Ilusión Democrática

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


 La política es cosa variada, cambiante. El soñar y las promesas son su materia prima, el horizonte le está dado para conquistar. El arte de lo posible es la política es su definición más común. La polis es la ciudad y para mejores señas es el conglomerado de las gentes, estar juntos, estar en la ciudad ha sido uno de los mejores descubrimientos de la sociedad. Por esa misma razón se define la política como el arte de materializar los mejores sueños de la comunidad, la mejor manera posible de vivir en sociedad. 

Entonces, así como es la vida misma, tan variada, tan inaprensible, caótica y desordenada, aparecen formas de verla, maneras de soñar o de ver el futuro. Y allí tenemos al político demagogo, personas vendedoras de sueños, de ilusiones. El político y el demagogo se parecen bastante porque ambos viven de sus engaños. Y su antítesis es el parresiastés que es el que siempre dice la verdad cueste lo que cueste, incluso arriesgo de su propia vida. Todo esto es la política, pero tan degrada por hacer de ella vulgar negocio. Un parásito se ha instalado allí para apropiarse de lo que es común y no dar nada a cambio. Acá algunas líneas sobre nuestro acontecer.


La sociedad tiene a sus gobernantes que gestionan el territorio bien sea ciudad, municipio, departamento o país. Cada cuatro años eligen nuevos rostros. A esto le llaman democracia. Se delega el poder decisorio de cada quién en un aspirante a  gobernar. La llamada Democracia se reduce a una contienda electoral, a unas votaciones. El problema de este proceso electoral es que lo más se reduce a menos, todas las decisiones de la inmensa mayoría sólo las toman unos pocos.


En sí, es un contrasentido si ha de entenderse que la decisión propia sólo cuenta y es susceptible de mejorarla si se delibera y si se llega a un consenso en una comunidad concreta. Y esto sólo es posible en la democracia directa, en el barrio, en la cuadra, todo lo demás es remedo y remoto. Y se ve en forma clara cuando un país entero, una ciudad, un municipio, miles de ciudadanos delegan su voto a un mandatario y a unos cuantos corporados de concejales, diputados o congresistas, y años después los resultados son decepcionantes y fraudulentos, las vidas cotidianas de la población empeoradas, los pobres más pobres y los ricos más ricos.


Esta democracia, reducida a las meras elecciones y a nada más, sin control ni seguimiento de las decisiones por parte de la ciudadanía... se pierde. Por eso el gran acontecimiento sucede cada vez que hay elecciones. Y la manera en cómo se desarrolla la política  no deja de ser curioso. Allí todo se parece mucho a un mercado en dónde se compra y se venden votos al mejor postor. 


Para sacar un candidato y una campaña política avante, se requiere de muchas maletas llenas de dinero, de empresarios inversores y que luego se cobren varias veces lo invertido a través de grandes contratos en obras públicas. Esto de negociar con lo público ya es bastante atractivo para la empresa privada, por ejemplo, en la construcción de hidroituango se estimaron pérdidas por más de ocho billones de pesos. Y cada tanto se publican escándalo tras escándalos, de éste o aquél inconforme que no recibió su coima.


La forma como se confeccionan los votantes es a través de promesas, sueños, ilusiones o simplemente con moneda contante y sonante, con mercados, cuadernos y útiles escolares, refrigerios y almuerzos (los concejales antes y después lo estilan, son todas unas microempresas familiares, toda su prole ha de tener contrato público). El marketing político habla de tres segmentos de votantes: voto duro o los que tienen disciplina de perros, los dogmáticos que siempre votarán a su partido de siempre. Le siguen los blandos, están a un paso de convencerlos, basta un guiño o un pequeño soborno y ahí lo tienen. Le siguen los indecisos que basta echarles cuento o darle dinero para asegurar se filen a la causa. 


Acá es muy común hablarles de lo que quieren escuchar, lo que guste a sus oídos. También valen las falsas noticias para explotar miedos sentidos por las gentes, por ejemplo, en Colombia han puesto a correr rumores de quitar la pensión y la casa a los viejos pensionados, que el comunismo vendrá a despojarlos hasta de lo que no tienen, que éste territorio se convertirá como Cuba y Venezuela con sus grandes filas para reclamar migajas, miserias a Papá Estado. Dicen miles de cosas para crear el gran temor de que todo será nada, que la moneda se devaluará. En fin, miles de inventos que explotan los miedos de las gentes y así los filan como ganado para llevarlos al matadero de las urnas. Toda razón derivada de las gentes raya con la idiotez desbordaba. La Democracia directa no puede reducirse a la mera contienda electoral, a pura ilusión electoral.


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El Cuerpo y La Cultura

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

El cuerpo es el lugar del yo. Cada cuerpo se provee de una alma. Un cuerpo es el Adentro pero también es el Afuera, ambos lo esculpen. Es el mediador entre el Yo y el mundo. El cuerpo es un lienzo sobre el cual una cultura hace sus trazos. El cuerpo de un individuo también tiene su forma de particularizarse en su libertad y creatividad. Un cuerpo siempre ha de estar en ese balanceo del yo interior y del mundo exterior. Un cuerpo es un campo de fuerzas manifiestas en su voluntad de poder y voluntad de potencia. Y no es para menos a sabiendas que la vida son las fuerzas que contrarrestan a la muerte.


El cuerpo es arcilla que se deja moldear por su propio medio interior o biológico y por la cultura. El antropólogo Marcel Mauss así lo enseñó al hablar de las técnicas del cuerpo, no todos caminamos ni dormimos iguales, en la guerra se aprende a dormir de pié recostado sobre las piedras o en el barranco. En el caminar, cada cultura imprime sus propios ritmos y afanes a su propio cuerpo. El mirar por largo tiempo y de frente al otro sólo fue posible con el advenimiento del transporte masivo que nos obligó a permanecer inmóviles por largo tiempo frente al otro. En una silla se está sentado a medias, listo para partir, para seguir el caminar.


Las formas educan, acostumbran. La costumbre es ley, la sociedad impone una compostura, facilita la vida en la civilización. Todo cuerpo tiende a exponerse, la urbanidad obliga a replegarse, restringirse. Tapar los bostezos con la mano, no hablar con la boca llena o mientras se come, sonar las narices con discreción, cuidar los malos olores que emanan de nuestro cuerpo, evitar contactos demasiado estrechos, la contigüidad, lo demasiado estrecho favorece lo promiscuo, lo instintual. La vida colectiva, la vida en sociedad se impone. La izquierda para adelantar, la derecha para el paso regular. En sí, es la cortesía, es la etiqueta, no se trata tanto de obligaciones molestas como de dejar un espacio a los otros que nos rodean, limitar nuestra bestia instintual, el freno pulsional. Si nos expandimos demasiado, limitamos la vida de los otros. El cuerpo sociocultural tiene sus costos.


