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Los Demás

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/

Yo soy el otro. El otro es tal y cual me lo imagino. Produce mi admiración o mi rechazo, el líder al que sigo o a quien evito con mi desprecio. Declaración de paz o de guerra, mis sentimientos disponen, mi vida y mi cultura. En la guerra odio mucho y amo poco. Odio  al enemigo con todas las fuerzas, le atribuyo lo peor de la vida al punto de quitarle la condición de humanidad, de semejante, lo rebajo a cualquier cosa que no tenga valor. Así se habilita el pasaporte de dar muerte, de cometer asesinato.

Abel y Caín, el labrador y el ganadero, el que siembra el campo y el que sacrifica animales, quien genera vida y quien la quita. Diestro en el cuchillo, Caín sólo le bastó el pretexto de la envidia y del odio para clavarle el puñal a su hermano, lo asesinó. Tantos años manejando armas, los hombres sienten la necesidad, bajo cualquier excusa, de blandirla sobre el cuerpo del otro que imaginan enemigo, digno de muerte. En nuestro reino animal impera la movilidad del correr para cazar o huir para evitar ser presa. Pero a la empeñada muerte le sobreviene la reafirmación de la vida, al asesino lo acecha la culpabilidad social. Ante el mal causado alguien tiene que pagar, la sociedad entera, es costumbre, reclama justicia.

La culpa está anexa a nuestra cultura occidental. Es una herramienta, un recurso para tramitar el castigo, la sed de venganza que se ejerce contra un otro que resulta seleccionado. En ciertas comunidades estudiadas por Rene Girard la culpa se concentra en un alguien escogido por el grupo para pagar un castigo, es el chivo expiatorio que sacia la violencia descargada por su comunidad. Famoso es el pasaje bíblico de la prostituta a punto de ser linchada por su comunidad, su salvación la encuentra en Jesús, con brillantez hace comprender a los atacantes que todos son culpables y que por lo tanto es mejor quedar en tablas, perdonar es la palabra mágica que opera para detener a la masa furiosa que quiere cobrar venganza por sus propias manos, quieren cadáver, asesinato. El asesinato se evita regando la culpa en toda la especie humana, la corresponsabilidad en el error y la invitación a construir entre todos un mundo en paz: quien este libre de pecado que tire la primera piedra. El silencio es evidente. Se detiene el asesinato, el linchamiento, se cierra el círculo de la violencia.

En la sociedad llamada moderna o laica, el concepto es el respeto por las leyes, no esquivarlas ni hacer trampa para que haya justicia. Existe una sugestiva interpretación sobre los asesinatos y los suicidios. Donde se asesina mucho como en Colombia o México, o en países de ortodoxa religiosa, es porque la culpa de todo lo malo es atribuida a los otros a quienes considero la causa de todos los males posibles, esos otros que los imagino como lo peor de lo peor de la existencia, suficiente para merecer la muerte, más pronto que tarde. Culpando a los demás habilitamos el asesinato. La conciencia se dirige hacia afuera de mí. Mientras que en el suicidio sucede un movimiento interno de la conciencia, no hacia afuera, todo lo que sucede es porque yo lo permití, soy responsable de lo malo que me sucede, y con la presión suficiente el arma se blande sobre sí mismo. Francia es uno de los países en donde más suicidios acontecen. 

Con el respeto a la ley no sucede ni lo uno ni lo otro, ni asesinato ni suicidio, el movimiento de conciencia asume la responsabilidad como propia y se mata menos, se reparte entre todos los seres, entre el colectivo que teje la sociedad, se desprende, por ejemplo, el sentido de pertenencia por lo que es común como los espacios y bienes públicos. La chispa de la vida enciende la cooperación, el todos juntos podemos más y mejor, todos ganamos, el gana – gana. Con perdón todo el mundo tiene remedio.

El otro es como me lo imagino. En las sociedades del respeto a la ley se piensa lo mejor de los demás. En la guerra se piensa lo peor que es el otro, pensar mal para anularlo. En las sociedades de paz se piensa lo mejor de mis semejantes, se embellece al otro. A quienes vienen de la guerra les queda la tarea de desactivar los odios, esos combustibles que habilitaban el asesinato. Lo enemigos son menos reales que imaginarios y la ansiedad los hace más tenebrosos.

