Gestos de Paz

 Mauricio Castaño H. Historiador – http://colombiakritica.blogspot.com/ 

Los gestos de paz son de valorar. Valientes aquellos hombres quienes se atreven a silenciar los fusiles o por lo menos así lo proponen, a terminar con la guerra, con el sufrimiento de miles y miles de personas, a mirar otros senderos económicos diferentes a la rentable industria militar. Valientes quienes van a contracorriente de los agitadores violentos, valerosos quienes se enfrentan con el monstruo de la guerra que nunca deja sus bestiales alaridos. Es más fácil hacer la guerra que la paz, claro, ir en contra de la tradición bélica, en contra de quienes siempre reclaman continuar indefinidamente el círculo de la violencia. Quienes matan no se dan cuenta que lo hacen, ni los autores materiales ni intelectuales. Aquellos se sumen en refinadas metodologías de tortura y dolor que infringen a la víctima para extraer sus secretos.

Los determinadores del crimen se regocijan en banquetes en donde cierran jugosos negocios que les trae la guerra. Aún no sabemos de sus cuantiosas riquezas y de lo rentable que les resulta la industria militar. Hacer que otros carguen con sus errores, es el deseo del poderoso, buscar un culpable, un chivo expiatorio. Los hombres son máquinas de construir religiones, por creencias van a la guerra, matan sin piedad, simples autómatas sin freno moral. Entonces, se precisa desactivar esas máquinas culturales. Desactivar los odios hechos cultura que atraviesan cada historia personal, a ese cada quien dispuesto a apretar el gatillo por mera mecánica, por pura inercia. Tenemos como hacerlo, pues la justicia es una versión moderna de sacrificio.

Los humanos somos fábricas de inventar dioses. Un problema nos mantiene en encrucijada. Un Dios inspira santidades a unos cuantos, y a la gran mayoría los guía los dioses de la guerra, los dioses falsos que giran infinitamente en la espiral de la violencia, en la incesante venganza. La obediencia voluntaria confiere poder a esos hombres llamados jefes de Estado, quienes en su nombre mandan a la guerra a los hijos de la masa votante y siempre obediente. Todos van en regocijo camino a la venganza.

Todos disputamos un mismo deseo, todos vamos tras el mismo objeto en disputa. Eh ahí el origen de la tragedia como en el mundo shesperiano, el poder se manifiesta en tener lo más preciado por todos, quien lo obtenga primero es muestra de victoria, los demás sufren la humillación de la derrota. Odio, venganza, traición, chantaje, los secretos es el cóctel de las mieles de poder. A todo se le saca el mayor provecho. ¿Tienes frente a ti un cadáver? Mira a tu enemigo más próximo y peligroso, incúlpalo, válete de las artimañas, hazlo aparecer como el asesino más cruel sobre el cual debe descargarse toda la furia por la muchedumbre sedienta de venganza.

René Girad nos enseñó que todos vamos tras el mismo deseo, nos lo disputamos con violencia. Y para cesar la guerra descubrió el papel del chivo expiatorio, pagar la culpa para detener la violencia, no permitir que siga cobrando más víctimas. Victima quiere decir reemplazo, el segundo, en lugar de. Vicario, el vice, el segundo, el que paga por el otro, por tanto una víctima es siempre inocente.

Valeroso es el presidente de Colombia que se arriesga con la paz, es difícil hacerla, es difícil ir a contracorriente de todos los buitres que se alimentan de la rentable guerra y del sufrimiento de la mayoría pobre.


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Mujica y Lula

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

Mujica y Lula, dos hitos en Latinoamérica, dos referentes globales de gobiernos cosechados en la política de izquierda. Esta vez estuvieron refrescando los sueños de la multitudinaria juventud que los querían escuchar en el marco de la sétima conferencia Latinoamericana de las ciencias sociales. Pero ¿cuál es el deseo aforado por escucharlos? De seguro el de ser ex presidentes no, muchos los son, muchos han cumplido el sueño de bañarse con el bálsamo del vanidoso poder, y después, su gran mayoría son abandonados como muebles viejos en algún rincón de la sociedad, o en el mejor de los casos se aseguran un lugar como asesor o consejeros mundiales, aprovechando sus conexiones y con sus informaciones privilegiadas garantizan millonarias pagas en sus bolsillos de nunca llenar.

Pero de seguro aquellos dos ex presidentes no son peones del capitalismo, es lo que aseguran ser, sus votos fueron ganados con la promesa de gobiernos alternativos y para mayores señas de izquierda, aunque hoy, el discurso renovado prefiere más el concepto de Social, se argumenta que los problemas de la población no son de los extremismos, y sí el de las necesidades humanas, el de las necesidades vitales que permitan garantizar sostenerse con una vida digna, todos en el pleno disfrute de los recursos que nos provee la sociedad, todos sin distingo alguno. Esa plataforma es la diferencia con respecto a los gobiernos tradicionales que sólo se han ocupado de los intereses de unos pocos en desmedro de los de la mayoría. 


Pepe es un testimonio de vida, el octogenario Mujica fue un luchador de izquierda, estuvo en la cárcel por más de diez años, sufrió los dolores de la tortura. Luego en las lides de la política gana la presidencia Uruguay, país chico de aproximadamente tres millos cuatrocientos mil habitantes. Su política es la del bienestar general en contraposición a los usuales gobiernos que favorecen al gran capital concentrado en pocas manos. Mujica es reconocido por ser consecuente con el discurso social que predica. Puede ser comparado con la figura del cínico de la época griega que desprecia las vanidades del poder, de aquel que saca ventajas para beneficio propio y en desmedro del bienestar general. Recordemos al cínico Diógenes Laercio cuando el rey con arrogancia y prepotencia se lo encuentra de frente y le pregunta por un deseo para serle concedido, entonces el filósofo le responde que se quite de su paso que le está tapando el sol. 


Ese desprecio por lo insulso del poder, por el culto exagerado al dios del dinero y los cachivaches o basura que produce capitalismo es el mensaje que transmite aquel hombre uruguayo, con su sencillez, su estilo campirano, con acento de abuelo consejero revela su verdad de su paz humana. Desprecia las usuales ventajas del poder y promulga vivir con lo necesario sin caer en las trampas del consumismo moderno. Aquí recuerdo a altos funcionarios de Estado de Colombia sus revelaciones de inconformidad de sus salarios de quince millones que no le alcanzan para vivir, era el caso de del ex ministro Diego Molano, o del súper ministro Néstor Humberto Martínez, quien cotiza su hora como abogado particular en 50 millones de pesos.


Sí, el estilo sencillo, sabio y provincial es el de Mujica, el de Lula es el de un Estadista. Ambos vienen de las clases humildes, de las filas populares. Lula testimonia que nunca fue a la universidad pero que en su gobierno hizo por lo menos diecinueve universidades. Alienta a las clases populares a soñar con el poder, el mismo se pone como ejemplo, era un obrero que llegó a ser presidente de Brasil, un país con más de doscientos millones de habitantes. Es posible soñar con transformar el mundo existente por uno mejor. Para ambos ex presidentes las gentes tienen que organizarse, hacer partidos alternativos para emprender sueños colectivos, dejar esas empresas de egoísmo que hunden en la miseria.


Estos dos hombres encantan porque son testimonios de vida, son una demostración de que si se puede llegar al poder desde las clases populares, venciendo todas las dificultades porque como dice Lula, los ricos harán todo lo que encuentren a su alcance para impedir que los destronen de su empresa egoísta y su privilegios pero que tanta exclusión y sufrimiento hacen a la gran mayoría pobre, privada de los derechos fundamentales para gozar de una vida digna. Esa palabra reeditada es la que tanto gusto dio escucharla de aquellos hombres de edad ya avanzada.

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René Girard o la comprensión de la aptitud humana para la imitación

Por Luis Alfonso Paláu C.

