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Amanecer Rojo

Covid-19 y “Amanecer Rojo”
Por Thierry Meyssan

El doctor Richard Hatchett fue consejero del presidente estadounidense George Bush hijo,
bajo ‎cuya administración él mismo concibió la idea del confinamiento obligatorio de la población ‎civil.
Richard Hatchett dirige hoy la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI),
 un ‎grupo de coordinación mundial para la inversión en vacunas creado por el Foro de Davos ‎
alrededor de la fundación de Bill Gates. Hatchett fue
el primero en hablar del Covid-19 como ‎de una “guerra”.‎
La epidemia de Covid-19 ha matado hasta ahora más de 200 000 personas en todo ‎el mundo y sumido en el pánico a miles de millones. Ese pánico priva a quienes ‎lo sienten de todo sentido crítico, lo cual les lleva a aceptar decisiones políticas ‎estúpidas. Un grupo de personalidades, que se denomina a sí mismo ‎“Amanecer Rojo”‎ (Red Dawn) y cuya correspondencia ha sido dada a conocer en Kaiser Healt ‎News y en el sitio web del New York Times, ha logrado imponer una ideología ‎apocalíptica según la cual China ha declarado la guerra a Occidente, cuya única ‎posibilidad de protegerse consistiría en confinar a todos los civiles. 

En un artículo anterior [1], ya demostré cómo las aterradoras ‎previsiones sobre la cantidad de decesos que provocaría el Covid-19 fueron elaboradas sobre ‎bases erróneas y por un charlatán, el profesor Neil Ferguson, cuyas predicciones siempre han ‎acabado estrellándose contra las cifras reales durante las dos últimas décadas. ‎

También mostré en otro artículo [2] que el ‎objetivo de las medidas de confinamiento adoptadas en China no era de naturaleza médica sino ‎que más bien político. Queda por explicar de dónde sale la idea del ‎confinamiento obligatorio y generalizado de toda la población, cuya implantación se inició ‎en Occidente. ‎

Aunque pasé semanas enteras consultando libros sobre epidemiologia, no encontré en ninguno ‎algo similar a esa medida. En toda la Historia nunca se ha combatido una epidemia encerrando ‎en sus casas a toda la población sana. Fue entonces cuando Kaiser Health News vino a levantar una ‎esquina del velo con la publicación de cierta correspondencia: se trata de una medida concebida y ‎planificada en 2005-2007 por la administración de George Bush hijo.‎


Acuartelamiento de militares y civiles

En 2005, el Departamento de Estado estadounidense estudiaba cómo prepararse para enfrentar ‎eventuales acciones de bioterrorismo contra las tropas de Estados Unidos desplegadas en otros ‎países. Partiendo del principio neoconservador según el cual los terroristas siempre son ‎extranjeros, y por ende nunca podrían penetrar en las instalaciones militares estadounidenses, el ‎servicio de Salud se preocupaba por prevenir los ataques a los que los soldados de ‎Estados Unidos podrían verse expuestos al salir de sus bases. Desde ese punto de vista, aislar a ‎los enfermos en los hospitales y mantener a los soldados sanos dentro de los cuarteles era una ‎opción lógica. De hecho, las bases militares estadounidenses son como pequeñas ciudades, están ‎concebidas para enfrentar un asedio y es teóricamente posible vivir dentro de ellas durante meses. ‎

Sin embargo, el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, tenía intenciones de ‎transformar la sociedad, llegando a hacer desaparecer la diferencia que separa a los civiles de los ‎militares, lo cual permitiría incorporar más fácilmente los civiles a la guerra total contra ‎el terror. Así lo explicaba, en septiembre de 2001, el propio Donald Rumsfeld en las páginas del ‎‎Washington Post [3].‎

Por consiguiente, el doctor Carter Mecher, del servicio de salud a cargo de los veteranos ‎de guerra (Department of Veterans Affairs) y el doctor Richard Hatchett, miembro del Consejo de ‎Seguridad Nacional de George W. Bush, recibieron entonces la tarea de extender al ámbito de ‎los civiles lo que en el mundo militar se denomina “acuartelamiento”. Pero no fue hasta 2006, ‎justo antes de que Rumsfeld dejara el Pentágono, que los doctores Carter Mecher y Richard ‎Hatchett lograron imponer esa norma al CDC (la agencia estadounidense a cargo de la ‎prevención y el control de enfermedades). ‎

La adopción de esa norma desató en Estados Unidos un vendaval de protestas, encabezado por ‎el profesor Donald Henderson, quien había dirigido tanto la escuela de salud pública de la ‎Universidad Johns Hopkins como el sistema estadounidense de respuesta a las epidemias. Para ‎el profesor Donald Henderson –y para todos los médicos que se expresaron en aquel ‎momento– el confinamiento generalizado de la población no tiene ningún sentido desde el punto ‎de vista médico y además viola las libertades fundamentales. Se trata ni más ni menos que de la ‎deriva totalitaria de la administración de Bush hijo, que impuso la adopción de la llamada ‎‎«Ley Patriota» (USA PATRIOT Act) a raíz de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. ‎

En 2017, todos los documentos oficiales estadounidenses sobre la adopción como norma del ‎confinamiento generalizado de la población fueron destruidos por la administración Trump. ‎Richard Hatchett se convirtió en director de la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations ‎‎(CEPI), que coordina las investigaciones mundiales en materia de vacunas. ‎
Uno de los correos electrónicos de Amanecer Rojo. En este mensaje,
‎el doctor Lawler se refiere al plan de encierro forzoso de la
población civil elaborado bajo ‎el presidente George Bush hijo
por los doctores Carter Mecher y Richard Hatchett.

Uno de los correos electrónicos de Amanecer Rojo. En este mensaje, ‎el doctor Lawler se refiere al plan de encierro forzoso de la población civil elaborado bajo ‎el presidente George Bush hijo por los doctores Carter Mecher y Richard Hatchett.

