Covid-19: ¿Se acabó el juego?

Por Jean-Dominique Michel, 


Antropólogo de la salud, miércoles 18 de marzo de 2020 
"GRACIAS CORAZÓN"

Esta fue la estruendosa declaración hecha el 26 de febrero por el principal especialista en enfermedades infecciosas del mundo (según el ranking de expertscape), y que fue recibida con escepticismo e incluso sarcasmo por la comunidad científica. Tres semanas después, la realidad está demostrando que tenía razón, mostrándonos por ahí derecho que estaríamos casi completamente equivocados sobre el virus. ¡Lo cual es, de hecho, una excelente noticia!

Nos han dicho que estamos en un "estado de guerra", situación que ciertamente es nueva para nuestras generaciones (excepto la más antigua) que sólo han conocido tiempos de paz. Europa está con un casi toque de queda virtual, con restricciones generalizadas de las libertades individuales y un colapso económico y social que será probablemente dramático. Los discursos de los jefes de estado son cada vez más acalorados: estamos "bajo ataque", el enemigo es "invisible", "astuto", "temible", ¡pero lo superaremos! Este tipo de vocabulario parece de otra época. La realidad es más prosaica: estamos siendo contaminados a gran escala por un virus que es un mero producto del encuentro entre la estupidez humana (el hacinamiento en jaulas de animales salvajes de varias especies en mercados insalubres...) y el genio de la vida, que ha logrado que el bicho cruce la barrera interespecies y se propague entre los humanos. Esto no es una guerra, nunca podremos derrotar o erradicar a este ser. Podemos protegernos del daño que hace, pero luego, tendremos que aprender a vivir con él. Lo que requiere un tipo de inteligencia diferente a los eslóganes guerreros sanitarios

Precaución introductoria

Lo he dicho una y otra vez: en estos tiempos de movilización colectiva, todos tenemos que respetar escrupulosamente las medidas que se imponen. Aunque dudemos de ellas o las encontremos inadecuadas, ninguno de nosotros puede tomarse el derecho de seguir sus propias ideas. Este acatamiento - que siempre he defendido – es algo para mí incondicional.
En cambio, esta obediencia civil no debe conducirnos de ninguna manera a la prohibición de pensar o hablar.

Vivimos tiempos traumáticos, con daños para la población que serán considerables. Darle sentido a lo que estamos viviendo, obtener información, atreverse a hacer preguntas no sólo es un derecho inalienable sino también ¡una necesidad vital!
He leído bastantes comentarios irónicos sobre el repentino número de virólogos o epidemiólogos aficionados que hablan en las redes sociales, algo que puedo entender. Sin embargo, creo que al contrario cuanto más se interesen los ciudadanos y ciudadanas en lo que nos sucede, cuanto más se informen o incluso se documenten, más nos ayudará a entablar un diálogo sobre lo que estamos viviendo, lo cual es esencial tanto para nuestra salud mental individual como para nuestra resiliencia colectiva.

A veces me han dicho que tengo una responsabilidad como científico, que los análisis que puedo hacer (sin importar lo relevantes que sean) pueden ser mal interpretados o llevar a la gente a hacer cualquier cosa. Así que déjeme recordarlo: todos tenemos que seguir las instrucciones de las autoridades sin discusión. Y abstengámonos estrictamente de la automedicación, especialmente con respecto a las sustancias que mencionaré más adelante, debido a que si se utilizan sin una estricta supervisión médica, pueden ser realmente peligrosas. Dicho esto, ¡comencemos!

Quien soy yo para hablar...


Soy un antropólogo de la salud y experto en salud pública. Durante más de 30 años, mi trabajo ha consistido en estudiar las prácticas de atención sanitaria y los dispositivos sanitarios. Estoy llegando a una edad en la que (esperémoslo) sabemos que no somos el centro del mundo y (con algunas excepciones) que no hemos descubierto el agua tibia. Tengo algunos méritos en mi campo, como el de ser (a pesar de la embarazosa poca modestia de esta declaración) uno de los mejores conocedores actuales de los procesos de salutogénesis y de recuperación, así como de los determinantes de la salud. He sido invitado a enseñar en una quincena de programas universitarios y de postgrado en salud (facultades de medicina de la UNIGE y la UNIL, EPFL, IHEID, Universidades de Montreal, Friburgo, Neuchâtel, etc.). He ejercido mi profesión fuera de los círculos académicos, ya que he preferido actuar dentro de la política de salud y en el campo mismo. He creado varios dispositivos socio-sanitarios innovadores, particularmente en salud mental, algunos de los cuales siguen siendo referentes hoy en día.
Me disculpo por esta pequeña exhibición. Es el precio que hay que pagar por hacer valer mi (modesta) competencia con respecto a lo que ahora voy a exponer.

¿Es o no es banal?

Desde el comienzo de la aparición del coronavirus, comparto mi análisis de que esta es una epidemia banal. El término puede ofender cuando hay muertes, y más aún en la crisis de salud y el drama colectivo alucinado que estamos experimentando. Sin embargo, los datos son claros: las enfermedades respiratorias habituales que experimentamos cada año son responsables de 2'600'000 muertes en todo el mundo.

Con el Covid-19, en el cuarto mes de la epidemia, llevamos 7000 muertes, lo que estadísticamente es insignificante.

Lo he dicho antes y lo diré de nuevo: el mismo tratamiento político o periodístico aplicado a cualquier episodio de gripe estacional nos aterrorizaría tanto como la actual epidemia. Igualmente, la escenificación (con recuento de las víctimas en vivo) de cualquier problema de salud importante, ya sea una enfermedad cardiovascular, un cáncer o los efectos de la contaminación del aire, nos haría estremecer de pánico, ¡tanto o incluso muchísimo más!
Hoy sabemos que el Covid-19 es benigno en ausencia de patología preexistente. Los datos más recientes de Italia confirman que el 99% de los fallecidos sufrían de una a tres patologías crónicas (hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, cánceres, etc.) con una edad promedio de las víctimas de 79,5 años (mediana de 80,5) y muy pocas pérdidas por debajo de los 65 años.



Muertes por coronavirus en Italia
Los cuatro factores más importantes que contribuyen a las enfermedades crónicas son:
- Comida basura.
- Contaminación.
- Estrés.
- Inactividad física.
Las enfermedades crónicas se podrían prevenir en un 80% si nos diéramos los medios para proteger a la población en lugar de sacrificar su salud en aras de los intereses industriales. Durante décadas, hemos concedido facilidades ilegítimas a industrias altamente tóxicas en detrimento del bien común y de la salud de la población (para un desarrollo de esta observación, véase el artículo siguiente).

Hay que atreverse a decirlo: no es el virus el que mata (es benigno para las personas sanas), son las patologías crónicas que se han dejado desarrollar durante décadas.

Estadísticas y pruebas locas

Existe otro problema: las tasas particularmente altas de complicaciones y mortalidad con las que nos atosigan día tras día no tienen sentido. A falta de un examen sistemático de la población, no disponemos de datos confiables para interpretar los datos que tenemos (número de casos notificados y muertes).
Esto es un clásico de la epidemiología: si sólo revisas las muertes, ¡lograrás una tasa de mortalidad del 100%! Si se analizan sólo los casos críticos, se tendrá menos, pero aun así mucho más que en la realidad. Si se revisa mucho, se tendrán muchos casos, mientras que si se revisa poco, el número de casos será bajo. La actual cacofonía no nos permite tener la más mínima idea de la progresión real del virus y su propagación.

Las estimaciones más fidedignas sugieren que el número de personas reconocidas es mucho menor (por un factor de 1/5, /10 o incluso según estimaciones de hasta /40) que el número de personas realmente infectadas, de las cuales aproximadamente la mitad ni siquiera se darán cuenta de que han contraído el virus.
Para ser un asesino temible, a veces es más bien simpático...
Por lo tanto, en esta etapa no tenemos idea del verdadero alcance de la propagación del virus. La buena noticia es que los datos reales (especialmente en términos de complicaciones y mortalidad) solo pueden ser mucho más bajos de lo que comúnmente se afirma. La mortalidad real, como se anunció en un artículo anterior, debería ser, en realidad, como máximo del 0,3% y probablemente incluso menos. Es decir, menos de una décima parte de las primeras cifras presentadas por la OMS.

Las últimas estadísticas de China indican que el número de personas infectadas (y por lo tanto inmunes) es de 800.000 para 3.118 muertes. Se trata efectivamente de una tasa de mortalidad de 3/1000 personas infectadas.

¿Sí es el fin del mundo?

Del mismo modo, las proyecciones hechas para imaginar el número de posibles muertes son por lo menos delirantes. Se basan en un "forzamiento" artificial y máximo de todos los valores y coeficientes. Están hechas por personas que trabajan en oficinas, frente a los computadores y no tienen ni idea de las realidades del campo ni de la infecciología clínica, lo que da lugar a ficciones absurdas. Podríamos otorgarles el beneficio de la creatividad y la ciencia ficción. Desafortunadamente, estas proyecciones, literalmente psicóticas, causan un daño generalizado.

Mi experiencia en materia de salud mental hace que evite estrictamente expresiones fijas como "esquizofrenia" o "psicosis", que casi siempre se utilizan mal y de manera despectiva para las personas afectadas. Desde el punto de vista médico, la psicosis se caracteriza por distorsiones cognitivas, perceptivas y emocionales que conducen a la pérdida de contacto con la realidad. Aquí, por desgracia, el término está totalmente indicado.

Apelo a mis colegas de la Facultad de Medicina y otros institutos académicos para que dejen de producir y divulgar modelos falsos y que provocan ansiedad. Estos expertos se protegen reconociendo, como precaución del lenguaje, el carácter escandaloso de sus formalizaciones, los periodistas lo mencionan escrupulosamente (lo que está bien), pero, a pesar de esto, así es como se construye diligentemente un sentimiento de fin del mundo que no sólo no tiene absolutamente ninguna razón de ser, sino que ¡es en sí mismo profundamente dañino!

Ciertamente podemos reconocerles a nuestros líderes que prevean lo peor de lo peor con base en estas fantasías para no correr el más mínimo riesgo de que vaya a ocurrir. Mientras tanto, estamos construyendo una alucinación - colectiva - con base en cifras que no significan nada. La realidad, una vez más, es que esta epidemia es mucho menos problemática y peligrosa de lo que se afirma. La visualización del primer video en francés, al que se hace referencia al final del artículo dará al lector los elementos necesarios para comprender la validez de esta afirmación.

Sí, ¿pero todas estas muertes y esos servicios colapsados?
Desgraciadamente, este es el verdadero lunar: si no fuera por los casos graves, la epidemia sería insignificante. Resulta que lleva a complicaciones raras pero terribles. Como me escribió el Dr. Philippe Cottet, que está en primera línea en el HUG: "Hay que decir que la neumonía viral suele ser extremadamente veces una evolución fulminante, cuyos signos de advertencia son difíciles de identificar frente a los casos más leves. Es un verdadero desafío clínico, sin mencionar el número de casos simultáneos...”
La existencia de estos casos graves (absurdamente estimados en un 15% de los casos, probablemente en realidad 10 veces menos) es lo que justifica no confiar simplemente en la inmunidad de grupo. Así se llama el proceso por el cual cada persona que contrae el virus y no muere a causa de él se convierte en inmune, y así la multiplicación del sistema inmunológico lleva a un efecto colectivo de protección inmunológica...

