Ser y creatividad

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica.blogspot.com

Imaginación: Imagen Desmaterializada del Mundo



El hombre es una especie animal algo especial, pero en el reino animal es uno más. Su inteligencia y su imaginación no dejan de ser recursos para sobrevivir que responden al mundo material, a las técnicas y su evolución que por lo demás tienen vida propia. Insistir que la conciencia y su pensar no es más que un recurso para perseverar en su Ser, así lo enseñó Spinoza, el hombre no es un punto de partida ni una sustancia independiente, sino un fenómeno secundario y derivado que surge del esfuerzo del cuerpo y la mente por perseverar en el ser. «Visión general creada por IA: Baruch Spinoza dice que los hombres se creen libres porque son conscientes de sus deseos y acciones, pero ignoran las causas que los determinan. Esta idea aparece principalmente en su obra cumbre, la Ética (específicamente en el Apéndice de la Parte I). El concepto central Conciencia del deseo: Las personas sienten lo que quieren y deciden hacer algo. Ignorancia de la causa: Desconocen por completo qué fuerzas físicas, mentales o ambientales los llevaron a tener ese deseo en primer lugar. La ilusión: Al no ver el mecanismo que los empuja a actuar, creen que el origen de su acción está en su propia voluntad independiente.» (IA). Y complementamos: "La libertad, elemento frágil del edificio humano, reposa sobre la imaginación tomada a la vez en el sentido ilusorio y en el de la liberación a traves de los símbolos... desde la escritura sobre todo, se formó una imagen desmaterializada; imagen indispensable al desarrollo espiritual y al progreso, pero que en las ciencias del hombre particularmente, ha producido el desprendimiento del hombre a toda conexión con la extension de lo viviente." Leroi_Gohorhan. El Gesto y la Palabra. p. 387.

Creación, Invocación, Interacción


El ser es la interacción, los relacionamientos definen la existencia, el viviente y su medio favorable. Reiterar, ex-istencia quiere decir sentir el afuera, exteriorizarse, el ser y el mundo se imbrican, son solidarios el uno del otro. Uno se sale de sí mismo y se hace a una segunda piel como la casa en la que habitamos.


Ser, Pensar, Silencio, Territorio


El pensar y el silencio es una dupla necesaria que se le suma una tercera como condición indispensable que es el territorio, nuestro hábitat, nuestra morada, la casa, el ser. Tener un lugar propio dónde desplegar nuestro existir. La casa es refugio donde me distraigo, me sustraigo del bombardeo del mundo del afuera. El yo interior reclama una isla de intimidad para ser uno mismo.


Movimiento Abrumador, Acelerado


Y ahora nos viene una pregunta en este transcurrir del mundo, ¿qué hacer en medio de tanto movimiento que nos incomoda por decir lo menos? Voy de aquí para allá, me encuentro con no menos de cierta estupidez, que por fortuna no toca a todos, la diferencia también habita en este ancho mundo en el que todos cabemos pero que la idiotez mediática amenaza con la uniformidad. Por eso viene a bien repeler lo que venden como necesidad y escapar mejor a construcciones más liberadores, creativas.


Exceso de Comunicación


De acuerdo, hay exceso de comunicación, se precisa más bien espacios de silencio para que emerja la palabra cuidada, cincelada, reveladora, novedosa, el pensamiento elaborado que anuncia renovación, caminos inéditos, aquella de elaboración de conceptos en el decir de Gilles Deleuze y Félix Guattari: «No carecemos de comunicación, por el contrario nos sobra, de lo que nos falta es creación. [...] La creación de conceptos apela en sí misma a una forma futura, pide una tierra nueva y un pueblo que no existe todavía. [...] Devenir forastero respecto de uno mismo, y a su propia lengua y nación, ¿no es acaso lo propio del filósofo y de la filosofía, su «estilo», lo que se llama un galimatías filosófico?» ¿Qué es la filosofía?, Barcelona: Anagrama, 1992. pp. 110, 112


Un Lugar de Intimidad


Un lugar dónde estar tranquilo, vamos hacia su búsqueda al contrario de la tortuga o el caracol que llevan su casa a cuestas. La vida es cambiante, el territorio dinámico, las dinámicas comerciales empujan las transformaciones espaciales. Se empieza con un centro que irradia la periferia, unos ejes viales estructurantes que van irrigando, empujando cambios en esencia comerciales. Es epidémico este dinamismo comercial que se va tragando lo residencial.


