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Reparación Colectiva


Por Mauricio Castaño H
Aporte
Consejería para la Convivencia y Reconciliación Medellín
http://colombiakritica.blogspot.com/

La violencia es la herramienta eficiente que los poderosos desalmados usan para garantizar sus intereses, en esencia económicos. La emplean de forma frentera asestando golpes militares o la usan con solapo armando escuadrones de muerte o paramilitares, Colombia es ejemplo de ello, sus movimientos sociales y disidentes fueron acribillados, aplastaron la protesta, en especial la que chocaba con los intereses económicos de unos cuentos empresario dueños de los macro negocios. Y a ellos se les suman los carroñeros mercaderes que negocian con armas, quienes siempre se les verá insistir en avivar la guerra y en ser cicateros con la paz, las jugosas ganancias privadas pueden más que el bienestar colectivo. Su moral les dicta que su vendetta de armas y balas por si sola es buena, que el problema es que la gente se eche tiros. Pero bueno, sin desconocer esa premisa, ni que por cada mercenario que muere también fallecen cuatro civiles, ni que más del noventa por ciento de las balas disparadas no dan en el blanco al que apuntaban sino que es plomo perdido que matan a seres inocentes. Pero bueno no hablemos del negocio de la guerra, hablemos de las víctimas, en particular las de la Ciudad de Medellín, las cuales no han tenido un hecho de Reparación Colectiva por parte del Estado Colombiano, que permita a las víctimas cerrar heridas y elaborar duelos, aliviar o mitigar miedos y angustias acumulados, que posibilite reflexionar y reconstruir el tejido social deshecho por el obrar violento de la narco criminalidad. 

El Estado Colombiano fue incapaz de proteger y evitar la arremetida violenta de narcotraficantes contra la población medellinense durante la década del ochenta hasta entrado el año 2003. Hubo muchas víctimas de los atentados indiscriminados con bombas y balas hacia la población inerme, ciudadanos comunes y corrientes, líderes sociales, social demócratas, militantes de izquierda y policías fueron asesinados. Los cálculos varían desde cuatro, seis o diez mil personas fallecidas. La ciudad medellinense sufrió lo bastante, tanto como para decir que el miedo propagado se convirtiera en costumbre, haciendo parte de la cultura de las gentes. Puede ser que haya sido un antídoto, de dos males el menor, una manera de no perder el optimismo, pues ha sucedido en la historia humana que de las tragedias más horrendas, la vida se antepone, surgen fuerzas inéditas en las vidas que se sobreponen a lo peor, es la resiliencia.

Este episodio de violencia además de cegar vidas, también generó cambios en la vida económica, cultural y política de la ciudad y del país. Durante esta época la industria automotriz aumentó sus ganancias y los vehículos entrados al país a precios asequibles para personas que antes no podían permitirse un carro propio a bajos costos, gracias a la entrada ilegal de dólares o lavado de dineros como le llaman, los cálculos de riqueza del capo Pablo Escobar rondan los 30 mil millones de dólares. Estos flujos de dinero se irrigaron en la población satisfaciendo los gustos mafiosos que compraban conciencias, sin resistencia los fajos de billetes ofrecidos doblegaron ciudadanos, Políticos, líderes sociales, empresarios, muchos de ellos sucumbieron en estos negocios ilegales. Los embambados se pusieron de moda, gruesas cadenas y anillos de oro, lucían gafas oscuras de marca, sus fiestas con mariachis a bordo, y en la francachela no podían faltar las hermosas mujeres. Y su dese en el canto popular: “…Cuando me muera levanten / Una cruz de marihuana, / Con diez botellas de vino,/ Y cien barajas clavadas…”

