Mostrando entradas con la etiqueta Luis Alfonso Palau Castaño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis Alfonso Palau Castaño. Mostrar todas las entradas

Bibliografía de François Dagognet

A propósito de FRANÇOIS DAGOGNET
 (Langres, 1924, Avallon, 2015)
 

François Dagognet, filósofo, médico epistemológo francés. Profesor emérito de la Universidad París*

• Presentación de la bio-bibliografía de François Dagognet, de Luis Alfonso Palau Castaño
 

• Por una estética del materiólogo, objetólogo y exólogo, Dagognet, Luis Alfonso Palau Castaño
 

• Ensayo de autojustificación. Dispersión y recentramiento, François Dagognet
 

• Seguir su camino (edición revisada y aumentada). Un itinerario filosófico, François Dagognet & Patrick Vighetti
 

• Bioética I, François Dagognet
 

• Bioética II, François Dagognet

• ¿Cómo plantear bien el problema del aborto?, François Dagognet
 

• La renuncia a las morales clásicas, François Dagognet
 

• Trastornos. La procreación artificial, François Dagognet
 

• Sobre religión, conversación entre François Dagognet y Patrick Vighetti
 

• Lógica y magia de la máquina, François Dagognet
 

* Fotografía de Manuel Braun. En: http://www.manuelbraun.fr/portraits/#/photos/francois-dagognet_ 272.jpg Luis Alfonso Palau Castaño ▪ 200 Universidad de Medellín

• Objeciones y respuestas dadas por Dagognet a sus colegas, François Dagognet


• Incorporar, François Dagognet
 

• La diagonal del sabio, Régis Debray
 

• La imagen, el arte y la sociología, Bruno Péquignot
 






Presentación de la bio-bibliografía de François Dagognet
 

 Por Luis Alfonso Palau Castaño 

Nacido en Langres en 1924, en un hogar modesto, cursó su primaria pero no pudo asistir al liceo. Tuvo como mentor y amigo a Bachelard, y se formó como médico en la Estrasburgo de Canguilhem (pasó la agregación en Filosofía en 1949). Hizo el ciclo completo de estudios en la Escuela de Medicina de Dijon, defendiendo finalmente su tesis en Lyon en 1958. Nombrado doctor en Psiquiatría, recibió el primer premio de la Facultad de Medicina de Grange-Blanche en 1957. Ejerciendo en el centro del Prado (Lyón), fue nombrado médico asesor del tribunal de la misma ciudad para la prisión de Saint-Paul. Sus primeros análisis —que constituyeron su tesis de doctorado en Letras— en el área de la objetología, comenzaron con un objeto especialmente privilegiado: el medicamento.
 

La pastilla, la píldora, el comprimido, la droga, es una molécula que viene del exterior y que imita la sustancia interior para ser aceptada por el cuerpo enfermo. Este objeto singular, esta materia medicans se inspira en el viviente, lo copia y lo engaña, el afuera y el adentro se intercambian gracias a la mínima diferencia que el medicamento comporta con respecto a su modelo biológico, que lo hace su semejante más que su adversario (farmacodinamia). Los dos términos presentes en la terapéutica, el remedio y el organismo que lo recibe, no dejan de modificarse mutuamente. Dagognet falleció el 3 de octubre de 2015 en la localidad francesa de Avallon, al sureste de París.
 

Ejerció la medicina al mismo tiempo que enseñaba Filosofía en el liceo Ampère, y luego en la Universidad Lyón III. El propio Dagognet nos confiesa que experimentó una cierta decepción (o un malestar) por su permanencia en el universo de la enfermedad mental. En la neuropsiquiatría llegó a preferir el lado neurológico, buscando protección en su cientificidad. Se asistía a un enfrentamiento entre la tradición y una más moderna que favorecía los métodos analíticos y el recurso a las sustancias psicotrópicas. Cesaban la coerción, el electrochoque, incluso el internamiento; se emprendía el tratamiento ambulatorio.
 
En muchas de sus obras está presente la interrogación metodológica que le interesa: ¿cómo manejar una cantidad de elementos, de unidades, de obras, de seres como los minerales (cristalografía), los vegetales o los animales, las enfermedades, los productos? Las ciencias experimentales confrontan así el problema mayor de la lógica propiamente dicha: el de la verdadera clasificación.
Se apoya en un procedimiento que cree positivo: el de la economía de medios y de la abreviación. Este consiste en registrar y en condensar los datos más significativos, empobrecerlos en apariencia mientras los enriquece (botánica, zoología, nosología). Ante cantidades respetables, esta operación supone una codificación, instrumentos de memoria y de archivo, una administración que se encargue de todo, de ordenar y gestionar (agronomía, administración).
 

Espíritu acerado en el estudio de la química y de la historia de las técnicas, ha sabido predicar la riqueza creativa de la materia. Preocupado por las superficies y por las materias blandas más que por los sólidos y las sustancias, sus análisis culminan en un elogio del artificio y de los procedimientos de síntesis que crean imágenes y plásticas (imagenología, iconología) en vez de reproducir un pretendido real estable, dado de una vez por todas. Dagognet es un poeta de la demiurgia.
 

A partir de la generalización de los problemas de la sistemática y de la ciencia morfológica, y luego de interesarse por el destino y la evolución de instituciones como el museo, la ciudad, la fábrica..., Dagognet se ha dejado sorprender por el arte actual y sus signos: la neo-materialidad de los soportes (materiología), la fuerza de una plasturgia.
 

Su filosofía es pues de segundo grado, dado que los problemas que le competen suponen un desmonte previo de los campos empíricos que denotan. Se trata de problemáticas intensivas, que lo llevan a preocuparse de las cosas mismas, de las pobres cosas tan abandonadas por los filósofos ególogos dedicados al narcisismo lengüeril. Los objetos materializan los esfuerzos de las técnicas, así como el trabajo de quienes los hacen (museografía); sin embargo los filósofos idealizadores se dan el lujo de considerarlos como inertes e insignificantes, despreciando la sociedad laboriosa y toda nuestra historia.
 

Filósofo amable movido por una curiosidad gozosa, alegre, “materiólogo” de lo nuevo, de lo múltiple. Publicó en 1997 una Filosofía ecológica: detritos, desechos, lo abyecto, uno de sus más bellos textos en el que propone una nueva ontología de lo desgarrado, de lo sucio, de lo grasiento, de lo miserable... para quitarles la infamia con la que se los ha cargado; camino filosófico (estética) por el que acompaña a los artistas plásticos que muestran hoy en sus obras lo que se corrompe, lo precario: papeles usados, envolturas arruinadas, harapos, etc. que inducen a la compasión por lo frágil y lo perecedero. Una nueva moral para nuestro tiempo, en la que Dagognet propone plantear a partir del análisis de las tres instituciones a las que pertenecemos siempre y que nos definen, la familia, el trabajo, la nación, y que muestran que no existe progreso de la moralidad a pesar de que los problemas que se plantean sean siempre diferentes (derecho y biopolítica). Una recopilación de artículos Saber y poder en medicina en los que se la piensa en tanto que historia (conceptualizada), en tanto que potencia curativa (remedios, antibióticos, etc.) y en tanto que moral (respeto de las normas comunitarias y defensa del individuo enfermo). Sobre el mismo tema se había manifestado ya nuestro amigo en una larga entrevista que sostuviera en 1996 con Philippe Petit (Por una filosofía de la enfermedad).

Sus últimos trabajos proponen una exología ilimitada que nos ancla en un afuera que para nada oculta el adentro. Por este camino defiende “el tener” que acompaña al ser (humano), lo marca y ayuda en su constitución. “Ser” y “tener”, lejos de excluirse, se compenetran y se llaman el uno al otro. Un sujeto no se concibe sin algunas pertenencias a las cuales permanece apegado (hasta la Porciúncula de Francisco de Asís, y el Tonel de Diógenes); por lo demás, una parte de la vida social está dedicada por los unos a arrebatarles a los otros lo que los singulariza (el atesoramiento inseparable de un empobrecimiento de los que son privados de su riqueza como de sus bienes –economía política)... La rabia de poseedor (y por tanto de desposeer) define una pulsión objetal que rivaliza, por su violencia, con la sexualidad a la que termina por parasitar. No se puede seguir creyendo ni en la realidad de una existencia enteramente amurallada y cortada de sus semejantes, ni en la de conductas de verdadero aislamiento. O mejor: en esto consiste el mal moral…
 

Casi se nos ha impuesto la idea de que el afuera de una cosa no puede equivaler a la cosa ni informarnos sobre ella, puesto que él no se sitúa en ella sino solamente en su contorno. Se supervaloriza el adentro en detrimento del afuera porque no hemos sido entrenados en la lectura de superficies (traceología), que, sin embargo, se vacían lo más frecuentemente sobre lo de abajo y dependen de él (geodinámica). El aparecer es suficiente para decir el ser que no deja nunca de exhibirse por algún lado; por lo demás, “ocultar es mostrar”, y lo latente está tan presente en lo manifiesto (psicoanálisis) que no hay por qué seguir buscando en lo abisal (geografía, paisajismo).
 