Todo en nosotros habla. Los ojos parpadean más de lo acostumbrado antes de soltar el secreto. Cuando callamos nuestros dedos inquietos nos develan lo nerviosos que estamos. Nietzsche filosofaba a martillazos para poner a hablar a las cosas, en el aforismo está el relámpago, el trueno de los pensamientos que salen sin adorno alguno, sin maquillaje, sin tanto rodeo que amortigua el golpe bruto de nuestros dardos lanzados.


No modulamos palabra alguna pero nunca estamos en silencio, con nuestros pensamientos estamos hablando con nosotros mismos, en ocasiones no nos controlamos y pensamos en voz alta. La boca que mastica pero que habla y besa con sus labios. Con hablar tanta cháchara lanzamos una cortina de humo para ocultar lo que no queremos develar. Recordar a Cantinflas, su hablar constante e incoherente para nunca decir nada pero que a la vez dice todo en sus valores sociales cuestionados.


La vida es lucha que contrarresta las fuerzas de la muerte. Un cuerpo oscila en el adentro y en el afuera, privado de todo contacto y de todo movimiento, se pierde, se empobrece, se deteriora. Y entra en demencia si se priva, repetimos, de todo contacto y de toda estimulación psicosocial. La demencia es separación, dementia Ex separatione. "Los niños salvajes son muestra de la pobreza de su cuerpo, su inercia, que llega hasta la insensibilidad al calor y al dolor, la analgesia cutánea." Dagognet en Múltiple y Uno. El cuerpo y la sociedad se determinan mutuamente. El cuerpo recibe sensibilidad y responde con su motricidad. Lo sensorio motriz es la base del desarrollo de un cuerpo.


Los otros me ven y a la vez en sus miradas yo mismo me veo, los otros, en su reflejo, en sus impresiones, me reflejan. Los ojos son las ventanas del alma. El cuerpo nunca actúa solo, él se debe a su entorno, a su cultura que lo ha moldeado, el caminar tan distinto de una cultura a otra, incluso entre ciudad y campo, allí se va de prisa, el tiempo apremia, en cambio en el campo el paisaje quieto pareciera transferir la calma y la quietud. Lo interior y lo exterior hacen parte todo el tiempo de nuestro cuerpo, el adentro y el afuera, mientras más quiero ocultarme más me muestro con las barreras construidas que me delatan. El espíritu se hace a un cuerpo que moldeamos, lo decoramos a nuestro gusto según las posibilidades que permiten la cultura en la que se desenvuelve. 


El decir, el habla están inmersos en cada cultura, no es lo que dices, sino el tonito que incomoda, se lo dice con frecuencia para sopesar las actitudes y gestos que traicionan o desdicen lo dicho. Es la razón por la cual se dice que la lengua que habla es una pantalla. Nuestro más íntimo yo, nuestro inconsciente se sitúa en el exterior, a cielo abierto. La mejor manera de esconder, es exhibirse. Los predicadores fanáticos balbucean, son actores, emiten ritmos y sensaciones al punto del hechizo, de una experiencia sensorial. "Todo habla. Pero muy pocos saben escuchar, de tal suerte que el hombre vierte de alguna manera sus confesiones en el vacío; despilfarra sus verdades como el sol dilapida su luz. Desafortunadamente el espacio no tiene orejas." (Dagognet .71). Yo soy el otro, pero también soy el entorno en el que me desenvuelvo, yo soy el adentro y el afuera.

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La Tacita de Plata y su Botín

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Se abre el telón. En escena aparecen títeres alebrestados. Detrás están sus verdaderos rostros y manos que jalan las cuerdas para producir éste o aquel movimiento, éste o aquel gesto, ponen también en sus bocas palabras huecas que encantan a los espectadores y a todos los ponen a bailar a su son. La esencia del libreto: raspar la Tacita de Plata del presupuesto público de Medellín. 


Los titiriteros, los que mueven el tinglado, son los decididores, son los hombres de Poder, de Poder Económico, los más ricos de la ciudad y del país, son, en suma, dos gremios que luchan a muerte por quedarse con el botín de más de veinte billones de pesos para el próximo cautrenio. 


Uno de ellos ha sido hegemónico antioqueño hasta estos últimos cuatro años, hasta que se les metió a su rancho otro conglomerado más poderoso para gobernar en cuerpo ajeno con la actual Administración. Para informarse, basta buscar en google corrupción en Medellín y allí tendremos el rabiar del empresariado paisa. Ambos poderes se enfrentan a muerte por el botín a robar. Para muestra un botón, en este Gobierno les hicieron pagar a empresas afectas al gobierno anterior más de ocho billones por la corrupción en Hidroituango.


Escapemos del teatrino y demos una perspectiva a vista de pájaro de la ciudad, de su territorio y su gente. Mirad esos torrentes de gentes pobres que se precipitan en el abismo por varios lados: los vagabundos van por miles calles arriba, calles abajo, evadiendo los abismos existenciales con su porción de alucinógenos. Por calle contraria, va el  ciudadano amarrado a su servidumbre voluntaria, el trabajador de salarios de hambre, va de prisa, huye y anhela pronto el mal transporte público, anhela subir pronto a las laderas para hallar amor recíproco de hijos y mujer medio hambrientos. 


En el otro extremo de la pobreza está un puñado de adinerados, opulentos hombres de caminar seguro, rezanderos, de mirar despreciativo, gustan a escondidas de putas y bebidas. Pero éste es negocio a cuatro vientos, incluso ya es famoso renglón  de turismo sexual internacional, tanto así que ya hay propuesta para Distrito Rojo que regule en sus cuatro calles la explotación sexual. Pero caminar a lo largo y ancho por las calles céntricas o periféricas, es ser testigo de la pobrecía y desorden de un territorio abandonado a la suerte del matón de esquina, cada calle tiene su pistolero. El caminar está hipotecado en este campo de batalla. Aligerar el paso y siempre en vilo, en la mayor precaución para evadir el robo, la extorsión o el plomo.


Todo esto es historia conocida. Lo mismo se repite. Más de lo mismo. Sólo cambian los rostros. Cambia el títere y no el titiritero. En política estamos como Cristo en la Cruz, en medio de ladrones. En tiempos no muy lejanos de los años de 1970, la dirigencia dejó de ser respetuosa y benevolente con los bienes públicos, dejó su interés de dar, de aportar ingenio y riqueza para que la sociedad, los ciudadanos pudiesen beneficiarse y disfrutar de los bienes públicos, de los bienes comunes. 


