y ni siquiera aumentando la intensidad de nuestra culpabilidad sexual. Mientras que se podría tener tendencia a decir que el cristianismo trató de reducir, de anular, de negar la importancia de la sexualidad, Foucault muestra por el contrario su lugar absolutamente central, decisivo en la constitución del sujeto.  Los primeros Padres cristianos, de Tertuliano a san Agustín, pasando por Casiano y san Juan Crisóstomo, de hecho lo que hicieron fue “reformatear” la experiencia que el sujeto tenía de su relación con el mal, con la verdad, el deseo, la palabra.  Que se nos permita mencionar aquí al menos una de las importantes evocaciones que Foucault hace de las tesis de san Agustín, la relativa a la consecuencia del pecado original: haber introducido en el acto sexual una parte de involuntario (la excitación primera, la secuencia coital) a la que Foucault de da una dimensión de « revuelta ».  De tal suerte que la sexualidad, es en nosotros esa parte de incontrolable, esa parte de insurrección contra sí mismo y que es como el recuerdo, el testimonio de esa revuelta contra Dios que precipitó nuestra caída.
Entrevista realizada por Nicolas Dutent


Traducido por Luis Alfonso Paláu-Castaño para ser leído en la sesión de agosto 21 de 2018, cuando se discuta las Confesiones de la carne que acabo de traducir al español, en los martes del pensamiento francés de la Alianza de Medellín.  Envigado, agosto 17 de 2018.


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ENTREVISTA A JORDI BASCOMPTE

CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE ZÚRICH
“La vida no es un gran milagro que necesita una intervención divina”
El ecólogo español acaba de ingresar en la red de expertos del Foro Económico Mundial
MANUEL ANSEDE
5 MAR 2018 - 20:55

El ecólogo Jordi Bascompte es uno de los mejores científicos españoles vivos. En 2004 ganó el Premio Joven Investigador Europeo, en 2010 fue seleccionado para entrar en el comité editorial de la revista Science, en 2011 recogió el Premio Nacional de Investigación y en 2015, harto de las "insólitas" trabas burocráticas para hacer ciencia en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), decidió hacer las maletas y huir de España. Ahora, Bascompte, nacido en la localidad catalana de Olot en 1967, es un feliz catedrático de Ecología en la Universidad de Zúrich, en Suiza. El investigador busca, con un ojo de biólogo y otro de físico, las reglas matemáticas que subyacen bajo “la arquitectura de la biodiversidad”: cómo interactúan las especies animales y vegetales y cómo esas interacciones funcionan como un motor de su propia evolución.

El naturalista inglés Charles Darwin publicó en 1862 el libro La fecundidad de las orquídeas, en el que derrumbaba la visión de las flores como la obra más sublime de Dios, explicándolas como una mera suma de adaptaciones evolutivas. Las orquídeas, observó Darwin, coevolucionan junto a sus insectos polinizadores. Si en Madagascar hay una flor con 30 centímetros de recorrido hasta llegar a su néctar, afirmaba el naturalista, es porque existe una polilla con una espiritrompa de 30 centímetros capaz de chupar ese manjar. Siglo y medio después, el equipo de Bascompte ha demostrado que esta coevolución detectada en parejas de especies es también muy importante en redes complejas de interacciones entre multitud de ellas.

El ecólogo compara sus resultados con el puzle de la economía mundial. “La última crisis económica cogió a la gente por sorpresa. Los economistas habían hecho mucha investigación sobre los riesgos de compañías, que equivalen al riesgo de un nodo en una red, pero no habían pensado en forma de red. Es un poco la misma limitación que teníamos los biólogos, que pensábamos en la biodiversidad como colecciones de especies, pero no habíamos introducido sus interacciones en la ecuación. Y, obviamente, para entender el riesgo del sistema uno tiene que pensar en términos de redes”, reflexiona. Su analogía entre la ecología y la economía no es un delirio. Bascompte, de paso por Madrid para participar como jurado en los Premios Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, acaba de ingresar en la red de expertos del Foro Económico Mundial.

Pregunta. En el libro Evolución y complejidad, que usted escribió con el físico Bartolo Luque, recordaban la analogía del relojero del teólogo William Paley y aseguraban que "la obra de la naturaleza no pone en evidencia la figura de un relojero o de un divino artífice, sino la de una magnífica chapucera". ¿Usted no ve divinidad en la complejidad de las redes que estudia?
Respuesta. No, efectivamente. Y, además, es bonito, porque llegas a aprender el valor de la imperfección. La imperfección es mucho más informativa que la perfección, porque la imperfección, la chapuza, te da idea de los mecanismos que han generado un sistema. Como decía François Jacob [premio Nobel de Medicina en 1965], la naturaleza es la chapucera. Eso lo ves cuando estudias evolución. Es muy bonito porque te da pistas para entender cómo se ha generado una determinada estructura. Incluso en redes también lo ves. En redes metabólicas o en redes genéticas ves estructuras que se han ido formando a lo largo de la evolución. Y hay una gran diferencia respecto a cómo un ingeniero diseñaría, por ejemplo, el ojo de un vertebrado o una red genética. Lo haría empezando de cero y de una forma óptima. Cuando tú ves ese tipo de estructuras ves que la forma de construirlas no es óptima. De hecho, a un ingeniero le despedirían. El ejemplo más bonito es el del ojo, donde tienes los nervios ópticos localizados entre la entrada de luz y las células que reciben esa luz. Eso sería una chapuza. Cualquiera pondría primero los receptores y los nervios ópticos por detrás. A mí eso me parece fascinante, porque te da idea de que la evolución es un proceso ciego y oportunista, que juega con lo que tiene y sin ningún tipo de previsión.

P. En el libro hablan incluso de un "diseño estúpido".
R. Lo bonito es que incluso en casos como el del ojo llegas a diseños que, si bien no son óptimos, son preciosos, porque es lo más que se puede hacer con lo que uno tiene. Es un poco la idea del buen bricolaje, de las chapuzas. Tiene la belleza del haber sabido reutilizar las partes que tenías en un momento determinado. Eso lo ves a lo largo de la evolución a todas las escalas: en morfología, en el diseño del ojo humano, pero también lo ves en redes. Por ejemplo, en redes de interacciones ecológicas. Y lo bonito es que a pesar de esa forma diferente de diseñar hay una propiedad que emerge tanto en redes de ingenieros como en redes naturales, que es esa propiedad de ser robustos. Porque los sistemas naturales, sean ecosistemas o el sistema que da lugar al desarrollo embrionario, han de ser sistemas que han de estar sometidos a variación. Son sistemas que van variando. Hay continuamente perturbaciones. Si fueran sistemas que funcionaran solo en una combinación única de condiciones, en cuanto hubiera una perturbación el sistema colapsaría. Lo bonito de los sistemas biológicos, lo bonito de esa gran chapuza, es que es una chapuza que es muy eficiente en ser robusta a pesar de la forma en la que ha sido construida. A mí eso me parece precioso.

P. Ponían el ejemplo de las malformaciones. Incluso dentro de las malformaciones hay leyes. Existe la ciclopía, bebés que nacen con un solo ojo, pero no los hay con tres ojos.
R. Efectivamente. Es uno de los trabajos que más me maravilló cuando yo estudiaba biología: el trabajo de Pere Alberch [un embriólogo español fallecido en 1998 que fue profesor de la Universidad de Harvard], que fue una gran influencia para mí. El programa funcionalista está en el ADN del biólogo evolutivo. Ven un organismo o una estructura y tienden a pensar: esa estructura funciona para esto. Ese funcionalismo nunca fue una explicación que a mí me contentara. No era la explicación que tienen un físico o un ingeniero, porque no te decía nada de cómo se origina esa estructura. Entender cómo se origina te obliga a pensar en el desarrollo embrionario, por ejemplo, desde el punto de vista de los sistemas dinámicos. Cuando haces eso, te das cuenta de que un sistema embrionario, al fin y al cabo, es un sistema físico que sigue las leyes de la física y hay una serie de restricciones.

