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Maquinas de Guerra y Aparatos de Captura

Por Mauricio Castaño H 
Twitter: @mauriciojota Historiador 

Mientras la policía iba, los pillos venían. En el mundo delincuencial el que menos corre vuela. Su capacidad inventiva no parece tener límites. El universo de las llamadas microfinanzas de la ilegalidad es tan múltiple como sorprendente. Se estila decir que la moneda está tirada, resta, recogerla. Donde haya necesidades, deseos, allí estarán ingeniándoselas para extraer su mayor provecho. Una de las investigaciones pioneras fue escrita en Italia con la novela Gomorra de Roberto Saviano, descripción de toda esa variedad de la industria criminal. Sucede en todo el mundo: París, Alemania, Londres, New York, Mexico, Brasilia, Argentina, y por supesto en Bogotá y Medellín, entre muchas más.

En esta última ciudad, por estos días, la prensa muestra una variedad de extorsiones. Una, hasta jocosa ella, tiene que ver con el cobro por rescatar el vehículo de motocicletas. Los malhechores proceden en acomodar el aparatejo en una zona prohibida de parqueo, luego llaman a las autoridades de tránsito para su decomiso en los lugares destinados para tal fin, entonces, esos pillos, se comunican vía telefónica con la víctima para exigirle dinero para su rescate. Una vez hecha la consignación, sueltan la dirección para su recuperación. La sorpresa: son sitios institucionales en donde ubicaron el aparatejo.

Otras modalidades corresponden a todo un comercio de jovencitas vírgenes, secuestros express, extorsiones a taxistas porque parquean en cualquier lugar, porque transitan por determinado barrio; o porque simplemente llevan una carrera, les hacen bajar los pasajeros para montarlos a los taxis de los delincuentes, y así quedarse con el valor de la carrera. Cobran impuestos a quienes venden minutos de telefonía, a los viejitos que venden baratijas, a los otros que comercian con cachivaches, y un largo etcétera.


Últimamente han denunciado las Casas del Terror, lugares en donde llevan a sus víctimas para detener, intimidar, torturar, perseguir, cobrar deudas pendientes o extraer alguna información privilegiada para el hampa. Regularizan extorsiones con préstamos usureros de dinero del 10 o 20% intereses, cuentan que van a las propias casas a verificar si existen las prendas de garantía, tales como una simple olla arrocera, una nevera u otros electrodomésticos.
Son dos tensiones, por un lado ese mundo criminal ingenioso e inacabado, y por el otro lo institución gubernamental. Pero ¿Por qué esa especie juego interminable al gato y el ratón? Ensayemos una variante diferente a las respuestas tradicionales que inculpan a quepa ropa al gobierno de turno o que ven en ese oleaje de pillaje una toma de las instituciones estatales, sin desconocer con ello, algunas complicidades de las autoridades hacia el bandidaje, ese cruce de las líneas delgadas entre uno y otro mundo.

El pensador Gilles Deleuze sugiere distinguir dos términos, el Aparato de Estado y la Máquina de Guerra. En el primero corresponde la institucionalidad tal y como la conocemos en el mundo actual con sus ramas de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, máxima autoridad a los cuales los ciudadanos se deben. Es el Estado quien ejerce la Fuerza y la Violencia contra quienes se resisten al acatamiento de sus normas. Hasta aquí existe un grado de normalidad, en encarrilar a quien esté por fuera, se reprende al desobediente, se le impone un castigo.

Pero ¿Qué decir de aquellos que viven por fuera y desafiantes de esa normatividad constitucional? Lo real es la existencia de grupos de personas que viven en paralelo o que tienen otras formas de organizarse a ese poder oficial, y que no alcanzamos a ver, porque los grandes acontecimientos políticos o económicos, opacan otras modalidades bien sea culturales y sociales. Deleuze les llamaría nómadas a quienes no encuadran en estas regularidades de Estado. 



Un ejemplo de este autor, en su libro Mil Mesetas en la página 365, referencia las bandas de Bogotá que impiden algún Poder que se pretenda estable entre los que se encuentra el Estado: «los miembros de la banda se reúnen y realizan robos juntos, con botín colectivo, pero luego se dispersan, no permanecen juntos ni para dormir ni para comer; por otro lado y sobre todo, cada miembro de la banda está unido a uno, dos o tres miembros de la misma banda, por eso, en caso de desacuerdo con el jefe, no se irá solo, siempre arrastrará consigo a sus aliados, cuya marcha conjugada amenaza con desarticular toda la banda; por último un límite de edad difuso que hace que, hacia los quince años, forzosamente hay que dejar la banda, separarse de ella».


