Los Cuatro Peligros

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El Miedo, La Claridad, El Hastío, El Poder son los cuatro peligros a evitar. El inventario es de Gilles Deleuze. El primero de ellos, es el miedo. Es común, todo el tiempo tememos perder nuestro empleo, nuestras rentas, nuestra casa, el ser más querido. Todo se paraliza en el cuerpo. La noticia lo dejó sin fuerzas y se desplomó. Todo se afecta, la manera de percibir, la manera de caminar. No hay ninguna emoción interna, todo sale, todo se manifiesta en lo que hacemos y como nos movemos, todo se va agenciando de pequeños trozos de la existencia. Por eso todo el tiempo estamos evitando tener miedo y por eso esquivamos las arenas movedizas y nos aseguramos la tierra firme. La seguridad tiene muchos adeptos. Amamos la seguridad, nos hacemos los locos con lo imprevisible y lo caótico de la vida. Desoímos a la gruñona pacha mama que nos regaña y nos pone en alerta: La crecida del río, los vendavales se llevan toda la vida, la casa, los cultivos, todo es arrasado.


Segundo peligro, La Claridad. La visión microscópica que nos da toda la seguridad. Todos tenemos micro percepciones que revelan agujeros y espacios en lo que vemos y escuchamos. "Eso es precisamente la claridad: esas distinciones que se establecen en lo que nos parecía lleno, esos agujeros en lo compacto; y a la inversa, donde hace un momento veíamos terminaciones de segmentos bien delimitados, ahora hay más bien franjas imprecisas, intrusiones, imbricaciones, migraciones, actos de segmentación que ya no coinciden con la segmentaridad dura. Todo ha devenido flexibilidad aparente, vacíos en lo lleno, nebulosas en las formas, imprecisión en los trazos. Todo ha adquirido la claridad del microscopio. Creemos haberlo comprendido todo, y sacar las consecuencias. Somos una nueva raza de caballeros, hasta tenemos una misión." (Deleuze, Mil Mesetas. p. 377). 


Es una especie de metamorfosis. La familia deviene grupos, ghettos. Doy la vida por la madre patria. Cada ser se adapta a nuevas situaciones como los virus que se adaptan a las situaciones más diversas. Mi rabia, mi microfascismo. Vadeamos pequeños miedos que salen de nuestros poros de la piel, del agujero negro, pequeñas inseguridades, pequeñas manías que se adueña de nosotros. Reñí con el almacenista porque en su atención fue grosero. El miedo paranoico. Ese jefe tirano me paraliza, lo veo hasta en la sopa. Quiero enfrentarlo, quiero volverme justiciero, tomar la justicia por mis propias manos. El fascismo del alto funcionario que reproduce en sus empleados, todos ellos están dispuestos a seguirlo por el despeñadero de la muerte.


El tercero es el hastío. No hay mucho que decir. Quiero dejar todo, acabar con todo. Ojalá estuviera muerto.


El cuarto peligro tiene olor a muerte, a inmolación. Si muero, otros morirán conmigo, es morir matando. Toda sociedad son flujos de deseos y creencias, y como tales cuantificables, verdaderas cantidades sociales. Todo confluye, todas las líneas de fuerza apunta a una acción, flujos mutantes, deseos desterritorializados, mi amor vuelto odio, se sabe con quién se contrae matrimonio pero se desconoce de quién se divorcia, todo se agencia, se ensambla para la ocasión, se hacen alianzas hasta con el propio demonio si es necesario, lo importante es acumular el poder necesario para hacerse lo suficientemente fuerte como para ser invencible. La guerra en clave de destrucción, el poder de destrucción, la furia catastrófica, es el trazo de la línea de abolición, es solo el residuo de la perdición cuando no se ve un horizonte de esperanza. Condición suicida, nihilismo realizado. Con los nazis se ofrecía éxtasis y muerte, la propia y la de los otros, el festín de la destrucción, apuesta por la muerte, relación especial con el abismo y las tinieblas, ríos de sangre os esperan. Adelante: "Nuestro amado Führer nos arrastra a las tinieblas y a la nada… El Estado suicida, el grito estúpido y repugnante de los nazis: viva la muerte. (Klaus Mann. Citado por Deleuze). No sobra la diferencia entre Estado Totalitario y Estado Fascista. El Totalitario todo lo controla, es vertical. El fascismo opera por células, el Fascista que cada uno lleva por dentro y que se une al festín de la guerra. Todos son peligrosos, pero el más peligroso es el Poder por la capacidad de destrucción que tiene.