P. El desarrollo embrionario no parece muy relacionado con la ecología.
R. El desarrollo embrionario parece una cosa muy diferente de mi trabajo, pero en realidad está ahora mismo en la raíz, porque la forma en la que nosotros estudiamos la robustez es mediante ese concepto de estabilidad estructural, que es el mismo concepto que utilizaba Pere Alberch. Él se preguntaba: ¿Por qué hay monstruos de dos cabezas pero nunca hay monstruos de tres cabezas? No puedes aducir una explicación externalista, de la selección natural, porque en ambos casos son soluciones absolutamente inviables. Entonces, la única solución es la internalista. Una trifurcación sería posible, pero el rango de condiciones embrionarias es tan estrecho que cualquier desviación la evita. Es una idea de estabilidad estructural. Estamos utilizando esta misma filosofía de Pere Alberch, que es la de René Thom en la teoría de catástrofes o la de Lévi-Strauss en lingüística. Parecen campos muy diferentes, pero nos une esa forma de pensar en la robustez.

P. En aquel libro también vinculaban los grillos y la ecuación de Arrhenius, que hace una expresión matemática de la velocidad de una reacción con la temperatura. Ustedes afirman que los grillos son un termómetro que informa con precisión de la temperatura. También vinculan la ecuación con la velocidad de las hormigas, con la frecuencia de emisión de luz de las luciérnagas y, palabras mayores, con la frecuencia de ondas alfa de nuestro cerebro. ¿Hay leyes matemáticas detrás de todo?
R. Totalmente. Al final, nosotros somos un pedazo de materia y un montón de reacciones metabólicas, que son reacciones químicas y, al final, las reacciones químicas dependen de la temperatura de una forma muy predecible. Es, de nuevo, un ejemplo que para mí es precioso, porque nos hermana con el resto del universo, con la materia no viva. Hay propiedades muy distintivas de la materia viva, pero a mí siempre me ha parecido más interesante ver las cosas en común: cómo la materia viva puede entenderse desde el punto de vista, por ejemplo, de la termodinámica de procesos alejados del equilibrio. No somos muy diferentes de algunos fenómenos, como las reacciones de Bénard. Cuando calientas un fluido y hay una diferencia de temperatura, ese marco físico te permite entender la vida no como el gran milagro que necesita una intervención divina, sino como una extensión absolutamente natural de la física tal como la conocemos.

P. Usted se fue del CSIC harto de los obstáculos para hacer ciencia. ¿Qué balance hace de la presidencia de Emilio Lora-Tamayo en el CSIC, desde 2012 hasta hace tres meses?
R. Digamos que la ciencia en España ha retrocedido mucho estos años y yo creo que ha retrocedido más de lo que podría explicarse por una reducción económica. Yo creo que ha sido trágico, absolutamente trágico, porque años atrás había indicios de que España estaba avanzando muy rápidamente. La crisis, no solo científica, sino la gran crisis que vino después de esa, que es una crisis conceptual, que es una crisis política, y que para mí es mucho más importante, ha dado al traste con aquello. Otros países que han sufrido la crisis han invertido más en ciencia porque han entendido que la sociedad del conocimiento es lo que permite moverse a las sociedades avanzadas. Y en España hemos hecho lo contrario: hemos reducido la inversión en ciencia. Pero hay otro efecto del cual no se habla tanto, que es para mí incluso más perverso: hemos incrementado la burocracia, hemos dificultado más lo que se necesita para hacer una buena ciencia, que es tener un sistema flexible, un sistema donde se valore la excelencia sin ningún tipo de complejo. Ahora mismo estamos mucho peor de lo que estábamos antes de que empezara la gran crisis. Mi lectura es muy triste.

P. Hace ocho años el CSIC sacó una nota de prensa presumiendo de que el neurocientífico Óscar Marín y usted entraban en el comité editorial de la revista Science. Eran los dos únicos españoles y ahora los dos trabajan fuera del CSIC e incluso fuera de España. Ha llovido.
R. Se han hecho muy mal las cosas. Y lo triste es que se han hecho muy mal las cosas innecesariamente. No había ninguna necesidad, incluso con la condición de los recursos limitados. Muchas veces hablamos de la cantidad de dinero y no hablamos de la eficacia y la forma de invertir el dinero. En España no hemos sabido dar ese tipo de salto: todavía somos una sociedad del café para todos. Somos una sociedad a la que le da miedo la diferencia. Preferimos cuartear los recursos que haya y que todo el mundo tenga poco. Y así no funciona la ciencia. La ciencia funciona sabiendo, por comités externos, quién hace el mejor trabajo y facilitándoselo. Hay gente que en un momento determinado no tira tanto del barco. Por supuesto que esa gente es útil y por supuesto debe tener una cabida, pero esa gente no tiene que tener en ese momento determinado los mismos recursos que tiene la gente joven, la gente con ideas, la gente que está abriendo brecha. Y, en España, el CSIC y las universidades no hemos sabido hacer eso.

P. La red de expertos del Foro Económico Mundial nace para promover el pensamiento innovador sobre el futuro. ¿Usted qué propone?
R. Una cosa que puede parecer un poco trivial es el darse cuenta de que hay que pensar, como dicen los anglosajones, out of the box. Hay que pensar de formas diferentes, porque las formas a las que estamos acostumbrados a pensar son muy limitadas y no llevan a ninguna parte. Eso implica pensar de forma interdisciplinaria, establecer puentes entre disciplinas. Y empezar, por ejemplo, en las universidades. Yendo a algo un poco más preciso, hay dos cosas que me gustaría enfatizar: una es la idea de pensar en términos de redes, porque es una forma de pensar global, de pensar en las interdependencias. Y la otra sería pensar en la sostenibilidad de una forma diferente. A menudo, tanto en economía como en recursos naturales, hemos tendido a pensar en proteger un determinado sistema reduciendo todas sus fluctuaciones. Y, en cambio, hoy estamos aprendiendo que los sistemas tienen que estar sometidos a fluctuaciones.

P. ¿Fluctuaciones?
R. Hay un teorema matemático que lo explica: sería como un colchón de agua. Si tú presionas un lado del colchón para que no suba y baje, lo que estás haciendo es desplazar esa onda hacia otra dirección. En pesquerías, por ejemplo, intentamos reducir las fluctuaciones porque a los economistas les interesa que todo sea muy preciso y tener cada año el mismo nivel de capturas. Lo que estás haciendo es crear fluctuaciones mucho más grandes a escalas de tiempo más grandes, fluctuaciones a las que el sistema seguramente no pueda responder. La idea que hemos aprendido de sistemas dinámicos y de economía es que, para conservar, también en los sistemas financieros, no hay que tener miedo de la fluctuación. Dejemos que los sistemas fluctúen, porque la fluctuación lo que hace es incrementar el espacio de operación segura. Los sistemas entonces tienen mucha más capacidad para moverse por un espacio de posibilidades donde no llegan a colapsar. Es un ejemplo de algo que es consecuencia de intentar pensar de forma diferente, al darte cuenta de que las recetas que hemos venido imponiendo seguramente ya no funcionen en el siglo XXI.

Tomado de:

https://elpais.com/elpais/2018/03/03/ciencia/1520079832_068968.html

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La plaga del Turismo

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Seremos fieles a la narrativa fílmica. El documental es de la Deutsche Welle y refiere la icónica y sumergida ciudad veneciana en Italia. La realidad es construida de la mano de las gentes de a pié, y en concreto de los ciudadanos oriundos que van paso a paso, que van en sus propios afanes y aprietos, viendo como un monstruo indolente y despiadado llamado turismo devora su ciudad, la despedaza al ritmo de los zarpazos de los enormes barcos de habituales cruceros.


Ante la mirada ingenua y direccionada del turista arreado como ganado por su pastor empresario, nada se ve, nada se muestra de la otra realidad ocultada. Los monumentales barcos atestados con más de cinco mil unidades humanas, producen movimientos de aguas que van socavando o agrietando la ciudad que de no frenarse y según los expertos en infraestructura será toda una ruina en pronto futuro . Y en contaminación ambiental el saldo corre por el pésimo combustible de sus motores de nunca apagar, la vida en cubierta no se termina ni en sus días ni en sus noches.


