La Teta Pública

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


El dinero explica el poder, es fuente de engaño, de rebatiñas, guarida de hampones. Algún Papa lo llamó el estiércol del demonio. Para el escritor Fernando Vallejo es la causa de causas que explica la larga historia colombiana, una lucha de unas cuantas familias de la clase dirigente por apropiarse del presupuesto público, para algunos de una quinientas familias, para otros de unas cinco mil personas. Es indiscutible que el principal cáncer que amenaza de muerte a este país como a muchos del hemisferio es la mayúscula corrupción en su compleja variedad: puestos públicos con altos salarios y escandalosas y oscuras prebendas, contratos para hacer puentes donde no hay ríos y así con los demás renglones fundamentales de la economía como son la salud, educación, vivienda, alimentos, pensiones… grandes flujos de dinero son captados y simulan ejecutarse o simplemente cumplen con engordar los negocios de las familias políticas. Es la manera de hacer dinero de nuestros empresarios.

Ejemplos los hay en miles, la irracionalidad por el tener como sucede con los magistrados que devenga alrededor de 25 millones de pesos, más de cuarenta veces de lo que gana un obrero con su sueldo básico. Pero esta cifra es baja, es representativa para un hombre ambicioso. El país conoce que esa alta dignidad así como la de otros muchos de altos cargos tan solo son posiciones estratégicas sobre el tablero del mundo de los negocios. Aquí le llaman la puerta giratoria, en un cargo público se preparan las condiciones para el mundo privado de los grandes negocios, de las grandes empresas, de los grandes empresarios del país, así la riqueza circula entre ellos. 

Ilustra el escándalo del magistrado Pretelt, su alta salario no es lo importante, claves son las funciones de su empleo: definir fallos que favorezcan en dividendos económicos a sus amigos empresarios y las comisiones que ganan bajo la mesa, incluso participar de la repartición de la torta del mundo criminal. Sucedió con la apropiación ilegal de las tierras de campesinos, en alianza con los la delincuencia paramilitar se robaron más de cinco fincas, este magistrado acumuló tierras violando el tope de hectáreas que un ciudadano puede permitirse. En este tema de los altos funcionarios de la justicia que concentran mucho poder, se ha criticado las alianzas abiertas con el mundo del litigio, empresarial y político. Cuando terminan su período, los espera asegurar fallos millonarios, ocupar altos cargos políticos. Tienen mucha capacidad de influir, es la concentración del poder.

La vida se impone. El río del tiempo nos lleva y nos trae. A cada quien le llega su hora, pero la sociedad sigue su marcha. Los hombres son finitos, a cada quien le va llegando su turno, pero la sociedad se mantiene, a menos que a algún loco de atar oprima tan sólo un botón y haga estallar alguna bomba atómica. Mientras tanto se procura vivir en el mejor de los mundos posibles. Colombia tiene esa dura realidad de los chorros de sangre, de los hombres de poder y fortuna inmisericordes, ajenos a la solidaridad y al sufrimiento de sus congéneres pobres. En el presente se busca la paz con los insurgentes, no debemos olvidar que el perdón nos es menos vanidoso que la venganza. 

En la mítica sociedad existen metodologías para aliviar la maldad, para cerrar el círculo de la violencia, los chivos expiatorios son vehículos que catalizan las venganzas y traen la paz. Se me ocurre que una forma de dar sanación, de dar vida es con la donación de órganos. Qué tal si los hombres que antes fueron fuente de maldad y muerte, en un gesto de generosidad donaran sus órganos a sus víctimas o a sus conciudadanos que los necesitaran. Con ello se restablecería la vida a quien la peligra con apagarse. La donación de órganos es una forma de prolongar la vida de quien ha muerto en su posible receptor, se extiende el espíritu de comunidad, nos enlazamos unos a otros cuando antes nos definía el distanciamiento.

Compleja es la sociedad y más aún con los grupos de poder que todo lo envenenan. El poder debe desconcentrarse. Y los daños causados a los hombres deben repararse, deben procesarse con rituales o metodologías que alivien el dolor para que cese el veloz círculo de la violencia. La ambición rompe el saco, la pleonexia llamaron los griegos a esos deseos ilimitados por el tener. En la necesaria organización social a los ratones no se les puede poner a cuidar el queso, pues sabido es que hacen fiesta cuando el gato no está. En las democracias de verdad es fundamental la separación de poderes para sus controles efectivos y evitar que un país se convierta en tan solo una guarida de hampones que rapiñan por la teta pública.




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La Paz de Colombia

Fernando Vallejo

Declaración del escritor, quien fue invitado a la Cumbre Mundial del Arte y Cultura por la Paz. El video aquí


Este sinvergüenza que tenemos en la presidencia, a la que subió predicando la guerra y en la que se reinstaló predicando la paz, por lo menos unas cuantas diferencias tiene con sus interlocutores de La Habana, los hampones de las FARC, con los que negocia de igual a igual: que no vuela torres eléctricas, ni siembra minas quiebrapatas, ni secuestra, ni mata, aunque sí extorsiona, a través de la DIAN, y recluta, a través del Ejército, a cuanto muchacho pobre logra agarrar. 

A lo que le sumo su concierto para delinquir en calidad de director concertador de tres de los grandes combos o mafias de esas que aquí llaman partidos políticos: el de la U, el Liberal y el del Cambio Radical. Cuál cambio, cuál radical, si esto siempre ha sido aquí lo mismo, el reparto del botín de los puestos públicos y sus contratos entre un grupo de bellacos amafiados que se dicen buenos ciudadanos y que montan y desmontan partidos para sus fines. 

La ruina de Colombia es inconmensurable: económica, social, cultural, moral, total. Millones de exiliados, millones de desplazados, millones de desocupados, una deuda externa de 100.000 millones de dólares, un sistema financiero de estafadores, un Congreso de corruptos, un poder judicial corrupto, el campo en ruinas, el peso en picada, la prensa arrodillada, las ciudades en manos del hampa, la inseguridad en todas partes, y como última razón y causa de todos nuestros males, la desaparición del Estado, el cual incumpliendo su función esencial de garantizar la vida y los bienes de todos no se los garantiza a nadie y solo existe aquí para atropellar y atracar: para atropellar con sus trabas y atracar con sus impuestos. 

Pues para tapar la realidad monstruosa con cortinas de humo que no dejen ver lo que pasa, al sinvergüenza le dio por armar en Cuba un dizque “proceso de paz” con la banda más dañina y criminal que haya conocido Colombia, los bandoleros de las Farc. Surgido de la crema y nata de la gusanera de la clase política colombiana y traidor nato, el sinvergüenza de que estoy hablando se llama Juan Manuel Santos.

Que haya sentado en Cuba a sus enviados a negociar con los de las FARC como iguales se me hace perfecto porque lo son: alimañas todos. 

Unos bribones negociando con unos hampones. ¡Pero que haya sentado también a nuestros generales! Generales de Colombia que van a La Habana: ¿acaso a ustedes o a sus hijos los secuestraron o los lisiaron o los mataron los criminales de las FARC? No: a sus soldaditos, reclutados entre los muchachos pobres del pueblo, o a la gente humilde del campo que aquí siempre paga el pato. Ustedes están mandando desde la seguridad de sus oficinas de Bogotá, bañándose en la piscina del Club Militar y mamando a lo grande del presupuesto. Miserables. 

Bendecida por los Castro (sostenedores desde siempre de las guerrillas colombianas porque son como ellos, carceleros, asesinos, narcotraficantes y dizque revolucionarios), la mesa de negociaciones de La Habana lleva ya dos años largos en ellas. ¿Y cómo negocian? En la oscuridad, aunque el sinvergüenza hace creer que es a la luz del día. ¿Y qué negocian? El botín, el de los altos puestos públicos y sus contratos. Los que durante doscientos años han gozado del botín enzarzados en guerras civiles y elecciones resolvieron ahora que a los de las FARC les tocaba probar el pastel al estilo de lo que ya hicieron con los del M-19, quienes lo que no lograron con las armas y el derramamiento de la sangre lo están logrando con el engaño de las urnas. Ya tienen la alcaldía de Bogotá y acabaron con la ciudad. Ahora van a seguir con Colombia. 

Vuelvo al otro. Maneja sus marionetas de La Habana desde aquí mandando llevar y traer. Hoy van las víctimas, mañana los generales, pasado mañana irá Francisco, que es tan bueno. Que aproveche este san Francisco para lavarle los pies a Castro, el tirano que bendijo Wojtyla. 

