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La Pop Filosofía

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica
El viajero es amigo del conocer y por eso mismo está de aquí para allá, sin rumbo fijo, no se está quieto, es un saltarín inconforme, incluso sus parajes ocasionales son impredecibles, el va en serendipidad, sin método, porque lo más buscado es lo menos encontrado y en su lugar está la sorpresa como esos miles de inventos hallados al azar, y por qué no, por la necesidad. ¡Eureka! 

Sin el desplazarse de aquí para allá es imposible percibir el mundo del afuera. Para saber es necesario moverse, y nada más parecido a la definición de filosofía que el amigo del saber, el amigo que emprende un viaje, en la acepción pedagógica es precisamente lo más parecido, un viaje en compañía. El viaje, el movimiento, el afuera es lo que se precisa para saber. Por lo demás, saber es saborear y ello es posible visitando, degustando el universo de tanto fruto habido. Y cómo no ha de recordarse, entre otras cosas, que el aislamiento y la quietud matan, moverse, viajar e interactuar es condición para vivir. Se está condenado al afuera, para saber hay que salir, incluso a riesgo de perderse.

La Condena del Afuera

El movimiento es condición de posibilidad del saber, que permite un afuera, un devenir, una intensidad, una experimentación, y no experiencia, todo este ramaje conceptual delezeano dan lugar a un estallido representado por ese sonido Pop producido al destapar una botella. Allí está el afuera, está un devenir, una intensidad que se dan en el momento mismo en el que se descorcha el envase: Pop. Ese momento único es experimentado por ese alguien ejecutante de la acción. Todo está en ese momento, en ese afuera y en ese alguien. Es la intensidad irrepetible, y de volver a darse se pierde potencia, se pierde fuerza. El primer chispazo es intenso y por lo mismo difícil de prolongarse.

Seducir, seducción viene a bien cuando se trata de fuerza, devenir, intensidad y mucho mejor de un afuera. "La seducción es la pasión intensiva que nace de la frecuentación de los objetos y que abre el afuera. Del latín, seducere quiere decir "extraviar", "desviar", "apartar del camino recto", comprendido como el camino del adentro, de la interioridad de un sujeto. (Sutter) Ya aprendimos con el Antiedipo que los flujos y devenires son diversos y que no se dejan atrapar, simplificar o reducir a un significante o a un complejo de castración y menos aún, a un deseo como carencia en el cual ha de pasarse toda una vida buscando lo supuestamente originario faltante. Por ello es más enriquecedor la diversidad de flujos y devenires que atraviesan un cuerpo.

Y por eso mismo se insiste en la condena del afuera, no es posible el aprehenderse en la forma libro, no puede capturarse, anexarse una intensidad y encerrarse en unas páginas pero tampoco en una erudición del hombre culto que luego dispensaría o irrigaría a los demás ignorantes. Por el contrario, en la Pop Filosofía la experimentación sólo puede ser captada por cada quien. De allí el rechazo al libro y al hombre culto, al filósofo que encierran y pontifican verdad, pues de ellos derivan elitismos, jerarquías, dictaduras, tribunales que juzgarán esto o aquello como lo mejor que debe darse a conocer a los demás. Por el contrario, el libro, acá, será considerado como una cosa entre otras cosas, un instrumento que desata intensidades, una herramienta a decir de Foucault.

Ecología Mediática

Bien es sabido que la filosofía tomó el camino de la quietud y el estancamiento en el momento mismo que se volvió profesión con salario y adscrita o al servicio de una institución. Si arriba el significado del filósofo viajero sugiere un movimiento en libertad allá en el afuera, acá es quietud dada en cuatro paredes y presa de un jefe que ordena qué decirse para luego premiar con la paga. El profesor empleado en filosofía es apenas del siglo xv, antes era, por decirlo de alguna manera, un estilo de vida que nada tenía que ver con lo burocrático e institucional. “El saber, el sabio, el universitario son contrarios a las intensidades. La erudición pedante, las lecciones de moral, la investigación formateada congelan la vida. “La pop filosofía es el arte de crear conceptos de tal suerte que estos incumban a una ecología mediática, cuyas conexiones vuelven posible la circulación de las intensidades en aquellos que se conectan posteriormente. Por supuesto, tal ecología, implica que los que escriben estén tan atentos a las intensidades como los leen: no hay pop-filosofía imaginables si no hay, en los autores de los libros, una preocupación  por el afuera que irriga la escritura” (Surtter, p. 14)

Si existe intensidad, si todo es devenir, si todo es chispazo pop, no habrá razón, no hay sentido de querer congelar el tiempo y mucho menos el espacio, pues entonces lo que importa es la experiencia misma que capta flujos. Por ello se batalla contra cualquier tipo de congelación como puede ser el saber encerrado en el formato libro, atrapado allí en la quietud y en la arrogancia del autor, ambos fetiches, pues reducen la experiencia misma a estás dos vanidades. “En estos tres casos, el libro no desempeña otro rol más que el de puro vehículo de la intimidación, del cual solo se puede esperar la transmisión más o menos pasiva de su contenido y el reverendo respeto por su o sus autores."(16)

El afuera, la experiencia misma, el devenir indefinido, las intensidades están, pasan por cada quien, inaprensibles en el formato libro y ariscas para quien pretenda decir: yo las tengo cogidas de la cola. El libro sí puede operar conexiones con el afuera, inspirar o motivar esto o aquello pero a gusto y placer de cada quien. "Para Deleuze, la conclusión se imponía por sí misma: el estilo pop filosófico es el estilo de la cualquier cosa - el estilo en cuanto que rechazaba el pliego de obligaciones según el cual los partidarios de la elegancia juzgan el de los otros.-” (Surtter, p. 16) "El balbuceo de una lengua, hablar su propia lengua no es más que un propio estilo que no da, no puede dar lugar a parámetros reglados que dice esto o aquello es lo que vale, por el contrario, tal escenario rechaza los tribunales que sentencian, unos juzgan, otros serán los juzgados. Como decía el propio Deleuze: sólo hay estilo allí donde uno habla en su propia lengua como si fuera una lengua extranjera, sólo hay estilo  allí la donde la lengua balbucea - es decir, donde sus reglas ya no se aplican." (Surtter, p. 20)

Este proyecto delezeano retomado por Sutter es como ellos mismos insisten, es salir de la filosofía por la filosofía: “Salir de la filosofía no significaba ir a pasar un rato en el supermercado o en una discoteca para volver a apoltronarse mejor en el sofá con un libro de Descartes o de Kant en la mano, y meditar sobre el estatus contemporáneo del ser” (Surtter, p. 26). Y el devenir, la intensidad explorada constantemente: "Practicar la pop-filosofía consiste en hacer de tal manera que cualquier cosa ya no sea cualquier cosa." (Surtter, p. 21)

Todo esta propuesta es reto para la libertad que vivifica. Es poner en especie de escena todo ese arte de flujos, devenires, intensidades que cada uno somos y no somos. 


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El Contrato Social

Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombiakritica
Ayer me echaron del pueblo por que me negué a jirmar, La sentencia que el alcalde a yo me hubo de implantar, Porque tuve con mi mano al patrón que castigar, Cuando quiso a mi jamilia, quiso a mi jamilia llegármela a irrespetar.… Canción Garzón y Collazos

No hablaremos de los matoneros, diestros gatilleros que con su fuego hacen que purifican la carne. Tampoco referiremos del extirpar cerebros subversivos para ahorrar guerras como sentenciaba el justiciero colombiano, espada de Dios, Carlos Castaño. Tampoco será lo nuestro la temida motosierra apodada el Alacrán, descuartizadora de enemigos del desquiciado Camilo Morantes, luego muerto por los suyos. Nada de eso que se le parezca a Santa Inquisición o del culto al Baal, fiel sacrificio a sus divinidades. La vertiente a ensayar parece más sofisticada a la del candente hierro que penetra la carne en el mundo del Señor y sus feudos. Es otra más bien inmaterial, incorpórea pero que también deja cicatrices en el cuerpo, no se ejerce de manera directa sino más bien refinada y psicológica, la referencia es a la metodología del Capitalismo Moderno de cómo evacúa odios haciéndolos implosionar o explotar en la dirección conveniente.

