Fraternidad Fallida

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Somos dos mundos tan solos, tan aparte uno del otro. Puedo entender que en la reafirmación del individuo, del yo, cada quien se construye en lo torrencial, en esa contra corriente del otro que tenemos al lado pero que amenaza con absorberemos hasta robarnos de pies a cabeza, hasta dejarnos con el yo diluído. Es cierto que para reafirmarnos libramos una lucha con el más próximo que nos rodea. Se  comprende la necesaria búsqueda en la que cada quien se embarca para saber encontrar los caminos por dónde caminar, como las mariposas que al salir de su metamorfosis, requieren de la libertad para volar por esas cuatro puntas del pañuelo que es este mundo.


Pero esta búsqueda en la reafirmación individual, no puede confundirse con una guerra de todos contra todos según la consideración de que el hombre es un lobo para el hombre. El problema es más bien un proyecto fallido de sociedad empezando por la Escuela, siguiendo por lo Jurídico y terminando por lo Religioso. La escuela en compañía de la familia prepara al ser para entrar en sociedad, entregan competencias de valores sociales y laborales. Y como sociedad en general, la Ley procura la justa balanza, dirimi los conflictos permanentes que surgen en el relacionamiento entre los seres. Y la religión establece una brújula moral del buen obrar, una hermandad universal.


En otras palabras, esta tríada equivale a un ideal de sociedad fraternal. Pero sucede todo lo contrario, la escuela no es emancipadora, no prepara para la vida, no modela y no influye en la sociedad, más bien en ella entra lo peor de la calle, de la sociedad. Luego está la Nación que no unifica en un sentimiento patrio, y lo religioso está lejos de convocar a un sentimiento piadoso en la humanidad, ella está perdida en lo abstracto y al servicio de los poderosos.  Lo real en esta sociedad es lo inequitativo y envenenamiento por los conflictivos interindividuales, el hombre es un lobo para el hombre pero por obra y gracia de sí mismo.


Reiteramos, estos pilares esenciales sobre los cuales se sostiene la sociedad son frágiles: la Escuela no da verdaderos cimientos de formación, ella más bien está subordinada a la calle, a la sociedad y a lo peor del afuera. Y la Justicia sólo apacigua el conflicto, no apaga el incendio. La religión tampoco es fuente de inspirar una sociedad edificante. Ni educación, ni la Justicia ni la Religión son pilares para sostener el edificio social de proyecto de Estado que nos rodea.


El sufrimiento es lo común para la mayoría de los hombres privados de lo más necesario para su existencia, el frágil cede ante el más fuerte. El culto al individualismo ha triunfado, individualismo mortífero. En el mundo presente ha triunfado el proyecto del sálvese quien pueda, el más próximo me genera toda la desconfianza posible, el prójimo no es el más próximo de mis semejantes, sino mi enemigo a vigilar, la fraternidad es tan rara como escasa.


Read more...

El Yo y El Nosotros

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


No existen islas de individuos solos, el yo, el individuo necesita de un nosotros, de una sociedad para constituirse, para vivificarse, el ser social nos define. Pero no todo se hace de golpe y porrazo, todo es gradual, no sin dificultades. Este proceso en el que se consolida el individuo se va dando en la afirmación y negación, mis deseos cada vez más se apartan de los que no lo son, por ejemplo, bien sabido es que en ésta búsqueda, en esta construcción del yo, en esta reafirmación del individuo, en este salir del cascarón, se niegan las posesiones invasivas de quienes nos quieren hacer a imagen y semejanza: los hijos y el rechazo hacia sus padres en esa búsqueda de querer caminar solitos, ganar independencia y no ser una simple copia parental. He allí, por ejemplo, el surgimiento del conflicto en pro de conquistar la anhelada individualidad, el yo que quiere desmarcarse de quiénes están muy próximos y amenazan con asfixiar.


El individuo se reafirma, se autoafirma en el rechazo de los otros que lo absorben tanto que ponen a peligrar su propia independencia, la dilución del yo, la madre si abraza mucho ahoga a su hijo, tanta proximidad sofoca, todos necesitamos una zona despejada para combatir a nuestros propios demonios, todos necesitamos de nuestra isla de intimidad. Guardamos la mayor distancia para nuestro desarrollo personal, incluso nos fastidia el benefactor que nos quiere aplastar con su generosidad. Nuestra distancia se marca con el odio sentido hacia este ser que nos quiere poseer con su abundancia. O el hijo que quiere desprenderse de sus padres más temprano que tarde, ser él mismo y no simple copia progenitora. 


En este proceso se despiertan las peores pulsiones de violencia que envenenan la vida interindividual hasta incluso desestabilizar la sociedad. Luchamos con uñas y dientes por defender nuestra individualidad con sus deseos, no importa si el mal orienta con tal de no sufrir el desarraigo del propio Ser anhelado. La energía pulsional y sus agresiones humanas concurren en ese propósito. Pero más que preservar el ser, es aumentarlo, es la tendencia profunda del hombre, el deseo desenfrenado es lo más común.


Pulsión Agresiva


A diferencia de los animales que se caracterizan por lo instintual, los hombres son más de energía pulsional y agresividad, y más aún cuando se sabe finito, es el único que tiene consciencia de la muerte, esto explica el querer tenerlo todo, acaparar riqueza, atesorar, la posesión es lo suyo. Es una carrera por aplazar su muerte, alcanzar la gloria, afán por dejar obra, por perpetuarse, es el motor de la vanidad de hacerse inmortal. Amamos a quiénes están con nosotros, a quienes nos acompañan en nuestros propósitos, y odiamos a quienes nos disminuyen, incluso a quienes nos aplastan con su generosidad. 