El dar, el aportar era el verbo a conjugar en su actuar, la moral y ética que les guiaba era el de construir la mejor sociedad posible. Se me viene el ejemplo de la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, su obrar se inspiraba en trabajar por el bienestar de la población, de la sociedad, de los habitantes de la ciudad de Medellín. Estaban atentos en desarrollar y mejorar los bienes que son comunes: Parques, Hospitales, Escuelas, Canchas deportivas. Incluso mucho de esto era todo o parte sufragado con sus ganancias privadas, de sus empresas. Se nos viene un ejemplo, la empresa Coltejer haciendo escuelas, casas muy dignas en barrios enteros para sus obreros, tal y como lo fue el barrio Alejandro Echavarría en Buenos Aires.


Esto de hombres generosos y honrados cambió. Hoy van a cócteles a presumir y a instruirse en como robar más y mejor, incluso en matar, traficar con muerte ha sido buen negocio, el miedo y el plomo son buenos aliados en el mundo del pillaje. En nuestra sociedad el pillo ganó. Pablo Escobar fue y sigue siendo el modelo reinante, pillos, empresarios corruptos lo encarnan, todos quieren sacar provecho para su beneficio particular.


Salimos del teatrín y su farsa, pues lo que se encuentra tras las máscaras es la falta de identidad. Estamos solos, sumidos en nuestro pensamiento tratando de vislumbrar el mejor mundo posible. Estamos rodeados de ladrones vueltos empresarios de la política. Y de dos males el menos peor. Entre ladrones se entienden. Ellos mismos se autorregulan. Sucedió con la actual Administración que el empresariado antioqueño visibilizó el robar y sus ladrones. Entonces a falta de una Veeduría fuerte, bueno es que sigan ejerciendo control. Entre pillos se conocen sus mañas. Entonces, decíamos, votar por el que juega de invitado, en cancha ajena, que los locales vigilen y controlen como lo vienen haciendo. Así las cosas que el empresariado antioqueño siga haciendo veeduría a la próxima administración para que no roben tanto. La lógica es votar por el menos peor, cualquiera que no venga del empresariado paisa.


Para los olvidadizos, recordar que Tacita de Plata llamaron a Medellín por estar en el centro de un Valle, en una tierra cóncava semejante a un tazón, una planicie de buen clima de 21 grados y una tierra muy agradecida, cualquier cosa tirada, sembrada, al piso nacía, resplandecía. Pero lo más atractivo era ese clima, que en últimas ganó la preferencia de centralidad o capital del departamento de Antioquia por encima de Rionegro y Santafé de Antioquia, aquella fría, y la otra caliente con calor húmedo y sofocante. Y fue así como los ricos apreciaron este clima y se trajeron sus empresas a éste valle empotrado en cuatro montañas, no se ve horizonte más allá del ombligo de cada quién, por eso el paisa verraco no se vara pero sí se mea y se caga en una estaca para demarcar límites ventajosos. Quizá, en esto de orgullo y vanidad, en otra ocasión, contaremos la pelea conyugal, entre el escultor Fernando Botero y su ex mujer Gloria Zea, aquel regaló esculturas a Medellín, a condición de quitar aquel apellido de Zea y a cambio poner Plazuela Botero, historia de reyerta conyugal para una próxima a quiénes gusten de chismes de alcoba familiar. El telón se cierra recomendando Ciencia Política en un píldora.


http://colombiakritica.blogspot.com/2021/08/ciencia-politica-en-una-pildora.html?m=1


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Control Social

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Robín Hood robaba a los ricos para dar a los pobres. Con un mal, considerado menor, creía hacer un  bien mayor, al distribuir la riqueza a los pobres. Raskolnikov, el protagonista de Crimen y Castigo, dio muerte a la vieja usurera para robarle sus riquezas para una noble causa según su raciocinio. En lo más profundo de su conciencia, creyó hacer justicia tomando una acumulación inoficiosa de la vieja miserable para ponerla en provecho de su pobreza. Éstos personajes ponen de relieve el tema de concentración de riqueza, que a decir de Karlos Marx, lo propio del capitalismo es que viene chorreando sangre por todos sus poros por su concentración y no  distribución.


Allí se encuentra, a grandes rasgos, el gran problema de la No Distribución de la Riqueza, tan necesaria para el tan anhelado Bienestar General del Estado Nación. Si la riqueza no circula, al margen se crean grandes masas de pobreza. Acá en Medellín, en Antioquia, Colombia, estamos rodeados de ladrones, no dos como cristo en la cruz, sino de muchos más, pero son pocos en comparación con la gran masa poblacional de sus casi tres millones de habitantes, de paso, vale recordar, en Colombia se aproximan a los cincuenta millones, y los ricos oscilan en tan sólo quinientos mil. 


Decíamos Medellín, Antioquia. El paisa no se vara ni se mea en una estaca, se quiere resaltar allí el empuje, el vigor, la fuerza necesaria para coger machete y tumbar monte, esto en los tiempos de la Colonia y en los inicios republicanos, se forjó el mito de la raza antioqueña como operador del regionalismo y de grandeza, todos se creyeron ricos así nadaran en la pobreza, pero esto bien funcionó para contener los llamados odios de clase, o mucho mejor, garantizar obediencia ciega e incuestionada al destino de miseria y pobreza en el que vivían y viven la mayoría de sus gentes. Hoy algo de ello perdura en el tiempo de larga duración. El mito del paisa verraco con arma en mano para tumbar lo que se le oponga a su empresa de ir hacia adelante.


Se recordará por la década de 1980 la izquierda beligerante decidió conformar la guerrilla urbana, en las comunas pobres se les ofreció dinero a los jóvenes para empuñar las armas en comandos urbanos. En resumidas cuentas, ésta lucha fue frenada por el bando de ultraderecha bajo la insignia de Muerte a Secuestradores (MAS). Allí la cara visible eran los narcotraficantes con el legendario Pablo Escobar Gaviria, detrás de él estaba el empresariado paisa, la aprestigiada clase dirigente, que con señalamiento disimulado de un dedo de la mano o un simple gesto, ordenaban a los pistoleros disparar al enemigo. El médico salubrista Héctor Abad así fue asesinado, una vieja camandulera se encargó de avisar sus  movimientos de rutina. Fue una época cruda donde las muertes se contaban por masacres. Así lograron contener a la insurgencia urbana y a la vez acallar líderes sociales.


