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MichelFoucault

Por Mauricio Castaño H
colombiaKritica.blogspot.com
Historiador


En Rizoma, Deleuze nos invitaba a que nuestros amores fueran según el modelo de la conjunción de dos series heterogéneas que abren y se embarcan en una línea de fuga; amores como los de la abeja y la orquídea, que inauguran un devenir-abeja de la orquídea y un devenir-orquídea de la abeja, empujándose uno a otro en una circulación de intensidades que les llevan cada vez más lejos. (p. 17)

La represión y la ideología  no constituyen el combate de las fuerzas, sólo son el polvo levantado por el combate. Nietzsche

Michel Foucault es un acontecimiento en el pensamiento o mucho mejor en la forma muy diferente de experimentar el campo del saber. Un libro es una caja de herramientas para experimentar, no hay nada que interpretar, ni develar estructuras ni construir sistemas: “En un libro no hay nada que entender, pero hay mucho por utilizar. No hay nada que interpretar ni significar, sino mucho por experimentar. El libro debe formar máquina con alguna cosa, debe ser un pequeño útil sobre un exterior» (Introucción Morey, p.9). Foucault admiraba a Bichat por haber inventado un nuevo vitalismo al definir la vida por el conjunto de funciones que resisten a la muerte. (p.113) “De ahí la triple definición de escribir: escribir es luchar, resistir; escribir es devenir; escribir es cartografiar, «soy un cartógrafo” (p.64). Nos remitimos a Foucault a través de Deleuze en su bello libro titulado Foucault en la versión ePubLibre, de él nos valemos a través de notas tomadas, las cuales presentamos para compartir los énfasis y experimentación foucaultiana, y sobre todo incitar a sus lecturas. 

 “Hay, pues, que hendir, abrir las palabras, las frases o las proposiciones para extraer de ellas los enunciados, como hacía Raymond Roussel al inventar su «método». ( p. 71)”Hay que extraer de las palabras y de la lengua los enunciados correspondientes a cada estrato y a sus umbrales, pero también extraer de las cosas y de la vista las visibilidades, las «evidencias» propias de cada estrato.” (p.72)

Nombrar a Foucault es retrotraer expresiones bien conocidas como la muerte del cogito o del hombre bajo el puño de Nietzsche. Pero también es hablar de la muerte del autor y el surgimiento de un indeterminado que desplaza lo egolátrico, ese yo pienso, y en su lugar se instaura un se piensa que se extiende y se pliega en un plano en el tiempo y en el espacio: “Pero todas estas posiciones no son las figuras de un Yo primordial del que derivaría el enunciado: al contrario, derivan del enunciado, y por esa razón son los modos de una «no-persona», de un « ÉL » o de un « SE », «El habla», «Se habla», que se especifica según la familia de enunciados. Foucault coincide en esto con Blanchot, que denuncia toda personología lingüística y sitúa los emplazamientos de sujeto en el espesor de un murmullo anónimo. En ese murmullo sin comienzo ni final Foucault querría ocupar un sitio, justo donde los enunciados le asignan uno. (p. 26)

Otro tanto viene con los enunciados de un nuevo archivista que trae nuevas formas de investigar (enunciados es una categoría de foucault que luego se precisa) relacionados con saber y poder: El nuevo archivista sólo considera enunciados y a su vez varios de éstos conforman unidades de discursividades “Un enunciado siempre representa una emisión de singularidades, de puntos singulares que se distribuyen en un espacio correspondiente.” (p.22). “No hace falta ser alguien para producir un enunciado, y el enunciado no remite a ningún cogito ni sujeto transcendental que lo haría posible, ni Yo que lo pronunciaría por primera vez (o lo recomenzar…. Para cada enunciado existen «emplazamientos» de sujeto, muy variables por otro lado. Pero, precisamente porque diferentes individuos pueden ocuparlos en cada caso, el enunciado es el objeto específico de un cúmulo según el cual se conserva, se transmite o se repite.” (p. 23). También se hablará de arqueología del saber que remite a los saberes en planos o estratos que implican una exterioridad, un repliegue… Tal es el espacio asociado o adyacente: cada enunciado es inseparable de los enunciados heterogéneos a los que está ligado por reglas de transformación (vectores). Así, no sólo cada enunciado es inseparable de una multiplicidad «rara» y regular a un tiempo, sino que cada enunciado es una multiplicidad: una multiplicidad y no una estructura o un sistema… Nosotros pensamos que un enunciado, una familia de enunciados, una formación discursiva, según Foucault, se define por líneas de variación inherentes o por un campo de vectores que se distribuyen en el espacio asociado: es el espacio como función primitiva, o el primer sentido de «regularidad». (p. 24 - 25)

