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¡No estaba escrito que la ecología fuera un partido!

Bruno Latour

Sociólogo, antropólogo, filósofo y director científico del Instituto de Estudios Políticos de París, Bruno Latour es un intelectual con una mirada ácida y provocadora de la sociedad, la globalización y el medio ambiente.

Por Miguel Mora

¿Ha servido para algo el activismo ecológico? ¿Han forjado los verdes una política común? ¿Escuchan los políticos a los científicos cuando alertan sobre el cambio climático? ¿Puede la Tierra soportar más agresiones? El sociólogo, antropólogo y filósofo francés Bruno Latour (nacido en Beaune, 1947) lleva más de 20 años reflexionando sobre estos asuntos, y su pronóstico es desolador. A su juicio, la llegada de los ecologistas a la política ha sido un fracaso porque los verdes han renunciado al debate inteligente, los políticos se limitan a aplicar viejas recetas sin darse cuenta de que la revolución se ha producido ya y fue una catástrofe: ocurrió en 1947, cuando la población mundial superó el número que garantizaba el acceso a los recursos. Según Latour, es urgente poner en marcha una nueva forma de hacer ecología política, basada en una constitución que comprometa a gobernantes, científicos y ciudadanos a garantizar el futuro de la Tierra. Esta idea es una de las propuestas de su libro Políticas de la naturaleza. Por una democracia de las ciencias, publicado en Francia en 1999 y que ahora edita en español RBA.

Latour, aire de sabio despistado, recibe a El País Semanal en su caótico y enorme despacho del Instituto de Estudios Políticos de París, del que es director científico y director adjunto desde 2007.

PREGUNTA: Este libro se publicó en Francia hace ya 14 años. ¿Sigue suscribiendo lo que escribió?

RESPUESTA: Casi todo, sí. Pero las cosas no han mejorado. He seguido trabajando en lo mismo, pero con otro tono. Hoy debo ser el único que se ocupa de estas cuestiones, de una filosofía política que exige una verdadera política ecologista. Lo que no ha funcionado es que pensé que iba a ser un libro fundador para los ecologistas. ¡ha sido un fracaso total! Los ecologistas han desaparecido.

En Francia al menos hay verdes en el Gobierno.

Sí, pero tienen una visión muy estrecha de la ecología, no reflexionan ni sobre la economía ni sobre la sociedad. La ecología está limitada a las cuestiones de la naturaleza, cuando en realidad no tiene nada que ver con eso. Hay que elegir entre naturaleza y política. Desgraciadamente, se ha intentado hacer una política ecologista que no ha producido nada bueno porque se ha basado en la lucha tradicional, que tenía como objetivo torpedear la política o, mejor, someterla; en cierto modo, los verdes actúan como un tribunal que trata de definir una especie de soberanía.

¿De superioridad moral o natural?

Sí, pero sobre todo de estupidez. Evidentemente, el tomar la naturaleza como un fin no han hecho más que debilitar la posición de los ecologistas, que nunca han sido capaces de hacer política; en fin, auténtica política en el sentido de la tradición socialista, en la que se hubieran debido inspirar. No han hecho el trabajo que el socialismo primero, el marxismo después y luego la socialdemocracia hicieron. No ha habido, para nada, un trabajo de invención intelectual, de exploración; han preferido el escaparate. Puede que no hubiera otra solución, pues no estaba escrito que la ecología se fuera a convertir en un partido.

¿Entonces el ecologismo es hoy una especie de activismo sin conexión científica?

Ha habido movimientos interesantes gracias a una casuística muy concreta, importante en lo que concierne a los animales, las plantas, los dientes de los elefantes, el agua, los ríos, etcétera. Han mostrado además gran energía en las cuestiones locales, pero sin afrontar las cuestiones de la política, de la vida en común. Por eso el ecologismo sigue siendo marginal, justo en un momento en que las cuestiones ecológicas se han convertido en un asunto de todos. Y se da una paradoja: la ecología se ocupa de temas minúsculos relacionados con la naturaleza y la sociedad mientras que la cuestión de la Tierra, la presencia de la Tierra en la política, se hace cada vez más apremiante. Esa urgencia, que ya era acuciante hace 10 o 15 años, lo es mucho más ahora.

¿Quizá ha faltado formar una Internacional Verde?

No se ha hecho porque los ecologistas pensaban que la Tierra iba a unificar todos estos movimientos. Han surgido un montón de redes, basadas en casos concretos, como Greenpeace.  Hay asociaciones, pero nada a nivel político. La internacional sigue siendo la geopolítica clásica de los Estados nación. No ha habido reflexión sobre la nueva situación. Existe una ecología profunda, deep ecology, en Francia prácticamente inexistente, que ha tenido un papel importante en Alemania, en los países escandinavos y en Norteamérica. Pero está muy poco politizada.

