Omnes et singulatim. Crítica de la razón política

Michel Foucault. 

El presente artículo retoma las conferencias pronunciadas en ingles del 10 al 16 de Octubre de 1.979, en la Universidad de Stanford. Agradecemos a las Trustess of the Tanner Lectures on Human Values el permiso para reproducirlas.


Revista “Le debat”. Michel Foucault N. 41
París: Gallimard. Sep-Nov 1.986 pp 5 - 35.
Traducido por Luis Alfonso Paláu C.


Yo sé que el titulo parece pretencioso. Pero la razón en este caso es precisamente su propia excusa. Desde el siglo XIX, el pensamiento occidental no ha dejado de trabajar en la crítica del papel de la razón -o de la falsa razón- en las estructuras políticas. En consecuencia esta totalmente fuera de lugar el lanzarse una vez más a tan vasto proyecto. Sin embargo, la cantidad misma de las tentativas anteriores es la garantía de que toda nueva empresa será exitosa como las precedentes y, de todas maneras, probablemente tan afortunada.

Pero aquí estoy, desde entonces, en los apuros de quien no tiene mas que esbozos y bocetos inacabados para proponer. Hace mucho tiempo que la filosofía renuncio a tratar de compensar la impotencia de la razón científica, que ya no intenta culminar su edificio.

Una de las tareas de las Luces era multiplicar los poderes de la razón. Pero los hombres del siglo XIX habrían de preguntarse si la razón no estaba en camino de volverse demasiado poderosa en nuestras sociedades. Comenzaron a inquietarse por la relación que adivinaban confusamente entre una sociedad inclinada a la racionalización y ciertas amenazas que pesaban sobre el individuo y sus libertades, la especie y la sobrevivencia.

Dicho de otra manera, después de Kant, el papel de la filosofía ha sido impedir que la razón rebase los límites de lo que ha sido dado en la experiencia; pero desde esa época - es decir, con el desarrollo de los estados modernos y la organización política de la sociedad - el papel de la filosofía ha sido también el de frenar los abusos de poder de la racionalidad política, lo que le da una esperanza de vida bastante prometedora.

Nadie ignora estas trivialidades. Pero el hecho mismo de que sean triviales no significa que no existan. Ante hechos triviales nos corresponde descubrir - o tratar de descubrir - los problemas específicos y quizás originales que les están ligados.

El vínculo entre la racionalidad y los abusos del poder político es evidente. Y nadie tiene necesidad de esperar la burocracia o los campos de concentración para reconocer la existencia de tales relaciones. Pero el problema es entonces el saber qué hacer con un dato tan evidente.

¿Le haremos el “proceso” a la razón? A mi manera de ver nada sería más estéril. Primero, porque no es asunto ni de culpabilidad ni de inocencia en este dominio. Después, porque es absurdo invocar la “razón” como la entidad contraria de la no-razón. Finalmente, porque un tal proceso nos haría caer en la trampa al obligarnos a jugar el papel arbitrario y molesto del racionalista o del irracionalista.

¿Sondearemos esa especie de racionalismo que parece ser específico de nuestra cultura moderna y que se remonta a las luces?. Yo creo que ésa es la solución que escogerán algunos miembros de la escuela de Francfort. Mi propósito no es abrir una discusión de sus obras, que son de las más importantes y de las más preciosas. Por mi parte sugeriría otra manera de estudiar los vínculos entre la racionalización y el poder:

1. Sin duda es prudente no tratar la racionalización de la sociedad o de la cultura como un todo, sino analizar este proceso en muchos dominios, cada uno enraizándose en una experiencia fundamental: locura, enfermedad, muerte, crimen, sexualidad, etc.

2. Considero peligroso la palabra racionalización. Cuando algunos tratan de racionalizar alguna cosa, el problema esencial no es buscar si se conforman o no a los principios de la racionalidad, sino descubrir a qué tipo de racionalidad han recurrido.

2. Incluso si las luces han sido una fase extremadamente importante en nuestra historia; y en el desarrollo de la tecnología política yo creo que debemos referirnos a procesos mucho más atrás si queremos comprender cómo hemos caído en la trampa de nuestra propia historia.


Tal fue mi “línea de conducta” en mi trabajo precedente: analizar las relaciones entre experiencias como la locura, el crimen y la sexualidad, y diversas tecnologías del poder. Mi trabajo se dirige de ahora en adelante hacia el problema de la individualidad; o debería decir, de la identidad con respecto al problema del “poder que individualiza.”

Todo el mundo sabe que en las sociedades europeas el poder político evolucionó hacia formas cada vez más centralizadas. Desde hace mucho tiempo los historiadores estudian esa organización del Estado, con su administración y su burocracia.

Querría sugerir aquí la posibilidad de analizar otro tipo de transformación tocante a esas relaciones de poder. Quizás esta transformación es menos conocida. Pero creo que ella no deja de tener importancia, sobre todo para las sociedades modernas. Aparentemente esta evolución es contraria hacia la evolución de un estado centralizado. De hecho pienso en el desarrollo de técnicas de poder volteadas hacia los individuos y destinadas a dirigirlos de manera continua y permanente. Sí el Estado es una forma de poder político centralizado y centralizador, llamemos pastoral espiritual al poder que individualiza.

Mi propósito aquí es señalar a grandes rasgos el origen de esa modalidad pastoral de poder, o al menos algunos aspectos de su historia antigua. En una segunda conferencia, trataré de mostrar cómo esa pastoría espiritual se encontró asociada a su contrario, el Estado.

La idea de que la divinidad, el rey o el jefe es un pastor seguido de un rebaño de ovejas no era familiar a los griegos y a los romanos. Yo sé que hubo excepciones: las primerísimas en la literatura homérica, y después algunos textos del Bajo-imperio. Sobre ellos volveré luego. Hablando de forma tosca, podemos decir que la metáfora del rebaño está ausente de los grandes textos políticos griegos o romanos.

No es ése el caso de las sociedades orientales antiguas, en Egipto, en Asiria y en Judea. El faraón egipcio era un pastor. En efecto, el día de su coronación recibía ritualmente el cayado del pastor; y el monarca de Babilonia tenía el derecho, entre otros títulos, al de “pastor de los hombres.”

Pero Dios era también un pastor que llevaba a los hombres a su pastura y providente de su alimento. Un himno egipcio invocaba a Re de esta forma: “Oh Re que vigilas mientras todos los hombres duermen, buscas lo que es bueno para tu ganado...”

La asociación entre Dios y el Rey viene naturalmente, puesto que todos dos juegan el mismo papel: el rebaño que ellos vigilan es el mismo; el pastor real tiene la guardia de las creaturas del gran pastor divino “Ilustre compañero de pastura, Tu que cuidas de tu tierra y la nutres, pastor de toda abundancia”.

Pero como lo sabemos son los hebreos los que desarrollarán y amplificarán el tema pastoral; sin embargo con una característica singular: Dios y solo Dios es el pastor de su pueblo. No existe mas que una excepción positiva: en su calidad de fundador de la monarquía, David es invocado bajo el nombre de pastor.

Dios le ha confiado la misión de reunir el rebaño.

Pero hay también excepciones negativas: los malos reyes son uniformemente comparados a malos pastores; dispersan el rebaño, lo dejan morir de sed, y no lo esquilan más que en su provecho. Yahvé es el sólo y único pastor. Personalmente guía a su pueblo, ayudado de sus profetas únicamente. “Como un rebaño tu guiaste a tu pueblo de la mano de Moisés y de Aaron”, dice el salmista. No puedo tratar, ciertamente, ni de los problemas históricos relacionados con el origen de esta comparación, ni de su evolución en el pensamiento judío. Deseo únicamente abordar algunos temas típicos del poder pastoral. Querría evidenciar el contraste con el pensamiento político griego, y mostrar la importancia que han tomado luego estos temas en el pensamiento cristiano y en las instituciones.

1.- El pastor ejerce el poder sobre un rebaño mas que sobre una tierra. Probablemente es mucho más complicado que esto, pero de manera general, la relación entre la divinidad, la tierra y los hombres difiere de la de los Griegos. Sus dioses poseían la tierra y esta posesión original determinaba las relaciones entre los hombres y los dioses. En este caso, es por el contrario la relación entre el Dios-Pastor con su rebaño la que es original y fundamental. Dios da, o promete, una tierra a su rebaño.

2.- El pastor reúne, guía y conduce su rebaño. La idea de que correspondía al jefe político el aplacar las hostilidades en el seno de la ciudad y hacer prevalecer la unidad sobre el conflicto está sin ninguna duda presente en el pensamiento griego. Pero lo que el pastor reúne son individuos dispersos. Se reúnen al sonido de su voz: “Silbaré y ellos se reunirán”. Inversamente, no es sino que el pastor desaparezca para que el rebaño se esparza. Dicho de otra manera, el rebaño existe por la presencia inmediata y la acción directa del pastor. Tan pronto como el buen legislador griego, por ejemplo Solón, ha regulado los conflictos, deja tras
de sí una ciudad fuerte dotada de leyes que le permitan durar sin él.

3. - El papel del pastor es asegurar la salud de su rebaño. Los griegos decían también que la divinidad salvaba a la ciudad; y nunca dejaran de comparar al buen jefe con un timonel manteniendo su navío a distancia de los arrecifes. Pero la manera cómo el pastor salva su rebaño es muy diferente. No se trata solamente de salvarlos a todos, a todos juntos, cuando se aproxima el peligro. Todo es asunto de benevolencia constante, individualizada y final. De benevolencia constante pues el pastor vela por el alimento de su rebaño; él subviene cotidianamente a su sed y a su hambre. Al dios griego se le pedía una tierra fecunda y cosechas abundantes. No se le pedía que mantuviera un rebaño día tras día. Y de benevolencia
individualizada también, pues el pastor vela porque todas sus ovejas, sin excepción estén saciadas y a salvo. Posteriormente, los textos hebraicos especialmente pusieron el acento sobre este poder individualmente benevolente; un comentario rabínico sobre el Éxodo explica, porque Yahvé hizo de Moisés el pastor de su pueblo: él debía abandonar su rebaño para ir en búsqueda de una sola oveja perdida.

Least and not least. [el ultimo pero no el menos importante], se trata de una benevolencia final. El pastor tiene un designio para su rebaño. Es necesario ora conducirlo a una buena pastura, ora reunirlo en el aprisco.

4. - Aún hay otra diferencia que tiene que ver con la idea de que el ejercicio del poder es un “deber”. El jefe griego debía tomar sus decisiones naturalmente en interés de todos; sí prefiere su intención personal habría sido un mal jefe. Pero su deber era un deber glorioso: incluso si él debía dar su vida en el curso de una guerra, su sacrificio estaba compensado por un don extremadamente precioso: la inmortalidad. Nunca perdía. Por el contrario, la benevolencia, pastoral esta mucho más próxima de la “abnegación”. Todo lo que hace el pastor, lo hace por el bien de su rebaño. Es su preocupación constante. Cuando ellos duermen, él vela.

El tema de la vela es importante. Manifiesta dos aspectos de la abnegación del pastor. En primer lugar, él actúa, trabaja y hace gastos por aquellos que él nutre y que están dormidos. En segundo lugar, los vigila. Presta atención a todos sin perder de vista a ninguno. Está obligado a conocer su rebaño en conjunto y al detalle. Debe conocer no solo la localización de los buenos pastizales, las leyes de las estaciones y el orden de las cosas, sino también las necesidades de cada uno en particular. Una vez más, un comentario rabínico sobre el Éxodo describe en los siguientes términos las cualidades pastorales de Moisés: “mandaba a pastar a cada oveja según su turno, primero las más jóvenes para permitirles ramonear la hierba más tierna, después las mayores y finalmente las más viejas, capaces de arrancar la hierba más tenaz.” El poder pastoral supone una atención individual a cada miembro del rebaño.

Estos no son mas que temas que los textos hebraicos asocian a las metáforas del Dios – pastor y de su pueblo- rebaño. No pretendo de ninguna manera que el poder político se ejercía así efectivamente en la sociedad judía antes de la caída de Jerusalén. Ni siquiera pretendo que esta concepción del poder político sea un poquito coherente.

No son mas que temas. Paradójicos e incluso contradictorios. El cristianismo debía darles una importancia considerable, tanto en la Edad media como en los tiempos modernos. De todas las sociedades de la historia, las nuestras – quiero decir aquellas que aparecieron a finales de la antigüedad sobre la vertiente occidental del continente europeo – han sido quizás las más agresivas y las más conquistadoras; han sido capaces de la violencia más asombrosa, contra ellas mismas y contra las otras. Inventarán un gran número de formas políticas diferentes. En muchos casos modificarán profundamente sus estructuras jurídicas. Es necesario no olvidar que sólo ellas han desarrollado una extraña tecnología del poder tratando la inmensa mayoría de los hombreas como un rebaño con un puñado de pastores. Así establecerán entre los hombres una serie de relaciones complejas, continuas y paradójicas.

Seguramente es algo singular en el curso de la historia. El desarrollo de la “tecnología pastoral” en la dirección de los hombres ha trastornado visiblemente de arriba abajo las estructuras de la sociedad antigua.

***

También, con el fin de explicar mejor la importancia de esta ruptura, querría ahora volver brevemente sobre lo que he dicho de los Griegos. Adivino las objeciones que se me pueden dirigir.

La una es que los poemas homéricos emplean la metáfora pastoral para designar a los reyes. En la Iliada y la Odisea , la expresión poïmen laôn aparece muchas veces. Designa los jefes y subraya la grandeza de su poder.

Además se trata de un título ritual, frecuente en la literatura indo-europea tardía. En el Beowulf, el rey es aún considerado como un pastor. Pero que se encuentre el mismo título en los poemas épicos arcaicos, como en los textos asirios, no tiene nada de sorprendente.

El problema se plantea mas bien en lo que concierne al pensamiento griego; existe al menos una categoría de textos que comportan referencias a los modelos pastorales: son los textos pitagóricos. La metáfora del pastor aparece en los fragmentos de Archytas, citados por Stobeo. El término nomas (la ley) está ligado a la palabra nomeus (pastor) : el pastor reparte, la ley asigna y Zeus es llamado Nomías y Nemeios porque él vela por el alimento de sus ovejas. Finalmente, el magistrado debe ser filántropos, es decir desprovisto de egoísmo. Se debe mostrar lleno de ardor y de solicitud como un pastor.

Grube, el editor alemán de los fragmentos de Archytas, sostiene que esto revela una influencia hebraica única en la literatura griega. Otros comentadores a la manera de Delatte, afirman que la comparación entre los dioses, los magistrados y los pastores era frecuentemente en Grecia. En consecuencia es inútil insistir sobre esto.

Yo me atendré a la literatura política. Los resultados de la investigación son claros: la metáfora política del pastor no aparece ni en Isócrates, ni en Demóstenes ni en Aristóteles. Es bastante sorprendente cuando se piensa que en su Aeropagítico, Isócrates insiste sobre los deberes del magistrado: subraya vigorosamente que deben mostrarse abnegados y preocuparse de los muchachos. Y sin embargo, no hace la menos alusión pastoral.

