Abrir la Participación

Mauricio Castaño H
Historiador

http://colombiakritica.blogspot.com.co/

 

Los tiempos pasan y tras ellos los cambios se hacen necesarios. Lo que ayer era apropiado, hoy se ha vuelto caduco. ‬La democracia Participativa en Medellín, el conocido Presupuesto Participativo o el PP ya tiene edad avanzada. Han pasado cuatro gobiernos desde el 2004, sin contar la década atrás con los llamados Poia o planes operativos anuales de inversión que tan sólo consultaban a las comunidades. Aquel más perfeccionado en tanto democracia directa, las decisiones son tomadas por los delegados comunales, por la ciudadanía organizada, mientras que aquel, el poia, tan sólo llegó a hacer un procedimiento consultivo, todo lo demás lo decidía el gobernante.

Hoy con todo este tiempo recorrido, la ciudad debate cómo mejorar este ejercicio de democracia imperfecta denominado Planeación Local y Presupuesto Participativo, más conocido por estas dos últimas palabras con sus dos iniciales PP, la comunidad, la ciudad entera introyectó esta denominación, sonora, ágil y pronunciable de un solo golpe: pepé. Y aquí se visibiliza un problema a corregir: la preferencia monetaria opaca el sentido de la participación al dejar de lado el interés por las problemáticas que urgen, que son comunes, necesarias, posibles y deseables.

Por lo demás, la experiencia enseña que las palabras tienen poder, evocarlas ya de por sí solas son taxativas, son mandato, entonces la referencia de Presupuesto se refiere a pesos, a dinero, es la primera evocación, la cual fue tomada muy a pecho por la comunidad, pues en las comisiones y asambleas la discusión protagónica es el techo presupuestal. Las gentes se vuelcan sobre el recurso en un tire y afloje perdiendo la perspectiva del desarrollo territorial. Insistimos que dicha lógica enceguece la participación y no dejan ver las problemáticas locales y de ciudad, sólo emerge un reguero de propuestas improvisadas y muy pocas son las pertinentes. Bienvenido el cambio que se propone!

La discusión por el dinero hace perder la perspectiva del desarrollo territorial. Y es así como la categoría de participación se echa a perder. Entre paréntesis recordemos que los impactos o son intangibles o no se compadecen con los recursos invertidos que superan los dos billones. Los electos son un universo de aproximados tres mil delegados en toda la ciudad, y quienes los votan son tan sólo el dos por ciento de una población total de casi tres millones de habitantes. Y es aquí donde viene un escollo a superar: aumentar la participación, “abrirla dice el concejal Ricardo Yepez.”

Pero detallemos esta segunda palabra del PP que es la Participación, es la gente, las comunidades y más específicamente los líderes barriales, quienes fueron elegidos como delegados, en otras palabras, esto equivale todavía a una democracia representativa, aún es una participación muy restringida, por ejemplo, en una comuna equis de las veintiuna que existen en la ciudad, llega a tener 130 mil habitantes y elige en una jornada de votación a 120 representantes o delegados. Y con relación a la ciudad la participación es pobre, pues sólo un 2% de ciudadanos salen a votar, y con relación al impacto sólo 10% sabe que existe el PP.

Aquí son justificables los deseos de la actual administración de proponerse en abrir más la participación, en pensar estrategias que involucren más a un alto porcentaje de ciudadanos. Se piensa bien cuando se proponen metodologías directas de votación a través de las redes sociales que facilitan la cobertura deseada, permitiendo que más personas se involucren en las decisiones, eso sería una verdadera democracia directa evitando en lo posible las intermediaciones, los intermediarios. Son, como ya se dijo una representación muy pequeña, y agreguemos que los metodologías de votación o de consulta siguen siendo muy rudimentarias comparadas con las posibilidades que se tienen hoy, con el voto electrónico y con las redes sociales que facilitan y garantizan que un gran número de ciudadanos participen con un simple clic desde la comodidad en su casa. Es pertinente aquí hacer otro paréntesis para anotar la gestión de sus problemáticas que hacen mandatarios y comunidades con el twitter y Facebook en España.

Se piensa bien cuando se quiere dejar un solo Sistema de Planificación para la ciudad, es la vía recomendada en el mundo del desarrollo y de la transparencia, pues bien es sabido que los sistemas complejos se convierten en inoperantes y se prestan para la confusión, para crear el caos, y donde no hay control ni seguimiento ni mucho menos evaluación de dudosa ejecución, entonces aparece la corrupción, aparecen los amigos de lo ajeno del recurso público. Las intenciones del proyecto de acuerdo 055 son pertinentes y rescatan lo bueno de los Acuerdos 043 de 1996 y 2005. Es necesario el diseño de un solo sistema que controle todo el universo propuesto, la simplicidad es el arte de la eficiencia, del control permanente en el aquí y en el ahora.

Esperamos que la ciudadanía esté a la altura del momento y superen las posturas que no quieren el cambio o los intereses políticos que contaminan el sano debate y generan confusión. No es serio afirmar que todo el PP está en manos de la delincuencia. Ningún organismo de control ha dicho tales palabras mayores. Pues las obras están ahí: Becas de educación superior para los jóvenes de los estratos más bajos que por lo demás, sin esa ayuda jamás hubieran podido ingresar a los estudios superiores. Ahí están los
box culvert que detuvieron el riesgo de aplastar familias enteras, pasamanos que evitaron que los niños se cayeran al rio, simplemente ahí están esas vidas salvadas. Ahí están las personas con una autoestima alta, alegres porque pudieron acceder a una prótesis dental. La lista es grande pese a ser regueros y no proyectos de ciudad que generen alto impacto.

Incluso ahí esta lo oprobioso que no invalida lo bueno hasta ahora logrado. Nos referimos a las  malas prácticas, del codo que borra lo bueno hecho por la mano pero que no comprometen el grueso del presupuesto, la referencia es a las malas prácticas de líderes sociales tales como los paseos forzados en playa, brisa y mar y muchas veces disfrazados con la palabra mágica de Fortalecimiento a las organizaciones. Todos los logros, todo lo tergiversado es lo que se pretende corregir. Buen viento y buena mar deseamos a los constructores del buen cambio.

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Naturaleza Humana

Entrevista a Noam Chomsky

Noam Chomsky : “Es evidente que existe una naturaleza humana”
Mis en ligne le 16/02/2017 | Mis à jour le 16/02/2017
Noam Chomsky en 2017 © Édouard Caupeil

De paso por París, al día siguiente de la elección de Donald Trump a la presidencia de los EE. UU., el célebre lingüista y filósofo Noam Chomsky –quien también es un crítico feroz de la propaganda de los mass-media y del imperialismo norteamericano– nos concedió una entrevista exclusiva. Remontando el hilo de su itinerario y de su obra, la idea de naturaleza humana aparece como el resorte de lucha contra todos los poderes.

«Focus on what matters !» (« ¡Concéntrese en lo que importa! »), le responde Noam Chomsky a una joven que le pregunta: «¿Qué hacer, aquí y ahora, señor Chomsky?». Estamos en el Centro Wallonie-Bruxelles, en  París, donde el lingüista acaba de ser condecorado con la medalla de oro de la Sociedad internacional de filología. La ceremonia se iba a realizar en la Asamblea nacional, pero –debido a oscuras presiones – el grupo socialista que debía acogerlo cambió totalmente de opinión. Philosophie magazine, que tenía cita con el filósofo esa misma mañana, lanzó un llamado al público para que el evento pudiera tener lugar. Eminente lingüista, Chomsky es también un intelectual comprometido que a menudo se despacha contra la propaganda de los media y contra el imperialismo gringo. Pero las conexiones entre las ideas del filósofo sobre el lenguaje y sus tomas de posición políticas no es evidente, a tal punto que algunos han podido creer que había dos Chomsky. Sin embargo es claramente un solo y mismo hombre el que hemos interrogado, sobre su visión de la elección de Donald Trump, sobre su vida, su obra. En todos esos registros, su pensamiento zanja con nuestros hábitos intelectuales. A partir de Lévi-Strauss, Foucault y Derrida buscamos el signos de la libertad en la plasticidad humana y la multiplicidad de las culturas. Por su parte Chomsky defiende la idea de una naturaleza humana inmutable y de estructuras mentales innatas, y en ella encuentra el fundamento de nuestra libertad. Si fuésemos realmente maleables, nos da a entender, si no tuviésemos la roca de la naturaleza, no tendríamos la fuerza de resistir. Y de concentrarnos en lo esencial cuando todo está hecho para distraernos.


Noam Chomsky en 7 fechas • 1928 Nace el 7 de diciembre en Philadelphia • 1945 Estudia filosofía y lingüística en la universidad de Pennsylvania • 1961 Nombrado profesor en el departamento de lenguas modernas y de lingüística en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston.
• 1967 Llamando a la «responsabilidad de los intelectuales» (título de una de sus obras) contra la guerra del Vietnam y sosteniendo a los desertores del ejército con un «Llamado a la resistencia contra toda forma de autoridad ilegítima», termina por imponerse como uno de los críticos más virulentos de la política exterior de los USA
• 1979 Polémica en Francia en torno al apoyo que él brida a la libertad de expresión de las tesis negacionistas de Robert Faurisson.
• 1988 Publica La Fábrica del consentimiento
• 2016 Recibe la Medalla de oro de la Sociedad internacional de filología, en Paris La elección de Donald Trump a la presidencia de los EE. UU.


La elección de Donald Trump a la presidencia de los EE. UU. ¿marca según Ud. la entrada a una nueva era política?


Noam Chomsky: Tomemos una cierta distancia. Al salir de la Segundo Guerra mundial, el 6 de agosto de 1945 para ser precisos, nació una nueva era: la era nuclear. Con el arma atómica, la humanidad adquirió los medios de ponerle fin a su propia existencia. Con la diseminación de la nuclear, muchos insidentes no han colocado a algunos minutos del desastre. Sin embargo las oportunidades que se han  resentado luego para reducir o eliminar la amenaza, han sido ignoradas todas. Actualmente incluso, en la frontera rusa, el nivel de riesgo es elevado. Las cosas están pues bastante claras: o logramos ponerle fin a la edad nuclear, o será ella la que ponga fin a nuestra existencia. Pero lo que no sabíamos todavía en 1945 era que una segunda era había comenzado en el mismo momento: el Antropoceno, definido por el impacto destructor de la humanidad sobre el entorno y la extinción de las especies. Hace algunos meses, en el Congreso internacional de geología, los científicos recomendaron que el año 1945 sea considerado de ahora en adelante como el alba de esta nueva era geológica. El Antropoceno pues ¡comenzó en el mismo momento en que lo hizo la era nuclear! Y estas eras corren el riesgo de converger mañana, cuando las migraciones climáticas y los conflictos en torno al agua comprometan potencias nucleares <como la India y Pakistán>. El fin de la Segunda Guerra mundial aparece pues claramente como el momento en que la humanidad se instaló en una marcha disciplinada hacia el precipicio, una marcha tanto más misteriosa en cuanto que es disciplinada. Y el 8 de noviembre de 2016 nos ha hecho hacer un paso suplementario en esta marcha disciplinada hacia el desastre.

¿Sería la elección de Donald Trump un acontecimiento histórico tan importante como el Antropoceno?

Si juzgamos por el eco mediático que ha tenido el evento, no sería extravagante decir tal cosa. Vea no más la cubierta de la revista alemana que Der Spiegel dedicó al suceso: se ve la cabeza de Trump con sus cabellos en fuego y la boca abierta, que golpea con la tierra, como lo hizo el asteroide gigante que destruyó los dinosaurios en la precedente extinción de las especies. Y todo está acompañado con el título «El fin del mundo (tal como lo conocemos)». Sin embargo lo que hace del 8 de noviembre un día histórico no es tanto la elección de Trump, que ha focalizado toda la atención, sino otro acontecimiento que paso desapercibido; en Marrakech, en Marruecos, en el marco de la COP22, la Organización metereológica mundial rindió un informe mostrando que los cinco últimos años han sido los más calientes jamás registrados, que los glaciales funden más rápido que lo previsto y que el nivel de los océanos trepa por consiguiente. La conferencia de Marrakech estaba llamada a implementar los acuerdos de COP21 concluido en París el año anterior entre 200 países, entre los cuales EE. UU. y la China. Ahora bien, Trump anunció que él esperaba retirarse de tal acuerdo. Cuando la noticia de su elección cayó en Marrakech, súbitamente, todas las esperanzas parecieron vanas. Pero el espectáculo que produjo el colmo de la sorpresa fue que el único país que persistió voluntariamente en la exigencia ecológica fue… ¡China! Semejante régimen autoritario y opresivo resulta estar ahora a la cabeza de la lucha por preservar las esperanzas de la civilización, mientras que el líder del mundo libre pasa al primer lugar de las potencias que buscan destruir el planeta. Esto es claramente lo que hace del 8 de noviembre un día «en el que el mundo ya no es lo que era ».