I. - El mecanismo victimal: fundamento de lo religioso.
Cada vez que la ciencia triunfa de manera indiscutible, se repite el mismo proceso.  Se toma un misterio muy viejo, un misterio tremendo y oscuro, y se le transforma en enigma.  Los misterios insondables de antaño se van presentando poco a poco como un problema por resolver.  Asistimos pues a la transformación de lo religioso en una cuestión científica.
1.- Mímesis de apropiación y rivalidad mimética.
"En los comportamientos humanos no hay nada, o casi nada, que no sea aprendido; y todo aprendizaje se reduce a la imitación.  Si de repente los hombres dejaran de imitar, todas las formas culturales se desvanecería.  Los neurólogos nos recuerdan con frecuencia que el cerebro del hombre es una enorme máquina de imitar" (p. 17).
Las psicologías y las sociologías de la imitación elaboradas a fines del s. XIX están profundamente teñidas de optimismo y conformismo de la pequeña burguesía triunfante.  Gabriel Tarde, autor de la obra más interesante: Las leyes de la imitación (1895) considera a ésta como el fundamento único de la armonía social y del "progreso".
Pero la problemática de la imitación se remonta a Platón, quien se encargó de amputarla de su dimensión social.  Cuando habla de imitación se refiere a determinado tipo de comportamiento: maneras, hábitos, palabras, formas de hablar, siempre representaciones.  Pero Platón nunca habla de los comportamientos de apropiación y por este camino él y Aristóteles despojaron a la imitación de su dimensión conflictiva (la dimensión adquisitiva).
¿Cómo describir el fundamento psico-social del comportamiento de apropiación?  Si un individuo ve a otro de sus congéneres tender la mano hacia un objeto, siente inmediatamente la tentación de imitar su gesto.  La convergencia de dos o más manos igualmente ávidas de un mismo y único objeto desata el conflicto (los niños disputándose un juguete; las señoras arrancándose de las manos una prenda en las rebajas del Éxito; los hombres de la guerra asesinándose por el control de un territorio...).  Si se busca controlar el conflicto hay que lograr que los adultos aprendan a reprimir la rivalidad mimética.
Desde este punto de vista, el famoso "potlatch" aparece para Girard como una inversión de la mímesis de apropiación en mímesis de renuncia, que no obstante puede llegar a unas intensidades agonísticas igualmente desastrosa para la sociedad que se abandona a ella.  Recordemos que había sido Marcel. Mauss el que había analizado esta institución del noroeste canadiense entre los esquimales.  Se trataba de un fenómeno social total que comprometía a los grupos de la sociedad en intercambios generalizados regidos por la triple obligación de: dar, recibir y devolver con incremento.  En sociedades mal llamadas primitivas, sin moneda y por tanto sin comercio, se organizaban ciclos amplios de intercambios de bienes y servicios, valores y mujeres, etc... regidos por la lógica de la generosidad .  Lógica de la renuncia (regalarle al otro, no tanto apropiarme de algo) que sin embargo no suspende, sino que por el contrario exaspera su carácter agonístico: también se puede ofrecer un "potlach" a un rival al que se quiere aplastar o simplemente sobre el que se quiere prevalecer forzando una reorganización de la jerarquía social.  Si generosamente regalo a mi rival más de lo que sé que él podrá devolverme, lo hago descender en el estatuto social y me pongo por encima de él.  Por esto Girard dice que la intensidad puede llegar a ser desastrosa.
Incluso podemos añadir, de nuestra propia cosecha, una anotación de economía: siendo los bienes finitos, la declaratoria del derecho a la propiedad privada por parte de un número ilimitado de deseosos de apropiación, hace de ella la cima de la tensión social…  No hay bienes para todos y los pocos que terminan apropiándose los existentes, lo hacen expropiando al resto de los actores.
Por otra parte los etólogos han visto en los monos cómo se preocupan por reprimir el deseo de la mímesis de apropiación por las consecuencias que produce la rivalidad.
2.- Función del entredicho: prohibición de lo mimético.
No hay cultura que no prohíba la violencia en el seno de los grupos de cohabitación.  Y al lado de la violencia efectiva quedan prohibidas también las circunstancias que puedan conducir a ella, las rivalidades demasiado violentas.
Quienes se entregan al mimetismo de apropiación realizan siempre los mismos gestos y no dejan de imitarse mutuamente: cada uno se vuelve el simulacro del otro.  Nosotros ponemos el acento en la victoria o la derrota, en los resultados; las sociedades tradicionales o primitivas ponen el acento en la reciprocidad, en la imitación mutua de los antagonistas.  Lo que les choca es el parecido entre los competidores, la identidad de sus objetivos y maniobras, la simetría de sus gestos.
Dice Girard: "la violencia en las sociedades primitivas no se concibe nunca como la concebimos nosotros (los europeos).  Para nosotros la violencia posee una autonomía conceptual, un carácter específico (...)  Nosotros vemos sobre todo el acto individual (...)  Lo que nos permite abstraer intelectualmente el acto de violencia, ver en él un crimen aislado, es la eficacia de las instituciones judiciales que trascienden a los antagonistas.  Si no existe aun esa trascendencia judicial, si ha perdido su eficacia, si se ha hecho impotente para hacerse respetar, aparece enseguida el carácter imitativo y repetitivo de la violencia (...)  En la etapa de la venganza se trata del mismo acto, del asesinato realizado en la misma forma, por las mismas razones.  Y la imitación se va propagando, rompe las barreras de espacio y de tiempo, siembra la destrucción a su paso y se busca perpetuar de generación en generación.  La venganza es el paroxismo y la perfección de la mimesis.  Reduce a los hombres a la repetición monótona del mismo gesto del asesino.  Los convierte en dobles" (pp. 22-23).
La venganza se presenta como represalia, y toda represalia provoca nuevas represalias.  La venganza es un proceso infinito e interminable que tiende a invadir el cuerpo social.  "Pero el deber de no derramar nunca la sangre —dice Girard en otra de sus obras, La violencia y lo sagrado— no es en el fondo distinto del deber de vengar la sangre derramada.  Por consiguiente, para terminar con la venganza, o en nuestros días, para terminar con la guerra, no basta con convencer a los hombres de que la violencia es odiosa; precisamente porque están convencido de ello, se creen con el deber de vengarla" (p. 23).  En un mundo sobre el que planea la venganza es imposible alimentar a su respecto ideas inequívocas, hablar sin contradecirse.  En cualquier conflicto armado no existe ningún actor que no odie la violencia del otro y busque extirparla mientras la reproduce.  Las expresiones corrientes son más reveladoras que las teorías jurídicas: las tareas de "limpieza social" son llevadas a cabo por las gentes decentes que odian la violencia que sufren en sus bienes o sus personas por parte de los delincuentes...  Estas personas “decentes”, entre más eficientes sean en su labor, más criminales se vuelven ellos mismos.  La expresión "tomarse la justicia por sus propias manos" significa dar rienda suelta a la violencia imitativa...
Es cierto que en el sistema penal no existe ningún principio de justicia realmente diferente de la venganza...  pero no es menos cierto que el sistema judicial (y la prescripción que él conlleva) aleja la amenaza de la venganza.  No la suprime; la limita efectivamente a una represalia única (los delitos y su castigo no son heredables; el sospechoso debe ser vencido en juicio...) cuyo ejercicio queda confiado a una autoridad soberana y especializada.  Las decisiones judiciales son la última palabra de la venganza, el único punto final que se le puede poner.
"No hay ninguna diferencia de principio entre venganza privada y venganza pública, pero existe una diferencia enorme en el plano social: la venganza ya no es vengada; el proceso ha concluido; desaparece el peligro de la escalada" (p. 23).
En las sociedades primitivas que no poseen sistema judicial, que padecen venganzas privadas, el sacrificio se convierte en una medida preventiva a falta de la existencia de una medida curativa.  El sacrificio impide que se desarrollen los gérmenes de violencia y ayuda a los hombres a que mantengan alejada la venganza.
Una señal suplementaria nos es dada por la desaparición del sacrificio en los lugares donde se establece el sistema judicial (p. e. en Grecia, y sobre todo en Roma).  Puede que continúe durante mucho tiempo, pero ha desaparecido su sentido.  Se vuelve un cascarón hueco y por eso en las sociedades laicizadas parece que las instituciones religiosas no tienen ninguna función real.
El punto de ruptura se sitúa en el momento en que la intervención del sistema judicial pasa a ser apremiante.  Entonces los hombres quedan liberados del terrible deber de la venganza.  El sistema funcionará entre menos conciencia se tenga de su función.  Se organiza en torno al culpable y al principio de culpabilidad, en torno a la retribución debida pero erigida en principio de justicia abstracto que habría que hacer respetar.
Ya veremos en el Origen de la geometría el sentido jurídico de la sentencia de Anaximandro.
Es cierto que el sistema judicial no disimula el principio de venganza que lo rige, y será tanto más racional cuanto más se ciña a él.  La insistencia en castigar verdaderamente al culpable (presumiendo la inocencia de quien no haya sido vencido en juicio) sólo tiene este sentido.  "En lugar de ocuparse de impedir la venganza, de moderarla, o de desviarla hacia un objetivo secundario, como hacen los procedimientos propiamente religiosos, el sistema judicial racionaliza la venganza, consigue aislarla y limitarla como pretende; la manipula sin peligro; la convierte en una técnica de curación, y secundariamente de prevención" (p. 29).
Y esta racionalización de la venganza no tiene que ver con el arraigo comunitario; por el contrario, su desarraigo, la independencia soberana de los jueces acreditada de una vez por todas, contra los grupos sociales o contra la colectividad unánime, en el ejercicio indiscutible de sus decisiones... asegura un monopolio que sofoca la venganza.  El sistema judicial y el sacrificio tienen la misma función, pero el primero es infinitamente más eficaz.  Sólo puede existir asociado a un poder político realmente fuerte.  Cuando el sistema judicial hace crisis ya no existe diferencia entre su principio de justicia y la venganza.  Esto se percibe claramente en los alegatos de los partidarios de la pena de muerte: frente al crimen atroz piden la pena de muerte olvidando que el castigo judicial y la venganza están separados por el desarrollo del debido proceso penal.
“Solo una trascendencia cualquiera, haciendo creer en una diferencia entre el sacrificio y la venganza, o entre el sistema judicial y la venganza, puede engañar duraderamente a la violencia" (p. 31).  Veremos más adelante cómo la aparición de la matemática es contemporánea del género literario de los diálogos (de Platón), y cómo quienes dialogan (y quienes calculan, en el sentido en que Leibniz decía de Él “Deus calculat”) lo que están buscando es poner al margen, arrinconar la venganza, el ruido y la furia.
Los conflictos humanos se arraigan ante todo en lo mimético.   La violencia recíproca es la escalada de la rivalidad mimética.  Cuanto más divide lo mimético, más produce lo mismo.
El origen de la rivalidad mimética es la mímesis de apropiación, esto es, el objeto que los dos rivales miméticos intentan arrebatarse el uno al otro porque se lo asignan el uno y el otro como deseable.