Puede ocurrir en cuestión de segundos, basta con escuchar tan sólo una palabra para que la vida empiece a derrumbarse o edificarse. La vida por venir puede definirse con un simple Sí o un simple No. ¿Aceptas a tal por esposo, aceptas a tal por esposa? ¿Qué tan loco se está para juntar, como suele suceder, caracteres tan dispares unos de otros? O la sentencia esperada para anunciar libertad o encierro del reo inocente o culpable, el azar se decidirá en la sala de los togados, toda la vida penderá de para qué lado caiga la moneda tirada por los jueces que se baten en secreto.

El poder de la palabra es real, el lenguaje es mandato nos recuerda Deleuze, en fin, de ninguna manera inocente o neutro. Mucho más evidente en la obra El Proceso de Kafka, esperar un juicio vuelto una eternidad por la simple razón de justificar el ejercicio del poder burocrático, esperar, no se sabe, pronto te atenderán, son las frases comunes que tiene que soportar el inculpado cuando  está atrapado en las telarañas enigmáticas de la Ley. Todo el tiempo se sentirá sumergido en un mundo extraño, ajeno, desconocido, y así se desgaja poco a poco su firmeza que estructura su yo y que le permitiría mantenerse de pie. 

Quiebre es una palabra usada por los verdugos para hacer confesar a su víctima gracias a la crueldad del arma asesina que urge el sacrificio irrevocable. Todo éste rememorar viene a cuento por la serie francesa de Netflix titulada Recursos inhumanos que relata no el mundo feudal sino el mundo fabril del Capitalismo Moderno con sus armas, no ya de metal, sino Psicológicas de trabajar bajo presión, de tomar las decisiones más difíciles y despiadadas en el menor tiempo posible, el hombre preferido es el desalmado que sea insentimental, que pueda inhibir sentimientos compasivos hacia sus semejantes, entre más duro, más cruel mucho mejor.

Los hechos a referir constan del engaño que es humano. Un hombre, Alain, entrado en años, cincuentenario, queda desempleado, y con ello su vida se va derrumbando vertiginosamente hasta que decide el riesgo. Hecha atajo por una convocatoria laboral que en el camino descubre maliciosa. Una empresa constructora de aeronaves Exxya necesita salir de más de mil empleados y para tal fin requiere de mentes frías que ejecuten el plan. Como el engaño es de humanos y todos quieren ganar, Alain caminará por allí una vez descubre la urdimbre y en la cual rehusará en secreto a ser un simple comodín. Para un ladrón, ladrón y medio suele decirse, y en esa lógica la víctima jugará las mismas cartas de sus verdugos. Les aventajará gracias a que les sabe sucios secreticos de sus vidas oscuras y que luego va sacando a cuenta gotas para poder ganar la partida de un botín de 22 mil millones de euros.

La vida es un proceso de demolición a decir de Fitzgerald y con el capitalismo moderno sí que se evidencia. Sus armas usadas no son las de hierro, ya lo dijimos, son psicológicas, que recordadas por Sennet, son aquellas que logran movimientos de auto culpa, todas las desgracias venidas en cada vida están dentro, nada está afuera, a nadie quien culpar, cuando más, la vida te ha premiado mal, todas las oportunidades están ahí, afuera, a disposición de todos, sólo que tú y sólo tú, no supiste aprovecharlas, jugaste mal. Entonces, no culpes a nadie de tu propio infierno, has elegido mal, todo depende, dependió de tí. Tal es lo que segrega el mundo moderno, En éste, el Capitalismo Industrial, todos van por la carrera de la vida, llegar primero es de cada quién. Pero he ahí, una inconsistencia del entonces Pacto Social, confeccionado y refrendado por todo el mundo, en especial por Occidente, y acontecido allá en la Revolución Francesa: aspiró a dar empleo a todos, a garantizar los abstractos derechos humanos, pero el balance es fallido cuando se constata de la mayoría de la población pobre y miserable, nada de distribución de riquezas, todo se queda en los bolsillos de unos pocos, en el 1% más ricos del planeta.

La debilidad humana se acentúa con la empresa capitalista, en ella difícilmente la persona se mantendrá de pie, por el contrario, poco a poco se va derrumbando, se va desgajando en humillaciones hasta el punto de llegar a ser nadie, a ser nada. Alain es objeto y burla de su yerno, Alain avergonzado por su mujer y sus hijas, Alain a punto de caer en desgracia. Pero Alain está decidido a resistir y recuperar su dignidad, Alain decidido a Jugarse la vida por el todo o por la nada. "Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida."(León De Greiff). Entonces urde el plan macabro y que basta con decir que en él emergerá lo peor de la condición humana.

Pero ¿cuál es esa dignidad que vale su propia nada, ser nadie, ser nada? Acá vienen dos palabras decorosas confeccionadas en la Revolución Francesa, ellas son Contrato Social, las mismas que fueron lubricadas para que pudieran pasar por la oposición retrógrada de los entonces señores de la tierra, por los señores feudales reacios a dejar de ser amos y dueños de esclavos. Con gradualidad, pero aún con rezagos, los nuevos valores de los burgos, de la burguesía fueron lo más copioso, la industria, lo industrial se impuso, Y complementario y antecedido está la invención Estado Nacional y con su mayor invento: apropiarse de lo mayor producido e impedir su distribución. Unos pocos serán muy afortunados, otros muchos, el 99%, la mayoría y sin consideración serán agobiados, asfixiados por la escasez.

Finalmente, El Contrato Social propende por unos deberes y derechos Ciudadanos, dejando atrás, se supone, los valores vasallos de los señores y esclavos. Pero Alaín, el personaje en mención, nos recuerda que el engaño, lo despiadado y cruel no se han ido, sólo que ya no es el metal el que hiere de muerte, sino los movimientos complejos que gesta el Poder  arrinconando a los que nada tienen, sólo y nada más que su fuerza de trabajo que ofrecerán vanamente en mundo fabril de la robótica que les sustituye. Esa misma encerrona a la que es llevado el mísero desempleado, es la misma estrategia empleada para exonerar de toda culpa a Alain. El ha jugado las reglas del Contrato Social: Estudió, consiguió trabajo, casó, tuvo hijos, los educó y los hizo profesionales de bien… hasta que su empresa lo despidió, se quedó sin empleo, sin dinero con qué cubrir sus cuentas, y por su puesto sin pensión… entonces, se nos antoja preguntar ¿quién  incumplió El Contrato Social?

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El Gran Negocio de la Guerra


Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Kritica

Nuestro Ser colombiano no deja de ser problemático. Si tomamos el eje estructurante de la economía de nuestra historia más reciente del siglo veinte, tenemos la producción textilera, relevada por la bonanza cafetera, y a su vez ésta por el renglón de la economía del narcotráfico en toda su nefasta diversificación conocida como economía ilegal. En la revista Dinero, especializada en negocios, aseveran que de lograrse la paz con las Farc, no sería suficiente para acabar la guerra en este país. Tres renglones de lo que podemos llamar Paraeconomía seguirían: Paramilitarismo, Minería Ilegal y Narcotráfico. 

La minería ilegal de medio país, es la fuente de financiación de 10.200 Paramilitares con presencia en 347 municipios o de su nueva denominación Bandas Criminales o Bacrim. Sus ganancias anuales son de US$60 millones de dólares. Producto del Narcotráfico son US$ 2 billones, en una extensión del territorio de 25.000 hectáreas de estas siembras ilegales distribuidas así: “región central (15.000 hectáreas); Meta y Guaviare (8.000 hectáreas); Putumayo y Caquetá (7.000) y la Orinoquia (3.000 hectáreas).” El otro tema bien complejo son las más de 15 millones de Minas antipersonales sembradas, con 9.397 víctimas. Y para remover cada una estas trampas, vale entre 211 y 725 euros. 

Sumergida en este marco de economía ilegal, yace la sociedad que no puede sustraerse a esta realidad que trastoca los valores de las personas. Quien esté entrado en años, recordará la época de la industria textilera cómo un gran grueso de la población, era motivada o regida por unos principios que bien expresaba el mundo obrero. Ellos soñaban con tener un buen empleo en una fábrica, una familia en buenas condiciones, estilaban decir salir adelante, con el producto de su trabajo y su esfuerzo, tener una buena casa, brindar a sus hijos una carrera profesional, símbolo de progreso, pues la idea era que el hijo realizara lo que sus padres no habían podido hacer. En suma, ser obrero de una fábrica y tener una familia expresan unos valores de vida de esfuerzo y dedicación. Unos valores ya idos, ya corroídos por esa paraeconomía. Richard Senett ha estudiado este fenómeno en su libro la Corrosión del Carácter.