Miremos cómo funcionan los enunciados de una filosofía política: “Una institución implica enunciados, por ejemplo, una constitución, una carta, contratos, inscripciones y registros. Y a la inversa, los enunciados remiten a un medio institucional sin el cual no podrían formarse ni los objetos que surgen en tales localizaciones del enunciado, ni el sujeto que habla desde tal emplazamiento (por ejemplo, la posición del escritor en una sociedad, la posición del médico en el hospital o en su consulta, en tal época, y las nuevas emergencias de objetos).” (P. 28)

Pero ¿qué es lo que limita una familia, una formación discursiva? ¿Cómo concebir el corte? Éste es un problema totalmente distinto que el del umbral. Una vez más, el método adecuado no es un método axiomático, ni siquiera un método estructural propiamente dicho. Pues la sustitución de una formación por otra no se hace forzosamente a nivel de los enunciados más generales ni los más fácilmente formalizables. Sólo un método serial, como el que utilizan en la actualidad los historiadores, permite construir una serie en el entorno de un punto singular y buscar otras series que la prolonguen, en otras direcciones, a nivel de otros puntos.  (p.40)

“Hay que proseguir las series, atravesar los niveles, franquear los umbrales, no contentarse nunca con desplegar los fenómenos y los enunciados según la dimensión horizontal o vertical, sino formar una transversal, una diagonal móvil, en la que debe moverse el archivista-arqueólogo. Un juicio de Boulez sobre el universo rarificado de Webern podría aplicarse a Foucault (y a su estilo): «Ha creado una nueva dimensión, que podríamos llamar dimensión diagonal, algo así como una distribución de los puntos, de los bloques o de las figuras ya no en el plano, sino realmente en el espacio.» 41

El método arqueológico y lo poético

Es un método arqueológico del saber muy vecino de la poética, el mismo Foucault dirá que todo el tiempo no ha hecho más que ficcionar. «Es posible que Foucault, en esta arqueología, haga menos un discurso de su método que el poema de su obra precedente, y alcance el punto en el que la filosofía es necesariamente poesía, poesía fuerte de lo que es dicho, y que es tanto la del sinsentido como la de los sentidos más profundos». (p. 9). Las implicaciones de este trabajo foucualtiano es una buena nueva que produce sentidos, verdades específicas que se traducen en acontecimientos  al entrar en conexión con el exterior «Es agradable que resuene hoy la buena nueva: el sentido no es nunca principio ni origen, sino producto. No hay que descubrirlo, restaurarlo ni reemplearlo, sino que hay que producirlo, mediante una nueva maquinaria». (p.9) “Pues las formaciones discursivas son verdaderas prácticas, y sus lenguajes, en lugar de un universal logos, son lenguajes mortales, capaces de promover y en ocasiones de expresar mutaciones.” (P. 32)

“Cuando Gogol escribe su obra maestra relativa a la inscripción de almas muertas, explica que su novela es poema, y muestra cómo, en qué puntos, la novela debe ser necesariamente poema. Es muy posible que Foucault, en esta arqueología, no construya tanto un discurso de su método como el poema de su obra precedente, y alcance ese punto en el que la filosofía es necesariamente poesía, vigorosa poesía de lo que se dice, que es tanto la del no-sentido como la de los sentidos más profundos. De alguna manera, Foucault puede declarar que nunca ha escrito más que ficciones, pues, como hemos visto, los enunciados se parecen a sueños, y todo cambia, como en un caleidoscopio, según el corpus considerado y la diagonal trazada. Pero de otra, también puede decir que siempre ha escrito algo real, con algo real, pues todo es real en el enunciado, toda realidad es en él manifiesta.” (p. 37- 38)

“El saber no es ciencia ni siquiera conocimiento; tiene por objeto las multiplicidades precedentemente definidas, o más bien la multiplicidad precisa que él describe, con sus puntos singulares, sus emplazamientos y sus funciones. «La práctica discursiva no coincide con la elaboración científica a la que puede dar lugar; el saber que forma no es ni el esbozo rudimentario ni el subproducto cotidiano de una ciencia constituida…. Lo esencial es haber descubierto y recorrido esa tierra desconocida en la que una forma literaria, una proposición científica, una frase cotidiana, un no-sentido esquizofrénico, etc., son todos ellos enunciados, sin embargo, sin común medida, sin ninguna reducción ni equivalencia discursiva. Este punto nunca había sido alcanzado por los lógicos, los formalistas o los intérpretes. Ciencia y poesía, las dos son saber.” (p. 39)

