Amor Sublime

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El caminar es más lento, ya no hay tanta prisa, el tiempo se acaba, las energías para lo esencial. Las motivaciones se menguan, son esquivas y difíciles de pescar y más aún cuando la vejez vale tan poco, es un estorbo para la cultura occidental. Pero si hay vida, hay lucha. Y si hay lucha, hay resistencia.  Cada día abonamos nuestro suelo para recoger frutos al día siguiente. Todos tenemos un jardín qué cuidar, incluso el jardín filosófico. La vida se juega en el presente, en el
devenir intenso, reír un poco de vez en cuándo así sea de nosotros mismos. Aprendemos a hacer leña del árbol caído. El daño algo salva. Lo que no nos mata, nos hace más fuertes. «Allí donde hay peligro también crece lo que salva.» Poco a poco vamos dejando atrás los miedos imaginarios para habitar la calma en medio de la tormenta.


Un sueño, una meta común son las razones para levantarse de la cama cada amanecer. No importa si hemos perdido mucho o poco la fe en nuestras vidas o en la humanidad, no vemos gestos amables hacia esta casa común, hacia nuestra pacha mama que es este planeta tierra en el cual estamos como invitados. Por el contrario, los gestos destructivos son la cosa más común que ponen en cuestión la sostenibilidad de la vida entera. En verdad se pierde la fe por los días venideros. Sólo es el impulso vital que nos empuja y nos arrastra a seguir hasta el día desconocido.


El amor es un buen aliado. En él se distingue el erótico del trascendente. El amor pasional, sádico, masoquista es el placer egoísta, el regocijo del yo, puro narcisismo, el cuerpo del otro es un medio, una mediación para alcanzar mi placer. Leo en Alain Badiou en Elogio del Amor la siguiente precisión lacaniana que distingue este amor pasional de lo que podría llamarse amor sublime, trascendente: «El deseo es una potencia inmediata, pero el amor además pide cuidados, reanudaciones. El amor conoce el régimen de las repeticiones. 'Dime otra vez que me amas,' y también muy a menudo: 'dímelo mejor.' Y el deseo siempre recomienza. Bajo la caricia se puede escuchar, si está encantada por el amor, ¡Más! ¡Una vez más!... En el goce el cuerpo del otro es una mediación para la experiencia del placer individual, es un acto egoísta y no puede ser de otra forma, si bien el juego erótico empieza entre dos, luego lleva lejos a cada quién, uno muy lejos del otro, es el amor como potencia.»


Mientras que en la experiencia del amor se aborda el ser del otro, de la persona amada, va más allá del simple narcisismo. El otro es el medio para vivir la experiencia del amor que se vive en cada momento, es inmanente, en la práctica todos los días se renueva el contrato de amor, se recomienza una y otra vez, el amor es el deseo de durar, de enfrentar lo inédito, lo diferente que se repite.  “Vas a cumplir ochenta años. Has empequeñecido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos y siempre eres bella, graciosa y deseable. Hace cincuenta y nueve años que vivimos juntos y te amo más que nunca. De nuevo llevo en el hueco de mi pecho un vacío devorador que sólo calma el calor de tu cuerpo contra el mío.” André Gorz en carta de amor a su esposa Dorin. En el amor se renuncia a todo pudor en el cuerpo que se ofrece al otro en esa prueba corporal.. Todos los días la duración se pone a prueba.


De acuerdo, el amor como la música nos vivifica porque es lo más próximo a la reafirmación de la existencia.


Read more...

Antioquia: ¿La misteriosa tierra de Ofir?

Por Norberto Vélez Escobar
Miembro correspondiente 
Academia Antioqueña de Historia



Recientes estudios genéticos han revelado un secreto largamente oculto sobre Cristóbal Colón: el célebre navegante, cuya identidad ha sido objeto de debate durante siglos, era de origen judío. Este descubrimiento, resultado de análisis de ADN de sus restos, cambia radicalmente la forma en que comprendemos su figura y exige una nueva lectura de la historia del descubrimiento de América. Colón, quien navegó bajo la bandera de los Reyes Católicos, con símbolos templarios en las velas de sus naves, emerge como un personaje cargado de simbolismos y enigmas aún por desentrañar.


Este hallazgo abre un capítulo novedoso en la historia, y permite plantear interrogantes acerca de los motivos que tradicionalmente se explican de su expedición. ¿Podría su travesía haber sido un plan de huida para salvar al perseguido pueblo judío? ¿Acaso su insistencia en este viaje durante décadas escondía un deseo más profundo: hallar los antiguos secretos y misterios del pueblo de Israel? Tal vez Colón dejó pistas deliberadas para que las generaciones futuras comprendieran su verdadera misión en esta gran historia.


Convencer al Imperio español de financiar su plan no fue sencillo. Según el investigador antioqueño Raúl Aguilar Rodas, en una época de crisis y dudas Colón logró mover las fibras más sensibles de la Reina Isabel la Católica, 

prometiendo el oro de tierras desconocidas, y claro está, la expansión de la fe católica. Pero fue aún más lejos, sugiriendo que con las riquezas provenientes de la nueva ruta comercial, España podría recuperar el Templo de Salomón, para entonces en manos musulmanas, y establecer allí el credo católico. Este argumento, que apelaba al fervor religioso de Isabel, fue clave para obtener el respaldo de la monarquía.



Entre los conocimientos que poseía Colón antes de embarcarse en su aventura, destacan extraños hallazgos en las playas de Porto Santo, en Portugal, donde aparecieron troncos tallados y cadáveres de gentes de pueblos desconocidos, evidencias de civilizaciones más allá de las columnas de Hércules. Además, según testimonios, el prenauta Alonso del Huelva le había hablado a Colón antes de morir, de una tierra virgen y rica en oro, situándola al oeste, lo que reavivó su propósito de encontrarla.