Esta economía ilegal y de muerte, este Hacer, determina en gran
medida la configuración del Ser y del Pensar, y a su vez, como una epidemia, se riega, se irriga en la sociedad en donde ser honrado y honesto, No Paga. Hoy nuestros jóvenes sólo piensan en cómo tener dinero fácil y rápido, para vivir al máximo los disfrutes del consumo a los que están convocando permanente los medios publicitarios. Saramago radiografió este problema en su libro La Caverna, en el cual los modernos Centros Comerciales, Templos del Comercio, son las nuevas cavernas de la época en donde los chicos se van como ratas de alcantarilla, a dar vueltas y vueltas,  olisqueando las mercancías. Y no sobra reiterar que este deseo desenfrenado, inescrupuloso, esta pleonexia o deseo desmedido, sin ninguna medida como llamaron los griegos, es terreno abonado o carnada para ir a la caza de nuevos mercenarios para estos ejércitos de la economía ilegal. 

En esta transvaloración, es pertinente recordar la novela La Virgen de los Sicarios del escritor colombiano Fernando Vallejo. La economía ilegal y del narcotráfico, se proveerán, se asociarán, tomarán como aliada a la Patrona Virginal y Santa María Auxiliadora. A ella piden los rezos para no fallar con el próximo muerto, en el próximo asesinato, en el próximo negocio, cometido por el ángel guardián del sicario, que va regando bala por todas las esquinas de Medellín, develando, llevando la buena nueva, los nuevos valores criminales por los cuales se regirá la sociedad. 

Sin lugar a dudas, para salir de este infierno, para proponer nuevos valores, una nueva sociedad, se tendrá que pensar en su soporte, en el zócalo económico ilegal que dicta unos antivalores de destrucción y muerte. Recordemos también la fijación de las reglas que comporta cualquier sociedad, tienen que ver con un canal que las armonice mediante procesos de Representación, Aprendizaje, Aplicación y Rememoración. En otras palabras, el diseño de una sociedad en la prevalencia de valores edificantes, pasa por el marco económico que determina, dinamiza y estructura los miembros de una sociedad. Y por lo que se ve en el horizonte, es un sueño lejano, nuestros gobernantes y dirigencia económica poco o nada les importa. El lenguaje de la paz, la reconciliación, el perdón, del desaprendizaje del odio y la violencia, sigue siendo para ellos mera charlatanería. Andan ocupados en el gran negocio de la guerra.


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¡No estaba escrito que la ecología fuera un partido!

Bruno Latour

Sociólogo, antropólogo, filósofo y director científico del Instituto de Estudios Políticos de París, Bruno Latour es un intelectual con una mirada ácida y provocadora de la sociedad, la globalización y el medio ambiente.

Por Miguel Mora

¿Ha servido para algo el activismo ecológico? ¿Han forjado los verdes una política común? ¿Escuchan los políticos a los científicos cuando alertan sobre el cambio climático? ¿Puede la Tierra soportar más agresiones? El sociólogo, antropólogo y filósofo francés Bruno Latour (nacido en Beaune, 1947) lleva más de 20 años reflexionando sobre estos asuntos, y su pronóstico es desolador. A su juicio, la llegada de los ecologistas a la política ha sido un fracaso porque los verdes han renunciado al debate inteligente, los políticos se limitan a aplicar viejas recetas sin darse cuenta de que la revolución se ha producido ya y fue una catástrofe: ocurrió en 1947, cuando la población mundial superó el número que garantizaba el acceso a los recursos. Según Latour, es urgente poner en marcha una nueva forma de hacer ecología política, basada en una constitución que comprometa a gobernantes, científicos y ciudadanos a garantizar el futuro de la Tierra. Esta idea es una de las propuestas de su libro Políticas de la naturaleza. Por una democracia de las ciencias, publicado en Francia en 1999 y que ahora edita en español RBA.

Latour, aire de sabio despistado, recibe a El País Semanal en su caótico y enorme despacho del Instituto de Estudios Políticos de París, del que es director científico y director adjunto desde 2007.

PREGUNTA: Este libro se publicó en Francia hace ya 14 años. ¿Sigue suscribiendo lo que escribió?

RESPUESTA: Casi todo, sí. Pero las cosas no han mejorado. He seguido trabajando en lo mismo, pero con otro tono. Hoy debo ser el único que se ocupa de estas cuestiones, de una filosofía política que exige una verdadera política ecologista. Lo que no ha funcionado es que pensé que iba a ser un libro fundador para los ecologistas. ¡ha sido un fracaso total! Los ecologistas han desaparecido.

En Francia al menos hay verdes en el Gobierno.

Sí, pero tienen una visión muy estrecha de la ecología, no reflexionan ni sobre la economía ni sobre la sociedad. La ecología está limitada a las cuestiones de la naturaleza, cuando en realidad no tiene nada que ver con eso. Hay que elegir entre naturaleza y política. Desgraciadamente, se ha intentado hacer una política ecologista que no ha producido nada bueno porque se ha basado en la lucha tradicional, que tenía como objetivo torpedear la política o, mejor, someterla; en cierto modo, los verdes actúan como un tribunal que trata de definir una especie de soberanía.

¿De superioridad moral o natural?

Sí, pero sobre todo de estupidez. Evidentemente, el tomar la naturaleza como un fin no han hecho más que debilitar la posición de los ecologistas, que nunca han sido capaces de hacer política; en fin, auténtica política en el sentido de la tradición socialista, en la que se hubieran debido inspirar. No han hecho el trabajo que el socialismo primero, el marxismo después y luego la socialdemocracia hicieron. No ha habido, para nada, un trabajo de invención intelectual, de exploración; han preferido el escaparate. Puede que no hubiera otra solución, pues no estaba escrito que la ecología se fuera a convertir en un partido.

¿Entonces el ecologismo es hoy una especie de activismo sin conexión científica?

Ha habido movimientos interesantes gracias a una casuística muy concreta, importante en lo que concierne a los animales, las plantas, los dientes de los elefantes, el agua, los ríos, etcétera. Han mostrado además gran energía en las cuestiones locales, pero sin afrontar las cuestiones de la política, de la vida en común. Por eso el ecologismo sigue siendo marginal, justo en un momento en que las cuestiones ecológicas se han convertido en un asunto de todos. Y se da una paradoja: la ecología se ocupa de temas minúsculos relacionados con la naturaleza y la sociedad mientras que la cuestión de la Tierra, la presencia de la Tierra en la política, se hace cada vez más apremiante. Esa urgencia, que ya era acuciante hace 10 o 15 años, lo es mucho más ahora.

¿Quizá ha faltado formar una Internacional Verde?

No se ha hecho porque los ecologistas pensaban que la Tierra iba a unificar todos estos movimientos. Han surgido un montón de redes, basadas en casos concretos, como Greenpeace.  Hay asociaciones, pero nada a nivel político. La internacional sigue siendo la geopolítica clásica de los Estados nación. No ha habido reflexión sobre la nueva situación. Existe una ecología profunda, deep ecology, en Francia prácticamente inexistente, que ha tenido un papel importante en Alemania, en los países escandinavos y en Norteamérica. Pero está muy poco politizada.

Estamos ante un fracaso político y ante una mayor conciencia de los científicos. ¿Y los ciudadanos?

Paradójicamente, esa dolorosa pelea sobre el clima nos ha permitido progresar. En cierto modo, la querella ha tenido un papel importante en una comprensión renovada por parte del público, de la realidad científica. El problema es que intentamos insertar las cuestiones ecológicas en el viejo modelo ciencia y política. Desde este punto de vista, incluso los científicos más avanzados siguen intentando poner estas cuestiones dentro del marco de esa situación superada que intento criticar. Este es el tema del libro, y en ese sentido sigue de actualidad.

En Francia hay una identificación entre ecologismo y territorio.  José Bové, por ejemplo, es un proteccionista a ultranza. Es rara esta evolución de la ecología hacia el nacionalismo, ¿no?

