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Nueva Paideia

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica

Pienso en estos días de pandemia y en la parálisis educativa. Pienso en esas contradicciones que acontecen en la educación pública de los sectores más vulnerables. No hablaré de lo felices que estarán unos y otros del sistema educativo al no estar en clases, en evitar el aburrimiento y el vandalismo escolar, los bostezos de unos y la dictadura de clases de los otros. De seguro los perezosos están muy cómodos con la Cuarentena, de muchos males, el menos peor, dirán ellos, aunque todos sepan que estamos de mal en peor.

Quiero eso sí, recalcar en ese fracaso en el que se hunde la escuela arrastrando consigo a los más débiles, hablo de los estudiantes y de su único salvavidas como lo es la educación que los puede poner a soñar con un mejor amanecer, ganando competencias y quizá estimulando su capacidad inventiva que los puede llevar a liberarse de la dura vida que amenaza con arrastrárselos al bajo mundo.

Pero de ¿cuál escuela se habla? No la del orden disciplinario de aprestamiento para el mundo fabril, en sacar los obreros baratos, que como bien se dice, ese es un mundo ya perimido, ya ido, el nuestro, el de hoy es el robótico, el automatizado, es el mundo en el que las máquinas hacen la mayoría de las cosas por nosotros, allá en la fábrica, en la casa, en todo lado vemos lo robotizado, sólo unos cuantos operarios barrigones necesarios que apreten éste o aquel botón.

Entonces viene la necesaria pregunta ¿Para qué formar brazos fabriles si ya no son necesarios? O mejor la interrogación propositiva: ¿Qué Paideia formular en esta nueva sociedad? Dos alternativas vislumbradas por los expertos refieren la Formación para la Ciudadanía una, otra para la Vida. Y claro, por supuesto, ello incluye pensar el mundo, el planeta como un todo, sin dar rodeos el asunto a pensar es cómo Distribuir los ingresos, las riquezas generadas por esta, nuestra humanidad, por sus avances todos que son patrimonio de toda esta colectividad de humanos y los que no lo son, seres vivos y no vivos, porque hay que pensar en clave de Antropoceno, todos somos un todo interdependiente que debe comportarse de manera Sostenible, esto es, en uso racional de los recursos para que la vida no se vea comprometida, la de los débiles en primer lugar, luego la nuestra misma, la de estos humanos que nos hemos dado de egocéntricos despiadados.

Sí, la discusión es por qué tipo de educación definirnos, si por ese civitas de la ciudad educadora, todo educa con un ciudadano comprometido de manera responsable. Volviendo a estos momentos desatados por la pandemia de nuestro Covid, recordemos que somos el noventa por ciento de bacterias, el diez restante tan sólo comporta factores humanos, estamos, decimos, abogados a sacar lo mejor de las crisis. Al menos que esto nos sirva para poner de relieve los recursos virtuales que tanta oferta alternativa tienen, incluso en clave de nuevo modelo educativo, recordemos también cómo los gigantes de Amazon y Microsoft ofrecen formación en cursos cortos por competencias, los mismos cuyas certificaciones son validadas o reconocidas en todo el mundo, es decir, educación sin fronteras, y en donde los formados son los preferidos a emplear en las diversas empresas porque su eficiencia y eficacia han sido probadas, y ellos, repetimos, son gustados mucho más que quiénes pasaron cuatro o cinco años en la universidad. 

Valga una aclaración consistente en las dos empresas mencionadas, si bien son pioneras en lo alternativo educativo pero no así en el carácter gregario que requiere la nueva empresa social, que se encargará de lo distributivo para sus trabajadores, para la sociedad. Por el contrario, aquellas siguen en el modelo también agotado de lo privado que sólo beneficia a tan sólo unos pocos,  siendo su mayor ingenio a lucir: la chequera más rica del planeta. Qué desperdicio!  

Nuestro dolor expresado arriba es por temer el hundimiento aún mayor para los más vulnerados, de esa muchachada llena de vida y esperanza pero desperdiciada porque no sabemos y no tenemos nada que ofrecer más que cosas ya idas. Esperemos que esta sacudida pandémica sirva para los mejores replanteamientos de una nueva Paideia.