Estamos ante un fracaso político y ante una mayor conciencia de los científicos. ¿Y los ciudadanos?

Paradójicamente, esa dolorosa pelea sobre el clima nos ha permitido progresar. En cierto modo, la querella ha tenido un papel importante en una comprensión renovada por parte del público, de la realidad científica. El problema es que intentamos insertar las cuestiones ecológicas en el viejo modelo ciencia y política. Desde este punto de vista, incluso los científicos más avanzados siguen intentando poner estas cuestiones dentro del marco de esa situación superada que intento criticar. Este es el tema del libro, y en ese sentido sigue de actualidad.

En Francia hay una identificación entre ecologismo y territorio.  José Bové, por ejemplo, es un proteccionista a ultranza. Es rara esta evolución de la ecología hacia el nacionalismo, ¿no?

Sí, pero al mismo tiempo es útil e interesante replantearse lo que es el territorio, el terruño, por usar la palabra antioqueña. Los ecologistas siempre se han mostrado indecisos sobre el carácter progresista o reaccionario de su apego a la tierra, porque la expresión puede significar cosas muy distintas. Pero es importante, porque es una de las dimensiones de la cuestión ecológica, tanto de la progresista como de la arcaica. Ese era uno de los objetivos fundamentales del libro, saber si hemos sido realmente modernos alguna vez. Hay aspectos regresivos en el apego al terruño, y a la vez hay otros muy importantes sobre la definición de los límites, de los entornos en los cuales vivimos, que son decisivos para el porvenir. Una vez más, los verdes han omitido trabajar esa cuestión. Pero el problema de la orientación, de la diferencia entre el apego reaccionario o progresista a la tierra, es fundamental. Si vemos movimientos como Slow Food, nos preguntamos si están adelantados o retrasados, porque tienen aspectos regresivos. Pero si se piensa en el tema de los circuitos de distribución, ¿por qué las lasañas inglesas tendrían que estar hechas con caballo rumano y transitar por 25 intermediarios? No es una tontería: si tomamos caballo francés, rumano o turco, las cuestiones de pertenencia y de límites se convierten en cuestiones progresistas.

Su libro llama a superar los esquemas de izquierda y derecha. Pero no parece que eso haya cambiado mucho.

El debate afronta un gran problema. Hay una inversión de las relaciones entre el marco geográfico y la política: el marco ha cambiado mucho más que la política. Las grandes negociaciones internacionales manifiestan esa inercia de la organización económica, legal y política, mientras que el marco, lo que antes llamábamos la Tierra, la geografía, cambia a velocidad asombrosa. Esa mutación es difícil de comprender por la gente acostumbrada a la historia de antes, en la cual había humanos que se peleaban, como en el siglo XX: hombres haciéndose la guerra dentro de un marco geográfico estable desde la última glaciación. Es una razón demasiado filosófica. Así que preferimos pensar que tenemos tiempo, que todo está en su sitio, que la economía es así, que el derecho internacional es así, etcétera. Pero incluso los términos para señalar las aceleraciones rápidas han cambiado, volcándose hacia la naturaleza y los glaciares. El tiempo que vivimos es el del antropoceno, y las cosas ya no son como antes. Lo que ha cambiado desde que escribí el libro es que en aquel momento no teníamos la noción del antropoceno. Fue una invención muy útil de Crutzen, un climatólogo, pero no existía entonces, me habría ayudado mucho.

¿Y qué fue de su propuesta de aprobar una constitución ecológica?

Intenté construir una asociación de parlamentarios y lanzar una constitución para que las cuestiones de la energía empezaran a ser tratadas de otro modo. Intentaba abrir un debate, que naturalmente no ha tenido lugar. El debate sobre la Constitución empezó bien, se consideró una gran invención de la democracia europea. El problema es que ya no se trata de la cuestión de la representación de los humanos, sino que ese debate atañe a los innumerables seres que viven en la Tierra. Me parecía necesario en aquel momento, y ahora más incluso, hacer un debate constitucional. ¿Cómo sería un Parlamento dedicado a la política ecológica? Tendrá que crearse, pero no reflexionamos lo suficiente sobre las cuestiones de fondo.

¿Las grandes conferencias medioambientales resuelven algo?

El problema es que la geopolítica organizada en torno a una nación, con sus propios intereses y nivel de agregación, está mal adaptada a las cuestiones ecológicas, que son transnacionales. Todo el mundo sabe eso, los avances no pueden plasmarse ya a base de mapas, no jugamos en territorios clásicos. Así, desde Copenhague 2009 hay una desafección por las grandes cumbres, no solo porque no se consigue decidir nada, sino también porque nos damos cuenta de que el nivel de decisión y agregación política no es el correcto. De hecho, las ciudades, las regiones, las naciones, las provincias, toman a menudo más iniciativas que los Estados.

