Logos Libertario

Por Mauricio Castaño H
colombiaKritica.blogspot

Dime cuánto tienes y te diré cuánto vales. El mayor logro de la sociedad moderna es medir la libertad humana de acuerdo con la capacidad de consumo. Se es libre dependiendo de la capacidad de gasto en el comercio. Son templos del consumo los majestuosos centros comerciales, miles de metros cuadrados dedicados a locales comerciales en los cuales satisfaces las ansias de compra, en donde sacias el sentimiento de felicidad inculcado por la propaganda comercial, eres tan feliz en tanto satisfagas tus deseos inculcados. José Saramago, Richard Sennet, Bauman Zygmunt entre otros, han estudiado este fenómeno. Conceptos como corrosión del carácter, sociedad líquida, definen el trabajo juicioso del sistema capitalista para configurar los nuevos sujetos de la sociedad: los empleos ya no son para siempre, pululan los temporales y tercerizados, con ello se logran las mayores ganancias pero se pauperizan las condiciones de las clases laborales, cada vez los ricos son más ricos y más pocos, y los pobres son más numerosos y más pobres. Los seres son arrojados a la nada, entonces van y vienen por el mundo como desorbitados, inseguros de sí mismos, tristes, endonzándose todos las desgracias a su propia responsabilidad.

Las relaciones sociales antes duraderas con los empleos perpetuos, hoy son efímeras y frágiles, incluso el comportamiento personal o síquico es quebrado, personas inseguras e inestables. Las relaciones de pareja tampoco son para siempre, ya los matrimonios no son hasta que la muerte los separe, el amor eterno claudica. En nuestros tiempos una persona puede pasar por varios matrimonios con tus hijos, los míos y los nuestros. Algo bueno sale de estos intercambios, familias ampliadas y enriquecidas por sus experiencias. 


Pero retomemos la crítica negativa en la cual queremos insistir, el modelo de negocio del capitalismo es excluyente en cuanto a la promesa de bienestar general con los Estados Nación fue un fracaso, se constata por los niveles de desgracia e infelicidad que sufren miles de millones de personas del planeta, algunos viven con un dólar al día, otros ni siquiera lo tienen. En economía el saldo social es horripilante. En lo social una sociedad fragmentada, pues su tejido fue confeccionado con el dogma del individualismo, todo lo que le pueda pasar a una persona en este mundo tiene un único y gran responsable: Tú, nadie más. Los gringos tienen una palabra que es su mayor ofensa y vergüenza: Loser, Perdedor.
 

Y esa masa de hambrientos sin dinero ni traje, entonces como por instinto, luchan desesperados por alguna miga de pan, cada vez las ciudades registran inseguridad, la muerte acecha en cada esquina. Los demagogos políticos prometen acabar con el crimen en cárceles atestadas, pero ninguno habla de Inequidad. ¿Y la sociedad organizada? ¿Cuál? Toda está fragmentada, los que más hacen el llamado activismo de sofá, todos dan Me Gusta en el Facebook pero ninguna soporta una reunión comunitaria. La conjugación del pronombre Nosotros es una rareza y una gran amenaza.

El mundo cada vez se reafirma más en el templo del consumo, en los centros comerciales las gentes van y vienen como ratas de alcantarillas husmeando productos, nótese que todo es movimiento, no veréis allí lugares para largas charlas amistosas, todo allí es extraño y pasadizo.  El altar del mundo, Estados Unidos, acaba de elegir a uno de los demagogos de moda Trump, fiel reflejo del mundo del mercado, pues es un hombre salido de sus filas, está dentro de los hombres más ricos. Y se hizo elegir como estadista con un discurso de mercado: promete reactivar la industria nacional y con ella recuperar los empleos para los nacionales, en sí  es una lógica de mercado muy lejana a la de un estadista que propenda por los sueños de un Bienestar General.
 

Este tipo de dirigentes son extravagantes, sus movidas todas conducen a inflar su ego con un puesto de poderío más. Es la misma lógica de todos los Estados Modernos: "El mercado hasta donde sea posible y el Estado hasta donde sea necesario," todo en función del capital, por eso cada vez más se ven líderes del comercio tomando las riendas del Poder, agitar la demagogia con nacionalismos, exacerbar odios raciales con guerras para desviar la atención del verdadero problema. La inteligencia humana se ha sobrepuesto a las grandes dificultades de la vida, esperamos no tardar tanto en encontrar soluciones diferentes a la de medir nuestra libertad y felicidad según sea nuestra capacidad de consumo. Me gusta recordar la reflexión griega epicúrea que recomendaba la ataraxia, evitar la pleonexia, o Nirvana para los orientales, en suma, ponerle límites a los deseos... Este logos de mercado bien vale superarlo.

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El Budismo



Conferencia de Jorge Luis Borges
 

El tema de hoy será el budismo. No entraré en esa larga historia que empezó hace dos mil quinientos años en Benares, cuando un príncipe de Nepal - Siddharta o Gautama -, que había llegado a ser el Buddha, hizo girar la rueda de la ley, proclamó las cuatro nobles verdades y el óctuple sendero. Hablaré de lo esencial de esa religión, la más difundida del mundo. Los elementos del budismo se han conservado desde el siglo v antes de Cristo: es decir, desde la época de Heráclito, de Pitágoras, de Zenón, hasta nuestro tiempo, cuando el doctor Suzuki la expone en el Japón. Los elementos son los mismos. La religión ahora está incrustada de mitología, de astronomía, de extrañas creencias, de magia, pero ya que el tema es complejo, me limitaré a lo que tienen en común las diversas sectas. Éstas pueden corresponder al Hinayana o el pequeño vehículo. Consideremos ante todo la longevidad del budismo.

  Esa longevidad puede explicarse por razones históricas, pero tales razones son fortuitas o, mejor dicho, son discutibles, falibles. Creo que hay dos causas fundamentales. La primera es la tolerancia del budismo. Esa extraña tolerancia no corresponde, como en el caso de otras religiones, a distintas épocas: el budismo siempre fue tolerante.
 

No ha recurrido nunca al hierro o al fuego, nunca ha pensado que el hierro o el fuego fueran persuasivos. Cuando Asoka, emperador de la India, se hizo budista, no trató de imponer a nadie su nueva religión. Un buen budista puede ser luterano, o metodista, o presbiteriano, o calvinista, o sintoísta, o taoísta, o católico, puede ser prosélito del Islam o de la religión judía, con toda libertad. En cambio, no le está permitido a un cristiano, a un judío, a un musulmán, ser budista.

        La tolerancia del budismo no es una debilidad, sino que pertenece a su índole misma. El budismo fue, ante todo, lo que podemos llamar un yoga. ¿Qué es la palabra yoga? Es la misma palabra que usamos cuando decimos yugo y que tiene su origen en el latín yugu.

        Un yugo, una disciplina que el hombre se impone. Luego, si comprendemos lo que el Buddha predicó en aquel primer sermón del Parque de las Gacelas de Benares hace dos mil quinientos años, habremos comprendido el budismo. Salvo que no se trata de comprender, se trata de sentido de un modo hondo, de sentido en cuerpo y alma; salvo, también, que el budismo no admite la realidad del cuerpo ni del alma. Trataré de exponerlo.

        Además, hay otra razón. El budismo exige mucho de nuestra fe. Es natural, ya que toda religión es un acto de fe. Así como la patria es un acto de fe. ¿Qué es, me he preguntado muchas veces, ser argentino? Ser argentino es sentir que somos argentinos. ¿Qué es ser budista?

        Ser budista, es, no comprender, porque eso puede cumplirse en pocos minutos, sentir las cuatro nobles verdades y el óctuple camino.

        No entraremos en los vericuetos del óctuple camino, pues esa cifra obedece al hábito hindú de dividir y subdividir, pero si en las cuatro nobles verdades.

        Hay, además, la leyenda del Buddha. Podemos descreer de esa leyenda. Tengo un amigo japonés, budista zen, con el cual he mantenido largas y amistosas discusiones. Yo le decía que creía en la verdad histórica del Buddha. Creía, y creo, que hace dos mil quinientos años hubo un príncipe del Nepal llamado Siddharta o Gautama que llegó a ser el Buddha, es decir, el Despierto, el Lúcido -a diferencia de nosotros que estamos dormidos o que estamos soñando ese largo sueño que es la vida -. Recuerdo una frase de Joyce: "La historia es una pesadilla de la que quiero despertarme." Pues bien, Siddharta, a la edad de treinta años, llegó a despertarse y a ser el Buddha.

        Con aquel amigo que era budista (yo no estoy seguro de ser cristiano y estoy seguro de no ser budista) yo discutía y le decía: "¿Por qué no creer en el príncipe Siddharta, que nació en Kapilovastu quinientos años antes de la era cristiana?" Él me respondía: "Porque no tiene ninguna importancia; lo importante es creer en la Doctrina". Agregó, creo que con más ingenio que verdad, que creer en la existencia histórica del Buddha o interesarse en ella seria algo así como confundir el estudio de las matemáticas con la biografía de Pitágoras o Newton. Uno de los temas de meditación que tienen los monjes en los monasterios de la China y el Japón, es dudar de la existencia del Buddha. Es una de las dudas que deben imponerse para llegar a la verdad.

        Las otras religiones exigen mucho de nuestra credulidad. Si somos cristianos, debemos creer que una de las tres personas de la Divinidad condescendió a ser hombre y fue crucificado en Judea. Si somos musulmanes tenemos que creer que no hay otro dios que Dios y que Muhammad es su apóstol. Podemos ser buenos budistas y negar que el Buddha existió o, mejor dicho, podemos pensar, debemos pensar que no es importante nuestra creencia en lo histórico: lo importante es creer en la Doctrina. Sin embargo, la leyenda del Buddha es tan hermosa que no podemos dejar de referirla.

        Los franceses se han dedicado con especial atención al estudio dé la leyenda del Buddha. Su argumento es éste: la biografía del Buddha es lo que le ocurrió a un solo hombre en un breve periodo de tiempo. Puede haber sido de este modo o de tal otro. En cambio, la leyenda del Buddha ha iluminado y sigue iluminando a millones de hombres. La leyenda es la que ha inspirado tantas hermosas pinturas esculturas y poemas. El budismo, además de ser una religión, es una mitología, una cosmología, un sistema metafísico, o, mejor dicho, una serie de sistemas metafísicos, que no se entienden y que discuten entre sí.

        La leyenda del Buddha es iluminativa y su creencia no se impone.

        En el Japón se insiste en la no historicidad del Buddha. Pero sí en la Doctrina. La leyenda empieza en el cielo. En el cielo hay alguien que durante siglos y siglos, podemos decir literalmente, durante un número infinito de siglos, ha ido perfeccionándose hasta comprender que en la próxima encarnación será el Buddha.

        Elige el continente en que ha de nacer. Según la cosmogonía budista el mundo está dividido en cuatro continentes triangulares yen el centro hay una montaña de oro: el monte Meru. Nacerá en el que corresponde a la India. Elige el siglo en que nacerá; elige la casta, elige la madre. Ahora, la parte terrenal de la leyenda. Hay una reina, Maya. Maya significa ilusión. La reina tiene un sueño que corre el albur de parecernos extravagante pero no lo es para los hindúes.

        Casada con el rey Suddhodana, soñó que un elefante blanco de seis colmillos, que erraba en las montañas del oro, entró en su costado izquierdo sin causarle dolor. Se despierta; el rey convoca a sus astrólogos y éstos le explican que la reina dará a luz un hijo que podrá ser el emperador del mundo o que podrá ser el Buddha: el Despierto, el Lúcido, el ser destinado a salvar a todos los hombres. Previsiblemente, el rey elige el primer destino: quiere que su hijo sea el emperador del mundo.

        Volvamos al detalle del elefante blanco de seis colmillos. Oldemberg hace notar que el elefante de la India es animal doméstico y cotidiano. El color blanco es siempre símbolo de inocencia. ¿Por qué seis colmillos? Tenemos que recordar (habrá que recurrir a la historia alguna vez) que el número seis, que para nosotros es arbitrario y de algún modo incómodo (ya que preferimos el tres o el siete), no lo es en la India, donde se cree que hay seis dimensiones en el espacio: arriba, abajo, atrás, adelante, derecha, izquierda. Un elefante blanco de seis colmillos no es extravagante para los hindúes.

        El rey convoca a los magos y la reina da a luz sin dolor. Una higuera inclina sus ramas para ayudarla. El hijo nace de pie y al nacer da cuatro pasos: al Norte, al Sur, al Este y al Oeste, y dice con voz de león: "Soy el incomparable; éste será mi último nacimiento". Los hindúes creen en un número infinito de nacimientos anteriores. El príncipe crece, es el mejor arquero, es el mejor jinete, el mejor nadador, el mejor atleta, el mejor calígrafo, confuta a todos los doctores (aquí podemos pensar en Cristo y los doctores). A los dieciséis años se casa.

        El padre sabe - los astrólogos se lo han dicho - que su hijo corre el peligro de ser el Buddha, el hombre que salva a todos los demás si conoce cuatro hechos que son: la vejez, la enfermedad, la muerte y el ascetismo. Recluye a su hijo en un palacio, le suministra un harén, no diré la cifra de mujeres porque corresponde a una exageración hindú evidente. Pero, por qué no decirlo: eran ochenta y cuatro mil.