Hace cinco años, una semana antes de las elecciones en que lo eligieron, el manipulador de marionetas repetía como disco rayado que Álvaro Uribe era el más grande presidente de la Historia de Colombia. No bien salió elegido y al más grande presidente de la Historia de Colombia y su protector le dio su buena patada en el culo, perdón, trasero. Hasta risa me dio. Últimamente le tocó su patada a su exjefe Gaviria. Este payasito traidor sí es muy gracioso. Traiciona aquí, traiciona allá, es el traditor traditorum que diría Cicerón, nuestro traidor de los traidores. 

A García Márquez hace un año, cuando murió, para sacar partido del muerto porque se le tambaleaba su reelección le organizó un homenaje de cenizas presentes en el Palacio de Bellas Artes de México y dijo en tan solemne ocasión que era el más grande de los colombianos: de hoy, de ayer y de mañana. A mí estas hipérboles garciamarquianas de nuestro Nostradamus criollo me encantan, máxime que a Gabito también lo usó y lo tiró. Él usa y tira vivos o muertos, según le sirvan o no le sirvan. ¡No estar vivo Gabito que era tan amigo de los Castro para que le ayudara ahora en sus negociaciones de paz! 

Paso a hablar de las dos ocurrencias más geniales que ha tenido el guerrero pacifista: la “potencia emergente” y la “justicia transicional”. ¿Una potencia emergente con millones de pobres, millones de desplazados, millones de damnificados y millones de exiliados que lavan inodoros en el extranjero? Lo que somos es una potencia exportadora: de colombianos. En cuanto a la “justicia transicional”, en realidad es la impunidad permanente. ¡Dizque esto es una democracia! Esto es una monarquía, y la impunidad la reina de Colombia. Juan Manuel Santos no es más que su primer lacayo. 

Consumado el proceso de paz, ¿Timochenko irá de candidato a la alcaldía de Bogotá? A la alcaldía no: a la presidencia. Para la alcaldía va Iván Márquez compitiendo con los pacifistas Mockus y Petrus. Mockus, lituano huido in útero de Stalin se instaló en Colombia a matar perros con su sicaria Beatriz Londoño, la electrocutadora de Engativá. Pasa por bueno pero es malo. Se hace el loco pero es un imbécil. ¿Y Petrus, el reintegrado del M-19, los que se robaron la espada de Bolívar? Se la habrán robado, pero la devolvieron, y como la devolvieron no se la robaron y entonces ahí no hubo delito. Como no habrá delito, en virtud de la justicia transicional, para el que le voló los ojos con una mina quiebrapatas a un campesino o a un soldado. O los oídos. O las piernas. O para el que lo mató con un burro cargado de cilindros de gas. 

¿Y la reparación satisfactoria a estas víctimas qué? ¿Cómo se logra? Ningún problema. Viene Cristo y les devuelve la vista, el oído, el caminado, la vida a los afectados. ¿Y si no viene? ¡Cómo no va a venir! ¿Entonces para qué somos un país católico? 

Ciento sesenta y dos órdenes de captura pesan sobre Timochenko, quien sumando las condenas que le han impuesto los varios jueces que lo han juzgado tiene que pagar 178 años de cárcel. ¿Cómo resuelve esto la justicia transicional? Muy fácil. Puesto que con capturar al fugitivo una vez ya queda capturado, las 161 órdenes restantes salen sobrando: con una sola captura basta. ¡O qué! ¿Es que usted captura a un prófugo 162 veces? Y puesto que el prófugo se entregó motu proprio acogiéndose a la justicia transicional, quedó sin haber captura pues fue entrega. ¿Y los 178 años de cárcel? Los paga en milisegundos. En la justicia transicional un año es un milisegundo. Por eso es tan transicional. ¿Entonces Timochenko solo va a pagar 178 miles segundos de cárcel? Pobre, no va a alcanzar ni a comerse una empanada de iglesia. 

Habiendo pagado su condena, Timochenko saldrá de la cárcel para las elecciones y de las elecciones para la presidencia. Excelentísimo señor doctor don Timochenko, presidente de la República de Colombia: Espérese un poquito aquí en el lobby antes de ingresar a la sala, que le vamos a tocar el himno. “Oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal”. ¿Qué querrá decir inmarcesible? Piedad Córdoba ha de saber. Piedadcita conoce todas las coordenadas. 

Colombianos: maten, roben, extorsionen, violen, secuestren, que el anticuado concepto del delito aquí desapareció. Somos una potencia emergente, somos la revolución jurídica, somos la vanguardia del planeta. 

Al Padre Eterno le salió su Único Hijo bobo. Se hizo colgar de una cruz para redimirnos, han pasado dos mil años y miren dónde estamos. Peor no puede estar Colombia ni puede estar el mundo. ¿Cuántos años más se van a necesitar para que surta efecto su redención? ¿Otros dos mil? El Hijo de Dios e insultaba con nombres de animales como cualquier Fidel Castro: “Id y decidle a ese zorro que yo predico y hago milagros”, le mandaba decir a Herodes. “Serpientes, raza de víboras”, les decía a los fariseos. Y dizque “No les deis las perlas a los cerdos”. Sí se las doy, y a mis perros caviar. Nunca le cupo en su cabecita loca que puesto que los animales sufren también son nuestro prójimo. Los zorros, los cerdos, los perros, las vacas sufren, por lo tanto son mi prójimo. Su mal ejemplo pervive. Por eso Beatriz Londoño, la sicaria de Mockus, puede electrocutar impune a cuatrocientos perros en Engativá mojándolos con agua en el amanecer de la sabana y tirándoles varillas de hierro electrizadas. ¡No ser yo presidente de esta republiquita para electrocutar a esa vieja en pelota y mojada con agua fría! 

Vuelvo al loquito de Galilea que no quería a los animales como Antanas Mockus. Le dio por abolir la Ley del Talión, la del ojo por ojo y el diente por diente, y miren cómo está el mundo. El hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Su tendencia natural es a obrar mal y no tiene redención. Al niño hay que castigarlo para que aprenda. Sin castigo para el que hace el daño no puede existir la sociedad. Solución rápida: que se restaure la Ley del Talión pero perfeccionada: los dos ojos por uno, todos los dientes por uno, y como el hombre no tiene sino una vida, que el que mate pague con la suya y con la vida de su madre. Repudio la justicia transicional. Repudio que siga habiendo aquí prescripción del delito. Que no se quede en Colombia sin castigo ni el robo de un tornillo. Máxime si se lo sacaron a uno de la cabeza. 

Dos años llevan en La Habana con el cuento de la paz, escamoteando desde el principio, deliberadamente, el punto esencial, el de si van a pagar cárcel por sus crímenes los delincuentes de las FARC. Si sí, cuánto y en qué. ¿En años, o en milisegundos? ¿Por qué lo están dejando para el final? Para embrollar y diluir la infamia contando con la olvidadiza memoria humana. Nada van a pagar. Se reintegrarán a la sociedad como los reinsertados de Uribe, que siguen delinquiendo, y formarán un nuevo partido, el de Justicia y Libertad, para sumárselo al Liberal, al Conservador, al de la A, al de la B, al de la C, al de la U, a la Alianza Verde, al Polo Democrático, al Centro Democrático, a la Opción Ciudadana, al Cambio Radical, y se pegarán de la ubre pública como los de todos estos. 

Andaba de asesor en narcotráfico en México y de negociante en La Habana, de donde acaba de regresar a ocuparse del desminado (no con sus propias manos, claro, con las ajenas), un general Naranjo, de cuatro soles, Ministro para el postconflicto, quien sin haber cruzado una bala con delincuente alguno ha llegado a ser el mejor policía del mundo. O sea que aquí tenemos: el mejor policía del mundo, el mejor presidente del mundo y el mejor colombiano del mundo. ¡Cómo no vamos a ser el país más feliz del mundo! En las pasadas elecciones, para servir a la patria, este general-policía se le ofreció a Santos de vicepresidente para el período de la reelección. No se le hizo porque no contaba sino con dos votos, el suyo y el de su mujer, y Santos le dijo que tenía que poner dos millones, que multiplicara su caudal político por un millón. Pero que llega, llega, y no a la vicepresidencia: a la presidencia. Entonces Santos sentirá en trasero propio lo que sintió Uribe. El que a hierro mata a hierro muere. ¡Ministro del postconflicto! ¡Cuál postconflicto! Mientras no se castiguen los crímenes de las FARC aquí no se ha acabado ningún conflicto. 