Francia es uno de los países más nuclearizados del mundo. Los ecologistas braman. ¿Le parece bien?

Los ecologistas se han obstinado en la cuestión nuclear, pero nadie ha venido a explicarnos por qué lo nuclear es antiecológico, mientras mucha gente seria considera que el átomo es una de las soluciones, a largo plazo no, pero a corto plazo sí. De nuevo estamos ante la ausencia total de reflexión política por parte de los ecologistas, que militan contra la nuclear sin explicar por qué. Por consiguiente, no hemos avanzado un centímetro. De hecho, en este momento hay un gran debate público sobre la transición energética, y los verdes siguen siendo incapaces de comprender nada, incluso de discutir, porque han moralizado la cuestión nuclear. Cuando se hace ética, no hay que hacer política, hay que hacer religión.

¿Está realmente en cuestión la supervivencia de la especie?

La especie humana se las apañará. Nadie piensa que vaya a desaparecer, ¿pero la civilización? No se sabe lo que es una Tierra a seis u ocho grados, no lo hemos conocido. Hay que remontarse centenares de millones de años. El problema no se abordaba con la misma urgencia cuando escribí el libro en 1999, se hablaba aún de las generaciones futuras. Ahora hablamos de nuestros hijos. No hay una sola empresa que haga un cálculo más allá de 2050, es el horizonte más corto que ha habido nunca. La mutación de la historia es increíblemente rápida. Ahora se trata de acontecimientos naturales, mucho más rápidos que los humanos. Es inimaginable para la gente formada en el siglo XX, una novedad total.

¿Es la globalización? ¿O más que eso?

Tiene relación con la globalización, pero no por la extensión de las conexiones entre los humanos. Se trata de la llegada de un mundo desagradable que impide la globalización real: es un conflicto entre globos. Nos hemos globalizado, y eso resulta tranquilizador porque todo está conectado y hace de la Tierra un planeta pequeño. Pero que un gran pueblo sea aplastado al chocar con otra cosa tranquiliza menos.

¿Y el malestar que sentimos, la indignación, tiene que ver con ese miedo?

Ese catastrofismo siempre ha existido; siempre ha habido momentos de apocalipsis, de literatura de la catástrofe; pero al mismo tiempo existe un sentimiento nuevo: no se trata del apocalipsis de los humanos, sino del final de los recursos, en un sentido, creo, literal.

¿Nos hemos zampado el planeta?

La gente que analiza el antropoceno dibuja esquemas de este tipo (muestra un famoso gráfico de población y recursos). Esto se llama “la gran aceleración”, ocurrió en 1947. La revolución ya ha tenido lugar, y es una de las causas de esa nueva ansiedad. La gente sigue hablando de la revolución, desesperándose porque no llega, pero ya está aquí. Es un acontecimiento pasado y de consecuencias catastróficas. Eso también nubla la mente de progresistas y reaccionarios. ¿Qué significa vivir en una época en la cual la revolución ha ocurrido ya y cuyos resultados son catastróficos?

¿No querrá decir que la austeridad es la solución?

Ya existe el concepto del decrecimiento feliz, no sé si lo tienen en España. ¡Sí! Ustedes están muy adelantados sobre decrecimiento.

Estamos en plena vanguardia, pero del infeliz.

Es uno de los grandes temas del momento, la crisis económica es decrecimiento no deseado, desigualmente repartido; y hay algo más: austeridad no es necesariamente la palabra, sino ascetismo. Sería la visión religiosa, o espiritual, de la austeridad. Eso se mezcla con las nuevas visiones geológicas de los límites que debemos imponernos?

¿Habla del regreso al campo o de reconstruir el planeta?

No me refiero a volver al campo, sino a otra Tierra.

¿La tecnología es la única brújula?

La tecnología se encuentra en esa misma situación. Existe una solución muy importante de la geoingeniería, que considera que la situación es reversible, que se pueden recrear artificialmente unas condiciones favorables tras haberlas destruido sin saberlo. Así ha surgido un inmenso movimiento de geoingeniería en todas partes. Ya que es la energía de la Tierra, podemos mandar naves espaciales, modificar la acidez de las aguas del mar, etcétera. Hacer algo que contrarreste lo que se hizo mal. Si hemos podido modificar la Tierra, podemos modificarla en el otro sentido, lo que es un argumento peligroso, porque la podemos destrozar por segunda vez.

¿No se regenerará sola?

Sí, ¡pero sin humanos! Se regenerará sola mientras no haya humanos. Puede deshacerse de nosotros, es una de las hipótesis, volviéndose invivible, pero eso no sería muy positivo. La era de los límites puede llegar hasta la extinción.

