Cielo, Purgatorio, infierno

 Por Mauricio Castaño H
Historiador 
colombiakrítica



El más allá de este mundo, el miedo y en especial la desconocida muerte, han creado sus incógnitas y sus posibles respuestas. El Cielo, el Purgatorio y el Infierno son formas de administrar almas en una divina justicia gradual. La Fe te salvará, sentenció el apóstol Pedro, después de caminar sobre el agua pero en contraste, está la poca fe al hundirse en la duda en tierra firme. Nadie discute que la imaginería da para crear mundos posibles por fuera de lo real concreto, pero la verdad es que son las prácticas y costumbres humanas las que crean realidad, así sean producto del mundo imaginario. En sí, la obsesión por las tinieblas sirve a un sentido infernal pero también místico. La creencia en el purgatorio implica ante todo la creencia ante todo en la inmortalidad y en la resurrección.


Imaginación, imágenes, razón


La razón se nutre de imágenes. Y la imaginación es la loca de la casa, sentenció el filósofo, es caprichosa pero sobre todo nos devela en lo que somos, en la cultura y en el miedo a la muerte. Somos los únicos animales que tenemos conciencia de nuestra finitud. Esto también explica nuestra relación de nosotros los vivos con la muerte y los muertos, no sabemos ni el día ni la hora pero sabemos con certeza que llegará la parca en cualquier momento. 


Pero no es tan fácil encontrarse así frente a frente con thánatos, necesitamos apaciguar los miedos de las dos fechas del antes y del después. El Cielo, el Purgatorio y el Infierno han sido los lugares creados por el imaginario cultural como destino para la otra vida después de la muerte. El infierno, abajo, es lugar de tormentos, el cielo, arriba junto al paraíso son lugares de alegrías. Es costumbre que la falfa gravita hacia abajo mientras que la Justicia hacia arriba. Por lo demás, la relación entre justicia divina del más allá y justicia terrenal en sí han sido subsidiarias, aquella inspira a ésta.


El Purgatorio


Para el mundo medieval del cristiano, primero fueron el cielo y el infierno, salvación o condena, uno u otro eran sólo las dos opciones tenidas para las futuras almas. El purgatorio que tuvo por función brindar una segunda oportunidad a las almas en pena y que no eran extremadamente malas, pecadoras. 


Pero gracias a los romanos y griegos en su creencia de vida después de la muerte, sacudió aquel mundo de extremos y terror con esas dos opciones únicas de irse al cielo o al infierno, y entonces se fue abriendo paso un lugar intermedio de Esperanza para limpiar, para purgar pecados. Este lugar ha sido y es el Purgatorio, incluso en nuestra actualidad el gobierno de San Pedro en Roma, han matizado el terror infernal, afirmando que el infierno no es un lugar sino un estado, ello motivado, consideramos, por la competencia de las iglesias evangélicas que atraen cada vez más fieles a sus filas bajo cierta promesa de salvación segura.



Con Jacques Legolf aprendimos, en Historia del Purgario, que fue gracias a los romanos y griegos, que el cristianismo se vio obligado a aceptar el purgatorio como el lugar intermedio entre el cielo y la tierra para dar una segunda oportunidad a los pecadores. «El cristianismo había heredado de las religiones y civilizaciones anteriores una geografía del más allá; entre las concepciones de un mundo uniforme de los muertos —como el sheo! judío— las ideas de un doble universo después de la muerte, uno de ellos de horror y el otro de dicha.»


El Fuego


Es inconcebible el infierno sin fuego. Pero también es claro que el fuego devora pero también purifica, las almas santas pasan sobre él sin afectación alguna. El fuego del Purgatorio, sin dejar de ser un símbolo portador de sentido, el de la salvación mediante la purificación, vino a ser un instrumento al servicio de un complejo sistema de justicia, vinculado a una sociedad completamente distinta de aquellas que creían en el fuego regenerador. Seguimos en todas estas líneas a Jacques Legoff.