La historia más reciente de la nación vivió el feroz capítulo de la crueldad del narcotráfico, de la narco criminalidad. Medellín sintió en carne propia esta guerra despiadada que retumbó en el país entero, las 250 bombas hicieron estremecer, miles de víctimas, y pocos hacían de ellos un festín de guerra, un negocio lucrativo. Para no darse cuenta de ello, tenía que tenerse los oídos bien tupidos con cera. La ciudad fue el laboratorio de la violencia, la revista Semana, una de las publicaciones periodísticas más importantes del país, describió así este capítulo del narcotráfico con Pablo Escobar a la cabeza: “No dejó gobernar a tres presidentes. Transformó el lenguaje, la cultura, la fisonomía y la economía de Medellín y del país. Antes de Pablo Escobar los colombianos desconocían la palabra sicario. Antes de Pablo Escobar Medellín era considerada un paraíso. Antes de Pablo Escobar, el mundo conocía a Colombia como la tierra del café. Y antes de Pablo Escobar, nadie pensaba que en Colombia pudiera explotar una bomba en un supermercado o en un avión en vuelo. Por cuenta de Pablo Escobar hay carros blindados en Colombia y las necesidades de seguridad modificaron la arquitectura. Por cuenta de él, se cambió el sistema judicial, se replanteó la política penitenciaria y hasta el diseño de las prisiones, y se transformaron las Fuerzas Armadas. Pablo Escobar descubrió, más que ningún antecesor, que la muerte puede ser el mayor instrumento de poder.” Revista Semana.

La ineficiencia del Estado, la inequidad en la ciudad, la pobreza, el desempleo, fue un terreno fértil para que creciera la empresa criminal del narcotráfico. En suma, es una violencia estructural  vivida en el país y en el territorio que poco o nada se ha reflexionado, haciendo irrompible el círculo de la violencia. Fue  el narcotráfico un motor incitador de la violencia sufrida por Medellín impactando todas las esferas de la vida.
Decir sociedad medellinense, es decir una suma de heterogeneidades que la enriquecen, la complementan. El sufrimiento, el daño, los olvidos, tocaron a todos, sin distingo alguno, de raza, creo político o religioso. Por lo demás, es de anotar que los seres somos sociales, sentimos un placer de estar juntos, en los parques, en las aceras, allí nos reunimos en la familiaridad para compartir. Pero este gusto de reunirnos, de estar juntos fue menguado, el tejido social deshecho, vinieron las desconfianzas, los miedos a los espacios abiertos, ganó la empresa de la muerte, esa cultura de la ilegalidad y de la violencia.  Los ciudadanos tenían que acostarse temprano no fuera que los alcanzara la metralla o la explosiva bomba, prohibieron las motos de alto cilindraje y el parrillero, pusieron obligatorio un chaleco que exhibía por delante y por detrás las placa; en los carros cuando empezara a oscurecerse tenían que encender su bombilla interior. Se estipulan que los daños sufridos perduran por cuatro generaciones.

Este tema poco o nada se ha reflexionado, ni si quiera hay percato del tejido social destruido, de los cambios de vida que el dinero fácil incorporó. La ciudadanía está en mora de conocer lo que nos ha hecho tanto daño: historia de conflicto armado en Medellín. Reconocen los expertos la particularidad en el conflicto urbano de esta ciudad, sobresale esa lógica de combos, muy propia del mundo mafioso, del mundo del narcotráfico, a diferencia de otras regiones del país en donde las motivaciones son ideales políticos. ¡Cuando conocemos la enfermedad y sus causas, es fácil buscar el remedio para la cura! Medellín está preparada para la Reconciliación, la certeza viene de las mediciones realizadas en la ciudad que indican su favorabilidad, pero también lo muestra la sociedad por sí misma, que sigue adelante, sigue ahí pese a los daños y sufrimientos causados por las arremetidas violentas.

La Reparación Colectiva en su aspecto general, comprende medidas de Restitución, Compensación, Rehabilitación, Satisfacción y Garantías de No Repetición en los componentes político, material y simbólico; en sí, es el conjunto de medidas a que tienen derecho los sujetos de reparación colectiva que hayan sufrido daños. En sí, el énfasis dado es más de social y cultural, de recomponer el tejido social, de reflexionar la cultura en sus herencias mafiosas que la degradan.