Se le suma a esta contaminación del aire, las numerosas toneladas de basura o desechos producidos allí adentro, un barco es una ciudad de sólo consumo y diversión, es el capitalismo un maestro en vender ilusiones de bienestar a partir de un insaciable tener creado en las consciencias de cada quien, mientras más consumas, eres más persona, el poder y el valor del humano se mide por su capacidad de gastar.


Anexo al desastre ecológico o ambiental, está la destrucción del tejido social. La especialización en turismo de Venecia socavó lo propio que constituyó a su población oriunda: la vida familiar o de vecindario ya no existe, el panadero ni la tienda de barrio ya no están, ese tejido social fue roto por cuenta de la empresa de turismo que todo lo hace mucho más costoso y esta es una manera expulsar a quien no sea turista o a quien no tenga capacidad de gasto o de consumo. La vivienda es costosísima tanto para la compra o para la renta, una noche en una habitación en casa familiar puede alcanzar los 250 euros, mientras que la misma en un hotel puede triplicar el precio.


Esta especulación ha hecho que los propietarios prefieran buscar mejores ganancias en la parahotelería que en arriendos mensuales a familias venecianas. Se deduce entonces que la especulación es una forma de expulsar a determinada población para abrir paso a una dinámica comercial que deja grandes ganancias a los empresarios del turismo.


Completa este triste cuadro, el cuerpo gubernamental declarado en déficit presupuestal y ello le sirve de justificación para haber acabado con los subsidios sociales para la población más pobre. Y una muestra de resistencia ciudadana es el movimiento que se opone a no dejarse sacar de las viviendas municipales entregadas a la población pero que ahora se las quieren quitar para entregarlas a aquella dinámica empresarial de turismo. Y aquí vale comentar, a renglón seguido: el turismo no genera riqueza en los territorios de destino, en el ejemplo de los cruceros, allá, dentro del barco mismo es una ciudad donde todo se vende y todo se puede comprar, el dinero queda casi todo en cubierta, y poco o nada en tierra firme. De seguro lo que si queda en esas ciudades de paso son los deshechos viajeros, los impactos negativos ecológicos y sociales.


Se acostumbra a decir que el huésped todo lo toma y nada da, que tan sólo con buenas palabras paga. Pero en el turismo ni siquiera los buenos modales existen, se orinan en sus monumentos que son su historia. Esa masa que van seriados como borregos creyendo estar comprando sueños de sus vidas, que de regreso a sus lugares de origen, se ufanarán de sus azañas de aventureros y de un cierto baño semi cultural dirigido pero tonto. Mientras tanto las máquinas registradores del empresario del turismo no dejarán de sonar, y en el otro extremo una población que sufre su miseria y su expulsión por esa plaga moderna llamada turismo.

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Los Tiburones del Gea

Por José León Jaramillo*

¿El Caos en EPM responde a una estrategia del grupo de Empresarios Abusivos (GEA), para apoderarse ilícitamente de EPM? Por José León Jaramillo J.* Al oído de los dirigentes antioqueños decentes, de quienes esperamos un pronunciamiento público “Una vez que la gente obtiene una buena tajada de dinero, comodidades y poder, tiende a volverse soberbia, especialmente envidiosa y particularmente codiciosa, más concentrada en hacer el mal e increíblemente aprensiva “ Dalai Lama En las épocas en que vivieron mis bisabuelos, mis abuelos y los de mis lectores mayores de 60 años, las mujeres no trabajaban ni estudiaban porque no las dejaban hacerlo, ello empezó a cambiar hace unos 70 años aproximadamente.

Por lo anterior, nuestros viejos se preocupaban, al final de sus días, buscando a quien o a quienes les iban a administrar a su mujeres y a sus hijas: las lejanas minas, las fincas cafeteras o ganaderas, los almacenes o las morrocotas que ahorraron, con tantos y tan duros esfuerzos, ello a partir de la fecha en que la muerte no les permitiera continuar haciéndolo o, ya sin fuerzas para trabajar en la vejez, pensando en qué negocios podrían invertir, en los que no se les perdiera todo el capital y pudieran obtener unas utilidades dignas y seguras, pues los bancos, como ahora, prácticamente no pagaban intereses, dado que a la larga, antes y ahora, en esos depósitos no sólo no se ganan intereses sino que casi siempre se pierde capital.

Por esas calendas surgió con fines nobilísimos, fundados en el esfuerzo colectivo, en la suma de capitales, en la solidaridad, en la honradez, en la confianza y en la decencia (valores desaparecidos), la sociedad anónima y muchos de esos viejos, vieron en ella, la solución a sus problemas. Cómo no invertir en Coltejer, en Fabricato, en Postobon, en Gaseosas Lux, en Peldar, en Chocolates, en Argos, en Noel, en Pintuco, en el BIC, en Suramericana de Seguros o en el Banco Comercial Antioqueño, empresas fundadas, por gentes buenas, por comerciantes e industriales honestos, de palabra y de principios y, entonces, muchos de esos viejos, creyeron ingenuamente que sus capitales no correrían peligro alguno en lo porvenir, dadas las calidades éticas, morales y religiosas que adornaban, entonces, a los administradores de esas empresas y no vacilaron en vender sus fincas o sus minas para invertir en ellas muchos de sus cuantiosos capitales, los que contribuyeron, y de qué manera, al crecimiento exitoso de estas industrias.

Para que puedan ver la diferencia de valores de los viejos administradores y los administradores de hoy, quienes patrocinan politiqueros, les voy narrar una anécdota del doctor Ricardo Arango, hermano de don Marco, a la sazón jefe del departamento comercial de la Compañía Colombiana de Tabaco ─ hoy de propiedad de Philip Morris, empresa que no forma parte del GEA ─, ello por allá en los años 40: Don Ricardo llamó a un proveedor a comunicarle que se había ganado un especie de licitación de papel para cigarrillos y cuando se llegó el momento de firmar el pedido, el doctor Arango hizo un ademan, el de buscar con que firmarlo, y el licitante presuroso le entregó una hermosa pluma fuente de oro. Don Ricardo firmó la orden y le retornó la pluma, a lo que el licitante le dijo: guárdela en recuerdo de este negocio.

Don Ricardo rompió el pedido y le dijo: Guárdela usted para que recuerde que, por esta pluma, perdió un excelente negocio. Por esas épocas las empresas se defendían, como hoy en día, de la voracidad del Estado, de la falta de reglas del juego claras y de lo que el doctor Carlos Betancur Jaramillo (modelo de decencia, justicia y probidad) denomina “ La realidad tramposa de la Administración” y por ello, lamentablemente, el valor de esas acciones, el consignado en las declaraciones de renta o el que se certificaba en las operaciones de la bolsa de valores, no reflejaban el verdadero valor intrínseco y mucho menos el real de aquellas, dado que el declarado era muy inferior y lo que es peor, la mayoría de los accionistas no conocía ni comprendía claramente el significado de los términos “valor intrínseco” ni mucho menos los de valor real. Con otras palabras, no sabían que estaban comprando o vendiendo y ello se prestó y se presta para muchos abusos.

En los años 80, para evitar que los grupos GRANCOLOMBIANO y SANTODOMINGO se apoderaran igualmente de más empresas antioqueñas como lo hizo, por ejemplo, Ardila con POSTOBON y con COLTEJER, los Santodomingos con PILSEN y TUTI FRUTI y como lo estaba haciendo Jaime Michelsen con la COMPAÑÍA NACIONAL DE CHOCOLATES y con NOEL, entre otras compañías; los gerentes de algunas de las grandes empresas con sede en Medellín, decidieron formar un grupo de empresas y enrocarse, grupo que se conoció con el nombre de Sindicato Antioqueño, hoy GEA, dizque para defender los intereses de los pequeños accionistas, con miras a que estos no vieran perecer todo su patrimonio, en las fauces de los tiburones o depredadores del cuento y evitar de paso que Antioquia se quedara sin industrias.