«Amanecer Rojo»

Todos hemos podido seguir las evidentes contradicciones de la Casa Blanca en sus contactos con ‎la prensa sobre el Covid-19. El doctor Anthony Fauci, efímera referencia científica de la ‎Casa Blanca, aconsejó la adopción de las medidas autoritarias para contener la epidemia mientras ‎que el aparentemente inconsciente Donald Trump se oponía a las medidas de confinamiento ‎en nombre de la Libertad de todos. ‎

Para demostrar la incompetencia del presidente Trump, los aliados del doctor Anthony Fauci ‎‎“filtraron” a la prensa una parte de su propia correspondencia [4]. En ella puede verse que ‎los aliados del doctor Fauci formaron un grupo de discusión y de acción llamado Red Dawn ‎‎(Amanecer Rojo) [5]. ‎


El nombre “Amanecer Rojo” (Red Dawn) hace referencia a una ‎operación organizada en 1984 por el entonces secretario de Defensa Caspar Weinberger, quien ‎envió a Europa y Latinoamérica una delegación que reclamaba la ayuda de todos los países ante ‎una invasión inminente contra Estados Unidos. ‎

Jean-Michel Baylet, en aquella época secretario de Estado ante el ministro de Exteriores ‎de Francia, me contó aquel grotesco intento estadounidense de manipulación. Un nutrido grupo ‎de generales estadounidenses llegó a París para explicar –con toda la seriedad del mundo y ‎presentando un montón de diapositivas– que dos pequeños países latinoamericanos, Cuba ‎y Nicaragua, amenazaban a Estados Unidos. En la sala, los diplomáticos franceses pasaron del ‎estupor inicial, al ver que los estadounidenses los creían verdaderamente imbéciles, a los ‎esfuerzos por no estallar de risa ante tales afirmaciones. En respaldo a aquella campaña, ‎el Pentágono hizo rodar en Hollywood una película de propaganda con Patrick Swayze y Charlie ‎Sheen. En 2003, el Pentágono recuperó la denominación “Red Dawn” para designar la operación ‎de captura del presidente iraquí Saddam Hussein.‎

Hoy en día, al identificarse como Red Dawn (Amanecer Rojo), las 37 personalidades que ‎componen el grupo en cuestión ponen de manifiesto su anticomunismo visceral. La URSS ya ‎no existe pero el Partido Comunista sigue dirigiendo China, país designado como origen del ‎Covid-19. Amanecer Rojo dice tener que recuperar el poder para dirigir la guerra. ‎

Entre los miembros de ese grupo también están los inevitables doctores Anthony Fauci (director ‎del National Institute of Allergy and Infectious Diseases) y Robert Redfield (director de los Centers ‎for Disease Control and Prevention, o CDC) y también los doctores Carter Mecher (consejero en el ‎Department of Veterans Affairs) y Richard Hatchett (ahora director del CEPI), los mismos que, ‎bajo la administración de George W. Bush, impusieron extensión a la población civil de la regla ‎militar del acuartelamiento. ‎

Las ideas del doctor Richard Hatchett han sido adoptadas de forma íntegra en Francia por ‎el presidente Emmanuel Macron, o sea “esto es una guerra y tenemos que confinar a todos ‎los civiles en sus domicilios para protegernos”. También las han adoptado algunos gobernadores ‎estadounidenses, pero no el presidente Donald Trump. ‎

El resto es lo que ya conocemos. El pánico se ha apoderado de la opinión pública en la mayoría de ‎los países. Los dirigentes políticos, temiendo ser acusados de negligencia, imitan a los que ‎iniciaron la aplicación del confinamiento generalizado. La regla estadounidense de origen militar, adoptada ‎en Francia, se ha propagado como el virus que supuestamente debería combatir, deteniendo ‎prácticamente la economía mundial. Ahora están empezando a verse problemas de ‎aprovisionamiento alimentario en casi todas partes y, si no se hace algo pronto, comenzarán a ‎aparecer hambrunas, incluso en ciertos sectores sociales de los países ricos. ‎

Notas

[1] «Covid-19: Neil Ferguson, el Lysenko del liberalismo», por ‎Thierry Meyssan, Red Voltaire, 19 de abril de 2020.
[2] «Covid-19: propaganda y manipulación», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21 de marzo de 2020.
[3] “A New Kind of War”, Donald Rumsfeld, The Washington Post, 7 de ‎septiembre de 2001.
[4] Documento: ‘Red Dawn’ Emails (80 p., 24,8 Mo).
[5] “‘Red Dawn Breaking Bad’: Officials Warned About Safety Gear Shortfall Early ‎On, Emails Show”, Rachana Pradhan y Christina Jewett, Kaiser Health ‎News, 28 de marzo de 2020; “The ‘Red Dawn’ Emails: ‎‎8 Key Exchanges on the Faltering Response to the Coronavirus”, ‎Eric Lipton, The New York Times, 11 de abril de 2020; “The Social Distancing Origin Story: ‎It Starts in the Middle Ages”, Eric Lipton y Jennifer Steinhauser, The New York Times, 23 de abril ‎de 2020.

Tomado del Portal: Red Voltaire

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Ninguna Cuarentena ha Superado Ninguna Enfermedad

Por Thierry Meyssan

El presidente Macron justifica las medidas que ha tomado con el consejo que ha recibido de los científicos. Si hubiera cambiado de expertos, habría tenido diferentes consejos. Covid-19 es ahora el tema de estudio, no el conocimiento.
No eres un experto en Covid-19, pero nadie lo es. Los científicos no lo saben todo. En este caso, apenas comienzan su investigación. En ausencia de datos duros, tenemos que tomar las teorías como meras hipótesis. La historia nos enseña que hasta la fecha ninguna enfermedad ha sido superada por las medidas de cuarentena. Las medidas de cuarentena pueden ahorrar tiempo, no derrotar al enemigo. 

Sin embargo, debemos recordar que nunca en la historia se ha superado una epidemia con cuarentenas, sino solo con medidas higiénicas. Las cuarentenas no protegen a las poblaciones en las que la enfermedad ya está presente, solo pueden ahorrar un poco de tiempo.