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Lo Que Puede un Cuerpo

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Aprender se logra aprendiendo. Lo que hago lo aprendo, lo que veo lo recuerdo y lo que oigo lo olvido, reza el adagio chino. También se dice que un hábito se alcanza en un mínimo de veinte días y un máximo de tres meses. El hábito hace al monje. O el maestro en artes marciales ingenioso de la audaz patada difícil de bloquear, la entrena mil veces al día todos los días. La repetición de una acción se va incorporando en el cuerpo hasta convertirse en algo normal, acostumbrado, se vuelve un gesto técnico que se hace por reflejo, casi que automático. El maestro es el que domina una técnica, todos los días, todas las semanas, meses, años y entonces se tiene al experto. Por las noches mi marido en sus sueños repite con manos y cuerpo lo que hace allá en la fábrica con sus máquinas. Chaplin en Tiempos Modernos también mostró con humor estos automatismos técnicos incorporados en el cuerpo que terminan haciéndose de manera inconsciente.


El aprendizaje es de todo viviente. En el homo sapiens la diferencia estriba en el acto de confrontar a través del pensamiento mismo, pensar es pesar, poner en la balanza para sopesar la mejor decisión posible, la más equilibrada. Es la duda, revelarse, la libertad de decidir, de decir sí o no que inaugura lo diferente y nos libera del tedio, de la monotonía. También se dice que el cerebro tan sólo es un dispositivo de supervivencia. Lo extraordinario y diferente que tenemos con las demás especies es la ventaja del complejo lenguaje y de las herramientas: el homo faber, el hombre que fabrica herramientas. Damos las soluciones frente a las más duras adversidades presentadas en el entorno, hoyamos mejor que el topo y nos elevamos más alto que la mejor ave: exploramos otros planetas. 


Esta facultad de pensar, de confrontar, de decidir va muy de la mano con la voluntad de potencia que tiene cada cuerpo. No todos desean lo mismo, por eso las búsquedas son diferentes, por fortuna escapamos al tedio de lo monótono. En el humano está la voluntad de potencia que va más allá de la sobrevivencia, somos la única especie que le da cuerda al reloj, afanamos nuestros pasos porque la muerte se avecina. Si bien el aprendizaje puede ser utilitarista para los entramados de la producción, el capataz jefe todo el tiempo está en el forcejeo con el empleado para explotar lo mejor.


La diferencia, las capacidades, los intereses diversos y en especial los espíritus más avezados y rebeldes hacen prevalecer sus gustos frente al poder obligado de la fábrica. Inventores, artistas aventuran la errancia, van en contravía llevados por la propulsión de su propio cuerpo. Y es allí, en la motivación personal, donde se instala la capacidad de aprender de cada persona, y el maestro, el profesor es mero invitado, mero acompañante de viaje. Está allí para estimular, para potenciar cada búsqueda. Pero se desdice de esta labor pedagógica cuando impera la trampa de la lógica jerárquica de sabios e ignorantes, maestros y alumnos, dominantes y dominados, adiestradores y adiestrados. En esta dualidad de guerra y sometimiento, el profesor se convierte en obstáculo de las aventuras diversas.


El interés de cada quién, la emancipación es la capa principal que subsidia lo demás de las competencias blandas y duras, pues el individuo está inserto en una sociedad a la que se debe, somos seres sociales, en el aislamiento y en la inmovilidad morimos. Todo en la justa medida. No somos ingenuos para tragar entero el evangelio de la felicidad y los mass media con sus redes sociales que determinan la voluntad individual coartando su creatividad.