La exología que se propone debería mostrar la inconsistencia y la falsedad de una interiorización absolutizada; incluso el ermitaño, retirado al desierto no se exime de prácticas o de gestos litúrgicos; medita los textos fundamentales de  su Iglesia o de su religión; con miras a su intensificación solamente interioriza la vida exterior…
 

Obras de Dagognet Sciences de la vie et de la culture. París: Hachette, 1953.
 

Filosofía biológica. Paris: PUF, 1954 [Tr. Luis Alfonso Paláu, Universidad Nacional de Colombia, Medellín, Julio de 1991]
 

La Razón y los remedios. París: PUF, 1964 [Tr. Paláu, Márquez & García]

G. Bachelard, su vida y su obra. París: PUF, 1965.
 

Métodos y doctrinas en la obra de Pasteur, París: PUF, 1967 [Tr. Márquez]; reeditado con el título Pasteur sans la légende. París: Les empêcheurs de penser en rond, 1994.

Cuadros y lenguajes de la química, París: Seuil, 1969 [Tr. Paláu, Universidad Nacional de Colombia, Medellín. Octubre de 1992, en proceso]
 

El catálogo de la vida. París: PUF, 1970 [Tr. Paláu, Medellín: traducciones historia de la biología números 14, 15 y 16. Medellín: Universidad Nacional de Colombia, marzo, julio y octubre de 2001]

Dix peintres Langrois. 1973.
 

Sobre las revoluciones verdes, historia y principios de la agronomía, París: Hermann, 1973 [Tr. María Cecilia Gómez, Medellín: traducciones historia de la biología números 1, 2 y 3. Octubre de 1997, febrero y abril de 1998].
 

Escritura e iconografía. París: Vrin, 1973 [Tr. M. C. Gómez, Medellín, 2003].
 

Por una teoría general de las formas. París: Vrin, 1975 [Tr. M. C. Gómez, Medellín, 2002].

Edición crítica de las Leçons de Philosophie Positive de Auguste Comte, París: Hermann, 1975, en compañía de Serres y de Sinaceur.


“Sobre una cierta unidad del pensamiento de Augusto Comte: ¿ciencia y religión inseparables?”, Revue philosophique dedicada a Comte, n.° 4 de octubrediciembre de 1985. Tr. por L. A. Paláu para la revista Sociología 20, Medellín: Universidad Autónoma Latinoamericana, junio de 1997.
 

Una epistemología del espacio concreto, Hacia una neo-geografía. París: Vrin, 1977 [Tr. Ma. C. Gómez, Medellín: traducciones historia de la biología números
22, 23, 24].
 

Memoria para el porvenir, hacia una metodología de la informática, París: Vrin, 1979 [Tr. Paláu, 2006].
 

A propósito de François Dagognet (Langres, 1924, Avallon, 2015)
 

Ciencias Sociales y Educación, Vol. 4, Nº 7 • ISSN 2256-5000 • Enero-Junio de 2015 • 420 p. Medellín, Colombia 205 ▪
 

Caras, superficies, interfaces [Faces, Surfaces, Interfaces], Paris, Vrin, 1982 [Tr. Paláu, 2005].

Mort du paisaje? Philosophie et esthétique du paysage. París: Vallon, 1982.


El Número y el lugar, París: Vrin, 1984 [Tr. Iván Castrillón, completada por Paláu 2012]


El Museo sin fin (seminario bajo la dirección de F. Dagognet), Seylles: Champ Vallon, 1984; [Tr. J. C. Aristizábal. 2006].


Filosofía de la imagen (1984), Segunda edición aumentada, París: Vrin, 1986 [Tr. Paláu, 2006].


Rematerializar, Materias y materialismo. París: Vrin, 1989 [Tr. Paláu, Medellín, última impresión 1999].
 

“El animal según Condillac”, ensayo-prefacio a la edición facsimilar del Tratado de los animales de Condillac, Vrin, 1987 [Tr. Paláu, Medellín, 3.ª reimpr. 2002] Etienne-Jules Marey (1987). París: Hasan.

“El consumo: una cuestión tratada con excesivo apresuramiento”. Revista de Occidente. N.º 162. Madrid: noviembre de 1994.
 

El viviente. París: Bordas, 1988 ver más adelante 2003.
 

El dominio del viviente. París: Hachette, 1988 [Tr. Paláu, Medellín: traducciones historia de la biología números 9, 10, 11 y 12, julio y octubre de 1999, junio y octubre de 2000].
 

El elogio del objeto, para una filosofía de la mercancía, París: Vrin, 1989 [Tr. Paláu, Medellín, última corrección 2002].
 

Corps réfléchis (1990). París: Odile Jacob.
 

Naturaleza, París: Vrin, 1990 [Tr. Paláu, 2006]. Considérations sur l’idée de nature. 2.ª ed., Vrin, 2000.
 

El cerebro ciudadela. Le Plessis-Robinson: Laboratorios Delagrange, 1992 [Tr. Paláu, Medellín: traducciones historia de la biología números 18 y 19, julio de 2002].
 

Por el arte de hoy. Del objeto del arte al arte del objeto. París: Dis Voir, 1992 [Tr. Ma. C. Gómez, Medellín, última impresión 2002].
 

El cuerpo múltiple y uno, París: Les empêcheurs de penser en rond, 1992 [Tr. Paláu, 2007].

Filosofía de la propiedad. El tener (1992). París: PUF. [Tr. Paláu, 2009].


La piel descubierta (1993). Le Plessis-Robinson: Delagrange. [Tr. Paláu, 2009]

 

Réflexions sur la mesure (1993). París: Encre marine.
“Ruta, anti-ruta y meta-ruta” in Les cahiers de Médiologie 2.
 

La invención de nuestro mundo, La industria: ¿por qué y cómo? París: Encre Marine, 1994 [Tr. Paláu, Medellín, última revisión 2002].

Le trouble (1994). Le Plessis-Robinson: Delagrange. El trastorno [Tr. Paláu, 2011]


Michel Paysant, Logique et Poétique (1994). París: Voix Richard Meier et les cahiers des regards.


Le Dr. Itard entre l´énigme et l´échec (Itard, Victor de L´Aveyron) (1994). París: Allia
 

Por una filosofía de la enfermedad. París: Textuel, 1996 [Tr. Paláu, 
Sociología 24, Medellín: Universidad Autónoma Latinoamericana, junio del 2001].

Cheminement (1996). París: Paroles d’Aube. Suivre son chemin: un itinéraire philosophique. 2.ª ed. Entrevista con P. Vighetti. París: la Passe du vent, 2006.


Tr. Paláu cuyos 3 primeros capítulo y su conclusión se publican acá infra, julio de 2015.


Los dioses están en la cocina (1996). Le Plessis-Robinson: Synthélabo [Tr. Paláu, 2006].
 

L´Essor technologique et l´idée de progrès (1997). París: Armand Colin.

Trois philosophie revisitées: Saint-Simon, Proudhon, Fourier Olms, 1997.


Desechos, detritus, lo abyecto; una filosofía ecológica. Institut Synthélabo pour la progrès de la connaissance, 1997 [Tr. Paláu, Medellín: traducciones historia de la biología números 20 y 21].


“Incorporar”. Los Cuadernos de mediología. N.º 6: “¿Por qué mediólogos?”. (Tr. Paláu, 2007).
 

Georges Canguilhem: Filósofo de la vida. Institut Synthélabo pour le progrès de la connaissance, 1997 [Tr. Paláu. Medellín: Traducciones historia de la biología 25 y 26, noviembre de 2003].
 

Una nueva moral: familia, trabajo, nación; Le Plessis-Robinson: Institut Synthélabo pour la connaissance, 1998 [Tr. Paláu, mayo de 2009].
 

Savoir et pouvoir en médicine (1998). Le Plessis-Robinson: Institut Synthélabo pour la connaissance.
 

Le pouvoir médical, la mort (1998). Miguel Benasayag, J. Brunerie-Kauffmann, F. Dagognet.
 

A propósito de François Dagognet (Langres, 1924, Avallon, 2015)
Ciencias Sociales y Educación, Vol. 4, Nº 7 • ISSN 2256-5000 • Enero-Junio de 2015 • 420 p. Medellín, Colombia 207 ▪
 

Les Outils de la réflexion. Epistemologie (1999). Le Plessis-Robinson: Institut Synthélabo.
 

La Muerte vista de otra manera (1999) en colaboración con Tobie Nathan. Le Plessis-Robinson: Institut Synthélabo. [Tr. Paláu, mayo 2009].

Faut-il brûler Regis Debray? (1999). François Dagognet, Robert Dumas, Robert Damien. París: Champ Vallon.
 

Sculptures et philosophies; perspectives philosophiques occidentales sur la sculpture et ... (1999). París: Argument.
 

«Matière», «Mesure», «Nature (Système de la)» en D. Lecourt (dir.), Dictionnaire d’histoire et philosophie des sciences, 4.ª ed., 2006. pp. 721-723, 734-736, 782-785.

¿Cómo salvarse de la servidumbre? Justicia, escuela, religión. París: Institut Synthélabo, 2000. [Tr. Paláu, mayo 2009].
 

Image, philosophie et médecine; Le corps en regards (2000). B. M. Dupont, Pieters, F. Dagognet.
 