En cambio, Platón habla a menudo del pastor magistrado. Evoca la idea en El Critias, La República y Las Leyes, y la discute a fondo en El Político. En la primera obra, el tema del pastor es bastante secundario.

A veces se encuentra en El Critias algunas vocaciones de esos días felices en que la humanidad estaba directamente gobernada por los dioses y pastaba en abundante pastura. Además a veces, Platón insiste sobre la necesaria virtud del magistrado, por oposición al vicio de Trasímaco (La República) finalmente, el problema es a veces definir el papel subalterno de los magistrados: en verdad, igual que los perros de guardia ellos no tienen mas que obedecer a “los que se encuentran en lo alto de la escala” (Las leyes).

Pero en El político, el poder pastoral es el problema central y es objeto de largos desarrollos. ¿Se puede definir al que decide en la ciudad, al comandante como una especie de pastor?

El análisis de Platón es muy conocido. Para responder a esta pregunta, él procede por división. Establece una distinción entre el hombre entre el hombre que transmite órdenes a cosas inanimadas (p.e. el arquitecto) y el hombre que da órdenes a los animales; entre el hombre que da órdenes a animales aislados (a una yunta de bueyes, por ejemplo) y el que comanda rebaños; y finalmente, entre el que dirige rebaños de animales y el que dirige rebaños humanos. Y reencontramos aquí al jefe político: un pastor de hombres.

Paro esta primera división sigue siendo poco satisfactoria. Conviene llevarla más allá. Oponer los hombres a todos los otros animales no es buen método. También el diálogo comienza de cero para proponer nuevamente toda una serie de distinciones: entre los animales salvajes y los animales domésticos; aquellos que viven en las aguas y aquellos que viven en tierra; los que tienen cuernos y los que no tienen; los que tienen el casco de pie hendido y aquellos cuyo casco es entero; los que pueden reproducirse por crecimiento y los que no lo pueden hacer. Y el diálogo se pierde en esas interminables subdivisiones.

También ¿qué muestra el desarrollo inicial del diálogo y su fracaso posterior? Que el método de la división no puede probar nada absolutamente cuando no está correctamente aplicado. Eso muestra también que la idea de realizar el poder político como la relación entre un pastor y sus animales era probablemente bastante controvertida en la época. De hecho, es la primera hipótesis que viene al espíritu de los interlocutores cuando buscan descubrir la esencia del político. ¿Entonces era un lugar común? ¿O Platón discutía más bien un tema pitagórico? La ausencia de la metáfora pastoral en los otros textos políticos contemporáneos parece abogar a favor de la segunda hipótesis. Pero probablemente podemos dejar la discusión abierta.

Mi investigación personal, se dirige a la manera cómo Platón se dedica a ese tema en el resto del diálogo. Lo hace primero por medio de argumentos metodológicos y luego invocando el famoso mito del mundo que gira en torno a su eje.

Los argumentos metodológicos son extremadamente interesantes. No es decidiendo cuáles especies pueden formar un rebaño, sino analizando lo que hace el pastor, cómo se puede decir si el rey es o no un tipo de pastor.

¿Qué es lo que caracteriza su tarea? Primero, el pastor esta solo a la cabeza de su rebaño. Segundo, su trabajo es el de velar por el alimento de sus animales; de cuidarlos cuando están enfermos; de tocarles música para reunirlos y guiarlos; de organizar su reproducción con miras a obtener la mejor progenitura. Así reencontramos perfectamente los temas típicos de la metáfora pastoral presentes en los textos orientales.

¿Y cuál es la tarea del rey con respecto a todo esto? Como el pastor, él está solo a la cabeza de la ciudad. Pero para los demás ¿quién provee a la humanidad su alimento? El rey no. El cultivador, el panadero. ¿Quién se ocupa de los hombres cuando están enfermos? ¿El rey? No. El médico. ¿Y quién los guía con la música? El maestro de gimnasia y no el rey. Así pues, muchos ciudadanos podrían pretender muy legítimamente el título de “pastor de hombres”. El político, como el pastor del rebaño humano, cuenta con numerosos rivales. En consecuencia,

si queremos describir lo que es real y fundamentalmente el político, debemos descartar de él “todos aquellos cuya oleada lo rodean” haciéndolo, demostrar en qué no es un pastor.

Platón recurre al mito del universo que gira al rededor de su eje en dos movimientos sucesivos y de sentido contrario.

En un primer tiempo, cada especie animal pertenecía a un rebaño conducido por un Genio- Pastor. El rebaño humano era conducido por la divinidad en persona. Podía disponer ampliamente de los frutos de la tierra; no tenía necesidad de ningún abrigo; y, después de la muerte los hombres volvían a la vida. Una frase capital añade: “Siendo la Divinidad su pastor, los hombres no tenían necesidad de constitución política”.

En un segundo tiempo, el mundo giró en la dirección opuesta. Los dioses ya no fueron más los pastores de los hombres, que se encontraron desde entonces abandonados a ellos mismos. Pues habían recibido el fuego. ¿Cuál sería entonces el papel del político? ¿Iba él a volverse pastor en lugar de la divinidad? Absolutamente no. Su papel sería de ahora en es delante el de tejer un tejido sólido para la ciudad. Ser un hombre político no quiere decir nutrir, cuidar y criar su progenie, sino asociar: asociar diferentes virtudes; asociar temperamentos contrarios (fogosos o moderados), sirviéndose del “vehículo” de la opinión popular.

El arte real de gobernar consiste en reunir a los vivientes “en una comunidad que reposa sobre la concordia y la amistad”, y el tejer así “el más magnifico de todos los tejidos”. Toda la población, “esclavos
y hombres libres, envueltos en sus pliegues”.

El Político aparece pues como la más sistemática reflexión de la antigüedad clásica sobre el tema del pastoreo que estaba llamado a tomar tanta importancia en el occidente cristiano. Que lo discutamos parece probar que el tema, quizás de origen oriental, era suficientemente importante en tiempo de Platón como para merecer una discusión; pero no olvidemos que él fue negado.

Sin embargo no enteramente. Pues Platón le reconocía perfectamente al médico, al cultivador, al gimnasta y al pedagogo la calidad de pastores. En cambio él rechazaba que se mezclaran en actividades políticas. Lo dice explícitamente: ¿Cómo encontraría siempre el político el tiempo para ir a ver a cada persona en particular, darle de comer, ofrecerle conciertos y cuidarla en caso de enfermedad? Solo un dios de la edad de Oro podría portarse así; o aún, ser responsable de la vida y del desarrollo de un pequeño número de individuos, como un médico o un pedagogo. Pero, situados entre los dos- los dioses y los pastores-, los hombres que detentan el poder político no son pastores. Su tarea no consiste en mantener la vida de un grupo de individuos. Consiste en formar y asegurar la unidad de la ciudad. En resumen, el problema político es el de la relación entre uno y la multitud en el cuadro de la ciudad y de sus ciudadanos. El problema pastoral concierne a la vida de los individuos.

Quizás todo esto parezca demasiado lejano. Si insisto sobre estos textos antiguos es por que ellos nos muestran que este problema- o más bien, esta serie de problemas- se planteó muy temprano. Cubren la historia occidental en su totalidad y son aún de la mayor importancia para la sociedad contemporánea. Tienen que ver con las relaciones entre el poder político que actúa en el seno del Estado en tanto que cuadro jurídico de la unidad y un poder que podemos llamar “pastoral”, cuyo papel es el de velar permanentemente por la vida de todos y de cada uno, ayudarlos, mejorarles su condición.

El famoso “problema del Estado–providencia” no evidencia solamente las necesidades o las nuevas técnicas de gobierno del mundo actual. Debe ser reconocido como lo que es: una de las muchísimas reapariciones del delicado ajuste entre el poder político ejercido sobre sujetos civiles y el poder pastoral que se ejerce sobre individuos vivientes.

Naturalmente que no tengo la menor intención de trazar la evolución del poder pastoral a través del cristianismo. Los inmensos problemas que eso plantearía son fáciles de imaginar: problemas doctrinales, tales como el título de “buen pastor”dado a Cristo; problemas institucionales tales como la organización parroquial o la repartición de responsabilidades pastorales entre sacerdotes y obispos.

Mi único propósito es iluminar dos o tres aspectos que considero muy importantes en la evolución del pastoreo, p.e. en la tecnología del poder.

Para comenzar, examinemos la construcción teórica de este tema en la literatura cristiana de los primeros siglos: Crisóstomo, Cipriano, Ambrosio, Jerónimo y, para la vida monástica, Casiano o Benito. Los temas hebraicos se encuentran transformados considerablemente por lo menos en cuatro planos.

1. - Primero, en lo que concierne a la responsabilidad.

Hemos visto que el pastor tiene la responsabilidad del destino del rebaño en su totalidad y de cada oveja en particular. En la concepción cristiana, el pastor debe rendir cuentas no solo de cada una de sus ovejas sino de todas sus acciones, del todo el bien o mal que ellas son susceptibles de hacer, de todo lo que les ocurra.

Además, entre cada oveja y su pastor el cristianismo concibe un intercambio y una circulación complejos de pecados y de méritos. El pecado de la oveja es también imputable al pastor. Deberá responder el día del juicio final. Inversamente, ayudando a su rebaño a encontrar la salud, el pastor encontrará también la suya. Pero salvando sus ovejas él corre el riesgo de perderse; si él quiere salvarse a sí mismo debe pues necesariamente correr el riesgo de que los otros lo pierdan. Si él se pierde, es el rebaño el que quedará expuesto a los peligros más grandes. Pero dejemos estas paradojas de lado. Mi objetivo era únicamente subrayar la fuerza, y la complejidad de los lazos morales que asocian al pastor y a cada miembro de su rebaño. Y sobre todo, yo quisiera recordar con fuerza que estos lazos no conciernen solamente a la vida de los individuos sino también en sus actos en sus más ínfimos detalles.

2. - La segunda alteración importante tiene que ver con el problema de la obediencia y del sometimiento. En la concepción hebraica, siendo Dios un pastor, el rebaño que le sigue se somete a su voluntad, a su ley.

Por su parte, el cristianismo concibe la relación entre el pastor y sus ovejas como una relación de dependencia individual y completa. Seguramente es uno de los puntos sobre los cuales el pastoral cristiana diverge radicalmente del pensamiento griego. Si un griego tenía que obedecer, lo hacía por que era la ley o la voluntad de la ciudad. Si se le ocurría seguir la voluntad de alguien en particular (médico, orador o pedagogo), era por que esa persona lo había persuadido racionalmente de hacerlo. Y eso debía ser con un objetivo estrictamente determinado: curarse, adquirir una competencia, hacer la mejor escogencia.

En el cristianismo, el lazo con el pastor es un vínculo individual, un vínculo de sumisión personal. Su voluntad es cumplida, no por que ella sea conforme a la ley, sino principalmente por que esa es su voluntad.

En las Instituciones cenobíticas de Casiano, se encuentran muchas anécdotas edificantes en las cuales el monje encuentra su salud ejecutando los mandatos más absurdos de su superior. La obediencia es una virtud. Lo que quiere decir que ella no es, como en los griegos, un medio provisional para llegar a un fin sino más bien un fin en sí mismo. Es un estado permanente; las ovejas deben permanentemente someterse a sus pastores: subditi. Como lo dice San Benito, los monjes no viven según su libre arbitrio; su voto es el de estar sometido a la autoridad de un abad: ambulantes alieno judicio et imperio. El cristianismo griego llamaba apathéia a este estado de obediencia. Y la evolución del sentido de esta palabra es significativa. En la filosofía griega, apatheia designa el imperio que el individuo ejerce sobre sus pasiones gracias al ejercicio de la razón. En el pensamiento cristiano, el pathos es la voluntad ejercida sobre sí, y por sí. La apatheia nos libera de tal obstinación.

3. – La pastoral cristiana supone una forma de conocimiento particular entre el pastor y cada una de sus ovejas. Este conocimiento es particular. El individualiza. No es suficiente saber en cual estado se encuentra el rebaño. Es necesario saber también el de cada oveja. Este tema existía mucho antes del pastoral cristiano, pero fue considerablemente ampliado en tres sentidos diferentes: El pastor debe ser informado de las necesidades materiales de cada miembro del rebaño y colaborar en su satisfacción cuando sea necesario. El debe saber lo que ocurre, lo que hace cada uno de ellos, sus pecados públicos. Last and not least, él debe saber lo que ocurre en el alma de cada uno de ellos, conocer sus pecados secretos, sus progresos por la vía de la santidad.

Con el fin de asegurarse este conocimiento individual, el cristianismo se apropia de dos instrumentos esenciales que existían en el mundo helénico: El examen de conciencia y la dirección de conciencia. Los ha tomado pero no sin modificarlos considerablemente.

Se sabe que el examen de conciencia estaba difundido entre los pitagóricos, los estoicos y los epicúreos, quienes veían en él un medio de hacer la cuenta cotidiana del bien o del mal realizado con respecto a sus deberes.

Así se podía medir su progreso por la vía de la perfección, p.e. el dominio de sí y el imperio ejercido sobre sus propias pasiones. La dirección de conciencia era también predominante en ciertos medios cultivados, pero tomaba entonces la forma de consejos dados –y a veces retribuidos- en circunstancias particularmente difíciles: en la aflicción, o cuando se padecía un revés de fortuna.

La pastoral cristiana asoció estrechamente estas dos prácticas. La dirección de conciencia constituía un vínculo predominante: la oveja no se dejaba conducir únicamente con el fin de franquear victoriosamente algún paso peligroso; ella se dejaba llevar en cada instante. Ser guiado era un estado, y usted estaría, fatalmente perdido si intentaba escapar de él. Quien no tolera ningún consejo se marchita como una hoja muerta, dice el eterno estribillo. En cuanto al examen de conciencia, su propósito no era el de cultivar la conciencia de sí, sino el de permitir abrirse enteramente a su director, revelarle las profundidades del alma.

Existen muchos textos ascéticos y monásticos del siglo I, sobre el lazo entre la dirección y el examen de conciencia, y muestran hasta qué punto esas técnicas eran capitales para el cristianismo y cuál era su grado de complejidad. Lo que querría subrayar es que ellas traducen la aparición de un fenómeno muy extraño en la civilización greco-romana, es decir, la organización de un vínculo entre la obediencia total, el conocimiento de sí, y la confesión hecha a otro.

4. - Existe otra transformación, quizás la más importante. Todas estas técnicas cristianas, de examen, de confesión, de dirección de conciencia y de obediencia tienen un objetivo: llevar a los individuos a obrar para su propia “mortificación” en este mundo. La mortificación no es la muerte, seguramente, pero sí una renuncia a este mundo y a sí mismo: una especie de muerte cotidiana. Una muerte que se considera da la vida en el otro mundo. No es la primera vez que encontramos el tema pastoral asociado a la muerte, pero su sentido es distinto al de la idea griega del poder político. No se trata de un sacrificio por la ciudad; la mortificación cristiana es una forma de relación de sí consigo mismo. Es un elemento, una parte integrante de la identidad cristiana.

