Sebastián


Un caso, una noticia que nos llama la atención. Es un joven de 23 años, a los once recibió su primer balazo estando en una esquina de un barrio de la ciudad de Medellín. Pero su calvario comenzó cuando se evade de su casa por cárcel. Iba de fiestón en moto y en uno de los trayectos la Policía  los requiere pero dados los antecedentes, emprenden la huída. Para resumir, unos disparos dejan cuadrapléjico al joven. La noticia refiere que está pudriéndose en la cárcel, está tirado en el suelo con su carne, con su piel descomponiéndose, sus compañeros de cárcel le hacen bulling por sus malos olores. el desgraciado joven está pidiendo la eutanasia, tampoco se le ha concedido. A sus dos desgracias le suma otra, Estar viviendo su propio infierno en vida. Pero la humillación más vergonzosa es estar tirado en el suelo, sin poder pararse, pues sabemos que estar de pié y en movimiento es el acto de poder, de fuerza que un viviente pueda tener.Y más allá de toda esta casuística puede verse el ejercicio de Poder sobre el cuerpo que hacen los regímenes de control y vigilancia, y mucho antes está el consumo de vidas del aparato criminal sin que siquiera se note. Acá el registro noticioso del periódico El Colombiano del 6 Octubre 2022.

Sebastián tiene 23 años y pide la eutanasia porque está enfermo y “pudriéndose” en la cárcel

Sebastián sufre dolores insoportables y está recluido en Bellavista. Su propio padre le ayuda a pedir una muerte digna.

El sobre de manila bajo el brazo, sostenido entre el codo y las costillas. Hernando López llegó antes de las 9:00 en punto: los tenis Adidas limpios, el pantalón gris de pana bien planchado. Los dedos, inquietos, recorriendo el sobre una y otra vez. La mirada inquieta, imprecisa, que se pasea por la fachada azul y blanca de la cárcel. Porta una noticia que no quisiera dar, que le estremece. Dentro del sobre lleva la carta en la que su hijo renuncia a la vida, en la que pide la muerte, redactada hace apenas unas horas.

Con cuidado, como si se tratara de algo muy frágil, Hernando saca la carta, un documento de una página y un párrafo. Y entonces, fuera de la cárcel Bellavista, narra la historia de Sebastián, su hijo de 23 años que está preso y pidiendo que se le aplique la eutanasia. Ha venido como mensajero de un mensaje que no quiere dar, pero que se ha resignado a entregar.

Sebastián tiene 23 años y pide la eutanasia porque está enfermo y “pudriéndose” en la cárcel

La vida de Sebastián se torció el 10 de octubre de 2021. Para entonces estaba bajo arresto domiciliario por hurto. Desobedeciendo la medida, salió de su casa con un amigo. Se fue de fiesta, tomó licor y pastillas. A la 10:00 de la mañana, cuando él y su amigo iban en una moto, recibieron la señal de alto de dos agentes de policía. Sabiendo que estaba fugado, hizo caso omiso y entonces comenzó una persecución que terminó en una balacera.

Sebastián recibió tres disparos en la espalda. Entonces fue socorrido y llevado hasta la unidad intermedia de San Javier, donde le dijeron que había quedado inválido. Lo remitieron al Pablo Tobón, allí le hicieron la primera cirugía de las cuatro que lleva. Desde entonces, dice su padre, la vida se le ha venido a menos.

En la carta, que saca Hernando del sobre, Sebastián dice que se está “pudriendo en vida”. Relata que luego de la primera cirugía lo llevaron a la estación de policía de Belencito Corazón, donde pasó tres meses tendido en el suelo del baño, soportando que los demás reclusos pasaran por encima suyo para “hacer sus necesidades”. Fue entonces cuando comenzó a pudrirse: “Allí mi cuerpo se empezó a podrir dado el estado de estar en el suelo y en ese lugar”. Con las heridas infectadas, a Sebastián lo operaron la segunda vez y le realizaron una colostomía.

La narración continúa con el traslado a Bellavista, donde las condiciones mejoraron “un poco”. En el patio 12 del penal, sin embargo, cuenta que sus heridas se siguieron “pudriendo hasta llegar al hueso”. Entonces “los dolores se hicieron insoportables”. Aunque ha recibido atención médica, Sebastián siente que ya no tiene esperanza, que sus heridas lo seguirán atormentando.

En un tono ya de derrota, confiesa que ha cometido un error, que ha pagado el escarmiento por él y que no merece tanto sufrimiento. “Debido a esto pido me sea aplicada la eutanasia (...) Deseo la muerte. Pues muerto en vida ya estoy. Muchas gracias por la atención prestada”, concluye la misiva.

Además de la carta, que sostiene con los dedos inquietos, Hernando muestra unas fotos de las heridas de Sebastián. Es imposible verlas y no estremecerse. En una de las imágenes se ve al muchacho en una colchoneta, bocabajo, con las heridas abiertas causadas por las balas, que van desde el ano hasta la espalda. “Los demás reclusos le hacen bullying porque huele maluco, porque huele a carne podrida. No soporta los dolores y eso no es digno para ningún ser humano, sea cual sea el error que haya cometido”, dice el padre.