¿Por qué una parte del pueblo estadounidense se reconoce en Trump?

Muchas décadas de políticas neoliberales causaron el estancamiento y la decadencia de la gran mayoría de trabajadores, mientras que las riquezas se concentraban en las manos de una minoría. Los trabajadores del mundo entero puestos a competir han desviado su cólera hacia otras personas más vulnerables aún, a las que se responsabiliza de su situación. Tienen la impresión de estar en la fila desde hace tiempos, de haber trabajado y defendido los valores de Norteamérica. Que por encima de ellos una minoría muy rica se desarrolla en la estratósfera de la nueva economía, y eso no les molesta, hace parte del sueño americano. Por el contrario, que los que acaban de llegar, que están detrás de ellos en la fila, sean ayudados por el gobierno federal y que eventualmente puedan pasar delante de la fila, eso es algo que suscita su resentimiento.

Según Ud. ¿cuál será la línea política de su administración?

El hombre es imprevisible. Todo es posible. Pero las grandes políticas han sido fijadas por Paul Ryan, el intelectual del partido republicano que está a la cabeza del Congreso y que busca proseguir las políticas neoliberales. Parece que Trump está decidido a invertir en infraestructuras, un proyecto de Obama bloqueado por los republicanos. Quién visite los EE. UU. podrá ver hasta qué punto el problema es serio. Los EE. UU. me hacen pensar en la devastación que la guerra había dejado en la Europa de comienzos de los años 1950. Sin embargo, el asunto es saber cómo actuar. Habitualmente es del presupuesto nacional donde se financian directamente las infraestructuras. Pero esto no es lo que va a hacer Trump. Espera distribuir subvenciones públicas a las compañías privadas para incitarlas a producir infraestructuras con las que se podrán quedar y de las que sacarán el máximo provecho. Distribuir los dineros del contribuyente a las empresas privadas esta no me parece una política muy eficiente.

Se habla de una era marcada por el fin de la verdad en política. Esto no sería nada nuevo. Si Ud. nació en la EE. UU. le han contado que la revolución americana estuvo inspirada por el deseo de emancipación de todo un pueblo contra la tutela inglesa. En realidad los líderes de la revolución americana eran todos, excepto John Adams, propietarios de esclavos y partidarios del exterminio de los indios. Rompieron con Inglaterra en el momento en que se enteraron que los ingleses iban a desterrar tales prácticas. Es tan simple como eso. Pero no vayamos tan lejos; considere no más la segunda guerra de Irak en el 2003 por parte de los americanos sobre la base de mentiras vergonzosas de la administración Bush.

¿Alguna vez ha sido reconocida como una agresión mentirosa? ¿Han sido juzgados los crímenes cometidos? Aplauden hoy a Obama porque dijo que había sido un “error”. ¿No le parece que es muy poco? ¿Está la política fundada en mentiras?

Digamos que incluye muchas mentiras. Y que los espíritus críticos muy rara vez logran estallar las mentiras colectivas. Pero esto también vale para la historia intelectual. ¿Quién tuvo que beber la cicuta? El hombre que fue condenado por corrupción de la juventud en Atenas, porque planteaba demasiadas preguntas… Sin embargo las cosas pueden cambiar. Depende de nosotros concentrarnos en los verdaderos retos… y no en los tweteres de Donald Trump. Esto tiene que ver con el debate intelectual y se lo puede cambiar. Las cosas están en la superficie, accesibles.

Hay que desarrollar una política de la atención. Volvamos sobre su itinerario. Ud. nació en Filadelfia en 1928, de padres inmigrantes huidos de Rusia. 


Mi padre era originario de un pueblito medieval de Ucrania. Abandonó Rusia en 1913 para escapar del reclumatamiento que se hacía de los niños judíos para el ejército, reclutamiento que equivalía a una sentencia de meurte segura. Mi madre era originaria de una ciudad de la actual Bielorusia, vino a los EE. UU. cuando aún era una niña. Su familia buscaba escapar de los pogromas.

Niño, Ud. fue a una escuela progresista inspirada en las ideas del filósofo John Dewey, al mismo tiempo que crecía en un medio de inmigrantes judíos. ¿Cuál era el clima de la época?


La lengua materna de mis padres era el yiddish pero extrañamente yo nunca escuché una sola palabra en la casa. Había en la comunidad de inmigrantes judíos de la época un conflicto cultural entre los partidarios del yiddish y los partidarios del hebreo, más moderno. Mis padres estaban del lado del hebreo. Mi padre lo enseñaba en el colegio. Y yo lo estudié con él desde pequeño, leyendo Biblia y literatura hebraica moderna. Mi padre también estaba interesado por las ideas nuevas en educación.
Entonces entré, como Ud. lo acaba de recordar, a una escuela experimental inspirada por Dewey: estimulación por la experimentación, espíritu crítico, creatividad… No había notas ni competencia entre los alumnos. Incluso me salté un año sin que nadie se diera cuenta. Fue cuando volví a entrar al sistema clásico, a los 12 años, que comprendí que era buen estudiante. Antes de eso nunca tuve notas ni fui evaluado.
Pero el regreso al sistema competitivo clásico fue muy doloroso, incluso si ya casi no me acuerdo de nada. Fue como un hueco negro. En cuanto al clima en el barrio, era ambivalente. Éramos la única familia judía, rodeados de catolicos irlandeses y de alemanes pronazis. No se hablaba en la casa; en la época los niños no contaban lo que se vivía afuera. Pero lo más extraño era que esos niños que regresaban de sus instructores jesuitas con la cabeza llena de discursos antisemitas, abandonaban todo aquello los fines de semana cuando se encontraban para juega béisbol.


Ud. se interesó muy pronto en la política. Ud. escribió su primer artículo de prensa a los once años, sobre la guerra civil española…

Fue cuando cayó Barcelona, en 1939. El artículo en cuestión trataba de la expansión del fascismo en Europa. Algunos años más tarde, me apasioné aún más por la guerra civil española que permitió ver la manera como los comunistas habían aplastado a los anarquistas antes que el fascismo ganara. Leía la prensa de izquierda y estaba al tanto del apoyo secreto que una parte de las potencias occidentales, americana incluida, le daban a Franco. A partir de los doce años pasé cantidad de tiempo en los locales de los anarquistas de Nueva York, en librerías frecuentadas por inmigrantes, especialmente españoles, al mismo tiempo que participaba en las discusiones de una franja un tanto alejada de mi familia que pertenecía a la clase obrera judía radical. Mi tio poseía un kiosco de periódicos. Fue allí donde me eduqué políticamente. La atmósfera de los años 1930 era muy diferente de la actual. Objetivamente era peor; había más pobreza y sufrimiento, pero psicológicamente era una época llena de optimismo y de esperanza. Todas las miradas estaban fijas en el futuro. El Estado providencia estaba menos desarrollado, pero la administración tenía un ojo benévolo sobre las reivindicaciones populares, y estaba obligado de responderlas. Eso era bien distinto al clima actual de desilusión y de resentimiento. Incluso si no es el caso entre los jóvenes, el sentimiento que domina es que no se puede hacer nada.


¿Fue porque creció en medio de muchas lenguas qeu el lenguaje se volvió la gran preocupación de su vida?

Se debió a una razón de fondo que se me apareció bien pronto, y que nunca dejé de cultivar desde entonces: hay una propiedad fundamental del lenguaje que aparece desde que uno se inclina sobre el fenómeno de la palabra. Todo locutor, Ud. y yo, integró un sistema finito de reglas que le permite producir una infinidad de expresiones significantes. Es el corazón del lenguaje, lo que hace de él una propiedad única y específica de los seres humanos. Ahí se tiene la fuente de toda la creatividad de la que somos capaces. La concreción de nuestra humanidad. Algunos filósofos clásicos como Descartes o los miembros de la escuela de Port-Royal abordaron este problema de frente. Pero ellos son pocos. A mediados del siglo XX, nuevas herramientas intelectuales salidos de la revolución de la información estaban disponibles y permitían pensar esa combinación infinita a partir de elementos finitos. Traté de adaptarlos al problema central del lenguaje y del espíritu.

Cuando Ud. comenzó a trabajar, el estructuralismo y el conductismo eran dominantes. Para ellos, el lenguaje es un sistema arbitrario de signos, adquirido por la educación, cuya función principal es comunicar en una comunidad cultural dada. Ud. se opone a esa concepción y sostiene que el lenguaje es una estructura universal, dada con la naturaleza humana y cuya función no es comunicar sino expresar sus pensamientos.

¿Qué es lo que hace que reconozcamos una serie de palabras como una frase “correcta” de nuestra lengua? Cuando me dediqué al asunto estaba establecido que una frase es gramatical si y solamente si significa algo. Ahora bien, ¡eso es totalmente falso! Pongamos un ejemplo. Voy a decir dos frases desprovistas de sentido: “Ideas verdes sin color duermen furiosamente” [“Colorness green ideas sleep furiously”] “Furiosamente duermen las ideas verdes sin color” [“Furiosly sleep ideas green colorness”]

Todo el mundo estará de acuerdo en reconocer que la primera es correcta, a pesar del hecho de que su significación es oscura. Mientras que la segunda no solamente no tiene sentido, sino que es inaceptable. Un locutor pronunciará la primera con una entonación normal y tratará de proponer una interpretación, mientras que tropezará en cada una de las palabras de la segunda; y podrá memorizar la primera mucho más fácil. ¿Qué es lo que hace la primera aceptable y excluye la segunda, sino es el sentido? Yo respondo: el hecho de que esté conforme con el conjunto de los principios y de las reglas de construcción de una frase de los que dispone todo locutor que hable esta lengua.

¿Cómo se pasa de la gramaticalidad propia de cada lengua a la idea más especulativa que el lenguaje sería una estructura universal de la que estaría dotado todo espíritu humano?


Partamos del funcionamiento bastante extraño del pronombre en la lengua francesa. Cuando digo que “John cree que él es inteligente”, el “él” puede remitir tanto a John como a otro fulano. Por el contrario cuando digo “John lo cree inteligente”, en este caso, el “lo” no puede referirse sino a alguien distinto de John. Un niño que hable francés lo comprende perfectamente, incluso en momentos en que evidentemente no se le ha enseñado, cosa que también ocurre con los adultos. Pues sería difícil imaginar que regla o que experiencia permitiría adquirir esta información. Las experiencias muestran que desde los 3 años, los niños comprenden que las reglas del lenguaje son estructuralmente dependientes la una de las otras, y que se conforman sin que uno se las enseñe expresamente. Todos los que hablan francés saben esto independientemente de un aprendizaje o de una experiencia. Algo está pues implantado en nosotros que nos permite comprender e integrar esas reglas por nosotros mismos.

Es lo que Ud. llama la gramática universal…

Es el conjunto de los principios inmutables de nuestro espíritu que nos permite hablar y aprender las lenguas. Esta gramática se particulariza en una serie de lenguas que son otras tantas opciones particulares en el seno de esta gramática universal. Por ejemplo el inglés y el francés son lenguas centrífugas donde el elemento central ocupa el primer lugar, mientras que el japonés es centrípeto. En japonés no se dice “John golpeó a Bill” sino “John Bill golpeó”. Pero más acá de estas variaciones, estamos obligados a presuponer una « forma interior del lenguaje», para citar a Wilhelm Von Humboldt [filósofo y lingüista prusiano, 1767-1835], una potencia generadora independiente de las variaciones individuales y culturales.
La idea de que el lenguaje es ante todo un fenómeno interior le ha conducido a afirmar que el lenguaje no sirve o sirve muy mal para comunicar…
Utilizamos sin cesar el lenguaje para comunicar, pero en realidad él no está construido para la comunicación. La estructura del lenguaje está modelada de manera que satisfaga las condiciones de una computación eficaz, de una composición significante de elementos, pero ignora las condiciones de una comunicación eficaz. Existen numerosísimos ejemplos de conflicto entre esas dos actuaciones, expresar y comunicar su pensamiento. En cada caso, la actuación comunicacional es sacrificada.