En conclusión, educar es acompañar la voluntad de potencia que tiene todo individuo, no imponer verdades y mejor abrirse a las sorpresas en un hondo bosque que se sabe e incierto,  se sabe el punto de partida pero no de el de llegada. Se precisa no caer en la lógica perversa de la dualidad: el sabio que todo lo sabe de una vez y por todas, y el ignorante que nada sabe, todo el tiempo está sometido al maestro y sus currículos rígidos que matan la creatividad y el pensamiento crítico. Respetar la autonomía para potenciar la bondad de la creatividad que emerge de las entrañas del ser. No hay nadie absolutamente sabio, ni nadie absolutamente ignorante. El conocimiento es inacabado. Borges, el de exagerada cultura universal, se declaraba agnóstico, el que no sabe, así permanecía en búsqueda permanente por aprender, por saber. Así un libro es una herramienta de trabajo, siempre dará sentidos nuevos de interpretación. Advertimos de la dictadura, del fascismo del maestro, de la lógica envenenada de la enseñanza para confiar en toda la fuerza creadora de todo lo que puede un cuerpo.


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Libertad Felina

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Los felinos, los gatos no son caprichosos, son libres, su libertad los define bien. Nadie pone en duda que hacen parte de los seres domesticados por el hombre, esto es verdad hasta cierto punto. El gato está donde está la presa. Su acercamiento al hábitat humano fue por el atractivo de los ratones. Si hay hábitat humano hay queso, y si hay queso hay ratones. "En la ausencia del gato, los ratones están de fiesta." Así gatos y hombres hicieron sus alianzas, conviven bajo el mismo techo, bajo mutuos beneficios. Para acentuar la libertad Felina se puede comparar con el perro dócil, obediente, amaestrado, obedece al amo: te estás ahí. Quieto. Y el perro obedece. Con el gato no sucede así. Ellos ejercen su plena libertad, así sea en el encierro de las cuatro paredes de la casa, pero aún así están donde quieren estar: duermen dónde los coja el sueño, es inútil asignarles nidos y lugares predeterminados por el humano, ellos terminan imponiendo su voluntad de principio a fin.

El ejercicio de su libertad también se ve con las preferencias de personas que son de su agrado, permiten su cercanía y consienten a su amorosa mano. Rehuyen de las bruscas manos de los niños que no saben de la caricia suave y sutil. Borges decía de la amistad silenciosa de los gatos, están ahí porque quieren estar, de manera desprevenida. De los faraones también se dice que los tenían por alta estima al asimilarlos con dioses: cuando llegaba un invitado a palacio y los gatos lo repelían, el gesto presagiaba malas energías y un consejo para el faraón de no hacer negocios con el extraño. Esto era acto sagrado, el invitado era expulsado.

Es posible que el silencio y cierta independencia en el gato, sean los atractivos para decidir tenerlos. El pensador Michel Foucault, el literato Julio Cortázar, se les ve amistosos con el gato, quizá sus espíritus convulsionados a la hora de crear, fue el gato quien daba algo de paz. El ego de los humanos en última instancia permite cierto grado de neutralidad e independencia, los halagos como las ofensas resultan incómodas, por ello esos seres genuinos gatunos son tan atractivos. Un gato es un tigre en miñatura, decía Borges. Ellos están ahí, con sentimiento transparente para una merecida compañía.


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La Homosexualidad en lo Sacro

Tomado de: Philophie. Magazine. Marzo 2023

Religión: Jesús también tenía dos papás

¿Qué es la “teología queer”?

Octave Larmagnac-Matheron, publicado el 18 febrero de 2023


La homosexualidad no es un «crimen» sino un «pecado», «como todo acto sexual por fuera del matrimonio». Las recientes declaraciones del papa Francisco sobre la homosexualidad han producido muchas reacciones. Sin embargo existe una teología queer, que interroga el lugar de las personas LGBT+ en el seno de la iglesia y de la fe. Pesquisa sobre un movimiento mal conocido.