La enrocada consistió, al parecer, en que cada compañía sindicalizada adquiriría acciones de las otras con el compromiso de no venderlas. Voy a ponerles un ejemplo, que no sé si, a la fecha, se ajusta o no, en un 100%, a la realidad: Suramericana adquiría acciones de Chocolates y Chocolates, hoy Nutresa, adquiría acciones de Sura. Entonces Sura que tenía y al parecer tiene, hoy en día, la mayoría de las acciones de Chocolates elegía y elige a la junta directiva de esta última compañía y nombra a su gerente o a su presidente y viceversa y así entre todas las asociadas (Tú me elijes, yo te elijo, tú me nombras yo te nombro), lo que de plano elimina toda posibilidad de una fiscalización efectiva y de paso les permite actuar a los directivos de cada empresa como que fueran los dueños absolutos de la compañía sin serlo y despojar a los demás accionistas de su capacidad de decisión y de sus capitales, pues el enroque les permite controlar el comercio y el valor de las acciones, bien sea a la baja, por razones fiscales o al alza, cuando son ellos los que venden o colocan, o, con otras palabras, el valor de las acciones no refleja la realidad del mercado.

La tal enrocada es y era ilegal, porque el fin de la sociedad es repartirse las utilidades entre los socios (Art 90 Có de Co), pues si no se reparten el valor de las acciones baja y sus accionistas, cansados de tan pésimo negocio, el de no recibir un peso de dividendos o unos irrisorios, terminan viéndose forzados a venderlas en la bolsa por debajo de su valor intrínseco o de su valor real (este último puede ser 1, 2, 3 ó 4 veces mayor que el intrínseco), perdiendo así buena parte de sus capitales en beneficio de los depredadores del cuento. La pérdida del valor de las acciones lo logran adicionalmente con prácticas como diluir la participación de los minoritarios con capitalizaciones permanentes y adicionalmente distribuyendo muy poco de las utilidades obtenidas en el ejercicio, un 10%, un 20% o el porcentaje que el grupo de enroscados considere conveniente a sus intereses, lo que obliga a los pequeños accionistas a someterse a la tiranía del club de amigos o a vender. Club de privilegiados, semejante al del famoso grupo de administradores del banco alemán, cuya participación accionaria era mínima o inexistente, pero no obstante lo anterior recibían, como reciben los administradores del GEA, millonarios salarios, bonificaciones y otros beneficios extralegales que asustarían a cualquier parlamentario, mientras las utilidades que reciben los accionistas nunca llenan las expectativas de estos últimos.

Este enroque también es una forma de burlar la prohibición que establece el artículo 185, de la precitada codificación, que les prohíbe a los administradores de las empresas “…representar en las reuniones de la asamblea o junta de socios acciones distintas de las propias, mientras estén en ejercicio de sus cargos…” o “…sustituir los poderes que se les confieran….” (Yo te elijo, tú me elijes, yo te apruebo tus estados financieros y tú apruebas los míos y los pequeños accionistas se abandonan a su suerte, pues nada pueden hacer para evitarlo, pues, en la práctica, no tienen ni voz ni voto, ni superintendencia alguna que los proteja.) La realidad es que esas empresas, hoy en día, son de un club de amigotes que, ante la absoluta falta de vigilancia del Estado, se apoderaron de ellas; club que no crea empresas nuevas sino que absorbe a todas las que funcionen exitosamente, cerrándoles, a empujones, el paso a las pequeñas industrias y a todos aquellos que les puedan competir, a quienes no vacilan en perseguir hasta verlos quebrados, de las maneras más ruines.

Para la muestra un botón: Nutresa acaba de comprarse por veinticinco mil millones de pesos los activos del fondo Ganadero de Santander (Fogasa) y, por lo tanto, pasó a controlar el 75% del mercado de carnes del País, lo que nos hace preguntarnos: ¿qué suerte puede esperarles a las pequeñas empresitas de carnes o de embutidos? La peor. Con lo no anterior se demuestra que, los del GEA, hicieron propias las prácticas corruptas de los tiburones que decían combatir y que, según ellos, justificaba la enrocada o, con otras palabras, se dedicaron a aumentar la brecha entre ricos y pobres, de manera salvaje.

Desde hace algunos años y como ya no encontraban, en Medellín, más empresas rentables para apoderarse de ellas y en su afán desmedido de llenarse de más dinero, único valor que los rige como adoradores que son del Becerro de Oro, decidieron apoderase maliciosamente, de mala fe, de las EMPRESAS PUBLICAS DE MEDELLIN, empresa construida con el esfuerzo, la inteligencia, la sangre, el sudor y las lágrimas de varias generaciones de medellinenses decentes, de la joya de la corona de nosotros los paisas y para hacerlo, empezaron a patrocinar las campañas políticas de los alcaldes y de los gobernadores, con el convencimiento de que, quienes fueran elegidos, se convertirían en peleles a su servicio y que, por lo tanto, sólo tendrían las cuentas bancarias del municipio o del departamento en Bancolombia, solo contratarían empréstitos con ellos, sólo adquirirán seguros de Sura, sólo comprarían cementos Argos y adicionalmente les adjudicarían a ellos, también, todas las contrataciones públicas en las que pudieran estar interesados y de postre, les concederían, también, un porcentaje importante de la burocracia en sus administraciones, para acrecentar aún más su poder; con miras a seguir llenándose de dinero para invertir aquí y en el exterior y sin tener que rendirle cuentas a mortal alguno. ¡No los llena nadie! Hoy en día controlan la Junta Directiva de EPM y su contratación. Poco a poco, han insertado cuadros suyos en la administración de esta empresa y se dice que la idea que desarrollan, al parecer, es la de reventarla financieramente, para llegar como salvadores y cómprala bien barata. Los cuentos sobre la corrupción en que se debate esa empresa son impresionantes, voy a recordarles tres que ya ustedes conocían y otro del que acabo de enterarme, a saber: El PRIMERO, el del embolate de más de 60 millones de dólares de Órbitel. El SEGUNDO, el de UNE MILLICOM, empresa que ya se perdió en las fauces de los tiburones, por manejos irresponsables como los de la última administración. El TERCERO, el de la última administración, la más funesta que hubiere tenido esa empresa, a saber: Unos chilenos compraron un acueducto en Antofagasta por 186 millones de dólares y se lo “vendieron” a EPM en 960 millones de dólares por un lapso de 18 años, por lo que, al vencer el plazo, el acueducto volverá a ser de propiedad de los Chilenos y estos solo le reconocerán a EMP el valor de la inversiones que no estén amortizadas. Al rompe se ve un diferencial de 774 millones de dólares, pero en una negociación de esas, con la corrupción que hay tan espantosa, puede haber una comisión ilícita del 10%, de 96 millones de dólares o más, ¿quién audita?.

La tasa interna de retorno del negocio además es negativa,” lo que demuestra el manejo alegre e irresponsable que se le venía y se le viene dando a EPM. Es más, el Concejo no ha podido que le dejen conocer el plan de negocios de Antofagasta y el CUARTO, el de la hidroeléctrica BONYIC, en Panamá, proyecto del que nos da cuenta la concejala María Paulina Aguinaga, en declaración a VIVIR EN EL POBLADO (edición 678): “…Tenían presupuestado que les iba a costar unos 50 millones de dólares, pero terminó costando casi 5 veces más. Se hace tremendo escandalo con Reficar que costó el doble, pero nos quedamos callados porque EPM hace una hidroeléctrica que costó 4 veces más de lo presupuestado…” agrega que esta hidroeléctrica “…"Tiene pérdidas acumuladas de 122 millones de dólares desde que empezó a funcionar y costó 250 millones de dólares más. Estamos hablando de casi un billón de pesos en la basura, de los que ellos no dan explicación…". Y al preguntársele quien gana con todo esto, respondió: “…Hay que preguntarse a quien le liberaron el capital atrapado.