La multiplicidad supera la binariedad

Lo binario ni el yo pienso egolátrico, funda u orienta la investigación, es más bien la multiplicidad que se devela en una topología, en un espacio: “La multiplicidad no es axiomática ni tipológica, sino topológica: "Riemann ha creado la noción de «multiplicidad», y de géneros de multiplicidades, en relación con la física y las matemáticas. La importancia filosófica de esta noción aparece después en Husserl en Lógica formal y Lógica transcendental, y en Bergson en el Ensayo.” (p. 32) “ El libro de Foucault representa el paso más decisivo en la teoría-práctica de las multiplicidades. Ésa es también, de otra manera, la vía de Maurice Blanchot en la lógica de la producción literaria que elabora: el vínculo más riguroso entre el singular, el plural, el neutro y la repetición, a fin de rechazar a la vez la forma de una conciencia o de un sujeto y el sin-fondo de un abismo indiferenciado. (p.33). “La arqueología se opone a las dos principales técnicas empleadas hasta ahora por los «archivistas»: la formalización y la interpretación. A menudo los archivistas han pasado de una de esas técnicas a la otra a lo efectivamente dicho; incluso las carencias y los blancos que aparecen en ellos no deben confundirse con significaciones ocultas pues tan sólo señalan su presencia en el espacio de dispersión que constituye la «familia». Y a la inversa, si es difícil llegar a esa inscripción del mismo nivel que lo que se dice, ello se debe a que el enunciado no es inmediatamente perceptible: siempre está recubierto por las frases y las proposiciones. Hay que descubrir el «zócalo», pulirlo, incluso elaborarlo, inventarlo. Hay que inventar, perfilar el triple espacio de ese zócalo; sólo en una multiplicidad a constituir puede crearse el enunciado como inscripción simple de lo que se dice.” (34-35). “Pero la originalidad de Foucault radica en su manera particular de determinar los corpus: no lo hace ni en función de frecuencias o de constantes lingüísticas, ni en virtud de cualidades personales de aquellos que hablan o escriben (grandes pensadores, hombres de Estado célebres, etc.). François Ewald tiene razón cuando dice que los corpus de Foucault son «discursos sin referencia», que el archivista evita casi siempre citar los grandes nombres. Pues el archivista no elige las palabras, las frases y las proposiciones de base ni según la estructura ni según un sujeto-autor del que emanarían, sino según la simple función que ejercen en un conjunto: por ejemplo, reglas de internamiento en el caso del manicomio, o bien en el de la prisión; reglamentos disciplinarios en el caso del ejército, de la escuela.” (p.36). Los enunciados no son palabras, frases ni proposiciones, sino formaciones que únicamente se liberan de su corpus cuando los sujetos de frase, los objetos de proposición, los significados de palabras cambian de naturaleza al tomar posición en el «Se». (p. 37)

El poder, Máquinas Abstractas, Agenciamientos

El poder carece de esencia, es operatorio. No es atributo, sino relación: la relación de poder es el conjunto de las relaciones de fuerzas, que pasa tanto por las fuerzas dominadas como por las dominantes: las dos constituyen singularidades. (46)

Foucault conoce perfectamente la represión y la ideología; pero, como ya Nietzsche había visto, éstas no constituyen el combate de las fuerzas, sólo son el polvo levantado por el combate… 48


“A qué llama Foucault una máquina, abstracta o concreta (Foucault hablará de la «máquina prisión», pero también de la máquina escuela, de la máquina hospital…)? Las máquinas concretas son los agenciamientos, los dispositivos biformes; la máquina abstracta es el diagrama informal. En resumen, las máquinas son sociales antes de ser técnicas. O más bien, existe una tecnología humana antes de que exista una tecnología material.” ( p.59)

“De la misma manera que los enunciados son inseparables de regímenes, las visibilidades son inseparables de máquinas. No es que toda máquina sea óptica, sino que toda máquina es un ensamblaje de órganos y de funciones que permite ver algo, que saca a la luz y pone en evidencia (la «máquina prisión», o bien las máquinas de Roussel). Raymond Roussel ya establecía la fórmula más general: una luz primordial que abre las cosas y hace surgir las visibilidades como relámpagos y centelleos, como «luz secundaria» (p.77)

“No se trata de una historia de las mentalidades, ni de los comportamientos. Hablar y ver, o más bien los enunciados y las visibilidades son Elementos puros, condiciones a priori bajo las cuales todas las ideas se formulan y los comportamientos se manifiestan en un momento determinado.” (p.79)

El uso de los placeres saca la conclusión de todos los libros precedentes cuando muestra que lo verdadero sólo se presenta al saber a través de las «problematizaciones», y que las problematizaciones sólo se hacen a partir de «prácticas», prácticas de ver y prácticas de decir. (p.83)

Topologías… Topología: «pensar de otro modo»