Sí, pero al mismo tiempo es útil e interesante replantearse lo que es el territorio, el terruño, por usar la palabra antioqueña. Los ecologistas siempre se han mostrado indecisos sobre el carácter progresista o reaccionario de su apego a la tierra, porque la expresión puede significar cosas muy distintas. Pero es importante, porque es una de las dimensiones de la cuestión ecológica, tanto de la progresista como de la arcaica. Ese era uno de los objetivos fundamentales del libro, saber si hemos sido realmente modernos alguna vez. Hay aspectos regresivos en el apego al terruño, y a la vez hay otros muy importantes sobre la definición de los límites, de los entornos en los cuales vivimos, que son decisivos para el porvenir. Una vez más, los verdes han omitido trabajar esa cuestión. Pero el problema de la orientación, de la diferencia entre el apego reaccionario o progresista a la tierra, es fundamental. Si vemos movimientos como Slow Food, nos preguntamos si están adelantados o retrasados, porque tienen aspectos regresivos. Pero si se piensa en el tema de los circuitos de distribución, ¿por qué las lasañas inglesas tendrían que estar hechas con caballo rumano y transitar por 25 intermediarios? No es una tontería: si tomamos caballo francés, rumano o turco, las cuestiones de pertenencia y de límites se convierten en cuestiones progresistas.

Su libro llama a superar los esquemas de izquierda y derecha. Pero no parece que eso haya cambiado mucho.

El debate afronta un gran problema. Hay una inversión de las relaciones entre el marco geográfico y la política: el marco ha cambiado mucho más que la política. Las grandes negociaciones internacionales manifiestan esa inercia de la organización económica, legal y política, mientras que el marco, lo que antes llamábamos la Tierra, la geografía, cambia a velocidad asombrosa. Esa mutación es difícil de comprender por la gente acostumbrada a la historia de antes, en la cual había humanos que se peleaban, como en el siglo XX: hombres haciéndose la guerra dentro de un marco geográfico estable desde la última glaciación. Es una razón demasiado filosófica. Así que preferimos pensar que tenemos tiempo, que todo está en su sitio, que la economía es así, que el derecho internacional es así, etcétera. Pero incluso los términos para señalar las aceleraciones rápidas han cambiado, volcándose hacia la naturaleza y los glaciares. El tiempo que vivimos es el del antropoceno, y las cosas ya no son como antes. Lo que ha cambiado desde que escribí el libro es que en aquel momento no teníamos la noción del antropoceno. Fue una invención muy útil de Crutzen, un climatólogo, pero no existía entonces, me habría ayudado mucho.

¿Y qué fue de su propuesta de aprobar una constitución ecológica?

Intenté construir una asociación de parlamentarios y lanzar una constitución para que las cuestiones de la energía empezaran a ser tratadas de otro modo. Intentaba abrir un debate, que naturalmente no ha tenido lugar. El debate sobre la Constitución empezó bien, se consideró una gran invención de la democracia europea. El problema es que ya no se trata de la cuestión de la representación de los humanos, sino que ese debate atañe a los innumerables seres que viven en la Tierra. Me parecía necesario en aquel momento, y ahora más incluso, hacer un debate constitucional. ¿Cómo sería un Parlamento dedicado a la política ecológica? Tendrá que crearse, pero no reflexionamos lo suficiente sobre las cuestiones de fondo.

¿Las grandes conferencias medioambientales resuelven algo?

El problema es que la geopolítica organizada en torno a una nación, con sus propios intereses y nivel de agregación, está mal adaptada a las cuestiones ecológicas, que son transnacionales. Todo el mundo sabe eso, los avances no pueden plasmarse ya a base de mapas, no jugamos en territorios clásicos. Así, desde Copenhague 2009 hay una desafección por las grandes cumbres, no solo porque no se consigue decidir nada, sino también porque nos damos cuenta de que el nivel de decisión y agregación política no es el correcto. De hecho, las ciudades, las regiones, las naciones, las provincias, toman a menudo más iniciativas que los Estados.

Francia es uno de los países más nuclearizados del mundo. Los ecologistas braman. ¿Le parece bien?

Los ecologistas se han obstinado en la cuestión nuclear, pero nadie ha venido a explicarnos por qué lo nuclear es antiecológico, mientras mucha gente seria considera que el átomo es una de las soluciones, a largo plazo no, pero a corto plazo sí. De nuevo estamos ante la ausencia total de reflexión política por parte de los ecologistas, que militan contra la nuclear sin explicar por qué. Por consiguiente, no hemos avanzado un centímetro. De hecho, en este momento hay un gran debate público sobre la transición energética, y los verdes siguen siendo incapaces de comprender nada, incluso de discutir, porque han moralizado la cuestión nuclear. Cuando se hace ética, no hay que hacer política, hay que hacer religión.

¿Está realmente en cuestión la supervivencia de la especie?

La especie humana se las apañará. Nadie piensa que vaya a desaparecer, ¿pero la civilización? No se sabe lo que es una Tierra a seis u ocho grados, no lo hemos conocido. Hay que remontarse centenares de millones de años. El problema no se abordaba con la misma urgencia cuando escribí el libro en 1999, se hablaba aún de las generaciones futuras. Ahora hablamos de nuestros hijos. No hay una sola empresa que haga un cálculo más allá de 2050, es el horizonte más corto que ha habido nunca. La mutación de la historia es increíblemente rápida. Ahora se trata de acontecimientos naturales, mucho más rápidos que los humanos. Es inimaginable para la gente formada en el siglo XX, una novedad total.

¿Es la globalización? ¿O más que eso?

Tiene relación con la globalización, pero no por la extensión de las conexiones entre los humanos. Se trata de la llegada de un mundo desagradable que impide la globalización real: es un conflicto entre globos. Nos hemos globalizado, y eso resulta tranquilizador porque todo está conectado y hace de la Tierra un planeta pequeño. Pero que un gran pueblo sea aplastado al chocar con otra cosa tranquiliza menos.

¿Y el malestar que sentimos, la indignación, tiene que ver con ese miedo?

Ese catastrofismo siempre ha existido; siempre ha habido momentos de apocalipsis, de literatura de la catástrofe; pero al mismo tiempo existe un sentimiento nuevo: no se trata del apocalipsis de los humanos, sino del final de los recursos, en un sentido, creo, literal.

¿Nos hemos zampado el planeta?

La gente que analiza el antropoceno dibuja esquemas de este tipo (muestra un famoso gráfico de población y recursos). Esto se llama “la gran aceleración”, ocurrió en 1947. La revolución ya ha tenido lugar, y es una de las causas de esa nueva ansiedad. La gente sigue hablando de la revolución, desesperándose porque no llega, pero ya está aquí. Es un acontecimiento pasado y de consecuencias catastróficas. Eso también nubla la mente de progresistas y reaccionarios. ¿Qué significa vivir en una época en la cual la revolución ha ocurrido ya y cuyos resultados son catastróficos?

¿No querrá decir que la austeridad es la solución?

Ya existe el concepto del decrecimiento feliz, no sé si lo tienen en España. ¡Sí! Ustedes están muy adelantados sobre decrecimiento.

Estamos en plena vanguardia, pero del infeliz.

Es uno de los grandes temas del momento, la crisis económica es decrecimiento no deseado, desigualmente repartido; y hay algo más: austeridad no es necesariamente la palabra, sino ascetismo. Sería la visión religiosa, o espiritual, de la austeridad. Eso se mezcla con las nuevas visiones geológicas de los límites que debemos imponernos?

¿Habla del regreso al campo o de reconstruir el planeta?

No me refiero a volver al campo, sino a otra Tierra.

¿La tecnología es la única brújula?

La tecnología se encuentra en esa misma situación. Existe una solución muy importante de la geoingeniería, que considera que la situación es reversible, que se pueden recrear artificialmente unas condiciones favorables tras haberlas destruido sin saberlo. Así ha surgido un inmenso movimiento de geoingeniería en todas partes. Ya que es la energía de la Tierra, podemos mandar naves espaciales, modificar la acidez de las aguas del mar, etcétera. Hacer algo que contrarreste lo que se hizo mal. Si hemos podido modificar la Tierra, podemos modificarla en el otro sentido, lo que es un argumento peligroso, porque la podemos destrozar por segunda vez.

¿No se regenerará sola?

Sí, ¡pero sin humanos! Se regenerará sola mientras no haya humanos. Puede deshacerse de nosotros, es una de las hipótesis, volviéndose invivible, pero eso no sería muy positivo. La era de los límites puede llegar hasta la extinción.

¿Acabaremos fatal?

La historia no está repleta de ejemplos favorables. No se sabe. No hay nada en la naturaleza humana que favorezca la reflexión, por lo cual la solución solo puede ser mala.