Ethnopsy n.º 1: authenticité de la schizophrenie, les mondes contemporains… (2000). Tobie Nathan, François Dagognet, Isabelle Stengers. Les empêchers de penser en rond, Synthélabo.
 

Considération sur l’idée de nature. París: Vrin, 2000. Con la 2.ª ed. aumentada y corregida del texto de G. Canghilhem, «la Cuestión de la ecología».
 

Filosofía de un volteo, París: Encre Marine, 2001 [Tr. Paláu, 2005].
Epistemologie de la transparence; Sur l’embryologie de A. Von Haller (2001).


A. Cherni, F. Dagognet. París: Vrin. L’évolution créatrice d’Henri Bergson; investigations critiques (2001). Yvettes Conry, François Dagognet. París: Harmattan.


100 mots pour commencer à philosopher. París: Les Empêcheurs de penser en rond, 2001. 100 palavras para começar a filosofar. Lisboa: Teorema, 2002. 


Ochenta y tres palabras para comenzar a filosofar [Tr. Paláu. Medellín, septiembre de 2002-septiembre de 2006. Última corrección: junio de 2009]

Los grandes filósofos y su filosofía. Una historia movidita y belicosa. París: Seuil, 2002 [Tr. Paláu, Medellín, septiembre de 2006-marzo de 2010].


Cambio de perspectiva, el adentro y el afuera, París: La table ronde, 2002 [Tr. Paláu, 2006]. 


Cuestiones prohibidas (2002). París: Seuil, 2002 [Tr. Paláu, mayo 2009].

L’échange, premières réflexions (2002). Breal. Cien palabras para comprender el arte contemporáneo, Le Plessis-Robinson: Luis Alfonso Palau Castaño▪ 208 Universidad de Medellín


Institut Synthélabo pour le progrès de la connaissance, 2003 [Tr. Gómez & Paláu, 2003-2009].


En el 2003 Bordas le pide a Dagognet que reimpriman el libro El viviente, y el autor hace algunas correcciones y añade doce páginas de “Medicina y terapia” y publica Pensar el viviente, El hombre, ¿amo de la vida? [Tr. Paláu, junio-julio 2005] La subjetividad, Paris: Les Empêcheurs de penser en rond / Seuil, 2004 [Tr. Paláu, 2006].


ABECEDARIO de dispersión de cierta filosofía. París, 2004. [Tr. Paláu, Medellín, septiembre de 2006-marzo de 2007. Seminario sobre la estética de Dagognet.
 

Instituto de Filosofía. Universidad de Antioquia] Entretiens sur l’enseignement de la philosophie. París: little big man, 2004.

Entrevistas con Jean-Luc Muracciole. Tr. Paláu, Medellín, enero de 2012- enero de 2014
 

Philosophie a l’usage des réfractaires. Initiation aux concepts (2004). París: Seuil. Filosofía para uso de los refractarios. Iniciación a los conceptos [Tr. Paláu, Medellín, agosto de 2009-abril de 2010]
 

Comment faire de la philo (2004) Empêcheurs de penser en rond.
Les métaphores du corps (2004). Christian Salomon, François Dagognet. París: Harmattan.


Cien palabras para comprender los medicamentos. Cómo os curan, París: Seuil, 2005 [Tr. Paláu. Enero de 2008].


Philosophie du transfert. París: Encre Marin / Michalon, 2006.
Una introducción a la metafísica (2006). París: Seuil. [Tr. Paláu, mayo de 2007]. Adieu à la métaphysique idéaliste (2006) Empêcheurs de Penser en rond.


Les noms et les mots, París: Encre marine, 2008. Los nombres y las palabras [trad. Paláu. Medellín, abril de 2011]
 

Pour le moins, París: Encre marine, 2009. Por lo ínfimo. [Tr. Paláu, diciembre del 2011] L’argent. Philosophie déroutante de la monnaie. París: Encre marin, 2011.

Philosophie du travail. (En colaboración con sus colegas Jean-Claude Beaune, Gérard Chazal, Robert Damien, Daniel Parrochia). París: les Belles Lettres, agosto de 2013 (Tr. Paláu, Medellín, 28 de diciembre de 2013 / 2 de febrero de 2014).
 

Videos filosóficos de Dagognet L’art, M-EDITER, 2003
 


https://www.youtube.com/watch?v=6t-3FCTCQKI
La biologie, M-EDITER, 2003.
 

https://www.youtube.com/watch?v=lbhkLuHvH8k
La mort, M-EDITER, 2003 Ne maudissons pas la mort.
 

http://www.youtube.com/watch?v=k8JZa7 _ tbuo
Les déchets, M-EDITER, 2003
L’interpretation, M-EDITER, 2003.
 

https://www.youtube.com/watch?v=v0jpxm9Inwg
Materiologie, M-EDITER, 2004.
 

Épistémologie, M-EDITER, 2004.
http://www.youtube.com/watch?v=MXrtvgvGZ-M
 

Moral et politique, M-EDITER, 2004. http://www.youtube.com/watch?v=UYAF4 _ 6HnSs Le libre savoir de François Dagognet, UTLS, 2003.

http://m-editer.izibookstore.com/produit/1/9782915725025
ABeCeDario-e de Dagognet, 2004 con CD.
 

http://m-editer.izibookstore.com/produit/26/9782915725377/Lart%20contemporain L’image peut-elle tout maîtriser?
http://www.youtube.com/watch?v=u 


MCRjlecuo Y Obras y artículos sobre François Dagognet En 1983, G. Canguilhem presidió un coloquio que él mismo había promovido bajo el título: “Anatomie d´un épistémologue: François Dagognet” en el que participaron C. Debru, G. Escat, F. Guéry, J. Lambert, Y. Michaud y A.-M- Moulin. París: Vrin, 1984. 129 pp.
 

En 1996, en Besançon, Robert Damien invitó a R. Debray, F. Courtes, J. Svagelski, J. Gayon, A. Metraux, J. Lambert, J.-F. Braunstein, Ph. Pignarre, J.-P. Cotten, J.-C. Beaune, R. Dumas, Y. Schwartz, B. Péquignot, M. Le Berre, J. Robelin, L. Ucciani, D. Parrochia y B. Bourgeois a hacer un balance de “Une philosophie à l´oeuvre: François Dagognet, épistémologue, médecin, philosophe”, cuyas ponencias se publicaron en 1998 (Synthélabo, 303 pp.). Tr. Paláu: R. Debray, “la Diagonal del sabio”, pp. 27-32; B. Péquignot, “La imagen, el arte y la sociología”, pp. 197-209; L. Ucciani. “La filosofía del arte como filosofía de la presencia”, pp. 243-256.
 

El 25 y 26 de junio de 2004, en Dijon, se organizó un coloquio conjunto entre el Centro Gaston Bachelard, el Laboratorio de Anatomía de la Facultad de Medicina y la Asociación para el Desarrollo de la Investigación en Morfología… al que asistieron J.-C. Beaune, Marly Bulcão, G. Chazal, N. Cheynel, R. Damien, S. Delorenzi, R. Dumas, M.-J. Durney-Archeray, J. Gayon, C. Godin, P. Le Floch- Prigent, D. Parrochia, Ph. Pignarre, O. Plaisant, P.-Y. Quiviger, D. Raichvarg, C. Salomon, J. Svagelski, P. Trouilloud, J.-J. Wunenburger, y cuyas actas publicaron G. Chazal & Ch. Salomon, François Dagognet, médecin et philosophe. París: Harmattan, 2005.
 

Badou, Gérard (1998). “Las cóleras de Dagognet”. París: Le Nouvel Observateur, # 1736 del 12 al 18 de febrero de 1998, pp. 92-93. traducido por Luis Alfonso Paláu C. in traducciones historia de la biología n.º 12, Medellín: Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, octubre de 2000, pp. 52-54.

Maggiori, Robert (febrero 5 de 1998). “Dagognet, el hombre que hace hablar a los guijarros”. Presentación y entrevista con Dagognet a raíz de la aparición de su Filosofía ecológica, traducidas por Luis Alfonso Paláu C., in traducciones historia de la biología n.º 12, Medellín: Facultad de ciencias humanas y económicas, octubre de 2000, pp. 42-45 y 48-51.
 

Daniel Parrochia (dir). François Dagognet ¿un nuevo enciclopedista? Seyssel: Champ Vallon, 2011. Gérard Chazal. “Los salones de Dagognet: arte, ciencia y filosofía”, pp. 117-130. Tr. Paláu in Revista de Extensión Cultural, n.º 56, Universidad Nacional de Colombia, Medellín, dic. 2012, pp. 39-50.

Mayet, Laurent (1998). “Lo artificial”. Entrevista aparecida en París, en el # 116 de Science et avenir de noviembre de. Traducida por Luis Alfonso Paláu C. in Ibíd., pp. 45-48.


Luis Alfonso Paláu C. “La parte y el todo en la biomedicina contemporánea o del “en-sí” al “para-sí” en las obras de Canguilhem & Dagognet”. CD. de ponencias presentadas en el XIV Foro Nacional de Filosofía, Cali, noviembre de 2003.


Luis Alfonso Paláu C. Lo más profundo es la piel. Libro en torno a la obra de François Dagognet presentado como parte de los requisitos para ser nombrado profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia.
 

