La Homosexualidad en lo Sacro

Tomado de: Philophie. Magazine. Marzo 2023

Religión: Jesús también tenía dos papás

¿Qué es la “teología queer”?

Octave Larmagnac-Matheron, publicado el 18 febrero de 2023


La homosexualidad no es un «crimen» sino un «pecado», «como todo acto sexual por fuera del matrimonio». Las recientes declaraciones del papa Francisco sobre la homosexualidad han producido muchas reacciones. Sin embargo existe una teología queer, que interroga el lugar de las personas LGBT+ en el seno de la iglesia y de la fe. Pesquisa sobre un movimiento mal conocido.

El término «teología queer» puede sorprender, puesto que las religiones han manifestado generalmente hostilidad con respecto a los comportamientos y las identidades homosexuales, transgéneros o intersexuales. En sus discursos y sus instituciones, ellas han preferido imponer una separación de los géneros para exaltar la unión heterosexual como la única legítima. Pero desde hace algunos decenios, una teología que se llama queer se desarrolla y gana audiencia. Esta se despliega en dos direcciones: por una parte, el análisis de las lógicas de discriminación con respecto a los individuos LGBT+ en el seno de los discursos teológicos, y por la otra, el cuidado de otorgarles una plaza legítima a las personas que se definen como queers en la vida de las comunidades religiosas y de las iglesias.

Liberar los marginados

La nebulosa de la teología queer es plural, pero se ha desarrollado particularmente en el seno del cristianismo. En The Queer God (2004) de Marcella Althaus-Reid, ella se inscribe en la estela de lo que se ha llamado la teología de la liberación, nacida en América latina [leer nuestra gran serie sobre el tema del pensamiento postcolonial que le concede un amplio lugar, en particular en los episodios 2 y 4]. Esta corriente busca liberar a los pobres y a los excluidos de sus condiciones materiales de existencia precaria, con el fin de devolverles esperanza y dignidad. Pero Althaus-Reid quiere ir más lejos en la misma lógica. Dirigiéndose a esos teólogos revolucionarios, ella escribe: «Y no se les ocurrió en el espíritu, en la época, que era preciso desmantelar la ideología sexual de la teología».

En el artículo «Queer Theology: Reclaiming Christianity for the LGBT Community» (2014), otra representante de esa corriente, Kelly Kraus subraya que en la Biblia, Cristo se muestra atento y benevolente con respecto a todos los que están sometidos al oprobio social, incluidos los que lo sufren en razón de sus costumbres. Ella evoca especialmente el episodio en el que los samaritanos, reputados como inclinados al pecado, le solicitan que se quede con ellos dos días (Juan, 4: 40): «Jesús fue a donde los samaritanos y se quedó con ellos dos días porque le tenía sin cuidado lo que en la época era considerado como un comportamiento inapropiado. Jesús liberó a los samaritanos, y esta liberación es un argumento para la liberación de la comunidad LGBT.» La idea es pues inscribir esta lucha en un marco teológico cristiano.

El sexo de la Trinidad

Esta defensa de los individuos queers en el marco de la religión necesita sin embargo un serio trabajo genealógico. Se trata en efecto de cuestionar la manera cómo las interpretaciones teológicas del corpus cristiano han contribuido a imponer un sistema de normalización y de control de las identidades y de las sexualidades. Por lo tanto es necesario sacudir «la experiencia y el pensamiento heterosexuales que han fabricado nuestra comprensión de la teología, así como el papel del teólogo y de la hermenéutica», es decir la interpretación de los textos sagrados. Se vuelve posible, para Marcella Althaus-Reid en particular, releer los textos para permitir «el redescubrimiento de Dios por fuera de la ideología heterosexual que ha predominado en la historia del cristianismo y de la teología».

Althaus-Reid busca de esta manera, en esta óptica… «comprender y develar un Dios cristiano que se muestra en drag, bajo la forma de la Trinidad». La unión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pilar del cristianismo, constituye en efecto una identidad plural es inestable, según ella. La Trinidad, con la especial presencia del Espíritu Santo, que petenece a la vez a los hombres y a las mujeres, permitiría sacar al cristianismo de una lectura puramente heterosexual.

¿Adán, era un hombre… y Jesús un hetero?

Nos tendríamos que remontar igualmente al Génesis y a la célebre fórmula que postula que «Dios creó al ser humano a su imagen, lo creó a imagen de Dios, creó al hombre y la mujer». Este pasaje es el que a menudo se cita para justificar la bipartición de los sexos. Sin embargo las cosas son más complicadas que esto. «El término “humano” en hebreo es adam», anota en efecto Kelly Kraus. Según ella «Adam no tiene género […] El Génesis 1 dice simplemente que Dios creó a los seres humanos a su imagen», sin que la determinación de género sea inmediatamente determinante.

Y a continuación añade el Génesis, «el Eterno dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”»; Dios crea pues, para Adán, el primer ser, aquella que en general se considerará como su mujer. Pero una vez más, el texto es más alusivo: Él le crea un(a) «compañero(a) que le convenga». Ahora bien, el hebreo expresa simplemente que se trata de un ser ezèr kenegdo (עזר כנגדו), «de fuerza igual» o «que puede aportarle una asistencia conveniente». Según Kelly Kraus, «en este versículo, más bien que encontrar un argumento a favor de la relación complementaria entre el hombre y la mujer, lo que se encuentra de hecho es un argumento a favor de las relaciones entre personas del mismo sexo, pues los seres humanos están descritos desde el comienzo como teniendo necesidad de un compañero, y ese camarada no tiene sexo claramente definido».

La orientación sexual del hijo de Dios, Jesús, es interrogada igualmente por la teología queer. «Jesús ha sido vestido teológicamente como un hombre heterosexual (célibe)», resume Althaus-Reid en otra obra, Indecent Theology (2002). Según ella esta interpretación es eminentemente discutible. ¡Nada permite afirmar la heterosexualidad de Cristo! Algunos elementos siembran la duda. Si a partir del celibato de Jesús se concluye su heterosexualidad, como lo señala Althaus-Reid, es porque la figura del hijo de Dios ha sido normalizada, desexualizada. Esta sexualidad «decente» tiene toda la figura de lo neutro. Evoca un «Jesús con órganos genitales borrados, sin cuerpo erótico». Lo mismo vale para la «virgen» María. Estas figuras toman lugar en una «teología (heterosexual) neutra». Ahora bien, bajo lo neutro idealizado han quedado los cuerpos y sus deseos.