Otro ejemplo. Los indígenas o la población negra, muestran un modelo nómada diferente al invento moderno de la fuerza laboral, «Siempre se ha dicho de los negros: `no trabajan, no saben lo que es el trabajo. Es cierto que se les ha forzado a trabajar, más que a nadie (…) también parece cierto que los indios ni siquiera entendían, y eran ineptos para cualquier trabajo organizado, incluso esclavista: si los americanos importaron tantos negros fue porque no podían utilizar a los indios, que más bien se dejaban morir (…) Las llamadas sociedades primitivas no son sociedades de penuria o de subsistencia, falta de trabajo, sino, por el contrario, sociedades de acción libre y espacio liso (No Estatatal), que no tienen ninguna necesidad de un factor - trabajo, ni tampoco constituyen reservas`». Página 498 de Mil Mesetas.

A estas bandas, al igual que otras, los anima un desorden institucional, la indisciplina, toda Jerarquía es puesta en tela de juicio, viven en el perpetuo chantaje al abandono y a la traición, pues el sentido del honor es muy susceptible, impidiendo cualquier formación de Estado. Por lo demás, la familia no es una célula sino un vector de banda que emana una solidaridad agnática. Recordemos la queja de analistas apresurados, porque en ciertos momentos, los delincuentes carecen de un Jefe absoluto que ordena y evita desmanes, hombres temibles como Pablo Escobar en Medellín o alias Don Berna, u otros miles más, surgidos en relevos. Lo característico allí es el no encuadramiento de estos hombres al sistema normativo de la Forma Estado. El mandatario local ha dicho con relación al fenómeno de violencia: Medellín, es sólo un eslabón de la cadena del narcotráfico mundial.

Para no dar palos de ciego, vendría a bien, análisis juiciosos, despojados de cualquier ideología o pose intelectual. Mientras tanto seguiremos viendo ese batimiento entre el Estado en preservar sus órganos de control, desplegando su aparato de Captura para apresar los huidizos hombres, los nómadas de las Máquinas de Guerra.




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Aaron Swartz y la Libertad Digital


Twitter: @mauriciojota
Historiador


Aaron Swartz se suicidó a los 26 años en Estados Unidos, el once de enero de 2013. Inventor de RSS o Really Simple Sindication, código para compartir información en la web. Sobre su vida pesaba una doble amenaza de cárcel de más 34 años, más de lo que había vivido, y una millonaria multa en dólares. Su pecado: Trabajar por una Cultura Abierta, por un mundo de libre acceso a Internet. La Justicia se ensañó acusándolo de haber robado miles de artículos científicos, los mismos que fueron puestos en gratuidad al servicio del interés general de los internautas. Fue el Instituto de Tecnología del Estado de Massachussets quien lo demandó.

Este deambular libertario en favorecer una cultura digital abierta, resultó ser peligroso para las compañías y gobiernos que basan su riqueza en cerrar la información, y abrirla sólo a quienes puedan comprarla. La empresa se la juega por la especulación, importa más hacer millones de dinero que acabar la brecha de la inequidad en el acceso digital. No sobra anotar que la lucha de aquel joven brillante, es la de muchos cibernautas que desean compartir información sin discriminación alguna, la cual se considera patrimonio colectivo de la humanidad.
A los posibles lectores, propongo una interpretación del triste suceso. Acudo al médico y filósofo francés Francois Dagognet para plantear la siguiente hipótesis: el ahorcamiento de Aaron, llevada acabo por sus propias manos, tuvo un primer motor absoluto: el Gobierno de Estados Unidos, bajo la responsabilidad de dos tenazas concretas: el Instituto de Tecnología del estado de Massachussets y el aparato de justicia que lo demandó con el FBI a la cabeza.


¿Y ese salto interpretativo porqué? En primer lugar, nuestra existencia se define más por la pertenencia a una sociedad concreta, que por una suma de individuos aislados o egoístas. Somos producto de la sociedad en la cual nos vivificamos. Aquí viene a bien recordar la bonita expresión del Trabajo Colaborativo que potencia nuestros esfuerzos personales en sueños edificantes. Aarón se motivó en caminar este sendero de gregarismo social, de compartir, apartándose de esas máquinas del egoísmo de hacer dinero, en donde todo se compra, todo se vende.
Pero viene un detalle, la sociedad y sus normas son dinámicas, cambiantes, y sus individuos que la integran proponen cambios que consideran pertinentes, deseables, posibles y necesarios. Pero ¿Hasta qué grado son tolerables los entusiastas cambios propuestos? Hasta el grado de que no se amenace los intereses, la fibra y el sensorium que soportan el orden establecido del mundo del negocio, en este caso.


En esta medida, Aaron nunca se suicidó. Uno nunca se mata así mismo, uno mata al Otro que hay en mí, al Otro que se aloja imaginariamente, a ese Intruso que se ha apoderado de Usted, que te asfixia, que te ahorca. No importa que quieran suavizar la culpa, echando mano de las ráfagas de angustia existencial que azotaban al joven (toda vida es proceso en demolición), pero ello en nada cambia esa dura realidad de la cultura cerrada y aplastante de los poderes mercachifles, que quieren asesinar la Liberté Digital. La lucha continúa en miles de jóvenes en el mundo que quieren compartir, que comparten información abierta, así sea con serias dificultades. 