Algunos temen que acabaremos devorados por los chinos.

Los chinos tienen más problemas que nosotros y corren el peligro de comerse a sí mismos por el suelo, el agua y el aire. No nos amenazan, desaparecerán antes que nosotros.

Se dice que nuestros problemas provienen de la mediocridad intelectual de Alemania y Francia, que esa es la razón principal de la decadencia actual. ¿Qué piensa?

Es una estupidez. Ocurren muchas más cosas intelectualmente en Europa que en EE UU., infinitamente más. Por ejemplo, en arte, en filosofía, en ciencias, en urbanismo. Es insensato decir cosas así, pero es que es un viejo cretino, una especie de cosa de extrema izquierda, fruto del agotamiento de la extrema izquierda, de su decadencia final, de la cual es el síntoma. Por otra parte, es un chico muy majo. La extrema izquierda se ha equivocado tanto sobre el mundo que al final todos estos viejos de extrema izquierda no tienen otra cosa que hacer salvo vomitar sobre el mundo, como hace Alain Badiou en Francia.

¿Prefiere a Marine Le Pen?

No soy político, no puedo responder a esta pregunta, no me interesa.

¿No le gusta hablar de política?

Sí hablo de política, he escrito un libro sobre política, ¡que yo sepa!, Las políticas de la naturaleza.

¿No le interesa la política de todos los días?

La de todos los días sí, pero no la de los partidos, son agitaciones superficiales, sobre todo en Francia, donde ya no hay verdaderamente política.

Critica a la extrema izquierda, ¿y nada a la extrema derecha?

Se agita, intenta agarrarse a un clavo ardiendo, pero no tiene mucha importancia. No es ahí donde las cosas están en juego.

¿Cree que es residual?

No, no es residual, puede desarrollarse y provocar daños, tanto como la extrema izquierda; el no pensar siempre provoca daños, pero no es eso lo que va a solucionar los problemas de la Tierra, la economía, las ciudades, el transporte y la tecnología.

¿Qué escenario prevé para 2050? ¿Qué Tierra, qué humanidad?

Ese no es mi trabajo, mi trabajo consiste en prepararnos para las guerras. Las guerras ecológicas van a ser muy importantes y tenemos que preparar nuestros ejércitos de un modo intelectual y humano. Ese es mi trabajo.

¿Habrá guerras violentas por el clima?

La definición misma de guerra va a cambiar, estamos en una situación en la cual no podemos ganar contra la Tierra, es una guerra asimétrica: si ganamos, perdemos, y si perdemos, ganamos. Así pues, esta situación crea obligaciones a multitud de gente y antes que nada a los intelectuales.

¿La batalla principal es esa?

Si no tenemos mundo, no podemos hacer gran cosa, ni siquiera la revolución. Cuando se lee a Marx, uno se queda impresionado por lo que dice sobre los humanos. En esta época, la cuestión de la ciencia y del margen geográfico, más la presencia de miles de millones de personas, conforma un escenario crucial. Antes teníamos otros problemas, pero este no.

¿Así que se trata de ser o no ser?

En cada informe científico, las previsiones son peores, el plan más pesimista siempre aparece. Hay que tener en cuenta eso. Son previsiones extremas, pero de momento son las únicas válidas. No se trata de una guerra mundial, sino de una acumulación de guerras mundiales. Es parecido al invierno nuclear de la guerra fría, una situación de cataclismo, pero con algunas ventajas: es más radical, pero más lento, tenemos mucha capacidad de invención, 9.000 millones de personas y muchas mentes inteligentes. Pero también es un reto. Por tanto, es una cuestión de alta política y no de naturaleza. La política viene primero.

¿Tiene la sensación de estar solo?

Lo que era complicado en este libro era crear el vínculo entre ciencia y política, y no puedo decir que haya convencido a mucha gente. Si además se hace el vínculo entre la religión y las artes, es más difícil. Gente como Sloterdijk sería muy capaz de comprenderlo. Sin embargo, muchos intelectuales siguen en el siglo XX. Permanecen en un contexto, en un ideal revolucionario, de decepción. Están decepcionados con los humanos.

¿Cree que los humanos se dejarán ayudar?

Primero hay que ayudar a la Tierra. En el antropoceno ya no se puede hacer la distinción entre los humanos y la Tierra.

¿Y sus estudiantes están listos para la lucha?

En mi escuela soy el único en dar clases sobre cuestiones donde no entra la política en el sentido clásico. Hay un curso o dos sobre cuestiones ecológicas. Es culpa mía, no he trabajado lo suficiente como para cambiar las cosas. Llevamos mucho retraso.

El antropólogo iconoclasta

Bruno Latour nació en la Borgoña, donde surgen los vinos más caros del planeta. Su padre era viticultor. De ahí sus peculiares análisis sobre el terruño y la tradición. Cursó Antropología y Sociología. Su formación es tan variopinta como los centros donde ha impartido clase, desde la Escuela de Minas de París hasta la London School of Economics y la cátedra de Historia de Harvard.

Escritor incansable, es autor de una treintena de libros de ensayo, todos los últimos editados por Harvard, por los que circulan la tierra, la sociedad, la guerra, la energía, la ciencia, la tecnología, la modernidad y los medios de comunicación.

Su último proyecto está conectado con el llamado medialab, un espacio donde desarrollar conexiones entre las tecnologías digitales, la sociología y los estudios científicos.


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Los Vagabundos

Por Mauricio Castaño H
colombiaKritica.blogspot
Reedición 2013

En Bogotá, al que igual que otras ciudades de la órbita terrestre, las bandas de gamines jaquean y escapan al Orden Establecido, roban pedazos de subsistencia a los ciudadanos juiciosos, serviles del sistema productivo capitalista. Las bandas de gamines más que una expresión ingenua o espontánea, es una forma organizada que disputa un lugar existencial en la Vida Regulada. Son pequeñas sociedades que se pasean por la vida, disfrutando de un hipotético derecho de no tener un peso de gobierno sobre sus vidas más que las patadas y el bolillo del policía que los acosa para expulsarlos de donde están, de donde están afeando el lugar; o huyen, cuando su suerte los acompaña, del peso asesino de los negociantes de la guerra, que les dan muerte y luego presentan como bajas dadas al enemigo. Sucios y hediondos, los vagabundos, deambulan por las calles, por toda la ciudad cuadriculada, normalizada.

El enfoque lo compartió Gilles Deleuze en «Mil Mesetas», y precisamente cita como ejemplo, en la página 365, las bandas de Bogotá, en referencia a Jacques Meunier. Estas bandas están para impedir algún poder estable como el que define a la organización Estado: «los miembros de la banda se reúnen y realizan robos juntos, con botín colectivo, pero luego se dispersan, no permanecen unidos ni para dormir ni para comer; por otro lado y sobre todo, cada miembro de la banda está asociado a uno, dos o tres miembros de la misma banda, por eso, en caso de desacuerdo con el jefe, no se irá solo, siempre arrastrará consigo a sus aliados, cuya marcha conjugada amenaza con desarticular toda la banda; por último un límite de edad difuso que hace que, hacia los quince años, forzosamente hay que dejar la banda, separarse de ella».

Estos vivientes deambulantes, son parásitos de la producción, viven de los deshechos que el sistema arroja a la basura, o de lo que pueden quitar a los soldados del sistema productivo, los obreros y empleados. Ellos no entroncan en la cadena de consumo racional del capitalismo. Viven de aquí para allá, no tienen morada fija o permanente, van ligeros de viaje, en una bolsa o costal, llevan todo su mundo. Viven en un abismo sin fondo, en la distancia moral y material. Si alguien ha representado la negación del capitalismo, son precisamente ellos, los gamines, los vagabundos.

Su combate viene de la racionalización del Estado, todo deberá estar bajo su control, quien quiera vivir será bajo sus condiciones. La fábula lo ha ilustrado bien, el perro salvaje y el domesticado. Aquel le recrimina por el collar que lleva puesto sobre su cuello, símbolo de sometimiento, de domesticación. Pero este revira exponiendo sus ventajas: no vive en la incomodidad, incertidumbre y vagabundeo para tratar de obtener un bocado de comida. Para uno, el precio que paga por la comodidad es su propia libertad, mientras que para el otro el precio que paga por estar libre es vivir preso en la incertidumbre, en el deambular por tratar de encontrar  una miga de pan, algo para saciar su estómago vacío.