Los estratos son formaciones históricas, positividades o empiricidades. «Capas sedimentarias», hechas de cosas y de palabras, de ver y de hablar, de visible y de decible, de superficies de visibilidad y de campos de legibilidad, de contenidos y de expresiones. Estos últimos términos los tomamos prestados de Hjelmslev, pero para aplicarlos a Foucault en un sentido totalmente distinto, puesto que el contenido ya no se confunde con un significado, ni la expresión con un significante. Se trata de una nueva distribución, muy rigurosa. El contenido tiene una forma y una sustancia: por ejemplo, la prisión, y los que están encerrados en ella, los presos (¿quién?, ¿por qué?, ¿cómo?). (p. 66)

Ver, oír

Si a Foucault le gusta enunciar y descubrir los enunciados de los demás, es porque también tiene una pasión por ver: lo más característico de él es la voz, pero también los ojos. Los ojos, la voz. Foucault siempre ha sido un vidente, a la vez que introducía en la filosofía un nuevo estilo de enunciados, de acuerdo con un doble movimiento, con un doble ritmo. Por eso la arqueología se ocupa de los estratos, precisamente porque no remite obligatoriamente al pasado. Existe una arqueología del presente. Presente o pasado, lo visible es como lo enunciable: son el objeto, no de una fenomenología, sino de una epistemología. (p. 69) “Nada hay, pues, bajo el saber (aunque haya, ya lo veremos, cosas fuera del saber). Lo que equivale a decir que el saber sólo existe en función de «umbrales» muy variados, que señalan otras tantas láminas, separaciones y orientaciones en el estrato considerado.” (p.70)

Muerte del cogito y nacimiento del indeterminado espacio tiempo

Esta búsqueda de las condiciones constituye una especie de neokantismo característico de Foucault. Existen, sin embargo, diferencias esenciales con Kant: las condiciones son las de la experiencia real, y no las de toda experiencia posible (los enunciados, por ejemplo, suponen un corpus determinado); están del lado del «objeto», del lado de la formación histórica, y no del lado de un sujeto universal (el propio apriori es histórico); y tanto unas como otras son formas de exterioridad… apartir de ahí se explica fácilmente que exista una primacía del enunciado sobre lo visible: La arqueología del saber puede reivindicar un papel determinante de los enunciados como formaciones discursivas. Pero las visibilidades no son menos irreductibles, puesto que remiten a una forma de lo determinable que no se deja en absoluto reducir a la de la determinación. Ésa era la gran ruptura de Kant con Descartes: la forma de la determinación (yo pienso) no se basa en un indeterminado (yo soy), sino en la forma de un puro determinable (espacio-tiempo). El problema fundamental es el de la coadaptación de las dos formas, o de los dos tipos de condiciones, que tienen distinta naturaleza, Ese problema transformado lo volvemos a encontrar en Foucault: la relación entre los dos «existe», entre la luz y el lenguaje, entre las visibilidades determinables y los enunciados determinantes… (79-80)

Ejercicio del poder, microfísica del poder

¿Qué es el Poder? La definición de Foucault parece muy simple, el poder es una relación de fuerzas, o más bien toda relación de fuerzas es una «relación de poder». (p.89)

Por eso las grandes tesis de Foucault sobre el poder, tal y como las hemos visto precedentemente, se desarrollan en tres apartados el poder no es esencialmente represivo (puesto que «incita, suscita, produce»); se ejerce más que se posee (puesto que sólo se posee bajo una forma determinable, clase, y determinada, Estado); pasa por los dominados tanto como por los dominantes (puesto que pasa por todas las fuerzas en relación). Un profundo nietzscheísmo. Uno no pregunta, «¿qué es el poder, de dónde viene?» Uno pregunta, ¿cómo se ejerce? Foucault dirá que el poder remite a una «microfísica». A condición de que «micro» no se entienda como una miniaturización de las formas visibles o enunciables, sino como otro dominio, un nuevo tipo de relaciones, una dimensión de pensamiento irreductible al saber: conexiones móviles y no localizables. (p. 90,93)

Aparatos y Reglas

Saber y poder, reglamento y ejercer o ejercicio

“François Chátelet dice: «el poder como ejercicio, el saber como reglamento» El estudio de las relaciones estratificadas de saber culminaba en la arqueología. El de las relaciones estratégicas de poder comienza con Vigilar y castigar y culmina paradójicamente en La voluntad de saber. (p.93).” Foucault señala que toda institución tiene necesariamente dos polos o dos elementos: «aparatos» y «reglas» (p.95). “La institución es biforme, bifaz (el sexo, por ejemplo, es a la vez el sexo que habla y que hace ver, lenguaje y luz.” (p.96)

Ver, hablar es exteriorizar

Si ver y hablar son formas de exterioridad, pensar se dirige a un afuera que no tiene forma: “Pensar no depende de una bella interioridad que reuniría lo visible y lo enunciable, sino que se hace bajo la injerencia de un afuera que abre el intervalo y fuerza, desmembra el interior. «Cuando el afuera se abre y atrae la interioridad…». (p 107) “Bajo lo universal existen juegos de singularidades, emisiones de singularidades, y la universalidad o la eternidad del hombre sólo son la sombra de una combinación singular y transitoria contenida en un estrato histórico. (p.110)

Pliegues

Ahora bien, existen cuatro plegamientos, cuatro pliegues de subjetivación, como en el caso de los ríos del infierno.