Qué empresas han llegado o tienen interés en ciertos países. Y que EPM sirve de escudero para abrirles el camino…” y más adelanta agrega: “…Miremos qué es Celcia otra generadora de energía filial de Argos. Y miremos que intereses tienen…” ¿Sabe usted, apreciado lector quien paga todos estos descalabros todas esas pérdidas? Usted y todos los antioqueños a través del pago de las tarifas de servicios públicos, las que seguirán creciendo desaforadamente, para que los tiburones puedan jugar, muertos de la risa, Monopolio y amasando sus fortunas, pero con el sudor de nuestras frentes. “Nadie amasa una fortuna sin hacer harina de los demás.” No se les olvide que cuando alguien como EPM pierde millones de dólares en sus cuestionadas operaciones en el exterior, millones que usted va a tener que pagar de su bolsillo, con sus servicios que se le habrán de incrementar, otros avivatos se los ganan. ¿Quiénes?

Lo anterior es gravísimo, porque quien o quienes, con dinero o con mermelada, compran las conciencias de los demás para que hagan su voluntad, no solo corrompen a quienes reciben las coimas, sino que al convertirlos así en sus pares, tácitamente, les notifican que sus conciencias también están en venta, por si saben de algún buen postor. Dados los niveles de corrupción, es necesario que una constituyente les prohíba a las a las personas naturales y jurídicas patrocinar, en cualquier forma, a candidato político alguno, para evitar que quienes resulten elegidos les paguen a sus patrocinadores con los recursos o con los bienes públicos, como está sucediendo. Es más, hay que desenrocar al GEA. El pésimo gerente de EPM, por decir lo menos, el doctor Juan Esteban Calle Restrepo, quien, al decir del doctor Francisco Luis Valderrama: “ …lesionó su estructura administrativa; priorizó negocios de dudosos resultados en el exterior…, produjo terror laboral; acalló voces críticas internas sensatas; desbarató equipos competentes, menospreció el rigor empresarial, interiorizado hasta los tuétanos en la organización; impuso directivos externos por encima de funcionarios competentes de extracción interna y generó un clima empresarial deplorable, en mora de ser intervenido positivamente…”; al dejar el cargo de gerente de EPM, pasó a ocupar la Presidencia de Argos, lo que no tiene presentación alguna. Sus parientes, quienes coadyuvaron a hacer grande a EPM, como Juan Guillermo Restrepo Jaramillo, un señor a carta cabal, honrado como el que más, se deben estar revolcando en sus tumbas con los cuentos de Antofagasta y Bonyic, máxime cuando en Medellín hay más de 2.500 familias sin acueducto, cuyas tarifas van “in crecendo”. ¡Qué ejemplo de solidaridad empresarial!

Es muy extraño, por decir lo menos, que este grupo, el GEA, cuando nos informa sobre la administración de sus empresas, solo nos muestra resultados exitosísimos y multibillonarios, tales como de los que da cuenta El Colombiano del 1 de agosto del 2016, edición en la que nos informan sobre lo ricos que están los nuevos tiburones del cuento, pero cuando se trata del manejo de los dineros del pueblo, de la administración de las cesantías y de las pensiones o del manejo de las empresas municipales o de lo que le interesa al común, los resultados no pueden ser más desastrosos, pues no producen sino rendimientos negativos o tasas internas de retorno igualmente negativas. Estos sindicatos de empresas, fundados no para auxiliar a los pequeños empresarios, sino para destruirlos, además de ilegales son dañinos para la economía, pues eliminan la creatividad y la competencia y solo logran que muchos de nuestros jóvenes se vean forzados a salir del país por la falta de oportunidades, pues, debido al accionar de estos grupos de poderosos, la situación actual y el futuro de las Pymes es deplorable.

Igualmente proyectos infames como el que presentaron el entonces Senador Eugenio Prieto, hoy director del Área Metropolitana y el representante Iván Darío Agudelo, elegido, este último, con los votos de Néstor Hincapié Vargas, el nefasto y politiquero “rector” de la Universidad de Medellín, para ampliar el objeto social de EMP a toda actividad lícita, deben rechazarse con vehemencia, pues el cuestionado proyecto le permitirá al ente gubernamental “…distraer sus recursos en otros menesteres…”, como ya lo está haciendo, lo que es gravísimo, pues lo que realmente se busca con ello es “ … eludir el control político y social, cuota inicial para la privatización de EPM, vieja aspiración de sectores empresariales y dirigentes afines…” con miras a invocar “… más temprano que tarde … la necesidad de un socio estratégico con músculo financiero y toda la burda artillería que se suele esgrimir para feriar los bienes públicos…”, al decir del doctor Francisco Luis Valderrama A , en su interesante artículo intitulado “Amenazas sobre EPM”. Señor Alcalde: EPM nos pertenece a todos los antioqueños y, por lo tanto, sus utilidades (excedentes) que lo son y muy cuantiosas, deben utilizarse para hacer el bien: para tratar de reducir la inequidad, para reducir el valor de las tarifas, para aliviarles las cargas a los desconectados, para dotar de servicios públicos a quienes no gozan de ellos, para auxiliar a los más pobres de esta ciudad, para calmarles el hambre a tantos ancianos y niños antioqueños, para brindarles a ellos, a los niños de nuestros barrios populares, cuyos derechos priman sobre los de los demás, la mejor educación y servicios médicos y hospitalarios de calidad y no para engordar extranjeros o al grupo de empresarios abusivos, arrogantes, codiciosos, egoístas y explotadores del GEA, quienes deben ser expulsados de EPM, a la brevedad. Acuérdese, señor Alcalde, que ocupamos el segundo lugar en desigualdad en América latina y que el accionar de estos tipos está acabando con el empleo de los más pobres, de lo que se duele la Iglesia.

Es tal la corrupción en que se debaten el sector privado y estas sociedades corruptas, que me permito recordarles las palabras del señor Obispo de Medellín y las del señor Procurador. Su eminencia Ricardo Tobón Restrepo, en su homilía del pasado domingo 31 de Julio, sobre la codicia, nos explicaba que Cristo llama tontos a los codiciosos y acotó lo siguiente, que les cae como anillo al dedo a los del GEA y a los funcionarios nacionales y municipales cómplices de este malicioso grupo empresarial: “…Otro mal de la codicia es la corrupción. Está a la raíz de todos nuestros males en nuestro país. La corrupción puede existir en varios campos y en distintas formas, pero me refiero especialmente a la corrupción administrativa, cuando los bienes comunes se los apropian unos pocos, quienes se aprovechan de lo que les pertenece a todos y mediante la corrupción ellos se enriquecen y dejan a los otros sin lo necesario para el desarrollo integral y armónico…Los bienes no son malos, el malo es el corazón de las personas que no saben administrar esos bienes para vivir dignamente y para el provecho de los demás…” Y en la entrevista que le realizara Juan Gossain al señor Procurador encontramos las siguientes perlas: “…La corrupción ha avanzado tanto, que muchas entidades públicas han sido tomadas por particulares con el propósito de hacer negocios o proteger sus propios intereses. “Y eso no ocurre solamente en las regiones o en los pueblos”, añade el Procurador, “sino incluso en el nivel nacional. De esa forma, el Estado termina siendo un instrumento de los particulares”.

La debilidad de la justicia colombiana es, sin duda, una de las causas de semejante catástrofe. “La débil institucionalidad facilita la corrupción”, me dice Ordóñez, de modo sentencioso. –Hay otros factores perversos –agrega luego–. Mire usted que el alto costo de las campañas electorales hace que los ganadores retribuyan a sus financiadores pagándoles con los recursos oficiales. De modo que la corrupción pública, sin mencionar la privada, nos cuesta 20 millones de millones de pesos al año. Y el daño moral, que es mayor, ni siquiera se puede cuantificar. Hoy existe un gran relajo ético. Hay un entorno cultural que favorece la corrupción. Hoy el relativismo moral es la ortodoxia: nada parece indebido, todo es posible, todo se permite, todo se vale. Estamos sumidos en una crisis moral sin precedentes.