Hay que volver “indecente” a la teología

Contra esta visión, Althaus-Reid promueve por el contrario una «indecentización» del enfoque teológico. Ella invoca un «retorno a las experiencias auténticas de la vida cotidiana, descritas como excéntricas por parte de los hacedores de ideología». Según ella «las teologías sexuales indecentes […] pueden ser eficaces en la medida en que representen la resurrección de lo excesivo», en tanto que se desplieguen desde «la desmesura de nuestras vidas hambrientas: nuestro hambre de alimento, notro hambre de contacto con otros cuerpos, nuestro hambre de amor y de Dios», en un movimiento que no busca excluir sino exaltar la riqueza plural de los amores. Si el primer mandamiento es el de amar, entonces la teología debe hacerle sitio a esta proliferación de las sexualidades. «La sexualidad homosexual, antes que un pecado es un signo del amor de Dios. Gracia al amor de un compañero, un individuo gay o lesbiana tiene la experiencia de una pequeña fracción del amor de Dios» resume Kelly Kraus.

La teología queer insiste en este mandamiento de amar. «En la vida y la enseñanza de Jesús, vemos cómo las relaciones humanas amorosas tienen prioridad sobre todo el resto», incluida una eventual condena de los pecados, subraya Richard Cleaver en Know My Name: A Gay Liberation Theology (1995). Los Evangelios muestran por ejemplo a Jesús en relaciones estrechas con los mal amados. Las prostitutas y los criminales hacen parte de sus conocidos y de sus compañías. En el Evangelio de Juan, cuando los fariseos acusan ante Jesús a una mujer adúltera, Jesús se niega a condenarla. Dicho esto, el hecho de darle prioridad al amor sobre la condena del pecado no impide que ese pecado deje de ser considerado como tal. Es ciertamente el sentido de las afirmaciones recientes del papa Francisco, que ve en la criminalización de la homosexualidad una injusticia con respecto al derecho, pero un pecado desde el punto de vista teológico.

¿Castigar la homosexualidad?

En materia de homosexualidad, y sobre todo de homosexualidad masculina, la lectura del corpus bíblico comprende efectivamente condenas manifiestas. Sin embargo el pastor y profesor de teología estadounidense Jack Rogers en Jesus, The Bible, and Homosexuality: Explode the Myths (2009), considera que ninguna de esas condenas «concierne a Jesús ni incluye sus palabras». El episodio de la destrucción de Sodoma y Gomorra es con frecuencia interpretado de forma simplista como un castigo por la homosexualidad excesiva de sus habitantes. En realidad, muchas interpretaciones subrayan que el castigo «tiene más que ver con la inospitalidad que con la homosexualidad» de los habitantes, como lo señala Kelly Kraus.

Más ampliamente, el término mismo de homosexualidad se aplica mal  en el marco bíblico. «Cuando la Biblia se refiere a la “homosexualidad”, no hace referencia a las parejas de e gays y de lesbianas amorosas y comprometidas que existen hoy», a formas de vida homosexuales o a identidades, «sino que se refiere a un tipo específico de acto sexual», en particular la sodomía. Como añade la universitaria norteamericana Lisa Sowle Cahill en el artículo «Homosexuality: A Case Study in Moral Argument» (1994), los homosexuales no están «impedidos, por su sexualidad, a realizar en su carácter cualidades moralmente loables», a tener «valores o características morales (por ejemplo, la honestidad, la fidelidad, el amor, el servicio, la abnegación)», mucho más esenciales en las perspectiva cristiana que «los valores físicos y los actos materiales».

Un debate sobre la naturaleza del amor

Esta distinción le ha permitido a una parte de las Iglesias cristianas, especialmente a la católica, adaptarse a los desafíos contemporáneos. En esta óptica, el deseo homosexual no es un problema… mientras que él no se realice. «Las inclinaciones homosexuales no son un pecado mientras que no se hayan puesto en práctica, digamos», resume la teóloga estadounidense Linn Marie Tonstad en Théologie queer. Evidentemente que podemos ver en esto un malabarismo que sin embargo se reduce a condenar el homosexualismo masculino al prohibir una práctica central (aunque, por otra parte, las formas de relaciones homosexuales no se reduzcan a ella absolutamente).

Como se puede ver el debate no está zanjado. Otros defensores de la teología queer señalan así una dificultad teológica para llegar a operar la distinción entre la inclinación y el acto. Para Tonstad, esta es una distinción que «Jesús niega explícitamente […] Si tomamos el ejemplo de Jesús, el pecado sexual reside en el deseo, y no necesariamente en lo que el cuerpo hace realmente». Y citan el Evangelio según san Mateo en su apoyo: «Quien mire a una mujer con codicia ha cometido ya adulterio con ella en su corazón» (5,28). En la actualidad, sea lo que sea, sigue siendo imposible la práctica de relaciones homosexuales masculinas liberadas de la cuestión del pecado, en la medida en que el dispositivo normativo de la Iglesia católica no reconoce el matrimonio homosexual, y le niega pues a los homosexuales el marco previo de legitimación de los deseos y de las prácticas sexuales.

Campo de investigación novador y dinámico, la teología queer es igualmente un terreno de debates. Debates que tienden a multiplicarse en el porvenir. Falta por decir que este nuevo campo de pensamiento constituye una riqueza inestimable en la medida en que da a oír puntos de vista situados que no han tenido voz durante siglos en el capítulo. «Nadie ha pensado en hacer teología en los bares gays, así estos estén llenos llenos de teólogos»♥♦, escribe maliciosamente Marcella Althaus-Reid. Quizás llegó el momento.


Religión

El Papa Francisco aboga por una Francia más laica

Cédric Enjalbert, publicado el 4 de marzo de 2016


Con motivo de un encuentro con una delegación cristiana francesa, el martes 1º de marzo de 2016 en el Vaticano, el papa Francisco abogó para que Francia se vuelva un “Estado más laico”. ¿Será posible?