Luis Alfonso Paláu C. “El arte como celebración, la estética de François Dagognet” en el auditorio de Comfenalco, en el MDE07. Medellín, Abril 30 de 2007.

Luis Alfonso Paláu C. “Anotaciones sobre la noción de naturaleza” llevada a cabo en el coloquio sobre Arquitectura Natural de la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, agosto 9 de 2006.
 

A propósito de François Dagognet (Langres, 1924, Avallon, 2015)
Ciencias Sociales y Educación, Vol. 4, Nº 7 • ISSN 2256-5000 • Enero-Junio de 2015 • 420 p. Medellín, Colombia 211 ▪
 

Luis Alfonso Paláu C. Conferencias en la Universidad de Brasilia sobre Dagognet como historiador de las ciencias del s. XVIII, y en la Universidad Federal de Río de Janeiro sobre los alcances del pensamiento biomédico de Canguilhem y Dagognet. Nov. de 2004.
 

Luis Alfonso Paláu C. Lección inaugural del seminario Dagognet: Materiología Objetología y Exología. Universidad Católica Popular de Risaralda. Pereira, 23 de febrero de 2007.
 

Luis Alfonso Paláu C. “La cuádruple raíz de la noción de naturaleza. Notas sobre derecho, pedagogía, moral y religión de François Dagognet”, auditorio de la Torre de la memoria de la Biblioteca Pública Piloto en el Aula abierta Alberto Restrepo el día 27 de mayo de 2009.
 

Marly Bulcão. O gozo do conhecimento e da imaginação. Río de Janeiro:  Mauad X, 2010. L. A. Paláu escribió la cuarta tapa
Daniel Parrochia (dir). François Dagognet, un nouvel encyclopédiste? Un encuentro en Langres, tierra natal de Dagognet y de Diderot, en la que presentaron ponencias Jean-Claude Beaune, Gerard Chazal, Robert Damian, Robert Dumas, Christian Godin, Pascal Maire, Daniel Parrochia, Philippe Petit, y el propio F.


Dagognet. París: Champ Vallon, 2011. Carlos Fernando Alvarado Duque. La máquina y la fábrica: el invento de una nueva naturaleza. Prolegómeno al pensamiento de Francois 


Dagognet. http://es.scribd. com/doc/94058506/La-maquina-y-la-fabrica-Prolegomeno-al-pensamiento-de-Francois-Dagognet#scribd
 

Philippe Garnier (enTr.). «François Dagognet: en la escuela de la materia». Tr. Paláu. http://colombiakritica.blogspot.com/2013/09/francois-dagognet-en--la-escuela-de-la.html
 

Existe un video, desafortunadamente no difundido, realizado en 1999 por Cyrille Harpet, que se entrevista con el autor sobre su recorrido y sobre su obra.
 

Dominique Bernard Faivre. François Dagognet ou l’apologie de l’art contemporain. París: L’Harmattan, 2014.

 Fuente:
A propósito de François Dagognet (Langres, 1924, Avallon, 2015) Ciencias Sociales y Educación, Vol. 4, Nº 7 • ISSN 2256-5000 • Enero-Junio de 2015 • 420 p. Medellín, Colombia 209

Read more...

François Dagognet

Por una estética del materiólogo,
objetólogo y exólogo, Dagognet *

Por Luis Alfonso Palau Castaño  ** 



La obra de François Dagognet se inscribe en la Contemporaneidad, buscando responder a su existencia mutante y a sus transformaciones continuas. Practica unas formas de lectura que corresponden a la existencia de los dispositivos tecnológicos actuales con los que transformamos la materia, instaurando así nuevas relaciones con la naturaleza y entre los hombres, generando nuevas representaciones que emergen en los paisajes urbanos de la artificialización. Punto de vista distinto del pregonado por el romanticismo de la contemplación de la naturaleza, y de aquel del egologismo derivado del acento propio de la subjetividad. 


En el nuevo espacio antropológico abierto por el capitalismo, se han llevado a cabo variaciones íntimamente vinculadas a su despliegue en ese horizonte del mundo de las mercancías. Los gestos y los valores giran en torno a la utilidad del objeto para la comodidad y el bienestar de los seres humanos consumidores de bienes y servicios que satisfacen sus “necesidades”, utilitarismo del pensamiento burgués que reduce el universo de los objetos a la gran repartición entre los útiles y los inútiles, y que define el ámbito de lo social solo en términos de lo necesario y de lo innecesario. No vamos hoy a adentrarnos por los senderos luminosos de las teorías del gasto improductivo, de la parte maldita, del potlach que estudió Mauss, el erotismo de Bataille, y la crítica de la teoría de necesidades que hizo Baudrillard.
 

Obviamente que toda esta transformación del mundo luego de la bomba atómica que puso fin a la Segunda Guerra Mundial, que nos instaló en la guerra fría durante otros cuarenta y cinco años… nos llevó a la guerra en caliente actual que estalla en los discursos contra el terrorismo y en las acciones de una economía mundial que no disimula ya las estrategias bélicas de Estados al servicio de las multinacionales del imperio. Desarrollo maquínico-electrónico de esta era de la comunicación posindustrial que acelera el transporte de mercancías, de cuerpos y de símbolos… y que abre el pensamiento a nuevas corrientes que ostentan como denominación neologismos que aquí hemos de calibrar: la dromología (ciencia de la velocidad) de Paul Virilio, la teratología (ciencia de los monstruos)  de Omar Calabrese, la mediología (ciencia de los medios y de las mediaciones) de Régis Debray, la gramatología (ciencia de la escritura) de Jacques Derrida, la angelología y la parasitología (ciencias de las mensajerías hermesianas y de sus obstáculos) de Michel Serres. Porque Dagognet va a sumar a esta lista una serie de estudios que comenzaremos por enunciar en este nuestro primer sobrevuelo.

Morfología y sistemática
 

La morfología es una disciplina importante, dado que el estudio de las formas de los cuerpos nos instruye a veces sobre ellos, mucho más de lo que lo hace la atención prestada a sus contenidos. Pero, además, por esta vía somos llevados a la “sistemática”.

Es fácil reconocer que la ciencia experimental no puede rechazar nada puesto que ella es la racionalidad misma y, por tanto, está abocada a encontrarse con una infinidad de datos. Uno de sus primeros problemas consistirá pues en poner orden en esta inmensidad (la de los elementos o los constituyentes, la de sus combinaciones, la de las tierras y la de las piedras, la de las hierbas y la de los árboles, la de los animales, la de las herramientas y la de las máquinas, la de los materiales complejos y de los procedimientos, inclusive la de las poblaciones). De aquí nace esta disciplina transversal que llamamos la sistemática, que trata de descubrir una lógica susceptible de asumir una tal cantidad. Dagognet declara que la obra histórica que le dedicó a la invención de las ciencias del viviente en la época clásica, el Catálogo de la vida, forma con los Cuadros y lenguajes de la química, y el Número y el lugar la tripleta de obras que encara los problemas que constituyen el núcleo fuerte de sus preocupaciones en el primer período de su producción.
 

Si “la esencia” de las cosas solo puede ser alcanzada a través de lo interrelacional, y no en sí misma, entonces el conocimiento científico supone un largo trabajo previo de localización en los cuadros clasificatorios, en las valiosas “rejillas” que la ciencia construye para reunirlo todo y sistematizar, de tal manera que el conjunto así estudiado pueda traducirse bajo forma tabular (una inscripción sobre una simple hoja de papel), una concentración que, sin embargo, no entraña ninguna disminución.
 

Interesa abrirse a la inmensa variedad de tierras, de piedras, de vivientes, en resumen, de empadronar y reconocer la riqueza del mundo, tarea inseparablemente científica y filosófica. Ahora bien, si se logra catalogarla, Dagognet se pregunta: “¿no perdemos el beneficio de esta abundancia?”. Y contesta: “es necesario juzgar precisamente en términos contrarios: solo el “ordenar” permite alcanzar y comprender ese pululamiento. No conviene aturdirse con el número, es necesario “pensarlo”. Por otra parte, la concepción tabular servirá de brújula  con el fin de ampliar aún el inventario y de liberar su parte desconocida. Entre más parece que se disminuye de un lado, más se abre su lista y se entra en lo ilimitado. Las dos operaciones van juntas, la inteligencia y el agrandamiento del universo. Por consiguiente, ¡dejemos de vituperar al aprehensor que trata de captarlo y de ordenarlo!”

De la ciencia de hoy no se puede seguir repitiendo el viejo sonsonete que la acusaba de reduccionista, ni le conviene tampoco el viejo estribillo de que busca la unificación a cualquier precio, o que está encerrada en compartimentos estanco; por el contrario, ella tiene que ver con multiplicidades espectrales cuya amplitud nos ha ayudado a medir.
 

“Se deben solidarizar las dos cosas, lo real y su inteligencia —afirma nuestro filósofo en su obra Corps réfléchis—. Mostraremos que la vida, que no es necesario mistificar ni tomar por una fuerza ciega, se ha contentado con ocupar todas las casillas de un vasto tablero; no ha cesado de aumentar luego su extensión, los multi-fraccionamientos así como las combinaciones que dan nuevas “ramificaciones” (se reemplaza la noción de cuadro por la de árbol). Si es así, el problema de su comprensión inquietará mucho menos puesto que existen reglas estrictas que presiden su funcionamiento como su constitución y su proliferación”.
 