"Basta leer en el Quijote el episodio de la bacía del barbero transfigurada en yelmo de Mambrino, por causa de la rivalidad mimética de la que es objeto, para comprender que hay en Cervantes (…) la intuición misma que hace desdeñar la literatura porque ella resalta de forma cómica la vanidad de nuestros conflictos.  También la crítica racionalista le reprochaba a Shakespeare que construía sus conflictos trágicos en torno a vulgaridades insignificantes, e incluso literalmente, en torno a nada.  Esta crítica veía una inferioridad en lo que constituye la superioridad prodigiosa de Shakespeare sobre la mayor parte de los autores dramáticos y sobre todos los filósofos (...)  Cervantes y Shakespeare saben de ello más que Platón porque tanto el uno como el otro ponen en primer plano la mímesis de apropiación" (p. 27).
La mímesis de apropiación está en el origen de todo y por eso los entredichos de objeto, los sexuales, los alimenticios... prohíben esos objetos porque están al alcance de todos los miembros del grupo.  Detonan las rivalidades que ponen en peligro la armonía del grupo.  Los grupos primitivos reprimen el conflicto mimético pero disimulándolo tras los grandes símbolos de lo sagrado, la contaminación, la suciedad, etc...
3.- Función del rito: exigencia de lo mimético.
Si las prohibiciones buscan alejar la crisis mimética, los rituales buscan reproducirla.
En ellos, las sociedades mal llamadas primitivas se entregan de buena gana a lo que le temen más durante el tiempo restante: la disolución mimética de la sociedad.  Pero también en el campo del arte se lo percibe: de las "peleas" y clamores desordenados, de cargas frenéticas... se pasa a los "simulacros de combate" y a los pataleos rítmicos acompañados de "gritos de guerra", que se transforman en "cantos guerreros"; luego las "danzas bélicas" dejan sitio a los cantos y a las danzas puras y simples.  En esas coreografías, las figuras más delicadas se presentan "en espejo", se trata siempre de dobles.  El modelo de las danzas más abstractas es siempre el enfrentamiento de los dobles, pero perfectamente "estetizado".  Esta aproximación abre así la puerta a la expansión estética, sustituto de la teoría de la sublimación.  Recordemos cómo lo describe Dagognet en el Cerebro ciudadela: “creemos reconocer más simplemente en el hombre los diversos grados de una psicomotricidad cada vez más cerebralizada: a)  al comienzo, ante un espectáculo, el niño lo vive.  Por lo demás se define por su exuberancia y sus excesos de  movimientos.  Va y viene, explora, recomienza, participa visiblemente.  Si percibe "un círculo" (hipótesis de escuela) lo juega, en el límite lo efectúa (lo imita, se tuerce, se da vuelta).  La educación condena e impide esta agitación-gasto, tanto más insoportable para el adulto cuanto que él mismo no se puede dedicar a ella.  b)  no sin dificultad, el niño aprenderá a poner fin a este frenesí desbordante.  Los "ojos" se limitarán a "expresar" la visión del círculo; ingenuo, no sabe ocultar su acompañamiento efectivo.  Se ve que él ve y lo que ve.  La motricidad no por ello ha dejado de cambiar de estatuto.  c)  por fin podrá "virtualizarla"; el cerebro asegura una motricidad que de alguna manera se satisface pero que de aquí en adelante sólo se despliega en la inmovilidad.  Distinguimos pues, en este caso particular, tres etapas: la real, la bosquejada, la interiorizada” .  La educación inscribe en el cerebro “una historia, la de la lenta y feliz mediación”.  Si todos los sistemas educativos, de todos los países, se construyen sobre la enseñanza de la lengua materna y de la aritmética, es por esta función que cumplen de mediar, de pararrayos de la violencia…
4.-  Sacrificio y mecanismo victimario.
Si el sacrificio es la conclusión de los ritos, entonces debe aparecer como el punto final de la crisis mimética escenificada en esos ritos.  En el paroxismo de la división, en el momento de discordia mimética, movida por los círculos interminables de represalias vengadoras...  se afirma la unidad de la comunidad en el acto sacrificial.  A la oposición de todos contra todos, sucede de repente la simplicidad de un antagonismo único: de un lado toda la comunidad, del otro la víctima.  El sacrificio es una violencia más que se añade a las otras pero tiene la cualidad de ser la palabra final de la violencia.  Freud fue el único que comprendió —dice Girard— la necesidad de un asesinato colectivo real como modelo del sacrificio.  El asesinato colectivo constituye el paroxismo y la conclusión de la crisis mimética.
"Quedaría así resuelta la paradoja que nos choca.  No habría contradicción intencional entre los entredichos y los rituales: los entredichos intentarían apartar de la crisis prohibiendo las conductas que la suscitan, pero si la crisis vuelve a comenzar o parece que se va a presentar de nuevo, entonces los ritos se esfuerzan en canalizarla por el buen camino y llevarla a su resolución, o sea, a la reconciliación de la comunidad a costa de una víctima que hay que suponer arbitraria.  En efecto, ninguna víctima individual puede ser responsable de la crisis mimética" (p. 37).
Veamos pues la lógica de fondo del conflicto mimético: cuanto más se exasperan las rivalidades, más tienden los rivales a olvidarse de los objetos que la causan en principio y más fascinados se sienten los unos por los otros.  La rivalidad se deshace de lo exterior y se purifica o se aprestigia.  Cada rival se convierte para el otro en el modelo-obstáculo adorable y odiable al mismo tiempo, al que necesita simultáneamente abatir y absorber.
En algún lugar Serres va a definir al hombre como el ser que es capaz de dotarse de objetos, y en el Contrato natural va a insistir —poniendo de presente la pintura de Goya: los dos luchadores en la arena movediza— que los que se enfrentan en la guerra no perciben el mal que le hacen a lo que los rodea; y es claro que la materiología, la objetología, y la exologías dagoñetianas tienen un propósito convivencial.
La mímesis es más fuerte que nunca, pero ya no se ejerce a nivel del objeto, que ha dejado de existir.  Ya no hay sino antagonistas, "dobles" inseparables.  Canetti también lo expresa: "Si tenemos presentes a ambos bandos beligerantes, la guerra ofrece la imagen de dos masas doblemente  entrelazadas (...)  El lazo resulta de que cada participante en una guerra pertenece siempre a dos masas a la vez: para su propia gente pertenece al número de guerreros vivos; para el contrario al número de los potenciales y deseables muertos (...)  El estallido de una guerra es antes que nada el estallido de dos masas" (Masa y poder.  pp. 66-67).  Y como ya no importa el objeto, la mímesis de apropiación cede su lugar a la mímesis de antagonismo.  En palabras de Canetti: "Siempre es el enemigo el que empezó.  Si quizá no fue el primero en decirlo, al menos lo planeaba; y si no planeaba ya lo habría pensado en breve plazo.  Recuerden cómo llevó Busch a su pueblo a una guerra: a punta de mentiras que decían que Sadam tenía armas de destrucción masiva.
La muerte como deseo existe por todas partes y no hay que ir al fondo del hombre para sacarla.  La notable e inconfundible alta tensión, típica de todos los sucesos bélicos, tiene dos causas: a) querer adelantarse a la muerte y b) actuar en masa (Canetti, p. 68).  "Si la mímesis de apropiación divide haciendo converger a dos o más individuos en un mismo y único objeto del que todos quieren apropiarse, la mímesis de antagonismo forzosamente reúne haciendo converger a dos o más individuos en un mismo adversario al que todos quieren abatir” (p. 38).  Y esa víctima expiatoria acabará necesariamente apareciendo y reconciliando a la comunidad, “ya que la experiencia misma de la crisis, ligada a un mimetismo cada vez más intenso, necesariamente tiene que suscitarla" (p. 37).
La observación de los sistemas religiosos nos obliga a pensar dos cosas: 1) que la crisis mimética se produce siempre; 2) que la unión de todos contra una víctima es la resolución normal y propiamente normativa de donde brotan todas las reglas culturales.
El mecanismo salvador sólo se dispara en el paroxismo de la lucha fratricida.  Es ciertamente del mayor desorden (del caos, de la furia, noise hemos leído en M. Serres) de donde surge el orden en la cultura humana, ya que el gran desorden supone la desaparición de todo objeto y el tránsito a la reunificación que implica el que todos se reúnan contra el chivo expiatorio.
A fin de cuentas hay que volver siempre a la crisis para dar origen de nuevo a la resolución pacificadora y ordenadora.
Girard no busca un culto de la violencia sino desentrañar el mecanismo victimario que requiere de su desconocimiento para funcionar.  Entre más y mejor se conozca lo que es el "chivo expiatorio" más pierde este mecanismo su vigor para asignarle tareas a la cultura humana.  La producción de lo sagrado es inversamente proporcional a la comprensión de los mecanismos que lo producen.
Shakespeare, por el contrario, arraiga todo efecto teatral y toda "crisis de identidad" en la misma contienda mimética y violenta de toda mitología y de todo asesinato colectivo, incluso cuando se trata de algo tan histórico como la muerte de Julio César, el fundador del imperio romano.
En resumen, tanto en los mitos como en los rituales, la víctima —el héroe— es matada en cuanto responsable de unos crímenes que forman una sola cosa con la desintegración de la comunidad.  Lo mismo que la acción central de los rituales es la muerte de la víctima, muchas veces colectiva, la escena central de los mitos es el asesinato, muchas veces colectivo, del héroe divinizado (léaselo en Roma, el primer libro de fundaciones, pp. 72-94).
En el linchamiento fundador, como hemos visto, la víctima pasa por responsable de la crisis; polariza los mimetismos entrecruzados que desgarran a la comunidad; rompe el círculo vicioso de la violencia; se convierte en el polo —único desde ahora— de un mimetismo ritual y unificador.  Con esta víctima la comunidad logra desembarazarse de una experiencia demasiado intolerable en el desorden y demasiado incomprensible en el regreso al orden, como para convertirla en objeto racional.  Todas las lecciones que se sacan de la experiencia pasarán como enseñadas por la propia víctima.  Puesto que la víctima parece causar los más graves desórdenes y luego reinstaurar un nuevo orden, habrá que remitirse de ahí en adelante a ella para decidir lo que hay que hacer y lo que hay que evitar.  Este saber pasa al primer plano: se considera que la víctima sólo se ha manifestado para ponerlo en manos de la comunidad; es lógico pensar que la cara terrorífica de la epifanía está destinada a imprimir en los hombres las reglas que la divinidad desea promulgar.  Esa divinidad aparece como fundadora tanto de un culto particular consagrado a ella (Cfr. el culto a Hércules, pp. 10-31 de Roma), como de la sociedad misma.  Comprendemos mejor por qué en tantos mitos es del cadáver mismo de la víctima de donde brotan todas las reglas culturales.  Si esta víctima, presente y viviente en la comunidad, le traía la muerte, y si, una vez muerta, le trae la vida, habrá que concluir inevitablemente que su aptitud para trascender los límites de la humanidad ordinaria, tanto en el mal como en el bien, se extiende a la vida y a la muerte.  Entonces, las fatalidades de la condición humana no afectan lo sagrado.  Están esbozados pues todos los rasgos de la trascendencia religiosa.
"Todas las culturas hacen remontar su fundación a unas fuerzas sobrenaturales que pasan también por hacer respetar las reglas que ellas infringen y por sancionar su trasgresión con los castigos más terribles" (p. 53).