Es de recordar que las milicias populares fueron un invento de la Farc, motivado por los éxitos militares en el sur apalancados en la economía cocalera, quebrando el principio leninista de la lucha armada en el campo y la política o democrática en las urbes.


Para evitar el reclutamiento por parte de la guerrilla de la abrumadora masa de jóvenes sin empleo, estos fueron organizados en los “combos” bajo un fuerte zócalo empresarial diseñado y gestionado por el narcotráfico bajo la denominación de “oficinas”, configurando una eficiente economía criminal con beneplácito de los organismos de seguridad que tuvieron la tarea ya no de combatir el crimen sino de regularlo con un doble objetivo: la contención de la resistencia social en beneficio del gran capital financiero.


Este proyecto de sociedad democrática ha sido denominado mafioso porque supo combinar a su favor la legalidad, ilegalidad e informalidad. Por la gran banca pasan los dineros de estos tres poderes sin que se sepa de quién es éste o aquel montón de billetes, ésta o aquella transacción, bien sabido es que el dinero no huele y para la Banca, ésto le tiene sin cuidado.


Las estadísticas suman trescientas bandas o combos criminales que se tienen repartida la ciudad cuadra por cuadra, barrio por barrio. Allí todo será gravado, allí se alista la prostitución y la distribución de drogas para propios y turistas venidos del interior del país y del extranjero. Un dato que no deja de ser curioso, los criminales en los barrios populares, de clase trabajadora y clase media, gravan, vacunan o cobran el cuarenta por ciento de transacciones por venta de casas o apartamentos, y una cantidad menor si se quiere hacer reformas al inmueble. Esto pasa a la vista de todos. Y no es para asombrarse, toda vez, como se ha dicho líneas arriba, la ciudad fue repartida en sus renglones económicos en la formalidad, informalidad e ilegalidad. También esto puede ayudar a entender porqué se dice que Antioquia es un laboratorio para el control social, de cómo se puede regular o prevenir un estallido Social. Desde luego que la muerte, el asesinato está en primera línea, el paramilitarismo y sus combos de ciudad están a la orden del día.


El Robín Hood hoy es a la inversa, está invertido, es el rico que le roba a los pobres para hacerse más rico él y los de su clase. Hoy la batalla es muy visible en el asalto al Presupuesto Público, a los dineros de los contribuyentes, con el recurso de las gentes quieren engordar sus empresas privadas, se enriquecen en desmedro del Bienestar General. Hoy la diligencia empresarial juega a la sombra de algún títere puesto como candidato a las alcaldías, gobernaciones y la presidencia de una Nación. Medellín tuvo el monopolio o hegemonía de gobierno empresarial, luego otro grupo económico de otra región, gobernaron en cuerpo ajeno. Se avecina una nueva contienda que se batallará al mejor estilo gánster, sin duda es un estilo mafioso. A nombre de la gran mayoría, vale decir que con el que se gane se pierde


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El Ajedrez y sus Batallas

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica



Es cierto que es un juego, pero un juego de batalla iniciado siglos atrás en el Oriente y que aún hoy persiste sobre el diminuto tablero de las acostumbradas casillas negras y blancas. Es un juego de Estado, es un juego muy reglado, cada pieza tiene un valor que es relativo, según la posición de las fichas en la que se encuentren cada uno de los dos ejércitos enfrentados. El propósito final es el mate o el declive antes de la humillante muerte del rey.


Es una dinámica de guerra librada por los dos ejércitos conformados por peones, caballos, alfiles, torres, dama y rey. Toda la lucha consiste en quién se queda con todo el territorio. Es curioso que sea la delicada Dama quien tenga más movimiento, más  poder, sólo le está vedado saltar sobre las demás figuras del ejército, cosa que sí puede hacer el caballo saltarín. El rey es más bien un zángano, su movimiento es restringido, solo una casilla a la vez, y está mejor resguardado, bien custodiado en su guarida de enroque.


Pese a la simulación de una batalla, de una guerra entre dos ejércitos, el ajedrez sigue siendo un juego lúdico que según los estudiosos desarrolla capacidad de concentración de las personas, afinan la mejor decisión posible cuando se toma en la fría calma, exigen concebir un plan dinámico con ingeniosas estrategias y el mejor pragmatismo táctico. Desde luego que antes están unas reglas elementales sin las cuáles el jugador se verá en situaciones molestas, incómodas por no decir penosas: el centro, las cuatro casillas centrales del tablero es donde se desarrollan futuros ataques que según quién las domine y quién obtenga la mejor posición, la victoria será suya. 


Otras reglas son: desarrollar rápido las piezas y proteger al rey con su enroque, no apresurar o precipitar ataques sin las fichas necesarias y así evitar un seguro fracaso; dominar diagonales con alfiles; las filas y columnas son claves para las torres; inactivar fichas del rival… pero sobre todo tener espíritu guerrero, estar molestando todo el tiempo al contrincante, no dejarlo respirar, creándole problemas seguidos y constantes hasta que ya no tenga forma de controlarlos, de contrarrestarlos, de darles solución (consultar al buen pedagogo Luis Fernández Ciles). Sin lugar a dudas, el victorioso siente emoción de la batalla ganada sin derramar una gota de sangre, fue una mera simulación de guerra pero fue real su sevicia. 


Pero fue Jorge Luis Borges quien dio una variante de interpretación del ajedrez donde evoca sus movimientos infinitos (que los son) y una voluntad, la del jugador, que da vida y movimiento a los personajes de su ejército, una especie de semidiós que tiene en sus manos la decisión de guiarlos en la batalla, mantenerles activos, sacrificarlos o darles de baja. Pero para Borges más allá de estos jugadores, ellos están precedidos por otro Dios superior que mueve a su vez la mano de los jugadores, haciendo de ellos tan sólo meros instrumentos de su caprichoso designio. Ese Dios superior es quien da sentido al azar y al caos desarrollado sobre el tablero, es él, el Dios de los dioses quién finalmente está jugando con la voluntad de los hombres, y los bandos enfrentados son tan sólo piezas de sus caprichosos designios. 


Vayamos directo a Borges en su poema Ajedrez: No saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada. También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero de negras noches y de blancos días. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías?».


También es curioso que una evocación de guerra como lo es el ajedrez, haya ganado tanta simpatía y tantos adeptos en el mundo entero. Quienes lo juegan no sienten que hacen daño a otros, como tampoco existe el peligro de que los jugadores migren a ejércitos reales para traficar con la muerte de hombres. Por el contrario, se tiene por bondadoso esta simulación de guerra sobre el diminuto tablero. Los pacifistas recomiendan hacer el amor y no la guerra. El ajedrez va más allá, librar las mejores batallas en el juego para amar con más sinceridad, unas manos tendidas, antes y al final del juego como gesto de cordialidad y respeto, es muestra que no existen odios reales como en las guerras reales.


