Enfermedades del Espíritu

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

No existe la enfermedad sino el enfermo, cada quién vive, siente los afectos, las afecciones de manera particular, los sentires son diferentes en cada persona. Cada experiencia es diferente en cada cuerpo, sentimos de acuerdo a qué tan fuertes o someros sean los vínculos creados con los demás seres, cosas y todo lo que nos rodea. Todos los afectos, todos los vínculos involucran a los otros y a un afuera que recae o se refracta sobre un cuerpo, sobre un ser. El vínculo afectuoso es incorpóreo, es el espíritu que se manifiesta en la carne, en el cuerpo.


El territorio mismo, el lugar refiere a la configuración que cada ser hace de él haciéndolo parte de su propia vida, una extensión del propio yo en el afuera, recordar que existencia quiere decir estar por fuera. La casa misma, nuestro hábitat es nuestra segunda piel, cada detalle en ella nos devela en lo más profundo, en nuestro espíritu, en nuestras percepciones y creencias. La vida misma es aprehensión pero también desarraigo, la flexibilidad le define bien con todo lo nuevo que impulsa cambios estrujando los hábitos y costumbres de una comunidad. Así el desarraigo, el desapego son próximos a aquella flexibilidad. La novedad, lo inventivo impulsa cambios dejando obsoleto a lo que se resiste, nuevas formas quiere decir formateo.



Vale como ejemplo eso tan común como es la pérdida de un ser querido, al que hemos llegado amar tanto, al punto tal que se confunden con nuestra propia vida, con nuestra propia existencia, «más que mi vida, siento tu propia muerte». Y su pérdida equivale a un desgarre de uno mismo, un dolor por dentro, del alma o de espíritu suele a bien decirse. Mientras pasa el tiempo uno se siente abatido, fuera de combate porque es una parte de uno mismo la que ha muerto. Y más allá, es el reflejo en el espejo de la propia muerte que uno se encuentra con ella cara a cara, es el horror de sabernos finitos. Toda partida es una recordación de que todo tiene que ser nada, que somos polvo estelar, devenimos metamorfosis en esa variedad de vida que genera la descomposición. Y los apegos a los seres, al territorio, a las cosas sólo son anclajes provisionales que serán sacudidos con la partida final en la que no nos llevamos nada a lo que tanto nos aferrábamos.


El Espíritu está asociado con el primer respiro al nacer y con el último suspiro al morir, con el último estertor. Cuándo alguien muere es un desgarre para los que quedan vivos, los vínculos bioafectivos creados entran en suspensión, una especie de vacío dejado por quien partió. No es tanto la muerte sino la ausencia que nos duele y amenaza con desmoronamiento. Consuela en algo repetirnos que somos polvo estelar, polvo cósmico, que somos energía que tomará otras formas de existencia. La vida son los vínculos bioafectivos y en la desafección la carne se resiente, son las enfermedades del espíritu que enseñan lo frágiles que somos pero también materia y energía en constante transformación.


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Instrucción versus Educación


 
La instrucción se diferencia de la educación porque se refiere a la transmisión de conocimientos técnicos específicos tendientes a dominar algún campo técnico en particular, esto equivale a la apropiación técnica para entrar al mundo laboral. Educación por el contrario está referido a afianzar valores de saber vivir en sociedad, moviliza hábitos y costumbres propios de una región o país, lo propio que los diferencia de otros. El primero, la instrucción, es un campo abierto de aprendizaje, es flexible, se adapta a las fronteras técnicas y científicas de lo que se nos propone como novedoso y mejor, a lo siempre flexible. La educación se aferra a los hábitos y costumbres, es inflexible, aunque la vida se distingue por lo cambiante y flexibilidad.


En la educación por el contrario se insiste en afianzar valores si se quiere éticos o morales de larga duración. «En las sociedades modernas - allí donde se intensifica la violencia y donde se multiplican los conflictos- le es exigido a la escuela desarrollar lo que regulariza la conducta y abre la vía a la ciudadanía; los docentes se vuelven entonces atentos a la solidez del grupo cuya carga soportan y cuya vitalidad favorecen (por medio de encuentros, de explicaciones, de intercambios, de proyectos comunes variados). La educación se vuelve tan importante que debilita la instrucción». 


Hasta acá nuestro preámbulo, demos la palabra a Dogognet.


Instrucción


Por Francois Dagognet


La instrucción consiste en comunicar - al niño en particular- un conjunto de conocimientos, estos están incluso consignados en un programa. Los oponemos a la educación que tiende a desarrollar hábitos del carácter y de moralidad.


En las sociedades modernas, allí donde se intensifica la violencia y donde se multiplican los conflictos, le es exigido a la escuela desarrollar lo que regulariza la conducta y abre la vía a la ciudadanía; los docentes se vuelven entonces atentos a la solidez del grupo cuya carga soportan y cuya vitalidad favorecen (por medio de encuentros, de explicaciones, de intercambios, de proyectos comunes variados). La educación se vuelve tan importante que se debilita la instrucción.


Expresamos nuestro profundo desacuerdo. Este método conduce al fracaso; primero porque reposa sobre hábitos; ahora bien, éstos serán barridos pronto por otros que el medio social favorecerá. Luego el niño instruído resistirá más porque porque el saber y la cultura pueden expulsar lo instintual, abriendo a la variedad, a la tolerancia y sobre todo a la reflexión.


A nuestros ojos, importa menos «educar» que trabajar en la transmisión de conocimientos; algo que en nuestros días es particularmente difícil porque, por una parte, la calle facilita la propagación de lo peor, y por tanto la facilidad y la corrupción; por la otra, los lugares culturales de la ciudad (cine, televisión, periódicos) no se separan de lo que dominan, y lejos de desviarnos, lo diseminan con insistencia.