La fuerza de lo religioso violento está en que dice realmente a los hombres lo que han de hacer, y lo que no han de hacer, para que las relaciones sigan siendo tolerables en el seno de las comunidades humanas, dentro de cierto contexto cultural.
La hipótesis de lo sagrado es que el espíritu humano se reconoce superado y trascendido por una fuerza que le parece exterior a él mismo, ya que parece hacer con la comunidad humana, en cada instante, lo que le plazca por razones desconocidas, pero que en último análisis parecen más benéficas que malignas.
En fin, Girard nos recuerda que toda su teoría se basa en el carácter ya interpretativo de los fenómenos religiosos respecto al acontecimiento fundador.  Es una interpretación de una interpretación que constituye el objeto de un desconocimiento propiamente fundacional.
II) Génesis de la cultura y de las instituciones.
1.-  Variantes rituales
La muerte de la víctima metamorfosea las relaciones en el seno de la comunidad.  El paso de la discordia a la concordia no se le atribuye al mimetismo unificador de la violencia colectiva sino a la propia víctima.  Al no percibir el verdadero principio de la restauración, el pensamiento religioso lo piensa todo en función de la víctima.  Una cuasi-sustancia maléfica (lo sagrado) se polarizaría en la víctima y se haría benéfica gracias a la operación sacrificial y a su explosión fuera de la comunidad.
2.-  La realeza sagrada y el poder central.
La realeza al principio solo es la voluntad de reproducir el mecanismo reconciliador.  Se intenta buscar una nueva víctima bien parecida a la idea que se tenía de la víctima original, y esa idea está determinada por la eficacia del mecanismo victimario.  ¿Cómo no se va a creer que la víctima fue la que cometió los crímenes, si una vez se lo elimine viene de nuevo el orden y la paz?  En todas las instituciones humanas se trata siempre y ante todo de reproducir, con nuevas víctimas, un linchamiento reconciliador.  Al ser fuente de la discordia y de la concordia, la víctima posee un prestigio sobrehumano y terrorífico que se convierte en el principio de toda soberanía política y religiosa.  El monarca tendrá cada vez más un dominio sobre la comunidad, y llegará a ser tan efectivo que ya se imposibilita el sacrificio del rey.  Y como el sacrificio es siempre sustitutivo, siempre es posible realizar una nueva sustitución.  Los sustitutos de sustitutos terminan por marginar el sacrificio y dar origen a la llamada monarquía moderna.
Aquí radica la diferencia entre la monarquía y la divinidad.  En el primer caso la interpretación acentúa el intervalo entre la elección de la víctima y su inmolación; en el segundo, se acentúa a la víctima ya sacrificada, es lo sagrado ya expulsado de la comunidad.   En la monarquía el poder sagrado opera en la persona del rey; en el segundo caso estará ausente, en la "persona" del dios.  En la realeza domina lo que viene antes del sacrificio; en la divinidad lo que viene después.
4.-  Domesticación animal y caza ritual.
Según Girard la domesticación es tan demorada que no pudo haber sido motivada por el utilitarismo.  Ha de empezar por instalar el animal a su lado, haciéndolo su vecino como si tuviera predisposición a llevar una existencia casi humana.  El sacrificio motivó la domesticación ya que el espíritu religioso sabe que para deshacerse de los aspectos maléficos, la víctima ha de haber residido entre los hombres y parecerse a ellos.
De la misma forma que el plazo sacrificial (en el caso de una víctima humana) es el origen del poder político, así mismo en el caso de animales propicios (aquellos cuyo comportamiento de huída los reúne en manadas) ha sido el origen de la domesticación.
Monarquía, sacrificio humano, sacrificio animal, cría de animales, canibalismo... proceden todos de una voluntad de reproducir la reconciliación sacrificial, fuente de todas las instituciones culturales de la humanidad.
Pero igualmente la cacería es una actividad sacrificial.  El animal es tomado como un sustituto de la víctima original monstruosa y sagrada, es decir víctima reconciliadora.  Del asesinato colectivo surgen las técnicas complejas que agrupan numerosos individuos.
En su libro de 1972, La sociedad contra la naturaleza, Serge Moscovici había sostenido su tesis de la hominización debida a la caza.  Durante mucho tiempo los grupos humanos mantuvieron las tareas de recolección de vegetales y de depredación de pequeños animales siguiendo las formas de la complementariedad de las tareas dentro de una división social y sexual del trabajo.  Las dos tareas son pasivas y las puede ejecutar cualquier individuo —independientemente de su edad, o de su sexo— tan pronto se constituye como biológicamente independiente.
Pero el impulso que llevó a perfeccionar los métodos de depredación y las destrezas de los individuos, terminó por vencer los obstáculos que imponía el cuadro material y mental de la recolección.  La depredación había enseñado a los hombres a matar pequeños animales y a alimentarse de los despojos de los grandes (origen carroñero del hombre).  Entonces las técnicas inventadas en la depredación se mejoraron y permitieron que la presa cambiara de dimensión, haciendo que las operaciones cambiaran de escala.  Los rebaños enfrentados, perseguidos, eran de talla imponente, más ágiles, recorriendo regiones muy variadas, dispersos en espacios más vastos.  Ahora era necesario partir al animal.  Nacen pues una serie de operaciones concernientes al despiece, la conservación, los usos diferenciales de la carne, de la piel, de los huesos.  "La caza provoca la cooperación desde la organización de la expedición hasta la captura de la presa, sin omitir la repartición de las tareas antes y después de ella.  El trabajo del individuo depende en cada momento del de sus compañeros.  La socialización general de las acciones, su articulación en un conjunto, se acompañan de un cuidado sostenido que se le concede a las cualidades intelectuales y físicas de los participantes, de una uniformización de sus capacidades teniendo por objetivo el éxito y la sobrevivencia de todos.  El hombre comienza así su tarea de producir hombres (...)  Las colectividades humanas pueden dirigirse —sin poner en peligro su supervivencia— hacia otras regiones, renunciando definitivamente al hábitat protegido que les ofrecían los recursos vegetales" (pp. 137-138).
Pero a diferencia de otros investigadores que presentan el asunto como una diferenciación que se acentúa en la división social del trabajo, Moscovici afirma que se opera una verdadera separación de los dos mundos: dos códigos de la realidad, dos lenguajes opuestos...  Se instaura no solo una comunicación difícil sino una incomunicación durable; la caza permite el despliegue social de una categoría de actividades y comportamientos sin equivalente en el mundo animal.
Entrampadas, atacadas, envenenadas, masacradas inconsideradamente, las especies animales estuvieron amenazadas de desaparición.  Los pueblos cazadores deciden entonces "cultivar" a la presa, producirla en el encierro.  No atacar a los más jóvenes, o en período de gestación, o en cualquier época del año...  Las “vedas” serán una forma de administrar el recurso para hacerlo sostenible.
Comienzan las interdicciones y los tabúes de la caza.  "La caza ha arrastrado a los hombres igualmente por la vía de la cooperación social global.  Con este fin, es necesario que los gestos, las informaciones, los signos sean convencionalizados, expresados de manera que sean comprendidos e intercambiados fácilmente.  Las postas, el ritmo de los movimientos, toman un aspecto colectivo y el organismo de cada uno es encarnado en la perspectiva de la tarea común.  Esta domesticación del cuerpo y de la inteligencia comienza desde que el niño varón apenas sabe caminar, y se prosigue hasta la edad en que se integra plenamente al grupo.  El cazador afirma su particularidad siendo el poseedor de una facultad, de un poder con el cual se identifica y que lo distingue.  Ya no es únicamente un depredador especializado, un hombre detentador de una habilidad definida, formada en el curso de milenios; es un hombre aparte, que se concibe como tal, alejado del resto de los hombres.  Y especialmente de la mujer" (pp. 145-146).
5. - Los entredichos sexuales y el principio del intercambio.
El principio de intercambio actúa en todos los terrenos y no sólo en el sexual y en el económico.  Si los objetos en entredicho son siempre los más cercanos y los más accesibles es porque son los más capaces de provocar las rivalidades miméticas entre los miembros del grupo.  Los entredichos paralizan a los grupos de cohabitación a tal punto que si sólo hubiera prohibiciones morirían de inanición.  El imperativo ritual impulsa a los miembros de esos mismos grupos hacia afuera, a la búsqueda de víctimas.  Por este camino los ritos sacrificiales son el fundamento de la cultura humana, especialmente los modos del intercambio matrimonial, los intercambios económicos, etc.
Girard resumirá (en la p. 92):
"Tanto si se trata de guerreros matados alternativamente por una parte y por otra, como si se trata de prisioneros capturados o de mujeres "intercambiadas", no hay ninguna diferencia entre las instituciones en las que la gente se entiende para poder luchar mejor, o sea, en las que por una y otra parte se las arreglan para no verse privados de enemigos rituales; y las instituciones en las que la gente lucha para entenderse mejor, o sea, para intercambiarse las mujeres o los bienes que no pueden guardar cada uno para sí.  En el primer caso es la función "catártica" la que domina, mientras que en el segundo es la función "económica"; pero estas dos funciones no son realmente distintas; no son mas que racionalizaciones hechas a posteriori por unos observadores que no ven el origen común de todas las instituciones en la reproducción de una violencia fundacional" (p. 92).
6. - La muerte y los funerales.
En el momento en que se interrumpe la violencia, en que se establece la paz, la comunidad tiene su atención fija en esa víctima que acaba de matar: descubre el primer cadáver.
Fue E. Durkheim el que tuvo la intuición antropológica "más grande de nuestro tiempo" —según palabras de Girard— la intuición de la identidad de lo social y de lo religioso, es decir de la anterioridad cronológica de la expresión religiosa sobre toda concepción sociológica.
La cultura se elabora siempre como tumba.  La tumba no es nunca sino el primer monumento humano que hay que levantar en torno a la víctima expiatoria, la primera cuna de significaciones, la más elemental, la más fundamental.  Ni hay cultura sin tumba, ni hay tumba sin cultura; en definitiva, la tumba es el primero y el único símbolo cultural.  Escribe Serres en Estatuas (p. 186): "Nuestro tiempo viene de la muerte, nuestra historia comienza en Egipto, nuestro saber y nuestra aventura toman su fuente en esos dos lugares que no son sino uno; el pueblo hebreo se evade del país y de los infiernos, el tiempo moderno parte de allí, punto de partida para Moisés y su texto; Orfeo saca su obra de los mundos subterráneos, entendamos: de la tumba, entendamos, del ritual egipcio; Tales viene a buscar su teorema en las Pirámides; traduzcamos: en las tumbas del Faraón; traduzcamos en lengua de historia: en Egipto, traduzcamos filosóficamente: en la muerte.  Nuestra ciencia viene de la muerte.  Jesucristo anuda a todos esos hilos en el tiempo cero.  Con una sola emisión de voz hablamos de ontología e historia, concepto y hecho, como si nuestra metafísica se enraizara en las técnicas mortuorias egipcias.  Ella nos prohíbe regresar a ellas".
Notas de Paláu usadas en el seminario “lectura de la obra de Serres” para presentar en su momento el trabajo de R. Girard.
In memoriam, noviembre 5 de 2015.