Nuestro ego comanda las pasiones. Todo lo queremos para nosotros, exigimos toda la exclusividad, quien nos dejó de amar, será nuestro enemigo, le declaramos la guerra, sabemos con quién nos casamos, pero desconocemos de quién nos divorciamos. La violencia estalla en sus disfraces, con sus máscaras que ocultan, disimulan la violencia desbordante. Se odia lo más querido, pero también lo más odiado y vuelto hacia nosotros se vuelve lo más querido, lo más amado. Lo ambivalente en contradicción será resuelto en esta voracidad pasional. El deseo no se somete a ningún orden, así la vida se desorganiza, se llena de tropiezos y querellas que el individuo enmascara para sacar ventaja, perdemos exponiéndonos, la interiorización de los problemas se intensifican, somatizar para luego evacuar con otras facetas, mientras más nos ocultamos, más nos mostramos.


Mito Fundacional


Esta lucha del individuo por reafirmarse en contra de un nosotros, de diferenciarse ante los próximos que lo rodean, es el llamado mito fundacional del Yo que luchará con todas sus fuerzas contra toda aquello que amenace con disminuirlo. Son los conflictos, las fricciones que van surgiendo en esta búsqueda de identidad. Este es un paneo si se quiere de alcoba, de lo que sucede en familia. Pero ésta lucha por la construcción del Yo, no para allí, está la otra esfera de la sociedad y en especial lo que deriva de la iniquidad social, de la escasez de recursos requeridos para materializar deseos, sueños, necesarios a la existencia.


La Inequidad aumenta los Conflictos


Las desigualdades sociales acentúan los conflictos en especial de los que poseen poco o nada, la escasez es fuente de inconformidad. Para mantenerse con vida se debe solventar lo esencial como lo es comida, techo y abrigo. En la escasez se entra en el desespero, en inestabilidad emocional. Lo material y lo humano son indisociables. Es un tema de recursos, de distribución necesaria, equitativa, de un mínimo vital. Nos referimos a las satisfacciones básicas de la existencia, no al imperialismo del deseo sin freno, los que todo lo tienen, y aún así son insaciables. Los objetos preciosos y únicos atizan la curiosidad, encienden la rabia posesiva y acumuladora. 


El mal de la inequidad no ha sido resuelto ni por la justicia, ni por la escuela, ni por las instituciones morales de las religiones, más bien lo acentúan. No sólo basta con apaciguar los conflictos, se apacigua el incendio pero no lo extingue, fracaso del Derecho. La escuela reproduce lo peor de la sociedad más que influir en modelos emancipadores, todos venimos equipados con las cualidades necesarias para aprender, es errado promover la educación elitista que atiza la exclusión entre los que todo lo tienen y los que viven con lo casi nada, pedagogía insuficiente. Y la religión es un comodín que se ajusta según sean las necesidades, en esencia vagas sin polo a tierra, desvinculada de las necesidades materiales y espirituales. No se está cayendo en el pesimismo, éste nada resuelve, más bien agrava, pues añade mal a un mal.


En conclusión, el conflicto es real y necesario para reafirmar al ser, al individuo. Pero mal tramitado es caos y amenaza la vida interindividual, en comunidad. La discordia es nociva, envenena las relaciones, ganamos con su renuncia, ganamos con la simpatía hacia nuestros semejantes. No existen islas de individuos, crecemos en comunidad, los vínculos afectivos y los medios en que se vehiculan, se propagan, crecen cada día, vías, carreteras, puentes, mass media, todo ello facilitan nuestra proximidad, nuestra vida comunitaria. El Derecho, la ley protege nuestra vida comunitaria, pone límites al testarudo egoísta que se quiere imponer con odio hacia el otro a quién le ha declarado la guerra. El derecho apacigua las tensiones, disputas y agresiones, es condición de posibilidad para una sociedad cohesionada, pues la agresividad no conoce tregua.


Nota. Estas líneas quieren ser una invitación a leer ¿Cómo salvarse de la Servidumbre? Francos Dagognet. En la web de la editorial Piedra Rossetta se puede conseguir mayor información.

Read more...

El Enterramiento y la Cremación

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


 El muerto no es el muerto, es la muerte. Y la muerte siempre ronda, nacer es empezar a morir, pero más allá, la cultura la incorpora en sus duelos. Y en verdad el muerto sigue vivo entre los vivos en sus recuerdos, duelos y respetos guardados. Según los flujos de creencias y deseos de cada cultura, se le brindan los debidos respetos al cuerpo ya yerto para garantizar cualquier venganza del ser ya ido según las creencias populares. Y son las flores las que mejor homenajean por su existir discreto y silencioso… pero se nos viene enfatizar sobre las costumbres fúnebres del enterramiento y del incinerar.


El enterramiento es más acostumbrado. El pudrimiento de la carne es lento, y muchas familias ven en ello un proceso de deterioro sereno en el transcurrir del tiempo. Luego, segunda muerte, quedan los huesos para disponer en el osamento. Es una segunda y final etapa para los deudos. Pero más allá de la memoria del muerto y del respeto de los deudos, al pasar el tiempo, ningún cementerio concederá concesiones, ningún cementerio garantiza a perpetuidad el cuidado individual, todos los restos óseos serán almacenados en una fosa común hasta que todo será polvo al que todos estamos destinados.


La cremación es un atajo a aquella pudrición lenta, en la urna se conserva lo que el fuego concentró: el polvo. Ésta reducción a polvo y en pequeña urna, tiene la facilidad del desplazamiento por su tamaño: llevarse a casa, esparcirse por el extenso mar como símbolo de una integración con el universo, incluso mezclarse con otros seres que corrieron igual suerte: familiares queridos, mascotas, todos en un sólo recipiente como señas de unión espiritual que vence las distancias acostumbradas en vida. Es posible que con el transcurrir de los años y las décadas, esta pequeña urna al cuidado en casa, pase a ser un estorbo lleno de polvo y un deseo enorme de deshacerse de él. De nuevo quedan dos caminos: o el cementerio que lo integrará con la misma tierra, esparcirse en el ancho mar o arrojarse al carro de la basura.