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La Imitación

La Imitación
Por Mauricio Castaño H

En la política y en sus líderes, la sociedad se dinamiza y se agita. La política porque es una de las formas más organizadas que han encontrado las sociedades para el ejercicio del poder. En sus líderes porque son ellos quienes encarnan las expresiones políticas. Y como en todo lo que es dinámico, todo cambia, un hecho da lugar a otro mejor o peor, lo importante es la evidencia del cambio. Otro tanto sucede con los liderazgos, permanentemente se renuevan a la par de las exigencias que la sociedad misma demanda.


Citemos en la superficie el cambio de liderazgo presidencial que se ha dado en Colombia: al presidente Uribe le sucedió Santos, que pese a la promesa de continuismo, el tiempo y la vanidad misma, empujan a que el último se venda como el mejor para la sociedad que así lo desea. Aquí no valen ni la gratitud ni la lealtad, vale más el deseo de saciar a un pueblo que ha pedido cambio. Existe un dicho tan antiguo como popular que denota la importancia que se le da al poder vigente, en el cual se anuncia la muerte del rey, pero inmediatamente (sin lugar a elaborar el duelo) se grita un ¡Viva! al rey nuevo, este dicho es: «El rey ha muerto. - ¡Que viva el Rey! » u otro equivalente: «A Rey muerto, rey puesto». Nuestra sabiduría popular expesaría: «se sube como palma y se cae como coco».



Pero más que hablar de lo efímero que son los hombres en el paso por el poder, interesa más resaltar la idea de imitación que hacen unos seres de otros. Fue el sociólogo francés, Gabriel Tarde, quien hiciera notar cómo la obediencia y la confianza, tienen su origen en la imitación que se hace de un hombre que se estima superior, bien sea por su abolengo o por su propia dignidad ubicada en la escala más alta del prestigio social.

Esta imitación tiene «por móvil una admiración devota y, por decirlo así, amorosa». Pero así como se ama, también se llega a la envidia (que puede ser disimulada), se pasa de la admiración al desprecio. Lo que importa resaltar es el proceso dinámico que existe en toda persona para experimentar un ascenso hacia lo que se estima el progreso de su condición indiviual. No importa si hay que destruir a ídolos pasados, lo que urge es la necesidad de instaurar unos nuevos. La gran masa los desea para copiarlos.


«Un hombre enérgico y autoritario ejerce, sobre las naturalezas débiles, un poder irresistible, ofreciéndole lo que les falta: una dirección (el subrayado es nuestro). Obedecerle no es un deber, sino una necesidad: de este modo comienza todo lazo social. La obediencia en suma, es hermana de la fe. Los pueblos obedecen por la misma razón que creen; y así como su fe es el reflejo de la de un apóstol, su actividad no es otra cosa que la propagación de la voluntad de un dueño. Lo que el dueño quiere o ha querido, lo quieren ellos; lo que el apóstol cree o ha creído, eso creen ellos; esta es la razón por qué enseguida que el amo o el apóstol hace o dice, ellos lo hacen o dicen o tienden a hacerlo o adecirlo». La cita es del autor en mención del texto Las leyes de la Imitación, página 232.

A este argumento de la obediencia como un acto de fé, y al deseo de imitar por parte de una gran masa de hombres a otro hombre que se considera un líder, se podría objetar que es contrario a las prácticas democráticas en tanto que tal actuación parece ser más de la inconsciencia. A lo que se puede responder, al menos, por poner un ejemplo, que es un imposible democrático una igualdad de todos los hombres en una disputa de poder, pués habrá quien se destaqué más para poder aspirar a una representación. O mejor aún, si una multitud de hombres son iguales en todas las proporciones, es casi que imposible que una mayoría esté dispuesta a conceder el benecio a uno de ellos como el mejor de entre la multitud. Por esta razón es que se dice que un triunfo electoral, no es más que el eco de una imitación de esa multitud hacia un individuo, al cual se le han asignado cualidades superiores.



Si la imitación es ley social, que va desde un mismo caminar uniforme para los indiviudos de un mismo poblado hasta preferir la esperanza a un sentimiento de destrucción. Digamos que los liderazgos también están presos o avocados de impregnarse de virtudes para hacersen dignos objetos de la imitación. Siguiendo con el ejemplo del territorio que es Colombia, el nuevo líder presidente se resiste a ser copia o sombra de su antecesor, mientras que otros nuevos indagan o fuerzan las grietas por las cuales renaceran otros nuevos, y así se va en la espiral de la construcción que se cree se hace del País, Ciudad o Municipio.



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