Y esto tiene que ver con que el lenguaje es un sistema de reglas que el espíritu despliega libremente. Considere una pregunta tan simple como “¿Qué lees?”

[« What do you read ?»]. normalmente, su interlocutor debe comprender inmediatamente que esto quiere decir “¿qué libro lees?”. Pero esto presupone de hecho que su espíritu llene los vacíos entre “¿qué” y “lees?”. Al final el espíritu entiende: “¿qué libro lees, qué libro?”. Mientras que los oídos sólo han percibido una distancia. Cuando son mal comprendidos esos huecos pueden parasitar la comunicación, pero esto tiene que ver con razones internas al lenguaje. El sistema combinatorio interno que me permite producir la frase es el mismo que la hace equívoca para mi interlocutor.

Si el lenguaje es un sistema combinatorio ¿significa esto que los ordenadores podrán hablar algún día?

Los computadores no hacen nada, literalmente. Lo que hace cosas es el programa, es decir una teoría que es implementada en el computador. La teoría debe ser evaluada como todas las teorías. Pero por sí misma, ella no hace nada.

¿Pero acaso los programas de inteligencia artificial no pretenden general conversaciones entre el hombre y la máquina?

Reina una gran confusión en estos asuntos. Tomemos el ejemplo de la comunicación de las abejas, su famosa agitación bailarina. Ud. puede tomar millones de videos de abejas que vuelan, hacer un análisis estadístico y buscar predecir el comportamiento de las abejas sobre esa base. Y esto no le va a dar acceso a la lengua de las abejas. La apuesta de las ciencias no es enfocarse en los fenómenos sobre una base estadística.

Es como si Ud. dijera: no tenemos necesidad de hacer física porque podemos tomar millones de videos de los cuerpos que caen y se escapan, hacer su análisis estadístico, y predecir su comportamiento. Lo que es extraño es que si se toma en serio un enfoque estadístico del lenguaje humano que se niega a usar para el lenguaje de las abejas o para el movimiento de los cuerpos. Google Traduction es una herramienta que puede ser útil, pero no tiene más que ver con una producción de lenguaje de lo que tendría que ver el enfoque tenido sobre la comunicación de las abejas.
Científicamente, es una perdida de tiempo.

Según Ud., el lenguaje no designa cosas sino significaciones. ¿esto es un tanto contra-intuitivo?

Una de las primeras cuestiones que plantea la filosofía es la de Heráclito. ¿Cómo se puede atravesar dos veces seguidas el mismo río? ¿Qué es lo que hace que sea el mismo río?
 Bajo el ángulo del lenguaje, conduce a preguntarse cómo dos cosas físicamente diferentes pueden ser designadas por el mismo término.

Ud. puede cambiar su composición química o invertir su sentido; el río seguirá siendo siempre un “río”. Por el contrario, si Ud. le pone barreras a los lados y lo utiliza para hacer pasar petroleros, se volverá un “canal”. Si luego, Ud. modifica su superficie, y se sirve de ella para desplazarse por el centro de la ciudad, lo volverá “una autopista”.

En suma, grandes cambios en lo real no le impiden continuar siendo río a un río, y pequeños cambios tienen el poder de hacerlo mutar. Esto porque un río es un concepto, una construcción del espíritu, antes de ser una cosa. Ya Aristóteles lo había subrayado. Extrañamente, el único lenguaje que se refiere directamente a las cosas es el lenguaje animal. Los animales tienen acceso a los símbolos pero los utilizan como signos; un grito de un mono acompañado de tales movimientos será considerado de manera unívoca por sus camaradas como una señal de alerta. Y todos huirán. Aquí el signo remite claramente a acontecimientos reales o a objetos exteriores. Ud. no tiene necesidad de saber lo que pasa en el espíritu de un mono para saber cómo funciona eso. El lenguaje humano no tiene esa propiedad, fundamentalmente no es referencial.


Ud. dice que el lenguaje no está ligado a las cosas, que es una producción del espíritu. Sin embargo Ud. recusa la idea de que las lenguas recortan diferentemente el mundo en función de la riqueza de su léxico.  ¿Qué suerte le deja entonces Ud. a las diferencias entre las lenguas y, por ejemplo, al hecho de que tal lengua distingue entre el rojo y el malva, y esa otra no?

Si observa con detenimiento, las diferencias entre las lenguas son a menudo superficiales. Las lenguas que no disponen de una palabra específica para el color “rojo” tendrán la expresión “como la sangre”. La palabra “río” cubre un amplio espectro en japonés o en swahili. Por el contrario, el inglés distingue entre un “río” (“river”), un riachuelo (“brook”) y un torrente (“stream”). Pero el núcleo de significación “río” está uniformemente presente en todas las lenguas. Y lo está por una razón simple: los niños no tienen necesidad de haber experimentado todas las formas de río, ni haber aprendido todos los matices del término “río” para acceder a tal núcleo de significación. Hace parte naturalmente de su espíritu y está uniformemente presente en todas las culturas.

¿Ud. es conciente de que es una de los últimos filósofos que sostienen la idea de una naturaleza humana?

No hay ninguna duda, existe una naturaleza humana. Nosotros no somos monos, ni gatos, ni sillas. Tenemos pues una naturaleza que nos distingue. Si no existe naturaleza humana esto significa que no hay diferencia entre yo y una silla. Es ridículo. Y una de las componentes fundamentales de la naturaleza humana es su capacidad de lenguaje. Es una propiedad que el ser humano adquirió en el curso de la evolución, pero que es propia de la especie y a la que todos tienen igualmente acceso; no se conoce grupo humano que tenga capacidades de lenguaje inferiores a las de otros. En cuanto a las variaciones individuales, ellas son marginales.

Si Ud. toma un niñito de una tribu amazónica que no ha tenido ningún contacto con otros humanos durante veinte mil años, y Ud. lo trasplanta a París, muy rápidamente hablará francés.

No hay subdivisión en la capacidad de lenguaje. Todas las investigaciones en paleoantropología como en neurociencia confirman hoy esta idea. Es una articulación necesaria. No hay creatividad sin sistema de reglas. Ud. puede ser creativo pintando un cuadro medieval con sus convenciones religiosas, o escribiendo sonetos. Cada vez requiere un marco.

Me gustaría volver sobre una polémica que data de 1979 pero que, después, impidió mucho la recepción de su trabajo en Francia. Ud. firmó una petición a favor del derecho de expresión del negacionista Robert Faurisson que cuestionaba la existencia de las cámaras de gas. Y Ud. luego redactó un texto de explicación que fue publicado, sin su consentimiento, como prefacio a un libro de Faurisson.

Ese asunto es extraño, me persigue en efecto cada vez que vengo a Francia, cuando ningún periódico en Francia ha aceptado desde entonces publicar mis respuestas argumentadas. En el fondo se trata de un conflicto sobre dos concepciones de la libertad de expresión. La primera es estalinista: si a mi no me gusta lo que Ud, dice, Ud. no tiene derecho de decirlo y se va a prisión. Pero hay otro, que es el de Voltaire y el de la Ilustración francesa: defender la libertad de expresión significa entonces defender la libertad de expresión para las opiniones que Ud. detesta. En la época, no se le reprochaba tanto el defender el derecho de expresión de Faurisson como el aportarle una caución moral y científica a sus posiciones negacionistas, hablando de su trabajo como de una “investigación profunda y seria del Holocausto”…

A Faurisson lo echaron de la Universidad, fue perseguido y juzgado ante un tribunal por sus publicaciones. Eso fue lo que me molestó. A mi me parece que se actúa así por una visión estalinista de la libertad de expresión. Si se arresta a personas porque dicen cosas falsas, muy pronto ya no habrá suficientes guardias para meter a la gente en prisión… Hannah Arendt sostenía que si los hechos históricos, como el Holocausto, adquieren el mismo estatus que las opiniones, no habrá más historia ni mundo común…

No hay necesidad de evocar a Hannah Arendt. La distinción entre hechos y opiniones es evidente para todo el mundo. Pero esto no autoriza a censurar y a meter a la cárcel a los que enturbian esta distinción.

¿No se arrepiente pues de nada? 


Yo no habría hecho nada si Faurisson no hubiese sido sacado de su profesión y llevado al tribunal. En este momento en Turquía, intelectuales, universitarios, académicos están siendo llevados al tribunal… El principio de la libertad de expresión no tiene excepciones.

Entrevista hecha y traducida por Martin Legros
Jefe de redacción.


tr. Luis. Alfonso Paláu, Medellín, febrero 22 de 2017

Tomado de: Magazine Philoshophie nº 107, marzo de 2017.
Noam Chomsky : “Es evidente que existe


Noam Chomsky en 2017 © Édouard Caupeil pour Philosophie magazine

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Caminar la Ciudad

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica



Los ojos sí ven pero el corazón no siente. Sucede con la peligrosa rutina, de tanto ver ya no ves, todo se vuelve parte del paisaje. El bosque no deja ver los árboles! Caminar las calles de Medellín como las de Bogotá o Cali reflejan el paisaje colombiano de la inequidad, de las grandes desigualdades entre los pocos que tienen mucho y los muchos que poco tienen. Comprensible que la capital antioqueña sea la ciudad más inequitativa de Colombia entera. Además durante varios cuatrienios ocupa los peores lugares en las pruebas que dan cuenta de la calidad educativa, esto pese a que los mandatarios la declarasen como su prioridad.

Caminar las calles de la ciudad es presenciar miles de venteros ambulantes informales que se toman las aceras y las calles, muchos de ellos son puestos allí como recompensa política, sus permisos son de ley, esto equivale a la privatización del espacio público por parte de los mismos hombres de Poder, en contravía del deber ser de los bienes comunes, del espacio público que debería resguardarse para el disfrute de todos, para la libre circulación.




Pero decía del caminar por aquí y por allá es encontrarse con la licuadora loca del mundo de la exclusión, pobres y más pobres, ladrones y más ladrones que quieren arrebatar lo ajeno para asegurar una miga de pan. Pillos aquí y allá que despliegan su gran empresa criminal con sus millonarias cobranzas semanales a los pequeños, medianos y grandes negocios a cambio de protegerlos de los atracos, del hampa. Y quien no paga, los pillos mismos mandan a robarlos. Y como último recurso sobreviene el asesinato, es parte del negocio, business is business. Sabido es que la muerte violenta produce escarmiento, pues el miedo producido mantiene el respeto requerido para el ejercicio criminal.


Es una metodología ya muy usada que es de gran rentabilidad y de eficaz propagación, que advierte del miedo que se le debe guardar al verdugo. Por toda la ciudad pululan bandas criminales en disputa de los territorios que controlan sus plazas o negocios del vicio o del micro tráfico, hace tiempo hablan de más de doscientos grupos, que se incrementan día tras día con miles de muchachos que esperan parados en las esquinas de los barrios la más mínima seña para emplearse en su única oferta laboral que tienen en sus vidas.


Caminar y caminar, pasas del cuchillo a la bala asesina, a las calles de las bacanales, del sexo y las drogas. Hombres en chanclas y bermudas, muchos de ellos malolientes y con un español atropellado van en busca de los excesos de la vida, van apresurados como vergas andantes en busca de una sonrisa vertical, todo lo que puedan permitirse con la conversión del dólar. Es maravilla esa proporción de uno a tres mil, allá, allá en sus países de origen simples peones ordinarios, acá hechos todos unos príncipes, ello explica esa afluencia en masa de rancheros gringos en busca del paraíso perdido, en busca de la gran vida de Reyes, como en el ajedrez un peón puede alcanzar el valor de un rey.

La ciudad celebra su renglón de turismo. El comercio sexual se posiciona fuerte en la Medellín primaveral, variados portales en la web ofrecen el cuerpo deseado, las adolescentes son cada vez seducidas por las pagas generosas que no tienen cuando alcanzar en otro espacio laboral. Es toda una cadena productiva que las autoridades celebran como ciudad turística, claro, sólo resaltan las sucias ganancias pero nada dicen del saldo de miseria: niños prostituidos, adolescentes inducidos al consumo de estupefacientes y usados sexualmente como depósitos de semen de turistas lujuriosos. Y las ganancias no circulan, quedan en los grandes inversores de los paquetes turísticos, en la ciudad sólo queda la suciedad en las calles, los jóvenes prostituidos y la cultura del consumo de alucinógenos, jóvenes que después de su vida útil están a un paso de la indigencia. Es el lado perverso del irreglado turismo.