La categoría de enemigo ha sido equívoca, la filosofía y la tradición cultural nos ha enseñado la exclusión, desde temprana edad nos inician en ser mejor, en sobrepasar a mi semejante, desde los juegos nos presionan a batir a mi compañero, a mi mejor amigo, la competencia aviva el odio, incluso contra sí mismo, en las instrucciones modernas de las técnicas psicológicas enseñan a verse así mismo como el propio rival: cuando iba veloz por la pista veía a mi rival como a mí misma que tenía que vencer, expresaba una bicicrosista cuando ganó la medalla de oro. Los medios de comunicación masivos convierten un premio en histeria colectiva.

Los gobiernos son felices en las competencias, además del deporte, ahora los demagogos gobernantes y políticos, llevan la batalla a la enseñanza, hacen olimpiadas del  conocimiento, donde unos pocos triunfan, pocos premios, una mayoría fracasa, una vez más la guerra, vencedores y vencidos, miles de frustrados, excluidos, la mayoría son signados como malos. Desastrosos mandatarios, desastre en el sistema pedagógico.

Si de algo debemos aprender es de las sociedades multiculturales, en su pragmática nos enseña a convivir en la diferencia que nos enriquece, y la solidaridad y cooperación son su lenguaje. El odio es de la guerra, el amor de los seres de paz. Los hombres que no tienen paz en sus espíritus anhelan el asesinato de un otro degradado. La venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón. Todo está en como imagino a los demás.



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Humanismos

Por Mauricio Castaño H
Historiador
http://colombiakritica.blogspot.com/


El concepto de humanismo es un comodín, un genérico que sirve para sustentar cualquiera postura, de izquierda, de derecha, divina, humana. A nombre del humanismo existencial sartreano, sinónimo de dictadura Stalinista, se juzgaba a los pensadores, todo dependía del credo, del culto rendido a dios o demonio. De igual forma puede hablarse de humanismo religioso, renacentista, racionalista, etc. Todo depende de qué palabras se ponga debajo del término. 

Esa forma de proceder obliga a tomar partidos, y así cada quien defenderá su verdad, su propia verdad, hasta el punto de la irritación, de exacerbarse, pues defender puntos de vista es lo propio de los dogmas de fe, cada quién peleará en su terquedad hasta llegar a la violencia generalizada, las más comunes son las religiosas o políticas, se mata a miles y miles justificando posturas, convicciones sectarias que alimentan la sed de sangre, de muerte.  Hoy amanecí con sed de muerte, quiero matar, deseos de un pupilo de la escuela de ultraderecha de Colombia, país en el cual los negociantes de la guerra fustigan a la violencia, materia prima para incrementar sus fortunas.

Todo camino que conduzca a rendir cultos conlleva a imponer su propia verdad desde el combate, desde la intolerancia. ¿Y entonces? Salir de Absolutismos, de Verdades Reveladas. Fue Michel Foucault quien develó un nuevo sujeto, una nueva existencia desligada de credos miserables, tanáticos. Propuso una nueva subjetivación, una nueva relación de la existencia personal con el mundo. Llevar una existencia bella, hacer de nuestra vida toda una experiencia estética, es decir, edificante de la vida, lejos de los cánticos apocalípticos, y peor aún, de matanza, de destrucción, de odio hacia mi prójimo.

Dime con quién andas y te diré quién eres, somos la cultura que bebemos, la predominante, de muerte o de vida. Son los orientadores quienes tienen un papel pedagógico de influir, de orientar, llámese pedagogos, políticos… Seduce la propuesta foucaultiana de hacer de la vida toda una experiencia estética. La verdad sea dicha, lo que se nos ha careado de humanismo es fofo, un supuesto derroche de unas tales virtudes pero que antes de llegar allí, al equívoco, se tendrá que derramar mucha sangre, hacer mucho daño, infringir mucho dolor, pero que al final sólo se tiene desgracia, seres desdichados, pobres hombres, con su mirada honda y agitada, propia de los miserables. Existen humanismos, muchos de muerte, pocos de vida.



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El Gran Negocio de la Guerra


Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

Nuestro Ser colombiano no deja de ser problemático. Si tomamos el eje estructurante de la economía de nuestra historia más reciente del siglo veinte, tenemos la producción textilera, relevada por la bonanza cafetera, y a su vez ésta por el renglón de la economía del narcotráfico en toda su nefasta diversificación conocida como economía ilegal. En la revista Dinero, especializada en negocios, aseveran que de lograrse la paz con las Farc, no sería suficiente para acabar la guerra en este país. Tres renglones de lo que podemos llamar Paraeconomía seguirían: Paramilitarismo, Minería Ilegal y Narcotráfico. 