Es cierto que este rito de batallas, de guerras es un mero juego que puede aplacar los espíritus en donde puede emerger lo peor de la condición humana en donde se juega con la vida y la muerte. Quizá es una simulación del flujo de azares en el caos de la vida. Por supuesto que la vida también es una batalla constante.


Anexo

Origen de la palabra Ajedrez

Por Ricardo Soca


El nombre del antiquísimo juego del ajedrez es un buen ejemplo, entre tantos otros, de una palabra que ha evolucionado junto con la humanidad a lo largo de milenios, durante los cuales recorrió las más variadas tierras, eras y culturas, modificándose por influjo de incontables lenguas hasta llegar a los idiomas modernos.


La invención del juego-ciencia ha sido atribuida en diversas épocas a griegos, romanos, persas, escitas, egipcios y árabes, y es cierto que todos esos pueblos lo conocieron. Sin embargo, en la actualidad hay razonable consenso en afirmar que el ajedrez surgió en el Indostán, en época no determinada con certeza, pero muy remota. Inicialmente, se lo llamó chaturanga, en referencia a las cuatro alas (angas) del ejército indio: elefantes, carros, caballos e infantería.

Desde la India, el juego se difundió hacia China, Corea y Japón, y en el Occidente, hacia Rusia, de donde saltó a Escandinavia, Alemania y Escocia; pero esta vertiente del ajedrez se perdió en la bruma de los siglos, y la forma actual deriva de otro itinerario. Si aceptamos la versión del poeta y cronista persa Firdusi, el chaturanga penetró en Persia en el siglo VI de nuestra era, donde sufrió diversas modificaciones. En efecto, al llegar a este reino milenario, el chaturanga dejó de jugarse con dados, como en la India, y su nombre se convirtió en chatrang, que luego los árabes cambiaron a shatranj. Buena parte de la jerga ajedrecística que llegó hasta nosotros surgió en Persia, donde tuvo su gran apogeo. Así, 'jaque mate' proviene de sha mat, que significa "rey derrotado".


Llevado por los árabes a España, el nombre del juego evolucionó a axatraz y, más tarde, a axedrez, que fue como lo llamó el ajedrecista español Ruy López de Segura en su Libro de la invención liberal y arte del juego de axedrez, publicado en 1561 y considerado hasta hoy una referencia para los estudiosos.


El nombre antiguo de la torre, roque, registrado por el diccionario académico como voz antigua, deriva del persa rukh ‘roca’, ‘atolón’, que luego los árabes utilizaron en la Edad Media para designar a sus carros de guerra. De ahí proviene el nombre ‘enroque’, una jugada de rey y torre al mismo tiempo. En ciertos festivales tradicionales de Valencia, todavía circula una carroza que se denomina ‘roque’, como los carros de guerra de los persas.


El nombre alfil proviene del árabe fil ‘elefante’, pues esta pieza representaba el ala de los guerreros que combatían montados en paquidermos. Curiosamente, en inglés la pieza tiene el nombre de bishop ‘obispo’ en inglés y bispo en portugués, traducido, probablemente, por los monjes ajedrecistas del medioevo.


Tomado de:

ETIMOLOGÍA - ORIGEN DE LAS PALABRAS




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Introspección

 Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Es curiosa la vida, transcurre en un mar de sensaciones, todas las que se puedan ocurrir, poco importa si son unas u otras, todas son inéditas, nuestras vidas van y vienen por el río del tiempo, los momentos son siempre distintos, por más que se puedan parecer no son las mismos. Se recordará que la vida se repite en las especies pero en cuerpos diferentes, es la diferencia y repetición, es el eterno retorno en su devenir diverso, es la persitencia de la vida, es el designio biológico pero también nuestro entorno, nuestro medio favorable que nos determina y se afianza en la cultura que profesamos. Todos estamos abrigados con un ropaje cultural, que nos identifica, que nos restringe, porque toda cultura es dominación, selección de valores y como tal favorece unos y excluye otros, los que son considerados no convenientes. Así, toda decisión procede por exclusión.


Nada mejor para dar cuenta de lo diferente, de lo disruptivo, de lo que ha quedado y ronda en el afuera y que golpea con fuerza en el interior de nuestros cuerpos, nada mejor, decíamos, para dar cuenta que la vida de literatos y filósofos. Nietzsche es buen ejemplo para dar cuenta de esos mundos, de esas otras realidades que nos circundan, que nos golpean con la  fuerza del caos: «Ese giro de Nietzsche se debe en gran medida al descubrimiento de Dostoievski: porque si ambos se oponen en las consecuencias que extraen de una visión análoga del alma humana, Nietzsche experimentó una fascinación infinita, incesante, por los “demonios” y lo “subterráneo” como aparecen en Dostoievski, y así se reconoce en mucho de los propósitos que el novelista ruso confiere a sus personajes… Las investigaciones de orden fisiológico y biológico de Nietzsche responden a una doble preocupación: encontrar un comportamiento análogo al mundo orgánico e inorgánico, el sí mismo en el cuerpo no es sino una extremidad prolongada del Caos… Que un pensamiento no ascienda sino descendiendo, que no progrese sino retrocediendo… la vida es un concurso de azares».


La verdad es que todo habla en nosotros, incluso cuando callamos hablamos hasta con la punta de los dedos. A decir verdad, todo nuestro cuerpo habla, mucho más allá del imperialismo de la cultura y su lenguaje que nos quiere hacer creer en una última Palabra, en una única y absoluta Verdad, en un universal abstracto. Y nada mejor para ejemplificar que el personaje nietzscheano de Zaratustra, él adviene para crear situaciones difíciles, no para dilucidarlas, sino para vivirlas, la vida como experimentación, como transformación, como metamorfosis, como caos. 


Zaratustra nació, se levantó, aprendió a caminar para dejar hablar su cuerpo, sus órganos, su química y sus sensaciones. Allí emerge toda esa multiplicidad de yoes que conforman la unidad de una persona, todo eso diferente y contradictorio que somos pero que se van develando ante los ojos atentos, no es la duda la que nos vuelve locos, sino la certidumbre. Muchas de esas cosas de la vida suceden sin que ni siquiera lo notemos, todas ellas pueden resultar extrañas, como ese otro que sale en mí y que desconozco por completo, como cuando quiero morir matando, como cuando el amado mata y quiere comer del muerto porque entró ira de intensa pasión, su razón se nubló para dar paso a la bestia que estaba oculta. 