En ausencia -hasta hace poco- de un tratamiento para proteger o curar a los que son vulnerables, dejar que la inmunidad se construya dejando que el virus circule ha parecido una opción demasiado peligrosa. El riesgo para las personas vulnerables es tan grande que, dada la gravedad de las posibles consecuencias, éticamente no se puede defender avanzar en esta dirección.
Nos encontramos atascados precisamente en esta complicada paradoja entre la gran inofensividad del virus y su extrema peligrosidad en algunos casos. Por lo tanto, adoptamos medidas absolutamente contrarias a las buenas prácticas: el abandono de los exámenes de detección de personas que pudieran estar enfermas y el confinamiento de la población en su conjunto para detener la propagación del virus. Estas medidas son en realidad medievales y problemáticas, ya que frenan la epidemia pero pueden producir fenómenos de rebote potencialmente peores, y además encierran a todo el mundo cuando sólo se trata de una pequeña minoría. Todas las recomendaciones de salud pública van en contravía de detectar el mayor número posible de casos y confinar sólo los casos positivos hasta que dejen de ser contagiosos.

El confinamiento general es un lamentable “peor es nada” para enfrentar la epidemia, ya que falta todo lo que nos permitiría combatirla eficazmente...

¿Por qué se llegó a esto? Simplemente porque no logramos dar las respuestas correctas desde el principio. La falta de exámenes y medidas de detección caracterizan este naufragio: mientras que Corea, Hong Kong y China lo convirtieron en su principal prioridad, nosotros estuvimos increíblemente pasivos en la gestión de proveer algo técnicamente simple.

Los países mencionados han utilizado la inteligencia artificial especialmente para identificar las posibles cadenas de transmisión para cada caso positivo (con los teléfonos inteligentes, por ejemplo, se puede hacer un inventario de los movimientos y por lo tanto de los contactos que las personas infectadas tuvieron con otras personas en las 48 horas anteriores a la aparición de los síntomas).
Por último, hemos reducido significativamente la capacidad de nuestros hospitales en la última década y nos estamos encontrando con una escasez de camas de cuidados intensivos y de equipos de reanimación. Las estadísticas muestran que los países más afectados son los que han reducido enormemente la capacidad de las unidades de cuidados intensivos.



tasa de camas en cuidados intensivos
Nada de esto se ha pensado, aunque el riesgo de una pandemia sea un hecho sanitario evidente.

La verdad es que los acontecimientos nos han sobrepasado por completo. Obviamente es mas fácil apelar a las metáforas guerreras que reconocer nuestra trágica falta de preparación... ¡¿Estamos llegando a la resolución del juego?! El francés Didier Raoult es el principal experto mundial en enfermedades transmisibles. Se parece, miembro de ZZ top que habría dejado su guitarra al lado de la carretera. Dirige el Instituto hospitalario universitairo (IHU) Méditerranée-Infection en Marsella, con más de 800 colaboradores. Esta institución posee la colección más aterradora de bacterias y virus "asesinos" que pueda existir, y es uno de los principales centros mundiales de conocimientos especializados en infecciología y microbiología. El profesor Raoult también figura entre los diez mejores investigadores franceses según la revista Nature, tanto por el número de sus publicaciones (más de dos mil) como por el número de citas de otros investigadores. Desde el comienzo del milenio, ha seguido las diversas epidemias virales que han conmovido el mundo y ha establecido estrechos contactos científicos con sus mejores colegas chinos. Entre sus logros está el descubrimiento de tratamientos (especialmente con cloroquina...) que hoy en día aparecen en todos los manuales de infecciología del mundo.

El 26 de febrero, el Professor Raoult publicó un video en un canal online (que incluye la palabra "tube") diciendo: "Coronavirus, ¡se acabó el juego! »

¿Por qué tanto entusiasmo? Porque se publicó un ensayo clínico chino sobre la prescripción de cloroquina, que muestra la supresión de la transmisión viral en pocos días en pacientes infectados con CoV-2-CoRSA. Los estudios ya habían demostrado la eficacia de esta molécula contra el virus en laboratorio (in vitro). El estudio chino confirmó esta eficacia en un grupo de pacientes afectados (in vivo). Tras este estudio, la prescripción de cloroquina se añadió a las recomendaciones de tratamiento del coronavirus en China y Corea, los dos países que han tenido mayor éxito en el control de la epidemia...

La cloroquina, con su derivado galénico hidroxicloroquina, es una molécula comercializada en 1949, ampliamente utilizada como antimalárico. Todos los viajeros a los países tropicales recordarán las tabletas de nivaquina (uno de sus nombres comerciales) que tuvieron que tomar como medida preventiva contra la malaria. Este remedio fue sustituido más tarde por otros para determinadas zonas geográficas, auqnue se siguió utilizando para algunos destinos.

¿Y entonces?

¿Qué tiene que ver con todo esto? Pues bien, porque el profesor Raoult y sus equipos son los mejores especialistas del mundo hoy en día en el uso de la cloroquina. En particular, tuvo la brillante idea de probarlo contra las bacterias intracelulares (que penetran en las células como los virus), en particular la Rickettsia.
Por lo tanto, la IHU de Marsella tiene una experiencia clínica y farmacológica sin igual en el uso de esta molécula.
La cloroquina también ha demostrado una poderosa eficacia terapéutica contra la mayoría de los coronavirus, incluido el temido y siniestramente célebre (SARS). Por consiguiente, Raoult pudo confirmar en el ensayo clínico chino que la cloroquina también estaba indicada contra el Covid-19.

Sin embargo, est no fue bien recibido por sus colegas, que denigraron su propuesta desde el principio. Los periodistas de Le Monde llegaron incluso a calificar su comunicación de "noticia falsa", acusación que se repitió en el sitio web del Ministerio de Salud durante unas horas antes de ser retirada.
Sin embargo, el Prof. Raoult inmediatamente fue autorizado a realizar un ensayo clínico en 24 pacientes de su departamento y lo llamaron a formar parte del comité multidisciplinario de 11 expertos, el cual fue conformado en marzo por el ejecutivo francés con el fin de "informar al público sobre la toma de decisiones en cuanto a la gestión de la situación sanitaria relacionada con el coronavirus".

Los resultados del ensayo clínico fueron esperados con impaciencia, sobre todo por este servidor. Sabemos la cautela que se requiere ante sustancias prometedoras y la importancia de no presentar nada antes de que la investigación confirme una hipótesis. La ciencia no es adivinación ni magia, es observación, prueba y luego, llegado el caso, validación.

Los resultados de su estudio clínico salieron ayer [martes 17 de marzo de 2020], y confirmaron el logro de espectaculares efectos terapéuticos. La metodología es robusta, ya que el IHU de Marsella pudo comparar la negatividad de la transmisión viral en los pacientes que siguieron el protocolo con los pacientes de Aviñón y Niza que no recibieron el tratamiento.

"Los que no recibieron el Plaquenil [un fármaco a base de hidroxicloroquina] siguen siendo portadores del virus en un 90% después de seis días, mientras que sólo el 25% de los que recibieron tratamiento dieron positivo", explica el profesor Raoult.
Pero esto no termina ahí: el IHU Méditerrannée-Infection aconseja desde hace tiempo (como otros) dar un antibiótico simultáneamente para las infecciones virales respiratorias "porque se complican principalmente con las neumopatías. Así que a todas las personas que tenían signos clínicos que podían convertirse en una complicación bacteriana de la neumopatía se les administró azitromicina. Se ha demostrado que disminuye el riesgo en las personas con infecciones virales. La otra razón es que la azitromicina ha demostrado en el laboratorio su eficacia contra un gran número de virus, aunque es un antibiótico. De modo que si se tiene que elegir un antibiótico, preferiríamos uno que fuera efectivo contra los virus. Y cuando se compara el porcentaje de positivos con la asociación de hidroxicloroquina y azitromicina, se tiene una disminución verdaderamente extraordinaria en el número de positivos. "Añade el profesor Raoult.

¿Transmisión viral?

Entretanto, un estudio publicado en The Lancet el 11 de marzo reveló un hecho nuevo pero esencial: el tiempo de transmisión del virus (el tiempo entre el comienzo y el final de la infección, y por lo tanto el posible contagio) es mayor de lo que se pensaba, con una duración media de 20 días.

Con la combinación de hidroxicloroquina/azitromicina, este tiempo de transmisión viral se reduce a 4-6 días.

La drástica reducción del tiempo de transmisión del virus no sólo da esperanzas para el tratamiento de los casos críticos, sino que también reduce el tiempo que tarda una persona infectada en dejar de ser contagiosa. Y por lo tanto ofrece enormes perspectivas para prevenir la propagación del virus. Esta noticia es, por supuesto, la mejor que se podía esperar. Por lo tanto, se puede pensar que las autoridades y los científicos la han acogido con alegría...
Pues bueno, ¡no fue así! Las reacciones que se escucharon iban inicialmente desde la estupidez a la mala fe.

Es cierto que ni los estudios chinos ni el ensayo clínico de Marsella tienen valor de prueba ("evidence") según los criterios de la investigación científica. Se requiere la replicación de los resultados por otros equipos, por no mencionar un estudio aleatorio doble ciego, que es la crema y nata de las metodologías de investigación.
¡Pero, por favor! Estamos en una situación de emergencia. La cloroquina es una de las drogas más conocidas y mejor manejadas (en particular por el IHU de Marsella). Por lo tanto, podemos contar con una experiencia muy sólida sobre el tema de su prescripción. Refugiarse detrás de un fundamentalismo de procedimiento es éticamente indefendible cuando se trata de una droga que conocemos de memoria, que ya ha demostrado su eficacia en otros coronavirus, confirmada en este por dos ensayos clínicos, ¡y cuando hay vidas en juego día tras día!
Raoult señaló con ironía que no era imposible que el descubrimiento de una nueva utilidad terapéutica para un medicamento que desde hace tiempo es de dominio público fuera decepcionante para todos aquellos que esperan un Premio Nobel gracias al impactante descubrimiento de una nueva molécula o vacuna... sin mencionar la perspectiva de que se obtengan decenas de miles de millones de dólares en ingresos, pero la cloroquina no cuesta literalmente nada.

¡Celebrando a los cuidadores!

Durante los últimos días, la población confinada se ha expresado todos los días para rendir homenaje a los cuidadores y apoyarlos en las difíciles circunstancias que están experimentando. Es una hermosa expresión de solidaridad que obviamente merecen los profesionales, valiosos por su abnegación y compromiso, frente a este gran sufrimiento y este nuevo peligro.

Desafortunadamente, en los círculos de los principales expertos, las cosas son en general menos satisfactorias.

En la investigación y la autoridad médicas también suele haber prácticas mezquinas, manipuladoras, deshonestas o abusivas de toda índole, así como lamentables y violentas luchas de ego.
En BFM TV, el Dr. Alain Durcadonnet ridiculizó inmediatamente a Raoult recordando que una conclusión científica se publicaba en revistas científicas y no en video... Esto a pesar de que, en su comunicación, el Prof. Raoult (el investigador francés que, no lo olvidemos, es quien más ha publicado en revistas científicas en su campo) obviamente acababa de especificar que el artículo que describía su ensayo clínico había sido enviado para su publicación a una revista revisada por pares. Esta anécdota muestra el nivel, como las siguientes.

El 1 de marzo, mucho después de la publicación del primer ensayo clínico chino, el Director General de la Asistencia Pública - Hôpitaux de Paris, el Prof. Martin Hirsch, dijo al micrófono de Europa 1: "La cloroquina funciona muy bien en un tubo de ensayo, pero nunca ha funcionado en un ser vivo", ¡lo cual ya era completamente falso!