Con el sobre siempre bajo el brazo, Hernando entra al penal. En la ventanilla lo atiende un dragoneante afable, paciente, que llama a la dirección. “Estoy aquí para radicar la carta de mi hijo, que está enfermo y está pidiendo la eutanasia”, dice el padre, sin más. El dragoneante replica lo que Hernando ha dicho. Del otro lado del teléfono se le indica que vaya hasta otra ventanilla para que radique el documento. Así lo hace.


Con las manos vacías, pero con el deber cumplido, Hernando sale de Bellavista. Ahora debe volver al barrio 20 de julio, de la comuna 13, donde tiene un taller de muebles. En los tiempos más temidos de ese barrio, recuerda el padre, Sebastián tuvo el primer encuentro con la desgracia. Tenía 11 años y estaba en la calle, jugando, cuando una bala perdida le destrozó la mandíbula. Sin exculparlo, tratando de entenderlo, dice que eso fue lo que llevó a su hijo a las drogas y luego a los errores que cometió.


Desde EL COLOMBIANO tratamos de comunicarnos con la dirección de Bellavista para tener una respuesta oficial sobre la atención del recluso. Indicaron que la directora, Rosalba Valencia, está de vacaciones. Intentamos hablar con el encargado, Celino Rivera, pero no hubo respuesta.


La queja del padre es que en la cárcel no hay cómo darle una vida digna a Sebastián. Por eso, con el dolor que eso implica, se prestó para llevar la carta en que solicita lo que nunca habría deseado, lo que vagamente puede ser explicado con palabras.



CONTEXTO DE LA NOTICIA

PARA SABER MÁS EL CASO TENDRÁ QUE SER EVALUADO

El caso de Sebastián tendrá que ser evaluado por un comité médico, bien sea de una EPS o una clínica. Camila Jaramillo, investigadora de DescLab, entidad que acompaña casos de eutanasia y suicidio médicamente asistido, indica que uno de los requerimientos para acceder a la eutanasia es que el paciente haya recibido tratamiento a su dolencia sin éxito. “Lo que no podemos permitir es que estén acudiendo al procedimiento por falta de atención. En la cárcel en que está deben brindarle la atención que merece y él debe estar completamente decidido”, comentó la experta. Es decir, pedir la eutanasia no puede ser un mecanismo para llamar la atención sobre una falencia del sistema de salud. “El consentimiento tiene que darse después de que considera indigno vivir de la manera en que está viviendo”, agrega Jaramillo. La familia de Sebastián dice que cumple los requisitos.

Fuente de la noticia:

Link https://www.google.com/amp/s/www.elcolombiano.com/amp/antioquia/tiene-23-anos-y-pide-la-eutanasia-porque-se-esta-pudriendo-en-la-carcel-MH18798949



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El Mundo Biológico y Simbólico

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritca


Las capas, incluso los estratos son una buena imagen para explicar las partes que componen nuestra sociedad. El hombre que habla, que gesticula, las instituciones que crea, los saberes en los que enfatiza, las prácticas cotidianas, todo ello nos develan en ese diverso mundo biológico y simbólico que somos. Todo esto también nos recuerda la parte y el todo de los seres vivientes. Esa palabra Hombre que enuncia a la especie humana no escapa a los designios biológicos (el cerebro es glándula para sobrevivir)

ni a las capas simbólicas y sociales. Pero también esto nos ha enseñado que no somos el centro del universo, simplemente somos un viviente más con una capacidad enorme de construir herramientas, de expresarse por medio de gestos técnicos. Coevolución se le llama a este proceso binario que comporta lo biológico y el gesto técnico humano. Excavar cada una de estas capas es toda una arqueología del saber enseñada por Michel Foucault. En fin, este proceso complejo es el que hace desvanecerse al hombre como una criatura más en este vasto mundo del reino animal.


Esa particularidad de simbolizar, de conceptualizar el mundo es también la capacidad de saberse finito, de saberse que viene de la nada y a ella volverá, a la muerte que es de todos. Todo es del gusano. Pero mientras se permanece con vida, la lucha por la sobrevivencia es el comando biológico el que impera (La vida son el conjunto de fuerzas que resisten a la muerte definió Bichat en 1800). Todos esos comportamientos estarán enmarcados en ese determinismo biológico. No existe gesto ingenuo, todo habla, todo nos delata, hablamos con la punta de los dedos cuando nuestra boca calla. Los mundos descritos por Kafka nos recuerdan esas capas, esos estratos simbólicos pero por supuesto biológicos que nos comandan, es esa sociedad de control o vigilancia que responde a la sobrevivencia.


El autor Sibony nos ahonda en esta capa simbólica que son los gestos mediáticos "los media están en el corazón de lo que releva - y precisamente mediatiza - la palabra social. (...) como su nombre lo indica; medium es medio, muy mediano; es decir que todo valor que por allí pasa está cortado por la mitad, sin que forzosamente haya ni tontería ni mala leche; solamente una técnica, que no vende valores sino que valoriza lo que vende..."


Esta aseveración puede entenderse con el ejemplo que trae en su libro en el que diferencia el éxito de los imbéciles frente a los inteligentes. Cuenta Sibony de la experiencia exitosa de un escritor mediocre, la explicación está en la capa de gestos que circula en los mass media en la que la banalidad es norma y en la cual el autor tan sólo es figura que opera como una correa de transmisión de lo que la máquina mediática echa a rodar. La anécdota hace notar que el escritor mediocre tiene por amante a una exitosa periodista, circunstancia ésta que da valor agregado al sujeto y que con humor hace notar Sibony de la ventaja de quién tiene por amante a esta mujer frente a otras de otras profesiones como por ejemplo de una enfermera. 