El término «teología queer» puede sorprender, puesto que las religiones han manifestado generalmente hostilidad con respecto a los comportamientos y las identidades homosexuales, transgéneros o intersexuales. En sus discursos y sus instituciones, ellas han preferido imponer una separación de los géneros para exaltar la unión heterosexual como la única legítima. Pero desde hace algunos decenios, una teología que se llama queer se desarrolla y gana audiencia. Esta se despliega en dos direcciones: por una parte, el análisis de las lógicas de discriminación con respecto a los individuos LGBT+ en el seno de los discursos teológicos, y por la otra, el cuidado de otorgarles una plaza legítima a las personas que se definen como queers en la vida de las comunidades religiosas y de las iglesias.

Liberar los marginados

La nebulosa de la teología queer es plural, pero se ha desarrollado particularmente en el seno del cristianismo. En The Queer God (2004) de Marcella Althaus-Reid, ella se inscribe en la estela de lo que se ha llamado la teología de la liberación, nacida en América latina [leer nuestra gran serie sobre el tema del pensamiento postcolonial que le concede un amplio lugar, en particular en los episodios 2 y 4]. Esta corriente busca liberar a los pobres y a los excluidos de sus condiciones materiales de existencia precaria, con el fin de devolverles esperanza y dignidad. Pero Althaus-Reid quiere ir más lejos en la misma lógica. Dirigiéndose a esos teólogos revolucionarios, ella escribe: «Y no se les ocurrió en el espíritu, en la época, que era preciso desmantelar la ideología sexual de la teología».

En el artículo «Queer Theology: Reclaiming Christianity for the LGBT Community» (2014), otra representante de esa corriente, Kelly Kraus subraya que en la Biblia, Cristo se muestra atento y benevolente con respecto a todos los que están sometidos al oprobio social, incluidos los que lo sufren en razón de sus costumbres. Ella evoca especialmente el episodio en el que los samaritanos, reputados como inclinados al pecado, le solicitan que se quede con ellos dos días (Juan, 4: 40): «Jesús fue a donde los samaritanos y se quedó con ellos dos días porque le tenía sin cuidado lo que en la época era considerado como un comportamiento inapropiado. Jesús liberó a los samaritanos, y esta liberación es un argumento para la liberación de la comunidad LGBT.» La idea es pues inscribir esta lucha en un marco teológico cristiano.

El sexo de la Trinidad

Esta defensa de los individuos queers en el marco de la religión necesita sin embargo un serio trabajo genealógico. Se trata en efecto de cuestionar la manera cómo las interpretaciones teológicas del corpus cristiano han contribuido a imponer un sistema de normalización y de control de las identidades y de las sexualidades. Por lo tanto es necesario sacudir «la experiencia y el pensamiento heterosexuales que han fabricado nuestra comprensión de la teología, así como el papel del teólogo y de la hermenéutica», es decir la interpretación de los textos sagrados. Se vuelve posible, para Marcella Althaus-Reid en particular, releer los textos para permitir «el redescubrimiento de Dios por fuera de la ideología heterosexual que ha predominado en la historia del cristianismo y de la teología».

Althaus-Reid busca de esta manera, en esta óptica… «comprender y develar un Dios cristiano que se muestra en drag, bajo la forma de la Trinidad». La unión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pilar del cristianismo, constituye en efecto una identidad plural es inestable, según ella. La Trinidad, con la especial presencia del Espíritu Santo, que petenece a la vez a los hombres y a las mujeres, permitiría sacar al cristianismo de una lectura puramente heterosexual.

¿Adán, era un hombre… y Jesús un hetero?

Nos tendríamos que remontar igualmente al Génesis y a la célebre fórmula que postula que «Dios creó al ser humano a su imagen, lo creó a imagen de Dios, creó al hombre y la mujer». Este pasaje es el que a menudo se cita para justificar la bipartición de los sexos. Sin embargo las cosas son más complicadas que esto. «El término “humano” en hebreo es adam», anota en efecto Kelly Kraus. Según ella «Adam no tiene género […] El Génesis 1 dice simplemente que Dios creó a los seres humanos a su imagen», sin que la determinación de género sea inmediatamente determinante.