        El príncipe vive una vida feliz; ignora que hay sufrimiento en el mundo, ya que le ocultan la vejez, la enfermedad y la muerte. El día predestinado sale en su carroza por una de las cuatro puertas del palacio rectangular. Digamos, por la puerta del Norte. Recorre un trecho y ve un ser distinto de todos los que ha visto. Está encorvado, arrugado, no tiene pelo. Apenas puede caminar, apoyándose en un bastón. Pregunta quién es ese hombre, si es que es un hombre. El cochero le contesta que es un anciano y que todos seremos ese hombre si seguimos viviendo.

        El príncipe vuelve al palacio, perturbado. Al cabo de seis días vuelve a salir por la puerta del Sur. Ve en una zanja a un hombre aún más extraño, con la blancura de la lepra y el rostro demacrado. Pregunta quién es ese hombre, si es que es un hombre. Es un enfermo, le contesta el cochero; todos seremos ese hombre si seguimos viviendo. El príncipe, ya muy inquieto, vuelve al palacio. Seis días más tarde sale nuevamente y ve a un hombre que parece dormido, pero cuyo color no es el de esta vida. A ese hombre lo llevan otros. Pregunta quién es. El cochero le dice que es un muerto y que todos seremos ese muerto si vivimos lo suficiente.

        El príncipe está desolado. Tres horribles verdades le han sido reveladas: la verdad de la vejez, la verdad de la enfermedad, la verdad de la muerte. Sale una cuarta vez. Ve a un hombre casi desnudo, cuyo rostro está lleno de serenidad. Pregunta quién es. Le dicen que es un asceta, un hombre que ha renunciado a todo y que ha logrado la beatitud.

        El príncipe resuelve abandonar todo; él, que ha llevado una vida tan rica. El budismo cree que el ascetismo puede convenir, pero después de haber probado la vida. No se cree que nadie deba empezar negándose nada. Hay que apurar la vida hasta las heces y luego desengañarse de ella; pero no sin conocimiento de ella.

        El príncipe resuelve ser el Buddha. En ese momento le traen una noticia: su mujer, Jasodhara, ha dado a luz un hijo. Exclama: "Un vínculo ha sido forjado." Es el hijo que lo ata a la vida. Por eso le dan el nombre de Vínculo. Siddharta está en su harén, mira a esas mujeres que son jóvenes y bellas y las ve ancianas horribles, leprosas. Va al aposento de su mujer. Está durmiendo. Tiene al niño en los brazos. Está por besarla, pero comprende que si la besa no podrá desprenderse de ella, y se va.

        Busca maestros. Aquí tenemos una parte de la biografía que puede no ser legendaria. ¿Por qué mostrarlo discípulo de maestros que después abandonará? Los maestros le enseñan el ascetismo, que él ejerce durante mucho tiempo. Al final está tirado en medio del campo, su cuerpo está inmóvil y los dioses que lo ven desde los treinta y tres cielos, piensan que ha muerto. Uno de ellos, el más sabio, dice:

        "No, no ha muerto; será el Buddha". El príncipe se despierta, corre a un arroyo que está cerca, toma un poco de alimento y se sienta bajo la higuera sagrada: el árbol de la ley, podríamos decir.

        Sigue un entreacto mágico, que tiene su correspondencia con los Evangelios: es la lucha con el demonio. El demonio se llama Mara.

        Ya hemos visto esa palabra nightmare, demonio de la noche. El demonio siente que domina el mundo pero que ahora corre peligro y sale de su palacio. Se han roto las cuerdas de sus instrumentos de música, el agua se ha secado en las cisternas. Apresta sus ejércitos, monota en el elefante que tiene no sé cuántas millas de altura, multiplica sus brazos, multiplica sus armas y ataca al príncipe. El príncipe está sentado al atardecer bajo el árbol del conocimiento, ese árbol que ha nacido al mismo tiempo que él.

        El demonio y sus huestes de tigres, leones, camellos, elefantes y guerreros monstruosos le arrojan flechas. Cuando llegan a él, son flores. Le arrojan montañas de fuego, que forman un dosel sobre su cabeza. El príncipe medita inmóvil, con los brazos cruzados. Quizá no sepa que lo están atacando. Piensa en la vida; está llegando al nirvana, a la salvación. Antes de la caída del sol, el demonio ha sido derrotado. Sigue una larga noche de meditación; al cabo de esa noche, Siddharta ya no es Siddharta. Es el Buddha: ha llegado al nirvana.

        Resuelve predicar la ley. Se levanta, ya se ha salvado, quiere salvar a los demás. Predica su primer sermón en el Parque de las Gacelas de Benares. Luego otro sermón, el del fuego, en el que dice que todo está ardiendo: almas, cuerpos, cosas están en: fuego. Más o menos por aquella fecha, Heráclito de Éfeso decía que todo es fuego.

        Su ley no es la del ascetismo, ya que para el Buddha el ascetismo es un error. El hombre no debe abandonarse a la vida carnal porque la vida carnal es baja, innoble, bochornosa y dolorosa; tampoco al ascetismo, que también es innoble y doloroso. Predica una vía media -para seguir la terminología teológica -, ya ha alcanzado el nirvana y vive cuarenta y tantos años, que dedica a la prédica. Podría haber sido inmortal pero elige el momento de su muerte, cuando ya tiene muchos discípulos.

        Muere en casa de un herrero. Sus discípulos lo rodean. Están desesperados. ¿Qué van a hacer sin él? Les dice que él no existe, que es un hombre como ellos, tan irreal y tan mortal como ellos, pero que les deja su Ley. Aquí tenemos una gran diferencia con Cristo. Creo que Jesús les dice a sus discípulos que si dos están reunidos, él será el tercero. En cambio, el Buddha les dice: les dejo mi Ley. Es decir, ha puesto en movimiento la rueda de la ley en el primer sermón. Luego vendrá la historia del budismo. Son muchos los hechos: el lamaísmo, el budismo mágico, el Mahayana o gran vehículo, que sigue al Hinavana o pequeño vehículo, el budismo zen del Japón.

        Yo tengo para mí que si hay dos budismos que se parecen, que son casi idénticos, son el que predicó el Buddha y lo que se enseña ahora en la China y el Japón, el budismo zen. Lo demás son incrustaciones mitológicas, fábulas. Algunas de esas fábulas son interesantes. Se sabe que el Buddha podía ejercer milagros, pero al igual que a Jesucristo, le desagradaban los milagros, le desagradaba ejercerlos. Le parece una ostentación vulgar. Hay una historia que contaré: la del bol de sándalo.

        Un mercader, en una ciudad de la India, hace tallar un pedazo de sándalo en forma de bol. Lo pone en lo alto de una serie de cañas de bambú, una especie de altísimo palo enjabonado. Dice que dará el bol de sándalo a quien pueda alcanzarlo. Hay maestros heréticos que lo intentan en vano. Quieren sobornar al mercader para que diga que lo han alcanzado. El mercader se niega y llega un discípulo menor del Buddha. Su nombre no se menciona, fuera de ese episodio.

        El discípulo se eleva por el aire, vuela seis veces alrededor del bol, lo recoge y se lo entrega al mercader. Cuando el Buddha oye la historia lo hace expulsar de la orden, por haber realizado algo tan baladí.

        Pero también el Buddha hizo milagros. Por ejemplo éste, un milagro de cortesía. El Buddha tiene que atravesar un desierto a la hora del mediodía. Los dioses, desde sus treinta y tres cielos, le arrojan una sombrilla cada uno. El Buddha, que no quiere desairar a ninguno de los dioses, se multiplica en treinta y tres Buddhas, de modo que cada uno de los dioses ve, desde arriba, un Buddha protegido por la sombrilla que le ha arrojado.

        Entre los hechos del Buddha hay uno iluminativo: la parábola de la flecha. Un hombre ha sido herido en batalla y no quiere que le saquen la flecha. Antes quiere saber el nombre del arquero, a qué casta pertenecía, el material de la flecha, en qué lugar estaba el arquero, qué longitud tiene la flecha. Mientras están discutiendo estas cuestiones, se muere. "En cambio -dice el Buddha-, yo enseño a arrancar la flecha." ¿Qué es la flecha? Es el universo. La flecha es la idea del yo, de todo lo que llevamos clavado. El Buddha dice que no debemos perder tiempo en cuestiones inútiles. Por ejemplo: ¿es finito o infinito el universo? ¿El Buddha vivirá después del nirvana o no? Todo eso es inútil, lo importante es que nos arranquemos la flecha.

        Se trata de un exorcismo, de una ley de salvación.

        Dice el Buddha: "Así como el vasto océano tiene un solo sabor, el sabor de la sal, el sabor de la leyes el sabor de la salvación". La ley que él enseña es vasta como el mar pero tiene un solo sabor: el sabor de la salvación. Desde luego, los continuadores se han perdido (o han encontrado tal vez mucho) en disquisiciones metafísicas. El fin del budismo no es ése. Un budista puede profesar cualquier religión, siempre que siga esa ley. Lo que importa es la salvación y las cuatro nobles verdades: el sufrimiento, el origen del sufrimiento, la curación del sufrimiento y el medio para llegar a la curación. Al final está el nirvana. El orden de las verdades no importa. Se ha dicho que corresponden a una antigua tradición médica en que se trata del mal, del diagnóstico, del tratamiento y de la cura. La cura, en este caso, es el nirvana.

        Ahora llegamos a lo difícil. A lo que nuestras mentes occidentales tienden a rechazar. La transmigración, que para nosotros es un concepto ante todo poético. Lo que transmigra no es el alma, porque el budismo niega la existencia del alma, sino el karma, que es una suerte de organismo mental, que transmigra infinitas veces. En el Occidente esa idea está vinculada a varios pensadores, sobre todo a Pitágoras. Pitágoras reconoció el escudo con el que se había batido en la guerra de Troya, cuando él tenía otro nombre. En el décimo libro de La República de Platón está el sueño de Er. Ese soldado ve las almas que antes de beber en el rio del Olvido, eligen su destino. Agamenón elige ser un águila, Orfeo un cisne y Ulises -que alguna vez se llamó Nadie- elige ser el más modesto y el más desconocido de los hombres. .

        Hay un pasaje de Empédocles de Agrigento que recuerda sus vidas anteriores: "Yo fui doncella, yo fui una rama, yo fui un ciervo y fui un mudo pez que surge del mar." César atribuye esa doctrina a los druidas. El poeta celta Taliesi dice que no hay una forma en el universo que no haya sido la suya: "He sido un jefe en la batalla, he sido una espada en la mano, he sido un puente que atraviesa sesenta ríos, estuve hechizado en la espuma del agua, he sido una estrella, he sido una luz, he sido un árbol, he sido una palabra en un libro, he sido un libro en el principio." Hay un poema de Rubén Darío, tal vez el más hermoso de los suyos, que empieza así: "Yo fui un soldado que durmió en el lecho / de Cleopatra la reina..." La transmigración ha sido un gran tema de la literatura. La encontramos, también entre los místicos. Plotino dice que pasar de una vida a otra es como dormir en distintos lechos y en distintas habitaciones. Creo que todos hemos tenido alguna vez la sensación de haber vivido un momento parecido en vidas anteriores. En un hermoso poema de Dante Gabriel Rossetti, "Sudden light", se lee, I have been here before, "Yo estuve aquí". Se dirige a una mujer que ha poseído o que va a poseer y le dice: "Tú ya has sido mía y has sido mía un número infinito de veces y seguirás siendo mía infinitamente." Esto nos lleva a la doctrina de los ciclos, que está tan cerca del budismo, y que San Agustín refutó en La Ciudad de Dios.

        Porque a los estoicos y a los pitagóricos les había llegado la noticia de la doctrina hindú: que el universo consta de un número infinito de ciclos que se miden por calpas. La calpa trasciende la imaginación de los hombres. Imaginemos una pared de hierro. Tiene dieciséis millas de alto y cada seiscientos años un ángel la roza. La roza con una tela finísima de Benares. Cuando la tela haya gastado la muralla que tiene dieciséis millas de alto, habrá pasado el primer día de una de las calpas y los dioses también duran lo que duran las calpas y después mueren.

        La historia del universo está dividida en ciclos y en esos ciclos hay largos eclipses en los que no hay nada o en los que sólo quedan las palabras del Veda. Esas palabras son arquetipos que sirven para crear las cosas. La divinidad Brahma muere también y renace. Hay un momento bastante patético en el que Brahma se encuentra en su palacio. Ha renacido después de una de esas calpas, después de uno de esos eclipses. Recorre las habitaciones, que están vacías. Piensa en otros dioses. Los otros dioses surgen a su mandato; y creen que el Brahma los ha creado porque estaban ahí antes.

        Detengámonos en esta visión de la historia del universo. En el budismo no hay un Dios; o puede haber un Dios pero no es lo esencial. Lo esencial es que creamos que nuestro destino ha sido prefijado por nuestro karma o karman. Si me ha tocado nacer en Buenos Aires en 1899, si me ha tocado ser ciego, si me ha tocado estar pronunciando esta noche esta conferencia ante ustedes, todo esto es obra de mi vida anterior. No hay un solo hecho de mi vida que no haya sido prefijado por mi vida anterior. Eso es lo que se llama el karma. El karma, ya lo he dicho, viene a ser una estructura mental, una finísima estructura mental.

