Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica



Ser gobiernista es asimilable a las políticas públicas, se perdura pese al cambio de los gobiernos, para muchos es el verdadero poder, no estar sujeto a un partido sino tener control del Aparato de Gobierno en Sí. Está claridad la hizo hace más de una década uno de los representantes del poder de las comunicaciones en Colombia, un Santos, Enrique, creo, aclaraba en una entrevista que su casa periodística El Tiempo no era partidista sino gobiernista, no importa el partido sino quien está en el gobierno, sea con quien sea que llegue a la posición de poder, con el gobierno de turno seguirán los contratos de pautas para la buena prensa que desea todo hombre de poder. Y no es descabellado que los mayores interesados estén vigilantes de sus negocios.

Razón de ser tiene la consideración de que las comunicaciones es el Cuarto Poder. ¿Acaso éste no somete o los mantiene bajo amenaza de promover una buena o mala reputación ante la opinión pública? Aquellos poderes deben agradar a los medios y mejor aún obedecer las líneas editoriales trazadas por los jerarcas. ¿Y quiénes son los jerarcas? Los grandes ricos, los dueños de los grandes medios de comunicación. Ellos suben al pedestal a quienes quieren promover o bajar al infierno a quienes no son ya útiles. Chomsky, entre otros, referencia a los medios de comunicación como fabricantes de candidatos o gobernantes igual como se fabrica una pasta dental. Pero los medios de comunicación modelan también los gustos de la población al punto de idiotizarla, de anularle cualquier juicio crítico y tan solo querer alienarse como el turista lo hace con imágenes banales.

Un ejemplo viene a bien. En Colombia la política es rastrera, a más de un año de terminar el gobierno del presidente Santos y ya sus antiguos adulares están aplicando la lógica del barco a punto de hundirse en donde las ratas salen despavoridas. El barco lo quieren hundir quienes quieren ganar la presidencia desmarcándose del presente gobierno. Sucede con quien fuera vicepresidente, el de apellido patricio Lleras, el tal Germán Vargas Lleras y quien ahora aspira a ser el candidato agraciado de lo más retrógrado de Colombia, esos mismos que no quieren ceder poder para mejorar las condiciones de vida de los más pobres, de quienes consideran que el bienestar social es una amenaza, quienes consideran que las reivindicaciones sociales son la cuota inicial de las revueltas sociales, quienes todo sospechan de algún bienestar para la población general, por eso buscan pataer, hacer conejo, hacer fracasar al proceso de paz. Quieren oponerse a los desarrollos, a los logros que la humanidad ha hecho alcanzando mayor bienestar y comodidad, alcanzando mayor calidad de vida.

Ha de notarse que los países denominados del primer mundo son los que han logrado abarcar al mayor número de sus pobladores con el cubrimiento de las primeras necesidades de la vida humana: alimentación, vivienda, salud, educación… Estas cosas, estas simples cosas reflejan el espíritu de una persona, nuestra casa es un micro universo, por ejemplo, nos devela nuestro interior, ello estudió bien Bachelard y Francois Dagognet. En lo mejor y en lo peor nos develamos… En la miseria, espíritus infelices, rostros tristes, angustiados por carecer de lo necesario para poder vivir.

Y qué decir del otro indicador del bienestar de un pueblo es si su país tiene o no buena infraestructura, hoy muchos prefieren el termino smart city, haciendo el énfasis en la conectividad no solo de infraestructura vial sino de la conectividad de las comunicaciones, la internet libre en su buen uso para ampliar la democracia. Desarrollo de los espacios públicos como los lugares para el aprendizaje ciudadano, en la ciudad todo debe enseñar, todo enseña. Estas imágenes que miden el desarrollo de una población no son tan locas. Pasar la mirada de continente a continente, de país en país, y encontrarás desarrollos desiguales. En los países llamados del tercer mundo se nota a leguas sus miserias de sus derechos básicos y mayor aún de las otras infraestructuras del gran colectivo de la sociedad, obras mal hechas tragadas por la corrupción… Incluso las dinámicas del territorio reflejan unas estéticas que dicen del desarrollo de un pueblo. Barrios mal planeados sin vías, sin acometidas para los servicios sanitarios.

Estas miserias son las que quieren sostener la dirigencia que no quieren compartir los progresos, los desarrollos alcanzados por la humanidad. Por eso nos parece mezquino que en Colombia las élites y sus áulicos estén unidos en un solo coro para hacer fracasar el proceso de paz, el derecho a terminar un conflicto que lleva más de ochocientos mil muertos. Razón por la cual los hombres de dinero, de la gran empresa se llaman gobiernistas, su reino de nunca ternimar, por eso patean lo que les estorba, lo han hecho con los intentos de nuevos partidos alternativos, ahora quieren hacerlo con la tímida paz.

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