Pero aconsejable es no caminar mucho, pues además del puñal que puedas topar al doblar la esquina, la gran contaminación atmosférica te pueden mandar de cama. Los reportes en Medellín hablan del aumento de las enfermedades respiratorias. Hay momentos en que el sol no puede romper las nubes mugrosas de hollín. Explicable el éxodo que los ricos hacen hacia territorios más limpios y tranquilos como viene sucediendo con el territorio Llano Grande, lejos de la miseria y las bacanales escandalosos y lujuriosos del  ranchero turista.

El paisaje pintado es de creciente inequidad social, de polución y deterioro ambiental, de la toma de la ciudad por el mundo criminal. Y a todas estas ¿qué dicen los hombres de Poder? Nada pertinente, pasan de agache ante las problemáticas, importa más tener contentos a los empresarios que financian sus ambiciones de poder. Nada se dice de la industria automotriz y las fábricas que contaminan a todo dar. El mandatario le preocupa más la encuesta de turno, su imagen de chico alternativo para la próxima toma de la pantalla chica, le afana más acertar en el sólo eslogan que venderá la vanidad de una ciudad de ensueño y progreso, la ciudad de la eterna primavera. Preocupa más cómo asegurar la imagen de gobernante, cómo estar en el recordatorio de la gente para que en el día de mañana lo voten en las urnas. Recordemos que todos estos mandatarios quieren ser presidentes de Colombia, recordemos también que el poder es adictivo, todos quieren ser vanagloriados, todos quieren buscar los grandes contratos, todos quieren ser hombres de riqueza.

Importa mucho el marketing político y por supuesto asegurar que las cajas registradoras no paren de sonar, así los negociantes estarán sonrientes y complacientes. Por eso cuando vayas caminando por las calles de la ciudad y veas toda esa inequidad, todo ese contra sentido de ciudad, puedes entender por qué no se dice nada, porque se guarda silencio.

Si culminas la caminata y posas en el sillón… encendida la televisión, el canal local rueda pura propaganda, el mandatario habla sin parar con tono de delicadeza nasal y con exceso de adjetivos de gentes maravillosas, absolutamente precioso, hermosos niños, ciudad verraca. El alcalde mostrando, inaugurando obras, es la figura formateada que afana en agradar a su audiencia. Así la ciudad real vaya por el despeñadero de la inequidad.


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El top de “tumbados” en Estraval

Santiago Martinez Hernandez

En total fueron $495.000 millones los que perdieron los inversionistas, una cifra casi imposible de recuperar. Además, El Espectador conoció un documento de 2010 en el que se alertaba sobre las movidas de Estraval.
César Mondragón, uno de los dueños de Estraval. / Archivo

Fueron 4.604 personas las que se presentaron como víctimas de Estraval, la denominada pirámide que se construyó sobre la base de pagarés de libranzas falsos y que prometía rendimientos en tasas de interés que superaban las capacidades del rey Midas. Según la Fiscalía, a un inversionista le prometían hasta 22 % de ganancias por los intereses, cifras que triplicaban lo que podían conseguir en el sistema bancario tradicional. Por eso las autoridades no dudaron en calificar que el negocio de Estraval era un mercado a la sombra en el que, a hoy, hay más $495.000 millones perdidos.

El liquidador Luis Fernando Alvarado entregó hace más de una semana las listas de las víctimas que fueron aceptadas y que buscan recuperar sus inversiones. Fueron 4.602 reclamaciones las que se presentaron, de las que más del 90 % fueron aceptadas. Desde altos mandos oficiales, prestigiosos abogados, comunidades religiosas, hasta bancos, inmobiliarias, contratistas del Estado y cadenas de productos de supermercados cayeron en la presunta red de estafa que montaron César Fernando Mondragón Vásquez y Juan Carlos Bastidas Alemán junto a otras personas que hoy están en prisión.

Entre los nombres más curiosos de los miles de víctimas que invirtieron en la compra de pagarés de libranza entre 2012 y 2016 está el excomandante del Ejército, general (r) Mario Montoya Uribe, el mismo que es investigado por promover ejecuciones extrajudiciales. Montoya invirtió, junto a su esposa María Eugenia Princesa Vaca Díez, $733 millones desde octubre de 2014. Estraval alcanzó a devolverles $476 millones. Sin embargo, aún les faltan alrededor $256 millones.

Como el general (r) Montoya, también perdieron plata el Convento de Santo Domingo en Bogotá, que invirtió $1.000 millones; Hermanas Franciscanas del Espíritu Santo, que compraron créditos de libranzas por un valor de $416 millones, y las Hermanas Misioneras de Santa Teresita del Niño Jesús, la menos afectadas, pues solo arriesgaron $21 millones. Otro de los que perdieron fue el Colegio Lacordaire de Cali, que tiene embolatados $167 millones. Y la comunidad religiosa que más recursos tiene comprometidos es la Iglesia Cristiana Centro de Fe y Esperanza, con $3.302 millones.

Pero el mayor afectado por este negocio fue el Fideicomiso BBVA, con $45.899 millones. En la lista le sigue el Fondo de Empleados de Carulla (Foncarulla), que invirtió $2.474 millones. Fuentes consultadas explicaron que el liquidador está buscando la forma de recuperar la mayor cantidad de activos, pues lo que se tiene hasta el momento dista mucho de la inversión de las víctimas.

Si bien ya se tienen embargadas las oficinas de Estraval y un lote importante para asegurar la reparación, aún falta realizar gestiones para recuperar la plata que intentaron ocultar los cerebros de este desfalco días antes de que sus empresas fueran intervenidas y ellos capturados. Algunos recursos se usaron para comprar inmuebles en el exterior –como lo señaló la Fiscalía– o para adquirir acciones en Colombia. Detrás de esos negocios ya está el liquidador Alvarado.

¿Y el Banco Agrario?

Una de las grandes curiosidades que halló El Espectador al revisar las bases de datos de las víctimas de Estraval es que el Banco Agrario no aparecía en el registro. Fuentes consultadas explicaron que los abogados del Banco Agrario se presentaron como acreedores de Estraval, es decir, como una empresa que le prestó plata y no que invirtió. Lo que los dejaría en el último lugar de la cadena para recuperar los recursos, porque los afectados (las víctimas) irían primero. Sin embargo, explicaron que aún están a tiempo para presentar un recurso y lograr que sean tenidos en cuenta como parte de los inversionistas a quienes les captaron sus recursos.

El Banco Agrario invirtió desde junio de 2014 alrededor de $15.000 millones cuando compró 5.097 pagarés libranza. Eso representa en su portafolio de Banca de Personas el 0,8 %, en la cartera total el 0,11 % y en los activos el 0,07 %. Como se diría coloquialmente, en sus cuentas eso es lo de los dulces. En varias comunicaciones el Banco Agrario ha sostenido que su objetivo principal es recuperar los activos y que estaba a la espera del pronunciamiento de Supersociedades sobre quiénes fueron reconocidos como víctimas.

Alertas desde 2010

El Espectador conoció en exclusiva un documento de la justicia de Panamá de 2010 en el que ya se alertaba que empleados del Grupo Estraval estaban sacando en efectivo plata desde Colombia. El 27 de mayo de ese año fueron capturados Jorge Enrique Pardo Rodríguez y Alexánder Gutiérrez Serna en el aeropuerto de Tocumen, en Ciudad de Panamá. Les encontraron US$950.000 y $350.000 euros en efectivo y las autoridades panameñas indicaron que se trataba de un procedimiento que escapaba de la “práctica mercantil y bancaria” y era una manera sospechosa de transportar divisas.

Según el documento de la Fiscalía de Panamá, Jorge Pardo explicó que él era un empleado de la empresa de transporte de valores Taval S.A. y que estaba autorizado por la Superintendencia de Bancos de Panamá para realizar esas labores. A su vez, Alexánder Gutiérrez dijo ser funcionario de Estraval y que su rol era custodiar a Pardo y el dinero.

Las autoridades del vecino país precisaron que, si bien el traslado de dinero fue de forma legítima y no se violó ninguna norma, no se debía perder de vista que se trataba de una “modalidad de transporte de dividas que, por su forma y condiciones poco seguras y sospechosas de traslado de dinero, ajena a la práctica mercantil y bancaria, vislumbra la comisión de un delito”. Y argumentaron que, desde noviembre de 2009, Pardo realizó más de diez viajes a Panamá en representación de Teval S.A. –que pertenecía al Grupo Estraval– e ingresó al país un poco más de US$10 millones y $3,5 millones de euros. A hoy, eso representaría más de $40.000 millones. Agregaron que nunca se acreditó la procedencia del dinero.

Para Panamá, la forma en que se transportó el dinero era una figura novedosa e inusual, que generaba dudas y sospechas, pues existían herramientas tecnológicas bancarias que evitaban los riesgos de llevar efectivo. Además, que no entendían la razón de llevar el dinero en físico hasta Panamá para luego girarla a un banco en Nueva York (Estados Unidos). “Vemos cómo se da el movimiento de dinero, inicialmente en dólares y euros desde Colombia hacia panamá, para luego remitirlos a Nueva York, utilizando los entes financieros o bancarios en nuestro país y transferirlos a otras latitudes con la finalidad de ocultar su origen”, concluyó la Fiscalía panameña en el documento fechado el 27 de agosto de 2010.

Esta alerta emitida por las autoridades de Panamá no deja de llamar la atención, pues ocurrió en pleno auge de Estraval y su negocio de compraventa de libranzas. Además, se hizo seis años antes de que la Supersociedades descubriera que se estaban captando dineros. Hoy, no solo se convirtió en un nuevo caso de pirámides financieras, sino que dejó pérdidas por casi medio billón de pesos que son prácticamente imposibles de recuperar. Una tragedia que, de tener controles más severos y efectivos en el oscuro mundo de las libranzas, se pudo haber prevenido.


Tomado del periódico: El Espectador, 16 Feb 2017 

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La Gran Estafa

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

 
De pagaré en pagaré los pillos de cuello blanco llenaron sus bolsillos. Alistados, sus cabezas, en una de las mejores claustros del país la Universidad de los Andes, ver revista Semana 2017/01/29, César Fernando Mondragón, Juan Carlos Bastidas, socio fundador; Rosalba Fonseca, representante legal; Ángela Marina Daza, gerente comercial; José Iván Castiblanco Fúquene, alto directivo; Pedro Harold Carvajal, director y representante legal de Tecfinsa, filial de Estraval; y Fernando Joya Rodríguez, gerente operativo, echaron vuelo en la empresa criminal. Es crimen, es conducta delictiva el engaño. Montaron la empresa Estraval y fundaron cooperativas fachadas que ayudaron a simular negocio grande y sólido. El gran atractivo eran las llamadas libranzas de supuestas personas jubiladas o empleadas. 


En Colombia como en la mayoría de los países del mundo, las personas hacen préstamos, se endeudan para suplir alguna necesidad del mercado que exige el dinero contante y sonante, en sumas no tenidas por el necesitado, en esencia son ellos jubilados del ejército, del magisterio entre otros. El determinado monto de dinero requerido, ese préstamo se denominará pagaré, y es ese papel contrato que se convertirá en mercancía pagadera al portador. Ese mismo es el que se ofreció como negocio a las personas inversionistas bajo promesa de obtener altas rentabilidades en el tiempo. El capital invertido se podía duplicar, triplicar de acuerdo al tiempo pactado.


La imagen más perfecta del despiadado e inescrupuloso estafador la puede dar la película El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2013), un ambicioso corredor de bolsa, observa la dinámica de los movimientos financieros en el mercado y concluye que todo es una ilusión, puros sueños de riqueza son los que bastan para tener contento al inversor. Todo se basa en la creencia en que se tiene fortuna en un futuro pero que en el presente es irreal. Y como el presente es lo tangible, es lo único real, el personaje reflexiona que mientras unos viven con la ilusión, ellos vivirán el presente, esto es, mientras unos sienten placer guardando dinero, ellos, los empresarios de la bolsa, lo tomarán y lo disfrutarán, lo gastarán en sus bacanales, excesos en drogas, lujos y sexo. Unos vivirán de los sueños de que tienen fortuna, los otros viven en el presente valiéndose del sueño de aquellos, entonces toman el dinero ajeno y lo gastan como si fuera propio, dándose la gran vida de cualquier multimillonario, hasta el punto de la iliquidez, de agotarlo.
 