Cualquiera sea la opción decidida con el muerto o el enterramiento o la cremación acorde con la legislación de cada país, por ejemplo, una muerte violenta o asesinato, no se permite la cremación porque el cadáver mismo es una especie de caja de pandora que trae todas las sorpresas para el forense o los investigadores que quieren esclarecer el crimen.


En nuestros días existe una corriente fuerte que promueve la inhumación orientada a una transformación acelerada del cadáver en compost o en materia viva como los hongos y arboles, donde el cadáver es aproiado bajo el horizonte de la economía circular. Y como olvidar el "Entierro Celestial" de los tibetanos una manifestación antigua de dicha economía donde el cuerpo se devuelve a la tierra en el humus que no hemos dejado de ser.


Finalmente, descreemos que la preferencia por la incineración tenga un halo mítico con el Ave Fénix que con el fuego resurge de las cenizas, al menos no se tienen pruebas de tal hazaña. Pero si creemos que uno está más vivo después de muerto entre sus deudos, sus recuerdos, sus legados, y más aún en la mítica popular. En fin, con el tiempo todos seremos polvo anónimo.


Read more...

El Rostro

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Cada cuerpo se articula en un sistema so pena de quedar por fuera y ser tildado de inadaptado. Más que producir un rostro, nos introducimos en él, las máscara y los tatuajes nos desvelan más de lo que nos ocultan. Es la formación de una trama de subjetividades. Los rostros son los que eligen a los sujetos, no a la inversa. Y así se producen las formaciones sociales. 


La rostrocidad es multiplicidad. «Es una cuestión de velocidad, incluso in situ. ¿No es eso también deshacer el rostro? o como decía Miller, ya no mirar a los ojos ni mirarse en los ojos, sino atravesarlos a nado, cerrar los ojos y convertir el propio cuerpo en un rayo de luz que se mueve a una velocidad cada vez mayor... Ya no miro a los ojos de la mujer que tengo en mis brazos, los atravieso a nado». Acá de soslayo, insinuamos el deseo no como carencia sino como máquina de producir relaciones, movimientos de fuerza que nos ponen en marcha por los caminos que se van haciendo con el andar. 


No importa el sistema que nos abriga, no importa qué tanto se planeé, la vida se define más por el caos, los devenires, lo contingente, las hacceidades que se van dando en cada momento con sus líneas que se fugan. Bien se dice que lo propio del plan es el fracaso, es tan sólo un derrotero que emulan los órdenes divinos, todo lo que se hace de manera rígida, esquivando desvíos o equivocaciones, pero ello tan sólo es una ilusión porque a diario nos la tenemos que ver con el desorden, con lo inédito, cada día, cada atardecer se repite pero de manera diferente.


«Estar solo, sin espíritu, sin memoria, cerca del mar. (...) Tan solo y ausente y presente como un indígena, oscura sombra en la arena dorada. (...) Lejos, muy lejos, como si hubiese tocado tierra en otro planeta, como un hombre que pisa tierra firme después de la muerte. (...) ¿El paisaje? Se burlaba del paisaje. (...) ¿La humanidad? No existía. ¿El pensamiento? Hundido como piedra en el agua. ¿El inmenso, el brillante pasado? Empobrecido y deteriorado, endeble, endeble y translúcida concha arrojada a la playa» «Lawrence citado por Deleuze en Mil Mesetas.


La multiplicidad desborda cualquier plan y mucho más los sistemas binarios, nada de significante y significado, cada cuerpo es tomado por devenires intensos. Incluso los deseos son producción de devenires múltiples. 


Todo gesto, todo movimiento implica traducciones, no hay nada inocente en el lenguaje, todo habla, nadie está a título personal en su propio cuerpo. Ante tanta producción de flujos, de significados, existen capturas que unifican y producen sentidos de conveniencia, los mass media son ejemplos de manipulación de la opinión pública. Habitar el devenir, dejar fluir la multiplicidad para que advenga una identidad fugaz, la vida como obra de arte libre de lo homogéneo del Poder.


Read more...

Cuerpo Sin Órganos

 Hacceidad, Devenir, Relaciones
Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


Un cuerpo vale las relaciones que construye, así como se dice que más vale una cabeza bien puesta a otra bien llena, así mismo se dice de lo que puede un cuerpo, él es más que una bolsa llena de órganos. Uno se va haciendo según las relaciones que logre tejer, trenzar. El concepto
hacceidad define bien el devenir de un cuerpo que se hace a medida que transcurre el tiempo en el espacio. El tiempo y el territorio son condiciones para la emergencia de la vida. 


 En nuestro propio cuerpo el tiempo y la vida nos transcurren mediante flujos de sensaciones y de afectos que van más allá de las simples funciones orgánicas, superan el utilitarismo orgánico para devenires inesperados, inéditos. De allí que se hable de cuerpo sin órganos para expresar esos flujos de sensaciones, ese mar de relaciones más allá de las simples funciones de parentesco o filiales, esto es hacer rizoma, es agenciamiento a decir de Gilles de Deleuze: «Un agenciamiento es precisamente ese aumento de dimensiones en una multiplicidad que cambia necesariamente de naturaleza a medida que aumenta sus conexiones». Un ejemplo de rizoma es la mala hierba que crece por desbordamiento, crece por los bordes, crece en el vacío en donde se dejó de cultivar. En sí, son las relaciones hechas con el afuera más allá de las filiaciones hereditarias.