El primero concierne a la parte material de nosotros mismos que va a ser envuelta, incluida en el pliegue: entre los griegos, era el cuerpo y sus placeres, los aphrodisia; pero, entre los cristianos, será la carne y sus deseos, el deseo, una modalidad sustancial totalmente distinta. 124 

El segundo es el pliegue de la relación de fuerzas, en sentido estricto; pues la relación de fuerzas siempre se pliega según una regla singular a fin de devenir relación consigo mismo; no es lo mismo cuando la regla eficiente es natural, o bien divina, o racional, o estética… El tercero es el pliegue del saber, o pliegue de verdad, en la medida en que constituye una relación de lo verdadero con nuestro ser, y de nuestro ser con la verdad, que servirá de condición formal a todo saber, a todo conocimiento: subjetivación del saber que no se realiza en modo alguno de la misma manera entre los griegos que entre los cristianos, en Platón, en Descartes o en Kant. El cuarto es …. La lucha por la subjetividad se presenta, pues, como derecho a la diferencia y derecho a la variación, a la metamorfosis (p.125-126).

Este es nuestro Foucault, el que busca en pliegues, en el yo exteriorizado todo lo que lo circunda, somos materia exteriorizada, somos devenir como lo sugiere el epígrafe en el que la flor deviene abeja y viceversa en la infinidad de líneas de fuga, de devenires.


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La Pop Filosofía

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica
El viajero es amigo del conocer y por eso mismo está de aquí para allá, sin rumbo fijo, no se está quieto, es un saltarín inconforme, incluso sus parajes ocasionales son impredecibles, el va en serendipidad, sin método, porque lo más buscado es lo menos encontrado y en su lugar está la sorpresa como esos miles de inventos hallados al azar, y por qué no, por la necesidad. ¡Eureka! 

Sin el desplazarse de aquí para allá es imposible percibir el mundo del afuera. Para saber es necesario moverse, y nada más parecido a la definición de filosofía que el amigo del saber, el amigo que emprende un viaje, en la acepción pedagógica es precisamente lo más parecido, un viaje en compañía. El viaje, el movimiento, el afuera es lo que se precisa para saber. Por lo demás, saber es saborear y ello es posible visitando, degustando el universo de tanto fruto habido. Y cómo no ha de recordarse, entre otras cosas, que el aislamiento y la quietud matan, moverse, viajar e interactuar es condición para vivir. Se está condenado al afuera, para saber hay que salir, incluso a riesgo de perderse.

La Condena del Afuera

El movimiento es condición de posibilidad del saber, que permite un afuera, un devenir, una intensidad, una experimentación, y no experiencia, todo este ramaje conceptual delezeano dan lugar a un estallido representado por ese sonido Pop producido al destapar una botella. Allí está el afuera, está un devenir, una intensidad que se dan en el momento mismo en el que se descorcha el envase: Pop. Ese momento único es experimentado por ese alguien ejecutante de la acción. Todo está en ese momento, en ese afuera y en ese alguien. Es la intensidad irrepetible, y de volver a darse se pierde potencia, se pierde fuerza. El primer chispazo es intenso y por lo mismo difícil de prolongarse.

Seducir, seducción viene a bien cuando se trata de fuerza, devenir, intensidad y mucho mejor de un afuera. "La seducción es la pasión intensiva que nace de la frecuentación de los objetos y que abre el afuera. Del latín, seducere quiere decir "extraviar", "desviar", "apartar del camino recto", comprendido como el camino del adentro, de la interioridad de un sujeto. (Sutter) Ya aprendimos con el Antiedipo que los flujos y devenires son diversos y que no se dejan atrapar, simplificar o reducir a un significante o a un complejo de castración y menos aún, a un deseo como carencia en el cual ha de pasarse toda una vida buscando lo supuestamente originario faltante. Por ello es más enriquecedor la diversidad de flujos y devenires que atraviesan un cuerpo.

Y por eso mismo se insiste en la condena del afuera, no es posible el aprehenderse en la forma libro, no puede capturarse, anexarse una intensidad y encerrarse en unas páginas pero tampoco en una erudición del hombre culto que luego dispensaría o irrigaría a los demás ignorantes. Por el contrario, en la Pop Filosofía la experimentación sólo puede ser captada por cada quien. De allí el rechazo al libro y al hombre culto, al filósofo que encierran y pontifican verdad, pues de ellos derivan elitismos, jerarquías, dictaduras, tribunales que juzgarán esto o aquello como lo mejor que debe darse a conocer a los demás. Por el contrario, el libro, acá, será considerado como una cosa entre otras cosas, un instrumento que desata intensidades, una herramienta a decir de Foucault.