La instrucción va a consistir precisamente en filtrarse en los espíritus y convertirlos a las obligaciones del pensamiento. En esta perspectiva, conviene urgentemente simplificar los programas y modernizarlos. Hoy no dudamos que la escuela fracasa: reproduce los cortes sociales, mientras que debería impedirlos si todos fuesen llamados a entrar en el saber; la mayor parte son apartados del buen camino.


En resumen, asistimos al triunfo de un doble erre: primero una enseñanza que distribuye «al lado» (los hábitos cívicos, la moralidad) en lugar de lo esencial. Otro disfuncionamiento: el saber no llega a todos los alumnos debido a su complicación y a su carga. Convendría disminuirlo en cantidad como en dificultad (en caso contrario sólo sirve para discriminar). Hemos preconizado, por nuestra parte, acrecentar los trabajos de los trabajos manuales de acompañamiento así como la práctica del deporte o la gimnasia.


No es que queramos «desintelectualuzar» las enseñanzas, sino que deseamos crear una escuela que pueda rivalizar con un afuera que la debilita. Es menester que aceptemos robarle a nuestro enemigo (la calle, la televisión, el periódico) sus propios sortilegios.


En suma, la instrucción profundamente renovada (no elitista) trabaja indirectamente pero de manera segura por la educación, mientras que ésta cultivada por sí misma, no aportará más que decepción.


(Dagognet, Cien palabras para filosofar, Ed. Piedrarosstta).


Próxima columna: Enfermedades del Espíritu


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La idea y lo Concreto

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Una idea se soporta sobre un real concreto, la palabra enuncia la cosa. Las palabras hacen posible retrotraer las cosas sin necesidad de que se las tenga a la mano, sería muy engorroso que para expresarse, se tuviera que tener a la mano cada una de las cosas referidas. Y en el otro extremo estaría tomar la mera idea por la cosa enunciada como sucede con la idolatría, la efigie termina absorbiendo el todo por la parte, se venera la parte por el todo, con razón y en su  rechazo se acostumbra decir que obras son amores, a Dios rogando y con el mazo dando, con ello se quiere reivindicar la cosa real, la cosa en sí, los hechos.


Si bien ídolo quiere decir imagen -eidilon- es una representación de un real, es la trascendencia. Pero la imagen termina sustituyendo al real mismo, la parte es tomada por el todo, la idolatría es todo un culto, la adoración por la imagen y no por las cosas, en contraposición se dice por sus obras los conoceréis, hace referencia a los hechos y no a lo sólo abstracto. En sí, lo real termina invisibilizado, ejemplo es el amuleto que termina siendo fetiche que me recrea al real evocado. Otro ejemplo es del predicador religioso que sumerge a sus fieles en un éxtasis colectivo, la lengua que anestesia.


Si bien las solas ideas trascienden a las cosas porque nos entregan un pensamiento complejo y elaborado, no se puede caer en el menosprecio de la realidad, de lo concreto, del mundo real, tal y cual lo conocemos, lo sentimos, lo captamos a través de nuestros sentidos. Ese mundo real, ese empirismo trae sus propias contingencias que se nos presentan para vivirlas, cada amanecer nos despertamos para vivir, para encarnar lo que se nos presenta, cada día trae sus propios afanes, estos márgenes de un cierto azar no anula los planes concebidos, ambos hay que tenerlos en cuenta. 


El mundo existe, es real pero es reportado en mí a través de mis sentidos, es la representación individual que me hago de él, cada quién habla de las cosas según sea lo lentes con que se mire, el espíritu habita la carne, encarna mi cuerpo. Es la relación del hombre con el mundo, con el universo, en cada momento asistimos a realidades inéditas, renovadas, por eso todo saber es provisional, todo depende de las contingencias y sus relaciones. Es verdad que las palabras se las lleva el viento, pero unas tienen el poder de cincelar nuestro cuerpo, nuestro espíritu, son los afectos que tienen el peso de un elefante sobre mis espaldas. Es la presencia real con sus eficaces cargas afectivas.


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Felicidad y Fetiche

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


La felicidad todos la quieren, todos la buscan, pero ¿porqué tan huidiza, tan esquiva? Muchos dirán que el problema no está en quererla si no en que se desea mal, mucho, hasta lo inalcanzable y con ello sobreviene la frustración. En parte el deseo como búsqueda o carencia, pero también como múltiples devenires. Unos serán afortunados por sus éxitos alcanzados, otros por el contrario estarán agobiados, abrumados por sus desgracias cosechadas. 


Fueron los epicúreos quienes recomendaron evitar los dolores causados por desear mal y procurarse de los placeres más simples y más puros, los naturales y necesarios a su decir. Sólo un vaso de agua y algunos higos son los necesarios para el bienestar, huir de la desmesura, de los excesos del glotón. Casi que preferir lo más mínimo rayando con lo casi nada, ir ligeros de maletas, la levedad se presenta como valor superior. Es necesario salir del medio que nos envuelve y nos encierra. Ir rápido con el fin de reunificar en un instante lo ilimitado que se exhibe ante nosotros y nos niega o disminuye... Con la rapidez del desplazamiento nos reafirmamos así mismos. (Dagognet)


De por sí la existencia conlleva una serie de miserias como la enfermedad y la vejez que disminuye la existencia, hay males evitables, otros no. Es la ataraxia, la ausencia del dolor, además de la medicina que les procura alivio, están los del espíritu que buscan en la meditación remediar angustias y tristezas.