Un cuerpo sin órganos está vacío de éstos, corazón, hígado, riñones, pulmones, etcétera, y en su lugar se privilegian las relaciones, es algo así como el todo por la parte. Uno no es una bolsa de órganos sino el conjunto de relaciones devenidas. Son más bien las percepciones que devienen insospechadamente, son inéditas, sorpresivas, contingentes, son haccedidades para decirlo con una bella palabra, lo que se hace en el momento, cada día trae su propio afán acostumbramos decir. «Deshacer el organismo nunca ha sido matarse, sino abrir el cuerpo a conexiones que suponen todo un agenciamiento, circuitos, conjunciones, niveles y umbrales, pasos y distribuciones de intensidad, territorios y desterritorializaciones medidas a la manera de un agrimensor.» (Deleuze capítulo que inspira el presente escrito: Cuerpo sin órganos en Mil Mesetas)


Los afectos, las sensaciones, las micro percepciones son incorpóreos, son flujos que devienen en algo inédito, en lo contingente, en lo inesperado. Devenir se define por hacceidad y está lejos de las preformas, de las grandes clasificaciones que todo lo reducen a máquinas binarias, del significante y significado, de lo masculino o femenino, bueno o malo, alto o bajo, etcétera. 


Las relaciones y sus flujos definen la vida: «Geoffroy Saint-Hilaire. Geoffroy había sabido construir, en el siglo XIX, una concepción grandiosa de la estratificación. Geoffroy decía que la materia, en el sentido de su máxima divisibilidad, consistía en partículas decrecientes, en flujos o fluidos elásticos que se desplegaban de forma irradiante en el espacio. La combustión era el proceso de esa fuga o de esa división infinita en el plan de consistencia.» citado por Deleuze.


La vida son las relaciones tejidas mientras transcurre el tiempo en el espacio. La literatura como en Virginia Wolf, los ritmos y las velocidades de los aforismos en Nietzsche van más allá de sólo fragmentos al azar. El haiku, el poema también es la captura de las velocidades y los momentos que pasan, de esa multiplicidad de mircro percepciones.


Amar


Viene a bien el ejemplo de amar definido por Deleuze en esos flujos, en esas relaciones devenidas en el cuerpo: «¿Qué quiere decir amar a alguien? Captarlo siempre en una masa, extraerlo de un grupo, aunque sea restringido, del que forma parte, aunque sólo sea por su familia o por otra cosa; y después buscar sus propias manadas, las multiplicidades que encierra en sí mismo, y que quizá son de una naturaleza totalmente distinta. Juntarlas con las mías, hacer que penetren en las mías, y penetrar las suyas. Bodas celestes, multiplicidades de multiplicidades. Todo amor es un ejercicio de despersonalización en un cuerpo sin órganos a crear; y en el punto álgido de esa despersonalización es donde alguien puede ser nombrado, recibe su nombre o su apellido, adquiere la más intensa discernibilidad en la aprehensión instantánea de los múltiples que le pertenecen y a los que pertenece.»


La vida y sus relaciones que devienen todo el tiempo, los afectos y las micro percepciones, somos flujos de sensaciones. El cuerpo sin órganos es esa geografía de relaciones, de hacceidades que nos interceptan.


Read more...

El Transcurrir de la Vida

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


De la casa al trabajo, del trabajo a la casa, el morral, los sueños, los hijos, la familia, así se la pasan los empleados y trabajadores, días, años, décadas hasta su jubilación. Según sea el empleo y su estatus llevarán prendas aceptadas por las convenciones sociales, si es un alto o medio rango en la jerarquía de su empresa, su ropa será impecable y lo más probable será de marca aprestigiada y costosa, es una distinción de rango y de clase social a la que pertenece. 


Pero no son sólo estas divisiones, éstas segmentaciones sociales las que separan y circulan entre los individuos, también están las segmentaciones espaciales. Jerarquías sociales pero también espaciales, la oficina cómoda al final del pasillo, por ejemplo. Se vive en un barrio de clase alta o media según corresponda a la clase social, el apartamento o casa, el carro será de alta o gama media, y así con toda prenda lucida en el cuerpo develará el segmento de clase a la que pertenece.


Un trabajo, un salario, una pensión, un sueño de toda una vida de obrero o empleado, amar al dinero sobre todas las cosas enseña el credo mundial del capitalismo, el dios dinero, la bolsa o la vida, trabajar hasta el retiro forzoso porque no se sabe qué hacer con la vida, temor a quedarse en casa y que la mujer lo mande a comprar aguacates todos los días de la semana, a eso teme el miserable y parásito empleado, a eso se reduce su vida. Un segmento macro del trabajo y el otro micro de la doméstica familiar, del hogar. Macro y micro política en su coexistencia, capitalismo y su morada de alcoba familiar.


Prender el telediario para encender el facho que se lleva por dentro, el empleado que celebra las masacres paramilitares de campesinos, el despido de los huelguistas porque ven en ello su seguridad de empleado, de recibir su sueldo puntual, de ahorrar para comprar el carro último modelo que le permite mantener su estatus entre sus compañeros. Van al ritmo de los flujos de creencias y deseos imperantes, es toda una empresa de imitación, todo un flujo de propagación, deseos agenciados. 


Empleados del mínimo esfuerzo pero con pagas que superan los seis salarios mínimos, frecuente en los maestros colombianos de vieja data apoltronados en sus empleos, tan sólo un ejemplo. No importa que tantos controles imponga el patrón del nivel central o ministerial, las líneas de fuga se le escapan en su parasitismo. El centro de Poder se define más por lo que se le escapa, por su impotencia que por lo que retiene, que por lo que concentra. Son meras líneas fugaces de micro y macro política que acontecen mientras la vida nos vive, transcurre.


Read more...

Lo Íntimo y lo Común

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

En la perturbación un cuerpo invade a otro, se apodera de él y por tanto sufre desequilibrio, desplaza al yo, y quién lo padece sólo descansa con la liberación, cuando se libera de quién lo ha poseído. La conciencia surge en esas antinomias, tarde que temprano zanjará, expulsará lo insoportable que la mina, que la hace hilachas, pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. 