Salir unos pasos más allá y buscar un resguardo, una isla de intimidad que sea barrera a todo eso loco comercial epidémico que hace metástasis. Un lugar donde encontrarse consigo mismo en el cual escuchemos nuestra propia voz, lejos del barullo automotriz, de las orgías festivas del turismo que no distingue el día de la noche y de esto del apego al territorio. Ellos, los viajantes vulgares sólo están de paso ensuciando aquí y allá, desarraigo despiadado que dura el tiempo de la favorable conversión de la moneda del dólar a pesos, obreros allá en Eeuu o Europa, acá viven en cuerpo de rey en la abundancia de putas, licor y drogas.


Los negociantes urbanistas como a todo vulgar comerciante sólo le interesa atesorar fortuna, la vida en función del comercio, por eso el esperpento jurídico de zonas mixtas que imbrican lo comercial en lo residencial, pero finalmente, insistimos, aquel se traga a éste, terminan con el botellón copando todo el territorio, en la juerga no hay límites, la juventud que puede con todo y los padres sólo contemplan, dan gusto a sus muchachos para que no se depriman, no soportan la tristeza, poca tolerancia a la frustración porque la vida es un sendero florido, nada de espinas. Es su percepción, la de ellos.


En fin, seguir buscando un lugar, una isla de intimidad en donde desplegar nuestro yo en este mundo que no para de moverse para lo mejor y para lo peor. El camino recorrido no tiene regreso.



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La Muerte Silenciada

 Las Muertes



Su silencio perturba. Es cierto que es parca. Llega de repente, sin previo aviso, discreta, imperceptible, invisible, oculta. Es la muerte moderna. Pero en otras ocasiones medievales tuvo sus maneras de anunciarse: amable, familiar. Su llegada era calma, se le esperaba, tenía maneras de anunciarse, habían preparativos como cuando se va a una boda. En el cuarto y encamado, y quien se sabía próximo a morirse, recibía a los más íntimos para su último adios y dar sus disposiciones finales, las testamentarias. Y claro las plegarias irían al registro de almas, los Libros de almas que hacía las veces de administración de vidas en el más allá, eran los libros parroquiales. En fin, en todo caso, esta era la hermana muerte, esperada, familiar, amiga, tan de nosotros, como la definía San Francisco de Asís.


Y para complementar una tercera concepción de todo esto de producción de cultura fúnebre, se le suman la antigua y la de nuestro mundo moderno. En suma, la muerte domada medieval y la invisivilizada de nuestra época moderna, está esa otra de la antigüedad, bien definida por los estoicos en esa cosa de no asombrarse, en esa cosa tan común, de todos los días como lo es la muerte. El morir, todo tiene que ser nada, de la nada venimos y a la nada volvemos, todo se transforma, para que preocuparnos por ella si cuando estamos, no está, y cuando está, ya no estamos.


Cambios en la Cultura de la Muerte


Como quiera que ello sea, la muerte está envuelta, cubierta por la cultura de cada época, nadie está en su cuerpo a título propio, el cuerpo social, los deudos albergan a los ya idos, a los otros ausentes, son inquilinos del muerto. El muerto no es el muerto, es la muerte. Quien se va, queda habitando en nuestros cuerpos, son flujos que persisten por ciertas generaciones. 


Enfatizamos, en la Edad Media, la bella muerte domada, no se le temía, el cadáver se entronizaba entre los vivos y previo estaba la preparación para la muerte, en casa, en cama, desfilaban familiares y personas cercanas para la despedida y las disposiciones finales. Un adiós al mundo, y finalmente encomendar el alma al buen Dios. Es una muerte en público, no se muere sólo, siempre en compañía. Pero esto cambiará con la muerte despreciada arrinconada en los hospitales y sus decididores que dicen cuando sí y cuando no se está muerto: el médico y su acta de defunción.



