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Estética del Fracaso

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica


Estar al borde del fracaso, merodear la situación de ruina, esa cosa extraña que estimula a la creación. Es poco el artista que no haya pasado por las penurias antes de dar a luz su más bella creación. Una especie de caos, vidas de penurias, de grietas es la constante en  los creadores más insignes. En la carta a su esposa escrita por Gorz, y la cual nos inspira, reconoce haber vivido en algo así como en una estética del fracaso, lamenta no haberle reconocido a su esposa su influencia en su propia vida para poder emerger, su porvenir de aquel nunca se prolongaba más allá de tres meses, después, todo era incierto y la situación de fracaso era lo más común, decía de su pareja que ambos eran hijos de la precariedad y del conflicto. Se recrimina las cinco páginas del libro El Traidor contra la mujer, la de la fragilidad superada, la más amada de su vida, ello tenía una explicación traída de Kafka: Mi amor por ti no se ama.

Antes de ella su vida era un llamado casi que a la nada, había intentado no existir, y fue ella, su esposa, la condición de posibilidad de hacerlo asumir su propia existencia. “El compromiso contigo constituyó la inflexión decisiva que me ha permitido querer vivir… Eras la roca firme sobre la que podía edificarse nuestra pareja, nuestra relación de amor. La vida en pareja le permitió el querer vivir, el placer era una forma de darse al otro. Al final de nuestra tercera o cuarta salida, por fin te besé. No teníamos prisa. Te desnudé con cuidado. Y descubrí, la maravillosa coincidencia de lo real con lo imaginario, la Afrodita de Milos encarnada. El fulgor nacarado de tus pechos iluminaba tu rostro. Durante mucho rato contemplé, mudo, ese milagro de vigor y suavidad. Tú me enseñaste que el placer no es algo que se tome o se dé, sino una forma de darse y demandar la propia donación del otro. Nos entregamos mutuamente por completo. Durante las semanas que siguieron, nos vimos casi todas las noches. Compartiste conmigo el viejo catre desfondado que me servía de cama. No tenía más de sesenta centímetros de ancho y dormíamos apretados uno contra el otro… Ambos éramos hijos de la precariedad y el conflicto. Estábamos hechos para protegernos mutuamente contra la una y el otro. Necesitábamos crear juntos, uno por el otro, el lugar en el mundo que nos había sido originariamente negado. Sin embargo, para lograrlo, era necesario que nuestro amor fuera también un pacto para toda la vida… Si te unes con alguien para toda la vida, ambos ponéis vuestra vida en común y evitáis hacer lo que pueda dividir o contrariar vuestra unión. La construcción de tu pareja es tu proyecto común, nunca acabarás de confirmarlo, de adaptarlo y de reorientarlo en función de las situaciones cambiantes. Nosotros seremos lo que hagamos juntos… Era casi Sartre».

“Qué hace que queramos estar con otro sin que nos llegue a fastidiar en tan solo un momento, que podamos tolerarlo el preciso instante que dura la copula?” Acceder a otro era entrar en el mundo del encanto. Su concepción de pareja era un viaje de dos. No importa que haya que compartir la indigencia por el otro vivida. “La pasión amorosa es esa forma de entrar en resonancia con el otro. Te enfrentaste casi con alegría a un largo año de penalidades. Las dificultades hacen crecer a las personas. La penuria te daba alas. Mientras que a otros los hunde en la depresión, los entierra en el fracaso.” Las penalidades tienen rostro angustioso. Contigo me encontraba en otra parte, en un lugar extranjero, extraño a mí mismo. Me ofrecías el acceso a una dimensión de alteridad suplementaria, a mí que siempre rechacé cualquier identidad y fui acumulando identidades que no me pertenecían.


Este es un testimonio y que desde el fundamento del amor, muestra cómo de lo feo y lo ruin surge lo más hermoso, quizá sea este una base que contraría el modelo de pareja de la sociedad moderna que dicta unos parámetros a seguir: los de una familia feliz con hijos, casa, carro y beca, es ante todo una construcción en beneficio de la sociedad del consumo. Pero existen otros modelos que le contrarían, y uno de ellos es el ejemplo que acabamos de presentar, ese de la estética del fracaso que aviva lo más hermoso, que nos da para el deleite unas de las más hermosas páginas de la literatura universal.