En este dominio, lo que vemos es suficiente para permitirnos captar lo que no vemos por el momento; triunfa ya la visibilidad cuando es metódica y organizada. Testimonia aún a favor de esta disciplina el que la aproximación mórfica conviene tanto a una mejor comprensión de los cuerpos como a la de las construcciones humanas. El mapa geográfico y las particiones religiosas; las amplias divisiones administrativas, el catastro y la gestión, los códigos jurídicos; la trama de las ciudades y sus monumentos; las escuelas de dibujo, el elementalismo gráfico, la ciencia generalizada de los cortes, de las reducciones, de los contornos estrictos son algunos de los más importantes temas referentes a este dominio.
 

La religión, la ciencia y el arte —tan particularmente grafo-sensibles, tan acordes con el espacio y sus mutaciones— anticipan y anuncian juntas la buena nueva del paso de una morfología a otra. El intelectual, el escultor, el sacerdote y el pintor, el hombre político a veces, y el planificador, todos merecen ser comparados: buscan inventar otras “morfologías”, otros recortes y modalidades de enlace. Una sociedad se lee pues en sus monumentos, que justamente exhiben sus voluntades distributivas, sus arquetipos, su propia tópica. No son solamente entrecruzamientos de masas o de volúmenes que se podrían modificar, seccionar o trasladar a cualquier lugar y de cualquier manera. Si las manipulaciones gratuitas y los juegos de superficie expresan claramente lo arbitrario de las puras caligrafías, las artes y las ciencias se consagran y dedican a las estructuras que resisten, como límites y fronteras, membranas semi-permeables que sobre todo nos envuelven, que solo se mueven muy lentamente, a través de desgarramientos sociales, de desmoronamientos filosóficos o antropológicos, de enfrentamientos religiosos. Solo ellas cuentan y deben mantener nuestra atención: el arte presiente a menudo el espacio nuevo, la ciencia lo explora, la religión lo vive y lo excava.
 

Si, por una parte, la concentración sigue siendo el arma necesaria de la gestión y de la organización, por la otra, e inversamente, los elementos, la multiplicidad de base sufre siempre esta subordinación que la reprime. El conflicto solo puede estallar entre la periferia y su centro. El “cuerpo social”, las instituciones, tanto se pierde tanto al escuchar, al satisfacer todas las reivindicaciones incoherentes, incesantes de esas unidades dispersas (la autonomía), como incluso se arruina cuando las desconoce y las aplasta (la burocracia). Percibimos, a través de este desgarramiento espacio-social, una de las fuentes del arte, que glorifica los dos polos de la configuración: o bien la composición focalizada y racional, o bien la fiesta liberadora, una relativa descompresión de los fragmentos. Un poco más tarde, funcionará la oposición entre el eje vertical, necesariamente sinfónico e incluso orgánico, y el eje horizontal, signo evidente del estiramiento y del aislamiento. En resumen, las formas no viven más que del volcán de los antagonismos que ellas reflejan y aumentan. Debemos descubrir, bajo la simple morfología, la dialéctica de la violencia, de los enfrentamientos y de las orientaciones.
 

No se puede ni deducir las figuras (ontología), ni solamente describirlas (Gestalt); no son ni ideas, ni hechos, ni tampoco simples desplazamientos que tendrían que ver con un estudio sémico. No nos encerremos demasiado en una morfología cuya movilidad y construcción progresiva no sea percibida. Son interesantes los inventarios morfológicos, pero son aún más necesarias las morfogénesis o las morfogonías. No somos lo que somos, somos lo que devenimos; no cesamos de esculpirnos. Pero lo esencial se deja ver, incluso si no lo vemos o lo vemos mal.

Topografía y topología
 

La geomorfología nos ha enseñado a descubrir en las superficies el juego de lo que sutilmente las lima, redondea, quiebra y desplaza. Los fenómenos, si se los sabe reunir y descifrar, nos enseñan sobre las profundidades: el “contenido manifiesto” incluye demasiado al “latente”, como para que no sea necesario ir detrás de la pantalla. ¡No existe trasmundo epistemológico! En geología —especie de memoria de los archivos de la Tierra— lo fenoménico o las solas apariencias deben retener, tanto más cuanto que uno siempre solo se encuentra en presencia de superficies, de líneas y de ondas, es decir, de trazos mínimos (la traceología).
 

Dagognet compara así la geología con una ciencia de los signos (las huellas), igual que la patología, que bajo los síntomas discierne también una evolución.  Porque no hemos de olvidar que el evolucionismo, o mejor el transformismo, antes de dedicarse a los vivientes, se ejercita sobre los suelos. El ejercicio del viaje en un navío experimental como el Beagle, que atraviesa el Pacífico, ha permitido esta audaz lectura de la superficie. En otros términos, el Beagle finalmente remonta más el tiempo que lo que recorre el océano. Y el aparato —en este caso el observatorio que se desplaza— no consiste en agrandar el fenómeno, sino en cinematografiarlo, en entrar en su desplazamiento-desplegamiento. Fue la forma de descubrir lo “latente” en lo manifiesto.
 

Dagognet sitúa a Darwin ante todo como un naturalista errante, un geomorfólogo que después de haber captado la verdad de Los arrecifes de coral, su estructura y su distribución (1842) aplicará inmediatamente sus conclusiones a los seres vivos. Analiza esta victoria –la gran conmoción de la ciencia del siglo XIX– a partir de una relectura del Origen de las especies, vinculada con los Arrecifes de coral, dado que las dos obras no se separan, sino que por el contrario la segunda generaliza la primera. Se trata de comprender el espíritu científico darwiniano que le saca el cuerpo a lo constante, a lo general y a lo esencial —lo que constituye la tentación cuasi-ontológica— para sensibilizarse con los accidentes, con las diferencias, con los aspectos más ligeros, más visibles, aunque sean los que menos se consideren. Se nos presenta el darwinismo, la captura que él hace de los dramas a través de un juego de variedades y de apariencias, sin la ayuda de ningún instrumento especial, de ninguna disección, ni de ninguna modificación laboriosa. Una consideración del fenómeno como noúmeno es decir que “la cosa en sí” se revela en la periferia, e incluso en el espejo de las aguas.
 

Se redefinen así las ciencias naturales o experimentales, sobre todo la geología y la mineralogía, como ciencias leibnizianas del mínimo fragmento que expresa la totalidad. Así pues, basta con traer polvo de la Luna, por ejemplo, para conocer tanto su naturaleza como su historia. “O más aún, un guijarro tiende a equivaler a la montaña de donde se extrae. La parcela monádica encierra el Mundo entero. Pero, además, nada debe dejarse de lado, lo que hace que las ciencias de la Tierra sean precisamente las ciencias del accidente o del relieve. Nada puede equipararse a las arenas, los guijarros y los acantilados. Los unos y los otros padecen, es decir, registran: no mueren y se mueven imperceptiblemente.
 

Su no-ser permite definir en negativo la energía o la causa que los ha esculpido, deformado, roto y trasladado. Ellos informan tanto por lo que son como por lo que no son o han dejado de ser”. Esta observación la subraya Dagognet a propósito, en razón de su paradoja: la de la memoria alojada en las arenas movedizas o sobre los guijarros, cuando se la considera generalmente como el atributo de la vida. Estrictamente los muertos, por su esqueleto, sus dientes u otras huellas, sirven de marcas cronológicas, pero el animal en tanto que tal, escapa a menudo al tiempo, conoce mutaciones bruscas o se mantiene contra viento y marea; por lo tanto no podría incluir los dramas que se registran sobre o en las rocas.
 

La piedra se ha vuelto por sí misma el más universal y el más elocuente de los manuscritos. La geología nos ayuda a traducirlo. No abandonemos el suelo, es decir, la inscripción, el hábitat, el paisaje, allí donde se implantan los vivientes, los materiales, los datos, incluso también las sociedades. Se trata, pues, de la aplicación extensiva de este método que con precisión hay que llamar geográfico, aunque incluso sea válido para los textos literarios. Dagognet declara pues la guerra a los que se inquietan por el sentido, que quieren profundizar y siempre interpretar, cuando la verdad es que no hay nada que interpretar.
 

La biología se ha metamorfoseado el día en que aplicó este método geográfico que acabamos de siluetear, y que Darwin ilustraría y renovaría tan claramente. Pero la sorpresa mayor brindada en este texto es el hallazgo, producto de la elaboración arqueológica del saber del siglo XIX, que permite explicar cómo en el mismo momento, Mendel debía también sacar a la biología de su callejón sin salida. Y para ello recurre exactamente al mismo método de Darwin. Se los debe confundir, asimilar, identificar a los dos. “Un monje en su monasterio, o un viajero en medio de las olas en el Beagle, ambos, en situaciones aparentemente antitéticas, no arriesgaban este encarcelamiento por la vida replegada sobre sí misma, la alineación de los laboratorios, de las colecciones o de los hospitales.
Uno y otro, perfectamente desenclavados, podían aplicar este mismo método exterior, contable y distributivo. Hemos claramente escrito: el mismo. No separamos esos dos genios de la cartografía. Los dos métodos, aparentemente diferentes –el de la herencia y el de la insularidad oceánica— reposan demasiado sobre las mismas bases como para que se pueda circular del uno al otro”.
 

