La Muerte Silenciada
Las Muertes
Su silencio perturba. Es cierto que es parca. Llega de repente, sin previo aviso, discreta, imperceptible, invisible, oculta. Es la muerte moderna. Pero en otras ocasiones medievales tuvo sus maneras de anunciarse: amable, familiar. Su llegada era calma, se le esperaba, tenía maneras de anunciarse, habían preparativos como cuando se va a una boda. En el cuarto y encamado, y quien se sabía próximo a morirse, recibía a los más íntimos para su último adios y dar sus disposiciones finales, las testamentarias. Y claro las plegarias irían al registro de almas, los Libros de almas que hacía las veces de administración de vidas en el más allá, eran los libros parroquiales. En fin, en todo caso, esta era la hermana muerte, esperada, familiar, amiga, tan de nosotros, como la definía San Francisco de Asís.
Y para complementar una tercera concepción de todo esto de producción de cultura fúnebre, se le suman la antigua y la de nuestro mundo moderno. En suma, la muerte domada medieval y la invisivilizada de nuestra época moderna, está esa otra de la antigüedad, bien definida por los estoicos en esa cosa de no asombrarse, en esa cosa tan común, de todos los días como lo es la muerte. El morir, todo tiene que ser nada, de la nada venimos y a la nada volvemos, todo se transforma, para que preocuparnos por ella si cuando estamos, no está, y cuando está, ya no estamos.
Cambios en la Cultura de la Muerte
Como quiera que ello sea, la muerte está envuelta, cubierta por la cultura de cada época, nadie está en su cuerpo a título propio, el cuerpo social, los deudos albergan a los ya idos, a los otros ausentes, son inquilinos del muerto. El muerto no es el muerto, es la muerte. Quien se va, queda habitando en nuestros cuerpos, son flujos que persisten por ciertas generaciones.
Enfatizamos, en la Edad Media, la bella muerte domada, no se le temía, el cadáver se entronizaba entre los vivos y previo estaba la preparación para la muerte, en casa, en cama, desfilaban familiares y personas cercanas para la despedida y las disposiciones finales. Un adiós al mundo, y finalmente encomendar el alma al buen Dios. Es una muerte en público, no se muere sólo, siempre en compañía. Pero esto cambiará con la muerte despreciada arrinconada en los hospitales y sus decididores que dicen cuando sí y cuando no se está muerto: el médico y su acta de defunción.
La muerte temida no es la propia sino la del otro, pero también es cierto que el cadáver es el espejo que nos refleja a nosotros mismos.
San Pablo recuerda a los de Corintio la resurrección. El cuerpo es carne que se pudre, el alma se desprende para emprender su viaje inmortal. Tres estadios fueron considerados en la edad media: Cielo, infierno y purgatorio. Se honra en las sepulturas porque se teme el regreso de los muertos, con sus oraciones se albergaba la esperanza de que los muertos no regresaran a perturbar, a mancillar a los vivos.
Esto hasta el siglo xviii hasta que los muertos, la hermana muerte hace parte de la vida, se cohabita con los muertos en sus ciudadelas de cementerios en medio de la ciudad, la muerte no es expulsada sino que se integra con el ritmo de los mortales. Esta tierra con sus cementerios son santa morada de los que duermen en sueños profundos. La bella muerte noble, es el fin de los seres queridos. En el siglo xix la muerte se confunde con la ilusion de belleza, de arte, la muerte que de oculta bajo lo sublime. La extremaunción se cambia por el sacramento de los enfermos, así el concilio vaticano II separa la muerte para recordar la penitencia permanente, la muerte deja de ser un momento.
Política Higienista
Los cambios en la cultura moderna de la muerte debe mucho a la política higienista. El cuerpo es pudrición y los lugares de intierro son focos de infección, por ello se explica los cementerios alejados de la urbe, dejar que los muertos entierren a los muertos. Higiene, la limpieza convertida en un valor burgués, la lucha contra el polvo será tarea del ama de casa. Ayer las iglesias eran necrópolis, hoy el higienismo nos resguarda de la pudrición de los cadáveres
La muerte negada
No soy enfermo terminal, sólo pequeñas molestias, estaré bien, no estoy enfermo de cuidar como a un niño. Todo va a estar bien. Dostoyevski en Ivan Ilich construyó un sólido y grande muro elevado de mentiras que luego ni el mismo pudo franquear, atravesar, todos a su alrededor le creyeron, ya era tarde para desmentir y mendigar un poco de compasión.
Santos contra Demonios
La vida del santo era lucha victoriosa contra el demonio, la del pecador era una amenaza permanente de condenación infernal. La plegaria sera un interceder, una tabla de salvación. Ayer en el medioevo en la desgracia, se deseaba la muerte, hoy sólo entramos en depresión, nombrar diferente para desterrar la muerte ya tan ocultada, tan alejada de este mundo y de su cotidianidad.
Persistencia de la Justicia Divina
Pero la muerte no detiene ni la venganza ni la Justicia, se sigue albergando esperanza en un más allá, los consagrados a Dios son el templo de cristo, son los cuidadores, los arreadores de ovejas.
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