Ecología Mediática

Bien es sabido que la filosofía tomó el camino de la quietud y el estancamiento en el momento mismo que se volvió profesión con salario y adscrita o al servicio de una institución. Si arriba el significado del filósofo viajero sugiere un movimiento en libertad allá en el afuera, acá es quietud dada en cuatro paredes y presa de un jefe que ordena qué decirse para luego premiar con la paga. El profesor empleado en filosofía es apenas del siglo xv, antes era, por decirlo de alguna manera, un estilo de vida que nada tenía que ver con lo burocrático e institucional. “El saber, el sabio, el universitario son contrarios a las intensidades. La erudición pedante, las lecciones de moral, la investigación formateada congelan la vida. “La pop filosofía es el arte de crear conceptos de tal suerte que estos incumban a una ecología mediática, cuyas conexiones vuelven posible la circulación de las intensidades en aquellos que se conectan posteriormente. Por supuesto, tal ecología, implica que los que escriben estén tan atentos a las intensidades como los leen: no hay pop-filosofía imaginables si no hay, en los autores de los libros, una preocupación  por el afuera que irriga la escritura” (Surtter, p. 14)

Si existe intensidad, si todo es devenir, si todo es chispazo pop, no habrá razón, no hay sentido de querer congelar el tiempo y mucho menos el espacio, pues entonces lo que importa es la experiencia misma que capta flujos. Por ello se batalla contra cualquier tipo de congelación como puede ser el saber encerrado en el formato libro, atrapado allí en la quietud y en la arrogancia del autor, ambos fetiches, pues reducen la experiencia misma a estás dos vanidades. “En estos tres casos, el libro no desempeña otro rol más que el de puro vehículo de la intimidación, del cual solo se puede esperar la transmisión más o menos pasiva de su contenido y el reverendo respeto por su o sus autores."(16)

El afuera, la experiencia misma, el devenir indefinido, las intensidades están, pasan por cada quien, inaprensibles en el formato libro y ariscas para quien pretenda decir: yo las tengo cogidas de la cola. El libro sí puede operar conexiones con el afuera, inspirar o motivar esto o aquello pero a gusto y placer de cada quien. "Para Deleuze, la conclusión se imponía por sí misma: el estilo pop filosófico es el estilo de la cualquier cosa - el estilo en cuanto que rechazaba el pliego de obligaciones según el cual los partidarios de la elegancia juzgan el de los otros.-” (Surtter, p. 16) "El balbuceo de una lengua, hablar su propia lengua no es más que un propio estilo que no da, no puede dar lugar a parámetros reglados que dice esto o aquello es lo que vale, por el contrario, tal escenario rechaza los tribunales que sentencian, unos juzgan, otros serán los juzgados. Como decía el propio Deleuze: sólo hay estilo allí donde uno habla en su propia lengua como si fuera una lengua extranjera, sólo hay estilo  allí la donde la lengua balbucea - es decir, donde sus reglas ya no se aplican." (Surtter, p. 20)

Este proyecto delezeano retomado por Sutter es como ellos mismos insisten, es salir de la filosofía por la filosofía: “Salir de la filosofía no significaba ir a pasar un rato en el supermercado o en una discoteca para volver a apoltronarse mejor en el sofá con un libro de Descartes o de Kant en la mano, y meditar sobre el estatus contemporáneo del ser” (Surtter, p. 26). Y el devenir, la intensidad explorada constantemente: "Practicar la pop-filosofía consiste en hacer de tal manera que cualquier cosa ya no sea cualquier cosa." (Surtter, p. 21)

Todo esta propuesta es reto para la libertad que vivifica. Es poner en especie de escena todo ese arte de flujos, devenires, intensidades que cada uno somos y no somos. 


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Un Pueblo Nuevo

Primera Parte

Dedicado a los lectores de Colombia krítica, ellos estimulan este pensar en red

Un pueblo nuevo requiere de nueva vestimenta y nueva espiritualidad.