Y a continuación añade el Génesis, «el Eterno dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”»; Dios crea pues, para Adán, el primer ser, aquella que en general se considerará como su mujer. Pero una vez más, el texto es más alusivo: Él le crea un(a) «compañero(a) que le convenga». Ahora bien, el hebreo expresa simplemente que se trata de un ser ezèr kenegdo (עזר כנגדו), «de fuerza igual» o «que puede aportarle una asistencia conveniente». Según Kelly Kraus, «en este versículo, más bien que encontrar un argumento a favor de la relación complementaria entre el hombre y la mujer, lo que se encuentra de hecho es un argumento a favor de las relaciones entre personas del mismo sexo, pues los seres humanos están descritos desde el comienzo como teniendo necesidad de un compañero, y ese camarada no tiene sexo claramente definido».

La orientación sexual del hijo de Dios, Jesús, es interrogada igualmente por la teología queer. «Jesús ha sido vestido teológicamente como un hombre heterosexual (célibe)», resume Althaus-Reid en otra obra, Indecent Theology (2002). Según ella esta interpretación es eminentemente discutible. ¡Nada permite afirmar la heterosexualidad de Cristo! Algunos elementos siembran la duda. Si a partir del celibato de Jesús se concluye su heterosexualidad, como lo señala Althaus-Reid, es porque la figura del hijo de Dios ha sido normalizada, desexualizada. Esta sexualidad «decente» tiene toda la figura de lo neutro. Evoca un «Jesús con órganos genitales borrados, sin cuerpo erótico». Lo mismo vale para la «virgen» María. Estas figuras toman lugar en una «teología (heterosexual) neutra». Ahora bien, bajo lo neutro idealizado han quedado los cuerpos y sus deseos.

Hay que volver “indecente” a la teología

Contra esta visión, Althaus-Reid promueve por el contrario una «indecentización» del enfoque teológico. Ella invoca un «retorno a las experiencias auténticas de la vida cotidiana, descritas como excéntricas por parte de los hacedores de ideología». Según ella «las teologías sexuales indecentes […] pueden ser eficaces en la medida en que representen la resurrección de lo excesivo», en tanto que se desplieguen desde «la desmesura de nuestras vidas hambrientas: nuestro hambre de alimento, notro hambre de contacto con otros cuerpos, nuestro hambre de amor y de Dios», en un movimiento que no busca excluir sino exaltar la riqueza plural de los amores. Si el primer mandamiento es el de amar, entonces la teología debe hacerle sitio a esta proliferación de las sexualidades. «La sexualidad homosexual, antes que un pecado es un signo del amor de Dios. Gracia al amor de un compañero, un individuo gay o lesbiana tiene la experiencia de una pequeña fracción del amor de Dios» resume Kelly Kraus.

La teología queer insiste en este mandamiento de amar. «En la vida y la enseñanza de Jesús, vemos cómo las relaciones humanas amorosas tienen prioridad sobre todo el resto», incluida una eventual condena de los pecados, subraya Richard Cleaver en Know My Name: A Gay Liberation Theology (1995). Los Evangelios muestran por ejemplo a Jesús en relaciones estrechas con los mal amados. Las prostitutas y los criminales hacen parte de sus conocidos y de sus compañías. En el Evangelio de Juan, cuando los fariseos acusan ante Jesús a una mujer adúltera, Jesús se niega a condenarla. Dicho esto, el hecho de darle prioridad al amor sobre la condena del pecado no impide que ese pecado deje de ser considerado como tal. Es ciertamente el sentido de las afirmaciones recientes del papa Francisco, que ve en la criminalización de la homosexualidad una injusticia con respecto al derecho, pero un pecado desde el punto de vista teológico.

¿Castigar la homosexualidad?

En materia de homosexualidad, y sobre todo de homosexualidad masculina, la lectura del corpus bíblico comprende efectivamente condenas manifiestas. Sin embargo el pastor y profesor de teología estadounidense Jack Rogers en Jesus, The Bible, and Homosexuality: Explode the Myths (2009), considera que ninguna de esas condenas «concierne a Jesús ni incluye sus palabras». El episodio de la destrucción de Sodoma y Gomorra es con frecuencia interpretado de forma simplista como un castigo por la homosexualidad excesiva de sus habitantes. En realidad, muchas interpretaciones subrayan que el castigo «tiene más que ver con la inospitalidad que con la homosexualidad» de los habitantes, como lo señala Kelly Kraus.