Existencia quiere decir estar por fuera, el ser exteriorizado, el yo entregado al afuera, el espíritu sale para reflejarse en la obra realizada con la mano y la herramienta que la auxilia, el pintor, el escultor son algunos ejemplos. El existir es una dinámica de llenado y vacío, uno se procura de cosas deseadas, pero ese vacío es permanente, no se sacia. Y mejor es definir la vida como un movimiento perpetuo en sociedad, porque la quietud y el aislamiento matan. 


Por acá mismo nos viene la palabra fetiche que es la miniatura simbólica que concentra una potencia, un poder de la cosa representada como el amuleto o lo sagrado venerado por sus fieles, es un fabricado que fascina al punto tal de una alucinación neurótica por el objeto deseado y de identificarse con el producto, es una conducta irracional, se trata de sustituir lo imperceptible, lo invisible por un equivalente concreto (Dagognet: Cien Palabras para filosofar, Ed. Piedrarrosetta). El fetiche por su potencia y su miniatura transportable nos tranquiliza. Felicidad y fetiche son dos palabras comunes a la existencia, todo estará en la justa proporción de lo que se desea.

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Comunidad Mística

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Nada raro de que la vida sea transformación, ella misma impulsa, jalona cambios. La sociedad los recibe no sin resistencias por sus modos de vivir, sus costumbres  y sus dilemas éticos o morales. Sólo algunos ejemplos. La donación y trasplantes de órganos, hace posible que el casi muerto sobreviva. Acá la investigación científica hace viable que un órgano de un hombre funcione en otro cuerpo si éste es compatible.


Este hecho permite decir que se da una especie de resurrección, antes tan sólo reservado a lo sagrado. En la muerte también hay vida, no sólo en su descomposición con con sus larvas, los gusanos que estrujan la carne, sino también en la donación y en los trasplantes de órganos. La muerte dadora de vida, se prolonga en otro cuerpo. El casi muerto y el casi vivo, el uno es la condición para prolongar la existencia del otro.  La vida vence a la muerte. Bio-sustitución salvadora en esa casi muerte del donador, en esa premuerte, por lo demás, ser poco equivale a no ser nada. 


Esta especie de simbiosis del potencial muerto que da y prolonga la vida de otro que estuvo potencialmente vivo, a punto de morir, es una especie de resurrección en quien persiste la vida, y más allá es la comunidad mística que se enlaza en lo bioafectivo. El ser social se objetiviza. Son ideas de Francois Dagognet en su libro Filosofía de la Enfermedad.


Vida Prolongada y Recomposición de las Parejas


En esta prolongación de la vida, en su expectativa de vida que crece, el amor sufre sus cambios, antes se juraba amor eterno, amor para siempre, lo que Dios ha unido no lo separa el hombre, hoy lo más común es en el ensayo y error en la composición y recomposición o la gestión de la vida en pareja. Es cierto que el presente intoxica, apabulla, mientras que el pasado proporciona imágenes deformadas y caducas. Hoy emerge lo viable y lo contingente de la libre unión, y de allí la proclama del divorcio y el derecho de volver a unirse a otro, bien sea homo o heterosexual, lo importante es la felicidad de los cónyuges más allá de ciertas convenciones ya caducas. 


Cosa cierta es que el mundo es más fácil entre dos y un hombre solo está en muy mala compañía. Es una forma de decir el ser social que somos, no existen islas sociales de individuos, todos nos debemos a una comunidad. Unos a otros nos necesitamos, es la verdad de perogrullo, pero qué tan difícil es reconocerlo, la solidaridad es tan escasa y huidiza, desde pequeños se nos enseñan valores ególatras, pero los valores de estar en comunidad se sobreponen. Por ejemplo, la donación de órganos obligatoria y una gratitud anónima, para no cargar con deudas tormentosas. 


Y de allí que si la solidaridad no viene de la generosidad, se impone por obligación a manos del Estado Social que vela y preserva el Bienestar General. El Bienestar General, la sociedad mirándose así misma en lo mejor que tiene, El Estado de Bienestar. Cuerpo generoso, el cuerpo místico social. Sin generosidad se impone la obligación, la solidaridad obligada, el deber de socorro a los más desprotegidos, que primero concierne a la familia en sus grados consanguíneos, y si ésta no basta, entonces se acude a la gran comunidad.


Se resalta la familia como célula de la sociedad porque es calurosa y multiplica los lazos. La unión transforma, un individuo solo se pierde. Se reconoce que hay una familia agonizante y la otra vivificante, una activa y otra que renace, gracias a la posibilidad del divorcio que es un nuevo vivir, un nuevo amanecer, insistir en lo que no sirve, en lo que no funciona es enfermizo. El ser es frágil, debe cuidarse de no romperse en pedazos, los recomienzos vivifican. Lo que no sirve debe demolerse, las relaciones tóxicas llevan al abismo. Salvar lo que sirve de lo que no, de las relaciones perturbadoras e irrespirables. Facilitar el abandono de lo acabado, lo que esté flojo que se caiga. La recomposición individual y familiar es saludable. En suma, son dilemas morales, la vida persiste en un marco de un Estado de Bienestar General y la gratuidad generosa en el trasplante de órganos nos enlaza en esa especie de comunidad mística que somos, es la generosidad de la vida.


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El Cuerpo Ajeno

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Nadie está a título individual en su propio cuerpo, somos meros inquilinos. El ser es social, el individuo cohabita, orbita en el nosotros. Nada es tan inocente como la independencia del Yo. Todos nos debemos a las convenciones y etiquetas sociales, por ejemplo, nadie puede salir a la calle desnudo ignorando el pudor. Y las marchas de desnudez, reivindican las libertades sexuales permitidas, nada distinto al orden establecido. 


