Desobedecer

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Poder y Resistencia. Si hay poder hay resistencia. Lo propio del hombre es desobedecer y cuestionar todo lo que se le propone como un posible hacer, su cerebro es un aparato de confrontaciones incesantes. Basta con cuestionar o impugnar una regla para saber que algo anda mal, una regla es regla cuando arregla de lo contrario es frágil y quebradiza. A falta del ciego obedecer, se precisa de la violencia dictatorial que doblega lo disidente, que aplasta todo pensar diferente. 

Pero en nuestros tiempos modernos los regímenes totalitarios son sustituidos por doctrinas psicológicas y redes sociales del gran mercado que anestesian aquella rebeldía humana, la suavizan y le dan vuelta de tornillo, y la vuelven contra sí, y es así como los pobres se avergüenzan de sí mismos y entonces simpatizan con su verdugo y sus lujos en un conformismo generalizado. La política es trivialidad en donde solo importa la cara más sonriente y la inteligencia vale un carajo. Y entonces las inequidades del planeta, las serias discusiones sobre el cambio climático son necedades de las que nadie quiere saber así se sepa que la naturaleza ya no recomienza y el siglo xxi es el del agotamiento. Hoy nadie se indigna con su miseria, muy ocupados están pedaleando su tren de vida con sus vagones de deudas aquí y allá, la vida es estar pagando deudas. Vivimos con nuestras pagas salariales para estar pagando una deuda tras otra y así el ciclo de la vida vive presa en forma de servidumbres voluntarias del gran sistema financiero. Los salarios no son para vivir sino para pagar deudas.

Pero no todo está perdido. Hemos aprendido que la desobediencia es una alternativa. Hemos aprendido con Michel Foucault que no existe opresión definitiva que nos pueda doblegar hasta dejarnos moribundos, los Estados no son los únicos aparatos sociales que se tienen, han existido sociedades sin Estado, existe historia por fuera de los reyes como la de los hombres infames que colisionan con el poder. Existe una historia de las discontinuidades que rompen por fin con ese apresamiento de la historia como finalidad y como evolución en donde solo quedaba aceptar la binariedad de unos pocos privilegiados que todo lo tienen y la gran mayoría que naufraga en la inequidad.

Michel Foucault nos enseñó otra historia distinta a la de grandes temporalidades y apologías de reyes y en general de los vencedores, esa de largas duraciones, y sobre todo liberó la historia de la metáfora evolución, concepto de la biología que sugiere que los hechos tienen una progresión, que van de lo menos a lo más hasta llegar a un estado o estadio óptimo, que en las disciplinas sociales se ha tomado que el capitalismo y su fase final del imperialismo es el paraíso deseado, es la llegada natural o evolutiva de los sistemas sociales, se percibe allí también una finalidad, todo tiene un fin en donde debe llegarse, una predestinación.

Otras alternativas son posibles. Foucault nos vislumbró una ética y una estética de la existencia independientes de poderes que le quieren aprisionar, es posible construir propias libertades, es posible construir un Gobierno de Sí. Gracias a estas filosofías puede desafiarse los poderes asfixiantes de la vida. Otros autores que han pensado estas liberaciones son Gilles Deleuze con la filosofía del Derecho y Laurent de Sutter, … David Graeber y su libro En Deuda, Desobedecer de Gros Frederic.

Hoy nadie protesta, nadie se indigna, se está en un conformismo generalizado. Nuestras inconformidades son tramitadas en Google y Facebook con base a los clics dados en me gusta o no me gusta, se calcula que cuando una persona haya cumplido la edad de 18 años, estas empresas tienen sobre una persona 72.000 datos para ofrecer al mercado, es a partir de estas tabulaciones segmentadas que se aprovechan para hacer un marketing a favor o en contra de, según sean los intereses a defender, ejemplos son las manipulaciones en contiendas electorales como el Brexit, o la elección de presidentes en todo el mundo, Estados Unidos y Colombia han sido beneficiados con estas manipulaciones, las mentiras y los miedos usados para canalizar odios de las gentes a favor de un candidato y en contra de otro.

Estas cortas palabras tuvieron el propósito de dar contenido a una esperanza llamada batalla o desobediencia, develar esas doctrinas que anestesian la indignación. Mostrar ese sin sentido ético de esa acumulación exorbitante ridícula de esa pequeña Elite riquísima, símbolo del egoísmo demente y cínico, ese 1% contra un 99 por ciento miserable, siendo el sistema financiero el mayor especulador. Y con el agraveante de la paradoja dicha por Primo Levi que los hombres ordinarios son los más peligrosos que los monstruos. O Dostoievski diría: "El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse."

Nota: Este escrito debe mucho a los encuentros del Pensamiento Francés que tienen lugar en la Alianza Francesa bajo la dirección del profesor Luis Alfonso Paláu


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Buen viento y buena mar

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Buen viento y buena mar. Todos quieren llegar a buen puerto, todos lo desean afanosamente. La educación es similar a un barco, unos que guían y los demás confían su suerte al capitán. Es cierto, en la definición de nuestro camino precisamos de un guía competente que sepa orientar, que no vaya a desviarnos, confiamos de su buen equipamiento y de su brújula bien calibrada. Y decimos desviarnos en su conjugación posesiva porque cada quien descubrirá su propio camino, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar,” esa responsabilidad sólo es de cada quién y de nadie más, el guía o pedagogo sólo ayuda, acompaña, y ese es el sentido etimológico del término pedagogía, un viaje en compañía.

Se precisa entonces del buen capitán y con él sus coequiperos para que conduzcan a buen puerto. Y llevado esto a la enseñanza la cuestión es similar, no cambia. Ese líder que conduce la educación deberá tener ante todo buen conocimiento, buena competencia y buen gusto por su profesión, que ame el enseñar, que guste de la gente, que aprecie vivir en comunidad, en la común unidad, que no sea egoísta ni anquilosado, que guste del compartir, que entienda el ser social que nos define y cuyo centro allí en el claustro es el estudiante. Y en específico se requiere de ese líder, que comprenda e imparta o mejor comparta las rutas encomendadas, y por supuesto que lleve sobre sus hombros esa carta de navegación trazada en el proyecto educativo. En suma, que comprenda y viva el mundo cambiante, que sea flexible, escuche a sus colaboradores, que siempre vea posibilidades de salir de atolladeros y no se hunda, no se ancle, no se atasque, que sea un líder hábil para vivir el conflicto de manera constructiva. De él se requiere que se reinvente permanentemente.

Esto dicho así preocupa porque pareciera que estamos arando sobre tierra poco fértil. Se constata de la mala calidad educativa y cuyos artífices responsables son precisamente los maestros, bien sea por su incompetencia o mala formación, pues se sabe que están allí muy a su pesar, su lugar era otro, pero por descarte terminaron en lugar equivocado, y son precisamente esas frustraciones con las que carga el estudiante que no tiene ni arte ni parte en esas desgracias. Recordamos con el Ministerio de Educación que el 50% de la deserción estudiantil corresponde al maltrato o bullying que hacen los maestros y los mismos estudiantes a los más vulnerables, a los más débiles, a los más excluidos. Recordamos también que el estudiante es un ser que demanda toda la atención y protección de sus maestros, y si éstos están en puerto extraviado no pueden dar de lo que no tienen. Recordemos también, para reforzar y enfatizar de la importancia de la vocación de servicio y de la comprensión de un contexto que agrede a la población infantil, que en Colombia según Medicina Legal cada 14 minutos se abusa sexualmente a un niño, y sólo de ellos se denuncia el 5 o 10%, el drama social es complejo, y con el cual debe contar la escuela, es una realidad para trabajar y no para sustraerse.

Todos queremos llegar a buen puerto. Todos deseamos buen viento y buena mar. Pero ¿Qué estamos haciendo para que así sea? Percibimos a la educación desfondada, su cuestionada calidad nos lo evidencia una y otra vez. ¿A qué se debe todo esto? ¿Hay posibilidades de remediarlo?

Preocupa mucho que el nuevo mundo de cambios tecnológicos y demandado por las competencias nuevas y diferentes a las del mundo ya ido, no está siendo aprehendidas por el cuerpo docente, ellos siguen con lo mismo a espaldas de la realidad, siguen formando ascensoristas, carteros todas estas profesiones desaparecidas y las que aún están apunto de estarlo. Ellos, los profes, sólo padecen lo que se avecina y parece no preocupar mucho mientras la paga no falte, los estudiantes sí que pagan el precio cuando chocan con esa realidad, cuando lo aprendido en la escuela no sirve en ese mundo real cambiante y en constante transformación que por lo demás no los perdona y los excluye por incompetentes, por no tener las habilidades necesarias para el desempeño requerido, nos referimos a los jóvenes claro está, que no están recibiendo lo que debería enseñarse. ¿Qué ciudadano se requiere hoy día? Pregunta aún sin responder. Diógenes repercute una vez más en la búsqueda a plena luz del día de ese hombre nuevo. Nuestra paradoja: No podemos vivir sin las tecnologías pero ellas no pueden vivir sin nosotros. Ellas, las tecnologías, están para hacernos más libres, para vivir más y mejor!

Referimos algunas habilidades o competencias para llegar a buen puerto. Las hay de tres tipos. Las llamadas competencias del siglo XXI que refieren a las cualidades que debe tener todo líder de nuestros tiempos modernos como de aprender a trabajar en equipo y de manera horizontal, nada de egos vanos que comanda el autoritarismo o la verticalidad, mejor construir en equipo con el convencimiento y con el conjuro de las voluntades generales.