La verdad, aunque duela decirlo, es que los colombianos nos hemos hundido tanto en ese pantano apestoso, “que hoy se cree que la forma más rápida y fácil de enriquecerse es acceder a un cargo público”. Por eso, tal como se puede observar en los últimos años, la empresa privada se ha ido acomodando aceleradamente a los escenarios públicos de la corrupción. “A los particulares les interesa convertir el Estado en su instrumento”, remata el Procurador….” Señor alcalde: si usted no toma cartas en el asunto, muy ligero vamos a ver que la empresa cambiará su nombre por el de SURASERVICIOS y entonces nos anunciaran que solo recibirán nuestros pagos a través de Bancolombia y bajo la modalidad de descuento directo de las cuentas de ahorros y nos aseguraran igualmente que “Le estamos poniendo el alma” y los antioqueños apenas alcanzaremos a gritar desesperados, porque estaremos en incapacidad de pagar las confiscatorias y abusivas tarifas que nos impondrán, a las patadas, pues, para esas calendas, ellos, mercaderes y politiqueros a la vez, controlaran a la Superintendencia de Servicios y a la CREG. ¡Qué asco!. Ello me hace recordar las palabras de Mo Yan “…Nosotros, el pueblo llano, sudamos sangre como si fuéramos bestias de carga para que los…corruptos y codiciosos…puedan engordar y no hacer nada.” Doctor Luis Pérez, usted que ha sido un abanderado de la reducción de las tarifas de servicios públicos y que tiene carácter, Doctor Federico, Doctor Alejandro Guerra: ¿no seremos capaces de blindar jurídica y administrativamente a EPM, para librarla de quienes se quieren apoderar ilícitamente de ella y que para lograrlo ya la tienen herida de muerte y evitar igualmente que sufra la misma suerte de Isagén y adicionalmente que esos usurpadores revienten o ahorquen aún más al sufrido pueblo antioqueño, dueño legítimo de esta empresa y de la que lo quieren despojar infamemente? Señor Alcalde: Los medellinenses y los antioqueños esperamos que usted haga cuatro cosas, con carácter urgente, pues está en mora de hacerlas: La PRIMERA: poner los hechos de Antofagasta y de Bonyic en conocimiento de la Fiscalía General de la Nación a la brevedad, para lo de su competencia. Vamos a ver qué va a hacer el nuevo Fiscal General.

La SEGUNDA: exigirles las renuncias a los miembros de la Junta de EPM, a quienes hubieren votado favorablemente los proyectos de Antofagasta y Bonyic o representen al GEA, pues los hechos, el de que la tasa interna de retorno de Antofagasta, cuyo costo alcanzó los 960 millones de dólares, sea negativa; el de que esa operación hubiere dejado sin caja a EPM y los escándalos de Bonyic son plenas pruebas, por decir lo menos, de su incompetencia e irresponsabilidad manifiestas. La TERCERA: Reintegrar la junta con gentes decentes ajenas al GEA. Le sugiero los siguientes nombres: LUIS FERNANDO MÚNERA LÓPEZ, un ingeniero civil de las más altas calidades, un hombre íntegro. El doctor Múnera conoce a EPM hasta los tuétanos y gozó de la confianza del doctor Diego Calle Restrepo, por su seriedad y por el rigor académico con que maneja todos sus asuntos y porque si él no nos hubiera hecho sonar la alertas sobre la corrupción en EPM, ya estaríamos atrapados en las garras del águila depredadora de Sura. RAMIRO MARQUÉZ RAMÍREZ, un ingeniero de las más altas calidades que conoce bien a EPM y quien mostró una gestión pulquérrima, cuando fungió como gerente del Metro. CARLOS BETANCUR JARAMILLO, ex presidente del Consejo de Estado, reconocido por su sapiencia, probidad y honestidad. LUIS GUILLERMO GÓMEZ ATEHORTUA, Ingeniero Civil y quien fue uno de los hombres de confianza de Diego Calle, como que igualmente fue gerente técnico de EPM. La CUARTA: Solicitarle la renuncia al gerente de EPM y designar un hombre probo con espuelas, para que defienda la institución de los corruptos que medran en ella. Al actual, una gran persona, el puesto le quedó grande, al punto de que no es capaz de enfrentar un debate en el Concejo y además por ser, hasta donde me alcanza, un recomendado del GEA.

La idea, doctor Federico, es que usted nombre la dicha junta o la que usted quiera y un nuevo gerente, que le garanticen a usted y a los antioqueños que ni el GEA ni nadie, pueda continuar entrándole a saco a este entrañable patrimonio público. ¡Fuera el GEA de EMP! Si usted ha sido víctima de algún atropello de este grupo déjeme conocer su historia y si comparte lo que escribo difúndalo. ¡Siquiera se murieron los abuelos! Coletilla: Deberíamos fundar un partido político que consiga votos, pero que les prohíba a sus dirigentes y allegados ocupar puestos públicos. Solo apoyaría esa organización a políticos decentes y cualquier falla ética de cualquiera de los elegidos le haría perder el apoyo del naciente grupo político. 

*Ex Procurador


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Sanciones pendientes en Hidroituango

Por: Margarita Pacheco


En medio de la sorpresiva inundación de bosques, laderas y playas que ocurrió hace más de un mes aguas arriba del río Cauca, cuentan pescadores y barequeros de Puerto Valdivia que a pesar de los intentos, no se logró salvar la vida de miles de animales silvestres que buscaban escapar de las aguas enfurecido

Hoy no hay quien responda por esa pérdida de fauna endémica de la región, incluyendo variedad de peces, base de la dieta familiar. El Puesto de Mando Unificado (PMU) no sabe, no responde, no es su prioridad.

La fauna doméstica y silvestre sufrió un impacto altísimo en Puerto Valdivia, Ituango, Toledo, Bélgica, en los lagos de Sabanalarga y en otros poblados, arrastrada por la violencia de las aguas represadas. Hasta la madera que había sido talada y enterrada salió a flote, quedó expuesta para podrirse al sol, generando olores nauseabundos. Los pescadores y barequeros, llamando de urgencia al personero de Sabanalarga para resolver el problema sanitario, generado por la aparición de tanto cadáver, recibieron una respuesta lacónica: el problema ambiental le queda demasiado grande a la Personería Municipal. Al salir descorazonados del despacho, en la pared blanca de acceso a la oficina, un aviso reza así: “Este espacio fue dotado gracias al plan integral Hidroeléctrica Ituango”. El aviso publicitario delata la respuesta, los muebles regalados al despacho del personero ejercen cierta presión para no intervenir.

Es cierto que a estas alturas, en pleno empalme de gobiernos saliente y entrante, la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (Anla) sigue sin pronunciarse, a pesar de la orden del ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, quien ya está de salida. Gracias, ministro, por dar la orden antes de irse. En el Ministerio, nadie responde y sigue el silencio sepulcral a nivel regional y local. Sí se oyen voces de amenaza de quienes realmente ejercen el control en el territorio. En Puerto Valdivia no hay un solo policía pero se sienten ojos oscuros que vigilan quién entra, quién sale y quién informa.

Ya varios líderes del movimiento Ríos Vivos Antioquia tuvieron que huir y arrumarse en Medellín donde algún familiar, para no exponer su vida o el secuestro de algún hijo o hija. La fauna ahogada, los bosques a medio talar y las familias apiñadas en albergues y autoalbergues en Valdivia, en ranchos de tela plástica y casuchas de lata al borde de las vías, constituyen un paisaje desolador, en medio del júbilo electoral y el período de empalme.

Mientras tanto, los exuberantes abismos del cañón del Cauca se siguen desmoronando naturalmente, dejando parches de arena amarilla en medio del paisaje de vistosos verdes y cascadas cristalinas que brotan del bosque de niebla. Esta belleza natural, a lo largo de la vía que va de Santa Rosa de Osos hacia Valdivia, la cabecera municipal. Sorprende. Valdivia, construida en una cresta, es el centro de operaciones y el lugar donde se está dando una especulación de arriendos sin precedentes. Cobran hasta 600.000 pesos por una pieza mínima donde viven dos familias, con seis a nueve personas. Si la ayuda de EPM no llega este mes, no tendrán cómo pagar el arriendo y estarán sujetos a expulsión.