En los informes de la prensa nacional se hace mucho hincapié en el riesgo de sobredosis de cloroquina, que de hecho es tóxica por encima de 2 g/día en ausencia de comorbilidad somática. Los chinos eligieron dosis de 2x 500 mg/día durante su ensayo. Raoult y su equipo, al encontrar esta dosis excesiva, prefirieron optar por 600mg/día. La lamentable objeción es, por lo tanto, completamente vacía - recordemos que ningún equipo clínico conoce esta molécula mejor que el de Méditerranée-Infection. Esto sería como decir sobre Dafalgan: "Uy, cuidado, puede ser tóxico si se usa mal, por eso no es una buena idea utilizar esta droga en el tratamiento de dolores de cabeza! »

Se ha mencionado (sí, sí, ¡lean la prensa!) los riesgos asociados al uso prolongado, cuando el tratamiento propuesto dura en promedio 6 días. Además, la IHU tiene experiencia de haber lo prescrito excepcionalmente a largo plazo (¡hasta dos años!) para el tratamiento de ciertas bacterias intracelulares. Aunque está claro que es bueno ser caritativo con el prójimo, a veces la estupidez combinada con la deshonestidad vuelven todo muy difícil...
Otros insistieron (y siguen insistiendo) en que no se pueden extraer conclusiones definitivas con base en ensayos clínicos. Lo cual es completamente correcto en lo ideal, pero no se puede aplicar al presente caso, dado el perfecto conocimiento que tenemos de esta molécula! Situación absurda que Raoult resume así: "Hay una emergencia sanitaria y sabemos cómo curar la enfermedad con una droga que conocemos perfectamente. Tenemos que saber dónde están las prioridades. »

Frente a la realidad de la epidemia, el Prof. Raoult recomienda que dejemos de entrar en pánico y detectemos a los enfermos sin esperar a que sus casos empeoren para tratarlos mejor.
El problema va más allá...

¡¿La soledad de la extrema competencia?! Raoult explica cómo Emmanuel Macron lo buscó después de su primer anuncio público el 26 de febrero y la extraña experiencia que ha tenido desde entonces con el círculo de expertos que aconsejan al presidente guerrero. A la pregunta hecha por un periodista de Marianne: "¿Lo escucharon?, respondió: "Dije lo que pienso, pero no se tradujo en los actos". Se los llama consejos científicos, pero son políticos. Soy como un extraterrestre en esos consejos.”

Esta es su certeza, obviamente incómoda para las autoridades: con las medidas que se están tomando actualmente contra la epidemia, estamos haciendo todo al revés. Contrario a los chinos y los coreanos, nuestros países han renunciado a la detección sistemática en favor de un sistema de contención, el cual, como lo subraya el profesor Raoult, nunca ha sido una respuesta eficaz en las epidemias. Es un reflejo ancestral de enclaustramiento (como en los tiempos del cólera y de El húsar en el tejado, de Giono). Confinar a las personas que no son portadoras del virus en sus casas es infecciosamente absurdo - el único efecto de tal medida es destruir la economía y la vida social. Es como bombardear una ciudad para mantener alejados a los mosquitos portadores de la malaria...

La única forma que tiene sentido, dice, es confinar a los portadores del virus solamente, y tratarlos si es necesario, ya sea para evitar complicaciones terribles como las que vemos, o para reducir el tiempo en que son contagiosos.

Tanto en Suiza como en Francia (y en todo Occidente), la decisión que se toma es la de confinar a las personas en sus casas, enfermas o no. Cuando están enfermos, esperamos a que se mejoren y luego (debido al tiempo que pueden ser portadores del virus), los dejamos salir mientras ¡todavía son contagiosos! Las personas en situación de riesgo a veces desarrollan complicaciones, especialmente la dificultad respiratoria aguda que las lleva a la sala de emergencias. Luego obstruyen las unidades de cuidados intensivos y, algunos mueren allí, mientras que Raoult dice que podrían haber sido tratados antes!

Confinar a toda la población sin exámenes ni tratamiento está a la altura del tratamiento de las epidemias de los siglos pasados.
La única estrategia con sentido es realizar exámenes generalizados y luego confinar los casos positivos y/o tratarlos, así como los casos de alto riesgo. Esto es posible, como podemos ver en China y Corea, que han integrado en sus directrices de tratamiento la combinación de examen masivo con la prescripción de cloroquina.
Ni Hong Kong ni Corea, dos territorios con las tasas más bajas de mortalidad relacionada con el Covid-19, han impuesto el confinamiento a personas sanas. Simplemente se organizaron de forma diferente.

La decadencia de Occidente

Por desgracia la decadencia es obvia y se revela en estos momentos en toda su realidad... Tenemos medicina de calidad, pero la salud pública es medieval. El liderazgo tecnológico y científico ha pasado hace mucho tiempo al Lejano Oriente, y nuestro egocentrismo intelectual nos hace aferrarnos a los logros del pasado en lugar de confiar en la ciencia de hoy.

Los exámenes sistemáticos serían fáciles de aplicar, siempre que se les reconozca la prioridad sanitaria y que nos organicemos, lo que los coreanos han hecho en un tiempo récord. En Europa, estamos completamente atrasados, como si estuviéramos en otra época. Las autoridades entienden ahora que se trata de una prioridad absoluta, de acuerdo con las insistentes recomendaciones de la OMS.
No es dificil realizar los exámenes:

Es una PCR [reacción en cadena de la polimerasa] común y corriente que cualquiera puede hacer; el problema es la organización, no la técnica, tenemos la capacidad de diagnóstico ", dice Raoult. Se trata de una elección estratégica que no es la de la mayoría de los países tecnológicos, especialmente los coreanos, quienes, con los chinos, se encuentran entre los que han controlado la epidemia mediante la detección y el tratamiento. En este país, como en cualquier otro, somos capaces de hacer miles de pruebas y examinar a todo el mundo”.

Desde luego, los regímenes políticos más disciplinados o incluso los autoritarios tienen una ventaja por la obediencia social, pero ese no es el punto. El problema, somos nosotros. Francia se hunde en polémicas interminables antes de que alguien pueda decir nada, mientras que su presidente jupiteriano se pierde en peroratas de la Antigüedad sobre el "estado de guerra" mientras se contempla en un espejo... En nuestro país, el Consejo Federal reaccionó sin agitación ni malicia, pero, como siempre, dando la impresión de que se le despertaba desagradablemente de su siesta.
En resumen, en nuestro país, que se enorgullece de su innovación y calidad biotecnológica... todavía estamos improvisando.
El cambio ¡¿es ya?!

Afortunadamente, podemos esperar que el viento cambie rápidamente y para mejorar. El Ministerio de Salud francés acaba de encargar al CHU de Lille un ensayo para replicar los resultados obtenidos en Marsella. Recordemos que ya se han realizado pruebas convincentes en China y Corea, pero en Francia se considera generalmente que lo que viene del extranjero es indigno del genio francés. Algunos servicios hospitalarios y sus médicos jefes son capaces de considerar Alexandre Bleibtreu del Hospital de la Pitié-Salpêtrière, quien recientemente ha tuiteado con humor:
El interés por la cloroquina es ahora global, con equipos trabajando en todo el mundo. Si ahora se confirma la eficacia altamente probable de la droga, todo habrá cambiado.

Una vez que las personas con riesgo de complicaciones sean tratadas diligentemente, las incontables infecciones leves debidas al SARS-CoV-2, que muchos de nosotros experimentaremos, proporcionarán la inmunidad masiva que hará de esta "pandemia" una desagradable mala aventura.

Por fin, la detección generalizada ya es una prioridad de salud. Para cuando organicemos la capacidad de análisis de los laboratorios, todos podremos acceder gradualmente. El laboratorio Sanofi acaba de ofrecer al gobierno francés la producción de un millón de dosis de cloroquina de forma gratuita.

¿Y si la molécula no cumple con sus promesas? Esta es, por supuesto, una hipótesis posible, incluso si en esta etapa es poco probable. Actualmente se están examinando otros medicamentos, incluidos los antivirales conocidos (como el Favipiravir), que también se están probando en China con resultados clínicos iniciales prometedores. Según las noticias de esta mañana:
"China ha completado la investigación clínica sobre el favipiravir, una droga antiviral con buena eficacia clínica contra el nuevo coronavirus (COVID-19). El favipiravir, un fármaco antiinflamatorio aprobado para su uso clínico en Japón en 2014, no causó ninguna reacción adversa evidente en el ensayo clínico, dijo en una conferencia de prensa Zhang Xinmin, director del Centro Nacional de Desarrollo Biotecnológico de China, dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

El Favipiravir ha sido recomendado a los equipos de tratamiento médico y debe ser incluido en el diagnóstico y el plan de tratamiento de COVID-19 lo antes posible, dijo."
Lo que llama la atención de la cloroquina es el aspecto religioso del debate que provoca, pero esto es un clásico en la ciencia. A Raoult lo describen como una especie de gurú (a pesar de su muy importante actividad científica) y la "creencia" en la droga, la consideran como el afán por encontrar una "cura milagrosa" que engañaría a la gente con "esperanzas imposibles".

Afortunadamente, todavía existe algo llamado ciencia que tiene como objetivo pasar del nivel de las opiniones (cada uno ve el mundo a su manera) al del conocimiento (lo que ha sido probado, verificado y validado independientemente de las opiniones personales).

Si se contradicen los resultados obtenidos en Marsella y China, entonces la pesadilla colectiva en la que estamos inmersos continuará, con consecuencias muy graves para nuestra sociedad, nuestras vidas y nuestra salud física y mental. Si, al contrario, se confirman, habremos dado un paso de gigante para salir de este dificil embrollo, y entonces diremos de verdad "¡Adiós Covid!". Entre tanto habremos aprendido mucho en el proceso.

Homenaje a las autoridades

No suelo ser complaciente con las autoridades. He visto con demasiada frecuencia los estragos de la adulación y la cobardía (como la crítica gratuita o el juicio por intención) para caer en esa trampa. Aquí se oyen muchas críticas que me parecen injustas. Sí, nuestro sistema de salud no es realmente un sistema de salud, tenemos una industria de la enfermedad - que no es lo mismo. Sí, nuestras respuestas en materia de salud son increíblemente anticuadas e incluso obsoletas. Sí, el Consejo Federal es lento, lo que a veces también tiene sus ventajas.

Pero quiero expresar mi opinión de que la respuesta de las autoridades federales y cantonales ha sido proporcional a lo que sabíamos y no sabíamos. Es fácil decir que las fronteras deberían haberse cerrado hace un mes en un mundo donde la amenaza todavía no se veia bien y donde nosotros habríamos sido los únicos en hacerlo.

Cerrar todo conduce inevitablemente a un desastre económico y social. A falta de medios para aplicar la mejor estrategia (detección - contención - tratamiento), recurrir a un "bloqueo" es una medida arcaica e ineficaz, pero la única que podía adoptarse.

En Ginebra, en particular, el Consejo de Estado (con los Sres. Mauro Poggia y Antonio Hodgers en primera línea) fue sólido, humano, tranquilizador y claro, actuando con calma y con un innegable sentido de la proporcionalidad.

Para terminar, una última información, que espero nos motive a todos a ser cautelosos: los últimos datos sobre la infección tenderían a confirmar que los niños no son sino levemente portadores y/o contaminadores de SARS-CoV-2. Si esta hipótesis se confirma, el cierre de escuelas no habría sido en realidad necesario. Los datos que estoy transmitiendo aquí llegaron esta semana. En el momento en que se decidió el cierre de las escuelas, no se sabía -como dije en mi anterior blog- que era una medida de precaución, y en este caso fué innecesaria. Tendremos que ver si pronto se corroboran, se contradicen o se contrastan con otros datos.

Así que seamos pacientes y diligentes. Cuando ya esta alucinación colectiva haya pasado, será entonces el momento de hacer un riguroso análisis "post-mortem" de las decisiones sanitarias y de tratar de entender qué pasó para que se haya podido generar este increíble desperdicio social...