El capitán o líder deberá albergar otras cualidades del mundo hoy virtual y necesidades de vivir en paz. El deberá, el capitán, velar por el cumplimiento del deber, que no haya fraude en la enseñanza, nada de docentes (ni de capitanes) vagos que malogran la educación de los jóvenes, del futuro de un país. Nuestro líder hará posible el sentido de comunidad, todos en clave del bien común, el estudiante es el centro de la educación, a él damos lo mejor de sí, y también por ello nos rodeamos de la comunidad tanto la educativa como la de sus alrededores, el afuera y el adentro en función de educar al hombre del mañana.

Decimos entonces lo particular de las competencias. Aprender a convivir con los demás requiere ser conscientes de lo diferentes que son los otros y por lo mismo que en esa diferencia nos enriquecemos, crecemos y nos liberamos del tedio de la amenaza de ser iguales, de la aburrición de ser lo mismo, lo otro diferente nos abre las posibilidades de mundos desconocidos. Requerimos entonces de vivir en la diferencia y cuando la dificultad advenga, se precisa de manejar las emociones, de aquellas que nublan la razón. Por ello viene a bien echar mano de la argumentación, puedo expresar puntos de visto incluso diferentes a los de los otros sin necesidad de violentar o pelearnos. Argumentar y comunicar para habilitar en la diferencia que nos caracteriza y los libera de lo mismo que resulta aburrido.

Ha de suponerse, como lo creemos, que el mundo hoy nos facilita vivir mejor, las tecnologías nos acerca lo lejano requerido, y entonces por qué los capitanes, muchos de ellos, se resisten, no la gestionan, no lo incluyen en sus urgencias pedagógicas y privan a sus chicos de conocerlas. Es un acto irresponsable y poco ético que desdice de sus funciones. Fuente de inspiración para estas líneas fueron el decreto 1075, y las cartillas reglamentarias que enseñan las competencias ciudadanas y las de las nuevas tecnologías, y por supuesto, las que tienen que ver con los liderazgos modernos.

Que el deseo de llegar a buen puerto no cese, pero en especial no olvidemos exigir que haya buen capitán y coequiperos, que sean competentes para no naufragar.


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El travieso Serres

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

Pantopo, Un travieso, un caminante, un viajero, lo necesario para deberle su escritura al caminar, las ideas vienen del caminar, pasa por todas partes abriendo y descubriendo los senderos de la imaginación. A Michel Serres lo sentimos en la travesía de los saberes, ese que pasa de las ciencias duras como de las matemáticas a las ciencias blandas, esa de los signos, y su pasar es para mejorarlas y para liberarlas de la historia mentirosa o sesgada, de la historia de los vencedores, entonces nos enseña una historia bajo modelos de percolación, tamizaje o de ciertos modelos científicos que dan una mayor proximidad a la objetividad pretendida. Y es en ese momento mismo que nos invita a construir el relato, ese relato guiado por cada quien según su abrojo, entre más atrevido mucho mejor, es en la creación libre y en la creatividad como en la literatura donde mejor se encuentran los cuadros que reflejan el espíritu, el alma, las subjetividades que aparecen y desaparecen, que se esconden pero se muestran mientras más queremos ocultarlas, mientras callamos hablamos con la punta de los dedos. El gran relato se rastreará en el lenguaje y sus formas elaboradas como el mito y el habla misma. A Michel Serres lo conocemos en español gracias a la traducción inédita que ha hecho Luis Alfonso Paláu de sus más de ochenta libros, artículos y entrevistas.

Aquel travieso y mamagallista e incapaz de dar consejos a nadie, nos muestra o advierte en las Morales Traviesas,* del peligro de la mímesis, de la imitación, de la repetición, de tomar partido por lo mismo, de la burla, del linchamiento, por ello aconseja la broma cariñosa, suave y cuidadosa del matoneo. Deseamos, imitamos al otro que se nos presenta como modelo a seguir, pero cuando no podemos emularlo y se adviene la frustración, entonces odiamos, la envidia se vuelve motor  que impulsa al daño, recordar a los hermanos Caín y Abel, aquel da muerte a este por sentir que lo aventajaba, la disputa por lo mío y lo tuyo, la propiedad como veneno o como guerra. Y he allí la fundación de esa causa primera del ciclo de la violencia, el tener nos pone en el deseo ilimitado, nos pone a guerrearnos. Asimilable también en la dinámica del Don, con el Potlatch se moviliza una dinámica de transacción o comercial de querer aplastar al otro, entre más regalos dé, más humillo al otro. En la ausencia o escasez de originalidad se sustituye con repetición, con la imitación, el deseo envidioso que conduce a la muerte. La violencia viene de la repetición, del remedador, de la redundancia, de lo mismo, de la imitación, de desear lo del otro, nos viene del piso biológico y nos hermana como nuestros primates más próximos. El hombre un sofisticado animal, su piso biológico lo mantiene ligado, aferrado a las pulsiones, a la libido de odio y muerte

¿Qué solución existe para liberarse de esta guerra a muerte? A grandes males, grandes soluciones. Romper el ciclo de la violencia con la sólo transacción en donde sólo se involucra a tan sólo dos, el vendedor y el comprador, el que da y el que recibe, entonces la solución se haya en un tercero y el principio de la transitividad y no ya de la ganancia. Ilustra bien el siguiente ejemplo: Una maestra es preguntada por un niño ¿por qué ella se esmera tanto en cuidar a todos los niños?, a lo que ella responde que la misma pregunta fue hecha por ella misma cuando era niña a su maestro a la que él respondió que lo hacía porque otro la había hecho lo propio con él, y que ella misma lo iba a hacer cuando fuera mayor con otros chicos. Aquí yace el principio de la transitividad libre y limpio de cualquier mercadería, sólo el bien moviliza, y por qué no, la humildad, esa cuya compasión conduce siempre a hacer el bien. 

Pertinente recordar al Diógenes deambulando de día con una lámpara en busca de un hombre, el hombre nuevo, ese hombre para hacer aquel nuevo contrato social, se busca un hombre inventivo que no se vaya por lo fácil de la repetición, por el camino de la imbecilidad que reproducen las mass media, la televisión y la publicidad. Y he allí el peligro de nuestros niños con una escuela desfondada que insta a nuestros niños a la creatividad, a la invención pero sumergidos en los códigos de la repetición, en la estupidez, aplastados por la redundancia. Y aquí una recordación del propio Serres, hoy en el aula sólo se ofrece de un 5 a 10% de contenidos, lo restante lo tienen sus estudiantes en sus smarphone, antes de las tics la proporción de transmisión de contenidos era de un 80%.

Homoneja a Michel Serres 1930 – 2019. Hubiéramos querido titular este escrito Estructura de las Sociedades en tanto que el autor las ha sabido mostrar bien en su complejidad y multiplicidad. También porque caracteriza a ese bípedo por lo desobediente desde la indeterminación genética simbolizado en aquello mitológico de la manzana de Eva y Adán, además porque ello es condición para la creación, para la innovación que libera de la repetición, de la imitación, de desear lo otro, de liberarnos de la envidia que produce el linchamiento, el chivo expiatorio, la violencia sacrificial. Y como no agregar que «Con lo digital no se tiene el cerebro vacío, se lo tiene libre», lo virtual es próximo de lo virtuoso, la humildad, condición para que cese la violencia fuera de la embriaguez del poder.

Por último recordamos a Serres en su gratitud de buen comensal:

"Abandonaré la vida como me he levando mil veces de la mesa.  Habré percibido un ruido en la puerta, interrumpirá el festín, lo reconoceré.  No sé si suene una campana, o si resonará una voz; no sé si un ventarrón hará la señal.  Sólo sé que comprenderé.

Será preciso que me dé vuelta un momento.  Antes de seguir aquel llamado, buscar con mis ojos al anfitrión, y él sonreirá, ser cortés, no abandonar los lugares sin haber dado las gracias a quien me ha invitado." Michel Serres. El Parásito."


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Michel Serres

Biografía y Bibliografía

Elaborada en Julio de 2019
por Dr. Luis Alfonso Paláu



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Epistemología del Sur

Otro Mundo Posible

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

Un concepto y un autor para decir la realidad o contexto latinoamericano, Epistemologia del Sur reivindica los saberes autóctonos y multiétnicos de los territorios propios, nuevas formas de aprehender la realidad muy diferentes a la tradicional razón occidental que promueve una sola forma, una sola metodología es desmedro de otras lógicas, ejemplo de ello es la cosmogonía o la riqueza que moviliza la lengua indígena del Quechua como lo es la Pachamama, y aquí Boaventura de Sousa Santos, autor del libro Educación para Otro Mundo Posible* ilustra con una anécdota: una indígena doctorando se le presenta afligida y le refiere que estando en clase de Derecho Civil, escuchó decir con vehemencia al profesor que toda la tierra, todo el territorio del planeta era sujeto de propiedad, nada estaba a salvo, a lo que ella inmediatamente le increpó diciendo que en su comunidad indígena todo esto era muy distinto, allí todos pertenecía a la tierra, nadie era dueño de nada, ellos más bien se debían a la madre tierra, a la Pachamama… a todo esto el maestro con petulancia reviró que sólo lo real era su código Civil, el cual regía todo y hacía objeto y no sujeto a la tierra. Para concluir lo anecdótico Boaventura anima a la estudiante mostrándole su ventaja sobre el ignorante profesor, ella lo superaría al contar con esas dos racionalidades, la una razón occidental y la otra del saber indígena, por lo demás estaba más enriquecida para poder defender a su comunidad en esto de la cosmogonía contemplada como un todo quiebra el derecho de propiedad tan sacro en el mundo capitalista que todo lo privatiza para beneficio de unos pocos. Complementario a esto anecdótico es el tramposo, según nuestro autor, del concepto Emprendedor, una palabra peligrosa tal y cual la concibe la gran empresa, hoy la educación reclama de todos sus estudiantes sean emprendedores exitosos, pero lo que no dice, lo que oculta es que en la lógica de mercado para que emerja uno de ellos tiene que darse Miles de perdedores, pues el mercado está diseñado así, unos pocos ganarán, otros muchos perderán. Alguien tiene que fracasar. Por desgracia esa es la enseñanza que se imparte en las aulas, es una historia de los vencedores. Los claustros de educación están convertidasen sucursales mercantiles de la gran empresa, en esta lógica todos consumidores o clientes y no estudiantes. Los valores promovidos son los de consumidores y no los de ciudadanos, en suma, la academia es concebida como una empresa y la sociedad mercantilizada. Todo esto no es más que la promoción de principios que destruyen a la sociedad, en donde la solidaridad es horror.