Debemos tener cuidado con la angustia que lleva a nuestros líderes políticos a tomar las medidas que consideran más radicales, es decir, las más traumáticas, en comparación con las que ya tomaron sus vecinos. La escalada de estas medidas nos enseña el nivel de pánico de nuestros líderes, no los medios para combatir la enfermedad.


l brote de Covid-19 despierta ansiedades ancestrales. Algunos de nosotros percibimos de repente a nuestros vecinos, amigos y familiares como amenazas. Existe un riesgo real de violencia en el futuro cercano.

Ante cualquier peligro, primero debemos seguir siendo razonables , no racionales . Estas son dos formas muy diferentes de pensar. No podemos pensar lógicamente sobre la base de datos incompletos.

Covid-19 es una enfermedad hasta ahora desconocida que parece ser capaz de matar hasta el 1% de la población mundial, pero que hasta ahora solo ha matado a unos pocos miles de personas. Los investigadores apenas comienzan a estudiarlo científicamente. Sabemos que es causado por un virus que se transmite a través de las membranas mucosas de la cara. Nadie sabe cómo evitar su propagación, pero todos tienen sus propias ideas preconcebidas al respecto.

Dependiendo de su cultura, los científicos han asesorado a las autoridades de sus países de manera diferente:

- Las autoridades chinas han practicado la contención de la población junto con una visita médica a domicilio cada dos días. Los sospechosos de estar infectados fueron llevados por la fuerza al hospital. Este método empírico es consistente con la disminución de esta enfermedad. Esto no significa que haya tenido alguna efectividad, ni tampoco que la enfermedad haya sido definitivamente erradicada.
- La Organización Mundial de la Salud aboga por el confinamiento de la población, sin visitas médicas a domicilio. La OMS supone que los niños se convierten en portadores saludables de la enfermedad e infectan a los abuelos en quienes la enfermedad puede desarrollarse de manera aguda.
- Las autoridades suecas están probando un tercer método. Consideran que solo los ancianos necesitan protección y que no hay evidencia de que los niños transmitan la enfermedad. Por lo tanto, solo confinan a los ancianos y no cierran escuelas o negocios.

¿Cuál de estas tres escuelas es correcta, suponiendo que una de ellas sea correcta? No podemos saber hasta que los tres métodos hayan sido probados durante un largo período de tiempo.

Sin embargo, debemos recordar que nunca en la historia se ha superado una epidemia con cuarentenas, sino solo con medidas higiénicas. Las cuarentenas no protegen a las poblaciones en las que la enfermedad ya está presente, solo pueden ahorrar un poco de tiempo.

Debemos tener cuidado con la angustia que lleva a nuestros líderes políticos a tomar las medidas que consideran más radicales, es decir, las más traumáticas, en comparación con las que ya tomaron sus vecinos. La escalada de estas medidas nos enseña el nivel de pánico de nuestros líderes, no los medios para combatir la enfermedad.

Además, como siempre, algunos líderes políticos están instrumentando la crisis de acuerdo con sus agendas personales.

En los últimos veinticinco años, el mundo desarrollado ha experimentado varios episodios de delirio colectivo. Durante la crisis de las vacas locas, sacrificamos ganado en grandes hogueras; en el momento de Y2K, pensamos que los aviones caerían del cielo sobre nuestras cabezas; de cara al 11 de septiembre, pensamos que los bárbaros destruirían la civilización occidental; y así sucesivamente y así sucesivamente. En retrospectiva, todo esto parece ridículo. Consulte los periódicos viejos y verá la credulidad del público, no la de nuestros antepasados, sino la de nosotros mismos, hace unos años.

Occidente es cada vez menos razonable y más y más dogmático. Sin saberlo, nos hemos adherido a una forma religiosa de pensamiento en la que hemos reemplazado la supuesta voluntad divina con el supuesto conocimiento científico.

La ciencia nos dice poco sobre Covid-19 y nada sobre cómo prevenir su propagación. Solo estamos en la etapa de hipótesis.

Tomado de: Red Voltaire

sobre el mismo tema
http://colombiakritica.blogspot.com/2020/03/el-mundo-despues-de-la-pandemia.html

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El Mundo Después de la Pandemia

Por Thierry Meyssan

Las reacciones políticas ante la pandemia de coronavirus se han caracterizado por una ‎serie de sorprendentes carencias de las democracias occidentales, desde la existencia de ‎graves prejuicios hasta la más flagrante ignorancia. Mientras tanto, China y Cuba ‎se han visto mucho mejor preparadas y capaces para enfrentar el futuro.


Las reacciones políticas ante la pandemia de coronavirus se han caracterizado por una ‎serie de sorprendentes carencias de las democracias occidentales, desde la existencia de ‎graves prejuicios hasta la más flagrante ignorancia. Mientras tanto, China y Cuba ‎se han visto mucho mejor preparadas y capaces para enfrentar el futuro. ‎



El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, recibe al presidente de Cuba, Miguel ‎Díaz-Canel, en noviembre de 2018. Cuba facilitó a China la instalación del laboratorio ‎ChangHeber, en la ciudad china de Jilin, para producir Interferón Alfa 2B (IFNrec), un medicamento cubano utilizado con ‎éxito en la lucha contra el coronavirus. El hecho es que los presidentes de China y Cuba, ‎clasificados como “dictadores comunistas” protegen a sus conciudadanos mucho mejor que los ‎dirigentes de las “democracias liberales”.‎
El brusco cierre de las fronteras y, en muchos países, el cierre también de las escuelas, las ‎universidades, las empresas y los servicios públicos, así como la prohibición de festividades, ‎conmemoraciones y otras actividades colectivas, modifican profundamente las sociedades, que, ‎en unos meses, ya no serán lo que fueron antes de la pandemia. ‎