Podemos decir que la pastoral cristiana introdujo un juego que ni los griegos ni los hebreos habían imaginado. Un extraño juego cuyos elementos son la vida, la muerte, la verdad, la obediencia, los individuos, la identidad; un juego que parece no tener ninguna relación con el de la ciudad que sobrevive a través del sacrificio de los ciudadanos. Logrando combinar estos dos juegos- el juego de la ciudad y del ciudadano y el juego del pastor y del rebaño.- en lo que llamamos los Estados Modernos, nuestras sociedades se han revelado verdaderamente demoníacas.

Como podéis notar, no he tratado aquí de resolver un problema sino de sugerir una aproximación a ese problema. Es del mismo orden que aquellos sobre los cuales yo trabajo desde mi primer libro sobre la locura y la enfermedad mental. Como lo he dicho antes, tienen que ver con relaciones entre experiencias (tales como la locura, la enfermedad, la trasgresión de las leyes, la sexualidad, la identidad), saberes (tales como la psiquiatría, la medicina, la criminología, la sexología y la psicología), y el poder (como el poder que se ejerce en las instituciones psiquiátricas y penales, así como en todas las otras instituciones que tienen que ver con el control individual).

Nuestra civilización desarrolló el sistema de saber más complejo, las estructuras de poder más sofisticadas: ¿Qué ha hecho de nosotros esta forma de conocimiento, este tipo de poder? ¿De qué manera estas experiencias fundamentales de la locura, del sufrimiento, de la muerte, del crimen, del deseo y de la individualidad están ligadas, incluso si no tenemos de ello conciencia, al conocimiento y al poder? Estoy seguro de que nunca encontraré la respuesta, pero eso no quiere decir que debamos renunciar a plantear la pregunta.

II

Traté de mostrar cómo el cristianismo primitivo dio forma a la idea de una influencia pastoral que se ejerce continuamente sobre los individuos y a través de la demostración de su verdad particular. Y traté de mostrar cuan extraña es esta idea de poder pastoral al pensamiento griego a pesar de un cierto número de prestamos tales como el examen de conciencia práctico y la dirección de conciencia.

Querría ahora, al precio de un salto de muchos siglos, describir otro episodio que revistió en sí una importancia particular en la historia de ese gobierno de los individuos por su propia verdad.

Este ejemplo se refiere a la formación del Estado en el sentido moderno del término, si establezco esta aproximación histórica no es, evidentemente, para dar a entender que el aspecto pastoral del poder desaparece en el curso de los diez grandes siglos de la Europa cristiana, católica y romana, pero me parece que, contrariamente a todo lo esperado, este periodo no ha sido el de la pastoral triunfante. Y esto por diversas razones: algunas son de naturaleza económica (el pastoreo de las almas es una experiencia típicamente urbana, difícilmente conciliable con la pobreza y la economía rural extensiva de comienzos de la edad Media). Otras razones son de naturaleza cultural: la pastoral es una técnica complicada que requiere cierto nivel de cultura (de parte del pastor tanto como de su rebaño). Otras razones tienen además que ver con la estructura socio-política. El feudalismo desarrolló entre los individuos un tejido de lazos personales de un tipo diferente del pastoral.

No pretendo que la idea de un gobierno pastoral de los hombres haya desaparecido enteramente de la iglesia medieval. En verdad permaneció y se puede decir que mostró una gran vitalidad. Dos series de hechos tienden a probarlo. En primer lugar, las reformas que se desarrollaron en el seno mismo de la Iglesia, en particular en las órdenes monásticas (las diferentes reformas que operan sucesivamente al interior de los monasterios existentes), tenían por objetivo restablecer el rigor del orden pastoral entre los monjes. En cuanto a las nuevas órdenes creadas (dominicos y franciscanos) ellas se propondrán ante todo efectuar un trabajo pastoral entre los fieles.

En el curso de sus crisis sucesivas, la Iglesia trató incansablemente de reencontrar sus funciones pastorales. Pero hay más. Incluso en la población, se asiste a todo lo largo de la edad Media al desarrollo de una larga serie de luchas donde lo que se ponía en juego era el poder pastoral. Los adversarios de la Iglesia que faltaban a sus obligaciones rechazaban su estructura jerárquica y se lanzan a buscar formas más o menos espontáneas de comunidad, en la cual el rebaño pudiera encontrar al pastor que necesitaban. Esta búsqueda de una expresión pastoral revestía numerosos aspectos: a veces, como en el caso de los Valdenses, dio lugar a luchas de extrema violencia; en otras ocasiones, como en la comunidad de los Hermanos de la Vida, ésta búsqueda fue pacífica. Ora suscita movimientos e gran amplitud como la de los Husitas, ora fermenta grupos limitados como los amigos de Dios de Oberland. Se trata ya de movimientos próximos de la herejía (como los Beghards), ya de movimientos ortodoxos revoltosos fijados a las faldas mismas de la Iglesia (como los oratorios italianos del siglo XV).

Evoco todo esto de manera muy alusiva solo con el único objeto de subrayar que, si el pastorado no se instituyó como un gobierno efectivo y práctico de los hombres, sin embargo fue en la edad Media una preocupación constante y de un motivo de luchas incesantes. A todo lo largo de este periodo se manifiesta un ardiente deseo de establecer relaciones pastorales entre los hombres, y esta aparición afectó tanto la corriente mística como los grandes sueños milenaristas.

***

Ciertamente no pienso tratar aquí el problema de la formación de los Estados. No pienso tampoco explorar los diferentes procesos económicos, sociales y políticos de los cuales proceden. Finalmente, tampoco pretendo analizar los distintos mecanismos e instituciones de los cuales se han dotado los Estados con el fin de asegurar su sobrevivencia. Quería simplemente dar algunas indicaciones fragmentarias sobre alguna cosa que se encuentra a mitad de camino entre el Estado, como tipo de organización política, y sus mecanismos, a
saber, el tipo de racionalidad que obra en el ejercicio del poder de Estado.

Lo evoqué en mi primera conferencia. Yo creo que más bien que preguntarse si las aberraciones del poder de Estado son debidas a excesos de racionalismo o de irracionalismo sería más juicioso atenerse al tipo específico de racionalidad política producida por el Estado.

Después de todo, a este respecto al menos, las prácticas políticas se parecen al científicas: no es la “razón en general” la que se aplica, sino siempre un tipo muy específico de racionalidad.

Lo que es sorprendente, es que la racionalidad del poder de Estado fue reflexionada y perfectamente consciente de su singularidad. Ella no estaba encerrada en prácticas espontáneas y ciegas, y no es algún análisis retrospectivo el que la saca a luz. Fue formulada, en particular, en dos cuerpos de doctrina: la razón de Estado y la teoría de la policía. Yo sé que estas dos expresiones adquieren pronto sentidos estrechos y peyorativos. Pero durante los ciento cincuenta o doscientos años que tomó la formación de los estados modernos, tendrán un sentido muchísimo más amplio que el de hoy.

La doctrina de la razón de Estado trató de definir en qué los principios y métodos del gobierno estatal diferían, por ejemplo, de la manera como Dios gobernaba al mundo, el padre a su familia, o un superior a su comunidad.

En cuanto a la doctrina de la policía ella definió la naturaleza de los objetos de la actividad racional del Estado; definió la naturaleza de los objetivos que él persigue, la forma general de los instrumentos que él emplea.

Es pues de éste sistema de racionalidad del que querría hablar ahora. Pero es necesario comenzar por dos preliminares:

1 .- Dado que Meinicke publicó un libro de los más importantes sobre la razón de Estado, yo hablaré esencialmente de la teoría de la policía.

2 .- Alemania e Italia tropezaron con las mayores dificultades para constituirse como Estados, y serán estos dos países los que producirán mayor número de reflexiones sobre la razón de Estado y la policía. Remitiré pues a menudo a textos italianos y alemanes.

***

Comencemos por la razón de Estado, de la cual he aquí algunas definiciones:

BOTERO: “Un conocimiento perfecto de los medios a través de los cuales los Estados de forman, se refuerzan, duran y crecen”.

PALAZZO: (Discurso sobre el gobierno y la verdadera razón del Estado. 1.606): “Un método o una arte que nos permite descubrir cómo hacer reinar el orden y la paz en el seno de la República”.

CHEMNITZ: (De ratione Status. 1.647): “Cierta consideración política necesaria para todos los asuntos públicos, los consejos y los proyectos, cuyo único objetivo es la preservación, la expansión y la felicidad del Estado; con qué fin se emplean los medios más rápidos y más cómodos”.

Detengámonos sobre algunos rasgos comunes de estas definiciones.

1 .- La razón de Estado es considerada como un “arte”, es decir una técnica que se conforma según ciertas reglas. Estas reglas no tienen que ver simplemente con las costumbres o las tradiciones, sino también con el conocimiento, el conocimiento racional. En nuestros días, la expresión Razón de Estado evoca lo “arbitrario” o la “violencia”. Pero en la época, se entendía por ella una racionalidad propia del arte de gobernar los Estados.

2.- ¿De dónde saca este arte de gobernar su razón de ser? La respuesta a esta pregunta provoca el escándalo del pensamiento político naciente. Y sin embargo es muy simple: el arte de gobernar es racional, si la reflexión lo lleva a observar la naturaleza de lo que es gobernado, en este caso el Estado.

Ahora bien, proferir tal insulsez es romper con una tradición a la vez completamente cristiana y judicial, una tradición que pretendía que el gobierno era fundamentalmente justo. Respetaba todo un sistema de leyes: leyes humanas, ley natural, ley divina.

Existe a este propósito un texto muy revelador de Santo Tomás. El recuerda que “el arte en su dominio, debe imitar lo que la naturaleza cumple en el suyo”; no es razonable mas que con esa condición. En el gobierno de su reino, el rey debe imitar el gobierno de la naturaleza por Dios; o también, el gobierno del cuerpo por el alma. El rey debe fundar ciudades exactamente como Dios creó el mundo, o como el alma da forma al cuerpo. El rey debe también conducir a los hombres hacia su finalidad, como Dios lo hace para los seres naturales, o como el alma lo hace al dirigir al cuerpo. ¿Y cual es la finalidad del hombre? ¿Lo que es bueno para el cuerpo? No. No habría necesidad más que de un médico, no de un rey. ¿La riqueza? Tampoco. Con un administrador sería suficiente. ¿La verdad? Ni siquiera. Para eso se necesita únicamente un maestro. El hombre tiene necesidad del alguien que sea capaz de abrir la vía a la felicidad celeste conformándose aquí abajo con lo que es honestum.

Como podemos verlo, el arte de gobernar se modela sobre Dios que impone sus leyes a sus creaturas. El modelo de gobierno racional planteado por Santo Tomás no es político, mientras que bajo la apelación “razón de Estado” los siglos XVI y XVII buscarán principios de guiar un gobierno práctico. No se interesan en la naturaleza ni en sus leyes en general. Se interesan en lo que es el Estado, en lo que son sus exigencias.


Así podemos comprender el escándalo religioso provocado por este tipo de investigación. Esto explica por qué la razón de Estado fue asimilada al ateísmo. Especialmente en Francia esta expresión apareció en un contexto político que fue comúnmente calificado de “ateo”.

3 .- La razón de estado se opone también a otra tradición. En El Príncipe, el problema de Maquiavelo es el de saber como se puede proteger, contra sus adversarios interiores o exteriores, una provincia o un territorio adquirido por herencia o conquista. Todo el análisis de Maquiavelo trata de definir lo que mantiene o refuerza el vínculo entre el príncipe y el Estado, mientras que el problema planteado por la razón de Estado es el de la existencia misma y de la naturaleza del Estado. Es por este que los teóricos de la razón de Estado se esforzarán por permanecer lo más lejos posible de Maquiavelo; éste tenía mala reputación y ellos no podían reconocer el problema de él como si fuera el de ellos. Inversamente, los adversarios de la razón de Estado tratarán de comprometer este nuevo arte de gobernar, denunciando en él la herencia de Maquiavelo. A despecho de las querellas confusas que se desarrollaron un siglo después de la redacción de El Príncipe, la razón de Estado marca sin embargo la aparición de un tipo de racionalidad extremadamente diferente del de Maquiavelo (aunque en parte solamente).

El designio de tal arte de gobernar es precisamente es el no reforzar el poder que un príncipe puede ejercer sobre su dominio. Su objetivo es reforzar el Estado mismo. Es este uno de los rasgos más característicos de todas las definiciones aparecidas en los siglos XVI y XVII. El gobierno racional se resume, por así decirlo en esto: dada la naturaleza del Estado él puede abatir a sus enemigos durante un tiempo indeterminado. No lo puede hacer mas que aumentando su propia potencia. Y sus enemigos harán otro tanto.

El Estado cuya única preocupación fuera la de durar terminaría muy seguramente en catástrofe. Esta idea es muy importante y se relaciona con una nueva perspectiva histórica. De hecho, ella supone que los Estados son realidades que deben resistir necesariamente durante un periodo histórico de una duración indefinida en una área geográfica discutida.

4 .- Finalmente, podemos ver que la razón de Estado, en el sentido de un gobierno racional capaz de acrecentar la potencia del Estado de acuerdo consigo mismo, pasa por la constitución previa de un cierto tipo de saber. El gobierno no es posible mas que si la fuerza del Estado es conocida: así se la puede mantener. La capacidad del Estado y los medios de aumentarla deben también ser conocidos, así como también la fuerza y la capacidad de los otros Estados. El Estado gobernado debe en efecto resistir a los otros. El gobierno no podría pues limitarse a la sola aplicación de los principios generales de la razón, de sabiduría, de prudencia. Es necesario un saber: un saber concreto, preciso y mesurado que se refiera a la potencia del Estado. El arte de gobernar, característico de la razón de Estado está íntimamente ligado al desarrollo de aquello que se ha llamado estadística o aritmética política, es decir al conocimiento de las fuerzas respectivas de los diferentes Estados. Tal conocimiento era indispensable para el buen gobierno.

Resumiéndonos, la razón de Estado no es un arte de gobernar según las leyes divinas, naturales o humanas. Este gobierno no tiene que respetar el orden general del mundo. Se trata de un gobierno de acuerdo con la potencia del estado. Es un gobierno cuyo objetivo es acrecentar esa potencia en un cuadro extensivo y competitivo.

***

Lo que los autores de los siglos XVII y XVIII entienden por “policía” es muy diferente a los que nosotros consideramos bajo éste término. Valdría la pena estudiar por que la mayoría de esos autores son italianos o alemanes, pero ¡qué importa! Por “policía” no entendían una institución o un mecanismo funcionando en el seno del Estado, sino una técnica de gobierno propio del Estado; dominios, técnicas, objetivos que invocan la intervención del Estado.

Para ser claro y simple, ilustraré mis afirmaciones con un texto que tiene que ver a la vez con la utopía y con el proyecto. Es una de las primeras utopías - programas del Estado policía. Turquet de Meyenne la compuso y la presentó un 1.611 a los Estados generales de Holanda.

