Historiador Universidad Nacional
Colombiakrítica
Abertura
Bien se sabe de esto que impulsa hacia adelante, a no parar de mirar el reloj, el tiempo que pasa, que percola, que nos va llevando hasta el final, el de cada uno, y que en la abierta mar, encuentra allá una corriente, de pronto un arroyo, un remolino, luego un nuevo flujo, todo tan inédito, tan impredecible. Esta conciencia del tiempo, de sabernos finitos, nos empuja a hacer de nuestras vidas propósitos férreos que justifiquen, que satisfagan cada existencia. Llenar la vida de sentidos equivale a proporcionar sensaciones, unas edificantes, otras no tanto.
Michel Serres habla de cuatro Drogas fatales en su respectivo orden: El Poder, El Dinero, La Fama y por último los Alucinógenos. Si se piensa un poco, con tan sólo pasar una mirada alrededor, se dará cuenta de lo embriagante que es el Poder, noche y día se vive en función de él, no hay tiempo para nada más. Adicción la de un bebedor, alcohólico, la de un jugador que no se apartan de la copa y el otro de los naipes, así mismo el poderoso no se aparta, no se aleja del Poder. Más que Maquiavelo, es el inexpresivo y de mirada gélida Joseph Fouché (1758 - 1820) el prototipo drogadicto del poder. Demos unas pinceladas panorámicas.
El hombre de poder es ante todo inescrupuloso, inapasionado para evitar ahogar la razón, no tiene amigos sino intereses, el apelativo de camaleónico asienta bien por aquello de cambiar según favorezca la ventisca. El trasfugismo es moneda corriente, la lealtad algo esquiva, desconocida. Por lo demás, los acontecimientos giran mucho más rápido que las ruedas veloces. De un momento a otro todo ha cambiado, se amanece en otro mundo distinto que apenas percibimos, tanto tiempo huyendo y el enemigo estaba a mi lado sin que siquiera lo percibiera. Cuando el gato y el perro hacen alianzas, es contra el cocinero.
Es más peligroso quién se esconde que quien da la cara. Cuando no se sabe nada del topo, es porque esta trabajando silencioso bajo tierra, planificando con milimétrica precisión el próximo golpe a asestar. Quien hala los hilos, quien actúa bajo la sombra es arma de doble filo. Aparecer y desaparecer, luz y sombra, toda una teatralidad. Pero la invisibilidad y el anonimato es la gran estrategia jugada por quien juega a los tinglados del poder. Juegan todo el tiempo sin dejarse mirar las cartas. Invisible, anónimo: he allí su virtud.
La invisibilidad, la no exhibición protege de toda envidia, de ataques feroces de quiénes están cara a cara disputando la mejor posición de poder... Mirar, observar, acopiar información de cómo otros se despedazan entre sí, pero por sobre todo guardar con recelo secreticos sucios con los cuales chantajear después… y luego, como la hiena, lanzarse al ataque sobre la carroña. Y en caso tal de soborno, viene a bien llenar las manos de oro que dejarlas sueltas, inquietas.
Mejor esperar a que todo esté decidido. Nada, nunca decidir nada hasta que todo esté consumado, asegurarse hacia dónde se inclina la balanza, así el triunfo siempre acompañará, es jugar al poder con los dados cargados. Acá no hay, nunca habrá convicciones, sólo intereses. No hay ataduras a principios, el que está libre y en la sombra, está en plena observación en la ocurrencias de los fenómenos, son los hilos del poder.
Radiografía del Poder
El hombre adicto al poder es camaleón, sin ideología, sin principios morales, éticos, la única brújula guía es la ambición, la codicia, el cálculo cuidadoso, la espera oportuna para acertar el golpe fatal que asegura el triunfo, estar del lado de los ganadores, la modestia es el cálculo. Desde la sombra, estar agazapado, desde allí manejar todos los hilos del poder sin ser controlado, se accede a todo para luego saltar como liebre… forjar alianzas, hacer intrigas, chantajear con amenazas de exhibir secreticos sucios.
Unos caen, otros suben pero otros continúan… lo diferente no afecta, se absorbe, el que está oculto moviendo los hilos del poder, solo hala según la dirección de los vientos. Esperar mientras los otros se aniquilan, mandar al bobo por delante es más fiable, es palanca segura para direccionar el poder. Tronar siempre a favor de los triunfadores. Qué no tiemble la mano cuando la balanza indica a quien golpear, si la muerte satisface, beber sangre es pasión, los nervios de hierro, de acero, de plomo viene a bien cuando se clama venganza, el odio, las frustraciones, todas tienen que evacuarse. Alguien tendrá que pagar, no interesa su inocencia o culpabilidad, importa es saciar la sed de venganza. Víctima quiere decir el segundón, de vice, segundo, el que está en lugar de otro, por eso mismo quiere decir inocente, quien paga culpas por otro cometidas.
El Silencio Insoportable
Ajeno al poderoso es el silencio. Quien no se queda quieto está en busca de algo, el reposo es síntoma de satisfacción. Esquiva paz tienen las almas atormentadas, el silencio es insoportable, el ruido de fondo distorsiona la propia existencia, escucharse así mismo es enloquecedor, así constatarán los laboratorios del silencio, pero acá la referencia es a la justa proporción necesaria a los espíritus que les viene a bien una cierta calma que no atormenta, una cierta paz. Hay momentos que el retiro al silencio hace bien, lo hicieron Buda, Cristo... en la soledad, los pensamientos confusos se aclaran, las alturas permiten una mirada panorámica, mirar el bosque más que los árboles, se necesita tener el pie en el estribo, tener polo a tierra, principio de realidad para no dejarse guiar por el deseo.
Secretos a la tumba
Todo deja rastro ante los ojos atentos que saben husmear. Se dice que sólo los muertos llevan sus secretos a la tumba, es posible si el rastro es sólo la palabra que habla, pero las huellas no dejan de exhibirse ante la mirada atenta, del forense, por ejemplo. El Poder tiene su declive, la fábula del León que se volvió viejo, lo retrata bien, sin fuerzas, sin alientos, ya deblik, cada especie se arrimará cobrará su propia venganza.
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