A todo esto que corroe la solidaridad o el principio de conciencias compartidas, la construcción de un futuro mejor, en la construcción de otro mundo posible la pluralidad se liga con lo convergente, con la construcción colectiva de las comunidades que precisa de adversarios para discutir, para divergir y esto es muy distinto a la lógica de mercado en donde todos son enemigos a los que se les puede procurar muerte, asesinato.
Otras ideas fuerza tienen que ver con la confusión de la información con el conocimiento, todo esto con tal de favorecer la sociedad vista como un gran mercado. En cambio el concepto de epistemología del sur como se anotó líneas arriba propende por un saber inédito y en constante construcción, por ello la proclama de que es preferible una docta ignorancia a una docta esclarecida, es preferible una ignorancia esclarecida a un docto esclarecido. Todo sistema educativo es un sistema de desconocimiento, y precisa que para diferentes propósitos, diferentes conocimientos. Aquí el aula se presenta como un campo de sorpresa permanente, constante, allí los estudiantes que la habitan llevan unos aprendizajes adquiridos en la calle, en su entorno que habitan, pero que el currículum tradicional desconoce y a cambio imparte unos contenidos que no le dicen nada al joven escolar, por ello la educación en contexto, la epistemología del sur busca una educación que sea relevante para los estudiantes, una educación transformadora del entorno, una educación para la autonomía en donde la persona pueda ser dueña de sí misma y no una pieza de una maquinaria de la gran empresa, una educación que busca un otro mundo posible y mejor al que hasta ahora nos han vendido. En suma, la epistemología del sur quiere evitar los epistemicidios de la multiplicidad étnica latinoamericana Otro aspecto a tener cuidado tiene que ver con la estandarización de la docencia cuyo término es tomado de los procesos industriales (ej es PISA), por ello la educación como conjunto de técnicas hacen trizas cualquier intento de cohesión social, lo colectivo o la conjugación del pronombre nosotros se hace peligroso para los defensores del gran mercado. Educación en la sociedad de mercado es bien público o bien privado? Es una pregunta que hoy día vale hacerse. Terminamos estas breves líneas no sin antes recordar el contexto dado por la expresidenta Dilma Rousseff, en Brasil se vive un Desmonte de los esfuerzos logrados por los gobiernos democráticos como el suyo y de su antecesor Lula, ambos víctimas de una persecución maquínica y jurídica tinglados desde el Norte poderoso que quiere detener precisamente esas transformaciones sociales que alivian la equidad y el nivel educativo de sus gentes, o en una palabra que resuelven la calidad de la mayoría del pueblo. * Educación para otro mundo posible. Autor Boaventura Santos. 2019. Este libro fue presentado en el Congreso Latinoamericano realizado en Sabaneta, Antioquia, Colombia.


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De la amistad

Por Michel de Montaigne*

Al ver cómo trabajaba un pintor a quien empleo en casa, me han entrado deseos de seguir sus pasos. El artista escoge el lugar más apropiado de cada pared para pintar un lienzo conforme a las reglas de su arte, y en torno a él emplaza figuras extravagantes y fantásticas, cuyo atractivo radica solo en la variedad y la rareza. ¿Y qué son estos bosquejos que aquí trazo, sino figuras caprichosas y cuerpos deformes, una mezcolanza de miembros, sin orden alguno, ni método, ni más proporción que el azar?
Desinit in piscem mulier formosa superne[1]. En el segundo punto sí me asemejo a mi pintor, pero en el otro, en el principal, reconozco que me supera, pues mi capacidad no llega, ni se atreve, a emprender un cuadro magnífico, trazado de inicio a fin conforme a los principios del arte. Así pues, se me ha ocurrido la idea de tomar uno prestado a Étienne de La Boétie, que honrará el resto de esta obra: es un discurso que su autor tituló La servidumbre voluntaria. Quienes no conocen este título lo han llamado después y con acierto El contra uno. Su autor lo escribió a modo de ensayo en su primera juventud, en honor de la libertad, contra los tiranos. Hace ya tiempo que este discurso corre de mano en mano entre las personas cultas, no sin aplauso merecido, porque es agradable y contiene todo cuanto contribuye a realzar un trabajo de su naturaleza. Es cierto que no cabe referirse a él como lo mejor que hubiera podido salir de la pluma de su autor, pues si a una edad más adulta (cuando yo le conocí) se hubiera propuesto transcribir sus fantasías, tal y como yo pretendo, habríamos visto cosas sorprendentes que lindarían con las producciones de la Antigüedad.
 A ciencia cierta puedo asegurar que no he conocido a nadie capaz de igualársele en talento natural. De La Boétie solo nos queda el citado discurso —y de casualidad, pues según creo, una vez escrito no volvió a tocarlo—, y también algunas memorias sobre el edicto de enero al que dieron fama nuestras guerras civiles, que quizá en otro lugar de este libro encuentren sitio adecuado. Es todo cuanto he podido rescatar de sus reliquias. En afectuoso recuerdo, en su testamento me nombró heredero de sus papeles y biblioteca. Hice que se imprimieran algunos escritos suyos, y respecto al libro de La servidumbre, le guardo especial cariño en tanto que fue la causa de nuestras relaciones, pues lo conocí mucho antes de conocer a su autor, y me dio a conocer su nombre, propiciando así una amistad tan duradera como Dios ha tenido a bien que fuese, y tan cabal y perfecta, que no es fácil encontrar otra que se le parezca en tiempos pasados, ni aun presentes. Tal cúmulo de circunstancias hace falta para fundar una amistad como la nuestra, que no es peregrino que se vea una cada tres siglos.

Parece que no hay nada a lo que la naturaleza nos impulse tanto como al trato social. Aristóteles asegura que los buenos legisladores han cuidado más de la amistad que de la justicia. El último extremo de la perfección en las relaciones que ligan a los humanos reside en la amistad; por lo general, todas las simpatías que el amor, el interés y la necesidad privada o pública forjan y sostienen son tanto menos generosas, tanto menos amistades, cuanto que se unen a ellas otros fines distintos a los de la amistad, considerada en sí misma. Ni las cuatro especies de relación que establecieron los antiguos —y que llamaron natural, social, hospitalaria y amorosa— tienen analogía o parentesco con la amistad.

La relación entre padres e hijos se basa en el respeto. Es la comunicación lo que alimenta la amistad, y esta no puede darse entre hijos y padres debido a la disparidad que existe entre ellos, y además, porque chocaría con los deberes que la naturaleza impone: ni los padres pueden contar a los hijos todos sus pensamientos íntimos, para no dar lugar a una confianza perjudicial y dañina, ni los hijos podrían dirigir a los padres las advertencias y correcciones que constituyen uno de los primeros deberes de la amistad. Sabemos de pueblos en los que la costumbre llevaba a los hijos a matar a los padres, y otros en que los padres mataban a los hijos para resolver así los problemas que pudieran originarse entre unos y otros. También sabemos de filósofos que han desdeñado el natural afecto y unión que existe entre padres e hijos; entre otros, Aristipo: cuando se le mencionaba el cariño que debía a los suyos por haber salido de él, empezaba a escupir y decía que su saliva también tenía el mismo origen, y añadía que igualmente engendramos piojos y larvas. Plutarco habla de otro a quien deseaban reconciliar con su hermano, y que objetó: «No doy mayor importancia al accidente de haber salido del mismo agujero».

Lo cierto es que el término hermano es hermoso, e implica un amor tierno y puro, y por esa razón nos lo aplicamos La Boétie y yo. Pero entre hermanos de sangre, la confusión de bienes, los repartos y el que la riqueza de uno ocasione la pobreza del otro desliga el vínculo fraternal; los hermanos han de conducir la prosperidad de su fortuna por igual sendero y de idéntico modo, de ahí que con frecuencia tropiecen. Más aún, ¿por qué motivo la relación y correspondencia que crean las amistades auténticas y perfectas iban a darse entre los hermanos? El padre y el hijo no tienen por qué parecerse en nada, y lo mismo los hermanos. Es mi hijo, es mi padre, pero es un hombre arisco, ruin o tonto. Además, como son amistades que la ley y la obligación natural nos imponen, nuestra elección no influye para nada en ellas; nuestra libertad es nula y ésta a nada contribuye tanto como a los afectos y a la amistad. Y no pretendo decir con esto que yo no haya experimentado el goce de la familia en su máxima expresión, pues mi padre fue el mejor de los padres que jamás haya existido, y el más indulgente incluso a muy avanzada edad, y él mismo proce día de una familia que a lo largo de generaciones fue célebre y modélica por su concordia fraternal:
Et ipse Notus in fratres animi paterni[2].