Santos: Hace un año en declaraciones a El País de España dijiste (y me podés ver en YouTube leyéndolas en un ejemplar de ese periódico en la última Feria del Libro de Bogotá), que ibas a convocar a un referendo o plebiscito para que Colombia aprobara o rechazara lo que se acordara en La Habana. Como sos un negociante que compra y vende y un fumista que lanza pantallas de humo, te pregunto si nos vas a escamotear ahora el plebiscito. 

Compradores de conciencias con puestos públicos, traidores de lealtades efímeras: Repudio su reconciliación. Repudio su paz. Solo quiero que se les haga justicia a las víctimas de las FARC y se castigue a sus victimarios, y de paso a los que los solapan con conversaciones de impunidad que llaman de paz. 


César Gaviria le entregó a Pablo Escobar a Medellín y a Bogotá para que los bombardera y devastara; le permitió construir su cárcel privada de La Catedral en Envigado para que desde allí siguiera delinquiendo y asesinando y le metiera preso a su viceministro de Justicia; sin haber pavimentado ni una calle abrió la importación de carros y embotelló el país; abrió la importación de textiles y demás productos que aquí se producían y acabó con la industria colombiana. 

Andrés Pastrana, para hacerse elegir, fue a los Llanos a abrazar a Tirofijo y ya electo le entregó el Caguán para lo convirtiera en su bastión desde donde nos atacara. Álvaro Uribe instauró para sí mismo la reelección inmediata; extraditó a los Estados Unidos a espaldas del país, de la noche a la mañana para que no hablaran, a los grandes capos paramilitares, que allá tenían cuentas pendientes por narcotráfico pero que aquí las tenían por los más monstruosos crímenes de sangre; hoy muchos de sus funcionarios más cercanos andan fugitivos acusados de montones de delitos de los que él se lava las manos; y aunque sus hijos se han hecho ricos echando azadón y pala, él como papá está pobre. Pues Juan Manuel Santos fue ministro de los tres y por lo tanto su cómplice. Juan Manuel Santos es el más grande bellaco de la Historia de Colombia, y estas jornadas por la paz una farsa. 

Tomado de la Revista Semana.com

A la pregunta : Qué hay en su discurso para los hijos que sus padres fueron asesinados por el Estado?
Responde Vallejo: No se reproduzcan más que el mundo no va para ninguna parte. Ustedes no tienen el derecho de imponerles la vida a nadie. La vida es un horror. Ustedes no tienen derecho de sacar a nadie de la paz de la nada para traerlos a este horror.

La clase política colombiana produjo a las guerrillas. Las guerrillas produjeron a los paramilitares. Unos monstruos producen otros monstruos. Y otros monstruos producen otros monstruos. Desde que nos independizamos de España estamos en guerras civiles un partido con el otro. Todo el siglo XIX lo pasamos en guerras civiles por los puestos públicos. Lo acabamos con las guerras civiles de los mil días con la que comenzamos el siglo viente.

Aquí no han ido sino detrás del botín pública.

Democracia no son más que unas mafias que se aprovechan del mundo entero, unos pocos se aprovechan.

Yo no vine a dar soluciones porque yo no dañe esto. Yo vine a señalar hampones.

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La Mala Hierba

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


Los dualismos son la estrechez del pensamiento, se alimentan de las exclusiones, se creen poseedores de la verdad, Hitler y su pueblo estuvieron convencidos de ello, a los que creyeron diferentes les sobrevino su mortandad. Se impone su única razón, la exclusión y la muerte son sus credos. Es un pensamiento monolítico, trazos muy bien definidos e indiscutidos, Pero entonces ¿qué es lo distinto? lo contrario es lo múltiple y diverso, lo que está abierto como la mar.

La mala hierba es un buen ejemplo de lo múltiple, de lo inédito, lo impredecible. La mala hierba crece en medio de las plantas imponentes, ella se desborda a fuerza de ser sobria. «La hierba sólo se da en medio de los grandes espacios no cultivados. Rellena los vacíos, crece entre - en medio de las otras cosas. La flor es hermosa, la berza útil, la adormidera vuelve loco. Pero la hierba, la hierba es el desbordamiento, toda una lección de moral.»

Ella traza y sigue su propio camino. Ejemplifica Deleuze refiriendo lo múltiple, los devenires y lo rizomático: Cuando los negros bailan no es que estén poseídos por el demonio del ritmo, es que oyen y ejecutan todas las notas, todos los tiempos, todos los tonos, todas las alturas, todas las intensidades, todos los intervalos. O la literatura como acto de vida y pensamiento que sustituye la propia filosofía por fuera de las grandes facultades y edificaciones que la institucionalizan, convirtiéndola en un producto de bienpensante.

la verdadera filosofía es mala hierba porque es rebeldía, va contra lo que quiere imponerse, contra la cultura que corre con el peligro de establecer formalidades que son como congeladas en el tiempo, como si nadie pudiese modificarlas como pasa con los autoritarismos políticos. Se dice que para que un invento sea incorporado por una gran mayoría tienen que pasar mucho tiempo hasta que se deje la costumbre de hacer las cosas de manera tradicional. 

Un campesino seguirá arando su tierra con viejos métodos desechando las innovaciones que se le proponen. Igual sucede con los empleados de la gran burocracia, lo nuevo lucha en la impotencia contra la fuerza inercial, contra esas viejas formas de hacer las cosas que cada quien considera como lo mejor de lo mejor, el cambio es considerado tan solo extravagancias de inexpertos e ingenuos jóvenes profesionales.

La mala hierba es buen modelo de lo diverso y hermoso de la vida. Crece entre las rectitudes de los totalitarismos y los pensamientos que anhelan uniformidad. La mala hierba es rebeldía creadora.


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El Presente

Por Mauricio Castaño H
Historiador
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Hombres sin presente. Pasamos la vida entera angustiados por el mundo venidero y por el que ya pasó. Cuando menos se piensa el tiempo se nos vino encima, y todo aquello postergado se ha vuelto irrealizable: cuando me jubile leeré los mejores libros, pasearé… y esas miles de cosas más con las que se sueña el hombre del común. Desde la cuna y en la escuela se nos enseña a trabajar duro para ser alguien en el futuro, prepararnos para un hipotético mejor mañana. Ser buen hijo, buen estudiante, buen miliciano, buen trabajador. Y el presente no aparece por ningún lado, ha sido desterrado de nuestra propia cultura. 

Pero esto no siempre fue así. Fueron los estoicos quienes comprendieron y vivieron en un presente extendido en donde confluían el pasado y el futuro. El presente es corporal, pertenece al mundo de lo concreto y no de lo intangible o de lo incorpóreo. El presente es el tiempo de las mezclas o de las incorporaciones, es el proceso de la incorporación misma. Temperar, temporalizar es mezclar. El presente mide la acción de los cuerpos o de las causas. El futuro y el pasado son más bien lo que queda de pasión de un cuerpo. El presente no salta por encima del instante, anulando el Ser para que emerja el devenir, el futuro. Estas ideas son presentadas en el texto la Lógica del sentido de Gilles Deleuze. 

Vivir en y por el presente conlleva a la liberación de sí mismo, no culpar a otros de lo que pueda pasar o de lo que pudo haber sido y no fue. «Mi gusto por la muerte que era el fracaso de la voluntad, lo sustituiré por un deseo de morir, que sea la apoteosis de la voluntad... Conviértete en el hombre de tus desgracias, aprende a encarnar su perfección y su estallido», dice Bousquet. O en palabras de Nietzsche: Lo que convierte las llagas en repugnantes es nuestro desprecio por ellas. Aprender a vivir mí tiempo, tomar las riendas de mi propia vida, ejercer mi voluntad y no responsabilizar a nadie de mis acciones o de lo que he dejado de hacer, tiene el efecto de producir espíritus altivos y libres. Por ejemplo, cuando el cuerpo se encuentra en condiciones mermadas de salud, bien aconseja la sabiduría en disponerse para habitar la enfermedad, incorporar nuevas prácticas convenientes y atrás dejar la mala voluntad, el estar renegando y responsabilizando a otros de nuestras propias desgracias. Así, la libertad individual destituye el resentimiento y una supuesta opresión de la sociedad. No es una voluntad externa, es mi voluntad. Encarnar mi propia herida

Es la habilitación de una ética ciudadana, una ética de sí, una ética de la existencia, ciudadanos constructores, forjadores de sus propios destinos, sin tener necesidad responsabilizar a otros de lo que pueda pasar, mis acciones me competen sólo a mí. Esto es, en pocas palabras las consecuencias sobre la cultura y sobre la existencia que determinan las concepciones del tempo en nuestras vidas. 


