Pulsión Erótica

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


La vida es energía gastada en la pulsión erótica y creativa en el mundo laboral, el hombre que ama y que trabaja. El hombre es un animal erótico. Los flujos, los devenires, las multiplicidades definen al ser. El amor en su erótica no escapa a estas lógicas. No importa que lo sucio y nauseabundo, hayan sido el caballito de batalla para despreciar el sexo y el goce erótico: «nacemos en medio de heces y orina»... Pero allí también gozamos. 


En el amor somos bestias. Pese a todos los esfuerzos prohibicionistas se imponen las diversas formas eróticas: sádicos, masoquistas, amores de alcoba o matrimonial y demás desfogues de la erótica de amantes desnudos que se besan, se apasionan, se anarcan, se obscenan, se pervierten, se perturban, se disuelven, se alteran, se derraman, se siniestran, se sacrifican. 


En sí, en estas contorsiones de pasión destruyen las individualidades para devenir un nosotros, un solo cuerpo de locura, entregado a la sin razón y al azar, haciendo caso omiso de lo sucio de las heces y orines enfatizados por San Agustín Ínter jaeces et urinam nascimur: nacemos en medio de heces y orina.


Pero ¿qué motiva esta fuerza oscura y desafiante, que va a contracorriente del orden establecido? Georges Bataille en su libro El Erotismo ha dado unas explicaciones insuperadas de las cuales nos valemos. Nos atrae una de sus tesis centrales: ese amor enamorado, alocado, sin límites, transgresor, responde a la necesidad de llenar el vacío existencial y vertiginoso de sabernos seres mortales, de esquivar ese constante rondar de la muerte. Cosa ésta que puede parecer extraña, que la erótica, el amor transgresor de órdenes y rutinas, sea motivado por la consciencia que tenemos de la muerte, por ese fondo de vacío y de angustia que nos produce.


Esa fusión mutua de los cuerpos, es azar, es brusquedad de la vida que quiere romper el orden para hacerse uno nuevo. En lenguaje de la vida, de la misma naturaleza es la violencia, es la destrucción para dar lugar a otras nuevas vidas. Antes que perder al ser amado, prefiero su muerte, incluso la de uno mismo, responde la erótica. A la pasión se anexa la muerte, el absurdo. El ser amado es la transparencia del mundo, perderlo es caer en el abismo de la oscuridad. 


De no sorprender que el Erotismo sea una experiencia interior del Ser pero buscada en el afuera, en un otro que se siente cercano. En el otro y desde mi yo interior, nos movilizamos, buscamos ese intangible de una semi eternidad que nos prolongue la vida. En el erotismo subyace la continuidad en un tercero resultante de la unión. Esto apela a una reproducción lejana, y más allá, es la continuidad de un yo que se sabe discontinuo, que sabe que va a morir. El amor, y la erótica en particular, es una fuerza defensiva a ese profundo vacío que produce el sabernos seres mortales, esa muerte que nos ronda y que en algún momento llegará sin aviso y sin miramientos. 


Pero en esa erótica transgresora, descabellada, también allí mismo, se puso de relieve a la muerte en ese afán por evadirla. En vida y ante el muerto, percibimos el cadáver que seremos, la crueldad destructiva de la vida que corroe y descompone, pronto y sobre nosotros, se cierne la amenaza latente de que todo tiene que ser nada, que pronto seremos carne podrida. Cada ser arrebatado por la destrucción de la vida nos recuerda lo próximos que estamos en esa lista de espera. Ante todo existe la consciencia de la muerte. El cadáver de otro hombre es angustiante por la ausencia dejada, por el vacío acentuado. El cadáver es la imagen de nuestro destino, da testimonio de una violencia que nos destruye, no a unos pocos, sino a todos. 


Los ritos funerarios responden a preservar el cadáver de otras violencias a la muerte misma, evitar su contagio, como evitar ser devorado por otros animales. Enterrarlo es tapar la amenaza de la muerte que todos los vivos llevan sobre sí. El contagio también está asociado con la descomposición, con la podredumbre gradual que se avecina, lo podrido es sevicia de la propia muerte, todo será del gusano que estruja la carne. Pero más allá de la humillación de lo podrido, de lo nauseabundo y maloliente, la muerte experimentada por el vivo, lo que se evidencia es el sentimiento de rechazo hacia ese destino destructor. Y en ese sentido las prohibiciones responden a expulsar violencias que aligeran la muerte. El horror a la muerte se debe al aniquilamiento del ser, del vacío, y lo experimentamos desfalleciendo.  (Bataille).


Estas ligeras líneas no pretenden más que ser un abrebocas para leer a Bataille. Finalmente reiteramos, el erotismo es una forma de llenar el vacío, dilatando la amenaza de muerte. La erótica transgrede  suspendiendo el mundo del orden laboral que nos quiere desviar de la angustia por la muerte. El erotismo es irracional, su lenguaje es la violencia en tanto fuerzas inéditas que se imponen para hallar placer en esa fusión íntima. Es lo complejo y lo irracional de ese goce erótico, de esa pulsión erótica que a todos nos seduce. Dos temas quedaron en el tintero sobre este vacío existencial, sobre la angustia que produce sabernos mortales. Y son las respuestas dadas por el amor místico y por el amor pasional. Aquel desprecia y se aleja de lo sensual de la vida, éste lo enfrenta y hace del mal inevitable un gasto vital.


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Las Reglas y la Desobediencia

 Por Mauricio Castaño H

Historiador
Colombiakrítica


No es posible tener ciudadanos dóciles, por más que se los quiera someter, siempre habrá alguien que dice no, alguien rebelde. Y si la razón manda, nuestra obediencia no es jamás ilimitada... No existe prohibición que no pueda ser transgredida, (Bataille). Basta con que un solo individuo impugne, para saber que algo anda mal, que lo consensuado no satisface a la plena mayoría, por eso la democracia radical precisa de los acuerdos, del consenso del grupo social por fuera de la delegación de las decisiones en una sola persona, muy propio en las democracias representativas, todos votan pero sólo uno decide.


La vida son fuerzas que resisten a la muerte. Si hay vida, hay lucha. Si hay lucha, hay resistencia. Es una definición biológica que se impone incluso en la vida social, en la confección de las reglas sociales. Máxime cuando los poderosos cada vez quieren hacer más énfasis en los deberes de los súbditos que en los derechos de los ciudadanos.