Nota aclaratoria del autor enviada a la profesora CLAUDIA LUCIA MEJIA QUIJANO
de la U de A


"Los últimos modelos estiman una proporción mínima de 1:8 (y posiblemente hasta 1:47 o incluso más) de casos detectados frente a los que no se detectan, dependiendo de las estrategias aplicadas en los distintos países. En fecha del 16 de marzo, por ejemplo, había 167.000 casos conocidos en todo el mundo, mientras que se estimaba el número mundial de personas infectadas en más de 1.000.000. Un equipo de investigación de una universidad americana me ha informado que estiman (estudio que se publicará) que actualmente existen 800.000 personas infectadas (y por lo tanto probablemente inmunes) por 3.118 muertes. Se trata efectivamente de una tasa de mortalidad de 3/1000. 

Algunos lectores me han escrito estos días para decirme que me equivoqué en lo que escribí el 18 de marzo, que el número de casos en China era de 80.000 y no de 800.000! Lo repito, se refieren al número de casos conocidos, que es sólo la punta visible del iceberg. La tasa de detección sigue siendo baja, incluso en los países que han generalizado los exámenes. Aunque sea imposible saber el número de casos desconocidos (!), la estimación está de todos modos muy alejada de las estadísticas disponibles, basadas en datos incompletos. 




Jean-Dominique Michel
https://www.youtube.com/watch?v=K7g4WKoS_6U&t=28s

Coronavirus, análisis de los datos de las epidemias en el mundo: el diagnóstico debe ser la prioridad, intervención del Profesor Raoult el 17 de marzo de 2020.
https://www.youtube.com/watch?v=n4J8kydOvbc&t=16s
Coronavirus: ¡diagnostiquemos y tratemos! Primeros resultados para la cloroquina © IHU Méditerranée-Infection
Resultados del ensayo clínico realizado en el IHU Méditerranée-Infection de Marsella, presentación del Profesor Raoult el 16 de marzo de 2020.

Traducción del francés, realizada con ayuda de la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator, por
Claudia Mejía Quijano lucia.mejia@udea.edu.co ,
Eliana Acevedo Zabala eliana.acevedo@udea.edu.co y
Mauricio Echeverri, amauricio.echeverri@udea.edu.co
Grupo de investigación en semiología saussuriana - SEMSA. Universidad de Antioquia, Medellín-Colombia.

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La emergencia viral y el mundo de mañana


 Byung-Chul Han

El filósofo surcoreano que piensa desde Berlín
Los países asiáticos están gestionando mejor esta crisis que Occidente. Mientras allí se trabaja con datos y mascarillas, aquí se llega tarde y se levantan fronteras

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema. Al parecer Asia tiene mejor controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos infectados. En Taiwán se registran 108 casos y en Hong Kong 193. En Alemania, por el contrario, tras un período de tiempo mucho más breve hay ya 15.320 casos confirmados, y en España 19.980 (datos del 20 de marzo). También Corea del Sur ha superado ya la peor fase, lo mismo que Japón. Incluso China, el país de origen de la pandemia, la tiene ya bastante controlada. Pero ni en Taiwán ni en Corea se ha decretado la prohibición de salir de casa ni se han cerrado las tiendas y los restaurantes. Entre tanto ha comenzado un éxodo de asiáticos que salen de Europa. Chinos y coreanos quieren regresar a sus países, porque ahí se sienten más seguros. Los precios de los vuelos se han multiplicado. Ya apenas se pueden conseguir billetes de vuelo para China o Corea.
Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Parece que Europa no puede controlar la pandemia. En Italia mueren a diario cientos de personas. Quitan los respiradores a los pacientes ancianos para ayudar a los jóvenes. Pero también cabe observar sobreactuaciones inútiles. Los cierres de fronteras son evidentemente una expresión desesperada de soberanía. Nos sentimos de vuelta en la época de la soberanía. El soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Es soberano quien cierra fronteras. Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada. Serviría de mucha más ayuda cooperar intensamente dentro de la Eurozona que cerrar fronteras a lo loco. Entre tanto también Europa ha decretado la prohibición de entrada a extranjeros: un acto totalmente absurdo en vista del hecho de que Europa es precisamente adonde nadie quiere venir. Como mucho, sería más sensato decretar la prohibición de salidas de europeos, para proteger al mundo de Europa. Después de todo, Europa es en estos momentos el epicentro de la pandemia.
Las ventajas de Asia
En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas.
Ciudadanos chinos, todos ellos con mascarilla, hacen cola para coger el autobús el pasado 20 de marzo en Pekín.KEVIN FRAYER / GETTY IMAGES
La conciencia crítica ante la vigilancia digital es en Asia prácticamente inexistente. Apenas se habla ya de protección de datos, incluso en Estados liberales como Japón y Corea. Nadie se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos. Entre tanto China ha introducido un sistema de crédito social inimaginable para los europeos, que permite una valoración o una evaluación exhaustiva de los ciudadanos. Cada ciudadano debe ser evaluado consecuentemente en su conducta social. En China no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación. Se controla cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, a quien tiene trato con críticos del régimen o a quien pone comentarios críticos en las redes sociales le quitan puntos. Entonces la vida puede llegar a ser muy peligrosa. Por el contrario, a quien compra por Internet alimentos sanos o lee periódicos afines al régimen le dan puntos. Quien tiene suficientes puntos obtiene un visado de viaje o créditos baratos. Por el contrario, quien cae por debajo de un determinado número de puntos podría perder su trabajo. En China es posible esta vigilancia social porque se produce un irrestricto intercambio de datos entre los proveedores de Internet y de telefonía móvil y las autoridades. Prácticamente no existe la protección de datos. En el vocabulario de los chinos no aparece el término “esfera privada”.
En China hay 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial. Captan incluso los lunares en el rostro. No es posible escapar de la cámara de vigilancia. Estas cámaras dotadas de inteligencia artificial pueden observar y evaluar a todo ciudadano en los espacios públicos, en las tiendas, en las calles, en las estaciones y en los aeropuertos.
Toda la infraestructura para la vigilancia digital ha resultado ser ahora sumamente eficaz para contener la epidemia. Cuando alguien sale de la estación de Pekín es captado automáticamente por una cámara que mide su temperatura corporal. Si la temperatura es preocupante todas las personas que iban sentadas en el mismo vagón reciben una notificación en sus teléfonos móviles. No en vano el sistema sabe quién iba sentado dónde en el tren. Las redes sociales cuentan que incluso se están usando drones para controlar las cuarentenas. Si uno rompe clandestinamente la cuarentena un dron se dirige volando a él y le ordena regresar a su vivienda. Quizá incluso le imprima una multa y se la deje caer volando, quién sabe. Una situación que para los europeos sería distópica, pero a la que, por lo visto, no se ofrece resistencia en China.
Los Estados asiáticos tienen una mentalidad autoritaria. Y los ciudadanos son más obedientes

Ni en China ni en otros Estados asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán o Japón existe una conciencia crítica ante la vigilancia digital o el big data. La digitalización directamente los embriaga. Eso obedece también a un motivo cultural. En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado. No es lo mismo el individualismo que el egoísmo, que por supuesto también está muy propagado en Asia.
Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa. Sin embargo, a causa de la protección de datos no es posible en Europa un combate digital del virus comparable al asiático. Los proveedores chinos de telefonía móvil y de Internet comparten los datos sensibles de sus clientes con los servicios de seguridad y con los ministerios de salud. El Estado sabe por tanto dónde estoy, con quién me encuentro, qué hago, qué busco, en qué pienso, qué como, qué compro, adónde me dirijo. Es posible que en el futuro el Estado controle también la temperatura corporal, el peso, el nivel de azúcar en la sangre, etc. Una biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a las personas.
En Wuhan se han formado miles de equipos de investigación digitales que buscan posibles infectados basándose solo en datos técnicos. Basándose únicamente en análisis de macrodatos averiguan quiénes son potenciales infectados, quiénes tienen que seguir siendo observados y eventualmente ser aislados en cuarentena. También por cuanto respecta a la pandemia el futuro está en la digitalización. A la vista de la epidemia quizá deberíamos redefinir incluso la soberanía. Es soberano quien dispone de datos. Cuando Europa proclama el estado de alarma o cierra fronteras sigue aferrada a viejos modelos de soberanía.
La lección de la epidemia debería devolver la fabricación de ciertos productos médicos y farmacéuticos a Europa

No solo en China, sino también en otros países asiáticos la vigilancia digital se emplea a fondo para contener la epidemia. En Taiwán el Estado envía simultáneamente a todos los ciudadanos un SMS para localizar a las personas que han tenido contacto con infectados o para informar acerca de los lugares y edificios donde ha habido personas contagiadas. Ya en una fase muy temprana, Taiwán empleó una conexión de diversos datos para localizar a posibles infectados en función de los viajes que hubieran hecho. Quien se aproxima en Corea a un edificio en el que ha estado un infectado recibe a través de la “Corona-app” una señal de alarma. Todos los lugares donde ha habido infectados están registrados en la aplicación. No se tiene muy en cuenta la protección de datos ni la esfera privada. En todos los edificios de Corea hay instaladas cámaras de vigilancia en cada piso, en cada oficina o en cada tienda. Es prácticamente imposible moverse en espacios públicos sin ser filmado por una cámara de vídeo. Con los datos del teléfono móvil y del material filmado por vídeo se puede crear el perfil de movimiento completo de un infectado. Se publican los movimientos de todos los infectados. Puede suceder que se destapen amoríos secretos. En las oficinas del ministerio de salud coreano hay unas personas llamadas “tracker” que día y noche no hacen otra cosa que mirar el material filmado por vídeo para completar el perfil del movimiento de los infectados y localizar a las personas que han tenido contacto con ellos.
Ha comenzado un éxodo de asiáticos en Europa. Quieren regresar a sus países porque ahí se sienten más seguros

Una diferencia llamativa entre Asia y Europa son sobre todo las mascarillas protectoras. En Corea no hay prácticamente nadie que vaya por ahí sin mascarillas respiratorias especiales capaces de filtrar el aire de virus. No son las habituales mascarillas quirúrgicas, sino unas mascarillas protectoras especiales con filtros, que también llevan los médicos que tratan a los infectados. Durante las últimas semanas, el tema prioritario en Corea era el suministro de mascarillas para la población. Delante de las farmacias se formaban colas enormes. Los políticos eran valorados en función de la rapidez con la que las suministraban a toda la población. Se construyeron a toda prisa nuevas máquinas para su fabricación. De momento parece que el suministro funciona bien. Hay incluso una aplicación que informa de en qué farmacia cercana se pueden conseguir aún mascarillas. Creo que las mascarillas protectoras, de las que se ha suministrado en Asia a toda la población, han contribuido de forma decisiva a contener la epidemia.
Los coreanos llevan mascarillas protectoras antivirus incluso en los puestos de trabajo. Hasta los políticos hacen sus apariciones públicas solo con mascarillas protectoras. También el presidente coreano la lleva para dar ejemplo, incluso en las conferencias de prensa. En Corea lo ponen verde a uno si no lleva mascarilla. Por el contrario, en Europa se dice a menudo que no sirven de mucho, lo cual es un disparate. ¿Por qué llevan entonces los médicos las mascarillas protectoras? Pero hay que cambiarse de mascarilla con suficiente frecuencia, porque cuando se humedecen pierden su función filtrante. No obstante, los coreanos ya han desarrollado una “mascarilla para el coronavirus” hecha de nano-filtros que incluso se puede lavar. Se dice que puede proteger a las personas del virus durante un mes. En realidad es muy buena solución mientras no haya vacunas ni medicamentos. En Europa, por el contrario, incluso los médicos tienen que viajar a Rusia para conseguirlas. Macron ha mandado confiscar mascarillas para distribuirlas entre el personal sanitario. Pero lo que recibieron luego fueron mascarillas normales sin filtro con la indicación de que bastarían para proteger del coronavirus, lo cual es una mentira. Europa está fracasando. ¿De qué sirve cerrar tiendas y restaurantes si las personas se siguen aglomerando en el metro o en el autobús durante las horas punta? ¿Cómo guardar ahí la distancia necesaria? Hasta en los supermercados resulta casi imposible. En una situación así, las mascarillas protectoras salvarían realmente vidas humanas. Está surgiendo una sociedad de dos clases. Quien tiene coche propio se expone a menos riesgo. Incluso las mascarillas normales servirían de mucho si las llevaran los infectados, porque entonces no lanzarían los virus afuera.
En la época de las ‘fake news’, surge una apatía hacia la realidad. Aquí, un virus real, no informático, causa conmoción