No negamos estas ganancias, estas ventajas de vivir en sociedad, Las Celebramos. No hacemos loa del vagabundear, sólo queremos retrotraer otras formas de existencias, que no son mejores ni peores a los ojos de cada quién, sólo queremos notar que son diferentes, que se reclaman de la diversidad, como parte, de este vasto universo en el que todo cabe, o debería caber. Sabemos, no lo podemos callar, algunos de estos seres, en algún momento de sus vidas, compartieron y toleraron unos ritmos y convenciones de la sociedad que llamamos normal, pero que algún día, por alguna razón soberana de su fuero interno,  que desconocemos y que poco nos importa averiguar, estos seres decidieron abandonar sus familias y sus encantos de su clase social, abandonar sus refinados modales y sus costumbres de mostrar. Se resistieron a la lógica industrial que quería uniformarlos, someterlos, enseñarles la paciencia del obrero o empleado. Renunciaron a las vidas formateadas del mundo de la producción, quien predetermina que deberás tener un hogar, una vivienda, una esposa, unos hijos, un lujoso carro, una pensión jugosa, y sobre todo, asepsia de pies a cabeza.

Hoy las pantallas de televisión y  medios escritos, muestran escandalizados a estos habitantes que amenazan la vida. Hoy son más vistosos, lo más seguro, sirven para hacer política, para desprestigiar a un determinado partido y mandatario local. Muchos criminales organizados, que controlan la vida delincuencial de las ciudades, están dando tregua y dejan que los sucios y peligrosos vagabundos se exhiban en las calles, que incomoden a los ciudadanos normados. De seguro, será tenido en cuenta por futuros votantes en el próximo mercado electoral, que favorecerá a un partido, a un determinado candidato.

Si bien las bandas de vagabundos son una forma de inhibición de poder estable, variación de otras formas sofisticadas de organización, en contraposición de la Servidumbre Voluntaria de Estado que la mayoría de nosotros preferimos, en su imperfección cabe la posibilidad de contemplar un trato respetuoso a estos seres disidentes, al menos mientras no se les brinde otras posibilidades distintas y posibles en este vasto universo.

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Fábrica de Imaginarios



Por Mauricio Castaño H.
Colombia Kritica 
Historiador

Es América quien se lleva el primer puesto de las cincuenta ciudades más violentas del mundo, encabezada por Brasil con quince de las suyas; EEUU  y Venezuela con cinco; Suráfrica con tres, Honduras con dos; Guatemala, Haití, Jamaica, Puerto Rico, Salvador con una. Y Colombia, caso que nos interesa, con seis ciudades en su respectivo orden: Cali en el puesto siete, Cúcuta en el veintidós, Medellín en el veinticuatro (recordemos que el año pasado estuvo en el desmejor puesto once); Santa Martha en el veintinueve, Pereira en el treinta siete y Barranquilla en el cincuenta. 

Entonces, se nos ocurre una pregunta ¿Por qué en el contexto nacional e internacional sólo aparece la ciudad de Medellín como si fuera la más violenta? ¿Por qué no aparece Cali y Cúcuta en sus estados gravosos? ¿Y Por qué la fijación con la segunda ciudad más importante del país? Pero hay más, ese estribillo de la ciudad más violenta, se vive en la misma región de Antioquia, la cual tiene un índice altísimo de 31.8% de Incremento de homicidios con relación a igual periodo del año 2012; en tanto que su capital sólo posee el 11 por ciento, sin olvidar que hubo un decremento del 25% respecto al año 2011, datos publicados en El Colombiano del 12 de marzo del presente año. Y en publicación de El Tiempo del 21 de marzo de 2013, por allá entre líneas, se registra que Medellín es una de las ciudades donde la gente se siente más segura. Más sin embargo, los medios de comunicación falsean la realidad, venden la imagen de una Medellín degradada, mientras que de Antioquia, se calla en el tema, y se distrae la mirada en otros hechos. Manipulación de los medios,  se llama aquí. Lo cierto es una fabricación de un imaginario que favorece a un gobernante y al otro no. Un tema político.

Miremos como en la fabricación del imaginario cuenta con una percepción ciudadana distorsionada, en la cual no se registra en la ciudad, el quiebre de las estructuras criminales afectada en el acortamiento de la duración del mando de un capo. En los tiempos de Pablo Escobar, su trono duraba veinte años; con Diego Murillo, alias Don Berna era de diez, con alias Sebastián fue de cinco, y de ahí para allá, su duración está entre uno y dos años. Y derivado de allí, está la dilución del poder criminal en pequeñas bandas más bien débiles. Por ello son de fácil captura, en un año van 40 grandes capos. Recién se capturó al delincuente de alto valor como le llama los estamentos de seguridad, pero el hecho noticioso no se explota como guerra que se le gana a los criminales, sino más como un producto que alimenta el morbo delincuencial. Y así, los medios de comunicación nacional y regional, siguen vendiendo la etiqueta de una Medellín violenta. 

En un estudio realizado por el Banco Mundial, arrojó lo siguiente. En los últimos veinte años el promedio de gobierno de los mandatarios de Medellín fue de uno punto nueve años (1.9), de donde se infiere el poco tiempo para construir políticas públicas sostenibles y de alto impacto. Pero lo peor estaba en que el mandatario de turno, se dedicaba a defenderse de sus enemigos políticos, y al descuido de su obra. Y cuando el período se le terminaba, el burgomaestre que asumía el poder, arrancaba destruyendo lo poco hecho por su antecesor, pues lo que contaba era un orgullo de vanidad política que se creía fabricaba un sello personal o partidario, una variación de aquellos tiempos de la violencia política en Colombia, que azuzaban a matarse por defender el color de su partido. Equivale a decir que la política es la continuación de la guerra por otros medios.

En nuestros días, parece seguirse esa trayectoria, pero con estrategias más sutiles en las cuales se manipula a la masa, fabricando el gusto por la imagen de turno que se quiere promover. Nuestro país aún sigue escriturado a unas cuantas familias patricias, quienes deciden desde sus casas  editoriales de periódicos y de la pantalla chica, a quien promocionar y a quien hacerle la guerra. No importa que se esté jugando con los intereses de toda una ciudad. Aún nos falta una ciudadanía educada para evadir estos viles intereses, mientras tanto, seguiremos pegados a los periódicos y a la televisión, viendo cómo modelan gustos en serie, cómo fabrican imaginarios a su medida.



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Administrar Almas


Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia Krítica 


En medio de escándalos, corrupción y pederastia, de curas y jerarcas, mil doscientos millones de almas católicas están expectantes ante el electo Papa Francisco I. Enclaustrados en el cónclave, ciento quince cardenales, seres de estilizadas y coloridas batas largas, eligieron al máximo guardián de la cristiandad. El siempre reto estará entre una orientación goda o libertaria. Del jesuita argentino elegido, se sabe, igual que Ratzinger, del gravitar, de la sumersión en lo intelectual; al igual que su oposición vehemente al matrimonio gay o sacerdotal. 

Lo único que puede ser esperanzador es su credo de la compañía de Jesús, es la opción por los pobres. Amanecerá y veremos. Pues los antecedentes, en los contrasentidos de la vida práctica, lo reprimido sexual cede ante la carne, la tentación del poder y de las grandes sumas de dinero, hace que surja lo peor de la condición humana. Se constata que lo puritano no es más que un ideal inaprensible, sólo complica las cosas, además de reverberar odios contra los que son más débiles y diferentes.

A decir verdad, esta brecha ha sido la constante. El Jesús agitador, bañado en sudor, mezclado entre putas, ladrones, mendigos y leprosos, es cosa muy del pasado. Es letra muerta. Ese contacto con el mundo real, fue abandonado a cambio de los encierros contemplativos en lujosas y majestuosas construcciones de basílicas, capellanías, catedrales. Piedro echó la primera Piedra, sobre la cual se construyó el Edificio que los inmovilizaría, la Basílica de San Pedro. 

Su desarrollo más palpable lo tuvimos en la Edad Media, con San Agustín, se diseñó la Ciudad de Dios, el equivalente de una réplica del Cielo aquí en la Tierra. Lo limpio y lo divino, según la asepsia religiosa, se implementaría para la morada, para el paso transitorio de los humanos sobre lo terrenal. La prevalencia de un sentimiento de Elevación, no mundano, de negación del mundo, caracterizó a esa corriente, replegada sobre el más allá, olvidada del más acá. Sumidos en el Verbo, en el lenguaje, en la prédica, en la burocracia, y ajenos al cuerpo, a un real palpable. Y en consecuencia, muy distantes de esa doctrina del amor y del perdón, ese gran invento social de la religión.