Hasta el siglo XIX, las ciencias del viviente han descrito, categorizado, clasificado, pero el darwinismo desconstruye como lo hacen las otras ciencias que le son contemporáneas; ninguna disciplina natural escapará a esta aproximación espacial, situacionista y repartitiva: la geología, y con ella la química, la mineralogía, más tarde la medicina y la sociología. Entonces el método de la neo-geografía es el suelo común que ha de propiciar la concordancia Wallace- Darwin. La botánica, la medicina, la sociología, incluso la psiquiatría, se han beneficiado con este método que vigila la sola implantación, el hábitat, que recuenta las situaciones y las distribuciones.
 

La biología súbitamente se ha “exteriorizado”, definida en función del medio y de las circunstancias, sobre todo, reflejada a través de lo que se consideraba no-esencial o incluso fútil. En lo sucesivo, todo ocurre en la superficie de la Tierra (geografía y geología). No solamente se vuelve importante lo “visible” sino que los acontecimientos más ínfimos conmocionan a los vivientes y deciden por ellos. El medio geográfico orienta y por ende permite concebir al viviente y su evolución; pero, a su vez, este transforma la noción de “entorno”: por una parte, el viviente puebla los lugares, pero sobre todo obliga a que tengamos una nueva  comprensión del espacio, a definirlo ya no morfológica sino dinámicamente, en términos de flujos que pasan o que no pasan, de comunicaciones logradas o impedidas.
 

Cualquier nuevo espacio de distribución hace que la sociedad se proyecte en él y, de rebote, le favorezca su emergencia y su transformación. En efecto, el espacio tiene un doble papel: el de espejo en el cual una cultura se lee, se revela, pero también el que precipita una evolución. Él reproduce y produce. Espacialidad y psiquismo ya casi no se separan: este profundiza a aquella y allí se resguarda. La figura resulta de esta ósmosis. Las formas concretan fuerzas y las realizan. No dudamos de que parámetros afectivos y racionales (repetición, correspondencias, relaciones diversas, simetría, etc.) facilitan el reconocimiento perceptivo de las líneas, así como contornos más elaborados, monumentales y prestigiosos remiten a antagonismos sociopolíticos, visualizan conflictos de civilización, expresan abiertamente los dramas de la colectividad (por ejemplo, las transformaciones de las actividades, los cambios de clases sociales, el derrumbamiento de culturas, la evolución consecutiva de las costumbres, de las reuniones y de las fiestas, los cismas religiosos, etc.).
 

“La imagen” de una cosa no la reitera, sino que la renueva o la modifica. En cuanto a los monumentos, a los papeles decisivos, colocados en lugares así privilegiados: las fuentes, los templos, las columnas, los teatros— ¿sobre qué planos edificarlos y según cuáles líneas? Estos son problemas de estructura y de morfología, así como lo son los proyectos-diseños arquitectónicos. El arte es, pero solo es una topografía. 

Escritura e iconografía y Por una teoría general de las formas son las dos obras que con Epistemología del espacio concreto, hacia una neo-geografía, forman el núcleo central de un segundo período en la producción dagognetiana. 

Todo ocurre en lo visible, aunque nuestra cultura continúe descalificando la superficie (ella condena lo superficial) y privilegiando los fantasmas (lo que nadie puede verdaderamente observar) o las entidades tenebrosas que solo impresionan en razón de su inefabilidad. Bien lo escribía el gran antropólogo: 

Está de moda, sin más valor que el de una mera moda, reprochar a los antropólogos el fundir culturas distintas en el molino de nuestras categorías y clasificaciones, y el sacrificar su originalidad distintiva y su carácter inefable, al someterlas a formas mentales específicas de una época y de una civilización. Si con ello se quiere decir que una traducción no es nunca perfecta y que es inevitable que se le escape un resto de sentido, no cabe duda que se está en lo cierto, pero con ello no se hace más que enunciar un mero lugar común, y de los más simples. En cambio, los que pretenden que la experiencia del otro –individual o colectivo— es incomunicable en su esencia, y que es en absoluto imposible, e inclusive culpable, pretender la elaboración de un lenguaje en el que las experiencias humanas más alejadas en el tiempo y en el espacio se volverían, al menos en parte, mutuamente inteligibles, esos tales, digo, no hacen otra cosa que refugiarse en un nuevo oscurantismo (Lévi-Strauss, 1977).
 

Iconografía e imagenología
 

Uno de los momentos fundadores de las ciencias experimentales es aquél en el cual ellas nos vuelven verdaderamente dueños del universo que nos rodea y nos desbordan, por medio de la iconicidad geometral y abreviadora, por mediación de una cierta escritura que transpone el mundo, lo proyecta y lo renueva. Contra los defensores de la palabra dicha, deberemos alegar el punto de vista opuesto: la expresión como conquista, la importancia del dibujo y de la representación, en resumen, una defensa de la escritura, la gloria, tanto estética como científica, de la figuración. El libro en peligro ha esculpido nuestra civilización, soportado nuestra filosofía, incluso creado las religiones monoteístas, todas ligadas a las escrituras, al análisis y al comentario de lo que está “trazado”, “depositado”, “archivado”. La escuela misma solo ha sido y era exégesis.
 

Pero lo impreso sufre actualmente una tempestad tal que sale de ella maltrecho. Y esta revolución cultural golpea tanto a la literatura como a la universidad. Entonces ¿cómo enseñar ciencias? ¿Cómo representar directamente seres complejos, incluso extensos e inasequibles? ¿Cómo visualizar realidades accidentadas, trazar croquis súper-elípticos, no obstante pertinentes (los de una máquina, un edificio, conjuntos)? ¿Cómo una vez más exponer la arquitectura de las piedras, de los árboles, de los animales? La ciencia de los diagramas, de los cortes y de los mapas, en lugar de destronar la frase, la resaltará, servirá para sostenerla. Lejos pues de que el “Cuadro” descarte el texto, es ante todo la escritura la que se nos aparecerá como una valiosa, fundamental “pintura”.
 

La iconografía misma de la ciencia que comienza. Mezclaremos “la ciencia como escritura” y “la escritura como ciencia”. Esta mixtura alfabética del ver y del leer nos parece una de las exigencias de nuestra época, preocupada por la cultura del libro en peligro, de todo lo que circula e informa. Por su parte, la ciencia en general garantiza este acuerdo y trabaja en él. Estos esquemas racionales transforman la multiplicidad en un grupo serial, a su vez explicativo de la intensa variedad. Y los seres se clasifican, se descubren sobre esta curva ordenada, a través de esta topografía de sistema. Mejor, la figuración homotética justificará las propiedades sustanciales más heteróclitas. Se trata pues claramente de un dibujo quintaesenciado y generativo, no el redoblamiento de lo que es, la imagen-espejo, sino un icono paradigmático, “abstracto-concreto”, un cañamazo estrictamente distribucional.

Por su lado, otra vertiente, el arte alcanza abiertamente este campo. La literatura actual apunta cada vez más a lo figural en y a pesar de un lineal que lo ha laminado hasta aquí, o lo espacial en lo temporal de lo sucesivo, a pesar del desgarramiento aparente de las formas. Los unos y los otros —novelistas, pintores, grabadores, escultores— nos encaminan hacia una teoría generalizada de las formas y de las deformaciones, es decir, una dinámica espacial. Por su lado, los experimentadores y los científicos se dedican a ello y realizan su acción. Nos atrevemos pues a confundir “arte y ciencia”, relacionar a todos esos trabajadores de lo “multi-axial” o de lo “proyectivo”, esos escritores de la iconografía. Trataremos de examinar este encuentro, sus implicaciones culturales y sociales. 


La imaginología nos ofrece la vista más completa de la realidad; los grafos dicen muchísimo sobre lo que parecen reducir o simplificar. ¿No contiene el mapa de una región más información de la que oculta lo que observamos directamente sobre el terreno? Hemos de examinar esta paradoja, según la cual el plano o el diseño de una cosa la desborda y, por consiguiente, nos aclara muchas cosas suyas.
 

Materiología

Los primeros gérmenes de espíritu (la acción a distancia lo ilustra) se alojan ya dentro de las sustancias despreciadas. Y por esto no vamos a defender el materialismo (es decir, la doctrina del absoluto de la materia, como antítesis del espíritu, capaz de explicarlo todo), sino la materiología, en el sentido que dejamos de oponer lo material y lo mental, e incluso llegamos a aproximar el uno al otro, en esta ciencia de los materiales. Veamos algunas pruebas a favor de esta casi-similitud:
 

1. La sustancia material resulta de una combinación, pero no se trata de una unión cualquier de dos cosas, ni una simple mezcla ni una acumulación, ni siquiera de una adición. La fusión obedece a relaciones que fijan las proporciones de unos y de otros. De acá se sigue un conjunto de propiedades como la firmeza, la regularidad, la estabilidad o la permanencia estructural.
 