Importa hacer notar es el ecosistema en el que se desenvuelve la simbólica, los mass media, tienen códigos comunes que echan una y otra vez a circular en el plató, y éstos a su vez ruedan a los largo y ancho de la banda de los medios de comunicación para ser emulados en cada espacio que disponga del transmisor. Estos ecosistemas son los mismos que en nuestra época promueven estilos de vida, productos bajo el marketing, al punto de decirse que lo que no circule por esos medios es como si no existiera, muy perceptible con los políticos, los cuales tienen que asegurarse de vez en vez de aparecer en pantalla.


Otro ejemplo de cómo la capa del lenguaje sirve para defender la sobrevivencia, que muestra que por más que se diga lo que se diga, todo está envuelto en una capa de lenguaje que protege, que busca proteger la subsistencia, es el que compete a la alcoba familiar, a las familias colombianas que instrumentalizan las instituciones que velan por restablecer los derechos de los más vulnerables. El ejemplo es simple, cualquier miembro de la familia, en especial mujeres, niños y adolescentes que requieran ser protegidos en alimentación y vivienda, sólo aceptan medidas blandengues, que cuiden de no mandar a agresor a la cárcel o alejado de la vivienda familiar, en suma, lo que busca la víctima es no comprometer la subsistencia, no importa que se tenga que dormir con el enemigo, mejor eso que no tener pan en la mesa. Esto puede sonar cruel, pero allí se denota la emergencia de esa capa del lenguaje que habla por la sobrevivencia.


En suma, la comunicación, los mass media tienen sus ecosistemas que le dan vida y los refuerzan para esta aventura de la sobrevivencia. Los contenidos encuentran sus canales de difusión que no son más que una política agresiva de mercadeo, de cómo vender un producto a unos consumidores potenciales o segmentados. La pregunta pertinente es ¿qué tanto estamos sumergidos en los ecosistemas simbólicos, en las comunidades de sentido? es clave para comprender sus lógicas de funcionamiento. Deleuze habla de flujos, devenires y allí podemos encontrar a la mala hierba que se abre paso por los bordes. Recordemos también que la comunicación pasa por las comunidades de sentido, si no existen intereses comunes es difícil permanecer en colectividades.


Vamos por el mundo y cada tanto damos cuerda al reloj de la vida mientras pasa el tiempo. Mientras tanto, también vamos consumiendo esto y aquello que creemos dan sentido a nuestras vidas, la mercadotecnia nos convencerá a fuerza de repetición que este producto es mejor que el de su competencia. Acá recuerdo a Michel Serres en su artículo Drogas, usted y yo necesitamos aliviar está angustia de la existencia. Y para ello nos alineamos bien sea con drogas mortales o con otras que no los son tanto, como el trabajo, en todo caso que pueden resultar creativas, edificantes.




Pero bello el flujo de la palabra creativa, de los creadores que rompen con lo aburrido que se nos impone en lo mediático.


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Motivación

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritca

Motivación viene del latín motivus que quiere decir movimiento y motus movido  como lo hace el motor. El planeta tierra y el universo entero están en constante movimiento. Por lo demás, se define al ser humano por el movimiento al punto que su antítesis significa muerte, estar quietos y aislados es perder la vida. Quien no se mueve se tulle. Algunos sostendrán que la verdadera muerte no es el olvido sino la inmovilidad, perder el movimiento, la motivación. Se pierde la vida con el último suspiro, cuando todo se aquieta, todo está en silencio, al menos a simple vista porque en la descomposición, en la metamorfosis se dan paso nuevas vidas. 

Estar en sociedad implica interacciones constantes que por supuesto requieren movimientos. Estás interacciones no son más que formas de darnos a los otros, nuestros haceres son nuestra existencia misma. Por esta vía también se encuentra vecindad con el término ex-istencia, el prefijo ex significa hacia afuera, que no es más que ponerse afuera, somos seres del afuera, del exterior, tenemos necesidad de vaciar nuestro interior, ese algo que tenemos por dentro y que necesitamos expulsarlo. Es una preferencia por el vacío, no tenemos alas pero no nos da miedo caer. Hoy somos internautas, viajamos por las nubes de la internet. Nuestra particularidad humana es la capacidad de producir signos, conceptos, herramientas. De ello da cuenta los estudios disciplinares de la historia y filosofía de los medios técnicos o el estudio de las ciencias del espíritu, registro de esa materia humana exteriorizada por el vasto mundo.


Se dice con cierta frecuencia dar sentido a la vida, a la existencia cuando se encuentra algo a satisfacción por hacer, el mismo Francois Dagognet pone el trabajo más allá de la principialística del derecho al trabajo para ubicarlo en la razón ontológica, el trabajo define a la existencia por esa misma razón expuesta, existir es exteriorizarse y por eso las herramientas, las técnicas nos definen en tanto nos expresan, es una arqueología de los medios técnicos.