Esta conexión entre Colón y las antiguas historias judías nos remonta a la construcción del primer Templo de Israel por el rey Salomón. Con la alianza del rey Hiram de Tiro, Salomón encargó a los fenicios la tarea de traer las más exóticas riquezas del mundo antiguo, incluyendo el oro de una tierra mítica conocida como Ofir. Las crónicas señalan que estos viajes, desde el puerto de Tiro, duraban tres años y resultaban en cargamentos de oro y piedras preciosas. ¿Sería posible que este mito atrajera a Colón, guiando su travesía?


El almirante partió del puerto de Palos de Moguer el 3 de agosto de 1492, rumbo a lo desconocido. Impulsado por los vientos alisios y las corrientes marinas que alcanzan las costas portuguesas, españoles y africanas, para orientarse desde Gomera, una de las islas Canarias, hacia el mar abierto, con la brújula señalando el oeste. Ayudado de información recabada de navegantes como Alonso del Huelva, llegó el 12 de octubre a la isla de Guanahaní, una pequeña isla del archipiélago de Bahamas, situada al norte del extremo oriental de Cuba y que hoy lleva el nombre de San Salvador. Desde su desembarco, su obsesión por encontrar oro fue evidente, interrogando constantemente a los aborígenes sobre los “criaderos” del metal, el cual los nativos empleaban para cubrir partes de sus cuerpos. 


Siguiendo las indicaciones de los pobladores, la expedición se desplazó hacia el este a lo largo del arco de las Antillas. Una de las islas exploradas en el primer viaje fue Baneque, a la que bautizó con el nombre de “La Española”, isla que hoy lleva los nombres de República Dominicana/Haití. Uno de los caciques de Baneque informó a Almirante que los criaderos del oro se encontraban en una isla muy grande y muy poblada que estaba a cien leguas al sur; que en esa tierra recogían el oro con redes y canastos y que allí lo sabían trabajar. 


En su tercer viaje, el Almirante llegó a las tierras suramericanas; la expedición

desembarcó en las costas de la boca del río Orinoco, para enseguida bordear la península de Paria. Estando aún en Zuania, nombre con el cual los aborígenes denominaban la tierra americana, volvió a preguntar por los 

orígenes del oro que el Almirante observaba, recibiendo por respuesta que este provenía de una tierra alta y fría, situada al occidente.


En su cuarto y último viaje, el Almirante optó por modificar el rumbo de las expediciones anteriores, y se dirigió a explorar las tierras del occidente, de acuerdo con las informaciones obtenidas de los pobladores de Paria. De hecho, el Almirante se propuso circundar, o abrazar las tierras de donde se obtenía el oro que circulaba por todas las Antillas. Con este fin la expedición dio rumbo a Cuba y luego cruzó a Jamaica, isla que ya había explorado en su primer viaje.


Desde Jamaica se dirigió al sur, y tras sortear tormentas, enfermedades de los marinos y daños en las naves, Colón alcanzó la península que llamó “Nombre de Dios”, actual frontera entre Honduras y Nicaragua. Desde “Nombre de Dios”, continuó hacia el oriente siempre siguiendo las indicaciones de los aborígenes e indagando por los criaderos del oro, alcanzando a fondear en las bocas del río Veragua, actual Panamá, con el propósito de hacerse a un lugar seguro para reparar las maltrechas embarcaciones, conseguir alimentos y descansar la tripulación. Una vez más, siguiendo las indicaciones, continuó hacia el oriente, alcanzando tierras colombianas en Cabo Tiburón, Chocó. Sin embargo, debido al mal estado de las embarcaciones que hacían agua y debían ser achicadas, y a las enfermedades, la desesperación y la rebeldía de la tripulación, se vio obligado a regresar a España haciendo previamente escala en Baneque con el fin de reparar las naves y conseguir el alivio de los marinos que le acompañarían. Nunca llegó a la "montaña de oro" que tanto había anhelado encontrar.


Según el investigador Adam Szaszdi, los criaderos del oro que buscaba Colón, aquellos que los taínos viejos de Baneque o la Española, hoy Santo Domingo/Haití, ubicaban a "cien leguas al sur", se encontraban en las tierras antioqueñas de Buriticá y Dobaibe. Décadas más tarde, Vasco Núñez de Balboa y Juan Badillo, lograron alcanzar estas tierras, conocidas por su riqueza aurífera desde tiempos pretéritos. Tal vez no sea descabellado pensar que el territorio 

pleno de oro de Antioquia era la misteriosa Ofir, el destino de los navegantes fenicios en sus viajes de tres años desde y hasta Israel, y propósito secreto de Cristóbal Colón, judío sefardí, seguro conocedor de la leyenda de Ofir que se menciona en varios de los libros del Antiguo Testamento.


Así, la historia de Antioquia y la leyenda de Ofir parecen entrelazarse en un relato de oro, mitos y exploraciones que hoy nos invita a desentrañar sus 

misterios.


Rionegro, 20 de noviembre de 2024.


Notas

 

1 Para este trabajo se contó con la valiosa colaboración de la investigadora y escritora Gloria Montoya Mejía.

2 Este es un artículo de carácter divulgativo. No se le debe tomar como artículo académico.



Read more...