2. Para definirlo, la arquitectura de cualquier cuerpo real –y por tanto su forma— cuenta más que la naturaleza de sus unidades o de sus elementos. La prueba está en que podemos sustituir sus constituyentes por semejantes, sin que toquemos la disposición de base: algo esencial que permanece. Conviene, sin embargo, que además del tamaño tengamos en cuenta las cargas eléctricas de estos reemplazos. No deja de ser cierto que estos isomorfos, aunque diferentes, se deslizan dentro de nuestro sólido, se incorporan en él sin perturbarlo (la diadoquia). Una teoría holista o conjuntista explica pues la constitución de este corporal material. Y la forma misma suplanta el fondo.
 

3. Conocemos muchas sustancias polimorfas; pueden cambiar de aspecto (la heteromorfía). Vemos acá el signo de una materialidad susceptible de diversidad y de variedad (un mismo que no excluye lo otro). No consideremos la materia como monovalente cuando ella trasciende sus unidades y se expresa bajo un aparecer nuevo (la alomorfía). Concedemos a la materia cualidades que la aproximan efectivamente a lo espiritual: la parte puede exponer el todo (la pars totalis), lo que la salva del simple ordenamiento o de la yuxtaposición (la exterioridad, la extensión). Hay que restablecer rápido en ella las polaridades, los intercambios, los enlaces, una dinámica más que una mecánica en el sentido habitual del término. Así asistimos a extraños resultados: sustancias que incluso siendo mixtas no les falta ni la permanencia ni siquiera una especie de configuración que permite su reconocimiento. Los procedimientos de incrustación y de completitud ayudan a comprender una materialidad desbordante; es por esto que esta materia –entre otras proezas— podrá encerrar en sí misma y conservar las menores huellas padecidas (la memoria). También la técnica se apresurará a completar o a agrandar el espectro de la materialidad con los superconductores, los vidrios no silicados, los eutécticos, los polímeros, los biomateriales, etc.
 

Objetología
 

Dagognet nos llevará a privilegiar el objeto aunque a menudo los filósofos lo abandonen o lo rebajen porque quizá no se dan suficiente cuenta de que él se deriva del espíritu y de su ingeniosidad. No solamente el pensamiento ayuda en su fabricación (a través de esbozos y de maquetas) sino que se expresa a través de él. Su descrédito, del que buscamos recuperarlo, se entiende en parte por el sistema social histórico actual en el que se lo produce, como mercancía, que entra en un comercio, al término del cual el comprador es expoliado. Igualmente, el liberalismo sin freno no duda en diseminar la “baratija”, el “gadget” en el mercado.
 

Una prueba indirecta de lo que afirmamos está en las civilizaciones artesanales que no conocen esta desconfianza; muy por el contrario, al etnólogo le gusta recoger los utensilios culinarios, los instrumentos de música, las armas, las herramientas de esas poblaciones porque a través de ellos reencuentra el alma de esas tribus, sus mentalidades, sus maneras de vivir.
 

Otra desventaja estriba en que el objeto de ayer estaba concebido sobre todo en función de su uso, lo que lo limitaba; hoy, por el contrario se busca que escape a ese empobrecimiento: se le añadirán dispositivos que permitan otras prestaciones. Así el objeto prosaico se ha transformado, multiplicado, no limitándose ya a una sola función. Es verdad que el objeto de ayer sorprendía por su masividad, instalando así la separación entre él y nosotros (el dualismo). Merece su nombre: lo que está al frente de nosotros, lo que se opone a nosotros, a la manera de la objeción. Pero el objeto contemporáneo está singularmente modificado; ya reculan los materiales angulosos o rígidos que constituían al antiguo; se imponen los objetos plásticos, los flexibles, los polimorfos, los desmontables, etc. Lo moderno tiende a abolir la distancia entre él y nosotros; incluye en sí dispositivos favorables a una cierta interactividad (desde que entro en la pieza la lámpara se enciende). Una disciplina industrial se impone, la del diseño o la arquitectura de lo doméstico. De acá en adelante la mesa o la silla van a tener formas inesperadas. Cesa el modelo reproducido siempre y por todas partes.
 

Sin duda lo ignoramos pero la antigua morfología disemina una sorda ideología: la inmutabilidad, un poco de dominación, el triunfo de la verticalidad, el aferramiento a lo tradicional y el sentimiento de que lo antiguo prevalece. El objeto que se creía utilitario e inerte no deja de encender una batalla filosófica. Entonemos el elogio de algunos objetos ordinarios, interesándonos tanto en su propio funcionamiento como en su aspecto (el diseño). De paso, no podemos dejar de aprobar la audacia de algunos “designers” (lo que renuevan la morfología de nuestros aparatos ordinarios) cuando, en lugar de ocultar el “adentro” bajo una carrocería homogénea y reluciente, no dudan en mostrarnos el dispositivo productivo que exponen en una caja de vidrio. Nos comprometen en no separar los dos, el primer plano de la escena productiva y el fondo que lo alimenta. Y el aparato, entregado a la verdad, sale de esto más sugestivo y mágico.
Abyectología
 

Lo abyecto es lo que inspira el disgusto, suscita la repulsión y por eso mismo, instaura la idea de separación y de alejamiento. El filósofo propone explorar un territorio abandonado: el de los seres descartados en razón de su insignificancia o de su pequeñez a tal punto que terminan por confundirse con lo informe; alejados también a causa de su peligro (contaminación, polución) o abandonados a causa de sus lazos con la descomposición y la muerte (lo podrido, lo fermentado, lo cadavérico). De esta manera podemos ambicionar construir una nueva ontología anti-platónica que llegue incluso hasta señalar, en lo demolido, lo manchado, lo raído, una abundancia real, los signos de una pertenencia a lo que se llama el “ser”. El menor fragmento, la más fina partícula conserva lazos, por tenues que sean, con aquello de lo que se han desprendido; la sensibilidad contemporánea va esta vez hacia las disciplinas que enseñan a examinar o a reconocer esta relación persistente, hasta el polvo que se pega a la suela de nuestros zapatos.
 

El proyecto de una ciencia de las huellas, de los rastros que va dejando todo lo existente (la ciencia de los trazos, la trayectología) se reúne ahora a las tareas llevadas a cabo anteriormente: la  ilética o estudio de los diversos materiales y sus prestaciones o sus actuaciones (performance); la materiología en su afán  por rematerializar en medio de un mundo cada vez más idealizante, más angelical, más verbal, más light…; la objetología y su persistencia en una ciencia  de objetos, de soportes, de las cosas del mundo y de la producción industrial...
 

Sentimos que su tarea se enfila igualmente sobre la apreciación leibniziana de la riqueza en el más modesto fragmento. Por este camino filosófico, terminaremos por reunirnos con los que consideramos ahora como los mejores compañeros de viaje: los artistas plásticos que se han vuelto hacia lo precario, que han aprendido a renunciar a los sustratos habituales para ponerles atención a los papeles usados, los embalajes ruinosos, los vestidos desgarrados, todo lo que se demuele o se corrompe. Ellos han aprendido y nos han enseñado a escarbar en los muladares, los montones de residuos de hierro y los detritos con el fin de encontrar los materiales de sus obras. Se trata de dar cuenta de la compasión por lo débil y por lo frágil. Y por ende, por las pobres gentes que hacen los trabajos pesados en este planeta.
 

La rehabilitación de los desechos (la abyectología): todos los grandes artistas actuales han encontrado en ellos lo que habría de permitir su construcción; lo debilitado y lo desquijarado llevan consigo mismos, aunque implícitamente, la historia, por no decir los dramas que los han destruido; el desgaste les añade una dimensión a la vez material y social.
Filosofía
 

La filosofía idealista platónico-kantiana se dedica a pensar, no “lo que es” sino el porqué de “lo que es”, o lo que lo ha hecho tal, el proceso trascendental. La filosofía como búsqueda de este fundamento, gracias al cual el saber habría podido forjarse y validarse, termina por dirigirse hacia las estructuras del entendimiento que habrían permitido el conocimiento –pues no se evita señalar entonces un ego constitutivo–. Se termina por instaurar un espíritu que cree encontrar solo en sí mismo lo que funda la renovación. El examen “de las condiciones de posibilidad” se ha elevado tan alto que termina por abandonar el suelo de la verdad en curso, y sus mutaciones; reencuentra permanentemente una “tabla de las categorías” que no logra actualizar.

El kantismo creía ser una “revolución copernicana”, pero nos propuso lo inverso; puso a girar las cosas en torno al pensamiento, situado en el centro y regulando todo el sistema. Actualmente vale la pena explorar una propuesta filosófica de plegamiento del pensamiento a las cosas, en búsqueda de desalojarlo de una posición indebida de excesiva dominancia. Sabemos, por el contrario, que la idea verdadera no se distingue de sus aplicaciones, solo vive por ellas; la materialidad, en vez de ignorar lo espiritual o anularlo, lo ajuicia y lo sirve; asegura al menos su fecundidad.
Hay que atacar los bastiones de la filosofía clásica: el puro cogito (cartesianismo) y su versión positivista, el cerebralismo (el solo cerebro, la caja que contiene todas las facultades); la búsqueda de lo invisible o el descenso a los pretendidos arcanos del Universo, la indagación sobre las profundidades o la inmersión en la vida íntima.