Y es así como el hombre se refleja en las cosas que produce. A nuestra manera de ver tenemos grandes acontecimientos: el descubrimiento del fuego que permitió pasar de lo crudo a lo cocido, el silex y sus derivadas herramientas, la agricultura y la posibilidad del sedentarismo (no moverse tanto a campo abierto como en la itinerancia), la imprenta y la difusión masiva del conocimiento.  En la actualidad los sistemas de cómputo y el internet facilitan la proximidad e inmediatez. En este último las dimensiones son enormes al punto que se habla de cambios de forma en la cultura humana, en especial en esa necesidad vital de la exteriorización, necesidad de expresarnos, de reafirmarnos en el afuera que de rebote retroalimenta la frágil existencia. En nuestros días los cambios culturales pueden constatarse con el uso de los smartphone en nuestros jóvenes, pasan su mayor tiempo mirando sus pantallas y poco o nada hablan, antes de la imprenta se dijo eran sociedades de la oralidad, después de la escritura, hoy la internet, con la navegación estamos ante otro registro de la información inmediata en el planeta.  


Del filósofo Jean Claun Beaune en su libro Engranajes en la traducción inédita de Luis Alfonso Paláu, resaltamos unos aspectos críticos de este desarrollo técnico de la humanidad. Por ejemplo, pese a que todo esté al alcance de un clik por nuestros pulgares, toda la información disponible no nos hace ni mejores ni peores, pero sí más susceptibles de ser manipulables. Los códigos genéticos e informáticos descifran,  develan en el más mínimo secreto, las sociedades de control o de vigilancia tecnológica es una versión de pérdida de privacidad. Esto se vuelve más crítico toda vez que entregamos nuestra voluntad de decidir al gran cerebro de la red. Beaune nos habla de la "mega-industria de las telecomunicaciones representa actualmente más del 50% de la industria mundial y simula sin remordimientos sistemas neo-capitalistas, reconvertidos en un bazar." Pág 41.  Esta mega exposición es otra forma de decir exteriorización del mundo como una bazar con los intercambios de nunca parar, todo se mercantiliza, el planeta es una plaza de mercado. Recuerdo la expresión de Sócrates de regreso de la plaza de mercado: "hoy ví tantas cosas que no necesito." 


En esta época en dónde todo parece moverse, en dónde la vida estaría en pleno furor pero viene a bien una distinción de Michel Serres: existen tecnologías adelandas y atrasadas. Las adelantadas son las que nos hacen tirar el cuerpo hacia adelante como el computador que nos pone en movimiento; las atrasadas son las que nos hacen tirar el cuerpo hacia atrás como en la televisión que nos hace seres pasivos tirados o aplastados en el sofá, tan sólo consumidores de lo que nos ofrecen los mass media.


Tampoco se niega que el movimiento de la internet es también una caja de resonancia de estupideces, quién mucho habla poco escucha, quien no para de hablar no sabe dice Confucio, por sus obras los conoceréis advierte el versículo religioso, cuando las manos están ocupadas haciendo, la boca se cierra para una mejor dedicación, cabezas duras y dedos inteligentes . La eficacia simbólica es motor de la sociedad. Somos movimiento, sin movimientos, sin motivos, sin motivación nos aproximamos a la muerte.


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El neoliberalismo Descuida la Vida

Alain Supiot, entrevista realizada por Jean-Marie Durand y publicada el 31 de agosto de 2022


Tomada de: Magazine Philosophie. septiembre 2022

Traducción de Luis Alfonso Paláu C


Alain Supiot: “El neoliberalismo descuida la parte de incalculable que tiene la vida humana”

Alain Supiot, entrevista realizada por Jean-Marie Durand y publicada el 31 de agosto de 2022


Alain Supiot publicó recientemente dos libros importantes, La Justice au travail (Seuil♣♦) y Lettres à l’auteur des lettres persanes (Points♠♥), que sintetizan años de investigación sobre las derivas contemporáneas de la justicia social, encarnadas en eso que él llama la «gobernancia por los números».  Saludando la parte que de incalculable tiene la vida humana y los saberes de la experiencia, que los gobiernos contemporáneos han abandonado en provecho de la fe en el orden espontáneo del mercado y de la competencia, Supiot invita a releer a Montesquieu y a otros pensadores para reactivar la idea de una justicia mundial que repose en la cooperación entre pueblos e individuos ricos de sus diferencias, interdependientes... frente al aumento de los riesgos ecológicos, tecnológicos, sociales y sanitarios.

Sus investigaciones♦♠ han puesto de presente hasta qué punto el Estado social, invención de los países democráticos en el siglo XX, ha sido atacado desde hace cuarenta años por “la gobernancia por los números”, es decir por la fe en el orden espontáneo del mercado♥♣.  ¿Podría recordarnos los principios directores de dicha gobernancia?