El sentido es de asumir el daño social causado a la sociedad en general, los miedos, los sufrimientos, la extorsión que se irrigaron en la sociedad convirtiéndose en algo normal, en parte del paisaje, en rutina. Por ejemplo, los comportamientos preventivos en seguridad son eximidos al Estado y son delegables al individuo como parte esencial de la vida, quien no los practique, vive sus consecuencias como un robo, atraco, sufre una especie de regaño social, lo convierten en culpable por su descuido. Estas inseguridades afectan los comportamientos humanos. Por ello, y por las razones que manifiestan muchas de las víctimas que sintieron de forma directa los daños, reclaman más que una reparación material o en dinero, que los ayuden a elaborar el duelo, a sanar su dolor. Este mal también es sentido por quienes escucharon los estruendos de las bombas, de las metrallas, que sintieron la muerte de cerca, y fueron afectados en la medida que estos miedos fueron incorporados en sus cuerpos, en sus vidas; a esto nos referimos cuando hablamos de los altos impactos de esta violencia en cuanto que alcanzaron al conjunto de la sociedad, pues frente a un hecho violento, el mismo era transmitido y retrasmitido de forma inmediata y repetida, los medios de comunicación, sirviendo de canales brutos para que se irrigara el narcoterrorismo sin medir las consecuencias, sin posturas críticas que permitieran un distanciamiento, un rechazo a la avanzada violenta de la mafia. Es decir, los medios no jugaron un papel en donde ayudaran a elaborar duelos, hacer del horror un duelo sacrificial, no dejar tanta muerte en la inutilidad. 


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Estatuas

Por Mauricio Castaño H
Historiador

Los grupos de ultraderecha en Colombia con su ejército paramilitar, han logrado en pocos años, lo que las guerrillas de izquierda no han podido en más de seis décadas, hacer parte de la Institucionalidad, del gobierno colombiano, tomarse el poder, tanto en sus organismos nacionales como regionales y locales. El Congreso de la República estuvo conformado por más del sesenta por ciento de sus legisladores aliados, hoy muchos se encuentran en la cárcel o en líos con la justicia por sus vínculos con estas organizaciones criminales. 

Su presencia no sólo era en el Congreso, también ocupaban altos cargos en el ejecutivo, en el alto gobierno como por ejemplo los directores del entonces Das o Departamento Administrativo de Seguridad, extinto porque en la práctica, se ha dicho, fue tomado por la criminalidad, hoy una ex directora es prófuga de la justicia, María del Pilar Hurtado, o aquel Alto Comisionado, el famoso siquiatra de la ternura Luis Carlos Restrepo, también evade sus fechorías ante la ley.  La meta de la Ultraderecha era llevar a la presidencia al extinto campeón de la muerte Carlos Castaño, según testimonios de Diego Murillo, alias Don Berna.

Muchos gobernadores y alcaldes representaron a estos arcángeles de la muerte, la lista se haría interminable, pero también mucho, pero mucho del empresariado también han hecho alianzas de gran negocio. Todos ellos han sellado el pacto funesto para que a la economía de los ricos le vaya bien, y a los pobres que cada vez se hundan más en la miseria. Son miles los desplazados, asesinados, torturados, niños huérfanos, mujeres violadas. 

Está explícito, este grupo de Ultraderecha paramilitar, ha logrado tanta penetración en la vida de la nación colombiana, gracias a que sus estructuras criminales han hecho parte del Ejecutivo, el Legislativo, de las Fuerzas Militares y del empresariado colombiano. Eficientes para la muerte y la Riqueza. La Guerra en su regadera del plomo produce altos dividendos, a la par que se quita del paso a sus contradictores. Hoy el país es esa mezcla peligrosa, los territorios son tasados con las Rentas Criminales, disputadas entre los matones de esquina, entre esa cuadrupleta que mantienen su alma empeñada al diablo, cuerpo y espíritu entregados al crimen, importa estar en el carril de hacer dinero fácil y rápido. Esta disputa y su contexto, es válido para toda esa época que se conoce como de Violencia que data desde 1948. En la guerra nos sumergieron, en la guerra nos sumergimos. El saldo estimado es de 700 mil muertos. Toda una tragedia humana, todo un sacrificio inútil, ningún dios ofrendado, ningún odio saciado.

 Así las cosas, se tiene que estos gobiernos, esta Nación, no ha conocido más que la tradicional violencia, el caos. También hubo zozobra en su conformación como República, innumerables guerras civiles; y mucho antes la tranquilidad de los originarios habitantes indígenas, fue perturbada por la Cruz, la Espada y Lengua, una clavada en el Territorio, la otra sobre los cuerpos que se oponían a la intrusión, a la invasión, o a la violenta Colonización. Se metieron y sometieron con la fuerza, desconocieron las culturas, creencias y lenguas, e impusieron las suyas españolas. Hoy los pasados aborígenes sólo son curiosidades de museos, pasatiempos de arqueólogos y antropólogos; los vestigios hallados, simples mercancías, ni siquiera son tenidas en cuenta para explicar la mezcla y mucho menos nuestros orígenes. Se ara poco o nada sobre nuestros zócalos culturales.

