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Macron: la engañosa victoria que tranquiliza

Rafael Poch


El ganador de la primera vuelta y probable futuro presidente, representa todo lo que ha fracasado en las últimas décadas


No hubo sorpresas en la primera vuelta de las presidenciales francesas: el 7 de mayo los franceses deberán elegir entre el joven ex banquero y ex ministro liberal-europeísta, Emmanuel Macron, y la ultraderechista Marine Le Pen que defiende un programa de repliegue nacionalista. Será una opción entre una tranquilizadora continuidad y una ruptura destructiva.

Tranquilizadora porque todos los sondeos -y en estas elecciones sus pronósticos han sido bastante ajustados- indican que el 7 de mayo Macron batirá a Le Pen por 60% contra 40%, veinte puntos de diferencia. Eso quiere decir que Francia continuará por la senda de las últimas décadas, lo que es una buena noticia para los mercados, para la estabilidad de los grandes intereses financieros y empresariales, franceses, europeos e internacionales, y, naturalmente, para los medios de comunicación globales. Puede adelantarse que el peligro de una ruptura electoral se ha conjurado en Francia.

Pero vista con una perspectiva más amplia hay que reconocer que esta tranquilizadora victoria es al mismo tiempo engañosa. El más que probable futuro Presidente Macron representa y defiende un programa que intensifica todo eso que ha mostrado serias averías y disfunciones en los últimos treinta años a lo largo de los cuales se fraguó e incubó el malheur de Francia y desembocó en la crisis financiera global de 2008, desencadenante a su vez del grave proceso desintegrador que se vive en la Unión Europea desde entonces. ¿Qué supone esta victoria en ese contexto?

Macron será el presidente que continuará la devaluación interna, el ajuste salarial vía subempleo y precarización en la carrera hacia la competitividad. A juzgar por su programa y manifestaciones todo apunta a que él es el candidato más conforme con la actual línea germano-europea.
“Francia solo podrá influir sobre Alemania si tiene credibilidad en el plan económico y financiero”, “seremos fuertes en Europa y en el mundo, porque habremos hecho reformas”. Y el signo de esas reformas es inequívoco: forzar, un poco más, -desde luego no tanto como pretendía el programa del candidato conservador, François Fillon- lo realizado e intentado hasta ahora.

Macron quiere llevar mucho más allá la reforma laboral, a la que se opusieron el 67% de los franceses sin que la mayoría de ellos se decidieran a salir a la calle la pasada primavera. Si el hollandismo tuvo que aplicar aquella reforma eludiendo al parlamento, vía el artículo 49/3 de la Constitución, Macron adelanta que transformará el código de trabajo por decreto. Una temeridad.

Las elecciones de ayer han confirmado la recomposición del panorama político francés. Por primera vez los dos partidos que dirigieron la política francesa y se alternaron en el poder durante medio siglo, socialistas y conservadores, no han pasado a la segunda vuelta. La descomposición del Partido Socialista es manifiesta (su candidato recibió ayer el 6% de los votos) y el fracaso de Fillon (en torno al 19,7%) anuncia algo parecido en

Los Republicanos. Cualquiera de los cuatro contendientes con posibilidades ayer en liza, habría sido un presidente frágil, con un apoyo del 25% y tres cuartas partes del electorado en su contra. Los apoyos reales están en la primera vuelta, los de la segunda reflejan sobre todo impedir la victoria del otro, en este caso Le Pen. En este contexto de debilidad, Macron aparece sin partido que le respalde.

La candidatura y la victoria electoral de Macron han sido un éxito, pero ese éxito ha precisado la demolición del sistema de partidos francés. Durante treinta años esos partidos han escenificado la ilusión de una alternancia, ilusión porque en las grandes cuestiones que ahora están en crisis -el proyecto europeo y las líneas maestras de la política socio-económica- no era real. Macrón ha roto aquella apariencia: no es “ni de izquierdas, ni de derechas”, siendo las dos cosas a la vez. En esta operación, el sistema ha tirado por la borda el recurso a aquella alternancia. ¿Un último cartucho?