Cada individuo, cada sociedad se configura según sus pasiones y creencias, según los problemas presentados por el medio en el cual vive. El mundo es cambiante y ondeante, un individuo coexiste con los otros miembros de su grupo social, de la sociedad y del mundo material con sus problemas por resolver. 


Tenemos que las reglas sociales están en continuo hacerse, son inacabadas. Existen tantas formas de pensar como percepciones haya. Cada individuo, cada grupo social capta, registra las sensaciones dependiendo de la coexistencia con otros seres y con el territorio en el cual se desenvuelve, se despliega. Son experiencias, son empirismos inéditos del día a día, del diario vivir. ¿Cómo te pareció esto o aquello? Se pregunta a quien tenemos al lado.


El inacabamiento y el constante hacerse, el replegarse y desplegarse, definen al Ser. Cada persona oscila entre un adentro y un afuera, entre la captación interior que hace del mundo que le rodea, pero a su vez padece las imposiciones de este mismo mundo material. Cada persona, cada grupo humano se las arregla con los medios proporcionados por su entorno. Las soluciones dadas por cada sociedad particular varían de acuerdo a cada territorio en dónde se encuentran.


Y decimos que las reglas son inacabadas, que están en permanente hacerse, porque una regla es regla cuando arregla, de lo contrario algo anda mal que hay que revisar. Las reglas sociales son construcciones culturales que van cambiando de acuerdo a los valores de cada época y de cada entorno, de cada medio donde los vivientes se desenvuelven. 


El sentido de cada regla social reside en las pasiones o deseos,  en las creencias de quien se expresa. Las normas sociales son flexibles, no son impuestas como lo son las normas orgánicas, las normas que ritman un cuerpo en la coexistencia vital de todos los órganos que componen un cuerpo. Bien conocida es la fábula en la cuál cada órgano requiere del concurso de otros para su funcionamiento. 


Este reflexionar, estas cortas palabras, sólo quieren expresar una vez más, quieren insistir en esto de lo inacabado de toda norma social. Y también se quiere advertir de los peligros en creer lo contrario, el peligro de creer que existe alguna determinada norma social, la que se cree la mejor para ser impuesta por gobiernos fachos, gobiernos de muerte. Y toda imposición social sin contar con el consenso de la mayoría va contra la lógica misma de la confección de las normas sociales que se hacen por ensayo y error. La vida es un juego de azar, que en una tirada de dados se juega el todo por el todo, como pasa con las mutaciones y variaciones en las especies en esa tolerancia que la muerte le hace a esas vidas específicas. Vivir es habitar el mundo que nos ha tocado, es darnos nuestras mejores reglas que edifiquen la existencia.


Todo en el ser, en el individuo es devenir, multiplicidad, mezcla, es un ir y venir, un adentro y un afuera que pasan por la piel, por la membrana que hace su interfase: «Lo que hay en los cuerpos, en la profundidad de los cuerpos, son mezclas: un cuerpo penetra a otro y coexiste con él en todas sus partes, como una gota del vino en el mar o el fuego en el hierro. Un cuerpo se retira en el otro, como el líquido de un vaso. Las mezclas en general determinan estados de cosas cuantitativos y cualitativos: las dimensiones de un conjunto, o el rojo del hierro, lo verde de un árbol.» (Gilles Deleuze en Lógica del Sentido. Paidós, Barcelona 1989, pág. 29)


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Geopoder

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


La vida es una relación de fuerzas, un viviente se define por su entorno. El ser capta el afuera y lo repliega en su adentro, es un movimiento, una configuración espiritual y material, me transformo a mí mismo pero a la vez lo hago con el espacio en el cual me desenvuelvo. Ser y Territorio, el adentro y el afuera coexisten, se determinan. El viviente está en constante lucha con su entorno para procurarse los medios necesarios para la subsistencia. El Ser se las arregla con el medio favorable para su vida. Es una constante de la vida dinámica e inacabada en un incesante devenir. Gilles Deleuze en el libro titulado Foucault, presenta estos conceptos claves y liberadores para entender la existencia humana, muy libres del culto al Estado de Derecho, de un papá Estado regulador de vidas. 


Esta relación, esta tensión, esta interrelación permanente del ser y su medio, permite decir que nadie está a título individual en su propio cuerpo, cada ser se constituye de acuerdo a los problemas planteados en su propio entorno, en el territorio en el cual se desenvuelve. El afuera construye el adentro, es coextensivo y nada tiene que ver con la interioridad de un Yo, recordar que la vida se define por las fuerzas que resisten a la muerte. Y si hay vida, hay lucha. Y si hay lucha, hay resistencia. Por tanto es la posibilidad del libre albedrío. Es una vía libertaria, la vida como estética de la existencia, el poder de sí que no permite el sofoco de un poder limitante. Tan conocidas son las dictaduras de izquierda como los gobiernos fascitas. Cada acción, cada práctica en nuestras vidas debería conducir a la libertad. 


El Poder en sus relaciones de fuerza no es homogéneo, pero sí se define por sus singularidades, no es global pero sí local, no es localizable en líneas pero si es difuso. Está en la señora de los tintos que me discursea tratando de convencerme para votar al facho de turno. La represión y la ideología tan sólo son el polvo del combate pero no representan las fuerzas del Poder. El poder del Estado se expresa en la Ley. Otrora la peste controlaba la ciudad enferma, mientras que la lepra exiliaba. 


Toda sociedad traza, dibuja sus diagramas de la realidad. Las pequeñas prácticas, costumbres y deseos se propagan para devenir un modelo de sociedad. Un diafragma son las relaciones de fuerzas que constituyen el Poder. El poder no pasa por formas (como instituciones) sino por fuerzas, remite a micro físicas del poder, conexiones móviles no localizables, tiene aparatos y reglas. «El poder como ejercicio, el saber como reglamento». Chátelet. El poder afecta todos los aspectos de la vida: gobernar niños, ancianos, mujeres, jóvenes. El poder legisla, hace Constituciones, Libro de leyes, hace reglamentos, construye edificaciones, instituciones, y todas ellas interceptan al sujeto, al individuo, interfiere las subjetividades, las maneras como concebimos y construimos el mundo a nuestro alrededor, todo un biopoder.