La muerte temida no es la propia sino la del otro, pero también es cierto que el cadáver es el espejo que nos refleja a nosotros mismos. 


San Pablo recuerda a los de Corintio la resurrección. El cuerpo es carne que se pudre, el alma se desprende para emprender su viaje inmortal. Tres estadios fueron considerados en la edad media: Cielo, infierno y purgatorio. Se honra en las sepulturas porque se teme el regreso de los muertos, con sus oraciones se albergaba la esperanza de que los muertos no regresaran a perturbar, a mancillar a los vivos. 


Esto hasta el siglo xviii hasta que los muertos, la hermana muerte hace parte de la vida, se cohabita con los muertos en sus ciudadelas de cementerios en medio de la ciudad, la muerte no es expulsada sino que se integra con el ritmo de los mortales. Esta tierra con sus cementerios son santa morada de los que duermen en sueños profundos. La bella muerte noble, es el fin de los seres queridos. En el siglo xix la muerte se confunde con la ilusion de belleza, de arte, la muerte que de oculta bajo lo sublime. La extremaunción se cambia por el sacramento de los enfermos, así el concilio vaticano II separa la muerte para recordar la penitencia permanente, la muerte deja de ser un momento.


Política Higienista


Los cambios en la cultura moderna de la muerte debe mucho a la política higienista. El cuerpo es pudrición y los lugares de intierro son focos de infección, por ello se explica los cementerios alejados de la urbe, dejar que los muertos entierren a los muertos. Higiene, la limpieza convertida en un valor burgués, la lucha contra el polvo será tarea del ama de casa. Ayer las iglesias eran necrópolis, hoy el higienismo nos resguarda de la pudrición de los cadáveres


La muerte negada


No soy enfermo terminal, sólo pequeñas molestias, estaré bien, no estoy enfermo de cuidar como a un niño. Todo va a estar bien. Dostoyevski en Ivan Ilich construyó un sólido y grande muro elevado de mentiras que luego ni el mismo pudo franquear, atravesar, todos a su alrededor le creyeron, ya era tarde para desmentir y mendigar un poco de compasión.


Santos contra Demonios


La vida del santo era lucha victoriosa contra el demonio, la del pecador era una amenaza permanente de condenación infernal. La plegaria sera un interceder, una tabla de salvación. Ayer en el medioevo en la desgracia, se deseaba la muerte, hoy sólo entramos en depresión, nombrar diferente para desterrar la muerte ya tan ocultada, tan alejada de este mundo y de su cotidianidad.


Persistencia de la Justicia Divina


Pero la muerte no detiene ni la venganza ni la Justicia, se sigue albergando esperanza en un más allá, los consagrados a Dios son el templo de cristo, son los cuidadores, los arreadores de ovejas.


En nuestros días se quiere borrar lo más pronto al muerto: cremación, velorio casi en solitario y por unas pocas horas, poco o nada de tiempo para elaborar el duelo, para llorar al ausente. De vez en cuando las flores acompañan las tumbas y muy pocas una foto con leyendas referidas al viaje y al descanso de las almas que están gozando de la gracia celestial con el buen dios. Desde luego que el miedo ha sido fuente para explotar la muerte y de soslayo, por los intersticios se asoma el erotismo.

Anotaciones finales

En el último momento de la muerte se asiste a un compendio de la vida propia. La muerte propia versus la muerte del otro. Muerte domesticada versus muerte ajena y temerosa, romántica. El luto se flexibiliza, se acorta en el tiempo. Más luego, para vender la muerte hay que hacerla amable, ya no la mueca deformada del rostro yerto sino arreglado que parece vivo, hermoso, agradable a la vista de los deudos, amigos y mirones. 

Ayer, después del adiós al mundo, le sigue la oración con las manos cruzadas para el perdón de los pecados. Amor medieval profundo hacia las cosas versus desprendimiento de algo así como el estiércol del diablo, son asi las simples cosas un recurso que el altísimo ha prestado para salvar vuestras almitas.