Tantos años, tantos muertos, y la avalancha de la violencia no se detiene, mientras más se habla de ella, más se incrementa, como si las palabras, el lenguaje con el cual la expresamos no fuera más que un manto para cubrirla, simple ruido que nos distrae de las causas que originan esta tragedia. Aquí recordamos a Michel Serres con su obra Estatuas, en la cual propone develar las trampas de lo lengueril, ocultante de nuestras propias huellas materiales, con ello se gana que los dioses adquieren su divinidad de la violencia que oponen a sus dioses entre sí. ¡En la materia, en el sólido, en las estatuas se tallan las verdades de los hombres, cajas negras por abrir¡ 

Cita Serres que "En el siglo VI Antes de Jesucristo, en Cicilia, un tirano de Agrigento que llevaba ese nombre había hecho esculpir o ensamblar un enorme toro de bronce, hueco, colocado en el centro de la plaza pública, y que un brasero ponía al rojo cereza después de que se lo llenó de enemigos. Se acudía en multitud a oír bramar la bestia." Con este sacrificio se ofrendaba a los dioses, una violencia encausada, representada. Recordemos que víctima quiere decir sustituto, el que está en lugar de otro como lo indica la palabra viceversa, el segundo es el vice, el que liga el representante con el representado, el animal que se sacrifica en forma sustitutiva, a los dioses se les sacrificaban animales para homenajearlos, pero que en últimas, éstos representaban algún miembro de su comunidad. El rito tenía la función de sustituir, de ocultar o proteger a quien verdaderamente debería estar en su lugar para su sacrificio. 

En la misma vía nos dice Serres, Tragedia viene tragos que significa chivo expiatorio. "Esos fetiches mezclados conmemoran milenariamente el momento inaugural de la historia cuando el sacrificio animal sustituyó al sacrificio humano. El hombre se oculta en el león, primera fundación: el animal entonces, protege al jefe, Dios salva al rey. Luego el cordero mismo se oculta en la caja. Segunda fundación. El sujeto vivo y la muerte se envuelven en el objeto. Toda nuestra historia se resume allí: bestia negra, rey, caja o animal, hombre o cosa; y la esfinge silenciosamente la despliega." Los hombres  dejarán de sacrificar a las bestias por temor de matar un hombre cubierto dentro de ellas. Por ello las estatuas representan algo que aún vive, son sustancia, son la estabilidad o sostenimiento, cimiento, Pedro significa piedra, la primera piedra inerte que sostendrá el edificio, la Institución. Lo concreto está cubierto, hay allí representaciones, sustitutos. Ello es llamado o conocido como la Transubstanciación, una mezcla de cuerpos sólidos e incorpóreos, no sólidos. La palabra cosa venida de la lengua latina significa causa, el objeto, también cosa refiere a res, de allí reo, reus dicen los magistrados. En el juzgado el juez sólo tiene en cuenta la sola palabra, el solo lenguaje, olvida la cosa, la causa, lo material. He ahí la trampa: Solo lo lengueril que oculta la materialidad, un real. Así nos sumimos en el mundo de los profesionales de las habladurías que para nada tienen en cuenta la otrora tradición de la eficacia simbólica ligada con las estatuas, que encausaban la violencia, la detenían saciando la sed de violencia a través del chivo expiatorio encontrado, de la víctima.

La violencia actual no para, las empresas del espectáculo la explotan como atracción. Esta fascinación perdura de época en época. La televisión exhibe miles de imágenes de asesinatos, de violencia, en su repetición convierte en Rito nuestras tragedias. Series tales como los Tres Caínes, Las muñecas de la mafia, El Patrón del Mal, Pablo Escobar. Repetimos: sacrificio inútil. Pues nada se está ofrendando y en nada sirva para detener, para contener la violencia, más bien incitan a cometerla una y otra vez. Ya no dominamos la violencia es ley que nos asedia, sólo la cultura nos preserva. Un pasado fabuloso en tecnologías sociales que mediante ritos encausaban,  administraban la violencia, el sacrificio cumplía su eficacia simbólica, es así como la cultura, las humanidades, las religiones han servido para no morir. Pero no hemos alejado de las estatuas, fuentes primeras que nos representan encausando la violencia que profesa la condición humana. Hoy las efigies sufren el desgate de los besos de sus adoradores.