Esta realidad modifica, en primer lugar, nuestra concepción de la Libertad, concepto alrededor del ‎cual se centró la fundación de Estados Unidos. Según la visión estadounidense –visión defendida ‎sólo por Estados Unidos– la Libertad no puede tolerar límites. Todos los demás Estados admiten –‎por el contrario– que no hay Libertad sin Responsabilidad, y estiman por ende que ‎no es posible ejercer las libertades sin definir sus límites. Hoy en día, la cultura estadounidense ‎ejerce una influencia determinante a través de casi todo el mundo. Pero la pandemia acaba de ‎contradecir su visión de la libertad. ‎



El fin de la sociedad totalmente abierta


Para el filósofo Karl Popper (1902-1994), en una sociedad la libertad se mide en términos de ‎apertura. Supuestamente, la libre circulación de personas, mercancías y capitales es característica ‎de la modernidad. Esta manera de ver las cosas prevaleció durante la crisis de los migrantes ‎registrada en 2015. Por supuesto, algunos han subrayado desde hace tiempo que ese discurso ‎permite a especuladores como George Soros explotar a los trabajadores de los países ‎más pobres. Soros predica la desaparición de las fronteras y por ende de los Estados, ‎desde ahora y para favorecer la instauración futura de un gobierno supranacional. ‎

La lucha contra la pandemia de coronavirus vino a recordarnos abruptamente que los Estados ‎están ahí para proteger a sus ciudadanos. En el mundo postcoronavirus, las «ONGs sin fronteras» ‎tendrían por ende que ir desapareciendo y los partidarios del liberalismo político tendrían que recordar que ‎sin Estado «el hombre es el lobo del hombre», según la fórmula del filósofo británico Thomas ‎Hobbes (1588-1679). Por ejemplo, la Corte Penal Internacional (CJI) acabaría siendo algo absurdo ‎a la luz del Derecho Internacional. ‎

El giro de 180 grados del presidente francés Emmanuel Macron es una muestra de esa toma de ‎conciencia. Hasta hace poco, el presidente Macron denunciaba la «lepra nacionalista» ‎asociándola a los «horrores del populismo», pero ahora canta loas a la Nación, único marco ‎legítimo de movilización colectiva. ‎



El interés general


La noción de «interés general», cuestionada por la cultura anglosajona desde la traumatizante ‎experiencia de Oliver Cromwell, se hace indispensable cuando se trata de protegerse de una ‎pandemia. ‎

En el Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson, está teniendo dificultades para imponer las ‎medidas que se hacen necesarias ante la situación sanitaria, medidas de carácter “autoritario” ‎que los británicos sólo admiten en caso de guerra. En Estados Unidos, el presidente Donald ‎Trump, no puede decretar el confinamiento de la población para todo el territorio nacional ‎por ser esta una prerrogativa exclusiva de los diferentes Estados que conforman la Unión. ‎Así que el presidente de los Estados Unidos de América se ve obligado a “torcer” los textos de ‎leyes anteriores, como la famosa Stafford Disaster Relief and Emergency Assistance Act. ‎



El fin de la libertad sin límites para el sector empresarial


En el plano económico, después de haber decretado el cierre de todo tipo de negocios, desde los ‎restaurantes hasta los estadios de fútbol, ya no será posible seguir imponiendo la teoría de Adam ‎Smith sobre la necesidad supuestamente imperiosa de dejar que el mercado sea el rector de la ‎actividad económica. Habrá que reconocer por fin límites a la sacrosanta libre empresa. ‎

La lucha contra la pandemia ha venido a recordarnos que el interés general puede justificar la ‎imposición de límites a cualquier actividad humana. ‎



Las carencias


La crisis del coronavirus tambíen ha puesto de relieve las carencias y fallos de nuestras ‎sociedades. Por ejemplo, el mundo entero sabe que China fue la primera nación en ‎sufrir los efectos de la pandemia… y sabe también que acabó controlándola y levantando las ‎medidas autoritarias que había tenido que adoptar para lograrlo. Pero pocos saben cómo ‎lograron los chinos derrotar el coronavirus. ‎

La prensa internacional ha optado por ignorar los agradecimientos que el presidente chino Xi ‎Jinping expresó, el 28 de febrero, al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. La prensa ‎internacional también ha preferido no hablar de la importancia que tuvo para China el uso del ‎medicamento cubano denominado Interferón Alfa 2B (IFNrec). Por supuesto, esa prensa sí ‎ha hablado del uso de la cloroquina, que ya se utilizaba contra el paludismo. Pero ‎ha guardado silencio sobre las investigaciones destinadas a encontrar una vacuna contra el ‎coronavirus: China ya está en condiciones de realizar los primeros ensayos con humanos a finales ‎de abril y el laboratorio del Instituto de Investigación sobre Vacunas y Sueros de San Petersburgo ‎ya tiene preparados 5 prototipos de vacunas contra el coronavirus. ‎

Esos “olvidos” denotan la “selectividad informativa” que practican las grandes agencias ‎de prensa. Nos repiten constantemente que vivimos en una «aldea planetaria» (Marshall ‎McLuhan), pero sólo nos informan sobre el microcosmo occidental. ‎

Esa ignorancia resulta muy útil a los grandes laboratorios occidentales, entregados a una ‎competencia desenfrenada en el sector de las vacunas y las ventas de medicamentos. Sucede ‎exactamente lo mismo que en los años 1980. En aquella época, una epidemia de «neumonía de ‎los gays», identificada como SIDA en 1983, provocaba una hecatombe entre los homosexuales ‎de San Francisco y Nueva York. Cuando la enfermedad llegó a Europa, el entonces ‎primer ministro de Francia, Laurent Fabius, retrasó el uso del test de diagnóstico elaborado en ‎Estados Unidos para que el Instituto Pasteur tuviera tiempo de elaborar y patentar un test ‎francés. Estaban en juego ganancias ascendentes a miles de millones de dólares… que costaron ‎miles de fallecimientos innecesarios. ‎



