Historiador
Colombiakrítica
Una vez más queremos insistir que no estamos a título propio en nuestro cuerpo. Somos, nosotros, los seres humanos, una forja, un tejido, unos flujos de costumbres, creencias y deseos. Y desde luego, el ser es social; el bien común, la solidaridad nos define bien. También queremos echar más sal a la herida con un concepto que es de todo nuestro gusto: el medio favorable. La interdependencia entre seres y territorios arroja devenires, definen el aquí y el ahora, el hoy es mañana y es ayer, un presente extendido para apoyarnos en Gilles Deleuze. Esta es, de entrada, una confesión para cuestionar la retórica de la meritocracia, acá referenciamos a Michael J. Sandel en su libro La Tiranía del Mérito, Bogotá, 2005.
La palabra meritocracia, gobierno de los mejores, es retórica, es el nuevo evangelio del neoliberalismo, es la reactualización de la aristocracia para preservar sus privilegios nobiliarios; y para mayores señas, es la manera de ingeniarse que los más ricos de la sociedad continúen con sus excesos por cuenta del Estado. Es la meritocracia, digamoslo de entrada, un filtro hecho a la medida para favorecer a los más privilegiados, los mejores y mayores recursos están bajo el dominio de unos pocos, y en consecuencia lógica, esta concentración acentúa la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que cada vez tienen menos. La mayoría miserable sigue trabajando a brazo partido para sostener la pirámide, las diferencias se acentúan para lo peor. Vayamos a los detalles.
Y todos aquellos que quedan por fuera del sistema, los fracasados, los miserables, son puestos como escarmiento para toda la sociedad anestesiada con el ascensor del éxito, la pirámide que culmina con los considerados mejores. El efecto de la meritocracia es la convicción de que los logros adquiridos son producto tan sólo de los esfuerzos propios, de cada quién, el talento más los esfuerzos en la consecución de la meta llevan al camino del éxito. Nada depende del bien común, de la comunidad, todo resultado depende del individuo, del esfuerzo personal, sin nada que a deudar a los demás (p.25). Quien se siente nadar en el mérito propio, mira por encima del hombro a los demás, no siente solidaridad por quienes corrieron con la peor parte. Si cayeron en desgracia, si son perdedores, si no alcanzaron el éxito, es por que son incompetentes, incapaces y se merecen la suerte que viven, su desgracia que los golpea les pertenece sólo a ellos y a nadie más (p.38).
El Eco político de la Meritocracia
En los políticos la repitencia de una verdad hueca, ya es razón para sospechar de la falacia meritocrática (p.97). Francia y Japón no creen que el éxito depende de las propias personas, en Eeuu sí que lo creen. El credo de la meritocracia es un cóctel tóxico, que el éxito personal depende única y exclusivamente de la persona, erosiona la solidaridad, socava la autoestima, la Fe en sí mismo, desmoraliza a las personas a las que la globalización, el capitalismo de sálvese quien pueda ha dejado atrás, en medio de la nada (p. 96), se desprecia a los pobres, a los desposeídos.
El mérito es del resorte personal, individual, todo lo que eres y te pase en la vida, sólo tiene un único responsable: tú. Es carga de ansiedad del futuro y nostalgia del pasado, es tormento de vida. El destino está en nuestras manos, depende de ti, nadie más es responsable de tus éxitos o de tus desgracias. Las circunstancias, los devenires, el azar es cosa extraña y lejana al timón de nuestras vidas, ese es el credo de la meritocracia (p.48) y así se justifica la desigualdad, la acentúa, no la erradica (p. 159).
El Destino o Lado Correcto de la Historia
«El lado correcto de la historia» (p.70) De seguro que existen dogmas de fe. Quienes creen tener la verdad cogida de la cola, son quienes promulgan estar en el lado correcto de la historia… acá Obama, un apóstol entre miles que repitió la receta a pie juntillas: «La curva del fundamento moral es larga, pero tiende hacia la justicia.» (pgs. 72; 74). Pero Dios ayuda a quiénes se ayudan a sí mismos, da el empujucito (p.78). De nuevo la carga de responsabilidad recae única y exclusivamente sobre el individuo, nada sobre lo que pasa, lo que sucede a su alrededor te es ajeno. Incluso las desgracias sobre naturales, rayos, avalanchas puede atribuirse a una conspiración cósmica que castiga al desgraciado por sus faltas cometidas. Tiene sus merecimientos.
Escasez de Comunidad y Solidaridad
La solidaridad, la comunidad son escasas, cosa rara y extraña, por no decir inexistente. Y mucho menos de la configuración del territorio, del medio favorable que coadyuva para que esto o aquello se materialice, sea posible. Nada de entorno, nada de medio favorable, la interdependencia es tan rara como escasa y extraña. El destino es tu propia responsabilidad. El éxito elevado a la categoría de virtud, pero veremos lo nocivo de este evangelio del egoísmo, que a decir de Richard Sennet, corroe el carácter, destruye individuo, al ser, en tanto que lo desliga del ser social que lo vivifica, razón de ser de la vida, de la existencia que enseña que la cooperación es tan necesaria como vivificadora para el ser social. En sí, el credo es el de la autosuficiencia y la autoconstrucción personal (p.87), no depender de nadie ni de la ayuda estatal, nada del Estado del Bienestar General y sí más bien la guerra de todos contra todos.
Ganadores y Perdedores
Ganadores y perdedores fue lo que catapultó a Trump a la presidencia, la gente cansada del ascenso, de la meritocracia en manos de unos pocos y los muchos quedados por fuera, hizo que la conexión en campaña de esos millones de perdedores se conectaran, se identificaran con este político que menosprecia a la clase política en curso y promulgaba la gobernanza de los más capaces, una elite ilustrada y probada en la esencia de lo solo mercantil, de los solos negocios (p.94). Los sin nada, los sin nadie, los de abajo sintieron identidad con la ultraderecha que los representaba en sus miserias por cuenta de ese credo de la meritocracia, fábrica de la exclusión. La miseria cosechada se convierte en odio contra esos políticos liberales que fracasaron en la promesa de materializar un Estado del Bienestar General, el resultado fue contrario. El resultado en EEUU, Reino Unido, Europa: Clase media con estudios votan centro izquierda, pobres a la ultraderecha (p.133).
En suma, el saldo de la meritocracia en la que se a palanca el neoliberalismo son grandes masas de desempleados, comunidades sin cohesión social, despedazadas, con la solidaridad rota, infectados por el credo de salvese quien pueda según el sendero que conduce al éxito de la meritocracia.
Gobernar Precisa del Espíritu Comunitario


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