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Pulgarcita

Conferencia
Por Michel Serres
Traductora María Luisa Jaramillo
Colaboración para Colombiakritica
Imagen bajada de Internet

Antes de enseñarle algo a alguien, por lo menos hay que conocerlo. ¿Quién va  hoy en día a la escuela, al colegio, al liceo o a la universidad?

                                                                  I

Este nuevo estudiante de la escuela, esta joven estudiante no ha visto nunca ni un ternero, ni una vaca, ni un cerdo ni una cosecha de uva. En 1900, la mayoría de los humanos del planeta trabajaban en la labranza y en los trabajos de pastoreo;  en 2011 , en Francia y así como en otros países análogos ya no contamos más que con un uno por ciento de campesinos. Sin duda aquí hay que ver una de las rupturas más fuertes de la historia desde el neolítico. Antiguamente, la cultura, que se refería a las prácticas agrícolas ,  cambió de repente. 

Aquel o aquella que les presento ya no vive en compañía de otros seres vivos, ya no vive en la misma Tierra, ya no tiene la misma relación con el mundo. Ella o el ya no admiran sino una naturaleza idílica, la del tiempo libre o la del turismo.

- Vive en la ciudad. Sus predecesores inmediatos, más de la mitad, frecuentaban  el campo. Pero, como se ha vuelto sensible con respecto al medio ambiente polucionará menos,  más prudente y respetuoso que nosotros, adultos inconscientes y narcisos.

 Ya no tiene la misma vida física, ni el mismo mundo ya que la población  ha llegado casi a los siete mil millones de humanos ; ya vive en un mundo lleno.

- Su esperanza de vida alcanzará los ochenta años. El día de su matrimonio, sus abuelos se habían jurado fidelidad apenas por diez años. Cuando el o ella consideren la posibilidad de vivir juntos, ¿se van a jurar lo mismo por sesenta y cinco años ? Sus padres heredaron cuando tenían treinta años, ellos tendrán que esperar la vejez para recibir estos legados. 

Ya no conocen ni las mismas edades, ni el mismo matrimonio,  ni la misma transmisión de bienes. Cuando se iban para la guerra, con la flor en el fusil, sus padres le ofrecían a la patria una esperanza de vida breve; ¿harán ellos, de igual modo, la promesa por seis decenios?

- Desde hace sesenta años, intervalo único en nuestra historia, el o ella no conocieron la guerra, y dentro de poco no la conocerán ni sus dirigentes ni sus educadores. Como se benefician de una medicina por fin eficaz y  en lo que se refiere a la farmacéutica, se han beneficiado de analgésicos y anestésicos, han sufrido menos, desde el punto de vista estadístico, que sus predecesores. ¿Han tenido hambre? 

Ahora bien, religiosa o laica, toda moral se resumía en unos ejercicios destinados a soportar el dolor inevitable y cotidiano: enfermedades, hambruna, crueldad del mundo.

 Ellos ya no tienen ni el mismo cuerpo ni la misma conducta; ningún adulto  ha sabido inspirarles una moral a la que puedan adaptarse.

- Mientras que sus padres fueron concebidos a ciegas, su nacimiento es programado. Como para el primer hijo, la edad de la madre ha progresado de diez a quince años, los educadores ya no encuentran padres de alumnos que sean  de la misma generación.

Ya no tienen los mismos padres;  al cambiar de sexualidad su genitalidad se transformará.

- Mientras que sus predecesores se reunían en clases o en anfiteatros homogéneos culturalmente, ellos estudian en un colectivo donde se codean en adelante varias religiones, lenguas, procedencias y costumbres. Para ellos y sus educadores, el multiculturalismo es la regla. ¿Por cuánto tiempo podrán seguir cantando la innoble “sangre impura”  de algún extranjero? (1)  

Ya no tienen el mismo mundo mundial, ni tampoco el mismo mundo humano. Pero alrededor de ellos, las hijas y los hijos de los inmigrantes, que han venido de los países menos ricos, han vivido experiencias vitales inversas.

Balance temporal. ¿Cuál  literatura, cuál historia comprenderán, felices, sin haber vivido lo rústico, sin haber conocido los animales domésticos, la cosecha de verano, diez conflictos, cementerios, heridos, hombres con hambre, patria, bandera ensangrentada, monumentos a los muertos, sin haber experimentado en el sufrimiento la urgencia vital de una moral?

                                                                II

           EN LO QUE SE REFIERE  AL CUERPO Y AL CONOCIMIENTO 

-  Sus ancestros fundamentaron su cultura en un horizonte temporal de varios miles de años, adornados por la Antigüedad grecolatina, la Biblia judía, algunas tabletas cuneiformes, una prehistoria corta. En adelante ella es de millones de años, su horizonte temporal se remonta a la barrera de Planck, pasa por la  acreción del planeta, la evolución de las especies, una paleo-antropología de millones de años. Ya que no viven el mismo tiempo, hacen parte de otra historia .

- Están formateados por los media, difundidos por los adultos que han destruido meticulosamente su facultad de atención,  reduciendo la duración de las imágenes a siete segundos y el tiempo de las respuestas a las preguntas a quince segundos según  cifras oficiales; la palabra que más se repite es “muerte” y la imagen que más se representa es la de cadáveres. Desde la edad de doce años, esos adultos los forzarán a ver más de veinte mil asesinatos.

- Están formateados por la publicidad; ¿cómo enseñarles que la palabra relais  (2) en francés se escribe “ - ais” mientras que ella está escrita “ - ay” en todas las estaciones de trenes? ¿Cómo enseñarles el sistema métrico cuando, de la manera más tonta del mundo, la SNCF (3) les pone “- s´miles” ?

Nosotros, los adultos hemos reforzado nuestra sociedad del espectáculo en detrimento de una sociedad pedagógica cuya competencia aplastante, vanidosamente inculta, eclipsa la escuela y la universidad. Teniendo en cuenta  el tiempo de escucha y de la visión , los media ya se apoderaron desde hace tiempo de la función de la enseñanza.

Los educadores son los institutores menos escuchados. Son criticados, vilipendiados, ya que son mal remunerados.

Estos jóvenes viven  pues lo virtual. Las ciencias cognitivas muestran que el uso de la red, la lectura o la escritura con los pulgares de los mensajes, la consulta de Wikipedia o de Facebook, no excitan las mismas neuronas ni las mismas zonas corticales que funcionan con el uso del libro, de la arcilla o del cuaderno. Pueden manipular varias informaciones a la vez.

No conocen,  ni integran, ni sintetizan como lo hacemos nosotros, sus ascendientes.

Ya no tienen la misma cabeza.

- Por el teléfono celular acceden a todas las personas; con el  GPS, a todos los lugares; por la red, a todo el saber; frecuentan pues un espacio topológico de vecindades, mientras  que nosotros vivíamos en un espacio métrico, con referencia a las distancias. 

Ya  no viven el mismo espacio.

Sin que nos diéramos cuenta de ello, un nuevo humano ha nacido, durante un breve intervalo, el que nos separa de la Primera Guerra Mundial.

El o ella ya no tienen el mismo cuerpo, la misma esperanza de vida, ya no se comunica de la misma manera, ya no percibe el mismo mundo exterior, ya no vive en la misma naturaleza. Habiendo nacido con la peridural y con nacimiento programado, ya no teme, bajo los cuidados paliativos, la misma muerte. Como ya no tiene la misma cabeza que tuvieron sus padres, el o ella conoce de otra manera.  

- El o ella escribe de otra manera. Al observarlo, con admiración, enviar - más rápidamente de lo que yo no sería  capaz de hacer con mis dedos entumecidos- SMS con los dos pulgares, los bauticé, con la mayor ternura que pueda expresar un abuelo, Pulgarcita y Pulgarcito. Este es su nombre, más bello que la vieja palabra, seudo-sabia, mecanógrafo.  

- Ya no hablan la misma lengua. Desde Richelieu, la Academia francesa publicó, más o menos cada cuarenta años, para  referencia, el diccionario de la nuestra. En los siglos precedentes, la diferencia entre dos publicaciones se establecía alrededor de cuatro a cinco mil palabras, cifras más o menos constantes;  entre la precedente y la próxima, ella será más o menos de treinta mil.

 A este ritmo, podemos adivinar que dentro de poco,  nuestros sucesores podrían encontrarse, mañana, tan separados de nuestra lengua como lo que estamos, hoy en día, del antiguo francés utilizado por Chrétien de Troyes o Joinville. Este gradiente da una indicación casi fotográfica de los cambios que describo.

 Esta inmensa diferencia que afecta a  todas lenguas tiene que ver, en parte, con la ruptura entre las profesiones de los años cincuenta y las de hoy.  Pulgarcita y su hermano no se dedicarán a los mismos trabajos.

 La lengua cambió, el trabajo mutó.