Vista con distancia, la situación es crítica: todo lo que en Europa está produciendo radicalización y contestación va a continuar. Eso significa que lo que ha ocurrido con el Brexit y con la victoria de Trump va a seguir avanzando en Francia. En 2002 el Frente Nacional fue derrotado por Jacques Chirac por una diferencia de 60 puntos en la segunda vuelta.

Ahora Marine Le Pen será derrotada por 20 puntos de diferencia. En estas elecciones Le Pen ha ganado un millón de votos más respecto a 2012.¿Cómo evolucionará esa distancia en los próximos años si el sistema no cambia –y no hay el menor signo de ello? Mientras se felicita por ese margen, ¿ignora Francia que baila sobre un volcán?

Y mientras tanto, el panorama no se acaba con Le Pen. Surgen otras plataformas de ruptura altermundistas como la de Jean-Luc Mélenchon (que ayer obtuvo alrededor del 19,2% de los votos, es decir más de ocho puntos más que en 2012, un incremento muy significativo). La alternativa de Mélenchon no es destructiva sino transformadora, pese al absurdo signo de igualdad que se le pone con Le Pen en los medios de comunicación globales (“populismos” de uno u otro signo), pero preocupa, seguramente, aún más que Le Pen.

Anoche había cierta decepción pero no ambiente de derrota en medios del movimiento altermundista la Francia Insumisa de Mélenchon. A partir de ahora “la izquierda” son ellos, dicen, y su perspectiva de futuro no es mala.

La izquierda francesa se ha reinventado en esta campaña. Mélenchon se negó a dar una recomendación de voto para la segunda vuelta y anunció una “consulta pública” a su movimiento.

De cara a la segunda vuelta, la victoria de Emmanuel Macron reviste aspecto de trámite: va a recibir todo el voto del hollandismo y de la derecha. Así lo expresaron anoche el primer ministro Bernard Cazeneuve, su predecesor Manuel Valls, el candidato socialista, su rival conservador, François Fillon, las personalidades de su partido, Los Republicanos (Laurent Wauzquiez, François Baroin, Christian Estrosi), en definitiva el grueso de la clase política. François Hollande lo hará en los próximos días.

Al lado de eso, el Frente Nacional solo recibirá algunos votos de la derecha enfadada: “aquellos que tienen la sensación de que les han robado las elecciones”, dijo el vicepresidente del Frente Nacional, Florian Philippot, refiriéndose al escándalo del Penélopegate que en enero acabó con el indiscutible liderato de Fillon en esta carrera y que muchos de sus electores consideran una jugarreta planificada.

Ante 3000 seguidores centenares de periodistas, Macron, el joven brillante de 39 años que hace tres era un perfecto desconocido para los franceses, celebró su victoria. Saludó a sus diez contrincantes y agradeció al socialista Hamon y al conservador Fillon por pedir el voto para él el 7 de mayo.

“En un año hemos cambiado el rostro de la vida política francesa”, dijo. Beneficiado por el escándalo de Fillon, Macron ha mantenido una campaña políticamente hueca en la que él ha sido el principal producto y mensaje. Pero ha funcionado. La República se ha tragado el producto. Una gran cuestión. Anoche Macron negó que su movimiento sea un lobby ni una burbuja. “Quiero unir a los franceses”, dijo apelando a la “exigencia del optimismo y a la esperanza para nuestro país y para Europa”. “Quiero ser el presidente de los patriotas ante la amenaza de los nacionalistas”, siguió. “Refundar Europa”, “relanzar la construcción europea”, insistió.

La correlación de fuerzas en Francia se mide sobre el eje de la soberanía nacional. Los franceses están descontentos sobre todo porque la vida de la mayoría se degrada y porque su república no puede hacer nada contra eso. Todo lo que cuenta en cuanto a decisiones queda fuera del alcance de su voto y soberanía nacional.

El euro impide ajustes y devaluaciones, los ministerios de economía son meros ejecutores de directivas decididas en la UE, la OMC, el FMI. El derecho europeo tiene mayor rango que el nacional, pese a carecer de un fundamento democrático: es legal, pero no legítimo. La política exterior y de defensa viene encuadrada por una estrategia (americana) organizada a través de la OTAN que es no solo exterior a la nación, sino a la propia UE.