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Ciudad

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


La casa no es una suma de ladrillos ni de travesaños. La casa es abrigo, es segunda piel, es nuestro micro universo que nos devela en lo que somos, en nuestros gustos, en nuestra psiquis. La ciudad es nuestro yo exteriorizado, familia extendida que nos identifica en la cultura que nos atrapa, a donde fueres, haz lo que vieres. Cuando se camina por las principales calles de Medellín, queda al descubierto el configurado mundo social. Por el centro confluye la vida del rebusque, atrás quedó el orgulloso vividero de mostrar espaciosos apartamentos de los que las familias adineradas hicieron gala.

Entonces, ¿qué sucedió? Retomando la descripción de León de Greiff:  Nada... Cosas de todo día. Sucesos banales. Gente necia, local y chata y roma. Gran tráfico en el marco de la plaza. Chismes, catolicismo. Y una total inopia en los cerebros... Cual si todo se fincara en la riqueza, en menjurjes bursátiles y en un mayor volumen de la panza. Estamos de acuerdo, al cuerpo entero lo ha sabido coronar la desnuda ambición por el Tener, pasar todo la vida atesorando, viviendo en la tacañería, descuidando las estéticas de la vida, de la ciudad. Sino cómo explicar que lo impersonal del espacio, el descuido de lo bello, le sobreviene su abandono, ventanas rotas, lugares que no provocan por su solo utilitarismo raso de lo mercantil.

Recuérdese el absurdo tiempo aquel en el que la clase dirigente acabó con el Centro de la ciudad, momento en el cual convirtió la avenida Oriental en principal arteria vial, todo el transporte liviano y pesado fue embutido allí, los veloces vehículos desplazaron al peatón y su lento caminar, las calles se volvieron amenaza para las vidas. Además de aquel agitado hollín, sobre vinieron la apertura de locales aquí y allá, carpas improvisadas que se extienden desde sus techumbres, derivando todo lo que atrae al comercio, un local aquí, otro allí, estos a la vez desencadenan en cascada una variedad de ofertas formales e informales ocupando calles y andenes, para caminar, el peatón tiene que saltar de un lado a otro, esquivando obstáculos y ladrones. Discotecas y cantinas ponen otro tanto a lo caótico y ruidoso. Los funcionarios de la planeación llaman a esto zona mixta, la palabreja suaviza esto de lo mercantil y de mal gusto.

Otras dos avenidas, la famosa 33 y sus alrededores, antes bellas casas, de una o máximo dos plantas, con amplios andenes y tranquilas calles, el sólo flujo vehicular principal era el de sus residentes. Pero la dicha duró hasta que vino la llamada zona mixta, poco a poco abrieron un local de repuestos, otro de vanidad, más luego y más acá una pequeña taberna, luego una discoteca, a sus alrededores prostíbulos, y por supuesto todo lo demás que atrae el comercio: venta de drogas ilícitas, las calles, aceras fueron ocupadas por el comercio y automotores, el caminar imposible y vivir muy peligroso.

La otra gran avenida es la llamada El Poblado, le da su nombre la también así llamada comuna, hasta hace muy poco residencia de los ricos de la provinciana Medellín, antes, recuérdese, lo fue Prado centro, luego Boston, y después, se fueron de la ciudad para Llano Grande, en el municipio de Rionegro, muy cerca del aeropuerto internacional, muy propio para estos globalizados empresarios. Está avenida ha sido famosa no sólo porque fue residencia de los ricos (en el imaginario aún se sigue creyendo) ahora lo es de la clase media, allí se lucen los mejores edificios de la banca y de las empresas con sus sedes administrativas, se encuentran lujosos hoteles y buena parte de la oferta gastronómica, los constructores llaman a esta avenida la Milla de Oro, significan con ello lo exclusivo del sector para atraer inversionistas.

Pero en medio y alrededor de todos estos edificios, hoy se encuentra la misma lógica descrita. Para  vergüenza de la entonces estilizada clase rica, por sus aceras desfilaban los sucios y malolientes pobres en busca de sobras de pan, indígenas sentados en las esquinas estirando sus manos para alcanzar algunas monedas de algún transeúnte que quiere cosechar méritos celestes. Allí también se encuentran chazas, alternativas de los pobres desempleados, ofrecen cigarrillos, dulces, frutas, empanadas... en las peores condiciones higiénicas, con la mano que pelan las frutas, con esa misma reciben las monedas, de vez en cuando lavan las manos en una caneca con el mismo caldo biótico conservado durante todo el día. Los transeúntes ya se acostumbraron a los lixiviados y orinas de taxistas, ya hacen parte su degustación.

Y otros iconos tanto el Parque llamado El poblado como el Lleras, tienen sus dificultades. En aquel es plaza de vicio, allí se hacen drogadictos y expendedores, en éste los altos decibeles deleitan a extranjeros y hacen entrar en calor a las mujeres del comercio sexual. Lo llamado de zona mixta vuelve con sus estragos. Cómo no mencionar lo denunciado por los habitantes residentes, el injusto y excesivo cobro de valorización realizado este año por su alcalde, denuncian en ello la conocida metodología de expulsión para favorecer a los constructores.

Esta lógica arrasa a lo largo y ancho con los espacios públicos, desatenta del buen vivir. Del hábitat humano se pasó a zona de comercio. Motos y carros parquean en calles y andenes, y de transeúntes, invidentes, ninguna consideración, eso de ciudad incluyente es pendejada de humanistas, la regla vigente es sálvese quien pueda, que venza el más fuerte, buenos aprendices del errático darwinismo social.

La cultura mercantil toma forma ilegal. Con el episodio del paramilitarismo se acuñó el término Estado Mafioso, expresión luego develada con la toma de peligrosos asesinos en todas las ramas del poder, pasar revista a la prensa para evidenciarse, lo más reciente corre por cuenta de un magistrado corrupto y despojador de tierras a los campesinos.

En la pantalla chica se reproduce y exhibe el crimen y la muerte, enseñan a gozar con la desgracia para ganar rating. Niñas de dos años violadas por sus padres o familiar cercano; hijos y nietos que extorsionan a sus padres y abuelos so pena de muerte; madres hábiles en entrenar a su prole para robos en almacenes; mujeres bellas que usan sus atributos como carnadas para atracar a los viriles y adinerados ejecutivos. Madres que venden a su hija y fingen secuestro para cobrar recompensa. Es mi país con su loco apellido de la inequidad.

Abel fue agricultor, plantaba la vida. Caín fue ganadero, el sacrificio era lo suyo. Diestro en armas, luego mató a su hermano. Los paisas tuvieron por herramientas el hacha y el machete, con aquella hicieron tala, con este el despeje de la maleza y de vez en vez zanjar diferencias por linderos que no cuadraban. Como en el tiempo bíblico, el ganadero familiarizado con la muerte animal pasó al asesinato. Nuestra cultura es mafiosa, la pobreza aviva el fuego violento en un espacio, en una ciudad no apta para la convivencia. Lo mercantil es primacía.


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Espíritu de Comunidad

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


Juntos es mejor, las dificultades son más llevaderas en compañía. Garante de la supervivencia son las agrupaciones de cualquier especie, la comunidad nos hace más fuertes. Yo soy el otro con quien me reafirmo. El estar solo es una declaratoria de muerte como suele suceder con los exiliados, los amnistiados, palabra que connota olvido, la amnistía, la amnesia hacia ese otro que ha sido discriminado, arrancado de su comunidad. El aislamiento y la inmovilidad matan.

Preservar el espíritu comunitario es una de las mayores lecciones aprendidas por el exitoso político y otrora guerrillero Antonio Navarro Wolff. Hace veinticinco años sabía mucho de la nada buena guerra, hoy sabe más de política, de cómo construir país a la luz de los argumentos. Lamenta no haber podido sostener ese espíritu de cuerpo para todos aquellos miembros de su grupo, haber mantenido una comunidad de sentido para continuar soñando por un país más justo, desde las tribunas discutiendo, debatiendo para encontrar fórmulas para una mejor sociedad, evitando su dispersión.

Considera un mayúsculo equívoco los senderos del empresarismo incluido el cooperativismo para los excombatientes, es mejor brindar acceso al estudio hasta lograr su profesionalización. Aventurar empresa en desmovilizados es inducirlos por la destrucción del espíritu colectivo. Sabido es que el capitalismo se nutre de la competencia desleal, prospera el egoísmo, apaga la llama del gregarismo. Por ello es recomendable continuar haciendo política.  ¡Zapatero a sus zapatos!