El afecto por las mujeres, aunque nazca de nuestra elección, tampoco puede equipararse a la amistad. Su fuego, lo confieso —neque enim est dea nescia nostri, / quae dulcem curis miscet amaritiem[3]—, es más activo, más ardiente y más intenso, pero es un fuego temerario, inseguro, variable e inconstante; un fuego febril, sujeto a vaivenes e intermitencias y que nos asalta por un único flanco. En la amistad, por el contrario, el calor es general, se distribuye por igual por todas partes, atemperado; un calor constante y tranquilo, todo dulzura y calma, libre de angustia o de aspereza. Más aún, el amor no es sino el deseo furioso de algo que huye de nosotros:

Come segue la lepre il cacciatore
Al freddo, al caldo, alla montagna, al lito;
Né più l’estima poi che presa vede;
E sol dietro a chi fugge affretta il piede[4].

Tras convertirse en amistad —es decir, en el acuerdo de ambas voluntades— se borra y languidece; el goce ocasiona su ruina, en tanto que su fin es corporal y como tal se encuentra sujeto a saciedad. La amistad, por el contrario y como cosa espiritual que es, se disfruta más cuanto más se desea; no se alimenta ni crece sino disfrutándola, y el alma adquiere aún mayor finura al practicarla. Antaño di preferencia a otras afecciones vanas por delante de la amistad perfecta, y también La Boétie rindió culto al amor, tal y como sus versos declaran. Así es que ambas pasiones han habitado en mi alma, he tenido ocasión de conocer de cerca una y otra, y jamás las he equiparado; hoy día considero que en mi espíritu la amistad mira de un modo desdeñoso y altivo al amor y lo coloca bien lejos y muchos grados por debajo.

En cuanto al matrimonio, aparte de ser un mercado en el cual solo la entrada es libre —si consideramos que su duración es obligatoria, forzosa y dependiente de circunstancias ajenas a nuestra voluntad—, obedece por lo general a fines bastardos; en él se produce multitud de accidentes que los esposos tienen que resolver y que bastan para romper el hilo del afecto y alterar el curso del mismo, mientras que en la amistad no hay nada que le ponga trabas por no tener esta otro fin que la propia amistad. Ha de añadirse que, a decir verdad, la común inteligencia de las mujeres no alcanza para que puedan compartir la conversación y comunicación propias de tan sagrado vínculo; ni su ánimo posee la constancia necesaria para resistir un nudo tan apretado y duradero. De no ser así, si se pudiera fundamentar y establecer una asociación voluntaria y libre de la cual no participaran solo las almas sino también los cuerpos, una asociación en que se viera implicado todo nuestro ser, la amistad sería más cabal y más viva. Pero no hay constancia de que el sexo femenino haya dado pruebas de semejante afecto, y los antiguos filósofos declaran a la mujer incapaz de profesarlo.

En el amor griego, justamente condenado y aborrecido por nuestras costumbres, la diferencia de edad y oficios de los amantes tampoco se aproximaba a la perfecta unión de que vengo hablando:
Quis est enim iste amor amicitiae?
Cur neque deformen adolescentem quisquam amat, neque formosum senem[5]?

La imagen misma que presenta la Academia no desmentirá mis palabras si digo que el furor inicial que el hijo de Venus inspira al corazón del amante —un corazón azuzado por la tierna juventud, al que se le consienten todas las insolencias y arrebatos de pasión que un ardor sin medida es capaz de generar— se fundamentaba siempre en la belleza exterior, imagen falsa de la generación corporal. El afecto no podía basarse en el espíritu, del cual estaba todavía oculta la apariencia, antes de la edad en que comienza su germinación. Si el furor del que hablo se apoderaba de un alma grosera, los medios que esta ponía en práctica para el logro de su fin eran las riquezas, los presentes, los favores, la concesión de dignidades y otras bajas mercancías que los filósofos reprueban. Si la pasión dominaba a un alma generosa, los medios que esta empleaba eran también generosos; consistían entonces en discursos filosóficos, enseñanzas que tendían al respeto de la religión, a prestar obediencia a las leyes, a sacrificar la vida por el bien de su país: en una palabra, ejemplos todos de valor, prudencia y justicia. 

El amante procuraba imponer la gracia y belleza de su alma, acabada ya la de su cuerpo, confiando así en fijar la comunicación moral, más firme y duradera. Una vez esta meta se alcanzaba a su debido tiempo —pues lo que no exigían del amante en lo relativo a que aportase discreción en su empeño se lo exigían al amado, porque este ha de considerarse de una belleza interna de difícil conocimiento y descubrimiento abstruso—, entonces nacía en el amado el deseo de una concepción espiritual por medio de una belleza también espiritual. Esta era la principal; la corporal era accidental y secundaria, al contrario del amante. Por eso prefieren al amado, y alegan que los dioses lo prefieren igualmente, y censuran a menudo al poeta Esquilo —en los amores de Aquiles y Patroclo— por haber otorgado el papel de amante a Aquiles, que se encontraba en la más tierna adolescencia y era el más hermoso para los griegos. Después, esta comunión genérica —cuya parte principal y más digna predominaba y ejercía en su oficio— dicen que producía utilísimos frutos en privado y en público, y que era la fuerza del país lo que acogía bien el uso y la principal defensa de la equidad y de la libertad, como lo prueban los saludables amores de Harmodio y Aristogitón. Por eso la llamaban sagrada y divina, y, según ellos, solo tenía por enemigos la violencia de los tiranos y la cobardía de los pueblos. En suma, todo cuanto puede concederse en honor de la Academia es asegurar que se trataba de un amor que acababa en amistad, idea que no se aviene mal con la definición estoica del amor: Amorem conatum esse amicitiae faciendae ex pulchritudinis specie[6].

Y vuelvo a mi descripción, más justa y mejor compartida.
Omnino amicitiae, corroboratis jam confirmatisque ingeniis et aetatibus, judicandae sunt[7].

Eso que solemos llamar «amigos» y «amistad» no son sino vínculos trabados por mor de algún interés o a causa del azar, a través de los cuales nuestras almas se relacionan entre sí. En la amistad de la que yo hablo, las almas se enlazan y confunden la una con la otra en una mezcla tan universal que no hay manera de reconocer la costura que las une. Si alguien me obligase a decir por qué quería yo tanto a La Boétie, reconozco que no podría expresarlo más que respondiendo: porque se trataba de él; porque se trataba de mí.

Más allá de mi raciocinio y de lo que yo me veo particularmente capaz de declarar, existe yo no sé qué fuerza inexplicable y fatal que medió en esta unión. Nos buscábamos antes de habernos visto siquiera, y lo que oíamos decir el uno del otro producía en nuestras almas mucha mayor impresión de la que se advierte en las amistades ordinarias; podría decirse que nuestra unión fue un decreto de la Providencia. Nos abrazábamos ya por nuestros nombres, y en nuestro primer encuentro, que casualmente tuvo lugar en una gran fiesta de una ciudad, nos encontramos tan prendados, tan conocidos, tan obligados el uno con otro, que desde entonces nada nos tocó de manera más íntima que nuestras personas. Es obra suya una excelente sátira latina —que se ha impreso— en la que excusa y explica la precipitación de nuestra amistad, que de forma repentina llegó a ser perfecta. Y dice él que, dado el poco tiempo que le quedaba por delante y dado lo tarde que había comenzado nuestra amistad (pues ambos éramos ya hombres hechos y derechos, y él me sacaba algunos años), no teníamos tiempo que perder ni tampoco nos vimos obligados a acomodarnos al patrón de las amistades pausadas y ordinarias que precisan de la precaución de unas dilatadas conversaciones preliminares. No había en nuestra amistad otro fin que no fuera la amistad misma, y solo a ella se refería. Esto no constituye una especial consideración, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni mil; fue una especie de quintaesencia de toda esta mezcolanza, que, tras apoderarse de mi voluntad, la condujo a sumergirse y a perderse en la suya, y, tras apoderarse de su voluntad, la llevó a sumergirse y a perderse en la mía con igual ardor y espontaneidad. Y digo perder, a sabiendas: nada nos reservamos que nos fuese propio; ni que fuera suyo ni que fuera mío.