Nunca Fuimos Modernos

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


 Nunca fuimos modernos es el título de un ensayo de Bruno Latour. Pero ¿dónde está el quid del asunto? Es bien sabido que la modernidad era el vagón de moda al cuál había que subirse para no quedarse atrás. Y no sólo era eso, sino que había que extenderla, llevarla a todas partes en donde no estaba. Pero a todas estas que se entiende por modernidad, palabra de uso corriente que todo el mundo usa como decir buenos días, buenas noches. Todos dan por supuesto un significado consensuado que están refiriendo a lo mejor de lo mejor, lo último ya probado y conveniente por adquirir, el camino por transitar, so pena de quedarse atrás de lo que manda la moda.


La modernidad se tornó en empresa colonizadora y la más conocida fue de las conquistas de otros territorios, con cruz y espada llevaron el credo de la modernidad a pueblos que juzgaban atrasados, que no tenían ni ciencia ni cultura ni supuesto Dios verdadero. Eran pueblos considerados que ni tenían matrices lógicas para aprehender la realidad, carecían, según los colonos, de una dialógica, de un aparato científico y filosófico que produjera verdad. Ser y pensar diferente a la verdad establecida eran motivos suficientes para declarar salvaje o atrasados a pueblos diferentes, los consideraban sin acceso a la ciencia, a la cultura y a la religión que mandaba el ser moderno. Era el rasero con el cual se medía a propios y extraños, era la matriz lógica obligada, el imperialismo, la dictadura de los colonizadores que se creyeron modernos y por tanto imponer su credo.


La modernidad se erigió como una empresa que llevaba una civilización global en todos los campos de ciencia, cultura y religión, se imponía una matriz de cientificidad global para ser impuesta en cada localidad del globo terráqueo. Pero en nuestros días sabemos que lo global y lo local no se excluyen sino que se complementan, cada pueblo brinda cultura y técnicas que enriquecen al otro lado del océano. Cada territorio y cada población habitan su propio medio favorable y por tanto sus experiencias específicas. Así como naturaleza y cultura ni son oponibles sino más bien complementarias, no se sabe donde termina la una ni donde comienza la otra.


Pero más que poseer una verdad absoluta, una verdad cogida de la cola, de trascendencias, lo que se trata es de lo que se vive en el momento y en el medio donde se encuentre con sus condiciones particulares. Son las circunstancias, es de lo que se vive, de lo que pasa en el momento.  En sí, es un tema de redes, de intercambios, todo se juega en el medio, por donde se pasa, ir y venir, es un tema de mensajería, de intercambios sin perder cada uno la esencia, lo trascendente. Todo está en la Inmanencia, Inmanere quiere decir residir en. Lo global / local y lo natural / social son realidades que todo el tiempo se están intercambiando sin saberse donde termina la una y donde empieza la otra, son más bien flujos en constante movimiento, todo se juega en la intermediación, todo se juega en la membrana como en la piel en el cuerpo de un viviente que deja pasar en doble vía para constituir experiencias específicas, lo que vivo, lo que siento.


Pasar, mediación, estar en el medio, nunca nada definitivo, es decir ex-istir, estar por fuera, el ser que se va haciendo en la interacción con el medio favorable, con el entorno, siempre en el medio, en la mediación, todo se juega allí, en el pasar, en la mensajería, se parte del encuentro y no de la permanencia, el devenir es una bonita expresión para definirnos. No existe naturaleza ni cultura en estado puro, todo es mezcla, devenir. Los universales son más bien relativos, o mejor híbridos, diferencia y repetición, el eterno retorno que se repite de manera diferente, repetición y renovación. Todo se juega en la mediación, en el intercambio se muestra lo mejor. Lo local y lo global se complementan más que anularse. Nada está dicho de manera definitiva, ni con la ciencia del mundo moderno ni con la Ilustración de la época contemporánea ni mucho menos con el fracaso político del stalinismo o fascismo, todo es tránsito, todo es devenir, y de acuerdo nunca fuimos modernos


Read more...

Pasiones Más que Razón

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Pienso, luego no existo. Mientras más se piensa menos se es, nos sustraemos de lo real concreto. No somos tan sólo cerebro, pensamos y sentimos con todo el cuerpo. Somos seres de sentires: oler, oír, ver, tocar, gustar. Se existe con todo el cuerpo, con cada poro, somos de pies a cabeza. Todos y cada uno de los sentidos nos proporcionan información, captamos el mundo, nuestro alrededor según las percepciones, según nuestras sensibilidades. Nuestro cuerpo con sus poros, con cada milímetro de la piel es esponja, membrana que capta lo que nos rodea. No hay saber sin encarnación.


El viento, el aire va y viene, micro partículas, pliegues, flujos que atraviesan las existencias, constituyen la vida, el espíritu y el cuerpo, corporales e incorporales. Polvo eres y en polvo te convertirás. Todo ir y venir, flujos de información, distribución, interferencias, intercepciones, transmisiones, mensajeros. Todo un mundo de comunicaciones, la sociedad pedagógica, formación constante, continuada que acompaña nuestras vidas productivas todo el tiempo. Primero humanidad agraria, después el hombre económico, industrial, luego avanza la era del conocimiento. "Comeremos saber y relaciones, más y mejor de lo que vivimos de la transformación del suelo y de las cosas, que continuará automáticamente.” (Michel Seres).


Todo el tiempo estamos en guardia, reaccionamos con las interacciones en el contacto con el mundo exterior. Por ejemplo, el miedo que paraliza; uno sabe con quién se casa pero desconoce de quien se divorcia; la ira de intenso dolor que mata y come del muerto, morir matando, no era yo, no supe qué me pasó, salirse de sí, de su propio ropaje normativo que preserva las normas sociales, de las buenas conductas comportamentales. Salirse de los cabales, el cuerpo gobernado por pasiones de amor o de odio y no por la razón. 