En los países europeos casi nadie lleva mascarilla. Hay algunos que las llevan, pero son asiáticos. Mis paisanos residentes en Europa se quejan de que los miran con extrañeza cuando las llevan. Tras esto hay una diferencia cultural. En Europa impera un individualismo que trae aparejada la costumbre de llevar la cara descubierta. Los únicos que van enmascarados son los criminales. Pero ahora, viendo imágenes de Corea, me he acostumbrado tanto a ver personas enmascaradas que la faz descubierta de mis conciudadanos europeos me resulta casi obscena. También a mí me gustaría llevar mascarilla protectora, pero aquí ya no se encuentran.
En el pasado, la fabricación de mascarillas, igual que la de tantos otros productos, se externalizó a China. Por eso ahora en Europa no se consiguen mascarillas. Los Estados asiáticos están tratando de proveer a toda la población de mascarillas protectoras. En China, cuando también ahí empezaron a ser escasas, incluso reequiparon fábricas para producir mascarillas. En Europa ni siquiera el personal sanitario las consigue. Mientras las personas se sigan aglomerando en los autobuses o en los metros para ir al trabajo sin mascarillas protectoras, la prohibición de salir de casa lógicamente no servirá de mucho. ¿Cómo se puede guardar la distancia necesaria en los autobuses o en el metro en las horas punta? Y una enseñanza que deberíamos sacar de la pandemia debería ser la conveniencia de volver a traer a Europa la producción de determinados productos, como mascarillas protectoras o productos medicinales y farmacéuticos.
A pesar de todo el riesgo, que no se debe minimizar, el pánico que ha desatado la pandemia de coronavirus es desproporcionado. Ni siquiera la “gripe española”, que fue mucho más letal, tuvo efectos tan devastadores sobre la economía. ¿A qué se debe en realidad esto? ¿Por qué el mundo reacciona con un pánico tan desmesurado a un virus? Emmanuel Macron habla incluso de guerra y del enemigo invisible que tenemos que derrotar. ¿Nos hallamos ante un regreso del enemigo? La “gripe española” se desencadenó en plena Primera Guerra Mundial. En aquel momento todo el mundo estaba rodeado de enemigos. Nadie habría asociado la epidemia con una guerra o con un enemigo. Pero hoy vivimos en una sociedad totalmente distinta.
En realidad hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos. La guerra fría terminó hace mucho. Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado a zonas lejanas. Hace exactamente diez años sostuve en mi ensayo La sociedad del cansancio la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma inmunológico, que se basa en la negatividad del enemigo. Como en los tiempos de la guerra fría, la sociedad organizada inmunológicamente se caracteriza por vivir rodeada de fronteras y de vallas, que impiden la circulación acelerada de mercancías y de capital. La globalización suprime todos estos umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos vitales, eliminan la negatividad del desconocido o del enemigo. Los peligros no acechan hoy desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación. La negatividad del enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva. La represión a cargo de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo contra sí mismo.
Umbrales inmunológicos y cierre de fronteras.
Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente.
Pero hay otro motivo para el tremendo pánico. De nuevo tiene que ver con la digitalización. La digitalización elimina la realidad. La realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece, y que también puede resultar dolorosa. La digitalización, toda la cultura del “me gusta”, suprime la negatividad de la resistencia. Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una conmoción. La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica en función de esta conmoción por la realidad.
La reacción pánica de los mercados financieros a la epidemia es además la expresión de aquel pánico que ya es inherente a ellos. Las convulsiones extremas en la economía mundial hacen que esta sea muy vulnerable. A pesar de la curva constantemente creciente del índice bursátil, la arriesgada política monetaria de los bancos emisores ha generado en los últimos años un pánico reprimido que estaba aguardando al estallido. Probablemente el virus no sea más que la pequeña gota que ha colmado el vaso. Lo que se refleja en el pánico del mercado financiero no es tanto el miedo al virus cuanto el miedo a sí mismo. El crash se podría haber producido también sin el virus. Quizá el virus solo sea el preludio de un crash mucho mayor.
Zizek afirma que el virus asesta un golpe mortal al capitalismo, y evoca un oscuro comunismo. Se equivoca

Žižek afirma que el virus ha asestado al capitalismo un golpe mortal, y evoca un oscuro comunismo. Cree incluso que el virus podría hacer caer el régimen chino. Žižek se equivoca. Nada de eso sucederá. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aún con más orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza. Y los turistas seguirán pisoteando el planeta. El virus no puede reemplazar a la razón. Es posible que incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino. Como ya ha dicho Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno. También la instauración del neoliberalismo vino precedida a menudo de crisis que causaron conmociones. Es lo que sucedió en Corea o en Grecia. Ojalá que tras la conmoción que ha causado este virus no llegue a Europa un régimen policial digital como el chino. Si llegara a suceder eso, como teme Giorgio Agamben, el estado de excepción pasaría a ser la situación normal. Entonces el virus habría logrado lo que ni siquiera el terrorismo islámico consiguió del todo.
El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta.
Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista surcoreano que imparte clases en la Universidad de las Artes de Berlín. Autor, entre otras obras, de ‘La sociedad del cansancio’, publicó hace un año ‘Loa a la tierra’, en la editorial Herder.
Traducción de Alberto Ciria.

Tomado de El País

https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html?prm


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Ninguna Cuarentena ha Superado Ninguna Enfermedad

Por Thierry Meyssan

El presidente Macron justifica las medidas que ha tomado con el consejo que ha recibido de los científicos. Si hubiera cambiado de expertos, habría tenido diferentes consejos. Covid-19 es ahora el tema de estudio, no el conocimiento.
No eres un experto en Covid-19, pero nadie lo es. Los científicos no lo saben todo. En este caso, apenas comienzan su investigación. En ausencia de datos duros, tenemos que tomar las teorías como meras hipótesis. La historia nos enseña que hasta la fecha ninguna enfermedad ha sido superada por las medidas de cuarentena. Las medidas de cuarentena pueden ahorrar tiempo, no derrotar al enemigo. 

Sin embargo, debemos recordar que nunca en la historia se ha superado una epidemia con cuarentenas, sino solo con medidas higiénicas. Las cuarentenas no protegen a las poblaciones en las que la enfermedad ya está presente, solo pueden ahorrar un poco de tiempo.

Debemos tener cuidado con la angustia que lleva a nuestros líderes políticos a tomar las medidas que consideran más radicales, es decir, las más traumáticas, en comparación con las que ya tomaron sus vecinos. La escalada de estas medidas nos enseña el nivel de pánico de nuestros líderes, no los medios para combatir la enfermedad.


l brote de Covid-19 despierta ansiedades ancestrales. Algunos de nosotros percibimos de repente a nuestros vecinos, amigos y familiares como amenazas. Existe un riesgo real de violencia en el futuro cercano.

Ante cualquier peligro, primero debemos seguir siendo razonables , no racionales . Estas son dos formas muy diferentes de pensar. No podemos pensar lógicamente sobre la base de datos incompletos.

Covid-19 es una enfermedad hasta ahora desconocida que parece ser capaz de matar hasta el 1% de la población mundial, pero que hasta ahora solo ha matado a unos pocos miles de personas. Los investigadores apenas comienzan a estudiarlo científicamente. Sabemos que es causado por un virus que se transmite a través de las membranas mucosas de la cara. Nadie sabe cómo evitar su propagación, pero todos tienen sus propias ideas preconcebidas al respecto.

Dependiendo de su cultura, los científicos han asesorado a las autoridades de sus países de manera diferente:

- Las autoridades chinas han practicado la contención de la población junto con una visita médica a domicilio cada dos días. Los sospechosos de estar infectados fueron llevados por la fuerza al hospital. Este método empírico es consistente con la disminución de esta enfermedad. Esto no significa que haya tenido alguna efectividad, ni tampoco que la enfermedad haya sido definitivamente erradicada.
- La Organización Mundial de la Salud aboga por el confinamiento de la población, sin visitas médicas a domicilio. La OMS supone que los niños se convierten en portadores saludables de la enfermedad e infectan a los abuelos en quienes la enfermedad puede desarrollarse de manera aguda.
- Las autoridades suecas están probando un tercer método. Consideran que solo los ancianos necesitan protección y que no hay evidencia de que los niños transmitan la enfermedad. Por lo tanto, solo confinan a los ancianos y no cierran escuelas o negocios.

¿Cuál de estas tres escuelas es correcta, suponiendo que una de ellas sea correcta? No podemos saber hasta que los tres métodos hayan sido probados durante un largo período de tiempo.

Sin embargo, debemos recordar que nunca en la historia se ha superado una epidemia con cuarentenas, sino solo con medidas higiénicas. Las cuarentenas no protegen a las poblaciones en las que la enfermedad ya está presente, solo pueden ahorrar un poco de tiempo.

Debemos tener cuidado con la angustia que lleva a nuestros líderes políticos a tomar las medidas que consideran más radicales, es decir, las más traumáticas, en comparación con las que ya tomaron sus vecinos. La escalada de estas medidas nos enseña el nivel de pánico de nuestros líderes, no los medios para combatir la enfermedad.

Además, como siempre, algunos líderes políticos están instrumentando la crisis de acuerdo con sus agendas personales.

En los últimos veinticinco años, el mundo desarrollado ha experimentado varios episodios de delirio colectivo. Durante la crisis de las vacas locas, sacrificamos ganado en grandes hogueras; en el momento de Y2K, pensamos que los aviones caerían del cielo sobre nuestras cabezas; de cara al 11 de septiembre, pensamos que los bárbaros destruirían la civilización occidental; y así sucesivamente y así sucesivamente. En retrospectiva, todo esto parece ridículo. Consulte los periódicos viejos y verá la credulidad del público, no la de nuestros antepasados, sino la de nosotros mismos, hace unos años.

Occidente es cada vez menos razonable y más y más dogmático. Sin saberlo, nos hemos adherido a una forma religiosa de pensamiento en la que hemos reemplazado la supuesta voluntad divina con el supuesto conocimiento científico.

La ciencia nos dice poco sobre Covid-19 y nada sobre cómo prevenir su propagación. Solo estamos en la etapa de hipótesis.

Tomado de: Red Voltaire

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http://colombiakritica.blogspot.com/2020/03/el-mundo-despues-de-la-pandemia.html

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El Mundo Después de la Pandemia

Por Thierry Meyssan

Las reacciones políticas ante la pandemia de coronavirus se han caracterizado por una ‎serie de sorprendentes carencias de las democracias occidentales, desde la existencia de ‎graves prejuicios hasta la más flagrante ignorancia. Mientras tanto, China y Cuba ‎se han visto mucho mejor preparadas y capaces para enfrentar el futuro.