Se teme más a la condenación más que a la propia muerte. Hoy la depresión es el socavón, el precipicio que conduce a la propia muerte, el hombre de hoy, el hombre moderno se ve como un malogrado, no como un muerto… y es el alcoholismo, la depresión repliegues de evasión de esa realidad que le mira de frente. Ayer era un destino impuesto, hoy cada quien es responsable de sus éxitos o fracasos, de sus triunfos o miserias. Dice Philippe Aries que desde el siglo xii cada quien tenía una biografía propia, puede actuar sobre ella y puede plasmar su conclusión, su compendio en el momento final, el de su muerte. Y muy interesante, esto no daba ni miedo ni placer como si sucederá en los siglos xvii y xviii 

Cambios graduales de la muerte a través de los tiempos, es una conclusión prima a tener en cuenta.


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Patadas de Ahorcado

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica
 



De acuerdo, la esperanza da sentido a la vida, es lo último que se pierde. Pero ello no quita un cierto halo de incertidumbre, mejor decir de caos, una sensación de vacío antes de vivir un proceso de metamorfosis: soy larva, oruga, ahora soy mariposa. Pasa en la vida, y es perceptible, a manera de ejemplo, con los gobiernos. Que serían de ellos sin la inercia que los arrastra, que los soporta, los lleva y los trae como una hoja al viento y al azar, encarnada en cada uno de los funcionarios que hacen que los procesos se mantengan y resistan, mientras que los gobiernos, los gobernantes pasan de manera innecesaria como leves briznas al viento y al azar. Todo pasa y todo queda, todo se repite de diferente manera, la vida, la existencia es inédita. Viento, necesidad y azar... nos gusta recalcar.

El desuso de los gobiernos se tiene por un síntoma de salud personal. No se delegan las decisiones de vida a un tercero. Es una utopía la gestión propia de cada individuo, a tal punto de hacer innecesarios los gobiernos. Sociedades nómadas contra Estado, sin gobiernos centrales. No es caer en vacíos, ni en eso de que todo era mejor cuándo estaba peor. Cuándo más decimos que un optimista es un pesimista informado. Es cierto que nadie experimenta por cabeza ajena, no importa que tengamos que descender a los propios infiernos y luego luchar para albergar esperanzas de pasar por el purgatorio y luego al paraíso para albergar el esquivo cielo.

Es posible prescindir de dioses y de héroes para sumergirse en un posible caos. Se precisa de un mayor esfuerzo, una mayoría de edad, una autonomía para conducir la propia existencia, la de cada quien. Que tal que los desgobiernos de hoy de nuestro globo terráqueo, sean signo de independencia, de una cierta mayoría de edad. Es posible ver el mundo al revés, cuando la costumbre es el arreo de ovejas o ganado al matadero.

Job, el personaje bíblico, es un ser extraño que no da el brazo a torcer en su mirada al horizonte, en su caminar por los senderos de la esperanza, se mueve siempre por terrenos minados pero domables en su Fe de carbonero. La muerte va tomando lo que la vida da. Muy por el contrario a lo sucedido con Pedro: con su férrea Fe caminó sobre el mar, pero la duda lo hizo hundir en tierra firme. 

Gobierno de sí, de sí mismo para recordar a Michel Foucault. Finalmente, Borges con el desuso de los gobiernos: “¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más completa que este resumen. Jorge Luis Borges, "El libro de arena" en Obras completas III (Barcelona: Emecé, 1996), p. 55


Poema 

Fin y principio

Wisława Szymborska


Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.


Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.


Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás,

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.


Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un vidrio en la ventana

y la puerta en sus goznes.


Eso de fotogénico tiene poco

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.


A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos

recordará todavía cómo fue.


Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.


Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

​​

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.


E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra

causas y consecuencias

seguro que habrá alguien tumbado,

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.



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Muralla de Amor y Muerte


El muerto no es el muerto, es la muerte. Cada época reflejada en sus costumbres y cultura exhiben a los seres humanos, nadie está a título personal en su propio cuerpo, somos flujos existenciales, torrentes que nos llevan y nos traen, que nos viven. Acá un texto extraído del libro de Philppe Aries: El Hombre Ante la Muerte.  Es una provocación para animar su lectura, en fin, queremos llamar la atención en éstas transformaciones de la muerte y el morir transcurridas a través de los tiempos y las culturas en Occidente, el alma y el cuerpo, cielo e infierno, luego el paraíso.  Incluso ese empuje en nuestros días para convocar a vivir un presente extendido, vivir el aquí y el ahora, y en el más  allá, cuándo ya no estamos en cuerpo presente, somos un leve recuerdo en los seres queridos, somos una leve brizna al viento y al azar
. Colombiakrítica. 

