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Costumbres de Violencia

Mauricio Castaños H.
Historiador
Colombia Krítica
Débora Arango
Colombia es una nación insuficiente se le dice mucho, se debate entre la llamada modernidad y los grandes rezagos del antiguo colonialismo, industrias manufactureras y grandes haciendas agrícolas o de ganadería, un campesinado condenado a vivir en la miseria y unos ricos terratenientes de cultura colonial. 

Las ciudades son una mezcla de ese país con esos halos de modernidad y mucho de clases dirigentes ancladas en un viejo mundo, una clase dirigente inculta que aprendió a hacer dinero con el recurso de la violencia y la corrupción.


Pese a todos esos frenos azarosos de la cultura y quizás del mundo de la técnica, la llamada Colombia y sus ciudades son mayoritariamente una cosa bien distinta a lo que fue el mundo colonial o lo que fueron sus inicios republicanos. Algunos cambios así lo constatan: hoy se puede decir que no hay gente descalza en el país, los zapatos fueron de popularidad después de los años sesenta del siglo pasado, igual sucedió con los cubiertos y vajillas que acompañan las comidas, otro tanto sucedió con la masificación de la letrina o sanitarios, luz eléctrica para uso de los hogares, en fin, así muchos cambios que pueden parecer insignificantes pero que representaron grandes transformaciones para los individuos y para las familias colombianas.


Pero estos cambios tecnológicos si bien afectan o contribuyen a modificar ciertas prácticas cotidianas, existen otras costumbres que no cambian y que perduran y persisten como largas duraciones. La llamada cultura de la violencia es una de esas largas duraciones y en Antioquia se puede visualizar mejor porque tanto se ha hablado y estudiado que se ha vuelto familiar o parte del paisaje.


Es el antioqueño violento y se hace matar por aventajar al otro, en estas tierras se aprendió a usar muy bien la cerca que demarca los predios, y su uso ventajoso de correr la cerca en propiedad ajena hizo que se usara con frecuencia el machete en tiempos pasados y en los modernos el revólver, la escopeta y después de los ochenta el fusil o la motosierra para herir o asesinar a su posible oponente (La motosierra según está documentado se usó por primera vez en el Valle del Cauca para descuartizar campesinos a manos del paramilitarismo). Creemos que el mayor grado de la perfección de este recurso cultural de la violencia se da con el llamado paramilitarismo en donde confluyen esos dos mundos mencionados renglones arriba: terratenientes e industriales en bina usurpando violentamente tierras a campesinos que se volvieron obstáculos para ampliar las tierras de aquellos y también para favorecer logísticas y rutas del rentable negocio del narcotráfico.


Permear es una palabra que puede decir bien lo que ha significado esa toma del camino de la cultura de la violencia: esa violencia imbricada del país colonial y del país moderno ha permeado todos los rincones, todos los intertisios de la sociedad colombiana, de todas sus llamadas clases o estratos sociales. Fue con Pablo Escobar que Colombia se dió a conocer ante el mundo de lo que es una sociedad mafiosa: los delincuentes de cuello blanco se blindan con abogados inescrupulosos que juegan al derecho y al reves con los vacíos de la justicia, politicos aliados con la mafia, un Estado Mafioso,  los niños juegan a ser valientes pillos inatrapables por los policías, los jóvenes no quieren estudiar y mejor optan por el camino que los conduzca a la fácil riqueza, no correrán la cerca pero si echarán por el mejor atajo de llegar a una vida onerosa y bañados en montañas de dinero, aprendieron bien de sus mayores que la finalidad de la vida es hacer riqueza a como dé lugar: el sicario es bendecido por su madre para que le vaya bien en sus fechorías, su religión, su escapulario de María Auxiliadora lo protegerá y lo guardará de cualquier peligro, el sicario bien devoto es. La religión ha sido flexibilizada para salvaguardar el mundo criminal: El popular sacerdote García Herreros bendecía a Pablo Escobar, a los mafiosos, luego que les llenará sus bolsillos y alcancías.


El mundo del estudio y de las profesiones son bien devaluadas, así como la mala madre le dice a su hijo haga plata mijo cómo sea, pero haga, igual la inculta clase dirigente o sus gobernantes le dice a sus conciudadanos: defiendase como pueda, pero defiéndase, es el lenguaje de un régimen salvaje. Ese mismo mensaje pareciera susurrar el gobierno a las universidades públicas cuando recortan drásticamente su presupuesto para educar a la supuesta nueva sociedad.


No se dejará atrás, no se dejará de mencionar las grandes o las mega obras de infraestructura que hacen en el país o en las ciudades, pues su realización obedece a desarrollar o dar continuidad a ese país violento: hacen mega puentes o vías para que la industria automotriz se abarrote de ganancias sin importar su inviabilidad por su contaminación ambiental producida. Hacen parques o andenes en obediencia de la industria cementera. Y si ha de decirse del Estado Social de Derecho, júzguese: recortan beneficios de salud tendientes cada vez más a su privatización, con las pensiones cada vez se es más joven para jubilarse pero cada vez los viejos se hacen a temprana edad pero son inservibles para el trabajo.


En suma, la costumbre en colombia, su cultura está hecha con un tejido fuerte de una violencia salvaje en donde predomina el sálvese quien pueda, la solidaridad es un término escaso, y el valor de la vida se escapa velozmente. El mundo viejo terrateniente se trenza con un tímido sector industrial para parir lo más atrasado del denominado mundo contemporáneo.

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Impuestos y Formalización

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Todos creen estar tirando su dinero por la alcantarilla cuando se trata de pagar impuestos. Y no es para menos si los mismos son asociados a la corrupción. Y es precisamente esa desconfianza la que se ha instalado y frenado la construcción de Estado en Colombia, nadie quiere pagar impuestos a consciencia y mucho menos si se sabe que su destino no es para fondos que tienen por objeto el bienestar general, que los recaudos no van a retornar en bienes y servicios tan esperados por todos, por el contrario, los campesinos y ciudadanos de a pié constatan a diario las malas vías, el mal estado de las escuelas, el pésimo servicio en la salud, y un largo etcétera, etcétera. 

La desconfianza reina y sobre todo cuando se asocia a políticos que sólo trabajan para sus intereses particulares, es ya común decir que los ricos cada vez se hacen más ricos y los pobres más pobres. Así lo muestran los indicadores como el coeficiente de gini que miden la desigualdad.  Cada vez el Estado Social o benefactor es desmontado llevando a la miseria a las clases menos pudientes y a los más ricos les aumenta sus privilegios, para muestra un botón: las llamadas zonas francas con privilegios tributarios para los más adinerados, los exiguos impuestos a las llamadas gaseosas de alto consumo para las empresa monopólicas cuyo ingenio es colorear agua y verter azúcar, que por lo demás son insalubres y que cada vez ganan más enfermos, desangrando así el sistema de salud pública.

Es todo un reto poner en cinto la corrupción para bien lograr las inversiones públicas y así poder justificar un llamado al pago de los impuestos. Este tema es digno de tener en cuenta para la denominada Formalización de más del cincuenta por ciento de la propiedad pretendida por el Estado colombiano y en concreto por la Agencia Nacional de Tierras. El contribuyente de algunas décadas atrás, de arraigo campesino, tenía una motivación intimidatoria con el pago tributario, pagarlo era cosa sagrada porque de no hacerlo, en su imaginario mortificaba la idea de que el Estado podía quedarse con lo poco que tenía como era su parcela y lo más importante: su vivienda. 

No sucede con las generaciones actuales y en especial quienes son herederos y máxime aún si están inmersos en la economía de la ilegalidad… para qué formalizar, calculan ellos, si cuando menos se piensa viene la ley y se queda con todo, la idiosincrasia manda entonces sacar el mayor provecho de lo que se pueda y después que pase lo que tanga que pasar. A  ello se suman los actores armados que son ley en los territorios estratégicos de los cultivos ilícitos, son ellos quienes dejan vivir y hacen morir, son ellos quienes imparten pautas de comportamiento a sus gentes, quienes acumulan grandes riquezas producto de la extorsión hechas al ciudadano de a pié, a pequeños y grandes comerciantes, todo es gravado es sus territorios, ellos son amos y señores de la tierra y de la vida de las personas. 


La cultura de la ilegalidad y en especial con los cultivos ilícitos arrastran a la gente por el dinero fácil y rápido, pero pese a ello las gentes han ido percibiendo que de eso tan bueno no dan tanto, quienes han incursionado en ello, muchos siguen en la miseria o más hundidos de lo que estaban, y a decir del voz a voz, los pocos  peones que logran conseguir un peso de más han tenido que salir de huidas de quienes disputan el monopolio y porque cada vez el negocio es tomado por los grupos ilegales que controlan la producción y distribución de los productos ilícitos.

Todo este contexto justifica en cierta medida ese zócalo de pesimismo que permea la cultura. Por ello se precisa entender la gran importancia de movilizar algún sentido social y comunitario que haya en el territorio, interesa mucho la acometida o el camino veredal, si está la caseta comunal o la escuela. Obras son amores! Cualquier intervención en el campo colombiano y sobre todo en el tema de formalizar predios debe ir en dupla, deber ir de la mano con proyectos productivos, pues la tierra pelada no es atractiva, si se garantiza la producción sí que lo será. Esto conduce por las vías de ganar legitimidad y sostenibilidad y sobre todo empezar a entender que los recaudos equivalen a un sistema de cooperación en donde todo ponemos y todos ganamos, razón de ser del Estado Social de Derecho prestador de bienes y servicios.