Esta misma lógica es con la que procedieron los reos de Estraval. Se propusieron captar la mayor cantidad de recursos vendiendo un mismo pagaré dos o tres veces al inversor. Amasaron gran fortuna al punto que la estafa puede ascender a más de 500 mil millones de pesos, a 4.602 víctimas reconocidas les adeudan cerca de quinientos mil millones de pesos, y sólo se tiene en respaldo para reparar alrededor de $65 mil millones pero no en pesos sino en cartera, quiere decir esto que todo está por hacerse efectivo. Bien vale resaltar la metodología usada para engañar incautos por parte de los corredores o brokers quienes se cree recibieron comisiones por encima del 10%, fueron entrenados para llevar en su portafolio títulos que ellos mismos figuraban como compradores para generar confianza y así hacer caer más fácil en la engañifa. Hoy estos mismos personajes victimarios o estafadores se hacen pasar por víctimas, con ello distraen la atención en la justicia y tratan de evitar la acción penal que se merecen. Algo similar pasa con los delincuentes de cuello blanco, con la plata hurtada compraron bienes a peso y ahora quieren venderlos a las víctimas en miles. Citemos un ejemplo del abogado José Alberto Zambrano: “Un ladrón te roba cien pesos. El ladrón lo tasa en 500 y lo da como cuota inicial los $100 que te robó. El ladrón viene hacia ud. Y te dice: – Te pago los 100 con este reloj que me costó 500, pero debes de recibirmelo en $1.500, por tanto devuélveme $1000 o abona este valor a mi favor a otra deuda que tengo con Usted.”

Esta jugarreta maliciosa es la que intentan hacer, como buenos criminales quieren revitimizar a quienes de buena fe invirtieron. Esta jugarreta se llama Plan Desmonte, palabras más, palabras menos quiere decir que los victimarios y las víctimas llegaron a un acuerdo en cómo reparar el daño, y entonces se llega a plena satisfacción. Ciertos abogados cercanos a los estafadores están vendiendo esa idea, con el pretexto de evitar desgastes en tribunales y la dilación en el tiempo, juegan con la presión sicológica de su desesperado apoderado. Y un agravante: también quiere decir ello que este acuerdo los exonera de penas, o al menos se las mitiga, y entonces en unos años los veremos con las mismas pero de seguro con técnicas más sofisticadas y de seguro en el exterior disfrutando de los dineros robados que lograron ocultar.


Sabemos de las dimensiones de la corrupción en el país, el gobierno prometió guerra frontal. El camino que mejor se vislumbra en esta gran estafa es la de la acción de la justicia penal, pues en concreto la Fiscalía aprieta al reo bajo cárcel y hace que declare todos los bienes escondidos producto del ilícito para reparar al máximo porcentaje a los afectados. Mientras que en un acuerdo, denominado Plan Desmonte es una jugarreta para entregar poco dinero y luego salirse con facilidad de la justicia, eso sí, salir a disfrutar de los dineros robados. Esperemos haya justicia!

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«Lo que yo espero de Trump»

Entrevista con el experto en temas internacionales Alfred de Zayas
«Lo que yo espero de Trump»
por Alfred de Zayas

En medio del coro de críticas que la prensa mainstream entona de forma extrañamente unánime contra el nuevo inquilino de la Casa Blanca, el experto independiente de la ONU en cuestiones vinculadas al orden internacional Alfred de Zayas explica serenamente a la publicación suiza Horizons et Débats lo que pudiera esperarse del presidente estadounidense Donald Trump.
Red Voltaire | Ginebra (Suiza) | 13 de febrero de 2017


Horizons et Débats: Señor de Zayas, usted es ciudadano estadounidense, vive en Suiza y tiene gran experiencia y conocimientos en materia de política internacional, principalmente en derecho internacional.

Seguramente siguió usted con atención las elecciones estadounidenses. A pesar de todas las predicciones, Donald Trump ganó la elección presidencial en Estados Unidos. ¿Le sorprende eso?

Alfred de Zayas: Como todo el mundo, yo estoy bajo la influencia de los medios de difusión, así que me sorprendió el resultado. Mis candidatos habrían Bernie Sanders o Elizabeth Warren, por los demócratas, y Ron Paul o Patrick Buchanan, por los republicanos. Los combates de gladiadores entre Trump y Clinton no me gustaron en lo absoluto y siento alivio ahora que ya terminaron esas elecciones.

En realidad, desde mis tiempos de estudiante en Harvard estoy inscrito en el Harvard Republican Club. Lo que yo buscaba en los candidatos era, en primer lugar, la rectitud, un comportamiento correcto, una ética, cierta humildad, el respeto hacia los demás y un espíritu de paz.

H&D: ¿Qué significa eso concretamente en política?

Alfred de Zayas: Concretamente, me gustaría poder ver que el presidente de Estados Unidos respeta la soberanía de los demás Estados y que renuncia a querer extender por el mundo la manera de ver las cosas que tienen los estadounidenses, recurriendo incluso a la fuerza. No se pueden exportar ni la «democracia» ni nuestros «valores». Deberíamos dejar de exigir cambios de regímenes en otros países, y también dejar de financiarlos.

H&D: ¿Qué piensa usted de Donald Trump?

Alfred de Zayas: No importa que a mí me guste o no, hay que plegarse a las realidades y tratar de sacar el mejor partido de la nueva situación. Seamos optimistas, después de la tempestad generalmente viene la calma. El señor Trump necesita sobre todo buenos consejeros y lo último que necesita son ideólogos rígidos o ex anticomunistas radicales.

Desgraciadamente, se expresó de manera inadecuada en el momento del fallecimiento de Fidel Castro. Parece que sus consejeros todavía tienen una imagen en blanco y negro, vestigio de los tiempos de la guerra fría. Las palabras del papa Francisco fueron las más adecuadas.

H&D: ¿Qué piensa usted de la política exterior de Trump?

Alfred de Zayas: En realidad, sabemos demasiado poco para poder pronunciarnos desde ahora. Es positivo ver que el señor Trump se ha pronunciado en varias ocasiones contra el «intervencionismo» que ha prevalecido hasta el presente. No quiere seguir utilizando la OTAN como un arma de intervención, ni embarcarse en nuevas aventuras o intentos de cambios de régimen.

Hay que tener la esperanza de que abandonará el papel estadounidense de «policía mundial». Eso me parece esencial cuando vemos las consecuencias de nuestra política exterior en Afganistán, en Libia y en Siria: catástrofes una tras otra.

H&D: ¿Qué piensa usted de la relación de Trump con el presidente ruso Vladimir Putin?

Alfred de Zayas: Ellos se respetan mutuamente. Es importante que el señor Trump no tenga ningún interés en provocar a Putin injustificadamente. Es verdad que en la incierta situación de Ucrania será más fácil hallar una solución con el señor Trump que con la señora Clinton, si ella hubiese ganado la elección.

H&D: ¿Cuáles pudieran, en su opinión, ser las dificultades en la futura política exterior?

Alfred de Zayas: Parece que Trump quiere modificar el acuerdo nuclear con Irán. Eso me parece poco juicioso. Nos guste o no, Persia tiene una larga historia y hay que dejarle espacio.

H&D: ¿Qué piensa usted de los proyectos económicos de Donald Trump?

Alfred de Zayas: Trump es también un empresario. En el mundo del comercio a menudo aparecen ideas nuevas. En todo caso, tiene razón en criticar esos enormes acuerdos comerciales, como el TLCAN, el TPP, el TTIP, el TISA, etc.

Esos acuerdos benefician a las transnacionales, que ni siquiera pagan sus impuestos ya que transfieren sus ganancias a los paraísos fiscales. Todos esos acuerdos deben ser revisados con lupa y readaptados para que la globalización beneficie a todo el mundo y no sólo a las élites.

Aunque que Trump es multimillonario, hace tiempo que viene expresando interés por las capas medias estadounidense y parece decidido a iniciar una lucha contra el`desempleo.

Yo espero que sirva a los derechos humanos de todos los estadounidenses, concretamente, que se esfuerce por lograr que la «mayoría silenciosa» deje de ser sistemáticamente engañada por las mentiras de los medios de difusión de las élites. Espero que pueda mantener las viejas tradiciones cristianas estadounidenses, permitiendo que la Navidad siga siendo verdaderamente cristiana y no solo un gran mercado para el consumismo.

No comparto la idea de construir un muro entre Estados Unidos y México. Se puede actuar de otra manera para lograr una inmigración en regla. No podemos olvidar que Estados Unidos es por definición una tierra de inmigración, lo cual lo distingue de países como Alemania y Suiza.

H&D: ¿Han tenido características especiales estas elecciones estadounidenses?

Alfred de Zayas: Por supuesto, simplemente por el solo hecho que millones de estadounidenses se separaron de los medios de difusión, a pesar de todo el poder de estos. Toda la prensa estaba en contra de Trump, tratando de difamarlo, falseando sus declaraciones, incluso mintiendo. Y a pesar de todo, [Trump] ganó. Eso es verdaderamente una revolución –sobre todo de parte de los electores jóvenes– contra el establishment, contra todo lo que huela a «políticamente correcto».

Millones de personas declararon que están cansados –cansados de las manipulaciones del New York Times, del Wall Street Journal, del Washington Post, de la CNN, etc. Parece que numerosos lectores se mudaron para internet, Facebook y Twitter.

H&D: ¿Piensa usted que la prensa va a comportarse de otra manera en el futuro?

Alfred de Zayas: Vamos a ver. El New York Times no ha digerido aún este resultado. Son muchos los redactores de los medios mainstream que siguen comportándose como si todavía pudiesen hacerlo caer [a Trump] y que esperan que un nuevo conteo [de votos] en Wisconsin o en Pensilvania todavía permita a Hillary Clinton llegar a Washington. Eso es curioso. Incluso siguen utilizando las armas de antes, como la comparación con el hitlerismo, comparando a Trump con Hitler. Pienso que ninguna persona razonable puede creer esas estupideces.

Al recurrir al insulto y a falsas comparaciones históricas, los medios sólo se ridiculizan más de lo que ya lo han hecho.

H&D: ¿Por qué perdió las elecciones Hillary Clinton?

Alfred de Zayas: Porque representaba una «élite» derrotada. Lo que todo el mundo esperaba de ella era que mantuviese la marcha habitual. Se subestimó la profunda decepción que el pueblo estadounidense siente hacia el establishment.

Es interesante ver que todos los grupos de presión estaban a favor de Clinton, tanto el complejo militaro-industrial como Wall Street y los lobbies LGTB. Sin embargo, ganó Trump. Eso debe llamarnos a la reflexión.

H&D: Después de la elección ha habido numerosas manifestaciones y protestas contra Donald Trump. ¿Qué piensa usted de eso?

Alfred de Zayas: Quien no esté de acuerdo con la política de este nuevo presidente debe someter a discusión alternativas concretas. De nada sirve suscitar caos y querer sublevarse contra Trump.

H&D: ¿Qué espera usted de los políticos europeos?

Alfred de Zayas: Quieran o no, tendrán que adaptarse. Algunos van a deplorar sus palabras anteriores. El colmo de la arrogancia fue el político de la CDU alemana, Norbert Rottgen, cuando «advirtió» en contra de Trump. O las declaraciones del político socialista alemán Rolf Stegner, hablando de «catástrofe», y las de Frank-Walter Steinmeier [el entonces ministro alemán de Exteriores] calificando, de manera muy poco diplomática, a Trump de «predicador del odio». Los políticos son a menudo oportunistas y rápidamente hallarán otro vocabulario. No esperamos ni un comportamiento de sumisión, ni una actitud intransigente sobre el TTIP y el TISA.

La manera de expresarse del jefe de la Asociación Federal de la Industria Alemana, Ulrich Grillo, incluso es cómica cuando trata de darle lecciones a Estados Unidos exigiéndole a Trump que acabe con «el racismo, e chovinismo, el populismo y el sexismo» y que se abstenga de limitar el «libre intercambio» porque se expone a una guerra comercial. ¡Vaya, vaya!

H&D: Si usted tuviese una entrevista con Trump, ¿qué le diría?