        Estamos tejiendo y entretejiendo en cada momento de nuestra vida. Es que tejen, no sólo nuestras voliciones, nuestros actos, nuestros semisueños, nuestro dormir, nuestra semivigilia: perpetuamente estamos tejiendo esa cosa. Cuando morimos, nace otro ser que hereda nuestro karma.

        Deussen, discípulo de Schopenhauer, que quiso tanto al budismo, cuenta que se encontró en la India con un mendigo ciego y se compadeció de él. El mendigo le dijo: "Si yo he nacido ciego, ello se debe a las culpas cometidas en mi vida anterior; es justo que yo sea ciego".

        La gente acepta el dolor. Gandhi se opone a la fundación de hospitales diciendo que los hospitales y las obras de beneficencia simplemente atrasan el pago de una deuda, que no hay que ayudar a los demás: si los demás sufren deben sufrir puesto que es una culpa que tienen que pagar y si yo los ayudo estoy demorando que paguen esa deuda, El karma es una ley cruel, pero tiene una curiosa consecuencia matemática: si mi vida actual está determinada por mi vida anterior, esa vida anterior estuvo determinada por otra; y ésa, por otra, y así sin fin. Es decir: la letra z estuvo determinada por la y, la y por la x, la x por la v, la v por la u, salvo que ese alfabeto tiene fin pero no tiene principio. Los budistas y los hindúes, en general, creen en un infinito actual; creen que para llegar a este momento ha pasado ya un tiempo infinito, y al decir infinito no quiero decir indefinido, innumerable, quiero decir estrictamente infinito.

        De los seis destinos que están permitidos a los hombres (alguien puede ser un demonio, puede ser una planta, puede ser un animal), el más difícil es el de ser hombre, y debemos aprovecharlo para salvarnos.

        El Buddha imagina en el fondo del mar una tortuga y una ajorca que flota. Cada seiscientos años, la tortuga saca la cabeza y seria muy raro que la cabeza calzara en la ajorca. Pues bien, dice el Buddha, "tan raro como el hecho de que suceda eso con la tortuga y la ajorca es el hecho de que seamos hombres. Debemos aprovechar el ser hombres para llegar al nirvana".

        ¿Cuál es la causa del sufrimiento, la causa de la vida, ya que negamos el concepto de un Dios, ya que no hay un dios personal que cree el universo? Ese concepto es lo que Buddha llama la zen. La palabra zen puede parecernos extraña, pero vamos a compararla con otras palabras que conocemos.

        Pensemos por ejemplo en la Voluntad de Schopenhauer. Schopenhauer concibe Die Welt als Wille und Vorstellung, El mundo como voluntad y representación. Hay una voluntad que se encarna en cada uno de nosotros y produce esa representación que es el mundo.

        Eso lo encontramos en otros filósofos con un nombre distinto. Bergson habla del élan vital, del ímpetu vital; Bernard Shaw, de the life force, la fuerza vital, que es lo mismo. Pero hay una diferencia: para Bergson y para Shaw el élan vital son fuerzas que deben imponerse, debemos seguir soñando el mundo, creando el mundo. Para Schopenhauer, para el sombrío Schopenhauer, y para el Buddha, el mundo es un sueño, debemos dejar de soñarlo y podemos llegar a ello mediante largos ejercicios. Tenemos al principio el sufrimiento, que viene a ser la zen. Y la zen produce la vida y la vida es, forzosamente, desdicha; ya que ¿qué es vivir? Vivir es nacer, envejecer, enfermarse, morir, además de otros males, entre ellos uno muy patético, que para el Buddha es uno de los más patéticos: no estar con quienes queremos.

        Tenemos que renunciar a la pasión. El suicidio no sirve porque es acto apasionado. El hombre que se suicida está siempre en el mundo de los sueños. Debemos llegar a comprender que el mundo es una aparición, un sueño, que la vida es sueño. Pero eso debemos sentirlo profundamente, llegar a ello a través de los ejercicios de meditación.

        En los monasterios budistas uno de los ejercicios es éste: el neófito tiene que vivir cada momento de su vida viviéndolo plenamente. Debe pensar: "ahora es el mediodía, ahora estoy atravesando el patio, ahora me encontraré con el superior", y al mismo tiempo debe pensar que el mediodía, el patio y el superior son irreales, son tan irreales como él y como sus pensamientos. Porque el budismo niega el yo.

        Una de las desilusiones capitales es la del yo. El budismo concuerda así con Hume, con Schopenhauer y con nuestro Macedonia Fernández. No hay un sujeto, lo que hay es una serie de estados mentales. Si digo "yo pienso", estoy incurriendo en un error, porque supongo un sujeto constante y luego una obra de ese sujeto, que es el pensamiento. No es así. Habría que decir, apunta Hume, no "yo pienso", sino "se piensa", como se dice "llueve". Al decir llueve, no pensamos que la lluvia ejerce una acción; no, está sucediendo algo. De igual modo, como se dice hace calor, hace frío, llueve, debemos decir: se piensa, se sufre, y evitar el sujeto.

        En los monasterios budistas los neófitos son sometidos a una disciplina muy dura. Pueden abandonar el monasterio en el momento que quieran. Ni siquiera -me dice María Kodama - se anotan los nombres. El neófito entra en el monasterio y lo someten a trabajos muy duros. Duerme y al cabo de un cuarto de hora lo despiertan; tiene que lavar, tiene que barrer; si se duerme lo castigan físicamente. Así, tiene que pensar todo el tiempo, no en sus culpas, sino en la irrealidad de todo. Tiene que hacer un continuo ejercicio de irrealidad.

        Llegamos ahora al budismo zen y a Bodhidharma. Bodhidharma fue el primer misionero, en el siglo VI. Bodhidharma se traslada de la India a la China y se encuentra con un emperador que había fomentado el budismo y le enumera monasterios y santuarios y le informa del número de neófitos budistas. Bodhidharma le dice: 'Todo eso pertenece al mundo de la ilusión; los monasterios y los monjes son tan irreales como tú y como yo." Después se va a meditar y se sienta contra una pared.

        La doctrina llega al Japón y se ramifica en diversas sectas. La más famosa es la zen. En la zen se ha descubierto un procedimiento para llegar a la iluminación. Sólo sirve después de años de meditación. Se llega bruscamente; no se trata de una serie de silogismos. Uno debe

        intuir de pronto la verdad. El procedimiento se llama satori y consiste en un hecho brusco, que está más allá de la lógica.

        Nosotros pensamos siempre en términos de sujeto, objeto, causa, efecto, lógico, ilógico, algo y su contrario; tenemos que rebasar esas categorías. Según los doctores de la zen, llegar a la verdad por una intuición brusca, mediante una respuesta ilógica. El neófito pregunta al maestro qué es el Buddha. El maestro le responde: "El ciprés es el huerto." Una contestación del todo ilógica que puede despertar la verdad. El neófito pregunta por qué Bodhidharma vino del Oeste. El maestro puede responder: "Tres libras de lino." Estas palabras no encierran un sentido alegórico; son una respuesta disparatada para despertar, de pronto, la intuición. Puede ser un golpe, también. El discípulo puede preguntar algo y el maestro puede contestar con un golpe. Hay una historia -desde luego tiene que ser legendaria- sobre Bodhidharma.

        A Bodhidharma lo acompañaba un discípulo que le hacía preguntas y Bodhidharma nunca contestaba. El discípulo trataba de meditar y al cabo de un tiempo se cortó el brazo izquierdo y se presentó ante el maestro como una prueba de que quería ser su discípulo. Como una prueba de su intención se mutiló deliberadamente. El maestro, sin fijarse en el hecho, que al fin de todo era un hecho físico, un hecho ilusorio, le dijo: "¿Qué quieres?" El discípulo le respondió:

        "He estado buscando mi mente durante mucho tiempo y no la he encontrado." El maestro resumió: "No la has encontrado porque no existe." En ese momento el discípulo comprendió la verdad, comprendió que no existe el yo, comprendió que todo es irreal. Aquí tenemos, más o menos, lo esencial del budismo zen.

        Es muy difícil exponer una religión, sobre todo una religión que uno no profesa. Creo que lo importante no es que vivamos el budismo como un juego de leyendas, sino como una disciplina; una disciplina que está a nuestro alcance y que no exige de nosotros el ascetismo. Tampoco nos permite abandonarnos a las licencias de la vida carnal. Lo que nos pide es la meditación, una meditación que no tiene que ser sobre nuestras culpas, sobre nuestra vida pasada.

        Uno de los temas de meditación del budismo zen es pensar que nuestra vida pasada fue ilusoria. Si yo fuera un monje budista pensaría en este momento que he empezado a vivir ahora, que toda la vida anterior de Borges fue un sueño, que toda la historia universal fue un sueño. Mediante ejercicios de orden intelectual nos iremos liberando de la zen. Una vez que comprendamos que el yo no existe, no pensaremos que el yo puede ser feliz o que nuestro deber es hacerlo feliz.

        Llegaremos a un estado de calma. Eso no quiere decir que el nirvana equivalga a la sensación del pensamiento y una prueba de ello estaría en la leyenda del Buddha. El Buddha, bajo la higuera sagrada, llega al nirvana, y, sin embargo, sigue viviendo y predicando la ley durante muchos años.

        ¿Qué significa llegar al nirvana? Simplemente, que nuestros actos ya no arrojan sombras. Mientras estamos en este mundo estamos sujetos al karma. Cada uno de nuestros actos entreteje esa estructura mental que se llama karma. Cuando hemos llegado al nirvana nuestros actos ya no proyectan sombras, estamos libres. San Agustín dijo que cuando estamos salvados no tenemos por qué pensar en el malo en el bien. Seguiremos obrando el bien, sin pensar en ello.

        ¿Qué es el nirvana? Buena parte de la atención que ha suscitado el budismo en el Occidente se debe a esta hermosa palabra. Parece imposible que la palabra nirvana no encierre algo precioso. ¿Qué es el nirvana, literalmente? Es extinción, apagamiento. Se ha conjeturado que cuando alguien alcanza el nirvana, se apaga. Pero cuando muere, hay gran nirvana, y entonces, la extinción. Contrariamente, un orientalista austriaco hace notar que el Buddha usaba la física de su época, y la idea de la extinción no era entonces la misma que ahora: porque se pensaba que una llama, al apagarse, no desaparecía.

        Se pensaba que la llama seguía viviendo, que perduraba en otro estado, y decir nirvana no significaba forzosamente la extinción. Puede significar que seguimos de otro modo. De un modo inconcebible para nosotros. En general, las metáforas de los místicos son metáforas nunciales, pero las de los budistas son distintas. Cuando se habla del nirvana no se habla del vino del nirvana o de la rosa del nirvana o del abrazo del nirvana. Se lo compara, más bien, con una isla. Con una isla firme en medio de las tormentas. Se lo compara con una alta torre; puede comparárselo con un jardín, también. Es algo que existe por su cuenta, más allá de nosotros.

        Lo que he dicho hoy es fragmentario. Hubiera sido absurdo que yo expusiera una doctrina a la cual he dedicado tantos años -y de la que he entendido poco, realmente - con ánimo de mostrar una pieza de museo. Para mí el budismo no es una pieza de museo: es un camino de salvación. No para mí, pero para millones de hombres. Es la religión más difundida del mundo y creo haberla tratado con todo respeto, al exponerla esta noche.

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Discurso Donald Trump


El presidente Donald Trump irrumpe en la Casa Blanca agitando el populismo y el nacionalismo. 

Este es el discurso de investidura del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en español:

Presidente del Tribunal Supremo Roberts, presidente Carter, presidente Clinton, presidente Bush, presidente Obama, compatriotas, pueblos del mundo: gracias.

Nosotros, los ciudadanos de América, estamos juntos hoy en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restablecer su compromiso con todo nuestro pueblo. Juntos determinaremos el rumbo de América y el mundo durante los próximos años.Nos encontraremos con retos. Nos encontraremos con dificultades. Pero lo conseguiremos.

Cada cuatro años, nos reunimos en estas escaleras para llevar a cabo el traspaso ordenado y pacífico de poder, y damos las gracias al presidente Obama y la primera dama, Michelle Obama, por su generosa ayuda durante esta transición. Han estado magníficos. Sin embargo, la ceremonia de hoy tiene un significado muy especial. Porque hoy no solo estamos traspasando el poder de un gobierno a otro ni de un partido a otro, sino que estamos transfiriéndolo de Washington, D.C. al pueblo americano.

Durante demasiado tiempo, un pequeño grupo de personas en la capital de nuestra nación ha cosechado los frutos del gobierno mientras el pueblo soportaba los costes. Washington prosperaba, pero el pueblo no compartía su riqueza. Los políticos prosperaban, pero el empleo desaparecía y las fábricas cerraban. El aparato se protegía a sí mismo, pero no a los ciudadanos de nuestro país.

Sus victorias no han sido vuestras victorias; sus triunfos no han sido vuestros triunfos; y, aunque había celebraciones en la capital de nuestra nación, había poco que celebrar para las familias que sufrían penalidades en todo el país. Todo eso va a cambiar, a partir de este mismo instante, porque este momento es vuestro momento, os pertenece a vosotros. Pertenece a todos los que se han reunido hoy aquí y a todos los que nos están viendo desde sus hogares.