La minería ilegal de medio país, es la fuente de financiación de 10.200 Paramilitares con presencia en 347 municipios o de su nueva denominación Bandas Criminales o Bacrim. Sus ganancias anuales son de US$60 millones de dólares. Producto del Narcotráfico son US$ 2 billones, en una extensión del territorio de 25.000 hectáreas de estas siembras ilegales distribuidas así: “región central (15.000 hectáreas); Meta y Guaviare (8.000 hectáreas); Putumayo y Caquetá (7.000) y la Orinoquia (3.000 hectáreas).” El otro tema bien complejo son las más de 15 millones de Minas antipersonales sembradas, con 9.397 víctimas. Y para remover cada una estas trampas, vale entre 211 y 725 euros. 

Sumergida en este marco de economía ilegal, yace la sociedad que no puede sustraerse a esta realidad que trastoca los valores de las personas. Quien esté entrado en años, recordará la época de la industria textilera cómo un gran grueso de la población, era motivada o regida por unos principios que bien expresaba el mundo obrero. Ellos soñaban con tener un buen empleo en una fábrica, una familia en buenas condiciones, estilaban decir salir adelante, con el producto de su trabajo y su esfuerzo, tener una buena casa, brindar a sus hijos una carrera profesional, símbolo de progreso, pues la idea era que el hijo realizara lo que sus padres no habían podido hacer. En suma, ser obrero de una fábrica y tener una familia expresan unos valores de vida de esfuerzo y dedicación. Unos valores ya idos, ya corroídos por esa paraeconomía. Richard Senett ha estudiado este fenómeno en su libro la Corrosión del Carácter.

Esta economía ilegal y de muerte, este Hacer, determina en gran
medida la configuración del Ser y del Pensar, y a su vez, como una epidemia, se riega, se irriga en la sociedad en donde ser honrado y honesto, No Paga. Hoy nuestros jóvenes sólo piensan en cómo tener dinero fácil y rápido, para vivir al máximo los disfrutes del consumo a los que están convocando permanente los medios publicitarios. Saramago radiografió este problema en su libro La Caverna, en el cual los modernos Centros Comerciales, Templos del Comercio, son las nuevas cavernas de la época en donde los chicos se van como ratas de alcantarilla, a dar vueltas y vueltas,  olisqueando las mercancías. Y no sobra reiterar que este deseo desenfrenado, inescrupuloso, esta pleonexia o deseo desmedido, sin ninguna medida como llamaron los griegos, es terreno abonado o carnada para ir a la caza de nuevos mercenarios para estos ejércitos de la economía ilegal. 

En esta transvaloración, es pertinente recordar la novela La Virgen de los Sicarios del escritor colombiano Fernando Vallejo. La economía ilegal y del narcotráfico, se proveerán, se asociarán, tomarán como aliada a la Patrona Virginal y Santa María Auxiliadora. A ella piden los rezos para no fallar con el próximo muerto, en el próximo asesinato, en el próximo negocio, cometido por el ángel guardián del sicario, que va regando bala por todas las esquinas de Medellín, develando, llevando la buena nueva, los nuevos valores criminales por los cuales se regirá la sociedad. 

Sin lugar a dudas, para salir de este infierno, para proponer nuevos valores, una nueva sociedad, se tendrá que pensar en su soporte, en el zócalo económico ilegal que dicta unos antivalores de destrucción y muerte. Recordemos también la fijación de las reglas que comporta cualquier sociedad, tienen que ver con un canal que las armonice mediante procesos de Representación, Aprendizaje, Aplicación y Rememoración. En otras palabras, el diseño de una sociedad en la prevalencia de valores edificantes, pasa por el marco económico que determina, dinamiza y estructura los miembros de una sociedad. Y por lo que se ve en el horizonte, es un sueño lejano, nuestros gobernantes y dirigencia económica poco o nada les importa. El lenguaje de la paz, la reconciliación, el perdón, del desaprendizaje del odio y la violencia, sigue siendo para ellos mera charlatanería. Andan ocupados en el gran negocio de la guerra.


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