No existen islas de individuos. Las sociedades procuran la circulación o comercio de personas, los matrimonios, los casamientos, la pareja en torno al amor y a la reproducción de su propia especie. Existen ciertos grados de libertad otorgados al individuo tales como el flirteo, la seducción que amenazan con apoderarse del cuerpo del otro, todo ello en el marco de la empatía que puede generar aceptación, rechazo o frialdad del otro… objeto del deseo.


Es un equilibrio precario entre el Yo y el Nosotros. El cuerpo es memoria y es instrumento. El cuerpo se nutre de sensaciones, la realidad es una construcción de los sentidos, de las percepciones, todo esto, desde luego, en el marco de la cultura cimentada en la educación, costumbres y habitus. Mientras más queramos adueñarnos de nuestro cuerpo, más se nos escapa, no hay soberanía del yo. Más bien se siente fatiga por aspirar a ser uno mismo. El cuerpo se escapa a la identidad para devenir multiplicidad. 


En el ciberespacio el cuerpo estorba o en el mejor de los casos tan solo se reduce a ser supernumerario, la carne pesa y la levedad es valor a seguir, en la red somos una construcción imaginaria, la mejor pose, el caminar elegante según ciertos parámetros, la siempre sonrisa fingida, nunca antes el mundo imaginario se había vuelto tan real. Nuestro cuerpo es otro bien distinto que se exhibe con retoques de diseño, la magia de los pinceles de la web y del cirujano que agranda nalgas y senos para las tribus urbanas. Aunque en el espejo nos aseguramos que los retoques estén conformes a una identidad huidiza pero que se aproxima a nuestros deseos, a los de nuestra sociedad, a los formateados.


La vestimenta, los adornos, los tatuajes son toda una gramática de la sociedad que movilizan mensajes o patrones de comportamiento, ni qué decir de las grandes marcas tatuadas en grandes deportistas. Sobre el cuerpo se aloja la memoria, es esponja del aprendizaje, es el barro sobre el cual se moldea, se esculpe el proyecto de sociedad en sus diversas clases y estatus o posición social. El gobernante, el cura y el banquero son modelos a seguir. El cuerpo es una memoria activa. El cuerpo es vehículo de habitus, es una correa de transmisión, saber comer dice de los modales en la mesa, el deporte moldea según la exigencia social, los adornos es exigencia estética para verse bien. Este cuerpo ajeno es todo menos individual, tan trazado y como sin alma, solos signos de una gramática social.


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Fetiches, Percepciones

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

No todo es controlable, no importa que tan meticuloso se planee. Todos los días nos levantamos con la pregunta por el sentido de seguir o de parar, la vida es un juego de sentidos. Lo contingente, lo que nos llega de imprevisto, a posteriori, las armonías accidentales, las variables nómadas, las probabilidades están ahí agazapadas con el azar. Salimos y nos tocó presenciar la muerte de la señora jubilada que hacía deporte, un borracho amanecido en el timón con sus sentidos alterados le hicieron una mala jugada. O los padres confiados en su hijo parásito pero llegó el día de descontrol y el puñal comandó su ansiedad de drogo y los dejó tendidos en el suelo. 


Alzamos la mirada hacia el sol para darnos cuenta de su humildad en hacer parte de millares de estrellas sin ningún recelo, la luz borra las tinieblas, la noche absorbe la luz del día, la claridad, una lección de humildad para el humano que se ha proclamado el centro del universo sin ser más que un accidente biológico y una especie más entre miles de miles.


No nos enseñaron que la muerte es comienzo y no fin, y hacemos de este acontecimiento un drama lejos de una metamorfosis, una transformación permanente como lo es la materia que ni se crea ni destruye, sólo se transforma. La muerte va y viene, se produce en las memorias diversas de la escultura que cubre el cuerpo, los relatos míticos, literarios, ella se expande en el soporte de los ritos y la cultural que mantienen vivos a los hombres, que hacen que se repitan una y otra vez desde hace millones de años. Todos los días hay resurrección.


Hablamos, conversamos con los otros, cada uno da nombres propios, su mundo de sus relaciones y sus causas, hablo desde mi experiencia, de las cosas que me atraviesan, filtro el mundo que me rodea, casi nunca refiero los objetos tal cual, siempre doy mi punto de vista, mi realidad, el mundo tal cual lo percibo, mis fetiches, el mundo causal, mis percepciones.


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Habitar

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El hábitat es nuestra segunda piel que nos protege de las adversidades del mundo exterior. Nuestra primera casa es el vientre materno, luego salimos al mundo del planeta tierra y allí también nos espera un abrigo llamado casa con su techo y cuatro paredes, allí nos protegemos del frío y del peligro del mundo y del afuera. 


El afuera nos espera para ganar el pan no sin batallar porque otros muchos harán lo mismo. Es el conocimiento de la vida. Los pájaros construyen su nido, la presa es alcanzada con el mayor sigilo por el felino hambriento, cada paso dado es calculado, sopesado, como en el homo sapiens pesar es pensar, calcular. En campo abierto, moverse equivalente a huir, escapar, en la guarida, en el hábitat, en las cuatro paredes nos resguardamos, construimos nuestra seguridad. El hospedaje es para comer en calma. Allí la naturaleza y la cultura son solidarias hasta el punto de no saberse dónde empieza una y dónde termina la otra.