La propuesta filosófica actual encara el yo y la exterioridad, en tanto que lo esencial se desenvuelve en su cruce (la ciencia, la técnica, el arte, los reglamentos jurídicos, las acciones morales y las prácticas religiosas solo se desarrollan en el encuentro entre el pensamiento y sus diversas construcciones o creaciones). Solo somos a través de lo que fabricamos o de lo que edificamos. Somos lo que tenemos hasta el punto que en rigor incluso esculpimos nuestro cuerpo, nos imprimimos sobre él, y por ende, podemos llegar leer en él el ser que se expresa y se expone.


Exología

Exología ilimitada, exología que, a diferencia de la egología –a la cual se opone frontalmente—, nos hace girar hacia el exterior, por regla general descalificado, desdeñado. El afuera no goza de un estatuto privilegiado; parece que solamente ocultara el adentro; y si lo protege lo aísla sobre todo y nos priva de él. Cuando una persona se encierra en sí misma y manifiesta una conducta de timidez es porque, sin duda, se prepara para volver al combate que solo ha interrumpido o porque se imagina que a través de su retracción se impondrá a aquellos de los que se aleja, porque son indigentes o groseros; en los dos casos ella continúa creciendo (imaginariamente). No podemos creer ni en la realidad de una existencia enteramente amurallada y cortada de sus semejantes, ni en la de conductas de verdadero aislamiento.


La exología que desea fundar Dagognet debería mostrar la inconsistencia y la falsedad de una interiorización absolutizada. Pero ¿cuál es la finalidad más o menos explícita de estos análisis? Ante todo luchamos contra lo que nos sugiere el lenguaje y de lo que no podemos desprendernos. Por acá casi se nos ha impuesto la idea de que el afuera de una cosa no puede equivaler a la cosa ni informarnos sobre ella, puesto que él no se sitúa en ella sino solamente en su contorno. De la misma manera que el árbol nos oculta el bosque, asimismo la corteza nos esconde al propio árbol. Siempre parece que el fondo se impone a lo que lo rodea y también lo vela.
Seguimos tres direcciones convergentes presentes en las primeras páginas de libro de Dagognet Cara, superficie, interface (1982-2005):


A) Según la primera, en el centro de nuestro estudio, nos apasionamos por una figura eminente, la del hombre, y tratamos incluso de descifrar su rostro A propósito de François Dagognet (Langres, 1924, Avallon, 2015)  (prosopografía); combatimos la clásica y demasiado chata fisiognomonía, pero tratamos también de recuperarla, sobre otras bases y con otros medios. El “cuerpo” no cesa de hablar; buscamos entender su lenguaje (p. 2).


B) Otro camino paralelo: nos dedicaremos incansablemente a no separar nunca los soportes de las funciones, y, como es más fácil estudiar los sustratos (en este caso el cuerpo y sus diversos segmentos) nos interesaremos en ellos con la esperanza de obtener aquí una información psicológica. En efecto, solidarizamos lo somático y lo mental, que simplemente lo expresa o aún lo aguza (p. 3).


C) Tercera dirección complementaria, más ambiciosa: intentamos análisis biofísicos que privilegian las solas superficies, excluyendo las profundidades. Quizá se ha considerado en demasía la superficie como una envoltura que protegería, aislaría el adentro; y paralelamente el pensamiento parece atraído por el espejismo del “debajo” (p. 6).
 

Monismo

El imán atractivo, la piedra que conserva, se aproximan a la psiquis; ellos impiden, si no el dualismo clásico, el del alma y el cuerpo (que habría de envenenar la filosofía clásica), al menos uno más general, el que separa la memoria de la materia o el espíritu de sus soportes.
Leibniz, con su Monadología, nos conduce por este camino del monismo: la materia, aunque la considera como una mens momentanea, es definida como un espejo confuso que encierra todo el universo; ella es, además, concebida dinámicamente.


Pero la mayor parte de los filósofos han buscado ampliar la fosa que nosotros querríamos llenar. Los griegos especialmente han alegado en favor de la separación; por tanto nosotros, en vez de predicar un regreso a esos antiguos, debemos liberarnos de su nociva influencia.


El platonismo no ha reservado lugar a la materia en su sistema; la considera como no-esencial y sobre todo peligrosa. Ella está ligada al devenir (por eso la inestabilidad) y a la mezcla (el desorden). Y de la misma manera que es necesario fundir el mineral para sacar de él el metal en su pureza (la ganga solo puede ocultarlo y perderlo, muy particularmente al oro al que deberemos aislar de los otros metales como el cobre, la plata, el diamante, para citar al Político, 303d), asimismo nos es necesario abandonar la región de lo sensible a cualquier precio y dirigirnos hacia el modelo ideal y eterno.


El Timeo insiste sobre la existencia de esos dos mundos, privilegiando el inmutable, el inteligible, y no el que ha nacido: “Si este mundo es bello y si el  obrero es bueno, es claro que él fije su mirada en el modelo eterno. En caso contrario, lo que incluso no está permitido suponer, habría mirado el modelo que nació. Ahora bien, es absolutamente evidente que el obrero contempló el modelo eterno” (29a). Por consiguiente el filósofo deberá huir del universo de acá abajo, de la misma manera que se le pide que abandone su cuerpo porque la organicidad abriga los instintos de los cuales debemos desprendernos. Y este cuerpo que hay que relegar nos aproxima demasiado de lo sensible, mientras que debemos alcanzar la estancia de lo solo inteligible, único objeto de intelección y reflexión. ¿Por qué? El Filebo da la respuesta: “La fijeza, la pureza, la verdad y lo que llamamos la esencia sin mezcla se encuentran en las cosas que están siempre en el mismo estado, sin cambios ni aleaciones, luego en las cosas que más se le aproximan, y todo el resto debe ser considerado como secundario e inferior”. La materialidad, que está incluida en ese “resto”, tiene que ver con la profusión (la abundancia despreciada) como con la confusión (también inseparable de las amalgamas). El platonismo define una metafísica de la pureza que se refiere a una creación de nuestro mundo.
 

Salimos en guerra contra la filosofía de la “interiorización ideal”; queremos quebrar o al menos discutir la más antigua de las divisiones, la que opone al pensador, que no se baña en las cosas y que no se arriesga a ser contaminado por ellas (la santuarización protegida o la clericatura de los especulativos), con el que solamente ejecuta y manipula. El primero se imagina que puede elevarse hasta aquello cuya existencia ni siquiera sospecha el otro, impotente para abandonar la caverna en la cual está encadenado. Esta grieta recorta la que separa el pensamiento del cuerpo (el dualismo tradicional e inveterado), lo puro de lo impuro, lo espiritual de lo material. Nos hemos interesado en “un exterior excepcional”, es decir, en nuestro equipamiento sensorial, que con frecuencia la filosofía ha despreciado; ella le imputa los errores que cometemos, pero la corporeidad (no se comprende sino por su periferia) interpreta en función de sí misma. Encontramos una “razón de ser”, y por tanto, una legitimidad, en sus pretendidas desviaciones. Los órganos internos, a los que no privilegiamos solo sirven para sostener lo esencial que se juega con “este sentir” que nos alerta sobre el mundo; ponemos aparte el cerebro que registra y que conserva lo que hemos vivido, así como nuestros aprendizajes y los métodos que hemos elaborado, pero ¿vivir no es ante todo sentir? A este respecto, el organismo ha logrado una prodigiosa inversión: en lugar de plegarse sobre el adentro, ha construido en su periferia lo que le permite evaluar lo que se desenvuelve lejos y adelantársele si es necesario.

No hemos descartado ni minimizado la cerebralidad sino que la consideramos inseparable de los “órganos-centinelas” sin los cuales ella misma no podría ejercerse. ¿No es menester contar también con “un sentido interno” (la cenestesia) que se añadiría a los otros cinco, por lo demás todos reagrupados (la cabeza)? 


Pero nosotros lo separamos de ellos y no lo incluimos en ese grupo en razón del aspecto vago y errático que lo caracteriza. Se desarrolla sobre todo en el sueño, acompaña lo vegetativo no entra en la llamada “vida de relación”. Para disminuirlo, añadamos también que nos informa mal (no localiza) e irregularmente (una patología puede entonces desarrollarse en el silencio de las vísceras). Con Dagognet, vamos a abogar por la inseparabilidad de lo cerebral y de lo sensorial; por este hecho caminamos a contra-corriente puesto que le concedemos un lugar preferente a la “sensibilidad”, en las antípodas de la cultura ascética; y no hemos seguido el camino que conduce en demasía a la soberanía y al imperialismo del ego (la egología).


Abandonaremos este punto de vista y todas sus ramificaciones que nos han engañado pero que servían principalmente a un designio socio-político. El angelismo de la conciencia ideal va de la mano con juicios desigualitarios y deshumanizantes. Le da ventajas a una elite (la intelectual) que termina por  perderse al confinarse en su aislamiento.


*
Tomado de Ciencias Sociales y Educación, Vol. 4, Nº 7 • ISSN 2256-5000 • Enero-Junio de 2015 • 420 p. Medellín, Colombia. Universidad de Medellín.


** Profesor titular de Historia de la Biología de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Profesor emérito y jubilado de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. Doctor en Historia y Filosofía de las Ciencias de la Universidad de París I (Sorbona-Panteón).

Read more...

Formemos Red

Preferencias de los Lectores

Todos los Escritos

Rincón Poético

Seguidores