                                                                   III

                                                      EL INDIVIDUO

Aún más,  se han convertido en individuos.  Inventado por San Pablo, a comienzos de nuestra era, el individuo acaba de nacer en estos días. ¿ Nos damos cuenta que  antiguamente y hasta no hace mucho, vivíamos de pertenencias? Éramos franceses, católicos, judíos, protestantes, ateos, gascones o picardos, mujeres u hombres, indigentes o afortunados… pertenecíamos a regiones, a religiones, a culturas, rurales o urbanas, a  grupos singulares, a un sexo, a un patois, a la Patria. Debido a los viajes, a las imágenes, a la Red y a las guerras abominables, estos colectivos han , más o menos, explotado. Los que todavía quedan, siguen explotando.  

 El individuo ya no sabe vivir en pareja, se divorcia;  ya no sabe comportarse en clase, se mueve y charla; ya no reza en la parroquia; el verano pasado, nuestros futbolistas no supieron formar un equipo; nuestros políticos ¿saben todavía construir un partido plausible o un gobierno estable?  Por todas partes se dice que las ideologías están muertas; son las pertenencias que ellas reclutaban las que están desapareciendo.

Este individuo recién nacido es más bien una buena noticia. Al sopesar los inconvenientes del egoísmo y de los crímenes de guerra cometidos por y para la libido de pertenencia – centenares de millares de muertos - , amo de amor a estos jóvenes.

Esto quiere decir que hay que inventar nuevas relaciones. Testimonio de ello Facebook que iguala casi a la población mundial. 

Como un átomo sin valencia, Pulgarcita está desnuda. Nosotros, los adultos, no hemos inventado ninguna relación social nueva. El ataque generalizado de la sospecha y de la crítica contribuye más bien a destruirlas.

Muy raras en la historia, estas transformaciones, que llamo hominescentes, crean, en medio de nuestro tiempo y de nuestros grupos, una grieta tan grande y tan evidente que muy pocos  la han comparado con las que eran visibles en el neolítico, en la aurora de la ciencia griega, a comienzos de la era cristiana, al final de la Edad Media y en el Renacimiento.

En la pared de esta grieta, están los jóvenes a quienes pretendemos impartirles la enseñanza, en unos ámbitos que datan de una época que ya no reconocen: edificios, patios de recreación, salas de clase, anfiteatros, campus, bibliotecas, laboratorios, incluso saberes… unos ámbitos que datan – digo yo – de una época diferente y  que están adaptados a una era donde los hombres y el mundo ya no son lo que eran.

Tres preguntas, por ejemplo: ¿Qué transmitir? ¿A quién se le transmite? ¿Cómo transmitirlo?

                                                                      IV

                                         ¿QUÉ TRANSMITIR? ¡ EL SABER ¡

Antiguamente y hasta no hace mucho, el saber tenía como soporte el cuerpo del sabio, del aedo o  el del griot . Una biblioteca viva… este es el cuerpo del pedagogo que enseña. 

Poco a poco, el saber se objetivó :  primero en los rollos, en las vitelas y los pergaminos, soportes de la escritura; luego, desde el Renacimiento, en los libros  de papel, soportes de la imprenta: por último, hoy en día, en la red, soporte de mensajes y de información.

 La evolución histórica de la pareja soporte-mensaje es una buena variable de la función de la enseñanza. Debido a esto, la pedagogía cambió por lo menos tres veces: con la escritura, los griegos inventaron la Paideia; después de la imprenta, los tratados de pedagogía pulularon. ¿Hoy?

Repito. ¡Qué transmitir? ¿El saber? Está en todas partes en la Red, disponible, objetivado. ¿Transmitirlo a todos?  En adelante, todo el saber es accesible a todos. ¿Cómo transmitirlo?. Helo aquí, ya está hecho. 

El acceso a las personas por teléfono celular, con acceso a todos los lugares, por el GPS,  el acceso al saber está en adelante abierto. De cierta manera, está transmitido siempre y en todas partes .

Objetividad, ciertamente, pero, además, distribuida. No concentrada. Nosotros vivíamos en un espacio métrico – digo yo – que se refería a centros, a concentraciones. Una escuela, un  campus, un anfiteatro, en concentraciones de personas, estudiantes y profesores, libros en bibliotecas, de instrumentos en laboratorios… este saber, estas referencias, estos textos, estos diccionarios… están distribuidos en todas partes y, en particular, en  vuestras casas –¡ incluso los observatorios¡, aún más, en todos los lugares a donde ustedes se desplazan; debido a esto, ustedes pueden tocar a sus colegas, a sus alumnos por donde quiera que pasen; ellos les responden fácilmente.

 El antiguo espacio de las concentraciones  - este en el que les hablo y en el que ustedes me oyen , ¿qué estamos haciendo  aquí? – se diluye, se expande; vivimos, acabo de decirlo, en un espacio de vecindades inmediatas, pero, además, distributivo. Podría estarles hablando desde mi casa o desde otra parte, y ustedes me oirían desde otra parte o desde sus casas  ¿entonces qué estamos haciendo aquí?

Sobre todo no diga que al alumno le hacen falta funciones cognitivas que le permitan asimilar el saber que está distribuido de esta manera, puesto que, justamente, estas funciones se transforman con el soporte y por él. Con la escritura y la imprenta, la memoria, por ejemplo, mutó  hasta tal punto que Montaigne prefirió una cabeza bien formada a una cabeza llena. Esta cabeza acaba de mutar una vez más.

 Así como la pedagogía fue inventada (paideia) ,  cuando se inventó y se propagó la escritura; así como cuando ella se transformó cuando surgió la imprenta en el Renacimiento; de la misma manera, la pedagogía cambia totalmente con las nuevas tecnologías.

 Y, lo repito, ellas no son sino una variable dentro de las diez o veinte que he citado o que podría enumerar.

Tenemos una necesidad urgente de un cambio decisivo de la enseñanza – cambio que repercute en todo el espacio de la sociedad mundial y en el conjunto de sus instituciones desuetas, cambio que no afecta solamente la enseñanza, sino también el trabajo, las empresas, la salud, el derecho y la política, en pocas palabras, el conjunto de las instituciones -  pero todavía estamos lejos de él, probablemente, porque los que van a la zaga, en la transición entre los últimos estadios, todavía no se han jubilado, mientras son ellos los que hacen las reformas, según modelos que se han borrado desde hace mucho tiempo.

 Habiendo enseñando durante cuarenta años o más en todas las latitudes del mundo,  donde esta grieta se abre tanto como en mi propio país, he padecido, he sufrido estas reformas como si fueran emplastos en piernas de madera,  como si fueran remiendos; ahora bien, los emplastos dañan la tibia, incluso si es artificial: los remiendos rasgan aún más el tejido que tratan de consolidar.  

Si, desde hace algunos decenios veo que estamos viviendo un período comparable a la aurora de la Paideia, después de que los griegos aprendieron a escribir y a demostrar; semejante al Renacimiento que vio nacer la imprenta y  que vio aparecer el reino del libro; período incomparable, sin embargo, porque al mismo tiempo que estas técnicas mutan , el cuerpo se metamorfosea, cambian el nacimiento y la muerte, el sufrimiento y la curación, las profesiones, el espacio, el habitat, el-estar-en-el-mundo.

                                                                  V

                                                      DEDICATORIA     

Frente a esta mutaciones, es sin duda conveniente inventar inimaginables novedades por fuera de los marcos desuetos que todavía formatean nuestras conductas, nuestros media, nuestros proyectos adaptados a la sociedad del espectáculo. Veo a nuestras instituciones  brillar con un resplandor semejante al de las constelaciones, aquellas que como nos lo enseñaron los astrónomos ya estaban muertas desde hacía mucho tiempo.

¿Por qué estas novedades no han ocurrido? Temo acusar de ello a los filósofos, y yo soy uno de ellos,  personas que tienen por oficio anticipar el saber y las prácticas que vendrán, y que , me parece, fracasaron en su tarea. Comprometidos en la política día a día,  no oyeron venir lo contemporáneo. Si yo hubiera tenido que bosquejar el retrato de los adultos, de los cuales hago parte, este perfil hubiera sido menos halagador.

Quisiera tener dieciocho años, la edad de Pulgarcita y Pulgarcito, ya que todo está para volverlo a hacer. Deseo que mi vida me deje el tiempo suficiente para trabajar en esto, en compañía de estos Pequeños, a los que he dedicado mi vida, porque los he amado con mucho respeto.

Notas

1° de Marzo de 2011

Este es el discurso pronunciado por Michel Serres el 1° de marzo 2011 en el Instituto de Francia. 

El tema de este año fue el de los Retos la educación en el siglo XXI. 

(1) Nota  de la traductora.  Es un verso de la Marsellesa.

(2) Nota de la traductora . Relais significa Albergue.

(3) Nota de la traductora. SNCF significa Sociedad Nacional de Ferrocarriles.

Tomado de Le Monde. fr  del 5 de marzo de 2011 y cotejado con la versión publicada por la página web del Instituto de Francia. En esta nueva revisión sólo toma en cuenta el texto de dicha institución.