Vivimos en este tránsito entre el adentro y el afuera, se resalta el arraigo por la tierra por parte del campesino a diferencia del citadino que siempre está de paso, de aquí para allá sin mucho sentido de pertenencia. El campesino habita la tierra, ella es su amante, él hace geografía, configura el paisaje. El citadino no para de ir de un lado para el otro, no se halla, vive como perdido. En la ciudad no se tiene la sensación de habitar. En la ciudad se habita siempre adentro, todo es encierro, nada de campo abierto. Y más allá, nos estamos jugando, destruyendo nuestro hábitat común de la madre tierra por un campo desolado, sin vida, el cuerpo disociado de la tierra, la carne del humus, mi reino no es de éste mundo canta la cristiandad y para remate una tumba vacía para reiterar el desprecio por la tierra, por lo pagano, por el pagus que es la tierra misma.


Partir, Desarraigo, Levedad


Ex-istir, estar por fuera, estar en el exilio es perder, toda partida tiene su halo de amargura por lo que se deja y por el riesgo de olvido a que nos sometemos con los que amamos. Pero no hay amor sin partida, el desarraigo, el desapego enseña el valor de lo que se tiene y de lo que se pierde. Ir ligeros de equipaje para el viaje, cada cosa en su lugar y cada lugar para cada cosa, no todo sirve en toda parte, la levedad es el valor a seguir. La enseñanza, la pedagogía vale por camino, por viaje. 


El que viaja está siempre atravesando, aunque el turista va y viene sin ningún sentido de pertenencia, está en tierra de nadie. En cambio el habitante, el oriundo hace el paisaje, el campesino con sus manos hace la geografía. La casa, la morada es lugar para la inmovilidad, para el reposo, el viviente se planta, se pone en un lugar fijo.


Regreso


Todo regreso es riqueza por todo lo que se aprende, por lo que se deja y por lo que se adquiere. Se parte para y por el derecho a desaparecer. Plantarse es esquivo a la vida que siempre es agitación, es movimiento. Solo plantarse para morar, para guarecerse. Pero el desapego es raro. Aprendimos a plantarnos para el descanso, una casa y un terruño dan seguridad, no importa si sea falsa, mera ilusión, pero en la cultura del tener, de la propiedad tan inculcado. 


Formateo, Encajonamientos, Ciudad


El formateo en el humano es encajonamiento, vivimos en cajas, en apartamentos, fábricas, galpones avícolas, marraneras, escuelas para niños, fábricas para obreros. Se encajona, se concentra para una mejor explotación de la fuerza laboral pero la distribución equitativa no se da, es muy desigual. Es la deriva de la racionalidad administrativa en especial de la ciudad, porque el campo ha sido absorbido por ésta, incluso el país, la nación tan sólo se sostiene en la mera ilusión, en la conglomeración citadina, lo urbano ha ganado, es la unidad de medida que sobresale. Somos ciudadanos del mundo gracias a la inteligencia virtual, en cualquier lugar se puede trabajar, trabajo en Medellín, Bogotá, Brasil, México, Singapur pero la empresa está en Europa, en Norte América. 


Pueblos Dormitorios


Incluso la ciudad misma está siendo absorbida por la industria, el aire irrespirable, el ruido insoportable, la inseguridad, la criminalidad, la inequidad, la indigencia, toda esa geografía de caos hacen posible los poblados cercanos llamados dormitorios, trabajo en la ciudad pero vivo y duermo en un pueblo cercano, allí encuentro la paz. Pero además, con la virtualidad, muchos desplazamientos se han convertido en inútiles, en casa puedo trabajar sin necesidad de ir a la empresa. 


Ciudad Jardín, Edén Universal


Anhelamos la paz del campo. Por lo demás, el jardín es solaz, paraíso y edén universal. No es gratuito que la flor es la que mejor homenajea a los muertos sin ofenderles por su existir sencillo y silencioso. Los hábitats imitan al jardín. Las ciudades sin parques son infiernos de los que se quiere salir pronto. Lo fascinante nos inmoviliza. La libertad moviliza, hace vibrar. Pero la guillotina, el asesinato inmoviliza a la presa, primero suplicio, luego la muerte. El poder es matanza, patología de asesinato, todos quieren llegar primero, alcanzar el triunfo, ganar, danza sangrienta, thanatocracia.


Jardín es paraíso invadido de flores, es la paz versus la selva, es el Edén primitivo, universal. Se construye de manera arborescente. Los hábitats imitan a los jardines. Las ciudades sin parques son tedio que olvidan nuestros orígenes. Correr para escapar del depredador. La necesidad temporal de inmovilidad impone un hábitat, un paraje, un campamento, una vivienda en nuestros tiempos modernos. Nada novedoso, sólo imitamos a las plantas (Serres en su antropología del Habitar).


Casa Común versus La Tierra Fetiche 


El humus se constituye con la carne y se descompone en la tumba y hace el humus, engendramiento de la carne - tierra, de allí el apego y la constitución del paisaje. La tumba se vacía, la resurrección es la transformación, la transubstanciación. Las tumbas se vacían al igual que lo santo, fin de la momificación, fin de la relación del cuerpo con la tierra, fin de los cultos, de los ancestros, fin del hábitat arcaico. Es la tierra fetiche. 


La parcela ya no es tierra santa, carne resucitada, dejad que los muertos entierren a los muertos, no hay lugar ni tierra santa en este valle de lágrimas. Emerge la tierra objeto, la objetivación, el mundo, la tierra es mero juguete de experimentos de los hombres y la ciencia su instrumento: geógrafos, cartógrafos, exploradores, cosmonautas son todos bienvenidos, las minas de oro y petróleo os esperan. Fin de lo sagrado y advenimiento de la explotación del globo terráqueo, canto a los héroes, admiración a los asesinos en este valle de estiércol.


Rompimiento de la relación con la tierra: la resurrección. La tierra ya no es nuestra Madre, es hija, es fetiche, es poder trascendente, sometida a nuestras vanidades y caprichos. El antropoceno inaugura la dependencia de la tierra por nosotros los humanos. Historia de asesinos. Quirinos dios de las finanzas, Marte de las guerras y Júpiter dios demagogo de los discursos.