 1. Cfr. de M. Mauss.  "El ensayo sobre el don" in Antropología y sociología.

 2.  Cfr. de M. Mauss.  "El ensayo sobre el don" in Antropología y sociología.


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Muere René Girard, antropólogo y teórico de la «violencia mimética»

Muere René Girard, antropólogo y teórico de la « violencia mimética »
LE MONDE | 05.11.2015 à 04h35 • Mis à jour le 05.11.2015 à 14h39 | Par Jean Birnbaum

El antropólogo René Girard murió el miércoles 4 de noviembre en Stanford, en los EE. UU.  Tenía 91 años.  Fundador de la “teoría mimética”, ese francotirador de la escena intelectual había construido una obra original que conjuga reflexión científica y predicación cristiana.  Sus libros, comentados en los cuatro rincones del mundo, forman las etapas de una vasta averiguación sobre el deseo humano y sobre la violencia sacrificial donde toda sociedad, según Girard, encuentra su origen inconfesable.

“El renombrado profesor francés de Stanford, uno de los cuarenta inmortales de la prestigiosa Academia francesa, ha fallecido este miércoles en su domicilio de Stanford luego de una larga enfermedad” indicó la universidad californiana donde enseñó durante mucho tiempo.


Nacido el 25 de diciembre de 1923, en Aviñon, René Noël Théophile creció en una familia de la pequeña burguesía intelectual.  Su padre, un radical socialista y anticlerical, fue curador de la biblioteca y del museo de Aviñón, luego del Palacio de los papas.  Su madre, una católica de tendencia Maurras, apasionada de la música y de la literatura.  Por la tarde, ella les lee a Mauriac o novelas italianas a sus cinco hijos.  La familia no nada en plata, está preocupada por la crisis, por el aumento de los peligros.  Más bien feliz, la infancia de René Girard sin embargo no ha dejado de estar marcada por la angustia.
 

Cuando se le preguntaba cuál era su primer recuerdo político, respondía sin dudar: las manifestaciones de la liga en 1934.  “Crecí en una familia de burgueses fritos, que se empobreció por los famosos préstamos rusos al día siguiente de la primera guerra mundial –nos había contado él en una entrevista que tuvimos en 2007-  Hacíamos parte de las gentes que comprendían que todo estaba a punto de irse al carajo.  Teníamos una conciencia profunda del peligro nazi y de la guerra que se venía.  Siendo niño siempre fui un poco apoltronado, camorrista pero no combatiente.  En el patio del recreo me hacía con los pequeños; le tenía miedo a los brutales grandes.  Y envidiaba a los alumnos del colegio jesuita que podían ir a esquiar en el monte Ventoux…  ”
Larga aventura norteamericana
Luego de los agitados estudios (incluso lo echaron del liceo por mala conducta), el joven Girard termina por sacar su bachillerato.  En 1940, se va a Lyon con la idea de preparar la Normal-Sup<erior>.  Pero las condiciones materiales son demasiado estrechas, y decidió regresar a Aviñón.  Su padre le sugiere entonces entrar a la Escuela de archivística paleográfica.  Es admitido y conoce París en momentos difíciles, entre soledad y tedio.  Poco entusiasta con la perspectiva de hundirse mucho tiempo en los archivos medievales, acepta una oferta para volverse asistente de francés en los EE. UU.  Es el comienzo de una aventura estadounidense que solo terminará con su muerte, lo que hace que la trayectoria académica de Girard se haya desenvuelto esenciales del otro lado del Atlántico.
Llega entonces el primer chispazo: encargado de enseñar literatura francesa a sus estudiantes, comenta ante ellos los libros que han marcado su juventud: Cervantes, Dostoievski o Proust.  Luego, comparando los textos, se pone a observar resonancias, que acercan por ejemplo la vanidad en Stendhal y el esnobismo de Flaubert o Proust.  Emerge así el que será el gran proyecto de su vida: trazar el destino del deseo humano a través de las grandes obras literarias.
De la literatura a la antropología religiosa
En 1957, Girard entra a la universidad Johns-Hopkins, en Baltimore.  Será allí donde acontezca el segundo deslizamiento decisivo: de la historia a la literatura, y de la literatura a la antropología religiosa.  “Todo lo que digo me fue dado de repente.  Era 1959, trabajaba en la relación de la experiencia religiosa y de la escritura novelesca.  Me dije a mí mismo: esta es tu vía, debes volverte una especie de defensor del cristianismo”, le confesó Girard a Le Monde en 1999.
En aquella época, amasa las notas para nutrir el libro que se convertirá en uno de sus ensayos más conocidos, y que es aún de referencia: Mentira romántica y verdad novelesca (1961).  En él expone por primera vez el marco de su teoría mimética.  Aunque ella compromete envites profundos y extremadamente complejos, sin embargo está bien permitido exponer esta teoría en algunas palabras dado que el propio Girard la presentaba no como un sistema conceptual sino como la descripción de simples relaciones humanas.  Resumámosla pues.  Para comprender el funcionamiento de nuestras sociedades, es necesario partir del deseo humano y de su naturaleza profundamente patológica.  El deseo es una enfermedad; cada uno desea siempre lo que desea el otro; este es el resorte principal de todo conflicto.  De esta competencia “rivalitaria” nace el ciclo del furor y la venganza.  Este ciclo sólo se resuelve por el sacrificio de un “chivo expiatorio”, como lo testimonian a través de la historia episodios tan diversos como la violación de Lucrecia, el escándalo Dreyfus o el proceso de Moscú.
Predicador cristiano
Es aquí donde interviene una distinción fundamental a los ojos de Girard: “la divergencia insuperable entre las religiones arcaicas y la judeo-cristiana”.  Para captar bien lo que las diferencia, es necesario comenzar por señalar su elemento común; a primera vista, en un caso como en el otro, se tiene que ver con el relato de una crisis que se resuelve en el linchamiento transfigurado en epifanía.  Pero allí donde las religiones arcaicas (de la misma manera como en las modernas cacerías de brujas) aplastan al chivo expiatorio cuyo sacrificio le permite a la muchedumbre reconciliarse, el cristianismo proclama alto y fuerte la inocencia de la víctima.  Contra los que reducen la Pasión de Cristo a un mito como cualquier otro, Girard afirma la singularidad irreductible, y la escandalosa verdad, de la revelación cristiana.  No solamente esta rompe la lógica infernal de la violencia mimética sino que devela el sangriento sustrato de toda cultura humana: el linchamiento que apacigua a la multitud y vuelve a soldar a la comunidad.
Girard, que durante mucho tiempo fue escéptico, poco a poco ha llegado pues a vestir los hábitos del predicador cristiano, con el entusiasmo y la pugnacidad de un exégeta convertido por los textos.  De libro en libro, y de la Violencia y lo sagrado (1972) hasta Veo a Satán caer como el rayo (1999), exalta la fuerza subversiva de los Evangelios.
Un compromiso religioso criticado
Este compromiso religioso con frecuencia ha sido señalado por sus detractores, para los que su prosa tiene que ver más con la apologética cristiana que con las ciencias humanas.  A ellos, el antropólogo les responde que los Evangelios son la verdadera ciencia del hombre…  “Sí, es una especie de apologética cristiana la que escribo, pero ella está extremadamente bien amarrada”, ironizaba, con una risa revoltosa, aquel al que nunca le faltan ni pantalones ni humor.
Adoptando una escritura cada vez más panfletaria, por no decir: profética, estaba convencido de poseer una verdad que nadie quería ver, y que sin embargo laceraba los ojos.  Para él, la teoría mimética permitía aclarar no solamente la construcción del deseo humano y la genealogía de los mitos, sino también la violencia presente, la infinita espiral del resentimiento y de la cólera, en suma el Apocalipsis que viene.  “Actualmente no hay necesidad de ser religioso para sentir que el mundo está en una incertidumbre total”, prevenía (con el índice dirigido hacia el cielo) aquel que había interpretado los atentados del 11 de septiembre como la manifestación de un mimetismo de acá en adelante globalizado.
Hay aquí otro aspecto a menudo subrayado por los críticos de Girard: su pretensión de tener respuesta para todo, para explicarlo todo, desde los sacrificios aztecas hasta los atentados islamistas, pasando por el esnobismo proustiano.  “Don’t you think you are spreading yourself a bit thin?” [«¿No crees que te estás difundiendo a ti mismo en demasía?»], le preguntaban ya sus colegas norteamericanos, cortésmente, en los años 1960…  “No logro evitar dar esa impresión de arrogancia”, admitía él, socarrón, medio siglo después.
Relativo aislamiento
Si se añade a esto el que Girard se reclama del “buen sentido” popular, contra las abstracciones universitarias, se entenderá por qué sus textos frecuentemente son recibidos con una acogida glacial en el mundo académico.  En particular los antropólogos no han querido para nada dedicarle un rato a sus hipótesis, exceptuando un encuentro internacional que tuvo lugar en 1983, en California, no lejos de Stanford, la universidad en la que Girard enseñó desde 1980 hasta el final de sus días.
Confrontando su modelo conceptual con sus trabajos de campo, algunos investigadores franceses aceptaron discutir las tesis de Girard.  Y cada vez la apuesta de esta confrontación se ha concentrado en una pregunta: ¿los sacrificios rituales propios de las sociedades tradicionales si tienen que ver realmente con el linchamiento victimario?  Incluso si este es el caso ¿se puede construir una teoría de la religión –para no mencionar un discurso universal sobre el origen de la cultura humana– fundamentándose en prácticas arcaicas?
Cordial o frontal, esta discusión siempre ha conducido a subrayar el relativo aislamiento, pero también el sitio singular, de René Girard en el campo intelectual.  Habiendo hecho de los EE. UU.  su patria de adopción, este autodidacta lanza una mirada perpleja sobre el pensamiento francés, y particularmente sobre el estructuralismo y la deconstrucción.  Mezclando sin cesar literatura, psicoanálisis y teología, este espíritu libre no respetaba para nada los marcos de la especialización universitaria.  Animado de una potente convicción cristiana, este hombre de fe no temía afirmar que su proceder evangélico equivalía a un método científico.  Reclamándose de la antropología, este provocador nato cepillaba la disciplina a contrapelo optando por una reafirmación tranquila de la superioridad cultural occidental.  En efecto, para Girard, quien pretenda descubrir el universal origen de la civilización, debe ante todo admitir la preeminencia moral y cultural del cristianismo.  Ritmando sus frases con fórmulas del tipo “si tengo razón…”, confiando sus incertidumbres con respecto al plan que había escogido para tal o cual libro, seducía a los más reticentes por medio del virtuosismo aclarador de su relación con los textos.  Exégeta de curiosidad sin límites, oponía a la ferocidad del mundo moderno, a la aceleración de lo peor, el virtuosismo tranquilo de un lector que nunca habría dejado de servir a las Escrituras.