Este es vuestro día. Esta es vuestra celebración.Y este, Estados Unidos de América, es vuestro país. Lo que verdaderamente importa no es qué partido controla nuestro gobierno, sino si la gente controla o no el gobierno. El 20 de enero de 2017 se recordará como el día en el que el pueblo volvió a gobernar este país.

Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país dejarán de estar olvidados. Ahora, todo el mundo os escucha. Vinisteis, decenas de millones de vosotros, para formar parte de un movimiento histórico como el mundo no ha conocido jamás. Y en el centro de ese movimiento figura una convicción fundamental: que una nación existe para servir a sus ciudadanos.

Los americanos quieren buenas escuelas para sus hijos, barrios seguros para sus familias y buenos puestos de trabajo para sí mismos.Son las demandas justas y razonables de un pueblo honrado. Pero, para muchos ciudadanos, la realidad es muy diferente: madres y hijos atrapados en la pobreza en nuestros barrios más deprimidos; fábricas herrumbrosas y esparcidas como lápidas funerarias en el paisaje; un sistema educativo lleno de dinero pero que deja a nuestros jóvenes y hermosos alumnos sin conocimientos; y la criminalidad, las bandas y las drogas que tantas vidas han robado y tanto potencial han impedido hacer realidad.

Esta carnicería debe terminar ya. Somos una sola nación, y su sufrimiento es el nuestro. Sus sueños son nuestros sueños; y sus triunfos serán nuestros triunfos. Tenemos un mismo corazón, un hogar y un glorioso destino.

El juramento que presto hoy es un juramento de lealtad a todos los estadounidenses. Llevamos muchas décadas enriqueciendo a la industria extranjera a expensas de la industria americana. Financiando los ejércitos de otros países mientras permitíamos el triste desgaste de nuestro ejército. Hemos defendido las fronteras de otros países mientras nos negábamos a defender las nuestras. Y hemos gastado billones de dólares en el extranjero mientras las infraestructuras nacionales caían en el deterioro y el abandono.

Hemos enriquecido a otros países mientras la riqueza, la fortaleza y la confianza de nuestro país desaparecían tras el horizonte. Una a una, las fábricas cerraban y se iban más allá de nuestras fronteras, sin pensar ni por un instante en los millones y millones de trabajadores estadounidenses que se quedaban atrás. Se ha arrebatado la riqueza a nuestra clase media para redistribuirla por todo el mundo. Pero eso queda en el pasado. Ahora debemos pensar en el futuro.

Nos hemos reunido hoy aquí para dictar un nuevo decreto que se oirá en cada ciudad, cada capital extranjera y cada corredor del poder. A partir de este día, una nueva visión va a gobernar nuestro país. A partir de este momento, va a ser América primero. Cada decisión sobre temas de comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores, se tomará en beneficio de los trabajadores y las familias americanas.

Debemos proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, roban nuestras empresas y destruyen nuestros puestos de trabajo. La protección engendrará prosperidad y fuerza.

Voy a luchar por vosotros hasta el último aliento, y nunca, jamás, os abandonaré. América volverá a triunfar, como nunca antes. Vamos a recuperar nuestro empleo. Vamos a recuperar nuestras fronteras. Vamos a recuperar nuestra riqueza. Y vamos a recuperar nuestros sueños. Construiremos nuevas carreteras, y autopistas, y puentes, y aeropuertos, y túneles y ferrocarriles por todo nuestro maravilloso país. Sacaremos a la gente de las ayudas sociales y la pondremos a trabajar, reconstruiremos nuestro país con mano de obra estadounidense.

Vamos a seguir dos reglas muy sencillas: compra estadounidense y contrata a estadounidenses. Buscaremos la amistad y la buena voluntad con todas las naciones del mundo, pero lo haremos teniendo claro que todos los países tienen derecho a poner sus propios intereses por delante. No queremos imponer nuestro modo de vida a nadie, sino dejar que sea un ejemplo reluciente para que todos lo sigan. Reforzaremos las viejas alianzas y formaremos otras nuevas, y uniremos al mundo civilizado contra el terrorismo islámico radical, que vamos a erradicar por completo de la faz de la tierra.

La base de nuestra política será una fidelidad total a los Estados Unidos de América, y, a través de la lealtad a nuestro país, redescubriremos la lealtad entre nosotros. Cuando uno abre su corazón al patriotismo, no queda sitio para los prejuicios.

La Biblia nos dice: "Qué bueno y placentero es que el pueblo de Dios viva unido". Debemos expresar nuestras opiniones abiertamente, debatir con sinceridad nuestras discrepancias, pero siempre buscar la solidaridad. Cuando el país está unido, es imparable. No hay que temer nada, estamos protegidos, y siempre lo estaremos. Estamos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestras fuerzas armadas y policiales y, sobre todo, estamos protegidos por Dios.

Por último, debemos tener grandes ideas y sueños aún más grandes. En América sabemos que una nación solo está viva si se esfuerza. No vamos a seguir aceptando a políticos que hablan mucho pero no hacen nada, que se quejan sin cesar pero nunca hacen nada al respecto. Las palabras huecas son cosa del pasado. Ha llegado la hora de actuar. Que nadie os diga que no es posible. Ningún obstáculo puede parar el corazón, el ánimo y el espíritu de América. No vamos a fallar. Nuestro país saldrá adelante y volverá a ser próspero. Estamos en el comienzo de un nuevo milenio, preparados para desvelar los misterios del espacio, liberar la tierra de la enfermedad y controlar las energías, las industrias y las tecnologías del mañana.

Un nuevo orgullo nacional nos levantará el ánimo, elevará nuestras aspiraciones y cerrará nuestras divisiones. Ya es hora de recordar lo que nuestros soldados nunca olvidan: que, seamos blancos, negros o marrones, todos tenemos la misma sangre roja de los patriotas, todos disfrutamos de las mismas libertades gloriosas y todos honramos la misma gran bandera americana.

Un niño que nace en la gran urbe de Detroit y otro que nace en las llanuras barridas por el viento de Nebraska ven el mismo cielo, tienen los mismos sueños en sus corazones y reciben su aliento vital del mismo Creador todopoderoso. Por eso os digo a todos los estadounidenses, en todas las ciudades próximas y lejanas, pequeñas y grandes, de montaña a montaña y de océano a océano, que oigáis estas palabras:

Nunca volveréis a ser ignorados. Vuestra voz, vuestras esperanzas y vuestros sueños definirán nuestro destino como nación. Y vuestro valor, vuestra bondad y vuestro amor nos guiarán siempre en el camino. Juntos vamos a hacer que América vuelva a ser fuerte. Vamos a hacer que América vuelva a ser rico. Vamos a hacer que América vuelva a estar orgulloso. Vamos a hacer que América vuelva a ser seguro. Y juntos, vamos a hacer que América vuelva a ser grande. Gracias, que Dios os bendiga y que Dios bendiga a América.

Tomado de ElPais.es

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia


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El Cerebro y el Pensamiento *



Seguramente cada uno de nosotros se jacta de pensar, y a muchos les gustaría saber como ocurre que ellos piensen como piensan. Pero parece claro que la cuestión, manifiestamente ha dejado de ser tan sólo teórica. Pues creemos comprender que cada vez más los poderes están interesados en nuestro poder de pensar. Y por tanto, si buscamos saber cómo ocurre que pensemos como pensamos es con el fin de defendernos contra la incitación, taimada o declarada, a pesar como se querría que pensáramos. En efecto, numerosos son aquellos que interrogan sobre los manifiestos de algunos círculos políticos,
sobre algunos métodos de psicoterapia llamada del comportamiento, sobre los balances de ciertas sociedades de informática. Han creído discernir aquí la virtualidad de una extensión programada de técnicas que buscan, en último análisis, la normalización del pensamiento. Yocreo que para simplificar sin deformar es suficiente con citar un nombre: el de Leonid Plionchtch y una sigla: la de LB.M.

De la misma manera que los biólogos no han creído poder hablar del cerebro humano sin situarlo al final de una historia de los seres vivientes, así mismo me parece útil comenzar una exposición
sobre el cerebro y el pensamiento situando esta cuestión en la historia de la cultura. Si hoyes de notoriedad pública que el cerebro humano es el órgano del pensamiento, es necesario recordar sin embargo que uno de los más grandes filósofos de la Antigüedad, Aristóteles, enseño que la función del cerebro, antagonista de la del corazón, es la de enfriar el cuerpo del animal. Fue Hipócrates el.que enseño que el cerebro es la sede de las sensaciones, el órgano de los movimientos  y de los juicios; así lo muestra el tratado hipocrático, Sobre la enfermedad sagrada (la epilepsia). Esta doctrina, en parte retomada por Platón, especialmente en el Timeo, debe a Galeno el haberse impuesto en la cultura occidental. El aristotelismo militante de Galeno no le impidió buscar la confirmación de la tesis hipocrática practicando sobre el sistema nervioso y sobre el cerebro experimentos muy ingeniosos.
Al haber recibido desde sus orígenes y conservando a lo largo de los siglos, el papel de un asunto
que tiene que ver con la sede del alma, nuestro problema actual suscitó, a partir de la filosofía cartesiana, una filiación de teorías y una sucesión de polémicas de las cuales somos herederos. Una rápida reseña histórica es indispensable para localizar el lugar desde donde debe proceder nuestro examen. El siglo XIX es el lugar de combate del positivismo contra el espiritualismo: la teoría de las localizaciones cerebrales. Muy a menudo se comienza esa reseña con Descartes.

Se trata entonces de un perfecto contrasentido. Descartes enseñaba que el alma indivisible se une
al cuerpo por medio de un órgano único, y por así decir físicamente puntual, la glándula pineal (conarion de los antiguos, nuestra epífisis). No es asunto de buscar unir un pensamiento dividido con un órgano federal. Aquellos que más tarde no comprendieron que la función de la glándula pineal era una función metafisiológica criticaron a Descartes y buscaron en otra parte, en el cerebro, la sede del sensorium commune. La lista de ellos es larga, de Willis a la Peyronie. Todo incluida la invención de la guillotina, ha dado lugar a argumentos en favor de talo cual teoría por parte de médicos eminentes como Soemmering, quien era corresponsal de Kant. Cabanis (1795) -para quien el cerebro secreta el pensamiento como el hígado la bilis- tomó parte en la controversia y discutió el caso de Charlotte Corday decapitada.

En 1810 Gall publicó su Anatomie et physiologie du sistéme nerveux en général et du cerveau en particulier. Fue en ese momento cuando comenzó efectivamente la ciencia del cerebro, incluso aunque tendría luego que rebasar ese obstáculo inicial, la frenología hecha a la vez de ingenuidad y pretención. El punto fuerte de la doctrina de Gall es la exclusividad reconocida al encéfalo, y particularmente a los hemisferios cerebrales, como 11 sede" de todas las facultades intelectuales
y morales. El cerebro entendido como un 11sistema de sistemas" es presentado como el único soporte físico del cuadro de las facultades. La frenología es una eranioscopia fundamentada sobre la correspondencia entre el contenido y el continente, entre la configuración de los hemisferios y la forma del cráneo. Contra la ideología sensualista, contra lo que hoy se llamaría la adquisición de la experiencia bajo la presión del entorno Gall y sus discípulos sostienen el innatismo de las cualidades morales y de los poderes intelectuales.

Pero, a diferencia de los metafísicos espiritulistas, ellos fundamentan este innatismo sobre el substrato
anatómico de un órgano y no sobre la substancialidad ontológica de un alma. Visto de lejos, el interés de la controversia puede parecer puramente teórico, lo que de hecho no lo era. La protuberancia de las matemáticas! ha producido mucha risa, mientras que se parece estar menos dispuesto en estos  momentos a reír de los cromosomas de 11 superdotados" o de la herencia genética del cociente intelectual porque, incluso con uncociente intelectual medio, uno puede entrever las consecuencias
posibles de ello en el dominio de las condiciones sociales. Pero es necesario saber que ya Gall
y Spurzheim no habían dejado de hacer valer el alcance práctico de sus teorías en el orden de la pedagogía, del descubrimiento de las aptitudes (lo que hoy se llama orientación), de la medicina y de policía (prevención de la delincuencia). Una de las ilustraciones de daumier para el poema satírico de Antoine Francois Hippolyte Fabre, Némesis médicale (1840) representa a un frenólogo ante la tradicional colección de cráneos en yeso, en momentos en que palpa el cráneo de un muchacho al que su madre, una mujer del pueblo, ha llevado a consulta para un diagnóstico de aptitudes. Yen su Histoire de la phrénologie, Georges Lanteri-Laura ha revelado con qué rapidez la frenología, importada a los Estados Unidos por el propio Spurzheim y por un discípulo escocés de apellido de Combe, se convirtió en una frenología aplicada, un instrumento de orientación y de selección profesional,
e incluso de consulta matrimonial. Se ha podido decir que la frenología conoció entonces, en
los Estados Unidos, un éxito comparable, y por razones comparables, al éxito del psicoanálisis.
Pero sobre todo no se podría sobreestimar, pues es capital, la influencia de la frenología sobre la psicopatología.