La MURALLA CONTRA LA NATURALEZA TIENE DOS PUNTOS DÉBILES: EL AMOR Y LA MUERTE 

Por Philppe Aries. 

La muralla contra la naturaleza tiene dos puntos débiles: el amor y la muerte La todopoderosidad de la naturaleza actúa sobre el hombre en dos lugares: el sexo y la muerte. Hasta finales de la Edad Media, en nuestras culturas occidentales, eran extraños el uno para el otro. Esta incompatibilidad no es un fenómeno cristiano: las alusiones sexuales son rarísimas en el arte funerario grecolatino, si se exceptúa a los etruscos. Pero desde el siglo XVI , se han acercado, hasta constituir a finales del siglo XVIII un auténtico corpus de erotismo macabro. Casi todo el resto de las cosas de la muerte no ha cambiado: la solemnidad de las pompas fúnebres o la afectación de sencillez de los funerales continúan y amplifican tradiciones nacidas a mediados de la Edad Media. El cambio del arte de bien morir por la meditación sobre la melancolía de la vida, real pero discreto, no salta a la vista. El desplazamiento de los cementerios donde los excomulgados y los pecadores públicos tienen ahora su sitio se ha hecho en silencio, sin escándalo ni sorpresa. 

En los siglos XVII-XVIII es en el fondo del inconsciente donde se ha producido algo turbador: ahí, en pleno imaginario, el amor y la muerte se han acercado hasta confundir sus apariencias. Y esto se ha hecho, como hemos visto, en dos etapas. A finales del siglo XVI y durante la primera mitad del XVII , la época barroca, un mundo todavía desconocido de emociones y de imaginaciones ha empezado a bullir. Pero los movimientos provocados de esa forma acaban de alcanzar la superficie de las cosas, y los contemporáneos todavía no se han dado cuenta de ello. Sin embargo, las distancias entre el amor y la muerte se habían ya estrechado y los artistas estaban intentando sugerir sin saberlo semejanzas antiguamente ignoradas entre uno y otra. 

A partir de mediados del siglo XVIII , es un continente peligroso y salvaje lo que ha emergido realmente, haciendo aflorar a la conciencia colectiva lo que hasta entonces había sido cuidadosamente rechazado y que se ha expresado en las concepciones de la naturaleza violenta y destructora. La amplitud de este movimiento fue bien captada y analizada por G. Bataille, en un clima de surrealismo favorable a su comprensión. Tratemos, a modo de conclusión, de interpretar este gran fenómeno de lo imaginario. 

Durante milenios, el homo sapiens ha debido sus progresos a la defensa que ha opuesto a la naturaleza. La naturaleza no es ya una Providencia bien regulada y bienhechora, sino un mundo de aniquilamiento y de violencia que, si puede ser evaluado más o menos bueno o malo según la inclinación de los filósofos, siempre sigue siendo exterior, si no hostil, al hombre. El hombre ha opuesto por tanto la sociedad que ha construido a la naturaleza, a la que ha comprimido. La violencia de la naturaleza ha tenido que ser mantenida al margen del dominio reservado por el hombre a la sociedad. El sistema defensivo se ha logrado y mantenido por la creación de una moral y de una religión, por el establecimiento de la ciudad y del derecho, por la puesta a punto de una economía, gracias a una organización del trabajo, a una disciplina colectiva, e incluso a una tecnología. 