Franceses, un esfuerzo más ¡si queréis ser laicos! Esta fue en sustancia la recomendación dada por el papa Francisco a la delegación de católicos franceses que vinieron a visitarlo en Roma, el martes 1º de marzo.

Durante esa visita hecha por los Les Poissons roses, un movimiento cercano al Partido socialista, creado en 2011 tras los pasos de Emmanuel Mounier y de los filósofos Emmanuel Levinas, Paul Ricœur y Hannah Arendt, el Soberano precisó: «Una sana laicidad comprende una apertura a todas las formas de transcendencia, siguiendo las diferentes tradiciones religiosas y filosóficas.»

¡Atención, sin malos entendidos! Si como Francisco lo cree «Francia debe volverse un Estado más laico», es porque según él todavía le falta. «Una crítica que le tengo a Francia, añade él, es que la laicidad le resulta a veces demasiado de la filosofía de la Ilustración, para la que las religiones eran una sub-cultura. Franca no ha logrado superar todavía esa herencia».

Tratado sobre la tolerancia

Ahora bien ¿cuál es a ciencia cierta dicha herencia? Antes de ser francesa, es inglesa. En efecto, John Locke (1632-1704) es uno de los primeros después de Thomas Hobbes en defender, luego de las guerras de religiones, la separación de la Iglesia y el Estado en su Carta sobre la tolerancia (1689). Según él, la creencia no depende de la voluntad y ella escapa pues a la autoridad política: «el cuidado de las almas no le corresponde al magistrado civil».

En Francia, Voltaire (1694-1778) es quien vuelve a poner la cuestión de la tolerancia sobre la mesa y abre así la vía a la laicidad. Como lo explica Philippe Raynaud, como especialista que es en liberalismo y en pensamiento republicano : «Voltaire es un polemista genial, tanto más eficaz en el Tratado sobre la tolerancia que, contrariamente a lo que hace en otras obras, en esta se dedica a convencer a los creyentes o al menos a sacudir sus certidumbres sin atacar para nada su dogma o su culto. Se dirige a ellos como hombres de buen sentido, susceptibles de escuchar la voz de la razón natural. Es claramente esto lo que desean los que invocan a Voltaire para defender la “laicidad” o la libertad de pensamiento».

Pues la laicidad a la francesa, formalizada luego legalmente por la separación de la Iglesia y del Estado en la ley de 1905, no es ni el ateismo ni lo contrario de la religión ni la irreligiosidad. «La laicidad no tiene que ver con Dios, sino con la sociedad, precisa André Comte-Sponville en su Dictionnaire philosophique. No es una concepción del mundo; es una organización de la Ciudad. […] Lo esencial se sostiene en tres palabras: neutralidad (del Estado y de la escuela), independencia (del Estado con respecto a las Iglesias, y recíprocamente), libertad (de consciencia y de culto).»

Dos principios indisociables

Ferviente republicana marcada por una primera vida de profesora de liceo, la filósofa Catherine Kintzler, se ha dedicado también ella a Pensar la laicidad. De este esfuerzo, ella ha hecho el título de un libro que se ata a una teoría general, que defiende el modelo francés. Según ella, éste no solamente reposa sobre un principio negativo de neutralidad del Estado con respecto a las convicciones sino también sobre «una vertiente positiva: la libre manifestación de todas las convicciones y la libre discusión en el espacio de la sociedad civil. […] La laicidad no le prohibe en absoluto a los individuos que expresen públicamente sus creencias y sus identidades. Las campanas siguen sonando en los pueblos, las mujeres musulmanos que lo deseen son libres de portar el velo en la calle, y, con la única condición de que no cuestionen el orden público, las procesiones religiosas son libres. Y si los signos religiosos están prohibidos en la escuela pública es porque el espacio escolar participa de la autoridad pública. La laicidad no está pues dirigida contra las religiones, por el contrario ella permite su libre despliegue».

Y ella añade y resume en una reciente entrevista: «Este régimen reposa sobre la articulación de dos principios indisociables. Por una parte, lo que participa de la autoridad pública está obligado a abstenerse en lo que respecta a las creencias y a las increencias. Por otra parte, por todas partes fuera de ellas, incluido lo público, es la libertad de expresión la que se ejerce, en el marco del derecho común».

De este modo, no solamente la tolerancia defendida por las Luces no es fundamentalmente hostil a toda forma de trascendencia, como lo da a entender el Papa, sino que hay algo mejor: la laicidad a la francesa defiende la neutralidad de las autoridades públicas, que permite precisamente el «libre despliegue» de las religiones. En breve, ciertamente Francia no ha abandonado su preciosa herencia filosófica y política, ¡gracias a dios!

Traducido por Luis Alfonso Paláu, Envigado, co, marzo 5/2023


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Gente Dócil

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Todo el tiempo, en todo momento, en todo lugar, caminando, en el transporte público, en la sala, en la mesa del comedor, en los centros comerciales los jóvenes están con su smartphone en sus manos, su mirada fija en la pantalla, tecleando, ríen, gruñen. ¿Qué hacen? Consumen. Todo el tiempo están consumiendo. Lo preferido son los muy famosos cantantes, raperos, cuenta chistes, los que han alcanzado el éxito viral en las redes sociales, aquellos que suman por lo menos cinco millones de visitas al mes y miles de seguidores que gereran cinco millones de pesos colombianos, son los llamados influencer. Todo esto es un modelo que todos quieren seguir, los gigantes de las redes aceitan el engranaje, Facebook, Google, Twitter son los grandes ganadores, sus empresas se valorizan en miles de millones de dólares.


Este consumo, esta imposición de contenidos, este formateo determina el Ser, hecho a la medida de los grandes intereses del Poder. Es toda una modelación. Estas empresas ponen a rodar contenidos, tendencias, réplicas aquí y allá con sólo teclear, cada clik tiene un valor en las redes, nada es gratuito. Más allá del atractivo monetario, está el molde, el formato, el formateo determinante del contenido. Vale el ejemplo de influir en las elecciones de un país, los grandes empresarios de las redes sociales, bien pagos por políticos, hacen inclinar las balanzas para el mejor postor, así lo electoral es mera pantomima: las fake news, las bodegas de redes sociales crean los fantasmas de ser los más seguidos, los mejores, las tendencias a seguir.