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Los mismos con las mismas

Por: Alfredo Molano Bravo


Cuando hice las entrevistas para escribir Los Años del Tropel, Rafael Naranjo, alias el Vampiro, me reveló un secreto de la mecánica política de la violencia de los años 1950: Laureano Gómez escribía los editoriales de El Siglo y los “pájaros” del Valle del Cauca los ejecutaban. Los “pájaros” eran una poderosa organización mandada por el célebre Ángel María Lozano, el Cóndor, con el apoyo de la Iglesia de Tuluá, del Directorio Conservador del Valle y de Rojas Pinilla. Llevaron a cabo varias masacres, entre ellas las de El Dovio, La Primavera, y el incendio, y la destrucción de los pueblos de Ceylán y San Rafael, que costaron 300 muertos. Su autor material fue el Vampiro.

La relación entre las armas y las letras no es inocente y por eso es peligrosísima e incendiaria la tesis proclamada a voz en cuello por Fernando Londoño Hoyos como objetivo del uribismo: Hacer trizas el maldito acuerdo de La Habana. Hacer trizas, según la Real Academia Española, significa: “destruir completamente, hacer pedazos menudos algo” y triza es “un pedazo pequeño de un cuerpo”. Es inevitable que cuando se dice trizas, se piense en la motosierra. Trizas se hacen hoy las selvas con la motosierra como antes con el hacha. Trizas se hacen con una hachuela los cuerpos humanos en las casas de pique en Buenaventura. Hechos trizas quedaron los campesinos que los paramilitares mandaron despresar en El Salado, Montes de María; El Tigre, Putumayo; Arenales, Bolívar. En trizas repartieron el cadáver de José Antonio Galán.

¿Cómo leerán los capos de los Urabeños, de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), de las Águilas Negras y demás sociedades el mensaje del ubérrimo doctor Fernando Londoño Hoyos? En su último boletín de mayo, las AGC han declarado objetivo militar a los defensores de derechos humanos, reclamantes de tierra, miembros de la Unión Patriótica y de Marcha. A esos asesinos les caen como anillo al dedo los propósitos políticos del Centro Democrático, cuyo presidente honorario es el ínclito varón doctor Londoño.

De otro lado –para decirlo de alguna manera–, ya ha comenzado el bombardeo contra el acuerdo de tierras de La Habana y el objetivo es el tema de los baldíos, que es en el fondo el verdadero problema agrario desde siempre. Todas las medidas, desde las tomadas por el general Reyes en 1904; pasando por la Prueba Diabólica de Abadía Méndez, que obligaba a los propietarios a mostrar los títulos legalizados sobre sus haciendas; siguiendo con la Ley 200 de 1936, la 135 de 1961 y la 160 de 1994, todas –digo– trataron de regular la distribución de baldíos y todas han fracasado porque ni los partidos tradicionales ni el maridaje de los terratenientes con los empresarios han permitido siquiera el levantamiento de un catastro cierto y confiable. Por tanto, la Nación no sabe lo que tiene ni lo que le roban: el 60 % de los predios ocupados están sin título. El Estado protege ese vacío para permitir la ocupación de hecho y facilitar la usurpación de predios sin registrar, como pretenden hacerlo precisamente las Zidres. Cuando el Centro Democrático y Cambio Radical dicen que el acuerdo de La Habana arrasará con la propiedad privada, están diciendo que no se toquen sus baldíos que están ocupando o han sido titulados irregularmente. Cuando los terratenientes hablan de expropiación no incluyen en el término las parcelas campesinas, que son las que ellos expropian.

Es la misma cantaleta que Juan Lozano y Lozano le montó a López Pumarejo durante la Revolución en marcha con la que justificaron los conservadores la Violencia y que usaron Gómez Hurtado para atacar la Reforma Agraria y Guillermo León Valencia para bombardear a Marquetalia.

Hacer trizas los acuerdos sobre tierras tiene una larga historia y unas obligadas consecuencias.




" Adenda. Mi apreciado amigo el exsuperintendente de Notariado, Jorge Enrique Vélez, ignoro si en nombre propio o de Cambio Radical, promueve la tesis de que la prohibición para acumular baldíos sólo opera a partir de la ley 160 de 1994. No es cierto. Basta mirar el artículo 37 de la ley 135 de 1961 y el inciso 8 del artículo 13 de la ley 30 de 1988." Ramiro Bejarano Guzmán
Tomado de: Elespectador

13 May 2017

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La Política en Colombia

Por
Iván Castrillón A
Mauricio Castaño H
Historiadores
Colombia Kritica

En Colombia después de su Independencia en 1819, se conformaron dos partidos políticos el Conservador que como su nombre lo indica, propende por conservar valores económicos en defensa de una servidumbre, por la conservación de la tierra o de los valores latifundistas; mientras que por el contrario, el partido Liberal, refiere a la libertad, a liberar la producción de los valores feudalistas a cambio del libre comercio que implica hacer más énfasis en la industria que en la tierra. Otros valores como los religiosos son característicos, para los conservadores vale mantenerse en el credo único del catolicismo, mientras que los liberales incentivan la libertad de cultos o la prominencia de un Estado Laico. En esencia esta sería la matriz ideológica de estos dos partidos que tuvieron larga vida hasta la Nueva Constitución en el año de 1991. Más de cien años con dos partidos, lo que se conoce con el nombre del bipartidismo, cuya característica es su precariedad, pues la hegemonía conservadora no lo aceptó, de ahí la crisis que se desata con el asesinato de Gaitán, sin contar el crimen de Rafael Uribe. Crisis también es que no aceptaron que otros gobiernen, en especial cuando ven amenazados sus privilegios, por eso se asesinaron los candidatos presidenciales: Carlos Pizarro del M-19, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo de la Unión Patriótica, Luis Carlos Galán Nuevo Liberalismo.

Para completar esta radiografía mencionemos las disputas del Poder por parte de dos elites conocidas bajo las doctrinas del Centralismo versus Federalismo. La primera hace referencia a la oligarquía bogotana, que se ha creído más adinerada y más culta que la de la periferia, por eso el eufemismo de la Atenas Suramericana, familias de apellidos Santos, Lleras, Gómez (Laureano), López han sido los presidentes del país, es la centralidad contra lo regional, recordemos aquí los cálculos desproporcionados en la distribución del presupuesto nacional, de cada 100 pesos el Centro, Bogotá, se queda con 80, lo restante del otro 20 se reparte para las regiones.  Por eso la otra fuerza de la región ha librado disputas bajo la propuesta del Federalismo, un Estado con Estados Federales que equilibren estas desproporciones en la distribución del presupuesto y así poder tener unos desarrollos regionales equilibrados.


Fue a partir de 1991 que se abrió la norma para estimular la creación de nuevos partidos, se creyó que sinónimo de la democracia era la proliferación de partidos, en total fueron alrededor de ciento dieciséis partidos, la mayoría de  ellos tan sólo eran derivados de otros como estrategias de cálculos politiqueros, se les llamaban partidos de garaje, eran máquinas de producir avales para ciertos liderazgos, muchos de ellos con problemas con la justicia. Otra fórmula fue corregir la reforma política pasada y favorecer la creación de pocos partidos pero que fueran fuertes, el punto clave es el umbral del dos por ciento del censo electoral que debe superar cada grupo para mantener su personería jurídica, fue así como se redujo la cifra de 116 a 16 partidos políticos, entre ellos se mantienen esas dos ideologías de latifundistas y liberales, los que siguen apegados esos valores de la tierra y quienes lideran modernizar el Estado acorde a las políticas librecambistas o neoliberales. 


Aquí vale una precisión, el Partido Conservador fue absorbido por el ultraderechista Centro Democrático quien ha librado feroces batallas contra el actual proceso de Paz. Las fuerzas alternativas o de izquierda son en la práctica insignificantes, pues los gobiernos en este país con sus oligarquías se han garantizado de institucionalizar la violencia hacia líderes de izquierda, y de esta manera tienen a raya, controlan que los embriones de izquierda se desarrollen, y de esta manera contienen los movimientos sociales con sus reivindicaciones. Ello explica lo mal que estamos de indicadores que miden la pobreza. Recuérdese hitos como la violencia política de 1948 con más de 900 mil asesinatos; la violencia paramilitar de 1980 con más de 6 millones de víctimas. 


Este país comparte las mismas dinámicas de la geopolítica global, esto es, en palabras de Chomsky, la banalización de la política la cual fabrica candidatos similar a como se hace una pasta dental, se construye un marketing de promoción del candidato y otro marketing para destruir a su oponente, por lo general se construyen relatos creíbles que se solapan sobre la realidad. Los medios anulan la cultura crítica con mentiras de alto impacto que mellan bastante al contendor, se sabe que una mentira se reproduce por quince veces, mientras que una verdad se multiplica tan solo una vez. Es de resaltar cómo se utilizan las redes sociales para manipular la opinión pública, es una forma algo inescrupulosa de hacer la política que favorece a las élites.


Las fuerzas de izquierda en la actualidad no tienen relevancia porque actúan desarticuladamente pero principalmente porque la ultraderecha los mantiene a raya asesinando a su líderes, recuérdese que van más de 160 líderes sociales asesinados desde que se inició el proceso de paz con la guerrilla de las Farc, es la metodología de usar la violencia contra las clases populares y contra las fuerzas políticas alternativas a la Derecha, reiteremos, los cálculos hechos por los violentólogos son de más de 900 mil muertos desde que inició la violencia contemporánea en 1948. En la actualidad existe un partido de izquierda, el Polo Democrático que es una especie de asociación de grupitos, muchos de ellos fundamentalistas, esto hace que no haya ni unidad ideológica ni unidad de acción, cada quien tira para su propio costado.  