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Escuela Incluyente

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


La Escuela reproduce bien la desintegración social. El mundo moderno estimula y premia a quienes son altamente competentes, a quienes logran recibir una educación acorde  a las exigencias del mercado. Unos poquitos salen adelante, son la gente de éxito. Y unos muchos, la gran mayoría, son los marginados del mundo. Son clasificados como incompetentes, los que No entran en la carrera loca del mercado abriéndose paso a codazos,  los fracasados. Es el mundo de la Desigualdad social.

El sistema tiene bien distribuida la escala del progreso. Si eres de entendimiento ligero, irás a la universidad por una profesión. Si no eres de aquellos, y te clasificas por la habilidad en hacer con las manos, te mandan a un instituto técnico. Si no perteneces a ninguno de los dos, irás a parar al mercado laboral de tareas más bien poco valoradas y mal pagas. Pero la gran mayoría que aborta la escuela, van de nómadas por las ciudades, incrustándose en las bandas de pillos o del mundo delincuencial y de destrucción. Van a empeorar el desorden en la ciudad. ¡Expresan su inconformidad! Es quizás el mundo de los vagabundos.

Y el maestro ayuda en esa tarea discriminatoria. De la familia a la escuela pasa el niño. De la vida afectiva a la relación socio-espiritual. Pasa de un aprisionamiento de los brazos de los padres a una relación de pares que encuentra en la institución que lo recibe para impartirle educación. Es en esta función, en esencia, socializadora, en la que la escuela falla. En primer lugar el maestro envenena esta misión con su papel autoritario, proclamándose como jefe de clan, somete a sus iniciados, tanto en sus imposiciones de comportamiento que él estima convenientes como en la elección de temas y de ritmos para la enseñanza. Estimula a unos cuantos que entienden más rápido, y a una mayoría lenta para comprender, los desatiende. Los desanima.

Esta elección pedagógica de autoritarismo y de no privilegiar la sociabilidad, arrastra más al fracaso a quienes no tienen un ritmo veloz de aprendizaje que exige el mercado, dejando atrás a quienes aprenden diferente. Es normal que la escuela no sea un universo tranquilo y armonioso, pero avisamos que esta discriminación acumula odio y resentimiento, que sirve de combustible que agrava la convivencia y perturba el acto pedagógico. Desde luego que esta referencia se acentúa más a las instituciones públicas que atienden a la población más pobre y no de élite.

A ello se suma, la pesadez escolar, que se nota en dos hechos: la pesadez del morral que apenas si pueden elevar el estudiante para llevar acuestas, y la pesadez de un horario rígido. Así las cosas, no puede más que producir repugnancia. Luego la deserción, Finalmente el rechazo hecho resentimiento.

Un método de cooperación, lo vemos bien. A la vez que no se propaga la segregación, se protege el espíritu de comunidad, los niños que entienden pronto, serán encargados de explicarle a su compañeritos pares los avances de clase. Es una vía contraria a los que abrazan la teoría llamada Coeficiente Intelectual. Es una tarea, como dice Dagognet, al que seguimos en estas reflexiones, que pretende anular las disparidades, impide que en la escuela sólo emerja la élite, impide la creación de los excluidos, una especie de semi parias. Evitemos la fractura, la fisura de la comunidad escolar que compromete la función del saber.

En esa vía de cooperación, de dar un papel más protagónico a la comunidad, veo los esfuerzos de la autonomía en la evaluación que proponen los gobiernos. No es caos entregar poder a estamentos representativos que hacen parte del gobierno escolar. Es reconocer el papel de la fuerza juvenil que tiene para autoformarse entre pares. El ambiente juvenil es más formativo, entre camaradas, que los «conocimientos efímeros y desordenados que imparten los maestros». Así estimamos posible y conveniente pensar en retenerlos más tiempo en la vida escolar.


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