¿Acabaremos fatal?

La historia no está repleta de ejemplos favorables. No se sabe. No hay nada en la naturaleza humana que favorezca la reflexión, por lo cual la solución solo puede ser mala.

Algunos temen que acabaremos devorados por los chinos.

Los chinos tienen más problemas que nosotros y corren el peligro de comerse a sí mismos por el suelo, el agua y el aire. No nos amenazan, desaparecerán antes que nosotros.

Se dice que nuestros problemas provienen de la mediocridad intelectual de Alemania y Francia, que esa es la razón principal de la decadencia actual. ¿Qué piensa?

Es una estupidez. Ocurren muchas más cosas intelectualmente en Europa que en EE UU., infinitamente más. Por ejemplo, en arte, en filosofía, en ciencias, en urbanismo. Es insensato decir cosas así, pero es que es un viejo cretino, una especie de cosa de extrema izquierda, fruto del agotamiento de la extrema izquierda, de su decadencia final, de la cual es el síntoma. Por otra parte, es un chico muy majo. La extrema izquierda se ha equivocado tanto sobre el mundo que al final todos estos viejos de extrema izquierda no tienen otra cosa que hacer salvo vomitar sobre el mundo, como hace Alain Badiou en Francia.

¿Prefiere a Marine Le Pen?

No soy político, no puedo responder a esta pregunta, no me interesa.

¿No le gusta hablar de política?

Sí hablo de política, he escrito un libro sobre política, ¡que yo sepa!, Las políticas de la naturaleza.

¿No le interesa la política de todos los días?

La de todos los días sí, pero no la de los partidos, son agitaciones superficiales, sobre todo en Francia, donde ya no hay verdaderamente política.

Critica a la extrema izquierda, ¿y nada a la extrema derecha?

Se agita, intenta agarrarse a un clavo ardiendo, pero no tiene mucha importancia. No es ahí donde las cosas están en juego.

¿Cree que es residual?

No, no es residual, puede desarrollarse y provocar daños, tanto como la extrema izquierda; el no pensar siempre provoca daños, pero no es eso lo que va a solucionar los problemas de la Tierra, la economía, las ciudades, el transporte y la tecnología.

¿Qué escenario prevé para 2050? ¿Qué Tierra, qué humanidad?

Ese no es mi trabajo, mi trabajo consiste en prepararnos para las guerras. Las guerras ecológicas van a ser muy importantes y tenemos que preparar nuestros ejércitos de un modo intelectual y humano. Ese es mi trabajo.

¿Habrá guerras violentas por el clima?

La definición misma de guerra va a cambiar, estamos en una situación en la cual no podemos ganar contra la Tierra, es una guerra asimétrica: si ganamos, perdemos, y si perdemos, ganamos. Así pues, esta situación crea obligaciones a multitud de gente y antes que nada a los intelectuales.

¿La batalla principal es esa?

Si no tenemos mundo, no podemos hacer gran cosa, ni siquiera la revolución. Cuando se lee a Marx, uno se queda impresionado por lo que dice sobre los humanos. En esta época, la cuestión de la ciencia y del margen geográfico, más la presencia de miles de millones de personas, conforma un escenario crucial. Antes teníamos otros problemas, pero este no.

¿Así que se trata de ser o no ser?

En cada informe científico, las previsiones son peores, el plan más pesimista siempre aparece. Hay que tener en cuenta eso. Son previsiones extremas, pero de momento son las únicas válidas. No se trata de una guerra mundial, sino de una acumulación de guerras mundiales. Es parecido al invierno nuclear de la guerra fría, una situación de cataclismo, pero con algunas ventajas: es más radical, pero más lento, tenemos mucha capacidad de invención, 9.000 millones de personas y muchas mentes inteligentes. Pero también es un reto. Por tanto, es una cuestión de alta política y no de naturaleza. La política viene primero.

¿Tiene la sensación de estar solo?

Lo que era complicado en este libro era crear el vínculo entre ciencia y política, y no puedo decir que haya convencido a mucha gente. Si además se hace el vínculo entre la religión y las artes, es más difícil. Gente como Sloterdijk sería muy capaz de comprenderlo. Sin embargo, muchos intelectuales siguen en el siglo XX. Permanecen en un contexto, en un ideal revolucionario, de decepción. Están decepcionados con los humanos.

¿Cree que los humanos se dejarán ayudar?

Primero hay que ayudar a la Tierra. En el antropoceno ya no se puede hacer la distinción entre los humanos y la Tierra.

¿Y sus estudiantes están listos para la lucha?