En Science and Rationalism in the goverment of Luis XIV, J. King llama la atención sobre la importancia de esa extraña obra cuyo título Monarquía aristodemocrática, es suficiente para mostrar la que cuenta a los ojos del autor; se trata menos de escoger entre estos dos diferentes tipos de constitución que de combinarlos con miras a un fin vital: el Estado. Turquet la llama también Ciudad, República o también Policía.

Esta es la organización que propone Turquet. Cuatro grandes dignatarios secundan al rey. Uno está encargado de la justicia; el segundo del ejército, el tercero el tesorero del rey, es decir encargado de los impuestos y de los recursos del rey y el cuarto de la policía. Parece que el papel de este gran empleado debió ser esencialmente moral. Según Turquet él debía inculcar a la población “la modestia, la caridad, la fidelidad, la asiduidad, la cooperación amistosa, la honestidad”. Aquí reconocemos una idea tradicional: la virtud del sujeto es la garantía de la buena administración del reino. Pero, cuando nos adentramos en los detalles, la perspectiva es un poco diferente.

Turquet sugiere la creación en cada provincia de consejos encargados de mantener el orden público. Dos velarán por las personas; los otros dos por los bienes. El primer consejo que se ocupa de las personas debía velar por los aspectos positivos, activos y productivos de la vida. Dicho de otra manera, él se ocuparía de la educación, determinaría los gustos y las actitudes de cada uno y escogería los oficios; los oficios útiles: toda persona de más de veinticinco años debía estar inscrita en un registro que indicaba su profesión. Aquellos que no se empleaban útilmente eran considerados como la hez de la sociedad.

El segundo consejo debía ocuparse de los aspectos negativos de la vida: de los pobres(viudas, huérfanos, viejos) necesitados; personas sin empleo; de aquellos cuyas actividades exigen una ayuda pecuniaria ( y a los cuales no se les pedía ningún interés); pero también de la salud pública – enfermedades, epidemias- y de accidentes tales como los incendios y las inundaciones.

Uno de los consejos encargados de los bienes debía especializarse en las mercancías y productos manufacturados. Debía indicar que producir y como hacerlo, pero también controlar los mercados y el comercio. El cuarto consejo velaría por el “dominio”, p.e. el territorio y el espacio, controlando los bienes privados, los legados, las donaciones y las ventas; reformando los derechos señoriales; y ocupándose de los caminos, de los ríos, de los edificios públicos y de los bosques.

En muchos puntos, este texto se emparienta con las utopías políticas tan numerosas en la época. Pero él es también contemporáneo de las grandes discusiones teóricas sobre la razón de  Estado y la organización administrativa de las monarquías. Es muy representativo de lo que debía ser en el espíritu de la época, las tareas de un Estado gobernado siguiendo la tradición.

¿Qué demuestra este texto?

1 .- La “policía” parece como una administración dirigiendo al Estado en concurrencia con la justicia, el ejército y la tesorería. Es verdad. Sin embargo, en efecto ella abraza todo el resto. Como lo explica Turquet, ella extiende sus actividades a todas las situaciones, a todo lo que los hombres hacen o emprenden. Su domino comprende la justicia, las finanzas y el ejército.

2 .- La “policía” engloba todo. Pero desde un punto de vista extremadamente particular. Hombres y cosas son enfrentados en sus relaciones: la coexistencia de los hombres en un territorio; sus relaciones de propiedad; lo que producen; lo que se intercambia en el mercado. Se interesa también por la manera en que ellos viven, por las enfermedades y los accidentes a los cuales están expuestos. Es un hombre viviente, activo y productivo el que la policía vigila. Turquet emplea una notable expresión: el hombre es el verdadero objeto de la policía, afirma él en substancia.

3 .- Tal intervención en las actividades de los hombres podría muy bien ser calificada de totalitaria ¿cuáles son los objetivos perseguidos? Tiene que ver con dos categorías. En primer lugar, la policía tiene que ver con todo lo que hace la ornamentación, la forma, y el esplendor de la ciudad. El esplendor no se refiere únicamente a la belleza de un Estado organizado a la perfección, sino también a su poderío, a su vigor. Así la policía asegura el vigor del Estado y lo pone en primer plano.

En segundo lugar, el otro objetivo de la policía es desarrollar las relaciones de trabajo y de comercio entre los hombres, al mismo titulo que la ayuda y la asistencia pública. Aquí también, la palabra la que emplea Turquet es importante: la política debe asegurar la “comunicación” entre los hombres, en el sentido amplio del término. Sin lo cual los hombres no podrían vivir; o su vida sería precaria, miserable y perpetuamente amenazada.

Podemos reconocer allí, yo creo, lo que es una idea importante. En tanto que forma de intervención racional que ejerce el poder político sobre los hombres, el papel de la policía es el de darles un pequeño suplemento de vida: y haciéndolo, darle al Estado un poco más de fuerza. Esto se hace por el control de la “comunicación”, es decir de las actividades comunes de los individuos (trabajos, producción, intercambio, comodidades).

Ustedes objetaran: pero no es mas que la utopía de algún obscuro autor. ¡Usted no puede deducir de allí la menor consecuencia significativa! Por mi parte, yo pretendo que esta obra de Turquet no es mas que un ejemplo de una inmensa literatura que circula en la mayor parte de los países europeos de la época. Por el hecho de que sea excesivamente simple y sin embargo muy detallada, evidencia de manera clara, a más no poder, características que se pueden reconocer por todas partes. Ante todo, diría que esas ideas no nacieron muertas.

Se difundieron a todo lo largo de los siglos XVII y XVIII, sea bajo formas políticas concretas (tales como el cameralismo o el mercantilismo), sea en tanto que materias de enseñanza (La Polizeiwissenschaft alemana; no olvidemos que fue bajo este título que fue enseñada en Alemania la ciencia de la administración.

Querría, sino estudiar, al menos sugerir dos perspectivas. Comenzaré por referirme a un compendio administrativo francés y a un manual alemán.

1 .- Todo historiador conoce el Compendium de Delamare. A comienzos del siglo XVIII, este administrador emprendió la compilación de los reglamentos de policía de todo el reino. Es una fuente inagotable de información del mayor interés. Me propongo mostrar la concepción general de la policía que una tal cantidad de reglas y de reglamentos podía hacer nacer en un administrador como Delamare.
 Delamare explica que hay once cosas sobre las cuales la policía debe velar al interior del Estado: (1) la religión; (2) la moralidad; (3) la salud; (4) los aprovisionamientos; (5) los caminos; (6) la seguridad pública; (7) las artes liberales; (8) el comercio; (9) las fábricas; (10) los domésticos y los jornaleros; (11) los pobres.

La misma clasificación caracteriza todos los tratados relativos a la policía. Como en el programa utópico de Turquet, excepción hecha del ejército, de la justicia propiamente dicha y de las contribuciones directas, la policía vela aparentemente por todo. Se puede decir la misma cosa de otra manera; el poder real se había afirmado contra el feudalismo gracias al apoyo de una fuerza armada, así como desarrollando un sistema judicial y estableciendo un sistema fiscal. Era así como se ejercía tradicionalmente el poder real. Ahora bien, la “policía” designa el conjunto de nuevo dominio en el cual el poder político y administrativo centralizado puede intervenir.

Pero ¿cuál es pues la lógica que obra tras la intervención de los rituales culturales, las técnicas de producción a pequeña escala, la vida intelectual, y la red vial?

La respuesta de Delamare parece un poquito dudosa. La policía, precisa él en substancia, vela por todo lo que tiene que ver con la felicidad de los hombres, después de lo cual añade: la policía vela por todo lo que reglamenta la sociedad (las relaciones sociales) que prevalece entre los hombres. Y finalmente asegura él, la policía vela por el viviente. Es en esta definición en la que voy a detenerme. Es la más original y aclara las otras dos; y el mismo Delamare insiste en ello. Veamos cuales son sus observaciones sobre los once objetos de la policía. La policía se ocupa de la religión, claro que no desde el punto de vista de la verdad dogmática, sino desde aquel de la cualidad moral de la vida. Velando por la salud y por aprovisionamientos, ella se consagra a preservar la vida; tratándose del comercio, de las fábricas, de los obreros, de los pobres y del
orden público, ella se ocupa de las comodidades de la vida. Al velar por el teatro, la literatura, los espectáculos, su objeto no es otro que los placeres de la vida. En resumen, la vida es el objeto de la policía; lo indispensable, lo útil y lo superfluo. Es a la policía la que le corresponde permitir a los hombres sobrevivir, vivir y además obrar bien.

Así reencontramos las otras definiciones que propone Delamare: el solo y único designio de la policía es el de conducir al hombre a la mayor felicidad que él pueda gozar en esta vida. O así mismo, la policía se preocupa por la comodidad del alma (gracias a la religión y a la moral) de la comodidad del cuerpo (alimentación, salud, vestido, vivienda) y de la riqueza (industria, comercio, mano de obra). O finalmente, la policía vela por las ventajas que no se pueden sacar mas que de la vida en sociedad.

2. – Demos ahora una hojeada a los manuales alemanes. Debían ser empleados un poco mas tarde para enseñar la ciencia de la administración. Esta enseñanza fue dispensada en diversas universidades en particular en Gottingen, y revestía una importancia extrema para Europa continental. Fue allí donde fueron formados los funcionarios prusianos, austríacos y rusos, los que debían cumplir las reformas de José II y de Catalina la Grande. Algunos franceses, en el entorno de Napoleón especialmente, conocían muy bien las doctrinas de la Polizeiwissenschaft.

¿Qué se encuentra en esos manuales?

En su Liber de Politia, Huhenthal distingue las rúbricas siguientes: el número de ciudadanos; las religión y la moralidad; la salud; la alimentación; la seguridad de las personas y de los bienes (en particular con respecto a los incendios y las inundaciones); la administración de la justicia; las diversiones y los placeres de los ciudadanos (cómo procurárselos, cómo moderarlos). Sigue entonces toda una serie de capítulos sobre los ríos, los bosques, las minas, las salinas y la vivienda, y finalmente muchos capítulos sobre los diferentes medios de adquirir los bienes por la agricultura, la industria o el negocio.

En sus Precisiones para la policía, Willembrand aborda sucesivamente la moralidad, las artes y los oficios, la salud, la seguridad y, por último, los edificios públicos y el urbanismo. En lo concierne a los temas, por lo menos, no hay gran diferencia con la lista de Delamare.

Pero de todos estos textos el más importante es el de Justi, Elementos de policía. El objeto específico de la policía sigue siendo definido como la vida en sociedad de individuos vivientes. Von Justi sin embargo organiza su obra un poco diferente. Comienza por estudiar lo que llama los “bienes – fondos del Estado”, es decir su territorio. Lo encara bajo dos aspectos: cómo está poblado (ciudades y campos), después quienes son sus habitantes (número, crecimiento demográfico, salud, mortalidad, inmigración). Después Von Justi analiza los “bienes y efectos”, p.e. las mercancías, los productos manufacturados, así como su circulación que plantea problemas que tienen que ver con su costo, al crédito y al contado. Finalmente, la última parte está consagrada a la conducta de los individuos: su moralidad, sus capacidades profesionales, su honestidad, y su respeto a la Ley.

A mi manera de ver, la obra de Justi, es una demostración mucho más explorada de la evolución del problema de la policía que la “Introducción” de Delamare a su compendio de reglamentos. Existen cuatro razones para ello.

Primero, Von Justi define en términos mucho más claros la paradoja central de la policía. La policía, explica él, es lo que permite al Estado acrecentar su poder y ejercer su poderío en toda su amplitud. Por lo demás, la policía debe cuidar a las gentes felices, entendiéndose por felicidad la sobrevivencia, la vida y una vida mejorada. Define perfectamente lo que él considera el objetivo del arte moderno de gobernar o de la racionalidad estatal; desarrollar esos elementos constitutivos de la vida de los individuos de tal manera que desarrollo refuerce también la potencia del Estado.

Después Von Justi establece una distinción entre esta tarea, que a instancia de sus contemporáneos el llama Polizei, y la politik, La política, Die Politik. Es fundamentalmente una tarea negativa. Consiste, para el Estado, en enfrentarse a sus enemigos del interior tanto como del exterior. Por el contrario la Polizei es una tarea positiva: consiste en favorecer a la vez la vida de los ciudadanos y el vigor del Estado.

Se toca aquí un punto importante: Von Justi insiste mucho más de lo que lo hace Delamare en la noción que deberá tomar una creciente importancia en el curso del siglo XVIII: la población.

La población era definida como un grupo de individuos vivientes. Su característica era la de todos os individuos pertenecientes a una misma especie, viviendo uno al lado del otro. (así se caracterizaba por tasas de mortalidad y de fecundidad; estaban sujetos a epidemias y a fenómenos de superpoblación; presentaban un cierto tipo de repartición territorial).

Ciertamente, Delamare empleaba la palabra “vida” para definir el objeto de la policía pero no insistía excesivamente. A todo lo largo del siglo XVIII, y sobre todo en Alemania, es la población - p.e un grupo de individuos vivientes en un área dada - la que es definida como objeto de policía.

Finalmente, es suficiente con leer Von Justi para apercibirse que no se trata solamente de una utopía, como en Turquet, ni de un compendio de reglamentos sistemáticamente repertoriados. Von Justi pretende elaborar una Polizei Wissenschaft. Su libro no es una simple lista de prescripciones. Es también una rejilla a través de la cual se `puede observar al Estado, es decir, su territorio, sus recursos, su población, sus ciudades, etc., Von Justi asocia la “estadística” (la descripción de los Estados) y el arte de gobernar, la Polizeiwissenschaft es ala vez un arte de gobernar y un método de analizar una población viviente sobre un territorio.

Tales consideraciones históricas deben parecer muy lejanas, deben parecer inútiles con respecto a las preocupaciones actuales. No iría tan lejos como Herman Hesse que afirma que solo es fecunda la “referencia constante a la historia, al pasado y a la antigüedad”. Sino que la experiencia me ha enseñado que la historia de las diversas formas de racionalidad logra mejores éxitos que una crítica abstracta, para conmover nuestras certidumbres y nuestro dogmatismo. Durante siglos, la religión no pudo soportar que se contara su historia. Actualmente a nuestras escuelas de racionalidad no les gusta que se escriba su historia, lo que sin duda es significativo.

Lo que he querido mostrar es una dirección de investigación. No son mas que rudimentos sobre un estudio sobre el cal trabajo desde hace ya dos años. Se trata del análisis histórico de lo que llamaríamos, con una expresión desueta, el arte de gobernar.

Este estudio reposa sobre un cierto número de postulados de base, que yo resumiría de la siguiente manera.