Cuando Lelio, en presencia de los cónsules romanos —los que tras la condenación de Tiberio Graco persiguieron a todos los que se habían relacionado con él—, preguntó a su mejor amigo, Cayo Blosio, qué hubiera sido capaz de hacer por él, Blosio respondió: «Lo hubiera hecho todo». «¿Cómo que todo? —prosiguió Lelio—. ¿Acaso habrías cumplido su voluntad si te hubiera ordenado prender fuego a nuestros templos?». «Jamás me hubiera ordenado tal cosa», respondió Blosio. «Pero ¿y si lo hubiese hecho?», añadió Lelio. «Le habría obedecido», contestó el otro. Si era tan perfecto amigo de Graco como la historia cuenta, no tenía por qué ofender a los cónsules con una confesión tan atrevida, y no debía ignorar su certeza al respecto de la voluntad de Graco. Los que acusan de sediciosa esta respuesta no alcanzan a comprender su misterio, y no presuponen —tal y como así era— que Blosio era soberano de la voluntad de Graco, por poder y por conocimiento: ambos eran más amigos que ciudadanos; más amigos que enemigos o amigos de su país, y que amigos en la ambición o el desorden: al confiar profundamente el uno en el otro, eran dueños perfectos de sus respectivas inclinaciones, que dirigían y guiaban por la razón mutua; y dado que sin esto es del todo imposible que las amistades perduren, la respuesta de Blosio fue tal cual debió ser. Si los actos de ambos hubieran discrepado, no habrían sido amigos —según mi criterio— ni el uno del otro, ni de sí mismos. Por lo demás, tal respuesta no suena muy diferente que la mía a quien se dirigiese a mí para preguntarme: «Si tu voluntad te ordenara dar muerte a tu hija, ¿la matarías?», y contestara yo que sí, que lo haría. Esto no es, sin embargo, testimonio de mi consentimiento a realizar tal acto, en la medida en que no tengo la más mínima duda de mi voluntad, como tampoco de la de un amigo como La Boétie. No hay discurso en el mundo capaz de arrebatarme la certeza que tengo al respecto de las intenciones de mi amigo y del alcance de su juicio: ninguna de sus acciones podría mostrárseme, sea cual fuere el cariz que tuviera, de la cual yo no encontrara enseguida la causa. Tanto se unieron nuestras almas, tanto y tan ardiente fue el afecto que se profesaron, y con igual afecto se abrieron la una a la otra hasta lo más hondo de las entrañas, que no solo conocía yo su alma tanto como la mía propia, sino que desde luego habría estado más dispuesto a confiarle mis intereses a él que a mí mismo.
Que nadie equipare a esta otras amistades corrientes: yo he mantenido tantas como cualquier otro, y de las más perfectas en su género, pero no aconsejo que se confundan los principios que rigen la una y las otras, pues sería un error. Es preciso sujetar bien las riendas en aquellas otras amistades, proceder con prudencia y cautela; el enlace no está anudado de manera que no haya nada que desconfiar. «Amadle —decía Quilón— como si algún día tuvierais que aborrecerle; odiadle, como si algún día tuvierais que amarle». Este precepto, que es tan abominable en la amistad primera de que hablo, resulta saludable en las ordinarias y corrientes, a propósito de las cuales puede emplearse una frase familiar a Aristóteles: «¡Oh, amigos míos, amigo no hay ninguno!». En este noble comercio, los oficios y beneficios con que se sustentan y mantienen las otras amistades no merecen siquiera que los tomemos en cuenta; y la razón es la concurrencia de nuestras voluntades, pues igual que la amistad que yo profeso no aumenta por cuanto dono en caso de necesidad —digan lo que digan los estoicos—, y, dado que yo no considero un mérito el servicio proporcionado, la unión de tales amigos —si es de verdad perfecta— hace que estos pierdan el sentimiento de semejantes deberes, al tiempo que les hace odiar y desterrar de sus conversaciones tales palabras de división y distinción, buenas acciones, obligación, reconocimiento, ruego, gratitud y otras análogas.

Considerando que todo —voluntades, pensamientos, juicios, bienes, mujeres, hijos, honores y vidas— es de hecho común entre los amigos, y considerando que la absoluta coincidencia de afectos no es sino una sola alma en dos cuerpos distintos (según la definición exacta de Aristóteles), nada pueden los amigos prestarse ni nada pueden darse tampoco. He aquí la razón de que los legisladores, para honrar el matrimonio con alguna semejanza imaginaria de ese divino enlace, prohíban las donaciones entre marido y mujer, concluyendo por esta prohibición que todo pertenece a cada uno de ellos, y que nada tienen que dividir ni que repartir.

Si en la amistad de la que hablo el uno pudiera dar alguna cosa al otro, el receptor del beneficio sería quien obligaría al compañero. Dado que ambos buscan, antes que nada, prestarse mutuos servicios, quien propicia la ocasión es el más generoso, pues ofrece a su amigo la satisfacción de realizar lo que más desea. Cuando el filósofo Diógenes necesitaba dinero, decía que lo reclamaba a sus amigos, no se lo pedía. Y para probar cómo esto se practica en realidad, traeré a colación un singular ejemplo antiguo.
Eudomidas tenía dos amigos: Areteo, corintio como él, y Carixeno, cioniano. Cuando murió, dado que él era pobre y sus dos amigos eran ricos, hizo así su testamento: «Lego a Areteo el cuidado de mi madre, de alimentarla y de mantenerla en su vejez; a Carixeno le encomiendo el casamiento de mi hija, y además que la dote lo mejor que pueda. En el caso de que uno de los dos fallezca, encomiendo su parte al que sobreviva». Los primeros que vieron este testamento se burlaron, pero, advertidos los herederos de su alcance, ambos lo aceptaron con singular alegría. Al morir Carixeno cinco días después, Areteo mantuvo con gran generosidad a la madre; y de su fortuna, que consistía en cinco talentos, entregó dos y medio a su única hija y otros dos y medio a la de Eudomidas. 

Las dos bodas se celebraron el mismo día.
Este ejemplo es bien concluyente, con una sola objeción: la multitud de amigos de que hace gala. Esa amistad de la que yo hablo es indivisible. Cada uno se da por completo a su amigo hasta tal extremo que no le queda nada que repartir a los demás: le entristece la idea de no ser doble, triple o cuádruple; de no poseer varias almas y varias voluntades para dedicarlas a esta tarea. Las amistades comunes pueden dividirse; puede apreciarse la belleza de uno, el trato agradable en otro, la liberalidad de un tercero, la paternidad en un cuarto, la fraternidad en un quinto y así sucesivamente; mas es imposible que sea doble la amistad que es dueña del alma y la gobierna como soberana absoluta. Si dos amigos os pidieran que los socorrieseis al mismo tiempo, ¿a cuál acudiríais primero? Si os solicitaran servicios opuestos, ¿qué orden aplicaríais en tal apuro? Si uno confiara a vuestro silencio algo que el otro necesitase conocer, ¿cómo saldríais del embrollo? Una amistad única y particular rompe cualquier otra obligación; el secreto que juro no descubrir a otro puedo contárselo a mi amigo sin cometer perjurio, pues mi amigo no es otro, sino yo mismo. El duplicarse es ciertamente un milagro, y quienes hablan de triplicarse saben poco de lo que dicen. Nada es tan raro como poseer su semejante; quien crea que, dadas dos personas, quiero a la una lo mismo que a la otra, que ellas se quieren entre sí y me estiman a mí tanto como yo a ellas, multiplica en una confraternidad la unidad más singular, que es lo más difícil de encontrar en el mundo. El resto de aquella historia encaja bien con lo que yo decía, pues Eudomidas considera un favor a sus amigos el emplearlos en su servicio; los nombra herederos de su generosidad, que consiste en brindarles la ocasión de ofrecerle ayuda; y, sin duda, la fuerza de la amistad es más patente en el acto de 
Eudomidas que en el de Areteo.

En resumen: estos efectos no puede imaginarlos ni comprenderlos quien no los ha experimentado, y me hacen honrar sobremanera la respuesta que dio a Ciro un joven soldado a quien el monarca preguntó qué precio quería por el caballo con el que había ganado una carrera, y si lo cambiaría por un reino: «Lo cierto es que no, señor; pero lo daría de buen grado a cambio de conseguir un verdadero amigo, si yo encontrara un hombre digno de tal alianza». No está mal dicho ese «si yo encontrara», pues se tropieza uno fácilmente con hombres aptos para mantener una amistad superficial; pero en la otra, en la que se obra desde lo más hondo del corazón y sin ninguna reserva, es necesario que todos los mecanismos sean sólidos y seguros.
En las relaciones que poseen un único fin, solo hemos de ocuparnos de las imperfecciones que afectan de manera particular a dicho fin. Nada me importa la religión que profesen mi médico o mi abogado; tal consideración nada tiene que ver con los oficios que constituyen su relación conmigo. Mantengo la misma indiferencia en el ámbito de las relaciones domésticas que sostengo con los criados que me sirven. Nunca me informo de la castidad de mi lacayo, me interesa más saber si es diligente; no temo tanto a un mulatero jugador, como a otro que sea imbécil, ni a un cocinero blasfemo, como a otro que nada sepa de su oficio. No me dedico en absoluto a dar instrucciones al mundo al respecto de lo que es preciso hacer, pues otros lo hacen de sobra; yo solo hablo de lo que me concierne. Mihi sic usus est: tibi, ut opus est facto, face[8].
En la mesa me decanto por lo agradable, no por lo prudente; en el lecho antepongo la belleza a la bondad; cuando estoy en sociedad prefiero al buen orador aun cuando no sea honrado, y lo mismo en otras cuestiones. De igual modo que aquel que fue sorprendido cabalgando sobre un bastón mientras jugaba con sus hijos rogó a la persona que le sorprendió que no se lo contara a nadie hasta que él fuese padre —suponiendo que el cariño que se apoderaría entonces de su corazón lo convertiría en un juez más equitativo de tal acto—, así quisiera yo dirigirme a quienes hubiesen experimentado aquello de lo que hablo; ahora bien, como soy consciente de lo mucho que esta amistad se aparta de la práctica común, no espero encontrar ningún juez tan equitativo. Los mismos discursos que la Antigüedad nos dejó sobre este asunto me parecen débiles en comparación con lo que yo siento a tal respecto; y, en este particular, los efectos superan los preceptos mismos de la filosofía.
Nil ego contulerim jucundo sanus amico[9]. Así el viejo Menandro consideraba dichoso al que había podido encontrar siquiera la sombra de un amigo; razón tenía para decirlo, en especial si hablaba desde la experiencia de haber encontrado alguno. Por mucho que mi vida, gracias a Dios, haya sido agradable, apacible y —salvo la pérdida de tal amigo— 
haya estado exenta de aflicciones graves, llena de tranquilidad de espíritu, un tiempo en el que he disfrutado de ventajas y facilidades naturales ya desde la cuna, sin buscar otras ajenas, si comparo mi vida entera con los cuatro años que me fue dado disfrutar de la dulce compañía y amistad de La Boétie, el resto de mi existencia no es más que humo, noche oscura y tediosa. Desde el día en que lo perdí —quem semper acerbum, semper honoratum (sic, di, voluistis) habebo[10]—, no hago sino languidecer; los placeres mismos que se me ofrecen, en lugar de aportarme algún consuelo, redoblan el sentimiento de la pérdida del amigo. Dado que lo compartíamos todo, tengo la sensación de estar robándole la parte que a él le correspondía.

