El Fracaso Escolar, Cultura Mafiosa
Historiador
Colombiakrítica
Remachar, insistir sobre el fracaso de la Escuela en formar una sociedad crítica y edificante. En su lugar tenemos el triunfo de escolares acríticos absorbidos por modelos mafiosos, vidas ostentosas, de rumba y todo lo relacionado con el bajo mundo. No es difícil percatarse cuando las estadísticas arrojan que más del sesenta por ciento de los jóvenes son expulsados de la escuela, no logran graduarse como bachilleres, pero además, el sistema educativo no logra competencias de lecto escritura, matemáticas, ciencias básicas. Esto lo evidencian las pruebas Saber y Pisa.
¿Ganó el pulso la sociedad mafiosa a la propuesta educativa?
El Fracaso de la Escuela
El sistema educativo es una máquina de expulsar fracasados, su diseño vertical, autoritario está hecho para compaginar con una sociedad piramidal que rinde culto al mérito como su nuevo evangelio capitalista para producir exclusión. Los estudiantes son expulsados a la calle en el medio de la nada, porque se sabe que la calle alberga lo mejor y lo peor, allí la crudeza de la sociedad se manifiesta en blanco y negro, y decirlo de una vez, es el hampa, el mundo criminal, el que allí reina, absorbe de qué manera, con la complicidad de las autoridades sometidas a los pillos, en los barrios lo ilegal es ley, la muerte es el recurso para dejar vivir o hacer morir, los matones de barrio obedecen al Patrón.
Cultura Acrítica
Tengo para decir una falencia de cultura crítica en nuestra sociedad colombiana. Y como nada permanece vacío, bueno es preguntarse por lo que prevalece, y no hay dudas en la respuesta: la cultura mafiosa. Una anécdota ilustra bien nuestro decir. Tres décadas atrás, cinco estudiantes (no importa la cifras, son miles, la mayoría para mejor señas, los que se identifican con este sentir), se acercan al sensato y riguroso profesor de geometría y matemáticas en un colegio de las periferias de la ciudad de Medellín, palabras más, palabras menos, esto dicen en tono relax y de dar parte de tranquilidad: «Profe… no se mate tanto enseñando… a nosotros nada de eso nos interesa ni nos va a servir… nosotros estamos acá (estudiando) para escapar de la cantaleta de los papás… a nosotros lo que nos interesa es conseguir plata como los duros del barrio (traquetos, pillos, matones).
Contagio, Pandemia Mafiosa
Contagio, imitación, son equivalentes en los comportamientos sociales. Gabriel Tarde, micro sociólogo francés, develó el caminar distinto de una ciudad a otra, las comunidades se copian los gestos, se imitan a partir de un modelo, un patrón. En nuestra sociedad actual no es difícil constatar esto, mirar en las calles, transporte público, espacios comunes, en todo lugar donde se desenvuelve la vida social y privada, un sonido, un ruido no ha de faltar; tan variados según el formato: en espacios públicos los comerciantes muelen anuncios y amenizan con música para todos los transeúntes, de vez en vez, se interrumpe con una voz anunciante de los productos y las ofertas del momento, local tras local compiten con anuncios en disputas de clientes, es todo un mar de caos auditivo, pero sólo algunos reparan porque todo esto ruidoso es parte del paisaje, en un gran mercado de cachivaches con el cual blanquean dineros del traqueteo.
Pero esto que se irriga hace parte del mal gusto, de una cultura mafiosa, traquete que tuvo su cara publicitada con Pablo Escobar, aún hoy lo siguen festejando, celebrando en souvenir como gorras, camisetas, llaveros. Y desde luego en cierta música popular como los narco corridos. Miles de turistas vienen a Medellín y Colombia en busca del paraiso de drogas y tetas, del gran mercado del turismo sexual. Grandes negocios lavan dineros de la mafia acá y en el mundo, el fútbol también es una de las empresas perfectas para estos fines. Por donde se quiera se mire, la gran oferta del gusto del traqueteo está disponible.
El libro: sustenta la formación crítica
Ante ponemos a esta cultura mafiosa del bajo mundo y acrítica, una paideia para la vida, una educación que va desde la escuela, la calle, los lugares comunes hasta la familia. Acá nos encontramos con el universo del libro. El libro es un buen instrumento para forjar un pensamiento crítico por la complejidad que despliega, que lo caracteriza a diferencia del habla o de los procesos de habladurías, que son en la práctica espontáneas al igual que los gestos de rostro y manos a los que recurre. Es el leer un buen libro la posibilidad de surfear por el globo terráqueo, incluso por la función cerebral de la imaginación que nos proyecta dos pasos adelante.
Y por supuesto el escribir no es ajeno. Y por el contrario, el proceso de escritura exige niveles de ingenio y creatividad para elaborar figuras literarias de esos mismos gestos humanos propios de la comunicación, del relacionamiento humano de cada cultura, aunque existen gestos universales como por ejemplo la risa, la tristeza, el enojo, pero que en el habla son bien diferentes. No es gratuito que el libro y la flor sean el mejor regalo en las fiestas de San Valentín en España, cuna de Don Quijote, el señor que hizo del cultivo de las letras toda una pasión de vida al punto de confundirse con ellas mismas, la figura Don Quijote era larga como una letra (Foucault).
Pero cosa rara y extraña es hoy tener un libro en la mano, en cambio es anhelo y orgullo tener pistola en el cinto o hacerse acompañar de matones, da prestigio y poder, es el legado de la sociedad traqueta y mafiosa, conseguir dinero es el norte, ser estudioso y profesional es de tontos.
Cultivar una sociedad crítica exige esfuerzos para desarrollar pensamientos edificantes y creativos. Y esto está muy lejos de prácticas repetitivas que conducen a la idiotez como se percibe en el mundo actual con el desarrollo de las redes sociales. No es gratuito que países como Francia e Inglaterra estén regulando en niños el uso de dispositivos electrónicos y con ellos las adictivas redes sociales.
Finalmente recordamos la triada a tener en cuenta para una paideia para la vida, una educación integral compuesta por las tres instituciones que siguen sin remediar los males y que por el contrario los mantienen, los toleran y los agravan, son estas tres instituciones a decir de Francois Dagognet: La justicia que sólo se contenta con partir la pera en dos; La Escuela reproduce (exclusión) más de lo que produce (saber, inclusión) y por último la religión asfixiada en el solo dogma sin dinamizar el cuerpo presente de la solidaridad en la comunidad mutua y de amor deseada. La noche más oscura tiene su amanecer resplandeciente. Toca tener esperanza, es lo último que se pierde.
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