En la actualidad el panorama es el mismo, un Estado controlado por una Derecha que guarda los privilegios de sus élites en detrimento de las clases populares, un Estado cuyas instituciones están al servicio de los hombres más ricos, por eso el proceso de paz genera muchas dudas porque no se sabe cómo se garantiza uno de los mayores problemas que ha tenido la historia colombiana: la no materialización de la democracia, la no participación política efectiva. En el debate del 25 de abril sobre la corrupción de odebrecht dado por el senador Jorge Robledo del Polo Democrático afirmaba que el actual Fiscal Néstor Humberto Martínez fue puesto, es funcionario no del Estado colombiano sino del grupo económico Sarmiento Angulo, quien puede poner y quitar funcionarios de Estado, la política en Colombia está en función de los grupos de poder económico.

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Violencia Política

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica


El signo de la violencia ha acompañado a Colombia durante décadas, incluso siglos. Nacemos y morimos en una cultura que la promueve, más de cuatro millones de víctimas del conflicto actual, sálvese quien pueda es el evangelio pregonado del gran desarrollo del capitalismo. Con motivo de los realizados Diálogos de Paz, el gobierno colombiano y las guerrillas de las Farc, comisionaron a catorce académicos para que explicaran las causas de su conflicto. El producido fueron 492 páginas. Recién, el analista James Robison sintetiza su análisis así, a partir del conteo de las palabras que allí aparecen, resulta que una de las causas mayores es la ausencia de la participación política, el crimen de Jorge Eliécer Gaitan en 1948 es la fecha emblemática porque fue el momento en que la clase dirigente, la oligarquía, decide asesinar a uno de los suyos por considerarlo traidor a sus principios, representaba una amenaza para la hegemonía política y favorecía que las clases populares soñaran con tomarse el poder. Por lo demás, recordemos que la hegemonía política ha preservado sus privilegios garantizando que las clases inconformes no tengan representación política.

Se tiene así que la clase política colombiana es hegemónica, por ello se habla de exclusión de otros grupos que quieren participar, violencia política es el término más usado para sacarse del camino a los líderes o grupos que representan una amenaza. La hegemonía corresponde a familias adineradas que no han querido renunciar a los privilegios que les da mantenerse en el poder. Por ello también se habla del derrumbe parcial o total del Estado, o Estado fallido. Dentro de los privilegios está tratar de evadir impuestos, son los grandes empresarios quienes más evaden. Hace algunos años el director de la Dian  Juan Ricardo Ortega, tuvo que irse, exiliarse del país amenazado por plantear que los ricos pagaran impuestos. 


Colombia también es un país en donde alrededor del 45% de la tierra no está formalizada, esto ha favorecido la ilegalidad de terratenientes que usurpan la tierra y la ponen a producir para sus beneficios. Los ejércitos privados de paramilitares tanto en lo rural como en lo urbano tienen un alto porcentaje del territorio controlado, con ello se favorecen la producción y distribución de las drogas ilícitas. Tanto industria y terratenientes se favorecen con la precariedad de un Estado débil, se favorecen aumentando las ganancias de sus negocios, eso explica por qué Colombia es el país más inequitativo de la región, cada vez los ricos son más ricos y cada vez los pobres son más y más pobres.

Esta disposición a la ilegalidad ha favorecido también en la clase dirigente una creencia de estar bien y no requerir cambios, de creerse los mejores, el mejor Estado del hemisferio, los episodios desfavorables que suceden tan solo han sido hechos azarosos, aislados, jugarretas de la mala suerte. Es una actitud de los hombres de poder, su gran vanidad los enceguece y solo aceptan la adulación y la vanagloria. Esta misma disposición ha hecho mantener siempre lista la bayoneta y la bota militar para aplastar a quienes han querido aguar la fiesta, a quienes han pensado distinto como por ejemplo reivindicar la participación política de otros sectores distintos a esa hegemonía política clientelar. Colombia lleva desde 1948 más de ochocientos mil asesinatos, es uno de los pocos, sino el único país que ha exterminado a todo un partido político, a la Unión Patriótica, es uno de los pocos países en los que se ha matado a cuatro candidatos presidenciales: Carlos Pizarro, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán, y el magnicidio de un ex candidato  Alvaro Gomez Hurtado por negarse a participar en un golpe de Estado contra Ernesto Samper, a eso apuntan las investigaciones aún sin culminar.

Redondeando, la violencia ha sido el mecanismo, la metodología para frenar los movimientos que reclaman una participación ciudadana distinta a la hegemonía gamonal y clientelar. La doctrina de Seguridad Nacional proporcionó combustible para quitar la amenaza de la toma del poder por parte del fantasma comunista. Bajo esa doctrina cayeron miles de defensores de derechos humanos y ciudadanos por simple sospecha de ser auxiliadores de las izquierdas comunistas. Y siguen cayendo, durante y después del Acuerdo de Paz van casi 800 líderes sociales asesinados.

La hegemonía política sigue considerando amenaza que los movimientos alternativos movilicen esas masas abstencionistas y se tomen el poder, por eso siguen usando la violencia, acuden a los asesinatos selectivos para detener y amedrentar a los líderes que promueven alternativas políticas sensibles a la equidad social. Un líder representativo de izquierda en el país es Gustavo Petro, se le conoce por su criticidad hacia la hegemonía del poder, como alcalde enfrentó a poderes mafiosos de la contratación y eso le ha valido sanciones que lo amenazan con sacarlo de posibles juegos electorales, hace poco le impusieron una multa por 800 millones de dólares, y otras sanciones más que lo tienen insolvente, a punto de asfixiarlo, como llama el mismo, de sacarlo del juego electoral presidencial. Coincidimos con el analista citado al principio, mientras no haya apertura a la participación política es muy difícil que haya paz en esta nación acostumbrada, doblegada a la violencia.




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La Estrategia del No

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


Una mentira repetida constantemente genera valores de verdad, efectos sicológicos en las gentes y mayor aún si se les ha generado sentimientos de preocupación, en concreto, una persona así es de fácil manipulación, es un tesoro para la pragmática electoral y para el político que las tiene como un recurso para mantener su poder en el mundo de la política, para ser fuerte frente a sus contendores, para mantenerse vigente. Tergiversar los mensajes reporta altos dividendos en la política. Aquí, un tesoro, de la confección de una campaña, nada de grandes bondades para la población, importa son los intereses del gran político. Lo demás son purezas de la imaginación popular.

Confiesa Juan Carlos Vélez,
excandidato a la alcaldía de Medellín y gerente de la Campaña por el No en el plebiscito, en treinta días viajó en avión 35 veces para cumplir sus funciones de asesor y para recaudar finanzas de empresarios. “En total logró recaudar $1.300 millones de 30 personas naturales y 30 empresas, entre las que se destaca la

Organización Ardila Lülle, Grupo  Bolívar, Grupo Uribe,  Colombiana de Comercio (dueños de Alkosto) y Codiscos.” La victoria dio sus frutos,  buscar que “gente saliera a votar verraca”,  funcionó. Nunca imaginaron ganar. Las Encuestas ayudaron inculcando triunfalismos, optimismos que contribuyeron a bajar la guardia a los del Sí, pero el ejercicio de la política y sus caciques sigue intacta. “De hecho, esas mismas encuestas le hicieron mucho daño al Gobierno que se llenó de optimismo y de triunfalismos .  Empezamos a notar un No avergonzante. Por ejemplo, los miembros de la junta de la Andi decían que iban a votar por el Sí pero realmente muchos iban por el No.” 

La campaña del Sí buscó que la gente saliera a votar verraca. “Descubrimos el poder viral de las redes sociales. Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con  un alcance de seis millones de personas.”


“Hicimos una etapa inicial de reactivar toda la estructura del Centro Democrático en las regiones repartiendo volantes en las ciudades. Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia  era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos.  En la Costa individualizamos  el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela.  Y aquí el No ganó sin pagar un peso. En ocho municipios del Cauca pasamos propaganda  por radio la noche del sábado centrada en víctimas.”


“¿Con cuánto dinero se hizo la campaña? Fue una campaña hecha con las uñas. En el partido del Centro Democrático y en  la corporación que creamos ‘La paz es de todos’ logramos  recaudar $1.300 millones, principalmente de 30 empresas y 30 personas naturales. Fue muy difícil conseguir respaldo y los bancos no estaban preparados. Sin embargo, el No fue la campaña más barata y efectiva en mucho tiempo. Su costo-beneficio es muy alto… ¿Cuál es el Top 5 de empresas que más aportaron? Organización Ardila Lülle,  Grupo Bolívar, Grupo Uribe, Codiscos, y Corbeta.”

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La Horrible Noche

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com

Todos los astros políticos parecían estar alineados para dar el triunfo de la paz, así lo dejaba entrever cierta solvencia del Gobierno y su Equipo Negociador. Los encuestadores anticipaban triunfo (Sólo a los dioses les está permitido hacer promesas). Desde el Distrito Capital se irradiaba la estrategia de pedagogía de la paz, una puerta abierta a la esperanza. Pero el fracaso hizo estremecer a los futuristas del marketing político. Los astros jugaron mal. El Gobierno falló en su triunfalismo y con él las pobres víctimas y un puñado de ciudadanos solidarios vieron venir de nuevo la desgracia de la guerra.

Si es de sentido común preferir la paz a la guerra ¿qué pasó entonces por las mentes de esos treinta y cuatro millones de votantes habilitados para ir a las urnas ese domingo dos de octubre? Fecha ésta en la cual se decidiría si se estaba de acuerdo con la construcción de una paz estable y duradera.