Imposible comprender de otra manera que las primeras localizaciones cerebrales de funciones intelectuales hayan tenido que ver con las perturbaciones del habla y de la memoria de las palabras. En materia de afasia, Broca y Charcot confirmaron el descubrimiento de Bouillaud, discípulo de Gall, la localización de la función del lenguaje en los lóbulos anteriores del cerebro (1825-1848). En la segunda mitad del siglo XIX, la Exploración de las funciones del cerebro se apoderó de la corriente eléctrica, galvánica o farádica, como de un instrumento de análisis privilegiado; paralelamente,
la neurología experimental fue elevada por algunos al rango de filosofía.



de aquellos que fueron nuestros maestros, incluido Bergson, se han tomado a pecho refutar, bajo el ojo
reprobador de Théodule Ribot, especie de ejecutor testamentario de Taine. y fue Freud mismo, autor en
1888 de un artículo "Cerebro" para un diccionario médico, el que primero reconoció una deuda con respecto a Taine. Habiendo redactado, en 1895, su Esquema de una psicología científica, escribe a  Fliess (febrero de 1896): "El libro de Tanie Sobre la inteligencia me gusto muchísimo. Espero que de ello saldrá alguna cosa". Esto es quizás lo que autorizó a Ludwig Binswanger a escribir que son numerosas las concordancias entre el naturalismo psicológico de Taine y el de Freud. Y sin embargo, desde 1900, introduciendo en la Traumdeutung el concepto de aparato psíquico, Freud se interesaba ante todo en lo que llamaba la "tópica psíquica", sin renunciar a la topografía de las localizaciones. En 1915 podía escribir en el capítulo sobre "el inconsciente", de la Metapsicología: "Todas las tentativas para adivinar a partir de allí (las localizaciones cerebrales) una localización de los procesos  psíquicos, todos los esfuerzos por pensar las representaciones como almacenadas en la células nerviosas han fracasado absolutamente", Y añade que, que por el momento, la tópica psíquica (distinción de los sistemas les., Pcs., Cs.) "no tiene nada que ver con la anatomía". Para limitarme al dominio francés, recordaré dos títulos de obras de la misma época, expresamente concebidos sin referencia a conceptos filosóficos. Si en 1905 Alfred Binet da a un ensayo sobre la naturaleza de la sensación el título Eáme et le corps, en 1923, Henry Piéron, director del Instituto de Psicología publica Le cerveau et la Pensée. 

El cerebro y el pensamiento están tan estrechamente unidos e incluso confundidos en el pensamiento
-o en el cerebro- de los fisiólogos, de los médicos, de los psicólogos, que la atribución al cerebro
de toda responsabilidad de un drama dolorosamente vivido se le impone incluso a los poetas. Es así como un héroe de las letras, poeta y actor en dificultad con su yo, escribe a Jacques Riviere: "Lo único que pido es sentir mi cerebro... Soy un hombre que ha sufrido mucho del espíritu. Yo sólo espero que cambie mi cerebro y que en él se habrán los cajones supe- 

Para comenzar, desde 1836, un médico del Hospicio de Bicétre, Lelut, había escrito en una obra ¿ Qu'
est-ce que la phrénologie?: "Para ser completo sólo le faltaría a este sistema fisiológico-psicológico tratar sobre el modo de acción del cerebro en la producción de los hechos intelectuales y morales, es decir, explicar el mecanismo del pensamiento por medio de la hipótesis moderna de la electrización o de la electromagnetización de la masa encefálica" (p. 239). Medio siglo después, las investigaciones de Fermier, Fritsch, Hitzig, Flechsig inauguraban lo que Hecaen y Lanteri- Laura han llamado "la edad de oro de las localizaciones cerebrales" y permitían levantar la primera carta topográfica del cerebro. Y sin esperar mucho más tiempo, desde 1891, el psiquiatra suizo Gotlieb Burckhardt convertía los conocimientos topográficos en técnicas de psicocirugía y practicaba, por lo demás sin éxito real,  aquello que se llamó luego la lobotomía2. Se notará de nuevo la rapidez con la cual el conocimiento supuesto de las funciones del cerebro es invertido en técnicas de intervención como si la gestión teórica estuviese suscitada congénitamente por un interés de práctica. 

Paralelamente a las investigaciones de neurología cerebral, la psicología tendía a no ser más que la
sombra de la filosofía, animada por una filosofía irreligiosa, que extraía de esta psicología sus razones
de irreligiosidad. En Francia el Jefe era Hippolyte Taine. Desde 1854, en Les Philosophes francais au x/x siécie, opone las homilías espiritualistas de Paul Royer- Collard las investigaciones experimentales sobre el cerebro practicadas por Flourens, sin embargo poco sospechoso de materialismo. Y la obra de 1870, De l'intelligence, va a acreditar, a partir de una teoría de la sensación, la tesis llamada del paralelismo psicofisiológico que los filósofos universitarios franceses, los maestros 2. G. Burckhardt. U/Ja RilU!Cllcxcz:;ioIlCIl, al, Beitra; =111' "1'craliz'('11 Thcrnpic dcr 1',Yc!"J,;¡'11. Allgerneine Zeítschritg hu I'sychiatric. 19H1, N(1. 47. Sobre los comienzos de la psicocirugía cfr. el artículo de Al.un [aubert. L'c:« ision de Eapiare de la jol ic, en el No.4, 197.1-1976, de la revista Au Ir(,IIII'1I l' "Cuerir pour norrnaliser".  20 Nos. 5-6 AÑO MCMXCVII U. NACIONAL DE COLOMBIA BOGOTA,D.C. GEORGES CANGUILHEM EL CEREBRO Y EL PENSAMIENTO


riores". Se trata de Antonin Artaud. Fue en mayo de 1923 y en marzo de 1924. Ahora bien, fue en el
año universitario 1923-1924 cuando un profesor del College de France -alumno de Charcot corno Freud, médico de otro héroe de las letras y en dificultades también él con su yo, de nombre Raymond Roussel- Pierre Janet3, declara en una de sus lecciones: "Se ha exagerado relacionando la psicología con el estudio del cerebro. Desde hace cerca de cincuenta años se nos habla demasiado del cerebro: se dice que el pensamiento es una secreción del cerebro, lo que es una estupidez, o bien que el pensamiento está en relación con las funciones del cerebro. Llegará una época en la que uno se reirá de esto pues no es exacto. Lo que llamarnos el pensamiento, los fenómenos psicológicos, no es la función de ningún órgano particular: no es ni la función de la yema de los dedos corno tampoco la función de una parte del cerebro. El cerebro no es sino un conjunto de conmutadores, un conjunto de aparatos que cambian los músculos que son excitados. Lo que llamarnos idea, lo que llamarnos fenómenos de psicología, es una conducta de conjunto, todo el individuo tornado en su conjunto. Pensarnos con nuestras manos tanto corno con nuestro cerebro, pensarnos con nuestro estómago, pensarnos con todo: es necesario no separar lo uno de lo otro. La psicología es la ciencia del hombre entero, no es la ciencia del cerebro; éste es un error psicológico que ha hecho mucho mal durante mucho tiempo".

Este recuerdo de una psicología quizá injustamente abandonada actualmente'[ no responde a una
inquietud de erudición sino, por el contrario, a una preocupación de actualidad. Esta relación permite
abonarle a Janet una posición deliberada de no conformismo en materia de patogenia y de terapéutica
de las enfermedades llamadas mentales, posición tan contestataria corno puede llegar a serlo hoy la de
tal o cual adepto de la antipsiquiatría. Cuando se deja de creer en la primacía de lo cerebral se deviene escéptico en cuanto a la eficacia de un internamiento cuasi carcelario. Según Janet el concepto de alienación no es primordialmente psicológico, es ante todo" debido a la policía". Janet declara: "Un demente es un hombre que no sabría vivir en las calles de París", Sin duda no habría sido necesario forzarlo mucho para hacerle decir que son las calles de París las dementes.

Este hombre tranquilo que escribió en 1927, en La pensée iniérieur et ses troubles: "La palabra loco es pues una denominación de policía", quizás habría aprobado sonriente el consejo escrito sobre los  muros de su universidad por los estudiantes de Oxford: "Do not adjust your mind, there is a fault in reality". No tenéis que corregir vuestro espíritu puesto que es en la realidad donde algo cojea. En  resumen, un siglo después de Gall y Spurzheim se podía figurar corno psicólogo sin tornar sus argumentos en la neurofisiología. Pero es necesario volver, aún por un instante, a la frenología para comprender bien la apuesta filosófica ligada al problema "cerebro-pensamiento". Explicar por medio de la estructura y la configuración del cerebro las funciones intelectuales y sus efectos conlleva, desde el comienzo, una ambigüedad que su vulgarización ha hecho manifiesta en su bastedad. Una de las numerosas obras de vulgarización y de propaganda frenológica, Le Petit Docteur Gall, de Alexandre David contiene una página de comentarios sobre un retrato de Descartes tornado del Traité de  Physiognomonie de Lavater (1778), que es un dibujo a partir del retrato de Franz Hals. El frenólogo, discípulo de Spurzheim, encuentra en la cabeza de Descartes "todas las facultades perceptivas": individualidad, configuración, extensión, pesantez, colorido, localidad, cálculo, orden, eventualidad,
tiempo, tono, lenguaje. Se explica así que Descartes haya sido tan regular en la administración
de su interior, que haya aplicado el álgebra a la geometría y las matemáticas a la óptica. Se explica también, por la presencia cerebral de la "localidad" que él haya llevado una existencia nómade. Y se alaba a un cierto Sr. Imbert, sabio frenólogo, por haber notado que el cogito es un simple efecto de la "eventualidad", es decir de "la facultad que percibe las acciones que están en nosotros". El Cogiio de ninguna manera es un efecto de las "facultades intelectuales reflectivas", lo que justifica que Spurzheim haya dicho que Descartes no era tan gran pensador corno se creía.

En suma, antes de la frenología se creía que Descartes era pensador, autor responsable de su sistema
filosófico. Según la frenología, Descartes es el portador de un cerebro que piensa bajo el nombre de
René Descartes. Porque Descartes es su cerebro en el que "la eventualidad" está presente, él percibe en sí mismo el cogito. Porque Descartes es su cerebro donde la "localidad" está presente, él se desplaza corno un nómada, del Poitou hasta Suecia, pasando por París, por Ulm y por Amsterdam en donde anticipa a los hippies de hoy que allí gozan por 3. Pierre janet (Curso en el Colegio de Francia 1923-1924,citado por Marceljousse, Archivos de Filosofía,Vol.2, cuaderno 4; Estudes de psychologie
lingúistique).

4. Un estudio interesante de Pierre [anet se puede consultar en la tesis de Claude Prévost, LapsycJlO-l'hilosol'hie de P falle! (Payot, 1973). REVISTA COLOMBIANA DE PSICOLOGIA 21 DOCUMENTOS

atras razones distintas a las suyas. En resumen a partir de la imagen del cráneo de Descartes, el sabio
frenólogo concluye que todo Descartes, biografía y filosofía, está en su cerebro y que es bien claro que
hay que decir su cerebro, el cerebro de Descartes, puesto que el cerebro contiene la facultad de percibir las acciones que están en él. Pero finalmente ¿cuál él? y henos aquí en el corazón de la ambigüedad. ¿Quién o qué dice yo, no solamente al comienzo del Discurso del método sino sobre todo al comienzo de la Geometría" de 1637: "Yo nombraré la unidad ... Yono temeré introducir estos términos ..., etc. "?


A todo 10 largo del siglo XIX, el Yo pienso ha sido, en muchas ocasiones, rechazado y refutado en
provecho de un pensar sin sujeto personal responsable. Lichtenberg, en sus Philosophische  Bemerkungen dijo: "Es denkt sollte man sagen sowie man sagt es bliekt". Se debería decir: eso piensa como se dice eso brilla. El neurólogo Exner, citando esta expresión de Lichtenberg en una memoria, Uber allgemeine Denkfehler, 1889, escribe: "Las expresiones, yo pienso, yo siento, de ninguna manera son buenas formas de expresarse. Sería necesario decir: es pensado en mí (es denkt in mir), es sentido en mí (es fühlt in mir). El peso de los argumentos no depende de nuestra voluntad, se forma un juicio en nosotros (es denkt in uns)". Antes, claramente independientes el uno del otro, Rimbaud y Nietzsche han creído tener que excusarse por haber cedido a la ilusión de su yo pensante. En la famosa carta a Izambard, en 1871, en la que Rimbaud se define como un vidente, añade: "Es falso decir yo pienso. Se debería decir: se me piensa". Y en Más allá del bien y del mal, en 1886,Nietzsche escribe: "Es una alteración de los hechos el pretender que el sujeto yo sea la condición del atributo: yo pienso. Algo piensa, pero creer que ese algo es el antiguo y famoso yo es una pura suposición". (Aforismo 17).
Nietzsche ha retomado la misma idea muchas veces y de ellas se encontrará la lista en el libro de
Bernard Pautrat, Versions du soleil, en el capítulo: "Descomposición del cogito". Entre más amplio es el acuerdo en la denuncia de una ilusión, más indiscutible es la ilusión pero también más imperioso es
el deber de dar cuenta de ello. 'Wo Es war soll ich werden" ("Donde Ello fue, tengo yo que advenir"). Esta expresión de Freud, cuya interpretación divide las escuelas de psicoanálisis, puede ser desviada para nuestro uso. Y la última palabra de esta reseña histórica es la pregunta: ¿Cómo un Yopienso puede advenir a Eso que indica y describe, a partir del frenólogo, del fisiólogo de hoy, a Eso, un  cerebro? 