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El tiempo Humano

El tiempo humano: de la evolución creadora al creador de evolución *
Michel Serres *

¿A dónde va el saber? Hacia las ciencias humanas. Desde el siglo XIX, Auguste Comte y Renan profetizan así el porvenir de la ciencia. Aunque luego las partículas hayan descompuesto el átomo, que la astrofísica haya abierto el universo, que el código genético —universal— haya descifrado la vida, yo creo sin embargo que la historia por venir recordará el siglo XX, mas que por estas tres proezas, como el fundador de múltiples disciplinas destinadas a responder a la pregunta: “¿Qué es lo humano?”. Bajo muchos respectos, seguirá siendo el de las ciencias llamadas blandas. Recuerdo el decreto gubernamental que nos las hizo añadir al frontón de las antiguas facultades de letras y a la lista de las agregaciones. Pasado 1950, ellas triunfaron. Emblemática, la figura de Claude Lévi-Strauss, por ejemplo, dominó la universidad, la investigación, los mass-media, la opinión. ¿Quién podía, quién puede aún en la actualidad responder a esta pregunta, salvo la economía, la lingüística, las psicologías y sociologías, la etnología y la antropología, más veinte historias diversas, de la de las religiones a la de las mentalidades, en suma la Casa de las ciencias del hombre, de su voz numerosa y una? No volveremos ni sobre estas adquisiciones ni sobre sus avances. Pero, desde hace algún tiempo, las disciplinas duras aportan luces nuevas en este grupo suave, mientras que él se atasca un poco, se repite más y descubre menos. Frazer, Durkheim, Mauss, Dumézil y Girard inventarán, Bourdieu machacará. Corriendo sobre estos pasos, periódicos y revistas no han cambiado de rumbo desde la formación de sus redactores, y repiten a su antojo lo que se decía en la época en que las llamadas ciencias sociales se imponían por completo. Para la opinión corriente, lo humano sigue siendo aún exclusivamente histórico, social y cultural, económico y administrativo; hablar de su “naturaleza” pasa por ser un error duro. Mientras que fueron refrescantes en el curso de su eflorescencia, las ciencias humanas contribuyen en la actualidad a una especie de
corrección política. 

Relevo en el siglo XXI

Hace apenas algunos años, un libro parecido que se consagró a responder la misma pregunta: “¿Qué es lo humano?”, reunió en efecto a un etnólogo, un sociólogo, un psicoanalista… pero no se le ocurrió convocar a un médico. Ahora bien, antes de mí, la paleo-antropología y la biología neuronal han respondido aquí por completo. Esta novedad es el signo del comienzo del siglo XXI. Para hablar de nuevo en figuras emblemáticas, Yves Coppens tiende a reemplazar a Claude Lévi-Strauss. Éste viajaba por toda la anchura del espacio, de los trópicos a Vancouver, para atravesar las fronteras culturales, mientras que el primero, explorando el tiempo largo, franquea millones de años hacia la aurora africana. En términos de epistemología, la hominización preocupa tanto hoy como ayer la distribución diferenciada de los usos y de los mitos; se sospecha incluso que podría explicarla. La arborescencia temporal en la que se escalonan el ergaster y el afarensis precede y condiciona el ramillete espacial en el que se dispersan Kwakiutl y Arapesh.

El tan vilipendiado origen, lo anterior tan desacreditado, ¿podrían pues aclarar lo diferente? En términos de instituciones, el nuevo siglo tratará de conectar el Museo de historia natural con el museo del Hombre y con las Casa de las ciencias blandas. Esta es la razón por la que este libro comienza por las sinápsis y los chimpancés. Para describir la conducta personal, habíamos olvidado las primeras, tanto como olvidamos a los segundos para comprender mejor nuestras relaciones sociales.
Desde el descubrimiento de Lucy en el rift kenyano, después del ascenso en potencia de la paleoantropología, de la bioquímica, de las ciencias cognitivas y neuronales, debutantes a su vez, revisitamos el relevo naturaleza-culturas, volvemos a poner en conexión dos dominios separadas desde hace tiempos. El siglo XIX anunció las ciencias humanas; nosotros las vimos desenvolverse en el XX; el XXI las reunirá con las ciencias duras. Acabo de escribir Hominescencia y el Incandescente para soldar fluidamente los nudos de esta nueva red. Una meditación sobre el tiempo asegura esta conexión. Para inaugurarla, ¿a qué llamamos precisamente la naturaleza?

El tiempo de naturaleza

Llamo Gran Relato al enunciado de las circunstancias contingentes que emergen una tras otra en el curso de un tiempo, de una longitud colosal, cuyo comienzo está marcado por el nacimiento del universo y que continúa por su expansión, el enfriamiento de los planetas, la aparición de la vida sobre la tierra, la evolución de los vivientes tal como la concibe el neodarwinismo, y la del hombre. De aquí en adelante bien documentado, jugando incluso un papel canónico en el seno de la nueva cultura científica, ese relato, globalmente verdadero si se tiene en cuenta las reorganizaciones regulares que practican
sobre él invenciones y descubrimientos tan contingentes como su propio flujo, brotan pues múltiples bifurcaciones donde aparecen, en estado naciente, todos los fenómenos existentes, bien o mal conocidos.

Cuando él nos empuja a respetar una especie de diosa pastoral o cuando significa la esencia de una noción, de una cosa o de un viviente, abandonamos con razón el término “naturaleza”, pues esos dos sentidos —aún hoy corrientes— derivan de
supersticiones e ideologías. Pero yo no dudo en utilizarlo en su sentido etimológico de nacimiento. Naturaleza designa lo que nace. Consideremos entonces el conjunto de las bifurcaciones del Gran Relato que divergen hacia una emergencia, las de los planetas, de la vida, de las especies o del hombre; nuestro cuerpo y su entorno nacerán de algunos de esos surgimientos cuyas fechas podemos marcar de modo bastante preciso.

¿Qué es pues la naturaleza? La integral indefinida de las bifurcaciones que surgen del Gran Relato, incluso si no las conocemos ni las dominamos todas. Casi tautológicamente, la naturaleza se dice de la suma de estos nacimientos.

¿Qué es lo humano? Un sub-conjunto definido de estas bifurcaciones naturales. Esta integral definida provee una definición sana, sin sueños ni tabúes, de la naturaleza humana, fechas de nacimiento y maneras de nacer, incluso si no dominamos
completamente todos sus procesos.

Evaluación de las duraciones, “natural” y “culturales”

El tiempo que necesitaron duró millones de años, después de miles de millones requeridos por el universo físico, mientras que las culturas y, a fortiori, la historia, datan apenas de algunos milenios. No podemos dejar de comparar una naturaleza, o
nacimientos que emergen de duraciones tan colosales, con el ínfimo espesor de nuestras civilizaciones. Ciertamente, el solo tiempo no lo decide todo, pero ¿hemos evaluado siquiera su peso?

Me tomó mucho tiempo entrar en la intuición de esta duración, tan nuevamente inmensa. Invito a que la meditemos. En la época clásica, Pascal se aterrorizaba con la inmensidad —que el llamaba infinita— del espacio; nosotros nos sorprendemos, hasta la incomprensión, por el espesor enorme del tiempo y de los ritmos inconmensurables. 

¿Qué es lo humano? Una esperanza de vida individual que, recientemente y en escasos lugares, alcanza de setenta a ochenta años, sumergida en culturas colectivas que, en el mejor de los casos, durarán algunos milenios, ellas mismas hundidas en la evolución de una especie, Homo sapiens, que data de algunos millones de años, ella misma bañada en una duración viviente de cuatro mil millones de años, ella misma compuesta finalmente por elementos forjados desde hace quince mil millones más o menos, por los alrededores del nacimiento mismo del universo; en suma, lo humano asocia pequeños trozos imperceptibles de una enorme corriente de duración. Pero, si exceptuamos su comienzo, esta definición puede también servir para las especies y sus individuos.

No se engañen pues en las distancias de algunas páginas que me separan de Jean-Didier Vincent y de Pascal Picq; de lo alto de las neuronas del primero, una evolución de decenas de millones de años nos contempla; y del África del segundo, una
prehistoria de centenas de miles de años. El uno habla de Naturaleza, y el otro de las primeras Culturas. Limitado a las ciencias humanas, no me queda ya nada verdaderamente largo por decir: una delgada película temporal. Si representamos por
medio de un gran año la duración de la que acabo de hablar, nuestras culturas, nuestras lenguas y nuestras políticas se limitan a algunas fracciones de su último segundo. Si me preguntáis mi edad finalmente, puedo confesaros la de mi estado civil, pero puedo también datar alguna de las diferentes capas de neuronas que constituyen mi cerebro, de las cuales algunas aparecieron con los monos llamados superiores, pero de las cuales otras vienen de los reptiles de eras anteriores; así mismo, mezclado en su composición a partir de los de mis padres, mi ADN se remonta a cuatro mil millones de años en su estructura; en cuanto a los átomos que lo componen, su formación acompaña la del mundo, hace de diez a quince mil millones de años. Pero esto se puede decir de todos los vivientes.

¿Qué es lo humano?

