Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El azar y el caos van tejiendo nuestras vidas. Nada está predeterminado, en donde menos se piensa, salta la liebre. Nada tan violento como la naturaleza, los animales se devoran unos a otros. Eva desobedeció a esa violencia matriz. Los humanos se regulan por el pacto social, aunque también nuestra cultura es de violencia. Inventamos al chivo expiatorio para saciar la violencia de la masa enardecida. 

Ante tanto desorden, buscamos protección, los relatos cuentan historias que encantan a los oídos, desde luego que incluyen las desgracias para ser creíbles, para ser reflejo de vida. Michel Serres nos lo enseñó. Lo humano se cuenta en relatos de viaje, cortado por bifurcaciones. Sucesivas bifurcaciones cruzadas, atravesadas por mi existencia, hundidas en nuestros genes. 


No cesamos de partir, de separarnos, de abandonar, de abandonarnos, de olvidar, de olvidarnos… la humanidad regresa sobre sí misma. Uno piensa que está de partida cuando en verdad está de regreso. Hibernan las raíces en la tierra. La línea más recta es una circunferencia como la del planeta Tierra. Todos, sin excepción, necesitamos relatar nuestra existencia, en la noche, cuento lo sucedido durante el día, el tedio y los encantos. Se necesita relatar para nacer, para que tenga un lugar.


Vida y sufrimiento. Job pasa por los momentos más difíciles, ponen a prueba su capacidad de resistir y de superarse así mismo venciendo las dificultades que va encontrando en el camino. Cantamos victoria sobre el planeta, sobre el universo, y henos aquí perdidos, no sabemos para dónde vamos, la incertidumbre y el caos nos comanda. El valiente siempre en marcha va hacia adelante. El cobarde retrasa el paso, se queda por fuera del combate. La fragilidad comienza. En los lugares abandonados, los más débiles inventaron el coraje y las técnicas. La precariedad comanda. El hombre es un lobo y también un dios para el hombre.


La cultura sirve para no matarnos unos a otros. Construye una sinfonía con los miles ruidos de fondo que salen de todas partes. Sin un relato, sin la música enloqueceríamos. Ruido de fondo, caja negra, musas, todo está allí. Furor contenido por el político para evitar un estallido. Diógenes buscaba al hombre, al hombre nuevo donde sólo había esclavos y extranjeros. Qué identidad se tiene si todo el tiempo se nos enseña la imitación, a buscarnos en otra parte fuera de sí mismos.



Diferencia y repetición


Miles de seres nacen en cada momento, de la misma especie pero tan diferentes unos de otros. Todo se repite de manera diferente. Sólo la estupidez no permite la diferencia y opta por lo homogéneo, el gran mercado favorece lo mismo para sacar grandes ganancias. Ilustremos con el siguiente párrafo de Michel Serres en su libro Relatos de Humanismo:


«El peligro mayor que corren nuestros niños es éste: los sumergimos en un universo de códigos aplicados, los aplastamos de redundancia. La crisis de su educación es ésta: fundado sobre la imitación, el aprendizaje enseña a volverse singularidades inimitables. Por el contrario, estruendosos, los media, la publicidad, el comercio, los juegos, repiten: imitadme, volvéos los vehículos automáticos de la repetición de nuestras marcas, para que vuestros gestos repetidos multipliquen, repitiéndolos, nuestros éxitos comerciales. Tímida, casi sin voz ante los potentados, la educación susurra: no imitéis a nadie distinto de ti mismo, volveos vuestra libertad. Al tornarse pedagógica, nuestra sociedad ha vuelto contradictoria a la educación. La crisis de la creación es finalmente ésta: en un universo de replicadores, de modos y de códigos reproductores, muy pronto de clones, la obra inimitable permanece oculta hasta la fundación de un nuevo mundo. Por este mimetismo, la cultura humana amplifica o generaliza uno de los secretos de la vida: ella misma siempre replicada. » (p. 83).
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