Por Luis Alfonso Paláu C.,
Doctor en Filosofía, Sorbona, París
Envigado, co, julio 23 de 2020


Ilustración tomada de la web
Mientras el taxista me llevaba al encuentro que tenía con el retinólogo que me hizo la intervención quirúrgica el 6 de marzo, y cuya cita de control apenas había logrado después de 16 semanas cuando él me quería ver en seis, me vi sumergido en una discusión mayúscula en la que los periodistas y el “padre” <que imagino era un cura católico> planteaban los “pro” y los “contra” de algo que estaba pasando.  Durante el recorrido me enteré perfectamente de lo que se trataba: la redpapás le pedía al presidente de la República que no le hiciera llegar a las gentes vulnerables esa “comida chatarra” que les estaban enviando. ¿De qué se estaba hablando? Pues de que dos o tres grandes multinacionales, con sedes en Colombia, habían hecho donaciones de sus productos al gobierno nacional para hacerles llegar a los “más vulnerables” en los mercaditos gubernamentales.  Y de que los padres “más consciente de lo que deben comer sus hijos” (bajo en azúcar, en sodio y en grasas saturadas) se oponían a que tales alimentos llegaran a “perjudicar” los estómagos de los más pobres.

La primera situación ridícula es la de las aclaraciones que tuvieron que hacer los periodistas de que iban a usar nombres de “marcas” pero que era a título de información, y que no se pagaría la publicidad (prohibición de mencionar cualquier marca y no tener que cobrar su publicidad).  Dichos sus nombres, más de un periodista no pudo guardarse su opinión de que él consumió esa fuente energía, porque fue él el que se puso la meta. El otro estupefacto mencionaba los caldos que hoy se venden en todo el país, y se preguntaba que ¿cómo llamar a eso “comida chatarra”? cuando unos y otros en la estación de blue-radio habían sido levantados con aquellos productos...

Y le preguntaban al “padre” qué como era posible que el gobierno pudiera negarse a recibir esas donaciones cuando la gente estaba aguantando hambre...

Y el “padre” decía que sí bien él entendía la encrucijada moral... también entendía la lucha de la redpapas para no envenenar a nuestros niños... etc.

Y se habló de que tal vez en situación “normal” esto no debería pasar, pero como estamos en pandemia, etc.

Es increíble la incapacidad de nuestros periodistas para hacer una discusión que ponga en su sitio el tema del debate; tenemos la posición A, tenemos la B, es un conflicto moral, ¿qué hacer?  Y todo el tiempo lo único que promovemos es la estética del blanco y negro, la ética de lo bueno y malo, la lógica de lo verdadero y lo falso. Y resulta que hace rato en el siglo XX toda esta estética, esta ética y esta lógica hicieron.... ¡glu, glu, gluuuu...!

Estos problemas tan complejos no pueden ser simplificados porque se los escamotea.  O se los quiere tratar en serio o se los quiere simplemente pasar por el “reality show”.

Hay que informarle a la audiencia que hay toda una serie de condiciones del problema, y que el asunto no es simple:

1.-  que la redpapás (que imagino es una ONG sin ánimo de lucro) está buscando que el congreso, o el gobierno, por fin obliguen a las industrias alimenticias a que coloque de forma visible para los engolosinados niños hijos de la publicidad televisiva, y grande en sus empaques (como ya existe en Chile, por ejemplo) que sus productos pueden atentar contra la salud de los adultos que son los niños de hoy.  Campaña para control a largo plazo de la diabetes, la obesidad y los accidentes cardiovasculares.

2.- que la lucha apenas comienza y que, aun cuando tienen derecho a darla por el futuro de sus hijos, así no aciertan apuntar a la tv, no la han ganado todavía.  El gobierno no puede tomar decisiones administrativas en torno a productos que tienen todas las validaciones, patentes y autorizaciones del Invima... como alimentos “consumibles por los seres humanos”.

3. que las multinacionales no se van a dejar sacar del ring de la competencia por la gran torta de la alimentación, simplemente porque hay veganos, y vegetarianos, y ecologistas que luchan contra los “fast foot” a favor de las comidas orgánicas de mesa.

4. que el problema entonces no es ético, es político... y que los grande ausentes de la discusión son los niños desnutridos de este país.  Que los padres bienpensantes sigan adelante con sus luchas y ganen sus batallas en pro de sus hijos, pero que tampoco las multinacionales hagan de su donación una campaña publicitaria.  En todas partes se pueden imprimir empaques sin publicidad... “Que la mano derecha no conozca lo que regala la izquierda”.

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