Esta muralla levantada contra la naturaleza tenía dos puntos débiles, el amor y la muerte, por donde siempre rezumaba algo de la violencia salvaje. La sociedad de los hombres tuvo muchísimo cuidado de reforzar estos dos puntos débiles. Hizo cuanto pudo para atenuar la violencia del amor y la agresividad de la muerte. Contuvo la sexualidad con prohibiciones que han variado de una sociedad a otra, pero que siempre han buscado moderar su uso, disminuir su poder, impedir sus extravíos. Asimismo, ha despojado a la muerte de su brutalidad, de su incongruencia, de sus efectos contagiosos, atenuando su carácter individual en provecho de la permanencia de la sociedad, ritualizándola y haciendo de ella un paso entre los demás pasos de cada vida, apenas algo más dramático. La muerte ha sido domada; y bajo esa forma primitiva la habíamos reconocido al principio de este libro (capítulo 1). 

Existía entonces cierta simetría entre los dos mundos de la sociedad humana y de la naturaleza. Una y otra eran continuas, estando asegurada la continuidad de la sociedad gracias a las instituciones y los códigos de moralidad tradicionales. Marchaban al mismo tempo, y entre ellas habían tenido lugar cambios, pero limitados por la costumbre y evitando que se transformaran en efracción. 

Ése era el papel de las fiestas, en efecto: abrir periódicamente las ventanas y permitir que la violencia penetrara durante algún tiempo. También la sexualidad era un dominio en el que, con grandes prudencias, se había dejado un lugar al instinto, al abandono del deseo y del placer. En ciertas civilizaciones, como entre los malgaches, la muerte era ocasión de un levantamiento temporal de las prohibiciones; en nuestras civilizaciones occidentales y cristianas el control fue más riguroso, la ritualización más constrictiva, la muerte estaba mejor vigilada. 

Sobre este fondo ceremonial, en el occidente cristiano, o cuando menos en sus élites, se produjo un primer cambio hacia mediados de la Edad Media. Un modelo nuevo apareció: el de la muerte de uno mismo. La continuidad de la tradición fue rota. La tradición había embotado a la muerte, para que no hubiese ruptura. Pero en la Edad Media, la muerte fue inventada como fin y resumen de una vida individual. La antigua continuidad fue reemplazada por una suma de discontinuidades. Fue entonces cuando la dualidad del cuerpo y del alma comenzó a imponerse en lugar del homo totus. La supervivencia del alma, activa desde el momento de la muerte, suprimía la etapa intermedia del sueño, a la que la opinión común había permanecido vinculada durante mucho tiempo. Privado de su alma, el cuerpo no era ya nada más que polvo restituido a la naturaleza. De cualquier modo, esto no tuvo grandes consecuencias mientras no se reconoció a la naturaleza una personalidad demiúrgica, rival de Dios. 

Por otro lado, la sustitución de una serie de discontinuidades biográficas por la continuidad primitiva no era todavía universal y el modelo antiguo de la muerte domada seguía subsistiendo. Por eso la relación entre el orden de lo humano y el desorden de la naturaleza no había sido afectado realmente antes del siglo XVI . El sistema de defensa resistía bien. Comenzó a agrietarse en el momento de las grandes reformas religiosas, católicas y protestantes, de las grandes depuraciones del sentimiento, de la razón, de la moralidad. 

El orden de la razón, del trabajo, de la disciplina se doblegó en los emplazamientos de la muerte y del amor, de la agonía y del orgasmo, de la corrupción y de la fecundidad; pero estas primeras brechas fueron al principio cosa de lo imaginario, que a su vez preparó el paso a lo real. 

Por estas dos puertas hizo irrupción el salvajismo natural en la ciudad de los hombres, en el momento en que ésta, en el siglo XIX , se disponía a colonizar la naturaleza y empujaba cada vez más allá las fronteras de una ocupación técnica y de una organización racional. 

Se diría que, en su esfuerzo por conquistar la naturaleza y el entorno, la sociedad de los hombres abandonó sus viejas defensas alrededor del sexo y de la muerte; y la naturaleza, a la que podía creerse vencida, refluyó en el hombre, entró por las puertas abandonadas y le prestó el salvajismo. 

A principios del siglo XIX todo esto está muy lejos aún de hallarse consumado en la práctica, pero las señales de angustia se han encendido. Los fantasmas del marqués de Sade aparecen como presagios de apocalipsis. Muy discretamente, pero muy eficazmente también, algo irremediable ha intervenido en las relaciones milenarias entre el hombre y la muerte.


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