El repliegue del afuera, del territorio que hace el individuo, lo hace para doblarlo a sus propias percepciones, vale también para los tres semi trascendentales de vida, trabajo y lenguaje, sólo cooperan para configurar mi percepción del mundo. Recordar que la palabra Ex-istir remite a un estar por fuera, a un exteriorizarse, el interior sale en cada acción ejecutada, en la huella dejada me develo, queda algo de mi existencia, pero también tomo del afuera y lo repliego muy adentro de mí. Es la interiorización del afuera. Es el doble que me construyo, es un redoblamiento de lo Otro. El adentro es un repliegue, un replegamiento del afuera, el adentro es el redoblez del afuera. Por eso luego vienen los desgarros. El desgarro, elemento vital y renaciente. De allí tambien vendrá el gobierno de sí, el autocontrol, cada quien encontrando sus propios sentidos, sus propias melodías, su propia música.


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Experiencias, Empirismos

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Las palabras sangran, fluyen a borbotones y detonan en la boca que habla. El lenguaje es posible en un empirismo en el que los órganos dictan su voz, entendible en ese marco que define a la vida como las fuerzas o las funciones que contrarrestan a la muerte. Nadie está a título individual en su propio cuerpo. En cada día, en cada momento y a sus espaldas, la muerte roe la vida, pero ésta no se queda quieta, lucha para imponerse. En cada momento, a medida que pasan los años, vamos perdiendo fuerzas, las funciones orgánicas se debilitan, se estropean. Y más allá, la muerte está inscrita en la genética de cada viviente, por lo demás, una razón para dar espacio, recursos y alimentos a otros seres que están por venir, que vienen después. Que nadie se horrorice con esa cosa tan normal y de diario como es la muerte. 


Vida, economía y lenguaje, un tríada para una realidad, para una experiencia, una empiria. El nuevo empirismo podemos entenderlo como lo que uno solo puede sentir, experimentar pero que los demás no. No porque no puedan, sino porque toda experiencia es única. Y una experiencia repetida se convierte en ciertas habilidades, quienes tienen un cierto entrenamiento, por ejemplo, quien tiene destrezas en un determinado campo del saber.


Un entrenamiento es capaz de mostrar la potencia de lo que puede, de lo que es capaz un cuerpo. Un cuerpo es capaz de hacer cualquier cosa si está entrenado para hacerlo. Un cuerpo que está vivo está dotado de fuerzas que resisten. El cuerpo, la carne es capaz de mucho si se la moldea. En consecuencia, todo conocimiento es una forma de percepción. Recordamos acá que la vida es energía. Hay energía de alta potencia como el fuego; y de baja potencia como la grafía con sus formateos, los guiones televisivos que meten en los cerebritos esto o aquello que quieren replicar, poner a circular una noticia en el país, ellos, los agentes mediáticos, simulan ser dioses mensajeros, pero tan solo hacen pura tontería para idiotizar a la audiencia.


A manera de ejemplo una experiencia. Mi sentir con la muerte. De niño recuerdo no era un drama que paralizara, más bien era un acontecer pasajero del diario vivir, un muerto humano no se diferenciaba de un cadáver de una mosca o un ratón. El muerto era una cosa más entre muchas otros seres. Con el correr del tiempo, experimenté que los muchos muertos, alrededor de veinte de una misma familia, arrastrados y ahogados por una avalancha de un río, envolvió a todo un pueblo entero en una especie de fantasma con sabor a tragedia, ese hecho mismo de un río furioso que arrastró consigo casas y gente, conmocionó a la población y la envolvió en todo un cascarón religioso de miedo y sumisión, un Dios furioso que cobró venganza. 


Esa misma sensación de tragedia sentida por la población, se irrigó en mí, fui contagiado. Fue una experiencia no ya desapercibida sino que infundaba miedo por ese más allá desconocido de la muerte. Pero la experiencia de la muerte como tal, de la presencia que se va y que uno extraña, vino a suceder con la adolescencia, incluso en la adultez con amigos muertos a muy temprana edad, bien fuera por el cáncer que no perdonó o por la violencia que cobró las locuras de la avezada juventud que a nada temía por que creía tener el mundo a sus pies.


Esas muertes dolieron y dejaron vacíos, pero la verdad, en el fondo del ser, todo se resumía en el miedo de morir, la muerte había tomado a los más cercanos, podía haber sido uno mismo, entonces se sentía haber ganado una partida, en sí se alegraba en el inconsciente de que el muerto fuera el otro y no uno. Otras muertes que duelen son los magnicidios o de líderes que arriesgaron su vida por un mejor mañana. Pero uno no se aleja de un cierto pesimismo y ve allí una especie de fascismo empeñado en podar la población humana, lo hacen para no tener que compartir los recursos necesarios para la existencia. Es otra clase de dolor, es un sentimiento público, una solidaridad de vida.


En resumidas cuentas, y volviendo al tema, toda experiencia, todo empirismo es posible gracias a los cinco sentidos. Los sentidos perciben, dan cuentan, reportan el mundo según sus percepciones. Todo acontecer de una vida es registrado por el filtro de sus cinco sentidos. Cada individuo recibe información del mundo, del entorno, del medio en el cual vive y con el cual interactúa resolviendo los problemas que se le presentan. 


Cada viviente y según sea el medio favorable, configura una experiencia única, válida para su vida y su torno. Por lo demás, empirismo quiere decir experiencia, lo experimentado por cada individuo. Ésta experiencia orgánica y de sentidos no es delegable o sustituible a un único órgano, como decir, por ejemplo, que es en el cerebro donde se concentra y se emanan las sensaciones para así dar una razón única y valedera, algo así como un imperialismo de la Razón, una razón única válida para todos y en todo lugar. Nadie quita que el cerebro es un mediador, una central de reportes, pero cada percepción es diferente en cada cuerpo. Cada quien vive su propia experiencia, su propio empirismo.


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Pulsión de Muerte

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica




La vida y la muerte se anudan, una es el anverso de la otra. La vida son las funciones que contrarrestan a la muerte. El destino fatal está inscrito en cada ser, nos vamos desgastando, vamos perdiendo funciones hasta que llega el final. El muerto no es el muerto, es La Muerte. La vida es muerte que viene, la muerte es vida vivida. Un día de vida es un día de muerte. Hombre viene de humus, de tierra, polvo eres y en polvo te convertirás. Todo tiene que ser nada. Somos polvo cósmico, polvo estelar. La vida es transformación, es metamorfosis.  Pero el dolor persiste por la ausencia de quién partió, sus cotidianidades, sus costumbres terminan siendo rutina de un nosotros que ya es vacío o por lo menos está incompleto. Estás aseveraciones no son más que un ir y venir de la vida.