Pasiones sentidas por todo el cuerpo, cada poro nos trae y lleva información. Hoy con los medios de comunicación somos una sociedad antropófaga, comemos muertos y bebemos sangre todos los días, a cada hora en los noticieros, ángeles falsos, caídos. Todos nuestros crímenes vienen del deseo de poder y de gloria. Vivimos anestesiados. Es el infierno sobre la tierra, fábrica de odio. El eterno retorno de lo mismo. Por fortuna el sufrimiento nos advierte hasta salvar la vida.


Las pasiones


"¿Conoces la pasión de caminar suavemente, con suelas silenciosas como sobre el viento, el arte de pasar desapercibido, de partir como si nadie hubiese venido, dejando las cosas inmutables, para de repente, volverse transparente, más blanco que la blusa, vacío y puro como el aire del universo luminoso? La pasión forzada de dejarse atravesar por el viento, la quemadura o el espacio frío… aquella de callarse durante mucho tiempo, anónimo, de no tener lugar posible… donde se hilvanan los diálogos de los otros… La pasión de la partida, de lo lejano, de la carencia…. El placer refinado de borrar el cuerpo, la palabra y la sombra, de no contar para nada, de ocultarse, de aligerarse tanto cuanto se vuela. (Micel Serres., La Leyenda de los Ángeles, cap. Medianoche).


Compasión, Pasión humildad


Pasión más que razón, más que entendimiento definen a la especie humana. Humano, hombre, humanidad, humildad comparten la raíz común de humus que quiere decir tierra. Polvo eres y en polvo te convertirás, concibe la religiosidad cristiana. La tierra que se encuentra debajo de nuestros pies, el polvo que se esparce por todos lados nos constituye. No existe justicia sin misericordia. En nuestros días y en nuestra cultura no tenemos texto sagrado o literario para cantar nuestras desgracias como en otrora con los textos de la biblia, la Ilíada, la Odisea, por ejemplo.


Todas las enfermedades vienen de odiar el amor. El amor nos transforma a nosotros mismos y todo lo que alrededor existe, es la empiria de las sensaciones y no del imperio de la razón. Humus es tierra y también humanidad y humildad. La humildad produce simetría, hermandad, solidaridad. 


Read more...

Retorno de Pan y Circo

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El furor de estar en el tren de la modernidad embriaga a las culturas locales, lo de afuera y más sonado, lo más masivo o popular es el vagón en el que todos deben treparse so pena de quedarse rezagado, de no estar a tono con lo que impera en el mundo. Pero el éxito de una tal empresa vanguardista entre comillas, tiene que ver con lo popular, con lo masivo, de todo eso que gusta a la gente y que los hace sentir plenos pese a los problemas con los que cada uno puede estar cargando. Pero todo esto masivo no es más que un fenómeno de manipulación de la opinión pública.


Es posible que toda esta manipulación se diluya en lo festivo que da una sensación de bienestar y felicidad. Nadie pone en duda que la fiesta es una mezcla de todo en donde las reglas y rigideces de una sociedad normada entran en suspensión, allí el rico y el pobre se juntan, se mezclan, se ríen, gozan sin importar su clase social, la miseria se esfuma y la alegría festiva es de todos, popular, democrática, me refiero a la fiesta en la cual todo se mezcla y las diferencias sociales, económicas y espirituales entran en una especie de suspensión para abrir paso a la alegría, una especie de juego democrático en donde todos son iguales mientras está ese derroche festivo en donde el pobre y el rico, el feo y el bonito entran en hermandad.


Esto es cierto lo que sucede en la fiesta, pero no quita ese gran halo mediático que adormila y manipula a la opinión pública para anular la criticidad, rebelión a su situación de miseria. Esto puede decirse con una famosa expresión de pan y circo que define la metodología para mantener a las gentes conformes y adormiladas sin protestar por su condición de degradación y miseria. 


Y tan cierto es que ¿cómo es posible que ante tanta miseria y tanta gente en la inopia, no entren en estampida arrasando con todo lo que encuentren a su paso? no entren en estallido social sacando dentro de sí esa bestia salvaje y depredadora que todo viviente tiene como recurso para disputarse una presa, para no dejarse morir de hambre. De nuevo, insistimos, el pan y el circo, y desde luego la violencia y el miedo, entran a contener esa fiera salvaje que amenaza con la depredación.

 

Esto festivo descrito tan sólo es un sedante que adormila lo que puede haber de rebelde en cada espíritu. El ruido y el licor embotan hasta perderse uno mismo, el yo se diluye en una masa acrítica, todos están embriagados y felices con el pan y el circo. Y acá no hay que dejar de señalar que lo peor de lo global se impone ante lo local. Un formato de fiestas llamadas del retorno, de rumba y licor, alboradas o griterías que simulan alegrías a los cuatro vientos, son llevados a lo largo y ancho de la geografía colombiana, música de un mismo sonsonete que escurren entre nota y nota amargura y machismo.


Otra anotación que viene a lugar, refleja y favorece todo esto que anestesia a los espíritus dignos y rebeldes, es la prelación por lo mercantil y el desprecio por lo estético y bello que puede reflejar la historia de un pueblo. Es bien sabido que lo mero mercantil en desmedro de lo estético que enriquece el espíritu, ha sido el valor supremo de esta sociedad antioqueña, el negocio está por encima de todo al punto de ahorrar toda la vida para morir rico, es la ética del miserable. 


