Enfermedades del Espíritu

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


La Filosofía


Materia y Espíritu


La filosofía, en sí, se propone conocer el mundo en su completitud, ella es audaz, ambiciosa. Es una empresa englobadora, quiere dar cuenta de todo. ¿Empresa enciclopédica, ilimitada? ¿Imposible? Un problema se identifica, la sola idea conduce por lo menos a un sesgo que desfavorece la materia, el ego del idealismo se regocija en el olvido del mundo, de la cosa, de la materia de la que estamos hechos nosotros y el mundo, la representación tan sólo es un reporte que el yo hace de la realidad externa que nos circunda, que nos rodea, es una imagen del mundo a la que nos hacemos. El mundo es mi reflejo.


Lo Más en lo Menos


El mundo, el universo entero se nos entrega en un grano de arena, la formación geológica, por ejemplo. Lo más profundo es la piel. El afuera brilla por si sólo, la superficie nos entrega el adentro, la piel es una membrana, una interfase que refleja el adentro en el afuera. No es necesario visitar lo demasiado profundo que es oscuro, no vemos con claridad y terminamos perdiéndonos. Una membrana es intermediación del adentro y del afuera. Lo más profundo es la piel, versó Paul Verlain.


Conocimiento de la Vida


Conocer para ser mejor, pensar, sopesar bien para saber lo que nos rodea. El sujeto se encuentra en el objeto, allí él se exterioriza. No ir demasiado lejos ni a las profundidades para conocer, todo se nos presenta ante nuestros ojos, en la sola superficie; en las profundas y oscuras profundidades nos perdemos. Las cosas albergan, alojan, son solidarias, son la extensión de nuestro ser, de nuestra existencia, la silla heredada alberga el ser de mi abuelo que la fabricó. No es caprichoso que la palabra ex-istencia exprese el adentro que sale en el afuera, es un movimiento solidario del ser hacia la cosa, hacia la materia.


Enfermedades del Espíritu


No hay nada inculto, estéril y muerto en el universo; el caos y la confusión son sólo aparentes » ( Monadología, $69).  Lo nuevo es lo normalizado, lo viejo des actualizado y obsoleto, ya devaluado. Es el mundo tan cambiante.


La Vida es Lucha


Zócalo Animal


La defensa del territorio y asegurar el alimento ofrecen un espectáculo de violencia y crueldad en las especies. Incluso la excesiva proximidad asfixia, el amontonamiento se soporta mal, comprometen la existencia. Cesa la guerra con la saciedad. La vida se las arregla para dispersar a los animales (Dagognet).


Todos los vivientes deben morir, la vida asegura su renovación en la persistencia vía propagación de las especies, no permanece encerrada en lo mismo, desaparecer contiene ventajas para la renovación, la biodiversidad, y por lo demás, nos libera del resquebrajamiento del inevitable envejecimiento, las disminución de energías y fuerza de toda existencia.


Reafirmación del Yo


El yo, el individuo se reafirma incluso en el menosprecio, en el rebajamiento de los demás, el infortunio de los otros, es mi regocijo. Igual se odia al benefactor, su abundancia, su generosidad termina por aplastarnos, disminuirnos. Queremos alcanzar logros con nuestro propios esfuerzos, queremos la superación por nuestros propios medios, pese a nuestra incapacidad y debilidad. Los méritos propios inflan el ego.


El Yo versus los Otros


Desestabilización de las Relaciones Sociales


La persistencia en nuestro ser, en nuestra autoformación, trae lo mejor y lo peor, despierta las peores pasiones de violencia. A diferencia de los animales que les basta con satisfacer sus instintos, los humanos le sobrepasan en su pulsión energética que desestabiliza las relaciones interindividuales por sus capacidades agresivas, es el único animal que tienen consciencia de su muerte y por ello mismo quiere prolongarse, eternizarse en las pertenencias y en su misma reproducción, busca su prolongación, retarda su desaparición en su posible recuerdo después de muerto. 


El Deseo es Motor Existencial


El deseo es motor existencial. Cada quien busca aventajar, sacar ventaja de los demás. El ego se ramifica y comanda las pasiones. Amamos a quien nos prolonga, odiamos a quien nos disminuye, nos rebaja. Del amor al odio hay un paso. Y así la extensión: los amigos de mis amigos, son mis amigos, y sus enemigos son por igual los propios. Y lo más amado, hoy se nos presenta como lo más odiado. No se tolera el no amor que me resquebraja, ese otro que escogió el campo de batalla adverso. 


Propagación del Amor y del Odio


El deseo no se somete a un orden, desorganiza la existencia individual y llena la vida social de tropiezos y querellas. El amor y el odio se propagan, se amplifican. Incluso basta con el menor detalle de similitud que nos recuerde a ese otro para trasladar ese odio o amor sin que ni sin quiera seamos conscientes, la pasión es fuerte y suficiente para lo mejor y lo peor. Igual las cosas y las propiedades que alojaron nuestra felicidad, también despiertan los celos, por ello las peores querellas dadas para acabar con el otro, no queremos su disfrute en persona y por otros medios. La violencia indirecta no se hace esperar.


Imitación, Cultura, Costumbres


La imitación, copiarse los unos a los otros, la propagación, el hablar, el libro, el periódico, todo aquello que vehicula, propaga las costumbres y deseos. La necesidad de hablar es irresistible, el ágora griega es ejemplo. Su función: confeccionar y renovar la opinión, diseminar lo que todos adoptarán. Lo nuevo atrae, aleja lo caduco. El lenguaje es mandato, no comunicación.


Las costumbres vehiculan la cultura


Contagio, manera de caminar, costumbres, hasta llegar a lo interior, nuestras actitudes, deseos, toda un micro física del poder. Gabriel Tarde, sociólogo de la micro sociología, enseñó que la imitación de las prácticas culturales se propagan para actualizar las sociedades. Y así, de esta manera, en este mundo moderno,  participamos de la unidad nacional que arrastra gustos y actitudes comunes, nos acurrucamos los unos con los otros. La discordia es nociva, se gana con su renuncia.



El imperialismo del deseo


Los conflictos esenciales se enmascaran para no exponernos, luego se sacaran por su sumbra, lo profundo se vuelve visible y aflora. 


Tanto el odio como el amor se ramifican, aparecen aquí, allá, incluso se agazapan queriendo pasar desapercibidos. Si al dolor se le añade mal, lo amplifica, lo empeora: nos desarregla. El dolor alerta sobre los disfuncionamientos, pero persistente y aumentado, nos sobrepasa en sufrimiento.


Estad líneas son provocadas por Francois Dagognet en el texto titulado Cómo salvarse de la servidumbre voluntaria. En escritos venideros seguiremos alentando su lectura más allá de está, su introducción.

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