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Buen viento y buena mar

Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Buen viento y buena mar. Todos quieren llegar a buen puerto, todos lo desean afanosamente. La educación es similar a un barco, unos que guían y los demás confían su suerte al capitán. Es cierto, en la definición de nuestro camino precisamos de un guía competente que sepa orientar, que no vaya a desviarnos, confiamos de su buen equipamiento y de su brújula bien calibrada. Y decimos desviarnos en su conjugación posesiva porque cada quien descubrirá su propio camino, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar,” esa responsabilidad sólo es de cada quién y de nadie más, el guía o pedagogo sólo ayuda, acompaña, y ese es el sentido etimológico del término pedagogía, un viaje en compañía.

Se precisa entonces del buen capitán y con él sus coequiperos para que conduzcan a buen puerto. Y llevado esto a la enseñanza la cuestión es similar, no cambia. Ese líder que conduce la educación deberá tener ante todo buen conocimiento, buena competencia y buen gusto por su profesión, que ame el enseñar, que guste de la gente, que aprecie vivir en comunidad, en la común unidad, que no sea egoísta ni anquilosado, que guste del compartir, que entienda el ser social que nos define y cuyo centro allí en el claustro es el estudiante. Y en específico se requiere de ese líder, que comprenda e imparta o mejor comparta las rutas encomendadas, y por supuesto que lleve sobre sus hombros esa carta de navegación trazada en el proyecto educativo. En suma, que comprenda y viva el mundo cambiante, que sea flexible, escuche a sus colaboradores, que siempre vea posibilidades de salir de atolladeros y no se hunda, no se ancle, no se atasque, que sea un líder hábil para vivir el conflicto de manera constructiva. De él se requiere que se reinvente permanentemente.

Esto dicho así preocupa porque pareciera que estamos arando sobre tierra poco fértil. Se constata de la mala calidad educativa y cuyos artífices responsables son precisamente los maestros, bien sea por su incompetencia o mala formación, pues se sabe que están allí muy a su pesar, su lugar era otro, pero por descarte terminaron en lugar equivocado, y son precisamente esas frustraciones con las que carga el estudiante que no tiene ni arte ni parte en esas desgracias. Recordamos con el Ministerio de Educación que el 50% de la deserción estudiantil corresponde al maltrato o bullying que hacen los maestros y los mismos estudiantes a los más vulnerables, a los más débiles, a los más excluidos. Recordamos también que el estudiante es un ser que demanda toda la atención y protección de sus maestros, y si éstos están en puerto extraviado no pueden dar de lo que no tienen. Recordemos también, para reforzar y enfatizar de la importancia de la vocación de servicio y de la comprensión de un contexto que agrede a la población infantil, que en Colombia según Medicina Legal cada 14 minutos se abusa sexualmente a un niño, y sólo de ellos se denuncia el 5 o 10%, el drama social es complejo, y con el cual debe contar la escuela, es una realidad para trabajar y no para sustraerse.

Todos queremos llegar a buen puerto. Todos deseamos buen viento y buena mar. Pero ¿Qué estamos haciendo para que así sea? Percibimos a la educación desfondada, su cuestionada calidad nos lo evidencia una y otra vez. ¿A qué se debe todo esto? ¿Hay posibilidades de remediarlo?

Preocupa mucho que el nuevo mundo de cambios tecnológicos y demandado por las competencias nuevas y diferentes a las del mundo ya ido, no está siendo aprehendidas por el cuerpo docente, ellos siguen con lo mismo a espaldas de la realidad, siguen formando ascensoristas, carteros todas estas profesiones desaparecidas y las que aún están apunto de estarlo. Ellos, los profes, sólo padecen lo que se avecina y parece no preocupar mucho mientras la paga no falte, los estudiantes sí que pagan el precio cuando chocan con esa realidad, cuando lo aprendido en la escuela no sirve en ese mundo real cambiante y en constante transformación que por lo demás no los perdona y los excluye por incompetentes, por no tener las habilidades necesarias para el desempeño requerido, nos referimos a los jóvenes claro está, que no están recibiendo lo que debería enseñarse. ¿Qué ciudadano se requiere hoy día? Pregunta aún sin responder. Diógenes repercute una vez más en la búsqueda a plena luz del día de ese hombre nuevo. Nuestra paradoja: No podemos vivir sin las tecnologías pero ellas no pueden vivir sin nosotros. Ellas, las tecnologías, están para hacernos más libres, para vivir más y mejor!

Referimos algunas habilidades o competencias para llegar a buen puerto. Las hay de tres tipos. Las llamadas competencias del siglo XXI que refieren a las cualidades que debe tener todo líder de nuestros tiempos modernos como de aprender a trabajar en equipo y de manera horizontal, nada de egos vanos que comanda el autoritarismo o la verticalidad, mejor construir en equipo con el convencimiento y con el conjuro de las voluntades generales.