tr. Luis Alfonso Paláu C., Medellín, noviembre 5 de 2015
Obras traducidas al español
•    Girard, René (1984). Literatura, mímesis y antropología. Editorial Gedisa. ISBN 978-84-7432-198-2.
•    Girard, René (1985). Mentira romántica y verdad novelesca. Editorial Anagrama. ISBN 978-84-339-0078-4.
•    Girard, René (1986). El chivo expiatorio. Editorial Anagrama. ISBN 978-84-339-0081-4.
•    Girard, René (1989). La ruta antigua de los hombres perversos. Editorial Anagrama. ISBN 978-84-339-1325-8.
•    Girard, René (1995). Shakespeare: los fuegos de la envidia. Editorial Anagrama. ISBN 978-84-339-1396-8.
•    Girard, René (1996). Cuando empiecen a suceder estas cosas. Encuentro Ediciones. ISBN 978-84-7490-392-8.
•    Girard, René (2002). Veo a Satán caer como el relámpago. Editorial Anagrama. ISBN 978-84-339-6169-3.
•    Girard, René (2005). La violencia y lo sagrado. Editorial Anagrama. ISBN 978-84-339-0070-8.
•    Girard, René (2006). Los orígenes de la cultura: conversaciones con Pierpaolo Antonello y João Cezar de Castro Rocha. Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-854-6.
•    Girard, René (2008). Emociones de segunda mano (conversación con Ger Groot), "Adelante, ¡contradígame!". Madrid: Ediciones Sequitur. ISBN 978-84-95363-45-9.
•    Girard, René (2006). Aquel por el que llega el escándalo. Caparrós Editores. ISBN 978-84-96282-09-4.
•    Girard, René (2009). La anorexia y el deseo mimético. Barcelona: Marbot Ediciones. ISBN 978-84-92728-01-5.
•    Girard, René (2010). Clausewitz en los extremos. Política, guerra y apocalipsis. Katz Editores. ISBN 9788492946044.
•    Girard, René (2011). Geometrías del deseo. trad. María Tabuyo y Agustín López. Sexto Piso, México D.F. ISBN 9788496867857



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América Accesible

América Accesible
Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

Lola es para doña Juana los ojos de su alma. Aquella canina
labradora la acompaña a todas partes, esta vez le tocó en el evento internacional América Accesible, allí fueron delegaciones de varios países para compartir información y comunicación para todos como reza el slogan, que tanto han hecho para las personas que están en alguna situación de discapacidad.

Pero que tanto de verdad tiene este enfoque, es lo que subyace en la expresión el Mito de la Discapacidad dicha por uno de sus expositores. Las experiencias en la vida han demostrado que frente a situaciones de la pérdida de algún miembro bien sea mano, pies, ojos u otros que comprometan nuestros cinco sentidos, nuestro cuerpo se adapta a nuevos retos de desafío con resultados sorprendentes. Ejemplos los hay por mil, van desde quienes se defienden mucho mejor con sus muñones que con sus sofisticadas prótesis de manos hasta el consabido genio y científico Stephen Hawking quien pudo seguir con su destacada labor científica gracias a la técnica, está hizo lo que la ciencia médica no pudo hacer por él, desde un programa computacional trabaja superando la inmovilidad a la que la ingrata vida lo ha sometido. 



En suma, la vida por sí misma es fuerte, y nos gusta definirla como las fuerzas que resisten a la muerte, luchan contra todo aquello que le amenace, que la quiera reducir. La vida es más que un determinado órgano, hoy la ciencia puede reemplazar un corazón, riñón, pulmón para disminuir o alejar la enamorada muerte. O qué decir de otros órganos que en la misma naturaleza los encontramos suprimidos o reemplazados por otros que suplen la función, recordemos el pez que nace sin ojos y para orientarse están unos pelos que salen alrededor de su boca que hacen las veces de sensores espaciales que le guían y así se desplaza a grandes velocidades en la oscura mar sin importar las condiciones lumínicas. 


La vida es sabia, ella misma se acondiciona de acuerdo al medio y las circunstancias que le toca vivir, en ocasiones resulta que ciertos órganos se repontencializan a falta de otros, un músico que es invidente tiene un oído más fino, etc. O qué decir de nuestra cultura que tomó partido por unos sentidos relegando los otros: con la vista apreciamos más allá de lo funcional como son las artes, todo un mundo cultural predominante. Otro tanto sucede con el oído, obras maestras musicales nos sumen en experiencias únicas. 


No sucede lo mismo con los sentidos del tacto, el gusto o el olfato, todos estos son secundarios para la cultura humana, en ellos no encontramos producidos de arte como en aquellos. Ejemplo inversos pueden apreciarse en otras especies animales, tan solo mencionemos el ratón, su olfato es superior a los demás sentidos, lo orienta para guiarse en sus búsquedas o huidas en el peligro. Se dice que si tuviéramos esta capacidad olfativa del ratón, los humanos seríamos al extremo neuróticos a decir de Edward T. Hall, todo en nosotros quedaría al descubierto porque todo sería perceptible por el olfato: nuestras iras, amores, odios, nada quedaría a la imaginación y mucho menos para la elaboración simbólica.


Hoy es indiscutible que la ciencia llega en muchos casos en donde la naturaleza cesa. Los inventos, la cantidad de dispositivos hacen la vida más fácil y digna a las personas que presentan alguna situación problemática: la silla de ruedas resuelve la movilidad a la persona que la sufre, las gafas a quien tienen dificultades en su visión, y así sucesivamente con la cantidad de prótesis existentes en el mercado. Qué decir de las innovaciones computacionales, de las aplicaciones que igualmente mejoran la calidad de vida de las personas, las que traducen señas braille en voz o en escritura normal. O de las soluciones tercemundistas a lo Calcuta, frente a no tener nada es mejor alguna improvisada y ridícula adaptación: la baratija de cucharón plástico más un mouse que se le amarra con un alambre sirve de prótesis para accionar con los pies a quien carece de manos. Aquí no hay nada de ergonómico, como si a los miserables no les correspondiera los avances de la ciencia. En esta lógica de hacer más énfasis en los deberes del siervo que en los derechos del ciudadano. 


Toda esa casuística es necesaria, pero más interesante sería trabajar por consolidar políticas públicas en cada Estado, con esto se tiene aquello, retomar los mandatos de las organizaciones multilaterales como la ONU, la idea es acoger los derechos de accesibilidad que no sigan siendo tomados como una caridad o un favor que se les concede a los más de mil millones de personas que están en alguna situación de discapacidad.


Para hacer esto se requiere de la voluntad política, de sus responsables, en estos eventos no es necesario llenar los asientos con mucha gente, el reconocimiento a las personas en situación de discapacidad se hace desde el goce efectivo de sus derechos, no con eventos protocolarios, importa más la decisión de los gobernantes garantistas de brindar dignidad e independencia a estas personas.

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Voluntad de Poder

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

Libertarias llamo yo a las elecciones ocurridas el domingo pasado del 25 de octubre de 2015, en especial a las llamadas candidaturas independientes o a aquellas que prometían rompimiento de continuidad con aquellos gobiernos desgastados. Las gentes sufren agotamiento por los problemas de inseguridad, movilidad y de la corrupción siempre vigente y dadas a conocer en escándalos y en las exageradas obras de infraestructura, que a decir de los que saben, se llevan el rubro más alto del presupuesto total con por lo menos el setenta por ciento.


Dos ciudades emblemáticas mostraron que la balanza la inclinan aquellos ciudadanos libres a la hora de ir a las urnas, sus consciencias guiaron su sentir y sus votos van para aquellos candidatos que fueron capaces de transmitir frescura, deslindamiento con las denominadas maquinarias politiqueras, aquellas que tratan a sus votantes como simples engranajes de sus maquinarias, sobornables con un mercado o con promesas de puestos burocráticos. 


Sí, el candidato de Medellín, en sus últimos cinco días ganó la alcaldía. La razón la hallamos en que le transmitió a sus electores conocimiento de la ciudad a la que aspiraba gobernar, mostró solvencia en los temas de seguridad que tanto aquejan, se mostró como candidato independiente, limpio de las componendas politiqueras, aseguraba los cambios necesarios y el rompimiento del continuismo de la actual administración que tanto reclama la ciudadanía en su agotamiento por esos problemas sin resolver.

Similar sucedió con la gobernación de Antioquia frente a la frustración de un gobierno que se proclamaba diferente en las formas de hacer política y que resultó peor el remedio que la enfermedad, el goberante no resolvió ningún problema que azotaba a las comunidades y todo resultó más de los mismo pero con el disfraz de lo alternativo, atestiguan sus críticos que robusteció sus afectas empresas cementeras, en los municipios no se giraba la plata sino que llegaban las pagas en especie de bultos de cemento para las obras de infraestructura, que son hoy cuestionadas porque no son sostenibles en el tiempo, no se sabe de dónde saldrán los dineros para su mantenimiento en esos pueblos en donde las poblaciones se mueren de hambre por falta del empleo, no tienen las formas de cómo garantizarse la simple subsistencia.