El consumo es en gran medida lo que se les vende a los jóvenes y a la población en general, no importa su capacidad adquisitiva o si es necesario este o aquel producto, el comercio se encarga de imponerlo, incluso muchos de los artefactos adquiridos no se explotan en toda la capacidad, sólo cuenta con una Potencia y con una esperanza de que algún día se usará en su plenitud, es una ilusión irrealizable. Recuerdo la anécdota de Richard Sennet en un almacén que le ofrecieron un smartphone con capacidad de almacenar algo así de diez mil canciones, en su raciocinio se decía que si mucho escuchaba cien canciones, y cuando menos una docena de su preferencia. Igual pasa con los automóviles, venden con capacidad de desarrollar velocidades de más de 200 km por hora sin importar que en las carreteras sólo se puede o permite rodar a 120 km/H. Sólo se consume potencia.


¿Quiénes son los beneficiarios finales de esta alienación? Una cosa sí es segura, los jóvenes están consumiendo en sus smarfhone cualquier cosa menos pensamiento crítico, más bien se sumergen en una cultura ligth que los adormece, los anestesia para vivir sin protestar en un mundo cada vez más adverso. Se anula cualquier juicio crítico en un mundo tan inequitativo que cada vez produce desempleo y miseria, y en la escuela nada se hace, más bien son caja de resonancia de esta idiotez colectiva. ¿A quién conviene hacer de los jóvenes simples consumidores sin que se cuestionen por la sociedad en la que se encuentran? Mírese no más los mass media todo el tiempo suministran imágenes, programas banales de mundos ideales, de vidas perfectas logradas, inculcan ellos, por el mero logro personal, voluntades inquebrantables que cada día deciden ser felices para apalancar metas triunfales, es algo así como decir que el motor del progreso es interior en cada persona, el bien o el mal está dentro de cada quién.


Ante el Gran Poder determinante para modelar la vida para el consumo, ante los formateos en los medios masivos, en las redes sociales, solo queda anteponer los pequeños cambios en las comunidades, en los barrios, en la cuadra con sus propuestas culturales, con la reinvención de la vida. En lo micro está la clave, si se quiere resistir al formateo que produce borregos, gente, jóvenes dóciles. Decía Jean-Paul Marat: «para encadenar a los pueblos, hay que empezar por adormecerlos


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Autogobernarse, Anarquía

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Lo absurdo se muestra enseguida en la ilusión, en la distorsión democrática: ¿Cuántos votantes hacen falta para cambiar  una bombilla? Ninguno. Porque los votantes no pueden cambiar nada. La promesa de cambio se diluye en el político que absorbe y concentra el poder delegado de sus votantes. A su vez el Estado es la suma de este género de políticos, un poder concentrado y desvinculado del ciudadano. Cada vez se constata la ineficacia del Poder abstracto del Estado y de sus agentes políticos: impedir la distribución de los recursos y por consiguiente la inequidad en la población, cada vez más pobre, desatendida de sus servicios básicos. Por lo demás el proceso de votar conduce a procesos de odios, enemistar, dividir a las comunidades entre perdedores y ganadores, los que mandan y los que obedecen.


El Estado es fallido, sólo sostenido con el engaño del demagogo, del sofista político con su máscara de cordialidad. Esta lejanía del Poder con la ciudadanía, con los problemas reales de sus vidas, han dado fuerza para trabajar en otros mundos posibles, en otras formas de tramitar los problemas reales de las comunidades. Las formas alternas de tramitar el poder tienen que ver con la Democracia Directa, sin intermediarios y sin jerarquías de yo mando, tu obedeces. Por el contrario, el proceso decisorio se da en deliberaciones hasta llegar a acuerdos consensuados, sin que nadie tenga que convencer a nadie. A esto también se le llama Anarquía, que no es el caos o desorden, es más bien la unión de ciudadanos deliberando y decidiendo en el barrio, en la cuadra, en los colectivos culturales sobre sus problemas, tomando el toro por sus cuernos, sin intermediarios lejanos, sin caciques ni jefes, sin jerarquías, se manda obedeciendo. La Anarquía va más bien con la reinvención de la existencia. Cada comunidad, cada individuo, vive en su propio universo único. Son principios básicos del anarquismo: autoorganización, asociación voluntaria, ayuda mutua, todas estas son formas de comportamiento humano que se consideran parte de la humanidad desde sus inicios.



Puede objetarse que el Estado es imprescindible, que no puede concebirse sociedades sin Estado. Pero la antropología ha constatado que sí es posible, Pierre Clastres ha documentado comunidades que todo el tiempo han impedido la formación Estado porque han advertido lo dañino de la concentración de poder y de los excedentes de producción. El Estado con su acta de nacimiento del mundo moderno fue con puño y letra de Maquiavelo, y el sistema favorecido fue la sociedad liberal, la libertad de intercambiar productos, comerciar, y con ello el advenimiento del Burgos, de la ciudad, del burgués en contraposición del señor feudal, del campesino anclado en el campo y sus condiciones miserables. La puja ganó en favor de las concentración de los poblados y servicios que abaratan los costos por la producción a escala. La ciudad descresta por sus monumentales edificios, símbolos del bienestar, de progreso. El campo por el contrario es la dejadez, el atraso, sin los servicios del progreso, la miseria se evidencia.


Si algún día no lejano, la autogestión de los hombres se vuelve la cosa más común, los hombres autodirigiéndose, sin dirigentes políticos, surge la pregunta qué hacer con estos políticos ociosos, desocupados. Borges en el libro de Arena, imaginó una respuesta pensando en usar el arte de la demagogia para hacer reír, los comediantes es una profesión noble, de eso no hay duda: "Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más completa que este resumen." Construir una ciudadanía por fuera del Estado es posible, preferible.