El capitán o líder deberá albergar otras cualidades del mundo hoy virtual y necesidades de vivir en paz. El deberá, el capitán, velar por el cumplimiento del deber, que no haya fraude en la enseñanza, nada de docentes (ni de capitanes) vagos que malogran la educación de los jóvenes, del futuro de un país. Nuestro líder hará posible el sentido de comunidad, todos en clave del bien común, el estudiante es el centro de la educación, a él damos lo mejor de sí, y también por ello nos rodeamos de la comunidad tanto la educativa como la de sus alrededores, el afuera y el adentro en función de educar al hombre del mañana.

Decimos entonces lo particular de las competencias. Aprender a convivir con los demás requiere ser conscientes de lo diferentes que son los otros y por lo mismo que en esa diferencia nos enriquecemos, crecemos y nos liberamos del tedio de la amenaza de ser iguales, de la aburrición de ser lo mismo, lo otro diferente nos abre las posibilidades de mundos desconocidos. Requerimos entonces de vivir en la diferencia y cuando la dificultad advenga, se precisa de manejar las emociones, de aquellas que nublan la razón. Por ello viene a bien echar mano de la argumentación, puedo expresar puntos de visto incluso diferentes a los de los otros sin necesidad de violentar o pelearnos. Argumentar y comunicar para habilitar en la diferencia que nos caracteriza y los libera de lo mismo que resulta aburrido.

Ha de suponerse, como lo creemos, que el mundo hoy nos facilita vivir mejor, las tecnologías nos acerca lo lejano requerido, y entonces por qué los capitanes, muchos de ellos, se resisten, no la gestionan, no lo incluyen en sus urgencias pedagógicas y privan a sus chicos de conocerlas. Es un acto irresponsable y poco ético que desdice de sus funciones. Fuente de inspiración para estas líneas fueron el decreto 1075, y las cartillas reglamentarias que enseñan las competencias ciudadanas y las de las nuevas tecnologías, y por supuesto, las que tienen que ver con los liderazgos modernos.

Que el deseo de llegar a buen puerto no cese, pero en especial no olvidemos exigir que haya buen capitán y coequiperos, que sean competentes para no naufragar.


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Educación Anacrónica

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/


Si trajéramos en nuestros días a un médico o un ingeniero de siglos pasados y los pusiéramos a cada uno en sus puestos de trabajo del mundo actual, aquel en el quirófano a éste en la fábrica, se tendría que no sabrían qué hacer, su mundo y sus saberes son ya del pasado, otros instrumentos, otras prácticas hacen sus profesiones, sus cambios han sido totales. Pero si se hace el mismo procedimiento con los profesores de siglos XVI, XVII, XVIII, por poner tan sólo un ejemplo, al ser puestos en un aula actual con estudiantes, la sorpresa sería que su desempeño sería igual o mejor que la de un docente actual. Se desprende que el mundo para la pedagogía, para la educación no ha cambiado en nada, está a espaldas de las grandes transformaciones, uno de ellos es la virtualidad que posibilita la internet y su gran cúmulo de saberes al alcance de todos. Sabido es que ciertos cambios, ciertas transformaciones, ciertas revoluciones toman su tiempo para ser asimilados en la sociedad, un fuerza inercial la mantiene inmutable.

Mientras tanto el pesado aparato educativo contrasta con la levedad y la gran energía de la juventud, unos cuántos rebeldes logran desafiar sus lógicas y se marchan a sus casas o a sus talleres para dar rienda suelta al mundo de la invención: sucedió con los creadores de Facebook y la internet, entre otros. Nuestras instituciones educativas están de espaldas a las nuevas realidades, hoy vivimos más los saberes desde las nueves las redes sociales, consumimos y compartimos desde un dispositivo móvil o tablet grandes cantidades de información almacenadas en la internet, mientras que en rezago los demagogos siguen construyendo grandes y pesadas edificaciones escolares para un saber que ya se comparte y se distribuye por aquellos medios sin la necesidad del cuerpo presente. Insistimos ya no requerimos de grandes moles de cementos, de grandes instituciones educativas, el cuerpo hace presencia en todas partes desde su virtualidad. El filósofo Serres recordaba el reclamo de sus estudiantes de la universidad de Stanford porque se sentían estafados en grandes sumas de dinero pagando un saber de un profesor que estaba más y mejor en la gran enciclopedia de la internet. 