La geopolítica después de la pandemia


La epidemia de histeria que acompaña la expansión del coronavirus está desviando la atención de ‎la actualidad política. Cuando esta se termine y los pueblos recuperen el sosiego, el mundo será ‎quizás muy diferente. La semana pasada dedicábamos este espacio a la amenaza que ‎el Pentágono hace pesar actualmente sobre la existencia de Arabia Saudita y de Turquía, ‎dos países que se hallan en la mira de Estados Unidos [1]. ‎Las respuestas, por separado, de Arabia Saudita y de Turquía fueron dos apuestas ‎muy peligrosas: Arabia Saudita inició un ataque contra la industria estadounidense del petróleo de ‎esquistos mientras que Turquía amenazó con implicar a Estados Unidos en una guerra ‎contra Rusia. Son dos amenazas tan graves que habrán de tener respuestas muy rápidamente, ‎el mundo no podrá darse el lujo de esperar tres meses para enfrentarlas. ‎

tomado de: Red Voltaire

[1] «Después de Siria, ¿quién será el nuevo objetivo?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de marzo de 2020.

Sobre el mismo tema

http://colombiakritica.blogspot.com/2020/03/ninguna-cuarentena-ha-superado-ninguna.html

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‎ El incendio de Notre-Dame


El rejuego oculto tras la restauración de ‎Notre-Dame

por Thierry Meyssan

La presidencia de la República Francesa ha utilizado el incendio de la catedral Notre-Dame de París para ‎poner en marcha un proyecto hasta ahora pospuesto. Y lo hace imponiendo reglas ‎inéditas, saltándose las normas vigentes en materia de licitación y de protección del ‎patrimonio cultural. Su objetivo no es restaurar la catedral sino convertir su entorno –‎la Isla de la Cité– en el primer lugar turístico de Europa antes de los Juegos Olímpicos ‎de 2024. Para evitar las limitaciones judiciales, ‎la presidencia de Francia está imponiendo arbitrariamente la hipótesis del incendio ‎accidental. ‎

Cuando comenzó el incendio de Notre-Dame, en la tarde del 15 de abril de 2019, todos ‎los medios de prensa franceses, y muchos medios extranjeros, concentraron su atención en ‎la catedral en llamas. Numerosas televisoras extranjeras abrieron sus espacios noticiosos con esa ‎información. Pero France 2 no lo hizo. ‎
Ese canal de televisión, propiedad del Estado francés, tenía programado dedicar su espacio ‎noticioso al discurso, previamente anunciado, del presidente Emmanuel Macron, colofón del ‎‎«Gran Debate Nacional». Totalmente aturdida por el inesperado drama, la redacción le dedicó ‎finalmente su espacio noticioso, después de expresar su sorpresa ante la posposición sine die ‎del discurso presidencial, que France 2 creía mucho más importante. ‎
La frialdad de la mayoría de los periodistas y la estupidez de los comentarios espontáneos de los ‎políticos pusieron bruscamente de relieve el enorme abismo que separa el universo mental de ‎esas personas del de los demás franceses. Para la clase dirigente, la belleza de Notre-Dame ‎no puede hacer olvidar que se trata de un monumento de la superstición cristiana. Para el ‎público, por el contrario, es el lugar donde los franceses se reúnen como pueblo como muestra de ‎recogimiento o para dar gracias a Dios. ‎
En términos de comunicación, probablemente habrá un antes y un después del incendio de Notre-‎Dame porque una mayoría de franceses quedó tan conmocionada por el siniestro como indignada ‎por la indiferencia arrogante de su clase dirigente. ‎
La Isla de la Cité
y la industria del turismo
Inmediatamente, el presidente de la República, Emmanuel Macron, tomó una decisión que no es ‎reconstruir Notre-Dame sino realizar un difícil proyecto que se había mantenido en espera desde ‎hace 2 años y medio. ‎
En diciembre de 2015, el entonces presidente de la República, Francois Hollande, y la alcaldesa de ‎París, Anne Hidalgo, creaban una misión que trabajó durante todo un año, cuando Emmanuel ‎Macron era ministro de Economía, de Industria y de Actividad Numérica. ‎

Entre las numerosas personalidades que participaron en esa misión estuvieron Audrey Azoulay, ‎entonces ministra de Cultura y actual directora general de la UNESCO [1], y el prefecto Patrick Strzoda, en aquel entonces director del equipo de trabajo del ‎ministro del Interior y hoy director del equipo de trabajo del presidente Macron. ‎

Aquella misión estaba bajo la dirección del presidente del Centro de Monumentos ‎Nacionales, Philippe Belaval, y del arquitecto Dominique Perrault.‎

Luego de señalar que, desde la renovación realizada en el siglo XIX por el barón Haussmann, ‎la Isla de la Cité es un complejo administrativo cerrado al público –complejo que abarca la ‎Sainte-Chapelle y la catedral de Notre-Dame–, aquella misión propuso transformarla en ‎‎«isla monumento». El traslado del Palacio de Justicia así como la reorganización de la ‎Prefectura de Policía y del hospital Hôtel Dieu abren las puertas a la realización de ese proyecto, que ‎implica una reorganización casi total del espacio de la Isla de la Cité. ‎

La misión elaboró una lista de 35 obras coordinadas, como la creación de vías subterráneas de ‎circulación y la construcción de cubiertas acristaladas que cerrarían los espacios internos abiertos ‎de numerosos edificios, para convertir la Isla de la Cité en lugar de visita obligado para ‎‎14 millones de turistas extranjeros al año. ‎
El informe de aquella misión [2] menciona el increíble valor comercial de ese proyecto… sin decir ni una palabra del valor ‎patrimonial, particularmente espiritual, de la Sainte-Chapelle y de Notre-Dame, lugares que el ‎informe enfoca exclusivamente como sitios turísticos, fuentes potenciales de ingresos. ‎
Según los autores del informe, ese ambicioso proyecto no podía realizarse rápidamente, no por ‎falta de financiamiento sino más bien debido a complicadas cuestiones administrativas y enormes ‎obligaciones jurídicas. Aunque la Isla de la Cité cuenta pocos habitantes, todo trámite de ‎expropiación puede prolongarse por décadas. Más inquietante aún es que el director del Centro de ‎Monumentos Nacionales parecía deplorar que fuera imposible destruir una parte del patrimonio ‎para dar realce a otra. ‎
El proyecto de la misión Belaval/Perrault

