La Nueva Edad Media
Historiador
Colombiakrítica
La curiosidad corre por cuenta de la expresión La Nueva Edad Media, a su vez es el título de un libro de seis conferencias, la primera de ellas es del reconocido medievalista Umberto Eco. La Nueva Edad Media llama la atención por el presente que invoca en un pasado que se cree ido, superado, pero también se sabe que las categorías de pasado, presente y futuro son meras formalidades académicas, existen otras que involucran mezclas de esos tres tiempos como lo es la percolación, lo que pasa pero también queda como el río y sus corrientes que hacen arroyos, remolinos luego siguen la corriente, pasan pero a la vez quedan y luego siguen, es todo esto de una especie de un presente extendido con sus vertientes o rezagos y prospección de pasado y futuro.
Entonces surge la pregunta ¿en qué somos medievalistas? Acá algunos apuntes. La peste azotó a la Edad Media, a todos por igual, las instituciones, los gobiernos fueron desbordados, lo inestable, la destabilizacion fue moneda corriente. Y hoy las crisis, las inestabilidades son moneda corriente, no se sabe donde empieza lo estable y donde termina lo caótico. Todo desbordamiento crea caos, pero más allá, todo cambio genera renovación, lo nuevo por lo viejo o su equivalente, la construcción implica destrucción de los obstáculos que impiden seguir adelante hacia lo nuevo. Así las cosas, lo nuevo precisa de renovación, el mundo en constante movimiento.
Es el caos que genera crisis, inestabilidad, en falta de consensos para lograr una unidad común, una identidad como nación, como patria, inherente a toda sociedad con una misma lengua y ciertas similitudes culturales. Lo que antes era un todo de sociedad, ahora estalla y se convierte en fragmentos, proliferación de guetos, racismos, fortalezas, cada quien en su propio encierro como palacios, sedes de gobiernos, unidades residenciales, ciudadelas que facilitan la vida en el mínimo desplazamiento, vigilantes armados cuidando o disminuyendo de posibles amenazas. Todo esto responde a la seguridad, una vida amenazada es una vida esclava de la huida, de la inestabilidad.
Por supuesto que todo lo que pasa en la vida repercute sobre el territorio. El dinamismo territorial es propio de todo asentamiento humano, todo cambia al ritmo de las costumbres, de los ritos, las generaciones que relevan a las otras no sin brusquedad, pero también es cierto que existen grados que no amenazan la estabilidad de un orden establecido, son cambios de mejora a lo ya establecido.
Los sueños de un nuevo hombre se reiditan una y otra vez, no se puede obtener resultados haciendo siempre lo mismo, así rezan las doctrinas que alientan al cambio, a la renovación. El medioevo marcó con la peste, y en nuestros días ella, la violencia se irriga, se contagia en toda la sociedad, bien sea por padecimiento, defensa o por propiciarla. Es un estire y encoge entre lo nuevo y lo viejo, en escrito anterior enfatizamos sobre el culto del orden de la conservación y lo nuevo que se vislumbra como renovación. En suma, éstas tensiones de vida, de la sociedad no dejan de tener sus bemoles que generan curiosidad.
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