Más ampliamente, el término mismo de homosexualidad se aplica mal  en el marco bíblico. «Cuando la Biblia se refiere a la “homosexualidad”, no hace referencia a las parejas de e gays y de lesbianas amorosas y comprometidas que existen hoy», a formas de vida homosexuales o a identidades, «sino que se refiere a un tipo específico de acto sexual», en particular la sodomía. Como añade la universitaria norteamericana Lisa Sowle Cahill en el artículo «Homosexuality: A Case Study in Moral Argument» (1994), los homosexuales no están «impedidos, por su sexualidad, a realizar en su carácter cualidades moralmente loables», a tener «valores o características morales (por ejemplo, la honestidad, la fidelidad, el amor, el servicio, la abnegación)», mucho más esenciales en las perspectiva cristiana que «los valores físicos y los actos materiales».

Un debate sobre la naturaleza del amor

Esta distinción le ha permitido a una parte de las Iglesias cristianas, especialmente a la católica, adaptarse a los desafíos contemporáneos. En esta óptica, el deseo homosexual no es un problema… mientras que él no se realice. «Las inclinaciones homosexuales no son un pecado mientras que no se hayan puesto en práctica, digamos», resume la teóloga estadounidense Linn Marie Tonstad en Théologie queer. Evidentemente que podemos ver en esto un malabarismo que sin embargo se reduce a condenar el homosexualismo masculino al prohibir una práctica central (aunque, por otra parte, las formas de relaciones homosexuales no se reduzcan a ella absolutamente).

Como se puede ver el debate no está zanjado. Otros defensores de la teología queer señalan así una dificultad teológica para llegar a operar la distinción entre la inclinación y el acto. Para Tonstad, esta es una distinción que «Jesús niega explícitamente […] Si tomamos el ejemplo de Jesús, el pecado sexual reside en el deseo, y no necesariamente en lo que el cuerpo hace realmente». Y citan el Evangelio según san Mateo en su apoyo: «Quien mire a una mujer con codicia ha cometido ya adulterio con ella en su corazón» (5,28). En la actualidad, sea lo que sea, sigue siendo imposible la práctica de relaciones homosexuales masculinas liberadas de la cuestión del pecado, en la medida en que el dispositivo normativo de la Iglesia católica no reconoce el matrimonio homosexual, y le niega pues a los homosexuales el marco previo de legitimación de los deseos y de las prácticas sexuales.

Campo de investigación novador y dinámico, la teología queer es igualmente un terreno de debates. Debates que tienden a multiplicarse en el porvenir. Falta por decir que este nuevo campo de pensamiento constituye una riqueza inestimable en la medida en que da a oír puntos de vista situados que no han tenido voz durante siglos en el capítulo. «Nadie ha pensado en hacer teología en los bares gays, así estos estén llenos llenos de teólogos»♥♦, escribe maliciosamente Marcella Althaus-Reid. Quizás llegó el momento.


Religión

El Papa Francisco aboga por una Francia más laica

Cédric Enjalbert, publicado el 4 de marzo de 2016


Con motivo de un encuentro con una delegación cristiana francesa, el martes 1º de marzo de 2016 en el Vaticano, el papa Francisco abogó para que Francia se vuelva un “Estado más laico”. ¿Será posible?

Franceses, un esfuerzo más ¡si queréis ser laicos! Esta fue en sustancia la recomendación dada por el papa Francisco a la delegación de católicos franceses que vinieron a visitarlo en Roma, el martes 1º de marzo.

Durante esa visita hecha por los Les Poissons roses, un movimiento cercano al Partido socialista, creado en 2011 tras los pasos de Emmanuel Mounier y de los filósofos Emmanuel Levinas, Paul Ricœur y Hannah Arendt, el Soberano precisó: «Una sana laicidad comprende una apertura a todas las formas de transcendencia, siguiendo las diferentes tradiciones religiosas y filosóficas.»