Alfred de Zayas: Le recomendaría que resucite los valores de la Constitución estadounidense, que busque la justicia social, que invierta más en la infraestructura y en la formación de la juventud.

Le recomendaría que les diga a los europeos: «Dejen que los demás pueblos encuentren su propio camino hacia la democracia, dejen de inmiscuirse en los asuntos internos de Austria, de Hungría y de Ucrania. Abandonen esa cultura política nefasta de la presión, del acoso y del chantaje.»

Le aconsejaría que haga pagar a Goldman Sachs y a otras empresas.

Le aconsejaría revisar todos los acuerdos comerciales para aportar más justicia a todo el mundo.

Pero, sobre todo, me esforzaría por atraerlo hacia la paz, hacerlo renunciar a las aventuras, nada de guerra contra Rusia, contra China o contra Irán. Eso permitiría el libre desarrollo de los derechos humanos. Le deseo éxito, tanto por el pueblo estadounidense como por los europeos y por el mundo entero.

Es evidente que Trump no podrá escapar a las necesidades políticas cotidianas, pero paso a paso podrá corregir las estupideces de las corruptas élites estadounidenses… y quizás las de las élites europeas. Si ya se atrevió a proclamar que esas élites “están desnudas”, ahora es necesario revelar el engaño.
Alfred de Zayas

Fuente
Zeit Fragen (Suiza)


Red Voltaire


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¿Qué es lo humano?

Pascal Picq

Michel Serres &
Jean-Didier Vincent
París: Le Pommier, 2003
Traducido por Luis Alfonso Paláu  Medellín  2007 - 2015

El tiempo humano: de la evolución creadora al creador de evolución
Michel Serres•

¿A dónde va el saber?  Hacia las ciencias humanas.  Desde el siglo XIX, Auguste Comte y Renan profetizan así el porvenir de la ciencia.  Aunque luego las partículas hayan descompuesto el átomo, que la astrofísica haya abierto el universo, que el código genético —universal— haya descifrado la vida, yo creo sin embargo que la historia por venir recordará el siglo XX, mas que por estas tres proezas, como el fundador de múltiples disciplinas destinadas a responder a la pregunta: “¿Qué es lo humano?”.  Bajo muchos respectos, seguirá siendo el de las ciencias llamadas blandas.  Recuerdo el decreto gubernamental que nos las hizo añadir al frontón de las antiguas facultades de letras y a la lista de las agregaciones.  Pasado 1950, ellas triunfaron.  Emblemática, la figura de Claude Lévi-Strauss, por ejemplo, dominó la universidad, la investigación, los mass-media, la opinión.  ¿Quién podía, quién puede aún en la actualidad responder a esta pregunta, salvo la economía, la lingüística, las psicologías y sociologías, la etnología y la antropología, más veinte historias diversas, de la de las religiones a la de las mentalidades, en suma la Casa de las ciencias del hombre, de su voz numerosa y una?  No volveremos ni sobre estas adquisiciones ni sobre sus avances.


Pero, desde hace algún tiempo, las disciplinas duras aportan luces nuevas en este grupo suave, mientras que él se atasca un poco, se repite más y descubre menos.  Frazer, Durkheim, Mauss, Dumézil y Girard inventarán, Bourdieu machacará.  Corriendo sobre estos pasos, periódicos y revistas no han cambiado de rumbo desde la formación de sus redactores, y repiten a su antojo lo que se decía en la época en que las llamadas ciencias sociales se imponían por completo.  Para la opinión corriente, lo humano sigue siendo aún exclusivamente histórico, social y cultural, económico y administrativo; hablar de su “naturaleza” pasa por ser un error duro.  Mientras que fueron refrescantes en el curso de su eflorescencia, las ciencias humanas contribuyen en la actualidad a una especie de corrección política.


Relevo en el siglo XXI
 

Hace apenas algunos años, un libro parecido que se consagró a responder la misma pregunta: “¿Qué es lo humano?”, reunió en efecto a un etnólogo, un sociólogo, un psicoanalista… pero no se le ocurrió convocar a un médico.  Ahora bien, antes de mí, la paleo-antropología y la biología neuronal han respondido aquí por completo.  Esta novedad es el signo del comienzo del siglo XXI.
Para hablar de nuevo en figuras emblemáticas, Yves Coppens tiende a reemplazar a Claude Lévi-Strauss.  Éste viajaba por toda la anchura del espacio, de los trópicos a Vancouver, para atravesar las fronteras culturales, mientras que el primero, explorando el tiempo largo, franquea millones de años hacia la aurora africana.  En términos de epistemología, la hominización preocupa tanto hoy como ayer la distribución diferenciada de los usos y de los mitos; se sospecha incluso que podría explicarla.  La arborescencia temporal en la que se escalonan el ergaster y el afarensis precede y condiciona el ramillete espacial en el que se dispersan Kwakiutl y Arapesh.  El tan vilipendiado origen, lo anterior tan desacreditado, ¿podrían pues aclarar lo diferente?  En términos de instituciones, el nuevo siglo tratará de conectar el Museo de historia natural con el museo del Hombre y con las Casa de las ciencias blandas.  Esta es la razón por la que este libro comienza por las sinápsis y los chimpancés.  Para describir la conducta personal, habíamos olvidado las primeras, tanto como olvidamos a los segundos para comprender mejor nuestras relaciones sociales.


Desde el descubrimiento de Lucy en el rift kenyano, después del ascenso en potencia de la paleoantropología, de la bioquímica, de las ciencias cognitivas y neuronales, debutantes a su vez, revisitamos el relevo naturaleza-culturas, volvemos a poner en conexión dos dominios separadas desde hace tiempos.  El siglo XIX anunció las ciencias humanas; nosotros las vimos desenvolverse en el XX; el XXI las reunirá con las ciencias duras.  Acabo de escribir Hominescencia y el Incandescente para soldar fluidamente los nudos de esta nueva red.
Una meditación sobre el tiempo asegura esta conexión.  Para inaugurarla, ¿a qué llamamos precisamente la naturaleza?


El tiempo de naturaleza
 

Llamo Gran Relato al enunciado de las circunstancias contingentes que emergen una tras otra en el curso de un tiempo, de una longitud colosal, cuyo comienzo está marcado por el nacimiento del universo y que continúa por su expansión, el enfriamiento de los planetas, la aparición de la vida sobre la tierra, la evolución de los vivientes tal como la concibe el neodarwinismo, y la del hombre.  De aquí en adelante bien documentado, jugando incluso un papel canónico en el seno de la nueva cultura científica, ese relato, globalmente verdadero si se tiene en cuenta las reorganizaciones regulares que practican sobre él invenciones y descubrimientos tan contingentes como su propio flujo, brotan pues múltiples bifurcaciones donde aparecen, en estado naciente, todos los fenómenos existentes, bien o mal conocidos.

Cuando él nos empuja a respetar una especie de diosa pastoral o cuando significa la esencia de una noción, de una cosa o de un viviente, abandonamos con razón el término “naturaleza”, pues esos dos sentidos —aún hoy corrientes— derivan de supersticiones e ideologías.  Pero yo no dudo en utilizarlo en su sentido etimológico de nacimiento.  Naturaleza designa lo que nace.  Consideremos entonces el conjunto de las bifurcaciones del Gran Relato que divergen hacia una emergencia, las de los planetas, de la vida, de las especies o del hombre; nuestro cuerpo y su entorno nacerán de algunos de esos surgimientos cuyas fechas podemos marcar de modo bastante preciso.
¿Qué es pues la naturaleza?  La integral indefinida de las bifurcaciones que surgen del Gran Relato, incluso si no las conocemos ni las dominamos todas.  Casi tautológicamente, la naturaleza se dice de la suma de estos nacimientos.


¿Qué es lo humano?  Un sub-conjunto definido de estas bifurcaciones naturales.  Esta integral definida provee una definición sana, sin sueños ni tabúes, de la naturaleza humana, fechas de nacimiento y maneras de nacer, incluso si no dominamos completamente todos sus procesos.
 


Evaluación de las duraciones, “natural” y “culturales”
 

El tiempo que necesitaron duró millones de años, después de miles de millones requeridos por el universo físico, mientras que las culturas y, a fortiori, la historia, datan apenas de algunos milenios.  No podemos dejar de comparar una naturaleza, o nacimientos que emergen de duraciones tan colosales, con el ínfimo espesor de nuestras civilizaciones.  Ciertamente, el solo tiempo no lo decide todo, pero ¿hemos evaluado siquiera su peso?

Me tomó mucho tiempo entrar en la intuición de esta duración, tan nuevamente inmensa.  Invito a que la meditemos.  En la época clásica, Pascal se aterrorizaba con la inmensidad —que el llamaba infinita— del espacio; nosotros nos sorprendemos, hasta la incomprensión, por el espesor enorme del tiempo y de los ritmos inconmensurables.  ¿Qué es lo humano?  Una esperanza de vida individual que, recientemente y en escasos lugares, alcanza de setenta a ochenta años, sumergida en culturas colectivas que, en el mejor de los casos, durarán algunos milenios, ellas mismas hundidas en la evolución de una especie, Homo sapiens, que data de algunos millones de años, ella misma bañada en una duración viviente de cuatro mil millones de años, ella misma compuesta finalmente por elementos forjados desde hace quince mil millones más o menos, por los alrededores del nacimiento mismo del universo; en suma, lo humano asocia pequeños trozos imperceptibles de una enorme corriente de duración.  Pero, si exceptuamos su comienzo, esta definición puede también servir para las especies y sus individuos.
No se engañen pues en las distancias de algunas páginas que me separan de Jean-Didier Vincent y de Pascal Picq; de lo alto de las neuronas del primero, una evolución de decenas de millones de años nos contempla; y del África del segundo, una prehistoria de centenas de miles de años.  El uno habla de Naturaleza, y el otro de las primeras Culturas.  Limitado a las ciencias humanas, no me queda ya nada verdaderamente largo por decir: una delgada película temporal.  Si representamos por medio de un gran año la duración de la que acabo de hablar, nuestras culturas, nuestras lenguas y nuestras políticas se limitan a algunas fracciones de su último segundo.  Si me preguntáis mi edad finalmente, puedo confesaros la de mi estado civil, pero puedo también datar alguna de las diferentes capas de neuronas que constituyen mi cerebro, de las cuales algunas aparecieron con los monos llamados superiores, pero de las cuales otras vienen de los reptiles de eras anteriores; así mismo, mezclado en su composición a partir de los de mis padres, mi ADN se remonta a cuatro mil millones de años en su estructura; en cuanto a los átomos que lo componen, su formación acompaña la del mundo, hace de diez a quince mil millones de años.  Pero esto se puede decir de todos los vivientes.


¿Qué es lo humano?
 

Esta restricción explica por qué los filósofos, entre otros, dudan de toda definición de lo humano; la etología encuentra casi siempre un animal, una planta, podemos decir hasta una bacteria, dotados de la cualidad pretendidamente específica de nuestra especie.  Los cinco sentidos** dicen con humor que hablar del Homo sapiens excluye la inmensa mayoría de sus semejantes que, desprovistos de gusto, no buscan en los alimentos una excelencia de sapidez.  En el análisis de las nuevas tecnologías, Hominescencia lo llama incluso sin facultad.  Contemporánea, este fracaso empuja a reputarlo sin propiedad.  La teología antaño llamada apofática, hablaba así de Dios, diciendo lo que Él no era.  Sin correr ningún riesgo, una filosofía negativa o crítica se abandona en la actualidad a la misma facilidad; frente a la deconstrucción cómoda, pensar sigue siendo difícil.

Reíd por otra parte, de la contradicción completamente lógica entre esta prohibición de definir y la patética —también expresada corrientemente en nuestros días— en torno a la finitud.  Es necesario sin embargo escoger: si lo humano sufre de esta última, entonces nada más fácil que definir un viviente así encerrado en sus límites; en caso contrario, sin estas fronteras, lo tenemos infinito.  Si no sabemos definirlo, tenemos que confesar que no le encontramos ningún fin delante de él; inversamente, si lloramos su finitud, debemos saber y dar de él una definición; sí, repetimos la misma palabra.
Finalmente, lo humano cambia con tanta frecuencia y tanto que excede siempre lo que de él se dice.  En el habitante contemporáneo de las metrópolis ¿qué queda del sapiens descrito por los paleoantropólogos?  Ahora bien, se ve mejor la dirección de un movimiento cuando este se tuerce; el sentido aparece con el cambio de sentido.  Ahora bien, además, en estos últimos cincuenta años ocurrió una transformación tan importante que escapó a los observadores.  ¿Cómo este animal metamórfico se metamorfoseó recientemente?  A diferencia de mis camaradas, no hablaré ni en millones de años ni en milenios, sino ante todo de medio siglo apenas, es decir una mínima fracción de segundo según la escala que habíamos propuesto.