La vida particular es finita, a todos nos aterra la hora final, incluso hacemos jugarretas en el fondo de nuestro ser, en nuestros pensamientos para burlar a la muerte. Muchas de nuestras creencias dan fe en que nos transformamos o nos metamorfoseamos en otras especies como la Uruga que pronto será crisálida y ahora es mariposa. O como los aborígenes del Brasil que evaden la fija mirada del tigre y así evitar les robe su espíritu humano. La metamorfosis es burlar la muerte, al menos de manera temporal mientras dure la existencia del cuerpo ocupado por el espíritu migrante. 


Aunque, también es cierto, la creencia budista del alma inmortal, que sólo cambia de cuerpo, el alma migra, toma prestado otro cuerpo, se reencarna en otro viviente que puede ser su semejante en especie o diferente como puede ser en un gato, una ave, un tigre. Esto mítico tiene tres modalidades o variantes: el animismo que consiste en que todos los animales tienen alma. El Totemismo que diferencia las plantas, los animales y los humanos. El Naturalismo que atribuye las almas a tan sólo los humanos. Y el analogismo, consistente en las relaciones infinitas hasta agotarlas.


Para «el individuo la muerte, dice Canguilghem en su artículo Vida, es el vencimiento inscrito en su patrimonio genético… como si su aniquilamiento y su regresiva inercia, pasado un cierto plazo, le fuera impuesto como su último deber». Y en otros renglones refiere a esa muerte inscrita en la vida como pulsión de muerte concebida por Freud, en Más allá del principio de placer: «el individuo está ligado en Freud a una concepción energética de la vida del psiquismo. Ahora bien, si es verdad que el viviente es un sistema en desequilibrio incesante, compensado por préstamos del exterior, si es verdad que la vida está en tensión con el medio inerte ¿qué hay de extraño o de contradictorio en la hipótesis de un instinto de reducción de las tensiones a cero, de una tendencia a la muerte?... Según Atlan: 'el único proyecto reconocible en verdad en los organismos vivientes es la muerte.'»


Esta pulsión de muerte está inscrita en cada vida (muy evidente en los suicidas), todos nos sabemos que vamos a morir pero nos está vedado el cómo el cuándo y el dónde, no sabemos ni el día ni la hora, pero aun así y en lo más hondo de nuestro ser, queremos evadir jugando a la inmortalidad: me quiero perpetuar con mis hijos, en las obras hechas no sin alguna dosis de vanidad que alimenta ese ego personal de la perpetuidad, de la inmortalidad. Es quizá un deseo ingenuo cuando no ridículo. Acá recuerdo algunas palabras de Borges en su cuento El Aleph: «La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto ejecutado puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo entre los mortales tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso


Finamente, la muerte se hizo tan evidente en la escasez de alimentos, la falta de comida nos mata de hambre. De allí el control natal que precisa un equilibrio entre recursos y población. Se mantiene una tensión permanente entre vida y trabajo, ganarás el pan con el sudor de tu frente. La muerte está inscrita en el programa de la vida, se necesita dar recursos y espacio, dar lugar a otros nacimientos, a otras criaturas. Tan natural, tan de la vida es la Pulsión de Muerte.


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El Arte de la Existencia

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El existir implica una búsqueda constante de sí mismo, nadie puede vivir por uno. Es un acto de ejercicio de la libertad para hallar los propios caminos. La libertad se ejerce, no se puede esperar una garantía por fuera de nosotros mismos. Así como el aprendizaje se da en el hacer y uno aprende haciendo, así mismo sucede con la libertad, ella se logra en su ejercicio pleno. 


Es cierto que la vida en comunidad vivifica y que el individuo en la soledad se pierde, pero también es cierto que el individuo necesita de su propio espacio para realizarse, requiere de su isla de intimidad para encontrarse consigo mismo, para poder tener algo de espacio donde respirar con tranquilidad. También somos conscientes que la búsqueda es perpetua, es constante, no se detiene. Uno va buscándose en la vida para no encontrarse porque uno no quiere ser el mismo, uno pasa la vida tratando de cambiar pese a que estemos protegidos por la máscara que llevamos puesta y nunca nos quitamos. Bueno es para la salud pasar a otros paradigmas éticos que nos seducen pero que necesariamente no están claros, es un camino de largo trecho por recorrer, por ir despejando, aclarando poco a poco. 


De seguro no se va por los senderos del imperio de la razón crítica sino por las bifurcaciones de la razón práctica que es emergente, es inédita, está al alcance de cada quién, del libre albedrío. Recordar las Tres críticas kantianas: Crítica de la razón pura que afecta las condiciones del conocimiento y sus límites; Crítica de la Razón práctica que atiende a la consciencia moral; y la crítica del Juicio. En todas ellas se juega la autonomía del sujeto, un sujeto que como su etimología sugiere está sujeto, tiene sujeción, está atado a algo. En cada una de éstas críticas hay límites que no deben ser rebasados por el individuo so pena de sufrir dependencia. La razón práctica permite escapar de los universalismos. «Es porque desbordamos los límites legítimos de la razón por lo que somos llevados a recurrir a una autoridad que va a ponernos en un estado de minoría.» (p.21) *


Toda rebelión, toda revolución pretende darse su propia Constitución, el gobierno de los otros. Se trata de una distribución de las exigencias individuales e institucionales, entre sujeto y autoridad, entre lo ético y lo político. Se trata de lograr una mayoría de edad, cada quien responsable de su propia vida sin necesidad de ponerse en los brazos de otros, en fin, se trata de que no hay ni amos ni esclavos, ni señores ni siervos, esto es buscar un justo equilibrio entre los lazos de una Racionalización y los del Poder. Se trata de no perder la libertad como horizonte. Es la distribución del Gobierno de Sí y el Gobierno de los Otros, distribución de las exigencias individuales e institucionales, entre el sujeto y la autoridad, entre lo ético y lo político. En suma, no caer en la trampa de una Razón Absoluta delegada en unas pocas manos del Poder. Por lo demás, no perder de vista que la racionalización es la gestión del individuo, en cierta manera es un adiestramiento humano. 


