Materia y Espíritu

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El interior del hombre se vuelca hacia afuera, se exterioriza en los objetos que crea, la obra realizada nos expresa en lo que somos, en el trabajo está la realización del ser. Incluso es la materia la que nos moldea, y en una acto de reflejo se piensa en nosotros. El etnólogo y antropólogo, por ejemplo, reconstruyen pueblos desaparecidos gracias a los objetos dejados, a las obras realizadas. En el corpus está el espíritu, la obra contiene lo incorpóreo. El símbolo salido de la especie humana se alojará en la materia. El afuera aloja el interior, es la obra realizada, el objeto contiene al sujeto, el yo, el interior exteriorizado. La experiencia, la empiria nos devela en lo que somos, construimos la experiencia, lo real organizado.


Es cierto que se ha favorecido a lo largo de la historia un imperialismo del sujeto que se ubica en la cúspide, está coronado como un sujeto, un «yo» supremo, el culto al yo desligado de lo que lo refleja, de la materia. Es una contraposición que devalúa lo concreto, lo real. Esta toma de partido por lo inmaterial hizo carrera, así las cosas, las pobres cosas que nos definen y nos rodean son echadas de menos, desconociendo que son ellas mismas las que reflejan al sujeto. 


Las cosas tanto hacen parte de nuestras vidas que circulan de extremo a extremo en nuestro planeta, entre tantas culturas existentes en la civilización humana. Ello no es otra cosa que los objetos y su circulación, es decir, las mercancías que enlazan y ponen a circular lo más ingenioso y necesario de la invención humana. «El tener, la posesión, ayuda al individuo a devenir él mismo. El tener entra en el ser y lo constituye. Yo soy con y por lo que utilizo». (Francois Dadognet, Subjetividad, 2004, p. 33). La mercancía socializa, en su circulación tejemos sociedad, favorece la relación social, el corpus y el animus,


Todo hacer en el ser es un reflejo de sí mismo, es decir de la materia, del mundo que le rodea, al que está circunscrito, incluso la rutina, las costumbres que en apariencia tienen un revestimiento de repetición pero todo se repite de manera diferente, la diferencia y la repetición es una bina que caminan a la par. Dice Dagognet en la obra citada: «Es verdad que la repetición ha sido desacreditada; en efecto, lo mismo con lo mismo nos lleva a la monotonía, pero lo mismo con lo otro nos desorienta y nos desanima, porque el exceso de diferencias impide la confluencia. Lo que es estimulante -sensorial y filosóficamente- viene del entrecruzamiento y de la aproximación de lo mismo con lo casi mismo, es decir, el más débil grado de alteridad. No conviene ni la ausencia de toda distancia ni la ruptura de contacto». (p. 47).


Lo que interesa no es la repetición de lo mismo, no es un TIC, sino lo que se repite de manera diferente. La materia y es espíritu es una realidad solidaria que de expresan en doble vía, es tan espiritual la materia, la obra realizada, como es tan material el espíritu en el reflejo, en lo que impregna en la materia que interviene.


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