En mi escuela soy el único en dar clases sobre cuestiones donde no entra la política en el sentido clásico. Hay un curso o dos sobre cuestiones ecológicas. Es culpa mía, no he trabajado lo suficiente como para cambiar las cosas. Llevamos mucho retraso.

El antropólogo iconoclasta

Bruno Latour nació en la Borgoña, donde surgen los vinos más caros del planeta. Su padre era viticultor. De ahí sus peculiares análisis sobre el terruño y la tradición. Cursó Antropología y Sociología. Su formación es tan variopinta como los centros donde ha impartido clase, desde la Escuela de Minas de París hasta la London School of Economics y la cátedra de Historia de Harvard.

Escritor incansable, es autor de una treintena de libros de ensayo, todos los últimos editados por Harvard, por los que circulan la tierra, la sociedad, la guerra, la energía, la ciencia, la tecnología, la modernidad y los medios de comunicación.

Su último proyecto está conectado con el llamado medialab, un espacio donde desarrollar conexiones entre las tecnologías digitales, la sociología y los estudios científicos.


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Entrevista a Michel Serres

Por Michèle Fitoussi  11/05/2012
Traducción por Luis Alfonso Paláu. Medellín, enero 17 de 2013.

Es una fortuna y una felicidad encontrar a Michel Serres, “viejo del neolítico” como a él le gusta definirse burlándose de sí mismo, en momentos en que a sus 81 años sigue siendo un eterno hombre joven, lleno de humor, inteligencia y generosidad. Profesor en Stanford University, miembro de la Academia francesa, matemático, filósofo y “friki” de vanguardia, presto a compartir siempre su saber y su pensamiento poniéndose con simplicidad en tus zapatos. Humanista, tiene sobre la humanidad una mirada visionaria de la que testimonia su ultimo ensayo, “Pulgarcita” (ed. du Pommier) consagrado con ternura a una juventud a la que la revolución tecnológica y las mutaciones del mundo le obligan a reinventarlo todo. Y es él el que comienza la entrevista con una oda a ELLE.

MS ¡Yo tenía 15 años cuando su revista nació! Mis compañeritas, que se consagraron a ella inmediatamente, fueron educadas en la higiene gracias a ELLE. Por ejemplo, aprendieron a cambiarse la ropa interior todos los días… No olvide que ¡estábamos saliendo de la guerra! Ellas me decían: « Michel, ¡no podemos seguir estando mugrosas! » En el Liceo donde yo estaba interno, solo se tenía derecho a ducharse una vez al mes, y había que dársela antes de la 5 de la mañana, ¡mientras que jugábamos todos los días rugby, o basket! ELLE pasterizó a los franceses gracias a las francesas.

ELLE Lo que nos lleva a la primera pregunta: ¿el femenino de Pulgarcita es a propósito?


MS : Absolutamente. Docente en la educación superior desde hace cuarenta años, ¡he asistido a la Victoria de las mujeres! Estadísticamente mis estudiantes han sido siempre más serias, más profesionales, más aplicadas que mis estudiantes. Hemos visto crecer su número y cambiar su densidad. Hay oficios que mañana serán su propiedad exclusiva: derecho, medicina, cultura. ¡Ay de mí! aún no se han instalado en las esferas del poder… Soy un feminista de larga data y absolutamente decidido; a menudo se me ocurre comenzar cuando dicto conferencias en las empresas: “Buenos días señores talibanes”, y continuar “que se levanten las mujeres”. En general son ¡3 en 300! Entonces mi Pulgarcita, que es una mujer por todas estas razones, representa la generación que conocí, a la que he enseñado, las jóvenes que tienen hoy entre 17 y 35 años, y que utilizan sus pulgares para enviar sus SMS y teclear sus smartphones.


ELLE ¿ Qué tiene ella de particular ?


MS : Esta generación viene después de todas las transformaciones del siglo veinte: el final de la agricultura, los progresos de la medicina, el aumento en la esperanza de vida, la ausencia de guerra en Occidente desde hace 65 años, el crecimiento de la población. Cuando yo nací había dos mil millones de habitantes; en la actualidad hay 7 mil millones y medio. No hay existencia humana, desde que el hombre apareció, en el que la población mundial haya duplicado dos veces en lo que dura una vida.


ELLE. En lo íntimo también, todo ha cambiado dice Ud.: la relación con el cuerpo, el matrimonio...