Esta restricción explica por qué los filósofos, entre otros, dudan de toda definición de lo humano; la etología encuentra casi siempre un animal, una planta, podemos decir hasta una bacteria, dotados de la cualidad pretendidamente específica de nuestra especie. Los cinco sentidos** dicen con humor que hablar del Homo sapiens excluye la inmensa mayoría de sus semejantes que, desprovistos de gusto, no buscan en los alimentos una excelencia de sapidez. En el análisis de las nuevas tecnologías, Hominescencia lo llama incluso sin facultad. Contemporánea, este fracaso empuja a reputarlo sin propiedad. La
teología antaño llamada apofática, hablaba así de Dios, diciendo lo que Él no era. Sin correr ningún riesgo, una filosofía negativa o crítica se abandona en la actualidad a la misma facilidad; frente a la deconstrucción cómoda, pensar sigue siendo difícil.

Reíd por otra parte, de la contradicción completamente lógica entre esta prohibición de definir y la patética —también expresada corrientemente en nuestros días— en torno a la finitud. Es necesario sin embargo escoger: si lo humano sufre de
esta última, entonces nada más fácil que definir un viviente así encerrado en sus límites; en caso contrario, sin estas fronteras, lo tenemos infinito. Si no sabemos definirlo, tenemos que confesar que no le encontramos ningún fin delante de él; inversamente, si lloramos su finitud, debemos saber y dar de él una definición; sí, repetimos la misma palabra.

Finalmente, lo humano cambia con tanta frecuencia y tanto que excede siempre lo que de él se dice. En el habitante contemporáneo de las metrópolis ¿qué queda del sapiens descrito por los paleoantropólogos? Ahora bien, se ve mejor la dirección de un movimiento cuando este se tuerce; el sentido aparece con el cambio de sentido. Ahora bien, además, en estos últimos cincuenta años ocurrió una transformación tan importante que escapó a los observadores. ¿Cómo este animal metamórfico se metamorfoseó recientemente? A diferencia de mis camaradas, no hablaré ni en millones de años ni en milenios, sino ante todo de medio siglo apenas, es decir una mínima fracción de segundo según la escala que habíamos propuesto.

El tiempo humano de hominescencia

En efecto, mientras que triunfaban las ciencias humanas, lo humano se transformaba - al menos en este rincón de Occidente— bajo el empuje de elementos más naturales que culturales.

El descubrimiento de la energía atómica, es decir diversas respuestas a la pregunta: “¿Qué es la materia?” conducirán la construcción de armas de destrucción masiva tales, que se renovó el terror a la muerte propiamente nuestro. A los miedos
individuales, acompañados a veces de una angustia cultural, una inquietud global se añadió de repente, cuando explotaron las bombas termonucleares. Cada uno de nosotros temió morir; muchas civilizaciones desaparecerán; el propio Occidente desciende de culturas muertas; pero nunca lo humano entró en riesgo de extinción en un planeta en peligro, dos muertes globales incurridas por su genio y su voluntad. Nada en la hominización equivale a esta bifurcación trágica.

Así mismo, diversas respuestas a la pregunta: “¿Qué es la vida?” conducirán a mejoras tales en las condiciones de higiene y la curación de las enfermedades, que nuestro cuerpo se metamorfoseó. Su estatura, su esperanza de vida, su relación con el
dolor y su salud se transformaron e, inmediatamente después, la procreación y la filiación mismas. Además de la relación con la muerte, cambiarán la existencia y el nacimiento.

Estas variaciones no solamente comprometerán el fenotipo, y a veces la familia de algunos Occidentales, sino también el paisaje alrededor. Pues otras respuestas a esta segunda pregunta conducirán a un cambio radical en la crianza y la agricultura, por tanto en el paisaje y la alimentación. Hominescencia habla incluso, a este respecto, de un fin del neolítico. De esta forma, nuestra relación con el mundo se transformó al menos tanto como la que mantenemos con nuestro cuerpo. Y si, desde sus comienzos, pastizales y laboreo trataron de dominar la selección de las plantas y de los animales escogidos, las biotecnologías buscan en la actualidad adueñarse de la mutación, lo que reduce fantásticamente las escalas de tiempo descubiertas por las respuestas a la pregunta: “¿Qué es el universo?” que conducirán, en efecto, a evaluar de otra manera
esas duraciones respectivas, para lo inerte y lo viviente. La relación con los otros cambió otro tanto. La comunicación y sus tecnologías abrirán otras vías en el espacio y el instante, llevando nuevos vínculos y una expansión inesperada de los conocimientos.

Cuando millones de mensajeros se vuelven fuentes de información, la sociedad se vuelve por completo pedagógica. Queda todavía por escribir la nueva epistemología de este saber multiplicado. Ninguna de estas transformaciones: vida, dolor, muerte, nacimiento, mundo alrededor, relaciones con los semejantes… resultó de circunstancias ambientales sobre las cuales no hubiéramos podido hacer nada, como en la evolución en el sentido clásico del término. Por el contrario, ellas vinieron de procesos económicos, sociales, en última instancia cognitivos, de este entendimiento y de esta voluntad colectivos que llamamos el saber, de sus aplicaciones técnicas, de sus operaciones colectivas; en suma, de las ciencias llamadas naturales.

El tiempo humano de desdiferenciación

Una parte de la humanidad ha cambiado pues tanto en medio siglo que ello conduce a pensar lo humano al menos como una capacidad de metamorfosis rápidas. ¿Se trata nuevamente de una especie que mantiene una relación original con el tiempo?
El cuerpo de todos los vivientes se transforma por medio de los procesos evolutivos conocidos: mutación y selección, que permiten una especialización tal, que el organismo así producido explota de la mejor manera los recursos de tal nicho local del entorno. La palabra especie repite el término especialización.

A la inversa, nuestros órganos se desespecializan. Con respecto al casco de los rumiantes, a la pinza del cangrejo, a los tentáculos del pulpo, la mano —no especializada— termina por hacerlo todo: sostener un martillo, conducir un arado, tocar
el violín, acariciar, hacer signos… Con respecto a los picos de las aves, al hocico del tiburón, a la trompa del perro, la boca —no especializada— termina por hacerlo todo: morder ciertamente, pero también besar, silbar, hablar mil lenguas. De este modo podemos abandonar nuestros nichos especiales y abrirnos al espacio global. En vez de habitar una localidad, el humano, desdiferenciado, indiferente incluso (atrevámonos a decirlo) frecuenta el mundo y viaja y, por lo mismo, desborda el presente inmediato, entra en un tiempo diferente. ¿En cuál?

Prácticas del tiempo

¿Nace él con la primera piedra que talla? Seguramente regresa inmediatamente la misma restricción: algunos animales, los pájaros carpinteros, los bonobos, producen auténticas herramientas. Pero de nuevo interviene el tiempo. Nunca cesan de
fabricarlos; nosotros no solamente los acumulamos sino que los entrecruzamos o los aparejamos en un tejido móvil que induce una duración propia. Una vez más, ¿cuál? ¿Qué es la técnica? Si debiéramos esperar que la evolución nos dote, por
ejemplo, de apéndices suficientemente puntiagudos como para picar o de un filo de la mano bastante fino como para tallar, deberíamos —según las leyes de la selección y de las mutaciones— contar (sin la seguridad de lograrlo) con duraciones compatibles con la de la especie y la eliminación de innumerables semejantes desprovistos de tales ventajas. Cuando, por fuera de nuestro cuerpo preparamos objetos que los poseen, ahorramos pues primero la muerte que, trágicamente, hubiera debido abatir inmensas poblaciones desadaptadas; y segundo, la inmensa duración, difícil de evaluar según la emergencia al azar de los mutantes y su adaptación. Una economía formidable de muertes y de tiempo.

Anunciad pues la simplicidad de este cálculo afortunado a los precavidos que lloran los accidentes y le tienen miedo a los riesgos. Sí, al remontar con buen paso la enorme lentitud del Gran Relato, el tiempo técnico recupera —al menos virtualmente— las colosales duraciones que, sin él, no podríamos nunca compensar. Una herramienta condensa un tiempo inmenso.

Para dominar así parte de nuestro entorno voluble, entramos impacientes en la evolución, en el proceso de nacimiento, en el tiempo mismo de los vivientes, lo economizamos, lo cortocircuitamos. ¿Qué es una herramienta? Una proyección del tiempo colosal del Gran Relato sobre el esplendor infinitesimal de la invención práctica y del uso antes del desgaste; concentra o repliega millones de años en meses. A este resultado singular se añaden las prestaciones análogas de otros, asociados, accesorios que aumentan otro tanto esta aceleración. Y esta se vuelve vertical desde que aparece el lenguaje articulado que, a su vez, permite la constitución de grandes sistemas técnicos.

Hablad: ¿cuántas resedas y rosas se ahorran con la palabra flor? ¿Cuántas piedras talladas programa el término sílex? ¿Cuántas acciones, cosas y gestos, designan un verbo, una palabra, una preposición? ¿Cuántos redondos se agrupan en círculos? ¿Cuánto tiempo vivido resume el tiempo enunciado? ¿Cuántos miles de millones de años acabamos de encarar desde que comenzamos este texto? Una página condensa un tiempo inmenso.

La domesticación procede del mismo gesto. Si hubiera sido necesario esperar que el teosinto se volviese maíz, o el búfalo buey… Un carnero condensa un tiempo inmenso.