Nec fas esse ulla me voluptate hic frui Decrevi
tantisper dum ille abest meus particeps[11].
Me encontraba yo tan hecho, tan acostumbrado a ser siempre su doble en todas las cosas y lugares, que ahora no me considero más que la mitad de mí mismo.
Illam meae si partem animae tulit
Maturior vis, quid moror altera,
Nec carus aeque, nec superstes
Integer? Ille dies utramque
Duxit ruinam[12].

Nada hago y en nada pienso sin echarlo de menos, tal y como yo sé que él me hubiese echado de menos a mí; pues igual que él me superaba de manera infinita en todo saber y virtud, así me sobrepasaba también en los deberes de la amistad.

Quis desiderio sit pudor, aut modus
Tam cari capitis[13]?
O misero frater adempte mihi!
Omnia tecum una perierunt gaudia nostra,
Quae tuus in vita dulcis alebat amor.
Tu mea, tu moriens fregisti commoda, frater;
Tecum una tota est nostra sepulta anima
Cujus ego interitu tota de menthe fugavi
Haec studia, atque omnes delicias animi.
Alloquar? Audiero nunquam tua verba loquentem?
Numquam ego te, vita frater amabilior
Aspiciam posthac? At certe semper amabo[14].

Prestemos algo de atención a lo que dice este joven de dieciséis años.
Como veo que los que procuran trastornar y cambiar el estado de nuestro régimen político sin preocuparse lo más mínimo de si sus reformas serán útiles han publicado la obra de La Boétie con malas miras, y como veo que al publicarla la han mezclado con otros escritos de su propia cosecha, yo renuncio a intercalarla en este libro. Para que la memoria del autor no sufra crítica de ningún tipo por parte de quienes no pudieron conocer de cerca sus acciones e ideas, les advierto que el asunto de su libro él lo desarrolló en su infancia y solo como ejercicio, como asunto vulgar y ya tratado en mil pasajes de muchos libros. No dudo que él creyera lo que escribió, pues ni en broma era capaz de mentir; me consta también que si en su mano hubiera estado elegir, habría preferido nacer en Venecia antes que en Sarlac, y con razón. Tenía él, sin embargo, otra máxima impresa en su alma de manera soberana: la de obedecer y someterse religiosamente a las leyes bajo las que había nacido. Jamás hubo mejor ciudadano, ni que más amara la tranquilidad de su país, ni más enemigo de las convulsiones y las novedades de su tiempo; tanto así que él hubiera preferido emplear su talento en extinguirlas que en echar más leña al fuego que las alimentaba. Su mentalidad se había moldeado conforme al patrón de otros tiempos diferentes de los actuales. Ahora, en lugar de esta obra tan seria, publicaré otra del mismo autor, escrita a la misma edad, y que es más lozana y alegre.

* Tomado de:

Título original: Essais (selección)
Michel de Montaigne, 1580
Traducción: Constantino Román y Salamero
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2

Notas
[1] «La parte superior es una mujer hermosa, y el resto, el cuerpo de un pez.» Horacio, Arte poética, v. 4. <<
[2] «Conocido yo mismo por mi corazón paternal hacia mis hermanos.» Horacio, Odas, II, 2, 6. <<
[3] «No soy ajeno a la diosa que mezcla una dulce amargura con las penas del amor.» Catulo, Epigramas, LXVIII, 17. <<
[4] «Así haga frío o calor el cazador va tras la liebre, a través de montañas y valles; mientras escapa de él desea darle alcance, y cuando la coge ya no hace caso de ella.» Ariosto, Orlando furioso, canto X, estanc. 7. <<
[5] «¿En qué consiste ese amor amistoso? ¿Cómo no busca su objeto en un joven sin belleza ni tampoco en un viejo guapo?» Cicerón, Tuse, queest., IV, 33. <<
[6] «El amor es el deseo de alcanzar la amistad de una persona que nos atrae por su belleza.» Cicerón, Tuse, queest., IV, 34. <<
[7] «La amistad no puede ser sólida sino en la madurez de la edad y en la del espíritu.» Cicerón, De amicitia, c. 20. <<

[8] «Tal es mi procedimiento; seguid vosotros el vuestro.» Terencio, El atormentador de sí mismo, act. I, esc. I, v. 28. <<
[9] «Mientras la razón no me abandone, nada encontraré comparable a un amigo cariñoso.» Horacio, Sátiras, I, 5, 44. <<
[10] «¡Día fatal que debo llorar, que debo honrar toda mi vida, puesto que tal ha sido, oh dioses inmortales, vuestra suprema voluntad!» Virgilio, Eneida, V, 49. <<
[11] «Y yo creo que ningún placer debe serme lícito ahora que ya no existe aquel con quien todo lo compartía.» Terencio, El atormentador de sí mismo, act. I, esc. I, v. 97. <<
[12] «Puesto que un destino cruel me ha robado prematuramente esta dulce mitad de mi alma, ¿qué hacer de la otra mitad separada de la que para mí era mucho más querida? El mismo día nos hizo desgraciados a ambos.» Horacio, Odas, II, 17, 5. <<
[13] «Antes me avergüence de mí mismo, que deje de verter lágrimas por un amigo tan entrañable.» Horacio, I, 24, 1. <<

[14] «¡Oh hermano mío, qué desgracia para mí la de haberte perdido! Tu muerte acabó con todos nuestros placeres. ¡Contigo se disipó toda la dicha que me procuraba tu dulce amistad; contigo toda mi alma está enterrada! ¡Desde que tú no existes he abandonado las musas y todo lo que formaba el encanto de mi vida! ¿No podré ya hablarte ni oír el timbre de tu voz? ¡Oh, tú que para mí eras más caro que la vida misma! ¡Oh, hermano mío! ¿No podré ya verte más? ¡Al menos me quedará el consuelo de amarte siempre!» Catulo, LXVIII, 20, LXV, 9. <<


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Las Putas

Por Mauricio Castaño H.
Historiador
Colombiakritica


La hermosa y refinada baronesa inquieta está, se pregunta qué tiene esa mujer que con su simple guiño atrapa para su lecho a los libidinosos transeúntes. Finos son sus flirteos, sus gestos seductores logran su efectividad, atrapan a sus clientes con una mirada coqueta que sólo ellas saben hacer.  La baronesa se siente más bella que aquella, quiere constatar, entonces, se propone frente al espejo imitar sus gestos, ya ensayados una y otra vez, entra en escena desde su balcón, los hombres encantados están, apuran sus pasos hacia la hermosa mujer. Es el cuento El Signo de Maupassant que devela a la puta como significante. 

Y son estos signos los que constituyen toda una semiología y fueron objeto de estudio para el filósofo Laurente Sotter en su libro titulado Metafísica de la Puta* y del cual basamos las presentes líneas. Por ejemplo, las putas en las pinturas de Goya son alegorías: “Es decir, eran más de lo que ellas eran; su imagen comportaban ese suplemento cosmetico de verdad que era consubstancial a su actividad. la puta era un revelador. Gracias a ella lo que era invisible se volvía visible, lo que estaba disimulado en el fondo de las apariencias aparecía en la superficie, y por lo tanto se volvian esas apariencias mismas” Surtter (2019: p.9)

¿Que tienen las putas, qué encanto místico las envuelven para  ser las preferidas por aquellos señores obreros, ejecutivos y toda clase de varones desertores de la rancia alcoba familiar? Vapuleadas, mil veces maldecidas en el púlpito, condenadas por la moral burguesa pero que a pesar de todo son las preferidas en la discreción. ¿Pero qué es eso tan oculto, tan misterioso, tan impoluto y que cada vez sobresalen, cada vez son más preferidas por toda clase de señores? ¿Qué es lo tan apetecible en ellas para que una y otra vez los señores las acudan? Pero ¿Quiénes son las putas?, ¿cuáles son sus características? Para el autor referido ellas no aman ni se entregan, son inaprehensibles, mienten pero nunca engañan, ellas son reflejo de una sociedad que se solapa en la doble moral burguesa, son una caja negra llenas de secretos, incluso secretos negros guardados de sus clientes. Es ejemplo de esa contradictoria moral cuando las familias quieren iniciar en el sexo a sus jóvenes machos pero no quiere prestar a sus hijas, entonces de manera solapada abren el mercado de las putas, he ahí una función social no reconocida.

Es esa mujer condenada y vapuliada quien precisamente quiebra la moral burguesa. Ella, la puta, instaura en esos pequeños momentos de desfogue la verdadera condición humana sin ataduras para un placer que se reclama genuino desde la no posesión (Sutter p:26) La puta permite al hombre demoler la moral burguesa, enloquece el orden social, lo socavan si se quiere de manera silenciosa, algo así como la revolución de las pequeñas cosas. 

¿Pero son ellas realmente normales para la sociedad? ¿Son ellas seres animadas por un innatismo de perversión? Nada de eso, ellas son simplemente trabajadoras equiparables a cualquier otro bípedo que dedica sus energías para proveerse la subsistencia. Pues todo trabajo requiere dedicación, de gasto de energía invertida en el desplazamiento desde la morada hasta que llega a su mundo fabril. El trabajo satisface una necesidad en doble vía, quien presta el servicio, quien alquila su cuerpo en una fábrica, en una oficina, reclama una paga como contraprestación para luego cubrir sus necesidades del diario vivir… ¿y acaso la puta no hace lo mismo? ¿Acaso no presta, no satisface una necesidad del usuario que la demanda? ¿Acaso no es ese un oficio, un empleo como los otros? Es el debate planteado por las sociedades europeas. Pero no solo eso, hoy las putas además se reclaman como terapeutas sociales, pues consideran ellas su gran labor al devolver al hogar, al lecho conyugal al esposo fortalecido.