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Los Marchantes de Paz


Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com

Vi salir alegres a los marchantes por la paz. En todo el territorio colombiano, salieron a las calles multitudes de seres serenos, un millón doscientos cuentan los medios de comunicación.  Rabiando, se quedaron los hombres que no tienen paz, los que con sus alaridos, vomitan ráfagas de odio invitando a la guerra. En cambio, los marchantes, refrendaron el propósito, el deseo, el mandato constitucional por intentar alcanzar la paz. Sólo alguien que esté por fuera del uso de razón, se le ocurre jugar a Mambrú, persistiendo con la tradición de guerra que nos arrastra.

La historia más reciente suma sesentaicinco años de conflicto y setecientos mil muertos; su fecha emblemática, en conmemoración a las víctimas y escogida por los marchantes, fue el 9 de abril de 1948 con  el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. De mucho antes, mientras, durante y después de fundarse nuestra república Colombia en 1819, tenemos sus constantes guerras civiles. Y mucho más atrás, esas guerras de exterminio hacia nuestros ancestros indígenas desde 1492, con la llegada de los conquistadores españoles. Nuestros espíritus han estado perturbados, Entonces ¿Qué razones se tienen para no buscar la paz? ¿Para no poner fin a esta tradición de muerte?

En estas seis últimas décadas que nos ha tocado vivir con el conflicto, hemos aprendido mucho del dolor y de los traumatismos que devastan a las víctimas. No sólo sufren por el asesinato, pérdida, secuestro o desaparición de sus seres amados, sino que sufren destierro, violencia, desapego de su terruño, de todo su hábitat, de todo su pequeño universo construido durante toda una vida. Pero  lo que no nos mata, nos hace más fuertes, ley biológica con sus consecuencias sociales en lo que atañe a la resiliencia. 

Colombia es el único país en el mundo que acomete una Reparación Integral a las víctimas en medio del conflicto. Se echa bala pero también se intenta la paz, aprender haciendo, porque si no es ya, entonces ¿cuando empezamos? No hay excusas que valgan para no hacerlo. En guerra nos gastamos más del siete por ciento del Producto Interno Bruto, y de insistir en ella, se acrecienta en por lo menos al once por ciento.

En su etimología, la palabra víctima es sinónima de vicario, vice, es decir el segundo, el que sustituye, el sustituto, el que está en reemplazo de alguien que es el principal. Una víctima es un chivo expiatorio, es un culpable buscado o encontrado, sobre el cual recaen todas las culpas achacadas por una masa enfurecida, que reclama ferozmente venganza. Frenar esta furia ha sido propio de las técnicas simbólicas de la mitología religiosa, que catalizan o encausan esa violencia desatada por medio de sacrificios o cultos, aliviando o desviando así los deseos de cobrar justicia por las propias manos. Ejemplifica el pasaje bíblico cuando iban a apedrear a la prostituta, y sólo pudo frenarse el linchamiento al preguntar ¿quién está libre de pecado? Todos guardaron silencio. En este caso se dio salvamento a una posible víctima. En suma, lo más importante, la víctima siempre es inocente en tanto que paga por algo que no debe, y tan sólo sacia la sed de venganza desenfrenada por la masa.

Viene la pregunta por el origen fundador del odio, que insiste en la muerte de unos para su regocijo de otros, en pelearse como perros y gatos. Hoy no tenemos una tecnología social que frene la violencia, como en tiempos pasados lo hizo la religión. Tenemos sociedades de paz y amor como los esquimales que nos llevan a pensar en la posibilidad de desaprender o desactivar la violencia, de insistir en el espíritu de paz. No en vano se habla en que el verdadero perdón sale del alma, de un sentimiento genuino de quien ha padecido la violencia, de la víctima. Los Horizontes de la Reconciliación y el perdón son los indicados para salir de la devastadora guerra; es el sentido intencionado que se le debe dar a un clamor que es nacional desde cualquier espacio de participación fuerte y no fragmentado; pensando en las complejidades de lo rural pero también en las tendencias del conflicto intraurbano. El gobierno nacional está jugado. Los marchantes empezaron a abrir trocha para cerrar el Círculo de la violencia.


