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El Contrato Social

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica
Ayer me echaron del pueblo por que me negué a jirmar, La sentencia que el alcalde a yo me hubo de implantar, Porque tuve con mi mano al patrón que castigar, Cuando quiso a mi jamilia, quiso a mi jamilia llegármela a irrespetar.… Canción Garzón y Collazos

No hablaremos de los matoneros, diestros gatilleros que con su fuego hacen que purifican la carne. Tampoco referiremos del extirpar cerebros subversivos para ahorrar guerras como sentenciaba el justiciero colombiano, espada de Dios, Carlos Castaño. Tampoco será lo nuestro la temida motosierra apodada el Alacrán, descuartizadora de enemigos del desquiciado Camilo Morantes, luego muerto por los suyos. Nada de eso que se le parezca a Santa Inquisición o del culto al Baal, fiel sacrificio a sus divinidades. La vertiente a ensayar parece más sofisticada a la del candente hierro que penetra la carne en el mundo del Señor y sus feudos. Es otra más bien inmaterial, incorpórea pero que también deja cicatrices en el cuerpo, no se ejerce de manera directa sino más bien refinada y psicológica, la referencia es a la metodología del Capitalismo Moderno de cómo evacúa odios haciéndolos implosionar o explotar en la dirección conveniente.

Puede ocurrir en cuestión de segundos, basta con escuchar tan sólo una palabra para que la vida empiece a derrumbarse o edificarse. La vida por venir puede definirse con un simple Sí o un simple No. ¿Aceptas a tal por esposo, aceptas a tal por esposa? ¿Qué tan loco se está para juntar, como suele suceder, caracteres tan dispares unos de otros? O la sentencia esperada para anunciar libertad o encierro del reo inocente o culpable, el azar se decidirá en la sala de los togados, toda la vida penderá de para qué lado caiga la moneda tirada por los jueces que se baten en secreto.

El poder de la palabra es real, el lenguaje es mandato nos recuerda Deleuze, en fin, de ninguna manera inocente o neutro. Mucho más evidente en la obra El Proceso de Kafka, esperar un juicio vuelto una eternidad por la simple razón de justificar el ejercicio del poder burocrático, esperar, no se sabe, pronto te atenderán, son las frases comunes que tiene que soportar el inculpado cuando  está atrapado en las telarañas enigmáticas de la Ley. Todo el tiempo se sentirá sumergido en un mundo extraño, ajeno, desconocido, y así se desgaja poco a poco su firmeza que estructura su yo y que le permitiría mantenerse de pie. 

Quiebre es una palabra usada por los verdugos para hacer confesar a su víctima gracias a la crueldad del arma asesina que urge el sacrificio irrevocable. Todo éste rememorar viene a cuento por la serie francesa de Netflix titulada Recursos inhumanos que relata no el mundo feudal sino el mundo fabril del Capitalismo Moderno con sus armas, no ya de metal, sino Psicológicas de trabajar bajo presión, de tomar las decisiones más difíciles y despiadadas en el menor tiempo posible, el hombre preferido es el desalmado que sea insentimental, que pueda inhibir sentimientos compasivos hacia sus semejantes, entre más duro, más cruel mucho mejor.

Los hechos a referir constan del engaño que es humano. Un hombre, Alain, entrado en años, cincuentenario, queda desempleado, y con ello su vida se va derrumbando vertiginosamente hasta que decide el riesgo. Hecha atajo por una convocatoria laboral que en el camino descubre maliciosa. Una empresa constructora de aeronaves Exxya necesita salir de más de mil empleados y para tal fin requiere de mentes frías que ejecuten el plan. Como el engaño es de humanos y todos quieren ganar, Alain caminará por allí una vez descubre la urdimbre y en la cual rehusará en secreto a ser un simple comodín. Para un ladrón, ladrón y medio suele decirse, y en esa lógica la víctima jugará las mismas cartas de sus verdugos. Les aventajará gracias a que les sabe sucios secreticos de sus vidas oscuras y que luego va sacando a cuenta gotas para poder ganar la partida de un botín de 22 mil millones de euros.

La vida es un proceso de demolición a decir de Fitzgerald y con el capitalismo moderno sí que se evidencia. Sus armas usadas no son las de hierro, ya lo dijimos, son psicológicas, que recordadas por Sennet, son aquellas que logran movimientos de auto culpa, todas las desgracias venidas en cada vida están dentro, nada está afuera, a nadie quien culpar, cuando más, la vida te ha premiado mal, todas las oportunidades están ahí, afuera, a disposición de todos, sólo que tú y sólo tú, no supiste aprovecharlas, jugaste mal. Entonces, no culpes a nadie de tu propio infierno, has elegido mal, todo depende, dependió de tí. Tal es lo que segrega el mundo moderno, En éste, el Capitalismo Industrial, todos van por la carrera de la vida, llegar primero es de cada quién. Pero he ahí, una inconsistencia del entonces Pacto Social, confeccionado y refrendado por todo el mundo, en especial por Occidente, y acontecido allá en la Revolución Francesa: aspiró a dar empleo a todos, a garantizar los abstractos derechos humanos, pero el balance es fallido cuando se constata de la mayoría de la población pobre y miserable, nada de distribución de riquezas, todo se queda en los bolsillos de unos pocos, en el 1% más ricos del planeta.