MS. Las gentes creían que uno se desnudaba en la playa ¡por razones sexuales o por encanto! Uno lo hace cuando puede mostrar su cuerpo. Se remonta a después de la segunda guerra mundial, ¡no antes! ¿Ud. sabe por qué los nobles en el siglo XVI se pusieron a llevar gorguera? Para disimular los bubones que supuraban en sus cuellos con la aparición de la viruela y de la sífilis. El traje estaba hecho para ocultar. Cuando nuestros antepasados se casaban, se juraban fidelidad por 10 años puesto que su esperanza de vida sólo era de 30 años. En la actualidad, si dos estudiantes se casan ¡se juran fidelidad 
por 65 años! No se trata del mismo matrimonio… todas estas transformaciones hacen que mi Pulgarcita sea el producto de un mundo en mutación. Y con las nuevas tecnologías, que son un paso absolutamente decisivo, no tiene ya la misma relación con lo otros.

ELLE. Las nuevas tecnologías son, según Ud., una revolución fundamental.


MS. Hasta el siglo Vº antes de Jesucristo la transmisión de los saberes se hacía por medio de la palabra. Desde que se inventó la escritura todo cambia: el derecho, la ciencia, la religión, las ciencias, la pedagogía… En el Renacimiento, todo cambia de la misma manera con la invención de la imprenta. En la actualidad asistimos efectivamente a una tercera revolución, con la aparición de la informática. La divisa de Pulgarcita es “ahora <maintenant>, tengo en la mano <main tenant> el mundo”. Todo su saber está en un teléfono inteligente. Con su GPS tiene a la mano todos los lugares del mundo, con Wikipédia, todo el conocimiento del mundo, con sus números de teléfono todos sus corresponsales en el mundo, donde estén y desde donde ella esté. Lo conectivo reemplaza lo colectivo, produce comunidades, asociaciones, maneras de estar juntos que eran imprevisibles antes. Pulgarcita tiene la inmediatez y una experiencia del tiempo presente que nunca nadie había tenido antes. Los viejos gruñones que la critican se refieren a un período en el que se tenía del tiempo y del instante una idea completamente distinta… son ellos también los que han hecho de ella lo que es.


ELLE. Lo que cambia es la manera como se le transmite el saber…


MS. Imagínese que Ud. es profe, y que Ud. entra a un salón para dictar su clase… Puede estar seguro que la mitad de los asistentes se ha informado sobre el tema consultando Wikipédia, y que la mayor parte de sus estudiantes sabrán tanto como Ud. Esto trastrueca completamente la enseñanza. Para hablar en términos de oferta y demanda como en el lenguaje del comercio, hasta la Internet, el saber se proponía únicamente desde el punto de vista de la oferta, la del profesor. Nadie se interesaba por la demanda. Mi libro tiene en cuenta el punto de vista de la demanda, es decir de Pulgarcita y del mundo en el que ella vive.


ELLE. Si Ud. tuviera el poder de reformar la educación ¿qué haría?


MS. Puedo ver lúcidamente el estado de las cosas, pero lo que es más difícil es decir el qué hacer. Todas nuestras instituciones han sido creadas en un mundo que ya no existe. Nuestras políticas también. La campaña electoral, lo he dicho, ha sido una campaña de prostáticos. Estamos en una grieta, Ud. y yo. ¿Qué va a asomarse del otro lado? No sé nada. ¿Acaso llegaré a saberlo antes de mi muerte? Reflexiono intensamente sobre ello. 


ELLE. La emergencia de Pulgarcita, ¿es una buena o mala noticia?


MS. Es una noticia. Es LA noticia. No hay otra. No conozco generación que haya tenido tantas novedades de golpe y porrazo. Esta diferencia es única en la historia. Y sin embargo casi nadie la ve ni la piensa. Los padres que son fueteados por ello, no comprenden. La mayor parte de los educadores tampoco. Pero los muchachos más lúcidos sí se dan cuenta. Para ellos, mañana está ya por todas partes.


ELLE. A esta generación se la llama comúnmente Y. ¿Está Ud. de acuerdo?


MS. Me parece esa denominación artificial; es una categoría mercantil, para facilitar las ventas. Lo que si es seguro es el sufrimiento de esta generación. El problema del desempleo se va a plantear de manera estructural; el reacondicionamiento de la sociedad es urgente y no se sabe como operarlo. A estos muchachos no les ha tocado la vida fácil. Les dio sida luego de la liberación sexual; tienen desempleo, dificultad para alojarse, para entrar en la vida. Y los adultos son frecuentemente muy mierdas con ellos.


ELLE. Y Pulgarcita vive también en un mundo cada vez más complejo.


MS. La complejidad acompañó el nacimiento del individuo. Las antiguas sociedades eran sociedades de pertenencia. Hoy reivindicamos todos nuestras diferencias, pero esto convierte a nuestras sociedades en muy difíciles de administrar, sobre todo con instituciones, política o una definición de ciudadanía, que son completamente obsoletas. Para dividir la complejidad, se requiere utilizar nuevas tecnologías… Y volvernos así cada vez más autónomos.