Estar atado no deja de ser incómodo, a no ser por esa cosa de una fuerza de lo habitual que termine por incorporar todo aquello que nos molesta e incluso nos degrada pero que se encaja en nuestras vidas como algo normal y cotidiano, al punto de considerar todo dolor, toda tristeza como un paso o un camino por donde se debe pasar para finalmente hallar lo placentero, para hallar una felicidad buscada ¡No hay buenas tristezas! Al punto de querer anhelar a nuestros amos, de añorar a nuestros verdugos. En estos breves trazos queremos refenciar el libro titulado El Progresismo Fascista del autor Martín Jouer del año 2019. Allí se da un buen esfuerzo de presentar cómo opera la obra de Gilles Deleuze, Felix Gauttari y Karl Marx. Decimos cómo opera la obra, mostrarla cómo herramienta que permite usos, y para este caso el combate va dirigido hacia la servidumbre voluntaria, hacia todo aquello que hace de nosotros unos seres obedientes y que hace posible que todo aquello que degrada la existencia humana, pase sin pena ni gloria, incluso establezca una manera de ser en las personas que hace que amen sus propias cadenas, incluso que las pidan. el problema de los amos es que son los esclavos quines lo fabrican, son los que permiten su emergencia, igual pasa en nuestra sociedad actual.


Por ejemplo, en nuestra sociedad actual la inequidad pareciera que no tiene cuando acabarse, por el contrario, cada vez aumenta, cada vez son más los que son arrastrados a la miseria o que la bordean o que se aproximan a ella, las estadísticas son bien dicientes: el 1% por ciento son dueños de las riquezas del mundo y el 99% somos esa mayoría que tenemos que vérnosla para tratar de llevar un bocado de comida a nuestro cuerpo, darnos un techo y proveernos los demás servicios como los de salud entre otros. Y así nos pasamos la vida, nuestras existencia en círculos bobos de los cuales no tenemos forma de salirnos, no tenemos escapatoria a no ser que se haga algo diferente que rompa el círculo bobo o vicioso. Estas líneas quieren ser provocadoras o al menos que motiven un acercamiento a estos autores. Aquí algunos apuntes.

El acta de inicio de estas miserias humanas pueden hallarse desde que la acumulación, la producción, el excedente fue apropiado por tan sólo unos pocos dejando a los demás con lo mínimo o en aprietos o en carencias para proveerse lo mínimo necesario para sobrevivir. Es la acumulación el caballito de batalla, es la piedra en el zapato, es el trompo en la uña. Y para dar un ejemplo contrario citemos a ciertas sociedades indígenas cuya organización social estaba basada en la distribución para todos los miembros de su comunidad y no en la acumulación, aquello, el producir era para proveerse, para subsidiar su existencia como grupo, por eso es común la referencia de alta estima por sus rituales, por su ocio y todo aquello que los definía en su cultura, en su vida propia comunitaria.

Aquello nos tira una pregunta de cómo hacernos a una sociedad sin Estado,  es una aseveración interesante porque sería el punto de quiebre de nuestra servidumbre voluntaria, aquella misma que nos hace servir sin chistar al vampiro que nos chupa hasta la última gota de sangre. Insistimos en una pregunta que incomoda: ¿Por qué seguimos atados a la cuerda que nos aprieta y nos amenaza con ahorcarnos? Amamos las cadenas que nos atan en vez de romperlas, las abrazamos. ¿Por qué tal condición? El problema no está fuera de nosotros, no está en la sociedad ni en el Estado. El problema está en nosotros mismos, el problema está en el fascista que cada uno llevamos por dentro, amamos las cadenas que nos amarran, incluso amamos al fascista que hay en mí, yo mismo reproduzco la crueldad que ejercen sobre mí mis verdugos.

Echemos mano de otro concepto que opera, que es la arquitectura, nuestra composición de ese yo, de quien soy. Hacemos referencia al Deseo, pero no como carencia sino como una máquina de producción. Simplemente recordamos que si es visto como carencia, entonces  es asimilable a la falta, y una falta reclama de castigos y de jueces. He aquí al psicoanalista, el juez y carcelero de nuestro yo, de nuestro espíritu, de nuestro ser. Pero estos jueves, estos seres repudiables mutan con el gran formato del capitalismo, y es entonces que nos llenan nuestro cuerpo y nuestra consciencia de sus flujos, nos hacen desear por ellos, yo soy, yo quiere ser, yo pertenezco, por poner un ejemplo, a la familia burquesa, sueño con tener un carro, vestir a la moda, tener bella mujer, hijos, todos  sonrientes y listos para la foto. ¡El consumo como trampa y captura: viraliza la servidumbre voluntaria! Acá para señalar el problema más inquietante: ¿Cómo el deseo acaba deseando en contra de su propio interés, en contra de las propias necesidades conscientes?


Las Muchedumbres 


La Minoría le teme a las Muchedumbres. Y con razón, qué pasaría si se acabará la servidumbre voluntaria, si el estilo de vida de las personas se basaran en su propia ética, en su propio cuidado de sí al decir foucaultiano, sin jefes y sin temor a quien obedecer, solo en función de sí mismos y de sus equipos o pequeñas sociedades conformada por ellos mismos, pero sin jefes, sin nadie al frente, sin nadie al mando, sin burócratas, bien sean capitalistas, socialistas, comunistas, sindicalistas, recuerdemos que no hay peor tirano que el que llevamos por dentro, no hay peor cuya que la del propio zapato, no hay peor tirano que un sindicalista, encarna el demonio del patrón.