Lo propio sucede con la clase dirigente y adinerada, pasan por alto la configuración estética y espiritual del territorio, la arquitectura es extravagancia, sólo es encanto de mercado para cautivar ingenuos, y lo poco heredado de la colonia y del período republicano fue demolido o simplemente adaptado para la explotación comercial, opacando lo que otrora era símbolo majestuoso y referente del paisaje. Caminar, para corroborar, por las calles de Medellín, en cada esquina, en cada acera, verás cachivaches y baratijas chinas, nada de qué maravillarse ni con ojos, paladar, oídos...


Es posible que todo pueda reducirse a una estrategia de manipulación del Poder de turno, dar pan y circo para mantener felices a los súbditos, a los votantes.


Read more...

La Muerte y El Morir

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


No sé en qué momento se dio la distinción entre el morir y la muerte, todos nos sabemos seres mortales, tarde o temprano la muerte llega, ha de venir, eso es cosa común pero lo raro es no sentir miedo por la forma en qué llegará el día final, estremece la incertidumbre del cómo y del cuándo. También sabemos el terror que infunda lo desconocido cuando se cree en otras vidas después de la muerte y sobre todo con el cristianismo que amenaza fuego eterno para las almas impuras. 


Una cosa es morir de una vez por todas bajo las llamas y otra cosa es sufrir la condena, estar padeciendo las llamas del fuego en una vida eterna en el cristianismo. O una de dos: o se vive en eternidad en el paraíso o en el infierno después de muerto. Y no es para menos el terror infundado, si hemos de recordar lo real que fue la Santa Inquisición con la quema de cuerpos vivos para el escarmiento de las vidas consideradas impuras, pecaminosas.


Es la historia de la hoguera muy conocida pero nuestra curiosidad, quizá vana, está más allá  de lo que explica o funda esa concepción tajante de separar la vida de la muerte, eso que hace creer en que son dos eventos distintos. Nuestro interés está más bien en la consideración menos popular de considerar la vida y la muerte como un sólo evento, una y otra son una sola realidad, al mismo tiempo que se vive también se muere, una día de vida es un día de muerte, vivir es empezar a morir. La vida como conjunto de células que se van muriendo y renovando hasta que al final una falla sistémica desencadena otras formas como lo es el proceso de metamorfosis al que todo viviente está destinado. 


Esta disyuntiva separatista del alma y del cuerpo no la tuvieron los estoicos para quienes el alma es un complemento del cuerpo, manifiesta en su multiplicidad de partículas, hoy llamarían células. Es decir todo tiene que ver con todo, somos una realidad indivisible. Para ellos tampoco tenía sentido la preocupación de la muerte, para qué preocuparse si cuando estamos ella no está, y cuando está, ya no estamos. Son simples cambios de estado de la materia.


Alma y cuerpo son indisociables. Alma quiere decir suspiro, el individuo viene con el primer suspiro y con el último se va, deja de ser para volverse polvo cósmico, humus. No existe ninguna vida que sea para siempre, todas tienen su final. Pero si se considera la vida como metamorfosis, es posible pensar en el humos y en las partículas que de esparcen por el aire, por el cosmos.


Cada momento, cada día se sufren desgastes, vivimos y a la vez sufrimos achaques, la vejez, por ejemplo, no viene sola, suele decirse para hacer notar la pérdida de funciones. Pero algún día llegará el momento en que llamen a nuestra puerta, interrumpirán el festín, puede ser un sonido, una música que nos invita a partir, en fin, lo bello será comprender y aceptar feliz el momento del viaje. Seremos un sonido final, un olor fétido, unas partículas esparcidas por el aire, unos recuerdos fundidos de puro amor en nuestros seres queridos. Y así sucesivamente con uno y con otros, unos partirán primero, otros después. "Debemos entrar en la muerte como quien entra en una fiesta.” Borges

Debemos entrar en la muerte como quien entra en una fiesta”
Debemos entrar en la muerte como quien entra en una fiesta”

Read more...

Los Sentidos

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica 


 Los sentidos modelan nuestro cuerpo, ellos captan y nos informan del mundo exterior. La vista y el oído nos entregan el arte con las pinturas y la música. Poco a poco la degustación ha ido ganando, en los buenos paladares una experiencia estética, sensitiva. El tacto y el olfato no son tan protagónicos en nuestra cultura, no han sido explotados para entregar sensaciones artísticas.

La estética tiene la posibilidad de transformar los estados del cuerpo en alegría, en disfrute, por ejemplo. La piel del cuerpo es membrana, borde común que comunica el adentro y el afuera. Una experiencia exterior nos afecta para bien o para mal en el interior de nuestro cuerpo, nos alegra con estímulos placenteros o nos paraliza con hechos de miedo. La piel misma es lienzo, es mapa táctil, es el sello propio en en que un hombre o una mujer  modelan frente al espejo la imagen para presentarse ante los demás.


Estesia quiere decir sentir y por tanto éxtasis quiere decir fuera de sí mismo. Interactuamos con el afuera en la variedad, multiplicidad, en la mezcla que conlleva la experimentación, la vida misma. No es gratuito que homo sapiens quiere decir hombre que gusta. La cultura se compone de cuerpo y sentidos. El gusto fundamenta la existencia, lo sensorial es fondo empírico, estética es el placer de los sentidos. Variedad continua es la mezcla. La vida avanza negociando multiplicidades.