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Ismael y Dulcelina

Por Mauricio Castaño H
Historiador
colombiakritica.blogspot.com
En la foto Ismael y Dulcelina (q.e.p.d)
Ismael Simijaca y Dulcelina Pineda de Malagón, seres anónimos, fueron dos campesinos que vivían en la extrema pobreza. Para el año de 1995, él tenía 64 años y ella 81. Moraban en el municipio de Moniquirá en la región de Boyacá, en Colombia; allí tenían una hectárea de tierra, enclavada en medio de dos predios, y sobre los cuales había un improvisado camino o servidumbre, del cual se servían los dos ancianos para transitar. Araban con sus propias manos de manera rudimentaria, cultivan café, cítricos, además poseían algunas aves de corral y un burro para las labores de carga.
 
Sucedió que uno de los ricos señores, dueño de uno de los predios, Elver García Camacho, impidió el paso por su predio a estos dos campesinos. «Procedió entonces a instalar en el camino puertas cerradas con candado, y cercó con alambre de púas el terreno, obligando a los ancianos a arrastrarse por debajo del alambrado y a cargar al hombro los productos de su finca, con cuya venta se procuran el diario sustento. Sostiene el accionado, que el paso del burro de los peticionarios puede erosionar el terreno sobre el cual se encuentra su casa, poniéndola en peligro.» (Sentencia T-036/95. Los siguientes entrecomillados son citados de acá). Por lo demás, la Sentencia fue presentada por el entonces Magistrado Carlos Gaviria (qedp).
 
Ellos, los dos quebrantados ancianos, puestos en apuros por no lograr transitar de manera libre y de arrastrarse por debajo de los alambres de púas, halando consigo los bultos que antes su bestia cargaba, clamaron protección del Estado, interpusieron una Acción de Tutela, gran recurso Constitucional que tiene cualquier ciudadano para reclamar sus derechos. Ellos pidieron: «nos permita el paso a nuestro predio con un animal de carga y en condiciones (en las) que no se ponga en peligro nuestra integridad física y no se atente contra nuestra dignidad humana (a la que) tenemos derecho como personas.» Se apela a la función social de la propiedad, consagrada en la Constitución Nacional de Colombia.
 
Y la Corte Constitucional conceptuó: «En estas circunstancias, la actuación en que incurrió Elver García al cerrar el camino, obligando a los patentes a arrastrarse bajo el alambrado y a cargar lo que sus cansadas espaldas pueden soportar, sobrepasa el ámbito del derecho real de servidumbre y deviene en una violación del derecho fundamental a la dignidad humana, en un desconocimiento del deber de solidaridad exigible a todo individuo en un Estado Social de Derecho, y obliga al juez de tutela a hacer efectiva la especial protección que otorga nuestra Carta Política a las personas de la tercera edad.»
 
Vemos en esta apelación jurídica y filosófica de permitir el tránsito a los desvaídos ancianos por un camino que se convierte en vía pública, el paso del deber Ser al Es, es decir, una materialización de los conceptos de dignidad y solidaridad humana, estampados en la Constitución Nacional de 1991 en el artículo primero: «Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general».
 
De seguro hay en nuestra tierra muchos hombres egoístas que pasan por encima de la dignidad de los otros, pero también habrá un espíritu libertario que nos salvará de arrastrarnos por el suelo y de convertirnos en bestias humanas. ¡Homenaje a Ismael y Dulcelina!

Finalmen añado una reflexión sobre el concepto víctima, del cual ellos lo fueron.  La palabra víctima en su etimología, es sinónima de vicario, es decir el segundo, el que sustituye, una especie de escudero. De allí que René Rigard hable del chivo expiatorio, el que lava las culpas por otros cometidos. En suma, la Víctima por aquello de la sustitución es siempre inocente, por eso se habla de restablecerle todos sus derechos perdidos. 

La función que tenía la víctima en las sociedades, era detener la violencia a través de encontrar un culpable al cual se le achacaba todo, sobre el cual se le descargaba toda la ira de los ofendidos. Recordemos el pasaje bíblico cuando iban a apedrear a la prostituta, y sólo pudo frenarse el linchamiento al preguntar ¿quién esta libre de pecado? No quedaba más que el Perdón. En nuestros días esa función social de la religión para detener la violencia de los grupos humanos ya es cosa del pasado, pero lo peor es que no existe otra tecnología humana que haya hecho tal relevo. 

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