La debilidad humana se acentúa con la empresa capitalista, en ella difícilmente la persona se mantendrá de pie, por el contrario, poco a poco se va derrumbando, se va desgajando en humillaciones hasta el punto de llegar a ser nadie, a ser nada. Alain es objeto y burla de su yerno, Alain avergonzado por su mujer y sus hijas, Alain a punto de caer en desgracia. Pero Alain está decidido a resistir y recuperar su dignidad, Alain decidido a Jugarse la vida por el todo o por la nada. "Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida."(León De Greiff). Entonces urde el plan macabro y que basta con decir que en él emergerá lo peor de la condición humana.

Pero ¿cuál es esa dignidad que vale su propia nada, ser nadie, ser nada? Acá vienen dos palabras decorosas confeccionadas en la Revolución Francesa, ellas son Contrato Social, las mismas que fueron lubricadas para que pudieran pasar por la oposición retrógrada de los entonces señores de la tierra, por los señores feudales reacios a dejar de ser amos y dueños de esclavos. Con gradualidad, pero aún con rezagos, los nuevos valores de los burgos, de la burguesía fueron lo más copioso, la industria, lo industrial se impuso, Y complementario y antecedido está la invención Estado Nacional y con su mayor invento: apropiarse de lo mayor producido e impedir su distribución. Unos pocos serán muy afortunados, otros muchos, el 99%, la mayoría y sin consideración serán agobiados, asfixiados por la escasez.

Finalmente, El Contrato Social propende por unos deberes y derechos Ciudadanos, dejando atrás, se supone, los valores vasallos de los señores y esclavos. Pero Alaín, el personaje en mención, nos recuerda que el engaño, lo despiadado y cruel no se han ido, sólo que ya no es el metal el que hiere de muerte, sino los movimientos complejos que gesta el Poder  arrinconando a los que nada tienen, sólo y nada más que su fuerza de trabajo que ofrecerán vanamente en mundo fabril de la robótica que les sustituye. Esa misma encerrona a la que es llevado el mísero desempleado, es la misma estrategia empleada para exonerar de toda culpa a Alain. El ha jugado las reglas del Contrato Social: Estudió, consiguió trabajo, casó, tuvo hijos, los educó y los hizo profesionales de bien… hasta que su empresa lo despidió, se quedó sin empleo, sin dinero con qué cubrir sus cuentas, y por su puesto sin pensión… entonces, se nos antoja preguntar ¿quién  incumplió El Contrato Social?

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Micropolítica y Activismo Social

Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com.co/

Se nos ha enseñado desde chicos que los pobres y los ricos han existido desde siempre, que es natural que los haya y que tales diferencias sean así per saecula saeculorum. Desde los más antiguos pensadores hasta los de hoy justifican esa horrorosa división injusta entre los pocos que todo lo tienen y los muchos que nada tienen. En la Política de Aristóteles se lee: “Si los Atenienses fueran una democracia de hombres libres, los pobres se juntarían y quitarían la propiedad a los ricos.” Esta dogmática aún se mantiene y es tejida con alta filigrana, su entramado es complejo y difícil de desenmarañar. Dos autores en particular han tratado de develar la estrategia macabra. Chomsky por ejemplo, en una magistral exposición Requiem por el Sueño Americano, analiza cómo el mundo del capitalismo ha desmontado paulatinamente la Democracia, el Estado Social de Derecho. En el mundo fabril hemos presenciado el desmonte de garantías y derechos sindicales o laborales conquistados desde principios del siglo XX. Su desmonte fue dado mediante la fuerza, aplastando luchas sindicales y reivindicaciones sociales, las fechas de las masacres las conmemoran: el 8 de marzo, el 1 de mayo día del trabajador… 