22 Nos. 5-6 AÑO MCMXCVII U. NACIONAL DE COLOMBIA BOGOTA, D.C. 
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¿Qué significa pensar? Aunque, según la mundanidad filosófica, la cuestión tenga una resonancia
heideggeriana, nosotros la tomamos por su. lado banal, trivial. Según la definición que se dé de pensar,
se admitirán pensantes de talo cual especie. El autor de los Pensamientos, el inventor de la "caña que piensa" escribió: "La máquina de aritmética produce efectos que se aproximan más al pensamiento que todo 10 que hacen los animales; pero ella no hace nada que permita decir que tiene la voluntad como los animales". Henos casi en el computador cuyos efectos se aproximan aún más al pensamiento de 10 que hacía la máquina de Pascal. La metáfora ahora repetida del cerebro computador se justifica en la medida en que se entienda por pensamiento operaciones de lógica, cálculo, razonamiento. Razón, ratio se deriva etimológicamente de reor, calcular. En cuanto a la voluntad de los animales, incluso si uno juzga que Pascal extendió abusivamente este concepto a todo tipo de conductas orientadas por la búsqueda de una satisfacción vital, se convendrá en que al menos existe un animal capaz de querer un efecto sin precedentes en su experiencia: es el hombre inventor de máquinas, como el propio Pascal. Si la máquina aritmética es el efecto del cálculo de un cerebro del cual ella misma es una aproximación, al menos se debe admitir que los cincuenta modelos de esta máquina tenazmente
construidos antes de la definición son el índice de una voluntad de construir conscientemente motivada,
Pascal piensa que no existe aproximación mecánica a este tipo de motivación. Si no es posible concebir una máquina motivada por el proyecto de construir una máquina, si no existe computador en
el origen absoluto del computador, ¿qué le impediría al filósofo plantearse, a propósito del cerebro, otras preguntas distintas de las de los fisiólogos? Y esto no quiere decir de ninguna manera que se cuestione el saber del fisiólogo en su terreno. La estructura y las relaciones que entre sí tienen las neuronas del cerebro son la condición de su ejercicio. Los progresos y la rectificación del saber de los fisiólogos son asunto de los fisiólogos. El fisiólogo es el amo en 10 suyo. Pero el fisiólogo es indiscreto por todas partes. El computador es el efecto de una tentativa por imitar, gracias a la electrónica del siglo XX, las propiedades ya reconocidas al cerebro por la neurofisiología
del siglo XIX:recepción de estímulos, transmisión y entrada en agujas de signos, elaboración
de respuestas, registro de operaciones. La descripción de este esquema funcional en el lenguaje actual de la informática no 10 altera fundamentalmente. Se puede, según se quiera, hablar del computador como un cerebro O del cerebro corno un computador. En su libro Mémoire pour Laven ir Francois Dagognet puede escribir: "El verdadero cimbronazo fue cuando el hombre llegó a exteriorizar los procesos cerebrales gracias a los cuales calcula, habla y piensa" (p. 8) e inversamente (p.199) que: "El propio cerebro ... sale redefinido al ser relevado por la memoria material". Es éste un caso particular de estrategia teórica característica de la ciencia actual: a partir de observaciones y de experimentos realizados en un cierto dominio de realidad se construye un modelo; y a partir de este modelo se continúa afinando el conocimiento, corno si se tuviera que ver con la realidad misma.

El fisiólogo admite claramente que el cerebro sea una parte del organismo, es decir -según la definición de Nageotte- de un mecanismo "cuya edificación está comprendida en su funcionamiento". Plantearnos la siguiente pregunta: Esta propiedad paradójica si se tiene en cuenta los mecanismos artificialmente producidos por el hombre, ¿está o no prolongada por la otra propiedad paradójica que los fisiólogos confieren al cerebro, ser el órgano cuya representación de su funcionamiento estaría comprendida en el funcionamiento mismo? para los redactores de la revista Pour la ecience' que presentaron el número sobre cerebro, ese" gran computador de nuestra vida" ha descubierto "sus maravillosas propiedades reflexionando sobre su propia naturaleza" Pero sólo se trata de periodistas. David Hubel, neurofisiólogo reputado, rechaza el argumento "materío-espírítualista" (es decir dualista) según el cual el computador cerebral es incapaz de comprenderse a sí mismo. Hubel
está de acuerdo por lo demás en que el cerebro humano (1012 neuronas; 1014 sinapsis es decir cien
billones) es diferente del computador cuyos componentes, incluso en el futuro, no podrían alcanzar tal
número. Pero además el cerebro no funciona según un programa secuencial lineal. En la misma revista
Francis Crick muestra también en que es engañosa la analogía entre el cerebro y computador. Constata
con pesar que el fisiólogo no haya llegado aún a describir la percepción consciente que permita aclarar la experiencia "tan directa" que de ella tenernos. "Se sospecha mucho que ese fenómeno sea el resultado de una retroacción de las vías de cálculo sobre sí mismas pero no se sabe exactamente cómo
se produce". Corno si una acción de retorno pudiera ser considerada corno trascendente con respecto
a una acción directa. El es sin embargo de los fisiólogos que no confunden las limitaciones y los límites de su ciencia y que, dedicándose a hacer retroceder las limitaciones se muestran prudentes en cuanto a la posibilidad de franquear en esto los límites. Un biomatemático, Pierre Nelson, termina el prólogo de su obra, Logique des neurones et du systeme nerveux, con reflexiones sobre "la insatisfactoria objetividad" del tipo de explicación que confunde el sentido y la lógica. El profesor
Michellouvet, cuando el periodista del Nouvel Observateur le pregunta si el cree posible el  descubrimiento, un día, de una fórmula química de "la consciencia de la consciencia", responde: "Un sistema sólo puede comprender a otro si es más complejo. Lógica... ¿Entonces nuestro cerebro podrá descifrar sus propios secretos? Incluso con la ayuda de un computador no estoy muy seguro de que lleguemos a traducir todos los procesos de consciencia en terminosneurobiológicos". ¿Pero la cuestión es claramente de lógica? Antes, Francois Jacob había invocado el teorema de Gódel para apoyar una respuesta parecida a la Iouvet . Uno ha de preguntarse si no se tornan demasiadas libertades con ese teorema de limitación, cuando la cuestión es ajena a su dominio de validez, la aritmética formal. Sin embargo se les debe abonar a esos biólogos su reticencia a deducir la consciencia a partir de una ciencia del cerebro, incluso fortalecida con el recurso del computador. Ante todo uno no puede sino sorprenderse por el interés universalmente puesto, tanto por el científico corno el público, en la maquinaria electrónica del pensamiento humano. Es larga la lista de las publicaciones que, en el dominio de la cultura anglosajona, tienen títulos que alían Mind (Mente) o Brain (Cerebro) con Máquina. En cuanto a la difusión entre el público, no existe en la actualidad espiritualista
que no se sienta obligado a pensar su espíritu en términos de contactos de computador, anota Bernard
d' Espagnat en una obra reciente. Es inútil recalcar el uso, es decir el abuso, de expresiones no pertinentes tales corno cerebro consciente, máquina consciente, cerebro artificial, o inteligencia artificial. Pero se preguntará ¿por qué esas conjugaciones de incompatibles? Sin duda porque esas  metáforas, nacidas entre los científicos del uso legítimo de modelos heurísticos o de simuladores
sofisticados, han sido hábilmente transplantadas a los lugares comunes publicitarios, en el estadio industrial de la informática. ¿Qué podríamos tener contra el computador si nuestro cerebro es él también un computador? ¿El computador en casa? ¿Por qué no, puesto que en cada uno de nosotros hay un computador? Un modelo de invetigación científica ha sido convertido en máquina de propaganda ideológica con dos fines: prevenir o desarmar la oposición a la invasión de un medio de regulación automatizada de las relaciones sociales; disimular la presencia del que decide tras el anonimato de la máquina. Pero que se trate de máquinas analógicas o de máquinas lógicas, una cosa es el cálculo o el tratamiento de datos según instrucciones y otra cosa la invención de un teorema. Calcular la trayectoria
de una nave espacial tiene que ver con el computador. Formular la ley de la atracción universal es una actuación que no tiene que ver con él. No existe invención sin consciencia de un vacío lógico, sin tensión hacia un posible, sin riesgo de equivocarse. Si se le hubiera preguntado a Newton cómo había encontrado lo que buscaba, habría respondido: "Pensando aquí siempre en ello". ¿Qué sentido es necesario reconocerle a este aquí? ¿Cuál es esta situación de pensamiento en la que se encara lo que no se ve? ¿Cuál es el lugar para este aquí en una maquinaria cerebral que estaría montada para relacionar datos bajo los constreñimientos de un programa? Inventar es crear información, perturbar hábitos de pensar, el estado estacionario de un sabefl. De la misma manera que el [oueur d'échecs de Torres y Quevedo, un fonógrafo puede proferir "jaque al Rey", así mismo se puede imaginar una máquina que grite Eureka después de haber encontrado la solución de un problema del cual se hubiera suministrado los datos y las obligaciones. No se la imagina descubriendo las funciones fuschianas como Henry Poincaré lo cuenta en Ciencia y Método. Después de muchos períodos de trabajo infructuoso, abandonado y retomado, de repente Poincaré apercibe una relación de identidad entre las transformaciones que le han permitido definir esas funciones y las de la geometría  no-euclidiana. Fue en Coutances, al subirse a un bus: "en el momento en el que ponía el pie en las gradas, la idea me viene ...". ¿Habrá algún día autómatas lógicos a los que les vendrán ideas? Responderé haciendo dos citas. En su estudio Au sujet d'Euréka Valéry escribió que "las investigaciones insensatas son padres de los  descubrimientos imprevistos". Y un matemático que se interroga sobre las dificultades de construcción de modelos para acercarse al azar y formalizar lo informalizable, René Thom, escribió: "En esta tarea, los sesos humanos con su viejo pasado biológico, sus hábiles aproximaciones, su sutil sensibilidad
estética, siguen y seguirán siendo aún durante mucho tiempo irremplazables'". Pero si no es posible, asimilando el cerebro a una máquina electrónica, comprender cómo es capaz de invención, ¿no sería posible llegar a ello por el sesgo de una explicación química? Puesto que el uso de ciertas substancias llamadas psicotrópicas ha permitido una mejora real de algunas enfermedades nerviosas o mentales, se ha podido crear la esperanza de extender a la causa de los desórdenes el poder obtenido sobre sus síntomas. De allí el interés creciente por la química cerebral, por las moléculas propias para modificar la transmisión de las excitaciones a nivel de la sinapsis. El descubrimiento de los neuropéptidos -encefalinas y endorfinas-, substancias endógenas, ha conferido un cierto poder de inhibición del dolor físico de las penas morales. La hostilidad presente de la antipsiquiatría con respecto a la psicofarmacología, la denuncia sistemática de las" camisolas químicas", recubre una parte de injusta ceguera para con los casos de perturbaciones metabólicas que encuentran  racionalmente su suspensión o su atenuación en la intervención química sobre los neuromediadores.
Tales son los casos de la enfermedad de Parkinson a la que se sabe oponer la acción de la L. Dopa y
la esquizofrenia, tranquilizada, si no curada, por la administración de clorpromazina, cuyo descubrimiento ha podido ser juzgado tan importante como lo fue, para la cirugía, el de los anestésicos. Habría sido muy sorprendente que, estimulados por algunos resultados espectaculares, los psicofarmacólogos no se hubieran creado la esperanza de extender los poderes de la química ya no solamente buscando paliar las deficiencias del cerebro sino también y, sobre todo, sus actuaciones
para estimularlas. Los redactores del artículo de Newswee¡¿O piensan que se aproxima el momento
en el cual se descubrirá, a la manera de las substancias propias para fortificar la memoria, substancias propias para fortificar la invención. Se habla de una droga posible, capaz de suscitar el sentimiento
del ya visto con el fin de ayudar a las gentes a resolver los problemas que sólo les parecen difíciles únicamente porque no tienen precedente. No se dice de qué tipo de problemas se podría tratar. Un problema de reparación o de contra-espionaje está bien lejos de un problema de matemáticas como por ejemplo la demostración general del famoso teorema de Fermat. ¿Cómo no ironizar sobre los extremos a los cuales son llevados los vulgarizadores? ¿Ycómo no subrayar que la invención de esta droga -que se podría llamar píldora de concepción- estaría en gran medida facilitada por la previa invención de 10 que ella tiene por fin producir? Dicho de otra manera, el proyecto de investigación para un apoyo a la heurística sería el mismo tributario, por su paso de potencia al acto, de la realización previa de aquello de 10 cual él es el proyecto. Se piensa resolver el problema particular
de la solución de los problemas en general, a nivel de las microestructuras cerebrales, por medio de la
invención de una especie de píldora pro-solución (o pro-concepción). De hecho no se trata más que de
una reduplicación del problema o, para hablar más simplemente, del uso de una palanca sin punto de
apoyo. En consecuencia, a pesar de la existencia y de los efectos satisfactorios de algunos mediadores químicos, a pesar de las perspectivas abiertas por algunos descubrimientos en neuroendocrinología, no parece que haya llegado aún el momento de anunciar, a la manera de Cabanis, que el cerebro va a secretar el pensamiento como el hígado la bilis. No olvido que Pascal no olvidó la memoria. Recuerdo
dos de sus Pensamientos: "La memoria es necesaria para todas las operaciones de la razón" y
"Cuando era pequeño, cerraba mi libro ...". Con la primera, Pascal encara la memoria del calculista, del investigador, del administrador, del estratega. La memoria archiva y hace inventarios. Es la que uno se enorgullece de imitar, de desmultiplicar, aligerar y, en el límite, de reemplazar por medio del tratamiento automático de los bancos de datos, por una memoria artificial exenta de las enfermedades de la memoria. Pero esta "Memoria para el porvenir", según la expresión de Francois Dagognet ¿qué porvenir abre a la memoria?, ¿a la memoria del "Cuando yo era pequeño ...", a la memoria del tiempo perdido y del tiempo recobrado, a esos recuerdos sobre los que Proust escribió, en las últimas líneas de su obra, "que terminarán por parecer cuando el deseo de un cuerpo viviente deje de sustentarlos"?
El examen del tema merecería más de un momento en la conferencia y más de una conferencia.
Voluntariamente no trataré de una cuestión que debería lógicamente conducir a interrogarse sobre la
probabilidad de ver, un día, en la vitrina de una librería la Autobiografía de un computador, sino su Autocrítica. Ahora ¿a qué se llama pensar cuando se trata de ese poder del ser viviente que Pascal llamó voluntad y que él le niega a la máquina el poder de simularlo? Restricción que puede parecerle torpe a todos aquellos que le opondrían gustosos los robots actuales, los animales electrónicos y las tortugas de Grey Walter o de Albert Ducrock, todas ellas máquinas a quienes gustosamente se les reconoce el sentido de la oportunidad, la adaptación a las circunstancias, la capacidad de aprender. Pascal no podía prever que era de él de quien en 1908 Henry Pieron tomaría la palabra  comportamiento para traducir la palabra inglesa behaviour, adoptada a comienzos de siglo en los EE.UU. por Thorndike, Jennings y Watson, para designar conductas animales polarizadas como
fenómenos biológicos de adaptación al entorno. Aunque se continúa llamando psicología a este estudio
de los comportamientos -en suma por una extraña conducta de exclusión y de retención- se prohibía
toda referencia al pensamiento y a la conciencia y no se interesaba en el cerebro más que como una
caja negra cuyas entradas y salidas era 10 único que se tenía en cuenta. Por supuesto que se distinguían, entre las conductas de los vivientes, algunas que se continuaron llamando inteligentes pero sin relación con alguna capacidad reflexiva de juicio. Objetivamente, la inteligencia es la corrección del comportamiento en función de los obstáculos encontrados en la búsqueda de una satisfacción.
Es bien sabido que el estudio objetivo de los comportamientos utiliza las técnicas del condicionamiento por medio de dispositivos de aprendizaje. Pero no siempre se distingue suficientemente dos tipos de condicionamiento: el condicionamiento pavloviano por medio de injerto de una relación estímulorespuesta sobre una relación de tipo reflejo innato; el condicionamiento skinneriano o instrumental que es la consolidación sistemática, bajo el efecto reiterado de una  recompensa obtenida, de una conducta de solución satisfactoria inicialmente obtenida por azar.
En la caja de Skinner, la rata o la paloma adquieren, por la repetición de situaciones falta-castigo y rectitud- recompensa, el comportamiento aparentemente inteligente de un cálculo de ventajas. Tanto en una como en otra teoría del condicionamiento se considera que se puede concluir para el hombre 10 que se dé en el animal y no se puede negar que muchos de los que las reivindican no están lejos de identificar amaestramiento y aprendizaje, de considerar como un medio a todo entorno, comprendido aquí el hecho social y cultural en el caso del hombre y finalmente de deslizar progresivamente del concepto de educación hacia el de manipulación. ¿A cuál de estas dos empresas conviene referir las técnicas de orientación o de guía de los individuos en el medio social, por medio de distribución manifiesta o enmascarada de recompensas? Para ser equitativos es necesario reconocer que 
la teoría del condicionamiento salida de los trabajos de Pavlov está incorporada, por cierta antropología que se reclama del materialismo dialéctico, a una filosofía que se llama no reduccionista, en la medida en que reconoce expresamente que el entorno cultural humano es un efecto histórico y no un dato natural. En esta óptica el pensamiento no es una función puramente cerebral, un producto biológico; es un efecto social relativo al tipo de sociedad en la cual él interviene. En una sociedad conservadora o represiva, la ecuación pensamiento = cerebro sirve de justificación para las técnicas de normalización de la conducta. El condicionamiemto skineriano es considerado
por los neurólogos progresistas como el reflejo y el medio de conservación de la sociedad americana.
A lo que los radicales americanos responden que el condicionamiento, el des condicionamiento, el lavado de cerebro y la camisola química no son privilegio de ningún país.