* Metafísica de la Puta. Laurent Surtter. Traducción al español por Luis Alfonso Paláu C. 2019, mimeógrafo

Leer cuento referenciado El Signo

http://colombiakritica.blogspot.com/2020/09/el-signo.html


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Los méritos del olvido

In Memorian  1930 - 2019

Michel Serres, los méritos del olvido

Autora de la nota:Marina Artusa 
Fecha 25/06/2016
Libro:PULGARCITA
Autor del libro:Michel Serres

Extracto: Para cada razonamiento que le interesa compartir, Michel Serres, el filósofo de la realidad en mutación, el mismo que su amigo Umberto Eco definía como "la mente filosófica más aguda que exista hoy en Francia", tiene una anécdota, una historia mundana o un personaje inventado por él mismo. La de Serres, un francés de 85 años que antes de convertirse en una de las voces más lúcidas del pensamiento contemporáneo fue marino, matemático y estudió literatura, es una filosofía medular y amable. Profesor de historia de la ciencia en la Sorbona y en Stanford, miembro de la Academia Francesa y de la Academia Europea de Ciencias y Artes, Serres suele apelar a la mitología, a la fábula y hasta a la propia imaginación: vendió 200 mil copias de un ensayo titulado Pulgarcita (Petite Poucette , en francés) –personaje inspirado en el ejercicio inconsciente de teclear con los pulgares sobre celulares y tabletas– y ahora lo hace con El zurdo rengo ( Le gaucher boiteux ), que acaba de ser publicado en italiano por la editorial Bollati Boringhieri. "No conozco ningún método que haya jamás abierto el camino a una invención ni ninguna invención a la que se haya llegado a través de un método –sentenció hace unos días en el Salón Internacional del libro de Turín, adonde vino a presentar el libro–. Esto nos impulsa a liberarnos de lo abstracto, de lo fijo, de lo que ya está formateado. Son los rengos y los zurdos quienes construirán el nuevo mundo avanzando más allá de las reglas".   El zurdo rengo. El subtítulo en francés es "Potencia del pensamiento"y en italiano, "Del método no nace nada". 

¿Cuál de los dos subtítulos es más preciso y en italiano, "Del método no nace nada". 


Me quedo con el italiano. En mi libro se habla del sendero recto, que sería el del método, y del sendero que se desvía y se bifurca. Por eso lo represento a través de un personaje que es zurdo y que no da un paso seguro y por eso renguea. Desde el momento en que hay un método que se sigue, se avanza sobre una línea recta, derecha. Un método no explica, significa un justo camino y listo, un camino que nos llevará siempre a un destino determinado pero no nos permitirá jamás desviarnos. No se inventa nada. Si queremos innovar deberemos dejar el camino recto. De ahí la idea de desviación, de bifurcación. En vez de hablar de bifurcación en general, he preferido hablar de un zurdo rengo que intenta todo el tiempo desviarse. Con frecuencia me refiero a personajes de la mitología donde hay a menudo rengos inventores.

¿Pensar equilibra nuestra inadecuación al mundo? 

–Para responder esta pregunta hay dos palabras clave, que son: equilibrar e inadecuación. Justamente, la innovación requiere un desequilibrio, una inadecuación, es decir que en estos procesos habrá una bifurcación; no se debe seguir recto. Es una suerte de desequilibrio, y es esa la fuente propia del pensamiento, pero ciertamente de la innovación y de la invención. Para innovar es preciso salirse del camino previsto, bifurcar. Innovar significa bifurcar. Mi zurdo rengo es alguien bifurcado en su propio cuerpo. 

 Una idea que usted asocia a la bifurcación y a la invención es la del olvido como una facultad cognitiva importante y no como una carencia. 

Usted dijo: "Galileo ha podido interesarse en la experiencia porque ‘olvidó’ a Aristóteles". ¿Olvidar nos permite interesarse en la experiencia porque ‘olvidó’ a Aristóteles". ¿Olvidar nos permite superarnos? 

 –Se cree que olvidar es un defecto. Pero en realidad es lo contrario, es una cualidad. Le voy a contar una historia: antaño caminábamos en cuatro patas. En cierto momento nos levantamos, entonces las manos perdieron la función de apoyo. Una vez que ganamos las manos, estas sirvieron para agarrar, ya no lo hacía la boca. La boca perdió su capacidad de atrapar, sí, pero inventamos la palabra. Es decir,que la invención de la función de la mano y la invención de la palabra corresponden a los olvidos, a las pérdidas. Cada vez que se pierde algo, se gana infinitamente más de lo que uno cree.

¿Es preciso olvidar? ¿Es preciso olvidar? 

–Claro que sí. Este es el sentido de la bifurcación. Cuando se escribe, se pierde la memoria. Nuestros ancestros no tenían la escritura y por eso estaban obligados a recordar aquello que se decía. En consecuencia, la tradición oral suponía una memoria considerable. Antes de la escritura, nuestro modo de comunicarnos era oral. Por eso era el cuerpo humano, la memoria individual, la que estaba en el centro del saber. Luego se inventó la escritura: descargar en un papel lo que tenemos en la memoria. El soporte dejó de ser el cuerpo humano y pasó al papel. Por eso, desde que escribimos,  hemos perdido la memoria, que queda registrada sobre lo escrito. Hay personas que toman apuntes porque temen olvidar. El libro, al reemplazar a la memoria, permite olvidar. Ya no es necesario recordar, lo cual hace más liviano el paso del conocimiento. Cuando la memoria está adentro de la computadora, nos sentimos más livianos todavía. Descargando la información de Internet se libera lamente de un peso. Este download permite nuevas posibilidades. Podemos mantener la intuición, la invención. Desde el momento en que las nuevas tecnologías nos aligeran, estamos condenados a convertirnos en inteligentes.

¿Qué significa estar permanentemente conectados teniendo acceso a información? 


 –Descargamos información en soportes como el hardware y el software. La cuestión ahora es preguntarse cómo gobernar esta información. Con Wikipedia y las nuevas tecnologías tenemos acceso a toda la información posible. Preguntarse si lograremos controlar toda esa información no es una pregunta nueva. Cuando se creó la imprenta, velozmente se imprimieron millones de libros y nadie estuvo en condiciones de leer todo lo que se imprimía. El volumen de la información era tal, que era imposible contenerla toda. Tenemos acceso a la información pero necesitamos alguien que nos la explique. Esta es la labor del maestro, del mensajero, del intermediario, del filósofo.

¿La información corresponde al saber? ¿La información corresponde al saber? 
–La transformación de la información en saber también es vieja como el mundo. Tenemos siempre necesidad de alguien que nos la explique.

Ha destacado que, muchas veces, la información que circula en los medios es 

Ha destacado que, muchas veces, la información que circula en los medios es repetición. En un mundo inseguro, como decía el sociólogo Robert Castel, ¿la repetición. En un mundo inseguro, como decía el sociólogo Robert Castel, ¿la repetición nos da seguridad? repetición nos da seguridad? –Estoy en total desacuerdo con esa posible definición de la repetición. La repetición es la muerte. Con la repetición olvidamos el pensamiento, la invención y uno se vuelve un imbécil. Además, los medios se han vuelto fúnebres. Solo hablan de muertes.  

Usted estudió letras. Y habla de la literatura como el racconto indefinido de lo posible humano. Si pensamos en la ficción como invención, y si pensar significa posible humano.

 Si pensamos en la ficción como invención, y si pensar significa inventar, ¿qué relación hay entre literatura y pensamiento? inventar, ¿qué relación hay entre literatura y pensamiento?

 –La literatura despliega el conjunto de las obras de la imaginación, de la imaginación maestra del conocimiento y la verdad humanos tanto real como virtual. Lo virtual es la esencia de la virtud del ser humano, de su existencia individual o colectiva. Para conocer a las personas en su verdad es preciso instruirse en obras altamente imaginarias como aquellas de la literatura, más profundas que la filosofía y las ciencias humanas que, en cambio, son reales, demasiado reales. 

¿Qué es una buena novela o una linda comedia? 

Son narraciones en las que sucede algo inesperado. 

¿Qué es una gran obra de literatura? 

Es una inmensa invención que revela el destino del hombre.

Lo inesperado es otra característica que usted atribuye a la invención. 

–Por supuesto. La invención es un ladrón que nos sorprende en el medio de la noche. Es lo que le sucedió a Cristóbal Colón, que salió a navegar en busca de Asia y descubrió América. Hay un concepto para eso. Los estadounidenses lo llaman serendipity , que es precisamente hallar lo que uno no esperaba encontrar. 


En general, su pensamiento es de un gran optimismo en tiempos en los que en el ámbito intelectual internacional reina la desesperanza. Usted ha dicho que la ámbito intelectual internacional reina la desesperanza. Usted ha dicho que la cultura francesa, por regla, no es alegre, tal vez porque está excesivamente basada cultura francesa, por regla, no es alegre, tal vez porque está excesivamente basada en la razón.

¿La razón es pesimista por naturaleza?

 –Somos pesimistas porque estamos bien. Siempre habrá algún nostálgico que siga sosteniendo que todo tiempo pasado fue mejor, pero tengo 85 años y, si miro hacia atrás, compruebo que he visto la Segunda Guerra Mundial, la Shoah, Hiroshima y todo lo que vino después. No siento nostalgia por un tiempo en el que moría una infinidad de personas por día. Solo en Europa, hace setenta años que no hay guerras, algo que no sucedía desde la guerra de Troya. Por eso sostengo que vivimos una época que llamo "dulce". Le propongo que busque en Internet cuáles son las principales causas de mortalidad en el mundo. La guerra y el terrorismo figuran entre las últimas. Los accidentes de tránsito y el tabaco provocan más muertos.Suele ejemplificar su teoría a través de una historia o de un personaje. 