El proyecto de la misión Belaval/Perrault
Las decisiones de la Presidencia
Después del incendio, se hizo evidente en pocas horas que diversos donantes –desde simples ‎ciudadanos a poseedores de grandes fortunas– aportarían grandes cantidades de fondos. ‎El objetivo de la Presidencia de la República fue entonces instaurar una autoridad capaz de ‎realizar simultáneamente la reconstrucción de Notre-Dame y el proyecto de transformación de la ‎Isla de la Cité.‎

Al día siguiente, el 16 de abril de 2019, el presidente Macron declaraba ante las cámaras de ‎televisión: «Sí, reconstruiremos la catedral Notre-Dame todavía más bella y quiero que se haga ‎en 5 años.» [3]. ‎

Dejemos de lado el «yo quiero», más característico de un empresario que de un responsable ‎político electo para servir a la República. Cinco años es un plazo extremadamente corto para ‎reconstruir una catedral cuyo construcción duró siglo y medio. Pero es el plazo justo para que ‎los trabajos estén terminados a tiempo para los turistas atraídos por los Juegos Olímpicos ‎de 2024. Esa era la fecha prevista por la misión Belaval-‎Perrault.‎

El 17 de abril, el Consejo de Ministros se dedicó enteramente a las consecuencias del incendio y ‎se adoptaron 3 decisiones importantes:‎
 Nombrar al ex jefe del estado mayor de las fuerzas armadas, el general Jean-Louis Georgelin, ‎para dirigir desde la Presidencia de la República una misión especial «para velar por el avance de ‎los procedimientos y trabajos que serán iniciados»;
 hacer que la Asamblea Nacional adopte un proyecto de ley [4] que regirá la recogida de fondos, ‎regularizará la nominación del general Georgelin –quien ha alcanzado la edad límite– y, ‎sobre todo, que dispensará la misión a su cargo de seguir los procedimientos normales ‎en materia de licitación, además de dispensarla también de tener que respetar las leyes de ‎protección del patrimonio y de todas las disposiciones y reglas que puedan obstaculizar sus fines;
 organizar un concurso internacional de arquitectura para la reconstrucción de Notre-Dame.‎


Pero también se tomó otra decisión en ese Consejo de Ministros: acallar todo debate sobre las ‎causas del incendio de Notre-Dame para evitar que se inicie una investigación judicial que vendría ‎perturbar el montaje ya descrito. ‎
La mentira de Estado
El nuevo fiscal de París, Remy Heitz, nombrado gracias a una intervención personal del presidente ‎Emmanuel Macron, aseguró inmediatamente que no es la pista criminal la principal hipótesis y ‎que el incendio fue resultado de un accidente vinculado a los trabajos de restauración que estaba ‎realizándose en Notre-Dame. ‎

Esa afirmación provoca rechazo entre expertos, bomberos, artesanos y arquitectos, quienes ‎estiman que ningún elemento de los trabajos que estaban realizándose podía haber provocado un ‎incendio de tales proporciones en ese lugar ni tan rápidamente. ‎
La insistencia del fiscal y del prefecto de París, Didier Lallement, en pronunciarse sobre ese tema ‎en el lugar mismo del incendio demuestra la elaboración de una versión oficial que no exija la ‎realización de largas investigaciones, las cuales obligarían a preservar el lugar de los hechos. ‎También alimenta interrogantes sobre la pista arbitrariamente descartada de la realización de un ‎acto anticristiano o antirreligioso, en un contexto marcados por los actos de vandalismo contra las ‎iglesias (878 profanaciones en 2017), por el incendio intencional registrado en la parisina Iglesia ‎de San Sulpicio –el 17 de marzo– y el incendio de la mezquita Al-Marwani en la Explanada de las ‎Mezquitas de Jerusalén. ‎

Además, sabiendo que la mayoría de los grandes incendios que han abierto el camino a la ‎realización de proyectos inmobiliarios han sido incendios provocados, se impone un análisis serio ‎de la hipótesis de un acto premeditado tendiente a permitir la transformación de la Isla de la Cité. ‎
Todas esas interrogantes son perfectamente legítimas y quedarán sin respuesta si no se abre una ‎investigación. ‎

Claro, el objetivo del presidente Macron es digno de elogio, pero resulta muy extraña su manera ‎de llevarlo a cabo. La realización del proyecto descrito no es posible sin modificar las reglas del ‎derecho, pero la designación de un general –aunque puede ser una garantía de eficacia– ‎ciertamente no garantiza que se respete el Derecho. ‎
[1] Audrey Azoulay fue ‎elegida directora general de la UNESCO como resultado de las presiones de Francia y a pesar de ‎que tradicionalmente un ciudadano del país sede de una institución internacional no debe dirigir ‎esa institución, además de que existía un compromiso previo para que la dirección general de ‎la UNESCO pasara a manos de una personalidad del mundo árabe. Fue como directora general de ‎la UNESCO que Audrey Azouley publicó un comunicado sobre el siniestro: «Comunicado de la UNESCO sobre el incendio de Notre-Dame de París», Red Voltaire, 16 de abril ‎de 2019.
[2Mission île de la Cité. Le cœur du cœur, Philippe Bélaval y Dominique Perrault, La Documentation française, ‎‎2016.
[3] «Discours d’Emmanuel Macron sur la reconstruction de Notre-Dame de Paris», por Emmanuel Macron, Réseau Voltaire, 16 de abril de 2019.
Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. Ante nuestros ojos la gran farsa de las "primaveras árabes"(2017).