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Esquiva Libertad

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


La libertad tan deseada pero tan inaprensible, seguimos atados a las cadenas, no importa qué tanto pesan, las seguimos arrastrando, hacen parte de nosotros al punto que las amamos, las defendemos, desesperamos sin nada qué hacer, el tiempo libre, la libertad es un encarte, no sabemos qué hacer con ella, es nuestra propia esclavitud, el tiempo que pasa es nuestro azote. Levantarse todos los días a pelear por la subsistencia, arrastrar incluso la indigencia, no importa que tan duro sea, en nuestros ojos aún hay destellos de felicidad, abrazamos al amo, lo amamos.


De paso por la ratonera, recordar, los miserables siguen amando al patrón, no importa que los haya tirado en donde están, somos el perro que defiende al amo a cambio de las migajas, de las sobras que tiran por debajo de la mesa. Los obreros aman a quiénes le chupan la sangre, mejor ser esclavos a morirnos de hambre, la vida en el afuera y en la independencia es muy dura, no hay que arriesgar tanto, calculan los hombres de a pié. Nunca fuimos modernos si por ello ha de entenderse una mayoría de edad, una libertad ganada para el ejercicio de la igualdad de los derechos, para ejercer la democracia.


Pero tan lejos de todo esto. No se puede perder el reino por un caballo. Los amos siguen más vivos que nunca, los esclavos modernos los aman, los defienden, las multitudinarias marchas patronales son los pies, los ojos, los brazos, el cuerpo entero de los obreros y los miserables que siguen los pasos de su patrón, le admiran, le quieren, le imitan, le aman, dan la vida por él. Los súbditos están allí, el hombre moderno no se ve, se enfatiza por los deberes del súbdito y por ninguna parte se reclaman los derechos del ciudadano.


Caminamos hacia el despeñadero, somos una sociedad suicida, de muerte, eso quiere decir thanatocracia, el poder político, económico y militar- industrial al servicio del asesinato, predican la muerte como salvación. El hombre de Poder se proclamó amo y señor del mundo, la ciencia es su sirvienta. Tienen el monopolio de la violencia. Usan la estrategia de divide y reinarás, sabios ignorantes y científicos incultos desarticulados, ya no es la lucha cuerpo a cuerpo.


El ser es inherente a la sociedad, igual como los órganos de un cuerpo codependen unos de otros, la parte y el todo son indisociables, todos funcionan en un sistema para hacer posible la vida. Pero la ciencia se volvió tan sólo mera herramienta que sirve a la dominación de quienes promueven la muerte como salvación. La palabra orden no es más que obediencia ciega, sometimiento, servidumbre voluntaria que atonta. Lejos estamos de la democracia, de la república, la cosa común que beneficia a todos. Ciencia y poder, positivismo político, la razón al servicio de la muerte y de la destrucción de la casa común, del oikos. El orden, el homo sapiens en animal político, despótico. Locos que juegan al poder gracias a esa esquiva libertad.


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Carne y Piedra

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Pasar, caminar, siempre moverse, partir y regresar. La vida definida por el movimiento. La inmovilidad y el aislamiento matan. Moverse y congregarse, en el aislamiento y en la quietud morimos. El afuera y el adentro. Se rompe el cascarón para ganar independencia. La mano y el martillo empuñado, es el gesto de querer salirnos de nosotros mismos. El yo que se exterioriza y se busca en el afuera para no encontrarse, pero no importa, porque la vida es movimiento, es búsqueda incesante. Qué sería de nosotros si no tuviéramos algo por delante que nos atrajera, que nos motivara, que nos pusiera en movimiento, algo por qué luchar, algo que le dé sentido a nuestras vidas, a nuestra existencia.


Apunta de querer estar afuera, de salirse uno de sí mismo, la mano ingeniosa crea la herramienta, con ella traza calles, construye pasajes, centros comerciales, edificios, viviendas, todo esto devela nuestros movimientos, el estar de un lado para el otro, yendo y viniendo, partiendo y regresando, estamos en casa pero el afuera nos jala, pero luego es a la inversa, las raíces nos jalonan, nos hibernan. Moverse, siempre el movimiento. La ciudad es un escenario de intercambios, todo el tiempo funcionando, es el ruido y la antítesis de la arcadia del miserable campo donde la vida sin servicios básicos está en constante peligro.


La piedra y la carne dicen bien de este doble registro de la materia y el espíritu, lo suave y lo duro, palabras y cosas, lenguaje y mundo. Nos enseña Michel Serres en Estatuas que toda estatua, toda momia, toda pirámide es piedra o sólido que recubre la carne. Estatua es un cuerpo viviente recubierto de piedras. Las piedras tiradas se amontonan para cubrir, para tapar al cuerpo lapidado. La carne, el hombre bajo tierra se descompone, se convierte en humus, regresa a su estado inicial. Es la transubstanciación, cuerpos mezclados, como el tiempo que mezcla en la edad avanzada lo negro y lo blanco, cabellos negros y blancos, canosos.


También es el espíritu transubstanciado en piedra, es una técnica social que funciona por sustitución, el sustituto, el reemplazo, es la víctima que paga por las culpas de otro y así saciar, detener a la masa, a la turba enfurecida, a la multitud violenta que quiere derramar sangre, están sedientos de venganza.  Pero no sólo los hombres son actores, también lo son los dioses, ellos son comodines, vicariantes como los mitos que se piensan en los hombres, los encarnan. 