A pesar de los retenes de policía a la salida de Yarumal, a la entrada de Valdivia, a la salida hacia el mar, a la entrada de Puerto Valdivia y en Tarazá, con controles estrictos de “no se puede pasar”, la vía sí es transitable y sí se puede acceder. Sin embargo, se quiere evitar a toda costa que la opinión pública sepa lo que está le ocurriendo a las gentes de la región.

Valdivia en los altos del Puerto, es un pueblo atestado de “autoalbergues” y refugiados de los pueblos amenazados. Es el centro de venta de pepitas de oro extraídas por los barequeros ancestrales (que no usan químicos) y es epicentro de operaciones de la cuestionada ayuda humanitaria.

Ver para creer: se prohíben visitas de familiares, la comida es a la hora que ellos digan y se impone una dieta con comida a la cual la gente del río no está acostumbrada. Esto ha producido afecciones y malestar en niños y adultos mayores. Súmele cortes frecuentes  de agua en los campamentos donde las duchas son ocasionales. Las mamás que dejen salir a sus niños se arriesgan a que el Bienestar Familiar (ICBF) se los quite y para completar el protocolo de sanciones, las relaciones sexuales están prohibidas en los campamentos. Allí si se aplican sanciones aunque aún no se hayan aplicado a ninguno de los responsables de esta desgracia socio-ambiental.

Las organizaciones campesinas entienden al cañón del río Cauca como un ecosistema integral que les da el sustento. Ellas sospechan que la megaobra pudo haber activado fallas geológicas y aún no se sabe si otras fallas se están despertando en las laderas. Los pescadores, conocedores de la vulnerabilidad de su territorio, tienen justa razón para estar muy angustiados, mucho más que los expertos en sísmica y geología que nunca han vivido allí.

Acostumbrados a vivir en una región azotada por la violencia y el narcotráfico (allí pasa el corredor estratégico para el golfo de Urabá), la subida abrupta de las aguas de Hidroituango volvió a traer cuerpos flotantes de NN de barequeros que quedaron enredados en los remansos. Otros quedaron enterrados en el fondo del lago improvisado. En esta región donde la ley la aplica una coalición de fuerzas innombrables, los cuerpos descabezados que han flotado en el río desde hace años, han generado la cultura solidaria del entierro de NN y de cementerios improvisados a lo largo del rio. Sanciones y ejecuciones sin compasión, sin levantamientos ni presencia de la Fiscalía. A estos verdugos no se ha sancionado.

En este año, en el río Cauca flotaron cadáveres de muchas especies silvestres, chuchas, reptiles, aves, insectos y otras que fueron arrastradas por la violencia del agua y otras atascadas entre palos en los meandros del río. Los señores motosierristas contratados para las talas programadas solo alcanzaron a llegar a un sector y sacar la madera con tres tractores. Talar, picar y recoger los arboles más grandes fue labor en una mínima parte de lo que había que deforestar. Se repite la historia del Quimbo, donde la putrefacción de la biomasa no retirada, envenenó la vida acuática en las aguas represadas.

Esa pérdida de biodiversidad no se ha evaluado ni ha tenido asomo de sanciones. La contabilidad satelital que suma los avances de deforestación en Colombia deberá incluir en su próximo informe, las miles de hectáreas que quedaron arrasadas por la megaobra. El mismo principio de sanciones que aplica para Hidroituango, deberá aplicar para la pérdida de bosque de Hidrosogamoso, del Quimbo, por citar unas de las más recientes. Las hectáreas de deforestación y la cuantificación de pérdidas en vida silvestre y especies domesticas deberán quedar en la contabilidad de compensaciones ambientales. Además deberán ser incluidas en las estadísticas de deforestación entregadas por el Ideam. 

En materia de sanciones que sí se están aplicando y para sombrear el panorama humano de las familias desplazadas, las familias que comparten una carpa, tienen serias restricciones en su vida familiar. El PMU, Puerto Unificado de Mando, en el cual no participa ningún representante de las comunidades afectadas, prohíbe las relaciones conyugales en las carpas. Las relaciones sexuales están sujetas a severas sanciones so pena de calabozo. Ya una pareja fue sancionada. El derecho a la vida íntima, que ayuda a bajar el estrés, está prohibido y no existe oferta de moteles en Valdivia para ejercer la vida conyugal. Tampoco hay lugares aptos para entretener a los niños o ponerlos a estudiar, mientras se define su futuro incierto. 

Este es uno de los “chicharrones” humanos que hereda el presidente electo, en la región más uribista de Colombia. Con este precedente, se esperaría que la lección de Hidroituango sirva para replantear la política minero energética y se aprenda a escuchar a las comunidades organizadas que vienen advirtiendo la tragedia desde hace años. ¿Cuáles gobernantes deberían recibir sanciones por omitir estas advertencias de la población? ¿Habrá sanciones para los empresarios y para los que ejercen el control de justicia a su manera en la región? Este será un reto para el sistema de administración de justicia ambiental del nuevo presidente. 

Es muy preocupante el informe del Ideam, afirmando que una de cada diez hectáreas deforestadas a nivel nacional se localiza en áreas de Resguardos Indígenas, identificando en términos generales la efectividad de este tipo de áreas para la conservación del bosque natural y control de la deforestación. No obstante, Resguardos como Nukak-Maku (3.435 ha deforestadas), Yaguara II (3.022 ha deforestadas) y Vaupés (2.100 ha deforestadas) reportan problemáticas significativas. Faltaría que el Ideam reporte cuántas miles hectáreas se han talado en las laderas del cañon donde barequean los descendientes del Pueblo Nutabe, pescan y cultivan los pueblos embera chami y embera katio en la región Hidroituango. 

En la espectacular vía hacia San Bernardo del Viento y San Antero, en Córdoba, cruzando el río Cauca, la vía entre Valdivia, Puerto Valdivia, Tarazá y Caucacia, en camino a Montería, reina una soledad vial que infunde temor. Entre los pueblos, solo motos locales circulan y observan, con recelo, quién pasa y quién sale. Los retenes de pocos policías verifican origen y destino y advierten mejor no parar en el camino. Ese es el ambiente que reina mientras se transita por una región resguardada por redes armadas que imponen su propia ley, como sucede en la región de Hidroituango.

Ojalá que el nuevo gobierno permita que las familias evacuadas puedan regresar a sus hogares, sin riesgos ni amenazas. Tal como lo solicitan miles de habitantes afectados, piden que se contemple el desmonte progresivo y planificado de la megaobra, que infunde tantas incertidumbres a la población. Mientras tanto, lo mínimo es que se compense dignamente ante los sufrimientos causados.

En el camino que lleva de Valdivia al mar, de la cuenca del Cauca a la del río Sinú, se siente el cambio de paisaje de montaña al de fértiles sabanas y extensos humedales, con praderas ganaderas. Por contraste, da gusto encontrar comunidades bien asentadas en su territorio, desarrollando modelos agroecológicos que mejorar sus ingresos. La asociación de pescadores, campesinos indígenas y afros para el desarrollo comunitario de la Ciénaga Grande del rio Sinú” ASPROCIG, miembro fundador del Movimiento Ríos Vivos, está demostrando que sí se puede poner en práctica el conocimiento ancestral del Pueblo Zenú en un territorio complejo de humedales y flujos de aguas saladas y dulces.  Ellos han sabido aprovechar las inundaciones cíclicas construyendo diques para la agricultura estacional y mejorar sus ingresos.

Estos ejemplos deberían inspirar una política de Estado para replicar en otras regiones con economías ribereñas, reconociendo el manejo ancestral de las culturas anfibias que existen a lo largo y ancho del país. Las tecnologías Zenú han contribuido al incrementar el ingreso familiar, evidenciando el mejoramiento de viviendas, utilizando materiales durables y manteniendo la arquitectura tradicional de la Ciénaga. Allí, los pescadores/ agricultores estacionales de Cordoba están preocupados por el posible  impacto que generarían la mega-obra de un puerto profundo de contenedores, justo donde confluyen las aguas marinas y las aguas dulces que han mantienen vivo y sano el río Sinú y los bosques de mangle.