¡Atención, sin malos entendidos! Si como Francisco lo cree «Francia debe volverse un Estado más laico», es porque según él todavía le falta. «Una crítica que le tengo a Francia, añade él, es que la laicidad le resulta a veces demasiado de la filosofía de la Ilustración, para la que las religiones eran una sub-cultura. Franca no ha logrado superar todavía esa herencia».

Tratado sobre la tolerancia

Ahora bien ¿cuál es a ciencia cierta dicha herencia? Antes de ser francesa, es inglesa. En efecto, John Locke (1632-1704) es uno de los primeros después de Thomas Hobbes en defender, luego de las guerras de religiones, la separación de la Iglesia y el Estado en su Carta sobre la tolerancia (1689). Según él, la creencia no depende de la voluntad y ella escapa pues a la autoridad política: «el cuidado de las almas no le corresponde al magistrado civil».

En Francia, Voltaire (1694-1778) es quien vuelve a poner la cuestión de la tolerancia sobre la mesa y abre así la vía a la laicidad. Como lo explica Philippe Raynaud, como especialista que es en liberalismo y en pensamiento republicano : «Voltaire es un polemista genial, tanto más eficaz en el Tratado sobre la tolerancia que, contrariamente a lo que hace en otras obras, en esta se dedica a convencer a los creyentes o al menos a sacudir sus certidumbres sin atacar para nada su dogma o su culto. Se dirige a ellos como hombres de buen sentido, susceptibles de escuchar la voz de la razón natural. Es claramente esto lo que desean los que invocan a Voltaire para defender la “laicidad” o la libertad de pensamiento».

Pues la laicidad a la francesa, formalizada luego legalmente por la separación de la Iglesia y del Estado en la ley de 1905, no es ni el ateismo ni lo contrario de la religión ni la irreligiosidad. «La laicidad no tiene que ver con Dios, sino con la sociedad, precisa André Comte-Sponville en su Dictionnaire philosophique. No es una concepción del mundo; es una organización de la Ciudad. […] Lo esencial se sostiene en tres palabras: neutralidad (del Estado y de la escuela), independencia (del Estado con respecto a las Iglesias, y recíprocamente), libertad (de consciencia y de culto).»

Dos principios indisociables

Ferviente republicana marcada por una primera vida de profesora de liceo, la filósofa Catherine Kintzler, se ha dedicado también ella a Pensar la laicidad. De este esfuerzo, ella ha hecho el título de un libro que se ata a una teoría general, que defiende el modelo francés. Según ella, éste no solamente reposa sobre un principio negativo de neutralidad del Estado con respecto a las convicciones sino también sobre «una vertiente positiva: la libre manifestación de todas las convicciones y la libre discusión en el espacio de la sociedad civil. […] La laicidad no le prohibe en absoluto a los individuos que expresen públicamente sus creencias y sus identidades. Las campanas siguen sonando en los pueblos, las mujeres musulmanos que lo deseen son libres de portar el velo en la calle, y, con la única condición de que no cuestionen el orden público, las procesiones religiosas son libres. Y si los signos religiosos están prohibidos en la escuela pública es porque el espacio escolar participa de la autoridad pública. La laicidad no está pues dirigida contra las religiones, por el contrario ella permite su libre despliegue».

Y ella añade y resume en una reciente entrevista: «Este régimen reposa sobre la articulación de dos principios indisociables. Por una parte, lo que participa de la autoridad pública está obligado a abstenerse en lo que respecta a las creencias y a las increencias. Por otra parte, por todas partes fuera de ellas, incluido lo público, es la libertad de expresión la que se ejerce, en el marco del derecho común».

De este modo, no solamente la tolerancia defendida por las Luces no es fundamentalmente hostil a toda forma de trascendencia, como lo da a entender el Papa, sino que hay algo mejor: la laicidad a la francesa defiende la neutralidad de las autoridades públicas, que permite precisamente el «libre despliegue» de las religiones. En breve, ciertamente Francia no ha abandonado su preciosa herencia filosófica y política, ¡gracias a dios!

Traducido por Luis Alfonso Paláu, Envigado, co, marzo 5/2023


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