Las almas han sido el objeto de las religiones. François Dagognet nos precisa el origen y derivación del concepto. «Los antiguos, distinguían dos palabras próximas animus  y anima. La primera corresponde a la intelectualidad, a la actividad ideal, a la cerebralidad en ejercicio; la segunda remite a la efectividad y a la individualidad. Y anima debería de dar alma. Esta que nombra la vida (la animación) fue primero localizada o implantada en la respiración, término éste que no se separa de lo espiritual, spiritus. En efecto, la muerte sobreviene con el último suspiro, entregar el alma; así mismo, el nacimiento o el comienzo de la existencia, se reconoce con la entrada del aire en nosotros, lo que signa nuestra autonomía, porque antes vivimos aún de la sangre materna y de su oxígeno. El aliento, cuyos efectos se señalan sin que deje de ser invisible, esa situación doble corresponde ya al alma, una realidad sensible que sin embargo no se materializa verdaderamente». 

Se le suma a esta visión animista, otra que corresponde a la armonía de los órganos del cuerpo que lo anima. Se reconoce su inmaterialidad y materialidad que le corona. Esta complementariedad simultánea, fue bien expresada por los epicúreos, ante el miedo de morir, aconsejaron: para qué preocuparnos si cuando estamos con vida, la muerte ausente está, y cuando ella está presente, cuando sobreviene, nosotros ya no estamos. Nos hemos ido para jamás volver. 

El mundo moderno había decretado la edad adulta del hombre y con ello la muerte de Dios. Este divorcio empujó a un dominio total sobre la tierra gracias a la ciencia, pero los beneficios sólo correspondieron a unos pocos privilegiados, y para la mayoría pobre todas las privaciones. En este sentido entendemos la queja del vacío espiritual. Por ello Nietzsche nos indicó, que el más competente para cuidar del cuerpo es el médico. Lo conoce al derecho y al revés, sabe de sus dolencias, si está o no sano. La enfermedad física es una especie de zócalo para el confort del espíritu, garantía de nuestro bienestar. El adentro se refleja en el afuera, en la piel. Y será el profesional Contador quien determinará lo justo, lo equitativo. Él más que nadie sabe echar papel y lápiz, sabe de cuentas, de cálculos para dar a cada quien según sus necesidades. Eh ahí, Cuerpo y alma en armonía.

Lo espiritual es complementario, simultáneo de la existencia material, todo lo terrenal. Reconozcamos que nacemos en medio de heces y orina, lo puro no es más que un idilio para justificar la exclusión y la guerra. Ayer el pastor sudoroso, arreaba a sus ovejas, las lidiaba, en pleno terreno fangoso; hoy los pastores o mejor cardenales, están encerrados en majestuosas edificaciones. Esperemos estén más en contacto con los feligreses, dando sentido a la palabra religión, que viene de religar, y sus derivaciones como juntar, ligar, ceñir, atar, todo ello relacionado con tejer sociedad en su mayor bienestar. Así entendemos la función de administrar las almas.


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Ciudad de Contrastes



Por Mauricio Castaño H
Historiador
Colombia kritica

El primero de marzo del año en curso, Medellín resultó galardonada por The Wall Street Journal y Citigroup como la ciudad más innovadora del mundo con el premio City of the Year, sus razones se encuentran más en los esfuerzos sociales que en lo estrictamente tecnológico, pues si a ello se debiera, ciudades como Tokio, Tel Aviv, New York se hubieran ganado el premio. Pero entonces ¿en qué radica la innovación? Lo meritorio está en la capacidad de los medellinenses como de cualquier sociedad, de resurgir, de sobreponerse a sus desgracias que les ha tocado vivir. En los últimos gobiernos, los dirigentes en algo han captado el mensaje del mundo sobre la inclusión o pago de la deuda social, pues antes, toda la inversión se iba para los sectores de la minoría rica, y a la mayoría pobre le tocaba el olvido de Dios. 

Esta inclusión social se ve reflejada en las dos últimas décadas en las grandes obras de infraestructura de ciudad, en especial en la implementación de un transporte masivo del Metro con sus sistemas complementarios como el metro cable, el metro plus, las escaleras eléctricas; otras obras son los parques biblioteca. Ello cobra importancia si recordamos que en el pasado, los miserables sólo tenían la oferta de la mafia, la cual, hay que reconocerlo, dejó una huella muy grande en la población. De cierta manera estos esfuerzos han contrarrestado la potencia criminal y han impedido que la sociedad se hunda, se precipite por el despeñadero del no futuro. En suma, esta infraestructura ha ganado o devuelto una cierta esperanza o confianza de sus gentes en  lo público. Miremos un poco de contexto.

Bien sabido es que el dolor y la barbaridad sufrida por los medellinenses por cuenta de la versión mafiosa, cuyo ícono popular fue Pablo Escobar Gaviria, quien literalmente hizo temblar a la sociedad y pretendió arrodillar al Estado colombiano a punta de bombas y de asesinar policías. Parte de su ingenio, fue darle base social a su industria criminal, para ello se acercó a las gentes más pobres, en los barrios con mayores necesidades y de abandono estatal. Su gran capacidad fue conectarse con el sentimiento popular. A donde iba, parecía un Papá Noé o una especie de Robin Hood; hizo canchas de fútbol y organizaba torneos; entregó casas gratis a todo un barrio llamado Pablo Escobar, daba mercados, dinero. Logró aliados de la jerarquía eclesiástica como la de un curita, famoso él, de nombre Gabriel García Herreros que de vez en cuando en su medio de comunicación televisivo de cinco minutos, día tras día, semana tras semana, enviaba mensajes de congratulaciones al capo por sus dineros donados, y se ofrecía como intermediario entre éste y la justicia. La imagen del capo fue y sigue siendo tan popular como la de cualquier celebridad. A su tumba mucha gente va a llevarle flores esperando algún milagro, y su imagen puede verse gravada en camisetas o calcomanías que fijan de vez en cuando a los taxis. Su propio hijo impulsa una marca Pablo Escobar desde Argentina, dice que rescatando lo bueno de su padre. 

Y fue precisamente esta ausencia de Estado, esta falta de una infraestructura de ciudad, este abandono estatal, que la mafia aprovechó para ganar simpatía y respaldo popular, de la cual aún hoy gozan en cierta proporción, al punto de que son considerados hombres valientes que se enfrentan a los políticos ladrones, corruptos y saqueadores de los impuestos del pueblo, que luego gastaran en lujos y bacanales. La imagen es la de un político sucio y ladrón, mientras que los capos como Pablo Escobar, reposan en el imaginario de las gentes como un gran benefactor, como un Robin Hood, aliado e incondicional del pueblo.

Pero esta empresa criminal no hubiera sido posible sin el apoyo de los políticos y empresarios que vieron en las drogas ilícitas, una manara fácil de lucrarse, de aumentar sus ganancias haciendo sonar sus registradoras. El hecho emblemático lo tenemos en la inserción del Pablo Escobar en el Congreso, fue electo congresista por el Partido Liberal, un padre de las leyes colombianas. Hoy el político más insigne que lo persigue el fantasma de esa alianza es Alberto Santofimio Botero. Ligado a este hecho, están los dos asesinados que se opusieron a ese proyecto de muerte.  El magnicidio del candidato presidencial Carlos Galán y el periodista Guillermo Cano del periódico El Espectador. Ambos denunciaron y se opusieron con vehemencia a ese proyecto mafioso y fueron partidarios de la extradición. Ellos avizoraron el peligro de una sociedad en esas manos criminales. La reacción de los llamados extraditables fue plasmada en la sentencia que se resume en la célebre frase: «Preferimos una tumba en Colombia, a un calabozo en los Estados Unidos».

En suma, creo que la capacidad innovadora debe entenderse en esa creatividad, en los esfuerzos públicos y privados por desinstalar esa base social mafiosa, ese modelo de muerte que aún hoy persiste, explicable por esa bina, por un lado es la ciudad más inequitativa y por el otro la más violenta de Colombia, de América y del mundo. Es una ciudad que aún está en déficit con el metro cuadrado percápitat, de acuerdo a los estándares internacionales (pues en el apretujamiento, brota la violencia). No se quita que los empresarios estén de fiesta por los negocios que se avecinan por el premio obtenido, pero insistimos, lo social debe estar inserto en un modelo de desarrollo económico, para no seguir repitiendo la misma historia.