Alain Supiot: Ella es el último avatar de la fe cientificista que –en sus dos variantes capitalista y comunista– ha dominado el mundo en los últimos dos siglos.  Al identificar razón y cálculo, esta fe embarcó a los hombres y a la naturaleza simplemente como objetos, vueltos administrables y manipulables a partir del descubrimiento de las leyes inmanentes que dicen regirlos.  El conocimiento de tales leyes haría progresivamente superfluo el debate político, puesto que a término habría que confiar por entero el poder a los técnicos, que intervienen «a la manera de un relojero que aceita los rodamientos de un reloj».  Esta metáfora es empleada por Friedrich Hayek, el más brillante teórico del neoliberalismo, para describir la misión de los dirigentes al servicio del «orden espontáneo del mercado».  Pero ella también hubiera podido ser utilizada por Lénin, dado que el reino del socialismo científico debía conducir a reemplazar a los hombres políticos por ingenieros.  La diferencia radica en que la planificación soviética contaba con cálculos de utilidad colectiva efectuados por una instancia «científica» centralizada (el Gosplan), mientras que el neoliberalismo cuenta con el ajuste mutuo de partículas contractuales animadas por el cálculo de su interés privado.  Diferencia cualitativa desde el punto de vista normativo, pues se pasa así del gobierno a la gobernancia, es decir a un orden espontáneo, cuyo buen funcionamiento es los «dueños de los relojes».

Antes que referirla a los números ¿qué palabra preferiría utilizar Ud. para referirse a una gobernancia justa y razonable, respetuosa de nuestros derechos?

¡Yo abandonaría completamente la «gobernancia»!  Usaría más bien gobierno, un gobierno que reanude con el sentido político de la parte incalculable de la vida humana y con los saberes de la experiencia, y que sólo un régimen realmente democrático permite tener en cuenta en su infinita diversidad.

Ud. recuerda que en Francia la justicia social se edificó sobre tres pilares que hoy son atacados: los servicios públicos, la Seguridad social y el derecho del trabajo.  Pero después de cuarenta años ¿no será que el giro neoliberal llegará al final de su ciclo?

Quien no es capaz de ponerse límites a sí mismo está condenado a encontrar por fuera de sí su límite catastrófico.  Y esto vale para los Estados o para los imperios como para los individuos.  Evidentemente que es con este límite con el que se topa el neoliberalismo, cuya característica es la de tomar por realidades las tres ficciones fundadoras del capitalistmo, las que señaló Karl Polanyi (1886-1964) en La Grande transformation (1944) <Polanyi.  La gran transformación.  Buenos Aires: Quipu editorial, 2007.  https://resistir.info/livros/la_gran_transformacion.pdf >.  Ellas consisten en tratar la tierra, el trabajo y la moneda como si fueran mercancías.  Ahora bien, estas ficciones sólo se sostienen si están respaldadas por dispositivos jurídicos (derecho del medioambiente, derecho social y derecho monetario respectivamente) que son los que protegen el tiempo largo de la vida humana de los embates del tiempo corto de los mercados.  Pero vistos a escala nacional, estos puntales jurídicos del capitalismo han sido metódicamente socavados por la globalización desde hace cuarenta años; a esto se debe la repetición y el aumento en poderío de las crisis ecológicas, sociales y financieras que sacuden periódicamente el mundo desde fines del siglo XX.

Cuando era ministro de economía, Emmanuel Macron invitó a la juventud a que se volviera multimillonaria ….  ¿Es este un signo de cinismo?  ¿O ve Ud. aquí una profunda convicción alejada del “bien-estar común”, motivo que atraviesa todo su trabajo <el de Supiot>?

Ah, no me parece que exista aquí ningún cinismo sino más bien la expresión casi ingenua de la fe de Macron en el dogma primero del catecismo económico profesado desde hace dos siglos: la conversión providencial de la codicia privada en virtud pública.  Un tal credo desacredita de entrada la «renuncia a sí-mismo, que siempre es algo que requiere esfuerzo» y la «preferencia continua del interés público al suyo propio» en el que Montesquieu veía las condiciones primarias de un régimen republicano.  Proponer el enriquecimiento como ideal a la juventud hubiera parecido repugnante a los inventores griegos de la democracia, y por entero contrario a su concepción de la paideia (παιδεία), de la educación entendida –y cito al historiador Moses Finley– especialmente como «el desarrollo de las virtudes morales, del sentido de la responsabilidad cívica, de la identificación consciente con la comunidad, sus tradiciones y sus valores».  Ahora bien, en la actualidad no es a un desarrollo de este tipo al que aspiran numerosos jóvenes, más sensibles al porvenir del planeta que al de su cuenta bancaria.  Conscientes de la sinsalida en la que nos ha metido la sobreexplotación de los hombres y de la naturaleza, ellos reanudan con los ideales de una vida frugal.  El remake presidencial de la consigna luis-filipense «¡Enriqueceos!» debe parecerles cursi, cuando no ¡irresponsable!

Ud. está invitando en su ensayo a “volver a encender las Luces”.  ¿Cuál fue la gran promesa de esa Ilustración que se trataría de reactivar hoy?