Ejemplo emblemático del rompimiento del espíritu colectivo, es el mecanismo de participación denominado Juntas de Acción Comunal.  Iniciadas en  década de los años cincuenta, para muchos líderes esto significó construir  más de medio país. La comunidad organizaba convites comunitarios y con pala en mano construyeron carreteras, pavimentaban, acometieron acueductos, llevaban energía eléctrica, construían escuelas, iglesias. Ese espíritu de colectividad materializaba los sueños de una comunidad. Interesante anotar el concepto de barrio, con casas de una planta, todos salían a la calle a la vista de todos, el saludarse era tan común como compartir algún ingrediente faltante para preparar la cena o para hacer los famosos sancochos comunitarios, integradores de toda la barriada.

Pero ¿en qué momento se rompió este tejido social? ¿Qué contribuyó a fragilizar los lazos de comunidad? Hoy el vecino es un extraño, los encuentros más comunes son para reñirse, las inspecciones de Policía están atestadas de querellas por violencia intrafamiliar, esposos maltratadores, incumplimiento de las cuotas alimentarias, abusos sexuales a niños, en las calles la vida la definen las bandas criminales que patrullan e imponen su ley, obligan pagos para sus rentas criminales, ciudadanos de a pie, transportadores y todo tipo de comerciantes son asfixiados con las extorsiones.

Favorece el destejido social la tendencia de los diseños de las construcciones modernas en vertical, los vecinos apiñados se perciben como extraños unos a otros, especie de anacoretas, que a fuerza de tanto verse, apenas si contestan un saludo. Otro tanto se experimenta con las vías diseñadas para viajar rápido (en cápsulas llamadas automóviles) y no hacer paradas en donde compartir un café con los amigos, afanan en llegar al apartamento en donde los espera una silla y al frente la pantalla chica que los enajena, no quieren saber de problemas, como los turistas.

Razón tiene Navarro en objetar el empresarismo. Las experiencias han llevado a la destrucción del tejido social provenientes del gran capital. Un ejemplo registrado por la prensa ha sido el emprendimiento de algunos desmovilizados, los recursos dados por el Estado fueron apropiados por un puñado de comandantes que han prosperado en cadenas de hoteles y de Ongs, dejando a la mayoría de la militancia sumidos en la frustración y en la miseria, una decepción que contrasta con sus otrora sueños de luchar por un mundo mejor, que resultó ser peor. El capitalismo enseña la usura, enriquecerse con las ganancias ajenas, enseña a no compartir. Muchos mecanismos de participación conllevan al deterioro del tejido social, mucho que ver con el presupuesto participativo en Medellín, definido por los mismos líderes sociales como un campo de batalla en donde se dan cualquier tipo de rebatiñas por acaparar unos pesos, buenos aprendices de las máquinas clientelares.

El sentido comunitario se trenza con los sueños por los cuales luchamos (si hay vida, hay lucha. Las ganas de vivir... que nunca falten). El dinero sin esfuerzo corroe, el capitalismo conduce por los senderos de la competencia desleal, no importa que tenga que pasar por encima de mis semejantes. El sentido de comunidad está ligado al trabajo, éste, en sí mismo, es el tesoro como en la fábula de La Fontaine. Por eso viene a bien preservar el espíritu de comunidad, no dispersarlos como sucedió con los desmovilizados paramilitares, que luego engrosaron las filas de las bandas criminales que hoy jaquean a las ciudades con sus rentas criminales.



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Redes de poder

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


Si el poder quieres buscar, el dinero debes encontrar. Tras de cada hombre de poder se encuentra el dueño de un gran capital. Evidente que en el mundo político, la verdadera influencia la ejercen los ricos adinerados. Los políticos son tan sólo extensiones que gesticulan y se mueven según los gustos de sus patrones. Es ya común decir que los empresarios son gobiernistas y no partidistas, esto es, con cualquiera que suba ganan, los gobiernos siempre dependen del poder del dinero, los políticos son solo funcionarios habilidosos en la demagogia para manipular a la mayoría pobre. Aunque existen casos en que no se delega el poder político y son los mismos empresarios quienes toman las propias riendas, caso Silvio Berlusconi en Italia, ejemplos pueden encontrarse en criollos latinoamericanos y quedan a la imaginación de cada quien.

Gianni Versace, en el programa redes de poder de Discovery Civilization, al ser preguntado si en caso de pedir audiencia al Papa, al primer ministro, y a cual político se le antojara, le sería concedida, respondía con un sí, la clave se encuentra en que es el hombre más adinerado de Milán, de Italia. Vuestra Majestad es el dinero. La fortuna provee el poder, el mundo de la fortuna supedita al poder político, el poder empresarial es más perdurable, una empresa familiar puede durar décadas incluso siglos, mientras que un gobierno es cambiante en los períodos cortos establecidos, pero el empresario siempre está ahí, siempre gana sin importar el vigente político.

En la ciudad de los Ángeles, en ese programa de redes de poder, muestran las alfombras rojas de Hollywood y sobre ellas los pasos estilizados de la farándula con sus trajes costosos quieren atraer algún buen contrato pero allá, detrás de los telones no se ocultan sus angustiosos rostros que develan vidas ruinosas gracias al mundo digital y la piratería que parece estarle cavando la tumba a Hollywood. En otro punto de la ciudad se encuentra el alcalde, quien concede unos minutos de su apretada agenda al periodista. Su gran preocupación es mediática, está en que su asesor de imagen seleccione el mejor ángulo de su rostro, la mejor sonrisa simpática, por lo demás todo aburrido, los mismos lugares comunes del demagogo: la ciudad mejorará en vías, seguridad, oportunidades de empleo, y bla, bla, bla.

La expresión redes de poder es común escucharla también en la clase media cuando refiere a contactos que ocupan posiciones privilegiadas en cargos públicos y privados desde los cuales pueden influir y tender la mano a sus amigos y allegados necesitados. Para hacerse a un lugar de poder siendo un ciudadano de a pie o que no tiene influencia, basta con hacerse a un amigo, caerle en gracia a un hombre que tenga alguna porción de poder, entonces tranzan relación haciendo una donación considerable a la campaña de algún político, o con aportarle alguna votación, favores estos que serán regresados.

En los orígenes de la democracia griega estaba el ágora y los civitas, la plaza pública y los ciudadanos, reunidos en sinceridad para buscar soluciones racionales y argumentadas a sus problemas, la actitud parresiastés o decir la verdad a toda costa de cualquier riesgo. Hoy la diferencia es el aparecimiento del grotesco demagogo, quien engaña y suplanta la voluntad general para beneficiar a unos pocos. En la historia cristiana el ángel se cae, se vuelve maldito porque se guarda la información, la retiene para sí, para su provecho; y eso es el poder en la actualidad.

En el mundo futurista Borges se pregunta ¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen.



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Rituales de Sanción

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


La subversión colombiana alega raíces históricas del conflicto armado para esquivar encarcelamientos, mientras que la dirigencia colombiana ve inamovible los castigos para los considerados crímenes de lesa humanidad. La cuerda se tensa con los bandos opuestos, en la mitad la población, la sociedad que ha padecido los efectos de la guerra, y más aún la cultura que como cuerpo vivo reclama para sí dinámicas culturales, sus rituales que suelen darse en donde haya asentamiento humano. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre. 

Las faltas por justificables que sean requieren de procesos de sanción, son maneras en que se dinamizan los procesos de cultura y educación para todos los miembros de una sociedad. Ejemplos son los mitos con su función equilibrio para los grupos humanos en sus particularidades. Nuestra sociedad no escapa de los imaginarios, por tiempos se nos ha enseñado que los males son causa de las guerrillas, es el demonio construido al cual teme la sociedad entera, las encuestas hablan de más del ochenta por ciento del rechazo social hacia la subversión. El sueño de la mayoría pobre es tener un empleo, para el rico bañarse en oro de plusvalía, enseñan a los pobres desde la más temprana edad a soñar con la casa, carro y empleos de subsistencia, quien dispensa es el capitalismo, quien los frena y amenaza son las izquierdas, castro - chavismo es el término acuñado.

Imaginarios los mundos de cada quien, moldeados en el laboratorio del mundo real, de ese que resulta de las interacciones sociales, de sus inercias y de sus innovaciones. Los sueños humanitarios contrastan con el capitalismo neoliberal que esclaviza a sus gentes en el consumo de chucherías, el mismo que fragiliza los lazos comunitarios, el sálvese quien pueda.