De todo el universo de votantes tan sólo fueron a votar el treinta y siete por ciento, no menos de doce millones. La negación por el acuerdo ganó por una diferencia estrecha aproximada de sesenta mil votos. Estas desproporciones, el abstencionismo del sesenta y tres por ciento y un margen pírrico de la victoria, hace pensar muchas cosas sobre el gobierno y la población. Con el gobierno porque tuvo todos los recursos humanos y económicos para desplegar la campaña a su favor y aventajar a sus opositores afanados en apuñalar la paz.

Todo el diseño del plebiscito fue pensado a su favor: la cantidad de votos permitidos para ganar, el umbral fue tan sólo un poco más de cuatro millones y medio; la pregunta fue escogida por el propio presidente así como las tan sólo dos opciones de respuesta, un Sí o un No, sin opción para el voto en blanco. En suma, el traje fue hecho a la medida, favorable para contestar con un Sí, para refrendar el proceso de paz. Pero entonces ¿qué pasó? ¿Por qué no resultó tal cual y ganó el No que sume al país en una incertidumbre sin proporciones? ¿Acaso Colombia está animado por un espíritu festivo de la guerra?

Una horrible noche de aquel domingo cerró la puerta de la paz. La horrible noche no cesó. Tanto el Gobierno como los escasos ciudadanos que se movilizaron en torno a la paz, a poner fin a un conflicto de más de medio siglo, no salían del asombro de la apretada derrota. El principio de realidad que distingue el mundo real del virtual se difuminó. El gobernante en el centro pierde de vista su periferia.

Este viejo problema data desde el nacimiento de la República con esa eterna división entre Centro capitalino y las aisladas regiones. Centralismo versus Regionalismo. Aquí el Centro, la gran ciudad, la gran capital monumental y ostentosa, Bogotá, y allá la región marginal y pobre y distante, apartada de los recursos y de lo más moderno del mundo actual. Estas diferencias se pueden dimensionar desde la proporción con la que se distribuye el Presupuesto Nacional de las regalías, por cada cien pesos, Bogotá se queda con ochentaidos, el resto se distribuye para el restante y basto territorio nacional. Este tema de inequidad presupuestal y por ende de desarrollos desequilibrados, ha llevado a grandes disputas, grandes broncas entre la élite bogotana, los llamados patricios, y las élites regionales. Es un tema de quién se queda con la mayor tajada del presupuesto Nacional, quien se queda con los mejores terruños, con los mejores circuitos económicos. Esto se repite en cada contienda electoral, se pone en juego por encima de los intereses nacionales o de propósitos nobles como es la búsqueda de la paz.

Este tema de concentración del presupuesto es lo que alimenta el llamado clientelismo, el gobierno central distribuye a las élites regionales según las conveniencias. Y ésta lógica no operó para el plebiscito de la paz. Los políticos regionales o gamonales no sacaron a su electorado. No hubo dádivas, no había presupuesto para repartir mercados, bultos de cemento o alguna promesa futura de empleo para el incauto seguidor. Esa tal maquinaria política no fue aceitada como suele suceder cuando se requiere proteger los intereses de cada quién.

 Cada político maneja sus propios intereses para engorde de su propio ego. Se cuida de no endosar triunfos a causas ajenas, y la paz era otra mercancía más sin dividendos clientelares. Y este es uno de los grandes peligros en la actual incertidumbre del país. Uno de los líderes más representativos que impulsaron el voto por el NO, fue el expresidente Uribe, que con habilidad mantuvo una campaña en la cual acudía a las emociones sencillas de la gente del común para infundirles miedo y resentimiento hacia los guerrilleros: que este país se iba a quedar sin papel higiénico como sucede con Venezuela, que les iban a quitar sus tierras o la tal desproporción de que a un guerrillero asesino le iban a dar catorce millones mientras que a usted señor obrero, señora ama de casa tan sólo le pagan setecientos mil pesos. O que al jubilado le iban a quitar o rebajar la pensión. Y otras escaseces más se avecinarían

En una entrevista el Gerente de Campaña del No del partido de derecha Centro Democratica devela: “Hicimos una etapa inicial de reactivar toda la estructura del Centro Democrático en las regiones repartiendo volantes en las ciudades. Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia  era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos.  En la Costa individualizamos  el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela.  Y aquí el No ganó sin pagar un peso. En ocho municipios del Cauca pasamos propaganda  por radio la noche del sábado centrada en víctimas.” Así, esta estrategia de lo emocional y del terror más muchas otras mentiras, bastó para que el inculto votante se informara. Bastaba tan solo acudir al Twitter o a las redes sociales para reafirmarse en sus miedos y rumores que su mecías le anunciaba.

 Pero además de este zócalo emotivo está aquella gente emergente que posa de pertenecer a una clase adinerada en supuesto peligro de perder sus privilegios. En estas desigualdades en las que se mueve este país, la propaganda mercantil ha inculcado el sueño de la familia burguesa, basta con tener una casa, un carro, mujer e hijos para sentirse identificado con la clase más adinerada del país y hasta del mundo entero. La propia identidad no existe, más bien se reniega de su pasado, sus orígenes son motivo de verguenza. Y quien reniega de su identidad y de sus raíces es un ser diluido. La sabiduría popular dice que quien se avergüenza de su pasado familiar se avergüenza de sí mismo. Y es aquí donde vemos esa insolidaridad de las gentes citadinas de origen humilde, que dan la espalda a los sufridos campesinos, a sus identidades. A aquellos que no han descansado de la guerra. Recordemos las más de doscientas mil muertes y los ocho millones de víctimas. Recordemos el mapa electoral: los pueblos más golpeados por la violencia actual, es decir, las regiones campesinas fueron los que votaron por el Sí, ellos no quieren seguir poniendo más muertos, ellos quieren parar el dolor de una guerra ajena. Y en contraposición, la ciudad, los ciudadanos de sueños burgueses, sin identidad, alejados del sonar de la metralla, votaron en rechazo de la paz.

Dijimos renglones arriba de la incertidumbre actual del país y de la inequidad en la distribución del presupuesto Nacional y claro, de su riqueza en general. Y queremos agregar de lo inescrupuloso que ha sido esta misma clase dirigente: recordemos que el conflicto actual con la subversión comenzó con la negativa de los gobernantes a un grupo de campesinos que reclamaban cosas buenas, inofensivas para Dios, pedían servicios básicos tales como escuelas, puestos de salud, energía eléctrica, hacer vías para transportar sus productos... Cuenta la historia que la respuesta del gobernante fue echarles plomo. Y uno de los reclamos del entonces legendario guerrillero, Tirofijo o Manuel Marulanda Vélez fue que le repusieran sus gallinas y sus marranos. Sin solución y amenazado, se resguardó monte adentro. Hicieron conejo a la paz, a sus peticiones.

Ese horrible domingo tiene a Colombia en la incertidumbre, a portas de saltar al vacío, en  crisis institucional que afecta la economía, los bolsillos de todos. Sobreviene negociar con los opositores clientelares, se asoma el chantaje en clave de próximas contiendas. ¿Harán otra vez conejo a la paz?


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Rara y Esquiva Paz

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

Cosa rara y esquiva es la paz. El mundo imaginario nos define más que la propia realidad. La violencia mediática repetida una y otra vez enruta el ethos humano. El odio y la venganza esclavizan a nuestros seres virtuales reflejados en la metralla. Manifestó el presidente Santos que los mayores opositores al proceso de Paz, a la Reconciliación entre los colombianos no son quienes sufrieron el dolor bélico, no son las bondadosas víctimas quienes quieran prolongar la insistente guerra, son por el contrario hombres de edén al margen del plomo que azuzan muerte.

Referencia el New York Times que la hiper exposición del crimen atroz ante los mass media generan mayores traumas en los espectadores que en las víctimas directas. Borges lo señaló afirmando que el odio nunca es mejor que la paz: “No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.” O el aforismo nietzscheano  advierte que la venganza es un hoyo que nos encarna y nos atrapa: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti.” Y mejor que la venganza es la justicia (invención sofisticada de la civilización humana). La venganza no es menos vanidosa que el perdón.

El odio moldea nuestra cultura, las religiones tradicionales han fracasado en catalizar la violencia, todos quieren tirar la primera piedra. Los medios masivos de comunicación nos han enseñado a usar la venganza con quienes consideramos enemigos. En Colombia son las guerrillas izquierdistas quienes han catalizado todo el odio acumulado durante la fría guerra. Todo lo malo que representa la vida las encarnan ellas. Este es un fenómeno del inconsciente colectivo. 

Las mentes tercas no dan lugar a explicaciones diferentes a las de odiar y vengarse, el arrepentimiento les es ajeno. Desaprender la violencia es un tema de salud pública. No bastan ni razones, ni argumentos de verdad para abandonar las posiciones erráticas. Por ej. Cualquier ciudadano del planeta que se le pregunte por escoger entre vivir en paz o esquivar la enamorada muerte, sin lugar a dudas su respuesta es el rechazo a lo bélico. 

Pero en Colombia un sector cada vez más minoritario cabalga en los jinetes de la guerra.
La atracción por el asesinato y la venganza han sido propios de las doctrinas cerradas y excluyentes, recuérdese la carnicería nazi o cualquier guerra que se inspire en sus principios. Por fortuna la vida se impone y en sus momentos de mayor amenaza resurge de nuevo. No sobra resaltar esta vocación natural con imperativos éticos que acuden a preservar la vida. No es insensato evitar la bala que contiene la anticipada muerte.