El tiempo humano de hominescencia
 

En efecto, mientras que triunfaban las ciencias humanas, lo humano se transformaba —al menos en este rincón de Occidente— bajo el empuje de elementos más naturales que culturales.
El descubrimiento de la energía atómica, es decir diversas respuestas a la pregunta: “¿Qué es la materia?” conducirán la construcción de armas de destrucción masiva tales, que se renovó el terror a la muerte propiamente nuestro.  A los miedos individuales, acompañados a veces de una angustia cultural, una inquietud global se añadió de repente, cuando explotaron las bombas termonucleares.  Cada uno de nosotros temió morir; muchas civilizaciones desaparecerán; el propio Occidente desciende de culturas muertas; pero nunca lo humano entró en riesgo de extinción en un planeta en peligro, dos muertes globales incurridas por su genio y su voluntad.  Nada en la hominización equivale a esta bifurcación trágica.


Así mismo, diversas respuestas a la pregunta: “¿Qué es la vida?” conducirán a mejoras tales en las condiciones de higiene y la curación de las enfermedades, que nuestro cuerpo se metamorfoseó.  Su estatura, su esperanza de vida, su relación con el dolor y su salud se transformaron e, inmediatamente después, la procreación y la filiación mismas.  Además de la relación con la muerte, cambiarán la existencia y el nacimiento.


Estas variaciones no solamente comprometerán el fenotipo, y a veces la familia de algunos Occidentales, sino también el paisaje alrededor.  Pues otras respuestas a esta segunda pregunta conducirán a un cambio radical en la crianza y la agricultura, por tanto en el paisaje y la alimentación.  Hominescencia habla incluso, a este respecto, de un fin del neolítico.  De esta forma, nuestra relación con el mundo se transformó al menos tanto como la que mantenemos con nuestro cuerpo.  Y si, desde sus comienzos, pastizales y laboreo trataron de dominar la selección de las plantas y de los animales escogidos, las biotecnologías buscan en la actualidad adueñarse de la mutación, lo que reduce fantásticamente las escalas de tiempo descubiertas por las respuestas a la pregunta: “¿Qué es el universo?” que conducirán, en efecto, a evaluar de otra manera esas duraciones respectivas, para lo inerte y lo viviente.  La relación con los otros cambió otro tanto.  La comunicación y sus tecnologías abrirán otras vías en el espacio y el instante, llevando nuevos vínculos y una expansión inesperada de los conocimientos.  Cuando millones de mensajeros se vuelven fuentes de información, la sociedad se vuelve por completo pedagógica.  Queda todavía por escribir la nueva epistemología de este saber multiplicado.


Ninguna de estas transformaciones: vida, dolor, muerte, nacimiento, mundo alrededor, relaciones con los semejantes… resultó de circunstancias ambientales sobre las cuales no hubiéramos podido hacer nada, como en la evolución en el sentido clásico del término.  Por el contrario, ellas vinieron de procesos económicos, sociales, en última instancia cognitivos, de este entendimiento y de esta voluntad colectivos que llamamos el saber, de sus aplicaciones técnicas, de sus operaciones colectivas; en suma, de las ciencias llamadas naturales.



El tiempo humano de desdiferenciación
 

Una parte de la humanidad ha cambiado pues tanto en medio siglo que ello conduce a pensar lo humano al menos como una capacidad de metamorfosis rápidas.  ¿Se trata nuevamente de una especie que mantiene una relación original con el tiempo?
El cuerpo de todos los vivientes se transforma por medio de los procesos evolutivos conocidos: mutación y selección, que permiten una especialización tal, que el organismo así producido explota de la mejor manera los recursos de tal nicho local del entorno.  La palabra especie repite el término especialización.


A la inversa, nuestros órganos se desespecializan.  Con respecto al casco de los rumiantes, a la pinza del cangrejo, a los tentáculos del pulpo, la mano —no especializada— termina por hacerlo todo: sostener un martillo, conducir un arado, tocar el violín, acariciar, hacer signos…  Con respecto a los picos de las aves, al hocico del tiburón, a la trompa del perro, la boca —no especializada— termina por hacerlo todo: morder ciertamente, pero también besar, silbar, hablar mil lenguas.  De este modo podemos abandonar nuestros nichos especiales y abrirnos al espacio global.  En vez de habitar una localidad, el humano, desdiferenciado, indiferente incluso (atrevámonos a decirlo) frecuenta el mundo y viaja y, por lo mismo, desborda el presente inmediato, entra en un tiempo diferente.  ¿En cuál?


Prácticas del tiempo
 

¿Nace él con la primera piedra que talla?  Seguramente regresa inmediatamente la misma restricción: algunos animales, los pájaros carpinteros, los bonobos, producen auténticas herramientas.  Pero de nuevo interviene el tiempo.  Nunca cesan de fabricarlos; nosotros no solamente los acumulamos sino que los entrecruzamos o los aparejamos en un tejido móvil que induce una duración propia.  Una vez más, ¿cuál?

¿Qué es la técnica?  Si debiéramos esperar que la evolución nos dote, por ejemplo, de apéndices suficientemente puntiagudos como para picar o de un filo de la mano bastante fino como para tallar, deberíamos —según las leyes de la selección y de las mutaciones— contar (sin la seguridad de lograrlo) con duraciones compatibles con la de la especie y la eliminación de innumerables semejantes desprovistos de tales ventajas.  Cuando, por fuera de nuestro cuerpo preparamos objetos que los poseen, ahorramos pues primero la muerte que, trágicamente, hubiera debido abatir inmensas poblaciones desadaptadas; y segundo, la inmensa duración, difícil de evaluar según la emergencia al azar de los mutantes y su adaptación.  Una economía formidable de muertes y de tiempo.
Anunciad pues la simplicidad de este cálculo afortunado a los precavidos que lloran los accidentes y le tienen miedo a los riesgos.  Sí, al remontar con buen paso la enorme lentitud del Gran Relato, el tiempo técnico recupera —al menos virtualmente— las colosales duraciones que, sin él, no podríamos nunca compensar.  Una herramienta condensa un tiempo inmenso.


Para dominar así parte de nuestro entorno voluble, entramos impacientes en la evolución, en el proceso de nacimiento, en el tiempo mismo de los vivientes, lo economizamos, lo cortocircuitamos.  ¿Qué es una herramienta?  Una proyección del tiempo colosal del Gran Relato sobre el esplendor infinitesimal de la invención práctica y del uso antes del desgaste; concentra o repliega millones de años en meses.  A este resultado singular se añaden las prestaciones análogas de otros, asociados, accesorios que aumentan otro tanto esta aceleración.  Y esta se vuelve vertical desde que aparece el lenguaje articulado que, a su vez, permite la constitución de grandes sistemas técnicos.  Hablad: ¿cuántas resedas y rosas se ahorran con la palabra flor?  ¿Cuántas piedras talladas programa el término sílex?  ¿Cuántas acciones, cosas y gestos, designan un verbo, una palabra, una preposición?  ¿Cuántos redondos se agrupan en círculos?  ¿Cuánto tiempo vivido resume el tiempo enunciado?  ¿Cuántos miles de millones de años acabamos de encarar desde que comenzamos este texto?  Una página condensa un tiempo inmenso.


La domesticación procede del mismo gesto.  Si hubiera sido necesario esperar que el teosinto se volviese maíz, o el búfalo buey…  Un carnero condensa un tiempo inmenso.
Después de que inventamos estos condensadores nos volvimos, por otra parte, los objetos reactivos de los cambios que nuestras técnicas externalizaban.  Por medio de un círculo auto mantenido, y cuya velocidad se acelera, las herramientas que producimos a partir de nuestros cuerpos desdiferenciados, o de sus actividades, que transformamos sin cesar por esta especie de exodarwinismo, regresan sobre nosotros y nos transforman a su vez, tanto más cuanto que ellos ocupan tres reinos: el inerte, a escala entrópica, piedra tallada o avión; la conservación y la circulación de los signos, a la escala informacional, pergamino o Red; en fin, la del viviente, maíz o clon.


Finalmente, los diversos soportes de la información, escritura, libros, Red… contienen recuerdos recientes, a menudo bajo la forma de mentiras.  En cuanto a los objetos técnicos, resumen de manera contundente millones de años de evolución.  En comparación con las herramientas manuales, la cultura, llamada intelectual, se vuelve pues un lugar de olvido.


Otro ejemplo: ¿por qué vestirse?
 

Es cierto que la evolución se toma un tiempo enorme para lograr contingentemente o un pico o una pinza; pero una vez adquiridos, estos órganos permanecen.  Paciente la evolución, igualmente larga la adaptación, pero, suponiendo que la necesidad de ésta desapareciese, interminable igualmente la insoportable fijeza.  El útil vale entonces como órgano amovible.  Para adaptarse, nada vale esta movilidad.  Disponer de un aparato consiste en soltarlo cuando la necesidad desaparece, y volverlo a coger cuando se quiera, según la necesidad.

Ejemplo: la opresión térmica impuesta por una piel permanente, o variable según las solas estaciones, impide correr durante mucho tiempo en la cacería, o viajar a los trópicos, en razón del recalentamiento; hundido en el fondo de su melena, así duerme el león macho, esperando que la máquina se enfríe.  ¿Cómo explicar el uso humano de vestirse?  ¿Viene la motivación de la nieve, del pudor sexual, del deseo de ocultar debilidades o fealdades, del cuidado por la limpieza?  Qué importa, a la vista de la vicisitud en forma de torbellino de estas causas mismas y de otras más; el clima varía, la lluvia escasea o abunda, las relaciones fluctúan, las conductas y los modos cambian.  Mas bien pues que buscar una causa, sería mucho mejor considerar las variaciones en un abanico de constreñimientos múltiples.  De hecho, nos vestimos para podernos desvestir rápido, después volvernos a vestir con la misma rapidez, en resume: descubrir la extraña ventaja del desprendimiento; el desollado puede cambiar de piel.  En todos los casos, la flexibilidad móvil y diversa de esta adaptabilidad se impone sobre una solución única y rígida.  La causa se vuelve la amovilidad.


Subrayo con fuerza el razonamiento precedente.  Para explicar, ante todo le buscamos a un efecto alguna causa: por ejemplo, el vestido nace del frío.  Luego la hacemos variar; entonces, una función se dibuja según lo que llamamos la variable: según las estaciones, piel abundante o rapada.  Pero, en un tercer tiempo, considero la variación como tal, cualquiera sea la causa o la cosa que varíe: el tiempo de esta variación se vuelve la causa ella misma.  La variación requiere la amovilidad.  Entonces, como la del vestido, la esencia de la técnica se resume en este juego, en el doble sentido, de lo lúdico, y de una ligera distancia entre elementos útiles que permite que se adopten vestido, armas y herramientas, por un tiempo breve, que se los deje a un lado, que se los deponga, en suma, que se disponga de ellos.  Este juego significa pues “a disposición”.  La disponibilidad se vuelve la esencia misma del uso.  Por tanto la técnica condensa y maneja tanto tiempo corto como tiempo largo.  ¿Qué es el uso técnico?  Una disponibilidad.  ¿Qué es el lenguaje?  Una predisponibilidad.  Técnica de programación <logicielle>, deja por lo mismo mil juegos entre signo y sentido.  Así podemos responder a un entorno por todas partes y siempre rápidamente variable.  Al experimentar la viva volubilidad de todas las cosas, lo humano nace de adaptarse a las variaciones más que a las cosas, al tiempo más que al espacio, al tiempo para adaptarse a las cosas del mundo espacial.  ¿Cómo responder cuando todas esas cosas fluctúan?  Llenando un saco de medios heteróclitos que puedan servir para cualquier eventualidad.  En términos darwinistas, ese saco se llama gestos del cuerpo, danzas y récores, periquetes artesanales… mejor aún: el cerebro; expresando este depósito de medios disparatados, su electroencefalograma —caprichoso como las variaciones del tiempo— tiembla como caóticamente; de manera exodarwinista, esto se llama técnica, innumerable brote de herramientas de todos los órdenes, que duermen prestos a servir.  En él y por fuera de él, el humano construye y dispone pues de un tesoro enorme, creciente por conexión, de respuestas a eventuales variaciones, a los contingentes caprichos del tiempo.  Estas contingencias se vuelven las causas crónicas.