El Imaginario del Más Allá


En la configuración de la imaginaría del más allá, bebieron distintas culturas “textos judíos, griegos y coptos que jugaron un gran papel en la manera como se configuró la imaginería del más allá, sobre todo la del infierno. E. A. W. Budge ha subrayado los caracteres de esta herencia infernal: «En todos los libros sobre el Otro mundo encontramos pozos de fuego, abismos de tinieblas, cuchillos mortíferos, corrientes de agua hirviente, exhalaciones fétidas, serpientes ardientes, monstruos espantosos y criaturas con cabezas de animales, seres crueles y asesinos de diferentes cataduras... semejantes a los que nos son familiares en la antigua literatura medieval, y es casi seguro que las nociones modernas le deben a Egipto muchas de sus concepciones del Infierno». (Cita Legoff).


Mundos Intermedios en Platón


“Hubo diversas consideraciones que incitaron a Platón a buscar caminos de situaciones intermedias después de la muerte. Así, por ejemplo, la idea de que la pena debía ser proporcionada al crimen, tal como se expresa con fuerza en La República (X, 615 a-b). Pero también la concepción de un destino particular para las gentes virtuosas de tipo medio, quienes continuarán atravesando el ciclo de las reencarnaciones, pero sin dejar de disfrutar en los intervalos de recompensas, no precisadas, «en una mansión pura y situada sobre las cimas de la tierra» (Fedón, 114 c, 1-2). Igual que el Antiguo Testamento, el pensamiento platónico concerniente al más allá sigue siendo fundamentalmente dualista.» (J. Legoff) 


Fuego: Salvación y Plegarias


El purgatorio para la cristiandad es la posibilidad eficaz de un perdón a través de las plegarias de los vivos por los muertos rescatables “La teología católica moderna distingue un fuego del infierno, punitivo, un fuego del Purgatorio, expiador y purificador, y un fuego del juicio, que pone a prueba. Se trata de una racionalización tardía.”


El fuego divino rejuvenece pero también inmortaliza, es hecho rito. El fuego es apropiado por el cristianismo, el fuego purifica, es salvación, es regenerador. Las almas puras pasan por los torrentes de llamas inmunes, sólo avivan, acentúan su limpia alma. El fuego además de purificar es solidario de un sistema judicial de gradualidad de penas al pecador.


Por lo que se tiene, es el llameante, el torrencial fuego el que purga, purifica. Ante sus llamas se tiene una segunda oportunidad de lavar los pecados o pasar inmune para aquellas almas piadosas, cercanas a la santidad. Es lo que dice la gran mística cristiana


El Fuego Purificador


El monje respondió: «Lo conozco y muy bien, pero me gustaría saber por qué me haces esta pregunta.» Y el otro: «Te lo voy a decir, y te conjuro a que nunca olvides lo que vas a oír. No lejos de nosotros se encuentran unos lugares que, por manifiesta voluntad de Dios, lanzan con la mayor violencia un fuego abrasador. Las almas de los pecadores, durante un tiempo determinado, se purgan allí en medio de variados suplicios. Una multitud de demonios está encargada de renovar sin cesar sus tormentos: reanimando las penas día tras día, haciendo cada vez más Intolerables los dolores. Á veces, yo mismo he escuchado las lamentaciones de estos hombres que se quejaban con vehemencia: la misericordia de Dios permite, en efecto, que las almas de estos condenados se vean libres de sus penas gracias a las plegarias de los monjes y a las limosnas dadas a los pobres, en lugares santos. En sus llantos se dirigen”


Los Muertos se Comunican con los Vivos

Los Sueños y la Realidad



Los muertos que hablan a los vivos en los sueños, estos ven el alma, mientras que si se sueña con alguien que tienen vida se ve es una imagen. Es así como el muerto se puede comunicar con el vivo y hacerle solicitudes bien sea para reforzar las indulgencias y salir pronto del purgatorio y aligerar la llegada al cielo. 


También refiere Legoff almas devueltas del infierno porque no eran las esperadas, por equivocación, la muerte se llevó a quién no era. Se corrige el error, el alma es regresada al cuerpo y se toma la de otro cuerpo, la transacción se hace a feliz término entre las partes, demonio y representantes de Dios en la tierra. Acá de nuevo opera el purgatorio de Dante como un sistema de esperanza gradual de justicia.


“Como la realidad coincide con el sueño se sentirá tentado a creer que hay que inhumar a los muertos a fin de hacer posible que las almas alcancen aquellas moradas a propósito de las cuales se ha soñado que las leyes del infierno se las vedan mientras los cuerpos no han recibido sepultura. Sólo que si acoge semejante creencia, ¿no se ha dejado llevar muy lejos del camino de la verdad?"