ELLE. Pero a pesar de todo ¡todavía tenemos necesidad de reglas y de leyes! Uno no puede contentarse con vivir solo en su rincón, con sus maquinitas...


MS. De lo que más necesidad tenemos es de la presencia corporal del otro: marido, mujer, padres, hijos, amigos, vecinos… Siempre han existido zonas de no-derecho. En la Edad Media los bosques estaban poblados de bandidos. La policía no entraba allá como no lo hace en algunas comunas hoy. Ahora bien, esas zonas estaban federadas por Robines Hood, que dictaban las reglas, allí donde en apariencia no las había. El derecho nació siempre en los lugares de no-derecho. Internet es un lugar de no-derecho. No se le puede aplicar el derecho consuetudinario al que estamos habituados. Puede ponerle todas las reglas que quiera, eso no va a marchar. Habrá siempre piratas… Pero de ahí, como en otras ocasiones, nacerá otro derecho. Pulgarcita lo inventará quizás. Trataré de ayudarla.


ELLE. Otro tema de inquietud: el relativo fracaso de las primaveras árabes, el ascenso de los integrismos religiosos…


MS. La primavera árabe precisamente la han hecho los jóvenes con sus aparatitos… Pero ellos están como yo hoy: han visto lo que se requiere cambiar, pero no tienen la construcción posible para hacerlo. Frente a ellos sólo queda la reacción integrista. A largo plazo esto cambiará forzosamente, pues para mí el integrismo es siempre la retaguardia de un ejército.


ELLE. Cuando lo escuchamos, uno se dice que finalmente nuestro mundo no va tan mal. Ud. da razones para esperar.


MS. Digamos que siempre he tenido la oportunidad de encontrarme en el lugar apropiado, donde ocurría lo nuevo. Matemático, descubrí las nuevas matemáticas y la teoría de la información. Biólogo, fui amigo de François Jacob y de Jacques Monod, los premios Nobel de medicina de 1965. Actualmente enseño en California y vivía en Silicon Valley en momentos en que mis estudiantes se volvieron multimillonarios. Lo que no les impidió fracasar luego. He seguido con entusiasmo los  movimientos más importantes de las renovaciones de nuestro tiempo. Esta oportunidad me ha dado una suerte de alegría por las novedades. Pero evidentemente no se trata de que todo lo que hay es bueno; todo va a pagarse aquí o allá; la violencia sigue estando ahí, el infortunio también. Lo que se llama la crisis hoy –pues no hay una sino muchas– es el producto de todas las transformaciones que he descrito. Es simplemente una especie de alerta. Hay motivos para estar atemorizado, no estoy diciendo lo contrario. Pero encuentro que bien vale la pena verla lúcidamente en vez de darle la espalda. No soy un optimista beato sino un optimista combativo; estoy de lado de los muchachos.


ELLE. ¿Cuál es su palabra preferida en francés?


MS. Sembrar. Es lo que siempre he hecho con mis estudiantes.



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Industria Criminal


 Por Mauricio Castaño H
colombiaKritica.blogspot.com
Historiador

En los inicios de ese paramilitarismo violento y único en el uso de las motosierras para descuartizar a las víctimas, los señores criminales, se repartieron la ruralidad según su rapacidad, según sus fauces de plomo. Su historia le conocemos desde el momento en que el propio Estado justificó las tales Autodefensas Campesinas o Convivir, que se armaron bajo pretexto de defenderse de los atropellos de las guerrillas de izquierda. Fue en la década de 1980, al respecto recomiendo el video del humorista Jaime Garzón. Hubo mucho plomo, mucho muerto, violencia política como el exterminio del partido de la Unión Patriótica con más de 4 mil militantes asesinados; más de 15 mil desaparecidos, más de 4 millones desplazados, despojados con alrededor de 2 millones de hectáreas arrebatadas. A sangre y fuego se desalojó el campo para ser ocupado, tomado por estos nuevos señores colonos, feudos, que vieron en el territorio, la forma más expedita de aumentar sus riquezas, a través de la producción y comercialización de la coca. Otros renglones de producción, se conocen como los EROS: Palmeros, Ganaderos, bananeros, cocaleros, arroceros, lecheros, caucheros. Fue una fase de surgimiento y consolidación.


Le siguió otra fase de formalización con la llamada Desmovilización durante el cuestionado gobierno de Álvaro Uribe Vélez, con todas las irregularidades: falsas desmovilizaciones, falsos positivos, narcos comprando franquicias de comandancias paramilitares para recibir los generosos beneficios de la Ley de Justicia y Paz, cuya pena máxima que recibía un victimario de estos, era de ocho años, sin contar con otras dádivas de esta Ley. Y por supuesto, la legalización de sus dineros. Y muy de la mano con esta horrorosa estrategia fue la industria militar, que hoy mueve alrededor de 7 puntos del PIB, casi 17 billones, equivalente al presupuesto del cuatrienio de la segunda ciudad más importante de Colombia como lo es Medellín.