Quisieramos qué pronto la ingrata guerra hiciera parte de una de las más viejas historias de la infamia humana. Esperemos a que los esfuerzo sean suficientes. Pero que haya sol o lluvia no depende de nosotros. Propendamos a sacar a los campesinos que están en el olvido del distraído Dios. Qué se haga el milagro de que tengan alcantarillas, un puesto de salud, tierra para su buena labranza, escuelas y vías de acceso para angostar el aislamiento espiritual y físico del moderno mundo. Ah, y cómo solo una cosa no existe: el olvido, entonces, viene a bien reparar el daño y el dolor infringido. El tecnicismo académico define un proceso de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición. Por supuesto, el arrepentimiento ofrecido y el perdón concedido. Unos y otros tejiendo un nuevo presente y futuro. Alejando la inoportuna muerte. 

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Construir Paz

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

El ojo por ojo, el diente por diente, es la manera más usual de resolver los conflictos en nuestra sociedad, es la cultura que profesamos, a diario consumimos grandes porciones de violencia en la pantalla chica y en los medios masivos de comunicación  es pan de cada día. La sangre es garantía de alto rating. Para contrarrestar estos sentimientos primarios, la civilización humana ha inventado la justicia como el recurso más civilizado de resolver las diferencias y así romper el círculo vicioso de la violencia.


La justicia es la forma más elaborada y civilizada de la venganza. Pero hay que hacer notar que la justicia no es solamente la idea general que se ha incrustado, que ha quedado en la sociedad: se hace justicia si se materializa, si se sacia la sed de venganza, no quedamos contentos hasta haber aplastado a mi verdugo, hasta ver a mi enemigo en los estrados judiciales, que le caiga todo el peso de la ley, desearíamos cárcel de por vida, y ojalá, si existe, la pena de muerte. Son rezagos de la venganza primitiva que permanece en las conciencias colectivas. 


Pero vale recordar que justicia no sólo es ese castigo de privación de la libertad o de la pena de muerte como la existente en algunos países. Justicia también contempla hechos tales como las de obtener la verdad por parte de la víctima sobre un hecho desafortunado que haya sucedido, ser reparado por los daños causados, o la consabida fórmula de Verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, etc. Lo que interesa es reparar el daño y garantizar que el victimario haya hecho un verdadero acto de contrición, de arrepentimiento, que haya seguridad de que es una persona arrepentida y que no reincidirá. Lo importante es reintegrar a la sociedad a quien se ha descarriado.
 

La cárcel, si se quiere, es un recurso de última instancia, es vox populi, ella no resocializa, ella profundiza más bien en la maldad, es la escuela del crimen, allí, en el encierro, se perfeccionan técnicas para delinquir en el afuera. Por eso es mejor asegurar esos actos transparentes que salen del fuero interno de la persona arrepentida para restablecerlo en la sociedad. Los preceptos morales han resumido bien esta idea del arrepentimiento y del perdón: “Si alguien te abofetea la mejilla derecha, déjale que te abofetee la izquierda” Salomón... Ó “habéis oído que se dijo: debes amar a tu prójimo y odiar a tus enemigos, y yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y rogad por los que os persiguen. O la nueva alianza: “si vienes a presentar tu ofrenda a Dios al altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, deja ahí tu ofrenda ante el altar y ve primero a hacer las paces con tu hermano; después regresa y presenta tu ofrenda a Dios.” El mensaje es el de mantener una cofraternidad.

La historia está llena de episodios ilustrativos sobre la manera como los grupos humanos se las arreglan para conservar las distancias y así evitar peligros que comprometan la propia existencia humana. En especial pululan los ejemplos relacionados con el poder. En cualquier época y en cualquier grupo de poder que se piense, encontramos la constante del ejercicio de la violencia o la guerra para reducir amenazas. Las formas de tortura son numerosísimas con las cuales se valen los victoriosos para someter y extraer información de quien a caído en sus garras. Piénsese en relatos como los Gengis Kan, Los Borgia, El Padrino, o series cinematográficas como Homeland, Black List, todas ellas recrean las variantes que emplea el poder para dominar con crueldad. 


Cuando un enemigo es apresado le extraen información bajo torturas de manera gradual, se intensifica si el capturada se rehusa hablar: sacan las uñas con finas tenazas, martillan dedos, quiebran una mano, un pie, dan un balazo en una zona que cause dolor como en los testículos, o en otra en donde amenazan con dejarlos paralíticos. Y si el cuerpo de la víctima resiste, entonces se valen de sus seres más queridos como hijos, esposa, padres, hermanos y hasta sus propias mascotas. Son técnicas muy refinadas que terminan doblegando al sometido. 


El dejar con vida o quitarla sigue siendo un tema del valor que represente la víctima. Cuando le permiten vivir, por lo general es un mensaje de escarmiento que quieren enviar a sus rivales, cuando cometen asesinato es porque es más útil así, se liberan de futuras amenazas, incluso el mismo cadáver es aprovechado para inculpar otros enemigos que quieran sacarse del camino. La violencia ha desarrollado técnicas sofisticadas para infringir sufrimiento y con ello hacerse respetar como grupo de poder por quienes la ejercen. El ejercicio de la violencia del terror es un recurso que produce altos dividendos al mundo del crimen.


La violencia es un método cruel de ejercer el poder. Diciente es la expresión: la guerra es la continuación de la política por otros medios. La política en sí es la negociación sin acudir a la violencia. No importa qué tanto odio se escurra, normal en este bípedo humano, lo importante es no causar daño, esto en teoría, pero la verdad es que el ejercicio de la política lleva de manera explícita el uso de la violencia a través de sus aparatos armados como ejércitos y policía o de inteligencia. Los Estados conllevan el uso legítimo de la fuerza cuando ven amenazada su soberanía o sus instituciones. Un hilo muy delgado separa lo legítimo de lo que no lo es. 


Puede servir de ejemplo en Colombia las disposiciones legales denominadas para la época Estatuto de Seguridad Nacional para contener las protestas sociales pero en especial reducir la amenaza, según los entonces gobernantes, de la toma del poder por las guerrillas de izquierda o comunistas. Fue la década de los ochenta y para dar una idea piénsese en el asesinato y desaparición de aproximadamente seis mil militantes del partido político Unión Patriótica. Y mucho hombre y mujer que fuera de izquierda o sospechoso de serlo, fueron torturados o muertos. Es de anotar que Colombia no ha tenido golpes de Estado a diferencia de otros de Latinoamérica, muchos analistas coinciden en explicar tal cosa en que sus dirigentes han sabido ejercer de manera cruel y meticulosa la violencia.

Pese a todo esta tragedia humana que somos, estamos destinados a vivir en sociedad. El estar juntos nos hace fuertes mientras que el aislamiento nos mata. El origen de la palabra Política viene del griego polis y hace referencia a la agrupación humana por excelencia que es la ciudad, la forma de la vida humana que tomó fuerza son los grandes conglomerados humanos, los poblados, pues la vida se hace más fácil entre muchos por la distribución de las tareas y por la posibilidad de intercambio de lo producido, así, del esfuerzo de todos, la vida se hace más sencilla y en pleno disfrute de la variedad producida por el colectivo. Sinónimo de ciudad en nuestros días es la capacidad de garantizar diversos servicios que dan mayor bienestar y calidad de vida. 


En la ciudad se concentran los mejores servicios de salud, esparcimiento, educación, vivienda... todo lo contrario es el campo, por su aislamiento aquellos servicios son deficientes cuando no nulos, los campesinos en la práctica están condenadas a la miseria, al abandono de Dios y del Estado. Estas palabras ponen de relieve la preferencia de la humanidad por los grandes conglomerados humanos, nos concita la advertencia instintual de estar juntos o demasiados juntos hace que estalle la violencia. Estar muy próximos nos pone en alerta del peligro que puede representar quienes se nos acerca, es una lógica biológica para cualquier animal viviente, por ello la distancia se impone para evitar cualquier amenaza que pueda sobrevenir. 


Estas líneas de reflexión pretenden decir que esta obra humana, esta tragedia humana se ha mantenido en ese filo de la navaja. Los griegos por las evidencias que nos han dejado, desarrollaron la técnica o la forma de cómo entenderse los humanos en sus variadas y naturales diferencias, es un gesto de bondad el tramitar las diferencias humanas sin necesidad de acudir a métodos violentos, sin necesidad del exterminio físico.

Tabién se tiene que el poder está dentro de las drogas más peligrosas. Aun así mientras estamos en su jurisdicción, conviene propender por los mecanismos de resolución pacífica de los conflictos, detener la espiral de violencia. Cualquier acto humano que haya causado dolor espera el arrepentimiento y luego su perdón. Un hombre arrepentido es mejor que uno en el resentimiento. Alentamos a quienes se esfuerzan por construir paz en Colombia.


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Epidemia Criminal

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/


El crimen organizado, las rentas criminales es la mayor preocupación de alcaldes y gobernadores de esta Colombia. Su confesión hecha al presidente de la república es ya una manifestación de impotencia ante esta epidemia de violencia y muerte a la que nos someten a diario los pillos, los matones de barrio. Recuerdo el irónico chiste del hijo que varias veces tenía que ser despertado por su señora madre para que fuera al colegio. Se resistía a levantarse alegando cualquier excusa como cinco minutos más de modorra, otra perecita más... Hasta que se sincera: Mamá yo no quiero ir allá porque todo el mundo se burla de mí, los profesores y estudiantes. Mijo, responde su madre, tiene que ir porque usted es el rector del colegio. 


