Patadas de Ahorcado
Historiador
Colombiakrítica
De acuerdo, la esperanza da sentido a la vida, es lo último que se pierde. Pero ello no quita un cierto halo de incertidumbre, mejor decir de caos, una sensación de vacío antes de vivir un proceso de metamorfosis: soy larva, oruga, ahora soy mariposa. Pasa en la vida, y es perceptible, a manera de ejemplo, con los gobiernos. Que serían de ellos sin la inercia que los arrastra, que los soporta, los lleva y los trae como una hoja al viento y al azar, encarnada en cada uno de los funcionarios que hacen que los procesos se mantengan y resistan, mientras que los gobiernos, los gobernantes pasan de manera innecesaria como leves briznas al viento y al azar. Todo pasa y todo queda, todo se repite de diferente manera, la vida, la existencia es inédita. Viento, necesidad y azar... nos gusta recalcar.
El desuso de los gobiernos se tiene por un síntoma de salud personal. No se delegan las decisiones de vida a un tercero. Es una utopía la gestión propia de cada individuo, a tal punto de hacer innecesarios los gobiernos. Sociedades nómadas contra Estado, sin gobiernos centrales. No es caer en vacíos, ni en eso de que todo era mejor cuándo estaba peor. Cuándo más decimos que un optimista es un pesimista informado. Es cierto que nadie experimenta por cabeza ajena, no importa que tengamos que descender a los propios infiernos y luego luchar para albergar esperanzas de pasar por el purgatorio y luego al paraíso para albergar el esquivo cielo.
Es posible prescindir de dioses y de héroes para sumergirse en un posible caos. Se precisa de un mayor esfuerzo, una mayoría de edad, una autonomía para conducir la propia existencia, la de cada quien. Que tal que los desgobiernos de hoy de nuestro globo terráqueo, sean signo de independencia, de una cierta mayoría de edad. Es posible ver el mundo al revés, cuando la costumbre es el arreo de ovejas o ganado al matadero.
Job, el personaje bíblico, es un ser extraño que no da el brazo a torcer en su mirada al horizonte, en su caminar por los senderos de la esperanza, se mueve siempre por terrenos minados pero domables en su Fe de carbonero. La muerte va tomando lo que la vida da. Muy por el contrario a lo sucedido con Pedro: con su férrea Fe caminó sobre el mar, pero la duda lo hizo hundir en tierra firme.
Gobierno de sí, de sí mismo para recordar a Michel Foucault. Finalmente, Borges con el desuso de los gobiernos: “¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más completa que este resumen. Jorge Luis Borges, "El libro de arena" en Obras completas III (Barcelona: Emecé, 1996), p. 55
Poema
Fin y principio
Wisława Szymborska
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
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