Una cosa última, la anarquía es amiga de las revoluciones silenciosas, en calma, no es lo suyo confrontar, mejor la retirada y en la lejanía se reinventa la comunidad, el poder de uno mismo. Tiene más impacto y mejor uso de las energías para la creación que quedar enganchado en trifulcas. "A veces lo mejor es simular que nada ha cambiado, permitir que los representantes estatales mantengan su dignidad, incluso presentarse en sus despachos, rellenar sus formularios y, a partir de ese momento, ignorarlos por completo." (Graeber, p.72)

Adenda:


Una bibliografía sobre el Anarquismo como el arte de la autogestión, de otro mundo es posible: David Graeber. Fragmentos de antropología anarquista. Lallevir SL / VIRUS editorial, 2011


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El Pensamiento del Afuera

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

El Pensamiento del afuera es un libro de Michel Foucault. Y más que un libro es un gran esfuerzo por definir el ser en el vacío, en el silencio perceptible en la literatura. Pero ¿Qué es el pensamiento del afuera? Nos gusta definir el pensamiento por su etimología, pensar es pesar, poner en la balanza, calcular, sopesar la mejor opción. Todo el tiempo estamos sopesando, calculando la mejor opción para la vida. De allí que la vida se defina por las fuerzas que contrarrestan a la muerte, todo el tiempo se está haciendo el quite a lo que pone en riesgo la existencia. Pensar es pesar, sopesar.


El afuera corresponde a lo que sale de nuestro cuerpo, la mano que fabrica hace salir lo que el hombre ha concebido, el artefacto. Todo esto no son más que acciones que salen del cuerpo, por eso mismo se dice que todo hacer, toda acción es un gesto técnico que el hombre exterioriza, por eso el concepto del afuera. La roca allá en el peñasco es potencia para el arte que espera la realización del acto con la mano talladora del escultor. Una potencia y un acto fusionados para expresar un adentro ya exteriorizado del escultor. La palabra es la ausencia de la cosa que habla, y el lenguaje literario es la invisibilidad y el silencio del autor, es una sonrisa sin rostro, es un lugar sin geografía. El verdadero autor expresa en el afuera lo que otros ni si quiera sospechan que existe.


Por eso se habla de afuera, y si uno saca lo que está dentro de uno, entonces queda en el vacío. Por eso la literatura es posible si desaparece el sujeto, cuando se entrega produce el vacío sin límites. Es un espacio silencioso que desea el afuera, y allí se pierde para volver a encontrarse al final en ese yo erosionado que habla. La literatura es el afuera deshecho en el que cada vez crece un desierto, es un retiro en una noche oscura, en un día sin luz. 


Uno saca lo que está adentro pero en la obra exteriorizada uno se retroalimenta. El autor queda vacío una vez ha creado su obra. Él es nada, es nadie, el sujeto desaparece. Por eso se dice también que el hombre es un pliegue gramatical en tanto que sus actos salen, todo en él habla, es murmullo, es la sinrazón de eso que no está codificado por el mundo de la razón (recuérdese que la razón es el acta de nacimiento de Occidente). Por eso se dice también que el lenguaje se evapora en ese ir y venir hasta producirse el gesto que sale del cuerpo. En suma es mejor definir todo esto por el desierto que somos, por el vacío, por el afuera que nos jala para sacarnos y poder ser. "el «yo» que habla se fragmenta, se desparrama y se dispersa hasta desaparecer en este espacio desnudo."

 


La ficción expresa bien eso que está dentro del hombre y que habla otro lenguaje distinto al convencional de la razón. La literatura y las ficciones de Blanchot es un buen ejemplo: "Las ficciones de Blanchot serán, antes que imágenes propiamente dichas, la transformación, el desplazamiento, el intervalo neutro, el intersticio de las imágenes. Son imágenes precisas. Sus figuras se dibujan únicamente en la existencia gris de lo cotidiano y del anonimato; y cuando dejan sitio a la fascinación, no se trata nunca de ellas mismas, sino del vacío que las rodea, del espacio donde se encuentran sin raíz y sin zócalo. Lo ficticio no se encuentra jamás en las cosas ni en los hombres, sino en la imposible verosimilitud de aquello que está entre ambos: encuentros, proximidad de lo más lejano, ocultación absoluta del lugar donde nos encontramos. Así pues, la ficción consiste no en hacer ver lo invisible sino en hacer ver hasta qué punto es invisible la invisibilidad de lo visible."


Mucho se ha dicho sobre la literatura como expresión que escapa a las lógicas convencionales, al mundo de la razón que todo lo mide, por el contrario, la literatura es vacío, es el afuera tal y como está dicho líneas arriba, es un yo que sale a buscarse, a perderse en el desierto de la nada, pero que al final se reencuentra así mismo, es el reto de quién nunca se reconoce en el espejo, pero de tanto buscar logra encontrarse. "se trata mucho más de un tránsito al «afuera»: el lenguaje escapa al modo de ser del discurso - es decir, a la dinastía de la representación - y la palabra literaria se desarrolla a partir de sí misma, formando una red en la que cada punto, distinto de los demás, a distancia incluso de los más próximos, se sitúa por relación a todos los otros en un espacio que los contiene y los separa al mismo tiempo."... "La palabra de la palabra nos conduce por la literatura, pero quizás también por otros caminos, a ese afuera donde desaparece el sujeto que habla. Sin duda es por esta razón por lo que la reflexión occidental no se ha decidido durante tanto tiempo a pensar el ser del lenguaje: como si presintiera el peligro que haría correr a la evidencia del «existo» la experiencia desnuda del lenguaje."


Esta literatura como expresión del afuera, del vacío, de la interioridad exteriorizada puede verse en ciertos autores: "Artaud, cuando todo el lenguaje discursivo está llamado a desatarse en la violencia del cuerpo y del grito, y que el pensamiento, abandonando la interioridad salmodiante de la conciencia, deviene energía material, sufrimiento de la carne, persecución y desgarramiento del sujeto mismo; en Bataille, cuando el pensamiento, en lugar de ser discurso de la contradicción o del inconsciente, deviene discurso del límite, de la subjetividad quebrantada, de la transgresión; en Klossowski, con la experiencia del doble, de la exterioridad de los simulacros, de la multiplicación teatral y demente del Yo. De este pensamiento, Blanchot tal vez no sea solamente uno más de sus testigos. Cuanto más se retire en la manifestación de su obra, cuanto más esté, no ya oculto por sus textos, sino ausente de su existencia y ausente por la fuerza maravillosa de su existencia, tanto más representa para nosotros este pensamiento mismo, la presencia real, absolutamente lejana, centelleante, invisible, la suerte necesaria, la ley inevitable, el vigor tranquilo, infinito, mesurado de este pensamiento mismo."