La rebelión siempre será una alternativa para la sujeción, el poder sujeta, el sujeto en su constante búsqueda es rebelión, derecho justo de levantarse, de sublevarse. Tengo derecho a ser distinto, la diferencia es el credo. No se precisan de pastores ni de guías, no existe el camino, se hace camino al andar. La mayoría de edad es la autonomía. El cuidado de sí mismo, lleva a cuidar a los otros. El esclavo es quien no ha aprendido a modelarse así mismo.


No existen sujetos fundamentales, fundantes como lo señala la fenomenología. Nada hay de fundamental, todo está por hacerse, todo es devenir, el ethos está en clave de rehacerse de manera continua, nadie se baña en las mismas aguas del río. No existe una sola razón crítica, hay múltiples, incluída la del loco incomprendido. En la vida no hay certezas, no hay verdades absolutas. El individuo es siempre un constructo. Me miro al espejo y no me encuentro. En la vida más que buscar lo que somos es rechazarlo, es la búsqueda motor de nuestra existencia. Viene a bien recordar que ésta búsqueda por la identidad, trajo consigo la explosión de las identidades o aquellos gustos binarios del sexo, muchos de seguro quieren permanecer en el limbo de la no identidad, se sienten cómodos como hermafroditas sin que prevalezca ni lo femenino ni masculino.


Pero el camino de la libertad no está despejado, topamos con el Poder de Estado que pone límites, todo el tiempo quiere tener a los individuos bajo su dominio, haz esto, haz aquello, prohibido tal o cuál accionar. Bien se dice que dónde están más de dos personas, se dan relaciones de poder, cada quién quiere tirar la cuerda para dónde mejor le convenga. 


No hay poder político sin dominación. Y por supuesto que sí hay vida, hay lucha, hay resistencia. Por esa misma razón, en la mayoría de las sociedades su estructura política es inestable, todas ellas han conocido la inestabilidad y la revolución. Lo normal es que el rebaño no siga al pastor. No existen salvadores, los lavadores de culpa son una estafa. No hay caminos, yo soy el camino, el de cada quien.


La relación con nosotros mismos es la ética. Hacer de la vida una obra de arte. El arte de la existencia, de la ética precisa del ejercicio de la libertad que se abre paso en el seno del Poder. Inventarse, elaborarse así mismo, trabajar duro para no permanecer el mismo. Es una heroizacion del presente, está transfiguración, es el acontecimiento, es elaboración ascética de sí, la vida como obra de arte, es es arte de la existencia. Líneas éstas inspiradas en el libro La Ética del Pensamiento de Michel Foucault.



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El Acontecer de la Vida

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Nacer, crecer, vivir, morir. Todos vamos por el caudal de la vida sin muchos reparos. Los tropiezos golpean, dejan algunas heridas pero una vez sanadas la marcha sigue. El eterno retorno, todo se repite pero de manera diferente. Las especies no mueren, se extinguen. La vida persiste sobre todos y cada uno de nosotros. Uno puede rebelarse a continuar la marcha, interrumpir el curso natural de la vida, los suicidas son ejemplo de ello, algún día motivados por alguna razón, decidieron su marcha, anticiparon el designio de que todo tiene que ser nada. 


Claro que son motivaciones muy diferentes y rebeldes a las de un individuo de una religión como las que creen en la reencarnación, esos mismos que aceptan vivir la vida que les tocó porque según esa creencia tienen que vivir un destino asignado. Éstas creencias en la India se viven al extremo en aquellos enfermos que se niegan a aceptar atención médica, porque de hacerlo, interrumpirían los designios divinos que le fueron impuestos para pagar o lavar sus pecados cometidos en otras vidas.


Es cierto que la vida se teje de sociedad, no existen comunidades de individuos solos, todos nos debemos unos a otros, interdependemos del conglomerado social. Pero también es cierto que existen grados de libertad en la sociedad para los individuos, hay flexibilidad para la invención como suele darse en la ciencia, en el arte que de vez en cuando sorprenden con sus percepciones, sus preceptos en sus sentidos como la pintura, la música, etc. Reclamamos nuestra mayoría de edad para poder balancearnos entre la individualidad y la colectividad, el yo y el nosotros, el ser y la sociedad, el individuo y el Estado. Nos pasamos trabajando duro no para permanecer los mismos, sino para cambiarnos, para ser diferentes. Una estética de la existencia le llamó Michel Foucault.


Vivir en sociedad conlleva exigencias para el individuo, se está en una tensión permanente de un lado y del otro. Aunque en las soledades forzadas puede darse la sensación de vacío, como si uno no tuviera nada dentro de su ser, todo resbala, las cosas pasan de lado, no se tiene ningún interés, no se tiene motivación alguna, es decir, nada nos pone en acción, en movimiento. De pronto se recobran fuerzas y se vira hacia un sentido, encontramos un algo que nos mueve, nuestro espíritu encuentra fuerzas para materializar algunos deseos que estaban en el rincón del olvido. 


Los mitos así como la razón de cada época se viven en cada individuo y se manifiestan en comportamientos cotidianos, ello constituye al ser humano en sus relaciones o juegos de verdad. Sujeto y objeto en su relacionamiento producen el pensamiento dominante de cada época, pero también, claro está, los pensamientos nómadas. Las cosas que me rodean y me constituyen. Pero también mi distanciamiento de ellas permite el pensar, problematizar para un mejor reacomodo. Con cada acción que el sujeto hace sobre las cosas produce una determinada manera de relacionamiento, imprime un pensamiento. En sí, mi vida es un acontecer.


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Navidad versus Pólvora

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Navidad y pólvora son inseparables en Antioquia, en especial en Medellín y sus municipios aledaños. Es una práctica mafiosa iniciada con Pablo Escobar y mantenida durante todo el mes de diciembre. Todo este mes decembrino, todos los días con sus noches y mayor aún en sus inicios, en navidad y en fin de año no ha de faltar los estallidos de los llamados tacos, voladores o globos que van soltando explosiones a medida que alzan su vuelo. De entrada vale aclarar que nada tiene que ver con juegos pirotécnicos que son legales, regulados y maniobrados por profesionales. Aquellos, por el contrario, son ilegales y usados de manera indiscriminada, irresponsable, sin importar los daños causados.