Tomado de: Portal Red Voltaire
 



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Endurece Confrontación Social ‎en Francia‎

Por Thierry Meyssan


El «Gran Debate Nacional» logró desviar la atención de los franceses del grave ‎problema de desindustrialización que habían planteado los Chalecos Amarillos, estima ‎Thierry Meyssan. Por muy interesantes que puedan parecer, las problemáticas que ‎se discutieron durante esa gran sesión de parloteo son absolutamente secundarias dado ‎el prodigioso retraso económico acumulado por la Unión Europea en relación con los ‎países miembros de la Organización de Cooperación de Shanghai.

Los Chalecos Amarillos y la respuesta de Emmanuel Macron
En respuesta al movimiento de los Chalecos Amarillos, el presidente francés Emmanuel Macron ‎anunció algunas medidas sociales y organizó un debate nacional de 3 meses. ‎

Pero al cabo de esas discusiones resulta no sólo que las posiciones siguen siendo las mismas sino ‎que además se han endurecido. ‎

Las medidas sociales que realmente se pusieron en marcha consistieron en aumentar el poder ‎adquisitivo de los trabajadores peor remunerados mediante una revalorización de ciertas ‎subvenciones, en vez de mejorar sus salarios. ‎

El «Gran Debate» permitió que se expresaron 2 millones de franceses, pero la gran mayoría los ‎Chalecos Amarillos prefirió ignorarlo. Se abordaron numerosos temas –como la caída del poder ‎adquisitivo de las clases populares y medias, la ineficacia del Estado en el interior del país y la ‎política energética– pero sin abordar nunca la causa de la crisis. Y es importante recordar que esa crisis, lejos ‎de ser únicamente francesa, está afectando a todos los países occidentales desde que desapareció ‎la Unión Soviética y se acentuó grandemente debido al derrumbe financiero registrado en 2008 ‎‎ [1].‎

Los franceses han tomado conciencia del hecho que la mediana burguesía se ha visto desclasada, ‎obligada a abandonar las ciudades y relegada a la «periferia urbana». Pero siguen sin asimilar la ‎rápida desaparición de la clase media en Occidente y su repentina aparición en Asia. ‎Por consiguiente, no han entendido todavía que los males que los afectan son resultado del ‎éxito de los actores capitalistas que han logrado deshacerse de las reglas políticas, así que siguen ‎considerando responsables a los súper ricos y no a los políticos que han venido eliminando las reglas que ‎los súper ricos tenían que respetar en el pasado. ‎

El desplazamiento de las empresas occidentales que utilizan conocimientos y habilidades básicas ‎puede favorecer a todos sólo si se crean nuevas empresas que utilizan conocimientos y ‎habilidades más avanzadas. Por lo tanto, Asia no ha robado la riqueza de Occidente sino que ‎se ha beneficiado con las inversiones occidentales. La anomalía reside en el hecho que –desde ‎el fin de la URSS– los responsables políticos occidentales renunciaron a regular ese proceso, ‎autorizando no sólo la transferencia de tecnología –como medio de lucrar con la desigualdad ‎de los niveles de vida entre países– sino también para escapar a las responsabilidades sociales. ‎

Los Chalecos Amarillos han evitado cuidadosamente la designación de líderes para su movimiento, ‎dejando así a la clase dirigente sin interlocutor. ‎

Esa clara dirigente, que inicialmente adoptó una actitud conciliadora hacia los participantes en las ‎protestas, endureció bruscamente su actitud hacia ellos cuando entendió que no sería posible ‎resolver la crisis sin afectar directamente su propio modo de vida. Se puso entonces del lado ‎de la oligarquía y en contra del pueblo y desató la represión policial que ya ha causado numerosos ‎heridos y mutilados de por vida. El paso siguiente ha sido dejar el campo libre a los anarquistas ‎para que causen desórdenes del orden público durante las manifestaciones, con lo cual ‎desacreditan las protestas. ‎

Al cabo de estos 3 meses de protestas, la sociedad francesa está simultáneamente más ‎consciente del problema y más profundamente dividida. Hay dos lecturas posibles de este ‎periodo:‎ 

- considerar que los acontecimientos actuales (aumento de las desigualdades; debilitamiento de ‎las instituciones nacionales y evolución hacia un Estado represivo; competencia en cuanto a quién ‎representa al pueblo unido) son similares a los que condujeron a la Segunda Guerra Mundial. 

- o considerar que esos mismos acontecimientos son similares a los que acabaron suscitando el ‎movimiento de las Comunas Libres (como la célebre Comuna de París). 

Esas dos interpretaciones no se contradicen entre sí en la medida en que la Segunda Guerra ‎Mundial fue también una manera de responder a la crisis financiera de 1929 sin tener que asumir ‎sus consecuencias económicas y sociales. ‎

Un sondeo de opinión IFOP-Atlantico del 20 de marzo de 2019 muestra que si bien un 50% de los ‎franceses espera que haya reformas, un 39% estima que habrá que pasar por una revolución. Esa ‎última proporción es dos veces mayor en Francia que en los demás países occidentales donde se ‎realizó el sondeo. Este apetito revolucionario se explica simultáneamente por la tradición ‎francesa y por el muy particular inmovilismo de las instituciones que hace imposible toda solución ‎reformista (las reformas actuales se hacen siempre en beneficio de quienes controlan las ‎instituciones y no a favor del interés general). ‎


La situación de Francia en el mundo


Considerando que la clase dirigente francesa está más preocupada por preservar su modo de vida ‎que por resolver la crisis y que la causa de esta crisis es de naturaleza transnacional, podemos ‎prever que la evolución de dicha crisis dependerá principalmente de factores exteriores.‎

Hace años que existe entre la clase dirigente un debate sobre una eventual decadencia de Francia. ‎Resulta imposible resolver ese debate porque la noción de decadencia responde a valores ‎relativos. Sin embargo, lo que sí es cierto es que Occidente en general, y Francia en particular, ‎se ha visto ampliamente desbordado por otros actores.‎

Desde 2009, o sea desde el derrumbe financiero de 2008, Estados Unidos ha registrado un ‎crecimiento de 34%, la India de 96% y China de 139%, mientras que el “crecimiento” de la Unión ‎Europea fue negativo (-2%).‎