El territorio escenográfico es fuente inagotable para quienes saben leerle. Serres habla de caja blanca, caja negra con ignografía. Son los ritos, mitos sustitutos de un real representado, el lenguaje es abstracción de los objetos captados. El lenguaje oculta las cosas en su plena abstracción. La palabra absorbe a la cosa. Su anverso es la experiencia, el examen de lo real, de lo concreto, de lo empírico que es el exterior.


En lo ritual de nuestros tiempos, muy común muertos tras muertos, éste borra a aquel, cosa tan común la muerte, nos hemos acostumbrado a ella. La repetición una y otra vez de asesinatos en los mass media, en la tv, ellos también son rituales que aún hoy no sabemos qué celebramos, solo sabemos que como espectadores nos da gusto saber que son otros los muertos y no nosotros, la prueba es que todavía seguimos vivos... por el momento. En sí, sociedad del sacrificio humano, muerte colectiva, la muerte en toda circunstancia que no nos abandona, accidentes de tránsito, violencias armadas, familiares. Es la tragedia, la representación del ritual que involucra la vida. Por más que se quiera escapar, siempre estamos de regreso a los infiernos, las alcantarillas están allí para recordarnos el abajo y el arriba, el afuera y el adentro, la carne y la piedra.


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La historia y el asesinato

Por Mauricio Castaño H

Historiador

Colombiakrítica



El motor de la historia es el asesinato. Detrás de cada conquista, detrás de cada guerra ganada se impone la verdad de los ganadores. Del otro lado están ocultos los vencidos, sin medios y sin poder, no tienen voz, no tienen canal para contar sus derrotas. La cultura humana en sus poblados y ciudades están edificados sobre sus muertos, cada tumba, cada estatua construida no es más que para vencer el miedo a la muerte, es una razón más que justifica el matar más que honrar a los muertos. Nuestros mass media repiten sin cesar asesinatos una y otra vez, el hijo que llega a casa pasada la media noche y con una veintena de puñaladas asesina a sus padres para robarles y saciar así sus altos estándares de consumo aprendidos  en la sociedad, en la publicidad.


El caminar deja rastros, huellas, si se le siguen, dan pistas del territorio. La ciudad es movimiento, es un constante ir y vinir, una reconfiguración permanente. Es toda una simbólica icnográfica, una ignografía. «Ignos, en griego, es la marca del paso, la huella del pie» (Serres, Roma, 1983). Por allí mismo se encuentra la historia que interpreta, construye sentidos, los múltiples sentidos dejados por diversos rastros, lo uno y lo múltiple, lo local y lo global. Por lo demás, se tiene que a los vencedores construyendo sus épicas, construyen su propia historia resaltando su heroísmo, su triunfo. La tierra, el territorio es el gran escenario, y los hombres son sus actores. Y como todo espacio, como todo gran escenario, es un juego de luces y sombras. De allí cada quién y según su sentir, pondrá sus énfasis.


Aunque todo es torbellino, todo es flujo no paramos de hacer cerramientos, delimitar para decir esto es tuyo y esto lo mío. Una parada, una mirada a Medellín. Pablo Escobar es símbolo internacional por ser el patrón del mal. La sociedad entera lo emula con sus prácticas traquetas. Orino dónde se me dé la gana, marco el territorio sin importar correr la cerca, sin importar pasar por encima de quién sea. Miles de turistas vienen a la ciudad a presentarle sus respetos a aquel narco, vienen a emular sus excesos de droga, pedofilia y prostitución. ¿La moral? ¿Cuál? En el misal el cura celebra la moral del que reza, peca y empata. La ciudad entera es una cloaca con la extranjería que busca favorabilidad en la conversión de la moneda y aprovecharse de la pobresía de los lugareños. Río arriba se envenenan las aguas para hacer morir aquí abajo.


Tres ciudades madre con sus singularidades. Roma de piedra, Grecia de signos más conocida por lo filosófico; Jerusalén por sus símbolos. La primera de piedra es geometral que por sus luces y sombras es cantera, es fuente inagotable de sentidos a interpretar, explican las otras dos. Aquellas son interpretación por sus signos y símbolos, cada quien y según el bando en el que esté, echará a rodar su propia razón, su propia versión de conveniencia. Hay exceso de explicación por la abundancia de interpretaciones, hablan, tienen facilidad de palabra. La primera es blanca, silencio de sentido, apenas si habla, si balbucea, como el campesino que vive en medio de la selva. En unas abunda el pensamiento, la otra es caja blanca de pandora. Ni geometría ni lógica aperecieron en Roma, solo política. «nunca Roma antigua pensó en sí misma...» (Serres).


Tradición de muerte en clave de divino y sagrado, con chivos expiatorios sanamos nuestras culpas y así no salimos del círculo de la muerte, del asesinato fundacional que vuelve una y otra vez, que nos caracteriza en la cultura que somos, que nos define. La paz viene en ausencia de Poder al que todos se baten por tenerle, en el abandono, generosidad, está la clave, mucho por aprender.


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Hojas al Viento

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Adán y Eva escaparon al determinismo, al mundo preformado. Escaparon de los automatismos biológicos a los que están condenadas las hormigas. Nos libraron de la aburrición de no hacer nada y nos pusieron en este mundo de sistemas abiertos, en permanente hacerse, somos hojas al viento. El marinero, el barco y el mar, también son buen ejemplo en donde todo se zarandea, todo está en complicidad con la simbiosis. El barco determina al timón para ejecutar sus designios teniendo en cuenta la marejada con el viento danzante en sus olas. Pero es el piloto quien talla el rumbo. Allí lo contingente, lo necesario, lo posible que contornea lo imposible. 