Decíamos que Nietzsche es un buen ejemplo para mostrar el caos del mundo interior que toda vida es. Él supo mostrar su Yo y sus fantasmas que salen en escena como un juego de sombras. Es un juego combinatorio e indistinto entre lo consciente e inconsistente, entre lo real y lo imaginario, todo esto ambiguo constituye la unidad del Yo. Estas experiencias alucinatorias nietzscheanas, ocurren por fuera de la cultura oficial y gracias a ello le permitió sus análisis no sin ironía y con fantasía consciente. 


Bien se ha dicho que la locura es exceso de imaginación, ayuda para evacuar realidades que atrapan, porque la cultura es selección, es imposición. Por eso el filósofo rebelde, despojado, renovado al precio de pagar con la enfermedad: «mi existencia es una carga espantosa», «Cualquier ser humano puede acostarse, pero cada uno se acuesta sólo porque tiene la certidumbre de que va a poder erguirse y cambiar de posición. Así sigue confiando en su propio cuerpo. Pero ese cuerpo propio no es más que un encuentro fortuito de impulsos contradictorios, reconciliados temporariamente», pero Nietzsche es una fuente inagotable que se permite gastos sin empobrecerse: «Es lo suficientemente rico: puede derrochar sin empobrecerse». En él abunda la emoción y no lo conceptual.» Nietzsche citado por Klossokwi en el Círculo vicioso, todas las citas provienen de allí.


Gracias a la introspección, a la soledad, a la sustracción de lo dominante en la cultura que nos aplasta y nos agobia, puede encontrarse vías diversas y más ágiles para una vida floreciente. Y ahora más que nunca con las denominadas redes sociales o similares, la exposición a ellas llega al término de la exageración, por allí sólo se consume, poco se producen contenidos. Hay que tener cuidado con no resbalar en la idiotez.


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Nietzsche Disruptivo

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica
 


Disrupción viene a bien cuando se piensa en Nietzsche. También es coherente el filosofar a martillazos, pensar a partir del mundo concreto, sin dejar que la mera abstracción nos embriague hasta perdernos por pantanos no propios, nos aleje del mundo real para caer en puras tinieblas fantasmagóricas. Uno también puede preguntarse porqué fue posible la emergencia del filósofo que sacudió los cimientos del pensamiento oficial, de la cultura y el arte, yo no soy un hombre, soy Dinamita y de seguro lo fue en todo su mundo interior revolcado, su cuerpo y sus órganos fueron su lenguaje prioritario a escuchar antes que el lenguaje convencional. Es cierto que la locura fue la isla de su intimidad para escucharse así mismo, a otros mundos posibles, a otras razones existentes.

Veo un astro reluciente que brilla con luz propia, ese astro se llama Friedrich Nietzsche. Leo su libro Mi hermana y yo en la edición de ePubLibre y aparece de forma clara el nombre que hace filosofía a martillazos, que tiene el mundo en sus manos y lo aprehende con sus sentidos, con un nuevo empirismo transcendental, el mismo que tiene el mundo en sus manos y lo amasa con todos sus sentidos hasta su misma inconsciencia, las pesadillas son materia de trabajo para la propia consciencia. 


Su vida misma es toda una experiencia filosófica lejos de los moldes repetitivos o de los acantonamientos. El pensamiento de Nietzsche es la tonalidad del alma. «El hecho de que ese mismo pensamiento gira sobre el delirio como si fuese su propio eje. Ahora bien, desde sus comienzos, Nietzsche aprende de esa propensión, pone todo su empeño en combatir la atracción irresistible que ejerce el caos sobre él, más precisamente, el abismo: hiato que desde la infancia busca… En Nietzsche, el pensamiento lúcido, el delirio y el complot forman un todo indisoluble: indisolubilidad, en lo sucesivo, criterio para todo aquello de lo que se van a sacar o no consecuencias. El hecho de que ese pensamiento implique el delirio no lo hace “patológico”, sino que, de tan lúcido, llega a la altura de la interpretación delirante, como lo exige la iniciativa experimental en el mundo moderno.» Klossowski en su libro biografico Nietzshe y el circulo vicioso. Otro libro infaltable el de Gilles Deleuze Nietzsche y la filosofía.


Nietzsche revuelca los cimientos del estrato cultural imperante que todos toman a pie juntillas y convertida en la voz cantante del pensamiento oficial. Su primer labor fue liberarse de ese pecado originario de la doma de la cultura, de la civilización occidental. Toda decisión procede por exclusión y la cultura viva no es la excepción al pensamiento dominante. Toda moneda de cambio debe acuñarse de nuevo, y lo mismo vale para los valores sociales, morales o religiosos. Toda vida es en primer término experimentación y por tanto decisión de unos valores de verdad. Es el combate contra la cultura. Nietzsche le da curso libre a sus emociones de su organismo toda vez que sale de sus crisis y se equipa con su vocabulario y conceptos para definir sus percepciones, sus afectos y sus funtores o funciones como lo definió Deleuze.


El sólo título es ya toda una revelación de una vida sin máscaras o al menos una develación de todo lo que afecta, lo que configura una existencia: la familia, el trabajo, los pocos amigos pero sobre todo el refugio de la soledad y hasta el mismo manicomio para habitar lo diferente y excluido del pensamiento.  Está claro que interviene la realidad sin abstraerse de ella, ve rostros, dobles caras, cristo y el anticristo a la vez, uno es el revés del otro. 


El mundo, al igual que la humanidad giran. Disrupción, soledad, ritmo, musicalidad es el espíritu Nietzscheano. Disruptivo para su época tan acostumbrada a una narrativa oficial y nada inventiva: «en mi filosofía, me he atrevido a rasgar todas las máscaras»… recuerda en Macbeth que «la vida es un cuento narrado por un idiota.»


 El mostrará el camino del espíritu rebelde que se eleva sin perder nunca el polo a tierra, como los árboles que se elevan por los aires pero con raíces bastante profundas. Disruptivo en el conocer, no era el profesor de Estado sino él mismo con su voluntad de poder, con su ser intempestivo, todo aquello que se la juega en el presente con la cópula del pasado y futuro. Disruptivo también con la rigidez de la época y de su entorno familiar. Una disrupción desde una prosa musical, llena de ritmo y encarnada en sus personajes filosóficos, todos ellos llenos de vida como Zaratustra.