Contrario al sentir, a la estesia, es la anestesia, el no sentir, privación de los sentidos y sus sensaciones. Nuestra cultura con sus mass media embotan a diario nuestros oídos y la vista con publicidad, imágenes o información a favor o en contra según sean los intereses, la manipulación es cosa de diario vivir. Esto es anestesiar los cuerpos, privarlos de sentidos, de sentir, de vivir. Otro tanto sucede con los drogos que de tanto consumir endurecen su piel con sus poros taponados, se enajenan, evaden la realidad que les ha tocado vivir.


Así las cosas, se precisa de sentir, experimentar, captar el mundo, vivirlo con los cinco sentidos. La cultura se compone de cuerpos y sus sensaciones entregados por los sentires.


Read more...

El Cuerpo y La Ciudad

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Lo monótono  y estéril caracterizan las construcciones de hoy, no son espacios que provocan ni convocan a desplegar nuestro espíritu, a sentirlos departiendo con amigos o definiendo los asuntos públicos como lo fue en Atenas, cuna de la democracia. Las experiencias más significativas son proporcionadas por los mass media y la gente las vive como si fueran reales. Y por el contrario, lo concreto real pasa desapercibido, incluso irreconocible y repudiable como quienes se asquean con el pescado fresco cuando van a la plaza de mercado. O cuándo en la calle la violencia pandillera se ensaña contra nuestro vecino próximo, la solidaridad es ajena y salimos despavoridos, es asunto de nada que ver con nosotros. Pero la violencia más cruda vista en la pantalla nos resulta divertida y normal. En sí, el consumo virtual o de los mass media embotan a los espectadores hasta perder las sensaciones de su propio cuerpo.


Esto es gracias a la experiencia física vivida por la velocidad y el culto al individualismo del mundo moderno. Los estímulos son mínimos, se priva a los sentidos de sus sensaciones. El confort mayor es ir a la mayor velocidad posible apoltronado en el automóvil, y ese es también el máximo triunfo del individuo. Las residencias o urbanizaciones son encerramientos que protegen del afuera como amenaza, y en cada apartamento cada quién vive como un extraño entre sus vecinos, tanto en el adentro como en el afuera, los individuos evitan contactos físicos o relacionamientos que permitan entablar una amistad o tejer vida comunitaria, cualquier posible contacto es un riesgo que hay que evitar. El afuera es una amenaza, evitar lo público y cuando se requiera de ser frecuentado, que sea rápido y momentáneo.


Privación de los Sentidos


El ir veloz apaga el interés por el otro y por lo lugareño local que vivifica el estar juntos, en comunidad. La comodidad vuelve perezoso el sistema sensorial, nos aleja del mundo exterior. Allí, en esa realidad espacial se vive un placer pleno y equilibrado que trasciende el mero placer corporal, el placer de estar juntos en un territorio, es una seguridad biológica que nos asiste. El hombre despliega su ser sobre el territorio, allí lo plasma, deja sus huellas en lo que le es propio de la cultura. La experimentación del territorio, del afuera, estimula experiencias que la velocidad, el ir rápido no permite, por eso la privación de los sentidos hasta llegar a una sociedad anestesiada. La falta de estímulos nos atrofia la vida. Sin comunidad, se agudiza ese fondo en nuestro ser que nos hace sentir incompletos sin posibilidad de una solución a la mano, de otro que me dé la mano y no sentirme solo y amenazado. Pero en la soledad, somos cuerpos turbados, agitados, inquietos, perdidos, seres sin paz, con pasividad corporal, sin centro espiritual. Somos ajenos, desorientados, vivimos como exiliados en la calle y en la casa.


No es posible ningún ágora o plaza pública para compartir o debatir los asuntos comunes a todos, los tiempos industriales nos privaron de ellos. Hoy se precisa de evitar cualquier contacto físico posible, ello es sinónimo de seguridad y orden. Los lugares más comunes y masivos son los centros comerciales, pero allí cada quien va dando vueltas y vueltas fisgoneando vitrinas. Son rituales que no celebran nada, sólo son esclavos del capitalismo de mercado que dan vueltas y vueltas como ratas de alcantarillas. Vivimos encapsulados en una especie de paraíso perdido.


El Paraíso Perdido o Mundo Exterior


Adán y Eva ganaron con la expulsión del paraíso, fue la posibilidad de salir al mundo, vivirlo y sentirlo en carne propia. Ellos salieron de su inocencia, ingenuidad y obediencia para entrar conscientes a un mundo exterior para comprender lo extraño y distinto, cuerpos expuestos al dolor que implica experimentar y conocer, como el niño que caída tras caída, golpe tras golpe aprende a caminar. Conocer y sufrir en carne propia es una experiencia inevitable que nadie puede vivir por nosotros. Pero nuestro mundo moderno nos quiere privar de los cinco sentidos, nos ha vuelto anestésicos, nos priva de sentir, nos adentramos en una pasividad corporal. Queremos regresar a un paraíso perdido, el cuerpo que evita sentir el espacio concreto, la carne es ajena a la piedra, a la experiencia material, desarmonía entre carne y piedra. El cuerpo es la carne, la ciudad es la piedra.


Atenas y los Espacios Comunes


Lo diverso étnico y los espacios comunes para compartir y decidir los asuntos públicos, eran lo propio de la antigua Atenas. La afirmación Aristotélica resuena fuerte para decir una realidad difícil de reconocer desde el mundo antiguo hasta nuestros días: Una ciudad está compuesta por diferentes clases de hombres; personas similares no pueden crear una ciudad. Es la diversidad étnica y de pensamiento lo que enriquece la vida en contraposición de racismos que proclaman superioridad de unas sobre otras.