1 .- El poder no es una substancia. No es tampoco un misterioso atributo del cual sería necesario excavar sus orígenes. El poder no es mas que un tipo particular de relaciones entre individuos. Y estas relaciones son específicas: dicho de otra manera, ellas nada tiene que ver con el intercambio, la producción y la comunicación, incluso sí estas le están asociadas. El rasgo distintivo del poder es que algunos hombres pueden más o menos enteramente determinar la conducta de otros hombres, pero nunca de manera exhaustiva o coercitiva. Un hombre encadenado o golpeado está sometido a la fuerza que se ejerce sobre él. Pero no al poder. Pero si se lo puede llevar a hablar, cuando su último recurso hubiera podido ser el guardar su lengua, prefiriendo la muerte, es porque se lo ha empujado a comportarse de cierta manera. Su libertad ha sido sujetada al poder. Ha sido sometido al gobierno. Si un individuo puede permanecer libre, por limitada que pueda ser su libertad, el poder puede sujetarlo al gobierno. No existe poder sin rechazo o rebeldía en potencia.

2 .- Por lo que son relaciones entre los hombres, muchos factores determinan el poder. Y sin embargo, la racionalización no deja de proseguir su obra y reviste formas específicas. Difiere de la racionalización propia de los procesos económicos, o de las técnicas de producción y de comunicación; difiere también de las del discurso científico. El gobierno de los hombres por los hombres -sea que formen grupos modestos o importantes, que se trate del poder de los hombres sobre las mujeres, de los adultos sobre los niños, de una clase sobre otra o de una burocracia sobre una población- supone una cierta forma de racionalidad y no una violencia instrumental.

3 - En consecuencia, aquellos que se resisten o se revelan contra una forma de poder no podrían contentarse con denunciar la violencia o con criticar una institución. No es suficiente con instaurar un proceso a la razón en general. Lo que es necesario cuestionar es la forma de racionalidad presente. La crítica del poder ejercido sobre los enfermos mentales o los locos no se puede limitar a las instituciones psiquiátricas; de la misma manera, aquellos que enfrentan el poder de castigar no se podrían contentar con denunciar las prisiones como instituciones totales. La pregunta es: ¿Cómo son racionalizadas las relaciones de poder? Plantearla es la única manera de evitar que otras instituciones, con los mismos objetivos y los mismos efectos no tomen su lugar.

4 - Durante siglos, el Estado ha sido una de las formas de gobierno más notables y una de las más terribles también. Que la crítica política se haya quejado de que el Estado sea simultáneamente un factor de individualización y un principio totalitario es muy revelador. Es suficiente con observar la racionalidad del Estado naciente y de ver cuál fue su primer proyecto de policía para darse cuenta que desde el absoluto comienzo, el Estado fue a la vez individualizante y totalitario. Oponerle el individuo y sus intereses es tan azaroso como oponerle la comunidad y sus exigencias.

La racionalidad política se ha desarrollado he impuesto al filo de la historia de las sociedades occidentales. Primero enraizó en la idea del poder pastoral, después en la de razón de Estado. La individualización y la totalización son por ello efectos inevitables. La liberación no puede venir mas que del ataque, no a uno ó a otro de estos efectos, sino a las raíces mismas de la racionalidad política.

MICHEL FOUCAULT
Traducido por Luis Alfonso Paláu C. Revisado para el curso “Historia de las prácticas discursivas III: de la genealogía de los conceptos a la arqueología del saber”. Escuela de estudios filosóficos y culturales. Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. Universidad Nacional de Colombia. Medellín - Mayo 24/1989 – Diciembre 10/2002

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Sobrevivir

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

Todo el mundo simula que no ve, no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Se quiere aparentar lo que no se es, no es verdad de que la mujer del César no sólo debe aparentarlo sino serlo. El demagogo esconde, malicioso discursea sobre pendejadas para hacer perder de vista lo esencial. En las pequeñas historias, en los acontecimientos de una serie de discontinuidades, Colombia es ejemplo de la especie humana en su carrera violenta por sobrevivir, sus clases de Poder libran una lucha por quedarse con el trono, por asegurar el ejercicio de gobierno nacional. En el cuerpo se inscriben los acontecimientos, el lenguaje los marca y las ideas los disuelven. En el cuerpo está impresa la historia. El cuerpo está dentro una serie de regímenes que lo moldean; es roto por ritmos de trabajo, de reposo y de fiestas, de amor; forjado, confeccionado por leyes, valores, hábitos; el también construye sus resistencias.

Una sociedad se expresa en sus silencios, en sus chistes, es la genealogía, es la historia un carnaval concertado, en cuya escena actúan no almas inmortales, sino muchas almas mortales, en su ambición de trono, sale lo peor de la condición humana, muchos pensamientos viles, promesas de sangre. Esta mañana amanecí con sed de violencia, el amanecer los exalta si tienen cadáveres de compañía, pupilos de la madre muerte colombiana, pichones de escuelas neonazis, y detrás de las máscaras se esconden los maestros, el precandidato, los empresarios que viven a merced de los asesinatos, sus riquezas se las juegan en la vendetta de armas, municiones, negocio y diversión, grandes sumas de dinero pero han aprendido lo festivo en la desgracia, se divierten con las masacres, trozando los cuerpos de sus víctimas con motosierra, cortando cabezas y jugando con ellas como balón en las canchas de futbol. El ojo al principio fue entrenado para la caza y la guerra, el castigo subordinado a la necesidad de vengarse, de excluir al agresor, de liberarse de la víctima, de espantar a los otros. Cita de Michel Foucault en Nietzsche, la genealogía y la historia, el cual inspira todo el presente texto.

Cuando la sociedad entra en crisis se suspenden las reglas y normas. Es atacada por una especie cáncer que hace metástasis, entonces la sociedad entera resulta en un vacío, en donde los débiles son los más vulnerados. La metafísica les promete en su justicia divina, en su recompensa de ultratumba, un dios aliado que se regocija en la sangre derramada, ellos dirán ofrendada. Estos hombres de muerte, que respiran guerra de violencia son profundos creyentes. La metafísica les ayuda a respirar aires de sangre. La economía y dios van de la mano, deidades de la guerra y de la economía, Júpiter y Quirino. 

Todo emerger, sobresalir, adviene, designa un lugar de enfrentamiento, y está allí en el intersticio. Se adviene un teatro en el que está representada siempre la misma obra: es la que repiten indefinidamente los dominadores y dominados. Unos hombres dominan a otros, unos hombres se apoderan de las cosas que se necesitan para vivir, les imponen duraciones que quizás no tengan. De Cada momento en la historia  se hará un  ritual, fijan reglas, satisfacciones de violencia. Las reglas están hechas para servir a esto a aquello, se pliegan al gusto de tal o cual. Quien interpreta es quien se apodera de las reglas. Por eso la historia es la genealogía de las morales, de los ideales, de los conceptos. Las fuerzas de la historia no obedecen ni a una mecánica ni a una obstinación, sino más bien al azar de la lucha, tampoco es la continuación de un devenir, y mucho menos eterno. 

En los juegos de poder, unos se acercan más a valores nobles, otros van en el jinete de la muerte, prometen sangre, quieren arrastrar a la carnicería humana. Y los individuos en la sociedad se identifican, expresan con sus silencios, con sus ruidos, con sus risas esto o aquello. Unos quieren el tronar de la guerra, otros prefieren caminos que dignifican la existencia con los vientos de paz.


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Nuevo Sujeto

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

El sujeto, el hombre occidental ha sido reeditado, liberado del apresamiento de la dictadura del Destino, en esencia bajo el monopolio heidegariano. Su reedición corrió por cuenta de la filosofía francesa con nombres como Maurices Blanchot, Georges Bataille, Georges Canguilhen, Gastón Bachelard, Michel Serres, Michel Foucault, Gilles Deleuze… todos ellos muy inspirados en el espíritu libertario de Nietzsche. Antes estábamos sometidos a la voluntad, al capricho divino. Era un Sujeto preso de fuerzas Superiores. Con la nueva reflexión filosófica el hombre experimenta la libertad, los designios divinos son dinamitados. “La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres.  Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño.  Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso” (J. L. Borges, el Aleph, 1962)

Se da la condición de posibilidad de ejercer la mayoría de edad al viviente humano, de tomar las riendas de su propio destino, el de cada quién, que todos nos sepamos mortales, conciencia de nuestra finitud, cada quien buscará su camino desde donde cree vaya encontrarlo, desde lo más refinado hasta lo más superfluo. «Modos de subjetivación.» El yo se delimita y decide la materia de su hacerse, pero la delimitación que el yo ejecuta tiene lugar a través de normas que, indiscutiblemente, ya están en funcionamiento.

La Verdad Absoluta es relevada por verdades en construcción y relativas, que tienen valides para un tiempo y lugar determinados. La vida es inacabada, es Potencia que arroja mundos posibles, en permanente construcción, para lo mejor y lo peor.  Fuimos liberados del Mundo aburrido del designio de los dioses, el cual ellos hacían todo por nosotros, y nosotros sin nada que hacer, hombres perezosos sometidos a ellos. En cambio, ahora somos autores, forjadores de nuestro propio designio, somos constructores, hacedores de mundos posibles. Nacimiento de los mundos históricos, de la construcción de saberes y de comportamientos, el saber y la política, muerte del mundo fenomenológico.

Si bien es una especie de vacío, la experimentación de sentirse libres de tribunales en los cuales se nos pedirán cuentas, alienta a tomar las riendas de nuestro propio destino, a forjar la sociedad que creemos es la mejor de los mundos posibles, en esa constante de la vida y sus normas que dicta, pues la libertad es condición de posibilidad según el medio en el cual nos rodea, el cual hemos construido, aquí y ahora. Es ridículo quienes quieren insistir en ocupar el lugar de los disoses, creyendo van a salvar la humanidad, falsos profetas. Alegra en sabernos nuevos sujetos constructores de nuestro propio designio, nuestro propio mundo, somos capaces de regularnos en nuestros comportamientos, en establecer condiciones de respecto con los poderes construidos. 



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Humanismos

Por Mauricio Castaño H
Historiador
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El concepto de humanismo es un comodín, un genérico que sirve para sustentar cualquiera postura, de izquierda, de derecha, divina, humana. A nombre del humanismo existencial sartreano, sinónimo de dictadura Stalinista, se juzgaba a los pensadores, todo dependía del credo, del culto rendido a dios o demonio. De igual forma puede hablarse de humanismo religioso, renacentista, racionalista, etc. Todo depende de qué palabras se ponga debajo del término. 

Esa forma de proceder obliga a tomar partidos, y así cada quien defenderá su verdad, su propia verdad, hasta el punto de la irritación, de exacerbarse, pues defender puntos de vista es lo propio de los dogmas de fe, cada quién peleará en su terquedad hasta llegar a la violencia generalizada, las más comunes son las religiosas o políticas, se mata a miles y miles justificando posturas, convicciones sectarias que alimentan la sed de sangre, de muerte.  Hoy amanecí con sed de muerte, quiero matar, deseos de un pupilo de la escuela de ultraderecha de Colombia, país en el cual los negociantes de la guerra fustigan a la violencia, materia prima para incrementar sus fortunas.

Todo camino que conduzca a rendir cultos conlleva a imponer su propia verdad desde el combate, desde la intolerancia. ¿Y entonces? Salir de Absolutismos, de Verdades Reveladas. Fue Michel Foucault quien develó un nuevo sujeto, una nueva existencia desligada de credos miserables, tanáticos. Propuso una nueva subjetivación, una nueva relación de la existencia personal con el mundo. Llevar una existencia bella, hacer de nuestra vida toda una experiencia estética, es decir, edificante de la vida, lejos de los cánticos apocalípticos, y peor aún, de matanza, de destrucción, de odio hacia mi prójimo.

Dime con quién andas y te diré quién eres, somos la cultura que bebemos, la predominante, de muerte o de vida. Son los orientadores quienes tienen un papel pedagógico de influir, de orientar, llámese pedagogos, políticos… Seduce la propuesta foucaultiana de hacer de la vida toda una experiencia estética. La verdad sea dicha, lo que se nos ha careado de humanismo es fofo, un supuesto derroche de unas tales virtudes pero que antes de llegar allí, al equívoco, se tendrá que derramar mucha sangre, hacer mucho daño, infringir mucho dolor, pero que al final sólo se tiene desgracia, seres desdichados, pobres hombres, con su mirada honda y agitada, propia de los miserables. Existen humanismos, muchos de muerte, pocos de vida.



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Escritor sin Rostro

Por Mauricio Castaño H
Historiador
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El escritor no es un autor. La gloria y la vanidad es de quienes buscan el camino de la notoriedad, de quienes quieren salir una y otra vez en la televisión, en los medios masivos de comunicación. Lo importante es vender una determinada figura que luego será premiado con altos ranking de fama, de fans, y luego revertidas en sus cajas registradoras. La fama y el dinero es la finalidad del autor, de mostrarse, es un asunto de marketing publicitario, de mercadeo. 

No importa su libro, su obra en sí, interesa más vender su imagen. Incluso muchos buenos libros terminan en esa miserable dinámica, los comentaristas hablan del autor, de sus banalidades, de sus curiosidades de la vida privada más que de la obra, abortando a posibles buenos lectores. En fin, vale es la cursilería, el autor, la persona, su fama. Por ejemplo, muchos periodistas transcriben, escriben sus habladurías, ponen sobre el papel sus pendejadas de diario hablar, como el portero de los edificios que se creen los biógrafos más competentes de los residentes del edificio.

Un escritor es lo contrario, el deviene experiencias, sensaciones que se traducen en una obra determinada. Es más bien un medio que un fin en sí mismo, por eso es posible hacer la lectura de una obra escrita igual a como se escucha una pieza musical, para dejarse afectar, para experimentar las sensaciones que despiertan en uno. Por ello se habla del escritor sin rostro, pues cuenta más su obra, las experiencias que despierta en cada quien. 

Foucault definió del libro algo bien distinto a ello, es una caja de herramientas, se extrae lo que necesita para trabajar. Deleuze lo definió como un devenir o agenciamiento, algo que ocurre, un acontecimiento, su experimentación deviene algo inesperado, algo inédito, en el cual muchos tienen que tocar fondo en la droga, en el alcoholismo, Fitzgerald por ejemplo. En este sentido importa más la obra en sí que el escritor.

Un escritores un transgresor, revierte ordenes establecidos develando las miserias humanas, poniendo al descubierto las trampas de la cultura que a fuerza de rutina todo se nos vuelve normal, incluso aquello que amenaza con devastarnos. Por estar por fuera de los códigos de la cultura, fuera de la domesticidad social es que se dice que un escritor es quien inventa una lengua extranjera incluso en su propio idioma. En esa medida es un extranjero en su propio país, dibuja mapas, cartografías inéditas, intempestivas diría Nietzsche. 

Por eso poco importa ese ruido de fondo que no deja escuchar lo excelso de la música, cada vez que ocurre una fatalidad, la muerte incluso de un interesante escritor, nobel, etc, todos los medios salen en su alaraca a sacar partido de su vulgar negocio, olvidando que los verdaderos escritores no tienen rostro.


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El Pastoreo y la Culpa

Por Mauricio Castaño H
Historiador
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El pastor cristiano ha matado los espíritus libres y saltarines. El pastor se erige en guía y administrador de las almas y de sus pecados. Por primera vez se nos crea el sentimiento de culpa. La dogma cristiana logró erradicar lo que Foucault llamó el cuidado de sí, esos hombres, en principio griegos, capaces de administrar sus propias vidas, sus propias existencias, sin más brújula que la de su propia responsabilidad para consigo mismo y para con sus congéneres, para los de su hábitat, los de su oikos, en suma, toda una paideia, una sociedad en la que los individuos prescinden de dioses, o cuando más, los tienen como simples comodines articulados a sus vivencias de su cultura y de su presente.