Y esto es verdad por todas partes.  ¿Quién soy sino un tembloroso invariante por las mil variaciones que hicieron de mí un niño, un adulto y un viejo canoso, adaptación más o menos parpadeante a estos cambios?  ¿Qué es la humanidad sino la tasa variable de renovaciones por los nacimientos y las muertes?  Aquí, la acción técnica proyecta millones de años sobre algunos.  Paradoja: el tiempo se vuelve la razón constante.  ¿Qué es el humano sino un viviente cuyo devenir se sumergió en el devenir —amplio o corto, al menos suficiente— como para usarlo, sino para dominarlo?


Dominación
 

Se dice que la filosofía moderna comenzó con el precepto de Bacon: “Mandar a la naturaleza obedeciéndola”.  Hasta un período reciente, esta naturaleza se limitaba a las cosas inertes locales y a las leyes de la física.  Pero el término naturaleza —lo he dicho al comienzo— quiere decir también “nacer”.  Hace mucho tiempo que ganaderos y cultivadores, comandamos a algunos vivientes y los hacemos nacer; entrados bien recientemente en los procesos detallados de la reproducción, comenzamos a hacer nacer especies y a hacernos nacer nosotros mismos en un entorno global al que también suscitamos: la naturaleza toma entonces un tercer sentido, más global, meteorológico y mundial.  En el viejo precepto entra entonces la naturaleza en el sentido del nacimiento de los vivientes y en el sentido de la totalidad.  Comandamos el nacimiento obedeciendo sus variaciones, disponiendo de su tiempo.

Proyectando así una duración gigantescamente larga sobre nuestra existencia brevísima, por medio de las técnicas primero, el lenguaje después, y finalmente hoy por selección, mutación y entorno proyectados, dominamos de manera creciente y racional los principales elementos de una evolución contingente que, desde hace miles de millones de años, se hacía sin nosotros.  ¿Qué es lo humano?  Ese formidable cortocircuito temporal.  Al menos, la capacidad de realizarlo.  Qué tontería pretender que no le podemos nada al tiempo.


Mejor aún, ¿qué es un río, una nube, una roca, una montaña, la mar, una estrella, qué es finalmente una cosa natural, qué es un cuerpo viviente, por tanto el nuestro?  Una caja, un pozo, una banca de tiempo, digamos la palabra: una memoria.  Las ciencias contemporáneas han incluso enseñado a fecharlas casi todas, capa por capa, detalle tras detalle.  Antes de estas proezas —acabo de decirlo— habíamos aprendido (al menos ciegamente) a imitar la naturaleza desde ese mismo punto de vista temporal; sabíamos pues, de alguna manera, plegar, ocultar, conservar, gastar, envolver o desarrollar tiempo en un objeto, útil práctico o intelectual, martillo o página; y en un viviente que se reproduce, toro u oveja, hacer de él también una memoria.  Al abrirnos la mutación, las biotecnologías siguen esta tradición antigua por medio de procedimientos de una novedad fulgurante.  Sabemos manipular este tiempo antaño caprichoso.  Entrando en la memoria de su especie, hacemos nacer vivientes.  Condensar el tiempo colosal del Gran Relato en la brevedad de la innovación técnica es aquí pues, lo mismo que proyectar una memoria en un nacimiento.  ¿Metemos la mano en la duración del mundo y el tiempo de la evolución, sobre la especiación… sobre la hominización?  Sí, de golpe y como de rebote, nos hacemos nacer a nosotros mismos.  Entramos en nuestra larga memoria, penetramos en nuestra naturaleza y en ella hacemos nacer una cultura.  ¿Qué es pues el humano?  Un viviente en vías de auto-evolución.


En un siglo, la duración de Bergson desciende de la metafísica a la práctica, y de la evolución creadora al creador de evolución.  Ella pasaba por ser un dato fatal, en todo caso por ser un destino; hela entre nuestras manos.  Racional de ñapa.  Sapiens sapiens tiene sin duda menos razón que la evolución al azar, que él termina por forzar de manera programada.  Nada es más nuevo verdad; pero nada es tampoco más comúnmente humano, a tal punto tenemos la costumbre de hacer que se encuentren nuestras ideas más abstractas con lo establecido o con el jergón, o abstraerlas de nuestras manipulaciones; nada más antiguo puesto que en cumplimiento de este gesto mismo, sobre la primera piedra, nos volvimos humanos.  ¿Qué es la historia humana?  El dominio relativo de un resumen de evolución.


Los estoicos de la Antigüedad distinguían entre las cosas que dependen de nosotros y las que para nada lo hacen.  Hemos aprendido, después, a hacernos amos y poseedores de la naturaleza —según el precepto de Descartes— por tanto hacer crecer las cosas que dependen de nosotros y decrecer las que no dependen.  Llegados al máximo de esta eficacia, nos apercibimos en un tercer tiempo, que dependemos finalmente de las cosas que dependen de nosotros.  Dependemos de aquí en adelante de una duración que, cada vez más, depende de nosotros.  Hemos retomado el ciclo autoproductivo de hace un momento, pero en la pura temporalidad.


Actualmente como ayer, nacemos de hacer nacer.  Por esto hablé al comienzo de una cultura reconectada a la naturaleza.  Nos planteamos pues cuestiones globales, concernientes a nuestra influencia sobre un entorno que utilizó millones de años para constituirse, en el momento mismo en que nuestras biotecnologías buscaban dominar la mutación que, dejada a sí misma, toma un tiempo imprevisible, hacen nacer vivientes que nos sorprenden.  Por esto llamo humano al único viviente que corre hacia la auto-evolución, porque él descubre —poco a poco— nuevas empresas sobre el nacimiento y la naturaleza, en suma, sobre el tiempo.  Lo que de Kant a Sastre llamábamos autonomía personal o creación de sí por sí mismo, pasa de la moral al destino y del individuo al mundo y a la humanidad.


Tiempo
 

Para aclarar esta auto-evolución, regreso sobre el tiempo y retomo; si esperásemos que la evolución, esa que conocemos sin dominarla, logre dotarnos de un órgano que responda a tal o cual necesidad, tendríamos que tener paciencia de duraciones colosales y soportar millones de muertos por desadaptación.  Desde que nos entregamos a las acciones técnicas, manipulamos tiempo sin dudar de ello.  Fabricar una piedra que talle exige algunos minutos, en lugar de esos millones de años.  Así se evalúan los objetos técnicos: temporalmente.  La actividad técnica ajusta una duración colosal, sin finalidad, sobre la duración breve de la intención inventiva, seguida de la puesta a punto.
El mismo razonamiento se aplica a la agricultura y a la ganadería que marcó, en el neolítico, un momento decisivo de la hominización.  Cuando laboramos o protegemos a los animales en la finca, los sustraemos de los peligros mortales del medio natural.  De cierta manera, los sacamos de la evolución.  En lugar de esperar que ella nos ofrezca la multiplicidad de caballos de carreras o de labranza, vacas adaptadas a tantos climas, la inmensa variedad de perros de compañía… más vale seleccionarlos nosotros mismos.  De nuevo, plegamos un tiempo interminable sobre nuestras fulminantes decisiones.


De la piedra tallada a la invención de la escritura y de la agricultura, de la ganadería a la revolución industrial, de la informática a las biotecnologías, la hominización realizó el mismo gesto, seguramente que refinándolo y multiplicándolo, pero invariante en sus variaciones.  Sí, como cualquier otro viviente, hubiéramos esperado a que nos salieran alas, inciertamente… de Ícaro con la carabela, mientras que nos volvíamos constructores de aviones.  Homo faber resume en un periquete lo que la llamada naturaleza se toma una paciencia multimillonaria para hacer emerge sin quererlo.  Envuelve en instantes menudos duraciones colosales.  Este plegamiento amontonado crea agujeros negros donde se olvida la larga duración que la acción presente economiza.  Cuando atravesamos el Pacífico a once mil metros de altitud ¿qué tenemos que hacer con nuestros recuerdos que centenas de millones de años hubieran podido darnos alas?  Virtual, esta memoria ya no concierne.  La historia se vuelve este pozo de olvido.


La historia
 

Desde entonces ¿qué de nuevo en las biotecnologías inquieta a los profetas de la desgracia?  Ellas retoman el mismo pliegue, la misma torsión, acompañada del mismo olvido, aunque en lugares diferentes.  Acabo de decirlo: ellas anulan la duración de las mutaciones.  Estas operaciones se hacían sin finalidad en el azar y la necesidad; nosotros las sustituimos por nuestros proyectos más o menos racionales.

Desde que conocemos la longitud del Gran Relato, desde que sabemos datar los elementos: medio interior, hemoglobina… evaluamos, por primera vez, como de regreso, el alcance temporal de nuestras acciones técnicas.  No las sabíamos llevar a cabo hace apenas medio siglo.  Creíamos que las técnicas nos daban potencia sobre las cosas del espacio; esto sigue siendo cierto, pero se convierte en un juicio superficial ante el milagro inmensamente improbable que ellas realizan en el tiempo, bifurcación que pilotea la hominización siempre en curso en la actualidad.


Todo viviente tiene poder sobre las cosas del espacio; habita un nicho, sintetiza en él la clorofila, agita allí sus ramitas en la brisa, expulsa las presas al galope, vuela en las nubes para volver a playas rutilantes… pero sigue sujeto al tiempo, presente, inmediato, reproductivo, evolutivo, interminable.  Desde que el hominiano talla un sílex, manipula tiempo.  Veo en este objeto una especie de lupa que resume y reduce en su brevedad duraciones gigantescas y en su uso innumerables y repentinas adaptaciones.  ¿Qué es la historia?  La evolución vista y reducida a través de la lupa técnica, dándole incluso vuelta a ella y metamorfoseada por ella.



Filosofía

Bergson y Heidegger distinguían el tiempo y el espacio de tal manera que las técnicas, sujetas al segundo, no tenían ninguna relación con el primero; la extensión desciende en la práctica, despreciada, el fenómeno vago, y la geometría —calificada de tiesa—; mientras que la duración, metafísica en el uno, sube a ontología en el otro.  Aunque de forma menos augusta, pero más concreta y vital, comprendo esta disimetría y este privilegio que explica tantas cosas y a nosotros en particular.  Desde su nacimiento, el hominiano explota en apariencia el espacio porque él invierte, le da vuelta y pliega —de modo más profundo, más ciego y más eficaz— el tiempo.  Mejor aún, se hace amo de las cosas sumergidas en el entorno porque logra ese replegamiento.  Me encanta que el verbo explotar despliegue el verbo plegar.  Hemos devenido los hombres que somos al dominar esta torsión; emergemos de este acto.


¿Qué es lo humano?  Un cierto poder de manipular la duración.  Una potencia de plegamiento, en longitudes incomparables, del tiempo sobre sí mismo.  Una autoridad adquirida sobre la formación de lo inerte, la evolución de los vivientes, sobre la circulación de los signos, en fin: sobre su tiempo propiamente hominiano, onto— y filogenético.


Que este antiguo destino de nuestras prácticas —reaparecido nuevamente y presente a nuestra visión del mundo y del hombre— nos angustie o nos exalte, que plantee cuestiones de conducta o nos coloque ante responsabilidades inesperadas cuya amplitud conmueve hábitos y culturas, morales y religiones, políticas y filosofías tímidas, en fin ciencias humanas, ¿quién puede negarlo?  Le hicimos advenir, afrontémoslo.  Mejor aún: nos hacemos advenir, afrontemos nuestra propia variación.  Homo causa sui.
A pesar de nuestra arrogancia formal, no cesamos de aprender esta vieja evidencia: que no podemos separar, en nosotros como en torno nuestro, lo natural de lo cultural.  Una cultura nace actualmente al descubrir los secretos de todo nacimiento; ella renace de esta naturaleza.
Antigua y nueva, estable y fluctuante, esta simbiosis entre nuestra historia, la duración de la evolución y el tiempo del universo fundamenta lo que yo llamo, en términos de derecho, el Contrato natural.

Traducción. Luis Alfonso Paláu C.



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