Y encima, toda esa desposesión ha sido santificada, blindada en normas y tratados para hacerla irreversible.

Esa situación hay que contrastarla con la correlación de fuerzas que han evidenciado estas elecciones: 8 de los 11 candidatos que concurrieron ayer son más soberanistas que mundialistas. El voto sumado de todos ellos supera el 50% de lo expresado y el malestar por la desposesión de Francia va aún más allá. La posición de Emmanuel Macron, el más claro representante de la Francia en la globalización, es, por tanto, extremadamente frágil y engañosa. Su victoria parece un último cartucho. Quizá sea el último recurso antes de la erupción.


Tomado de: socialismo21

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Deseos y Creencias

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com

Dime en qué crees y qué deseas y te diré quién eres. Base de toda sociedad son los sistemas de creencias y de deseos. Por eso es bien pertinente hablar de los asuntos de mi barrio, de mi ciudad, de mi país, todos ellos son mis asuntos, me atraviesan todo el cuerpo.  Mi país y los terratenientes, la dirigencia y sus métodos violentos de hacer riqueza, su recursividad para hacer morir, echan mano de la motosierra y descuartizan campesinos, ciegan vidas y aterrorizan a los demás, así se vuelven amos y señores. Mi país está acostumbrado a la violencia de la bayoneta, del machete, del fusil, de la violencia física para saldar cuentas. De tanto pasar y pasar, como siempre, las cosas se nos vuelven comunes, cosas de todo día.

Recuerdo que en la década de 1980 se desató una guerra irregular de las fuerzas para estatales, paramilitares contra todo aquello que oliera a izquierda, el foco de atención fue el entonces partido político Unión Patriótica, cuyos líderes y militantes fueron exterminados, el partido entero fue masacrado, más de seis mil militantes asesinados. Y así fue abriéndose campo militar y legal los escuadrones de la muerte o mejor aún, la dirigencia colombiano tuvo éxito en la combinación de las formas de lucha, por un lado puso trabas en la vida civil a los hombres de sensibilidad social, los cuales eran tildados de comunistas por el solo hecho de tener una preocupación por el bienestar de los pobres, un ejemplo fue el médico higienista Héctor Abad Gómez, acribillado por tener estas ideas. Pero los escuadrones de la muerte también entraban armados de plomo a disparar, a enfrentar a las guerrillas urbanas, o a matar a civiles considerados auxiliadores de la subversión.

Bueno, son cosas que pasaron en mi país, cosas que pasan. En la vida actual el pensamiento y las fuerzas paramilitares siguen tan vigentes como decir que las costumbres son largas, de larga duración, que la violencia se nos enseñó hace siglos, que ella nos fluye en nuestro cuerpo, que ella mediatiza para resolver las diferencias de la vida cotidiana, según las estadísticas, más del 45% de la violencia la ponen en la alcoba familiar, la demás es de fusil, de los escuadrones de la muerte, paramilitares, guerrillas, bandas criminales, como se quieran llamar, todas ellas van detrás de disputas de las Rentas Ilegales, lo que la dirigencia les permite, pues entre bomberos no se pisan la manguera. Sí, las cosas pasan, dicen también las encuestas que las listas para las legislaturas que se avecinan, más del 35% representan el paramilitarismo.

Pero bueno, todo pasa y pasa, y en mí pasa una valoración personal de Justicia y Reparación. Ese nefasto capítulo del paramilitarismo sigue dando miserables batallas, pero también existen quienes lo enfrenten. Conozco a una persona que su padre fue asesinado por ser de la Unión Patriótica y que la vida lo ha llevado a develar esas fuerzas de muerte, es el candidato al senado Iván Cepeda. Y aunque no sea la Unión Patriótica quien lo avale, como persona ha mostrado que las pequeñas luchas pueden darse. Este partido ha recobrado su personería jurídica, una forma de hacer una reparación colectiva a quienes tanta muerte se les causó. Esperemos que estas pequeñas batallas equilibren esos grandes poderes que amenazan con aplastar las diferencias, los pequeños asomos de la diversidad democrática.


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