A todas estas, retomando el hilo, no existen los supra poderes que acorralen la libre decisión personal, tan es así, que los favoritos ganadores que daban las cuestionadas y mercantiles encuestas, no les alcanzó para la victoria final. Por fortuna, el libre albedrío del ciudadano de a pié, logró inclinar la balanza a favor de quien su consciencia le dictó era el candidato fresco y libre de ataduras politiqueras, conocedor de su territorio y de los temas más álgidos que paralizan la ciudad.


Esa voluntad de poder en la que cada quien materializa sus acciones que su consciencia le dicta, su sentir le manda, libre de las transacciones que el demagogo ofrece como soborno. Estos actos individuales dan goce y satisfacción, no importa que luego se sepa del yerro en el cual los gobernantes sucumben en su vanidad del poder. Lo importante es nuestra voluntad de poder, que algún día llegará a ser general.

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El Frágil Poder

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

 
Tranquilidad ante todo. No desesperar, no pelearse por ningún dogma y mucho menos si es religioso o político. Palabras que recuerdo con mucho cariño de mi abuela y que servían de consuelo a los chicos que presenciábamos a los adultos discutir casi hasta despellejarse por defender al político de sus entrañas.
 
En estas épocas de contienda electoral, viene a la memoria aquella serie televisiva titulada Los Borgia bajo la dirección de Neil Jordan. Si algunas palabras resumen bien el papado Borgia en los años de 1492, es un cóctel de intriga, ambición y traición, no hay nada que pueda detener sus ambiciones, allí no hay límites para el deseo y mucho menos en la vanidad del poder.
 
Una vez se esté atrapado en las redes de poder, no hay manera de cómo detenerse o salirse de allí, no solo por lo adictivo que es, sino porque hay un temor a perderlo, pues ello significa condena de muerte una vez se esté en su orfandad, desprotegidos. En el primer capítulo de la tercera temporada se refleja bien. El papa fue víctima de un atentado por envenenamiento a manos de su guardia personal, un novicio infiltrado desde la comunidad de los franciscanos. Su asesinato sería justificado ante el juicio divino por estar salvando a la humanidad de un papa fornicador, arbitrario y ambicioso de poder.
 
En su recuperación agónica y cuando vuelve en sí, cuando recupera la consciencia, pide al consejo cardenalicio que lo rodea en pleno, se retire, lo dejen solo con su esposa y sus dos hijos. A ellos relata los murmullos por él escuchados de los soldados de Dios y cuyas palabras recuerdo más o menos: mientras agonizaba, los sentí rodearme, escuchaba las intrigas y sobornos para sucederme.  Me rodeaban como cuervos esperando el futuro cadáver, estaban listas a entrar en acción estas fieras carroñeras. El poder es una red de telaraña, cada hilo se va tejiendo y anudándose. Cada nudo es un huevo de araña y el huevo equivale a cada uno de esos gorros rojos que representan a cada uno de los cardenales y estos a su vez representan las poderosas familias de cada territorio. O el poder también son esas largas culebras cuyas cabezas reposan allá en la casa de San Pedro, en el vaticano, es el poder ponzoñoso, que con la muerte crea pánico ante sus adversarios.
 
El poder está tejido de intrigas y de engaños, todo vale con tal de estar en la victoria. El crimen perfecto es donde el asesino esté libre de sospecha, y no dejar testigos, es la regla de oro. Un crimen sin victimario, es aprovechado por el poderoso para culpar a sus enemigos, meterles miedo, ponerlos a pelear entre ellos culpándose unos a otros, los divide para que intenten salvar su propio pellejo, evitando al máximo ser llevados a la casa de las mentiras como llaman a las casas de tortura, donde hacían confesar a sus enemigos en contra de su voluntad hasta llevarlos al máximo castigo que era la hoguera. Por lo demás, nada de testigos, quien algo sabe debe morir, no importe quien sea. Por eso se recomienda transferir toda culpa al enemigo que más incomodidad represente, así se castigará a la vez que de saciar la sed de venganza reclamada por la muchedumbre, el chivo expiatorio viene a bien, pero también el mayor dolor, el mayor terror infringido es escarmiento para quienes se atreven a desafiar el poder. Con la culpa esparcida, cualquiera puede ser culpable, en especial los enemigos, una forma de mantenerlos en suspenso en sus ambiciones.  La metodología de la tortura tiene la función de volverse viral, actuando como caparazón ante el poder, así el miedo se expande a la velocidad de un rayo.
 
Uno podría decir que contrario a este tipo de poder es el anonimato, el estar libre de ataduras, preso de la ambición y de la amenaza constante de miles y miles que desean tu muerte esperando sucederte. Puede decirse que lo contrario del poder es el anonimato, desaparecer, en no ser nadie distinto a uno más de la multitud que va por las calles, tal vez en una pequeña granja reunido con su familia, sin cortejos ni deudas. Es una de las conclusiones a la que llega el papa Borgia ya muy disminuido en fuerzas.

Nos viene a bien cerrar esta referencia con la fábula de La Fontaine:

El León que se volvió viejo.
 
El león, terror de las selvas,
Cargado de años y llorando su antigua proeza,
Fue finalmente atacado por sus propias presas
Que se habían vuelto fuertes porque él estaba débil.
 
El caballo se acercó dándole una patada;
El lobo una dentellada;el buey una cornada.
 
El desgraciado león languideciente, triste y melancólico,
Apenas si rugir puede por la edad estropeado.
Espera su destino, sin quejarse en lo más mínimo;
Cuando vio al asno mismo a su antro presentarse:
«!ah! es demasiado, le dice; quería morirme;
pero sufrir tus golpes es morir dos veces» 

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Medellín Disfraz y Plutocracia

La Plutocracia de Medellín y su nuevo disfraz de Democracia.




Por: Alejandro Durán López

 
Un pequeño estudio de los principales contratistas de la alcaldía de Medellín en las últimas tres administraciones da como resultado inequívoco que un pequeño puñado de grandes empresas han absorbido casi el 70% de la contratación. De esta manera es bastante obvio la razón por la cual Medellín permanece como una de las ciudades más inequitativas del mundo. Una de las tareas básicas del Estado es la función redistributiva del ingreso. En contraste las últimas administraciones han hecho sistemáticamente lo contrario: han exacerbado la acumulación de recursos en muy pocas manos. Esas manos no solo se lucran de los recursos públicos, sino que controlan los hilos del poder en Medellín.

Se le llama Plutocracia al poder de lo público en manos de una pequeña élite económica. No existe un término más congruente con lo que pasa en Medellín. Los miembros de esta Plutocracia deciden de antemano quién será el alcalde y definen una estrategia electoral a través de las cabezas de los partidos y movimientos políticos para que esta decisión se convierta en votos.


La estrategia de disfrazar la democracia de Medellín con meritocracia e inversiones en “educación” se les agotó luego de las administraciones de Sergio Fajardo y Alonso Salazar. Para la última alcaldía decidieron entonces coordinar una alianza electorera entre el movimiento Fajardista y el partido liberal, la alianza AMA, que exitosamente logró gobernar el departamento de Antioquia y la ciudad de Medellín.
 

Hoy el disfraz demócrata de la Plutocracia es totalmente nuevo. Ya que Álvaro Uribe Vélez puede estar de nuevo en el juego local, quieren hacerlo administrador de los recursos de Medellín por interpuesta persona. Para lograrlo, La estrategia es inequívoca: Dividir las dos fuerzas políticas ganadoras en las elecciones pasadas y fortalecer el caudal electoral que tiene Álvaro Uribe en Medellín. 

Así que la fuerza electoral Fajardista fue dividida en las candidaturas de Federico Restrepo y Alonso Salazar, y la fuerza liberal fue dividida en las candidaturas de Eugenio Prieto y Gabriel Jaime Rico. Con el caudal electoral dividido de esta manera, ninguna de las cuatro candidaturas queda con opción real de poder y se erigirá como nuevo alcalde de Medellín el nuevo representante de la plutocracia gobernante: Vélez Uribe (o al revés).
 

Un buen disfraz de democracia, sin embargo, necesita de algunas otras estructuras. Así que la Plutocracia paisa tiene el control editorial de los principales medios de comunicación (el periódico EL Colombiano y Teleantioquia); y controla el principal mecanismo de veeduría “ciudadana” (Medellín Cómo Vamos) a través de organizaciones bajo su control: Proantioquia, Fundación Corona, El Colombiano, y la Universidad Eafit, entre otros.
De esta manera, medios de comunicación local utilizan las formas más encarnadas de propaganda en época electoral manipulando las decisiones, acciones, y discursos de la población en el mejor sentido de Edward Bernays. Entre tanto, los mismos ciudadanos se disponen ávidamente a opinar sobre las “prioridades” de la ciudad dictadas por los expertos contratados por Medellín Cómo Vamos.
 

En realidad, los ciudadanos son manipulados por un pequeño puñado de empresarios. Un ejemplo ilustrativo es la empresa constructora Arquitectura y Concreto. Han sido grandes contratistas de costosas obras de ciudad incluyendo parques bibliotecas y Colegios de Calidad, al mismo tiempo sus dueños son financiadores de campañas y accionistas del Periódico El Colombiano que a su vez financia Medellín Cómo Vamos. Otros ejemplos se pueden encontrar con una mirada rápida de los bancos y aseguradoras que manejan las cuentas de la ciudad de Medellín, las empresas que ejecutan las grandes contrataciones de infraestructura de EPM, y los dueños de los medios masivos de comunicación que han recibido las grandes inversiones de “promoción de la ciudad” en las últimas tres administraciones.
 