Las reacciones políticas ante la pandemia de coronavirus se han caracterizado por una ‎serie de sorprendentes carencias de las democracias occidentales, desde la existencia de ‎graves prejuicios hasta la más flagrante ignorancia. Mientras tanto, China y Cuba ‎se han visto mucho mejor preparadas y capaces para enfrentar el futuro. ‎



El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, recibe al presidente de Cuba, Miguel ‎Díaz-Canel, en noviembre de 2018. Cuba facilitó a China la instalación del laboratorio ‎ChangHeber, en la ciudad china de Jilin, para producir Interferón Alfa 2B (IFNrec), un medicamento cubano utilizado con ‎éxito en la lucha contra el coronavirus. El hecho es que los presidentes de China y Cuba, ‎clasificados como “dictadores comunistas” protegen a sus conciudadanos mucho mejor que los ‎dirigentes de las “democracias liberales”.‎
El brusco cierre de las fronteras y, en muchos países, el cierre también de las escuelas, las ‎universidades, las empresas y los servicios públicos, así como la prohibición de festividades, ‎conmemoraciones y otras actividades colectivas, modifican profundamente las sociedades, que, ‎en unos meses, ya no serán lo que fueron antes de la pandemia. ‎

Esta realidad modifica, en primer lugar, nuestra concepción de la Libertad, concepto alrededor del ‎cual se centró la fundación de Estados Unidos. Según la visión estadounidense –visión defendida ‎sólo por Estados Unidos– la Libertad no puede tolerar límites. Todos los demás Estados admiten –‎por el contrario– que no hay Libertad sin Responsabilidad, y estiman por ende que ‎no es posible ejercer las libertades sin definir sus límites. Hoy en día, la cultura estadounidense ‎ejerce una influencia determinante a través de casi todo el mundo. Pero la pandemia acaba de ‎contradecir su visión de la libertad. ‎



El fin de la sociedad totalmente abierta


Para el filósofo Karl Popper (1902-1994), en una sociedad la libertad se mide en términos de ‎apertura. Supuestamente, la libre circulación de personas, mercancías y capitales es característica ‎de la modernidad. Esta manera de ver las cosas prevaleció durante la crisis de los migrantes ‎registrada en 2015. Por supuesto, algunos han subrayado desde hace tiempo que ese discurso ‎permite a especuladores como George Soros explotar a los trabajadores de los países ‎más pobres. Soros predica la desaparición de las fronteras y por ende de los Estados, ‎desde ahora y para favorecer la instauración futura de un gobierno supranacional. ‎

La lucha contra la pandemia de coronavirus vino a recordarnos abruptamente que los Estados ‎están ahí para proteger a sus ciudadanos. En el mundo postcoronavirus, las «ONGs sin fronteras» ‎tendrían por ende que ir desapareciendo y los partidarios del liberalismo político tendrían que recordar que ‎sin Estado «el hombre es el lobo del hombre», según la fórmula del filósofo británico Thomas ‎Hobbes (1588-1679). Por ejemplo, la Corte Penal Internacional (CJI) acabaría siendo algo absurdo ‎a la luz del Derecho Internacional. ‎

El giro de 180 grados del presidente francés Emmanuel Macron es una muestra de esa toma de ‎conciencia. Hasta hace poco, el presidente Macron denunciaba la «lepra nacionalista» ‎asociándola a los «horrores del populismo», pero ahora canta loas a la Nación, único marco ‎legítimo de movilización colectiva. ‎



El interés general


La noción de «interés general», cuestionada por la cultura anglosajona desde la traumatizante ‎experiencia de Oliver Cromwell, se hace indispensable cuando se trata de protegerse de una ‎pandemia. ‎

En el Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson, está teniendo dificultades para imponer las ‎medidas que se hacen necesarias ante la situación sanitaria, medidas de carácter “autoritario” ‎que los británicos sólo admiten en caso de guerra. En Estados Unidos, el presidente Donald ‎Trump, no puede decretar el confinamiento de la población para todo el territorio nacional ‎por ser esta una prerrogativa exclusiva de los diferentes Estados que conforman la Unión. ‎Así que el presidente de los Estados Unidos de América se ve obligado a “torcer” los textos de ‎leyes anteriores, como la famosa Stafford Disaster Relief and Emergency Assistance Act. ‎



El fin de la libertad sin límites para el sector empresarial


En el plano económico, después de haber decretado el cierre de todo tipo de negocios, desde los ‎restaurantes hasta los estadios de fútbol, ya no será posible seguir imponiendo la teoría de Adam ‎Smith sobre la necesidad supuestamente imperiosa de dejar que el mercado sea el rector de la ‎actividad económica. Habrá que reconocer por fin límites a la sacrosanta libre empresa. ‎

La lucha contra la pandemia ha venido a recordarnos que el interés general puede justificar la ‎imposición de límites a cualquier actividad humana. ‎



Las carencias


La crisis del coronavirus tambíen ha puesto de relieve las carencias y fallos de nuestras ‎sociedades. Por ejemplo, el mundo entero sabe que China fue la primera nación en ‎sufrir los efectos de la pandemia… y sabe también que acabó controlándola y levantando las ‎medidas autoritarias que había tenido que adoptar para lograrlo. Pero pocos saben cómo ‎lograron los chinos derrotar el coronavirus. ‎

La prensa internacional ha optado por ignorar los agradecimientos que el presidente chino Xi ‎Jinping expresó, el 28 de febrero, al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. La prensa ‎internacional también ha preferido no hablar de la importancia que tuvo para China el uso del ‎medicamento cubano denominado Interferón Alfa 2B (IFNrec). Por supuesto, esa prensa sí ‎ha hablado del uso de la cloroquina, que ya se utilizaba contra el paludismo. Pero ‎ha guardado silencio sobre las investigaciones destinadas a encontrar una vacuna contra el ‎coronavirus: China ya está en condiciones de realizar los primeros ensayos con humanos a finales ‎de abril y el laboratorio del Instituto de Investigación sobre Vacunas y Sueros de San Petersburgo ‎ya tiene preparados 5 prototipos de vacunas contra el coronavirus. ‎

Esos “olvidos” denotan la “selectividad informativa” que practican las grandes agencias ‎de prensa. Nos repiten constantemente que vivimos en una «aldea planetaria» (Marshall ‎McLuhan), pero sólo nos informan sobre el microcosmo occidental. ‎

Esa ignorancia resulta muy útil a los grandes laboratorios occidentales, entregados a una ‎competencia desenfrenada en el sector de las vacunas y las ventas de medicamentos. Sucede ‎exactamente lo mismo que en los años 1980. En aquella época, una epidemia de «neumonía de ‎los gays», identificada como SIDA en 1983, provocaba una hecatombe entre los homosexuales ‎de San Francisco y Nueva York. Cuando la enfermedad llegó a Europa, el entonces ‎primer ministro de Francia, Laurent Fabius, retrasó el uso del test de diagnóstico elaborado en ‎Estados Unidos para que el Instituto Pasteur tuviera tiempo de elaborar y patentar un test ‎francés. Estaban en juego ganancias ascendentes a miles de millones de dólares… que costaron ‎miles de fallecimientos innecesarios. ‎



La geopolítica después de la pandemia


La epidemia de histeria que acompaña la expansión del coronavirus está desviando la atención de ‎la actualidad política. Cuando esta se termine y los pueblos recuperen el sosiego, el mundo será ‎quizás muy diferente. La semana pasada dedicábamos este espacio a la amenaza que ‎el Pentágono hace pesar actualmente sobre la existencia de Arabia Saudita y de Turquía, ‎dos países que se hallan en la mira de Estados Unidos [1]. ‎Las respuestas, por separado, de Arabia Saudita y de Turquía fueron dos apuestas ‎muy peligrosas: Arabia Saudita inició un ataque contra la industria estadounidense del petróleo de ‎esquistos mientras que Turquía amenazó con implicar a Estados Unidos en una guerra ‎contra Rusia. Son dos amenazas tan graves que habrán de tener respuestas muy rápidamente, ‎el mundo no podrá darse el lujo de esperar tres meses para enfrentarlas. ‎

tomado de: Red Voltaire

[1] «Después de Siria, ¿quién será el nuevo objetivo?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de marzo de 2020.

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La epidemia de miedo

La epidemia de miedo se extiende por ‎el mundo‎
Por Manlio Dinucci

La exageración sobre la peligrosidad del coronavirus en relación con otras ‎enfermedades así como la preparación de la respuesta de los principales actores, ‎2 meses ante de la aparición de la epidemia, resultan especialmente sorprendentes. Por ‎el momento, parece apresurado tratar de sacar conclusiones.

partiendo del principio que no hay que subestimar el coronavirus y que se deben seguir las ‎‎10 reglas de prevención divulgadas por el ministerio de Salud [italiano], habría que adoptar ‎además una 11ª regla fundamental: impedir también la propagación del virus del miedo. ‎

Sin embargo, los medios de prensa, principalmente la televisión, comenzando por la Rai [1], que está dedicando sus espacios informativos casi enteramente al coronavirus, ‎se dedican precisamente a propagar el miedo, un virus que penetra así en todos los hogares, ‎a través de los canales de televisión. ‎

Pero esas mismas televisoras que siembran la alarma sobre el coronavirus callan el hecho que la ‎gripe invernal, ha resultado mucho más letal que el coronavirus, dejando en Italia, sólo durante la ‎‎6ª semana de este año 2020 –según el Instituto Superior de Salud–, un promedio diario de ‎‎217 muertes, provocadas por complicaciones pulmonares y cardiovasculares derivadas de ‎esa simple gripe. Tampoco dicen que –según la Organización Mundial de la Salud (OMS)– en Italia ‎mueren cada año más de 700 enfermos de SIDA, lo cual representa un promedio de ‎‎2 fallecimientos diarios, de un total mundial de 770 000 muertos por el SIDA. ‎

Al referirse a la campaña alarmista sobre el coronavirus, la directora de macrobiología clínica, ‎virología y diagnóstico de biourgencias del laboratorio del hospital Sacco, de Milán, Maria Rita ‎Gismondo, declara:‎ ‎

«Es una locura. Han convertido una infección a penas más seria que una gripe en una ‎pandemia letal. ¡Miren la cifras! No es una pandemia.»



Pero la voz de esta científica no llega hasta el gran público, mientras que cada día, desde la Rai –‎servicio supuestamente público– hasta los canales de Mediaset y todos los demás, se les inculca ‎a los italianos el miedo al «virus mortal que, desde China, se extiende por el mundo». ‎

El hecho es que esa campaña va en el mismo sentido que lo que declaró el secretario del ‎Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, en una entrevista transmitida por Fox Business: ‎ ‎

«Pienso que el coronavirus ayudará al regreso de los empleos de China a Estados Unidos. ‎En China hubo, primero el SARS, después la peste porcina y ahora el coronavirus.»‎

Por consiguiente, comenta el New York Times, «lo que China pierde podría ser una ganancia ‎para América» [léase “para Estados Unidos”]. Dicho de otra manera, el coronavirus podría tener un ‎impacto destructor sobre la economía china y, en una reacción en cadena, sobre las economías ‎del resto de Asia, de Europa y de Rusia, ya afectadas por la caída de los flujos comerciales y ‎turísticos, en beneficio de Estados Unidos, económicamente indemne. ‎

Global Research, el centro de investigación sobre la globalización, dirigido por el profesor Michel ‎Chossudovsky, está publicando una serie de artículos de expertos internacionales sobre el origen ‎del coronavirus. Esos expertos estiman que «no se puede excluir la posibilidad de que este virus ‎haya sido creado en un laboratorio», hipótesis que no puede ser simplemente clasificada como ‎‎«complotista» para desacreditarla. ¿Por qué? Porque Estados Unidos, Rusia, China y las demás ‎grandes potencias tienen laboratorios donde se realizan investigaciones sobre virus que, al ser ‎modificados, pueden ser utilizados como agentes de guerra biológica, dirigiéndolos incluso contra ‎ciertos sectores de la población. Estamos hablando de una actividad rodeada del mayor secreto, ‎a menudo bajo la cobertura de investigación científica de tipo civil. ‎

Pero algunos hechos salen a la luz, como la existencia en Wuhan de un biolaboratorio donde ‎científicos chinos realizan, en colaboración con Francia, investigaciones sobre virus letales, ‎entre ellos algunos enviados por el Laboratorio de Microbiología de Canadá. En julio de 2015, el ‎instituto gubernamental británico Pirbright patentó en Estados Unidos un «coronavirus ‎atenuado». En octubre de 2019, el Johns Hopkins Center for Health Security realizó en ‎Nueva York un simulacro de pandemia por coronavirus utilizando un guión que, de convertirse ‎en realidad, provocaría 65 millones de muertos [2].‎

Pero lo que no se simula es la propagación del virus del miedo, que se extiende, con efectos ‎socioeconómicos devastadores. ‎

Tododo de Red Voltaire

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange ‎Patrizio. ‎

[1] La Rai ‎‎(Radiotelevisione Italiana) es el ente público de radiodifusión de Italia. Nota de la ‎‎Red Voltaire.