Nietzsche es amigo del movimiento, sube riscos y montañas, lo importante no es la altura sino la pendiente. La vida es metamorfosis y los cementerios son grandiosos monumentos sin techo donde todos reposaremos y sólo una cosa nos llevaremos: Una tenue mortaja es, finalmente, todo lo que nos llevamos a la tumba. Todo es caos, todo tiene que ser nada. «Pero el peso de la conciencia, unido al peso muerto de la edad y a mis crujientes huesos, me aplastaron finalmente y paralizaron el «valor» que ya no me asalta más. Soy un miserable gusano. Ningún acontecimiento me interesa, excepto el de mi muerte próxima.» (p.17)


Nietzsche es ejemplo de lo que puede un cuerpo, mientras más lo escucha, más desconfía de su pensamiento que lo traiciona por su inmersión cultural de la época que le ha tocado Vivir, el cuerpo es la materia prima, es el barro o el lienzo sobre el cual se imprime el espíritu del tiempo, «el sí mismo en el cuerpo no es sino una extremidad prolongada del Caos», El cuerpo y el espacio es la configuración material y espiritual, es el registro híbrido del tiempo que nos vive: «más inmediatas como a las más remotas por su origen, todo lo que el cuerpo dice —su bienestar y sus indisposiciones— es lo que mejor nos informa sobre nuestro destino. Así es como Nietzsche quiere remontarse hacia lo más lejano de sí mismo para comprender lo inmediato. Antes de describir “cómo se llega a ser lo que uno es” vuelve a poner en tela de juicio la cuestión de quién es él mismo. Nunca deja de señalar que tal o cual de sus obras fue escrita en tal o cual momento de salud, por ejemplo, en el momento que experimenta como el más bajo….

La migraña torturante que sufre periódicamente, como una agresión que suspende su pensamiento , no es una agresión exterior; la raíz del mal está en él, en su organismo: es su propio yo físico que ataca para defenderse de una disolución: ¿pero quién busca disolver? El propio cerebro de Nietzsche» Klossowski.


Nietzsche es intempestivo, refrescante en estos tiempos de proclamas de verdades y razones absolutas, nos enseña a escuchar el propio cuerpo, a sus órganos, a encontrar oposición hacia una servidumbre voluntaria llamada cultura oficial.


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Bienes Comunes

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Los quirinus, dioses amantes de la riqueza, prometieron el oro y el moro, prometieron esta vida y la otra. Estos hombres se autodenominaron con un neologismo compuestos de dos palabrejas del Neo y del liberalismo, los neoliberales. El neoliberalismo era, y lo sigue siendo, el nuevo evangelio de los ricos embelesados por hacer más y copiosa fortuna en poco tiempo, sin importar los medios, sólo el fin. 


Allí estaban los hombres ricos en el podium del Jet Set, vueltos todas unas vedettes a mostrar. No el otrora empresario tal de tal empresa. No, hoy es el más rico entre los ricos que tiemblan en Davos por miedo a no ser destronados. Ese es el nuevo valor proclamado para la humanidad, la salvación está en generar riqueza en pocas manos de inescrupulosos hombres con el único propósito de  hacerse multimillonarios. Ese era y sigue siendo el norte de todos sus mundos posibles. Pavonearse entre los más ricos del planeta es el valor supremo, quién pueda lucir la chequera más regordeta.


Estos quirinus pregonaron en terceras voces, en gobernantes, en los presidentes de países la nueva nueva, el nuevo paraíso prometido, el mercado hasta donde sea posible, El Estado hasta donde sea necesario, más mercado y menos Estado, era la bienvenida al futuro cacareada del entonces presidente César Gaviria que abrió de par en par las puertas del país Colombia a los Tratados de Libre Comercio. Esto no era más, para resumir, llenar el país de chucherías y desestimar la economía propia. Un millón setecientos desempleados, empresas quebradas, más miseria y concentración de la riqueza nacional, es el pobre balance hoy.


Menos Estado y Más Mercado, es la consigna del neoliberalismo. La fórmula es sencilla: El Estado es una extensión del mercado controlado por los grandes mercaderes. Recordar que antes se tenía la premisa del Estado Social de Derecho, esto es, los bienes públicos para beneficio de la población, velar por el bienestar general. Pero aquel juego de palabras del neoliberalismo suavizaba o escondía el zarpazo de los más ricos, de los grandes empresarios para apropiarse de los recursos del Estado. Perdón por la reiteración, esto no es más que la privatización o apropiación de lo público. Y fue así como en Colombia sectores como la salud fue privatizado con la ley 100 y las pensiones terminaron siendo negocios en manos de unas cuantas familias ricas, desvirtuando así la función social del Estado.


Fatiga la vida convertida en gran mercado, en menjurjes bursátiles. Y decimos fatiga por lo que se ha dicho una y mil veces, lo conocido a voces, los grandes medios de comunicación son conglomerados de las grandes familias ricas del país, son las voces de los patrones que alaban o injurian. Bien se ha dicho también que los medios de comunicación son armas corporativas para defender sus intereses.


Recordar la reinvención que hizo el neoliberalismo cuando sus demagogos sufrieron desgaste tildados de vieja clase política. Entonces fueron reemplazados por mozos de cara juvenil, vestidos de jeans para anunciar la renovación de la política con simple maquillaje del mismo cuerpo. Esto sirvió, reiteramos, para subsanar el agotamiento, el cansancio de los electores hacia la clase dirigente que no se veía resolver los problemas básicos de la sociedad y de sus ciudadanos.


Entonces vino el diseñó del marketing político con valores que vendían estos rostros jóvenes con trajes jueveniles usando jeans, pelo largo o ensortijado, y se iban lance en ristre contra lo que califican de politiquería y viejos corruptos. Y para mayor adorno se echaron el bálsamo del viejo sueño platónico de sabios gobernantes, allí se pusieron de moda los profesores matemáticos u hombres de ciencia.


Lo curioso de todo es que todo empeoró, todo lo que prometieron cambiar no sucedió, por el contrario, hoy el país es más inequitativo, la pobreza aumentó, tan sólo caminar las calles para ver cada vez más gente en el rebusque, en la economía informal, ilegal y criminal, y mayor aún, el crecimiento de la población indigente, los habitantes de calle que se las tienen que arreglar para dormir bajo los puentes y vivir de las sobras tiradas en las basuras.


Éste embeleco es el que quiere corregir el actual gobierno demócrata. Esta recuperación de lo público en su función social, esta recuperación de los recaudos que hace el Estado de los ciudadanos es la prioridad de éste gobierno, qué esos recursos se les devuelva en bienes y servicios para sus contribuyentes, para la ciudadanía. También es tarea del gobierno nacional recuperar los organismos de control, hoy en manos de los grandes intereses privados, algo así como los ratones cuidando el queso. Todo esto es, en suma, El Estado y su tecnocracia al servicio de lo público y no de lo privado. Esperemos que los bienes Comunes regresen a los ciudadanos del Estado. Amanecerá y veremos.