En suma, el hombre y su recurso literario que expresa ese vacío, ese adentrarse cada vez más en el silencio cuánto más se entrega al flujo de la escritura, cuánto más produce más vacío está, más se entrega en lo inaprensible allá en el vacío, en el afuera. 


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La Felicidad, Happycracia

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica

La felicidad tan antigua como el hombre mismo, todos la quieren pero nada tan esquivo como ella misma. Cuando se la cree tener, tan pronto se va, es tan efímera, tan huidiza, tan ilusa que en la brevedad, apenas sí la percibimos. ¿Deseamos mal? ¿Por qué es tan difícil tenerla? ¿alcanzarla? Desde luego que cada quien quiere hacerla a su medida y según la cultura en la que esté inmerso, pero lo cierto es que vida hay una sola y todos queremos pasarla bien, nadie quiere atravesar un valle de lágrimas. En esta vía nadie discute que en la satisfacción de las necesidades básicas del humano vivir tiene mucho que ver con el bienestar de la existencia. Comer, estar abrigado, tener un techo para estar en el regocijo del espíritu, tener salud, conocer, saber más y mejor; estar con buenos amigos y en una sociedad tranquila. Son los mínimos sobre los cuales se asienta el bienestar que todo ser debe tener, es lo más parecido para una cierta felicidad. 


Este supuesto de la felicidad cimentada en los pilares básicos de la existencia, se alejan mucho de lo que se ve en la sociedad. Las carencias son el pan de cada día, seres tristes, quebrados en su dignidad por que no tienen lo mínimo para sí y para los suyos. Pero si se alza la mirada hacia el horizonte, no se ve esperanza alguna, por el contrario, todo está desolado. Los mass media, todos los días, noche y día, muelen otro mundo diferente al de estos hombres tristes a punta de derrumbarse. El dis-curso es no seguir el curso de esta dura realidad que permita enderezarla, lo que promueven son mundos diferentes, más bien artificiales: en la televisión la gente exitosa todo el tiempo ríe, cada día al levantarse decide ser feliz, y la felicidad está en éste o aquel producto, es una sociedad del gran capital que todo el tiempo llama a consumir. Pero en el trasfondo lo que se está movilizando es un sedante que adormece la dureza y la miseria en la que se está revolcando la gran masa de la población. 


El sedante consiste en introyectar en las personas, que todo depende de su propia voluntad, si te va bien o mal sólo eres tú el responsable, no busques por fuera de tí. Tampoco existe una sociedad dónde refugiarte. Este mundo en el que vivimos, el globo terráqueo, está poblado sólo de individuos, yoes, no existe un nosotros, no existe sociedad, colectivos, comunidad o algo que se le parezca. Estos sedantes quieren hacernos creer que sólo basta con una voluntad del individuo para ser felices. Ese discurso alienante que dice que todo está dentro de tí, dentro de una fuerza interior de cada individuo para alcanzar su máximo bienestar: todo está en tí, no busques nada por fuera, el fracaso o el éxito está en tus manos, en tu fuerza interior. La finalidad es hacer individuos dóciles conformes con su miseria, anular su capacidad de juicio crítico. 


Ese discurso sedante tiene por propósito frenar a la persona para que no vaya a buscar causas en otras partes diferentes que no sea en tu yo interior. Desde luego que estos paliativos anulan la capacidad crítica de las personas, son seres dóciles que arrastran sus desgracias sin protestar, sin buscar responsables. Esto favorece a los hombres del Poder, sin nadie que les interpele del por qué el mundo está patas arriba. Sólo miren la sociedad en general para constatar la privatización, la privación de lo que antes eran servicios públicos como los de salud, educación, sistemas de pensiones, políticas de vivienda.


Estos sedantes que adormecen la capacidad crítica del individuo y que lo hacen ver cómo el único responsable de las desgracias de su vida, puede verse en la Película en Búsqueda de la Felicidad (en Netflix), la cual es himno y matriz ideológica en facultades de educación, en libros de autoayuda que segregan estás pócimas para adormecer la crítica sobre las responsabilidades de la inequidad que les competen a los grupos de poder político y económico. Sobre el particular también se ha hecho un buen libro que cuestiona esta forma miserable de adormecer a las gentes, su título es  Happycracia. Solo diremos de él que desenmascara ésta doctrina capitalista irrigada en universidades, en especial en los departamentos de psicología que promueven con libros de autoayuda.


Consiste este sedante de voluntad inquebrantable, en no perder la fe, no culpar a nadie, no importa cuán humillantes sean las experiencias por las que se tenga que pasar. El personaje de la película es tirado a la calle con su hijo porque no pagan arriendo, duermen en los baños del metro, luego hacen largas filas para lograr una cama en un albergue; el miserable tiene que ir a pie corriendo porque no tiene pasajes para ir en autobús; sin monedas para poder comer bien… todo es miseria, que por humillante que sea no logra quebrar la voluntad de seguir adelante, de conseguir la meta, todo está en querer, si fracasas es por culpa propia, ningún tercero habrá a quién responsabilizar, ni si quiera la sociedad, sólo, recordar el principio: sólo existe el Individuo, no la sociedad, sólo existes tú, sólo tú, individuo, tú tienes la culpa si te va bien o te va mal. 