Son los problemas reales del diario vivir los que envenenan nuestra existencia, es una tensión permanente, la vida se nutre de conflictividades entre quién quiere conquistar su propia isla de intimidad y el nosotros, la comunidad que reparte obligaciones a sus miembros. Es una armonía que no puede constituirse, el yo requiere de organizar su propio mundo, su propio universo, el yo empírico acude al yo que representa, que simboliza. Y así construimos nuestro propio mundo en conciliación y a la medida de nuestra cultura, de nuestra sociedad, de nuestra comunidad, de nuestro propio entorno que nos ha tocado vivir. Se precisa de una balanza que dé la justa medida, ni narcisismo teórico ni realismo ciego, se requiere de esa balanza equilibradora para no perdernos en nuestro propio mundo, en un yo diluído, igual a como sucede con los autistas y con los esquizofrénicos.


Cada uno de nosotros anhela construirse un dominio lejos de la mirada escrutadora del otro, ante todo nos pertenecemos antes de fundirnos en una colectividad que exige corresponsabilidades, se pide cuentas al debernos los unos a los otros. Pero ¿por dónde pasa la frontera que distingue lo nuestro de lo que pertenece a los otros? Precisamos de un territorio en dónde asentarnos, la configuración de un territorio colectivo, comunitario, pero además de uno propio para desplegar nuestra existencia, construirnos la isla de intimidad lejos de la mirada escrutadora del otro que nos quita sosiego.


En esta relación antinómica del yo que busca su propia intimidad y la de los otros, donde ambos confluyen, necesariamente se cruzan en la comunidad que nos constituye, se da una lucha por la construcción de un espacio propio para lo individual y lo colectivo. El ser del lenguaje en el humano todo lo devela, incluso el silencio habla, mientras callo, hablo con la punta de los dedos que se mueven de esta o aquella manera, según sea mi reacción de aprobación o desaprobación ante mi interlocutor. Lo que se oculta no para de exhibirse. Todo lo de adentro sale, el secreto excreta, es secreción.


Es así como lo más oculto es lo más visible, despierta la curiosidad y pronto la intromisión, todo un repliegue individualista. «Pero además de qué llamamos a revisar los encierros y las grietas, nadie está mejor colocado para comprender la fragilidad de las rejillas que el que las ha colocado y valorizado ¿Por qué? Porque la consciencia de los límites acompaña como su sombra al verdadero conocimiento». (Dagognet, El Transtorno) Somos seres de la ambivalencia, queremos y no queremos al mismo tiempo, lo más rechazado termina en lo más amado. La indiferencia nos devela en lo más preferido (el gusano se aloja en el fruto), nos envuelve una nube de indeterminaciones que escapan a los encuadramientos.


El ocupante de un lugar debe defenderse contra la posesión neurótica, abusiva y extensiva de sus vecinos, es un sueño de agrandar e imponer su presencia a los que los limitan. Lo nocivo, las relaciones tóxicas siembran el trastorno, la voluntad de hacer daño está en todos los hombres. Una calumnia, un chisme que no se detiene, no para de circular socava la reputación, la palabra que engaña y rompe lo que existe de confianza y de armonía, no hay inocencia en lo que se dice, todas las palabras están cargadas de lo mejor y lo peor, incluso en la preterición, decir lo que no se quiso decir pero que finalmente se dijo. Por lo demás la in-juria quiere decir un ataque sin fundamento, así como la calumnia deja una estela de mancha y de sospecha.


El tiempo huye, el espacio permanece, en él nos configuramos, nos explayamos. La ciudad, el territorio es el museo de nuestros recuerdos balanceados por devenires transformadores. Nuestra vida entera se baña en el recuerdo, y sólo olvidamos lo insignificante.

Read more...

El Transtorno

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


 El trastorno dice bien del desajuste interior de una persona, en esencia es un cuerpo que invade al otro, algo así, como suele decirse, que uno nunca se suicida, sino que uno mata al otro que hay en mí, al otro intruso que se apoderó de mí, de mi yo. El otro invade al Yo, me disolvió, y por supuesto nos despojó de nuestra identidad, allí prevalece ese trastorno que lo niega a uno para finalizar con la muerte como remedio, como solución o disolución. 


Pero ese es un caso extremo, lo demás, lo que permanece en el intermedio, en la ambigüedad, no deja de dar sus rebotes, de ir de un lado para el otro sin saberse, sin tener un lugar propio dónde plantarse. Viene a bien el ejemplo de la piedra que cae sobre el agua cristalina y en su agitación de las partículas calmas o asentadas, la vuelve turbia, así mismo sucede con el Yo, en cualquier momento algo se agita, se detona y todo se vuelve confuso al punto de poner en peligro la propia identidad, amenaza con diluirla, es una perturbación desequilibradora. Todo se juega en la práctica, en lo efectivo, en la vida real.


«No es la certidumbre la que nos vuelve locos, es la duda. El trastorno vendría de que el enfermo como el propio mundo, no puede constituirse. Ni él, ni su universo, ni el uno ni el otro, ni lo uno por lo otro. Si el afuera vacila demasiado, el adentro no puede resistir y será arrastrado; inversamente: falto de una inteligencia sólida, anclada, que pueda construir su medio y organizarlo, éste cae en el caos, lo que afecta de rebote. ¡No separemos el yo de lo que lo rodea!» (Dagognet, El Trastorno, éstas líneas son una invitación a leerle). 


El yo empírico se hace a un mundo el cual representa, cada quien ve la realidad según sus lentes que lleva puestos. Son los mitos los que se piensan en los hombres y no a la inversa. La cotidianidad teje la vida personal y colectiva. El mundo real es sedimentación cubierto por nuestras percepciones, yo soy yo y mis circunstancias, quizás una especie de narcisismo que peligra alejarse de la realidad, de no tener polo a tierra. Nos movemos en una frontera resbaladiza del adentro y el afuera, del yo empírico y del yo que representa, lo privado y lo público. 