La Plutocracia paisa también coopta los apellidos de quiénes fueran en el pasado personas progresistas para manipular el ideario de cambio y democracia entre los votantes. El salubrista Héctor Abad Gómez fue asesinado siendo candidato a la alcaldía de Medellín con una plataforma ideológica eminentemente humanista, balanceada y social para representar precisamente los intereses del ciudadano de a pie. Hoy su hijo Héctor Abad Faciolince se ha especializado de servir de megáfono de opinión a favor de las manipulaciones de la Plutocracia paisa que su padre nunca representó. Del mismo modo Aníbal Gaviria Correa recogió la fuerza electoral de dos apóstoles de la no violencia y el Desarrollo Endógeno: Guillermo Gaviria Correa y Gilberto Echeverri Mejía en el partido liberal. En la práctica hoy los principales alfiles políticos del alcalde trabajan en la campaña política de Álvaro Uribe Vélez, quien impulsa idearios totalmente contrarios y quién en su momento ordenó el “rescate” que terminó en la muerte de ambos.
 

La subordinación del expresidente Uribe a esta Plutocracia no tiene medida, condicionamientos, ni interrogaciones éticas. Esto fue demostrado últimamente por el propio expresidente cuando siguiendo órdenes de sus jefes le quitó el apoyo a la candidata Liliana Rendón contraviniendo todas las normas de su partido político. Sin embargo, esta subordinación pudiera venir de mucho tiempo atrás. De manera interesante, los empresarios que hoy apoyan irrestrictamente la campaña de Vélez Uribe a la alcaldía de Medellín fueron accionistas mayoritarios de las empresas que financiaron la expansión paramilitar en los noventas según los procesos judiciales inconclusos del parqueadero Padilla (IPC, 2010, páginas 126 - 138).

Así las cosas, el circo de la democracia en Medellín se configura en un engaño donde casi todos los líderes políticos y de opinión cumplen, consciente o inconscientemente, su papel para manipular la votación de la ciudadanía. Los únicos candidatos insubordinados son Héctor Hoyos del Polo Democrático sin alguna posibilidad real de poder, y Gabriel Jaime Rico que sin despotricar del sistema Plutocrático de Medellín se ha unido con todos los partidos y líderes sociales que no quieren seguir bajo la dictadura política y “militar” del expresidente Uribe.


Irónicamente, una de las maneras de suavizar el sistema Plutocrático de Medellín es, precisamente, participar de la democracia. Si votaran las personas que históricamente se han abstenido de votar, la manipulación por parte de ese grupo de empresarios se vuelve más difícil. Otra de las tareas importantes es que los votantes basen sus decisiones en fuentes alternativas de información. Las fuentes de información menos acaudaladas y vistosas son precisamente las más independientes y veraces. Por último, hay que dar la vuelta a la forma como los líderes comunales en los barrios deciden adherirse a los candidatos. Las maquinarias políticas permiten a los líderes de la Plutocracia manipular cómodamente las votaciones. Se deben cambiar las “disciplinas de partido” por disciplinas programáticas dónde los líderes barriales decidan a quien apoyar únicamente teniendo como base lo que más le conviene a la base de ciudadanos que representan.
 

Sin embargo, el cambio real del sistema político de la ciudad hacia una democracia menos plutocrática requiere de acciones mucho más sistémicas y estructurales. Las disidencias desconectadas son importantes, pero no dejan de ser violines individuales para muy pocos espectadores. La unión de los instrumentos en una orquesta sinfónica siempre será más potente y más efectiva que las disidencias.

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La Sombra del Político

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

Lo mercachifle de la política se vive a todo dar, los hombres de dinero revuelcan nuestra democracia, el poco encanto que nos vino de los griegos se nos va, hace rato se nos fue. Aquí, en estas toldas, en estas montañas antioqueñas los señores dueños del dinero imponen las reglas del juego, dicen quién sí o quién no es candidato, escogen a su siervo. Vuestra majestad es el dinero, son ellos quienes deciden a quién financiar. Aquí se aplica a raja tabla el refrán: quien pone el oro pone las reglas. 
Recordemos unos ejemplos. Se nos viene a la memoria una señora de esas lides que tiene por nombre Liliana Rendón, y era muy opcionada en los inicios de la campaña para la gobernación de Antioquia por su gran caudal de seguidores, aquellos adinerados ordenaron a su cacique no darle el aval de su Partido. Así fue, así sucedió, la señora quedó con los crespos hechos, en un abrir y cerrar de ojos la desinflaron igual como se hace con un globo. Así ha pasado con otras candidaturas para la alcaldía de Medellín, les cortan el chorro económico y caen al suelo como pollos muertos.

Sucedió con Luis Bernardo Vélez, Claudia Restrepo, Eugenio Prieto, ahora pasa lo propio con Alonso Salazar. A cada uno le cobraron sus pecados de manguala, cada quien cobró su venganza a su manera. Que Federico apoya a Federico, que aquel se torció por instrucciones de Fajardo para apoyar a Alonso, que los gremios económicos decidieron apoyar exclusivamente a éste, que días después se arrepintieron y se fueron en bloque con el Uribismo que representa la Ultraderecha que cuestiona el proceso de paz.  

La gazapera divierte a los hombres de dinero, el poder económico juega con ellos a su antojo hasta que asestan el golpe mortal, deciden asfixia mecánica, no financiar aquellas campañas que no respondan a sus intereses. Entonces sus copartidarios corren en desbandada a venderse al mejor postor, no se dirigen al que tenga las mejores ideas sino al que ofrezca un bocado del botín público.

Nada de esas cosas de que las mayorías eligen o de que es el pueblo quien decide. Últimamente se han puesto de moda las denominadas Encuestas, son trajes hechos a la medida de quienes pueden pagarlas. Producen vértigo o risa, suben y bajan con la misma facilidad que una montaña rusa. Han sido tan bochornosas estas mediciones que el mismo gobierno no tuvo más remedio que anunciar su regulación. Pero el daño ya está hecho para aquellos candidatos que la ciudadanía le mostraba su favorabilidad, otras mediciones distorsionadas salieron para crear confusión, quienes tienen el dinero para pagarse encuestas, las mandan a confeccionar a sus medidas, y lo más importante, las conviertan en herramientas publicitarias, en marketing político, en piezas de proselitismo. Personajes sin ninguna opción política, de un momento a otro, con argucias publicitarias apalancadas en esas mediciones, aparecen como los más opcionados, la mercadotecnia asegura el tren de la victoria. Ayer decían que quien escruta elige, hoy se complementa que quien tenga más dinero para aparecer en los medios gana.

El poder está entre las drogas más letales de la humanidad, importa el fin y no los medios, todo vale con tal de obtenerlo. En la competencia está el designio de salir adelante como sea, dando codazos a tus contendores, en la politiquería ir tras el botín público para engordar, para favorecer los negocios privados de los hombres de negocio. El negocio maneja la fachada de la democracia, el político es la sombra de los amos del dinero y su arte la demagogia.

En la tumba han de estar los griegos revolcándose por lo que está hoy convertida la democracia. En los demagogos sus únicos principios son apropiarse del gran botín del presupuesto público y detrás de ellos una manada de zánganos que quieren carroña. En la tumba han de estarse revolcando los padres de los Estados Modernos y de la revolución francesa, en la tumba han de estarse revolcando los hombres de palabra y de principios que defendieron ideales, al ver hoy a sus hijos venderse por un plato de lentejas, ir tras el politiquero de turno, ir tras una sombra de político.


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El hombre lengua

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

Van llegando poco a poco, una voz gangosa y monótona se dirige al público que está en plena algarabía, es día domingo de descanso, pero dedicado a la reunión comunitaria para decidir techos del presupuesto participativo, esos 126 delegados que hacen quórum están entusiasmados con más de ocho mil millones de pesos que deben distribuir entre siete comisiones. Logran callar la algarabía, entonces toman la palabra líderes de la mesa directiva, cada quien presenta su Punto de vista, se nota las fisuras de los desacuerdos, natural en la deliberación, es el decir de los burócratas, en estos tiempos de contienda política en donde cada quien saca lo mejor de sus artes demagógicas para ganar posibles votantes. 

Y entre estos pequeños hombres sobresale uno que vocifera, lanza acusaciones e improperios contra el régimen, contra la actual administración, los tilda de corruptos, en su estilacho y ordinariez, logra sacar aplausos del público que pide más caudal verbal, el pequeño hombre se siente estimulado y continúa con su diarrea lengueril, se nos antoja dar un apelativo: señores y señores tienen al frente al Hombre Lengua. Su mano bien empuñada agarra el micrófono, es su arma y su potencia, a través de él sufre una transformación, de un don nadie salta a una persona influyente con su público doblegado bajo su lengua. Su respiración se le escucha entrecortada pero sus ojos brillan de una placidez orgásmica.

Por allá se nota agotamientos de tanta alharaca, por fin parece que el hombre lengua es traicionado por un repentino  alcance de su voz. Aconsejan dar un refrigerio para refrigerar el  atragantamiento. Sucede el milagro, a punta de lengua han logrado doblegar en 4 agotadoras horas de cansancio a los expectantes; lograron distribuir en partes iguales a las siete partes, siete comisiones, cada quien se va con mil doscientos millones. El triunfo llama a la hora de almuerzo. 

El hombre lengua camina culebreando en medio de la multitud dispersa en grupúsculos, el hombre lengua esta festivo, se nota triunfante y con aires altivos pasa orondo y sonriente, sus dientes lucen como los de la hiena. Hay placidez. Abrazos, estrechez de manos, palabras de felicitaciones al guerrero triunfante.

Las multitudes, esa destinación humana de permanecer juntos, aún está por explicar. En la soledad se acentúa la desgracia, valemos en esas pequeñas agrupaciones de sentido, en aislamiento sufrimos, el aislamiento mata, así mismo como la quietud que nos paraliza. Veo al pequeño hombre lengua triunfante en pequeñas batallas, arañar presupuesto para los suyos, le llaman fortalecimiento institucional a esas pequeñas vacaciones festivas y costeras que hacen con sus compinches, si los padres de la patria lo hacen, ¿por qué no hacer lo propio? Justifican estos incipientes líderes.

La reunión convocada ha terminado, veo en solitario al hombre lengua disminuido, su pequeña comunidad de sentido se ha dispersado, disuelto, su vestimenta ordinaria acentúa aún más una mirada perdida de una alma agitada. La estupidez tiene sus límites y el hombre lengua nos produce nuestra consideración. 


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