El negocio criminal hizo su avanzada del feudo rural hacia la colonización del territorio urbano de las ciudades colombianas. En Medellín se habla de más de 300 bandas delincuenciales y 5 mil unidades de pillos. Los señores de la guerra no saciaron sus apetitos con la tierra robada a los campesinos, engulleron nuevos territorios, emprendieron una nueva colonización, ya no rural, sino urbana. Nuestras ciudades se las repartieron en cuadrantes, en barrios, sentados en un bar o desde el marco de un parque metropolitano, en sus haciendas, estos paramilitares trazaron sus propias cartografías, sus nuevas colonias urbanas. Sus fronteras geográficas, su distribución territorial es la cantera criminal, en donde todo lo gravan, nadie se escapa, el más miserable por más que lo sea, tendrá que tributarles algún monto. El anciano que en su Chaza vende cigarros y confites, la anciana octogenaria en su desvencijado puestico de frutas, el simple tendero, el empleado que gana lo justo para su familia; venta de niñas vírgenes, casas de prostitución, trata de personas, empresas de transporte, juegos de azar y así, gradualmente, según sea la proporción de los negocios; también se tiene el uso de menores de edad para transportar armas y drogas, secuestros, asesinatos por encargo, y de grano en grano, los criminales empresarios llenan sus sacos.

Según investigaciones, se tiene unas problemáticas englobadas en lo que llaman violencias instrumental y espontánea, la primera corresponde a esas acciones fuertes de la criminalidad, descritas en el anterior párrafo; la segunda a actuaciones desenfrenadas, algo así como propias de las rabietas o de las iras de intenso dolor. En suma tenemos un afianzamiento y sostenibilidad de las estructuras criminales, niños vinculados al conflicto,  pérdida de legitimidad de instituciones, desplazamiento intra urbano, homicidios, rentas criminales, Violencias intrafamiliares, Violencia interpersonal, Hurtos. Así las cosas, la interceptación que hace esta criminalidad de las esferas de la vida, son bastante grandes, crean un contexto a su favor, es un espacio reglado por la criminalidad.


Los moradores de estos sectores, viven muy sometidos a este mundo criminal, y tentados o mejor obligados a aceptar sus ofertas laborales. Son contextos complejos. Para hacernos a una idea demos un ejemplo. Una niña de tan sólo 11 años de edad, de forma desprevenida y tranquila, le suelta la historia de su vida al maestro que la escuchaba. Su madre se enroló en la prostitución, y la dejó en el barrio pobre porque se quedó sin esposo, tuvo cuatro, y los mismos fueron asesinados en sus andanzas criminales, tres de ellos fueron policías. Ahora, la infante, está bajo el cuidado de una anciana, su abuela, lejos del mal ejemplo como le justificó su propia madre. Una vida vulnerable y expuesta a ese entorno del hampa.

History Channel en un tono entre investigativo y sensacionalista, presentó un programa sobre la vida de los sicarios colombianos con relación a sus creencias religiosas y de hechicería, en donde los pillos conjuraban sus próximos asesinatos por medio de sus creencias populares o de brujería. Cuenta la historia de un asesino que hizo un pacto con el diablo para tener riqueza a cambio de almas. Cada día la cuota era como eso de 5 asesinatos por día. Mientras iba caminando, el asesino encontraba a cualquier transeúnte y así sin más, sacaba el arma y le mataba. «Hay temando una alma», murmuraba entre labios en ofrenda 0 como paga hecha al diablo. «Hay temando otra», y así hasta cumplir su cuota pactada. Mataba a las personas, igual a como se mata a las moscas, sin ningún reparo ni remordimiento, sin ningún freno moral de esos que nos enseñaron de la religión del amor y del perdón.

Esto de la industria criminal no es charlando. Después de muchos años, se está hablando de sus graves peligros. Hoy especialistas están poniendo el dedo en la llaga, al vincular el conflicto a los circuitos económicos legales con los renglones de la economía ilegal y en especial la industria militar con sus jugosas, y diversas alianzas de ese mundo creativo de la mafia. Y lo más rentable es el miedo, doblegando a la población civil y a las autoridades, las hacen rendir a sus pies. Recordamos sus metodologías conocidas: masacres, asesinatos selectivos, amenazas por medio de panfletos, grafitis. Su finalidad es apropiarse del territorio, bien sea porque lo necesitan como corredor para transportar droga o bien sea para tenerlo como centro de operación militar o para dar despliegue de las rentas urbanas de la industria criminal. 

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