Después de que inventamos estos condensadores nos volvimos, por otra parte, los objetos reactivos de los cambios que nuestras técnicas externalizaban. Por medio de un círculo auto mantenido, y cuya velocidad se acelera, las herramientas que producimos a partir de nuestros cuerpos desdiferenciados, o de sus actividades, que transformamos sin cesar por esta especie de exodarwinismo, regresan sobre nosotros y nos transforman a su vez, tanto más cuanto que ellos ocupan tres reinos: el inerte, a escala entrópica, piedra tallada o avión; la conservación y la circulación de los signos, a la escala informacional, pergamino o Red; en fin, la del viviente, maíz o clon.

Finalmente, los diversos soportes de la información, escritura, libros, Red… contienen recuerdos recientes, a menudo bajo la forma de mentiras. En cuanto a los objetos técnicos, resumen de manera contundente millones de años de evolución. En comparación con las herramientas manuales, la cultura, llamada intelectual, se vuelve pues un lugar de olvido.


Otro ejemplo: ¿por qué vestirse?

Es cierto que la evolución se toma un tiempo enorme para lograr contingentemente o un pico o una pinza; pero una vez adquiridos, estos órganos permanecen. Paciente la evolución, igualmente larga la adaptación, pero, suponiendo que la necesidad de ésta desapareciese, interminable igualmente la insoportable fijeza. El útil vale entonces como órgano amovible. Para adaptarse, nada vale esta movilidad. Disponer de un aparato consiste en soltarlo cuando la necesidad desaparece, y volverlo a coger cuando se quiera, según la necesidad.

Ejemplo: la opresión térmica impuesta por una piel permanente, o variable según las solas estaciones, impide correr durante mucho tiempo en la cacería, o viajar a los trópicos, en razón del recalentamiento; hundido en el fondo de su melena, así duerme el león macho, esperando que la máquina se enfríe. ¿Cómo explicar el uso humano de vestirse? ¿Viene la motivación de la nieve, del pudor sexual, del deseo de ocultar debilidades o fealdades, del cuidado por la limpieza? Qué importa, a la vista de la vicisitud en forma de torbellino de estas causas mismas y de otras más; el clima varía, la lluvia escasea o abunda, las relaciones fluctúan, las conductas y los modos cambian. 

Mas bien pues que buscar una causa, sería mucho mejor considerar las variaciones en un abanico de constreñimientos múltiples. De hecho, nos vestimos para podernos desvestir rápido, después volvernos a vestir con la misma rapidez, en resume: descubrir la extraña ventaja del desprendimiento; el desollado puede cambiar de piel. En todos los casos, la flexibilidad móvil y diversa de esta adaptabilidad se impone sobre una solución única y rígida. La causa se vuelve la amovilidad.

Subrayo con fuerza el razonamiento precedente. Para explicar, ante todo le buscamos a un efecto alguna causa: por ejemplo, el vestido nace del frío. Luego la hacemos variar; entonces, una función se dibuja según lo que llamamos la variable: según las estaciones, piel abundante o rapada. Pero, en un tercer tiempo, considero la variación como tal, cualquiera sea la causa o la cosa que varíe: el tiempo de esta variación se vuelve la causa ella misma. La variación requiere la amovilidad. Entonces, como la del vestido, la esencia de la técnica se resume en este juego, en el doble sentido, de lo lúdico, y de una ligera distancia entre elementos útiles que permite que se adopten vestido, armas y herramientas, por un tiempo breve, que se los deje a un lado, que se los deponga, en suma, que se disponga de ellos. Este juego significa pues “a disposición”. La disponibilidad se vuelve la esencia misma del uso. Por tanto la técnica condensa y maneja tanto tiempo corto como tiempo largo. ¿Qué es el uso técnico? Una disponibilidad. ¿Qué es el lenguaje? Una predisponibilidad. Técnica de programación <logicielle>, deja por lo mismo mil juegos entre signo y sentido. Así podemos responder a un entorno por todas partes y siempre rápidamente variable. Al experimentar la viva volubilidad de todas las cosas, lo humano nace de adaptarse a las
variaciones más que a las cosas, al tiempo más que al espacio, al tiempo para adaptarse a las cosas del mundo espacial. ¿Cómo responder cuando todas esas cosas fluctúan?

Llenando un saco de medios heteróclitos que puedan servir para cualquier eventualidad. En términos darwinistas, ese saco se llama gestos del cuerpo, danzas y récores, periquetes artesanales… mejor aún: el cerebro; expresando este depósito de medios disparatados, su electroencefalograma —caprichoso como las variaciones del tiempo— tiembla como caóticamente; de manera exodarwinista, esto se llama técnica, innumerable brote de herramientas de todos los órdenes, que duermen prestos a servir.

En él y por fuera de él, el humano construye y dispone pues de un tesoro enorme, creciente por conexión, de respuestas a eventuales variaciones, a los contingentes caprichos del tiempo. Estas contingencias se vuelven las causas crónicas.

Y esto es verdad por todas partes. ¿Quién soy sino un tembloroso invariante por las mil variaciones que hicieron de mí un niño, un adulto y un viejo canoso, adaptación más o menos parpadeante a estos cambios? ¿Qué es la humanidad sino la tasa variable de renovaciones por los nacimientos y las muertes? Aquí, la acción técnica proyecta millones de años sobre algunos. Paradoja: el tiempo se vuelve la razón constante. ¿Qué es el humano sino un viviente cuyo devenir se sumergió en el devenir —amplio o corto, al menos suficiente— como para usarlo, sino para dominarlo?

Dominación

Se dice que la filosofía moderna comenzó con el precepto de Bacon: “Mandar a la naturaleza obedeciéndola”. Hasta un período reciente, esta naturaleza se limitaba a las cosas inertes locales y a las leyes de la física. Pero el término naturaleza —lo he dicho al comienzo— quiere decir también “nacer”. Hace mucho tiempo que ganaderos y cultivadores, comandamos a algunos vivientes y los hacemos nacer; entrados bien recientemente en los procesos detallados de la reproducción, comenzamos a hacer nacer especies y a hacernos nacer nosotros mismos en un entorno global al que también suscitamos: la naturaleza toma entonces un tercer sentido, más global, meteorológico y mundial. En el viejo precepto entra entonces la naturaleza en el sentido del nacimiento de los vivientes y en el sentido de la totalidad. Comandamos el nacimiento obedeciendo sus variaciones, disponiendo de su tiempo.

Proyectando así una duración gigantescamente larga sobre nuestra existencia brevísima, por medio de las técnicas primero, el lenguaje después, y finalmente hoy por selección, mutación y entorno proyectados, dominamos de manera creciente y racional los principales elementos de una evolución contingente que, desde hace miles de millones de años, se hacía sin nosotros. ¿Qué es lo humano? Ese formidable cortocircuito temporal. Al menos, la capacidad de realizarlo. Qué tontería pretender que no le podemos nada al tiempo.

Mejor aún, ¿qué es un río, una nube, una roca, una montaña, la mar, una estrella, qué es finalmente una cosa natural, qué es un cuerpo viviente, por tanto el nuestro? Una caja, un pozo, una banca de tiempo, digamos la palabra: una memoria. Las ciencias contemporáneas han incluso enseñado a fecharlas casi todas, capa por capa, detalle tras detalle. Antes de estas proezas —acabo de decirlo— habíamos aprendido (al menos ciegamente) a imitar la naturaleza desde ese mismo punto de vista temporal; sabíamos pues, de alguna manera, plegar, ocultar, conservar, gastar, envolver o desarrollar tiempo en un objeto, útil práctico o intelectual, martillo o página; y en un viviente que se reproduce, toro u oveja, hacer de él también una memoria. Al abrirnos la mutación, las biotecnologías siguen esta tradición antigua por medio de procedimientos de una
novedad fulgurante. Sabemos manipular este tiempo antaño caprichoso. Entrando en la memoria de su especie, hacemos nacer vivientes. Condensar el tiempo colosal del Gran Relato en la brevedad de la innovación técnica es aquí pues, lo mismo que proyectar una memoria en un nacimiento. ¿Metemos la mano en la duración del mundo y el tiempo de la evolución, sobre la especiación… sobre la hominización? Sí, de golpe y como de rebote, nos hacemos nacer a nosotros mismos. 

Entramos en nuestra larga memoria, penetramos en nuestra naturaleza y en ella hacemos nacer una cultura. ¿Qué es pues el humano? Un viviente en vías de auto-evolución. En un siglo, la duración de Bergson desciende de la metafísica a la práctica, y de la evolución creadora al creador de evolución. Ella pasaba por ser un dato fatal, en todo caso por ser un destino; hela entre nuestras manos. Racional de ñapa. Sapiens sapiens tiene sin duda menos razón que la evolución al azar, que él termina por forzar de manera programada. Nada es más nuevo verdad; pero nada es tampoco más comúnmente humano, a tal punto tenemos la costumbre de hacer que se encuentren nuestras ideas más abstractas con lo establecido o con el jergón, o abstraerlas de nuestras manipulaciones; nada más antiguo puesto que en cumplimiento de este gesto mismo, sobre la primera piedra, nos volvimos humanos. ¿Qué es la historia humana? El dominio relativo de un resumen de evolución.