El común denominador de todas las diferentes filosofías que se encuentran en las Luces se encarna sin duda en la invitación lanzada por Kant a atreverse a pensar por uno mismo (¡Sapere aude!)  y a pasar así por la criba de la razón a todos los dogmas recibidos por una sociedad dada en un momento dado. Como lo notaron Tocqueville o Comte, esto no quiere decir que una sociedad pueda prescindir de fundamentos dogmáticos, sino que es posible siempre cuestionarlos y llegar hasta adoptar nuevos.  «Todas las veces que se ha necesitado verdaderamente actuar, así sólo fuera para destruir», escribe Auguste Comte, los pueblos «han sido llevados inevitablemente a dar una forma dogmática a ideas puramente críticas en su esencia».  Tal fue la obra de las revoluciones norteamericana o francesa, que han proclamado algunas de las «verdades evidentes por sí mismas» que continúan imponiéndosenos; por ejemplo que «los hombres nacen y no dejan de ser libres e iguales en derecho» o que «las distinciones sociales sólo pueden estar fundamentadas en la utilidad común».  Pero esta fe en la razón humana explica también por qué hubo tantas Ilustraciones con puntos de vista divergentes.  Dany-Robert Dufour ha podido establecer así la oposición entre por una parte las Luces alemanas, fundadas sobre el imperativo categórico kantiano de nunca tratar al hombre como un medio sino siempre como un fin, y por otra parte las Luces escocesas, según las cuales la búsqueda por parte de cada uno de su vicio privado era la vía para asegurar la prosperidad pública.  Heredera de la Fábula de las abejas de Mandeville, esta fe en las virtudes providenciales del egoísmo había sido criticada desde 1721 por Montesquieu que, en sus Cartas persas, le replicó con su Historia de los Trogloditas, ese pueblo imaginario, que muestra que la adopción del «cada uno para sí» conduce a la ruina.  , Podría también señalar como ejemplo el origen contractual de la sociedad, postulado por todos los otros autores de la Ilustración, pero de lo que se burla Montesquieu o Giambattista Vico, para quienes el primer lazo social es evidentemente la filiación.  O también las fuertes críticas hechas por Condorcet al establecimiento que hizo el El espíritu de las leyes de la diversidad y de la relatividad de las leyes humanas. Según Condorcet, si la razón es una, las leyes deben ser las mismas por todas partes …  En todos estos puntos, han sido las tesis de los adversarios de Montesquieu las que se han impuesto con la globalización: primacía de la competencia sobre la cooperación; contractualización de todo lazo social; uniformización del mundo.  Pero es Montesquieu quien tenía razón, y es por esto que incito a que se lo relea, para poder cuestionar la dogmática neoliberal.  Un primer paso en este sentido sería reanudar el arte de la controversia, el que –según expresión de Montesquieu– no consiste en «tirar al suelo», sino en «pensar diferentemente para llegar a pensar lo mismo».

Sus investigaciones convocan las obras de muchos filósofos clásicos (Rousseau, Montesquieu, Bergson, Weil…) pero también de autores más contemporáneos.  Según Ud. ¿qué es lo que reúne a todos esos pensadores, y cómo es que sus ideas <de ellos> en el mundo contemporáneo?

Alain Supiot: También puede mencionar a Vico, a Valéry o a Pierre Legendre, que como Montesquieu fueron primero juristas.  Pensé en volver a publicar en la edición del tricentenario de las Cartas persas el prefacio que Paul Valéry redactó en 1925.  Un texto de asombrosa inteligencia, cuya lectura debería ser aconsejada a todo espíritu deseoso de ¡comprender el fenómeno institucional!  Todos los autores que ha citado han explorado, cada uno a su manera, la naturaleza bidimensional del ser humano.  Este «animal simbólico», como lo califica Ernst Cassirer, debe poner de acuerdo las dos dimensiones en las que se despliega toda vida humana: por un lado la finitud de su vida biológica y social; y por el otro la infinitud de su universo mental.  Y esto no es asunto fácil puesto que «el mundo mental miente monumentalmente» como lo anotó un día Pierre Dac (¡un filósofo desconocido!).  Por esto ¡el pie fue el primer órgano filosófico!♦♠  Pues para sobrevivir con la cabeza en el cielo de las ideas, nuestra especie bípeda no debe dejar de tener los pies en lo real.  Excepto que vayamos a delirar, riesgo propio de los animales desnaturalizados que somos ¡y al que están expuestos particularmente los intelectuales!  El punto en común de todos los autores que hemos citado está en que cada uno a su manera, ha aclarado el asunto de la institución de la razón, algo que no es un hecho de naturaleza sino una conquista siempre frágil.  Este era el sentido profundo de la misión del institutor, que sólo es tutor el tiempo que se necesite para enseñar a sus alumnos a liberarse de toda tutela y a vivir libres y responsables.  La supresión de este título profesional es un síntoma, entre muchos otros, de la pérdida de comprensión de lo que quiere decir instituir la vida humana.  A grandes rasgos, están por un lado lo que sólo ven en el hombre un animal como cualquier otro, poseídos como están por lo que mi colega biólogo Alain Prochiantz llamó «el extraño furor de ser mono».  Y por el otro lado los que, a nombre de la arbitrariedad del signo, creen posible despedirse de lo real y escapar de toda determinación biológica…  Son posibles síntesis entre estas dos tendencias delirantes, como la que llevó a congelar el cadáver del gran Lenin a la espera del día en que los progresos de la ciencia permitieran volverlo a la vida.

Ud. dice que la justicia social sólo podrá desarrollarse por la vía de la “mundialización”, es decir por medio de solidaridades nuevas tejidas entre las naciones.  ¿Le parece que vamos por buen camino?