Se vive tanto de realidades como de imaginarios, la comunidad es un cuerpo vivo que aprende y desaprende. Las élites en Colombia manejan a su amaño la justicia, con sus crímenes y estafas han estilado que huyen del país, se refugian en otra nación para esquivar los castigos hasta que lleguen sus amigos al poder y los exoneren de culpas. Estos hechos envían mensajes erráticos para el conjunto de la sociedad como que el crimen sí paga. La ley es traje hecho a medida de quien mejor pueda pagárselo, a los demás conformarse con los demasiado ancho o demasiado estrecho.

Las reinserciones del pasado han aportado poco, el capitalismo sigue arrasando con lo poco que queda del Estado de Bienestar, a la mayoría de los ex combatientes se los ha tragado la miseria, a su élite los ha seducido la vida burgués, el trago y los placeres desmedidos son su trofeo a mostrar, muy pocos se merecen el título de luchadores demócratas como lo son Antonio Navarro y Gustavo Petro, persistentes en sus batallas desde lo legislativo y del ejecutivo. La vida en sociedad se teje día a día, paso a paso, las grandes revoluciones empiezan con pequeñas cosas.

Los retos son grandes, la sociedad entera le espera proveerse de sus mecanismos que la recompongan, arregle sus desajustes tanto de la clase rebelde como de la que ha estado en el poder, todos tienen que aprender con los rituales necesarios de sanción.


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Estado Incompleto

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com

Sí queremos paz, pero no la que quieren los fachos, los godos y terratenientes. Estamos alegres y festivos, celebramos el diálogo y sus avances entre las guerrillas de izquierda y el gobierno colombiano, no hay excusa para no hacerlo, no hay razones para seguir insistiendo en la muerte, más de cincuenta años guerreando sin otra victoria que la de un río de sangre, cientos de asesinatos, millones de víctimas. Razón tienen quienes afirman una y otra vez que los muertos caídos pertenecen del bando de los más débiles, de los que nada tienen. He allí una diferencia que parte en dos la historia: mientras que en los inicios de la república por los años de 1829, las llamadas guerras civiles eran encabezadas por representantes de la alta aristocracia o por ellos mismos; las del siglo XX, son por las gentes del pueblo.

Anacronismo llaman a los hechos atemporales. Las sociedades viven sus propias contradicciones, la nuestra la de un Estado incompleto, tiene muchos postulados de la llamada modernidad pero inoperantes cuando se trata de materializar un bienestar general. Por el contrario, los privilegios son para unos pocos y para la mayoría  privaciones y escasez. Se postula el derecho a la paz, y a diario la guerra nos amenaza con llevarnos la vida, otro tanto se dice de la salud, educación y demás de los Estados Modernos. Pero no se puede pretender obtener resultados distintos haciendo lo mismo. Lo que hoy llamamos Estado responde a las características propias de un sistema feudal. No olvidemos que al invento de los Estados está anexo la democracia, garantizar una buena administración de la cosa pública, evitar la concentración de poder que se aleja de lo real y sus pobladores, procurar el bienestar general.

Se nos impone un reto, romper el círculo de la violencia. No será la primera vez, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Somos depredadores y la cultura encausa a tomar atajos para sacar ventajas a nuestros contendores. Nuestro Estado Feudal con máscara de moderno mantiene y perpetúa la violencia. Se guerrea por mantener privilegios, quienes denuncian y proclaman igualdad y libertad son tachados de terroristas. El derecho natural a impugnar es un crimen. Políticos, Empresarios, industriales, académicos, militares, todos ellos a firmar la paz. 

El perdón se hace necesario, pero que haya lecciones de aprendizaje, bien lo ha dicho el primer mandatario que las penas alternativas deben ser efectivas, auténticas, y no simples simulacros. El hombre es un animal de costumbres, en su vivir cultural demanda aprender, representar, rememorar, aplicar. Y si algo no funciona, cambiarlo. No temer a la rebeldía, no olvidar que sólo basta que tan sólo un hombre impugne para percatarse de que algo anda mal en toda la sociedad. La tolerancia es condición para la convivencia.

Comprenden bien quienes insisten en sacar al patán que llevamos dentro, las intervenciones de cultura ciudadana, la pedagogía de la paz se impone para desaprender la guerra y posibilitar el espíritu de paz. Eso está bien que suceda. Pero tenemos un reparo, la paz que se discute es feudal, es de la de los campos colombianos, no vemos plantearse las grandes problemáticas que acechan a más de la mitad de la población que viven en las ciudades. Allí el crimen retumba: desplazados intraurbanos, microtráfico, extorsiones a granel, trata de personas, corrupción de la feudal clase dirigente, los mismos con las mismas, sistemas políticos clientelares, mandatarios demagógicos, robos, obras inconclusas, vías atolladas, creciente contaminación ambiental, asesinatos por cualquier paga, pobreza, delincuencia. Las sujeciones al neoliberalismo fragilizan los lazos entre individuos, impiden y destruyen el tejido social, las relaciones de hermandad. Las ciudades enferman, claman modernidad al Estado aún incompleto. 
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El Arte de vivir en desacuerdo

Richard Sennett:

“La cooperación es el arte de vivir en el desacuerdo”

Ex–músico prodigio, se dedicó a la filosofía gracias a su encuentro con Hannah Arendt luego de un concierto. Especialista en la ciudad y en el trabajo, elabora vías nuevas para “aceitar el motor social” a partir de las diferencias y de los conflictos.

Es como artista, o como artesano, aparentemente como vagabundo, como ha construido su obra. Richard Sennett es ante todo un estilo, una mirada, una manera de escuchar el mundo, un itinerario libre e inclasificable. En sociología, puede pasar meses averiguando sobre las familias blancas pobres de Boston, o sobre los cuello blancos del back-office de Wall Steet arruinados por la crisis de 2008, o deslizarse en el taller de un lutier o en una oficina de arquitecto. De ello saca libros que son otros tantos relatos, que mezclan también la historia, la literatura (ha escrito tres novelas), la filosofía, el arte. Y siempre la música, que lo inspira como en bajo continuo. Nacido en 1943, en un barrio pobre de Chicago, se dedicó primero a la carrera de violoncelista prodigio, antes que su mano le traicionara. A los 19 años, siguió las lecciones de Hannah Arendt. Luego entra a Harvard y se vuelve sociólogo, con un constante anclaje en filosofía en la escuela pragmatista, pero también cerca de su amigo
Michel Foucault.

La ciudad y el trabajo serán sus dos grandes temas. La ciudad, por tanto el extranjero, la identidad, el sujeto urbano, lo múltiple, la soledad, la arquitectura, el urbanismo… El trabajo pues, el taller, la habilidad, la competencia, la cualificación, la obra, la cooperación… Para él, “hacer sociedad” es ante todo “hacer”, y es en la materialidad de los lugares, de las prácticas y de los objetos donde se juega el famoso “vivir juntos”. Homo faber es precisamente el título de la trilogía que comenzó con… el trabajo (el Artesano. Lo que sabe la mano, una defensa del artesanado como modelo del trabajo humano) y que acabará con… la ciudad (la Ciudad abierta, aparecerá en 2016). Entre los dos, como un puente, apareció Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación, donde el sociólogo le vuelve a dar una profundidad histórica a “la cuestión social”. Se trata en el fondo de los lazos entre los individuos, vínculos que alienan o que liberan, sujeciones que según él el capitalismo moderno se dedica a fragilizar o a impedir.

Entrevista hecha por CATHERINE PORTEVIN


Catherine Portevin: Homo faber : ¿cómo define esta expresión su recorrido?

Richard Sennett : Entiendo Homo faber como lo hace Bergson en la Evolución creadora, cuando discute la separación entre Homo sapiens (“que piensa”) y Homo faber (“que fabrica”). La inteligencia humana es fabricada por Homo faber, tiene su origen en la capacidad de “hacer cosas”, fabricar herramientas, y esta creación material es pensamiento del mundo. Lo único que hago es retomar la vieja idea del Hombre como autor de sí mismo, el que fabrica vida a través de sus prácticas concretas. He explorado las competencias que nos son necesarias en la experiencia de vida cotidiana: trabajar, estar juntos, habitar la ciudad…

Su concepción del Homo faber es bien diferente de la de su profesora Hannah Arendt.