Por fortuna nos libramos del paraíso. El encierro desespera y nos empuja a salir. La ex-istencia se define bien por estar afuera. Con el homo faber fabricador de herramientas y el advenimiento del homo sapiens, con herramientas y pensamiento, experimentamos otra liberación más. Pero no hay ganancia sin pérdida. Con la domesticación del fuego y con el más mínimo descuido viene el riesgo del incendio. Así mismo el cuchillo tiene esa doble función de la caza pero también del asesinato. Es la angustia que acompaña al homo faber con sus invenciones (Ramas. Serres, 2004, p. 48). Es una historia apretada de la vida y por supuesto que involucra al cosmos, la sopa cósmica que no dejamos de ser, que nos constituye todo el tiempo. En todo caso, la idea es que todo está en construcción, todo está en permanente hacerse. Es la lógica modal en ese juego de lo posible explicada por Michel Serres en su libro Ramas, lo expresa en sus cuatro principios: imposible, necesario, posible, contingente.


Todo parece imposible hasta que se materializa. Lo necesario se impone comandado por una especie de destino, el clima, por ejemplo, que nos determina en vestimenta y en formas de vida. Y lo contingente perceptible en el tiempo que nos hace, lo emergente. Lo nuevo sale del tronco, un esqueje, del mismo árbol y de su tronco sale una rama diferente. Como la mala hierba que crece por los bordes, hace rizoma. Es lo contingente. Lo contingente es lo nuevo que se ramifica, que se abre paso, es lo necesario, lo imposible, lo posible. Lo singular excede a la ley, a la regla, y lo concreto a lo abstracto.


Ningún sistema está cerrado, siempre estará abierto, todo tiene un principio y un fin, se nace y luego se muere, mucho mejor, es energía que se transforma, simbiosis, metamorfosis, transubstanciación.  En la formación no hay preformas, no hay preformación. La obra se inicia sin ninguna finalidad, se sabe de dónde se parte, pero no adónde se llega. Así sucede con la evolución que nos está produciendo, es contingente. Todo está en permanente negociación, en simbiosis, todo se zarandea. Los hijos abruman a los padres, éstos se resisten mandándolos a la guerra, asesinándolos. Ningún sistema es cerrado, el formato se desequilibra. El cambio estruja lo caduco.


Del tronco bifurcado del árbol, del esqueje sale la rama impredecible como en la existencia que la vamos viviendo. Y así va sucediendo en la vida, muchas cosas escapan a nuestras intenciones, simplemente se impone lo contingente. Todo va surgiendo en el condicionamiento físico espacial, incluso según sea nuestra disposición genética y nuestro abrigo cultural. Así, la vida es deriva, inacabada, siempre en constante hacerse, y por eso mismo lo inventivo aparece ondeando el horizonte.


Errancia, inventar, formatear


Ex-sistir, estar por fuera, inquietud, no quedarse quieto, moverse. La vida es movimiento, es errancia. Toda partida es un riesgo pero se experimenta la sensación de libertad. (No importa también que toda partida es un regreso, hibernamos en nuestras raíces). Sin domicilio y sin abrigo se vive en la errancia para abrazar lo uni-versal, lo uno versátil, vertido. Mi identidad está en los devenires que traspasan los límites fronterizos, esquivo de formatos, de formateos. No hay historia lineal, todo es imprevisible. Todo aprendizaje brota, toda producción surge, toda existencia inventa. El desvío es rareza, cercana a la invención. ¡El río interrumpe el camino continuo, obliga al desvío. Obedeced, dejad la terquedad!


El Formateo


Estar en clausura es recortar espacio, reducirlo. El monasterio, la fábrica, la prisión, el coliseo, nuestra alcoba o caverna aplastados en la cama, todos ellos tallan el espacio con la determinación de los días decididos para su ocupación y en sus protocolos de uso como vestimenta y maneras de comportarse. La consagración, la rutina, el hábito hace al monje, la dedicación, el entrenamiento es necesaria para el trabajo bien hecho. Nadie sabe lo que puede un cuerpo si está bien entrenado. Al que le gusta, le sabe. Del latin devotio quiere decir sacrificio apasionado. Pero si se anhela la invención, el inventar hay que dejar el formato, el formateo, hay que correr riesgos. Formato es repetición y ésta produce ley. El formato, el formateo es repetición, es aburrición, es rigidez, no moviliza invención, solo reproduce estupidez, imbecilidad. (Serres, p.7) Ejemplos son de consagración que esculpen el cuerpo como la lectura en Don Quijote, y el rumor o chisme, técnicas para la regulación social.


En suma, en el formateo no experimentamos deseos propios sino los suscitados por las marcas publicitarias que incitan al consumo y al asesinato. Tallamos, modelamos la muerte en estatuas para perderle miedo.  Aquí yace: la muerte toma el lugar. Sujeto, sub jectus, arrojado abajo. Aquí yace, se lee en la lápida que anuncia que la muerte ha tomado el lugar. Se nace y se renace si se dejan los dogmas. En lo demás anticipatorio que mata el gusto, se promete la anticipación de saber si los hijos vienen con malformaciones, es el mundo de las tecnociencias. Finalmente, en el mundo todo gasto es una deuda contraída, todo lo que tomamos del medio está a la espera de su renovación. La naturaleza se manda obedeciéndola, en mora el contrato natural. Si en la servidumbre voluntaria no levantamos dedo sin pagar impuestos (aunque sin presa el depredador muere, tumbar al tirano pero asegurarse de no reemplazarlo) ¿por qué no cuidar de nuestro oikos, de nuestra casa común? Lo tomado de la pacha mama debe compensarse, los recursos no son infinitos. Hasta acá ésta contingencia serresiana.

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