La felicidad vuelta sedante que buscar que el individuo no vea sociedad alguna sino así mismo, y más aún que todo depende de su voluntad que tan fuerte sea. Todo esto llegó al colmo de una pretendida ciencia enseñada en universidades. El término acuñado es la Happycracia, todo el mundo en busca de la felicidad. Referimos de nuevo el libro que crítica esta charlatanería escrito por Edgar Cabanas y Eva Illouz su título HAPPYCRACIA: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Otro buen libro crítico de las estrategias del Capitalismo es la Corrosión del Carácter escrito por Richard Sennet. Allí también se muestra como nos privan de conjugar el peligroso verbo nosotros, no existe la Sociedad, sólo el individuo a quién se le cercena su capacidad crítica que será sustituida por mensajes que suavizan los feroces golpes que el poder asesta a la masa obrera. Por lo demás, La ultraderecha también ha encontrado el recurso del neofacismo para esquivar reformas jalonadas por el Estado Social de Derecho, sale más económico disparar que otorgar derechos.


Adenda:

Acá el comentario del historiador Iván Castrillón:


"Este culto al individuo en menoscabo de lo colectivo se corresponde a un momento particular del capitalismo: el neoliberalismo. Que para el caso colombiano se reforzó con los valores de la solemnidad al individuo y a vivir de manera desenfrenada el presente, sin futuro, que introdujo el narcotráfico. Todo en sintonía con la destrucción del mundo fabril y su fuerte cultura colectiva, obrera, que se asoció a los café como la Bastilla ‒leer la Colmena Camilo José Cela‒, lugares de encuentro, de comunidad en el tránsito antes de llegar al hogar.


En suma, no solo fue una estrategía de mercadotecnia orientada al prestigio del consumo y las inalcanzables formas de ser “mayoritario” sino también la destrucción o reconfiguración de los espacios de encuentro que reforzaban lo colectivo como fue la significativa dinámica de los templos con sus diversos rituales, las grandes plazas de mercado para el intercambio, encuentro de lo rural con lo urbano. Las plazas públicas para las concentraciones políticas para interactuar cara a cara, todo canalizado por los espacios del orden de la disciplina y su panóptico que han dado paso a nuevas formas de convivencia, medidas por el formateo digital, como el denominado capitalismo de vigilancia."



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Hemos Cambiado

Por Mauricio Castaño H
Historiador 
Colombiakritica

El tiempo nos pasa. No nos bañamos en las mismas aguas del río. No somos los mismos de décadas atrás. ¿En qué hemos cambiado? En las creencias somos más flexibles, por ejemplo, en nuestros días el amor no es para siempre, y lo que Dios ha unido, el hombre lo separa. Las parejas se divorcian, se vuelven a casar ante juramento, no de cura sino de autoridad civil. O simplemente ambos, los dos, la pareja, a su voluntad, deciden su propia unión. En el sexo, antes la castidad era certificado de buena conducta, hoy simple tontería. En los credos religiosos, el buen Dios cristiano es más bien un social bacán, un comodín que se acomoda a todos mis caprichos, es un Dios de caucho, hecho de plástico, se estira y se encoge según nuestros necesidades, se acomoda a cualquier situación según la conveniencia, por ejemplo, el matón bendice el arma, el puñal que quiere derramar sangre.


Otrora, antes del siglo xix, otro de los cambios radicales fue el paso de la esclavitud a la libertad, ningún hombre será esclavo, todos serán iguales en derecho, al menos nadie podrá alegar propiedad absoluta sobre otro semejante, sobre otro cuerpo bípedo, humano, ni mucho menos podrá encadenarlo. Recuérdese que los hombres eran asimilados a cualquier objeto, a cualquier cosa por la presunción de que no tenían alma. El amo podía llevarlos tal como se lleva un perro a la calle bajo sujeción, relación de pura obediencia y a cambio se obtiene lo necesario para vivir. ¡Ya son tiempos pasados, los de los grillos en pies, manos o cuello! Otros dirán que se pasó a otro tipo de esclavitud, más disimulada, enmascarada bajo el overol del obrero que gasta toda su vida encerrado en una jaula de hierro.


La objeción asume que se pasó a una esclavitud moderna, la actual, la del trabajo, la del mundo laboral de ocho horas diarias, que también es una sujeción, pasar el mayor tiempo de la vida en el taller de la fábrica, en la cuadrícula de la oficina para luego terminar como lisiado después de la jubilación, desgarrado, lisiado por su hacer monótono, alienado que ante su desgracia de los gestos repetitivos no poder deshabituarse. Mucho adiestramiento y paciencia ha de tenerse para pasar toda una vida haciendo lo mismo, la misma hora de acostarse, levantarse, comer, y de vez en cuando un escape de la hora loca, beber unas cuántas copas de más para poder reír a carcajadas, olvidarse de sí mismo y dejar todo al azar de la sin razón.


La repetición tonta del obrero moldeado es de difícil cura. El jubilado que va de nuevo al que era su lugar de trabajo o lo merodea, tomará un café cerca con sus amigos y recordarán sus viejos tiempos, vivir es recordar. De allí en adelante solo queda una vida achacosa, somatizada en las más mínimas levedades, cualquier insignificancia será magnificada, el dolor que nunca desaparece, se vuelve más intenso y no sólo aquí, sino que saltó más allá. Son los lamentos somatizados para llamar la atención del médico y de la familia que lo devalúa, cada vez lo ve como el vetusto mueble estorboso. 


Otros cambios no tan notados han venido para dignificar la vida. Fue con Nietzsche que los espíritus se estremecen para tomar un nuevo oxígeno de rebeldía. Vivir es desgarrarse, salirse de los moldes de buena conducta, cuestionar las ataduras que nos amarran, plantear nuevos valores que edifiquen la vida, "Sí queremos paz, pero no la que quieren los curas, las vacas y los tenderos." En nuestros días vale cuestionar la fe de hierro del obrero o la del carbonero. La servidumbre voluntaria es más peligrosa porque todos la asumen como normal, si hay algún problema en la vida, no busques la solución por fuera, sino dentro de tí, el problema eres tú.