Sí, radicalmente, a pesar de toda mi admiración por ella. Hannah Arendt no sentía ningún interés por la técnica o por la cultura material. La prueba de ello es la separación que ella establece entre el trabajo del animal laborans, que sólo asegura la producción útil a la sobrevivencia biológica, y la obra del Homo faber, que participa en el mundo común. Para Arendt, el Homo faber es un ser verbal. Para ella, la creación, la obra, lo social, son ante todo confeccionados por el lenguaje. Para mí, todo es ante todo físico y material, y todo trabajo es obra. “Mi” Homo faber produce significación por el hecho mismo de fabricar alguna cosa, incluso en el trabajo más ordinario.

¿Como fue que su encuentro con Hannah Arendt contó para Ud.?

Ella fue muy importante porque me alentó a dedicarme a la sociología. Yo soy músico de formación, violoncelista y director de orquesta. Comencé muy joven a producirme como solista. Una noche, ella vino a uno de mis conciertos en Chicago – yo tenía 19 años–; yo interpretaba Bartok, un compositor aún desconocido en los años 1960, y que creo que ella conoció. Luego vino a felicitarme al camerino. Y yo le dije cuánto me gustaría estudiar filosofía. Inmediatamente ella me invitó: “Doy un curso sobre Kant en este momento en Chicago, venga Ud.” Me inscribí, era un estudiante muy asiduo, ¡pero no entendí nada! Y el sistema escolar de los EE. UU. me eliminó; perdí el examen con una nota lamentable. Tres años más tarde, tuve que abandonar mi carrera de violoncelista profesional a causa de un problema de la mano. Entonces la volví a ver, le recordé que yo era aquel violoncelista que tocaba a Bartok pero que no entendía nada de Kant. Ella se rió muchísimo, y me ayudó a entrar a Harvard a sociología, y me propuso estudiar filosofía de manera informal con ella, y yo seguí sus lecciones hasta su muerte.

La mano, fue finalmente ¡el gran asunto de su vida!

Sí, mi mano ha estado en el centro de mis preocupaciones; pero esto es algo personal. Hoy veo la mano como un antropólogo. En la evolución de la humanidad, la habilidad para atrapar es un fenómeno cognitivo: la mano piensa. Está en la base de lo que el filósofo Michael Polanyi [1891-1976] llama «el conocimiento tácito», por el cual, como él lo dice, «conocemos más de lo que podemos decir». Es esencialmente por la mano que se desarrolla la rutina, es por ella que hacemos las cosas sin pensarlas. Cómo se conduce este conocimiento tácito hacia lo explícito, para reinscribirlo en lo tácito; esta es la razón fundamental de todo mi trabajo sobre el Homo faber. Esta idea y regreso entre tácito y explícito tiene lugar por el intercambio con nuestro entorno, con los otros. Michael Polanyi es una fuente importante para mí, como por lo demás para otros pragmatistas modernos. Entre los pensadores de la vida cotidiana, Michel de Certeau ha escrito sobre este tema páginas magníficas, pero esta (3) idea de «conocimiento tácito» no se le ocurrió a él. Y me parece muy preciosa para comprender.

Sigue siendo la música para Ud. una referencia constante. ¿De qué manera inspira ella su visión de lo social?

Como Adorno, yo veo la música como representación de la sociedad y no como su producto; la música de Schönberg no está determinada por la Viena de comienzos del siglo XX, pero se puede comprender a Viena a partir de Schönberg. Para la generación de Adorno, esta inversión de perspectiva era una provocación filosófica. Yo me beneficio con su impulso. En el arte se encarnan procesos de maneras de hacer, relaciones con la obra y con los otros, que son formas de la vida social, porque el arte es esencialmente fabricación, materia, creación, así como –sobre todo para la música y las artes de interpretación– ¡vida a muchos! Para comprender lo que es la cooperación, analizo por ejemplo cómo transcurre un ensayo de música de cámara. Para un instrumentista, este paso del ejercicio individual a la música de conjunto es a menudo un choque; y muchos jóvenes prodigios no lo resisten, yo lo viví cuando tenía 10 años, porque nada los ha preparado para estar atentos a los otros, a escuchar, a dialogar. Véase pues durante algunas horas con siete desconocidos para ensayar el Octeto de Schubert. Cada uno trabajó su parte pero ¿cómo ponerse de acuerdo? Un ensayo nos prosperará si ya uno de los intérpretes llega con su concepción de la partitura, o si se discute del sentido de la obra (acaso este es un seminario)… sólo ocurrirá ¡tocando! No se llegará a nada si se busca el consenso; por el contrario es necesario saber expresar y escuchar voces divergentes para producir un sonido colectivo.

La cooperación exigente que defiendo consiste en juntar gente que tiene intereses separados, por no decir contradictorios, que son molestados los unos por los otros, que no son iguales o que no se comprenden. Es una disposición ética que para mí sólo nace de la práctica. Por tanto, ella se adquiere y se forma. Pero sin embargo Ud. dice también que la cooperación está «en nuestros genes»…

El sostén mutuo está inscrito en todos los animales sociales; que se trate de niños jugando, de monos que se espulgan o de hombres que construyen una escalera, cooperan en todo lo que no pueden hacer solos. Pero más allá de la necesidad, la cooperación se desarrolla como habilidad social  ndispensable. Esta habilidad social no consiste en sentirse cómodo en los cocteles mundanos o en venderle no importa qué a no importa quién; se trata de competencias dialógicas.

¿Qué entiende Ud. por «competencias dialógicas» ?

Yo opongo la “dialógica”, tal y como la definió en teoría literaria Mikhail Bakhtine, a la “dialéctica”, tal y como se la comprende a menudo. Cuando Bakhtin habla de dialógico, califica el arte de la novela como polifonía de discursos y de puntos de vista. Esta polifonía deja aparecer las divergencias y las singularidades. La dialógica son discusiones que valen por sí mismas y no por su resolución en un eventual terreno de entendimiento. Mientras que, en la dialéctica propuesta por Aristóteles en su Política se trata claramente de una batalla de argumentos con miras a alcanzar la verdad. Sin embargo Sócrates, con su método, es un bonito ejemplo de discusión dialógica, puesto que él es excelente en reformular las afirmaciones de sus interlocutores para llevarlos a que ellos mismos se comprendan… pero lo hace para conducirlos de la mejor manera a su idea, que se vuelve la idea en común. La dialéctica busca la cooperación como medio para un fin que enfrentaría la síntesis de los puntos de vista, pero no le concede ningún valor a las relaciones que crea el diálogo. Esto tiene importantes implicaciones políticas. Si cooperamos solamente (4) con el fin de realizar un objetivo y, como es muy raro alcanzarlo, entonces terminamos por romper los lazos sociales en vez de reforzarlos. Para mí la cooperación no es el arte de ponerse de acuerdo sino más bien de saber escuchar y saber vivir el desacuerdo.

Ud. lo deplora pero ¿cómo se descalifica hoy el espíritu de cooperación?

Está a la vez amenazado por la competencia –con oposiciones frontales, pro/contra, el “nosotros-contra-ellos” inspirado por el resentimiento, un sentimiento que yo he estudiado mucho en mi vida de sociólogo– y por la tentación de arreglárselas en gavilla –colusiones, coaliciones o cooptaciones enmascaradas– que son la otra versión de “nosotros-contra-ellos”. El capitalismo moderno es responsable de esta descalificación. Cuando las distancias de riqueza se acrecientan, las élites se alejan de la masa, lo que refuerza en la base un pensamiento del “nosotros-contraellos.” En las empresas, todo se hace para debilitar las culturas de oficio, o para distender las lealtades de los asalariados con la empresa y de los trabajadores entre ellos mismos; el trabajo precario, las estrategias a corto términos, los empleos definidos únicamente por productos (task-oriented), la orden expresa de movilidad en las carreras, los constantes cambios de equipos, etc. El trabajo rompe los vínculos y crea un mundo superficial. La cooperación entonces se reduce a la sonrisita del que nos echa.

Finalmente, último fenómeno que ataca nuestras competencias cooperativas, nuestras sociedades se han vuelto complejas, heterogéneas en los planos étnicos y religiosos, lo que favorece el reflejo tribal: cuando se está confrontado a muchas diferencias, uno se constituye en semejantes contra diferentes. El politólogo Robert Putnam averiguó sobre este fenómeno: los que están confrontados directamente a la diversidad tienen más tendencia a replegarse sobre sí, lo que él llama la «hibernación», y, a la inversa, los que viven en entornos locales homogéneos parecen más curiosos por los otros. Vivir con la diferencia plantea problemas muy amplio y complejos. Rehabilitar las competencias de la cooperación es una de las respuestas posibles.