El chiste evidencia la falta de legitimidad de las figuras de gobierno, igual a como sucede con los mandatarios, no saben qué remedio hallar frente a la epidemia criminal que invade cada esquina, cada metro cuadrado de la ciudad en donde se toman a los niños desde los ocho años para iniciarlos en el consumo de marihuana y demás alucinógenos, igual proceden con los adolescentes, interceptados en las esquinas de los colegios para ofrecerles drogas, en fin, para apropiarse de todo aquello que dé rentabilidad. Copan los espacios públicos y privados que resultan estratégicos para sus llamadas plazas de vicio, desencadenando en cascada toda una negación de la vida, tras las ventas de las drogas se viene la oferta de prostitución, atracos, violaciones sexuales, calles deterioradas por la mendicidad, excrementos, orina de taxistas, etc. 


Y como siempre, el miedo es el principal recurso para someter a quien se resistan, leves escarmientos hasta finalmente pagar con la propia vida, ellos tienen el poder de dejar vivir o hacer morir. Las metodologías del dolor, del miedo, de la tortura siempre están a la orden del día en la historia de la humanidad, para ser aplicados a todos por igual. Tanto los gobernantes como los ciudadanos de a pié están sometidos a las lógicas, al entramado del crimen organizado. Si ello no aparece en los noticieros es porque mienten en estadísticas o porque hacen desaparecer los crímenes.


Si esta es la preocupación de los hombres de poder, qué diremos de los ciudadanos de a pie, los que se preguntan a diario qué hacer con la plaga del crimen que se expande a la velocidad de la luz. Cualquier recodo del espacio público es tomado por los tentáculos del mundo criminal. Además de las altas rentabilidades, al menos 236 millones de dólares anuales, tienen a su favor todo un ejército de desempleados, la oferta laboral casi única para los jóvenes, pues como sabemos el liberalismo del mundo del capital ha despojado de lo único que le quedaba a los individuos: su fuerza laboral. Hoy la fábrica robotizada ya no los necesita, entonces los pistoleros la toman a su favor.


Tenemos que lo malo de una sociedad no puede ser atribuible solo a unos cuantos, de tal palo tal astilla, tenemos lo que nos merecemos. Hasta qué punto se toleran fechorías que van subiendo de tono hasta convertirse en un monstruo de mil cabezas. Todos en esta sociedad celebran conseguir dinero a como dé lugar, los traquetos son recibidos como héroes por sus madres, vecinos... Pablo Escobar, símbolo del mal de Colombia, es venerado en la cultura popular como un santo más, a su tumba van con ofrendas. Esto en la cultura popular, en las élites significó echar el bobo por delante, pues las drogas ilícitas han sido y son consideradas otro renglón más de la economía.


Por ello esta tierra parece de nadie, solo de los que imponen la lógica del crimen organizado. Las calles, repetimos, son orinales de taxistas, letrinas para indigentes, los parques zonas de consumo de vicio y mercadeo de prostitución, en Medellín vayan al sector del Poblado, al parque lleras lugar de las prepagos o protistutas, el parque de la Presidenta aledaño al hotel Dann Carlton es zona de microtrafico y atracos.


La cultura que somos nos devela, somos lo que hacemos, la nuestra es una sociedad sin frenos morales o éticos, inspirada en liberalismo económico,  da rienda suelta a conseguir dinero a como dé lugar, no importan los medios sino el fin por sí mismo. Se dice que los pueblos tienen a sus gobernantes que se merecen, de tal palo tal astilla, es duro reconocer, pero esa es nuestra sociedad. El desequilibrio de las sociedades viene por el exceso reunido, la apropiación de unos pocos cuando los otros están desprovistos, privados de lo necesario. A todas estas, ante la impotencia de los mandatarios parece ser que estamos ante una epidemia criminal.



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Gestos de Paz

 Mauricio Castaño H. Historiador – http://colombiakritica.blogspot.com/ 

Los gestos de paz son de valorar. Valientes aquellos hombres quienes se atreven a silenciar los fusiles o por lo menos así lo proponen, a terminar con la guerra, con el sufrimiento de miles y miles de personas, a mirar otros senderos económicos diferentes a la rentable industria militar. Valientes quienes van a contracorriente de los agitadores violentos, valerosos quienes se enfrentan con el monstruo de la guerra que nunca deja sus bestiales alaridos. Es más fácil hacer la guerra que la paz, claro, ir en contra de la tradición bélica, en contra de quienes siempre reclaman continuar indefinidamente el círculo de la violencia. Quienes matan no se dan cuenta que lo hacen, ni los autores materiales ni intelectuales. Aquellos se sumen en refinadas metodologías de tortura y dolor que infringen a la víctima para extraer sus secretos.

Los determinadores del crimen se regocijan en banquetes en donde cierran jugosos negocios que les trae la guerra. Aún no sabemos de sus cuantiosas riquezas y de lo rentable que les resulta la industria militar. Hacer que otros carguen con sus errores, es el deseo del poderoso, buscar un culpable, un chivo expiatorio. Los hombres son máquinas de construir religiones, por creencias van a la guerra, matan sin piedad, simples autómatas sin freno moral. Entonces, se precisa desactivar esas máquinas culturales. Desactivar los odios hechos cultura que atraviesan cada historia personal, a ese cada quien dispuesto a apretar el gatillo por mera mecánica, por pura inercia. Tenemos como hacerlo, pues la justicia es una versión moderna de sacrificio.

Los humanos somos fábricas de inventar dioses. Un problema nos mantiene en encrucijada. Un Dios inspira santidades a unos cuantos, y a la gran mayoría los guía los dioses de la guerra, los dioses falsos que giran infinitamente en la espiral de la violencia, en la incesante venganza. La obediencia voluntaria confiere poder a esos hombres llamados jefes de Estado, quienes en su nombre mandan a la guerra a los hijos de la masa votante y siempre obediente. Todos van en regocijo camino a la venganza.

Todos disputamos un mismo deseo, todos vamos tras el mismo objeto en disputa. Eh ahí el origen de la tragedia como en el mundo shesperiano, el poder se manifiesta en tener lo más preciado por todos, quien lo obtenga primero es muestra de victoria, los demás sufren la humillación de la derrota. Odio, venganza, traición, chantaje, los secretos es el cóctel de las mieles de poder. A todo se le saca el mayor provecho. ¿Tienes frente a ti un cadáver? Mira a tu enemigo más próximo y peligroso, incúlpalo, válete de las artimañas, hazlo aparecer como el asesino más cruel sobre el cual debe descargarse toda la furia por la muchedumbre sedienta de venganza.

René Girad nos enseñó que todos vamos tras el mismo deseo, nos lo disputamos con violencia. Y para cesar la guerra descubrió el papel del chivo expiatorio, pagar la culpa para detener la violencia, no permitir que siga cobrando más víctimas. Victima quiere decir reemplazo, el segundo, en lugar de. Vicario, el vice, el segundo, el que paga por el otro, por tanto una víctima es siempre inocente.

Valeroso es el presidente de Colombia que se arriesga con la paz, es difícil hacerla, es difícil ir a contracorriente de todos los buitres que se alimentan de la rentable guerra y del sufrimiento de la mayoría pobre.


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La Paz de Sí

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com


Imaginario el mundo de los hombres de Poder, sus decisiones macro circulan sólo en su cúpula, muy alejadas del ciudadano de a pié. En Colombia las decisiones del país son tomadas por unas cuantas familias, patricias dirían algunos analistas. La práctica, el ejercicio del poder corresponde muy a  círculos selectos como en las épocas de reyes o dictaduras, relaciones verticales, arriba los ilustrados, abajo la mayoría. Ignorante la masa que solo recibe órdenes. O el centro y la periferia provincial. 

Nuestros altos funcionarios  tercermundistas, incluido el primer mandatario, van por el mundo pregonando el conflicto interno como si al planeta entero se interesara por los problemas ajenos, como si no bastaran los propios, se olvida que en el mundo del capital las querellas son de cada quien y de nadie más.

Esta concepción del poder aún es muy evidente con el proceso de paz que se lleva con las guerrillas de izquierda. Se llegan a acuerdos entre los jefes, entre las partes sin hacer la necesaria difusión, la necesaria pedagogía en los hogares colombianos. Y de los medios de comunicación, sabemos que van en contra vía, sus mensajes emitidos avivan la llaman de la muerte, en especial en uno de los dos canales más vistos como lo es Rcn tv, con la actual dirección, deja ver abiertamente sus afectos hacia la ultraderecha obsesiva con la guerra. No dejan pasar la oportunidad para desprestigiar el proceso de paz, indisponen contra él resaltando hechos bélicos de las guerrillas, queriendo insistir en la estatuto de simples criminales y no de insurgentes. La guerra les sigue siendo un negocio de alta rentabilidad.

La paz no sólo es de las cúpulas, bien sea las de Bogotá o los que negocian en  Cuba. Las políticas de Estado tienen su polo a tierra cuando son llevadas a la propia realidad, a cada uno de sus habitantes, en nuestro caso a cada uno de los hogares colombianos. Cómo no pensar en la televisión y la radio, aparatos infaltables en cada uno de los hogares de este país. 

Los cambios empiezan a gestarse en el preciso momento en que las masas, las gentes del común los incorporan de manera natural, los hacen suyos con total convicción. Ejemplo de ello lo tenemos en los años sesenta con el rock, revolucionó las formas de pensar y de hacer de las personas, algún escritor dijo que se enseñó a hacer el amor y a desnudarse con naturalidad. La paz en Colombia debe ser cultural y no sólo de cúpulas, debe ser una necesidad de cada ciudadano, una paz sentida y no decretada. 