Las cifras de quemados por pólvora, líquidos calientes, fogones improvisados a mitad de calle, riñas son el coco de las autoridades de seguridad y salubridad. Reportan en medios masivos que el 10% son de pólvora, los demás provienen de esos fogones. Los impactos son también medio ambientales del ruido de no dejar dormir y de contaminación del aire al punto de tener que cerrar ventanales para mitigar las humaredas. No sólo los humanos son los afectados, otras especies como los pájaros sufren o simplemente mueren por los fuertes estallidos de la pólvora.


Estas celebraciones no son ajenas a los ritos y los mitos que son dinámicos en cada sociedad que los filtra o adapta a sus ritmos culturales. Importan los mitos si hemos de recordar al antropólogo Levis Satrauss quien aprendió que ellos, los mitos, se piensan en los seres humanos y no a la inversa. De allí que cada cultura hace sus préstamos de otras y los adapta a la propia. Nos llama la atención la navidad en Antioquia amenizada todo el tiempo con pólvora y ruido con sus orígenes mafiosos a la cabeza del legendario mafioso Pablo Escobar, el mismo a quien propios y extranjeros (en especial gringos) con imagen estampada en camisetas, rinden tributo por ser el patrón del mal, por enfrentar al Estado, dicen, pero la verdad se reduce a ser un criminal, violador de niñas, terrorista de poner bombas de forma indiscriminada, pero aun así nuestra sociedad alta y baja le homenajean.


De seguro se asociará ésta práctica mafiosa de la pólvora con las famosas alboradas religiosas para anunciar la llegada de la Semana Mayor. Para reforzar este contraste, evocaremos algo de la historia de la navidad. La palabra navidad viene de nacimiento, de nacer. Y en la cultura occidental evoca la tradición religiosa del nacimiento del niño Jesús, el mismo que nació en María sin pecado concebido. Se evoca allí lo santo en la virginidad de María bajo la explicación del milagro del espíritu santo que bajó a la tierra y se encarnó en María. Y más allá de este nacimiento está la otra figura de Papá Noel, un viejo gordo, alto, barrigón con risa aburrida que con costal al hombro cargado de regalos, entra sigiloso en la alta noche a los cuartos a dejar sus regalos a los buenos niños.


Los mitos y los ritos son dinámicos, se piensan en los hombres y de allí sus variaciones. El uso popular de la pólvora para fiestas o festejos criminales es muy común en estos mafiosos. En nuestra sociedad tuvo sus inicios en la década de los ochenta a la cabeza de ese legendario narcotraficante Pablo Escobar. El mito del cristianismo tiene que ver con la muerte y la resurrección. En otras variaciones como las de la navidad también es el mismo tema. El nacimiento del niño Jesús, el Dios que se hizo hombre tomando prestado el vientre de María. Pero en donde se ve más claro la recordación de la muerte es en Papá Noel o Santa Clauss. Ellos están allí para recordarle a los hombres la muerte. Son muertos que regresan a la vida en su plan de generosidad, dar regalos a los niños bajo promesa de comportarse bien. Es otra transacción mítica de regalos a cambio de buen comportamiento, pero también, ya dicho, recordar que la muerte está presente, y los que están vivos algún día morirán.


Si bien la navidad es una época que tiene un fondo, una capa espiritual, el comercio y la pólvora la hacen sólo pretexto para el mal gusto mercantil y mafioso. Sí, la mafia antioqueña se tomó estas fiestas navideñas para celebrar una alegría opulenta de sangre y muerte. Cualquier asesinato o actividad criminal realizada o coronada como dicen en su parlache, se festeja con pólvora. Nadie quita que lo festivo es desdoblarse, ponerse la máscara, buscar su doble, pero hay formas de formas. 


Un papá Noel disfrazado, teatral que representa a un doble, lo más común, un viejo que viene del más allá para recordarnos que todos vamos a morir, pero que en los niños es un chantaje por medio del intercambio de regalos por buenos comportamientos. Esto es educativo. Lo que está por verse es eso que no construye, no edifica la vida como eso de tirar pólvora a diestra y siniestra de estas prácticas mafiosas.


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Libertad Confiscada

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El propio deseo tiene fuerza transformadora. Uno sueña con un mundo mejor. La esperanza da sentido a nuestras vidas. La esperanza de un mundo mejor al que nos ha tocado vivir. Es comprensible que otros sueños, otros deseos se sobrepongan a los nuestros. Y no es que estemos perdidos. Sólo otros cuajaron para imponerse. Quizá otros lucharon mejor que nosotros. En el mundo se hacen apuestas, unas veces acertamos, otras nos toca vivir sus derivas. 


La vida es energía que se gasta en deseos. Y más allá o más acá, está siempre la producción del deseo, no como carencia en donde estamos condenados a un vacío por llenar. Eso no. El deseo es más bien un campo de fuerzas que devienen multiplicidades, así lo enseñó Gilles Deleuze. Producimos y transmitimos flujos de sensibilidades. A la inversa, en nuestra época es bien notoria la modelacion o disciplina refinada de nuestros sentidos, de nuestros gustos, de nuestras subjetividades para lo más bello pero también para lo peor, por ejemplo los neo fascismos, son formas miserables de mantener la esclavitud.


La esperanza existe a la par de lo peor. La vida, en su creatividad, persiste en la belleza, en las estéticas de espíritus disruptivos. ¿Qué es lo bello? ¿Como ser éticos? ¿Cómo se hace el bien? Estamos para el disfrute y construir relaciones edificantes con los otros, cada día se quiere la libertad, ser libres para un mejor disfrute durante el tiempo que estemos en el mundo, mientras estemos vivos, queremos evitar caminos que degradan. No es suficiente apelar a una ética edificante de la vida si todo el tiempo nos están socavando, derrumbando. Prendes la tv, la radio, vas al café… ¿Y qué encuentras? Basura. Los mass media son el formateo para la nueva esclavitud. Todo el tiempo martillando deseos de consumo pueril: tal marca de ropa, el carro último modelo que aprestigia, tal apartamento, tal carrera universitaria. Y al final se tiene una vida de esclavitud de nunca acabar, una vida miserable de deudas, de consumo. Y la paradoja, tenemos que los libres son los vagabundos, son dueños de su propio tiempo, a nadie rinden cuentas, son ellos, improductivos, son ellos la negación del capitalismo.


