La violencia política y la pobreza son el denominador común en Colombia, nación insuficiente, Estado fallido para referir su inconclusa tarea de ser medio y fin para regular y garantizar el consabido Bienestar General, el Estado Social de Derecho. Tanto para quien peine canas como para el joven que sueña con un mejor mañana, la violencia política, paramilitar, guerrillera y criminal o mafiosa en general, han sido el pan común en las pantallas mediáticas y en la cruda realidad en las calles, quizá pasada por alto porque de tanto ver, ya no se ve, la costumbre hace que todo se vuelva normal, todo es parte del paisaje, la vida se impone, todo tiene que seguir su marcha, seguir adelante pase lo que tenga que pasar.
Para mayores señas acudimos a la política tan cambiante, tan perceptible en sus flujos, corrientes que fluyen, percolan, hacen remolino, luego siguen la corriente, se incorporan al caudal predominante. Se percibe que los actuales momentos de Colombia son de cambio, de renovación política en especial en el énfasis social y por supuesto en superar la violencia para alcanzar una cierta paz. Queremos ejemplificar, en aras de hacernos comprender mejor. Demos un recorrido de magnicidios y gobiernos que reflejan esto de la violencia diversa, esa tensión que se bate entre un mundo terrateniente aferrado al pasado y unos librecambistas, liberales que jalonan la modernización de la nación.
Algo de Historia
Algo de historia da una idea de estos flujos políticos. El populista liberal Jorge Eliecer Gaitan fue asesinado en 1948, época de odios entre liberales y conservadores, o quienes impulsaban una sociedad burguesa y moderna de libre mercado y terratenientes, feudales dispuestos a derramar sangre antes que abandonar su terruño. Recuerdo testimonios que avivaban la llama violenta arengando que los liberales comían niños, eran comunistas endemoniados que deberían ser atravesados más pronto que tarde por el puñal justiciero.
La Búsqueda de la Paz
Otros emblemas de estos flujos de violencia fueron la constante de la búsqueda de la paz en muchos gobiernos. La presidencia de Belisario Betancur está asociada al clamor de la paz que término con la toma del Palacio de Justicia por parte de la guerrilla del M-19. Julio César Turbay y los más de tres mil presos políticos, pese a ser preguntado sobre el particular, respondió que el único preso político en el país era el presidente de Colombia. Otro mandatario ungido en abrazo de paz por el legendario guerrilero Manuel Marulanda Velez, alias tirofijo, fue el presentador de televisión o periodista Andrés Pastrana. César Gaviria y la arremetida mafiosa del cartel en Medellín de Pablo Escobar. Otros que siguen este flujo de la paz son Alvaro Uribe Velez con promeza de acabar a bala con las guerrillas, le siguió Juan Manuel Santos que ofreció plomo pero también paz negociada.
Historia de Sangre
Quiero ejemplificar y enfatizar los flujos que emergen en el calor del momento encarnados en liderazgos que por una un otra razón terminan siendo una especie de mesías que bien pudieron alcanzar la Presidencial pero sus vidas fueron truncadas, fueron asesinados. Solo mencionemos los más emblemáticos con aspiraciones presidenciales: Pizarro León Gómez de la entonces guerrilla M-19; Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, ambos del movimiento político UP Unión Patriótica; Galán, politico liberal; Alvaro Gómez Hurtado, Conservador que giró de un pensamiento de ultraderecha a un progresismo liberal. Todos estos hombres flujos fueron interrumpidos y con ellos así impedir posibles cambios progresistas o modernas en la sociedad.
Flujos Políticos
Los flujos políticos reflejan, claro está, la sociedad misma, y ella se enmarca en esas tensiones de preservar o cambiar un cierto orden que regula el momento, los afanes de cada día, cómo no nombrar esa tensión entre lo perimido y lo vigente, el mundo de los terratenientes y la propulsión de fuerzas que jalonan una cierta modernidad, acá salta a la vista la confrontación armada hasta hace poco entre ejércitos irregulares o por fuera de la ley que ejercían presion desde orillas de izquierda o de derecha, guerrillas y paramilitares de derecha, son extremos, son brazos armados que expresan o reflejan flujos sociales.
En suma, la violencia, la guerra, y su antídoto, la paz, ha sido la constante en estos gobiernos. Pero ¿qué significa la paz? Desde las luchas de independencia hasta nuestros días, ese ha sido el grito, años, décadas, siglos y aún no se halla, no se ha encontrado la fórmula. Solo conocemos una pista que consiste en dos grandes grupos llamados liberales y conservadores, mercaderes y feudales que se baten, se disputan por prebendas basadas en sus feudos, en sus tierras éstos, aquellos por impulsar el mercado, la riqueza basa ya no en la mera explotación de la tierra sino en las transacciones comerciales, los burgos, las ciudades y no el campo serán su epicentro por donde todo fluye, servicios y mercancías.
Todo es cambiante en la vida, la sociedad y desde luego su organización política en su razón administrativa. Es difícil la percepción de los cambios sociales y políticos, en qué momento un sentir ciudadano es envolvente, se vuelve torrente, caudal. En estos momentos se siente fatiga por la violencia, cansancio, las urnas de nuevo están refrendando el mandato de paz pero en especial en clave ya no de conflicto o de guerra, sino en buscar las claves para materializar el Estado Social de Derecho


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