El Poder de Uno, de Uno Mismo

La revolución es la potencia colectiva de la diferencia. Por eso se celebra las pequeñas comunidades, las pequeñas luchas, mis devenires de aquello y de esto, aquí  quien comanda la existencia es la ética y estética como procesos de vivir nuestros procesos de subjetivación, nuestro propio yo sin amos, dejando que la imaginación brote por todos lados sin recurrir a los cortes o coartadas del castrador sicoanalista. Todos los sueños son posibles y no requieren de interpretaciones, de psicoanalistas, simplemente son formas de ser. El inconsciente es una producción abierta y no cerrada que favorece la riqueza humana e individual.  “Los problemas de la filosofía política no giran en torno al “Estado constitucional de derecho” (la Ley & el Orden). No hay “etapas”. La filosofía es potestad de cualquiera.”
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Circunstancias


Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com

Experimentamos sensaciones ante eventos, ante circunstancias musicales, visuales, odoríficas, táctiles. Cuando se está frente a una pintura, cuando se escucha una obra musical, incluso cuando se lee un buen libro, se experimenta, se provocan, se estimulan sensaciones siempre inéditas, siempre diferentes. Gilles Deleuze le llama devenires, cuando en el cuerpo entran flujos de sensaciones somos otra cosa diferente a la que éramos hace un  momento. La circunstancia es una bella palabra que recoge eso que nos rodea y que hace actuar, que hace comportarse de una u otras maneras. Esto conlleva devenires minoritarios, luchas circunstanciales en un momento específico, aquí y ahora, no homologables a otras experiencias, por ello no es pertinente hablar de universales abstractos, como por ejemplo los intangibles Derechos Humanos, pues cada lucha es particular, se presenta en circunstancias que son propias, en luchas que son únicas, yo libro una disputa en mi lugar de trabajo con mi jefe y sus compinches, pequeñas bellaquerías que caracterizan esos micro poderes.

Estas percepciones son inaprensibles por los pretenciosos sistemas de pensamiento que quieren reducirles a simples categorías globalizantes, que sólo aplastan esos caleidoscopios convirtiendo todo en blanco y negro, malo y bueno, en pura tontería. Pues el pensamiento se define  más por los movimientos del aprender, por la capacidad de plantear preguntas, de plantear problemas que por los resultados de un saber estatuido, ya hecho, ya instalado, listo para imponerse a otros, para predicarse con aires de tener una tal verdad cogida de la cola. Es la función de los epistemólogos, o de los hermeneutas licenciados para interpretar la Verdad, o de los filósofos institucionales quienes se abrogan estar autorizados para pensar, los demás están sometidos a estos poderes cortantes de las ricas experiencias, de los infinitos flujos que atraviesan nuestra piel, que hacen que seamos esto, pero que ya seamos también otra cosa bien distinta en otro preciso momento, somos circunstancias, yo soy yo y mis circunstancias, nuestro sociedad más cercana nos confecciona. El método no es más que la máquina de poder que deja a muchos por fuera, juegan al papel de represor del pensamiento. Odioso Tribunal de la Razón.

El deseo no es carencia en el cual se alistan los de camisón para preparar el significante “secretito que no ha cesado de girar en torno al papá – mamá.” O del sacerdote imagen invertida del déspota, que actúa como intérprete o adivino. Por el contrario  el deseo es revolucionario que requiere agenciamientos, nos abre al mundo de las sensaciones, de las experimentaciones. Dice Deleuze que el Devenir consiste más bien en involucionar: ni regresar ni progresar. Devenir es volverse cada vez más sobrio, cada vez más simple, cada vez más desierto, y por esa misma razón en algo poblado.


Se tiene entonces que la experimentación vivida en un cuerpo es sólo eso, una experiencia, un confluir de flujos de sensaciones en las cuales no hay lugar ni a las interpretaciones ni hay nada que comprender. Nada de sicoanálisis ni de hermeneutas. Simplemente la vida. Por eso se dice que los libros bellos están escritos en una especie de lengua extranjera, recogen, captan esas experiencias, esos flujos, por eso se comprende también que un libro debe leerse de la misma forma a cuando se escucha una pieza musical, dejamos todo al sentir, a la efervescencia de las sensaciones. “Somos desiertos, pero desiertos poblados de tribus, de faunas y de flora.” Por eso los aparatos de pensamientos no son serios, pues es difícil erigirse en rey de algo que no puede captarse en falsas categorías universales predicados por falsos profetas: el cura, el político, el científico. Estas fugas, estas líneas de pensamiento fueron experimentadas a partir de la última entrevista de Deleuze. 

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