[2] «El Foro de Davos se preparó para una ‎pandemia de coronavirus… dos meses ‎antes de su inicio‎», Red Voltaire, 5 de febrero de 2020.

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El Bípedo Humano

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

Miles de millones de años, milenios, necesarios para que emergiera el universo y luego se desprendieron los planetas, luego la vida en su diversidad. ¿Qué es lo humano? En una escala mínima de tiempo, milésimas de segundos quizá, y aparecen los homínidos, y en una de sus variaciones el bípedo recto, con dedo gordo paralelo en pies para poder caminar recto pero ya sin poder trepar en los árboles y agarrarse con agilidad por sus múltiples ramas como sí lo siguen haciendo sus primos monos cercanos llámase bonobos, gorilas, chimpancés. Todos estos homínidos hacen reglas sociales, asesinan, engañan, hacen masacres, los chimpancés por ejemplo. Todos, decimos, manejan herramientas, tienen lenguaje para su comunicación. La diferencia con el bípedo humano es que sus técnicas, sus reglas son más complejas o sofisticadas al igual que toda su simbólica, sus signos, sus mitos, sus tabúes, todos ellos enmarcados en mantener sus reglas sociales que le preservan como grupos y por supuesto como individuos, allí está comprendido o se desprenden los tabúes sexuales tales como la prohibición del incesto, la monogamia motiva o mantiene una paz para el grupo, no los disocia para otras labores de subsistencia. La especie humana se especializa en la desespecialización: su prensión no es tan buena como la de los otros monos que trepan con destreza por los árboles brincando de rama en rama. La mano del hombre sirve para muchas funciones como acariciar, acicalarse, medio apretar, hacer señas o complementar el lenguaje hablado. Su moral y su cocina se la juegan en su mítica.

Todo esto que nos conforma como animales y que incluye las diversas técnicas para permitirse la supervivencia. Todo ello es un cúmulo de tiempo desarrollado en un determinado espacio. Un sílex resume la experiencia de miles de millones de años. En términos de Michel Serres es  una inmensa condensación de tiempo y espacio. Tiempo Colosal. Larga Memoria. Gran Relato. "Larga Memoria entrada en la brevedad, en la condensación de la innovación, en el gesto técnico Como la herramienta: es sumatoria de inventos transcurridos en el tiempo y sucedidos en el espacio que exige al viviente condiciones para la vida. ¿Qué es la historia humana? El dominio relativo de un resumen de evolución. Homo faber resume en un periquete lo que la llamada naturaleza se toma una paciencia multimillonaria para hacer emerge sin quererlo. Envuelve en instantes menudos duraciones colosales. Este plegamiento amontonado crea agujeros negros donde se olvida la larga duración que la acción presente economiza. Desde que el hominiano talla un sílex, manipula tiempo. Veo en este objeto una especie de lupa que resume y reduce en su brevedad duraciones gigantescas y en su uso innumerables y repentinas adaptaciones."

Todo aquello para decir, para hacer notar, para enfatizar que hemos olvidado esa gran escala del tiempo y esa complejidad que nos compone, somos uno más entre muchos, hacemos parte de un planeta y de un universo que a diario nos habla, la naturaleza como sujeto de derechos, los truenos nos atemorizan, los desbordamientos de los ríos nos ponen en aprietos, la manera como ensuciamos el planeta se nos revierte en el aire lleno de partículas tóxicas, un smog venenoso que compromete nuestra salud, nuestra vida. Nuestra arrogancia originaria de los humanos de habernos proclamado equívocamente como centro del universo está comprometiendo todo la vida misma, la nuestra y la de las demás especies. Es una egolatría sin límites. Esto no es lloriqueo por el llamado progreso, sí es más bien llamar la atención por la complejidad de toda la vida en el planeta y  del universo, muy diferente ella de creernos centro del universo entero y de legitimar una inequidad humana que ha vuelto muy precaria la vida del 99% de la vida humana y por su puesto la devastación del planeta. Citemos de nuevo a Serres “Cuando millones de mensajeros se vuelven fuentes de información, la sociedad se vuelve por completo pedagógica. Queda todavía por escribir la nueva epistemología de este saber multiplicado.”

Y a todas estas queremos dar un salto de sentido en esta narrativa,  referenciar un sentir que los humanos damos en llamar el sentimiento amoroso, ese mismo que los poetas cantan y gastan eternidades en tejer el mejor verso, en buscar las palabras más ritmadas para ensamblar su poema: “Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.” “Una mujer me duele en todo el cuerpo. Borges. “Estoy tan solo, amor, que a mi cuarto/ Sólo sube, peldaño tras peldaño,/
La vieja escalera que traquea” Juan Manuel Roca. Desde luego que otros animales demuestran afecto, cuidan de sus crías, su prole, se baten por su pareja electa, ciertas especies se enlazan de por vida, otras por el contrario gozan de la promiscuidad, nada distinto pasa en lo humano. Pero dijimos palabras más arriba, que en el humano los signos, la simbólica es más compleja, de ello da cuenta aquella Triada freudiana: el yo (mi consciencia), el superyo (mi sentido moral), y el ello (mis deseos inconfesables).

Todo cambia en las maneras de relacionarnos, el ethos humano se balancea con los tiempos y en todos los lugares: el amor antiguo, el platónico que llaman, el erótico, el filial, el medieval o caballeresco, el moderno a lo Romeo y Julieta. Y el de hoy que se le endilgan grandes cambios, incluso en donde se acusa a Tinder de haber apuñalado a Cupido, pues se reprocha a las redes sociales de hacer del amor un gran mercado, ponerlo en subasta pública, se dice que el amor sólo conoce de la noche, los encuentros para la cópula, pocos duraderos. Algo así como un amor desanimado y disperso. Pero también hay allí un ejercicio de la libertad. Recordemos que el divorcio dado en Francia a principios de 1800 pero practicado mucho después, tanto que hoy se sigue considerando la mujer como una propiedad del hombre, ellas no pueden ejercer su libertad  o flujos sexuales, acostarse con quien deseen, el amor casual, y si lo hacen se les acusa de infieles o prostitutas, con el varón esto no sucede, por el contrario, se le halaga por su machería, por su poder de coquetería. Cómo no recordar la advertencia deleuziana en evitar esas interpretaciones del amor como carencia, de evitar la dictadura de la interpretación psicoanalítica en donde sólo ve el falo y la vagina del papá y la mamá. A cambio ver más la multiplicidad que se despliega en la piel, los múltiples devenires que toma la existencia, la rica existencia. Es verdad, los humanos somos complejos, pero seguimos teniendo un zócalo biológico, común a todas las especies animales.


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El Zurdo Cojo

Mauricio Castaño H.
Historiador

Colombiakrítica

Fijar sus pensamientos fue su tarea en uno de sus últimos libros. Fijar y figuras son palabras que comparten una misma raíz. Michel Serres deja su legado en su autobiografía titulada Figuras del Pensamiento. Dos palabras que bien dicen de su obra. Se fija lo que está suelto, y si se trata del pensar, viene a bien especificar su trasegar. Y máxime si es de un zurdo cojo que va en zigzag, nunca recto, como lo ha hecho con su construcción de conocimiento, una especie de movimiento caótico, igual que en la vida misma y en su mecánica viviente, el pie izquierdo con la mano derecha y de madera simultánea comandan el caminar, dos sentidos diferentes combinados para producir un movimiento, una armonía. También es el clinamen, la caída libre, vértigo, agujero o zócalo de nuestra existencia.

Ambas palabras reflejan bien a Serres, pues el fijar sugiere un stop después de un movimiento, de una in-quietud, y en esa quietud traza su pensamiento que el autor define como innovar. Y claro, si antes ser sabio equivalía a recitar de memoria libros enteros, hoy es bien diferente. Todo está exteriorizado, todo está por fuera de nuestras cabezas allá en la computadora, en la red, en la internet, en el doctor Google, en la wikipedia, en donde todos sin distingo de profesión están sentados frente a la pantalla trabajando, consultando. ¿Entonces, que función le corresponde al humano libre de la memorización? Serres no duda en responder que estamos condenados a ser inteligentes, a ser innovadores. El nuevo paradigma lo resumió bien Montaigne cuando sentenció que prefería una cabeza bien puesta a otra bien llena.

Pero ¿qué significa ser inteligentes, innovar, inventar? Ante todo nada que sea o que se le parezca a la Repetición, a esa pesada máquina institucional universitaria, por ejemplo, que obliga a repetir cita tras cita, que esto dijo éste, pero aquel esto, pero aquel aquello, pero esto es lo que dijo aquel, para que al final y como conclusión decir que esto lo dijo fue aquel, y nada propio se ha dicho, nada original, nada inventado, solo la repetición de la repetición. Y, por supuesto, que a fuerza de repetir, el otro termina diciendo nada distinto a la tediosa repetición, y claro, ya la imitacion viene por sí sola y de forma mecánica, de manera automática, viene por reflejo. Es una lástima tanta energía desperdiciada en la tediosa repetición. La televisión puede ser el mejor ejemplo de la repetición que lleva a la idiotez. Aplastados en sillones tan sólo consumiendo imágenes en su gran mayoría de crímenes y asesinatos.

Acá nos viene desplegar o referenciar la matriz o el anclaje serresiano que soporta su propuesta. Pensar es pesar, balancearse, en el movimiento constante se hace un stop para sustraer las enseñanzas sumergidas o pasadas por un tamizaje, por un flujo de la información, si todo es información en este mundo, viene a bien precisar cuatro momentos: Emisión, Recepción, Procesamiento y por último Almacenamiento. Todos los seres y la vida misma es todo información. Miles de millones de células, luego otro tanto de formación de moléculas para luego un embrión y finalmente un ser, una vida. Todo el planeta y sus seres animados, todos los microorganismos, el microcosmos tiene tales comportamientos. Por ejemplo, los humanos somos una síntesis, somos uno solo de muchos miles y millones de años, y por lo demás somos también interdependencia con todo lo que nos rodea, con el entorno, "El relámpago gobierna nuestro universo" sentenció Heráclito. Los ciclones, el deshielo, los desbordamientos de los mares son sin compasión y sin odio, una sacudida incómoda que hace la Naturaleza al hombre. Por eso Serres sugiere tratarlos como sujetos de derecho en El Contrato Natural.

El Gran Relato, llamado así por Serres, es esa interdependencia de todos con todo, la historia no es la que creemos de escritura lineal, ella es rebasa cuando nos percatamos que todo tiene historia ante los ojos atentos que le saben leer: una piedra, con sus formas maltrechas y talladas, cuenta su recorrido por las aguas, chocando aquí y allá contra las rocas. La construcción de la identidad humana depende de todo lo que le rodea, del universo entero.