Esta situación de preocupación se parece a la que manifestó el Movimiento Ríos Vivos  Antioquia desde muchos años antes de que iniciaran las obras de Hidroituango. Sería imperdonable cometer el mismo error en un ecosistema del cual viven hoy día, miles de pescadores. El ejemplo exitoso de agroecología debería inspirar nuevas políticas agrícola, de pesca artesanal y manejo de humedales, inspiradas en conocimientos ancestrales. Se debe reconocer que contribuyen a la convivencia pacífica y a la construcción de paz territorial. 

Tomado de: Revista Semana. 22/06/2018

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Imperativo Etico

La gente de bien
Juan Pablo Durán
Economist and Master of Science in Finance. Eafit University (Colombia).
Master of Science in Urban Studies and Planning. MIT (US

En Colombia hay bastante gente de bien. La gente de bien se levanta temprano diariamente a cumplir con su deber, a conseguir su sobrevivencia y la de su familia, a trabajar honradamente sin hacerle daño a nadie.
La gente de bien no roba, respeta lo ajeno y vive con lo que se ha ganado. La gente de bien se consigue las cosas con su propio esfuerzo. No usa su posición para arrebatarle las cosas a quienes han trabajado para conseguirlas. La gente de bien no amenaza al otro, ni usa la fuerza para robarle sus pertenencias a nadie, no importa si es rico o pobre. La gente de bien no apoyaría ejércitos ilegales que desplazan campesinos pobres para luego quedarse con su tierra. La gente de bien no hace negocios en las tierras, los ríos, o las montañas que pertenecen a otras personas, mucho menos si esas personas fueron robadas de manera ilegal.
La gente de bien trabaja en la legalidad. Se esfuerza para que sus socios sean personas legales, honestas, y cumplidoras de la ley. La gente de bien se aleja de la delincuencia y sus negocios, así sean más rentables y más rápidos. La gente de bien cree en el dinero bien habido. Hace esfuerzos para que dineros y negocios ilegales no entren en sus familias y empresas. La gente de bien se rodea de personas honestas y trabajadoras y evita al máximo hacer alianzas con delincuentes y asesinos. La gente de bien no financia ni está de acuerdo con el narcotráfico y la corrupción, y nunca apoyaría a personas que hacen parte de esos círculos.
La gente de bien cree en la paz y en la vida. La gente de bien no está de acuerdo con quienes matan a otros y nunca planearían un asesinato. La gente de bien arregla sus diferencias por métodos pacíficos y usando las instituciones del Estado. La gente de bien nunca evitaría que la justicia actúe asesinando a sus contradictores. La gente de bien no está de acuerdo con los asesinatos selectivos, y nunca calificaría de buen muerto a alguien que fue muerto a manos de un sicario.
La gente de bien es solidaria con el que tiene menos. Sabe que no todos nacieron con las mismas oportunidades y quiere un mundo justo donde el futuro de cada uno dependa de su esfuerzo. La gente de bien no irrespeta al que tiene menos, ni lo trata como una persona de segunda clase, ni como un delincuente. No lastima a las personas por el hecho de tener menos, mucho menos los mata. La gente de bien no engaña a los pobres con un trabajo para luego asesinarlos y conseguir dinero o prebendas a costa de ese delito.
La gente de bien piensa en el futuro de la humanidad. La gente de bien cuida la naturaleza y todo lo que vive en ella. La gente de bien no se conforma con acceder a hermosos espacios privados, sino que también cuida los espacios comunes que pueden disfrutar otros. La gente de bien no acaba con el agua, el aire, y los ecosistemas de todos para enriquecerse personalmente en el corto plazo.
La gente de bien sabe perdonar. La gente de bien discute las diferencias civilizadamente y no cree en acabar con el opositor. La gente de bien valora la diferencia. La gente de bien acoge a quien ha estado por caminos equivocados y lo apoya a seguir por caminos honestos e institucionales. La gente de bien trata de evitar la rabia y el rencor para tomar decisiones.
En Colombia hay bastante gente de bien. Cuando una parte de los dirigentes políticos, empresariales, académicos y sociales han dejado de serlo, la gente de bien procura cambiar esos liderazgos.

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Violencia de Hidroituango

Por Mauricio Castaños H
Historiador
Colombia Krítica


De pronto un día 12 de mayo a las cuatro de la tarde la ruina se ensañó con Puerto Valdivia, la festiva y alegre vida se rompió, la vida entró en un proceso de demolición, la desgracia fluyó por el río Cauca y la tragedia se apoderó de su territorio y sus gentes. El pescador lloró su suerte, llora su río ajeno y distante. La red, la atarralla, la barca, la pesca, el agua, el calor, sus gentes eran presente extendido (el hoy es mañana y es ayer). Hoy sólo viven del pasado y de un futuro que se precisa incierto.


Toda una vida construida por años, por décadas, por generaciones enteras, se viene, se vino abajo. Sucedió con el creciente y enfurecido río que amaga con tragarse poblaciones enteras. Aguas arriba la mega obra Hidrohituango resultó un monstruo de mil cabezas, defectuosa en sus construcciones y ahora símbolo de caos y muerte, ha robado la paz a más de 130 mil personas de 12 municipios de Colombia. La vida es zozobra en sus gentes desplazadas que van por las calles y sitios inéditos, desconocidos, son lugares ajenos a su existencia, sus miradas son huidizas como delatando esos mundos idos, agitados en lo más hondo de su ser.


El Puerto, sus casas, sus parcelas hoy tuvieron que ser abandonadas, hoy son ya pedazos de vida en el olvido. Los seres desplazados lloran su suerte, su casa humilde abandonada, su trabajo, su río, sus mascotas, sus animales, sus enseres, todo su mundo ya ido, hoy poco o nada queda. Hoy, contra su voluntad, están forzados a llevar una vida que no eligieron, nadie quiere vivir fuera de su propia casa que es su castillo. Hoy viven en esos horribles y hediondos albergues acostumbrados para refugiados, víctimas, desplazados o personas que sufren la expulsión de su territorio para abrir paso a las mega obras, a las grandes riquezas de unos pocos calculadas en billones que contrastan con miserables pagas a los campesinos para que no se mueran de hambre mientras dura la presión mediática. Otros muchos líderes críticos corrieron peor suerte con el asesinato.


Tan cerca pero tan lejos. Estamos próximos unos de otros, pero tan lejanos. Nadie siente la desgracia ajena. Los recuerdos, la cotidianidad, las propias cosas en las que extendemos la existencia, todo aquello que hace parte de nuestras vidas quedan atrás, quedan en la incertidumbre, casi en la existencia de la nada, en lo innombrable. Ayer se tenía todo, hoy no se tiene nada, sólo los chiros  que se llevan puestos.


Nos apegamos, nos arraigamos al territorio al punto de ser nuestra propia existencia, somos los otros en quienes nos reflejamos, somos las calles por donde caminamos, somos los lugares de encuentro, somos los lugares del rezo, somos el bar en donde festejamos, somos juego, somos cultura, somos todo aquello que nos rodea y nos constituye, pero también somos todo aquello que nos destruye, que perdemos.


Estos seres desplazados por la mega obra, van de allá para acá sin rumbo fijo, merodean de un lugar a otro, son nómadas inmóviles, sus miradas hondas guardan historias atropelladas, delatan su mundo incierto. Su inocencia, su desconcierto, su deambular es de alma desconcertada. Es la sensación que se siente cuando se está alrededor de gentes que viven tragedia. Mientras los espectadores van con rumbo fijo a sus trabajos o a un lugar para su pausa laboral, los desplazados por la tragedia no se hallan, sus mundos están convulsionados, agitados por una violencia llamada Hidroituango.

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