Las cadenas de la servidumbre voluntaria están dentro de nosotros mismos, el formateo fue de perfectos borregos. Somos seres que nos sentimos agradecidos con el sistema de mercado que nos sigue haciendo el puesto en la fábrica. Se ganará lo apenas necesario para pagar las cuentas del básico vivir. Esto ha sido blanco de ataque de ciertos filósofos que reclaman rebeldía contra todo aquello que anula la libertad del ser, que no se da espacio a la libertad individual. Incluso se propone arrancar al sujeto de sí mismo hasta su disolución, hasta el desformateo. Se reclama una renta básica o la garantía de que todo viviente tenga asegurado lo necesario para no morir de hambre.


Y más allá vemos en esta rebeldía la empresa de des-sujetivación propuesta por Nietzsche, Blanchot, Bataille. Esta rebeldía hace desbordar la cuadrícula en la que se quiere encerrarse al individuo, aquella que fija metas por alcanzar una felicidad fabricada muy en clave de mercado. Pero... qué difícil es satisfacer el espíritu inquieto, cuando se cree que todo ha terminado es donde apenas todo comienza. Lo desconocido es lo más apetecido, nuestro ser interior no se conforma, no importa cuántos sermones o cuántas amonestaciones impongan al espíritu rebelde. Si la vida biológica son las fuerzas que contrarrestan a la muerte, a su vez todo esto parece reflejarse en la voluntad de potencia que tiene cada cuerpo. ¿Qué le pasó a ese obrero tan aconductado que un día decidió renunciar a todo, y entregarse a la embriaguez y a la indigencia? Hay un asomo de un inicio de todo aquello que es desconocido, inaccesible pero que golpea en las paredes de nuestra piel para hacerse escuchar. Todo está inacabado, el ser nunca estará terminado, el deseo es ilimitado. El vacío define bien nuestra existencia interior.


El poder de la lengua


Somos seres del lenguaje, se ha desarrollado una complejidad en el lenguaje en donde todo habla, hablamos con la punta de los dedos mientras callamos. El lenguaje, la lengua nos expresa, nosotros no dominamos el lenguaje, nosotros nos debemos a la sociedad que nos formatea. La forma y lo que hablamos nos devela en lo que somos, a los que nos debemos, a la sociedad a la que pertenecemos. En las sociedades sin historia, sin escritura, son los mitos los que se piensan en los hombres, no a la inversa, los hombres que piensan los mitos. Por esa razón no se habla de verdades absolutas, de la esencia del hombre o de procesos dialécticos sino más bien de sentidos, de sistemas, de estructuras que explican a una sociedad. Incluso se habla de genealogía, del sentido. En el hombre están todas las respuestas, todo en él habla, es un lienzo en el que la sociedad, los sistemas de poder trazan sus líneas para dibujar el rostro deseado.



El poder del sentido


El lenguaje nos expresa en los procesos de subjetivación de la sociedad. Por eso Bataille, Blanchot hablan de la experiencia interior, de procesos de des-sujetivación. No hay verdades absolutas, existen sentidos, todo depende del cristal con que se mire. El hombre es una invención recién, y así como apareció puede desaparecer, desdibujarse. Se le escucha a diario, a manera de queja, que el hombre está siendo desplazado, pasó a ser cosa secundaria, primero los obreros protestaron contra las máquinas porque los dejaron sin empleo. Ahora son los robots los que están haciendo inútil el trabajo humano. Más allá de la queja, de llorar por lo que se pierde, puede dirigirse el mirar, hacia el horizonte para vislumbrar lo que se gana. Toda liberación trae pérdidas y ganancias, se gana por un lado y se pierde por el otro. El rostro humano dibujado ayer, puede desdibujarse para devenir algo distinto, algo diferente. Si uno escribe para no enloquecer, entonces la escritura es una locura.


Es la estructura, es el sistema el que expresa a los hombres, por eso en Foucault es un trabajo de arqueólogo, va capa tras capa barrenando, develando los diferentes sedimentos que la componen, todo ese conjunto es un archivo y la forma de interrogar develará lo mejor. Foucault llama archivo a «la masa de todas las cosas que se han dicho en una cultura, las que se han conservado, valorado, reutilizado, repetido y transformado. Toda esa masa verbal que ha sido fabricada por los hombres, que se ha empleado en sus técnicas y en sus instituciones y que está tejida con su existencia y con su historia». La historia es discontinua, tiene rupturas y mutaciones. El pensamiento es inacabado, se rehace sin parar.


En la denominada locura Foucault nos enseñó que ella existe en la sociedad. Ella fabrica los locos en manos de una psiquiatría filantrópica despreciable. Ella trata de contener al rebelde del sistema. El literato Artaud con sus experiencias límites, el transgredir un tipo de racionalidad, desbordar esa sociedad del orden, fue encerrado en el psiquiátrico, y fueron los psiquiatras quienes permitieron su encierro. "La propuesta de Foucault acabará por denominarse «microfísica del poder»: «física», porque lo que cuenta en ella es la descripción del funcionamiento de las fuerzas políticas, y «micro» porque privilegia en el análisis (y en las luchas) la multiplicidad de focos institucionales del poder, en detrimento de cualquier unificación bajo la figura del Estado."


El Poder y sus guerras han mostrado su capacidad de apropiarse de las pocas libertades, disponen de los hombres para lo que les plazca: someterlos, esclavizarlos, matarlos, siempre está la amenaza de que se los puede tomar en cualquier momento, se puede disponer de ellos. La libertad humana puede decirse ha estado secuestrada por los poderes, el poder es posible si hay obediencia, si hay sometimiento. Tanto así que democracia ha significado Resistencia a esas fuerzas totalitarias, a todo poder que por su naturaleza busca serviles. Si hay vida, hay lucha. Y si hay lucha hay resistencia.


La vida se expresa en los humanos, ellos viven a través de sus prácticas cotidianas, culturales, y mucho mejor en las relaciones de poder, de Biopoder. La vida es una sola que se aprende en las vivencias mismas, otros dirán conceptos y prácticas, el hombre que vive, trabaja y piensa. La vida no está divorciada de la existencia. La masificación de la lectura y de la internet abrió el mundo a los ojos de todos, el conocimiento está a la distancia de un click en el smarphone que tecleo en mis manos. El poder del conocimiento ya no está en el venerado sabio, está en la voluntad de potencia de cada quién. Bienvenidos los cambios, en especial los que reafirman al ser en su libertad.


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