El mundo del capitalismo, de la riqueza y su producción, nos alejan de esos caminos consumiendo todo nuestro tiempo y nuestras energías. En esta época de la inteligencia artificial se aumentó nuestra esclavitud, el patrón llamó liberación a estar fuera de la fábrica pero todo el tiempo disponibles a sus requerimientos, estamos condenados como ratones, siempre huyendo a las carreras esquivando a las multitudes que van y vienen a prisa pegados del smarfhone. No existe la libertad. «En el corazón de la metrópolis global el esclavismo tiene características originales: pálidos e hiperactivos trabajadores cognitivos zigzaguean en el tráfico ciudadano, inhalando veneno y balbuceando por el celular. Son forzados, además, a ritmos sobre los que ya no tienen control alguno. Es la carrera del ratón: es preciso ir cada vez más rápido para pagar los costos de una vida que ya nadie vive.» Berardi.


Cito tres párrafos de la introducción de Franco Berardi en su libro  Generación Post Alfa, Quien nos inspira: Se calcula que una persona nacida en 1935 habrá trabajado alrededor de 95.000 horas en el curso de su existencia. En 1972 se presentaba, en cambio, una vida laborable de 40.000 horas, pero para los  contratados en el año 2000 se deben calcular alrededor de 100.000 horas de trabajo, invirtiendo una tendencia secular que había reducido constantemente el tiempo de trabajo.


A partir de los años 80 estamos obligados a trabajar cada vez  más para compensar la merma continua del poder adquisitivo de los  salarios, para enfrentar la privatización de un número creciente de  servicios sociales y para poder comprar todos aquellos objetos que el  conformismo publicitario impone a una sociedad en la que las seguridades psicológicas colectivas han disminuido.


Los psicofármacos euforizantes se volvieron parte de la vida cotidiana. A mitad de los años 90, el Prozac aparecía como una suerte de medicina milagrosa que transformaba a los hombres y a las mujeres en máquinas felices de ser siempre eficientes, siempre optimistas, siempre productivos. Un consumo espantoso de euforizantes, antidepresivos, neuroestimulantes acompaña el desarrollo de la nueva economía. Era el soporte indispensable para aguantar la movilización psíquica constante del frenesí competitivo. Era totalmente previsible el colapso.


Referencio a Jubilados lisiados sin posibilidad de reinventarse, se les ve usmear de nuevo en las que sirvieron de jaulas laborales, mendigando una pequeña conversa con sus ex compañeros, están desesperados, no saben qué hacer con su tiempo libre. Frente a la sin salida, deciden suicidarse tirándose desde las azoteas o balcones de edificaciones elevadas. Recuerdo a ex magistrados en Medellín, también frecuente entre funcionarios públicos.


Nos han robado los tiempos flujos de desear, amar, reír, disfrute gastronómico, viajar, hablar con los amigos. Esa es la riqueza más allá de la mera acumulación de fortuna y el sometimiento a la mera producción que nos esclaviza y corroe nuestras vidas. Retomar la vida como derroche, se vive en el gasto de la vida (la muerte es vida gastada) y se muere en vida con la obsesión de ser fiel esclavo hipotecado, sin tiempo propio. La verdadera riqueza es la que se comparte en una apuesta ética para el disfrute, una felicidad del existir, una estética de la existencia, las gentes en sus propias producciones materiales que dan soporte a ese ideal espiritual. Acá rememoramos a Peter Sloterdijk  en su texto el Parque Humano, Félix Guattarí en Ecosofia. Éstas líneas distópicas, no son más que provocación a repensar en una libertad confiscada.

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Caminar la Ciudad

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


El miedo y la inseguridad son propios de los espacios hacinados. Y sucede en las economías de subsistencia, de informalidad e ilegalidad. Las calles, aceras y todo espacio común en dónde transcurre la vida, se asientan quienes están en las economías del rebusque con sus ventas callejeras. Son economías miserables del sálvese quién pueda, en donde emerge lo peor de la condición humana, todo transeúnte es potencial presa para ladrones hambrientos de botín.



Caminar las calles nauseabundas invadidas por toldos y tendidos de esa economía del rebusque, es una experiencia sensorial extrema comandada por el miedo y la inseguridad. Ojos, oídos, y olfato no descansan, todo el tiempo atentos evaden  a hábiles ladrones que en un abrir y cerrar de ojos te voltean los bolsillos al revés sin que siquiera lo notes. 


Son los famosos cosquilleros, sus técnicas especializadas consisten en que varios te rodean, uno puede estar gritando para distraerte, al tiempo otro puede apretar una parte de tu cuerpo simulando algo accidental mientras que otro de mano ligera, sin que te des cuenta, voltea tus bolsillos al revés, saca objetos a robar que por lo común son la billetera, smartphone y todo aquello de valor. 


El particular abrazo del oso tiene el mismo propósito, consiste en que un hombre más alto y fornido que la víctima escogida, te alza con abrazo por la espalda, cierra ambos brazos sobre el cuello, mientras chapaleas con pies alzados, otro ladrón cómplice ataca vaciando tus bolsillos. Esto se hace en cuestión de segundos, y conforme aparecen, así desaparecen. 


Si bien la inseguridad y el miedo se concretan con estos depredadores de la subsistencia o de las economías criminales, también tiene mucho que ver con el abandono de los espacios comunes por parte del Estado y sus élites. Es en el espacio público en donde se desarrolla gran parte de la vida, de la existencia humana, pero también es cierto que sin él y en hacinamiento es una guerra de lo ya dicho del sálvejese quien pueda, que quita paz al espíritu, se vive en lo peor. Bien sabido es que la distancia social es un mecanismo de sobrevivencia, violarla equivale estar en peligro. 


Según el antropólogo Hall, en su libro La Dimensión Oculta, las distancias sociales permitidas son: la íntima 15cm; personal de 45 a 75 cm; la Social de 1.2 a 2 m; la pública más de 3 m. Y es precisamente la violación de éstas distancias las que generan inseguridad y caotizan aún más la vida. Por lo demás, los estándares internacionales precisan de 9 a 15  metros cuadrados de espacio público por persona, en Medellín no se llega a los tres metros. Y si es en la parte céntrica o zonas de comercio se deduce a lo mínimo, a nada.