Los estoicos de la Antigüedad distinguían entre las cosas que dependen de nosotros y las que para nada lo hacen. Hemos aprendido, después, a hacernos amos y poseedores de la naturaleza —según el precepto de Descartes— por tanto hacer crecer las cosas que dependen de nosotros y decrecer las que no dependen. Llegados al máximo de esta eficacia, nos apercibimos en un tercer tiempo, que dependemos finalmente de las cosas que dependen de nosotros. Dependemos de aquí en adelante de una duración que, cada vez más, depende de nosotros. Hemos retomado el ciclo autoproductivo de hace un momento, pero en la pura temporalidad.

Actualmente como ayer, nacemos de hacer nacer. Por esto hablé al comienzo de una cultura reconectada a la naturaleza. Nos planteamos pues cuestiones globales, concernientes a nuestra influencia sobre un entorno que utilizó millones de años para
constituirse, en el momento mismo en que nuestras biotecnologías buscaban dominar la mutación que, dejada a sí misma, toma un tiempo imprevisible, hacen nacer vivientes que nos sorprenden. Por esto llamo humano al único viviente que corre hacia la autoevolución, porque él descubre —poco a poco— nuevas empresas sobre el nacimiento y la naturaleza, en suma, sobre el tiempo. Lo que de Kant a Sastre llamábamos autonomía personal o creación de sí por sí mismo, pasa de la moral al destino y del individuo al mundo y a la humanidad.

Tiempo

Para aclarar esta auto-evolución, regreso sobre el tiempo y retomo; si esperásemos que la evolución, esa que conocemos sin dominarla, logre dotarnos de un órgano que responda a tal o cual necesidad, tendríamos que tener paciencia de duraciones colosales y soportar millones de muertos por desadaptación. Desde que nos entregamos a las acciones técnicas, manipulamos tiempo sin dudar de ello. Fabricar una piedra que talle exige algunos minutos, en lugar de esos millones de años. Así se evalúan los objetos técnicos: temporalmente. La actividad técnica ajusta una duración colosal, sin finalidad, sobre la duración breve de la intención inventiva, seguida de la puesta a punto.

El mismo razonamiento se aplica a la agricultura y a la ganadería que marcó, en el neolítico, un momento decisivo de la hominización. Cuando laboramos o protegemos a los animales en la finca, los sustraemos de los peligros mortales del medio natural. De cierta manera, los sacamos de la evolución. En lugar de esperar que ella nos ofrezca la multiplicidad de caballos de carreras o de labranza, vacas adaptadas a tantos climas, la inmensa variedad de perros de compañía… más vale seleccionarlos nosotros mismos.

De nuevo, plegamos un tiempo interminable sobre nuestras fulminantes decisiones. De la piedra tallada a la invención de la escritura y de la agricultura, de la ganadería a la revolución industrial, de la informática a las biotecnologías, la hominización realizó el mismo gesto, seguramente que refinándolo y multiplicándolo, pero invariante en sus variaciones. Sí, como cualquier otro viviente, hubiéramos esperado a que nos salieran alas, inciertamente… de Ícaro con la carabela, mientras que nos volvíamos constructores de aviones. Homo faber resume en un periquete lo que la llamada naturaleza se toma una paciencia multimillonaria para hacer emerge sin quererlo. Envuelve en instantes menudos duraciones colosales. Este plegamiento amontonado crea agujeros negros donde se olvida la larga duración que la acción presente economiza. Cuando atravesamos el Pacífico a once mil metros de altitud ¿qué tenemos que hacer con nuestros recuerdos que centenas de millones de años hubieran podido darnos alas? Virtual, esta memoria ya no concierne. La historia se vuelve este pozo de olvido.

La historia

Desde entonces ¿qué de nuevo en las biotecnologías inquieta a los profetas de la desgracia? Ellas retoman el mismo pliegue, la misma torsión, acompañada del mismo olvido, aunque en lugares diferentes. Acabo de decirlo: ellas anulan la duración de las mutaciones. Estas operaciones se hacían sin finalidad en el azar y la necesidad; nosotros las sustituimos por nuestros proyectos más o menos racionales.

Desde que conocemos la longitud del Gran Relato, desde que sabemos datar los elementos: medio interior, hemoglobina… evaluamos, por primera vez, como de regreso, el alcance temporal de nuestras acciones técnicas. No las sabíamos llevar a
cabo hace apenas medio siglo. Creíamos que las técnicas nos daban potencia sobre las cosas del espacio; esto sigue siendo cierto, pero se convierte en un juicio superficial ante el milagro inmensamente improbable que ellas realizan en el tiempo, bifurcación que pilotea la hominización siempre en curso en la actualidad.

Todo viviente tiene poder sobre las cosas del espacio; habita un nicho, sintetiza en él la clorofila, agita allí sus ramitas en la brisa, expulsa las presas al galope, vuela en las nubes para volver a playas rutilantes… pero sigue sujeto al tiempo, presente,
inmediato, reproductivo, evolutivo, interminable. Desde que el hominiano talla un sílex, manipula tiempo. Veo en este objeto una especie de lupa que resume y reduce en su brevedad duraciones gigantescas y en su uso innumerables y repentinas adaptaciones.

¿Qué es la historia? La evolución vista y reducida a través de la lupa técnica, dándole incluso vuelta a ella y metamorfoseada por ella.

Filosofía

Bergson y Heidegger distinguían el tiempo y el espacio de tal manera que las técnicas, sujetas al segundo, no tenían ninguna relación con el primero; la extensión desciende en la práctica, despreciada, el fenómeno vago, y la geometría —calificada de tiesa—; mientras que la duración, metafísica en el uno, sube a ontología en el otro. Aunque de forma menos augusta, pero más concreta y vital, comprendo esta disimetría y este privilegio que explica tantas cosas y a nosotros en particular. Desde su nacimiento, el hominiano explota en apariencia el espacio porque él invierte, le da vuelta y pliega —de modo más profundo, más ciego y más eficaz— el tiempo. Mejor aún, se hace amo de las cosas sumergidas en el entorno porque logra ese replegamiento. Me encanta que el verbo explotar despliegue el verbo plegar. Hemos devenido los hombres que somos al
dominar esta torsión; emergemos de este acto. 

¿Qué es lo humano? Un cierto poder de manipular la duración. Una potencia de plegamiento, en longitudes incomparables, del tiempo sobre sí mismo. Una autoridad adquirida sobre la formación de lo inerte, la evolución de los vivientes, sobre la circulación de los signos, en fin: sobre su tiempo propiamente hominiano, onto— y filogenético.

Que este antiguo destino de nuestras prácticas —reaparecido nuevamente y presente a nuestra visión del mundo y del hombre— nos angustie o nos exalte, que plantee cuestiones de conducta o nos coloque ante responsabilidades inesperadas cuya amplitud conmueve hábitos y culturas, morales y religiones, políticas y filosofías tímidas, en fin ciencias humanas, ¿quién puede negarlo? Le hicimos advenir, afrontémoslo. Mejor aún: nos hacemos advenir, afrontemos nuestra propia variación.

Homo causa sui.

A pesar de nuestra arrogancia formal, no cesamos de aprender esta vieja evidencia: que no podemos separar, en nosotros como en torno nuestro, lo natural de lo cultural. Una cultura nace actualmente al descubrir los secretos de todo nacimiento; ella renace de esta naturaleza.

Antigua y nueva, estable y fluctuante, esta simbiosis entre nuestra historia, la duración de la evolución y el tiempo del universo fundamenta lo que yo llamo, en términos de derecho, el Contrato natural


*  tomado de la Revista: Ciencias Sociales y Educación, vol. 3, nº 6, Universidad de Medellín, julio – diciembre de 2014. pp. 253-265.

*¨ <Filósofo, profesor de historia de las ciencias jubilado de la Sorbona, París I, profesor en Stanford
University y miembro de la Academia francesa>

** tr. María Cecilia Gómez B. México: Taurus, 2002.

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El Zurdo Cojo

Mauricio Castaño H.
Historiador

Colombiakrítica

Fijar sus pensamientos fue su tarea en uno de sus últimos libros. Fijar y figuras son palabras que comparten una misma raíz. Michel Serres deja su legado en su autobiografía titulada Figuras del Pensamiento. Dos palabras que bien dicen de su obra. Se fija lo que está suelto, y si se trata del pensar, viene a bien especificar su trasegar. Y máxime si es de un zurdo cojo que va en zigzag, nunca recto, como lo ha hecho con su construcción de conocimiento, una especie de movimiento caótico, igual que en la vida misma y en su mecánica viviente, el pie izquierdo con la mano derecha y de madera simultánea comandan el caminar, dos sentidos diferentes combinados para producir un movimiento, una armonía. También es el clinamen, la caída libre, vértigo, agujero o zócalo de nuestra existencia.