Pero lo esencial del entorno social humano es el ser un sistema de significaciones. Una casa no es
percibida como piedra o madera sino como abrigo, un camino no es tierra aplanada, es un pasaje, una
huella. Incluso para el hombre de Néanderthal, un sílex tallado no es solamente piedra: su dureza no
es solamente un dato de la sensibilidad, es ante todo un proyecto de utensilidad. La percusión no es sólo un movimiento, es un gesto cuyos efectos primordiales, la herramienta y el fuego, son las raíces del sentido de su existencia para el viviente humano. En consecuencia ¿se puede admitir que el aprendizaje y el dominio del sentido de las cosas y de los actos, en un entorno cultural, no plantean otros problemas de método que no sean los del adiestramiento del animal, por condicionamiento? Estos problemas culminan en el del lenguaje. La relación lenguaje-pensamiento remite a la cuestión cerebro-pensamiento por medio de la relación cerebro-lenguaje. Según la concepción de Skinner ¿es el lenguaje "aprendido" como cualquier otro comportamiento? La enseñanza del lenguaje ¿es análoga a un condicionamiento que ntre un significante, un significado y un referente? Si se identifica aprendizaje
y condicionamiento ¿no se resucita el empirismo contemporáneo de la época en la que las funciones
del cerebro eran ignoradas? Si es necesario tener en cuenta las capacidades lingüísticas innatas
¿será necesario identificar innatez y programación cerebral genética? Tal es el objeto del debate organizado en Royaumont, 1975, entre Noam Chomsky y Jean Piaget, recientemente publicado bajo el título: Théories du langage, théories de l'apprentissage. Sosteniendo que la gramática de una lengua no
es una propiedad de esa lengua sino una propiedad del cerebro humano, Chomsky piensa dar cuanta de
que el mismo niño, dado que aprende a hablar en la lengua de sus locutores adultos, aprendería otra
lengua comunicándose con otros locutores. Cuando se le objeta que la inteligencia general podría obtener lo que él supone inscrito en el núcleo fijo del lenguaje, Chomsky responde que para aprender a aprender es necesaria una disposición inicial. Según él, la obligación de recurrir a una capacidad generativa para explicar el aprendizaje de la lengua no es más que la confirmación de ese aspecto de creatividad que había reconocido Wilhem von Humboldt cuando decía: "Una lengua puede hacer un uso infinito de medios finitos". Se comprende fácilmente por qué Chomsky se vale de Descartes y de Leibniz, filosofías que han defendido el innatismo de los principios racionales, pero no se entiende cómo él puede identificar la necesidad de los constreñimientos universales de la competencia lingüística con la determinación genética de las capacidades cerebrales. Lo que es cierto es que su oposición a Skinner y a la teoría expuesta en Verbal Behavior es paralela a su actitud de oposición política a las tesis de Skinner expuestas en Beyond Freedom and Dignity (1971): "La creencia en que el espíritu humano es vacío provee una justificación a todo tipo de sistemas autoritarios.
Si el espíritu humano está vacío, todo método para moldear los espíritus a su antojo es legítimo
y esto encuentra desarrollos extremos, en Skinner por ejemplo; todo termina en una especie de esquema fascista" (p. 393, Théories du langage, théories de l'appren tissa ge). 
Pero los adversarios de Chomsky dicen que el innatismo del poder intelectual se puede convertir
en un argumento en favor del elitismo, para apoyar una justificación de relaciones sociales desiguales.
Retendremos por el momento que, en su versión biológica actual, el debate entre empirismo e innatismo provee indiferentemente argumentos para posiciones políticas opuestas. Signo sin duda de que la justificación de escogencias políticas debe ser buscada en otro lugar distinto al cerebro. Sobre este último punto, por lo demás, la conclusión de la conferencia de Jouvet11 merece ser atendida. El lanzó la idea de que el sueño, expresión de una actividad cerebral cerrada a las aferencias exteriores, cortada del entorno, podría ser considerada como el índice de una actividad de mantenimiento del programa hereditario, de una ruptura de la relación social. El sueño sería el guardián de la libertad natural en relación a los constreñimiento s culturales. Se estaría tentado a evocar a Rousseau, la oposición del hombre salvaje y el hombre civil, y al axioma según el cual el hombre ha nacido libre aunque por toda parte esté entre rejas. Pero la Profesión de Fe del Vicario Savoyano impide contar a Rousseau entre aquellos que buscan en la fisiología los fundamentos de la pedagogía y de la política.
En resumen, el lenguaje humano es esencialmente una función semántica sobre la cual no han logrado
nunca dar cuenta las explicaciones de tipo fisicalista.

Hablar es significar, dar a entender, puesto que pensar es vivir en el sentido. El sentido no es relación entre ..., él es relación con... Es por esto que escapa a toda reducción que trate de alojarlo en una configuración orgánica o mecánica. La máquinas llamadas inteligentes son máquinas para producir relaciones entre los datos que se le suministran pero ellas no están en relación con lo que el utilizador se propone a partir de las relaciones que ellas engendran para él. Porque el sentido es relación con, el hombre puede jugar con el sentido, desviarlo, fingirlo, mentir, tender trampas 

l2. Pues, tanto en una como en otra ocurrencia, es necesario tener en cuenta un desvío de la relación
con, una alteración del sentido. La relación de sentido en el lenguaje no es réplica inmaterial de relaciones físicas entre elementos o sistemas de elementos en el cerebro del locutor. Inversamente el sentido de la palabra proferida en la relación con... no es la producción de una configuración física en el cerebro del interlocutor. De la misma manera como nuestra área visual cerebral no ve propiamente hablando los objetos que consideramos que nuestros ojos nos dan a ver, así mismo no hay en los repliegues de la corteza cerebral un pensamiento que contemple el fantasma de los objetos o de las
situaciones encaradas en nuestras palabras. Actualmente, en la edad de la electrónica, tanto como en el siglo XIX,ya no se puede explicar el conocimiento científico o la experiencia poética por medio de la réplica cerebral de la relación entre el medio y el organismo. Copérnico y Galileo pueden, cuando hablan con su jardinero o su ayudante de cámara, decir que el sol se levanta puesto que ven, como éstos, el globo del sol ascender por encima del horizonte, pero ellos piensan que el sol no se levanta. Ycomo Víctor Hugo puede pretender percibir lo inverso de lo que él ve cuando el sol se acuesta, percibir de alguna manera la verdad del movimiento aparente de los astros es decir eso que se debe pensar después de Copérnico y Galileo: El día moría; yo estaba cerca del mar, sobre la playa arenosa.
Tenía de la mano a mi hija, niña que sueña. Joven espíritu que se calla. La tierra, inclinándose como un navío que se hunde, Dando vueltas en el espacio iba sumergiéndose en la sombra; La pálida noche ascendía. (Les Contemplations: Magnitudo Parvi). La relación entre el cerebro, el pensamiento y
el mundo, no podría pues ser concebida como la reproducción mental (o interior) de los afectos físicos
producidos en el cerebro por la introducción en él del mundo (exterior) prestando a este afecto la vía
de los canales sensoriales. Según una palabra incisiva de Wittgenstein en las Zettel ("Fichas", escritas entre 1945 y 1948):"Los filósofos que creían que se puede, por así decirlo, prolongar la experiencia en el pensamiento deberían saber que se puede transmitir la palabra por el teléfono pero no el sarampión". Ciertamente no se puede transmitir el sarampión por teléfono pero se puede transmitir por teléfono discursos cuyo color simbólico no sea agradable para todos. De allí la práctica de las escuchas telefónicas. De ahí la exclusión de individuos a causa de enfermedades contagiosas del pensamiento, evicción más larga generalmente que los diez y ocho días de separación de la escuela en el caso del sarampión. Hay muchas maneras de percatarse de que la palabra humana remite al pensamiento que a su vez remite a un sujeto que no es una parte del mundo sino, como lo dice Wittgenstein, "un presupuesto de su existencia". Se puede suscribir la reflexión crítica sobre la ilusión de la interioridad psíquica, reflexión inaugural de la obra póstuma de Maurice Merlau-Ponty, Lo visible y lo invisible, sin por ello es 

]::l. Es necesario precisar que por sujeto metafísico Wittgenstein no entiende sujeto ontológico, incluso en la época del Traciatus lógico-philosophicus y que luego abandonó este concepto de sujeto metafísico. tar de acuerdo totalmente con las tesis del existencialismo. Se puede preferir, por razón de no-compromiso axiológico, la referencia a Wittgenstein ya citado. El autor del Tractatus lógico-filosófico insiste, para sacar de ello una consecuencia ,general, en que nuestro campo de visión no es visto él mismo por una especie de ojo mental, localizable en el mundo de la percepción:
"Existe realmente un sentido en el cual puede tratarse de un yo no psicológico en filosofía. El yo
aparece en filosofía porque el mundo es nuestro propio mundo. El yo filosófico no es el hombre, ni el
cuerpo humano, ni el alma humana de la que trata la psicología, sino el sujeto metafísico, el límite y
no una parte del mundo" 

13. Quizás el mejor comentario de este texto no haya que buscarlo en la filosofía sino en la pintura. La
visión del pintor es, ella también, una relación significante. Maurice Denis ha dicho que Cézanne llamaba motivo a lo que él deseaba representar, lo que lo invitaba a pintar, y no el terna, es decir las cosas representadas de las que se puede hablar. Se puede sostener que, para el filósofo, la visión del pintor corno acto de presencia en el mundo es más instructiva que una teoría psicofisiológica de la visión. El cuadro de René Magritte, El paisaje aislado, es la imagen de un paisaje contemplado por un hombre visto de espaldas y que dice en una burbuja: "No veo nada en torno al paisaje". Es muy cierto que Yono veo nada en torno al paisaje, corno vería el muro en torno de un cuadro que representase un paisaje en torno al cual alguien dice Yono veo nada. Yo soy el todo de mi visión pero yo puedo hacer siempre un otro al todo de mi visión desplazándome. Prueba de que yo no coincido con aquello de lo cual yo constituyo el límite. El campo perceptivo es, corno diría Rayrnond Ruyer, una superficie absoluta, pero es necesario añadir, móvil. El Yono está con el mundo en relación de sobrevuelo sino en relación de vigilancia. 