Las fuerzas entrópicas de la globalización continúan prevaleciendo, con su cortejo de crisis que se repiten y con furores identitarios, cuya última manifestación es el regreso de la guerra a Europa.  La globalización mercantil es el vientre fecundo de las obsesiones identitarias – no hay pues nada que escoger entre las dos.  Para escaper de esta falso dilema entre uniformización y tribalización de la humanidad, habría que tomar en efecto la vía de una verdadera mundialización que, conforme a su sentido etimológico primario, reposaría en la cooperación, y no en la competencia entre pueblos e individuos ricos de sus diferencias, pero más que nunca interdependientes ante el aumento de los riesgos ecológicos, tecnológicos, sociales y sanitarios.  Es verdad, como lo anotaba Stefan Zweig, que «cuando las banderas se despliegan, la inteligencia está en la trompeta».  Esta lúcida constatación da buena cuenta del estado actual del debate público y mediático.  Pero también puede entenderse como una invitación a no ceder ante las trompetas y a pensar el mundo tal cual es y tal cómo él podría y debería ser.  ¿No es acaso esta la primera tarea de la filosofía?

Traducido por Luis-Alfonso Paláu C., Envigado, co, septiembre 2 de 2022.


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Bípedo que Habla y Conceptualiza

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritca

Bípedo que habla y conceptualiza. La humanidad se definiría por la enorme capacidad que tiene el hombre de conceptualizar, de reflejarse así mismo en lo que hace pero también de exteriorizarse en la herramienta que lo prolonga en su hacer. Hablar es callar, es apagar, es silenciar las multiplicidades de este mundo. De los siglos por los siglos este hablantinoso será hecho de puro lenguaje y de pur cultura, es un híbrido, un complejo de naturaleza y cultura. Hemos poblado el mundo de símbolos. "El lenguaje emerge en momentos en que el homínido se encuentra ante un excelente de informaciones imposible de administrar con sus sentidos y percepciones." Logan, citado por Ollivier Dyens. El lenguaje es mandato, no comunicación, nos lo enseñó Gilles Deleuze. Quien controla la información controla el poder, sentencian los burócratas y magnates. Primero hablamos la lengua de informática y después otras lenguas. Estamos presos de Google, Amazon, Facebook, Apple. 


Las ciencias del espíritu, nuestra necesidad de vivir en grupo, de tramitar nuestra existencia por medio de rivalidades y engaños, nos embriagaron para alejarnos del mundo y sus cosas, las pobres cosas olvidadas y recordadas por Dagognet. Al menos así se lo ha creído. Esta capa artificial de lo sólo simbólico se alejará tanto de otras realidades constituyentes al punto de olvidarlas. Se erige entonces el centro y ombligo del mundo: el hombre. Pero los artificios exagerados chocan contra las composiciones químicas, biológicas, neuronales que nos hacen a todos seres vivientes de un planeta que también tiene vida… de Gaia, que habla, que nos interpela  con sus sismos, con sus huracanes, tornados. Gaia nos está enseñando que todo tiene que ver con todo, somos interacciones, somos una red de relaciones. No estamos solos pero si somos la especie que más come tierra para rebozarse de vanidad y los más depredadores exhiben una chequera regordota. 


Máquinas, técnicas y brazos humanos configuran física y espiritualmente el territorio. Las costumbres y el lenguaje son variantes en cada terruño, pero todos con nuestro cerebro tan alabado  seguimos siendo la bestia empujada por la sobrevivencia. Muéstrame tu entorno, tu caminar, tus manos, tu casa, habla, calla, gesticula y te diré a qué cultura perteneces.


En los tiempos remotos de los siglos del oscurantismo, nos gobernaba el miedo y el dolor, las religiones y filosofías eran nuestro bálsamo que apaciguaba los espíritus. Hoy somos un código genético, un algoritmo que develan nuestro piso, nuestros impulsos biológicos, que el mercado se afana por descifrar, por complacer, por satisfacer.


Mundo de la técnica éste el que vivimos, la configuración del territorio presta fuerzas humanas, del espíritu, y del territorio mismo para que el soplo de vida fluya, emerja. La vías, los aeropuertos, recuerda Dyens, los centros comerciales (en los cuales damos y damos vueltas como ratas de alcantarilla, dice Saramago, vamos de aquí para allá impulsados por la fuerza del lenguaje y de los designios biológicos que se solidarizan, ambos naturaleza y cultura, biología y lenguaje para que prevalezca el designado, el designio de la bestia más fuerte que somos tú y yo, sobrevivientes de esta aventura llamada vida.


No todo está perdido. Aquí estamos todos rebozados y opacados de información. Con nuestro cerebro flexible y nuestra capacidad para reinventarnos, el camino, recuerda Míchel Serres, es la invención.

 


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Multiplicidad de Realidades

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica
El individuo sí es divisible y más bien es una multiplicidad de sumas, un flujo de devenires. La especie humana tampoco es el ombligo del mundo ni del universo, es una realidad más entre muchas otras. No existen universales pero si particularidades, lo global es una composición de locales. Dice bien de todo esto la insuficiencia del cerebro y de nuestros cinco sentidos para captar la realidad que somos y las que nos circundan. Los sentidos logran captar 11 millones de datos pero el cerebro sólo alcanza 40 de ellos, por eso se dice que el lenguaje hablado es sólo un pedazo de la realidad. La vehemencia de sostener que la tierra seguía siendo plana y que poner los pies sobre la luna era tan sólo una conspiración más sumada a los engaños humanos. ¿Por qué un hecho reconocido como científico fue puesto en duda por un campesino que no tenía otra base de refutacion que su sola empiria? Tal inquietud empuja otra de rango filosófico o etnológico si se quiere: cada grupo humano tiene sus propios constructos, sus propias baterías de pensamiento. Un indio del amazonas tiene las competencias que le permiten sobrevivir en la selva, mientras que un hombre de ciudad en la mansalva de ese entorno, sus días estarían contados con los dedos de una sola mano. 