Ambas palabras reflejan bien a Serres, pues el fijar sugiere un stop después de un movimiento, de una in-quietud, y en esa quietud traza su pensamiento que el autor define como innovar. Y claro, si antes ser sabio equivalía a recitar de memoria libros enteros, hoy es bien diferente. Todo está exteriorizado, todo está por fuera de nuestras cabezas allá en la computadora, en la red, en la internet, en el doctor Google, en la wikipedia, en donde todos sin distingo de profesión están sentados frente a la pantalla trabajando, consultando. ¿Entonces, que función le corresponde al humano libre de la memorización? Serres no duda en responder que estamos condenados a ser inteligentes, a ser innovadores. El nuevo paradigma lo resumió bien Montaigne cuando sentenció que prefería una cabeza bien puesta a otra bien llena.

Pero ¿qué significa ser inteligentes, innovar, inventar? Ante todo nada que sea o que se le parezca a la Repetición, a esa pesada máquina institucional universitaria, por ejemplo, que obliga a repetir cita tras cita, que esto dijo éste, pero aquel esto, pero aquel aquello, pero esto es lo que dijo aquel, para que al final y como conclusión decir que esto lo dijo fue aquel, y nada propio se ha dicho, nada original, nada inventado, solo la repetición de la repetición. Y, por supuesto, que a fuerza de repetir, el otro termina diciendo nada distinto a la tediosa repetición, y claro, ya la imitacion viene por sí sola y de forma mecánica, de manera automática, viene por reflejo. Es una lástima tanta energía desperdiciada en la tediosa repetición. La televisión puede ser el mejor ejemplo de la repetición que lleva a la idiotez. Aplastados en sillones tan sólo consumiendo imágenes en su gran mayoría de crímenes y asesinatos.

Acá nos viene desplegar o referenciar la matriz o el anclaje serresiano que soporta su propuesta. Pensar es pesar, balancearse, en el movimiento constante se hace un stop para sustraer las enseñanzas sumergidas o pasadas por un tamizaje, por un flujo de la información, si todo es información en este mundo, viene a bien precisar cuatro momentos: Emisión, Recepción, Procesamiento y por último Almacenamiento. Todos los seres y la vida misma es todo información. Miles de millones de células, luego otro tanto de formación de moléculas para luego un embrión y finalmente un ser, una vida. Todo el planeta y sus seres animados, todos los microorganismos, el microcosmos tiene tales comportamientos. Por ejemplo, los humanos somos una síntesis, somos uno solo de muchos miles y millones de años, y por lo demás somos también interdependencia con todo lo que nos rodea, con el entorno, "El relámpago gobierna nuestro universo" sentenció Heráclito. Los ciclones, el deshielo, los desbordamientos de los mares son sin compasión y sin odio, una sacudida incómoda que hace la Naturaleza al hombre. Por eso Serres sugiere tratarlos como sujetos de derecho en El Contrato Natural.

El Gran Relato, llamado así por Serres, es esa interdependencia de todos con todo, la historia no es la que creemos de escritura lineal, ella es rebasa cuando nos percatamos que todo tiene historia ante los ojos atentos que le saben leer: una piedra, con sus formas maltrechas y talladas, cuenta su recorrido por las aguas, chocando aquí y allá contra las rocas. La construcción de la identidad humana depende de todo lo que le rodea, del universo entero.

La expresión Gran Relato evidencia los vínculos, las conexiones, los flujos, la interdependencia de todos los seres y las cosas, del planeta, el relámpago gobierna nuestro universo sentenció Heráclito. ¿Quién niega que los deshielos, los terremotos, los ciclones son la voz de ese otro sujeto llamado Naturaleza que está siempre en constante Nacimiento, en constantes movimientos como reacción a nuestros comportamientos? La
naturaleza es potencia, el
Goya. Arenas Movedizas
rayo gobierna… el ego tiene límites.


 "El relámpago gobierna el universo." Las arenas movedizas también luchan, se tragan a los dos batientes que luchan a muerte.

La obra de Serres es toda información y movimiento de donde se extrae sus enseñanzas. Definiciones claves que nos dan a entender que esto es así son los conceptos tales como E- moción, emoción, nos sustraemos del movimiento para poder dar nuestras sensaciones, nuestras impresiones. Igual sugiere la preposición entre: Entre proviene de en, en el interior, y de trans, a través, fuera, en otra parte. Entre mezcla la inmanencia y la trascendencia. O cogito: Gogitare es de origen agrícola, ago, agarre, describe al pastor ocupado, agot, ahora,  actúa, está ligado al campo y su actividad. O la palabra sujeto, El sujeto de pensamiento significa estar debajo de las cosas sub- iectum, lo que es echado abajo, debajo de mí, debajo de las cosas; el suelo, la tierra bajo los pies del cuadrúpedo.

Aquella ligazón con un real, el mundo mismo como objeto de saber, desprende un modo de proceder en el análisis y la manera más cómoda para explicarlo es la metáfora del árbol que inicia con unas raíces, luego un tallo para luego desprenderse caprichosamente en numerosas ramificaciones. O el concepto de serendipidad, que cuando menos se piensa, sin metas ni plan, se encuentra algo no buscado, eureka, el azar y la necesidad nos llevaron por los caminos menos inesperados para encontrar lo mejor. Muy diferente este proceder a los formatos estables de la ciencia como lo llama Serres: “Lo necesario se deduce; lo riguroso se demuestra; lo exacto o lo preciso se miden, se evalúan, se cuantifican.” 

Decir Serres es decir Hermes, incluso Pulgarcita, ambos definen los intercambios, las relaciones, los vínculos, lo virtual o lo que es lo mismo: lo real. Quien niega que todos en todos lados, todos los profesiones sin distingo de su especialidad, están sentados frente a la computadora tecleando, trabajando en lo virtual real: allí concretan sus productos pactados, por allí mismo los entregan. Lo virtual es lo concreto. Caminar cojeando, en zigzag a izquierda y derecha, esto es aprender, conocer en la multiplicidad de los saberes. Y algo más, si toda la información está en nuestras manos, a la distancia de un click, se sospecha de lo obsoleto o lo innecesario de los gobiernos.


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Pedagogía, Desapego

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

El viaje, el movimiento es lo característico de la enseñanza, incluso partir en su acepción de salir como de dividir en partes. Salir precisa de experimentar y esto equivale a conocer, quien experimenta conoce, quien conoce vive. La quietud y el aislamiento matan, de allí que el aprendizaje, la pedagogía es desplazamiento, experimentación, quien no experimente no conoce, no vive. Michel Serres en El Tercer Instruido y en referencia al partir escribe: “Partir exige un desgarramiento que arranca una parte del cuerpo a la parte que permanece adherida a la orilla del nacimiento, en la vecindad de la parentela, en la casa y en la rigidez de los hábitos. Quien no se mueve no aprende nada. Sí parte, divídete en partes. Tus semejantes arriesgan condenarte como un hermano separado. Tú eras único y preferido vas a convertirte en muchos, y a veces incoherente como el universo que al comienzo estalló, se dice, con gran ruido. Parte, y entonces todo comienza, al menos tu explosión en mundos a parte. Todo comienza por esa nada.” 

Aprender exige movimiento, desgarramiento, dejar la quietud y lanzarse a lo inesperado, abandonar la zona de comodidad y abrirse a la experiencia, abandonar la repetición a la que nos quiere condenar la educación tradicional y arriesgarse a hablar por sí mismo, a enunciar el propio relato, la propia experiencia, la propia versión de lo experimentado, de la aprendido, contar su recorrido enlazado y mezclado de partes. 

El riesgo por lo desconocido y el desprecio por lo fácil es lo propio del aventurero en pedagogía. Dice Serres de tres enseñanzas a tender en cuenta: Partir, Salir, Dejarse seducir un día. Salir de sí mismo y de donde estamos anclados, así podemos bifurcarnos, “no hay aprendizaje sin exposición a menudo peligrosa, al otro. Ya no sabrá nunca más quien soy, donde estoy, de donde vengo, a donde voy, por donde pasar. Me expongo a los otros a las extrañezas.” Mundo de posibilidades, sensibilidad quiere decir la posibilidad de todos los sentidos.

El movimiento exige ir de un lugar a otro, ir trenzando partes, por eso la mezcla de saberes, una especie de enciclopedia o de Arlequín que está hecho de retazos multiformes y multicoloridos, el saber es saborear, saber degustar todo, por ello la parcelación, la especialización no es aconsejable en tanto que aísla y nos mantiene en la ignorancia de lo otro desconocido. La sabiduría, el conocer debe estar conectado con todo, como en el mar, citas islas se conectan siempre en el basto océano.  Es, en suma, el sentido etimológico de la palabra pedagogía que convoca a un viaje en compañía.


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La Filosofía Hoy

El Objeto y el sujeto
Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica
Sentido homenaje a Michel Serres este mes en Medellín y bajo la dirección del maestro Luis Alfonso Paláu quien dio su intervención final sobre la filosofía hoy. Sus palabras fueron claras y contundentes: fue el mismo Serres y Francois Dagognet quienes sacaron a la filosofía inmersa y presa del Sujeto y la entraron al campo del objeto, de las propias cosas, de las pobres cosas tan olvidadas y despreciadas, del mundo físico, de la materia, esa misma de la que interdependemos e incluso nos exteriorizarnos, dejamos huellas en todo lo que nos rodea.