Desde luego que la invasión del espacio público es muy notorio en las economías de la subsistencia y de la valoración que se tenga por lo estético espacial como sucede en ciudades que han tenido en alta estima la arquitectura. Vale el ejemplo de la ciudad de Barcelona en España, la cual ha tenido por tradición gobiernos en donde los arquitectos han sido gobernantes y acorde a sus sensibilidades han configurado la ciudad en su generosidad material y espiritual, perceptible es sus andenes amplios y extensos de no acabar, en sus diseños variados de su arquitectura en las construcciones, todo para el disfrute de la vista, para el solaz del espíritu de los cuerpos que caminan por las calles en amplitud y despejadas para la siempre invitación del caminar.


Este contraste se percibe aún más con estas élites de poder ignorantes de la importancia para la vida del espacio público, ellos tan sólo los motiva la sola acumulación de riqueza, abandonan, entregan la ciudad a la miseria, a la criminalidad, a la informalidad, no les importa los espacios comunes porque tienen sus espacios privados, ellos migran con sus nichos de mercado, por ejemplo, a centros comerciales. Y más allá, en sus vidas excéntricas, buscan, en este mundo globalizado, islas privadas y refugios exclusivos en el primer mundo. Es una decisión corta de inteligencia creer que se puede vivir por siempre huyendo y desatento de la vida social y los espacios que son comunes.


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Matrimonio y Alianzas Económicas

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Quien se casa quiere casa y costal para la plaza, el refrán bien dice de las alianzas matrimoniales fincadas en los pilares económicos, de los mínimos requeridos para conformar una familia. En las sociedades modernas equivale a las necesidades básicas para vivir: Alimentación, vivienda, trabajo digno, educación, salud. Pero más allá sobresalen las propias alianzas para afianzar o mejorar las posiciones económicas y los intercambios de individuos entre grupos sociales para asegurar una vida en paz lejos de la guerra. Esto lo enseña la antropología que describe la función matrimonial para abrir los clanes o grupos por medio de sus intercambios de personas y mercancías.


Esta funcionalidad económica y social de ampliar la sociedad a través de grupos con sus alianzas matrimoniales, será luego cubierta con rituales culturales en los que sobresalen valores como los de amor, honra y dignidad. La unión de una pareja será refrendada u oficiada entre los grupos de donde provienen los novios. La fórmula bastante conocida se resume en dos palabras: Honra y Dignidad. Con los anillos se honra, ellos representan la riqueza, la dote, son promesa de bienestar económico sin peligro de pasar penurias, carencias en la vida futura. La Dignidad es en sí la propia Alianza, el pacto realizado. Para la mujer es la garantía del lecho sagrado, será mujer de sólo un hombre en ritual aprobado y oficiado a los ojos de todos. Ella estará liberada de la deshonra, de tener acto sexual por fuera y antes de la alianza matrimonial. Esto es ritual bastante conocido y desplegado por las religiones, en especial las monoteístas.


Aunque el amor es referido desde los tiempos griegos y para nuestra cultura es el amor cortés el que entra como otra capa cultural alterno a las alianzas económicas del rito matrimonial. En una mirada panorámica se tiene que la cultura distingue por lo menos tres tipos de amor. El Filial como su nombre lo indica está referido a los miembros de la familia, de la parentela. El ágape o el amor de amigos, el amor desinteresado. Luego está el erótico, el amor pasional. El amor de Venus, venusino es sublime, supera al sólo interés pasional, y es muy promovido por las culturas religiosas. Por ejemplo, la cristiana aconseja la castidad, la santidad, de no poderse, recomiendan tener una sola esposa pero sólo con fines reproductivos, tener hijos piadosos para ser entregados al servicio de Dios. Se conoce bastante bien, la doble moral en la que desembocó estos ideales cristianos monógamos de encerrar el amor en la alcoba familiar. No es secreto de los miles que se deslizaban en lecho ajeno.


Acá vale la pena mencionar el «amor cortés»,  amour courtois, y en época de los trovadores se estilaba el fino amor (fin’amor) equivalentes al «amor puro», «amor verdadero». El amor cortés fue transformado «en un vehículo de «educación sentimental que influyó en los comportamientos reales», también considerada como una práctica enriquecedora y sofisticada, «​una experiencia intermedia entre el deseo erótico y el espiritual, que aunque pueda parecer contradictorio, era vivido como «un amor a la vez ilícito y moralmente elevador, apasionado y disciplinado, humillante y exaltante, humano y trascendente».[wikipedia]​


Es un amor idealizado y de cierta manera místico, es decir por fuera de las lógicas formales que no tienen en cuenta lo que pueden rebasar los propios sentidos, tiene por función más allá de la promoción de la mujer, tiene que ver, según Georges Duby, con un juego masculino para educar a los jóvenes en sus sentimientos y pulsiones a través de juegos militares y entrenamientos para educar los cuerpos. El amor cortés a través de sus galanteos seductores, desafía o compite con esos amores imposibles de clase.


Llegados a este punto, se enfatiza en la función matrimonial de alianza económica y social, que en estos tiempos capitalistas, reproduce fuerza laboral barata. Las alianzas y sus efectos se dejan ver de manera más visible en las querellas de familia entre esposos e hijos.  Por ejemplo, en Medellín las autoridades de control reportaron para el corriente año, 12 mil querellas o violencias intrafamiliares, en general comprenden derechos vulnerados de asistencia alimentaria para hijos entre padres divorciados, abandono de adultos mayores en situaciones calamitosas, disputas herenciales, maltratos físicos, abusos sexuales a menores de edad. 


Como quiera que sea, la alcoba familiar no es el nido de tortolitos juguetones y amorosos, ella se parece más bien al síndrome de la cama que arde, esto es, violencias que van de maltratos familiares hasta las violencias físicas que en extremo dan muerte a su pareja como en el síndrome referido, el cónyuge aprovecha el sueño profundo de su pareja, para descargar con toda energía el puñal mortal que liberará de iras reprimidas hacia su enemigo de alcoba, hacia su pareja.


De seguro las leyes que protegen los derechos de los individuos por encima de las alianzas conyugales, alientan las libertades individuales como bien lo fue y lo sigue siendo la instauración del divorcio que no es más que proclamar que el cuerpo es propio, de cada quien y no es bien ajeno. Esa es la proclama en cierta forma de la libertad sexual, nadie puede proclamar el derecho de explotación de otro cuerpo como en los tiempos de esclavitud. Pero los amores en matrimonio o uniones de parejas no dejan de ser alianzas económicas adobadas con la pasión del amor.


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