¿La filosofía Suele ejemplificar su teoría a través de una historia o de un personaje. ¿La filosofíadebe ser didáctica? 

 –Pertenezco a la tradición latina, que siempre ha privilegiado la narración. Pienso en Montaigne, en Voltaire, en Diderot, que siempre han apuntado a una reflexión concreta contando una historia. Por lo tanto no soy para nada original.  Pensé que lo había aprendido de amigos literatos como Italo Calvino o Umberto Eco... 


–Fuimos grandes amigos. Eran intelectuales irónicos, con un gran sentido del humor, algo difícil de encontrar en Francia. Una vez viajé con Eco y me divertí muchísimo. Recuerdo que le preguntaron:"Desde cuándo es célebre?". Y él respondió: "Lo he sido siempre, solo que la gente no se daba cuenta".

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El Hombre Culo

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica


Colombia entera una sola bandera, apostada en sus sillones viendo el partido de fútbol en la televisión, viendo la narconovela de mujeres tetonas. Colombia es un hombre bajado de un caballo para subirse a la presidencia, Colombia es la exhibición de nalgas que afama para llegar a la alcaldía de Bogotá. El hombre culo está referenciado así por Fernando Vallejo en su libro Memorias de un Hijueputa, Alfaguara (2019). Pero Colombia es rezo, consagrada a el corazón de Jesús, ah, y no olvidar que "Pablo Escobar, el narcotraficante que por poco no le da su nombre a Colombia… (Vallejo, 2019: 101).

A este cuadro colombiano se le suma la pobreza aumentada día tras día, miles y miles salen a mendigar a las calles, la mayor innovación que tienen los alcaldes para mostrar son los mendigos que se toman cada semáforo para vender confites, limpiar los parabrisas de carros… o los que se suben a los buses a pedir no una moneda sino billetes, y quien se niegue una mirada amenazante o un sermón que intimida se le viene encima, el pedigüeño miserable no da tregua, descarga su ira contra el pasajero: "El otro día subió al bus un desechable de los de garrote y arengó así a los pasajeros: 'No quiero robar ni matar. Tengo hambre, tengo hambre, tengo hambre.'  Y un gruñido espeluznante. Aterrados fuimos sacando los monederos, pero al primero que le dió una moneda se la tiró al suelo iracundo…. Y tras mirar con ojos de fuego al de la monedita fue inspeccionando uno por uno al bus entero. 'Moneditas no -nos advirtió-. Billetes'." " Ahí va Colombia como por dentro de un tubo, montada en su esencia, el atropello." (Vallejo, 2019. p:159).

Colombia entera también está sentada en carros o motos que sueltan chorros de humo y  es difícil pasar las calles, es alto riesgo por tanto enjambre de motos que aceleran al paso del peatón, motos las hay por millones y aumentadas en el gobierno de César Gaviria con la firma del libre comercio que no fue otra cosa que permitir la importación de todo cuanto hoy consume el país, así la economía interna se vino al suelo, lo textilero por ejemplo. 

Pero volviendo al tema de las motocicletas, las calles fueron invadidas y una particularidad se le agrega desde 1980 con las escuelas de sicariato pagadas por la mafia del narcotráfico, muchos de los que montaban el caballito de acero se creían sicarios tanto su conductor como su parrillero, era todo un estatus, por donde pasan eran a mil km/H, y sobre todo sobre aceleran repetidamente asustando o advirtiendo al peatón que ellos están ahí, que les abran paso, y refuerzan esta advertencia llevando mano al cinto para sacar su pistola o metralleta. Civismo no existe, sí la selva o jungla de cemento. "Rico o pobre, culto o inculto, sabio o ignorante, bonito o feo, el que toma el volante en Colombia, de camión, bus, carro, moto lo que sea, se convierte en un cafre. Ven a un transeúnte cruzando la calle, digamos a unos treinta o veinte pasos, en vez de desacelelar, acelera. Ahí les queda retratada el alma del colombiano." (Vallejo, 2019, p:120)

Y de la política y de las instituciones lo anterior es muestra o indicador de su labor, la miseria, la pobreza es insumo para procurarse votos, sin educación, distribución del ingreso, un país inequitativo, sin una Smart City, sin una ciudadanía empleada y educada, nuestras calles son selva de cemento de sálvese quien pueda. Los políticos ansiosos están por exprimir la teta pública, se apropian los impuestos encarecidos y los invierten en negocios empresariales de sus amigos o familias. Y así el país es todo pan y circo, el hombre culo divierte y se hace mandatario, el montador de caballo se apea para subirse a la presidencia, es la democracia el círculo vicioso en donde se vota al malo evitando el peor.

El hombre culo representa a los pasivos connacionales que aposentan son nalgas frente a la pantalla, frente al fútbol y la narconovela. Pero también representa al que sólo consume y no produce, los que van y se abarrotan en los supermercados para compra de baratijas, a los que rondan como ratas de alcantarilla los centros comerciales, todos consumidores que polucionan y no inventan. Pero también representa la dirigencia corrupta del país, ejemplo Odebrecht, que tiene vuelta un estiércol a Colombia.

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Pedro el Afortunado

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica



Una tenaza lo aprieta, lo sujeta, hay momentos que parece ahogarlo, estrangularlo, asfixiarlo. Pedro vive preso en el oscuro mundo religioso en donde se comienza y se termina el día con rezos y alabanzas, y en donde la belleza y elegancia femenina es ofensa para el supremo Dios. 

Su conflicto se agudiza con el otro mundo moderno de la ciencia que facilita la vida y por el cual se sienten atraído. Pedro está fascinado con los vientos y las corrientes de agua, quiere aprovecharlos para producir energía, para mejorar la precaria y rústica vida campesina y en sí de la humanidad en general. Si el telégrafo, los trenes acortaron distancias, acercaron a las personas, eliminaron diferencias, ¿cómo no soñar con la producción de energía eléctrica gracias al aprovechamiento que se puede hacer de las aguas y los vientos? 

En suma, el movimiento puede destruir los prejuicios y crear una sociedad nueva, más justa donde el individuo pueda vivir como una persona libre e independiente, es un sueño que puede ser posible.

Ese mundo religioso cerrado y aislado es una máquina de tormentos para Pedro, de la cual no logra zafarse y que por el contrario cada vez lo aprisiona más y más, su rebeldía no es suficiente, su cuerpo y su alma están lo suficientemente adiestrados, doblegados, no puede dejar su punto de retorno, no tiene otras opciones que la vida en aislamiento y en la soledad. Cuando intentó escapar, se sintió un extraño en esos encantos de la vida moderna y de los lujos y refinamientos financiados por la burguesía de su época, pese a sus intentos persistentes, a su fuerza de voluntad, Pedro no deja de sentirse extraño en los pasillos y salones del lujoso castillo en donde fue acogido.

La dogmática religiosa es una máquina de tormentos , es una máquina que perturbará para siempre la vida de Pedro que no se siente ni de acá ni de allá, vive inconforme, reniega de su miserable vida que le tocó vivir pero tampoco logra adaptarse al nuevo mundo moderno en el cual es acogido por sus proyectos, sus ideas brillantes como ingeniero. Pero esta acogida no es suficiente sin el anclaje de la exigente maquinaria burocrática que le exige asociarse con el mundo empresarial, sin está comunidad de intereses no se es nadie, tan solo un tonto afortunado y así sucede, pues en solitario es devorado, triturado por el exigente mundo burgués de los negocios, una idea sin su financiación resultó ser un proyecto que nació muerto. Al orgullo le precede el fracaso así se lo recrimina sus mentores.

Pedro es persistente como bien lo afirma en uno de sus diálogos: “Un hombre que se respete cumplirá lo que se propone hacer a cualquier costo.” La decisión y la resistencia de sobreponen, incluso desafía la fuerza natural: “no se puede perder la fe en la fuerza de la decisión.”

Pero esta fuerza puesta en la decisión de su voluntad, de sus convicciones y deseos por alcanzar los logros científicos, no es suficiente cuando entra en contradicción con su Ser que lo ha constituido, su ser en última instancia se inclina más por su tradición que tanto rechaza pero que no la ha podido dejar, allá, en solitario, está el hermitaño viviendo con lo casi nada, con tan sólo un poco de agua y alguna miga de pan, alejado del mundo, no se siente ni de aquí ni de allá, no se siente ni totalmente definido por su dogmática religiosa ni por el mundo moderno por el cual luchó y del cual tuvo que abandonar ya derrotado: “me he sentido aislado y sin raíces toda mi vida… pero aquí finalmente soy consciente de quién soy… en mi soledad sin Dios, sin esto hubiese sido apenas medio ser humano… ahora me siento liberado,” confiesa a quien fuera su prometida en la escena final de la película. 

Aquí el dispositivo religioso es quien triunfa sobre la oveja que se quiso salir del redil, y no es su orgullo el que pone tranca para saltar al mundo moderno, no es fácil para ese ser formado fuertemente en una tradición campesina religiosa, no es fácil materializar este sueño para un campesino que está apresado por la moral cristiana que advierte que el desarrollo de la ciencia desafía la voluntad divina, lo pone en contradicción con la fe y la ciencia, y ésta contradicción es una máquina de tormentos que frena los impulsos del brillante ingeniero para que entre al mundo moderno. Máquina de tormentos pudo haberse titulado este escrito.

Disponible en Neflix
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