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Intempestivo

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Todos los días nos levantamos para entrar en acción. Y así todos los días con sus noches. Cada día trae su afán, nos impone su azar, su caos. Todos los días nos parece que nos repetimos porque la identidad de un nombre y un cuerpo, así parece sugerirlo.  Pero ¿somos los mismos en el transcurrir del tiempo? Con sólo mirar los grandes segmentos de nuestra vida de niños, jóvenes y adultos percibimos cambios a los que el tiempo nos ha sometido,
el tiempo que nos vive a decir de Borges. Pero ésto también ocurre en las sociedades, todas ellas son cambiantes y por más que los gobiernos quieran direccionarlas, por más y mejores Planes de Desarrollo existan, siempre saltarán las variables nómadas, los imprevistos que están fuera de su gobernalidad (Los gobiernos locales, de barrio, de cuadra, descentrados, múltiples centros, reflejan mejor la vida).

Si quisiéramos dar una frase para denotar el ser y su experiencia, se nos ocurre que son nuestros sentidos del olfato, oído, gusto, tacto, visión los que captan el mundo exterior y nos entregan de manera filtrada para así hacernos a una imagen de esa experiencia, nos hacemos a una simulación o simulacro de ese mundo, empirismo trascendente le llama Deleuze. «Se llama representación a la relación del concepto con su objeto.» (p.36). Todo esto del tiempo que pasa en nosotros me hace rememorar el libro de Gilles Deleuze Diferencia y Repetición en la edición española hecha en Buenos Aires Argentina. 


El título en sus dos palabras nos trae una de las grandes paradojas de todos los tiempos como son la Diferencia y la Repetición. En nuestras primeras líneas sugerimos que el vivir y nuestras consciencia de la existencia, nos da la percepción de que el tiempo nos pasa, nos repite pero a la vez somos un mar de diferencias (en nuestro cuerpo habitan millones de células diferentes), no somos los mismos de hace tiempos, hemos cambiado, muy notado en las amistades reencontradas después de largo tiempo, años, quizá décadas.


Éste reconocer que somos diferentes en el diario vivir y muy notado en grandes segmentos de tiempo, pone en cuestión o al menos en aprietos un pensamiento binario. A este libro de Deleuze le viene a bien el calificativo de intempestivo porque enfatiza en el tiempo por venir, en el porvenir, en el tiempo que nos está viviendo, que está pasando en nosotros así como en la oruga que es crisálida y ahora es mariposa. El tiempo que se vive en los seres y en nuestros hábitos, es ya toda una metamorfosis, es el tiempo de la transformación. 


Atrás queda entonces toda idea de inmovilidad o mucho mejor de absolutismos o de universales abstractos o de verdades de y para siempre: «Por este camino la repetición es el pensamiento del porvenir: se opone a la categoría antigua de la reminiscencia y a la categoría moderna de habitual. Es en la repetición, es por la repetición que el olvido se convierte en una potencia positiva…” (p.30) «El hábito es la fundación del tiempo, el suelo móvil ocupado por el presente que pasa. Pasar es, precisamente, la pretensión del presente.» (133). Pasado y presente coexisten, los presentes se suceden, ganando terreno los unos sobre los otros. Tiempo vacío, invisible, fuera de sus goznes. (175). Por lo demás, las contradicciones no se resuelven, se disipan.


Contrario a la popular creencia, el hábito no es inmovilidad, por ninguna razón sugiere un tiempo paralizado, sin vida. Nada más vivo que una comunidad que se vivifica en sus pequeñas cosas de diario vivir, sucede con las comunidades indígenas, con sus saberes ancestrales y locales enriquecen lo global universal. El hábito, habitus es contracción, sonsaca a la repetición algo nuevo. (124) Algo nuevo se saca de la experiencias se lo dice con frecuencia. Gabriel Tarde asignaba así el desarrollo dialéctico: la repetición como paso de un estado de las diferencias generales a la diferencia singular, de las diferencias exteriores a la diferencia interna. (128)


El tiempo que me vive, el tiempo que se despliega en el tiempo presente, contrae instantes sucesivos independientes los unos de los otros.  (120) «Somos agua, tierra, luz y aire contraídos, no sólo antes de reconocerlos o de representarlos, sino antes de sentirlos. Todo organismo es, en sus elementos receptivos y perceptivos, pero también en sus vísceras, una suma de contracciones, de retenciones y de esperas. En el nivel de esta sensibilidad vital primaria, el presente vivido construye ya en el tiempo un pasado y un futuro.» (121). Esto no es más que el empirismo trascendente, el mismo que se capta, se reporta pero no se reduce ni se vuelve mero lenguaje.


La vida es múltiple y caótica, difícil de atrapar por sistemas de pensamiento cerrados o inmóviles. Todo lo contrario, esto del devenir, del azar y del caos, nos lleva a todo lo variable de la vida, todo lo diferente que se repite de manera especial siempre diferente. No somos los mismos en cada momento y en cada día que nos levantamos, el tiempo nos vive, nosotros, yo, tú, él, todas y cada cosa que nos rodea. Somos partes del vasto universo del caos y el azar que todo el tiempo está tirando los dados. «La vida moderna es el de los simulacros".


El eterno retorno no hace volver lo mismo, Retornar es el devenir idéntico del devenir mismo… lo idéntico que se dice de lo diferente, que gira en torno a lo diferente. Lo idéntico producido por lo diferente… «El genio del eterno retorno no está en la memoria, sino en el derroche, en el olvido que se vuelve activo.» (p. 99) «Si el eterno retorno es un círculo, lo que está en el centro es la Diferencia, y lo Mismo sólo en el contorno o en el círculo constantemente descentrado, constantemente tortuoso, que gira sólo en torno de lo desigual.» (p. 100).


Por lo demás el movimiento es una pluralidad de centros. Todo es diferencia, soy el mismo que vive en el mismo lugar, que se levanta todos los días a la misma hora y Comienza la rutina pero soy tan diferente todos los días, haz cambiado tanto, dicen los que hace tiempo no nos veían… soy un círculo tortuoso.


Es atractivo la conjugación SE para designar todo ese mar de azares, caos, multiplicidades que suceden en un cuerpo. El tiempo se vive en mí así como el azar. Todo es porvenir, es decir, intempestivo.


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