Los griegos enseñaron a cuidar se sí mismos, el cuidado de sí como un forma ética de saber comportarse en la vida, de saber cuidarse, de preocuparse por su bienestar, un movimiento de abajo hacia arriba si se quiere aceptar una comparación.  Pensamos en una paz de sí en ese sentido, que salga de la necesidad de cada individuo y no impuesta desde un poder abstracto.


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Educación Caduca

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com

Todo lo quieren menos estar en el aula escolar, el sistema educativo no interlocuta con los estudiantes. La ministra de educación recrimina que más del ochenta por ciento de los estudiantes colombianos del grado noveno, no son capaces de escribir un párrafo. Y hay más, no comprenden y mucho menos gustan del leer. Los contenidos son pobres y poco pertinentes. El maestro repite como una lora lo que está a un clic en el internet. Redundan los legados de la Revolución Francesa pero siguen en los deberes del vasallaje. Temen la cultura abierta, cierran en su claustro la señal de wifi a los muchachos con el pretexto de que la tecnología es enemiga distractora de su inexistente  concentración. 

Viejo modelo educativo que riñe con las nuevas dinámicas de la revolución informática. Y de allí que la calidad educativa hace la diferencia entre ricos y pobres. Dura realidad y ataque certero al gremio, acorralado sin respuestas para defenderse, sólo sacan arengas reivindicativas de lo neto salarial, aunque es cierto que la paga de los maestros es muy castigada, ganan menos de dos veces de lo que un profesional devenga en otros sectores. El salario no estimula, de allí que no se reclute ni se retenga a los mejores.

En esta educación descontextualizada y de pésima calidad, hace que los estudiantes sientan un encierro de cuatro paredes el aula escolar. El hacinamiento sofoca, cada quien saca sus gritos liberadores, el profesor adverso intenta contener, desea restablecer el orden para su su palabra desoída, apenas logra un medio silencio a punta de amenazas de poner notas bajas en su libreta de calificaciones. En la masa poco se puede hacer, ella tiene vida y ritmo propio, caos organizado, redes amorfas.

La escuela sólo sufre el mundo exterior. Los jóvenes están coronados por todo el mundo violento de la calle que les ha tocado vivir, las bandas criminales son parámetros para sus vidas, aprenden del ejercicio de la violencia a sacar ventaja de una simple riña escolar. Sus insultos verbales y por las redes sociales son fuertes, las palabras son de alto calibre, se repite una y otra vez que son mal nacidos, que su madre en vez de menstruar tuvo monstruos y todo tipo de calificativos que degradan y ofenden la condición humana. Los pillos, despiadados sicarios, son señores que van veloces en sus motos o carros, una de las mejores formas de conquistar a las muchachitas que caen rendidas a sus ruedas, van tras el dinero fácil que asegura una aparente vida de confort, de fiestas, licor y drogas.

La educación está en crisis. ¿Y las cabezas de dirección escolar? Aquí ni allá la cabeza no encabeza. Lo poco de autoridad que existe es para mantener el régimen disciplinario. Las cabezas de rectores encargadas de direccionar no se les ven en las instituciones, están por fuera, en reuniones dicen con los burócratas de sus patrones. Y los funcionarios de gobierno sólo les interesan la demagogia política, como asegurar los votos de la próxima contienda electoral. La pregunta por la calidad de la educación, ya caduca, debe hacérsela todo ciudadano, incluso indagar sobre sus nuevos registros como los avizorados en Pulgarcita por Michel Serres.


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La Paz de Colombia

Fernando Vallejo

Declaración del escritor, quien fue invitado a la Cumbre Mundial del Arte y Cultura por la Paz. El video aquí


Este sinvergüenza que tenemos en la presidencia, a la que subió predicando la guerra y en la que se reinstaló predicando la paz, por lo menos unas cuantas diferencias tiene con sus interlocutores de La Habana, los hampones de las FARC, con los que negocia de igual a igual: que no vuela torres eléctricas, ni siembra minas quiebrapatas, ni secuestra, ni mata, aunque sí extorsiona, a través de la DIAN, y recluta, a través del Ejército, a cuanto muchacho pobre logra agarrar. 

A lo que le sumo su concierto para delinquir en calidad de director concertador de tres de los grandes combos o mafias de esas que aquí llaman partidos políticos: el de la U, el Liberal y el del Cambio Radical. Cuál cambio, cuál radical, si esto siempre ha sido aquí lo mismo, el reparto del botín de los puestos públicos y sus contratos entre un grupo de bellacos amafiados que se dicen buenos ciudadanos y que montan y desmontan partidos para sus fines. 

La ruina de Colombia es inconmensurable: económica, social, cultural, moral, total. Millones de exiliados, millones de desplazados, millones de desocupados, una deuda externa de 100.000 millones de dólares, un sistema financiero de estafadores, un Congreso de corruptos, un poder judicial corrupto, el campo en ruinas, el peso en picada, la prensa arrodillada, las ciudades en manos del hampa, la inseguridad en todas partes, y como última razón y causa de todos nuestros males, la desaparición del Estado, el cual incumpliendo su función esencial de garantizar la vida y los bienes de todos no se los garantiza a nadie y solo existe aquí para atropellar y atracar: para atropellar con sus trabas y atracar con sus impuestos. 

Pues para tapar la realidad monstruosa con cortinas de humo que no dejen ver lo que pasa, al sinvergüenza le dio por armar en Cuba un dizque “proceso de paz” con la banda más dañina y criminal que haya conocido Colombia, los bandoleros de las Farc. Surgido de la crema y nata de la gusanera de la clase política colombiana y traidor nato, el sinvergüenza de que estoy hablando se llama Juan Manuel Santos.

Que haya sentado en Cuba a sus enviados a negociar con los de las FARC como iguales se me hace perfecto porque lo son: alimañas todos. 

Unos bribones negociando con unos hampones. ¡Pero que haya sentado también a nuestros generales! Generales de Colombia que van a La Habana: ¿acaso a ustedes o a sus hijos los secuestraron o los lisiaron o los mataron los criminales de las FARC? No: a sus soldaditos, reclutados entre los muchachos pobres del pueblo, o a la gente humilde del campo que aquí siempre paga el pato. Ustedes están mandando desde la seguridad de sus oficinas de Bogotá, bañándose en la piscina del Club Militar y mamando a lo grande del presupuesto. Miserables. 

Bendecida por los Castro (sostenedores desde siempre de las guerrillas colombianas porque son como ellos, carceleros, asesinos, narcotraficantes y dizque revolucionarios), la mesa de negociaciones de La Habana lleva ya dos años largos en ellas. ¿Y cómo negocian? En la oscuridad, aunque el sinvergüenza hace creer que es a la luz del día. ¿Y qué negocian? El botín, el de los altos puestos públicos y sus contratos. Los que durante doscientos años han gozado del botín enzarzados en guerras civiles y elecciones resolvieron ahora que a los de las FARC les tocaba probar el pastel al estilo de lo que ya hicieron con los del M-19, quienes lo que no lograron con las armas y el derramamiento de la sangre lo están logrando con el engaño de las urnas. Ya tienen la alcaldía de Bogotá y acabaron con la ciudad. Ahora van a seguir con Colombia. 

Vuelvo al otro. Maneja sus marionetas de La Habana desde aquí mandando llevar y traer. Hoy van las víctimas, mañana los generales, pasado mañana irá Francisco, que es tan bueno. Que aproveche este san Francisco para lavarle los pies a Castro, el tirano que bendijo Wojtyla. 

Hace cinco años, una semana antes de las elecciones en que lo eligieron, el manipulador de marionetas repetía como disco rayado que Álvaro Uribe era el más grande presidente de la Historia de Colombia. No bien salió elegido y al más grande presidente de la Historia de Colombia y su protector le dio su buena patada en el culo, perdón, trasero. Hasta risa me dio. Últimamente le tocó su patada a su exjefe Gaviria. Este payasito traidor sí es muy gracioso. Traiciona aquí, traiciona allá, es el traditor traditorum que diría Cicerón, nuestro traidor de los traidores. 

A García Márquez hace un año, cuando murió, para sacar partido del muerto porque se le tambaleaba su reelección le organizó un homenaje de cenizas presentes en el Palacio de Bellas Artes de México y dijo en tan solemne ocasión que era el más grande de los colombianos: de hoy, de ayer y de mañana. A mí estas hipérboles garciamarquianas de nuestro Nostradamus criollo me encantan, máxime que a Gabito también lo usó y lo tiró. Él usa y tira vivos o muertos, según le sirvan o no le sirvan. ¡No estar vivo Gabito que era tan amigo de los Castro para que le ayudara ahora en sus negociaciones de paz! 

Paso a hablar de las dos ocurrencias más geniales que ha tenido el guerrero pacifista: la “potencia emergente” y la “justicia transicional”. ¿Una potencia emergente con millones de pobres, millones de desplazados, millones de damnificados y millones de exiliados que lavan inodoros en el extranjero? Lo que somos es una potencia exportadora: de colombianos. En cuanto a la “justicia transicional”, en realidad es la impunidad permanente. ¡Dizque esto es una democracia! Esto es una monarquía, y la impunidad la reina de Colombia. Juan Manuel Santos no es más que su primer lacayo. 