La Diferencia crea Identidad


El mundo de la Grecia Antigua en Atenas los ciudadanos tenían una vida común en los lugares que discutían los asuntos públicos, que competían a todos, así el espacio y los ciudadanos se compenetraban, eran una sola realidad. Los espacios públicos eran escenarios para desarrollar la vida personal y colectiva. En la diferencia se reafirma la identidad personal, es un principio de la diversidad de la vida que en los humanos se constata en las etnias y el pensar diferente. En suma, en la Diferencia se crea identidad.


Vida común fue posible en el mundo griego, pese a los excluidos, algún día tenían la esperanza de estar en comunidad. El medioevo rompió esa esperanza, y el mundo del capitalismo impuso el credo del culto al individualismo, todos somos extraños, mi más próximo vecino es enemigo en potencia.


Lo común versus individualismo


La nación proclama una identidad común, la ciudad por el contrario promueve el culto al individualismo, un mundo de extraños, de soledades perdidas que no se encuentran, todos van y vienen rápido como si estuvieran huyendo de algo que desconocen, temen y no se hallan en el espacio. Perder la vida común es perderse así mismo. Nuestras vidas necesitan de un relato que dé coherencia a nuestras vidas, no pedazos de un rompecabezas que no encajan.


En suma, el movimiento y velocidad que nos trajo el capitalismo nos anestesia, nos deja los sentidos adormilados, nos priva del mundo exterior y de hacer vida común con los conciudadanos, mi prójimo, mi vecino de al lado, todos ellos los evito, se precisa del menos contacto posible. No experimentamos el mundo.


Las cadenas de almacenes acaban con las pequeñas tiendas de barrio en las cuales se daba la vida comunitaria, vecinos tomando un café, vecinos en confianza con el tendero que les daba créditos con el mero empeño de la palabra, los llamados fiados. 


La cultura del culto al individualismo es lo propio del capitalismo, apaga los sentidos, las sensaciones del cuerpo para así privarlo del disfrute de la vida misma. Cualquier contacto posible debe evitarse. Son amenazas, y ante las amenazas se bloquean los estímulos, es una respuesta de la naturaleza biológica, así, en este mundo moderno de velocidad, la privación de los sentidos, la anestesia nos define bien. 


Nadie pone en duda que un cuerpo requiere de un espacio para desplazarse y máximo aún cuando la vida se define por el movimiento, en especial en nuestros tiempos de avenidas rápidas y automóviles veloces, ir rápido es la consigna. Pero el ir veloz hace perder la mirada atenta por el paisaje, sólo se logra un plano panorámico sin los disfrutes de lo particular del territorio. 


Es el lugar donde las gentes alcanzan la unidad, ciudad y cuerpos son solidarios, es la configuración material y espiritual, tanto de los cuerpos como del territorio, de la carne y la piedra. Vivir juntos es lo propio de la civilización, separados es lo característico de las vida que se apagan. No tenemos principio de realidad. No vivimos, no experimentamos el mundo exterior.


P.D.


«Primero anotar que los excluidos del mundo grecorromano se reivindican en la clerecía o comunidad de la iglesia del Cristo muy presente en el mundo medieval.

Segundo, es un segmento del capitalismo que eleva el culto al individuo, el neoliberalismo que precisamente se diseña para destruir la comunidad sindical, no olvidemos a la Tacher destrozando los sindicatos mineros.

Y si bien han desaparecido los cafés como espacio comunitario de los obreros, estos conservan aún la cualidad de espacios de interacción. Recuerda que Marcel Hénaff en la Ciudad que viene reivindica el espacio común, porque construye comunidad de vecindad en las aceras y parques de los barrios.» Iván Castrillón.

Finalmente Sennett en Carne y Piedra muestra los vínculos entre la Ciudad y los cuerpos mediados por los rituales un tema por explorar.



Read more...

La Escasez de Respeto

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El respeto es un bien bastante escaso, circula poco en la sociedad pese a que allí mismo se confecciona, se forja igual que el carácter y otros valores necesarios para vivir en comunidad, por lo demás es cosa bien sabido que somos  seres sociales. Quien goza de respeto será venerado o por lo menos se puede mover tranquilo por dónde vaya, sin sentir vergüenza en todo el cuerpo, caminará recto y sin ningún recato; quién carece de él, su autoestima será baja, mellada y la vergüenza le será más común. Pero ¿de qué está hecho este bien tan preciado? 


Richard Sennet en su libro El Respeto considera tres maneras que modelan el carácter de una persona y según sea se gana o se inspira respeto. La primera y mejor que lo virtuoso o lo innato, es el talento. La sociedad valora más al talentoso que al virtuoso porque implica esfuerzo y dedicación, pues se ha invertido mucho tiempo, mucho sudor y lágrimas para lograr el cometido. Es el que se esfuerza por salir adelante, ese que sale adelante, ese que ha triunfado con esfuerzo, es el mejor visto por la sociedad. Esta valoración del esfuerzo personal, por encima del aventajado virtuoso, tienen su razón de ser en el combate que la sociedad hace del parasitismo, de los zánganos. La cultura castiga el derroche y se premia el uso eficiente de los recursos. 


La segunda característica es el cuidado de uno mismo, no ser una carga para nadie, según el historiador Huizinga, esto se impuso a partir del siglo xix por el temor a perder el tiempo, cada segundo debe aprovecharse, el tiempo es oro, es también ese odio que se tiene al parasitismo. Cada quien debe hacerse cargo de sí mismo, la solidaridad no cuenta para nada. Autonomía es la capacidad de separarse de los otros. Es una poderosa vía de acceso a la igualdad.