La entrada de la figura del pastor en la cristiandad, involucionó la existencia, el pastor cuida de sus ovejas, las guía, se erige en su protector, la responsabilidad de sí y para sí, el cuidado de sí, se diluye, se delega a un otro y va a desembocar en la cantera cristiana quien decide por los otros, por la salvación de sus almas, de lavar sus pecados. Ya no existe la vida propia, se ha tornado vida dependiente del pastor, faro que traza los caminos por donde andar. Esta técnica pasará a la racionalidad Estatal: «Este concepto le permite señalar que existe una clara diferencia entre el modo de gobierno vigente en la polis ateniense, célebre gracias a la filosofía griega, y el practicado en el occidente pre-cristiano, donde se trata de un poder ante todo bienhechor, que opta por la salvación del conjunto del rebaño. El pastor hace todo lo que está en su mano por su rebaño, pero también por todas y cada una de las ovejas de su rebaño. Su ojo se posa sobre el todo y sobre cada uno». Foucault. Técnicas de poder en el pastoreo cristiano y de las técnicas de poder modernas, ellas alimentarán las distintas teorías de la razón de Estado, situándose en el núcleo de la nueva gouvernementalité que se desarrolla a partir del siglo XVI, y que ya no busca conducir a los hombres hacia su salvación sino ante todo hacia su bienestar.

En sí, es el sacerdote judío quien forja las premisas negativas por medio de la inversión de valores: “Sólo los miserables son los buenos; los que sufren, los necesitados, los enfermos, los deformes son también los únicos piadosos, los únicos bendecidos por Dios; sólo a ellos pertenecerá la beatitud. Y al contrario, vosotros, los que sois nobles y poderosos, sois desde la eternidad los malos, los crueles, los ávidos, los impíos y, eternamente, seguiréis siendo también los reprobados, los malditos y los condenados.” Genealogía de la Moral, citado por Deleuze En: Nietzsche y la Filosofía, página 177.

Esta inversión de valores conlleva además el concepto de la mala conciencia, en donde se difumina, se diluye el individuo o todo lo que puede quedar de responsabilidad de la vida sobre uno mismo, dejando a que otros decidan por nosotros, sólo nos queda arrepentirnos de una determinada culpa, de un pecado introyectado: “la mala conciencia le sugiere que debe que debe buscar esta causa en `sí mismo, en una falta cometida atrás, que debe interpretar como un castigo.` Y el sacerdote aparece por segunda vez para presidir este cambio de dirección: `ciertamente, ovejita, alguien debe ser la causa de que tú sufras; pero tú mismo eres la causa de todo esto, tú mismo eres causa de ti mismo.` El sacerdote inventa la noción de pecado: `El pecado sigue siendo el principal acontecimiento en la historia del alma enferma; representa para nosotros el juego de manos más nefasto de la interpretación religiosa. ‘La palabra culpa remite a la falta que ha cometido, a mi propia culpa,, a mi culpabilidad. He aquí cómo se interioriza el dolor; conciencia de un pecado, su único sentido es un sentido íntimo.” Deleuze op. 185

Se percibe el desequilibrio o la eliminación del poder del gobierno sobre sí que tienen los individuos para ser tomado por la figura del pastor, luego retomado de manera refinada por el Estado, recuérdese las tres técnicas. La primera la Pastoral Cristiana, la segunda es la diplomacia militar, y por último el Estado, sus despliegue de la vigilancia y el control, con la policía, con el biopoder. Similar a la pastoral cristiana, todos proclaman administrar las vidas explotando el miedo a la muerte, y más aún la resurrección en otra vida prometida, salvar almas. Desde los tiempos de Troya y de los horrores trágicos, el dolor y el sufrimiento, son juegos para contentar la mirada de los dioses. En estos ecos dogmáticos, de inculcación de miedos, de aniquilar nuestra capacidad de gobernarnos así mismos, el pastoreo sigue siendo una figura repudiable.


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Banca Parásita

Por Mauricio Castaño H
Historiador
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El sistema financiero es lo más parasitario de la sociedad, todo lo engulle y nada da, es el huésped que sólo consume y nada entrega, ni si quiera paga con buenas palabras, por el contrario se comporta con sus comensales arrogante, prepotente y grosero. Se alimenta del esfuerzo ajeno. Él sólo agarra la riqueza, el trabajo producido por los demás y lo hace suyo, tanto que toma el dinero de su cliente y se lo devuelve en calidad de préstamo a costosos intereses, por arte de magia usurera multiplica los panes. Como buen parásito es insaciable, sólo mira la presa con la cual alimenta su holgazanería. 

Esa presa tiene el nombre de cliente, el cual apresan, agarran con diversos tentáculos: Cuentas de Ahorros, Tarjetas de Crédito, Hipotecas, Préstamos, Seguros de Salud, de Vida, de Muerte, Planes vacacionales y un sin fín de etcétera, todo lo que un soldado del capitalismo anhela para alcanzar algún día el sueño pequeño burgués. Pareciera un contrasentido del Sistema Capitalista, que en su principialística ataca a los usureros porque viven de la renta, que no producen. Vuelve y juega la holgazanería, amenazando según sabios y teóricos la verdadera riqueza, el verdadero tesoro: El trabajo. Como en la fábula de La Fontaine Trabajad.

Con el dinero, con la banca financiera sucede igual que con el lenguaje, es un recurso simbólico, un medio para poner en circulación, un excelente sistema de intercambios, de síntesis que permite crear, mantener una ilusión que todos creemos verdadera, como una especie de perfomativo, así llaman los lingüistas a los enunciados que tienen capacidad de producir realidades. Basta que un telediario difunda una noticia especulativa para que todo un país entre en pánico. Volvamos a lo del lenguaje: “Puesto que las palabras no son sino nombres de cosas, sería bastante más cómodo que cada uno llevara consigo las cosas que le sirven para expresar los asuntos de los que pretende hablar… Muchos, dentro de los más cultos y sabios, han adoptado el nuevo sistema de expresarse mediante las cosas; el único inconveniente es que, si hay que tratar de asuntos complejos y de índole diversa, uno se ve obligado a llevarse encima una gran carga de objetos, a menos que pueda permitirse el lujo de que dos robustos servidores se los lleven… Otra gran ventaja que ofrece este invento es que puede utilizarse como lenguaje universal que puede ser comprendido en todas las naciones civilizadas… De este modo los embajadores estarían en condiciones de tratar con los príncipes o ministros extranjeros aun desconociendo por completo su propia lengua.” Jonathan Swift, citado por Umberto Eco en:  La Lengua Perfecta.

Lo universal es el hombre que se comunica a través de una lengua. Importa es el recurso comunicativo para tramitar el enmarañado, el complejizado universo de las relaciones humanas. Por el momento a la humanidad no se le ha impuesto una lengua, ni siquiera a la Unión Europea, repetimos, el lenguaje es un medio expresivo, no es un fin en sí mismo, ni tan si quiera un mandato, aunque así lo han querido el imperio semiótico. Similar sucede con el sistema financiero, el dinero lo convirtieron no en medio sino en fin, sometiendo a los Estados, a todo un pueblo, pues este sistema declara muerte financiera a un ciudadano, lo reporta y lo bloquea, bien sea porque ellos mismos lo aprietan tanto que los asfixian, es difícil escapar a ellos, sólo los mafiosos y delincuentes que requieren evadir impuestos y autoridad. En Colombia existen tres centrales, tres guillotinas: Sifin, Procrédito, Datacrédito. Sistema bancario, y los otros de Comercio.

Una vez más ilustremos el ultra poder bancario. Los llamados clientes, una vez apresados es difícil escapar de las garras. En Colombia, en Medellín, por ejemplo, la banca Davivienda de manera irresponsable en el 2012 emprende una campaña de entrega masiva o expres de tarje de crédito, unos chicos eran puestos en esquinas de la ciudad, y a transeúnte que pasara lo paraban para embutirle un producto de Tarjeta de Crédito. Así fueron suplantados más de cien personas el año 2013 en tan sólo esta ciudad. En el país miles son estafados por millonadas y pasan años tras años tratando de mostrar su inocencia, pero eso no interesa a la banca, el sólo se fija en no dejar ir el dinero, y por ello atrapa al más cercano: el Cliente. Y los delincuentes son cosa del Estado, de la justicia. 

La dimensión es tal que el mismo Sistema de Justicia se pronunció, la Corte Constitucional ya ha ordenado en la sentencia T-803 de 2010, por medio de la cual se protege el derecho al Habeas Data, que mientras dure una controversia entre entidades crediticias y usuarios, el reporte debe ser retirado: “(…) la Corte ha considerado que no se cumple de manera satisfactoria el criterio de veracidad, por lo que no resulta procedente mantener el reporte, junto con sus efectos negativos, mientras no se dilucide con toda claridad si en efecto la obligación existe y se encuentra pendiente de pago en la forma en que lo entiende el acreedor.” Agregó la Corte que “[f]rente a la tensión existente entre los derechos e intereses de las organizaciones que usan este tipo de información y los de las personas reportadas, es necesario anotar que el informe de situaciones discutidas y no suficientemente esclarecidas expone al afectado a sufrir todas las limitaciones y consecuencias negativas de tales reportes (…)”.

Con esta desventaja del cliente, recomiendan cada mes consultar si aún no ha sido suplantado, estafado, para que reaccione con rapidez y mitigar el dolor que se le viene de caer en las garras del sistema financiero. Esa es la Banca Parásita.


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Desbarajuste

Por Mauricio Castaño H
Historiador
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En Colombia puede verse eso que suele decirse desde hace décadas de la crisis de la razón occidental. Por más que uno quiera comprender este país con las categorías de esta racionalidad, son más las variables que se escapan, que las que se dejan encerrar bajo los esquemas de análisis. Para expresar el desbarajuste de este país en donde todo parece irse al traste a la mañana siguiente o que todo aquí funciona más mal que bien, o simplemente a medias, se afirma que Colombia es una nación sin Estado. Es un país en donde las clases dirigentes son poco ilustradas, viven ensartadas en luchas intestinales por regionalismos, por enriquecerse acudiendo a métodos violentos.

Y si la cabeza está mal puesta, las demás partes del cuerpo también funcionan mal. Pues lo predominante a lo largo y ancho del territorio nacional es también el sálvese quien pueda. Nada más puede esperarse en donde la impunidad nacional de la justicia es del 98%, es decir, aquí la justicia ni cojea como para esperar a que llegue lenta pero que llegue. Con sorna se dice que es el país de las leyes, pero ello quiere decir la cantidad de ellas sirve para atascar, para que no funcione. Mírese no más las partes céntricas y periféricas de las ciudades capitales para evidenciar que el hampa es la que regula la vida económica, es la que indica pautas comportamentales a la ciudadanía, pues con su imposición de muerte y de violencia a quienes no le obedecen, infunden miedo y se hacen acreedores a títulos en la cultura popular y elitista de justicieros eficientes y eficaces. No es gratuito que se llame país de mafiosos, hampones y paramilitares. 

Y ni se diga del campo, si aquí llueve, allá no escampa. No hay otro lugar más expedito en donde se viva la impotencia de no poder hacer nada frente a los justicieros criminales, se está a merced de ellos, a vivir las más horrendas humillaciones aplastantes de la bota y guante militar, o simplemente del más fuerte, del que tenga una simple ventaja en fuerza. Consideración por los campesinos. Suele decirse que el poder nunca permanece vacío, pero la verdad es que éste no hace presencia más que para cobrar impuestos que hunden al pobre cada vez más en su miseria. ¡Bienvenidos al país sin futuro!

En general, lo que la modernidad de occidente llama ciudadanía, es sólo una palabreja, pues su inaccesibilidad en los derechos proclamados de libertad, justicia e igualdad o de los derechos vitales son unos imposibles en sociedades en donde la acumulación de riqueza para unos pocos es el norte, sin importar el bienestar de la mayoría. El ciudadano se ve en desventaja frente a alguien que le respira en la nuca con un fusil, metralla o pistola, dispuesto a tumbarlo en el piso, o físicamente enterrarlo por siempre a unos cuantos metros bajo tierra. Esta desproporcionada correlación de fuerza deja sin esperanza a la sensatez humana, marca con el sello de la miseria humana. ¡Qué desbarajuste!


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La belleza, la justicia, el orden


M Libros

Jacques Le Goff : « La belleza, la justicia, el orden… Sobre ellas se construyen las civilizaciones »
LE MONDE | 21.01.2014 a las 17h38 • Actualizado el 01.04.2014 a las 12h05 |
Entrevista con Nicolas Truong

Historiador medievalista de renombre internacional, autor de una obra monumental, Jacques Le Goff publicó la Edad Media y el dinero (Perrin, 2010), a la Búsqueda del tiempo sagrado, Jacques de Voragine y la Leyenda dorada (Perrin, 2011), la Edad Media explicada en imágenes (Seuil, 2013) y, más recientemente, el 9 de enero, ¿Es realmente necesario cortar la historia en tajadas? (Seuil, 224 p., 18 €).

¿Por qué apadrinar la colección « Histoire & civilisations »?

Me parece que esta colección responde a una exigencia esencial de la edición en el dominio de la historia: poner a disposición de un gran número de lectores una suma de conocimientos que, sin tener que ver con la erudición, es necesaria para la educación del honesto hombre actual.  Esto me parece tanto más importante cuanto que, en algunos países entre los que está Francia, la historia está hoy en retroceso en la enseñanza.  Se trata de un error inquietante, pues la historia es individual y colectivamente necesaria para la comprehensión del mundo y para nuestro rol en su funcionamiento.

¿Incluida la historia antigua y medieval?

Es necesario volverle a dar importancia e influencia al conocimiento del pasado antiguo y medieval; nuestra existencia vive de herencias y esas herencias no son un simple regreso nostálgico al pasado.  Son y deben ser un trampolín para el porvenir.  En este marco, la parte asignada a la larga duración en importantísima.  Me parece por lo demás que, en el periodo que vendrá, será importante que tengamos especialistas en lo que hoy se llama la prehistoria, en la que –pienso que gracias en particular a la arqueología– se debería descubrir de nuevo testimonios que permitirán responder mejor a la pregunta: « ¿De donde venimos ? »
Los historiadores pueden aportar principalmente dos cosas.  La primera es el conocimiento de las herencias.  Si es verdad que yo no creo que haya un sentido de la Historia, a pesar de todo, la historia vive en parte de herencias que debemos conocer para aprender, y para aprovecharlas y saber utilizarlas.  Por otra parte, el conocimiento de la Historia y el espíritu histórico nos forman para servirnos mejor de lo que constituye un dato fundamental de nuestra existencia individual y colectiva: el tiempo.  El mundo y nosotros mismos evolucionamos, cambiamos, y es la historia la que constituye esas mutaciones.  La historia en tanto que materia de conocimiento es la que permite poner en perspectiva las mutaciones que operan en la hora actual.