* * *
Hemos vuelto al mismo punto donde terminó la reseña histórica inicial. Pensar es un ejercicio del
hombre que requiere la conciencia de sí en la presencia del mundo, no corno la representación del
sujeto Yosino corno su reivindicación pues esta presencia es vigilancia y más exactamente sobre vigilancia. Desde un punto de vista filosófico no hay contradicción en reconocer una subjetividad sin
interioridad que no entrañe la sospecha de idealismo solipsista. En efecto, bien mirado, el concepto de interioridad conlleva una imagen espacial. La interioridad es la exterioridad invertida, pero no abolida. Bajo este respecto, el Yovigilante del mundo de las cosas y de los hombres es tanto el Yode Spinoza corno el Yo de Descartes. Mientras que Descartes juzga íntimamente la evidencia de su Cogito, Spinoza enuncia corno axioma impersonal Homo cogitat. Pero cuando compone el Tratado teológico político, Spinoza es ese Yoque reivindica en el último capítulo, ante el derecho
reconocido al Soberano de regular toda cosa en el Estado en cuanto a la acción de los ciudadanos, "que les sea acordado a cada uno pensar lo que quiera y decir lo que piensa". Y aunque Spinoza haya adoptado el nosotros de modestia, no puede impedirse escribir al final: "He terminado así de tratar las cuestiones que me proponía ... Sé que soy hombre y que he podido equivocarme". Proyecto, error, marcas del pensamiento, lo hemos propuesto. El Yo spinocista no es, a pesar de la Etica geométricamente demostrada, menos Yode lo que lo es el Yode la Geometría de Descartes, en razón de la cuarta parte del Discurso que la precede. Cualquiera sea la oposición entre las concepciones cartesiana y spinocista de las relaciones del alma y del cuerpo, es claro que Spinoza dice Yocomportándose corno el delegado, solitario y reprobado, de la defensa de su sistema, al mismo
título que Descartes en sus Respuestas a las quintas objeciones dice un Yo(ante Gassendi) que designa con el nombre de "Carne". Por mi parte no temeré en decir que entre Descartes y Spinoza es en este segundo donde la función subjetiva de presencia-vigilancia está más manifiesta. 
En la segunda parte del Discurso, Descartes puso mucho cuidado en defenderse de la acusación de crítica política. Dijo que sólo quería reformar sus propios pensamientos. Tornó sus distancias con respecto a las gentes que son llevadas hacia la oposición por sus "humores desordenados e inquietos". El filósofo de la generosidad comenzó con una filosofía de la prudencia. Spinoza tornó partido públicamente por el derecho a la libertad de pensar. Amigo de [ean de Witt, Gran pensionario de Holanda, con quien compartía las convicciones republicanas, fue testigo de su asesinato a manos de los amotinados orangistas, en La Haya en 1672, cuando los ejércitos de Luis XIV invadieron Holanda. La indignación y el dolor de Spinoza lo llevaron a salir de su domicilio para colgar sobre los muros
de la ciudad un cartel donde había escrito: Uliuni barbnroruni. 

Se dice que su casero hubo deviolentarlo para retenerlo'", En suma, esta filosofía que refuta y rehúsa los fundamentos de la filosofía cartesiana, el cogiio, la libertad en Dios y en el hombre, esta filosofía sin sujeto, muchas veces asimilada a un sistema materialista, esta filosofía vivida por el filósofo que la pensó, imprimió a su autor el empuje necesario para insurgirse contra el hecho cumplido. La filosofía debe dar cuenta de tal poder de empuje. Con este fin, la filosofía no tiene nada que esperar de los servicios de la psicología, de una disciplina de la que Husserl pudo decir que la manera como ella entró en escena, en tiempos de Aristóteles, ha sido "una calamidad permanente" para los espíritus filosóficos (Philosophie premiére, 1923-1924;1, p.75). Entendemos por ello una ciencia que se quiere objetiva, situándose entre las otras ciencias objetivas con la pretensión de instruirlas sobre las funciones intelectuales que les permitan ser las ciencias que ellas son. Ante esta pretensión, propia de una parte, de dar cuenta del todo, la filosofía no puede más que oponerse. Ella debe pues dejar que la psicología continúe proponiendo sus adquisiciones teóricas para que las exploten la pedagogía, la economía y, a fin de cuentas, la política. En cuanto a la filosofía, su tarea propia no es la de aumentar el rendimiento del pensamiento sino el recordarle el sentido de su poder. Asignarle a la filosofía la tarea específica de defender al Yo como reivindicación intransferible de presencia-vigilancia es reconocerle solamente el papel de la crítica. Por lo demás esta tarea de negación no es de ninguna manera negativa, pues la defensa de una reserva es la preservación de las condiciones de posibilidad de la salida. Ciertamente me es fácil imaginar los sarcasmos que la palabra reserva, llamaba a dar su sentido a esa pequeña palabra Yo,no puede dejar de suscitar, por una parte entre los psicoanalistas psicoanalizantes que la consideran como un síntoma del desconocimiento del Inconsciente, y por otra parte, entre los fisicalistas fisicalizantes que denunciarán la herencia ridículamente conservada del espiritualismo difunto. Pero la reserva filosófica no es ni escondite ni santuario, es guardia del esfuerzo. Una suspensión de consentimiento, de adhesión, de adherencia, no es ni repliegue ni abstención. Es por esto que uno debe cuidarse de parecer interiorizar el Yo, en el preciso momento en el cual se podría estar tentado a confundir subjetividad e interioridad, como reacción contra la
actual asimilación del pensamiento René Thom quincallería a eso que llamó "la electrónica". Defender su reserva impone salir de ella cuando se requiera, como lo hizo Spinoza. Salir de su reserva es hacerlo con su cerebro, con el regulador viviente de las intervenciones que actúan en el mundo y en
la sociedad. Salir de su reserva es oponerse a toda intervención extraña sobre el cerebro, intervención
que tiende a privar al pensamiento de su poder de reserva en última instancia. 
Pienso que se me concederá que tomando por ejemplo la conducta de Spinoza no he confundido
ni jugado con las palabras. Salir de su casa es la imagen simbólica de salir de su reserva. Pues resulta
que Spinoza ha hecho realmente las dos cosas. Sin duda no se debe prestar a Spinoza otra filosofía que
no sea la suya. Su conducta es la prueba de que, según la última parte de la Etica, el orden y la conexión de las afecciones del cuerpo se regulan sobre el orden y el encadenamiento de los pensamientos en el alma, correspondencia cuya perfección sería la libertad verdadera. Pero la última palabra es que "todo lo que es bello es tan difícil como raro". A la espera pues de obtener "por una necesidad eterna, consciencia de sí mismo, de Dios y de las cosas", le puede ocurrir al hombre sabio el tener que decidir, en el instante, sobre su conducta con respecto "a los peligros comunes de la vida que se pueden alejar y vencer por la presencia y la fuerza del alma". Es por esto que Spinoza se ha mostrado presente para marcar públicamente a ciertos hombres con el nombre de bárbaros, aunque él haya dicho que la indignación -generadora de odio-era forzosamente mala, aunque haya sabido que la muchedumbre es terrible cuando no teme nada. El hombre que escribió que no se conocen todas las capacidades del cuerpo humano y que equivocadamente se las atribuye a veces al alma, este hombre salió de su morada con su cerebro y con seguridad en conformidad con su filosofía. O quizá haya salido por una imperceptible falla cartesiana de su construcción filosófica.


A primera vista se podría pensar que Spinoza cometió un error. El de creer que los bárbaros que
denunciaba públicamente eran los últimos. Pero sabía latín y quiso decir: los más recientes, los últimos hasta la fecha. Por consiguiente, los filósofos de hoy cualquiera sea su línea de investigación, spinocista o cartesiana, pueden estar seguros de que no faltarán ocasiones o razones para ir, corriendo sus riesgos, en un gesto de compromiso controlado por su cerebro, a inscribir sobre los muros, murallas o paredes: Uliimi barbarorum tf'

* Texto tomado de la Revista de la Facultad de Sociología de la Universidad Latinoamericana
de Medellín, 17,junio 1994.
Traducción: Prof. Luis Alfonso Palau C, Universidad Nacional, Medellín.
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U. NACIONAL DE COLOMBIA
BOGOTA,D.C.
GEORGES CANGUILHEM EL CEREBRO Y EL PENSAMIENTO

1. Paul-Iules Móbius (1853-1907), neurofisiólogo alemán, apodado "Call revivido",  localizaba la protuberancia de las matemáticas por encima de la órbita izquierda en el lado exterior. Cfr. su obra Über die Annlage zur Mathematik (Leipzig, 1907). Era el nieto del ilustre matemático astrónomo, Auguste Fredinand Móbius (1790-1868), inventor de la banda de Mobius.
REVISTA COLOMBIANA OE PSICOLOGIA 19 DOCUMENTOS

5. Pour la science, número especial; noviembre de 1979.

6. Nourel Obseroateur; 29 de Oct. 1979.

7. "Pero describir en términos de física y de química un movimiento de la consciencia, un sentimiento, una decisión, un recuerdo, ese es otro asunto. Nada indica que se logrará alguna vez. Y no solamente a causa de la complejidad sino también porque como se sabe, desde Codcl, un sistema lógico no puede ser suficiente para su propia descripción". Lógica del uimente, p. 337.
REVISTA COLOMBIANA DE PSICOLOGIA 23 DOCUMENTOS

24 Nos. 5-6 AÑO MCMXCVII U. NACIONAL DE COLOMBIA
BOGOTA, D.C.

8. La persistencia de un estado estacionario del saber, más allá de una invención teórica, es como la medida objetiva de la originalidad de esta invención. Fue lo que hizo decir a Marx Plank, en su Autobiografía, que a un descubrimiento para imponerse no le es suficiente con acumular pruebas teóricas: debe frecuentemente esperar que sus adversarios hayan desaparecido y que una nueva generación llegue al poder científico,

9, Cit. por H. Atlan. Entre le cristal et lafumée (Seuil, 1979, p, 229). R. Thom insiste aún más sobre el carácter aventurero de la invención teórica cuando dice: "Casi todos los progresos del álgebra salieron del deseo de realizar operaciones prohibidas (números negativos, racionales, imaginarios,
etc)". Colloquio de Rouuamount: Thcories du langage. Theorics de 1'111'- prcntissage, Seuil, 1979, p. 508. 1D. "Drugs for the mind". Newsweek, 12 noviembre de 1979.
14. A veces discutida, esta conducta de Spinoza está referida por
[akob Freudenthal, Das Leben Spinozas (Stuttgart 1904). Cfr. OEuvres de
Spinoza, editadas por Ch. Appuhn (Garnier ed.), T. 1p. 218, nota 1; y
Georges Priedmann, Leibniz et Spinoza. (Idées, Gallimard). p. 110.

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11. Ver la conferencia de Michel J ouvet: "Les états de vigilance: bilan et perspectivos" en Prospective et Sanié, No. 14, verano 1980, pp. 73 a 80 (N. del E.).

12. Una máquina no puede engañar como tampoco puede engañarse. Para decirlo de otra manera, una máquina no es capaz de maquinación. Michael Scriven hace de la capacidad de mentira el criterio de demarcación entre un robot aparentemente consciente y la consciencia (The Mechanicai Concepi of Ivund, in Mimls and Machines, Prentice Hall, Eglewood Clifss, 1964).

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COLOMBIANA
DE PSICOLOGIA 29

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