¿Cómo se encarna políticamente este llamado a la cooperación?

Es toda la historia de lo que se ha llamado «la cuestión social» que puede releerse bajo esta luz. Pienso en todos esos experimentos de educación popular en Francia antes de la Primera Guerra mundial, o en los workshops, esos centros de obras sociales y comunitarias estadounidenses, ¡del que yo soy su puro producto! En el curso del último siglo se han enfrentado políticamente a la izquierda dos versiones de la solidaridad, o de la lucha contra las desigualdades de clase o de raza; la una que busca la unidad y debe venir de arriba, la otra que busca la inclusión de las diversidades, y que se juega localmente por la base. Estas dos visiones, entre la unidad y la inclusión, distinguen históricamente lo que se puede llamar «la izquierda política» y «la izquierda social». Es esta última la que parece haber desaparecido, la más próxima del espíritu de cooperación tal y como acabo de definirlo.

La cuestión de la cosa pública amarra todos sus trabajos. En esto, ¿se sitúa Ud. en la filiación de Hannah Arendt y de su preocupación por el «mundo común» ?

No exactamente. Pues fue oponiéndome a lo que yo veía en ella como un rechazo de la modernidad, como me interesé primero en la ciudad. Traté de comprender lo que era hoy el sujeto urbano, buscando lo que había de nuevo en la ciudad contemporánea, y que no correspondía a un modelo ideal que tenía de ella Arendt, el modelo del ágora griego con una separación estricta entre lo político y lo social. Contrariamente a ella, yo pienso que todas las actividades humanas son (5) públicas, incluso si tienen implicaciones diferentes en términos de identidad personal. Pero es verdad que yo veo, como ella, el espacio público fabricado «de mano del hombre», y este mundo común como, decía ella, una mesa entre los que se sientan en torno de ella: los conecta y al mismo tiempo los separa. Cuando analicé el Declive del hombre público en los años 1970, lo hice con este espíritu: denunciando como conservador el culto de la intimidad o de la autenticidad. Ahora bien, el espacio público, el mundo común, tiene necesidad del espesor social para existir, necesidad de las máscaras, de los roles. Por ejemplo, nos imaginamos que cooperamos mejor con gentes que nos están próximas, o que es preciso ser íntimos para trabajar mejor juntos. Esto no tiene nada de verdadero; la distancia es una de las condiciones de la buena cooperación.

¿Qué diferencia hace Ud. entre simpatía y empatía?

Es fundamental. Estas dos palabras frecuentemente son utilizadas como sinónimos, pero para mí la simpatía implica una forma de identificación con el otro; tu experiencia es la mía… lo que es muy presuntuoso. Por consiguiente, si Ud. tiene una experiencia que yo no puedo compartir, nuestros interese divergen… la simpatía es pues un sentimiento superficial y frágil. Mientras que la empatía deja de lado la identificación con el otro para preservar el interés mutuo. Yo no puede identificarme con un musulmán, yo no puedo simpatizar con él porque yo no soy musulmán, pero yo quiero poder trabajar con él. Por el contrario, pretender que «ninguna experiencia me es ajena» es una locura egoísta, que hace estragos políticamente puesto que significa en hueco: sólo puedo hacer sociedad, o ser solidario, con gentes que se me parezcan. La ética de la empatía consiste, por el contrario, en cooperar con aquellos que no se me parecen. Se trata de que las gentes permanezcan juntas y al mismo tiempo conserven sus diferencias vivientes e irresueltas.

Entre las herramientas de la cooperación, Ud. se detiene en la diplomacia. ¿Por qué remontarse a la caballería para comprender nuestra civilidad moderna?

Yo la observo a partir de un cuadro de Holbein el joven, titulado los Embajadores, pintado en 1533, que coincide con el momento en que emerge en la historia la profesión de diplomático. Por allí se imponen nuevas normas de sociabilidad, ya no fundadas sobre códigos de honor, de venganza y de reputación, inherentes a la vida aristocrática y guerrera de la caballería, sino sobre unas habilidades relacionales, sobre códigos de cortesía política.(6)


La cualidad recomendada en el diplomático es una forma de retención ligera que Baldassare Castiglione llama la sprezzatura, una manera placentera de ponerse a distancia de sí mismo, y de mantenerse igual en toda situación y con toda persona. Para favorecer la sociabilidad, serán necesarios “yoes” discretos. Y esta manera diplomática de hacer frente a la diferencia constituye un buen modelo para la cooperación. Es también lo que se llama el «humor subjunctivo» que, en las discusiones, prefiere la duda al fetichismo de la aserción: «me pregunto si…», «hubiera creído…» abren más el espacio que «yo, pienso que…», para escuchar al otro y dejarlo expresar un punto de vista divergente, o muy simplemente por el placer de la conversación, que nunca es superflua ¡para aceitar el motor social!

¿Cómo entiende Ud. el término «comunidad»?

Para nada como los hippies del 68 lo entendían, en una acepción próxima del falansterio. No considero la comunidad en el sentido “comunitarista”, la comunidad racial. Amo la comunidad –la palabra y la cosa– como lugar mixto, mezclado, que reúne gentes cuyo destino es vivir juntos, aquí, en el mismo lugar. La comunidad es una lugar complejo, esencialmente urbano.

¿Hay que amar la complejidad?

Sí, la complejidad de la vida es deseable, es una suerte y una riqueza. A la claridad, yo prefiero la multiplicidad, la ambivalencia, la pluralidad, la opacidad, lo que Kant –el fundador de las Luces– llama «el madero torcido de la humanidad». Con esa madera torcida es imposible querer hacer algo recto. La claridad ¡no estaba en el programa de las Luces!

tr. Luis Alfonso Paláu C., Medellín, 17 de febrero de 2015.

Publicaciones en español

Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación. Anagrama. 2012. ISBN 978-84- 339-6348-2. Vivir con la diferencia es el gran problema urbano que hay que enfrentar con espíritu de cooperación.

El artesano. Anagrama. 2009. ISBN 978-84-339-6287-4. Una inmersión en el taller, un término al que Sennett le restituye toda su profundidad. Y un elogio de la materialidad del trabajo llamado manual, del gesto, de la habilidad, de la repetición, de la obra bella…

La cultura del nuevo capitalismo. Anagrama. 2007. ISBN 978-84-339-6244-7. Carne y piedra: el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Alianza. 2007. ISBN 978-84-206-9489-4. La ciudad descrita a partir de la experiencia corporal: desplazarse, ver, escuchar, beber, comer, vestir.

La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Anagrama. 2006. ISBN 978-84-339-0590-1. No es solo el trabajador el que se ha vuelto “desechable”, lo es la idea misma del trabajo. Aparecen los temas de la descalificación de la habilidad, del valor de la rutina y del gesto artesanal.

El respeto: sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad. Anagrama. 2003. ISBN 978-84-339-6197-6.

El declive del hombre público. Península. 2002. ISBN 978-84-8307-423-7. Sennett se inquieta por los nuevos cultos de la intimidad, de la transparencia, de la exhibición de la persona privada a nombre de la autenticidad. Mucho antes de las redes digitales, Sennett diagnostica, ve un rechazo del espesor social, potencialmente totalitario. Anagrama. 2011. ISBN 978-84-339- 6322-2.7

Vida urbana e identidad personal. Península. 2001. ISBN 978-84-8307-424-4. Primeros trabajos sobre el tema urbano y la formación de las identidades en la ciudad moderna.

La conciencia del ojo. Versal. 1991. ISBN 978-84-7876-078-7. Palais-Royal. Versal. 1988. ISBN 978-84-86717-18-6.

La autoridad. Alianza. 1982. ISBN 978-84-206-2341-2. Narcisismo y cultura moderna. Kairós. 1980. ISBN 978-84-7245-112-4


Richard Sennett en 6 fechas

• 1943 Nace en Chicago

• 1961 Violoncellista profesional, diplomado de la Julliard School of Music de New York

• 1969 Diplomado de Harvard en sociología
• 1977 Fonda el New York Institute for the Humanities en la New York University, con Susan Sontag et Joseph Brodsky

• 1995 Profesor de sociología en la London School of Economics and Political Science. Reparte su vida entre Londres y New York

• 2012 Entra al Theatrum Mundi, red interdisciplinaria de arquitectos y de artistas de New York, Berlín y Londres. (2)  


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