Consumado el proceso de paz, ¿Timochenko irá de candidato a la alcaldía de Bogotá? A la alcaldía no: a la presidencia. Para la alcaldía va Iván Márquez compitiendo con los pacifistas Mockus y Petrus. Mockus, lituano huido in útero de Stalin se instaló en Colombia a matar perros con su sicaria Beatriz Londoño, la electrocutadora de Engativá. Pasa por bueno pero es malo. Se hace el loco pero es un imbécil. ¿Y Petrus, el reintegrado del M-19, los que se robaron la espada de Bolívar? Se la habrán robado, pero la devolvieron, y como la devolvieron no se la robaron y entonces ahí no hubo delito. Como no habrá delito, en virtud de la justicia transicional, para el que le voló los ojos con una mina quiebrapatas a un campesino o a un soldado. O los oídos. O las piernas. O para el que lo mató con un burro cargado de cilindros de gas. 

¿Y la reparación satisfactoria a estas víctimas qué? ¿Cómo se logra? Ningún problema. Viene Cristo y les devuelve la vista, el oído, el caminado, la vida a los afectados. ¿Y si no viene? ¡Cómo no va a venir! ¿Entonces para qué somos un país católico? 

Ciento sesenta y dos órdenes de captura pesan sobre Timochenko, quien sumando las condenas que le han impuesto los varios jueces que lo han juzgado tiene que pagar 178 años de cárcel. ¿Cómo resuelve esto la justicia transicional? Muy fácil. Puesto que con capturar al fugitivo una vez ya queda capturado, las 161 órdenes restantes salen sobrando: con una sola captura basta. ¡O qué! ¿Es que usted captura a un prófugo 162 veces? Y puesto que el prófugo se entregó motu proprio acogiéndose a la justicia transicional, quedó sin haber captura pues fue entrega. ¿Y los 178 años de cárcel? Los paga en milisegundos. En la justicia transicional un año es un milisegundo. Por eso es tan transicional. ¿Entonces Timochenko solo va a pagar 178 miles segundos de cárcel? Pobre, no va a alcanzar ni a comerse una empanada de iglesia. 

Habiendo pagado su condena, Timochenko saldrá de la cárcel para las elecciones y de las elecciones para la presidencia. Excelentísimo señor doctor don Timochenko, presidente de la República de Colombia: Espérese un poquito aquí en el lobby antes de ingresar a la sala, que le vamos a tocar el himno. “Oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal”. ¿Qué querrá decir inmarcesible? Piedad Córdoba ha de saber. Piedadcita conoce todas las coordenadas. 

Colombianos: maten, roben, extorsionen, violen, secuestren, que el anticuado concepto del delito aquí desapareció. Somos una potencia emergente, somos la revolución jurídica, somos la vanguardia del planeta. 

Al Padre Eterno le salió su Único Hijo bobo. Se hizo colgar de una cruz para redimirnos, han pasado dos mil años y miren dónde estamos. Peor no puede estar Colombia ni puede estar el mundo. ¿Cuántos años más se van a necesitar para que surta efecto su redención? ¿Otros dos mil? El Hijo de Dios e insultaba con nombres de animales como cualquier Fidel Castro: “Id y decidle a ese zorro que yo predico y hago milagros”, le mandaba decir a Herodes. “Serpientes, raza de víboras”, les decía a los fariseos. Y dizque “No les deis las perlas a los cerdos”. Sí se las doy, y a mis perros caviar. Nunca le cupo en su cabecita loca que puesto que los animales sufren también son nuestro prójimo. Los zorros, los cerdos, los perros, las vacas sufren, por lo tanto son mi prójimo. Su mal ejemplo pervive. Por eso Beatriz Londoño, la sicaria de Mockus, puede electrocutar impune a cuatrocientos perros en Engativá mojándolos con agua en el amanecer de la sabana y tirándoles varillas de hierro electrizadas. ¡No ser yo presidente de esta republiquita para electrocutar a esa vieja en pelota y mojada con agua fría! 

Vuelvo al loquito de Galilea que no quería a los animales como Antanas Mockus. Le dio por abolir la Ley del Talión, la del ojo por ojo y el diente por diente, y miren cómo está el mundo. El hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Su tendencia natural es a obrar mal y no tiene redención. Al niño hay que castigarlo para que aprenda. Sin castigo para el que hace el daño no puede existir la sociedad. Solución rápida: que se restaure la Ley del Talión pero perfeccionada: los dos ojos por uno, todos los dientes por uno, y como el hombre no tiene sino una vida, que el que mate pague con la suya y con la vida de su madre. Repudio la justicia transicional. Repudio que siga habiendo aquí prescripción del delito. Que no se quede en Colombia sin castigo ni el robo de un tornillo. Máxime si se lo sacaron a uno de la cabeza. 

Dos años llevan en La Habana con el cuento de la paz, escamoteando desde el principio, deliberadamente, el punto esencial, el de si van a pagar cárcel por sus crímenes los delincuentes de las FARC. Si sí, cuánto y en qué. ¿En años, o en milisegundos? ¿Por qué lo están dejando para el final? Para embrollar y diluir la infamia contando con la olvidadiza memoria humana. Nada van a pagar. Se reintegrarán a la sociedad como los reinsertados de Uribe, que siguen delinquiendo, y formarán un nuevo partido, el de Justicia y Libertad, para sumárselo al Liberal, al Conservador, al de la A, al de la B, al de la C, al de la U, a la Alianza Verde, al Polo Democrático, al Centro Democrático, a la Opción Ciudadana, al Cambio Radical, y se pegarán de la ubre pública como los de todos estos. 

Andaba de asesor en narcotráfico en México y de negociante en La Habana, de donde acaba de regresar a ocuparse del desminado (no con sus propias manos, claro, con las ajenas), un general Naranjo, de cuatro soles, Ministro para el postconflicto, quien sin haber cruzado una bala con delincuente alguno ha llegado a ser el mejor policía del mundo. O sea que aquí tenemos: el mejor policía del mundo, el mejor presidente del mundo y el mejor colombiano del mundo. ¡Cómo no vamos a ser el país más feliz del mundo! En las pasadas elecciones, para servir a la patria, este general-policía se le ofreció a Santos de vicepresidente para el período de la reelección. No se le hizo porque no contaba sino con dos votos, el suyo y el de su mujer, y Santos le dijo que tenía que poner dos millones, que multiplicara su caudal político por un millón. Pero que llega, llega, y no a la vicepresidencia: a la presidencia. Entonces Santos sentirá en trasero propio lo que sintió Uribe. El que a hierro mata a hierro muere. ¡Ministro del postconflicto! ¡Cuál postconflicto! Mientras no se castiguen los crímenes de las FARC aquí no se ha acabado ningún conflicto. 

Santos: Hace un año en declaraciones a El País de España dijiste (y me podés ver en YouTube leyéndolas en un ejemplar de ese periódico en la última Feria del Libro de Bogotá), que ibas a convocar a un referendo o plebiscito para que Colombia aprobara o rechazara lo que se acordara en La Habana. Como sos un negociante que compra y vende y un fumista que lanza pantallas de humo, te pregunto si nos vas a escamotear ahora el plebiscito. 

Compradores de conciencias con puestos públicos, traidores de lealtades efímeras: Repudio su reconciliación. Repudio su paz. Solo quiero que se les haga justicia a las víctimas de las FARC y se castigue a sus victimarios, y de paso a los que los solapan con conversaciones de impunidad que llaman de paz. 


César Gaviria le entregó a Pablo Escobar a Medellín y a Bogotá para que los bombardera y devastara; le permitió construir su cárcel privada de La Catedral en Envigado para que desde allí siguiera delinquiendo y asesinando y le metiera preso a su viceministro de Justicia; sin haber pavimentado ni una calle abrió la importación de carros y embotelló el país; abrió la importación de textiles y demás productos que aquí se producían y acabó con la industria colombiana. 

Andrés Pastrana, para hacerse elegir, fue a los Llanos a abrazar a Tirofijo y ya electo le entregó el Caguán para lo convirtiera en su bastión desde donde nos atacara. Álvaro Uribe instauró para sí mismo la reelección inmediata; extraditó a los Estados Unidos a espaldas del país, de la noche a la mañana para que no hablaran, a los grandes capos paramilitares, que allá tenían cuentas pendientes por narcotráfico pero que aquí las tenían por los más monstruosos crímenes de sangre; hoy muchos de sus funcionarios más cercanos andan fugitivos acusados de montones de delitos de los que él se lava las manos; y aunque sus hijos se han hecho ricos echando azadón y pala, él como papá está pobre. Pues Juan Manuel Santos fue ministro de los tres y por lo tanto su cómplice. Juan Manuel Santos es el más grande bellaco de la Historia de Colombia, y estas jornadas por la paz una farsa. 

Tomado de la Revista Semana.com

A la pregunta : Qué hay en su discurso para los hijos que sus padres fueron asesinados por el Estado?
Responde Vallejo: No se reproduzcan más que el mundo no va para ninguna parte. Ustedes no tienen el derecho de imponerles la vida a nadie. La vida es un horror. Ustedes no tienen derecho de sacar a nadie de la paz de la nada para traerlos a este horror.

La clase política colombiana produjo a las guerrillas. Las guerrillas produjeron a los paramilitares. Unos monstruos producen otros monstruos. Y otros monstruos producen otros monstruos. Desde que nos independizamos de España estamos en guerras civiles un partido con el otro. Todo el siglo XIX lo pasamos en guerras civiles por los puestos públicos. Lo acabamos con las guerras civiles de los mil días con la que comenzamos el siglo viente.

Aquí no han ido sino detrás del botín pública.

Democracia no son más que unas mafias que se aprovechan del mundo entero, unos pocos se aprovechan.

Yo no vine a dar soluciones porque yo no dañe esto. Yo vine a señalar hampones.

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