El maestro sigue repitiendo saberes obsoletos que se encuentran mejor y más completos en nuestro gran cerebro virtual. Su drama está en que compite en desventaja con estos medios masivos de transporte de información, la televisión y las tecnologías de la computación. La educación tradicional está reventada. En su interior reina el descreimiento, los llamados directivos carecen de nuevas competencias pedagógicas, sólo los asiste el sueño del parásito burócrata: devengar salarios altos hasta alcanzar pensionarse. Cómo buen parásito todo lo consume y no da nada a cambio, los jóvenes están a la deriva.

Por fortuna los jóvenes tienen este nuevo mundo virtual abierto, paralelas a la institución educativas, algunas empresas lideran nuevas formas de enseñanza, aprovechan aquel mundo y avanzan en nuevas formas de enseñanza, las llamadas rutas de emprendimiento o parques que hacen la veces de museos interactivas en campos del cosmos, acuático, etc. Vale también mencionar toda la oferta online de cursos y estudios formales. El mundo ha cambiado desde hace rato, el aparato educativo se resiste ¿hasta dónde la dirigencia va estar en contravía?



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Cabezas Bien Puestas

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com

Lo diferente en la educación, los cambios de los que tanto se habla y de los que están aún por verse. Sea lo primero, lo que se llama educación tradicional está siendo forzada por la internet y su apropiación por parte de los jóvenes. Los chicos viven pegados a las redes sociales, aburridos en las aulas con sus profes y sus clases consideradas monótonas. Los jóvenes están en la inmediatez de la virtualidad, su gran mayoría la aprovecha para las tonterías de las redes sociales, mientras que el maestro sigue ajeno, analfabeto, de espaldas a esta gran revolución, atrapado en el viejo modelo educativo de la repetición, de la vieja sabiduría que tenía en alta estima la memorización. 

Dos mundos divorciados, no se encuentran por ningún lado. Un maestro aferrado a un viejo saber arrebatado por la virtualidad que aloja todos contenidos en el cerebro artificial, en la nube, dispuestos y libres a cualquier hora y por quien quiera consultarlos. Los hombres de todas las Naciones sin discriminación alguna pueden acceder.

La educación no tradicional ha de romper con el modelo pedagógico en el cual los docentes eran sabios, enciclopedias andantes que recitaban y repetían a diestra y siniestra los contenidos memorizados, mientras más saber  embutido en sus cabezas, más descrestaban. Hoy por el contrario vale más una cabeza bien puesta que bien llena. Quién rompió este modelo fue la internet al posibilitar el acceso a un mar de saberes, dispuestos en la red a quien quiera acceder sin distinción alguna. Con esta revolución informática la repetición de contenidos se hizo cosa del pasado, obsoleta y a cambio cobró importancia el saber usarlos, ser buen navegante, inteligente internauta, siendo la misión esencial analizar y construir con base en la mar de conocimientos virtuales.

Libre el profesor de la repetición, el estudiante lo requiere para que lo sumerja en una buena navegación. Desde luego, las aulas deberán ser flexibles en disponer la conectividad en cualquier lugar para enseñar no al sólo consumir sino avanzar en el producir, trascender la tontería en la que se vive permanente en las redes sociales. Ejemplo para la producción es la demanda de aplicaciones cada vez en aumento requeridas por miles de empresas.

Se diferencia a las clases bajas como a las que más padecen los coletazos de estos cambios. El contexto en el cual viven los muchachos, se distingue porque tienen poco de dónde beber, de dónde soñar e inspirarse. En sus barrios la escasez golpea fuerte, hogares disfuncionales, madres muy jóvenes con dos o tres hijos de padres diferentes, viviendas improvisadas, casuchas, tugurios pegados unos a otros, apenas unas escalas por donde acceder loma arriba, en cada hogar muelen música a todo reventar como si estuvieran compitiendo por estallar tímpanos. 

Y los fines de semana se amenizan con el licor que calienta los ánimos de alguna fémina y enfurece a celosos maridos, entonces vienen las grescas a machete. Los padres sin empleo sin otra opción que la del rebusque, algunos enganchados en el mundo criminal. En suma, un ambiente poco favorable para responder a los parámetros de una educación con calidad. Los pobres se hunden cada vez más en la pobreza y los ricos cada vez más en la riqueza, es la inequidad. La educación, pero con una cabeza bien puesta, será condición de posibilidad para cerrar las brechas sociales.


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