¿Qué es lo que distingue a una civilización de una cultura?

La civilización reposa sobre la búsqueda y la expresión de un valor superior, contrariamente a la cultura que se resume en un conjunto de costumbres y de comportamientos.  La cultura es terrestre cuando la civilización es trascendente.  La belleza, la justicia, el orden… sobre ellas se construyen las civilizaciones.
Considere el trabajo de la tierra, la cultura producirá lo útil, el arroz, allí donde la civilización engendrará la belleza, creando jardines.

En el Oriente extremo, las diferencias entre las civilizaciones china y japonesa se expresan en la estructura de sus jardines.  El jardín chino ama el desorden y el secreto, mientras que el jardín japonés es muy ordenado y le concede un sitio importante al agua.  Se adivinan sus influencias religiosas y espirituales, aunque expongan dos relaciones muy diferentes con lo religioso, con una religión del misterio por un lado, el taoísmo chino, y por el otro con una religión de la luz, el shintoismo japonés.

Pero para tomar un ejemplo más próximo de nosotros, existe una oposición fuerte entre el jardín inglés y el jardín francés; el primero es enredado, es un lugar romántico, propicio para la ensoñación, mientras que el segundo es muy construido y estructurado, es un jardín cartesiano, erigido sobre el terreno de la racionalidad.  La cultura privilegia la idea de utilidad, de seguridad y de riqueza, contrariamente a la civilización, para la que lo espiritual y lo estéticos tienen mucho más valor.

¿Cómo nacen las civilizaciones?

Las civilizaciones son humanas; son pues los seres humanos o las instituciones las que favorecen su eclosión.  Pero se plantea la cuestión del lugar: ¿dónde nacen ellas?  Sin discusión, la ciudad es para mí el gran foco de la civilización.  En cuanto a las personas, se puede conectar el nacimiento de la civilización a la voluntad de potencia de los individuos; es el llamado y el constreñimiento que rodean las potencias que crean en torno a ellos ese deseo de realzar su prestigio y reforzar su dominación.  Es la voluntad de los faraones de sobrevivir a la muerte por medio del recuerdo que ha dado las pirámides.  Las religiones son las más grandes productoras de civilizaciones.  Piense en el papel de los templos en las diversas civilizaciones, entre los aztecas, los incas, los mayas, como en occidente, donde la iglesia –que bien pronto reemplazó el templo– ha sido un elemento esencial del paso de la civilización antigua a la civilización medieval, cristiana y moderna. 
 Es la ambición y la búsqueda de valores superiores que transforman una cultura en civilización.
« Nosotras civilizaciones, ahora sabemos que somos mortales. »  ¿Cómo se debe comprender esta frase de Paul Valéry, escrita en 1919 ?

Es ante todo una reacción al desastre y a las destrucciones de la guerra del 14-18.  Tras estas palabras está la idea de que los monumentos, las instituciones y las ciudades pueden sufrir destrucciones materiales que arrastren también con sus valores.  No son sino hipótesis pero es posible que algunas civilizaciones muy antiguas de la América pre-colombina, o del África, hayan podido desaparecer por las guerras.  Pero en un segundo momento, Paul Valéry identifica civilización y cuerpo humano, y por tanto la idea de muerte brutal y desastrosa es reemplazada por la de extinción, por la de muerte lenta.  Las civilizaciones podrían desaparecer porque ellas no logran ya mantener una natalidad capaz de prolongar la humanidad que lo mantiene, o de producir los bienes de consumo suficientes para perdurar.  En efecto, las civilizaciones viven en una tierra donde su existencia física no está completamente al abrigo de destrucciones.

¿ Diría Ud. como Marx que a cada técnica le corresponde una organización social, y que el molino, por ejemplo, simboliza la sociedad feudal ?

Hay algo de verdadero en esta frase de Marx, y se puede decir que el pensamiento moderno, incluso si está alejado de una aplicación sistemática y restringida del pensamiento de Marx, ha sido marcado por su concepción de la importancia de la economía y de la historia.  Sin embargo, yo pienso que una creación, una desaparición o una mutación de civilización exige tiempo.  Es necesario ligar la historia y el desarrollo de las civilizaciones con el desenvolvimiento del tiempo.  Una civilización toma tiempo en crearse, en evolucionar, en morir, en transformarse o en transmitir herencias.  En la historia y la reflexión sobre las civilizaciones, la idea de herencia es fundamental.  Una civilización está hecha con frecuencia de capas o de donaciones de valores, de tradiciones que se inscriben en el tiempo.  Los hombres son siempre herederos.

Hay una noción de la que se ha abusado mucho, es la de « revolución ».  En la historia de la humanidad, ellas son muy raras, y aparte de las revoluciones francesa y bolchevique, yo veo pocos cambios tan globales y brutales.  Y como François Furet, pienso que la revolución francesa duró todo el siglo XIX.  El encendido de ella data claramente de fines del siglo XVIII, pero todas las ondas que han destruido el pasado y hecho nacer una nueva sociedad se tomaron bastante tiempo para producir sus efectos.  Así mismo, no es de un día para otro que la revolución bolchevique modificó el espacio ruso y una parte de la Europa del Este, y del Asia.

¿ Existe una dinámica de las civilizaciones, como Fernand B Braudel (1902-1985) decía que existía una dinámica del capitalismo ?

La dinámica de las civilizaciones tiene muchas fuentes.  Una de ellas es la necesidad natural.  La necesidad de alimentación puede engendrar una civilización en la que un alimento o una forma de cocina toma un valor extremadamente importante, como el arroz o el maíz.  Pero la dinámica de las civilizaciones reposa igualmente en la necesidad de comunicar.  Entre los instrumentos esenciales de las civilizaciones, se encuentran las vías terrestres y navales.  Por ejemplo, para la civilización portuguesa, la ruta marítima fue el pilar.

Por supuesto que las necesidades intelectuales y espirituales juegan un rol fundamental.  Por ejemplo, la escuela ha sido un instrumento considerable en la historia de las civilizaciones, al diseminar un saber que permitió el mantenimiento de una civilización viviente, y que transmite igualmente herencias y prepara las evoluciones.  El saber didáctico está en el primer rango de los dones civilizadores de la Grecia antigua; después la escuela del pedagogo del pueblo hasta la de Sócrates y de los grandes filósofos de Atenas.  Y en la actualidad, lo que se llama « la investigación » participa de este enriquecimiento de la civilización, de una civilización tecnológica y científica.

La civilización medieval mantuvo una relación ambigua con el cuerpo, cuerpo ora renegado, oculto o desvalorizado, ora glorificado como el de Cristo.  ¿Existen tensiones dinámicas en la Historia y en las civilizaciones?

Sí, pero ellas son de diversas naturalezas.  El pensamiento chino nutre una tensión entre dos polos, el ying y el yang, mientras que la civilización occidental reposa sobre una tensión fundamental entre el bien y el mal. 

 Para los occidentales, esto parece evidente, mientras que es una construcción de la Historia que pensó que todo el territorio del pensamiento y de la acción evolucionaba entre dos dominios opuestos, en lucha casi constante.

Personalmente, he tratado de tender hacia un terreno neutro, pero rápidamente me ha dado cuenta que no se permanece mucho tiempo en esa neutralidad.  Tendría ahora más tendencia a considerar que existe un cierto número de entre-dos que entran ora en el dominio del bien, ora en el del mal.  Y esta diversidad de posiciones me parece que está más próxima de la realidad y da más garantía de paz.  Hay en las civilizaciones un globalismo que permitiría hacer su retrato, y una diversidad que se expresaría en una película.

¿ Se puede hablar de « choque de civilizaciones », como lo ha hecho Samuel Phillips Huntington (1927-2008) ?

Ha habido en la Historia conflictos de civilizaciones, pero de acá a generalizarlos –como se lo hizo en una obra de la que se ha hablado enormemente– creo, como muchos, que es un error.  El período de la colonización (siglos XIX - XX) ha estado marcado por choques de civilizaciones, como en la antigüedad han existido enfrentamientos entre los griegos y los persas, y en la Edad Media durante las invasiones mongolas.

En desquite, contrariamente a lo que se piensa, los grandes descubrimientos no han jugado un papel civilizador esencial.  Ciertamente que han materializado una vía de comunicación hasta entonces desconocida, y marcado la posibilidad de innovaciones futuras en los países descubiertos como en los que los descubren, y en todas las regiones vecinas, pero ellos no han tenido el efecto a la vez inevitable, obligatorio y considerable que se les ha atribuido.  Algunos descubrimientos no han ido más allá de un encuentro; otros han tomado mucho tiempo para dar su más profundo resultado; tome el caso del descubrimiento de América; no se vuelve verdaderamente importante sino a fines del siglo XVIII, en el momento de la fundación de los EE. UU.  Suramérica vivió exactamente durante el siglo XVI como la Europa medieval; hubo que esperar a Bolívar para que el descubrimiento diera sus frutos.

Para mí, el período que corre de fines del siglo XV hasta mediados del XVIII es un sub-período de una larga Edad Media, un sub-período que conoció novedades debidas a migraciones alimenticias (el tomate, el maíz, etc.), como también a la expansión de los metales preciosos.

¿ Por qué dice Ud. que la ciudad es el crisol de las civilizaciones ?  ¿ No han existido civilizaciones rurales ?

No veo muchas.  Debo confesar que desde que se habla de civilización, se encuentra la ciudad, incluso cuando se trata de civilizaciones antiguas.  El Egipto antiguo, los imperios y reinos del Cercano-Oriente, el Imperio romano, la cristiandad, la América pre-colombina, el Extremo Oriente y la India antigua, por todas partes las ciudades han jugado un papel esencial.  La Grecia antigua tenía a Atenas, Esparte, Corinto… e incluso las civilizaciones de Mesopotamia eran civilizaciones de la ciudad.  ¿Por qué?  Porque la ciudad ofrece dos cosas necesarias a la creación: el número y la proximidad.  Es por esto que entre los pilares de la civilización europea, yo he retenido la escala del barrio.  La ciudad es una asociación de vecinos.
Ella hace que nazca un comportamiento, una institución a la que no se le ha prestado la debida atención en la Historia: el artesanado.  Su importancia comienza desde la antigüedad.  Entre los antiguos griegos y los romanos, el faber, el herrero, es un personaje esencial.  Fabricaba el arado, necesario para la agricultura, las herradura y muchos otros utensilios esenciales para el desarrollo de la civilización.

En el siglo XI, en Francia, dos acontecimientos casi contemporáneos transformaron la Edad Media: el nacimiento del pueblo, con la reunión de los campesinos en aglomeraciones que respetaban la misma estructura, con la iglesia y el cementerio en el centro; y los primeros movimientos comunales que han marcado el encargase de su gobierno por parte de los habitantes, lo que se llama los burgueses.  La instalación en las ciudades de los hermanos dominicos y franciscanos, cuyo oficio consistía en predicar, reforzó la comunicación.  La ciudad se volvió más que nunca un centro de producción y acabó así poseyendo todos los medios importantes que le han permitido se un motor.

¿ Se puede decir que existen civilizaciones « calientes » y « frías »  ?

Se puede decir que existen regiones más animadas y creativas que otras, en el dominio económico, artístico o en el de la enseñanza.  Por ejemplo, Italia fue un país que siempre se distinguió en la Europa medieval y que era más calientes que la mayor parte de los otros de la cristiandad.

¿ Cuáles son los marcadores de las civilizaciones ?

Es necesario distinguir los marcadores existentes de los que han desparecido.  Los que han resucitado los historiadores, los antropólogos y los sociólogos son muy diversos.  Puede ser un alimento, en Irlanda existió toda una civilización de la papa, una gran parte de la actividad de la ciudad giraba en torno a los efectos de su cultivo.  La civilización es algo globalizador.

¿ Por qué habla Ud. de una mundialización en el tiempo y en el espacio ?

El problema es el del espacio, del área geográfica y de las relaciones que mantienen los espacios de las civilizaciones entre ellas.  Es preciso diferenciar tres estados esenciales: el contacto, el intercambio y la fusión.  El contacto es lo que ocurre durante los grandes descubrimientos, y su instrumento ha sido el barco.  El intercambio ha tenido lugar entre los países europeos y los descubiertos; se crearon intercambios comerciales tanto como intelectuales.  Y luego llegará un momento en que entre los dos países en contacto y en intercambio se operará una cuasi-uniformización.

Ninguna región ha conocido por el momento esta fase, contrariamente a lo que dicen algunos periodistas y políticos, especialmente con su concepto de norteamericanización del mundo.  Creo que ese fenómeno de fusión no existe todavía; todavía estamos en una fase de intercambios, pero de intercambios desiguales.

¿Se puede hablar todavía de civilizaciones, o ya finalmente no queda sino una sola, la del mundo globalizado?

Hemos entrado en un nuevo período de la Historia, cuyo instrumento principal es el computador.  Le ponemos la cara a un instrumento que aún no se ha difundido por todas partes y que no lo ha hecho en el mismo grado de saturación.  Creo que por primera vez –y de mejor manera que el teléfono o la televisión– una herramienta se volverá casi universal y podrá tener una civilización digital.  Apenas si estamos hoy en el estadio de contacto; hay que tener paciencia para saber si logrará nacer una nueva civilización.

http://www.lemonde.fr/disparitions/article/2014/04/01/l-historien-jacques-le-goff-est-mort_4393525_3382.html
Jacques Le Goff, muerte de un « ogro historiador »
Le Monde.fr | 01.04.2014 à 11h55 • Mis à jour le 01.04.2014 à 18h57 |

Par Nicolas Truong

El más grade medievalista francés, Jacques Le Goff, ha muerto este martes 1º de abril, a la edad de 90 años en el hospital Saint-Louis.  Había nacido el 1º de enero de 1924 en Toulon; había forjado una obra de renombre internacional de la que dan fe especialmente los Intelectuales en la Edad Media (Seuil, 1957), el Nacimiento del purgatorio (Gallimard, 1981) o su anti-biografía de San Luis, Saint-Louis (Gallimard, 1996), que fue un gran éxito de librería.

« Es el último de los grandes el que acaba de irse », afirma el historiador Pierre Nora, quien fue su amigo y uno de sus principales editores.  Pues Jacques Le Goff pertenece a ese linaje de historiadores que, como Marc Bloch & Lucien Febvre, Fernand Braudel & Georges Duby, cambió nuestra relación con la historia.  Con él, la Edad Media ya no fue la misma.  No siguió siendo la de las tinieblas, incluso si Jacques Le Goff nunca las escondió: del encierro de los leprosos a la represión de los heréticos.  A partir de sus trabajos científicos, como de sus libros pedagógicos que algunos fueron dirigidos incluso a los niños, la Edad Media aparece como la matriz de nuestra modernidad, del empuje de la ciudad a la creación de las universidades. 

 Una “larga Edad Media” también, que él hacia llegar al siglo Vº, es decir de la instalación del cristianismo en Europa, hasta el siglo XVIII, la revolución industrial.  Literatura, archivos, exempla, libros o estampas iluminadas, Jacques Le Goff le hizo a todo, todo lo abarcó.