Por lo general, lo privado, nuestra isla de intimidad, sobrecarga lo público o el vecino que afecta apelando sus derechos sobre los demás, el fumador se defiende pero no sabe responder por el humo que no controla e invade a sus colindantes. O en los espacios comunes se hace una ocupación abusiva, obstruye los pasos comunes, las servidumbres, retiene el ascensor más de lo acostumbrado poniendo a la demasiada espera a los otros, es un repliegue individualista que compromete, intercepta la existencia de los otros. 


A falta de un territorio totalmente cerrado que nadie pueda interceptar o importunar, se requiere de una playa de intimidad para salvaguardarnos de la mirada extenuante de los otros, para salvarnos de perdernos a nosotros mismos, las distancias son necesarias para reafirmamos en lo que somos y en lo que hemos dejado de ser. El espacio configura la existencia, uno y otro son indisociables, inseparables. No existe humo sin fuego.


Lo que más se oculta no para de exhibirse, todo es captado por la vigilancia planetaria. La lengua sirve para lo mejor y para lo peor, intoxican a quienes padecen maldades e injurias, un juria, ataque sin fundamento. Turbulencias, caos, contingencias, formas de decir las conflictividades que definen la vida y los trastornos son superposiciones que esculpen el yo para tener tierra firme, poder anclarse en la solidez, lejos de la deslocalización que amenaza con hundirnos y perdernos, deshilacharnos hasta la alucinación. 


Read more...

La Muerte y El Duelo

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


 En la vida está inscrita la muerte, es ley biológica la finitud: nacer, crecer, envejecer y luego morir. Por lo demás, la finitud de la vida permite su renovación, dejar espacio a otras múltiples existencias. Y más allá de que todo tiene que ser nada, la vida y la muerte se anudan en la metamorfosis, la palabra misma nos sugiere un más allá de las formas, un cuerpo se descompone en otros devenires múltiples existenciales. También la palabra hombre viene de humus que quiere decir tierra, los cuerpos enterrados y en su descomposición se convertirán en humus, del polvo vienes y en polvo te convertirás, así reza la mística religiosa. 


Ley de vida, ley biológica pero también elaboraciones culturales, místicas, religiosas confeccionadas por el hombre al saberse finito, ante el horror y la angustia de saberse que algún día morirá. En las prácticas funerarias y en la memoria que se guarda del difunto, el muerto sigue «vivo» entre los vivos, en la memoria, uno muere cuando lo olvidan, en unas culturas más, en otras menos, por ejemplo, en occidente con la propagación del culto al individualismo, este vacío de la elaboración del duelo es cada vez más evidente. 


Este culto al individualismo lleva consigo una negación de la muerte, pero negarla no es más que afirmarla, se interioriza el terror y esto no es más que hacer la muerte inextirpable, dice Dagognet: «a menudo lo que expulsamos por la puerta se nos cuela furtivamente por la ventana. Una negación cuando cae en el exceso, se convierte en una afirmación obsesiva».


Si bien la muerte inscrita en la vida es una regulación natural de la población, sin ella se tendría el asesinato como solución. Pero en nuestra consciencia por la muerte, nos sentimos lanzados a la nada, cosa que produce horror y aflicción. Ante esto, la solución dada por los diferentes sistemas culturales, en su gran mayoría se tiene que toda muerte no es más que un asesinato porque el duelo es una deuda adquirida con el muerto, el que le sobrevive se preguntará constantemente si pudo evitar esa muerte o al menos pudo mitigar ese acontecimiento previo al deterioro, al dolor y la enfermedad que conlleva la humillación de envejecer. Así, la muerte, golpea a la familia y a la sociedad, es la muerte que condiciona a la vida.


Los recuerdos, los vínculos creados no dejan de ser la sombra, son el alma que persiste en los vivos cercanos al muerto. Temor por la muerte porque es vista como una calamidad, la vida como valle de lágrimas, no como un todo que involucra a la vida y a la muerte como lo sugiere la metamorfosis. Por lo demás, es en el afuera en donde nos reafirmamos edificando con lo que fabrican nuestras manos con las herramientas en mano.


El duelo puede alcanzar un sentimiento de culpabilidad paralizante, por ello el sustituto o los rituales que proporcionan paz al muerto en el más allá, son los que pueden retornar a sus deudos a una vida normal, funcional, de lo contrario viene, por ejemplo, el insomnio, la pérdida del apetito, la aflicción, quizás muchas de éstas conductas tomadas del muerto, el duelo asumido en la transferencia de comportamientos del muerto y asumidas por el deudo. En el duelo todo sustituto tiene su incompletitud, el otro nos recuerda la desorganización, el deterioro al que está destinado todo ser vivo. El muerto vive entre nosotros: nos hace perder el sueño, el apetito, remedamos o hacemos propias conductas de deterioro que afanaron, que precipitaron el final fatal temido e infundado por nuestra cultura thanatofóbica.


Los ritos mantienen vigentes los vínculos. Su Laicización, vía culto al individualismo en detrimento de lo comunitario, no es sino forrarlos por dentro del sujeto. La aflicción supera al objeto que opera como sustituto, sólo el grupo tiene la clave en la elaboración del duelo.


Lectura fuente (Francos Dagognet, la Muerte vista de otra manera, 1999)


Read more...

Enfermedades del Espíritu

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

No existe la enfermedad sino el enfermo, cada quién vive, siente los afectos, las afecciones de manera particular, los sentires son diferentes en cada persona. Cada experiencia es diferente en cada cuerpo, sentimos de acuerdo a qué tan fuertes o someros sean los vínculos creados con los demás seres, cosas y todo lo que nos rodea. Todos los afectos, todos los vínculos involucran a los otros y a un afuera que recae o se refracta sobre un cuerpo, sobre un ser. El vínculo afectuoso es incorpóreo, es el espíritu que se manifiesta en la carne, en el cuerpo.