"Sin embargo, tal es la fragilidad humana, que si se ve a un muerto durante un sueño, se cree ver su alma, mientras que si se sueña con un vivo se está perfectamente convencido de que no se está viendo su cuerpo ni su alma, sino su imagen. Como si los muertos no pudieran ponérsenos delante exactamente igual que los vivos, no bajo la forma de un alma, sino bajo la de una figura que reproduce sus rasgos. He aquí un sucedido que puedo certificar. Estando en Milán oí contar que un acreedor, a fin de hacerse reembolsar una deuda, se presentó con el reconocimiento firmado por el deudor que acababa de fallecer al hijo de este último. La deuda estaba ya saldada, pero el hijo lo ignoraba y se sintió enormemente apenado, sorprendido de que su padre, que sin embargo había."


"La religión católica heredó de otras religiones una geografía del más allá como el sheo judío y un doble universo donde la dicha o la desgracia de las almas se ganaba tanto en vida como después de la muerte. En aquella lo piadoso y santo, en ésta gracias a los vivos piadosos que intercedían con indulgencias ante la propia fe e intermediarios como curas o similares."


Y no es descabellado toda vez que la antropología ha señalado que la existencia precisa de un territorio donde desenvolverse, ser es desplegarse sobre un territorio. Y en el más allá, en otras vidas, en las eternas según los dogmas religiosos, no viene nada mal casi que calcar esta lógica terrenal a la celestial, al más allá a donde van las almas cuando se desprenden de los cuerpos. Así las cosas, el territorio es una interiorización del espacio organizada por el pensamiento del hombre.


Pecados del Alma y de la Carne


Son siete los pecados capitales, a su vez dividos de la carne y el espíritu. Los del espíritu son: soberbia (o orgullo), la avaricia, la lujuria, la ira. Los de la carne: la gula (o glotonería), la envidia y la pereza.


Otra consideración,


"El matrimonio legítimo, el exceso en la comida, el placer exagerado por las futilidades, la cólera llevada hasta excesos de lenguaje, el interés exagerado en los asuntos personales, la asistencia descuidada a las oraciones, el levantarse tarde, las explosiones de risa, el abandono excesivo al sueño, la retención de la verdad, las habladurías, la obstinación en el error, sostener lo falso por verdadero en las cosas que no conciernen a la fe, olvidarse de los deberes pendientes, o tener los vestidos en desorden, son pecados todos ellos que innegablemente pueden purgarse por el fuego."


Registros de vivos y de muertos


La administración de vivos y almas contó con registro de libros parroquiales. Los libros de las almas llevaban una contabilidad juicioso de ofrendas e indulgencias direccionadas a salvarlas del infierno y asegurarles la salvación con destino final al cielo.


"Durante la época carolingia en ciertos monasterios se inscribía en unos registros a los vivos y a los muertos que había que recomendar en el canon de la misa. Ocupaban el lugar de los antiguos dípticos, tabletas de cera donde figuraban los nombres de los donantes de ofrendas. Se los llamaba Libros de vida (libri vitae)".


Una anotación final


Es el milenerarismo otro mojón heredado de la imaginería popular y religiosa, ello habilita motivaciones y estar dispuestos a cambios, a renovaciones, y como se dice, ello hace parte también de las grandes revoluciones, la idea de cambio incrustada en las conciencias humanas. Y otro aspecto que se suma al cambio, es la velocidad, lo veloz es acierto mientras que lo quieto, la quietud, la inmovilidad bes sinónimo de muerta, aquella de vida.


Milenarismo


"El milenarismo es la creencia de algunos cristianos, heredada del judaísmo, en el advenimiento a la tierra, en una primera fase del fin de los tiempos, de un período de dicha y paz de mil años, es decir durante un tiempo muy largo, el Millenium."


Todo esto es condición humana, desamasiado humana diría Nieszche. Se nos ocurre bun salto de comentario con esto de cambio y velocidad, las ultrarechas son agresivas, lo moderado no genera vértigo, no se quema adrenalina, no importa si se desciende a los infiernos, es un simple pensar en voz alta. Pero retenemos el propósito de la reflexión es de insistir que la razón se nutre de imaginación, de imágenes, imaginarios, y en especial, como bien lo planteó Dante en la Divina Comedia la Esperanza es salvadora. 


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