En el primer capítulo del libro La Condición Inhumana de Ollivier Dyens en la traducción inédita de Luis Alfonso Palau, nos habla de esa imposibilidad humana para comprender no sólo nuestra propia realidad sino las muchas realidades que nos orbitan. Al menos en nuestra tradición de la civilización homo sapiens se tomó partido por el lenguaje hablado, filtrado a través de sus cinco sentidos que ni siquiera da cuenta ni de su propia realidad ni de las otras existentes. Por ejemplo, el perro tiene más agudeza olfativa que el bípedo humano, también lo supera el águila con su visión de largo alcance, por lo demás, la gama de colores percibida es diferente en cada especie. Desconocemos nuestra propia realidad que se vive en nuestro estómago poblado del 99% de bacterias que filtran todo lo que allí llega desde nuestro paladar. Nuestro estómago en la práctica es una ciudad agitada de bacterias que trabajan día y noche para seleccionar nutrientes y enviarlos a distintos órganos, a distintas zonas de la geografía corporal. El viviente es un algoritmo tal como la inteligencia es su deriva. Vale el ejemplo de la música y poesía. Con base a programas computacionales se hacen analíticas para saber de las melodías y ritmos agradables al humano, entonces sugieren estos o aquellos cambios que encajen en los gustos humanos. "El programa de poesía de Ray Kurzweil es un ejemplo fascinante de esta mecanización, aunque también inquietante. Fundamentándose en las premisas del test de Turing, que plantea la cuestión de la inteligencia artificial... Sorprendentemente, los poemas así creados parecen verdaderos poemas. Pongamos algunos ejemplos”: “Página” (según los poemas de Wendy Dennis). Y desde luego, todo esto también comprende el gusto, la preferencia por la fabulación, por la narrativa de los hechos de este mundo. Acá el poema:


"Deslízate a lo largo de la página a través de la leona al asecho en mi alma “Imagina aquí, ahora, y canta”


Más allá de toda curiosidad, nos llama la atención nuestra limitada comprensión que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, no conocemos nuestra propia realidad y mucho menos otras múltiples que nos circundan. Por ejemplo, nuestra realidad compleja está compuesta de un código genético que nos predetermina en muchos aspectos pero también nuestra vida se modifica con la cultura, el ejercicio físico, el manejo del estrés que impide que se desaten enfermedades, en una palabra es lo que se denomina epigenética. Tampoco somos los super genios de seres vivientes, recuerda el autor en mención que nuestro cerebro es más un dispositivo para la supervivencia que un gran aparato analítico. Y con razón, las máquinas nos superan en cálculos como la súper computadora de ajedrez que ha vencido a jugadores de alto nivel. Pero no solo la máquina nos supera en rivalidad sino en protección, nacemos y morimos en medio de máquinas, el quinto o sietemesino deben su vida a las máquinas. También la alargada o retardada vida del viejo se debe a las máquinas, sí se despega del respirador o se deja de limpiar la sangre en la unidad renal simplemente muere. La invención de la píldora anticonceptiva transformó la sociedad, puso control a la mera fisiología desatando transformaciones en el mundo laboral con las mujeres en la producción, el sexo reproductivo fue estallado para devenir placer y miles de combinaciones que superarán la mera binariedad sexual de masculino - femenino. Hoy todo eso fue explotado para devenir trans sexualidades..


Si se quiere decir de otra manera, la realidad de antaño era encontrar alivio al dolor, al sufrimiento en los cuales sólo estaban los sistemas filosóficos y religiosos que enseñaban a mitigar los sufrimientos enseñando a convivir con los entonces problemas sin remedio. Hoy el valle de lágrimas corre por cuenta no de los dolores o enfermedades, sino de nuestra incapacidad de comprender estás nuevas realidades, muchas de ellas venidas del mundo de las máquinas, de la inteligencia artificial. Acá nos viene a la mente la recordación que somos seres del exterior, todo el tiempo nos estamos exteriorizando, nos salimos de nosotros mismos para volvernos hacia el afuera, nos vaciamos.


El vacío nos define bien, no de otra forma puede explicarse que sin tener alas no tememos caer. Nosotros los humanos nos exteriorizamos todo el tiempo, el puño se perfeccionó en el martillo, el correr veloz se alcanza gracias al hombre y al caballo que se agencia o concreta en el dispositivo del estribo. Otros ejemplos son los programas de inteligencia artificial que encuentran patrones o estructuras de ritmos biológicos que se traducen en gustos humanos que optan por estas o aquellas melodías al punto tal que las compañías disqueras aseguran el éxito sugiriendo cambios con base a los patrones estudiados (ejemplo citado renglones arriba). Otro ejemplo es el de la super máquina jugadora de ajedrez con capacidad de crear combinaciones que superan a la inteligencia humana. A todas estas, al humano con cerebro flexible y no especializado, no le queda de otra que ser creativos. Estamos condenados a inventar, a crear ante toda la asistencia de la inteligencia artificial.


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