Pero no sólo a través de la fuerza, también se ha implementado desde la ideología sutil que suaviza la opresión hacia los desposeídos,  movilizada por medio de discursos como el de la independencia laboral. No estar atado a ningún patrón, estar libre como el viento. Otro autor Richard Sennet presenta conceptos de la propaganda del gran capital que los hacen pasar como valores virtuosos: estar a la Deriva, ser Flexibles a los cambios, a estar de aquí para allá, saltando de un empleo a otro. La Corrosión del Carácter es el título del libro y es lo que le sucede al individuo cuando se ve expuesto a la incertidumbre laboral, su yo, su psiquis, su entorno, las relaciones con el mundo quedan deshechas, se vuelve un ser inseguro, inestable. Discursos como los del único responsable de lo que le pueda pasar en tu vida: Eres Tú. Nadie más. Buscad best seller sobre el tema y encontrareis mares de tinta con ese tufillo evangelizador. Valores como el de solidaridad, cooperación quedan despedazados, normal en esa propaganda del principio inculcado es sálvese quien pueda, cada quién es responsable de lo que le pueda pasar a su propia vida. Igual sucede con los valores de la esperanza y la compasión, fueron arrancados, destrozados, tirando al individuo en un hoyo negro de pavimento, se promueve la ley de la selva: sálvese quien pueda, cada quien rendirá culto a su propio demonio, allá cada quien será digno del infierno o del cielo. El reino del Individualismo, del mundo del capitalismo.


Nótese que la Esperanza es uno de los pocos valores que tiene cada persona incluso en los momentos más difíciles en los que el verdugo amenaza con arrebatar la vida, aún así, se echa mano de la esperanza, la fe en que es posible encontrar una salida al atolladero en el que se encuentre. Y cuando ésta se le arrebata, la consecuencia puede ser fatal, quizá sobreviene el suicidio o simplemente se vive como un ente. Cuando es la esperanza misma que se nos quita, nuestra personalidad queda despedazada. Chomsky recuerda que en los años treinta los americanos tenían esperanzas, pues los trabajadores mal que bien estaban protegidos por la seguridad social, podían planear una jubilación, dar estudio a sus hijos, comprar un automotor... A diferencia de nuestros días en los que los trabajadores viven a destajo, los contratos laborales son finitos, hoy tienes trabajo, el mañana es incierto. Ello repercute en la estructura de la personalidad, se corroe el carácter como lo define Richard Sennet, son personas inseguras porque su entorno les muestra que no hay nada de qué fiarse, todo está a la deriva, en riesgo, sin protección, la miseria amenaza. Un hombre inseguro es fácil de controlar, es dócil para el sistema.

Pero volvamos a la confección del mundo hecho al revés. Sumado a la reducción de la democracia. “Uno de los principales científicos políticos, cita Chomsky, Martin Gilens, presentó un estudio sobre la relación entre las opiniones de la población y las políticas públicas, donde muestra que alrededor del 70% de la población no tiene ninguna influencia sobre las políticas. Y lo mismo puede estar pasando en cualquier otro país. La gente lo sabe y como resultado está enojada, frustrada y odia a las instituciones. No está actuando constructivamente para cambiar esto. Existe movilización popular y activismo, pero van en direcciones muy auto-destructivas. Está tomando la forma de una rabia descontrolada sin objetivos claros, atacándose unos sobre otros y sobre grupos vulnerables. Esto es lo que pasa en casos como este. Eso corroe las relaciones sociales, pero ese es el objetivo, hacer que las personas  se odien y se teman unas a otras. Que se preocupen solo por ellas mismas y no hagan nada por los demás.”


Los gobiernos al estar en función de la riqueza de las naciones, los gobernantes cada vez vienen más de las filas de los ricos, cada vez son políticos hechos a sus necesidades, los candidatos son productos fabricados para gustar a las masas que los votan incluso en contra de sus intereses propios. Se fabrica un candidato igual a como se hace una pasta de enjuague vocal. "La política será la sombra de los negocios sobre la sociedad… hemos estado vendiendo y promoviendo candidatos como pasta de dientes desde la época de Reagan y este es el logro más grande que tenemos” John Dewey. El resultado es un Estado hecho para los intereses de los ricos, cada vez las grandes empresas están exentas de impuestos mientras que a las clases pobres y medias se les incrementan. Cada vez los sistemas financieros se vuelven más sólidos. Si antaño se criticaban a los señores feudos de parásitos por no poner a producir sus tierras, hoy es lo propio con la banca, hacen riqueza captado dinero de sus ahorradores y que luego venden o invierten obteniendo grandes rentabilidades en el más cómodo parasitismo.


Si bien el panorama no es fácil, no quiere decir que no haya salida. Las micropolíticas, las pequeñas acciones que líderes sociales hacen a diario, las manifestaciones callejeras, las pequeñas revueltas, esos aleteos de mariposa que se pueden sentir de continente a continente hacen volver la esperanza. No todo está perdido.  “lo que importa son las innumerables pequeñas acciones que hacen personas anónimas, que sientan las bases de los eventos significativos que pasan a la historia". Ellas son las que lograron las grandes cosas en el pasado y ellas son los que tendrán que lograrlo en el futuro.” Howard Zinn. Esas pequeñas acciones, esos actos soberanos que cada quien puede darse, esas pequeñas micropolíticas liberadoras que a diario nos propone el activista social. No todo está perdido.

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