El tercer aspecto es retribuir a los otros. Si se tiene lo suficiente y se es generoso, se gana el respeto. Dar es una manera de ganar respeto. Mientras quién recibe y no da, no devuelve, no tiene manera de devolver o retribuir se siente con una gratitud inmensa de no acabarse. En sí es una generosidad aplastante, que socava la dignidad del otro hasta sentirse humillado.


Este combate al parasitismo, aprovechar cada segundo de la vida porque el tiempo es oro, es toda una cultura del capitalismo. Por eso toda ayuda a los otros va encaminada a encarrilarlos por ese tren de la productividad. Cuidar de los demás al margen de la compasión… ayudar al otro sin que se ponga en riesgo su identidad, no diluirla con una descarga evangelizadora de tener que cambiar  o transformar al otro. No hay regalo gratuito.


La prodigalidad o el don, esa generosidad, el dar termina por aplastar, humillar al otro. La prodigalidad implica cualquier respuesta en su poder de manipulación. Deja una carga pesada de gratitud en quién recibe, sin nada qué devolver, nada más que sumisión. Lo mismo sucede con la compasión, humilla, incluso reemplaza a la justicia, ya más allá, despoja de identidad a los otros, el respeto por sí mismo, como en los internados o las corporaciones de asistencia social tienen un poder muy fuerte para entrar dentro de las personas y despojarlas de su identidad, no se puede estructurar el respeto mutuo, todo esto analizados por Michel Foucault en Vigilar y Castigar. 


Estos valores confeccionados en la sociedad y en especial con un sesgo muy de mercado, muy del mundo del capitalismo, tiene el agravante de poner en riesgo la identidad de las personas, pues el valor operante es el de un utilitarismo de mercado, las personas son vistas como un agregado más del mecanismo de la máquina que operan, son un pedazo de carne pegada a una palanca.


La flexibilidad y la Jaula de hierro


Lo que la dictadura de izquierda no logró, lo hizo el capitalismo: flexibilizar la burocracia, la verticalidad migró a la organización en red, se hizo creer que era una democratización con su organización horizontal o en red, pero lo que realmente se hizo fue perfeccionar el método de control de los trabajadores, en cada nodo creado se ha perfeccionado las técnicas de control casi que uno a uno, mi compañero más próximo, es la unidad de medida para comparar mi producción, pero también puede ser mi peor azote. Sennet lo compara esta flexibilidad de la burocracia capitalista con el rayo láser que hace una barrida por todo el disco cd, tiene una lectura de completitud. Igual sucede con la llamada democratización de la burocracia empresarial, existe un poder central invisible que da un barrido panorámico de todos y cada uno de los implicados en la producción, existe una eficiencia al cien por ciento. 


En el trabajo industrializado o robótico, el trabajo es episódico, se pasa de una tarea a otra, no se tiene noción de un proceso. Esto tiende a producir débiles cadenas de fraternidad entre los trabajadores. Los lazos de amistad así como personas con quienes conversar sobre algún problema disminuyen o son inexistentes y mucho menos se puede crear comunidades solidarias y duraderas. Sin hombres que no dan unidad a sus vidas, son seres más bien resquebrajados, vidas desestructuradas.


Sólo se migró de la burocracia vertical a un control más suave, más sofisticado pero angustiante para el trabajador. Sin a quien dirigirse, los trabajadores mantienen la cabeza baja y guardan obediencia ciega para así conservar su empleo, es una indiferencia emocional como estrategia de supervivencia. Por lo demás, rara vez el estrés laboral crea auténticos vínculos sociales ni de afabilidad. Es una deficiencia social que la vida comunitaria tendrá que sortear o enmendar. El Estado y empresa se descargan, se desentiende de lo social y se la endosan a la vida comunitaria o al mismo individuo, una manera de hipertrofiar, de sobrecargar en funciones hasta el aplastamiento.


El capitalismo en su desorganización, en su crisis, produjo un código de respeto por uno mismo. Las rutinas embrutecedoras de las fábricas así como sus pirámides burocráticas despojan al individuo de su inteligencia y de sus iniciativas. Lo carismático más que lo racional es la proclama evangélica del capitalismo y sus lugartenientes. Los obreros son un agregado más, una pieza más de la máquina, no comprende los procesos, es un pedazo de carne pegado a una palanca.


La esperanza en lo local comunitario


El Estado Benefactor mermó su esencia que era mantener un cuerpo social compacto de sus ciudadanos en sus servicios esenciales de salud, trabajo, educación, vivienda, pensión. Todo esto se trasladó al credo libertario de encárgate de ti mismo, tu eres el único responsable de tu vida si triunfas o fracasas. Esto mismo se aplica en la llamada descentralización, cada territorio se la verá para gestionar su pobreza.


La autonomía supone conexión y a la vez alteridad, intimidad y anonimato. Ello refuerza la identidad de la persona en vez de desestructurarla como en los valores capitalistas. La caridad en la estrategia del cara a cara no es amistad, es vulgar método de someter al otro. La reciprocidad es fundamento del respeto mutuo. Es romper el ethos capitalista que reza de a cada quien según su capacidad. El respecto es sentido y expresivo, se requiere inmersión, convicción.


Lo local comunitario es condición de posibilidad para crear genuinos lazos de afectos, de cuidar de sí mismos y a los otros, generar lazos de solidaridad, de materializar sueños colectivos, es poder conjugar el pronombre de nosotros que llenará de contenido y sentido comunitario el valor de Respeto. Y es la reciprocidad el fundamento del respeto, allí las equivalencias no proceden, se da en la medida de las posibilidades.


Read more...

Formemos Red

Preferencias de los Lectores

Todos los Escritos

Rincón Poético

Seguidores