El territorio mismo, el lugar refiere a la configuración que cada ser hace de él haciéndolo parte de su propia vida, una extensión del propio yo en el afuera, recordar que existencia quiere decir estar por fuera. La casa misma, nuestro hábitat es nuestra segunda piel, cada detalle en ella nos devela en lo más profundo, en nuestro espíritu, en nuestras percepciones y creencias. La vida misma es aprehensión pero también desarraigo, la flexibilidad le define bien con todo lo nuevo que impulsa cambios estrujando los hábitos y costumbres de una comunidad. Así el desarraigo, el desapego son próximos a aquella flexibilidad. La novedad, lo inventivo impulsa cambios dejando obsoleto a lo que se resiste, nuevas formas quiere decir formateo.



Vale como ejemplo eso tan común como es la pérdida de un ser querido, al que hemos llegado amar tanto, al punto tal que se confunden con nuestra propia vida, con nuestra propia existencia, «más que mi vida, siento tu propia muerte». Y su pérdida equivale a un desgarre de uno mismo, un dolor por dentro, del alma o de espíritu suele a bien decirse. Mientras pasa el tiempo uno se siente abatido, fuera de combate porque es una parte de uno mismo la que ha muerto. Y más allá, es el reflejo en el espejo de la propia muerte que uno se encuentra con ella cara a cara, es el horror de sabernos finitos. Toda partida es una recordación de que todo tiene que ser nada, que somos polvo estelar, devenimos metamorfosis en esa variedad de vida que genera la descomposición. Y los apegos a los seres, al territorio, a las cosas sólo son anclajes provisionales que serán sacudidos con la partida final en la que no nos llevamos nada a lo que tanto nos aferrábamos.


El Espíritu está asociado con el primer respiro al nacer y con el último suspiro al morir, con el último estertor. Cuándo alguien muere es un desgarre para los que quedan vivos, los vínculos bioafectivos creados entran en suspensión, una especie de vacío dejado por quien partió. No es tanto la muerte sino la ausencia que nos duele y amenaza con desmoronamiento. Consuela en algo repetirnos que somos polvo estelar, polvo cósmico, que somos energía que tomará otras formas de existencia. La vida son los vínculos bioafectivos y en la desafección la carne se resiente, son las enfermedades del espíritu que enseñan lo frágiles que somos pero también materia y energía en constante transformación.


Read more...

Instrucción versus Educación


 
La instrucción se diferencia de la educación porque se refiere a la transmisión de conocimientos técnicos específicos tendientes a dominar algún campo técnico en particular, esto equivale a la apropiación técnica para entrar al mundo laboral. Educación por el contrario está referido a afianzar valores de saber vivir en sociedad, moviliza hábitos y costumbres propios de una región o país, lo propio que los diferencia de otros. El primero, la instrucción, es un campo abierto de aprendizaje, es flexible, se adapta a las fronteras técnicas y científicas de lo que se nos propone como novedoso y mejor, a lo siempre flexible. La educación se aferra a los hábitos y costumbres, es inflexible, aunque la vida se distingue por lo cambiante y flexibilidad.


En la educación por el contrario se insiste en afianzar valores si se quiere éticos o morales de larga duración. «En las sociedades modernas - allí donde se intensifica la violencia y donde se multiplican los conflictos- le es exigido a la escuela desarrollar lo que regulariza la conducta y abre la vía a la ciudadanía; los docentes se vuelven entonces atentos a la solidez del grupo cuya carga soportan y cuya vitalidad favorecen (por medio de encuentros, de explicaciones, de intercambios, de proyectos comunes variados). La educación se vuelve tan importante que debilita la instrucción». 


Hasta acá nuestro preámbulo, demos la palabra a Dogognet.


Instrucción


Por Francois Dagognet


La instrucción consiste en comunicar - al niño en particular- un conjunto de conocimientos, estos están incluso consignados en un programa. Los oponemos a la educación que tiende a desarrollar hábitos del carácter y de moralidad.


En las sociedades modernas, allí donde se intensifica la violencia y donde se multiplican los conflictos, le es exigido a la escuela desarrollar lo que regulariza la conducta y abre la vía a la ciudadanía; los docentes se vuelven entonces atentos a la solidez del grupo cuya carga soportan y cuya vitalidad favorecen (por medio de encuentros, de explicaciones, de intercambios, de proyectos comunes variados). La educación se vuelve tan importante que se debilita la instrucción.


Expresamos nuestro profundo desacuerdo. Este método conduce al fracaso; primero porque reposa sobre hábitos; ahora bien, éstos serán barridos pronto por otros que el medio social favorecerá. Luego el niño instruído resistirá más porque porque el saber y la cultura pueden expulsar lo instintual, abriendo a la variedad, a la tolerancia y sobre todo a la reflexión.


A nuestros ojos, importa menos «educar» que trabajar en la transmisión de conocimientos; algo que en nuestros días es particularmente difícil porque, por una parte, la calle facilita la propagación de lo peor, y por tanto la facilidad y la corrupción; por la otra, los lugares culturales de la ciudad (cine, televisión, periódicos) no se separan de lo que dominan, y lejos de desviarnos, lo diseminan con insistencia.


La instrucción va a consistir precisamente en filtrarse en los espíritus y convertirlos a las obligaciones del pensamiento. En esta perspectiva, conviene urgentemente simplificar los programas y modernizarlos. Hoy no dudamos que la escuela fracasa: reproduce los cortes sociales, mientras que debería impedirlos si todos fuesen llamados a entrar en el saber; la mayor parte son apartados del buen camino.


En resumen, asistimos al triunfo de un doble erre: primero una enseñanza que distribuye «al lado» (los hábitos cívicos, la moralidad) en lugar de lo esencial. Otro disfuncionamiento: el saber no llega a todos los alumnos debido a su complicación y a su carga. Convendría disminuirlo en cantidad como en dificultad (en caso contrario sólo sirve para discriminar). Hemos preconizado, por nuestra parte, acrecentar los trabajos de los trabajos manuales de acompañamiento así como la práctica del deporte o la gimnasia.