Podemos ver en la desgracia y en el dolor, zonas para la creación, pueblos enteros se han levantado de la ruina. Alain Corbin en entrevista (ver Colombia Krítica) rememora a René Girard,  y nos da pistas sobre estos contrastes sociales: «El historiador de las ideas René Girard ha escrito un libro hermoso e importante sobre la violencia colectiva, la culpa colectiva y el olvido colectivo. El título del libro “El Chivo Emisario” ilustra su tesis. El escribe que cuando el cuerpo social entra en crisis se suspenden las reglas y normas. Entonces el cuerpo social es atacado por una especie de enfermedad, un cáncer que hace metástasis y resulta en un vacío, una moratoria social. En esa moratoria las leyes son sólo el estado de excepción, y la violencia social se convierte en un incendio. Todos los “diferentes” pueden ser castigados, la sociedad enferma se venga en sus miembros visiblemente más débiles, en los negros, los judíos, los gitanos, los homosexuales, los extranjeros y todos los disidentes». La cursiva es nuestra.

En la constatación histórica se tiene que del dolor y la desgracia, se han producido las cosas más bellas. Esos niños que vemos en esas laderas, nos devuelven la esperanza tras sus alegrías que muestran, cuando se nos acercan a vendernos un confite con el gancho de estar felices con el progreso, orgullosos enseñan las escaleras eléctricas o el parque biblioteca. O qué decir de esas notas clásicas producidas por el alma juvenil conectada con el violín, y despreciativa de la pistola que le ofrece el sicario de habilidades de exportación. O ajeno a la cultura de los motociclistas que quieren meter miedo fingiendo una cultura de matones para evadir multas en esas extravagantes y peligrosas piruetas que hacen, sin importar el riesgo al que exponen otras vidas. Rezago sicarial. Esa es la ciudad de contrastes.




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Historia del Pensamiento


Por Mauricio Castaño H



Las desgracias y los sufrimientos han acompañado la historia humana, probar sus soluciones, no ha sido tarea fácil. De las más de veintiún culturas que predominaron en el mundo, siete persisten, y sólo una resalta: la conocemos con el nombre de Cultura Occidental. ¿Y esto debido a qué? A la posibilidad que aventuraron los griegos en descubrir un sistema teórico, un logos como núcleo significativo, una Razón como herramienta, que fuera capaz de ordenar todos los discursos producidos, de regular las percepciones sensoriales y empíricas, que asisten al humano vivir. Recordemos que en los Diálogos de Platón, la fuerza está en la demostración a través de los argumentos sólidos, y no a través de las simples sensaciones o de las revelaciones míticas. Ejemplo de este convencimiento argumentativo es Sócrates, quien prefirió  beber la cicuta, antes que doblegarse al poder autoritario.


En la sociedad griega los filósofos direccionaban su destino. Esta enorme responsabilidad permitió osar la construcción de una gran Razón Universal, capaz de juzgar o regular a los demás discursos y a los hombres en sus conductas, y así contar con un hombre sabio, cuyo pensar virtuoso estuviera en conexión con el diario vivir. Fue una filosofía muy ligada con la ciudad, tomando de su mundo exterior los problemas para procesarlos, esto es, una política griega ocupada de su territorio. Funcionó así, hasta la época llamada medieval, la cual rompió con ese sistema de razonamiento, y en su lugar instaló la Fe, la Revelación, convirtiendo la existencia de Dios en Centro, principio y fin del universo, una Ciudad de Dios, réplica divina, y no sociedad civil. Luz Celestial y oscuridad terrenal.


Pero en los siglos XVI y XVII, resurge ese logos, bajo la etiqueta científica y no filosófica, de ciencia, ya experimental, volviendo recobrar el protagonismo de las profundas transformaciones, y se enfocará en revelar los secretos de la naturaleza. El heliocentrismo enseñó que el sujeto es empírico y está sobre la tierra; ese pensamiento somete al mundo sensible al análisis científico. Descartes se propone hacer al hombre el dueño y poseedor de la naturaleza. Este principio sirvió de hilo conductor para la Ilustración, la ciencia y la técnica en los siglos XIX y XX. En suma, con el nacimiento de la Razón, se procede por la vía demostrativa, experimental, y no por la vía religiosa, de la Revelación.


Con los pies puestos sobre la tierra, la experiencia humana de los siglos  XVII y XVIII, no midieron las consecuencias sociopolíticas que implicó el dominar la naturaleza. Partir de allí, no resultó ser buena idea para poder fundar mejor, el poder del hombre. Esta superioridad sobre la naturaleza, va ligada a un desarrollo concomitante del dominio de ciertos hombres sobre otros. “Nosotros frente a la acumulación de excedentes, no hemos encontrado otra solución más miserable que la guerra. Los llamados Salvajes tenían sus ofrendas, no tenían la acumulación” dice Châtelet. Y en el plano de los Derechos, se ven reducidos a simples Derechos Políticos, dejando por fuera el derecho a la existencia humana y el principio de libertad aportado por los griegos, pues como es sabido, antes los hombres no se pensaban libres, fue gracias a éstos que se incorporó en la cultura humana, que luego los romanos complementaron esta filosofía de la libertad, de sociedad civil con el consabido Derecho Romano.


Todos conocemos la desviación de estos pilares democráticos griegos, con el regreso a los Estados Autoritarios. Fue Hegel quien dio sus fundamentos, instó a los filósofos renunciasen a la "especulación" y se dedicasen gobernar. Hegel creyó que el Estado es un supra árbitro de la sociedad civil, que da la solución a las violencias y convulsiones, originados por esos tales consensos griegos; sentenció que era mejor tener un prohombre que rigiera los destinos de una nación, que someterse a tales incertidumbres humanas. Sus pecados consistieron en justificar  los regímenes del terror como etapas históricas del desarrollo de la humanidad, y concebir una circularidad en el tiempo, un destino cíclico. Obsesión permanente por la finitud. En cada época surgiría un superhombre en cada determinado tiempo, que conduciría a la grandeza de una nación sobre las otras.

Comenzamos diciendo sobre las desgracias que asistieron a nuestros antepasados, pero el mundo moderno no le ha ido mejor. Nuestro siglo veintiuno tiene sobre sus hombros las monstruosidades de las dos guerras mundiales y sus consecuencias políticas, que los filósofos, más que nadie, en fin, todos, «tenemos el deber de preguntarnos por el principio que está en su raíz, y de considerar que no hay ninguna necesidad, de que siga siendo así.» Advierte Châtele. Damos mayor responsabilidad a los filósofos entrenados para cuestionar, como en los tiempos griegos, que señalen los peligros, e indiquen senderos de bienestar y no de muerte, igual que Sócrates, él, arriesgo su propia vida, antes que renunciar a su convicción democrática de la humanidad.

La Razón clásica se clausura con Hegel, y tres autores con sus limitaciones. «Con Marx se constató que las clases obreras no están satisfechas; con Freud que hay enfermos a los que se les trata como locos, que después de todo, no tienen más que otra forma de inteligencia; y con Nietzsche que es la mediocridad la que triunfa». Con ellos se aprendió a desplazar la mirada, a mirar distinto estos malestares de la sociedad, agotados en los sistemas de pensamiento.

François Châtelet, el autor que nos inspira estas líneas con su bello libro "Una Historia de la Razón," nos hace la gran pregunta del filósofo: ¿Merece esto la pena? El filósofo, metido en su época, es «quien tiene los criterios para cuestionar, de la manera más radical las instituciones para intentar Fisurar la fuerza de su inercia.» Conviene ampliar la mirada hacia esas grandes estructuras de dominación como lo son la cultura, la moral y la política. Y esta ciencia cada vez sometida a las exigencias de la técnica, ello produce un retroceso en la capacidad de invención. Para finalizar, esta frase de Nietzsche en la que se critica la idea de Progreso: «No hay ninguna ley según la cual, desarrollarse, sea forzosamente elevarse, acrecentarse, fortificarse». Cómo no recomendar la lectura de la entrevista Sociedades de Consumo del filósofo Bernard Stiegle, publicada al español por

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