Durante el mismo periodo, Estados Unidos –que gobernó el mundo de manera unilateral ‎a partir del derrumbe de la Unión Soviética– mantuvo su despliegue militar a través del mundo y ‎su capacidad de producción de armamento pero perdió su superioridad tecnológica en el sector ‎militar. Estados Unidos se especializó entonces en la guerra asimétrica, o sea en la manipulación ‎de grupos armados no estatales que Estados Unidos arma y financia. Mientras tanto, Rusia, ‎cuyo ejército se hallaba en ruinas después del derrumbe de la URSS, supo reconstruirse y, gracias ‎a su progreso científico, convertirse en la primera potencia mundial en términos de guerra ‎convencional y de armamento nuclear.‎

En materia de derechos humanos y de derechos del ciudadano, Estados Unidos es el único país ‎que practica a gran escala el asesinato sin juicio mientras que los países miembros de la Unión ‎Europea –incluyendo el Reino Unido, que está a punto de abandonarla– son los únicos Estados ‎que convocan referéndums para ignorar después la voluntad expresada por sus ciudadanos. ‎En Rusia, el índice de población carcelaria es de 385 por 100 000 habitantes pero en ‎Estados Unidos es de 655, o sea un 70% más elevado. ‎

El mundo de hoy no tiene nada que ver con el de hace 10 años. Estados Unidos sigue estando a ‎la vanguardia en Occidente, pero Occidente ya no es la vanguardia del mundo. Rusia y China ‎lo han sobrepasado, tanto en el plano económico, como en el plano militar e incluso en materia ‎de política. Pero seguimos viendo películas de Hollywood, aprendiendo inglés y soñando con pasar ‎las vacaciones en Nueva York, como si nada hubiese cambiado.‎

Creer que una mejor repartición de la riqueza en Occidente puede resolver el problema, como en ‎los últimos 500 años, es sólo una ilusión. Existe, por supuesto, un conflicto de clase que habrá ‎que resolver, pero es de carácter muy secundario en relación con los cambios internacionales. ‎Todas las luchas sociales clásicas serán insuficientes ya que Occidente ha perdido su ‎preeminencia. ‎

¿Cómo desbloquear la situación?

Que Occidente se ha quedado a la zaga de Rusia y China es un hecho, pero no una fatalidad. ‎No se trata aquí de defender la estrategia que Paul Wolfowitz enunció en el momento de la caída ‎de la Unión Soviética, estrategia tendiente a impedir que los competidores de Estados Unidos ‎pudieran desarrollarse más rápido que el país del dólar, sino de precisar que el mundo sería un ‎lugar mejor si todos pudieran desarrollarse libremente. No se trata tampoco de afirmar ‎que todo desarrollo tendría que ser conforme al American Way of Life simplemente porque ‎los recursos del planeta no lo permiten. Se trata más bien de estimular cada civilización a seguir ‎su camino respetando su propio medioambiente. ‎

Sólo un Poder soberano puede ordenar los cambios estructurales. La única escala de gobierno ‎que permite promover el interés general es la Nación. Así que la prioridad debería ser restablecer ‎la soberanía nacional. Simultáneamente, debe instituirse la democracia en el marco nacional, pero ‎esto sigue siendo una cuestión secundaria ante la cuestión primordial del servicio del interés ‎general. ‎

En el caso de Francia, eso significa liberarse tanto del poder político de carácter supranacional ‎como del mando militar extranjero, lo cual significa separarse no necesariamente de la Unión ‎Europea sino de los principios del Tratado de Maastricht y no de la alianza atlántica sino del ‎mando integrado de la OTAN. ‎

Sólo recuperando su soberanía podrá Francia desempeñar un papel en el concierto de las ‎naciones. Por el momento, Francia finge defender el multilateralismo cuando en realidad está ‎aplicando una política de bloque, alineándose sistemáticamente tras las posiciones alemanas. ‎

La primera decisión que Francia tendría que tomar es poner fin a la libre circulación de capitales. ‎No se trata en lo absoluto de prohibir los movimientos de dinero, de renunciar al comercio ‎internacional ni de dirigirse hacia la autarcía sino de recuperar el control de la riqueza nacional, ‎que debe mantenerse en el país que la produce. ‎

La segunda decisión tendría que ser reducir el campo y la duración de la propiedad intelectual, las ‎patentes y los derechos de autor. Los descubrimientos, inventos, creaciones, las ideas en general ‎no son cosa del derecho sobre la propiedad intelectual, pertenecen a todos. Las exclusividades y ‎regalías son medidas temporales que deben reglamentarse única y exclusivamente en función del ‎interés general. ‎

La tercera decisión sería revisar uno a uno los acuerdos comerciales internacionales. El objetivo ‎no es instaurar reglas proteccionistas, que podrían interrumpir el perfeccionamiento de la ‎producción de bienes servicios, sino velar por el equilibrio en materia de intercambio, lo cual ‎no tiene nada que ver con el proteccionismo. ‎

Estados Unidos ha iniciado un proceso de reconquista de su soberanía, renunciando parcialmente ‎a su supremacía imperial y regresando a una posición de simple hegemonía. Al mismo tiempo, ‎está reequilibrando su balanza comercial. Pero mantiene los abusos en materia de propiedad ‎industrial porque estos le garantizan una cómoda renta. ‎

Conclusión

Las reformas resultan siempre menos dolorosas que las revoluciones. En definitiva, son cambios a ‎largo plazo que tendrán que realizarse de una u otra manera. La clase dirigente los rechaza ‎actualmente, pero no podrá impedirlos y sólo puede esperar prolongar su propio confort a ‎expensas del sufrimiento de los demás sectores de la sociedad. Pero ese confort llegará a su fin ‎cuando el Sistema, que actualmente favorece a esa clase, comience a destruir también su modo ‎de vida. ‎

Tomado de. https://www.voltairenet.org/es

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