DISCÍPULO PÓSTUMO DE MARC BLOCH

Un “ogro historiador”, era así como sus amigos denominaban a este intelectual movido por lo que él mismo llamaba “el apetito de la historia”.  Un medievalista con “curiosidad glotona” e insaciable que sabía, como lo escribía Marc Bloch del que era el heredero y del que se decía el “discípulo póstumo”, que “el buen historiador se parece al ogro de la leyenda.  Allí donde huele la carne humana, sabe que allí está su presa”.  Por esto una atención particular a los cuerpos, a los gestos, a las risas, a las lágrimas, a los sueños, a la materialidad de las cosas como al imaginario de las civilizaciones, a lo religioso tanto como a lo maravilloso. 
 “Lo que me encantaba en Jacques Le Goff es que amaba la vida, lo recuerda la antropóloga Françoise Héritier.  Era un inmenso historiador, y su amor por la buena comida, compartiendo el contento, permite comprender su relación con la historia como su manera de articular la cultura sabia y la cultura popular”.

UN FIEL DE LA « IZQUIERDA IDEAL »

Por lo demás  Jacques Le Goff permaneció toda su vida fiel a la « izquierda ideal », explica Pierre Nora, la « heredera del Frente popular », la del Partido socialista unificado (PSU) del que fue miembro de 1958 a 1962.  Bien tempranito vacunado contra el comunismo, pues le tocó presenciar en Checoeslovaquia el golpe soviético en Praga en 1948, permaneció un indefectible hombre de izquierda, mientras que tantos intelectuales de su época pasaron del comunismo estalinista de su juventud al conservatismo liberal o derechista de la madurez.  Recientemente, Jacques Le Goff había incluso firmado en Le Monde una tribuna contra los que, como las “boinas rojas”, atacaban con virulencia a François Hollande.  Leer: ¡No agobiéis al presidente!

“Nunca se guardaba su juicio, lleno de buen humor y de franqueza”, recuerda Françoise Héritier.  Amigo cercano, y actual director del Grupo de antropología histórica del Occidente medieval fundado por Jacques Le Goff en 1978, Jean-Claude Schmitt insiste también en la justeza de los juicios de este “hombre de principios” lleno de “virtudes cívicas”.  Medalla de oro del CNRS, presidente de la VIª sección de la Escuela práctica de altos estudios, que se volvió bajo su dirección en la Escuela de altos estudios en ciencias sociales en 1975, uno de los lugares más reconocidos en el mundo de la investigación en ciencias sociales; sus obras han sido traducidas por el mundo entero.  Pues “lejos de ser un simple especialista”, Jacques Le Goff  “dominó el campo de su disciplina –explica Jean-Claude Schmitt– al proponer análisis estructurales de los cuentos folclóricos o del bosque de Broiceliande, al interesarse en las risas, en los gestos de la Edad Media”.

« LA EDAD MEDIA ES LA ESPERANZA »

« Antropologizó la historia », resume Pierre Nora, que recuerda igualmente que « los últimos años le fueron difíciles ». Inconsolable luego de la muerte de su mujer, Hanka, la madre de sus dos hijos, Barbara et Thomas, el historiador recibía a pesar de todo con alegría y generosidad a sus visitantes en la oficina invadida de libros de su apartamento en la calle de Thionville, en el 19º distrito de Paris.  También escribía mucho.  «¿Cómo seguir viviendo sin Hanka?» se preguntaba al final de una obra penosa que le consagró.  Rodeándose de su familia y de sus amigos, ciertamente. También trabajando sin descanso.  Sobre « la larga Edad Media », como lo hizo hasta aún recientemente con A la recherche du temps sacré, Jacques de Voragine et la Légende dorée (Perrin, 2011) y Pourquoi découper l'histoire en tranches ? (Seuil, 2014).  En razón de esa pasión que, desde que leyó las novelas de Walter Scott y de Ivanhoé en particular, ya nunca lo abandonó. Porque, decía, « la Edad Media es la esperanza ».
fechas importantes en la vida de Jacques Le Goff

1924, 1º de enero : nacimiento en Toulon
1964 : La Civilisation de l'Occident médiéval (Arthaud)
1972-1977 : presidente de la VIª sección de l'Ecole pratique des Hautes Etudes, que se volvió en 1975 la EHESS
1981 : La Naissance du purgatoire (Gallimard)
1991 : medalla de oro del CNRS
1996 : Saint Louis (Gallimard)
1999 : Dictionnaire raisonné de l'Occident médiéval, dirigido con Jean-Claude Schmitt (Fayard)
2014, 1º de abril : muere en Paris.

tr. Luis Alfonso Paláu, Medellín en la noche del 1º de abril 2014.

http://www.franceculture.fr/2014-04-01-disparition-de-jacques-le-goff  
France Culture
Desaparición de Jacques Le Goff
01.04.2014

« La Historia no puede ser objetiva, es una actividad casi involuntaria de racionalización »
El historiador medievalista francés, co-productor de la emission "Les Lundis de l'histoire" desde 1968, ha muerto este martes 1º de abril en París.  Tenía 90 años.  Co-editor de la revista  "Annales, Histoire et Sciences sociales", su trabajo fue recompensada numerosas veces.  Gran Premio nacional de Historia en 1987, medalla de oro del CNRS en 1991, fue promovido al grado de Comendador de la orden de las Artes y de las Letras en 1997.

Nacido el 1º de enero de 1924, este normalista brillante, escalafonado en historia en 1950 (cuarto ex-aequo con Alain Touraine), se da cuenta que él no quiere enseñar y prefiere la investigación colectiva.
Para continuar su formación, estudia en Oxford durante un año, pero no le gustó.  Luego de esto, trabajo un año en el CNRS, pero tampoco allí el universo le convino.  En 1962, se vuelve profesor asistente en la sección VIª de la École pratique des hautes études (que se volvió en 1975 la Ecole des hautes études en sciences sociales), y descubre la libertad de investigación y la posibilidad de intercambiar con numerosos intelectuales.  En 1972, sucede a Fernand Braudel.

Sus trabajos sobre el occidente medieval son de referencia para los historiadores y sus obras han sido leídas por generaciones de estudiantes.  En la tradición de los grandes historiadores franceses, este medievalista no duda sin embargo en abandonar su período de predilección para abordar la actualidad.
Ecoutez l’hommage rendu par Olivier Poivre d’Arvor, directeur de France Culture, dans le journal de 12h30 d'Antoine Mercier :

Fuente:
http://www.lemonde.fr/livres/article/2014/01/21/jacques-le-goff-la-beaute-la-justice-l-ordre-voila-sur-quoi-sont-baties-les-civilisations_4352034_3260.html

Traducción de Luis Alfonso Paláu, Medellín, abril 1º de 2014


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Bandidaje Social

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

En su naturaleza el bandidaje social, se caracteriza por la desobediencia, manifiesta odio hacia todo aquello que es considerado el origen de su degradación, una especie de catalizador, de chivo expiatorio en quien descargar la ira, en quien azotar para liberarse de su malestar. Eric Hobsbawm tiene un estudio titulado Bandidos, en donde sustenta este aborrecimiento liberador en lo que él denomina bandolerismo social, siempre desafiante del orden establecido, ejemplo mundial es el ya mito Robin Hood, el justiciero individual, el buen bandido, mito generalizado de gran simpatía en el pueblo, de gran gozo en los desamparados, en los desarraigados, en los miserables. Es mejor infringir la ley que morir de hambre, reza el aforismo chino.

Incluso a los bandidos se les dotan de valores mágicos, el bandido es también símbolo, repotenciado por los mass media “los hombres pueden vivir sin justicia, y en general se ven obligados a ello, pero no pueden vivir sin esperanza” (Hobsbawn). Las leyendas de los bandidos  tienen la capacidad de generar emoción en las gentes. En fin, esto diferencia el bandolerismo de lo antisocial. “El hombre tiene aspiración insaciable hacia la justicia. En su alma se rebela contra un orden social que la niega, y sea cual sea el mundo en el que vive, acusa de tal injusticia o bien a ese orden social o al universo material entero. El hombre posee un impuso natural extraño y pertinaz a recordar, a imaginar cosas y a transformarlas; y a demás lleva dentro de sí el deseo de tener lo que no puede tener, aún solo sea bajo la forma de cuento de hadas. Ésta es quizá la base de las sagas heroicas de todas las épocas, de todas las religiones, de todos los pueblos y de todas las clases sociales” Iván Olbracht, citado por Hobsbawn. Se habla en masculino, pues las mujeres son usadas para satisfacer la virilidad de aquellos, para satisfacer apetitos sexuales o para herir su orgullo, no las involucran en sus filas porque la rivalidad sexual socaba considerablemente la solidaridad de grupo, explicable sus restricciones.

La característica de Colombia es su Violencia, es el recurso metodológico encontrado para resolver todo tipo de diferencias políticas, regionales, económicas. Incluso se ha dicho que de luchas tribales de partidos, en los cuales se catalizaban los odios, se descargaban las inconformidades entre las mismas gentes del pueblo, el saldo fue una sangrienta violencia. La oligarquía le temía a una Revolución Social, puso a que el pueblo se matara entre liberales y conservadores. Esta violencia partidaria muta fuertemente para la década del ochenta con la entrada de la economía ilegal del narcotráfico que abrió grandes flujos de dinero fácil, de enriquecimiento en corto tiempo sin mayores esfuerzos, y así desplazó las otras economías legales como por ejemplo la del café, las gentes se volcaron hacia este nuevo torrente de riqueza, ya nadie quería seguir bajo la amenaza de la miseria. El ethos del hombre honrado y trabajador es ya del tiempo ido. 

El mafioso ocupa el lugar del Robin Hood. El narcoterrorismo con el sicariato como brazo armado impactó fuertemente la sociedad, la vida, el tejido social se vio restringido, era común el temor a salir a las calles, a los espacios abiertos, pues se temía la explosión de una bomba. Recordemos los inicios en las universidades públicas de esta perspectiva social, recuerdo la Universidad de Antioquia con su facultad de medicina en donde se desarrollaron orientaciones de salud pública, llevar agua potable a toda la población. La respuesta a la clase dirigente fue el temor a una Revolución Social y responder con masacres, allí cayó el médico Héctor Abad Faciolince, entre miles y miles.

En nuestra sociedad es un recurso liberador de odio el bandido mafioso, Pablo Escobar gozó y aún es admirado por gentes de toda clase, y más que eso, en el país se tiene una cultura de la ilegalidad, se estila decir la cultura o el país de los vivos, de los avispados, esto es, del tramposo, el que quiere sacar ventaja de los otros mediante el engaño, mediante la falsedad. Es un saldo refinado de esa cultura mafiosa y de cierta ética empresarial que todo el mundo quiere sacar provecho, sin importar el daño que le pueda hacer al otro, así sea mi mejor amigo. Aquí yace una oportunidad para los temas estatales de la Reparación Colectiva, de restablecer un tejido social deshecho. Experiencia la hay con la Comisión de Memoria Histórica, en su momento trazó una temporalidad de violencia y luego escogió unos hitos que la explicarían, así de sencillo.


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Las Calles

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

La cotidianidad de la ciudad se refleja en sus calles, en su diario vivir. La ciudad es centro y periferia. En su centralidad se manifiesta, se lee lo que ha sido, lo que es. Cuando se camina uno se encuentra con su espacio público atestado de ventas informales de toda clase, en cuatro astillas de palos reciclados. Tienden un pedazo de tablilla sobre la cual exponen baratijas a la venta, y así son miles de ellas por todo el corazón de la ciudad de Medellín, los censos hablan de tres mil formalizados y unos veinte y tres miles informalizados. Mientras más recorres más observas los caras de la miseria, carretilleros peleándose un posible comprador de una fruta magullada, o de miles de toldillos disputándose en vender baratijas a aquellos que van al rebusque para hacer rendir cuando más tres dólares diarios ganados el día anterior.

La visual es un reguero extendido por toda la ciudad de toldillos, puestecillos, de baratijas. Si reparas en las vestimentas confirmas otro tanto, la pobreza golpea, vestuarios ajados, de mala calidad, lo que permite comprar unas escasas monedas. Y por el trajinar y trajinar de sus gentes de aquí para allá, en busca de pelearse la subsistencia, sus cuerpos cansados y agitados desprenden olores fétidos. Sigo caminando, casi tropieza con una tricicleta o tricifurgoneta, en su parte de atrás lleva un volco cubierto de la propaganda de una empresa reconocida, respetable y exitosa de productos comestibles. Los empresarios también disputan a los miserables sus potenciales mercados. 

Llego a la casa cargado del estrés producido al intentar caminar por unas calles atestadas del rebusque, de los codazos que me dan los ladroncillos ingeniando como sacarme la billetera, esquivando los carros con sus conductores tratando de salir de los atrancos vehiculares, pues los escrupulosos evitan pasar por estas calles, y cuando no pueden evitarlo lo hacen bien encerrados en sus carros. Una ciudad sin calles para caminar, una ciudad sin vías para rodar. Una ciudad con una alma que gime, que se hunde en el tercermundismo. Nos hermanamos con esas ciudades miserables de la India, con quienes se siente están perdiendo la batalla por alcanzar una vida digna.

Llego a mi casa. Quiero descansar de esa dureza de la vida, enciendo la televisión, en un programa emitido para la localidad y la región, de la ciudad de la Innovación y de una Antioquia de slogan la más educada, altos funcionarios sacan pecho del testimonio de un ingenuo muchacho que muestra su gran invento para el mundo: un cucharon de cocina amarrado con pita a un palo, que a su vez se le amarrará a los pies con una cabuya de un discapacitado, faltante de sus manos y brazos para dizque facilitar la maniobra del mouse de un computador. Los altos funcionario toman el micrófono, las cámara enfocan un primer plano, piden a los asistente vivas y aplausos por acabar de ver estos grandes inventores, de talla de exportación, es la Medellín Innovadora. Pero Antioquia no se queda atrás, acaban de mostrar una escuela que tenía deficiencias sanitarias, el gobernador acaba de inaugurar la instalación de unas letrinas, otros aplausos, Antioquia será la más educada de Colombia y el mundo, pero no por sus competencias de rating mundial, ¿de qué entonces? Puede ser porque ya algunas calles de sus miserables pueblos abandonados ya no serán canaletas, cloacas, alcantarillas.

En mi ciudad se irriga una economía tacaña, miserable, los industriales manejan sus negocios desde el exterior para tratar de ganar algún lugar entre los primeros más ricos, pero a ellos no les importa los que viven en la escasez. A los políticos tampoco, son empleados de aquellos, permitiendo legislar para los beneficios del gran capital, ellos reciben sus comisiones. Hasta ahí les llega sus plataformas democráticas. Viva Medellín, Viva Antioquia, viva Colombia, viva la televisión  con sus mujeres bellas y tetonas, así sean huesudas. Las calles de la ciudad reflejan su adentro en su afuera, su espíritu. Mientras tanto todo se vuelve rutina de diario vivir.


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