No es que queramos «desintelectualuzar» las enseñanzas, sino que deseamos crear una escuela que pueda rivalizar con un afuera que la debilita. Es menester que aceptemos robarle a nuestro enemigo (la calle, la televisión, el periódico) sus propios sortilegios.


En suma, la instrucción profundamente renovada (no elitista) trabaja indirectamente pero de manera segura por la educación, mientras que ésta cultivada por sí misma, no aportará más que decepción.


(Dagognet, Cien palabras para filosofar, Ed. Piedrarosstta).


Próxima columna: Enfermedades del Espíritu


Read more...

La idea y lo Concreto

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica

Una idea se soporta sobre un real concreto, la palabra enuncia la cosa. Las palabras hacen posible retrotraer las cosas sin necesidad de que se las tenga a la mano, sería muy engorroso que para expresarse, se tuviera que tener a la mano cada una de las cosas referidas. Y en el otro extremo estaría tomar la mera idea por la cosa enunciada como sucede con la idolatría, la efigie termina absorbiendo el todo por la parte, se venera la parte por el todo, con razón y en su  rechazo se acostumbra decir que obras son amores, a Dios rogando y con el mazo dando, con ello se quiere reivindicar la cosa real, la cosa en sí, los hechos.


Si bien ídolo quiere decir imagen -eidilon- es una representación de un real, es la trascendencia. Pero la imagen termina sustituyendo al real mismo, la parte es tomada por el todo, la idolatría es todo un culto, la adoración por la imagen y no por las cosas, en contraposición se dice por sus obras los conoceréis, hace referencia a los hechos y no a lo sólo abstracto. En sí, lo real termina invisibilizado, ejemplo es el amuleto que termina siendo fetiche que me recrea al real evocado. Otro ejemplo es del predicador religioso que sumerge a sus fieles en un éxtasis colectivo, la lengua que anestesia.


Si bien las solas ideas trascienden a las cosas porque nos entregan un pensamiento complejo y elaborado, no se puede caer en el menosprecio de la realidad, de lo concreto, del mundo real, tal y cual lo conocemos, lo sentimos, lo captamos a través de nuestros sentidos. Ese mundo real, ese empirismo trae sus propias contingencias que se nos presentan para vivirlas, cada amanecer nos despertamos para vivir, para encarnar lo que se nos presenta, cada día trae sus propios afanes, estos márgenes de un cierto azar no anula los planes concebidos, ambos hay que tenerlos en cuenta. 


El mundo existe, es real pero es reportado en mí a través de mis sentidos, es la representación individual que me hago de él, cada quién habla de las cosas según sea lo lentes con que se mire, el espíritu habita la carne, encarna mi cuerpo. Es la relación del hombre con el mundo, con el universo, en cada momento asistimos a realidades inéditas, renovadas, por eso todo saber es provisional, todo depende de las contingencias y sus relaciones. Es verdad que las palabras se las lleva el viento, pero unas tienen el poder de cincelar nuestro cuerpo, nuestro espíritu, son los afectos que tienen el peso de un elefante sobre mis espaldas. Es la presencia real con sus eficaces cargas afectivas.


Read more...

Felicidad y Fetiche

 Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakrítica


La felicidad todos la quieren, todos la buscan, pero ¿porqué tan huidiza, tan esquiva? Muchos dirán que el problema no está en quererla si no en que se desea mal, mucho, hasta lo inalcanzable y con ello sobreviene la frustración. En parte el deseo como búsqueda o carencia, pero también como múltiples devenires. Unos serán afortunados por sus éxitos alcanzados, otros por el contrario estarán agobiados, abrumados por sus desgracias cosechadas. 


Fueron los epicúreos quienes recomendaron evitar los dolores causados por desear mal y procurarse de los placeres más simples y más puros, los naturales y necesarios a su decir. Sólo un vaso de agua y algunos higos son los necesarios para el bienestar, huir de la desmesura, de los excesos del glotón. Casi que preferir lo más mínimo rayando con lo casi nada, ir ligeros de maletas, la levedad se presenta como valor superior. Es necesario salir del medio que nos envuelve y nos encierra. Ir rápido con el fin de reunificar en un instante lo ilimitado que se exhibe ante nosotros y nos niega o disminuye... Con la rapidez del desplazamiento nos reafirmamos así mismos. (Dagognet)


De por sí la existencia conlleva una serie de miserias como la enfermedad y la vejez que disminuye la existencia, hay males evitables, otros no. Es la ataraxia, la ausencia del dolor, además de la medicina que les procura alivio, están los del espíritu que buscan en la meditación remediar angustias y tristezas.


Existencia quiere decir estar por fuera, el ser exteriorizado, el yo entregado al afuera, el espíritu sale para reflejarse en la obra realizada con la mano y la herramienta que la auxilia, el pintor, el escultor son algunos ejemplos. El existir es una dinámica de llenado y vacío, uno se procura de cosas deseadas, pero ese vacío es permanente, no se sacia. Y mejor es definir la vida como un movimiento perpetuo en sociedad, porque la quietud y el aislamiento matan. 


Por acá mismo nos viene la palabra fetiche que es la miniatura simbólica que concentra una potencia, un poder de la cosa representada como el amuleto o lo sagrado venerado por sus fieles, es un fabricado que fascina al punto tal de una alucinación neurótica por el objeto deseado y de identificarse con el producto, es una conducta irracional, se trata de sustituir lo imperceptible, lo invisible por un equivalente concreto (Dagognet: Cien Palabras para filosofar, Ed. Piedrarrosetta). El fetiche por su potencia y su miniatura transportable nos tranquiliza. Felicidad y fetiche son dos palabras comunes a la existencia, todo estará en la justa proporción de lo que se desea.

Read more...

Formemos Red

Preferencias de los Lectores

Todos los Escritos

Rincón Poético

Seguidores