La expresión Gran Relato evidencia los vínculos, las conexiones, los flujos, la interdependencia de todos los seres y las cosas, del planeta, el relámpago gobierna nuestro universo sentenció Heráclito. ¿Quién niega que los deshielos, los terremotos, los ciclones son la voz de ese otro sujeto llamado Naturaleza que está siempre en constante Nacimiento, en constantes movimientos como reacción a nuestros comportamientos? La
naturaleza es potencia, el
Goya. Arenas Movedizas
rayo gobierna… el ego tiene límites.


 "El relámpago gobierna el universo." Las arenas movedizas también luchan, se tragan a los dos batientes que luchan a muerte.

La obra de Serres es toda información y movimiento de donde se extrae sus enseñanzas. Definiciones claves que nos dan a entender que esto es así son los conceptos tales como E- moción, emoción, nos sustraemos del movimiento para poder dar nuestras sensaciones, nuestras impresiones. Igual sugiere la preposición entre: Entre proviene de en, en el interior, y de trans, a través, fuera, en otra parte. Entre mezcla la inmanencia y la trascendencia. O cogito: Gogitare es de origen agrícola, ago, agarre, describe al pastor ocupado, agot, ahora,  actúa, está ligado al campo y su actividad. O la palabra sujeto, El sujeto de pensamiento significa estar debajo de las cosas sub- iectum, lo que es echado abajo, debajo de mí, debajo de las cosas; el suelo, la tierra bajo los pies del cuadrúpedo.

Aquella ligazón con un real, el mundo mismo como objeto de saber, desprende un modo de proceder en el análisis y la manera más cómoda para explicarlo es la metáfora del árbol que inicia con unas raíces, luego un tallo para luego desprenderse caprichosamente en numerosas ramificaciones. O el concepto de serendipidad, que cuando menos se piensa, sin metas ni plan, se encuentra algo no buscado, eureka, el azar y la necesidad nos llevaron por los caminos menos inesperados para encontrar lo mejor. Muy diferente este proceder a los formatos estables de la ciencia como lo llama Serres: “Lo necesario se deduce; lo riguroso se demuestra; lo exacto o lo preciso se miden, se evalúan, se cuantifican.” 

Decir Serres es decir Hermes, incluso Pulgarcita, ambos definen los intercambios, las relaciones, los vínculos, lo virtual o lo que es lo mismo: lo real. Quien niega que todos en todos lados, todos los profesiones sin distingo de su especialidad, están sentados frente a la computadora tecleando, trabajando en lo virtual real: allí concretan sus productos pactados, por allí mismo los entregan. Lo virtual es lo concreto. Caminar cojeando, en zigzag a izquierda y derecha, esto es aprender, conocer en la multiplicidad de los saberes. Y algo más, si toda la información está en nuestras manos, a la distancia de un click, se sospecha de lo obsoleto o lo innecesario de los gobiernos.


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Familia Extensa

Mauricio Castaño H.
Historiador
Colombiakrítica
Extensa, incluso polifuncional, llaman hoy a la familia. También la han caracterizado de compuesta, cualquier cosa es menos aquella figura sagrada y encuadrada en el matrimonio religioso de una vez y por siempre, esa que la sentenciaban con la frase de hasta que la muerte los separe o lo que Dios ha unido no lo separe el hombre. Nada de eso existe, las uniones son flor de un día, las mujeres emulan más bien a la Eva desobediente que invita a degustar del fruto prohibido. Y el hombre es un Adán lujurioso y juguetón, saltarín aquí y allá, esperando atrapar buena cantidad de frutas sin mayor respecto por los lazos o uniones que le amarren. Las uniones extramatrimoniales son pan de cada día cuando se dan, por lo demás y con frecuencia son ocasionales. La relación de pareja no gravita en el universo de la existencia humana, otros intereses la ocupan, para hacerse a tan sólo una idea de ello, bástese con mirar las estadísticas de los crecimientos de formas alternativas de gestionar las vidas, de tramitar las existencias humanas, citemos una de ellas, los hogares monoparentales o simplemente están los que decidieron vivir solos, los franceses son los campeones en llevar vidas solitarias, como suelen decir, son terriblemente solos. Miremos sus encuestas: Uno de cada cuatro no tiene ningún amigo. El 39% no ven a su familia. Un 26% frecuenta clubes, organizaciones, asociaciones. Uno de cada cinco no tiene camaradas en su medio de trabajo. El 12%, cinco millones, de personas mayores de 18 años se encuentra en estado de aislamiento o soledad. El 21% experimentan un sentimiento de soledad

Las familias compuestas hacen referencia a eso de tus hijos, mis hijos y los nuestros, se acostumbra decir en las parejas. La prole procede de uniones que eran y ya no lo son, están disueltas porque el amor ya no es para siempre, ayer, en siglos pasados, jurar eternidad conyugal equivalía a diez o quince años acorde a la expectativa de vida de esa época, hoy en cambio equivaldría a comprometerse por lo menos cuarenta o cincuenta años, y es difícil que el amor dure tanto, al menos las tasas de divorcio en ascenso es lo que nos dicen, y aquello con lo que iniciamos, los diferentes modelos de familias que se acomodan a esta realidad. Todo esto es una especie de amor disperso.

Miremos un ejemplo de la prole de los sectores populares de la ciudad de Medellín y que bien pudiera ser de sectores pudientes, pero por el momento echemos mano de lo que tenemos. Los niños en realidad no parecen niños en cuanto a esos sentimientos de ternura y compasión que dicen despiertan en su reproducción, al juzgar por su crianza y por los padres y madres responsables de hacerlo, a las a siete años ya trabajan, vendiendo confites o de mandadero de los pillos o mantones de barrio, iniciándose así en las Rentas Criminales. El término polifuncional dicho renglones arriba, es la clave para ayudarnos a entender esta telaraña social. Una preñez puede darse desde la muy temprana adolescencia, las hay desde los trece años para la mujer, para el macho puede pasar su mayoría de edad, entendible a razón de que es el gran macho de esta sociedad el que puede ser un proveedor y garantía para suplir las necesidades del crío y de su madre o futura cuidadora. Esto pareciera ser lo lógico pero la realidad es bien distinta. La crianza descansa en una extensa red de solidaridad familiar de los miembros de la mujer, pues la mujer es en esta cultura la que asume la mayor o toda la responsabilidad de los cuidados de su hijo, recordemos el dicho popular machista que reza que los hijos de mi hija, mis ñetos serán, los de mi hijo, en duda estarán, y aunque en estos tiempos modernos existen muchos medios o pruebas científicas para determinar la paternidad, la costumbre puede más que la ciencia en la cultura popular.

Señalemos la violencia general y particular que aviva la degradación del ser en esta sociedad. La general nos viene de esa misma mundial y que se puede dimensionar con los sesenta mil asesinatos que un joven ha presenciado en la televisión al cumplir catorce años, allí se enseñan estrategias refinadas de asesinato en esta cultura de muerte. Y particular en referencia a la sociedad antioqueña y medellinense que desperdició Miles de jóvenes por décadas enteras destinándolos como sicarios para la guerra paramilitar y mafiosa contra las guerrillas, Pablo Escobar fue emblema nacional e internacional, el sentimiento popular hoy le sigue rindiendo sus plegarias como si fuera su Robin Hood.

El decir de la Carta Constitucional es que la familia es la base de la sociedad, pero no se ve ninguna correspondencia ni de un lado ni del otro. El Estado Nación es más bien un proyecto fallido acá y allá en todo el mundo, la inequidad, la no responsabilidad social quebró a la familia y a todo de lo que hay de sociedad en ella. Las buenas intenciones de Estado y de su Bienestar Social son letra muerta y demagogia barata. Y ante la imposibilidad de ganar respeto y credibilidad escupen fuego de metralla a esos Miles de indignados que reclaman por un mejor bienestar. Por ello decimos que las familias sufren fractura de aquello estatal inequitativo, y su furia la evacúan contra el Estado vía incredulidad y violencia física hacia su propia familia y hacia su propia comunidad, id y ver las estadísticas de la violencia, más del setenta por ciento está en la alcoba familiar, los niños, mujeres y ancianos, los más damnificados. La familia está hipertrofiada, así la llamaba el historiador Jacques Legoff, las responsabilidades sociales del Estado hacia ella fueron dejadas y trasladas al seno familiar.

Pero traer a cuento todo este desbarajuste no es para ponernos a llorar, más bien queremos poner el acento en eso que ya no es o que está en crisis que es el Estado Nación y que por efecto carambola golpea a las familias... y más que señalar la llaga es poner el dedo hacia el horizonte por dónde debe caminarse, la solidaridad es camino seguro, el mundo sostenible es otra ruta segura así como procurar por los bienes que son comunes y por una cultura de datos abiertos.

Es curioso o por lo menos coherente esto que está sucediendo con cierta pragmática cristiana de no estar adherido a vínculos tan estrechos y cerrados como lo es la familia tradicional. Recordemos el pasaje en el que Jesús abandona a sus padres y a sus hermanos, increpa que esa no es su familia, que su familia es toda la humanidad y su patria el planeta o el universo entero, se inclina más por lo global que por las parcelas que parten y dividen. Es una familia abierta, extensa, es toda la humanidad, todos somos hermanos, superando los tradicionales, estrechos y sectarios vínculos de consanguinidad.

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Una Salida

mauricio castano h
Historiador
Colombiakritica


Si la democracia con todos sus años de existencia, el Est
ado con todas sus instituciones que prometen bienestar general, y para no dejar por fuera a la Razón, a los enciclopedistas o la Ilustración Francesa, todos ellos alzaron sus banderas proclamando lo mejor de lo mejor para el mundo, para la humanidad pero tanta dicha no era tal. Nadie discute los avances o progresos habidos, los logros en salud, higiene, condiciones materiales de la existencia humana, por ejemplo hoy la espectativa de vida es mayor a la de hace un siglo o la de tiempos más remotos, de 85 para las damas, de 75 para los machos, hoy puede decirse que la población mundial usa calcetines o que ingiere como mínimo un alimento por día. En tiempos, en épocas pasadas tal como la Antigüedad, la Edad Media o en los inicios del Estado o Sociedad Moderna ello no era posible, las hambrunas, las epidemias, las guerras dejaban montañas de cadáveres en lugares del olvido de Dios y en la resignación tonta generalizada. Reconocemos lo mejor y lo peor, reconocer tan sólo lo calamitoso es lloriqueo de quién duerme bien y de algo ha de quejarse.

Si bien ello es cierto, tampoco ha de desconocerse que los progresos hechos por la humanidad no se reflejan de la misma manera progresiva en ella misma, las máquinas liberaron fuerza humana pero su generación de riqueza no se reflejó en bienestar o inversión de esos brazos caídos o cesantes. Para resumir las riquezas generadas por los inventos en ciencia y tecnología, por la líbido humana no se distribuyen sino que por el contrario generaron más concentración de riqueza en ese 1% de la población más rica.

Una pregunta surge en torno a los conglomerados humanos, cómo gestionarlos toda vez que las naciones o las llamadas patrias no son ya pertinentes, no han servido sino como pretexto para la carnicería humana, las guerras, pelalearse por la patria ya es cosa obsoleta que alimenta a los vampiros capitalistas. Hoy es más apropiado hablar de ciudadanos del mundo, la internet hace posible la ubicuidad y si vamos más allá, a todos nos asiste un mismo origen, una misma raíz africana de dónde nos desprendimos para poblar el globo terráqueo y nuestro vecino continental es nuestro primo más cercano.

Volviendo a la inquietud con la que iniciamos, el problema está es qen en haya distribución de los bienes generados y de gestionar otras formas inteligentes del Territorio para evitar la acumulación de Poder y el pulular del demagogo político. Es una posible salida al atolladero en el que estamos.



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