Es la filosofía de estos dos hombres excepcionales un esfuerzo por instalar el objeto en la filosofía, su proceder es contrario a toda la tradición filosófica, desde Platón, Kant, por citar dos de los más sonados, ellos sólo hablan del sujeto por aquí y del sujeto por allá, lo demás, las cosas, el mundo físico, no importan, sólo un sujeto trascendente, ajeno y despreciativo del mundo físico, lo de ellos es un sujeto visitante de las profundidades, de aquellas en donde reinan las oscuridades, como en los socavones en donde para ver, se precisa de cierta luminosidad y aún así los detalles se escapan. 

Mientras que en aquella otra filosofía los objetos nos entregan el mundo, un grano de arena nos proporciona el universo si lo sabemos leer, en nuestra piel se refleja el adentro, un sonrojo en el rostro nos delata una situación incómoda, mientras callamos hablamos con la punta de los dedos, la piel nos entrega todo lo que somos, hasta decir que la enfermedad realmente es del espíritu, de nuestros problemas que encarnamos y nos atormentan, sólo nos enfermamos de una sola enfermedad y los remedios sólo engañan el cuerpo, esto todo es de Dagognet. Y por lo demás, los seres vivientes tienen conocimiento de la vida, saben dónde guiarse para encontrar de comer y hallar su posada, la garrapata puede esperar largos meses hasta sentir que pasa el bovino para dejarse caer encima y así poder alimentarse.

Decir Serres es decir mezcla de saberes, leer la propia historia de las cosas, cada roca tiene sus tallados que nos entrega un tiempo y un espacio, sobra la ociosa historia tradicional y de especialistas y la de todos los saberes partidos, todo está en todo, todo está integrado, dividir es tirarnos a la muerte, divide y reinarás, es producir cultos ignorantes y sabios incultos, el científico sólo leerá de distinto a su materia a tan sólo Condorito.

Con Serres tendremos: Distribucion, Interferencia, Traducción, Tercero instruido o El paso del Noreste. Es el filósofo que habla de las comunicaciones, fluidos, mestizaje del conocimiento, mezcla de saberes, conocer para inventar, no saber por saber sino para transformar, parecido al viajero es el investigador, el viaje mismo es toda una experiencia sin preocupar tanto la meta misma y más bien va enlazando nodos aquí y allá. Serres nos reta a innovar, a crear, a investigar como suele hacer el viajero, sin amarras, sin estar formateados y libre para dejarse sorprender por la aventura del viaje mismo.

Y la expresión de la filosofía hoy quiere decir los ecos de estos dos maestros en nuevas generaciones que nos traen sus reflexiones desarrollando las vertientes trazadas por éstos. En este mismo blog puede consultarse sus bibliografías como sus repercusiones, como sus ecos que nos dejan varios autores que desarrollan esta nueva perspectiva del objeto, historia de las técnicas y de la ciencias. Todo ello, lo cual está ante nuestros ojos para entregarnos a todos nosotros, a toda la humanidad, a todo el universo, a todos los seres, todo eso mezclado que hace parte de la vida. Estas breves líneas bien pudieron titularse El Objeto y El Sujeto.


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El travieso Serres

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

Pantopo, Un travieso, un caminante, un viajero, lo necesario para deberle su escritura al caminar, las ideas vienen del caminar, pasa por todas partes abriendo y descubriendo los senderos de la imaginación. A Michel Serres lo sentimos en la travesía de los saberes, ese que pasa de las ciencias duras como de las matemáticas a las ciencias blandas, esa de los signos, y su pasar es para mejorarlas y para liberarlas de la historia mentirosa o sesgada, de la historia de los vencedores, entonces nos enseña una historia bajo modelos de percolación, tamizaje o de ciertos modelos científicos que dan una mayor proximidad a la objetividad pretendida. Y es en ese momento mismo que nos invita a construir el relato, ese relato guiado por cada quien según su abrojo, entre más atrevido mucho mejor, es en la creación libre y en la creatividad como en la literatura donde mejor se encuentran los cuadros que reflejan el espíritu, el alma, las subjetividades que aparecen y desaparecen, que se esconden pero se muestran mientras más queremos ocultarlas, mientras callamos hablamos con la punta de los dedos. El gran relato se rastreará en el lenguaje y sus formas elaboradas como el mito y el habla misma. A Michel Serres lo conocemos en español gracias a la traducción inédita que ha hecho Luis Alfonso Paláu de sus más de ochenta libros, artículos y entrevistas.

Aquel travieso y mamagallista e incapaz de dar consejos a nadie, nos muestra o advierte en las Morales Traviesas,* del peligro de la mímesis, de la imitación, de la repetición, de tomar partido por lo mismo, de la burla, del linchamiento, por ello aconseja la broma cariñosa, suave y cuidadosa del matoneo. Deseamos, imitamos al otro que se nos presenta como modelo a seguir, pero cuando no podemos emularlo y se adviene la frustración, entonces odiamos, la envidia se vuelve motor  que impulsa al daño, recordar a los hermanos Caín y Abel, aquel da muerte a este por sentir que lo aventajaba, la disputa por lo mío y lo tuyo, la propiedad como veneno o como guerra. Y he allí la fundación de esa causa primera del ciclo de la violencia, el tener nos pone en el deseo ilimitado, nos pone a guerrearnos. Asimilable también en la dinámica del Don, con el Potlatch se moviliza una dinámica de transacción o comercial de querer aplastar al otro, entre más regalos dé, más humillo al otro. En la ausencia o escasez de originalidad se sustituye con repetición, con la imitación, el deseo envidioso que conduce a la muerte. La violencia viene de la repetición, del remedador, de la redundancia, de lo mismo, de la imitación, de desear lo del otro, nos viene del piso biológico y nos hermana como nuestros primates más próximos. El hombre un sofisticado animal, su piso biológico lo mantiene ligado, aferrado a las pulsiones, a la libido de odio y muerte

¿Qué solución existe para liberarse de esta guerra a muerte? A grandes males, grandes soluciones. Romper el ciclo de la violencia con la sólo transacción en donde sólo se involucra a tan sólo dos, el vendedor y el comprador, el que da y el que recibe, entonces la solución se haya en un tercero y el principio de la transitividad y no ya de la ganancia. Ilustra bien el siguiente ejemplo: Una maestra es preguntada por un niño ¿por qué ella se esmera tanto en cuidar a todos los niños?, a lo que ella responde que la misma pregunta fue hecha por ella misma cuando era niña a su maestro a la que él respondió que lo hacía porque otro la había hecho lo propio con él, y que ella misma lo iba a hacer cuando fuera mayor con otros chicos. Aquí yace el principio de la transitividad libre y limpio de cualquier mercadería, sólo el bien moviliza, y por qué no, la humildad, esa cuya compasión conduce siempre a hacer el bien. 

Pertinente recordar al Diógenes deambulando de día con una lámpara en busca de un hombre, el hombre nuevo, ese hombre para hacer aquel nuevo contrato social, se busca un hombre inventivo que no se vaya por lo fácil de la repetición, por el camino de la imbecilidad que reproducen las mass media, la televisión y la publicidad. Y he allí el peligro de nuestros niños con una escuela desfondada que insta a nuestros niños a la creatividad, a la invención pero sumergidos en los códigos de la repetición, en la estupidez, aplastados por la redundancia. Y aquí una recordación del propio Serres, hoy en el aula sólo se ofrece de un 5 a 10% de contenidos, lo restante lo tienen sus estudiantes en sus smarphone, antes de las tics la proporción de transmisión de contenidos era de un 80%.

Homoneja a Michel Serres 1930 – 2019. Hubiéramos querido titular este escrito Estructura de las Sociedades en tanto que el autor las ha sabido mostrar bien en su complejidad y multiplicidad. También porque caracteriza a ese bípedo por lo desobediente desde la indeterminación genética simbolizado en aquello mitológico de la manzana de Eva y Adán, además porque ello es condición para la creación, para la innovación que libera de la repetición, de la imitación, de desear lo otro, de liberarnos de la envidia que produce el linchamiento, el chivo expiatorio, la violencia sacrificial. Y como no agregar que «Con lo digital no se tiene el cerebro vacío, se lo tiene libre», lo virtual es próximo de lo virtuoso, la humildad, condición para que cese la violencia fuera de la embriaguez del poder.

Por último recordamos a Serres en su gratitud de buen comensal:

"Abandonaré la vida como me he levando mil veces de la mesa.  Habré percibido un ruido en la puerta, interrumpirá el festín, lo reconoceré.  No sé si suene una campana, o si resonará una voz; no sé si un ventarrón hará la señal.  Sólo sé que comprenderé.

Será preciso que me dé vuelta un momento.  Antes de seguir aquel llamado, buscar con mis ojos al anfitrión, y él sonreirá, ser cortés, no abandonar los lugares sin haber dado las gracias a quien me ha invitado." Michel Serres. El Parásito."


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Michel Serres

Biografía y Bibliografía

Elaborada en Julio de 2019
por Dr. Luis Alfonso Paláu



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